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    <title><![CDATA[elDiario.es - Kara Moses]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/kara_moses/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Kara Moses]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Desobediencia civil, el último recurso contra el cambio climático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/desobediencia-ultimo-recurso-cambio-climatico_129_3992839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a33f416c-7374-4230-a16d-14935f532175_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Activistas de Greenpeace protestan frente a un petrolero cerca de la costa cantábrica."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de manifestantes se movilizan en todo el mundo contra las empresas de hidrocarburos más grandes del planeta. Deberíamos darles nuestro apoyo y, de ser posible, unirnos a su causa.</p></div><p class="article-text">
        En este preciso momento, miles de personas est&aacute;n protestando en todo el mundo contra los proyectos de infraestructura de las empresas de hidrocarburos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera protesta tuvo lugar a principios de mes, con el cierre de la mina de carb&oacute;n a cielo abierto m&aacute;s importante del Reino Unido, al sur de Gales. El domingo pasado, en Newcastle (Australia), unas 1.000 personas lograron que se cerrara el mayor puerto de exportaci&oacute;n de carb&oacute;n del mundo. No fueron las &uacute;nicas. En Filipinas, Brasil, Estados Unidos, Nigeria, Alemania y la India, otras medidas de esta clase est&aacute;n teniendo lugar frente a centrales el&eacute;ctricas, refiner&iacute;as de petr&oacute;leo, gasoductos, oleoductos y minas.
    </p><p class="article-text">
        Es solo una parte de la escalada de protestas prometida tras el acuerdo de Par&iacute;s y constituye el acto de desobediencia civil m&aacute;s grande en la historia del movimiento ecologista. Los gobiernos se habr&aacute;n puesto de acuerdo en mantener el calentamiento global en 1,5 grados cent&iacute;grados, pero depende de nosotros que los combustibles f&oacute;siles permanezcan donde deben estar: bajo tierra.
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a de muchos gobiernos a&uacute;n depende de los combustibles f&oacute;siles. No podemos dejar en sus manos los cambios radicales necesarios. En los 21 a&ntilde;os que les llev&oacute; llegar a un acuerdo (no vinculante e inadecuado), las emisiones de carbono crecieron a toda velocidad. Ahora depende de que nosotros exijamos a los gobiernos que se hagan responsables, que respondan con hechos y no con palabras. Con nuestra desobediencia masiva debemos desafiar la legitimidad de la industria de los combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        Es injusto que las corporaciones y los gobiernos cometan delitos contra el planeta y la sociedad sin pagar por las consecuencias, mientras que a aquellos que luchan para impedir tales delitos se los castiga, se los asesina y se los encarcela. Pero el n&uacute;mero de personas dispuestas a desafiar esta realidad est&aacute; creciendo. Y si realmente queremos justicia para el medio ambiente, la protesta como herramienta para conseguir este objetivo se tiene que generalizar. Debemos apoyar y no denunciar a aquellos que est&aacute;n dispuestos a poner en riesgo su vida, ya que todos nos beneficiamos con sus actos. No todo el mundo est&aacute; en posici&oacute;n de ejercer la desobediencia civil, pero todos podemos apoyarla.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los cambios necesarios para combatir el cambio clim&aacute;tico tambi&eacute;n implicar&iacute;an una mejora en la calidad de vida de la mayor&iacute;a de la gente del planeta. Los cambios van desde permitir que los habitantes de Pek&iacute;n puedan salir de su casa sin tener que usar m&aacute;scaras respiratorias hasta la creaci&oacute;n de buenas fuentes de trabajo para millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        Las empresas mineras se defienden argumentando que con sus operaciones generan empleos vitales para la poblaci&oacute;n local. Pero la industria de los combustibles f&oacute;siles no puede ofrecer un trabajo estable cuando se est&aacute; desmoronando (a pesar de que recibe billones en subvenciones que se le est&aacute;n quitando a las renovables). La desinversi&oacute;n masiva, la ca&iacute;da de los precios, el acuerdo global sobre el clima, la creciente resistencia mundial y la cada vez mayor cantidad de pruebas cient&iacute;ficas sobre el impacto en el medio ambiente hacen inevitable el fin de la industria de los combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        Los puestos de trabajo que ofrecen las empresas de hidrocarburos no solo son inestables, sino a menudo peligrosos. El &uacute;nico recuerdo que tengo de mi abuelo minero es el de verlo en cama tosiendo y sufriendo por un dolor en la espalda provocado en la mina. Los efectos de su trabajo perduraron mucho tiempo despu&eacute;s de que la mina cerrara y a &eacute;l lo despidieran: mi abuelo y sus hermanos murieron por una enfermedad respiratoria causada por la inhalaci&oacute;n de contaminantes en el aire. Los mismos contaminantes que tienen que respirar las comunidades que, por desgracia, est&aacute;n cerca de un sitio de extracci&oacute;n o de quemado de combustibles f&oacute;siles.
    </p><p class="article-text">
        La extracci&oacute;n de combustibles f&oacute;siles por parte de las empresas tambi&eacute;n ocasiona que las comunidades locales dependan de un recurso limitado y queden a merced de una corporaci&oacute;n cuyo principal objetivo es obtener ganancias. Cuando el petr&oacute;leo se agota o ya no queda carb&oacute;n, la empresa se retira del lugar, dejando nada m&aacute;s que pobreza y contaminaci&oacute;n. La zona en la que viv&iacute;a mi familia, una comunidad floreciente cuando abundaba el carb&oacute;n, ahora es un lugar con una alta tasa de desempleo, deterioro social y pocas oportunidades de progresar.
    </p><p class="article-text">
        Las energ&iacute;as renovables no solo pueden ofrecer seguridad laboral con trabajos m&aacute;s duraderos, menos peligrosos y menos dependientes de los distintos sitios de extracci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la oportunidad de que haya participaci&oacute;n ciudadana sobre las fuentes de energ&iacute;a y comunidades sustentables. No es dif&iacute;cil elegir entre energ&iacute;a y trabajos no contaminantes, seguros, democr&aacute;ticos y sustentables o energ&iacute;a y trabajos contaminantes, peligrosos y poco democr&aacute;ticos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este momento, tenemos la tecnolog&iacute;a para hacer la transici&oacute;n hacia un Reino Unido con cero emisiones de carbono. Pero las barreras no son tecnol&oacute;gicas: son pol&iacute;ticas. Para sortearlas, necesitamos reclamar nuestro poder, tanto el que otros ejercen sobre nosotros como el que ya est&aacute; en nosotros. En 2017 se dice que vence el plazo para llegar al l&iacute;mite de los dos grados cent&iacute;grados. Este es el momento para actuar. Este tiene que ser el a&ntilde;o de la desobediencia clim&aacute;tica masiva.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kara Moses, Kara Moses]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 May 2016 19:57:21 +0000]]></pubDate>
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