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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eduardo Cabrera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eduardo_cabrera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eduardo Cabrera]]></description>
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      <title><![CDATA[Cuento de Navidad ¡Buenos días!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuento-navidad-buenos-dias_129_12866304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a5ae4d5-3f9c-4611-9d52-995116f26eb2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuento de Navidad ¡Buenos días!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - A don Mauro ‘Perico’. Gracias por el regalo de tropezarnos sin querer, por saludarnos sin pretenderlo, por compartir sin esperar nada a cambio. ¡Buenos días, siempre!</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada &#039;Cuento de Navidad&#039;.                            </span>
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        Se encontraban en la oscuridad de la noche. A esa hora, temprana o tarde, en que los sem&aacute;foros iluminan las calles vac&iacute;as. Se acercaban sus pasos hasta cruzarse sin decirse nada. Miradas clandestinas de soslayo. Sucedi&oacute; un d&iacute;a, y el siguiente. Acaso tambi&eacute;n los anteriores sin advertirlo. Y otro m&aacute;s sin apreciar nada m&aacute;s que sus figuras, que dibujaban dos generaciones separadas por el tiempo y las experiencias vividas en mundos diferentes que, de pronto, se encontraban cada ma&ntilde;ana en apenas un instante compartido entre las sombras.
    </p><p class="article-text">
        Surgi&oacute; una de aquellas ma&ntilde;anas. En la misma oscuridad, en el mismo tramo de la misma calle. A la misma hora, temprana o tarde, en que los sem&aacute;foros iluminan las calles vac&iacute;as. Como si una voz interior le advirtiera. <em>No era aceptable que, tanto tiempo despu&eacute;s, noche tras noche, se cruzaran de aquella manera, sabi&eacute;ndose el uno al otro y, sin embargo, pretendiendo hacerse invisibles con el silencio. &ldquo;</em>Buenos d&iacute;as&rdquo;, dej&oacute; escapar en tono suave, sin detenerse, con una leve inclinaci&oacute;n de la cabeza. &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo;, escuch&oacute;. La respuesta le lleg&oacute; ya a la espalda y quiso advertir tambi&eacute;n una suerte de agradecimiento en aquello. Quiz&aacute;s no lo fuera en absoluto, quiz&aacute;s no lo esperaba tampoco. Quiz&aacute;s de no haber sucedido nada hubiera pasado. Pero se dio. Y respondi&oacute; como si de algo cotidiano se tratara. Es la elegancia de los a&ntilde;os vividos la que otorga el don de saber responder y c&oacute;mo. A la ma&ntilde;ana siguiente, en la misma oscuridad, en el mismo tramo de la misma calle. A la misma hora, temprana o tarde, en que los sem&aacute;foros iluminan las calles vac&iacute;as, se cruzaron de nuevo. &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo;. &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo;. Y siguieron sus caminos. Y se repiti&oacute; al d&iacute;a siguiente y se seguir&iacute;a repitiendo en los d&iacute;as sucesivos. Cada vez m&aacute;s sinceros, cada vez m&aacute;s esperados hasta que el saludo fue adquiriendo el h&aacute;bito escondido de una sonrisa. &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo;. &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo;, y ambos sonre&iacute;an sin saberlo, pues la penumbra no permit&iacute;a advertirse los rostros m&aacute;s all&aacute; de las sombras. 
    </p><p class="article-text">
        El azar quiso que se encontraran a plena luz del d&iacute;a. En una de esas citas tradicionales a las que acude el pueblo por calendario. Entre las copas de los pinos se escapaban las d&eacute;cimas de versadores acompasados de la m&uacute;sica mientras la algarab&iacute;a se arremolinaba en los quioscos a la espera de cerveza, vino y guller&iacute;a. Fueron a dar en aquel y no en otro. Acaso fue la casualidad o esa voluntad inexplicable que determina que las cosas sucedan.&nbsp;En un mismo punto, a un mismo tiempo. Bajo la visera crey&oacute; reconocer el contorno de aquel rostro redondo, el bigote recortado y, tras los cristales de las gafas, aquella mirada amable. Su talla p&aacute;rvula, su perfil chaparro, su forma de moverse sobre la tierra y el pinillo, &aacute;gil y ligero desafiando los a&ntilde;os le hicieron inconfundible.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&mdash; Disculpe, &mdash;&mdash; llam&oacute; su atenci&oacute;n tratando de ser correcto. &nbsp;&ndash;&ndash; Quiz&aacute;s no sepa qui&eacute;n soy, es posible que no me reconozca, &ndash;&ndash; el hombre lo escrut&oacute; con curiosidad, sin atisbo de sorpresa, &ndash;&ndash; nos cruzamos todas las ma&ntilde;anas, cuando a&uacute;n es de noche. Voy a trabajar, nos encontramos cuando sale a caminar. 
    </p><p class="article-text">
        	El hombre entrecerr&oacute; los p&aacute;rpados al tiempo que una leve sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios. Mir&oacute; al frente, sin decir nada, para luego girar su cuerpo hasta colocarse frente a frente.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;&ndash; Yo a usted le debo la vida.&nbsp;&ndash;&ndash; Espet&oacute; mir&aacute;ndole a los ojos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;A m&iacute;? &mdash; Respondi&oacute; sorprendido. &mdash; &iquest;Por qu&eacute;? &mdash;De pronto, su intenci&oacute;n de sorprender se vio interrumpida de s&uacute;bito. De pronto era &eacute;l el sorprendido.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;No se acuerda?&nbsp;&mdash; Neg&oacute; con un leve gesto de la cabeza al tiempo que elevaba las cejas en una pregunta callada. &mdash; Una vez me encontr&oacute; sentado en un banco, y se acerc&oacute; para preguntarme c&oacute;mo estaba.
    </p><p class="article-text">
        	De pronto apareci&oacute; en su memoria. Pudo ser cualquiera de aquellas ma&ntilde;ana o noches, a esa misma hora, en aquel mismo punto de la misma calle pero sus pasos no se cruzaron. Nunca antes lo hab&iacute;a visto sentado y un sinti&oacute; que le invad&iacute;a el desasosiego. &ldquo;&iquest;Se encuentra bien, maestro?&rdquo;. Por un momento pens&oacute; en los achaques inesperados o inoportunos que sorprenden en cualquier momento cuando se cuentan tantos a&ntilde;os vividos. No fue as&iacute;. Apenas una rodilla maltrecha la hab&iacute;a obligado a detener su paseo cotidiano. Nunca m&aacute;s lo volvi&oacute; a ver sentado. Pero aquel gesto, ni solidario ni gratuito sino nacido de la certeza de lo correcto, hab&iacute;a causado un halo de emoci&oacute;n en aquel hombre a&ntilde;ejo. Y as&iacute; se lo hizo recordar. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Un d&iacute;a usted me vio mal y se preocup&oacute; por m&iacute;. No todo el mundo hace eso. 
    </p><p class="article-text">
        	Le invit&oacute; a dos cervezas, se presentaron. Mauro, &ldquo;pero todo el mundo me llama Perico&rdquo;, dijo. Y qued&oacute; un caf&eacute; pendiente. Cuando a&uacute;n no hab&iacute;a amanecido, aquellas sombras volvieron a encontrase, pero ya no eran sombras, eran perfiles que se hab&iacute;an ido descubriendo. Y el saludo no ser&iacute;a nunca el mismo, pues la amabilidad y la cortes&iacute;a abrieron la puerta a algo que pod&iacute;a tomar forma de un cari&ntilde;o a lo ajeno, a lo afable, a la certidumbre de lo inofensivo. &ldquo;Buenos d&iacute;as don Mauro&rdquo;. &ldquo;Buenos d&iacute;as, Eduardo&rdquo;. Y en la oscuridad de esa hora, acaso tarde o temprana, se advirtieron sin verse las sonrisas de sus rostros. No habr&iacute;a de pasar mucho tiempo, acaso solo unos d&iacute;as, cuando el afable don Mauro sugiri&oacute; saldar compromiso. &ldquo;Qu&eacute;, echamos ese caf&eacute;&rdquo;. Y as&iacute; sucedi&oacute; que cont&oacute; su historia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En febrero cumplo 84 a&ntilde;os, si llego. &mdash; Dijo en tono satisfecho. &mdash;Soy el menor de siete hermanos. Se me han muerto cuatro. &mdash; &nbsp;Lejos de dibujar el drama, en su relato parec&iacute;a haber satisfacci&oacute;n por lo vivido. Incluso aquello que en un momento hubo de ser doloroso, lo narraba con la serenidad del tiempo transcurrido y la abnegaci&oacute;n de quien acepta los vaivenes. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Conduc&iacute;a un cami&oacute;n durante miles de kil&oacute;metros hasta alcanzar el Pac&iacute;fico. All&iacute; contemplaba los atardeceres cuando el reflejo del sol dibujaba sobre las aguas una suerte de lentejuelas que parec&iacute;an brillar en una intermitencia caprichosa. Como un edred&oacute;n azul bajo el que se esconde una inmensidad inabarcable. Incapaz siquiera de intuirse a simple vista. Albergando infinidad de mundos incomparables entre s&iacute;, de formas de vida extra&ntilde;as, ajenas, lejanas, dibujadas solo en la imaginaci&oacute;n de quien sue&ntilde;a con lo imposible. &nbsp;Y la mirada puesta en la lejan&iacute;a, en esa l&iacute;nea inconmensurable que cierra los d&iacute;as y tras la que se extienden otros mundos, otras vidas con otros sue&ntilde;os. Acaso los mismos. El hogar, el regreso, la s&uacute;bita emoci&oacute;n de la nostalgia. Tal vez sospechando la existencia de quien tambi&eacute;n mira, sin atisbar siquiera que otros ojos escrutan tratando de adivinar ese m&aacute;s all&aacute; que se extiende al otro lado del horizonte. 
    </p><p class="article-text">
        	En ocasiones, con la mirada perdida en la inmensidad del oc&eacute;ano, adivinaba el contorno de un velero. Y a su memoria regresaban, impertinentes, los recuerdos de una traves&iacute;a que pareci&oacute; infinita y definitiva. Entonces solo la fortuna o el azar les permiti&oacute; la vida cuando, agotados los v&iacute;veres y el agua, un vapor se cruz&oacute; adelant&aacute;ndose a la muerte para abastecerles de suministros suficientes para arribar a la costa. Un milagro justo para quien no huye, sino que busca, para quien no abandona, sino que alberga. Qu&eacute; lejos parec&iacute;an aquellos momentos de desesperaci&oacute;n y, sin embargo, que cerca en el tiempo de la memoria. Grabados con el punz&oacute;n de la desdicha, a la deriva, a las puertas de ese adi&oacute;s definitivo que parec&iacute;a irremediable e inmediato. Y la certidumbre de un final lento y despiadado. Desde entonces todo parec&iacute;a haber adquirido un valor extraordinario. En especial las peque&ntilde;as cosas, los detalles inocuos, los suspiros liberados, los sue&ntilde;os abrigados, las ilusiones alimentadas, los buenos d&iacute;as, las buenas tardes. Las sonrisas regaladas, los susurros compartidos, los abrazos dados y lo que a&uacute;n estaban por darse. Las buenas noches, los besos amelados, el olor de la canela o los amores no olvidados. 
