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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rubén Martínez Dalmau]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ruben_martinez_dalmau/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rubén Martínez Dalmau]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De la Constitución de la Transición a la Constitución de la COVID-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-transicion-constitucion-covid-19_129_6483598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e21ab8a-4f99-4b22-9ff2-ae83541a0a52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la Constitución de la Transición a la Constitución de la COVID-19"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ideología constitucional de la Transición responde a una época en la que predominaba en el país la posición que defendía que el acceso a un hospital o a una pensión de jubilación no podían estar garantizados en la Constitución</p></div><p class="article-text">
        La pandemia de COVID-19 y su consecuente situaci&oacute;n de emergencia han sacado a la luz las debilidades que nos amenazan como sociedad. Es en esos momentos cuando necesitamos una Constituci&oacute;n que nos proporcione seguridad en la garant&iacute;a de los derechos, capacidad de decidir, protecci&oacute;n frente a las amenazas y, sobre todo, un renovado objetivo colectivo. La referencia a una Constituci&oacute;n de la Covid-19 no se refiere, es obvio, a una Constituci&oacute;n para un virus en particular, sino a una Constituci&oacute;n para cualquier virus; para cualquier amenaza similar que nos obligue, como ha sido el caso, a permanecer en nuestras casas, limitar nuestros movimientos, experimentar c&oacute;mo se evaporan cosas que cre&iacute;amos muy seguras y que ahora simplemente han quedado en algo que sol&iacute;amos hacer siempre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ya sabemos que la Constituci&oacute;n actualmente vigente, la que sirvi&oacute; para la Transici&oacute;n, no puede ser objeto de reforma sustantiva por ella misma. Cada a&ntilde;o por estas fechas, cuando todo el mundo habla de reforma de la Constituci&oacute;n pero a&uacute;n no nos hemos movido de la casilla de salida, el tiempo nos da la raz&oacute;n en esta afirmaci&oacute;n a quienes hemos advertido que la reforma de la Constituci&oacute;n es un canto de sirenas, porque los protagonistas del postfranquismo la dejaron atada y bien atada. Tan atada que solo ha sido susceptible de dos concretas enmiendas mediante mayor&iacute;as parlamentarias coyunturales en momentos muy oportunos. Y nada m&aacute;s. Cuando se trata de tomar grandes decisiones que afectan al &ldquo;pacto&rdquo; constituyente de 1978, la Constituci&oacute;n saca las garras y convierte su reforma en una yincana imposible de completar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pongamos por caso que decidimos excluir la pena de muerte del art&iacute;culo 15, inconcebible en la sociedad actual. O que queremos prescindir de la obligaci&oacute;n del Estado en colaborar con la Iglesia Cat&oacute;lica del art&iacute;culo 16. O eliminar la discriminaci&oacute;n de la mujer en el acceso al trono, en el art&iacute;culo 57. O sustituir la determinaci&oacute;n del jefe de Estado por sucesi&oacute;n por una elecci&oacute;n democr&aacute;tica (T&iacute;tulo II). En todos esos casos el procedimiento constitucional deja en manos de la minor&iacute;a la decisi&oacute;n; es decir, no prevalece el principio democr&aacute;tico de la mayor&iacute;a, sino el bloqueo de los que mantienen una posici&oacute;n contraria y que, pese a ser los menos, podr&iacute;an vetar cualquier reforma.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n se torna m&aacute;s grave cuando nos referimos a los derechos sociales. El T&iacute;tulo I de la Constituci&oacute;n no los considera propiamente derechos, sino principios rectores menguados en cuanto a sus garant&iacute;as y con una naturaleza que roza la irrelevancia. Pensemos en el derecho a la vivienda del art&iacute;culo 47; o a la salud, en el art&iacute;culo 46, o a la Seguridad Social, en el art&iacute;culo 41. Estos art&iacute;culos, dice la Constituci&oacute;n, no pueden alegarse directamente como derechos constitucionales; solo puede hacerse a trav&eacute;s de la ley (art. 53.3), a diferencia del resto del T&iacute;tulo sobre los derechos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Est&aacute; bien que la Constituci&oacute;n discrimine a los derechos