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    <title><![CDATA[elDiario.es - Kattya Cascante]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/kattya_cascante/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Kattya Cascante]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Comer es algo más que saciarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comer-saciarse_129_11734609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22324fe3-509a-4080-b8a0-ca6f621a553a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Huerta productiva entre el Camí Nou de Paterna y la autovía del Mediterráneo, en Valencia."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si bien el objetivo de producir alimentos goza de un gran consenso, las iniciativas que se han puesto en marcha han permitido legitimar un enorme crecimiento de la productividad</p></div><p class="article-text">
        La ingesta suficiente y adecuada de nutrientes permite un &oacute;ptimo desarrollo cognitivo y f&iacute;sico. Este hecho convierte el consumo de alimentos en un ejercicio necesario para garantizar la vida Por otro lado, los alimentos son mercanc&iacute;a y forman parte de ese grupo de materias primas que cotiza en los mercados burs&aacute;tiles con las que se puede especular y generar ganancias millonarias. Los alimentos son importantes tanto por su funci&oacute;n vital como por el negocio que suponen y ante esta competencia, &iquest;qui&eacute;n gana?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien el objetivo de producir alimentos goza de un gran consenso, las iniciativas que se han puesto en marcha han permitido legitimar un enorme crecimiento de la productividad. De ah&iacute; que el alimento m&aacute;s consumido sea de procedencia agroindustrial, ya que permite a&ntilde;adir servicios de transporte, seguros, intermediarios comerciales, distribuci&oacute;n que mejoran el acceso. Esta necesidad de producir m&aacute;s alimentos hace que la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica se ponga a su servicio, aunque no solo para anticiparse a las necesidades futuras, tambi&eacute;n como una cuesti&oacute;n de inversi&oacute;n con rentabilidad en un sector que tradicionalmente ha carecido de valor a&ntilde;adido. Por un lado, esta tecnolog&iacute;a mantiene un sesgo a favor de la biotecnolog&iacute;a relacionada con el material gen&eacute;tico de las semillas, sus rendimientos y la asociaci&oacute;n con fertilizantes que los potencian. Por otro lado, responde al imperativo de la productividad como la reducci&oacute;n de los desperdicios, las p&eacute;rdidas de cosechas y la calidad de los alimentos. Por lo tanto, se trata de una tecnolog&iacute;a que mantiene una estrecha relaci&oacute;n con los circuitos de capital internacional y profundamente dependiente del petr&oacute;leo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las condiciones medioambientales tambi&eacute;n se pliegan a la producci&oacute;n alimentaria. La posibilidad de sobrexplotar los recursos naturales bajo el objetivo de reducir el hambre no solo conlleva un aumento de la frontera agr&iacute;cola para el cultivo de alimentos, tambi&eacute;n supone m&aacute;s territorio para usos alternativos como los agrocombustibles, los granos para la alimentaci&oacute;n animal y como fuente de elaboraci&oacute;n de todo tipo de mercanc&iacute;as (no propiamente alimentarias) para embalajes. Si bien la acci&oacute;n humana ha supuesto siempre una presi&oacute;n sobre estos recursos, el ritmo con el que se ejerc&iacute;a hab&iacute;a permitido su recuperaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, la presi&oacute;n sobre estos ciclos de la naturaleza no es sostenible y est&aacute; provocando la destrucci&oacute;n de ecosistemas enteros, la desaparici&oacute;n de la biodiversidad y una reducci&oacute;n en la capacidad de secuestrar carbono. Un colapso, que a nivel local supone el avance de la desertificaci&oacute;n, el agotamiento de minerales y acu&iacute;feros, la contaminaci&oacute;n de suelos agr&iacute;colas y bosques por residuos t&oacute;xicos de larga duraci&oacute;n (agrot&oacute;xicos), las explotaciones agrarias en ruinas, ciudades mineras des&eacute;rticas y vertederos industriales abandonados. 
