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    <title><![CDATA[elDiario.es - Colectivo Britches]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/colectivo_britches/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Colectivo Britches]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Peleas de gallos: la crueldad como herencia cultural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/peleas-gallos-crueldad-herencia-cultural_132_3674845.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/485e7181-c87f-4f77-bec8-92e2f60efb28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Peleas de gallos: la crueldad como herencia cultural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Perú, como en otros países, también en España, los gallos son criados, cruzados y entrenados con el único propósito de un disfrute sádico en un ruedo del que participan incluso niños</p><p class="subtitle">Rememoramos nuestra visita a uno de esos coliseos recorriendo también obras literarias que han loado una crueldad sin nada de honorable. Es solo otra pieza del amplio catálogo del maltrato animal</p></div><p class="article-text">
        <em>El Carmelo ir&iacute;a a un combate y a luchar a muerte, cuerpo a cuerpo, con un gallo m&aacute;s fuerte y m&aacute;s joven. Hac&iacute;a ya tres a&ntilde;os que estaba en casa, hab&iacute;a &eacute;l envejecido mientras crec&iacute;amos nosotros. &iquest;Por qu&eacute; aquella crueldad de hacerlo pelear?</em>
    </p><p class="article-text">
        Abraham Valdelomar. <em>El caballero Carmelo</em>
    </p><p class="article-text">
        La pregunta amarga de un ni&ntilde;o, narrador en el relato <em>El caballero Carmelo</em> de Abraham Valdelomar, nos acompa&ntilde;a al entrar en el Coliseo Cabellos de Cajamarca, en la regi&oacute;n norte de Per&uacute;. En este lugar, como en los casi 40 <em>rings</em> del distrito y los cerca de 850 de todo el pa&iacute;s, las peleas de gallos son defendidas por muchos con gran orgullo y siguen formando parte del imaginario cultural nacional.
    </p><p class="article-text">
        Es una ma&ntilde;ana de s&aacute;bado cualquiera, y ya desde temprano los organizadores, criadores, ni&ntilde;os y simpatizantes van animando progresivamente el recinto. El ambiente que se respira es masculino, patriarcal. Nuestros esfuerzos por introducirnos entre los asistentes y poder conocer de cerca esta brutal pr&aacute;ctica no son f&aacute;ciles en el comienzo. La presi&oacute;n de sectores animalistas y la alarma por la ley contra el maltrato animal, decretada hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, explican las miradas desconfiadas y los comentarios ante nuestra presencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Necesitamos simpatizar con el entorno y romper la tensi&oacute;n, por lo que entablo conversaci&oacute;n con un chico que acaba de sacar uno de sus gallos de pelea. Mientras, de toda la regi&oacute;n comienzan a llegar los primeros participantes con sus maletas <em>caponeras</em>, de dos, tres y hasta cuatro sacos, donde los gallos llegan tras horas de transporte, totalmente inmovilizados. El chico nos cuenta que es criador aficionado, y que la mencionada ley finalmente no incluy&oacute; a corridas de toros ni ri&ntilde;as de gallos, pues varios legisladores que apoyan dichas actividades se opusieron. Bajo el murmullo y los sonidos de los botellines de cerveza, escuchamos el t&iacute;mido y ahogado cacareo de las aves.