sociales del resto de derechos como, pongamos por caso, la libertad religiosa o la intimidad? Por supuesto que no. En 1951 Hannah Arendt hizo referencia en su estudio sobre el totalitarismo al &ldquo;derecho a tener derechos&rdquo;. El derecho a tener derechos es justamente la funci&oacute;n de los derechos sociales: si no contamos con un techo bajo el que realizarnos, un sistema de salud que cuide de nosotros, unos servicios sociales que nos protejan, &iquest;c&oacute;mo podemos afirmar que estamos velando por el derecho a la vida? La ideolog&iacute;a constitucional de la Transici&oacute;n responde a una &eacute;poca en la que predominaba en el pa&iacute;s la posici&oacute;n que defend&iacute;a que el acceso a un hospital o a una pensi&oacute;n de jubilaci&oacute;n no pod&iacute;an estar garantizados en la Constituci&oacute;n. Las prioridades eran distintas a las actuales. Afortunadamente la situaci&oacute;n ha cambiado, y hoy nadie con sentido com&uacute;n est&aacute; dispuesto a negar el papel del Estado en la protecci&oacute;n de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Pero a la Constituci&oacute;n de la Transici&oacute;n cada vez m&aacute;s se le ven las costuras. No es culpa suya, sino nuestra. Mejor dicho, de los que siguen resisti&eacute;ndose a activar la decisi&oacute;n democr&aacute;tica y renovar el pacto colectivo. Si la Constituci&oacute;n de la Transici&oacute;n hablara, nos lo dir&iacute;a en voz baja: &ldquo;Aunque ya no estoy para muchos m&aacute;s trotes, fui capaz de sustituir los ruidos de sables por el 'S&iacute; se puede' del 15M. Consum&eacute; mi objetivo: hacer posible la Transici&oacute;n&rdquo;. Y es cierto, porque es una Constituci&oacute;n que evit&oacute; el involucionismo a trav&eacute;s de un acuerdo entre las clases dirigentes de la Transici&oacute;n. Solo por esa raz&oacute;n, nunca podemos olvidar darle las gracias.
    </p><p class="article-text">
        Pero los retos que enfrentamos ahora son muy diferentes a los que hab&iacute;a hace cuatro d&eacute;cadas. Algunos de ellos ni siquiera los conocemos, pero sabemos que pueden ser de gran ferocidad. Quienes nunca pudimos formar parte del pacto de la Transici&oacute;n pedimos un avance democr&aacute;tico para que nuestra voz sea tenida en cuenta. Ning&uacute;n dem&oacute;crata puede tenerle miedo a la democracia. Y si lo tiene, no puede, desde luego, creer en ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, necesitamos despertar pronto con una Constituci&oacute;n adecuada a los nuevos tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Martínez Dalmau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/constitucion-transicion-constitucion-covid-19_129_6483598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Dec 2020 05:00:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la Constitución de la Transición a la Constitución de la COVID-19]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando se acabe el tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/ruben-martinez-dalmau-tiempo-covid-19_132_2262699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>Cuando se acabe el tiempo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este tiempo, esta extra&ntilde;a aberraci&oacute;n que se va a lo oscuro, a morir&hellip; </em>
    </p><p class="article-text">
        El l&uacute;cido verso de Mar&iacute;a Beneyto evoca la capacidad que hemos tenido las sociedades de dejar atr&aacute;s los peores momentos y salir reforzados de ellos. Aunque esta posici&oacute;n nos ha caracterizado desde el origen de los tiempos, en psicolog&iacute;a se le puso nombre hace cincuenta a&ntilde;os: resiliencia, de <em>resilio</em> -volver de un salto, rebotar-; esto es, la capacidad humana de sobreponernos a situaciones l&iacute;mite y salir fortalecidos de ellas.
    </p><p class="article-text">
        La Covid-19 nos ha colocado en una situaci&oacute;n l&iacute;mite y la crisis sanitaria dar&aacute; paso a un tiempo nuevo; eso es lo que piensan siete de cada diez ciudadanas y ciudadanos seg&uacute;n las &uacute;ltimas encuestas. Somos conscientes de que saldremos de esta y seremos capaces de superar el sufrimiento que nosotros y nuestras familias hemos soportado durante la crisis. Sabemos que llegar&aacute; el d&iacute;a en que saldremos de nuestras casas y respiraremos profundamente con la vista en el horizonte; es esa convicci&oacute;n la que nos motiva ahora a confinarnos y a seguir las medidas de seguridad que nos proporcionan las autoridades.
