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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ramón Calva]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Ramón Calva]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Quioscos: el eslabón más débil paga la crisis del papel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/economia/quioscos-limite_1_3974548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51938545-7d3f-4bb5-99a5-d257a84a4496_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una cliente compra el periódico en un quiosco de Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La caída de ventas de periódicos y revistas, unida a la difícil relación con los grandes grupos editores y las distribuidoras, sitúan a los vendedores de prensa al borde de la quiebra</p><p class="subtitle">En los últimos años han desaparecido el 40% de los puntos de venta de publicaciones, que sobreviven diversificando su oferta y dando la cara en una batalla que buena parte de los editores de periódicos ya dan por perdida</p></div><p class="article-text">
        Fueron en su d&iacute;a la cara m&aacute;s visible de uno de los modelos de venta minorista m&aacute;s eficientes que se recuerdan, pero hoy los quioscos son solo el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil de una cadena que hace mucho que dej&oacute; atr&aacute;s los buenos tiempos y &ndash;lo que es peor&ndash; parece resignada a que estos no vuelvan nunca. Con la demanda de publicaciones a la baja, los anta&ntilde;o abundantes puntos de venta de peri&oacute;dicos y revistas ven c&oacute;mo su mercado tradicional va empeque&ntilde;eci&eacute;ndose, en una tendencia que se ve agravada por algunas pr&aacute;cticas comerciales de los editores, que en su b&uacute;squeda de alternativas que los saquen del atolladero dejan muchas veces de lado a quienes han sido hist&oacute;ricamente una parte fundamental de su modelo de negocio. La condici&oacute;n de eslab&oacute;n d&eacute;bil se pone tambi&eacute;n de manifiesto en la relaci&oacute;n que los quioscos mantienen con las distribuidoras, igualmente sacudidas por la crisis de lectores de prensa pero con la fuerza que les da un proceso de concentraci&oacute;n que ha dejado apenas a un par de jugadores sobre el tablero.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no existen datos fiables sobre el sector, los c&aacute;lculos m&aacute;s optimistas cifran en el entorno del 40% el descenso en el n&uacute;mero de quioscos desde que comenz&oacute; la crisis, una ca&iacute;da que correr&iacute;a paralela a una bajada en la cifra de ventas de peri&oacute;dicos y revistas que se mover&iacute;a en proporciones muy similares si atendemos las cifras de difusi&oacute;n. Con el mercado deteriorado hasta esos niveles, a los quiosqueros les llegan las malas noticias desde todos los frentes. Uno de los &uacute;ltimos disgustos les lleg&oacute; el pasado oto&ntilde;o, cuando algunos clientes les dijeron que estaban recibiendo el peri&oacute;dico gratuitamente en su casa, dentro de una promoci&oacute;n en la que El Diario Monta&ntilde;&eacute;s buscaba aumentar el n&uacute;mero de sus suscriptores.
    </p><p class="article-text">
        El caso puso a los vendedores en pie de guerra, e indign&oacute; especialmente a Agar Salcedo, propietaria del quiosco de la calle Los Escalantes, de Santander, que mand&oacute; una carta a los peri&oacute;dicos expresando su queja. &ldquo;Mis propios clientes me contaron el caso: durante una semana, de lunes a viernes, les dejaban el peri&oacute;dico en el felpudo, de forma completamente gratuita, con una carta en la que ofrec&iacute;an la suscripci&oacute;n. Ante mi carta de protesta, desde El Diario Monta&ntilde;&eacute;s me contestaron que no me preocupase, que iban a mirar la facturaci&oacute;n y compensarnos. Eso es inviable, no me lo creo&rdquo;, se&ntilde;ala la quiosquera, que considera que el peri&oacute;dico est&aacute; mordiendo la mano que le da de comer: &ldquo;Yo no digo que lo que est&aacute;n haciendo sea ilegal, pero s&iacute; que es vergonzoso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su condici&oacute;n de diario m&aacute;s vendido en la comunidad aut&oacute;noma, la cabecera c&aacute;ntabra del Grupo Vocento es tambi&eacute;n la principal fuente de ingresos para los puntos de venta, al menos entre los que llegan por comercializaci&oacute;n de peri&oacute;dicos y revistas. El modelo de distribuci&oacute;n de prensa deja a los quioscos el 20% del precio de venta de la publicaci&oacute;n sin IVA, lo que en el caso de El Diario Monta&ntilde;&eacute;s supone menos de 20 c&eacute;ntimos brutos. &ldquo;A cambio de eso tienen toda nuestra disponibilidad para vender su producto, 362 d&iacute;as al a&ntilde;o, 5.400 horas. Y nos lo pagan as&iacute;&rdquo;.