    </p><p class="article-text">
        Los aleteos, la patas temblorosas bajo los brazos de sus explotadores, los ataques fortuitos entre algunos al encontrarse en la misma zona&hellip; El volumen aumenta. Un hombre corpulento entra en la sala y todos miran hacia &eacute;l. Es el juez, que comienza a calibrar la balanza dando inicio al pesado de los gallos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <em>Me parece que lo estuviera viendo cuando sali&oacute; con el gallo debajo del brazo. Le advert&iacute; que no fuera a buscar una mala hora en la gallera y &eacute;l me mostr&oacute; los dientes y me dijo: &ldquo;C&aacute;llate, que esta tarde nos vamos a podrir de plata&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez. <em>El coronel no tiene quien le escriba</em>
    </p><p class="article-text">
        En la novela <em>El coronel no tiene quien le escriba</em> del escritor colombiano Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, otro de los grandes impulsores culturales de esta tradici&oacute;n, el gallo de pelea del coronel encarna el recuerdo de su hijo fallecido y parece servir de veh&iacute;culo de su frustraci&oacute;n y m&aacute;s bajos deseos. A nuestros pies comienzan a aparecer las aves, nerviosas y desconcertadas conforme van saliendo de las maletas. Los socios y aficionados se reconocen entre ellos, la camarader&iacute;a y las palmadas en la espalda se acompasan, de manera casi ritual, alrededor de la balanza y el posterior sellado identificativo que condicionar&aacute; los pactos y evitar&aacute; cambios de gallos.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas y comparaciones con las corridas de toros son inevitables, as&iacute; como la defensa de otras tradiciones regionales de maltrato animal, como el&nbsp;<a href="http://www.panos.co.uk/stories/2-13-1211-1717/Karla-Gachet--Ivan-Kashinsky/Condor-vs-Bull/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Yawar Fiesta</a> o los <a href="https://www.youtube.com/watch?v=zOiNRkrrqiM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enfrentamientos de toros</a>. La conversaci&oacute;n ahora es entre varios. Las preguntas inc&oacute;modas pasan a despotricar contra animalistas y la defensa del sector por los puestos de trabajo y dinero que generan. Estamos generando confianza. Otro aficionado me invita a valorar el plumaje y belleza de sus gallos, insiste en que beba cerveza y el lenguaje oculto comienza a brotar. Con cierta alteraci&oacute;n, me confiesa su profundo respeto hacia el animal, lo mucho que todos deben al gallo de pelea. Los valores morales de coraje y gallard&iacute;a que poseen.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Estas aves herb&iacute;voras e insect&iacute;voras en realidad carecen de esta agresividad. Esta falsa &ldquo;violencia natural&rdquo; es conseguida mediante la inicial selecci&oacute;n de los machos (los que en los primeros meses no alcanzan la altura, o demuestran torpeza o poca capacidad de defensa no son rentables, por lo que no se cuidan) y el posterior proceso de entrenamiento y cruce entre ellos. As&iacute; es como, durante milenios, hemos creado alrededor de 10.000 tipos de esta especie. Es normal que muestren violencia de manera casi autom&aacute;tica al entrar en contacto con otros, ya que han sido entrenados para ello desde los diez o doce meses.
    </p><p class="article-text">
        <em>Con estas pr&aacute;cticas desaparece el respeto hacia otras formas de vida, se incita a la violencia y a la utilizaci&oacute;n de la fuerza bruta como medio de dominaci&oacute;n; antivalores estos de la verdadera civilizaci&oacute;n. Se pierde la identidad cultural de los pueblos al adoptar rezagos de vidas primitivas que no les pertenecen, se estimulan actividades s&aacute;dicas mediante el sometimiento de animales dom&eacute;sticos a torturas inhumanas para que &eacute;stos asuman actitudes salvajes en el momento se&ntilde;alado.</em>
    </p><p class="article-text">
        An&iacute;bal Vallejo
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h4 class="article-text">&nbsp;</h4><h4 class="article-text">Espuelas, apuestas, machismo y tradici&oacute;n</h4><p class="article-text">
        Al son de los <em>huaynos</em> y el jaleo, los ni&ntilde;os observan con gran atenci&oacute;n y parecen aprender de cada m&iacute;nimo movimiento de los mayores. La afici&oacute;n por las peleas de gallos es transmitida de padres a hijos, y por ello el reglamento permite la asistencia de menores acompa&ntilde;ados de sus tutores. Conforme avanza el etiquetado de los gallos, los brazos alzan los boletos para encontrar contrincante y establecer un pacto. Es un momento de mucha intensidad. Suenan apuestas de cientos de soles, hay apretones de manos. Los gallos ya pesados son devueltos a sus <em>caponeras</em> o a las jaulas del piso superior. Algunos galleros se muestran satisfechos por el acuerdo y posan para nuestra c&aacute;mara.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; puede usted ver a criadores profesionales apostar hasta tres o cuatro mil soles en una pelea, pero nada que ver con las peleas en M&eacute;xico. All&iacute; hay gente que apuesta hasta su carro o la casa&rdquo;, me dice un participante. Le pregunto por el tipo de pelea. A diferencia de otras zonas de Per&uacute; y otros pa&iacute;ses, donde se practica &ldquo;a navaja&rdquo;, aqu&iacute; la modalidad es el campeonato &ldquo;a pico y espuela&rdquo; con gallos de semejantes caracter&iacute;sticas. Las espuelas con las que la naturaleza les dot&oacute; no son lo suficientemente letales, por lo que se les adhiere una extensi&oacute;n parecida a una aguja y que suele medir hasta cinco cent&iacute;metros. Es m&aacute;s dolorosa para el animal que la navaja. Atada al dorso de la pata, puede resultar mortal en cualquier fase de la pelea si alcanza la cabeza u &oacute;rganos vitales.