    </p><p class="article-text">
        Esta extralimitaci&oacute;n est&aacute; dificultando la regulaci&oacute;n del clima, la regeneraci&oacute;n de la calidad del aire y el agua, incluso que los propios residuos vuelvan a poder ser utilizados. La actividad agraria profundiza su desconexi&oacute;n con el entorno, intensific&aacute;ndose el deterioro de los recursos locales, -mano de obra y recursos naturales-, mientras se incrementa la dependencia de insumos &ndash;materiales y energ&iacute;a&ndash;, procedentes de otros territorios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este aumento incesante de productividad hace que el alimento sea un valor seguro para un mercado que reduce todo lo intercambiable (tangible, intangible y cosechas futuras) a un instrumento financiero. Tanto las ganancias empresariales y los ahorros privados (entre ellos, de la seguridad social privatizada) como las reservas monetarias de todas las naciones confluyen hacia un &uacute;nico mercado de t&iacute;tulos encargado de distribuirlos en el mundo conforme a sus propios criterios de rentabilidad. Las din&aacute;micas especulativas y la consiguiente burbuja financiera presionan al alza sobre los precios de las materias primas (incluidos los alimentos). 
    </p><p class="article-text">
        El peso de la econom&iacute;a financiera mantiene el nivel de demanda global a un nivel muy superior a la capacidad de pago de quienes se endeudan, afectando los sistemas de protecci&oacute;n social de algunos pa&iacute;ses y teniendo que eliminar buena parte de los derechos adquiridos. Dicha arquitectura financiera posibilita una alta volatilidad de los precios, traduciendo en extensos beneficios cualquier varianza en las cosechas, comercializaci&oacute;n y venta de alimentos. Por lo tanto, los precios de los alimentos, al reconocerse como activos financieros, quedan expuestos al igual que otros insumos. Se trata de un factor oculto, un mecanismo que protege la especulaci&oacute;n, dado que, cada vez que hay un conflicto o una emergencia, permite elevar los precios de manera repentina y, de esa forma, anticiparse a las posibles p&eacute;rdidas estimadas de los fondos financieros sin importar el encarecimiento colateral de la canasta b&aacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas pr&aacute;cticas globales implican beneficios muy desiguales entre los pa&iacute;ses y sus poblaciones. Fen&oacute;menos como el desv&iacute;o de recursos naturales de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos hacia los pa&iacute;ses m&aacute;s industrializados y la enajenaci&oacute;n de tierras de cultivo para la explotaci&oacute;n y beneficios de terceros supone uno de los mayores saqueos de la naturaleza, del conocimiento y un ejercicio de concentraci&oacute;n de la riqueza que pasa por encima del derecho a la alimentaci&oacute;n. La tendencia a la monopolizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n del acervo gen&eacute;tico por parte de las corporaciones que patentan y mercantilizan todas las gamas y variedades de alimentos del planeta captura un patrimonio biol&oacute;gico y cultural que deber&iacute;a estar protegido para garantizar un uso p&uacute;blico. El peque&ntilde;o productor asume estos patrones de consumo convirti&eacute;ndose en una pieza m&aacute;s de rentabilidad del sistema alimentario industrial y el Estado mira para otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Estos procesos de apropiaci&oacute;n y desposesi&oacute;n de lo local desde lo global amplifican y concentran el poder y la riqueza, deteriorando y empobreciendo sus tejidos econ&oacute;micos y sociales. Esto hace que los beneficios econ&oacute;micos dominen la agenda y los impactos ambientales se subestimen. Se produce una ruptura de la relaci&oacute;n entre sociedad y naturaleza mientras la producci&oacute;n alimentaria impone un crecimiento que ignora los l&iacute;mites sociales y ecol&oacute;gicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante la pregunta de inicio sobre qui&eacute;n gana en este sistema alimentario, emerge una sola respuesta, nadie. Perdemos todos, incluso aquellos que creen ganar porque en un primer momento concentran riquezas de varios ceros, en realidad pierden al estar condenando a su propia descendencia a un tipo de consumo basado en calor&iacute;as vac&iacute;as, prioridades decididas en la bolsa y mayor incertidumbre social. Si bien la pobreza extrema y el nivel de hambrientos en el mundo se ha reducido de manera sustantiva, la alimentaci&oacute;n de hoy est&aacute; lejos de ser una soluci&oacute;n factible. Saciarse no es comer.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kattya Cascante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comer-saciarse_129_11734609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Oct 2024 20:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Comer es algo más que saciarse]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Comer contamina?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comer-contamina_129_8492314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4f424be-3a88-427c-835b-38b32199860b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Comer contamina?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las potencialidades destructivas del sistema alimentario implican grandes costes medioambientales. Si no se implica la ciudadanía en un compromiso global, dada la complejidad del problema y la falta de acción política, comer será cada vez más insostenible</p></div><p class="article-text">
