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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jon Lee Anderson]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jon_lee_anderson/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jon Lee Anderson]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A 50 años de su muerte: por qué aún perdura el legado del Che]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/anos-muerte-perdura-legado-che_129_3140387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6e505ad-c6a8-4930-8ed6-a263234fd3fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A 50 años de su muerte: por qué aún perdura el legado del Che"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 9 de octubre de 1967, los militares bolivianos y los agentes de la CIA que decidieron fusilarle en La Higuera nunca pensaron que acababan de dar vida a un mito</p><p class="subtitle">Jon Lee Anderson, biógrafo del guerrillero argentino, analiza en este texto los motivos de la pervivencia de uno de los mayores iconos de nuestro tiempo</p><p class="subtitle">¿Fue el Che un asesino? Es la pregunta que los más jóvenes le hacen continuamente a su biógrafo</p></div><p class="article-text">
        El 9 de octubre de 1967, cuando los militares bolivianos y los agentes de la CIA decidieron ejecutar al Che Guevara en la aldea de La Higuera, presumieron que su muerte ser&iacute;a la prueba del fracaso de la gesta comunista en Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        Pero no fue as&iacute;. Al contrario de sus expectativas, la muerte del Che -despu&eacute;s de una cruenta odisea de supervivencia de once largos meses- se convirti&oacute; en el mito fundacional para generaciones posteriores de revolucionarios que se inspiraron en su ejemplo y lo intentaron imitar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;C&oacute;mo pueden seguir a un fracasado?&rdquo;, ha sido el interrogante eterno de los furibundos opositores al Che, a Fidel, a la revoluci&oacute;n cubana, y a todos los que han intentado impulsar revoluciones socialistas en Am&eacute;rica Latina en el &uacute;ltimo medio siglo. Los saca de quicio observar que j&oacute;venes de otros pa&iacute;ses -inclusive del pa&iacute;s m&aacute;s poderoso y m&aacute;s capitalista del mundo, los Estados Unidos- deambulan con camisetas con la cara del &ldquo;Che&rdquo; y, peor a&uacute;n, expresan sus simpat&iacute;as con el &ldquo;Guerrillero Heroico&rdquo;, como lo recuerdan oficialmente en Cuba.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no entienden y nunca han entendido es que el Che logr&oacute; su heroicidad por la forma en que vivi&oacute; y, sobre todo, por la forma en que muri&oacute;. Un legado que han logrado pocas otras figuras p&uacute;blicas en la contemporaneidad y, en especial, desde el &aacute;mbito socialista. Si hace falta citar ejemplos: no hay camisetas con la cara del ruso Leonid Brezhnev o del alban&eacute;s Enver Hoxha, ni mucho menos del camboyano Pol Pot.
    </p><p class="article-text">
        La mitologizaci&oacute;n del Che no es el mero resultado de una campa&ntilde;a de publicidad tipo &ldquo;Mad Men&rdquo;. Si fuera as&iacute; del &ldquo;otro lado&rdquo; habr&iacute;an logrado ya consolidar algunos de sus propios h&eacute;roes de culto popular, porque al fin y al cabo fueron ellos los vencedores en la gran batalla de la Guerra Fr&iacute;a. Pero, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las camisetas con la cara de Videla, Astiz y Pinochet?
    </p><p class="article-text">
        Lo que sucede, es que por una serie de razones, entre ellas la fidelidad del Che con sus ideales y su disposici&oacute;n a morir en aras de esas misma ideas -por buenas o malas que fuesen-, &eacute;l logr&oacute; trascender a su c&iacute;rculo de adeptos filos&oacute;ficos y convertirse en la encarnaci&oacute;n del ser guerrillero. Una metamorfosis que, inclusive, logr&oacute; convertir su innegable fracaso en Bolivia en una fuente de inspiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que el Che muri&oacute; joven y hermoso sustancia su leyenda; su parecido con Jesucristo, para quienes lo vieron tendido muerto en la lavander&iacute;a del hospital de Vallegrande, facilit&oacute; su mitologizaci&oacute;n p&oacute;stuma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El branding y el Che</strong><em>branding</em>
    </p><p class="article-text">
        Las ideas del Che, expresadas en su famoso ensayo sobre &ldquo;el socialismo y el hombre nuevo&rdquo;, probablemente son mucho menos conocidas por sus adeptos m&aacute;s j&oacute;venes que la estampa insigne de su rostro, inmortalizado en la foto de Korda.
