<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Virginia Enebral]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/virginia_enebral/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Virginia Enebral]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/514432/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La solidaridad no acoge]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/solidaridad-acoge_132_3881369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e07f531-a7fd-4e65-84e4-ad31cd2e08ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La solidaridad no acoge"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La labor humanitaria en los campos de personas refugiadas se mueve entre la contradicción de ayudar y ser, al mismo tiempo, cómplice del sistema</p><p class="subtitle">La cooperación no debe primar sobre la denuncia política, la única vía de presión para que los gobiernos europeos cambien sus políticas migratorias</p></div><p class="article-text">
        El gobierno griego contabiliza 48 campos de personas refugiadas esparcidos por su territorio. Esas son las cifras oficiales, aunque no se sabe con seguridad cu&aacute;ntos puede haber. Sin olvidar espacios ocupados y autogestionados como Notara en Atenas o Orfanotrofio en Tesal&oacute;nica. Organizaciones no gubernamentales, asociaciones, iniciativas creadas con fines humanitarios y personas voluntarias de todo el mundo han acudido en los &uacute;ltimos meses hasta el pa&iacute;s heleno para echar una mano. Material, infraestructuras, alimentos, medicamentos, traducci&oacute;n, salvamento. Las tareas que est&aacute;n llevando a cabo son numerosas e intentan abarcan los aspectos m&aacute;s b&aacute;sicos de la supervivencia. La labor es loable y demuestra que el ser humano no est&aacute; perdido. A&uacute;n. El problema de fondo es que no soluciona la situaci&oacute;n, s&oacute;lo la alarga indefinidamente. <strong>El riesgo de que los campamentos pierdan su car&aacute;cter de temporalidad sobrevuela en cada acci&oacute;n emprendida para paliar las condiciones de precariedad de estos recintos</strong>, una gran mayor&iacute;a sin abastecimiento el&eacute;ctrico y con acceso limitado al agua potable y a la sanidad. De la educaci&oacute;n, mejor no hablar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;No somos m&aacute;s que un parche&rdquo;, sentencia</strong><strong> Nerea Pla, matrona voluntaria.</strong> Estuvo en Eko, llamado as&iacute; porque se ubic&oacute; en torno a una gasolinera con ese nombre, durante dos meses. Se march&oacute; con la firme intenci&oacute;n de no volver. <strong>&ldquo;La sensaci&oacute;n de complicidad con el sistema es enorme. Lo que hace falta es que estos campos desaparezcan, no ponerlos bonitos&rdquo;.</strong> Esta enfermera valenciana lo tiene claro: &ldquo;Hay que poner la energ&iacute;a en lo pol&iacute;tico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Coincide con ella Yara Blasco, que cambi&oacute; su verano en Madrid por la cooperaci&oacute;n. Colabora en el proyecto 'Baby Hammam', que se centra en apoyar y acompa&ntilde;ar a mujeres embarazadas o que acaban de ser madres, en Sindos, un asentamiento a las afueras de Tesal&oacute;nica. &ldquo;Europa ha acogido solo a 2.200 personas de las 160.000 que prometi&oacute;. La 'cuota' de Espa&ntilde;a era de 16.000 y &uacute;nicamente han llegado 124. No se trata de reubicarlas, sino de no querer asumir los gastos de sanidad, educaci&oacute;n&hellip; Y en ese escenario, somos la cara amable de las pol&iacute;ticas que se aplican&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La &lsquo;Caravana a Grecia: Abriendo fronteras&rsquo; ha vivido en su periplo las mismas contradicciones.</strong> Los objetivos de la iniciativa estaban definidos desde el principio: denunciar las pol&iacute;ticas migratorias de la Uni&oacute;n Europea as&iacute; como el acuerdo firmado el 20 de mayo con Turqu&iacute;a, en el aire a ra&iacute;z del reciente golpe de estado fallido. Asimismo <strong>ten&iacute;a especial relevancia visibilizar la violencia que sufren mujeres, ni&ntilde;as y personas transexuales en el trayecto y en los campos</strong>. &ldquo;No vamos al pa&iacute;s heleno a llevar comida, productos higi&eacute;nicos ni a colaborar en proyectos de cooperaci&oacute;n, sino a hacer ruido, a no dejar que la situaci&oacute;n de las personas refugiadas y migrantes, distinci&oacute;n injusta que criticamos, quede en el olvido ahora que llega el verano y, sobre todo, a presionar a nuestros gobiernos para que cumplan con los tratados internacionales como el Convenio de Ginebra y defiendan de los Derechos Humanos y acojan&rdquo;, subrayaba Anabel Sanz, integrante de FeministAlde y de la coordinaci&oacute;n de la plataforma Ongi etorri Errefuxiatuak, impulsora de la iniciativa.