    </p><p class="article-text">
        	Y a&uacute;n habr&iacute;an de llegar otros instantes que se detienen en una suerte de halo incierto. Cu&aacute;ntos momentos de incertidumbre en aquellos tiempos de inmigraci&oacute;n, conduciendo un cami&oacute;n hasta las costas del Pac&iacute;fico. Dorm&iacute;a en la cabina en &aacute;reas de servicio, alguna noche en medio de la nada. En alg&uacute;n momento su sue&ntilde;o se vi&oacute; interrumpido por un estruendo. Su cami&oacute;n estaba siendo asaltado. Me lo cuenta como quien narra un cuento. Sin aspavientos ni aires de h&eacute;roe. Con la misma serenidad con la que da los buenos d&iacute;as. A esa hora, temprana o tarde, en la que los sem&aacute;foros iluminan las calles vac&iacute;as. Le hicieron tumbarse boca abajo. Acaso en un ef&iacute;mero instante sinti&oacute; la certidumbre de la muerte.&nbsp;&nbsp;	
    </p><p class="article-text">
        	Su historia dur&oacute; el caf&eacute;, guardando cap&iacute;tulos y secretos. A buen seguro emociones que permanecen en ese oscuro guardarropa que es la memoria.Seguimos encontr&aacute;ndonos, cruzando nuestras sombras. Y as&iacute; habr&iacute;a de ser en los d&iacute;as siguientes, y en las semanas que siguieron. Y aquel &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo; inocente y espont&aacute;neo pas&oacute; sin pretenderlo a un saludo amigable. &ldquo;Buenos d&iacute;as don Mauro&rdquo;. &ldquo;Buenos d&iacute;as, Eduardo&rdquo;. &nbsp;&nbsp;
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                Ángel de Luz.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        	Y lleg&oacute; diciembre. Y bajaron los &aacute;ngeles en trajes dorados a sonar sus trompetas.&nbsp;Y una alfombra de l&aacute;grimas congeladas se reflejaban en los escaparates vestidos de mu&eacute;rdago y pascuas, espumill&oacute;n y guirnaldas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Y aquellos encuentros se repitieron, con la serenidad de quien siente alimentar algo que merece la pena. Advirtiendo los brotes de una semilla que tantas veces pasa de largo. Sin saberlo, sin advertirlo, inconscientes de lo que transcurre tan cerca, pendientes de aquello que se encuentra tan lejos. Ignorando lo inmediato, lo m&aacute;s cotidiano para elevar a los altares lo ajeno, lo ef&iacute;mero. Y, sin embargo, aquel &iexcl;Buenos d&iacute;as! Nacido de entre las sombras, fue adquiriendo un cuerpo casi tangible hasta convertirse en algo necesario, como es necesario ese encuentro, en esa calle, en ese punto a esa hora, temprana o tarde, en que los sem&aacute;foros iluminan las calles vac&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        	Ek 9 de diciembre don Mauro no apareci&oacute;. Lo ech&eacute; de menos. Le extra&ntilde;e. Sent&iacute; un vac&iacute;o que enseguida se llen&oacute; de preguntas, de dudas, de temores inciertos que son los m&aacute;s fuertes e intensos. Mir&eacute; hacia atr&aacute;s, mir&eacute; en todas direcciones. En las calles solo el reflejo de las l&aacute;grimas congeladas, de los &aacute;ngeles soplando sus trompetas, solo el reflejo de los escaparates que devolv&iacute;an las luces de los &aacute;ngeles y las trompetas. Y un milagro abrig&oacute; la desaz&oacute;n del instante. Dicen, que compartir este cuento, convencer de esta historia, hace que, en otras calles, en otros puntos a todas las horas, tempranas o tarde, las sombras en silencio comienzan a despertar para ofrecer un &iexcl;Buenos d&iacute;as! Como el que cada ma&ntilde;ana sigo compartiendo con don Mauro. Y que de ello comienzan a nacer historias. Y que las sombras dejan de serlo para tomar formas, rostros, pensamientos...dicen, que compartir esta historia devuelve de las sombras las vidas que han transcurrido de paso. Dicen, que los perfiles toman cuerpo, que los andares se detienen, que del silencio surge el aroma del caf&eacute; compartido para contar historias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	A don Mauro &lsquo;Perico&rsquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Gracias por el regalo de tropezarnos sin querer, por saludarnos sin pretenderlo, por compartir sin esperar nada a cambio. &iexcl;Buenos d&iacute;as, siempre!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuento-navidad-buenos-dias_129_12866304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 09:32:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuento de Navidad ¡Buenos días!]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Mirar dentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/mirar_129_12597564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/584bef65-0e04-43a5-848a-39bed9c5ff50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirar dentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Por la magia de descubrirte. Por la paz de desnudarme</p></div><p class="article-text">
           Siente el dolor ajeno y emp&aacute;pate de mis l&aacute;grimas. Du&eacute;rmete sin querer para so&ntilde;ar conmigo. Sus&uacute;rrame tus miedos y compartir&eacute; contigo mis penas. T&oacute;came para abrazarme y responder&eacute; con mis sentidos. Habla, dibuja, r&iacute;e y llora. Escupe, ladra, cierra los ojos y m&iacute;rame. Dime sin palabras y estar&eacute; cuando no me encuentres. No me preguntes y te responder&eacute;. Cuando no me pidas te doy. Te dar&eacute; cuando no me pidas. &nbsp;Porque me das sin esperar y sin esperarte siempre llegas. Sin acuerdos ni recuerdos. Solo en la memoria los instantes compartidos. Cuando no se mide, cuando no se calla. Sin juzgarnos ni cuestionarnos, solo entendi&eacute;ndonos. V&iacute;stete con mis ropas, siente mi vac&iacute;o y ll&eacute;name. Cuando todo se advierte en el incontestable momento en el que dos miradas se cruzan. Y sobran las palabras. Por la magia de descubrirte. Por la paz de desnudarme. Gracias por encontrarnos, gracias por compartirnos. Sin elegirnos ni cuestionarnos. Solo entendernos, que estamos hechos de lo mismo. 
    </p><p class="article-text">
        	Y as&iacute;, al lado, caminaremos descalzos por el pedregoso camino de la tristeza. Desabrigados al viento de la incertidumbre. Dispuestos a re&iacute;r, dispuestos a llorar, decididos a compartir, convencidos de caminar. Sin rumbo, sin ruta. &nbsp;Ni br&uacute;jula ni astrolabio. Sin temor al adjetivo, sin miedo a la culpa. Al son de las notas que lleguen bailaremos sin seguir el paso. Tropezando y llorando, levantando y riendo. Siempre compartiendo lo que solo se aprecia cuando ya te has ido. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias por encontrarnos, gracias por entendernos. Me querr&aacute;s y te quiero, sin otro af&aacute;n que tenernos. De tenernos cuando no estemos. De estar cuando sea necesario. &iexcl;Conozc&aacute;monos para entendernos! &iexcl;Entend&aacute;monos para querernos! 
    </p><p class="article-text">
        Para alguien que se fue sin haber marchado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/mirar_129_12597564.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Sep 2025 08:55:28 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[80 años de la liberación del campo de concentración y exterminio de Mauthausen-Gusen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/80-anos-liberacion-campo-concentracion-exterminio-mauthausen-gusen_129_12270241.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9dc054e5-7d8f-4a7e-b68b-e11cfe8bea9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="80 años de la liberación del campo de concentración y exterminio de Mauthausen-Gusen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - De entre las cerca de 200.000 personas deportadas, medio centenar de canarios sufrieron los horrores de Mauthausen</p></div><p class="article-text">
        El 5 de mayo de 1945, a eso de las 09.30 horas, un rugido fue creciendo en medio del silencio alimentado por la muerte. Era el motor de los tanques aliados que se acercaban al campo de concentraci&oacute;n de Mauthausen (Austria). El infierno apagaba sus llamas. Como en el momento de la liberaci&oacute;n del resto de los campos de exterminio nazis, los presos de Mauthausen experimentaron una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de irrealidad. La muerte, sin embargo, continu&oacute; acechando a los maltrechos cuerpos castigados por la inanici&oacute;n, el trabajo extenuante y las enfermedades. Muchos morir&iacute;an en los d&iacute;as siguientes a la liberaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as previos algo intangible se advert&iacute;a entre los muros de Mauthausen. Los rumores entre los presos, el comportamiento de los guardias, el sonido de las bombas, cada vez m&aacute;s cercanas&hellip; <em>Para los que segu&iacute;amos vivos, el tiempo flu&iacute;a lentamente, con un sordo y constante rumor de bombas que cada vez se o&iacute;an m&aacute;s cerca (&hellip;) los pocos soldados que quedaban ya, ante la falta de alimentos, decidieron matar dos caballos, cuyos cuerpos inertes depositaron no muy lejos de donde se amontonaban los cad&aacute;veres de nuestros compa&ntilde;eros. Fue horrendo observar c&oacute;mo aquellos animales fueron devorados a mordiscos por hombres, en aquel momento convertidos por el hambre en verdaderas fieras. Aquel pavoroso espect&aacute;culo, indescriptible por su dureza, ha despertado tan n&iacute;tido en mi memoria que me parece estar vi&eacute;ndolo de nuevo, apoyado en el muro de mi barraca, hastiado de tanta crueldad y con un inmenso sentimiento de tristeza. Cu&aacute;ntas cosas terribles tuve que presenciar y cu&aacute;ntas cosas, aun queriendo, no he podido olvidar. </em>(Mauthausen, memorias de Alfonso Maeso, editorial CR&Iacute;TICA, mayo 2016, p&aacute;ginas 109 a 111).
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            <span class="title">
                El campo de concentración y exterminio de Mauthausen se conocería por el trabajo en su cantera de granito y aquella escalera mortal de 186 escalones que condenó a la muerte a quienes allí fueron destinados a un trabajo esclavo.                            </span>
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        Mauthausen fue solo uno de los incontables campos de exterminio con los que el nacionalsocialismo sembr&oacute; Europa durante la II Guerra Mundial. Millones de personas padecieron el horror del fanatismo y el adoctrinamiento. Nunca en la historia de la humanidad se produjo una industrializaci&oacute;n de la muerte como en aquellos a&ntilde;os. El Holocausto o <em>Shoah</em>,&nbsp;t&eacute;rminos que se utilizaron por primera vez para hacer referencia al exterminio planificado de los jud&iacute;os de Europa, fue solo el motor de arranque para un asesinato masivo de quienes, simplemente, pensaban diferente. Jud&iacute;os, gitanos, homosexuales, comunistas, socialdem&oacute;cratas&hellip; todos aquellos que no comulgaran con las ideas nacionalsocialistas fueron objetivo y v&iacute;ctimas del fanatismo nazi. Entre ellos muchos espa&ntilde;oles. Y entre aquellos espa&ntilde;oles medio centenar de canarios de islas como Lanzarote, Gran Canaria, La Gomera, Tenerife o La Palma.