    </p><p class="article-text">
        Ahora es nuestra obligaci&oacute;n reflexionar sobre qu&eacute; significa &ldquo;salir fortalecidos&rdquo;. Y salir fortalecidos -as&iacute; lo manifiesta el 80% de las personas consultadas- no puede ser en ning&uacute;n caso pensar que las cosas ser&aacute;n como antes. Esa manifestaci&oacute;n de la inteligencia colectiva que solemos llamar sentido com&uacute;n as&iacute; nos lo dice. El sentido com&uacute;n nos indica qu&eacute; podemos recuperar de lo que ten&iacute;amos y qu&eacute; tenemos que dejar atr&aacute;s definitivamente. Y sin duda este ejercicio de reflexi&oacute;n profunda que realizamos cada d&iacute;a en sociedad, la conciencia de nuestra vulnerabilidad, el reconocimiento a quienes salen todos los d&iacute;as a enfrentar la enfermedad en primera l&iacute;nea de fuego, la mayor cercan&iacute;a con allegados y los vecinos de escalera que hasta ahora eran casi desconocidos, los aplausos en los balcones y en los portales a las ocho de la noche, la experiencia de poder cruzar calles vac&iacute;as de tr&aacute;fico cuando se baja a por el pan y de respirar aire limpio en pleno centro de la ciudad, o la solidaridad entre generaciones pocas veces tan exteriorizada como ahora, desembocan en una conclusi&oacute;n: somos m&aacute;s conscientes de la necesidad de cuidarnos, de preocuparnos por nuestro entorno, de la raz&oacute;n de ser de nuestras vidas. Saldremos de la crisis siendo menos individualistas y m&aacute;s conscientes de la fuerza de la unidad.
    </p><p class="article-text">
        Esa consciencia reforzar&aacute; sin duda el papel de lo p&uacute;blico. Lo p&uacute;blico entendido como lo de todos, incluso m&aacute;s all&aacute; del Estado. Todos hemos sido testigos de amigos y conocidos que hace apenas unos meses apoyaban propuestas pol&iacute;ticas a favor de los recortes en el sector p&uacute;blico, en sanidad o en educaci&oacute;n, y que ahora se han lanzado sin dudarlo a los brazos del sistema p&uacute;blico de salud y han tratado a nuestro personal sanitario, como no pod&iacute;a ser de otra forma, de h&eacute;roes. De hecho, los pa&iacute;ses que m&aacute;s sufrir&aacute;n los efectos de la pandemia ser&aacute;n, lamentablemente, aquellos que no construyeron a tiempo un Estado del Bienestar y que, despu&eacute;s de esta crisis, no dudar&aacute;n en la necesidad de hacerlo. Sin Estado social, sin debate y control democr&aacute;ticos, sin inversi&oacute;n en derechos esta crisis hubiera sido una cat&aacute;strofe de dimensiones mucho m&aacute;s graves de lo que ser&aacute;. Los problemas globales solo pueden ser combatidos son soluciones globales, y nadie en estos momentos discute que esas soluciones integrales solo pueden darse ahora mismo desde la reivindicaci&oacute;n de lo p&uacute;blico. Podemos desterrar el debate sobre la necesidad o no de Estado social y de m&aacute;s democracia: ese debate ya lo ha ganado la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero la importancia de lo p&uacute;blico, que ya no parece que pueda cuestionarse m&aacute;s, debe responder a los valores en construcci&oacute;n de nuestra generaci&oacute;n; y esto s&iacute; estaba en cuestionamiento por parte de algunos sectores privados que siguen empecinados en imponer los intereses particulares sobre los generales. Recordemos que meses antes de la llegada del virus est&aacute;bamos inmersos en asuntos fundamentales como la lucha contra el cambio clim&aacute;tico, la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y los derechos de la naturaleza. Estos debates no han quedado postergados, sino en un par&eacute;ntesis a causa de la contingencia. Y ser&aacute;n muy importantes cuando salgamos a las calles y emprendamos nuestras vidas.&nbsp; El llamado Nuevo Pacto Verde que lenta pero inquebrantablemente va infiltr&aacute;ndose entre los papeles de los despachos y las agendas de nuestros gobernantes es ahora ya no una opci&oacute;n, sino una obligaci&oacute;n. Y todos debemos asumir nuestra parte de responsabilidad; tanto quienes toman decisiones pol&iacute;ticas desde los gobiernos como quienes tambi&eacute;n las toman desde el sector privado.
