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    <title><![CDATA[elDiario.es - Patricia Martínez Sastre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/patricia_martinez_sastre/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Patricia Martínez Sastre]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Así sufre Río de Janeiro la represión policial previa a los Juegos Olímpicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rio-brutalidad-policial-higienizacion-olimpiadas_1_3897002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b8ef0f1-cbb6-4e27-b510-1df72e634a7e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="María da Penha en una de las pocas casas originales que todavía quedan en pie en la Vila Autódromo. Casi todas las familias que resistieron el desalojo hoy viven en contenedores provisionales. El 22 de julio el ayuntamiento les entregará las llaves de sus nuevas casas que están siendo construidas allí mismo. | FOTO: Patricia Taro."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2015, 645 personas perdieron la vida en enfrentamientos con la policía en el estado de Río de Janeiro: el 77,2% era de raza negra o mestizo</p><p class="subtitle">Vecinos, miembros del comité popular y ONG denuncian desalojos, represión policial, ejecuciones extrajudiciales e impunidad durante la "intensificación" de la seguridad ante los Juegos Olímpicos</p><p class="subtitle">"No estoy en contra de las Olimpiadas, pero sí en contra de que se utilice un megaevento para para excluir y empeorar la vida de las personas que ya viven en una precariedad inmensa", dice una vecina</p></div><p class="article-text">
        Peluches que simbolizan los tractores que han arrasado, estos &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, con cientas de favelas en R&iacute;o de Janeiro. Un puzzle que recompone el coche tiroteado 111 veces por la Polic&iacute;a Militar en el que fueron asesinados&nbsp;cinco j&oacute;venes del suburbio de Costa Barros, zona norte de&nbsp;&nbsp;R&iacute;o de Janeiro.&nbsp;O sandalias con la estampa de negros siendo cacheados&nbsp;por su color de piel&nbsp;de camino a la playa. Estos son algunos de los pol&eacute;micos &ldquo;anti-souvenirs&rdquo;&nbsp;ol&iacute;mpicos creados por el humorista y artista brasile&ntilde;o Rafael Puetter, conocido como <a href="https://www.youtube.com/watch?v=9u7fwUPjTew" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rafucko</a>. Instant&aacute;neas cotidianas para el conjunto de la sociedad brasile&ntilde;a y que muestran el grado de&nbsp;represi&oacute;n&nbsp;policial existente&nbsp;en&nbsp;la inminente sede ol&iacute;mpica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;brutalidad policial desangra el estado de R&iacute;o de Janeiro, cuya mortandad se cobr&oacute; la vida de 645 personas solo en el a&ntilde;o 2015: el 77,2% era de raza negra o mestizo. En concreto, el a&ntilde;o pasado, uno de cada cinco homicidios en la ciudad fue cometido por polic&iacute;as en servicio. En lo que llevamos de 2016, m&aacute;s de 100 personas ya han sido asesinadas por estas fuerzas armadas,&nbsp;en su mayor&iacute;a j&oacute;venes negros y procedentes de las favelas, seg&uacute;n <a href="http://www.amnestyusa.org/research/reports/violence-has-no-place-in-these-games-risk-of-human-rights-violations-at-the-rio-2016-olympic-games" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">denuncia Amnist&iacute;a Internacional</a>. Esta realidad de muerte e impunidad, reservada a las &aacute;reas m&aacute;s desfavorecidas de la Ciudad Maravillosa,&nbsp;no parece que vaya a mejorar de cara a las Olimpiadas, en las que se espera que unos 85.000 agentes&nbsp;&mdash;entre polic&iacute;as y militares&mdash; garanticen&nbsp;la seguridad p&uacute;blica.