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        La de Agar Salcedo no es una queja aislada. El lamento lo comparten otros profesionales del sector, aunque muchos prefieren hacerlo sin dar su nombre, lo que no deja de ser otro s&iacute;ntoma de la d&eacute;bil posici&oacute;n en la que se encuentran estas microempresas dentro de un mercado a la baja y que, a diferencia de lo que sucede en su caso, cuenta con grandes grupos tanto en el campo de la edici&oacute;n como en la distribuci&oacute;n. An&oacute;nima es, por ejemplo, la reivindicaci&oacute;n de una quiosquera santanderina, que lleva 22 a&ntilde;os vendiendo peri&oacute;dicos en pleno centro de la capital c&aacute;ntabra y que, explica, ha visto c&oacute;mo los quioscos han pasado de ser parte importante en la cadena de distribuci&oacute;n &ndash;y en el modelo de negocio de la prensa&ndash; a no contar para nada. &ldquo;Yo entiendo que El Diario Monta&ntilde;&eacute;s es una empresa que tiene que buscar su beneficio, pero no tiene sentido que piensen en aumentar sus ventas sin contar con nosotros, que somos los que tratamos todos los d&iacute;as con sus clientes. Hacen esa oferta a los suscriptores, con una carta en la que no mencionan que pueden recoger el peri&oacute;dico en los quioscos. No veo qu&eacute; sentido tiene, pero la consecuencia es que nos dejan fuera&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de lo que sucede en el caso de El Diario Monta&ntilde;&eacute;s, en otros peri&oacute;dicos y revistas es habitual que la venta a suscriptores se realice utilizando los quioscos como punto de recogida. El suscriptor tiene una tarjeta que le reconoce como tal, con la que acude a su quiosco habitual y retira la publicaci&oacute;n de la que se trate. Para el punto de venta se trata de un sistema c&oacute;modo y neutro a efectos de facturaci&oacute;n, puesto que lo que cobran por cada ejemplar es exactamente lo mismo que cuando venden a cualquier otro cliente. Cuesta creer que para el editor exista una f&oacute;rmula de distribuci&oacute;n m&aacute;s eficiente, que sea capaz de llevar los peri&oacute;dicos al domicilio de sus suscriptores todos los d&iacute;as a primera hora de la ma&ntilde;ana, y est&eacute;n donde est&eacute;n, y ello a un coste no mayor del que supone el canal convencional, esto es, el 20% de los quioscos y el 20% que se reserva la distribuidora. Cuesta creerlo, pero el ejemplo de El Diario Monta&ntilde;&eacute;s hace pensar lo contrario. Y no es el &uacute;nico caso.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado los suscriptores del peri&oacute;dico El Pa&iacute;s recibieron una carta, coincidiendo con la fecha en la que ten&iacute;an que renovar la suscripci&oacute;n, en la que se les ofrec&iacute;a un descuento a&ntilde;adido si cambiaba la opci&oacute;n de entrega, de manera que en lugar de recoger el peri&oacute;dico en su quiosco o punta de venta habitual, pasara a recibirlo en casa &ldquo;para su mayor comodidad&rdquo;. En la misma carta, el peri&oacute;dico del Grupo Prisa daba cuenta de las cifras: doce meses comprando el peri&oacute;dico en quioscos le supon&iacute;a el a&ntilde;o pasado al lector un importe de 292,4 euros, y su suscripci&oacute;n recogiendo el ejemplar en quioscos se quedar&iacute;a en 174,44 euros. Si cambiaba la opci&oacute;n de entrega al domicilio se le ofrec&iacute;a un descuento adicional de 58,48 euros.
    </p><p class="article-text">
        La carta de El Pa&iacute;s, que puede leerse en la web de la Agrupaci&oacute;n Nacional de Vendedores de Publicaciones (ANVP), caus&oacute; en esta asociaci&oacute;n una indignaci&oacute;n equivalente a la que provoc&oacute; en Cantabria la que adjuntaba El Diario Monta&ntilde;&eacute;s en su promoci&oacute;n, aunque aqu&iacute; &ndash;donde no existe una asociaci&oacute;n de quiosqueros&ndash; aquella pas&oacute; bastante m&aacute;s desapercibida. En su respuesta a la queja de la agrupaci&oacute;n madrile&ntilde;a, los editores de El Pa&iacute;s aceptaron cambiar el p&aacute;rrafo objeto de controversia, pero tanto este como los precios que se apuntaban en la carta &ndash;con un descuento del 40% en el precio de venta para los suscriptores, con independencia de d&oacute;nde recogieran el peri&oacute;dico&ndash; ofrecen una de las claves del problema: la aparentemente imparable devaluaci&oacute;n de las publicaciones impresas como producto.