    </p><p class="article-text">
        Ese rostro en s&iacute; ya es un <em>brand</em> que simboliza a nivel mundial el desaf&iacute;o al status quo; la rebeld&iacute;a pura, y sobre todo juvenil, frente a un mundo injusto. Es la cara de la indignaci&oacute;n frente a un mundo desigual en el cual -dice el rostro y, por ende, el legado del Che &ndash; hay que tomar una posici&oacute;n y, si es necesario, pelear hasta las &uacute;ltimas consecuencias. Hay pocas otras caras que digan eso a las muchedumbres del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en parte, perdura el Che. Qued&oacute; inmortalizado en una d&eacute;cada en la que la televisi&oacute;n reemplaz&oacute; a la radio como forma masiva de comunicaci&oacute;n. En la que naci&oacute; tambi&eacute;n la cultura pop - y tambi&eacute;n la consumista-; en la que en nuestras sociedades &ldquo;eres lo que vistes&rdquo; y no necesariamente lo que haces.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que aqu&iacute; estamos, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en un mundo en que el <em>branding</em> lo es todo: en Inglaterra si vistes con ropa de la marca Burberry es casi seguro que eres un tory (conservador); en Estados Unidos si manejas un coche Subaru eres con toda seguridad votante del Partido Dem&oacute;crata y posiblemente vegano o por lo menos te atraen las comidas org&aacute;nicas.
    </p><p class="article-text">
        La remera del &ldquo;Che&rdquo; dice que has asumido una posici&oacute;n desafiante ante el mundo que no implica m&aacute;s compromiso que eso, pero presupone una postura.
    </p><p class="article-text">
        Y hay algo m&aacute;s. En este mundo, en el que todos andan con su iPhone y pasan horas del d&iacute;a comunic&aacute;ndose a trav&eacute;s de las redes sociales, el Che representa algo parad&oacute;jico: el v&iacute;nculo a un mundo real pasado. La prueba concreta de que hace dos generaciones miles y miles de hombres y mujeres, mayormente j&oacute;venes, hicieron cosas reales para expresar su inconformidad . No haciendo click en su Facebook para dar a conocer sus gustos y disgustos. Esa generaci&oacute;n puede haber fracasado, pero su sacrificio &ndash;desde la perspectiva del mundo del selfie y de un narcisismo generalizado&ndash; tiene un componente rom&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Era hom&oacute;fobo, era racista, fue un asesino?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, algunos miembros de esta nueva generaci&oacute;n -la de los &ldquo;iPhonistas&rdquo;, por llamarlos de alguna manera- se han acercado con nuevas preguntas sobre el Che. Se sienten atra&iacute;dos por su figura, pero les preocupan tres cosas: si el Che era hom&oacute;fobo, si era racista y si es verdad que era un &ldquo;asesino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace veinte a&ntilde;os casi nadie me preguntaba por estos aspectos, lo que demuestra las maneras en que la pol&iacute;tica identitaria se ha apoderado cada vez m&aacute;s del debate p&uacute;blico, sobre todo en los Estados Unidos y en Europa. Este cambio de perspectiva ante la figura del Che me ha provocado mucho inter&eacute;s y tambi&eacute;n cierta preocupaci&oacute;n en cuanto a la inocencia expresada en estas nuevas inquietudes.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que el Che no era ni racista ni, que yo sepa, hom&oacute;fobo. Pero, &iquest;y si lo fuera? &iquest;Acaso sus actitudes ante la sexualidad o la raza son los factores m&aacute;s importantes para decir si lo admiras o lo repudias? Y, entonces, &iquest;qu&eacute; hay que pensar de Malcolm X? &iquest;Lo admiramos por su bravura frente al racismo blanco o lo condenamos por sus expresiones de odio hacia el &ldquo;diablo blanco&rdquo;? &iquest;Y qu&eacute; debemos pensar de su &eacute;poca anterior a su activismo cuando era un delincuente, cuando fue un proxeneta y prostitu&iacute;a a mujeres?