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        &ldquo;Cuando R&iacute;o fue galardonado con los Juegos Ol&iacute;mpicos en 2009 las autoridades prometieron mejorar la seguridad para todos. En lugar de ello, hemos visto 2.500 personas asesinadas por la polic&iacute;a desde entonces y muy poca justicia&rdquo;, afirma&nbsp;Atila Roque, director de Amnist&iacute;a Brasil.&nbsp;Este clima de impunidad bajo el que, seg&uacute;n la ONG, en numerosas&nbsp;ocasiones se esconden ejecuciones extrajudiciales, es tambi&eacute;n denunciado por la organizaci&oacute;n&nbsp;Human Rights Watch&nbsp;en su <a href="https://www.hrw.org/report/2016/07/07/good-cops-are-afraid/toll-unchecked-police-violence-rio-de-janeiro" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;ltimo&nbsp;informe. &nbsp;Seg&uacute;n este estudio, las&nbsp;amenazas a testigos o las alteraciones del escenario del crimen a&ntilde;adiendo pruebas falsas son algunas de las pr&aacute;cticas habituales para encubrir el uso ilegal de la fuerza letal.</a>
    </p><h3 class="article-text">Voces desde las favelas</h3><p class="article-text">
        &ldquo;No voy a tener tiempo de animar a Brasil en los Juegos. Estar&eacute; atenta y preocupada con mi familia y con los habitantes de (la favela de)&nbsp;Manguinhos por causa de la violencia policial. Para los pobres, lo que nos queda es un legado de dolor, sangre y l&aacute;grimas&rdquo;, escribi&oacute; hace unos d&iacute;as para la columna feminista <a href="http://agoraequesaoelas.blogfolha.uol.com.br/2016/07/04/a-policia-do-rio-de-janeiro-matou-meu-filho/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">#Agora&Eacute;QueS&atilde;oElas</a> (&ldquo;Ahora son ellas&rdquo;), del diario Folha de S.Paulo, la pedagoga Ana Paula Oliveira desde la sede de la ONU en Ginebra, Suiza. 
    </p><p class="article-text">
         Oliveira ha viajado desde R&iacute;o hasta Europa con la &uacute;nica misi&oacute;n de denunciar ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU las consecuencias fatales que tales megaeventos ocasionan en la vida de sus ciudadanos m&aacute;s humildes. Denunciar la militarizaci&oacute;n de sus barrios y hogares, la exclusi&oacute;n a la que son sometidos con el fin de mostrar &ldquo;una ciudad bonita&rdquo; a los turistas o la muerte de cientos de j&oacute;venes de las favelas. Ella lo ha vivido en primera persona. Su propio hijo fue asesinado por la polic&iacute;a militar un mes antes del Mundial de F&uacute;tbol, en mayo de 2014.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es verdad que estar en Europa ya es una gran victoria, es salir de la favela hacia el mundo con la responsabilidad de representar a millares de madres. Para nosotras, que vivimos en la invisibilidad, poder dar voz a nuestros ni&ntilde;os es muy importante. Tengo la esperanza de que las personas escuchen lo que tengo que decir y se empe&ntilde;en en cambiar esa realidad&rdquo;, contin&uacute;a Ana Paula. Una realidad de cr&iacute;menes impunes y violaciones de derechos que hoy busca o&iacute;dos. 
    </p><p class="article-text">
         La atenci&oacute;n medi&aacute;tica que toda Olimpiada genera es uno de los pocos factores positivos con los que Theresa Denise Williamson, fundadora de la ONG <a href="http://catcomm.org/mission/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Catalytic Communities</a>, se complace: &ldquo;Nunca antes la sociedad civil carioca ha estado tan fuerte, informada, consolidada y unida. La visi&oacute;n internacional de lo que es R&iacute;o ahora se asemeja m&aacute;s con la realidad de la ciudad, lo que crear&aacute; un est&iacute;mulo de cambio entre una &eacute;lite muy preocupada con su reputaci&oacute;n en el extranjero&rdquo;, afirma Williamson, quien tambi&eacute;n lucha por transformar esa imagen internacional a trav&eacute;s del medio alternativo <a href="http://www.rioonwatch.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">RioOnWatch</a>, donde&nbsp;da visibilidad a lo que sucede en las favelas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Otras formas de violencia</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Las personas a veces piensan en el pobre como basura que debe ser retirada. No somos basura. Somos personas con derechos que tienen que ser respetados&rdquo;, explica una orgullosa Mar&iacute;a da Penha, s&iacute;mbolo de resistencia de la comunidad Vila Aut&oacute;dromo. Esta favela, colindante con el Parque Ol&iacute;mpico, ha visto su poblaci&oacute;n reducida de 600 a 20 familias en apenas dos a&ntilde;os. Pocos vecinos lucharon por su derecho de permanencia, los mismos pocos que&nbsp;hoy pueden celebrar que se quedan. La mayor&iacute;a acept&oacute; una indemnizaci&oacute;n o se mud&oacute; al complejo ocupacional Parque Carioca.