    </p><p class="article-text">
        El campo de concentraci&oacute;n y exterminio de Mauthausen se conocer&iacute;a por el trabajo en su cantera de granito y aquella escalera mortal de 186 escalones que conden&oacute; a la muerte a quienes all&iacute; fueron destinados a un trabajo esclavo. Se calcula que una persona requer&iacute;a de unas tres mil calor&iacute;as diarias para soportar semejante esfuerzo. Los presos apenas recib&iacute;an mil calor&iacute;as a las que se acompa&ntilde;aban con malos tratos, torturas y humillaciones constantes. Muchos no lograron soportarlo y murieron o se suicidaron.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Este es un recuerdo nada agradable y que no puedo olvidar, pues all&iacute; trabaj&eacute; desde principios de 1941 hasta mediados de 1943. (&hellip;) Cuando empec&eacute; a trabajar hab&iacute;a mucha nieve. (&hellip;) Hasta en los peri&oacute;dicos, revistas y folletos que se publicaron sobre el campo de Mauthausen despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n se habl&oacute; de la famosa escalera de 186 pelda&ntilde;os. Cu&aacute;ntos garrotazos se pegaron all&iacute;&hellip;Hab&iacute;a que subirla deprisa, y deprisa. Los jud&iacute;os, que ten&iacute;an que hacerlo cargando las piedras, tem&iacute;an a estas escaleras como a la muerte. Los terribles gritos acompa&ntilde;ados de golpes y patadas, las piedras que se ca&iacute;an y her&iacute;an a otros, las cholas sin due&ntilde;o salpicadas por todos lados, hombres agotados que se sentaban en los escalones sin fuerzas, sangrando, llorando&hellip;Formaban un infierno, en aquellos d&iacute;as que nadie podr&aacute; olvidar y de los que fui testigo involuntario. (&hellip;) El grupo de 350 jud&iacute;os que sub&iacute;a las piedras por la escalera iba disminuyendo cada d&iacute;a, pues si al principio lo sufr&iacute;an a&uacute;n con algunas energ&iacute;as, pronto fueron desfalleciendo. Sin comer, ni beber y tan destrozados&hellip;, empezaron a caer enfermos y no pocos aparec&iacute;an muertos en la cama por la ma&ntilde;ana. </em>(Testimonio de Nacianceno Mata &lsquo;Memorias de un superviviente del holocausto nazi&rsquo;, editado por Gobierno de Canarias y Cabildo de La Palma. Febrero 2006. P&aacute;ginas 102 y 107 a 110).
    </p><p class="article-text">
        Historias de personas de nuestra tierra que combatieron en territorio peninsular. Como muchos otros espa&ntilde;oles su &uacute;nica posibilidad de sobrevivir a las represalias pas&oacute; por cruzar la frontera con Francia. Luego llegar&iacute;a la invasi&oacute;n del pa&iacute;s galo por las tropas nazis. Muchos de ellos se unieron a la resistencia, fueron capturados y enviados al campo de concentraci&oacute;n de Mauthausen.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Solo unos pocos sobrevivieron. El resto murió víctima de los malos tratos y las terribles condiciones del campo. Ahora, 80 años después de la liberación del campo de Mauthausen, es momento de volver a recordarles."
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            <span class="title">
                Solo unos pocos sobrevivieron. El resto murió víctima de los malos tratos y las terribles condiciones del campo. Ahora, 80 años después de la liberación del campo de Mauthausen, es momento de volver a recordarles.                            </span>
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        Solo unos pocos sobrevivieron. El resto muri&oacute; v&iacute;ctima de los malos tratos y las terribles condiciones del campo. Nacianceno y Orencio Mata, Francisco Afonso, Aniceto Duque, Rafael Mart&iacute;n, Antonio Ramos, Domingo Cedr&eacute;s, Miguel Santana, Rub&eacute;n Tabares&hellip; son solo algunos de sus nombres de entre otros canarios que tambi&eacute;n padecieron el infierno en la Tierra. De lugares como Garaf&iacute;a, Los Silos, Hermigua, Las Palmas de Gran Canaria, Santa &Uacute;rsula, Santa Cruz de Tenerife, San Juan de la Rambla, Tijarafe, Arrecife, G&aacute;ldar, Har&iacute;a o Santa Cruz de La Palma&hellip; poco importa el lugar, menos a&uacute;n el orden. Eran canarios a los que el destino reserv&oacute; el m&aacute;s amargo papel de uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s devastadores de la humanidad. Si murieron o sobrevivieron, no hace diferencia de su condici&oacute;n de v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, 80 a&ntilde;os despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n del campo de Mauthausen, es momento de volver a recordarles. La extraordinaria situaci&oacute;n de Alarma derivada de la crisis sanitaria internacional, ha impedido hacerlo como se merecen y como estaba previsto. Pero el sufrimiento que padecieron lo requiere. Y la memoria es el ejercicio que nos corresponde a las generaciones que hoy debemos recoger el testigo de quienes sobrevivieron para dejar testimonio <em>&ldquo;porque nadie lo creer&iacute;a&rdquo;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ninguna razón justifica el sufrimiento del que fueron víctimas por el solo hecho de ser o pensar de manera diferente."
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                Ninguna razón justifica el sufrimiento del que fueron víctimas por el solo hecho de ser o pensar de manera diferente.                            </span>
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        Hoy, ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s, vuelven a escucharse algunos discursos que se parecen mucho a los que dieron origen a la mayor barbarie cometida por seres humanos contra otros seres humanos. Sirvan estas l&iacute;neas como un discreto recuerdo a la memoria de esos canarios que padecieron uno de los mayores horrores de los que ha sido capaz el ser humano. Poco importa su ideolog&iacute;a, condici&oacute;n o credo. Ninguna raz&oacute;n justifica el sufrimiento del que fueron v&iacute;ctimas por el solo hecho de ser o pensar de manera diferente. El autoritarismo, la identidad, la bandera, la raza o la religi&oacute;n son los argumentos que, todav&iacute;a hoy, setenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, siguen siendo utilizados para construir discursos que solo conducen al odio. La Historia nos avisa. Hoy, en su memoria, tenemos la oportunidad de recoger el testigo, recordarlos para no olvidar su historia y que su sufrimiento no resulte en vano. <em>&ldquo;Ha sucedido, y por consiguiente, puede volver a suceder&rdquo;</em><em><strong> </strong></em>(Primo Levi, superviviente de Auschwitz).
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En memoria de los canarios de Mauthausen-Gusen (1945-2025)
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s informaci&oacute;n en &lsquo;186 escalones, en memoria de los canarios de Mauthausen&rsquo;, editorial LeCanarien Ediciones
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/80-anos-liberacion-campo-concentracion-exterminio-mauthausen-gusen_129_12270241.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 May 2025 08:39:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[80 años de la liberación del campo de concentración y exterminio de Mauthausen-Gusen]]></media:title>
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      <title><![CDATA[80 años de desmemoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/80-anos-desmemoria_129_11995912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbba679b-0c2a-4e01-980c-d6564e552dd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="80 años de desmemoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Porque el Holocausto y los campos de exterminio no surgieron de pronto. Fue perfectamente diseñado, poco a poco, palabra a palabra</p></div><p class="article-text">
        El 27 de enero de 1945 las tropas sovi&eacute;ticas liberaban el campo de concentraci&oacute;n y exterminio de Auschwitz, en Cracovia (Polonia). Es la fecha establecida por la UNESCO desde 2005 para conmemorar el D&iacute;a Mundial en Memoria de las V&iacute;ctimas del Holocausto. Demasiado tiempo despu&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Entrada de Auschwitz II – Birkenau, campo anexo a Auschwitz I, donde se hacían las selecciones y se encontraban las cámaras de gas y los crematorios. (Foto E.C.C.)"
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                Entrada de Auschwitz II – Birkenau, campo anexo a Auschwitz I, donde se hacían las selecciones y se encontraban las cámaras de gas y los crematorios. (Foto E.C.C.)                            </span>
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        Fue la industrializaci&oacute;n de la muerte llevada a su m&aacute;xima expresi&oacute;n. Hasta tal punto alcanz&oacute; la barbaridad, que nadie crey&oacute; lo que ocurr&iacute;a en los campos hasta que finalmente fueron liberados. Conservar estos enclaves y su visita por centros educativos, recoger los testimonios de los supervivientes, as&iacute; como los Juicios de Nuremberg, los Juicios de Auschwitz y mucha literatura y cine que se han hecho eco de este cap&iacute;tulo de la historia, han permitido tomar conciencia de hasta d&oacute;nde es capaz el ser humano de llegar para infligir sufrimiento a otros seres humanos por una mera cuesti&oacute;n de identidad, religi&oacute;n, condici&oacute;n, nacionalidad o, sencillamente, por pensar diferente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y tambi&eacute;n hubo espa&ntilde;oles, canarios (algunos de ellos de La Palma) que sufrieron el horror de los campos de exterminio nazis. La Historia no nos resulta ajena, formamos parte de ella.
    </p><p class="article-text">
        Y conocer la historia nos puede salvar de repetirla. Aun siendo necesario transitar por caminos inc&oacute;modos. Porque nuestra naturaleza nos empuja a huir de aquello que no nos despierta buenas emociones. Pero es esa misma naturaleza que nos hace humanos la que nos ofrece la posibilidad de asomarnos a esas tinieblas para entender c&oacute;mo somos. Y no puedo eludir recordar a Philip Zimbardo, autor de &lsquo;El efecto lucifer&rsquo; y quien llev&oacute; a cabo el denominado Proyecto Standford. En su calidad de psic&oacute;logo trat&oacute; de explicar c&oacute;mo fue posible que seres humanos fuesen capaces de infligir tanto sufrimiento y tan gratuito a otros seres humanos. La conclusi&oacute;n, aunque dif&iacute;cil de aceptar, es sencilla: <em>&ldquo;cualquier persona normal </em>(t&uacute; y yo)<em> podemos convertirnos en monstruos si se dan las circunstancias adecuadas&rdquo;</em>. Y esas <em>&ldquo;circunstancias adecuadas&rdquo;</em> se construyen. Y se construyen con discursos que siembran el conflicto, la diferencia, el rencor, la sed de revancha primero, de venganza despu&eacute;s. Esas circunstancias se construyen utilizando las palabras para sembrar el odio hacia otros seres humanos. Primero deshumaniz&aacute;ndolos (los nazis lograron que todo un pueblo viera en la comunidad jud&iacute;a a subhumanos, a las personas con discapacidad como vidas que no merec&iacute;an ser vividas), los nazis lo lograron. Y ya sabemos c&oacute;mo termin&oacute;. El odio es una emoci&oacute;n muy poderosa.
    </p><p class="article-text">
        Y la primera responsabilidad de esos discursos est&aacute; en manos de quienes ostentan cargos p&uacute;blicos, quienes representan siglas pol&iacute;ticas, cualesquiera que sean. Porque en el ejercicio del cargo hay tambi&eacute;n una representaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n, muy por encima de la que se empe&ntilde;an en defender incondicionalmente del propio partido. Hay una responsabilidad. Porque han elegido el ejercicio de la pol&iacute;tica como servicio p&uacute;blico apelando a valores como la democracia o la libertad (analicemos esos t&eacute;rminos para entender qu&eacute; discursos no caben ni deben ser aceptados, as&iacute; como los riesgos que supone tolerarlos o no darles la importancia que realmente tienen). Ya ha sucedido antes. Y en esa dedicaci&oacute;n maravillosa que es conducir a una sociedad hacia un futuro mejor, tienen tambi&eacute;n en sus manos el enorme peso de la responsabilidad de sus decisiones&hellip; pero tambi&eacute;n la del efecto de sus palabras, de las que eligen y del tono que eligen al pronunciarlas. Porque su mensaje cala. Y lo saben, por eso lo utilizan. Cal&oacute; tambi&eacute;n entonces, cuando desde el final de la I Guerra Mundial un pueblo se vio sumido en la necesidad y el hambre. Surgi&oacute; una fuerza que les dio lo que quer&iacute;an o&iacute;r. Quiz&aacute;s lo que necesitaban o&iacute;r. Surgi&oacute; el tono en el que se pronunciaron aquellas palabras de exaltaci&oacute;n y no de calma. Se se&ntilde;al&oacute; a un colectivo como responsable de todos los males. No import&oacute;, nadie se lo pregunt&oacute;, cu&aacute;ntos de ellos dieron sus vidas vistiendo el uniforme del ej&eacute;rcito alem&aacute;n en la Gran Guerra. Era necesario un culpable. Y el movimiento triunf&oacute;. Y es necesario recordar que lo hizo democr&aacute;ticamente, porque no podemos olvidar que el Partido Nacional Socialista lleg&oacute; al poder leg&iacute;timamente, votado por el pueblo. Ojo, la historia nos avisa. Y esa poderosa emoci&oacute;n que es el odio pronto se extendi&oacute; a otros colectivos. Y es necesario recordar tambi&eacute;n que ning&uacute;n pueblo hereda culpas de las generaciones anteriores. Porque todos los alemanes no fueron nazis. Ni todos los nazis fueron alemanes. Hubo nazis lituanos, h&uacute;ngaros, franceses, italianos, austr&iacute;acos, espa&ntilde;oles&hellip; el poder de la palabra es incuestionable, m&aacute;s a&uacute;n cuando quienes las reciben en forma de mensaje tampoco las cuestionan.&nbsp;Y esa es la responsabilidad que tenemos.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas personas de entonces no contaron con las herramientas que les hicieran advertir las se&ntilde;ales de alarma. Porque el Holocausto y los campos de exterminio no surgieron de pronto. Fue perfectamente dise&ntilde;ado, poco a poco, palabra a palabra. Y, sin embargo, nada hac&iacute;a siquiera intuir los trenes de ganado hacinados de subhumanos, las filas de personas indefensas que, sin saberlo, dirig&iacute;an sus pasos hacia una muerte horrible, en masa, en c&aacute;maras de gas dise&ntilde;adas para ese fin, para el exterminio de otros seres humanos.