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que la m&aacute;s grande de las preocupaciones expresadas por los j&oacute;venes es la del &ldquo;Che asesino&rdquo;. Me han hecho esa pregunta muchas veces. Frente a la repetici&oacute;n de ese interrogante, me he encontrado en la necesidad de explicar que el Che -por m&aacute;s cool que luzca su barba y su boina- s&iacute; era un guerrillero. Que no fue un producto de <em>branding</em> o un actor haciendo el papel de guerrillero. He explicado, tantas veces como me han hecho esta pregunta, que en aquel mundo real, pues s&iacute;, los guerrilleros como el Che peleaban de verdad y ten&iacute;an armas. Que mataron y, a veces, murieron por sus ideas.
    </p><p class="article-text">
        Les he explicado tambi&eacute;n que, a mi juicio, hay una diferencia entre ser &ldquo;asesino&rdquo; y ser un combatiente guerrillero. M&aacute;s all&aacute; de esta opini&oacute;n, les digo que &ldquo;s&iacute;&rdquo;, que es cierto que el Che enjuici&oacute; y ejecut&oacute; gente -tanto en Sierra Maestra como en La Habana durante los juicios sumarios a los seguidores de Batista capturados despu&eacute;s del triunfo de la revoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los ajusticiados, que yo sepa, eran o asesinos o violadores o traidores en el caso de los guerrilleros fusilados en la sierra. En el caso de los enemigos capturados y ejecutados en La Habana o bien eran miembros de los escuadrones de la muerte de los servicios secretos batistianos o militares que hab&iacute;an sido especialmente sanguinarios. Sea que lo acepten o no, esta disonancia cognitiva de percepciones entre algunos j&oacute;venes hacia un &iacute;cono de la cultura pop me parece revelador y demuestra que cada generaci&oacute;n impone sus propias definiciones a las figuras hist&oacute;ricas.
    </p><p class="article-text">
        Pero, finalmente, &iquest;qu&eacute; tenemos que pensar del Che hoy en un mundo en que los Estados Unidos est&aacute; mal gobernados por un millonario racista, eg&oacute;latra e incompetente como Donald Trump y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica no existe m&aacute;s, pero s&iacute; una Rusia en manos de Vladimir Putin -quien domina a un Estado ultranacionalista, autoritario y extremadamente corrupto? China ya no es la China de Mao y menos a&uacute;n la de los batallones de campesinos y trabajadores, que tanto admir&oacute; el Che en su momento. Se ha transformado en un pa&iacute;s que vive un capitalismo desenfrenado y con una sociedad tan consumista que parece que el sue&ntilde;o m&aacute;ximo de cada china es ser propietaria de una cartera Luis Vuitton.