    </p><p class="article-text">
        Un incierto tira y afloja que, lejos de ser una excepci&oacute;n, se repite en muchos otros asentamientos irregulares amenazados por la hambrienta reestructuraci&oacute;n y revalorizaci&oacute;n urbana que asolan la ciudad. Comunidades hist&oacute;ricas como la Favela do Samb&oacute;dromo, Vila das Torres o Largo do Campinho&nbsp;ya han sido demolidas. Otras,&nbsp;como la Vila Uni&atilde;o de Curicica o la Colonia Juliano Moreira &mdash;esta &uacute;ltima amenazada por el trazado de la novedosa BRT Transol&iacute;mpica, un carril exclusivo para autobuses expr&eacute;s&mdash; han sido&nbsp;mermadas poco a poco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las p&aacute;ginas del &uacute;ltimo&nbsp;<a href="http://www.childrenwin.org/wp-content/uploads/2015/12/DossieComiteRio2015_ENG_web_ok_low.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dossier del Comit&eacute; Popular de R&iacute;o de Janeiro para la Copa Mundial y las Olimpiadas</a>&nbsp;denuncian&nbsp;que al menos 4.120 familias han sido desalojadas de sus casas y 2.486 han vivido bajo esa amenaza por proyectos relacionados directa o indirectamente con los Juegos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debido a estos desalojos muchos ni&ntilde;os est&aacute;n viviendo en condiciones deplorables: sin acceso a agua, infraestructuras o posibilidad de ir a la escuela. Esto significa que podr&iacute;an convertirse en v&iacute;ctimas de explotaci&oacute;n, trabajo infantil o violencia sexual&rdquo;, alerta&nbsp;la Federaci&oacute;n Internacional de ONG&nbsp;Terres de hommes, centrada en los derechos de los ni&ntilde;os. El fantasma del velado turismo sexual, que ya <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Ninas-Mundial-estimula-prostitucion-infantil_0_272973401.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">repunt&oacute; durante la Copa del Mundo</a>, junto al flagrante trabajo infantil &mdash;que afectaba a 554 mil ni&ntilde;os de entre 5 y 13 a&ntilde;os en todo Brasil, seg&uacute;n datos de 2014&mdash; constituyen, una vez m&aacute;s, los principales miedos.