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                    alt="Montaña de zapatos en Auschwitz I. Cada par de esos zapatos fueron calzados por personas inocentes que, como tú y como yo, tuvieron su infancia, sus sueños, sus ilusiones de una vida mejor y plena...para terminar injustamente asesinados en una macabra industria diseñada para exterminar seres humanos. Es solo una de las muchas imágenes que resultan del odio. (Foto E.C.C.)"
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                Montaña de zapatos en Auschwitz I. Cada par de esos zapatos fueron calzados por personas inocentes que, como tú y como yo, tuvieron su infancia, sus sueños, sus ilusiones de una vida mejor y plena...para terminar injustamente asesinados en una macabra industria diseñada para exterminar seres humanos. Es solo una de las muchas imágenes que resultan del odio. (Foto E.C.C.)                            </span>
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        Hoy s&iacute; tenemos esas referencias, tenemos la historia que nos avisa. Por eso es tan importante contarla, y contarla tal y como sucedi&oacute;, sin artificios ni verg&uuml;enzas. Con sus luces y sus sombras. Tambi&eacute;n la nuestra. Es necesario. Solo as&iacute; podremos transmitir a las generaciones venideras el aviso de lo que somos capaces de hacer si nos dejamos llevar por la semilla del odio. Lo dijo Primo Levi: <em>&ldquo;ya ha sucedido y, por lo tanto, puede volver a suceder&rdquo;</em>. Es necesario recordar ahora el conflicto de los Balcanes a principios de los a&ntilde;os 90, el exterminio entre hutus y tutsis en Sierra Leona o los rohiny&aacute;s &nbsp;en Myanmar (antigua Birmania) &hellip; el odio es una emoci&oacute;n muy poderosa.
    </p><p class="article-text">
        Fechas como la del 27 de enero es, por tanto, una oportunidad para recordar, para no olvidar, para reivindicar a quienes lucharon contra todo pron&oacute;stico por sobrevivir para poder contarle al mundo lo que sucedi&oacute; en los campos: Auschwitz-Birkenau, Chelmno, Sobibor, Treblinka, Shachsenhausen, Bergen-Belsen, Ravensbr&uuml;k, Dachau, Buchenwald, Shachsenhausen, Mauthausen&hellip; nombres conocidos por el horror de entre toda una amalgama de campos de los que el odio sembr&oacute; Europa. Las tinieblas del ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Aprovechemos la oportunidad que nos brinda la historia, no dejemos escapar la ocasi&oacute;n de mirar atr&aacute;s para contarla a quienes ma&ntilde;ana tendr&aacute;n en sus manos las decisiones y las palabras. Construyamos un ma&ntilde;ana en el que no quepa repetir el pasado. Construyamos personas que vean a otras personas, sin importar sus ideas, su raza, su credo, su condici&oacute;n sexual. Construyamos personas capaces de discrepar sin recurrir al rencor ni al odio. Tenemos la oportunidad que nos brinda conocer la Historia. Las v&iacute;ctimas de los campos de concentraci&oacute;n nazis no la tuvieron.
    </p><p class="article-text">
        Esta fecha, el d&iacute;a de hoy, me hace pensar que es posible. &iquest;Qu&eacute; sentido tendr&iacute;a si no? Porque hoy, en el a&ntilde;o en el que se cumplen 80 a&ntilde;os de la la liberaci&oacute;n del campo de concentraci&oacute;n de Auschwitz, quiz&aacute;s debamos detenernos y dedicar unos minutos a la reflexi&oacute;n. Tan solo unos minutos. Para asumir el prop&oacute;sito de no aceptar discursos de odio, de no tolerar una invitaci&oacute;n a odiar. Asumamos el compromiso de no comprar un futuro que no sea mejor que el que queda atr&aacute;s, para no repetir los errores y construir una comunidad en la que todas las personas sean iguales. Asumamos el compromiso de denunciar a quienes tergiversan la historia, a quienes hacen referencia a ella desconociendo la realidad documentada, aunque esas voces procedan de las siglas con las que comulgamos. No seamos part&iacute;cipes. Exijamos a quienes nos representan que tengan el rigor y la honestidad de la verdad que exige la libertad y la democracia para poder sentir que nos representan. Y actuemos tambi&eacute;n en consecuencia con nuestros actos, con nuestras palabras, con lo que participamos en nuestro entorno m&aacute;s inmediato. Hoy es un d&iacute;a para pensar. Pensemos pues qu&eacute; es lo que queremos para ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>	Eduardo Cabrera Capote</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/80-anos-desmemoria_129_11995912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jan 2025 10:32:40 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Día de concierto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/dia-concierto_129_11679674.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b514952-9a97-46ef-b2dc-50245ef15569_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día de concierto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - "Son como una manada de borregos que no saben apreciar esto. Como si fuera necesario o imprescindible dejar un testimonio de haber estado. No les basta con grabarlo en la memoria, no se dan cuenta que en la memoria queda para siempre. Deberían prohibir entrar esas mierdas, para que la gente disfrute lo que hay de verdad, sin artificios, sin pantallas. Si ni siquiera los colores serán los mismos que vemos ahora. Ni sonará igual como lo hace un directo. Nada es igual cuando entra en esas máquinas". Tal vez tenía razón</p></div><p class="article-text">
        Las pruebas de sonido hab&iacute;an comenzado y ya se advert&iacute;a que el evento despertar&iacute;a emociones. No era necesario el vestuario ni las luces para sentir las notas del saxo que se deslizaban en el aire. Unas manos recorr&iacute;an el teclado uniendo pulsaciones en una afinada melod&iacute;a y la percusi&oacute;n hac&iacute;a seguir el ritmo casi surgido de la nada bajo unas baquetas que desaparec&iacute;an en movimientos vertiginosos. La guitarra flirteaba entre las cuerdas y los trastes al son de un bajo que marcaba los graves en florituras inesperadas. La voz sonaba llegando a las copas de los &aacute;rboles y&nbsp;las paredes se vest&iacute;an de la m&uacute;sica que surg&iacute;a del conjunto sincronizado. Parada. Un retoque desde la mesa. Contin&uacute;a y descubro mi cuerpo siguiendo la magia que llena la atm&oacute;sfera en un mediod&iacute;a soleado.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco la gente va apareciendo cuando el reloj advierte del inicio inmediato. Se respira la excitaci&oacute;n y las expectativas. La banda sobre el escenario transmite la fuerza de un animal indomable. Arranca con fogonazos de focos y una bater&iacute;a que rompe la caja, el saxo grita lejos hasta extenuarse, la guitarra pellizca las notas m&aacute;s agudas, el bajo retumba y una voz se desgarra en un saludo que conmueve al p&uacute;blico. Lo dem&aacute;s transcurre sin descanso. Enlazando un tema con el siguiente en un juego de instrumentos que se coordinan perfectamente ensayados. La gente corea y canta las letras. Son conocidas, algunas m&iacute;ticas. Y en los corazones surgen instantes pasados que regresan con cada historia a otros momentos, con otras personas, en otros tiempos y lugares en los que aquellas mismas notas habr&iacute;an de quedarse para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Todo se llena, nada m&aacute;s tiene presencia. Solo la banda sobre el escenario y la gente movi&eacute;ndose en una marea sincronizada de cuerpos balance&aacute;ndose, alzando los brazos y coreando estribillos. Es un contagio masivo de emociones comunes. Entonces surgen, evitables pero irrenunciables, manos que se alzan sujetando pantallas para inmortalizar el momento, para compartirlo lejos, con otras personas que no est&aacute;n aqu&iacute; y que no forman esa marea de cuerpos. Acaso para guardar un recuerdo que no se asemejar&aacute; al que permanezca en la memoria. La pantalla secuestra la imagen y los sonidos. Los olores desaparecen y la energ&iacute;a que flota en el aire se evapora en una grabaci&oacute;n que no podr&aacute; explicar sensaciones. Mientras tanto, &nbsp;el espect&aacute;culo contin&uacute;a m&aacute;s all&aacute;, en otro plano, fuera de la visi&oacute;n que se concentra en &nbsp;mantener la imagen n&iacute;tida y sostenida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En la imagen, momento del concierto de tributo a Queen en Santa Cruz de La Palma. Foto E.C.C."
