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    <title><![CDATA[elDiario.es - Daniel Delgado Arocha]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/daniel_delgado_arocha/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Daniel Delgado Arocha]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La graja viajera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/graja-viajera_132_3865572.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Apenas el sol despunta, acicala su plumaje negro y brillante con su curvo pico rojizo y se alista para dar inicio a su recorrido por La Palma. Se asoma por la</p><p class="subtitle">puerta</p><p class="subtitle">de su nido, que ella misma armó en uno de los riscos de la Caldera de Taburiente.</p></div><p class="article-text">
        Apenas el sol despunta, acicala su plumaje negro y brillante con su curvo pico rojizo y se alista para dar inicio a su recorrido por La Palma. Se asoma por la <em>puerta</em> de su nido, que ella misma arm&oacute; en uno de los riscos de la Caldera de Taburiente, y despega feliz desde all&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        La graja lo hace todos los d&iacute;as, pero para ella no es rutina, lo considera un privilegio. Es algo liberador. Disfruta cada aleteo y cada vista panor&aacute;mica que tiene de la Isla desde las alturas. Posee una bit&aacute;cora repetida que cumple al pie de la letra. Siempre comienza desde el sur. Sale con el alba desde la gran Caldera hacia Fuencaliente, sobrevuela las salinas, los faros y el volc&aacute;n Tenegu&iacute;a. Se conoce todos los senderos de ese sector, arma y une sus l&iacute;neas como un rompecabezas. Ese es uno de sus juegos favoritos en solitario. El silencio que le regala el viento le permite concentrarse. 
    </p><p class="article-text">
        Bordea de nuevo la Caldera y sigue hacia Santa Cruz. Si hay cruceros en el muelle hace un vuelo rasante para saludar a los turistas que arriban a la capital para recorrer la Isla Bonita por tierra. No tienen su ventaja. Y si la tuvieran, se ir&iacute;an m&aacute;s enamorados de estas tierras. 
    </p><p class="article-text">
        San Andr&eacute;s y Sauces, tambi&eacute;n Barlovento, siguen en su itinerario. Arrecia el viento, as&iacute; que baja unos metros para resguardarse y aprovecha para admirar de cerca las aguas cristalinas del Charco Azul y de La Fajana. Asegura que si esas piscinas no fueran de agua salada se ba&ntilde;ara all&iacute; con gusto. Es tan atrevida que quiz&aacute;s un d&iacute;a no aguante las ganas y pruebe un chapuz&oacute;n en el mar. 
    </p><p class="article-text">
        Se acerca la hora del almuerzo, y qu&eacute; mejor lugar para darse banquete que el Bosque de Los Tilos. En esa inmensidad verde la graja se deleita con la variedad de insectos y el agua abundante y fresca que le ofrece ese pulm&oacute;n natural de La Palma. Uno que otro d&iacute;a cambia su <em>restaurante</em> a Marcos y Cordero, un poco m&aacute;s adelante. De cualquiera de los dos sale satisfecha. 
    </p><p class="article-text">
        Ya con las pilas recargadas, retoma su paseo a&eacute;reo. La pr&oacute;xima estaci&oacute;n es Garaf&iacute;a, donde juguetea y muestra su agilidad zigzagueando entre las aspas de algunos de los viejos molinos que adornan esa localidad, y bromea con las cabras en los numerosos corrales de este pueblo productor del delicioso queso palmero. Pasa por los parques La Zarza y La Zarcita para ver si encuentra nuevos petroglifos de los benahoaritas. Dice que desde arriba siempre consigue algunos que los humanos no han visto a&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Toma aire, estira sus alas al m&aacute;ximo y se concentra. Es la etapa m&aacute;s fuerte pero m&aacute;s hermosa de su traves&iacute;a: el Roque de Los Muchachos. Aplica m&aacute;s potencia para tomar altura. Apenas divisa los <em>gigantes calvos blancos</em>, como llama a los observatorios, sabe que lleg&oacute; sana y salva. All&iacute; se toma otro descanso y comparte aperitivos con algunos cuervos que merodean por el lugar. Hablan de las estrellas, de la nevada de principios de a&ntilde;o, del calor&oacute;n de este verano, y tambi&eacute;n comentan tristes, todav&iacute;a temerosos, el desastre que caus&oacute; el <em>demonio rojo</em>, ese que volvi&oacute; hace unos d&iacute;as para quemar su hogar. Ten&iacute;an 7 a&ntilde;os que no lo ve&iacute;an, y esperan que no vuelva nunca m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La graja se despide y sigue su rumbo, esta vez hacia la costa de Tazacorte. Siempre procura pasar por all&iacute; cuando va cayendo el sol para contemplar sus atardeceres incre&iacute;bles. A veces espera tambi&eacute;n en Puerto Naos, otro buen punto para deleitarse con el adi&oacute;s del <em>astro rey</em>. Sobrevuela los platanales de Los Llanos de Aridane ba&ntilde;ados por los rayos del sol, sigue y roza con sus patas la torre de la Iglesia de Nuestra Se&ntilde;ora de Bonanza, en El Paso, para tomar impulso, llegar a toda velocidad a su hogar y poner punto final a otro divertido y gratificante recorrido por la Isla Bonita. 