    </p><p class="article-text">
        El coronavirus ha fulminado las grandes ampliaciones de puertos, los monumentales proyectos de macrocentros comerciales y las propuestas de llenar con m&aacute;s hormig&oacute;n nuestras costas y monta&ntilde;as. Ya no es sostenible que la mayor parte de los desplazamientos deban realizarse en autom&oacute;viles particulares, que las grandes autopistas penetren hasta el coraz&oacute;n de las ciudades destrozando todo lo que encuentren a su alrededor, o que los aparcamientos sustituyan las calles, las plazas o los caminos. El modelo de desarrollo en que se basaban estas decisiones ha quedado descartado; los nuevos valores empujan hacia pueblos y ciudades m&aacute;s habitables, m&aacute;s adecuadas a una vida en sociedad, y en las que sea posible caminar para comprar el pan y respirar aire puro. Defender lo contrario ser&iacute;a no solo ir contra el sentido com&uacute;n, esa manifestaci&oacute;n l&uacute;cida de la inteligencia colectiva, sino a&uacute;n peor: ser&iacute;a ir contra la sostenibilidad de nuestra vida presente y futura.
    </p><p class="article-text">
        Estos son los grandes debates que tendremos que ganar cuando desterremos al virus. Y ser&aacute; en torno a ellos donde se fijar&aacute;n las posiciones de quienes quieren dejar el pasado y avanzar o quienes quieren seguir cometiendo los mismos errores que ya se cometieron, sin aprender nada de este tiempo acabado, esta extra&ntilde;a aberraci&oacute;n que se va a lo oscuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rub&eacute;n Mart&iacute;nez Dalmau es vicepresidente segundo de la Generalitat Valenciana</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Martínez Dalmau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/ruben-martinez-dalmau-tiempo-covid-19_132_2262699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2020 05:35:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando se acabe el tiempo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el clima nos va la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/clima-va-vida_132_1207505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La crisis social que sacude Chile, que no podemos separar de la situaci&oacute;n de creciente desigualdad que reina en el mundo, ha tra&iacute;do la Cumbre Mundial del Clima (COP25) a Madrid. Todas las alarmas respecto a la crisis clim&aacute;tica est&aacute;n disparadas. Sin ir m&aacute;s lejos, hace unos d&iacute;as el Parlamento Europeo declar&oacute; que el continente est&aacute; en &ldquo;emergencia clim&aacute;tica&rdquo;, la Comisi&oacute;n Europea ha anunciado la inminente presentaci&oacute;n de su particular &ldquo;New Green Deal&rdquo; para hacer efectiva la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y la cumbre europea de este mes de diciembre tiene previsto articular medidas para conseguir la neutralidad clim&aacute;tica de la Uni&oacute;n Europea para 2050. Volviendo a las desigualdades que desangran el planeta, tampoco estas las debemos desligar de las consecuencias del cambio clim&aacute;tico que act&uacute;a, y actuar&aacute; cada vez m&aacute;s, como un multiplicador de la pobreza.
    </p><p class="article-text">
        El Consell tambi&eacute;n decret&oacute; hace unos meses el &ldquo;estado de emergencia clim&aacute;tica&rdquo; y recientemente desde la Vicepresidencia Segunda pusimos en marcha una Comisi&oacute;n Delegada para la coordinaci&oacute;n de todas las pol&iacute;ticas de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica y Sostenibilidad Ambiental, porque cuando se habla de pol&iacute;ticas verdes ya no podemos pensar en uno u otro departamento sino en la transversalidad de las pol&iacute;ticas de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        El convencimiento de que  las pol&iacute;ticas de transici&oacute;n ecol&oacute;gica son una tarea de todos ha sido tambi&eacute;n lo que nos ha impulsado a plantear, por primera vez, la presencia de la Generalitat en la organizaci&oacute;n de los debates sociales de una Cumbre Internacional por el Clima. As&iacute;, la pr&oacute;xima semana en Madrid vamos a dirigir una actividad sobre la transversalidad de lo que podr&iacute;amos resumir como pol&iacute;ticas verdes en las administraciones p&uacute;blicas. Queremos reflexionar y debatir sobre econom&iacute;a y sobre urbanismo, sobre medio ambiente y educaci&oacute;n, sobre impuestos y justicia social, sobre c&oacute;mo organizarnos, y la COP25 nos parece un marco ideal para hacerlo. El objetivo es poner en com&uacute;n c&oacute;mo hacer algo sobre lo que no hay precedentes pero que tenemos que hacer de manera urgente: conseguir alinear el conjunto de las pol&iacute;ticas que se hacen desde cualquier nivel de la administraci&oacute;n a las exigencias de la crisis clim&aacute;tica, a los acuerdos internacionales adoptados y a las recomendaciones cient&iacute;ficas que se multiplican diariamente.