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        Tampoco acaban aqu&iacute; las violaciones de derechos humanos relacionadas con los Juegos Ol&iacute;mpicos. La misma organizaci&oacute;n denuncia que tambi&eacute;n se est&aacute;n produciendo desapariciones de personas sin hogar&nbsp;en algunos de los espacios p&uacute;blicos donde se celebrar&aacute;n competiciones deportivas. En solo dos meses, de diciembre a febrero de 2016, unas 209 personas sin hogar han sido retiradas y 869 detenidas, seg&uacute;n datos de la Secretaria de Estado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No estoy&nbsp;en contra de las Olimpiadas, pero s&iacute; en contra de utilizar un megaevento para hacer higienizaci&oacute;n social; para excluir y empeorar la vida de las personas que ya viven en una precariedad inmensa&rdquo;,&nbsp;concluye con indignaci&oacute;n Nathalia Silva, vecina de la combativa Vila Aut&oacute;dromo. &ldquo;Hay que acabar con esa podredumbre oculta tras los&nbsp;Juegos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Martínez Sastre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rio-brutalidad-policial-higienizacion-olimpiadas_1_3897002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2016 17:13:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así sufre Río de Janeiro la represión policial previa a los Juegos Olímpicos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Río de Janeiro,Juegos Olímpicos,Violencia policial,Favelas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los 'catadores' de basura en Brasil reivindican su labor medioambiental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/catadores-basura-desprecio-esperanza_1_3942239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b1edeeb-5f89-4f95-a051-0238b5f40f0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Souza en su depósito, en el que trabaja desde hace casi 40 años. | Foto: Patricia Taro. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Unas 387.000 personas sobreviven en Brasil vendiendo todo aquello que debería ser reciclado pero que está tirado por las calles</p><p class="subtitle">Equiparados con vagabundos y drogadictos, estos trabajadores aspiran a un mayor reconocimiento social de la labor medioambiental que realizan</p><p class="subtitle">"En una semana, con todo el cartón que recogemos, ¿cuántos camiones más necesitaría el ayuntamiento? Es ahorro para la ciudad, solo que nadie piensa en eso", critica Elías</p></div><p class="article-text">
        Vivir se podr&iacute;a decir que han tenido m&aacute;s vidas que un gato pese a que, a d&iacute;a de hoy, prefiera la compa&ntilde;&iacute;a de los perros. &ldquo;&iquest;Sart&eacute;n, tenedor?&rdquo;, pregunta Souza mientras intenta recordar las palabras en espa&ntilde;ol que aprendi&oacute; hace mucho cuando trabajaba en el bar de un argentino y una espa&ntilde;ola. &ldquo;Sombrero <em>&eacute; 'bon&eacute;, n&atilde;o &eacute;?</em>&rdquo;, inquiere de nuevo con la mirada. Resto de una vida pasada, en los que Souza todav&iacute;a no era Souza: due&ntilde;o de uno de los numerosos dep&oacute;sitos de reciclaje que pueblan el municipio de Niter&oacute;i, estado de R&iacute;o de Janeiro (Brasil).
    </p><p class="article-text">
        Su modesto negocio es uno de aquellos lugares a los que Gabo dotar&iacute;a de un fuerte realismo m&aacute;gico: no faltan personajes pintorescos e escenas ins&oacute;litas que para Souza ya son cotidianas. All&iacute; llegan todo tipo de personas dispuestas a vender lo que muchos consideran basura pero que, con el cuidado adecuado, se transforma de nuevo en algo &uacute;til para la sociedad. Vuelve a nacer. Un verdadero milagro en un pa&iacute;s en el que apenas se recicla el 3% de los desechos s&oacute;lidos, lo que seg&uacute;n el Instituto de Pesquisa Econ&ocirc;mica Aplicada (Ipea) equivale a una p&eacute;rdida econ&oacute;mica de m&aacute;s de 30.000 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Recoger pl&aacute;stico, cartones, hierro, latas de aluminio, etc. representa el modo de supervivencia de unas 387.000 personas en Brasil, conocidas como 'catadores' (recolectores). De un lado para otro se desplazan con bolsas, carritos de supermercado o grandes carros de madera de los que tiran con la fuerza de espalda y brazos. Un trabajo tremendamente f&iacute;sico realizado en su mayor&iacute;a por hombres, mal valorado por la sociedad en general y, de cierta forma, reservado a aquellos hist&oacute;ricamente asociados a la explotaci&oacute;n: el 66% de los catadores brasile&ntilde;os son negros, seg&uacute;n los datos del Ipea, de 2013.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empujar durante horas con la espalda cansa mucho, yo me imagino que se trata de un caballo&rdquo;, describe con humor El&iacute;as, recolector de materiales reciclables que despu&eacute;s vende a Souza. Nativo del estado de Minas Gerais, donde trabaj&oacute; en una f&aacute;brica de Fiat, lleva poco m&aacute;s de un mes en R&iacute;o de Janeiro adapt&aacute;ndose a su nueva vida. &ldquo;El reciclaje es la &uacute;ltima opci&oacute;n para quien quiere trabajar honestamente y no robar&rdquo;, se sincera. Cada d&iacute;a de lunes a viernes, ma&ntilde;ana y tarde, recorre las calles en busca de basura. Para &eacute;l es dinero. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un recolector puede ganar de media entre 100 y 150 reales al d&iacute;a (unos 35 euros) seg&uacute;n el tipo de material que recoja y las veces que salga a buscarlo. Ingresos que algunos se gastan en vicios, pero que para muchos significa la lanzadera de una nueva vida. &ldquo;Yo empec&eacute; como ellos solo que no fui por el camino que muchos siguen: yo iba guardando mi dinerito y de 'catador' me convert&iacute; en vendedor de mercador&iacute;a&rdquo; &ndash;explica Souza orgulloso de sus m&aacute;s de 30 a&ntilde;os en el negocio&ndash; &ldquo;es una oportunidad muy buena para las personas con juicio, pues de verdad consiguen algo en la vida&rdquo;.