    </p><p class="article-text">
        La graja se acurruca en su nido, y como todas las noches, antes de cerrar sus ojos se despide de su vecino, el l&iacute;der ind&iacute;gena benahoarita Tanaus&uacute;, quien, viendo hacia las estrellas, la arrulla en la Caldera con sus heroicas historias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Delgado Arocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/graja-viajera_132_3865572.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Aug 2016 18:26:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La graja viajera]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Te espero en el puerto de Santa Cruz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/espero-puerto-santa-cruz-aida_132_3883410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Pero él quedó prendado de</p><p class="subtitle">, quizás por sus labios rojos destellantes que cada noche imagina que besan su empedrada y rígida mejilla, bajo el mar de estrellas que les regala el cielo palmero.</p></div><p class="article-text">
        Al menos una vez a la semana ella lo visita. Llega sigilosa al puerto de Santa Cruz de La Palma, con sus labios pintados de un rojo carmes&iacute; casi incandescente, siempre colorida y arreglada para &eacute;l, que la espera cerca del muelle, imponente, firme como una roca, actitud y porte que sufren un vuelco dr&aacute;stico cuando la ve. Ella convierte en lava su coraz&oacute;n de piedra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se llama <em>Aida</em>, es una viajera del oc&eacute;ano, su fiel c&oacute;mplice que la trae entre olas a su amado rocoso, al que los pobladores llaman Risco de la Concepci&oacute;n, pero que ella prefiere decirle cari&ntilde;osamente <em>Roco</em>. &Eacute;l aguarda con la vista hacia el mar, vigilante de la capital palmera, del municipio Bre&ntilde;a Alta y sus habitantes, y a la espera de su querida navegante, esa que quisiera no partiera nunca m&aacute;s del muelle y encallara frente a &eacute;l para admirar durante horas su brillante cuerpo de acero y colores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se conocieron hace ya algunos a&ntilde;os en ese lugar de gran actividad tur&iacute;stica y comercial, pero que para ellos es hoy un santuario de amor. Ante los ojos de <em>Roco</em> hab&iacute;an desfilado decenas de viajeras que tra&iacute;an a La Palma a miles de turistas diariamente para conocer sus maravillas naturales, sus senderos, su cultura, volcanes y gastronom&iacute;a. Algunas de esas navegantes eran de alta sociedad, como las famosas <em>Queen Mary</em> y <em>Queen Elizabeth</em>, pero &eacute;l qued&oacute; prendado de <em>Aida</em>, quiz&aacute;s por sus labios rojos destellantes que cada noche imagina que besan su empedrada y r&iacute;gida mejilla, bajo el mar de estrellas que les regala el cielo palmero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A ella no le cost&oacute; mucho notar su presencia ese primer d&iacute;a que naveg&oacute; hasta el puerto de Santa Cruz. <em>Roco</em> era &uacute;nico ante sus ojos, aunque un poco serio y distante para su gusto. Mientras sus pasajeros disfrutaban de la Isla, ellos se estudiaban con la mirada, se dijeron poco con palabras pero mucho con los ojos y sus gestos. Ella se mov&iacute;a con el vaiv&eacute;n de las olas y la marea, lo seduc&iacute;a; mientras &eacute;l la cortejaba silente, la embelesaba con la danza de sus peque&ntilde;os arbustos motivada por la brisa, y con las aves que le enviaba a <em>Aida</em> para que la acariciaran con su vuelo. As&iacute; comenz&oacute; todo, sin palabras pero con se&ntilde;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al terminar el d&iacute;a y el paseo de los turistas lleg&oacute; el fin de aquel primer encuentro y comenz&oacute; esta historia de amor, que se reedita varias veces al mes en el muelle de Santa Cruz, cuando llega <em>Aida</em> con sus labios rojos carmes&iacute; para enamorar m&aacute;s a <em>Roco</em> con su meneo marino, mientras &eacute;l estremece su vegetaci&oacute;n y la acaricia con la brisa para agradecerle su presencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si ves llegar a <em>Aida</em> al muelle, ese d&iacute;a se respirar&aacute; amor en la Isla Bonita.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Delgado Arocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/espero-puerto-santa-cruz-aida_132_3883410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Jul 2016 09:40:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Te espero en el puerto de Santa Cruz]]></media:title>
    </item>
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