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        En nuestra pausa para comer buscamos m&aacute;s referencias literarias sobre gallos y confirmamos otro punto en com&uacute;n con las corridas de toros: ilustres escritores y artistas han sido seguidores de esta costumbre. Entre otros, Jorge Luis Borges admiti&oacute;, en su creciente ceguera, que echaba de menos las peleas de gallos. Ernest Hemingway pose&iacute;a su propia gallera en su finca de la Habana, y Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas fue un conocido entusiasta de esta tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Estar&aacute; donde est&eacute; el despedazado suburbio, los calientes re&ntilde;ideros donde giran los crueles remolinos de acero y aletazo, grito y sangre.</em>
    </p><p class="article-text">
        Jorge Luis Borges
    </p><p class="article-text">
        De nuevo en el Coliseo, la primera de las 120 peleas programadas comienza. Las apuestas entre galleros se han realizado de palabra, pactando un dinero inicial que se le da al juez antes de la ri&ntilde;a. De aqu&iacute; en adelante y hasta las doce de la noche, los gritos, las afrentas y la embriaguez van en aumento. La gente ya solo tiene ojos para lo que acontece en el ruedo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Pese a que en condiciones naturales una ri&ntilde;a entre gallos suele terminar con la hu&iacute;da de uno de ellos, en las peleas a pico y espuela no hay salida posible y suelen tener una duraci&oacute;n de seis minutos hasta que uno cae herido o muere. Las apuestas entre el p&uacute;blico, tambi&eacute;n de palabra, comienzan a darse entre los espectadores. 80, 100, 200 soles son algunas de las que escuchamos. Las rivalidades, gritos euf&oacute;ricos, las risas y burlas comienzan a entremezclarse con silbidos y salidas de tono hacia la camarera que sirve las bebidas. El olor a cerveza se vuelve al tiempo indistinguible con el del plumaje de los gallos.
    </p><p class="article-text">
        Los due&ntilde;os y espectadores, quiz&aacute; al contemplar en los gallos la incorruptible valent&iacute;a y honor del que ellos mismos carecen, se levantan de sus sillas y experimentan gran emoci&oacute;n al ver las peleas. El espect&aacute;culo dentro del ruedo es confuso debido a la gran velocidad con la que los gallos combaten. En fugaces e imprevisibles r&aacute;fagas y batidas, vemos en ocasiones a un gallo clavar la espuela en su propio cuerpo, llevando al juez a pausar el reloj y desenmara&ntilde;ar al destartalado animal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h4 class="article-text">Clandestinidad y ecos de prohibici&oacute;n</h4><p class="article-text">
        Los aficionados a las peleas de gallos vigilan muy de cerca el auge del movimiento antitaurino, tanto en Per&uacute; como en Espa&ntilde;a. Las muestras de incomodidad son evidentes al responder a sus preguntas sobre lo que ocurre en Espa&ntilde;a. &ldquo;Ya est&aacute;n abolidas en varias regiones del pa&iacute;s&rdquo;, escuchan como un rumor lejano que acabar&aacute; por llegarles. Aqu&iacute; en Latinoam&eacute;rica las fiestas de maltrato animal resisten con fuerza, y en muchos pa&iacute;ses como Per&uacute; no hay pr&aacute;cticamente intervenci&oacute;n del Gobierno en este asunto. Aunque las peleas de gallos ya fueron prohibidas en Brasil, Argentina y Costa Rica, en otros pa&iacute;ses como Paraguay, que decret&oacute; una Ley de Protecci&oacute;n y Bienestar Animal en 2013, numerosos activistas han denunciado que estas normas no se aplican. Algo parecido pasa en Espa&ntilde;a, donde las peleas de gallos tambi&eacute;n&nbsp;<a href="http://www.lavanguardia.com/natural/20160715/403237209501/peleas-gallos-actuaciones-seprona-guardia-civil.