        Tras el est&iacute;mulo para las conciencias que han supuesto todas las proclamas de la 26&ordf; conferencia de las partes de la Convenci&oacute;n Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Clim&aacute;tico parece obligado reflexionar sobre las cuestiones que m&aacute;s tensionan la sostenibilidad ambiental y c&oacute;mo abordarlas en un contexto clim&aacute;tico donde las opciones se acaban. Si bien los resultados vuelven a ser decepcionantes, hay un consenso en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque falte acordar los plazos, procedimiento y financiaci&oacute;n. No solo es urgente transitar hacia energ&iacute;as menos contaminantes y acabar con la deforestaci&oacute;n, tambi&eacute;n es preciso un ejercicio de pedagog&iacute;a inc&oacute;moda donde se asuma una responsabilidad colectiva. Poco se ha hablado en la COP 26 de revisar algo tan cotidiano como comer y analizar qu&eacute; efectos tiene sobre el cambio clim&aacute;tico c&oacute;mo se producen, comercializan y consumen los alimentos que ingerimos a diario.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se hace referencia al impacto ambiental de los alimentos hay que considerar no solo su huella ecol&oacute;gica, sino su capacidad de mitigar el cambio clim&aacute;tico. Alimentarse es vital, pero el tipo de cultivos, los recursos elegidos y su utilizaci&oacute;n, los patrones de consumo y la manipulaci&oacute;n de los alimentos tanto dentro como fuera de la cadena de valor son factores definitivos en el impacto ambiental.
    </p><p class="article-text">
        El sistema alimentario es responsable del 26% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero lejos de lo que se podr&iacute;a deducir, solo el 18% tiene que ver con los envases, el transporte y la log&iacute;stica. Es decir, el 82% de estas emisiones se deriva de la producci&oacute;n del alimento en s&iacute;. Los ingredientes que m&aacute;s emisiones producen de media, ya que los niveles de emisiones var&iacute;an seg&uacute;n el m&eacute;todo de producci&oacute;n y los recursos utilizados, se vinculan a la carne de vacuno, cordero y porcino, por este orden, pero tambi&eacute;n al queso, el chocolate, el caf&eacute; y las gambas. Por lo tanto, la sostenibilidad del sistema alimentario tambi&eacute;n depende de los patrones de consumo y la responsabilidad individual. La racionalizaci&oacute;n de las dietas, m&aacute;s all&aacute; del sabor, ofrece el doble beneficio de la salud y sostenimiento de los ecosistemas.
    </p><p class="article-text">
        Gobernar los alimentos impone prestar atenci&oacute;n a sus consecuencias sobre el cambio clim&aacute;tico. En el Acuerdo de Paris (2015), la mitigaci&oacute;n prevista en el lado de la producci&oacute;n no es suficiente para mantenerse por debajo de los 2&deg;C de calentamiento. Reservas como el Amazonas ya han empezado a emitir m&aacute;s CO2 del que absorben. Si no se implica la ciudadan&iacute;a en un compromiso global, dada la complejidad del problema y la falta de acci&oacute;n pol&iacute;tica, comer ser&aacute; cada vez m&aacute;s insostenible.
    </p><p class="article-text">
        Las potencialidades destructivas del sistema alimentario implican grandes costes medioambientales. La intensificaci&oacute;n de la explotaci&oacute;n y la extracci&oacute;n de los recursos naturales ha desencadenado una presi&oacute;n inasumible. No solo ha aumentado la productividad de las cosechas de alimentos: tambi&eacute;n los cultivos para usos alternativos como los agrocombustibles, los granos para la alimentaci&oacute;n animal y como fuente de elaboraci&oacute;n de todo tipo de mercanc&iacute;as (no propiamente alimentarias) para embalajes. Todo ello lleva aparejado la contaminaci&oacute;n y escasez de agua, el impacto sobre el territorio, pero tambi&eacute;n el maltrato animal.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, las energ&iacute;as renovables, a trav&eacute;s de los cultivos de placas solares y parques e&oacute;licos, desplazan cultivos alimentarios m&aacute;s imprevisibles y de menor rentabilidad. Si bien la acci&oacute;n humana ha supuesto siempre una presi&oacute;n sobre estos recursos, el ritmo con el que se ejerc&iacute;a ha permitido su recuperaci&oacute;n (tierras en barbecho, por ejemplo). Sin embargo, la aceleraci&oacute;n de estos ciclos de sostenibilidad de la naturaleza est&aacute; provocando la destrucci&oacute;n de ecosistemas enteros, degradaci&oacute;n de los sistemas tropicales, p&eacute;rdidas de cuencas hidrogr&aacute;ficas, disminuci&oacute;n de integridad del suelo, erosi&oacute;n, la desaparici&oacute;n de la biodiversidad en variedades tradicionales y semillas aut&oacute;ctonas, la disminuci&oacute;n del secuestro del carbono y el deterioro del aire. Un colapso que a nivel local supone el avance de la desertificaci&oacute;n, el agotamiento de minerales y acu&iacute;feros, la contaminaci&oacute;n de suelos agr&iacute;colas y bosques por residuos t&oacute;xicos de larga duraci&oacute;n (agrot&oacute;xicos), las explotaciones agrarias en ruinas, ciudades mineras des&eacute;rticas y vertederos industriales abandonados. Esta extralimitaci&oacute;n est&aacute; dificultando la regulaci&oacute;n del clima, la regeneraci&oacute;n de la calidad del aire y el agua, incluso, que los propios residuos se reciclen, etc. La actividad agraria profundiza su desconexi&oacute;n con el entorno, intensific&aacute;ndose la sobreexplotaci&oacute;n y el deterioro de los recursos locales (mano de obra y recursos naturales), mientras se incrementa la dependencia de insumos (materiales y energ&iacute;a), procedentes de otros territorios.