    </p><p class="article-text">
        No es sencillo. Lo sabemos. Sabemos que las pol&iacute;ticas tendentes a adaptarnos al cambio clim&aacute;tico y a su minimizaci&oacute;n son tan complejas como imprescindibles. Son decisiones que implican un cambio productivo, econ&oacute;mico y hasta social y que por tanto reclaman valent&iacute;a y capacidad de liderazgo. Unas condiciones que el actual Govern del Bot&agrave;nic ya comprometi&oacute; en el acuerdo para su puesta en marcha.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es tozuda. Los grandes acuerdos internacionales se est&aacute;n quedando en solemnes unanimidades de sal&oacute;n pero parece que la comunidad internacional no encuentra el momento de pasar a la acci&oacute;n, de concretar en medidas, en restricciones y en alternativas los buenos prop&oacute;sitos de los documentos que se firman.
    </p><p class="article-text">
        Naciones Unidas acaba de anunciarnos que a finales de siglo, si no reducimos las emisiones a la atm&oacute;sfera, estaremos por encima de los tres grados de aumento de temperatura. &iquest;Qu&eacute; planeta pretendemos dejar a los que vienen? Deber&iacute;amos reducir emisiones a un ritmo de casi el 8% de aqu&iacute; a 2030 para hacer frente a la crisis clim&aacute;tica. En cambio, no solo no estamos en fase de reducci&oacute;n  sino que las estamos ampliando de forma irresponsable y suicida. La presencia de CO2 en la atm&oacute;sfera est&aacute; en niveles de los que no se tienen datos desde hace tres millones de a&ntilde;os, cuando el g&eacute;nero humano no habita la tierra. Si el cambio clim&aacute;tico es el mayor reto de nuestra civilizaci&oacute;n, lo estamos perdiendo. Madrid debe ser estos d&iacute;as el marco para repensar lo que estamos haciendo, para pasar a la acci&oacute;n. Cueste lo que cueste. Nos va la vida en ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Rub&eacute;n Mart&iacute;nez Dalmau, vicepresidente segundo y conseller de Vivienda y Arquitectura Bioclim&aacute;tica</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Martínez Dalmau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/clima-va-vida_132_1207505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Dec 2019 11:40:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En el clima nos va la vida]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[25 de abril: historia de un viaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/abril-historia-viaje_132_4035647.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &ldquo;En virtud de la Real Orden de 18 de julio, que se&ntilde;alaba la apertura de las sesiones de Cortes para el mes de agosto, en la tarde del 26 de julio sal&iacute; de San Felipe a Cartagena acompa&ntilde;ado de mi hermano...&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; inici&oacute; en 1810, seg&uacute;n su propia cr&oacute;nica, el diputado de X&agrave;tiva Joaqu&iacute;n Lorenzo Villanueva su <em>Viaje</em> a C&aacute;diz. Eran tiempos de cambio, y Villanueva lo sab&iacute;a. Como Borrull, y tres decenas de valencianos m&aacute;s, hab&iacute;a emprendido por varias v&iacute;as -prefiriendo el mar, m&aacute;s seguro, pero temiendo a los corsarios frente a las costas granadinas- su traslado a C&aacute;diz. Las primeras cortes constituyentes hab&iacute;an sido convocadas, e incorporarse val&iacute;a la pena; se iba a hacer historia, y quer&iacute;an estar presentes.