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                En la imagen, momento del concierto de tributo a Queen en Santa Cruz de La Palma. Foto E.C.C.                            </span>
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        &ldquo;Parece mentira que se pierdan algo as&iacute; grabando en lugar de disfrutarlo&rdquo;. Alguien a mi lado me habla acerc&aacute;ndose a mi o&iacute;do. Tiene que elevar la voz porque el sonido es muy alto. Asiento con la cabeza mientras doy un sorbo de cerveza. &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; querr&aacute;n guardar eso? &iquest;Para verlo dentro de cinco a&ntilde;os? Si es que lo ven. Que igual ah&iacute; les queda para nada&rdquo;. Asiento con la cabeza. &ldquo;O para compartirlo vete t&uacute; a saber con qui&eacute;n. Que si alguien no est&aacute;, pues que se joda. Pero te lo est&aacute;s perdiendo. Te pierdes todo. Te pierdes la esencia, las vibraciones de los altavoces, la emoci&oacute;n que se puede sentir en el ambiente, el calor de la gente&hellip;nada de eso queda grabado. No entiendo entonces para qu&eacute;&rdquo;. Asiento con la cabeza. &ldquo;Esto es un ocasi&oacute;n &uacute;nica. Es un lujo. Escucha c&oacute;mo suena, siente c&oacute;mo se respira en el aire&hellip;&rdquo; (Me giro hacia &eacute;l y le veo levantar la barbilla mientras cierra los ojos tratando de sentir sus propias palabras). Doy un trago de cerveza y regreso al concierto. &ldquo;Son como una manada de borregos que no saben apreciar esto. Como si fuera necesario o imprescindible dejar un testimonio de haber estado. No les basta con grabarlo en la memoria, no se dan cuenta que en la memoria queda para siempre. Deber&iacute;an prohibir entrar esas mierdas, para que la gente disfrute lo que hay de verdad, sin artificios, sin pantallas. Si ni siquiera los colores ser&aacute;n los mismos que vemos ahora. Ni sonar&aacute; igual como lo hace un directo. Nada es igual cuando entra en esas m&aacute;quinas. Nada puede serlo m&aacute;s que sentirlo de verdad, empaparte, dejarte llevar y volar con cada nota, con cada instrumento. Porque lo grabado lo puedes replicar una y mil veces. El directo es una sola vez, un momento &uacute;nico e irrepetible, porque el siguiente ser&aacute; otro distinto, aunque toquen los mismos temas. Ser&aacute; otro momento, ser&aacute; de otra manera. Y todo eso se lo pierden estas mentes enfermas que no atienden a la oportunidad que tenemos ahora. Porque pasa, pasa y no vuelve. Y se arrepentir&aacute;n, seguro. Seguro que se arrepentir&aacute;n. &iquest;Por qu&eacute; perd&iacute; el tiempo en lugar de disfrutarlo, de absorberlo, sentirlo para recordarlo todo, tal y como fue, en cada instante, con cada canci&oacute;n y cada acorde? &iquest;Por qu&eacute; no me dej&eacute; cegar por los fogonazos de colores mientras mi pecho vibraba con los graves? Pero ya ser&aacute; tarde. Haberlo pensado antes. El arrepentimiento siempre llega tarde y estos momentos son ef&iacute;meros, se van. Se van y no vuelven. Hay que aprovecharlos porque se van. No tiene sentido perderlos mirando una pantalla cuando justo detr&aacute;s est&aacute; sucediendo algo &uacute;nico, real e irrepetible. No tiene sentido&hellip;&rdquo;. Asiento con la cabeza. Dirijo la mirada al escenario. Apuro el &uacute;ltimo trago de cerveza. El concierto ha terminado.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eduardo Cabrera Capote</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/dia-concierto_129_11679674.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Sep 2024 20:29:03 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La vida se muere]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/vida-muere_129_10525846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69d22095-b7ab-44a9-ae16-061b310b7846_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida se muere"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Lo que la naturaleza no se llevó, va desapareciendo en decisiones políticas que no miden las consecuencias del corto plazo. En eso cotidiano que pretende continuar, surgen murallas que nacen de la carencia de entender lo que es la calle</p></div><p class="article-text">
        Quienes me conocen sabr&aacute;n interpretar estas l&iacute;neas. Quienes no, pueden preguntar en esos entornos cotidianos. Y en conversaciones de distancias cortas afloran los detalles que se esconden en las trastiendas. Lejos de la decoraci&oacute;n del escaparate ornamentado.
    </p><p class="article-text">
        Lo que la naturaleza no se llev&oacute;, va desapareciendo en decisiones pol&iacute;ticas que no miden las consecuencias del corto plazo. En eso cotidiano que pretende continuar, surgen murallas que nacen de la carencia de entender lo que es la calle. La calle es para parar, encontrarse, tropezarse o quedar para llorar o re&iacute;r, pero siempre para compartir esos momentos de consuelo que nos deja la rutina y las obligaciones.
    </p><p class="article-text">
        Esos lugares han existido siempre formando parte de una esencia y un entender la vida. Cuevas, templos, rincones... puntos de encuentro en los que descargar las frustraciones, los miedos, las preocupaciones. Tambi&eacute;n circos de celebraciones y alegr&iacute;as, de amores y romer&iacute;as. Son esos lugares en los que la confianza comparte la mesa, en los que la barra habla en susurros a ratos, a gritos en otros. Son espacios escuetos donde se baja la guardia. Donde todo o nada se tiene en cuenta ma&ntilde;ana. Que la dosis hace el veneno y del veneno surge el ant&iacute;doto.
    </p><p class="article-text">
        Son lugares no prescindibles porque sanan las almas, alegran los corazones, se reparten las penas y las risas se ofrecen sin pedir nada a cambio. Y, sin embargo, son lugares que atisban su propia extinci&oacute;n. Incapaces de hallar quienes ofrezcan los ef&iacute;meros elixires. Quienes me conocen me saben de esos templos en los que se habla y se escucha, se comparte y se difiere. Tambi&eacute;n se oye sin la obligaci&oacute;n del aplauso. Y se comparte esa percepci&oacute;n general de que el final puede estar cerca para muchos de ellos. Esos lugares de reuniones improvisadas, de citas no preparadas, cuando a la salida del trabajo acudimos en las primeras horas que atraviesan el mediod&iacute;a del viernes. Con el ansia de abrir el par&eacute;ntesis entre gente que no se distingue, porque ah&iacute; y entonces, son iguales. Interventores, abogadas, uniformes blancos de los servicios sociales, operarios del ayuntamiento, repartidores, maestras, agricultores y aut&oacute;nomas, mec&aacute;nicos con experiencia... que pocos son los cargos que por ah&iacute; asoman m&aacute;s all&aacute; de la campa&ntilde;a pertinente.
    </p><p class="article-text">
        Desde los despachos, tan lejos de las calles, corre el af&aacute;n de lo inmediato y ah&iacute; que, sin margen para dise&ntilde;arlo, replican algo ordinario. Un Plan de Empleo Extraordinario, que lleva en ello la Formaci&oacute;n. Y as&iacute; personas con formaci&oacute;n, hallan en esta f&oacute;rmula la mejor opci&oacute;n. Ese compromiso diario, de lunes a viernes en un buen horario (de 8h a 15h), que adem&aacute;s de con buen salario, no siempre se est&aacute; vigilando. Que hay que cumplir los plazos, que no los rige la producci&oacute;n de quien invierte. Que no hay inversi&oacute;n alguna, salvo un coste de dinero p&uacute;blico que basta con justificar sin necesidad de hacer balances. El efecto no es en absoluto un acierto. Quienes en r&eacute;gimen de aut&oacute;nomo no hallan personal, lo encontrar&aacute;n en ese Plan como una suerte de saco sin fondo donde siempre hay un rinc&oacute;n. Sin discriminaci&oacute;n de la necesidad verdadera, titulados en alg&uacute;n sector, profesionales con experiencia encuentran en ese Plan una buena ocasi&oacute;n. Las calles est&aacute;n vac&iacute;as. Las mismas calles que a las mismas horas tras la erupci&oacute;n, se empe&ntilde;aban en germinar tumultos.
    </p><p class="article-text">
        Esos lugares, esos templos, esos rincones han reducido primero su horario, los d&iacute;as de apertura despu&eacute;s y ya anuncian el traspaso, el cierre, la claudicaci&oacute;n. Incapaces de encontrar personal, incapaces de afrontar los costes. Y me consta, de los que hablo, son lugares que pagan bien. Cuando la calle haya muerto, habr&aacute; perecido el rinc&oacute;n que, a pesar de todo el dolor, luchando contra corriente, sobrevivieron a una erupci&oacute;n. Incapaces, sin embargo, se salvar esos obst&aacute;culos que, sin intenci&oacute;n como sin pensarlo, nacieron en los despachos. Tan lejos de la calle que no se escuchan las tertulias del barrio.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a. Que llegue m&aacute;s tarde si puede. Pero no volver&aacute; a ser lo mismo. Porque la atm&oacute;sfera que se alimenta de los a&ntilde;os tendr&aacute; que empezar de cero. Elegiremos otros lugares, acaso insistiremos en los de antes, nos encontraremos con otras gentes y habr&aacute; que iniciar de nuevo aquello que se neg&oacute; a morir y, sin embargo, lo mataron. Y a las cr&iacute;ticas por esta apolog&iacute;a, miremos tambi&eacute;n los hoteles sin personal, la alternativa en un sector primario que no es opci&oacute;n de un futuro extraordinario, las tiendas sostenidas con horarios m&aacute;s largos que los inventarios. Y la vida ser&aacute; diferente.
    </p><p class="article-text">
        Nos quedar&aacute; el recuerdo de aquellos rincones, de sus olores y conversaciones, de las gentes que frecuentaban (enti&eacute;ndase el tiempo pret&eacute;rito), los sabores particulares, los colores en las paredes... mientras s&iacute; permanecer&aacute;n los lugares donde se encuentran quienes, en sus decisiones cerraron los nuestros. Poco importa pues no se comparten. Y lo que no se comparte, no se vive. Y lo que no se vive no puede amarse. Y amar es sentir, y los lugares donde el sentir se comparte se ven difuminarse. La vida se muere. Seguir&aacute; otra. Pero ser&aacute; otra. Diferente y con el sabor amargo y resentido de renunciar a lo de siempre.&nbsp;Eso que hab&iacute;a quedado al capricho de la naturaleza y que no puede sobrevivir a decisiones que son ajenas.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>	Eduardo Cabrera Capote</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/vida-muere_129_10525846.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Sep 2023 09:47:28 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Del fútbol y la emergencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/futbol-emergencia_129_9764553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90f53dfa-ec17-49ef-83ca-4f7e7537349e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del fútbol y la emergencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Será otra visita de un Ministerio, en este caso Cultura/ que ya será por la rima, acaso solo un misterio</p></div><p class="article-text">
        <em>En este d&iacute;a tan raro algo me invita a discernir,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y mira t&uacute; por donde, hasta el f&uacute;tbol me puede servir,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para entender y descubrir, c&oacute;mo lo m&aacute;s inmediato depende de verlas venir,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tanto y de tan lejos, que no nos vayamos a confundir,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que lo que aqu&iacute; nos proponemos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>desde otros campos lejanos, tienen que decidir.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Y si ayer en la pasi&oacute;n, convencidos de lo ordinario,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Resulta contra Jap&oacute;n, que sucede lo extraordinario</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y atendiendo a lo inmediato, resulta que en plena campa&ntilde;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pidiendo lo justo y necesario</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Miramos a tierras lejanas cantando el gol de Alemania</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Y no es el f&uacute;tbol lo m&aacute;s importante,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero es dibujo de aquello ordinario,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Desata pasiones y sinrazones</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Que no por vulgar, sino por cotidiano</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Lo mismo que en los despachos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que como ayer en el Mundial, mira desde otros campos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A ver qui&eacute;n mete ese gol, que compromisos son ya tantos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Que el tiempo sigue pasando</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mientras aqu&iacute; se queda el penacho</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Ser&aacute; otra visita de un Ministerio, en este caso Cultura</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Que ya ser&aacute; por la rima, acaso solo un misterio</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Que hoy me atrevo a hacer esto dejando claro que el resto,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>es solo cuesti&oacute;n de dinero,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y que en los tiempos de cada partido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Como en el f&uacute;tbol ayer el partido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El resultado no es el que toca, sino aquel que llega de lejos</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Y no tengo yo suerte en la rima,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que mi tiempo y mi esfuerzo me lleva</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero a ver si en el intento, algo de esto se arrima</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>All&aacute; donde todo se cuece, para ver si alguien se atreve</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Dejar esa lejan&iacute;a, en ese bucle tan cotidiano</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y entiende de esta emergencia lo real de lo extraordinario</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>	&nbsp;Eduardo Cabrera Capote</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/futbol-emergencia_129_9764553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Dec 2022 12:08:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del fútbol y la emergencia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[110 años de ‘El Dictamen’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/110-anos-dictamen_129_8266226.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fa29b9d-e7f3-4fe5-bdaf-54b9da36c8a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="110 años de ‘El Dictamen’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periódico se publicó en Santa Cruz de La Palma para reivindicar la autonomía administrativa de las islas menores</p><p class="subtitle">Un viaje en el tiempo a través de una de las joyas que se conserva en los archivos de la Sociedad La Cosmológica</p></div><p class="article-text">