    </p><p class="article-text">
        Los Estados Unidos gan&oacute;, s&iacute;, la Guerra fr&iacute;a o al menos la batalla econ&oacute;mica. A 26 a&ntilde;os del colapso del comunismo, los pa&iacute;ses en donde alguna vez hubo guerrillas inspiradas por el Che hoy son casi todos capitalistas. En Am&eacute;rica Latina hay excepciones como Venezuela y Cuba, que a&uacute;n ostentan ser socialistas. En Nicaragua est&aacute; el viejo sandinista Daniel Ortega, de nuevo en el poder, al que de revolucionario se le ve muy poco.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en lugar de sacrificarse subiendo a las monta&ntilde;as de sus pa&iacute;ses en aras de un ideal revolucionario, las nuevas generaciones de pobres y marginados latinoamericanos emigran al Norte para hacer el trabajo sucio de los estadounidenses. Otros tantos se integran a las bandas criminales. El hampa y el narcotr&aacute;fico han crecido hasta llegar a dominar territorios en el hemisferio. Las batallas de hoy se libran por asuntos de negocios y no por ideales de transformaci&oacute;n hacia &ldquo;un mundo mejor.&rdquo; En Bolivia, donde muri&oacute; el Che, est&aacute; Evo Morales, que no solamente es el primer ind&iacute;gena que llega al poder en ese pa&iacute;s de mayor&iacute;a ind&iacute;gena despu&eacute;s de quinientos a&ntilde;os sino tambi&eacute;n un admirador ferviente del Che. En el aniversario de la &uacute;ltima batalla del Che -que sus seguidores la celebran el d&iacute;a 8 en lugar del d&iacute;a siguiente, el de su muerte &ndash; ser&aacute; &eacute;l mismo quien auspiciar&aacute; las celebraciones para honrar al legendario guerrillero. As&iacute; que quiz&aacute;s, despu&eacute;s de estas cinco d&eacute;cadas, algunas cosas s&iacute; han cambiado por la presencia del Che en Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        <em>Art&iacute;culo publicado originalmente en el diario Clar&iacute;n.</em><a href="https://www.clarin.com/suplementos/zona/50-anos-muerte-perdura-legado-che_0_BkbItvHnZ.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado originalmente en el diario Clar&iacute;n.</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/anos-muerte-perdura-legado-che_129_3140387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2017 18:13:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A 50 años de su muerte: por qué aún perdura el legado del Che]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Dinamitar el Valle de los Caídos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dinamitar-valle-caidos_129_3898001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc7350b9-d88a-47a4-bd84-ca2efe5944eb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Valle de los Caídos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entendí que en España nunca hubo una reconciliación nacional, sino una victoria aplastante de unos en contra de los otros, y fue a esa realidad a la que se adaptó la gran mayoría de la gente</p><p class="subtitle">Me parece que este empecinamiento español en negar la verdad de su propia historia es la gran flaqueza de su precaria democracia</p></div><p class="article-text">
        Un 20 de noviembre, hace algunos a&ntilde;os, visit&eacute; el Valle de los Ca&iacute;dos en las afueras de Madrid. No esperaba ver lo que encontr&eacute; all&iacute;. Un recinto sepulcral y silencioso enclavado en un bosque, resguardado por discretos polic&iacute;as. Dentro hab&iacute;a un pu&ntilde;ado de sombr&iacute;os visitantes, incluyendo dos hombres de bigotes cortos y largos chaquetones de cuero negro, quienes, de pronto, delante m&iacute;o, dieron saludos fascistas al un&iacute;sono ante las tumbas de los hombres all&iacute; enterrados. Al hacerlo, intercambiaron miradas cuasi clandestinas, y salieron a una gran terraza que hay afuera, presidida por la gran columna de piedra y la cruz que se alza al cielo azul. Ah&iacute; se encontraron con sus miradas de complicidad para caminar juntos. Por un rato les observ&eacute; deambular con un aire de propiedad y de pertenencia. Me di cuenta de que all&iacute; yo era el forastero, y que ellos estaban en su lugar. Es m&aacute;s, qued&oacute; claro que era un sitio exclusivamente reservado para ellos, los &uacute;ltimos fascistas, protegido por un Estado inexplicablemente complaciente.