    </p><p class="article-text">
        El ejercicio del derecho a la alimentaci&oacute;n implica asumir la responsabilidad de c&oacute;mo se produce y afecta a los medios de vida rurales la biodiversidad y los sistemas que regulan las funciones del planeta, como los bosques, los suelos o los oc&eacute;anos. Por eso, en la estrategia dominante de erradicar el hambre, la dependencia del petr&oacute;leo y la presi&oacute;n sobre los recursos debe sustituirse por alternativas que eviten que sean las proyecciones econ&oacute;micas del agronegocio las que gobiernen. Durante la crisis de 2008, el G-20 se apropi&oacute; de todas las decisiones sobre la subida de precios de los alimentos y su crisis. Todo lo que se desregul&oacute; fue decidido por un exclusivo grupo de pa&iacute;ses cuyos intereses financieros no responden a la necesidad vital de alimentarse y donde no est&aacute;n representados los pa&iacute;ses con mayor inseguridad alimentaria. Se prioriz&oacute;, por tanto, la sostenibilidad financiera en vez de considerar urgente el equilibrio de los ciclos naturales y el tiempo para reponer los ecosistemas con biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        El retroceso de la biodiversidad que ha supuesto unificar cultivos, m&aacute;s all&aacute; incluso del negocio que supone patentar las &uacute;nicas semillas viables, es irrecuperable. A pesar de que se disponen de 10.000 especies vegetales distintas para producir alimentos y piensos, solo 150 cultivos alimentan a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n del planeta y apenas 12 cultivos proporcionan el 80% de la energ&iacute;a alimentaria. El 60% de esta energ&iacute;a procede exclusivamente del trigo, el arroz, el ma&iacute;z y la patata. La disminuci&oacute;n de la biodiversidad agr&iacute;cola menoscaba la diversidad en la alimentaci&oacute;n, impide incrementar la producci&oacute;n de alimentos, los ingresos y afrontar las limitaciones ambientales. Si no se preserva la diversidad gen&eacute;tica, se tendr&aacute; menos capacidad de enfrentar el cambio clim&aacute;tico. Las variedades de ra&iacute;ces m&aacute;s profundas, si se combinan con pr&aacute;cticas agron&oacute;micas adecuadas, pueden retener m&aacute;s carbono en el suelo. Tambi&eacute;n se pueden considerar otras variedades de forrajes para que los rumiantes emitan menos metano, y variedades que precisen menos nitr&oacute;geno y, por tanto, rebajen la necesidad de fertilizantes y a su vez emitan menos &oacute;xido nitroso. Una diversidad que se sustenta en las variedades nativas pr&aacute;cticamente barridas por la biotecnolog&iacute;a, pero tambi&eacute;n por otras pr&aacute;cticas que persiguen la mitigaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Todas las presiones que se derivan de la comida y el medio ambiente deben encajar, son cuestiones de primer orden en la sostenibilidad de un ejercicio vital. Pero comer tambi&eacute;n es cultura, un modo de vida, una decisi&oacute;n diaria donde se reh&uacute;sa la informaci&oacute;n del origen y procedimiento de la comida. Significa racionalidad en la adquisici&oacute;n y consumos para evitar los desperdicios y enfermedades. Pocas decisiones est&aacute;n tan ligadas a sus consecuencias, pocas nos interpelan tanto en nuestra responsabilidad individual.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kattya Cascante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/comer-contamina_129_8492314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Nov 2021 05:00:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Comer contamina?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Costosos recortes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/costosos-recortes_129_3942176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La aportación española a la financiación del desarrollo internacional ha tocado fondo, con un 0,13% sobre la Renta (alrededor de 1.100 millones), esta política se aleja aún mas del objetivo del 0,7% acordado</p></div><p class="article-text">