        El 7 de septiembre de 1911 sali&oacute; a la calle &lsquo;El Dictamen&rsquo;, un peri&oacute;dico con un esp&iacute;ritu reivindicativo como &ldquo;Peri&oacute;dico defensor de los derechos de La Palma y las islas menores&rdquo;, tal y como se lee en su primer n&uacute;mero bajo el nombre.&nbsp;Se public&oacute; en Santa Cruz de La Palma con car&aacute;cter semanal, los jueves. La suscripci&oacute;n ten&iacute;a entonces un coste de una peseta al mes para los lectores de La Palma y a 3,25 pesetas el trimestre para las suscripciones en pen&iacute;nsula y el extranjero. La redacci&oacute;n se encontraba en el n&uacute;mero 10 de la calle D&iacute;az Pimienta y la administraci&oacute;n se encontraba en la calle &Aacute;lvarez de Abreu n&uacute;mero 13.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;El Dictamen&rsquo; hac&iacute;a referencia al dictamen-proyecto que entonces el Gobierno de Espa&ntilde;a pon&iacute;a a debate sobre la administraci&oacute;n independiente de las islas no capitalinas. Un viaje en el tiempo para descubrir p&aacute;rrafos en aquel n&uacute;mero uno de la publicaci&oacute;n en los que se defend&iacute;a la libertad de prensa: <em>&ldquo;Ning&uacute;n partido, ning&uacute;n color acariciar&aacute; nuestra bandera. Ella tremolar&aacute; libre de toda influencia que menoscabe nuestro criterio, ni torcer pueda la recta que nos hemos propuesto recorrer&rdquo;.</em> M&aacute;s all&aacute; del contenido pol&iacute;tico, ideol&oacute;gico o las reivindicaciones que nos muestran la situaci&oacute;n de aquella &eacute;poca, resulta llamativo el lenguaje, literario y casi po&eacute;tico, con el que se escrib&iacute;a en la prensa a principios del siglo XX y en contraste con el lenguaje llano que se utiliza m&aacute;s de cien a&ntilde;os despu&eacute;s. La acentuaci&oacute;n de las vocales sueltas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La lectura de El Dictamen en pleno siglo XXI nos regala la oportunidad de conocer las situaciones de las islas no capitalinas en aquellos primeros a&ntilde;os del XX. En uno de los p&aacute;rrafos explica c&oacute;mo La Palma se enfrentaba a una situaci&oacute;n de desigualdad frente a la isla de Tenerife a cuyos gobernantes acusaba de adeudar importantes cantidades de dinero para la &eacute;poca, <em>&ldquo;&hellip;adeudando &aacute; nuestro Hospital de Dolores, m&aacute;s de cien mil pesetas sin pagarle jam&aacute;s su asignaci&oacute;n, qued&aacute;ndose Tenerife con unas cuarenta mil pesetas anuales, solamente de La Palma&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qu&eacute; es lo que se planteaba conceder a La Palma y al resto de isla menores en aquel a&ntilde;o de 1911? El Dictamen recog&iacute;a, entre otras concesiones, un Cabildo Insular, una Delegaci&oacute;n del Gobierno Civil, una Oficina auxiliar de Obras P&uacute;blicas, una Oficina auxiliar del distrito forestal, entre otras. A pesar de todo ello, La Palma ped&iacute;a m&aacute;s, una independencia econ&oacute;mica para su gestionarse administrativamente.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n en otras islas menores no era diferente: <em>&ldquo;Una isla hermana, El Hierro, atraviesa por un aflictivo per&iacute;odo de honda y paborosa [sic] crisis econ&oacute;mica. La escasez de agua (&hellip;) la falta de trabajo y la carencia absoluta de obras donde emplear tantos brazos que hoy permanecen en obligada inercia; la perdici&oacute;n de las cosechas, l&oacute;gica consecuencia de la falta de riegos (&hellip;) han colocado &aacute; aquel pedazo de tierra espa&ntilde;ola, en una situaci&oacute;n realmente lamentable, y&nbsp;por dem&aacute;s desgraciada&rdquo;</em>. Y en el mismo p&aacute;rrafo se&ntilde;ala a estas consecuencias y a la falta de atenci&oacute;n a las demandas como las causas de una migraci&oacute;n obligada en busca de una vida mejor. Es en este momento en el que nos fijamos en la publicidad que acompa&ntilde;a a los art&iacute;culos de El Dictamen. Entre ellos encontramos una presencia constante de las rutas de barcos de vapor en las diferentes rutas pero, y siendo interesante esta circunstancia que nos devuelve a aquellos d&iacute;as, destaca uno en concreto en el que se anuncia la salida, el 19 de septiembre de 1911, del vapor Manuel Calvo. En ese anuncio se hace especial referencia a <em>&ldquo;amplios y c&oacute;modos departamentos, construidos expresamente para pasajeros de 3&ordf; clase&rdquo;</em>. Expresamente para pasajeros de tercera clase. Hoy ser&iacute;a de esperar la promoci&oacute;n de camarotes de primera, VIP, de lujo y con todas las comodidades para personas de un alto poder adquisitivo. Entonces no. El anuncio nos dibuja una realidad de pobreza extrema donde son las personas m&aacute;s pobres las que necesitan embarcar para huir de esa situaci&oacute;n de miseria y hambruna hasta el punto de construir &lsquo;departamentos&rsquo; expresamente dise&ntilde;ados.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;El Dictamen&rsquo; es una de las muchas joyas que hoy se conservan en los archivos de la Sociedad La Cosmol&oacute;gica, un lugar que parece congelar el tiempo y nos brinda la posibilidad de viajar al pasado para conocer nuestra propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a Rosa Aguado, responsable del Fondo Moderno de la Sociedad La Cosmol&oacute;gica, por su amabilidad y dedicaci&oacute;n contagiando ese entusiasmo por la Historia que convierten la visita a La Cosmol&oacute;gica en toda una experiencia m&aacute;s que recomendable. Muchas gracias.
    </p><p class="article-text">
        Para seguir leyendo y acceder a m&aacute;s fotograf&iacute;as: <a href="http://www.elhorrorvacui.wordpress.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.elhorrorvacui.wordpress.com</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/110-anos-dictamen_129_8266226.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Sep 2021 10:29:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[110 años de ‘El Dictamen’]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[75 años de la liberación del campo de concentración y exterminio de Mauthausen-Gusen (5 mayo 1945 – 5 mayo 2020)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/liberacion-concentracion-exterminio-mauthausen-gusen-mayo_132_5956629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre las cerca de 200 mil personas deportadas, al menos 42 canarios (nueve palmeros) sufrieron los horrores de Mauthausen</p></div><p class="article-text">
        El 5 de mayo de 1945, a eso de las 9&rsquo;30 horas, un rugido fue creciendo en medio del silencio alimentado por la muerte. Era el motor de los tanques aliados que se acercaban al campo de concentraci&oacute;n de Mauthausen (Austria). El infierno apagaba sus llamas. Como en el momento de la liberaci&oacute;n del resto de los campos de exterminio nazis, los presos de Mauthausen experimentaron una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de irrealidad. La muerte, sin embargo, continu&oacute; acechando a los maltrechos cuerpos castigados por la inanici&oacute;n, el trabajo extenuante y las enfermedades. Muchos morir&iacute;an en los d&iacute;as siguientes a la liberaci&oacute;n.
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        Los d&iacute;as previos algo intangible se advert&iacute;a entre los muros de Mauthausen. Los rumores entre los presos, el comportamiento de los guardias, el sonido de las bombas, cada vez m&aacute;s cercanas&hellip; <em>Para los que segu&iacute;amos vivos, el tiempo flu&iacute;a lentamente, con un sordo y constante rumor de bombas que cada vez se o&iacute;an m&aacute;s cerca (&hellip;) los pocos soldados que quedaban ya, ante la falta de alimentos, decidieron matar dos caballos, cuyos cuerpos inertes depositaron no muy lejos de donde se amontonaban los cad&aacute;veres de nuestros compa&ntilde;eros. Fue horrendo observar c&oacute;mo aquellos animales fueron devorados a mordiscos por hombres, en aquel momento convertidos por el hambre en verdaderas fieras. Aquel pavoroso espect&aacute;culo, indescriptible por su dureza, ha despertado tan n&iacute;tido en mi memoria que me parece estar vi&eacute;ndolo de nuevo, apoyado en el muro de mi barraca, hastiado de tanta crueldad y con un inmenso sentimiento de tristeza. Cu&aacute;ntas cosas terribles tuve que presenciar y cu&aacute;ntas cosas, aun queriendo, no he podido olvidar. </em>(Mauthausen, memorias de Alfonso Maeso, editorial CR&Iacute;TICA, mayo 2016, p&aacute;ginas 109 a 111).
    </p><p class="article-text">
        Mauthausen fue solo uno de los incontables campos de exterminio con los que el nacionalsocialismo sembr&oacute; Europa durante la II Guerra Mundial. Millones de personas padecieron el horror del fanatismo y el adoctrinamiento. Nunca en la historia de la humanidad se produjo una industrializaci&oacute;n de la muerte como en aquellos a&ntilde;os. El Holocausto o <em>Shoah</em>,&nbsp; t&eacute;rminos que se utilizaron por primera vez para hacer referencia al exterminio planificado de los jud&iacute;os de Europa, fue solo el motor de arranque para un asesinato masivo de quienes, simplemente, pensaban diferente. Jud&iacute;os, gitanos, homosexuales, comunistas, socialdem&oacute;cratas&hellip; todos aquellos que no comulgaran con las ideas nacionalsocialistas fueron objetivo y v&iacute;ctimas del fanatismo nazi. Entre ellos muchos espa&ntilde;oles. Y entre aquellos espa&ntilde;oles medio centenar de canarios de islas como Lanzarote, Gran Canaria, La Gomera, Tenerife o La Palma.
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        El campo de concentraci&oacute;n y exterminio de Mauthausen se conocer&iacute;a por el trabajo en su cantera de granito y aquella escalera mortal de 186 escalones que conden&oacute; a la muerte a quienes all&iacute; fueron destinados a un trabajo esclavo. Se calcula que una persona requer&iacute;a de unas tres mil calor&iacute;as diarias para soportar semejante esfuerzo. Los presos apenas recib&iacute;an mil calor&iacute;as a las que se acompa&ntilde;aban con malos tratos, torturas y humillaciones constantes. Muchos no lograron soportarlo y murieron o se suicidaron.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Este es un recuerdo nada agradable y que no puedo olvidar, pues all&iacute; trabaj&eacute; desde principios de 1941 hasta mediados de 1943. (&hellip;) Cuando empec&eacute; a trabajar hab&iacute;a mucha nieve. (&hellip;) Hasta en los peri&oacute;dicos, revistas y folletos que se publicaron sobre el campo de Mauthausen despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n se habl&oacute; de la famosa escalera de 186 pelda&ntilde;os. Cu&aacute;ntos garrotazos se pegaron all&iacute;&hellip;Hab&iacute;a que subirla deprisa, y deprisa. Los jud&iacute;os, que ten&iacute;an que hacerlo cargando las piedras, tem&iacute;an a estas escaleras como a la muerte. Los terribles gritos acompa&ntilde;ados de golpes y patadas, las piedras que se ca&iacute;an y her&iacute;an a otros, las cholas sin due&ntilde;o salpicadas por todos lados, hombres agotados que se sentaban en los escalones sin fuerzas, sangrando, llorando&hellip;Formaban un infierno, en aquellos d&iacute;as que nadie podr&aacute; olvidar y de los que fui testigo involuntario. (&hellip;) El grupo de 350 jud&iacute;os que sub&iacute;a las piedras por la escalera iba disminuyendo cada d&iacute;a, pues si al principio lo sufr&iacute;an a&uacute;n con algunas energ&iacute;as, pronto fueron desfalleciendo. Sin comer, ni beber y tan destrozados&hellip;, empezaron a caer enfermos y no pocos aparec&iacute;an muertos en la cama por la ma&ntilde;ana. </em>(Testimonio de Nacianceno Mata &lsquo;Memorias de un superviviente del holocausto nazi&rsquo;, editado por Gobierno de Canarias y Cabildo de La Palma. Febrero 2006. P&aacute;ginas 102 y 107 a 110).