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se realizan de manera ilegal</a> pese a estar prohibidas, salvo en Andaluc&iacute;a y sobre todo en las Islas Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Las noticias de arrestos en peleas de gallos clandestinas son internacionales: Estados Unidos, Francia, B&eacute;lgica, Espa&ntilde;a, M&eacute;xico, Cuba. La opini&oacute;n social en mayor o menor medida parece dividida entre quienes lo consideran deporte y tradici&oacute;n, y los detractores que piden su prohibici&oacute;n. Seguir&aacute; siendo as&iacute; mientras siga conllevando un negocio fruct&iacute;fero para criadores y empresarios, adem&aacute;s de una alternativa r&aacute;pida de conseguir dinero para los j&oacute;venes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Bajo la luz cenital de los focos, el c&eacute;sped artificial del ruedo se va cubriendo de plumas, u&ntilde;as, trozos de pico y manchas de sangre. Alguna de las peleas termina en menos de un minuto por un espolonazo certero que deja inconsciente o muerto a uno de los gallos, y su due&ntilde;o pasa al grupo de ganadores que se repartir&aacute;n el premio del d&iacute;a. Las heridas y los da&ntilde;os en los cuerpos son m&uacute;ltiples: <em>espatado, chap&iacute;n, piquetes</em>... Algunos pinchazos dejan al gallo desalado, llevando al animal a moverse arrastrando el cuerpo de costado.
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        Es una veneraci&oacute;n hacia el animal proporcional a su beneficio con &eacute;l. En las peleas a navaja el porcentaje de aves muertas en combate es mayor que a espuela. &ldquo;Entre un diez y un quince por ciento mueren&rdquo;, nos dicen cerca del ring. Sobre los gallos perdedores que quedan muy da&ntilde;ados es evidente su destino, pero no sabemos qu&eacute; ocurre con algunos ganadores que terminan tambi&eacute;n con graves heridas. &ldquo;De la gallera a la cazuela&rdquo;, nos contesta el mismo gallero. Si ya no va a pelear bien ya no hay motivo para seguir cuid&aacute;ndolo, ya que podr&iacute;a costarles la pelea y sus apuestas.
    </p><h4 class="article-text">Carmelo y su anti-&eacute;pico final</h4><h1 class="article-text">Acerc&oacute;se a la ventana, mir&oacute; la luz, agit&oacute; d&eacute;bilmente las alas y estuvo largo rato en la contemplaci&oacute;n del cielo. Luego abri&oacute; nerviosamente las alas de oro, ense&ntilde;ore&oacute;se y cant&oacute;. Retrocedi&oacute; unos pasos, inclin&oacute; el tornasolado cuello sobre el pecho, tembl&oacute;, desplom&oacute;se, y estir&oacute; sus d&eacute;biles patitas escamosas y, mir&aacute;ndonos, mir&aacute;ndonos amoroso, expir&oacute; apaciblemente.</h1><p class="article-text">
        <em>Acerc&oacute;se a la ventana, mir&oacute; la luz, agit&oacute; d&eacute;bilmente las alas y estuvo largo rato en la contemplaci&oacute;n del cielo. Luego abri&oacute; nerviosamente las alas de oro, ense&ntilde;ore&oacute;se y cant&oacute;. Retrocedi&oacute; unos pasos, inclin&oacute; el tornasolado cuello sobre el pecho, tembl&oacute;, desplom&oacute;se, y estir&oacute; sus d&eacute;biles patitas escamosas y, mir&aacute;ndonos, mir&aacute;ndonos amoroso, expir&oacute; apaciblemente.</em>Abraham Valdelomar. <em>El caballero Carmelo</em>
    </p><p class="article-text">
        El profundo respeto al animal que nos comentaba el gallero se torna inexistente tras las peleas. Si est&aacute; gravemente herido le cortan el cuello en el lavadero de un cuarto de ba&ntilde;o. Los que tienen heridas o han fallecido van directos a su maleta <em>caponera</em>. No hay l&aacute;grimas por ellos como las que dedica la familia al gallo Carmelo en el relato de Valdelomar. En este, el ni&ntilde;o se despide de &eacute;l: <em>&ldquo;... flor y nata de paladines y &uacute;ltimo v&aacute;stago de aquellos gallos de sangre y raza&rdquo;</em>. Tampoco aqu&iacute; hay odas ni met&aacute;foras nost&aacute;lgicas del colonialismo espa&ntilde;ol, que import&oacute; esta costumbre hace cinco siglos.