    </p><p class="article-text">
        Sent&iacute; que estaba en un lugar maldito, y que ese lugar deb&iacute;a ser destruido, que mientras existiese, fascistas como esos hombres podr&iacute;an reunirse y sentirse de alguna manera reivindicados en sus ideolog&iacute;as nefastas, e inclusive so&ntilde;ar con la posibilidad de un retorno al poder. Me parec&iacute;a una ofensa a la conciencia humana que ese monumento siguiera en pie y protegido inclusive por el Estado espa&ntilde;ol mientras que el cuerpo del poeta Federico Garc&iacute;a Lorca, v&iacute;ctima de los mismos hombres all&iacute; enterrados, est&aacute; todav&iacute;a tirado en un barranco an&oacute;nimo, en lugar de tener una sepultura digna. &Eacute;l y unas decenas de miles m&aacute;s, claro.
    </p><p class="article-text">
        Como hijo de un pa&iacute;s que tuvo su propia guerra civil hace siglo y medio, en el que se pueden visitar museos dedicados al tema desde ambos bandos e incluso alguno de los principales campos de batalla -conservados y protegidos como monumentos hist&oacute;ricos- siempre me hab&iacute;a extra&ntilde;ado que en Espa&ntilde;a no hubiera un lugar oficial en donde ir a recordar la cruenta contienda que desangr&oacute; al pa&iacute;s de 1936 a 1939, y que fue la antesala de la mism&iacute;sima Segunda Guerra Mundial. Al visitar el Valle de los Ca&iacute;dos, dej&eacute; de extra&ntilde;arme. Entend&iacute; que en Espa&ntilde;a nunca hubo una reconciliaci&oacute;n nacional, sino una victoria aplastante de unos en contra de los otros, y fue a esa realidad a la que se adapt&oacute; la gran mayor&iacute;a de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando pregunto a espa&ntilde;oles cu&aacute;l es el monumento nacional a la Guerra Civil, me dicen que no existe o, despu&eacute;s de pensar un momento, sugieren que es el Valle de los Ca&iacute;dos. Yo les pregunto: &iquest;Acaso no es ese lugar la tumba de Francisco Franco y de Jose Antonio Primo de Rivera? S&iacute;, me dicen. Y adem&aacute;s, pregunto, &iquest;no fue mandado construir por Franco con la mano de obra forzada de prisioneros de guerra de la vencida Rep&uacute;blica? S&iacute;, me dicen. Entonces, pregunto, &iquest;no es el Valle de los Ca&iacute;dos un monumento a la victoria de Franco? Pues s&iacute;, me dicen, casi siempre algo inc&oacute;modos. Casi todos me aseguran que ellos personalmente nunca han visitado el Valle de los Ca&iacute;dos, y que es un punto nulo para ellos, porque ya no tiene ninguna relevancia en sus vidas, ni tampoco para la Espa&ntilde;a moderna. Que lo han consagrado al olvido junto con todo lo dem&aacute;s &ndash;monjas, la cruz, las iglesias a donde solo van las viejas, junto con las familias numerosas, el servicio militar obligatorio y la tauromaquia&ndash;. &ldquo;Tomate otra ca&ntilde;a, Jon Lee&rdquo;, me dicen, &ldquo;y deja de joder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero no puedo. Siempre me ha inquietado la tendencia espa&ntilde;ola a la amnesia colectiva y tambi&eacute;n su tolerancia a convivir con lugares temibles como el Valle de los Ca&iacute;dos. Comenzando con el pacto del olvido que fue el eje de la la famosa Transici&oacute;n post franquista, me parece que este empecinamiento espa&ntilde;ol en negar la verdad de su propia historia es la gran flaqueza de su precaria democracia. Esta amnesia hacia lo propio tambi&eacute;n se extiende a la Segunda Guerra Mundial, &ndash;ya que Franco simul&oacute; neutralidad en la contienda&ndash; y ha hecho posible que los espa&ntilde;oles se sientan libres de toda responsabilidad moral en aquello. Esto es extremadamente ofensivo y de hecho se asemeja a la actitud de los turcos con su obstinada negaci&oacute;n hist&oacute;rica de la carnicer&iacute;a a la que sometieron a los armenios, y que es de alguna manera la piedra fundacional del Estado turco que vemos hoy en d&iacute;a &ndash;tan intolerante, tan poco dispuesto al debate civil, tan poco democr&aacute;tico&ndash;. Espa&ntilde;a y Turqu&iacute;a tienen algo fuerte en com&uacute;n: la negaci&oacute;n de su propia historia.