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                </figure><p class="article-text">
        Souza se siente entre la chatarra como pez en el agua. En su dep&oacute;sito se acumulan montones de cartones, vigas de hierro, antenas de televisi&oacute;n&hellip; un universo paralelo en el que la l&oacute;gica existente escapa a la sensibilidad m&aacute;s ordenada. Poco a poco, los materiales que los 'catadores' cargan son pesados y prensados en fardos. Y como si fuesen una peque&ntilde;a familia, todos beben caf&eacute; de un termo mientras una peque&ntilde;a televisi&oacute;n retrasmite im&aacute;genes paradis&iacute;acas de las playas de Bah&iacute;a o, semanas m&aacute;s tarde, el discurso de destituci&oacute;n de la presidenta Dilma Rousseff.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Agentes medioambientales</h3><p class="article-text">
        La existencia de millones de personas en toda Am&eacute;rica Latina que sobreviven reciclando basura se debe en parte a la fragilidad econ&oacute;mica de estos pa&iacute;ses, donde muchos ciudadanos son excluidos del mercado formal de trabajo por razones diversas: raza y nivel de escolaridad, entre otras. Tambi&eacute;n, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la fuerte migraci&oacute;n interna del campo a la ciudad ocasiona un exceso de mano de obra que pasa a ocupar las periferias &ndash;o los &ldquo;morros&rdquo; en R&iacute;o&ndash; y los trabajos peor cualificados.
    </p><p class="article-text">
        El dep&oacute;sito de Souza es un peque&ntilde;o muestrario de ese fen&oacute;meno migratorio en Brasil: casi todos de los que all&iacute; trabajan emigraron del nordeste, en concreto, del estado de Pernambuco en procura de una vida mejor. &ldquo;Todos somos de la localidad de Machados, pr&aacute;cticamente, de la misma calle. Unos fuimos trayendo a los otros&rdquo;, explica Augusto, uno de los primeros en llegar con tan solo 16 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Apenas adolescentes, a la fuerza se convierten en adultos en un lugar del que lo desconocen todo. Adapt&aacute;ndose. Trabajando en diversos oficios y, en &eacute;poca de vacas flacas, rescatando de la basura latas de cerveza y cartones ante la mirada indiscreta de los transe&uacute;ntes. &ldquo;Las personas se gu&iacute;an por la apariencia y piensan: 'Est&aacute; tirando de un carro es un pobre miserable', pero en realidad Manoel gana m&aacute;s que un cajero de supermercado&rdquo;, matiza Silvinha en referencia a su marido, ambos de Machados. &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Solo el gesto de sus rostros ya demuestra prejuicio. Deber&iacute;amos estar mejor valorados ya que contribuimos con el medio ambiente. En una semana, con todo el cart&oacute;n que recogemos, &iquest;cu&aacute;ntos camiones m&aacute;s necesitar&iacute;a el ayuntamiento? Es ahorro para la ciudad, solo que nadie piensa en eso&rdquo;, coincide El&iacute;as con cierta frustraci&oacute;n. De media, en un solo d&iacute;a, &eacute;l recoge m&aacute;s de media tonelada de cart&oacute;n. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, pese a la labor ambiental que realizan, evitando que toneladas de basura sean enterradas sin distinci&oacute;n en vertederos y contribuyendo con varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por la ONU, el oficio de 'catador' todav&iacute;a sufre un fuerte rechazo social. Sometidos a una gran invisibilidad p&uacute;blica, estos trabajadores son asociados a indigentes y drogadictos. Considerados los despojos de una sociedad de consumo que los alimenta con sus sobras.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Conquistando derechos</h3><p class="article-text">