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        El 28 de marzo de 2020 fallec&iacute;a Aralda Rodr&iacute;guez, adalid de la recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica en la isla de La Palma. Su trabajo incansable por recuperar los restos de su padre gener&oacute; un movimiento que no ha cesado a d&iacute;a de hoy. A ella se suman los trabajos publicados por Salvador Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez (&lsquo;Los alzados de La Palma&rsquo;, editorial Lecanarien Ediciones. 2013). Esfuerzos por recuperar cap&iacute;tulos de nuestra historia que han ido cayendo en el olvido. Historias de personas de nuestra tierra que, tras el final de la Guerra Civil, se vieron obligadas a huir y esconderse en los montes de la isla. Ayudados por vecinos y familiares, algunos lograron sobrevivir. No todos. Pero hubo otros a los que no se les denomin&oacute; &lsquo;alzados&rsquo; y cuyo recuerdo se ha ido evaporando. Palmeros que no tuvieron una Caldera en la que refugiarse ni montes en los que esconderse. Lejos de familiares o amigos que, arriesgando tambi&eacute;n sus vidas, les acercaran sustento y consuelo. Fueron canarios, entre ellos nueve palmeros, que combatieron en territorio peninsular. Como muchos otros espa&ntilde;oles su &uacute;nica posibilidad de sobrevivir a las represalias pas&oacute; por cruzar la frontera con Francia. Luego llegar&iacute;a la invasi&oacute;n del pa&iacute;s galo por las tropas nazis. Muchos de ellos se unieron a la resistencia, fueron capturados y enviados al campo de concentraci&oacute;n de Mauthausen.
    </p><p class="article-text">
        Solo dos de los nueve palmeros sobrevivieron. El resto muri&oacute; v&iacute;ctima de los malos tratos y las terribles condiciones del campo. Nacianceno Mata, Orencio Mata, Francisco Afonso, Aniceto Duque, Domingo Enr&iacute;quez, Fulgencio Lorenzo, Fidel Reyes, Jos&eacute; Rodr&iacute;guez, Juan P&eacute;rez&hellip; son algunos de sus nombres de entre otros canarios que tambi&eacute;n padecieron el infierno en la Tierra.
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        Ahora, 75 a&ntilde;os despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n del campo de Mauthausen, es momento de volver a recordarlos. Sin embargo, la extraordinaria situaci&oacute;n de Alarma derivada de la crisis sanitaria internacional, ha impedido hacerlo como se merecen y como estaba previsto. Pero el sufrimiento que padecieron lo requiere. Y la memoria es el ejercicio que nos corresponde a las generaciones que hoy debemos recoger el testigo de quienes sobrevivieron para dejar testimonio <em>&ldquo;porque nadie lo creer&iacute;a&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hoy, setenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, vuelven a escucharse algunos discursos que se parecen mucho a los que dieron origen a la mayor barbarie cometida por seres humanos contra otros seres humanos. Sirvan estas l&iacute;neas como un discreto recuerdo a la memoria de esos canarios que padecieron uno de los mayores horrores de los que ha sido capaz el ser humano. Poco importa su ideolog&iacute;a, condici&oacute;n o credo. Ninguna raz&oacute;n justifica el sufrimiento del que fueron v&iacute;ctimas por el solo hecho de ser o pensar de manera diferente. El autoritarismo, la identidad, la bandera, la raza o la religi&oacute;n son los argumentos que, todav&iacute;a hoy, setenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, siguen siendo utilizados para construir discursos que solo conducen al odio. La Historia nos avisa. Hoy, en su memoria, tenemos la oportunidad de recoger el testigo, recordarlos para no olvidar su historia y que su sufrimiento no resulte en vano. <em>&ldquo;Ha sucedido, y por consiguiente, puede volver a suceder&rdquo; </em>(Primo Levi, superviviente de Auschwitz).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;(Nota: la exposici&oacute;n en memoria de los canarios de Mauthausen, prevista para este 5 de mayo, ha sido suspendida a la espera de determinar su viabilidad en una fecha adecuada. El libro, a cargo de LeCanarien Ediciones, se encuentra tambi&eacute;n a la espera de que la situaci&oacute;n permita su publicaci&oacute;n).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En memoria de los canarios de Mauthausen-Gusen (1945-2020)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Texto y fotograf&iacute;as: Eduardo Cabrera</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/liberacion-concentracion-exterminio-mauthausen-gusen-mayo_132_5956629.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2020 06:00:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[75 años de la liberación del campo de concentración y exterminio de Mauthausen-Gusen (5 mayo 1945 – 5 mayo 2020)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cómoda incomodidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/comoda-incomodidad_132_1155398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El virus nos lo está dejando claro y la Naturaleza, de vez en cuando, nos da un bofetón necesario para despertarnos de la soberbia tan propia también de la condición humana.</p></div><p class="article-text">
        Hasta hace muy poco hab&iacute;a vivido convencido de que en este pa&iacute;s llamado Espa&ntilde;a era del todo imposible que se parara el f&uacute;tbol y cerraran los bares sin que la gente saliera en masa a las calles en protestas multitudinarias. Hoy, en medio de una situaci&oacute;n que ha pillado al mundo con la guardia baja, desprevenido, resulta que se para el f&uacute;tbol y se cierran los bares al mismo tiempo que nos vemos obligados a un confinamiento en casa. Es lo que tiene escupir para arriba. (Eduardo c&aacute;llate).
    </p><p class="article-text">
        En una realidad extra&ntilde;a; sin f&uacute;tbol ni bares, con las calles pobladas de silencio y veh&iacute;culos estacionados, vac&iacute;as&hellip;prevalece la calma. Es una situaci&oacute;n an&oacute;mala y sin precedentes que solo fueron capaces de imaginar guionistas de cine y autores de ciencia-ficci&oacute;n.&nbsp; Nos descubrimos encerrados, impotentes y cerca de la desesperaci&oacute;n. Claro que, en la gran pantalla, haciendo uso de las posibilidades infinitas de la ficci&oacute;n, tir&aacute;bamos de Bruce Willis que en hora y media de trama pon&iacute;a fin a la amenaza planetaria devolviendo al mundo su rutina. Debe ser que el propio Willis estar&aacute; tambi&eacute;n en confinamiento domiciliario. Stallone y Schwarzenegger est&aacute;n ya dentro del grupo de riesgo y tirar de los h&eacute;roes de Marvel&hellip;pues qu&eacute; quieres que te diga; Batman solo sale por las noches, Superman no encontrar&aacute; hoy cabinas donde cambiar su traje por la capa roja y Spiderman no encontrar&aacute; fachadas por la que escalar con la poblaci&oacute;n asomada a los balcones en emocionantes aplausos que ni atenci&oacute;n le prestar&iacute;an. Por quedar, no quedan delincuentes en las calles a los que perseguir. Y cualquiera que hoy est&eacute; en la calle despertar&aacute; sospechas sin necesidad de antecedentes.
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Soluci&oacute;n? Qu&eacute;date en casa. Quedarnos en casa. Y con toda la poca costumbre que tenemos, m&aacute;s dados al aire libre en este lugar c&aacute;lido, a las terrazas, los paseos y la ch&aacute;chara, tiramos de paciencia y humor. Con el armario ordenado y despu&eacute;s de haber barrido cuatro veces la misma esquina, descubrimos libros en la estanter&iacute;a, habilidades antes no imaginadas&hellip;ahora se llama &lsquo;resiliencia&rsquo;. La incertidumbre, sin embargo, ataca a las emociones. Se funde con la llamada desde el exterior para hacernos sentir en un arresto domiciliario a pesar de la reclusi&oacute;n conveniente. Pero esas emociones que nos asaltan son parte de eso intangible que nos hace humanos. Y humana es tambi&eacute;n la virtud de poder gestionarlas. Sin dejar de ser animales. El virus nos lo est&aacute; dejando claro y la Naturaleza, de vez en cuando, nos da un bofet&oacute;n necesario para despertarnos de la soberbia tan propia tambi&eacute;n de la condici&oacute;n humana. Y en esa cura de humildad surge adem&aacute;s la oportunidad de advertir la suerte que tenemos y de la que, tal vez, no nos hab&iacute;amos percatado. Nos ha tocado esto, a otras generaciones toc&oacute; una guerra, a las siguientes las consecuencias de la guerra. Hasta en esto hemos tenido suerte.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que la realidad supera a la ficci&oacute;n. Acaso porque de la ficci&oacute;n somos conscientes de que es eso, ficci&oacute;n. Y el temor, la incertidumbre o la intriga no se prolongar&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de la trama construida. Es una seguridad inconsciente. Y el subconsciente hoy reivindica su lugar demostr&aacute;ndonos que no ten&iacute;amos tanto control como hab&iacute;amos cre&iacute;do. Porque creerlo, quiz&aacute;s, es tambi&eacute;n un mecanismo de autodefensa que nace del subconsciente. Pues seamos conscientes entonces.