    </p><p class="article-text">
        La derrota de Alemania, en cambio, oblig&oacute; a los ciudadanos de ese pa&iacute;s a enfrentar los horrores que hab&iacute;an cometido en nombre del Tercer Reich. Decidieron borrar de la faz de la tierra el lugar exacto de la muerte de Hitler, su b&uacute;nker en Berlin, justamente porque no quisieron legar a sus nefastos disc&iacute;pulos un lugar de peregrinaje. A trav&eacute;s de los a&ntilde;os los alemanes tambi&eacute;n han podido enfrentar sus demonios y hoy en d&iacute;a, en debate abierto y consciente, asumen su responsabilidad ante el genocidio que cometieron.
    </p><p class="article-text">
        La peque&ntilde;a vecina naci&oacute;n de Portugal tambi&eacute;n tuvo su dictadura fascista pero, aunque fuera tard&iacute;a, los portugueses tuvieron su Revoluci&oacute;n de los Claveles, y se sacaron algunos clavos. En Espa&ntilde;a, en cambio, los espa&ntilde;oles se quedaron acurrucados durante cuarenta largos a&ntilde;os con su dictador, excusando su comportamiento con la supuesta <em>dictablanda</em> de los &uacute;ltimos a&ntilde;os (que inclu&iacute;a ejecuciones con garrote vil hasta meses antes de su muerte), y cuando les toc&oacute; la hora de buscar un cambio, optaron por la paz de los muertos y una amnesia artificial a cambio del advenimiento del turismo, del bikini, y de un pa&iacute;s <em>Benidormido</em>, en donde no pasa nada porque todo pasa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando se cumplen 80 a&ntilde;os del &ldquo;levantamiento&rdquo; que lider&oacute; Franco en el verano de 1936, que provoc&oacute; la Guerra Civil y termin&oacute; con las vidas de por lo menos medio mill&oacute;n de espa&ntilde;oles y el exilio de otros tantos &ndash;adem&aacute;s de alentar a Hitler en su invasi&oacute;n de Checoslovaquia y a emprender la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto&ndash; ser&iacute;a conveniente reconciliarse con la historia, y, en un acto solemne, con la aprobaci&oacute;n del Parlamento, volar con poderosos explosivos ese monumento a la brutalidad que se llama Valle de los Ca&iacute;dos.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, entre los escombros de ese lugar tenebroso, Espa&ntilde;a finalmente podr&iacute;a tener su monumento nacional: un sitio en donde no s&oacute;lo los verdugos ser&iacute;an recordados, sino tambi&eacute;n sus v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>---</strong>
    </p><p class="article-text">
        Apoyan este art&iacute;culo de <strong>Jon Lee Anderson</strong> los periodistas <strong>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s</strong>, <strong>Gumersindo Lafuente</strong> e <strong>Ignacio Escolar</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La lista de adhesiones est&aacute; abierta.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div style="background-color: #ffef36; font-weight: bold; padding: 5px; text-align: center; font-family:'Roboto Slab',serif; border-radius:3px"><p style="text-align: center">Necesitamos tu apoyo para seguir haciendo un medio independiente y libre, que resista las presiones </p><p style="text-align: center"><a href="https://seguro.eldiario.es/socios/alta.html" target="_blank" style="background-color:#005695;color:#fff; padding:7px 14px; text-transform: uppercase;line-height:27px" title="Hazte socio de eldiario.es y apoya el periodismo independiente">HAZTE SOCIO DE eldiario.es AQUÍ</a></p>
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</div>

    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dinamitar-valle-caidos_129_3898001.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jul 2016 15:34:29 +0000]]></pubDate>
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