        Si bien, por un lado, ser catador permite su subsistencia y la de sus familias, por el otro, el trabajar sin contrato les niega cualquier tipo de derecho laboral, como las vacaciones o la seguridad social. &ldquo;Con lo que ganan pueden pagarse un seguro privado&rdquo;, aclara Souza. No obstante, esa sensaci&oacute;n de &ldquo;aislamiento&rdquo; o &ldquo;abandono&rdquo; estatal hace con este colectivo recurra tradicionalmente a la asociaci&oacute;n para fortalecer su identidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en el a&ntilde;o 1999 se crea en Brasil el Movimiento Nacional de los Catadores de Materiales Reciclables (MNCR), entre cuyas primeras conquistas se encuentra la inclusi&oacute;n de 'catador' en la Clasificaci&oacute;n Brasile&ntilde;a de Ocupaciones (CBS), en el 2002. Reconocidos como trabajadores, comienzan a juntarse en cooperativas (actualmente cerca de 7.000) y a tomar consciencia de su condici&oacute;n de clase.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, en el a&ntilde;o 2010, con la Ley 12.305 se instituye en Brasil la Pol&iacute;tica Nacional de Residuos S&oacute;lidos, y por primera vez, se entiende la producci&oacute;n de desechos como un acto de &ldquo;responsabilidad compartida&rdquo; por todos sus participantes: fabricantes, distribuidores, Estado, ciudadanos&hellip; quienes se comprometen por ley a minimizar su volumen as&iacute; como el impacto causado en el medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        A los ojos de Souza todav&iacute;a queda mucho por hacer: &ldquo;El Estado deber&iacute;a incentivar mucho m&aacute;s a quienes trabajan como 'catadores'. Las personas tiran todo y esa basura acaba en el mar; y luego se quejan de que hay que limpiarlo. &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s barato animarles para que recojan su basura antes de que llegase al mar?&rdquo;, se pregunta con sarcasmo, &ldquo;pero eso aqu&iacute; no sucede&rdquo;, se lamenta. &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Una batalla en la que el 'catador' lucha en desventaja ante la falta de una cultura de reciclaje consolidada, y sobre todo, ante una sociedad que lo relega al universo de la marginalidad. Cansados de las duras condiciones de trabajo, adem&aacute;s del desprecio diario que padecen, muchos tienen planes de futuro que no renuncian a cumplir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Ser 'catador' no es lo m&iacute;o! Pronto voy a montar un puestecito para vender dulces, pinchos de carne&hellip; me falta comprar la parrilla&rdquo;, explica Augusto. M&aacute;s ambicioso, El&iacute;as sue&ntilde;a con vivir en contacto con la naturaleza, pescar en el mar y dirigir un modesto restaurante. &ldquo;Hoy veo que deber&iacute;a haber tomado otras decisiones para poder tener todo eso&rdquo;, medita volviendo a la realidad. Una realidad ignorada por la mayor&iacute;a pero que, como &eacute;l, comparten m&aacute;s de 15 millones de personas en todo el mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Martínez Sastre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/catadores-basura-desprecio-esperanza_1_3942239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jun 2016 06:57:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los 'catadores' de basura en Brasil reivindican su labor medioambiental]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Reciclaje,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Río se levanta contra el machismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rio-levanta-machismo_1_3966526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bab95795-e929-449d-bdd2-239c57be80ee_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Manifestante con su hija a cuestas en la marcha feminista de Río ed Jaineiro, del 28 de mayo de 2016. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de mujeres acuden a las calles para protestar contra la 'cultura do estupro', a raíz de la violación colectiva de una menor, el 21 de mayo, por 33 hombres</p><p class="subtitle">En Brasil se registraron 47.646 violaciones en el año 2014; una cada once minutos de media</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;33, 32, 31, 30, 29, 28, 27, 26...