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        Tra&iacute;dos al mundo, criados y cuidados con el &uacute;nico prop&oacute;sito del disfrute s&aacute;dico y el entretenimiento, cientos de animales sintientes entran y salen del ruedo ante nosotros en una tarde de maltrato y sufrimiento intencionados. En las peleas de gallos no hay nada de honorable, tampoco valent&iacute;a o cualquier valor humano de crecimiento v&aacute;lido para el siglo XXI. Es tan solo otra pieza m&aacute;s del cat&aacute;logo de aberraciones de la cultura del maltrato animal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Colectivo Britches]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/peleas-gallos-crueldad-herencia-cultural_132_3674845.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Dec 2016 19:40:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peleas de gallos: la crueldad como herencia cultural]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maltrato animal,Derechos animales,Perú]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sudáfrica y las falsas reservas de animales: los Big Five y más contradicciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/sudafrica-animales-big-five-contradicciones_132_3880867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20852f2b-7b97-46bc-8bf5-0b3eb7fa0c79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Folletos ofrecidos por la Embajada de Sudáfrica al pedir información general sobre el país. Foto: colectivobritches.com"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La propia Embajada de Sudáfrica ofrece una amplia información sobre los safaris de caza, en un país donde se concentra el 85% del furtivismo de todo el continente africano.</p><p class="subtitle">Los cazadores van a Sudáfrica en busca de los Big Five: el león, el elefante, el búfalo, el leopardo y el rinoceronte. Son los más difíciles de cazar, los más caros. Y los que se encuentran más amenazados.</p><p class="subtitle">Amparadas por prácticas conservacionistas, las llamadas reservas naturales son en realidad grandes zoos donde los animales viven en cautiverio y los cachorros pueden ser vendidos para su caza.</p></div><p class="article-text">
        Avanza el verano y mucha gente ya prepara sus maletas para viajar a &Aacute;frica en busca de aventuras, ya sea en forma de actividades como excursiones, fotograf&iacute;a natural o, sobre todo, viajes de caza en planes a medida. Uno de los destinos preferidos es Sud&aacute;frica, desde cuya Embajada en Madrid nos ofrecen una extensa variedad de folletos de safaris de caza: caza controlada en reservas privadas, safaris de caza con rifle y arco, safaris familiares, celebraciones, etc.