        En septiembre har&aacute; un a&ntilde;o que Espa&ntilde;a firm&oacute; su adhesi&oacute;n a la nueva Agenda Universal para el Desarrollo 2030. En ella, se contemplan hasta 17 objetivos de desarrollo sostenible, un acuerdo global de 193 pa&iacute;ses para trabajar de un modo colectivo sobre las causas de la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, ning&uacute;n partido pol&iacute;tico contempla este compromiso como prioridad para la sociedad espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Y es que reducir el presupuesto de la pol&iacute;tica de cooperaci&oacute;n internacional para el desarrollo no ha tenido en estos &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, ni parece que tenga en esta campa&ntilde;a, ning&uacute;n coste electoral. Por eso mismo, no es descabellado esperar que los compromisos contra&iacute;dos en esta Agenda, puedan ser de nuevo v&iacute;ctimas del obligado recorte que le espera al nuevo Gobierno. Recortes que ya salen muy caros tanto para los que por derecho se pronunciar&aacute;n en las urnas como para los que no podr&aacute;n ajustarse nunca al formato de ciudadano espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        La aportaci&oacute;n espa&ntilde;ola a la financiaci&oacute;n del desarrollo internacional ha tocado fondo. Con un 0,13% sobre la Renta Nacional Bruta de Espa&ntilde;a (alrededor de 1.100 millones de Euros), esta pol&iacute;tica se aleja a&uacute;n mas del objetivo del 0,7% acordado. Un reto financiero asumible, dada la situaci&oacute;n de Espa&ntilde;a como cuarta econom&iacute;a de la zona euro y d&eacute;cimo cuarta del ranking mundial, pero sobre el que no hay voluntad pol&iacute;tica de corresponder.
    </p><p class="article-text">
        Financiaci&oacute;n insuficiente por tanto, pero no solamente. El Comit&eacute; de Ayuda al Desarrollo, organismo internacional de reconocida autoridad en la materia, ha destacado en su &uacute;ltimo informe sobre la pol&iacute;tica de Ayuda espa&ntilde;ola, la falta de criterio del Gobierno a la hora de identificar temas prioritarios, coordinaci&oacute;n y establecimiento de estrategias. La apuesta ha sido clara a favor del sector privado. El desv&iacute;o de recursos para luchar contra la evasi&oacute;n fiscal y la promoci&oacute;n del comercio ha potenciado la exportaci&oacute;n y la provisi&oacute;n de seguros de riesgo, facilitando la participaci&oacute;n del sector privado en los pa&iacute;ses en desarrollo a la vez que una integraci&oacute;n plena en el sistema de cooperaci&oacute;n al desarrollo espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Un criterio, cuyo cuestionamiento se aprecia tambi&eacute;n en las preferencias geogr&aacute;ficas. Si bien reducir la ayuda a 23 de los 50 pa&iacute;ses con los que Espa&ntilde;a cooperaba en 2010 pudiera interpretarse como un avance racional de concentraci&oacute;n, podr&iacute;a no serlo tanto si lo que se impone son criterios arbitrarios o sujetos a otros intereses. La falta de transparencia en el proceso final arroja demasiada ambig&uuml;edad sobre el sistema que mide el valor a&ntilde;adido en las intervenciones de la cooperaci&oacute;n espa&ntilde;ola. En este sentido, el coste de apostar por los Pa&iacute;ses de Renta Media (PRM), se ha traducido en un abandono de los compromisos con los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres, sin que a pesar de ello, se contribuya a mejorar los indicadores de pobreza en los PRM. La recomendaci&oacute;n de Naciones Unidas para la ayuda de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres oscila entre 0,15 y 0,20% pero de nuevo Espa&ntilde;a la incumple con una aportaci&oacute;n de 0,03% de su RNB
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta a la p&eacute;rdida de liderazgo del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperaci&oacute;n sobre la pol&iacute;tica de Ayuda el avance ha sido certero. En estos cuatro a&ntilde;os no solo se ha estrechado la responsabilidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de este ministerio sobre la cooperaci&oacute;n, arrebatada por el Ministerio de Econom&iacute;a y Competitividad, la discrecionalidad en los puestos de responsabilidad y el aumento de diplom&aacute;ticos, se ha convertido en una soluci&oacute;n para la lista de espera de los nombramientos del personal del servicio exterior de Espa&ntilde;a. Todo ello no solo nos lleva a la desaparici&oacute;n anunciada para el pr&oacute;ximo mes de octubre, de la Agencia Espa&ntilde;ola de Cooperaci&oacute;n Internacional para el Desarrollo (AECID), tambi&eacute;n supone la mayor erosi&oacute;n de confianza entre las ONGD y el Gobierno, de la &uacute;ltima d&eacute;cada. Al mismo tiempo que se romp&iacute;a el Pacto de Estado contra la Pobreza de 2007, el Gobierno aprobaba la reforma de la Ley de subvenciones p&uacute;blicas que ha supuesto una limitaci&oacute;n al acceso natural de las ONGD a los fondos p&uacute;blico frente a una mejora en las ventajas del sector empresarial.