    </p><p class="article-text">
        Marian Cobo regenta junto a Roc&iacute;o G&oacute;mez Echevarr&iacute;a el quiosco de Corb&aacute;n, que lleva m&aacute;s de treinta a&ntilde;os vendiendo peri&oacute;dicos y revistas en un punto de paso a las playas, a las rutas de ocio de las ma&ntilde;anas de fin de semana y a los barrios que han crecido en el vecino municipio de Santa Cruz de Bezana. El gran baj&oacute;n en las ventas les ha llegado en fecha relativamente reciente, no m&aacute;s all&aacute; de dos o tres a&ntilde;os, por una combinaci&oacute;n de factores en las que, explica, las empresas editoras tienen buena parte de responsabilidad, por casos como el de los suscriptores &ndash;&ldquo;&iquest;C&oacute;mo le puedes ofrecer llevarle el peri&oacute;dico a casa cuando tiene un quiosco al lado&rdquo;&ndash; pero, tambi&eacute;n, por un empe&ntilde;o que considera tan incomprensible como generalizado en pr&aacute;cticamente todas las cabeceras: desviar lectores de las ediciones impresas a Internet. &ldquo;Los peri&oacute;dicos no son baratos, si traduces el precio a pesetas ver&aacute;s que comprar dos o tres peri&oacute;dicos, uno regional, otro nacional y uno deportivo, que es algo que antes era bastante habitual, ahora no est&aacute; al alcance de todos los bolsillos. El precio lo pone el editor, y ese mismo editor est&aacute; promocionando que leas el peri&oacute;dico en internet, mucho m&aacute;s barato o incluso gratis. No s&eacute; si est&aacute;n tirando piedras contra su tejado, no me meto en eso, lo que es seguro es que est&aacute;n tir&aacute;ndolas contra el m&iacute;o&rdquo;.
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        Los casos mencionados son apenas la punta del iceberg de un fen&oacute;meno que va mucho m&aacute;s all&aacute;. Las promociones de los peri&oacute;dicos incluyen cada vez m&aacute;s regalos mediante cartilla, en un mecanismo en el que s&iacute; que participa el punto de venta pero que tambi&eacute;n ha dado lugar a alguna controversia, cuando los editores han promocionado la recogida en lugares alternativos. M&aacute;s problemas ha provocado otra pr&aacute;ctica relativamente habitual en los grandes grupos editoriales, que regalan alguna de sus cabeceras cuando se adquiere otra, lo que saca a la primera de los cauces de comercializaci&oacute;n por los que se remunera a la cadena de distribuci&oacute;n. Todas ellas son pr&aacute;cticas que han contribuido a que el valor de los peri&oacute;dicos &ndash;pero no necesariamente su precio&ndash; se haya desplomado, dejando en una situaci&oacute;n que algunos califican de abandono a quienes viven de su venta.
    </p><h3 class="article-text">Distribuidores</h3><p class="article-text">
        <strong>Distribuidores</strong>Adem&aacute;s de la ca&iacute;da de ventas y la dif&iacute;cil relaci&oacute;n con los editores, el otro frente de esta tormenta perfecta que se abate sobre los quioscos llega de la mano de los distribuidores, las empresas que llevan los peri&oacute;dicos y las revistas al punto de venta, que recogen los no vendidos y que facturan la diferencia. Son, seg&uacute;n coinciden en se&ntilde;alar todos los quiosqueros consultados para este reportaje, el principal condicionante para la actividad del d&iacute;a a d&iacute;a, llegando a convertirse en una aut&eacute;ntica piedra en el camino de la rentabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Agar Salcedo, la propietaria del quiosco de la calle Los Escalantes, es en t&eacute;rminos relativos una reci&eacute;n llegada a la profesi&oacute;n. Tras haber emigrado a Luxemburgo durante los primeros a&ntilde;os de la crisis, volvi&oacute; a Cantabria con unos ahorros que decidi&oacute; invertir en el quiosco en 2014. No se arrepiente en absoluto de su decisi&oacute;n, pero no est&aacute; segura de si aconsejar&iacute;a a alguien meterse en este negocio. De&nbsp;hacerlo, lo primero que le dir&iacute;a es que se preparase para batallar con las distribuidores. &ldquo;Todo son obst&aacute;culos y trabas. Solo hay dos, Beral&aacute;n y SGEL, y funcionan como un duopolio, imponiendo sus condiciones. A m&iacute; Beral&aacute;n me pidi&oacute; un aval de 4.000 euros para comenzar a servirme, SGEL otros 2.500... Despu&eacute;s de a&ntilde;o y medio de funcionamiento, y de no haber fallado jam&aacute;s un pago, reclam&eacute; y me devolvieron la mitad pero &iquest;c&oacute;mo se justifica eso?&#8200;&iquest;Si ellos cierran c&oacute;mo voy a recuperar yo ese dinero?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los problemas, asegura, no terminan con el arranque de la actividad y con la cuesti&oacute;n de los avales, sino que se prolongan en el d&iacute;a a d&iacute;a. Retrasos en el abono, p&eacute;rdida de mercanc&iacute;as, o el precio de los portes, una cantidad fija que se cobra con independencia de cu&aacute;ntos peri&oacute;dicos o revistas se vendan. &ldquo;No hay hojas de reclamaciones, as&iacute; que hay que estar muy encima y preparados para todo, incluso para ir por la v&iacute;a legal. En portes yo llego a pagar 38 euros semanales. Si un peri&oacute;dico me deja 14 c&eacute;ntimos de margen, calcula cu&aacute;nto tengo que vender para pagar esa cantidad&rdquo;.