    </p><p class="article-text">
        La insistencia desde la coordinaci&oacute;n redujo en gran medida el af&aacute;n de los participantes de viajar a Grecia a <strong>ayudar, esa extra&ntilde;a necesidad que nada entre el paternalismo,</strong><strong> la tranquilidad de conciencia</strong><strong> y la capacidad del ser humano para preocuparse por sus semejantes</strong>. A&uacute;n as&iacute;, no fueron pocas las veces que durante los 2.500 kil&oacute;metros por carretera y las m&aacute;s de 3.000 millas por mar que recorrieron los cinco autobuses, varias personas de las casi trescientas que se hab&iacute;an sumado a la iniciativa, propusieron en las asambleas recaudar dinero o visitar alg&uacute;n campo de refugiados para echar una mano o mostrar solidaridad.
    </p><h3 class="article-text">Atrapadas </h3><p class="article-text">
        Las personas llegadas de Afganist&aacute;n y Siria, una gran parte de ellas kurdas, tienen la 'fortuna' de poder esperar para ser reubicadas en alguno de estos asentamientos. Los migrantes cuyo pa&iacute;ses de origen se llaman Pakist&aacute;n, Irak, Argelia o Marruecos es muy probable que sean encerrados en alguno de los seis centros de detenci&oacute;n y deportaci&oacute;n del pa&iacute;s heleno. <strong>La Uni&oacute;n Europa solo reconoce el derecho de asilo a la ciudadan&iacute;a de los pa&iacute;ses que se consideran&nbsp;en guerra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La espera en estos recintos en los que se apilan las tiendas de campa&ntilde;as de Acnur se hace interminable. Sin nada que hacer, las horas y los d&iacute;as pasan lentamente. Demasiado tiempo para pensar, para dudar, para arrepentirse. &ldquo;Nadie nos da una respuesta&rdquo;, lamenta un joven que huy&oacute; de Damasco hacia L&iacute;bano, desde donde atraves&oacute; el Egeo. Estuvo en Kilkis, despu&eacute;s en Idomeni hasta que fue desalojado y ahora ve en Diavata, a las afueras de Atenas, c&oacute;mo su sue&ntilde;o se le escapa de las manos. Una mujer con cuatro hijos llora de desesperaci&oacute;n por no poder reencontrarse con su marido, que les espera en Alemania. Ninguno quiere estar all&iacute;. <strong>No han huido de la guerra, de la violencia o de la pobreza para estar atrapados en tierra de nadie</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La solidaridad no debe engullir la denuncia pol&iacute;tica, la &uacute;nica capaz de presionar a las instituciones para que cambien sus pol&iacute;ticas migratorias. &ldquo;Algunas personas aseguran que para esto, mejor haberse quedado en su pa&iacute;s, que aunque no era seguro, al menos, no estaban enjaulados. As&iacute; es c&oacute;mo se sienten&rdquo;, se&ntilde;ala Nerea Pla, que reitera que &ldquo;se ponen recursos en lugar de poner el foco en que puedan seguir su camino y se pierde el norte&rdquo;. En Diavata est&aacute;n acondicionando una guarder&iacute;a y una escuela.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Virginia Enebral]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/solidaridad-acoge_132_3881369.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Jul 2016 18:08:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8e07f531-a7fd-4e65-84e4-ad31cd2e08ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="148187" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8e07f531-a7fd-4e65-84e4-ad31cd2e08ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="148187" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La solidaridad no acoge]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8e07f531-a7fd-4e65-84e4-ad31cd2e08ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Crisis de refugiados,Cooperación al desarrollo,Grecia,Caravanas]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