    </p><p class="article-text">
        La opresi&oacute;n de los m&aacute;s vulnerables, los animales, viene aqu&iacute; acompa&ntilde;ada de una notable segregaci&oacute;n de clase que ha sustituido a la racial de mitad y finales de los noventa. Grandes contradicciones y paradojas en un pa&iacute;s de codiciados recursos naturales y de una violenta desigualdad social, pese a albergar la mayor&iacute;a de las principales empresas del continente. Los safaris y el ecoturismo no consiguen seguir capitalizando el tir&oacute;n del Mundial de f&uacute;tbol en 2010 debido a varios motivos, sobre todo a ser el pa&iacute;s donde se concentra el 85% de la caza furtiva de todo &Aacute;frica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Nos invitan a una de estas reservas, la Rhino &amp; Lion Reserve de Gauteng, a 45 minutos de Johannesburgo, que puso en marcha el Rhino Rescue Project tras el desastroso balance de ataques furtivos (333 rinocerontes asesinados en todo el pa&iacute;s) el mismo a&ntilde;o del mundial. En su p&aacute;gina web detallan los m&eacute;todos que han desarrollado para disuadir a los cazadores: microchips, dispositivos de rastreo, incluso un m&eacute;todo para &ldquo;envenenar&rdquo; sus cuernos volvi&eacute;ndolos de color rosa (<a href="http://www.abc.es/20120209/internacional/abci-protestan-contra-caza-furtiva-201202091825.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunos animales mueren en estos procedimientos al no poder reanimarles tras ser sedados</a>) En ning&uacute;n caso valoran cortar los cuernos, lo cual salvar&iacute;a muchas m&aacute;s vidas, porque, en sus propias palabras, &ldquo;dependemos del turismo ecol&oacute;gico como principal fuente de ingresos. Despu&eacute;s de todo, ning&uacute;n turista en &Aacute;frica quiere ver los <em>Cuatro Grandes y Medio, </em>en lugar de los ic&oacute;nicos Big Five!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Si, en Sud&aacute;frica una de las caras de los billetes de 10, 20, 50, 100 y 200 rands muestra las &lsquo;c&aacute;pitas&rsquo; de los denominados Big Five: el le&oacute;n, el elefante, el b&uacute;falo, el leopardo y el rinoceronte, respectivamente. Esta denominaci&oacute;n, acu&ntilde;ada por cazadores, se refiere a los cinco animales m&aacute;s dif&iacute;ciles de cazar en &Aacute;frica, y los m&aacute;s amenazados. Cada animal con su precio. En la otra cara de los billetes est&aacute; el retrato de Nelson Mandela, cuya faceta como cazador e ilustre conservacionista no es tan conocida. Si en cualquier parte del mundo la &eacute;tica animal es un reto desde un cuestionamiento del especismo, en Sud&aacute;frica la realidad no para de sacudirte desde que aterrizas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Un r&aacute;pido vistazo basta para entender que no se trata de una reserva natural, sino de un zoo de grandes dimensiones. Los leones blancos hacen su vida en recintos m&iacute;nimos y vallados. &ldquo;Si no estuvieran aqu&iacute;, ya se habr&iacute;an extinguido hace tiempo&rdquo;, escuchamos a un local. La consideraci&oacute;n moral de los animales, pues, no solo es inexistente sino que parece sujeta &uacute;nicamente a intereses econ&oacute;micos aleatorios, amparados, como de costumbre, por las pr&aacute;cticas conservacionistas. M&aacute;s tarde vimos cachorros de le&oacute;n blanco en otro recinto y nuestra gu&iacute;a nos coment&oacute; que los cr&iacute;an y, ya adultos, son vendidos a otras reservas privadas para ser cazados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        B&uacute;falos, perros salvajes, ant&iacute;lopes, &ntilde;&uacute;s o impalas gozan de un terreno algo m&aacute;s aceptable por ser animales locales, pero la atracci&oacute;n del lugar, nos dicen, es la zona reservada para animales ex&oacute;ticos. Linces asi&aacute;ticos o jaguares negros son tra&iacute;dos desde otros continentes para atraer al p&uacute;blico y, sobre todo, subir el precio de la entrada. La mayor&iacute;a de los animales presentaban s&iacute;ntomas de <a href="http://www.acabemosconelespecismo.com/circos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">zoocosis</a>.
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        &ldquo;Si no hubieramos intervenido, primero destruyendo h&aacute;bitats y modificado especies, y montado toda esta espiral mercantil con los animales, no har&iacute;a falta preservar especies ni evitar furtivos. Es un circo del que no podemos salir&rdquo;, nos comenta Tammy al final de la conversaci&oacute;n. Quedamos sorprendidos por su comentario, ya que,&nbsp;por lo general, la opini&oacute;n p&uacute;blica acepta la caza legal y censura la furtiva. En definitiva, ambas son similares e injustificables y causan los mismos da&ntilde;os a los animales, cuyos derechos b&aacute;sicos son vulnerados, adem&aacute;s de morir con gran sufrimiento. Pero qu&eacute; importa el punto de vista de los animales, tan solo se mide por el valor de la moneda o el billete en que aparezcan.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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