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        Marian Cobo coincide plenamente a la hora de se&ntilde;alar a los distribuidores como la principal dificultad con la que tiene que lidiar cada d&iacute;a, en cuestiones como las que apunta Agar Salcedo, pero tambi&eacute;n en otras que ser&iacute;an dif&iacute;cilmente concebibles en cualquier otro negocio: &ldquo;No tienes ning&uacute;n control sobre el n&uacute;mero de peri&oacute;dicos y revistas que te traen, eso lo deciden ellos a partir de sus estad&iacute;sticas, y las estad&iacute;sticas siempre son muy relativas, pero en la venta de peri&oacute;dicos m&aacute;s. El resultado es que muchas veces te quedas sin ejemplares. No te ayudan en absoluto a vender&rdquo;, apunta la quiosquera de Corb&aacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Alternativas</h3><p class="article-text">
        <strong>Alternativas</strong>Con la actividad comercial completamente liberalizada, los quioscos se ven obligados a competir en un mercado en el que, pese a las bajada de las ventas, proliferan los puntos donde es posible adquirir un peri&oacute;dico. La parte positiva es que se trata de una v&iacute;a de doble direcci&oacute;n, con lo que los quioscos tampoco se limitan ya a la venta de publicaciones y han encontrado en esa diversificaci&oacute;n de la oferta una salida frente a las dificultades del negocio m&aacute;s tradicional. No es una opci&oacute;n del agrado de todos &ndash;con una visi&oacute;n que admite que puede pecar de rom&aacute;ntica, la quiosquera santanderina que prefiere mantener el anonimato se resiste a entrar en negocios que considera que no son el suyo:&#8200;&ldquo;zapatero, a tus zapatos&rdquo;, dice&ndash; pero permite eludir los estrechos m&aacute;rgenes de la prensa y la complicada relaci&oacute;n con editores y distribuidores. Agar Salcedo vende <em>souvenirs</em>, chucher&iacute;as, tabaco, hace fotocopias, recarga tarjetas de telefon&iacute;a y anima a que todo el mundo busque ah&iacute; sus alternativas. &ldquo;No se trata de competir con tiendas o con estancos, sino de dar servicio a tus clientes&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Eso, la relaci&oacute;n con los clientes, es uno de los puntos fuertes de unos establecimientos que est&aacute;n a pie de calle, en el m&aacute;s literal significado de la expresi&oacute;n. No deja de llamar la atenci&oacute;n que tanto Agar Salcedo como Marian Cobo, despu&eacute;s de repasar las dificultades con las que batallan a diario, coincidan en declararse encantadas con su trabajo, y ambas por id&eacute;nticas razones: el trato con quienes cada d&iacute;a pasan por sus quioscos. &ldquo;Es un trabajo muy esclavo, es verdad, pero tambi&eacute;n es muy bonito. Y&#8200;se puede vivir de ello, no es f&aacute;cil, pero se puede. El problema son las zancadillas, frente a eso deber&iacute;amos estar m&aacute;s unidos de lo que estamos&rdquo;, concluye Agar Salcedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Calva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/economia/quioscos-limite_1_3974548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jun 2016 18:34:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quioscos: el eslabón más débil paga la crisis del papel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Cantabria]]></media:keywords>
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