    </p><p class="article-text">
        Tanto o m&aacute;s err&aacute;tico si cabe, ha resultado marginar la educaci&oacute;n para el desarrollo en un momento en el que se impon&iacute;a un relato de cohesi&oacute;n social frente a la crisis. De hecho, la reforma de la ley educativa (Wert), al eliminar la asignatura de educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, ha acabado con el &uacute;nico contenido curricular de cooperaci&oacute;n para el desarrollo en el sistema formal de educaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Las pr&oacute;ximas generaciones conocer&aacute;n y comprender&aacute;n menos los problemas de desarrollo y pobreza y por tanto, ser&aacute;n personas m&aacute;s expuestas a los radicalismos nacionalistas que operan frente a la interpretaci&oacute;n de fen&oacute;menos como la emigraci&oacute;n, el acceso a los alimentos o el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que estos costes que en principio se suponen fuera de nuestras fronteras, tambi&eacute;n se asumen dentro. Debido a las pol&iacute;ticas aplicadas en la &uacute;ltima legislatura, Espa&ntilde;a ha pasado a ser el segundo pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea en el que m&aacute;s ha crecido la distancia entre rentas altas y bajas (en 2015 el 1 % de la poblaci&oacute;n concentr&oacute; tanta riqueza como el 80 % de los m&aacute;s desfavorecidos), s&oacute;lo por detr&aacute;s de Estonia: el pa&iacute;s donde m&aacute;s ha crecido la desigualdad desde el inicio de la crisis, tan solo por detr&aacute;s de Chipre y superando hasta en catorce veces a Grecia. Una desigualdad que coincide con una gran retroceso del gasto p&uacute;blico social y un fuerte desplome del salario medio de un 22,2 %5. De hecho, la presencia del sector privado en los servicios p&uacute;blicos ha obstaculizado en ocasiones una respuesta del Estado a la hora de responder tanto a las demandas ciudadanas como a los desaf&iacute;os internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Para Espa&ntilde;a el momento despu&eacute;s de las elecciones de 26 de junio puede significar dos cosas: continuar por la senda del ostracismo y diluir la pol&iacute;tica de Ayuda entre las distintas iniciativas de acci&oacute;n exterior espa&ntilde;ola, justificando su ausencia a trav&eacute;s de la presencia razonada en otros foros y contextos; o bien, realizar correlativamente a la capacidad de nuestro pa&iacute;s, el esfuerzo necesario para revertir la situaci&oacute;n y permitir la alineaci&oacute;n con el resto de actores internacionales en el cumplimiento de la nueva Agenda de Desarrollo Sostenible. El ahorro de los recortes en esta pol&iacute;tica, han sido tan irrelevante para la econom&iacute;a espa&ntilde;ola como cuestionable en t&eacute;rminos de impacto. Y es que no puede haber mayor contradicci&oacute;n entre los esfuerzos del Gobierno anterior en aprobar la nueva Agenda y su nulo inter&eacute;s por aplicarla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Kattya Cascante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/costosos-recortes_129_3942176.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jun 2016 17:30:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Costosos recortes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Generales 2016]]></media:keywords>
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