    </p><p class="article-text">
        Aquellos que conocen c&oacute;mo puede influir un cambio constitucional en nuestras vidas se convierten en sus m&aacute;s firmes defensores o en sus m&aacute;s firmes detractores. No es banal: las Constituciones, cuando no son democr&aacute;ticas, sirven para imponer determinada estructura pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, que al final determinan las condiciones sociales de un pa&iacute;s. Cuando son democr&aacute;ticas, definen voluntades populares y crean marcos de convivencia adecuados que reflejan c&oacute;mo son realmente las cosas y definen c&oacute;mo queremos que sean. Esa es la raz&oacute;n por la que el pensamiento conservador es inmovilista: la Constituci&oacute;n, cuanto m&aacute;s breve mejor; y cuanto menos se modifique, mejor. Esa es la raz&oacute;n, por otro lado, por la que el pensamiento progresista cree en las evoluciones constitucionales: la Constituci&oacute;n, cuanto m&aacute;s detallada mejor, porque evita en mayor medida su violaci&oacute;n por parte de los gobiernos que deben aplicarla; y debe poder ser modificada democr&aacute;ticamente para adaptarse a las realidades de los pueblos que la escriben.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos el caso de un Estado plurinacional, como Espa&ntilde;a, donde conviven (o pueden querer convivir) diferentes comunidades con culturas, entornos, lenguas y valores comunes o diferentes. La plurinacionalidad bien entendida es riqueza, y es contraria a la homogeneidad buscada desde el pensamiento centralizador del Estado-naci&oacute;n. La cultura del Estado-naci&oacute;n, cuando es irreal porque se impone sobre comunidades diferentes, es reduccionista y empobrecedora: no se crea un Estado m&aacute;s fuerte porque se piense en una sola lengua, sino porque se construye una identidad diferente y racional desde la voluntad democr&aacute;tica de sus ciudadanos.  La cultura del Estado plurinacional, democr&aacute;ticamente construido, es mucho m&aacute;s fuerte: se basa en una decisi&oacute;n consciente; y no solo en el respeto a las diferencias, sino en su protecci&oacute;n. Las diferencias enriquecen la vida en com&uacute;n desde la decisi&oacute;n racional de hacer real esa vida en com&uacute;n. V&eacute;ase, si no, el caso suizo, seguramente el m&aacute;s antiguo de los pa&iacute;ses europeos, paradigma de democracia y plurinacionalidad donde los haya, que incluso ha decidido denominarse a s&iacute; mismo en lat&iacute;n, <em>Helvetia</em>, para evitar imponer una lengua sobre las dem&aacute;s. Exactamente lo contrario que se ha realizado en el caso espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Regresemos ahora a la genealog&iacute;a no por repetida menos real de la Constituci&oacute;n de 1978. Como todo el mundo sabe, fue un texto negociado entre los representantes de los partidos pol&iacute;ticos, que nunca rompi&oacute; con la legalidad franquista, y cuyo contenido no pudo ser debatido plural y abiertamente. No es propiamente una cr&iacute;tica; es una mera descripci&oacute;n de la realidad, porque tambi&eacute;n podr&iacute;amos preguntarnos si se pod&iacute;a hacer algo m&aacute;s con una sociedad que hab&iacute;a sufrido cuarenta a&ntilde;os de propaganda autoritaria y quer&iacute;a sobrevivir m&aacute;s que emanciparse. Cuesti&oacute;n diferente es la actualidad: cuatro d&eacute;cadas de bipartidismo de facto, un Estado de las autonom&iacute;as tambaleante en varios aspectos, diez a&ntilde;os de recortes que han dificultado la consolidaci&oacute;n de un Estado Social, y un 15M que fue la m&aacute;s importante manifestaci&oacute;n participativa que ha tenido este pa&iacute;s desde la Constituci&oacute;n de la proclamaci&oacute;n de la II Rep&uacute;blica, hacen que las cosas tomen otro cariz. Un cariz que, como el de Villanueva y Borrull, tendr&aacute; perfiles que marcar&aacute;n historia. Y, como ellos, querremos estar presentes.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la raz&oacute;n por la que este 25 de abril es un hito m&aacute;s en un viaje hist&oacute;rico que nos llevar&aacute; a reconocer en una Constituci&oacute;n democr&aacute;tica la materialidad de varias naciones que decidir&aacute;n vivir en un Estado plurinacional. Donde las valencianas y los valencianos podr&aacute;n decidir sobre aspectos de su vida en com&uacute;n que les fueron contrabandeados durante unos aciagos d&iacute;as de la transici&oacute;n. Los que quieran avanzar, apostar&aacute;n por un cambio constitucional democr&aacute;tico que establezca el progreso como objetivo fundacional de la sociedad; los que quieran conservar, intentar&aacute;n por todos los medios que nada se mueva, y reaccionar&aacute;n contra la acci&oacute;n democr&aacute;tica en la que estaremos comprometidos. No en balde se les llama reaccionarios. Cuando Carl Schmitt defini&oacute; la Constituci&oacute;n como una decisi&oacute;n de vida en com&uacute;n no pod&iacute;a ni imaginarse hasta qu&eacute; punto tendr&iacute;a raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Martínez Dalmau]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Apr 2016 06:35:23 +0000]]></pubDate>
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