&rdquo;. Una cuenta atr&aacute;s demasiado larga repetida en diversas ocasiones por las miles de mujeres que el pasado mi&eacute;rcoles se manifestaron en la ciudad de R&iacute;o de Janeiro por el fin de la 'cultura do estupro' o 'cultura de la violaci&oacute;n'. Treinta y tres fueron los hombres que <a href="http://www.eldiario.es/theguardian/violacion-adolescente-debate-Brasil-violencia_0_520748213.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">violaron colectivamente a una joven de 16 a&ntilde;os</a>, el 21 de mayo, en el Morro do Bar&atilde;o, zona oeste de la ciudad. Un hecho que ha causado conmoci&oacute;n mundial al ser difundido en las redes sociales por los propios agresores, pero que de ninguna forma constituye un caso aislado.
    </p><p class="article-text">
        Cerca de 50.000 violaciones fueron denunciadas en Brasil en 2014, aunque el n&uacute;mero podr&iacute;a ser mucho mayor pues la mayor&iacute;a no son denunciadas por las v&iacute;ctimas. &ldquo;Quando acordei tinha 33 caras em cima de mim&rdquo;; (&ldquo;cuando despert&eacute; ten&iacute;a 33 hombres encima de m&iacute;&rdquo;), gritaban a modo de liturgia las manifestantes mientras descend&iacute;an la Avenida Presidente Vargas rumbo a la Central de Brasil. En la llamada Cidade Maravillosa, 13 mujeres son violadas cada d&iacute;a; una cada once minutos en todo el pa&iacute;s, seg&uacute;n una estad&iacute;stica del F&oacute;rum Brasileiro de Seguran&ccedil;a P&uacute;blica (FBSP), una ONG que investiga el grado de violencia en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La joven Maira Brum lleva a su novio atado a lo largo de toda la manifestaci&oacute;n. Est&aacute; manchado de rojo y un sombrero cubre su rostro. &ldquo;Mientras caminamos le gritamos cosas que normalmente nosotras escuchamos en la calle como: 'si vas as&iacute; vestida es porque quieres guerra' o '&iexcl;uh, qu&eacute; t&iacute;a buena!', y al mismo tiempo, le ensuciamos de rojo mostrando la agresi&oacute;n que nosotras sufrimos d&iacute;a tras d&iacute;a. Tambi&eacute;n, permitimos que otras mujeres le ensucien y le digan esas frases que tanto nos marcan&rdquo;, explica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Si bien el n&uacute;mero de mujeres es muy superior al de hombres, algunos de ellos tambi&eacute;n decidieron estar presentes en este acto contra el machismo y la violencia de g&eacute;nero. &ldquo;No me considero machista, pero puedo serlo sin darme cuenta en las peque&ntilde;as cosas. Vivo en una sociedad machista, en una familia machista y como hombre tengo privilegios&rdquo;, explica un manifestante que prefiere mantenerse en el anonimato, &ldquo;lo que puedo hacer es deconstruir mi machismo, en mi caso, con el contacto que mantengo con amigas feministas. Hoy estoy aqu&iacute; invitado por ellas, en una posici&oacute;n de oyente y nunca como protagonista&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text">Colectivos feministas</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El d&iacute;a que yo mor&iacute; perd&iacute; el conocimiento/ fui a parar al purgatorio, estaba muy preocupada/ era dios quien iba a darme abrigo/ pero yo soy pecadora iba a recibir castigo [&hellip;]&rdquo;, cantan las j&oacute;venes del colectivo feminista 'Mulheres de bu&ccedil;o' (Mujeres con pelusa) en una <em>performance funk</em> frente a cientos de manifestantes y de fot&oacute;grafos. Con los pechos al aire, solamente los pezones cubiertos con pegatinas de bigotes, estas j&oacute;venes usan el baile <em>funk</em> como una arma reivindicativa en la lucha por sus derechos. &ldquo;Usamos el <em>funk</em> por la libertad corporal que permite, queremos que la mujer se empodere usando su cuerpo, que pueda bailar como quiera&rdquo;, explican.
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        &ldquo;Andar sola por la calle de noche es complicado, no conozco ninguna amiga que no haya sufrido alg&uacute;n tipo de acoso, sea de mayor o menor grado&rdquo;, relata desde la experiencia Joana Castro, una de las integrantes de este colectivo. Seg&uacute;n afirma Lucia Barros, la <em>performance</em> tambi&eacute;n las ha fortalecido como mujeres: &ldquo;Hemos aprendido a decir mucho m&aacute;s 'no', a no pasar por alto muchas cosas, a escuchar los acosos de las otras y pensar en c&oacute;mo denunciar eso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, como muchas de las presentes, tambi&eacute;n anhelan la despenalizaci&oacute;n total del aborto y la reconsideraci&oacute;n del nombramiento de la exdiputada federal F&aacute;tima Pelaes, fervorosa antiabortista incluso en casos de violaci&oacute;n, al frente de la Secretar&iacute;a de Pol&iacute;ticas para Mujeres por el Gobierno interino de Michel Temer. La ley 12.845/13, sancionada por la expresidenta Dilma Rousseff, reconoce la interrupci&oacute;n del embarazo en mujeres v&iacute;ctimas de violencia sexual; hoy cuestionada por el Proyecto de Ley 5069/2013.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Otras mujeres lucen un lazo rojo atado al brazo, llevan escrito un n&uacute;mero de tel&eacute;fono en la piel y van repartiendo silbatos y carteles en los que puede leerle: &ldquo;Tem um machista aqui&rdquo;. Se trata de otro grupo feminista de autodefensa que, a trav&eacute;s de una comisi&oacute;n de seguridad, busca garantizar el bienestar de todas las manifestantes. &ldquo;Si alguna tiene cualquier problema o hay alguna provocaci&oacute;n machista, como ya ha sucedido en otras manifestaciones feministas en R&iacute;o, lo identificar&iacute;amos por los carteles o el ruido de los silbatos e intentar&iacute;amos resolverlo&rdquo;, aclaran. El n&uacute;mero de tel&eacute;fono pertenece a una abogada feminista.
    </p><p class="article-text">
        En menos de dos meses, R&iacute;o de Janeiro se convertir&aacute; en la pr&oacute;xima sede de unos pol&eacute;micos Juegos Ol&iacute;mpicos, tanto por la incidencia del virus zika como por la sistem&aacute;tica violaci&oacute;n de derechos humanos. Miles de turistas cruzar&aacute;n el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico atra&iacute;dos por el deporte, pero tambi&eacute;n por la energ&iacute;a de esta ciudad repleta de colinas ('morros'), playas inmensas y m&uacute;sica al vivo. Muchas de esas turistas ser&aacute;n mujeres. &ldquo;Los hombres de aqu&iacute; tienen la cultura de vernos como objetos. Piensan que pueden acercarse e invadir tu espacio, tocarte... yo les digo a las mujeres que no agachen la cabeza frente a ning&uacute;n hombre, que no acepten ninguna ofensa&rdquo;, concluye la manifestante Grazielly da Costa Dantas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Patricia Martínez Sastre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rio-levanta-machismo_1_3966526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jun 2016 17:42:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Río se levanta contra el machismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Violaciones,Brasil,Feminismo]]></media:keywords>
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