    </p><p class="article-text">
        Nos han roto la normalidad a la que est&aacute;bamos acostumbrados. La rutina ha estallado en mil pedazos para dejarnos uno solo. Miramos alrededor para ver las mismas cuatro paredes. Tal vez nos asomemos al balc&oacute;n cada d&iacute;a, al mismo balc&oacute;n al que antes no sal&iacute;amos. Casi como un espacio robado al interior que ahora nos brinda una bocanada de aire fresco. Y m&aacute;s fresco que nunca antes. Y nos invade un deseo irresistible por pisar esa calle de nuevo. Por estar en ella. Sin escondernos, libres, no perseguidos, seguros&hellip; &iquest;seguros? Pero las ideas de antes tal vez no tengan hoy el mismo significado.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos en casa. Debemos seguir en casa. Puede parecer inc&oacute;modo. Pero es tambi&eacute;n la oportunidad de mirar adonde antes no mir&aacute;bamos. Acaso desvi&aacute;bamos la mirada de all&iacute;. De esos lugares donde su normalidad es a&uacute;n m&aacute;s inc&oacute;moda que la anormalidad que hoy nos invade. Pero eso queda lejos, muy lejos. Hoy estoy en casa. Debo estar en casa. Permanecer en casa. Quedarme en casa. Pero esta ma&ntilde;ana me he duchado, tengo agua corriente. He podido elegir la temperatura del agua. Tengo suministro el&eacute;ctrico, conexi&oacute;n a internet para escribir estas l&iacute;neas y compartirlas. Televisi&oacute;n y radio para estar informado o elegir entretenerme&hellip; y la nevera llena. Porque hay abastecimiento de productos y puedo ir a buscarlos. Estoy confinado en casa, pero tengo arroz, leche, pasta, pan, conservas&hellip; tengo huevos, pero no para quejarme. Porque a&uacute;n puedo, incluso, tener unas cervezas. Y soy consciente de que esta anormalidad que nos inquieta es una incomodidad muy c&oacute;moda. Muchas personas, demasiadas, antes que nosotros ahora, ya viv&iacute;an su normalidad confinadas en sus casas, quien a&uacute;n la tuviera en pie o tal vez sin paredes, ojal&aacute; al menos un techo bajo el que protegerse de la lluvia o el fr&iacute;o&hellip;pero sin luz, sin agua ni mucho menos una nevera llena. Y con los dedos cruzados para que la bomba no caiga encima. Es una realidad inc&oacute;moda, invivible. Aqu&iacute;, hoy y ahora, la realidad que nos invade es inc&oacute;moda porque nos saca de la normalidad a la que nos hab&iacute;amos acostumbrado. Pero bendita incomodidad &eacute;sta. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (Gracias a todas las personas que est&aacute;n en primera l&iacute;nea arriesg&aacute;ndose a un contagio posible y probable. Gracias porque son quienes har&aacute;n que salgamos de esta. Gracias).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/comoda-incomodidad_132_1155398.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2020 10:46:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La cómoda incomodidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuento de Navidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuento-navidad_132_2977010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La Navidad parece demandar a un desdichado que alimente ese espíritu de caridad que precisa.</p></div><p class="article-text">
        (&hellip;)De pronto me sorprendi&oacute; un escenario de luces. Hab&iacute;a estado absorto atento entre tinieblas, tratando de localizar un rostro conocido, amable entre la multitud.  Ahora, casi sin advertirlo, l&aacute;mparas multicolores dibujaban un mundo lleno de vida.  No s&oacute;lo era la luz.  Al poco pude adivinar un sonido de fondo.  Muy tenue primero que casi parec&iacute;a una intuici&oacute;n.  Luego m&aacute;s n&iacute;tido (...)  
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)La Navidad parece demandar a un desdichado que alimente ese esp&iacute;ritu de caridad que precisa,  un coraz&oacute;n lejano que anhele el reencuentro,  un af&aacute;n de deseos para quienes no est&aacute;n en los pensamientos (...)  
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;) Pronto, volvi&oacute; a suceder.  Esta vez en otro rinc&oacute;n apartado.  Luego bajo un soportal, sobre un banco&hellip;eran las sombras que se escond&iacute;an de una noche g&eacute;lida que s&oacute;lo percib&iacute; entonces en la punta de mi nariz y en el vaho que exhalaba mi aliento.  Las calles aparentemente vac&iacute;as parecieron despertarme de una enso&ntilde;aci&oacute;n.  Camin&eacute; pensativo, al reflejo de las luces.  Con la direcci&oacute;n clara pero sin rumbo.  Zascandileando sin premura (&hellip;) 
    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)Una sombra buscaba cobijo en el atrio del Ayuntamiento.  Parapetado entre cartones y la mente quiz&aacute;s ausente, lejos, entre los recuerdos de otra vida que ya casi le parec&iacute;a que fue un sue&ntilde;o.  No hab&iacute;a bultos al hombro, ni panderetas ni villancicos.   S&oacute;lo un fr&iacute;o que cortaba el alma y congelaba los pensamientos.  Y algo surgi&oacute; sin nombre (&hellip;) 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Puedes leer el relato &iacute;ntegro, y otras historias, en: www.elhorrorvacui.wordpress.com </strong><a href="https://elhorrorvacui.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.elhorrorvacui.wordpress.com </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuento-navidad_132_2977010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Dec 2017 11:31:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuento de Navidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cuentos,Navidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El conflicto de Cataluña ¡Peligro, la Historia nos avisa!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/conflicto-cataluna-peligro-historia-avisa_132_3144347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Lo que escribo podr&aacute; parecer un disparate.  Le parecer&aacute; un disparate a muchos, pero la Historia est&aacute; plagada de situaciones que comenzaron de forma similar a lo que hoy vivimos en nuestro pa&iacute;s, y no terminaron bien.
    </p><p class="article-text">
        A principios del siglo XX, en Alemania conviv&iacute;an alemanes.  Incluso muchos jud&iacute;os arriesgaron sus vidas y otros la perdieron vistiendo el uniforme alem&aacute;n durante la I Guerra Mundial.  Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1933, desde los despachos se comenz&oacute; a alimentar el rechazo primero y el odio despu&eacute;s hacia la comunidad jud&iacute;a.  Todos sabemos c&oacute;mo termin&oacute; aquello.
    </p><p class="article-text">
        Podr&aacute;n pensar tras este segundo p&aacute;rrafo que es ya un disparate imaginar que algo as&iacute; pudiera suceder en pleno siglo XXI, que de aquello han transcurrido ya setenta a&ntilde;os.  Sin embargo no est&aacute; tan lejos ni en el tiempo ni en el espacio.  En los a&ntilde;os 80, en el Pa&iacute;s Vasco, muchas familias vivieron algo similar.  Vecinos de toda la vida, cuyos hijos jugaban con los hijos de los dem&aacute;s vecinos.  El del segundo era el m&eacute;dico del vecino del cuarto, se visitaban y quedaban para ver los partidos de f&uacute;tbol.  Hasta que un d&iacute;a, de nuevo desde los despachos, con el boca a boca y en algunas iglesias, se comenz&oacute; a alimentar (de nuevo) el rechazo a quien pensaba diferente.  De pronto alguno ya no pudo entrar m&aacute;s al bar del barrio a tomar un caf&eacute; porque no era bien recibido.  S&oacute;lo porque pensaba diferente.  Y el amigo del hijo del vecino, aquel al que quiz&aacute;s el del tercero ense&ntilde;&oacute; a montar en bicicleta, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, lo esperaba a la vuelta de la esquina para descerrajarle un tiro en la nuca. 
    </p><p class="article-text">
        Esta realidad tan cercana y tan nuestra queda magistralmente relatada en la novela &lsquo;Patria&rsquo; de Fernando Aramburu (Premio Cr&iacute;tica 2016) y de muy recomendable lectura en estos d&iacute;as aciagos llenos de incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, con estas cartas sobre la mesa, con una visi&oacute;n de la Historia y lo que de ella podemos aprender, tenemos la opci&oacute;n de seguir como borregos las directrices de unos y de otros, ambos pol&iacute;ticos que se han descubierto tan mediocres como intransigentes.  Cada uno, como individuo, elegir&aacute; la actitud que tomar&aacute; y, en consecuencia, ser&aacute; part&iacute;cipe de los acontecimientos que se sucedan.  Es quiz&aacute;s el momento de que los ciudadanos de a pie den una lecci&oacute;n de madurez y sentido com&uacute;n a quienes desde los despachos no han sabido hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Y no  me posiciono.  Porque no puedo.  Porque reniego de una decisi&oacute;n basada en la invitaci&oacute;n a saltarse la Ley, sin ninguna de las garant&iacute;as que merece un proceso electoral pero con todas las sospechas de las que debe desprenderse.  Porque reniego de aplaudir a un Gobierno que hoy se erige como adalid de la Democracia y el respeto a la Ley despu&eacute;s de haber demostrado una inacci&oacute;n y una tibieza insultantes frente a la corrupci&oacute;n.  Pudieron entonces ser igual de &aacute;giles y contundentes.  Prefirieron no serlo.  Hoy aseguran no haber sentido mayor &ldquo;verg&uuml;enza pol&iacute;tica&rdquo; (dijo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sainz de Santamar&iacute;a) que lo sucedido en el Parlament Catal&aacute;n.  Razones sobran para haberla sentido y no hay espacio aqu&iacute; para enumerarlas. 
    </p><p class="article-text">
        No me posiciono m&aacute;s all&aacute; de dar un paso atr&aacute;s, de esperar como espectador los acontecimientos.  Eso s&iacute;, cruzando los dedos a la espera de que surja la sensatez en alg&uacute;n lugar y se contagie con mayor rapidez con la que parece que se est&aacute; propagando el odio.  Nos toca hacerle el trabajo a quienes se supone que trabajan para nosotros&hellip; pero la decisi&oacute;n es solo tuya, de cada uno, en especial de los ciudadanos catalanes que sufren en su tierra la peste de las artima&ntilde;as dirigidas desde los despachos.  Sobre todo los catalanes que deben elegir c&oacute;mo actuar&aacute;n en los pr&oacute;ximos d&iacute;as, qu&eacute; actitud tomar ante la incertidumbre que se avecina para evitar que la Historia nos cuente otra vez una historia mil veces contada de la que ya conocemos el final y en la que nunca hay vencedores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/conflicto-cataluna-peligro-historia-avisa_132_3144347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Oct 2017 08:38:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El conflicto de Cataluña ¡Peligro, la Historia nos avisa!]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imágenes del azar injusto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/imagenes-azar-injusto_132_3817872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Porque quizás Asia Ramadán Antar nunca tuviera la oportunidad de soñar con otra realidad que no fuera la guerra. Pero  tuvo la oportunidad de luchar y lo hizo.  Murió, como lo haremos todos. Pero nunca será justo que una vida termine sin otra oportunidad que la resignación.</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n public&oacute; el diario digital &lsquo;El Confindencial&rsquo; con fecha  8 de septiembre de 2016, habr&iacute;a fallecido Asia Ramadan Antar.  Poco se sabe de esta mujer salvo que ten&iacute;a 22 a&ntilde;os y luchaba contra el ISIS en las Unidades Femeninas de Protecci&oacute;n Kurdas.
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        Se la conoc&iacute;a como &ldquo;la Angelina Jolie kurda&rdquo;. Dicen, por su parecido con la actriz estadounidense.  La belleza es algo muy subjetivo y quiz&aacute;s tambi&eacute;n una cualidad sobrevalorada por encima de lo que pudiera parecer realmente importante.  Pero ese es otro debate.   En cualquier caso, observo la imagen y veo una mujer hermosa, de rasgos delicados.  Y me surgen algunas cuestiones.  El azar es la mayor de ellas. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hubiera sido de Asia Ramadan Antar de haber nacido en Nueva York o Los &Aacute;ngeles? Bien pudiera haber protagonizado algunos &lsquo;taquillazos&rsquo; de Hollywood.  Pudo haber nacido en Londres, Par&iacute;s o Mil&aacute;n y hubiera sido la imagen de cualquiera de las grandes marcas de la moda.  Quiz&aacute;s hubiera anunciado perfumes o desfilado con los &Aacute;ngeles de Victoria&rsquo;s Secret.  Pero no.  Naci&oacute; en el Kurdist&aacute;n y muri&oacute; luchando en la guerra de la sinraz&oacute;n. De alg&uacute;n modo todas lo son.
    </p><p class="article-text">
        Imagino otras j&oacute;venes como ella rodeadas del lujo y la fama.  O so&ntilde;ando con ello.  Con los hoteles de cinco estrellas, viajando de Mil&aacute;n a Nueva York en primera clase y concedi&eacute;ndose a los flashes.  Sin embargo, me resulta m&aacute;s dif&iacute;cil imaginar las terribles im&aacute;genes de las que han sido testigo esos ojos que jam&aacute;s vieron una pasarela ni conocieron las s&aacute;banas de un gran hotel ni el aplauso del gran p&uacute;blico.  Asia Ramadan Antar muri&oacute; entre la sangre y la mutilaci&oacute;n que surgen de la guerra.  La m&aacute;s cruda expresi&oacute;n de la barbarie de la que es capaz el ser humano.  Lejos, muy lejos, de lo que cualquiera pueda imaginar que es el &lsquo;glamour&rsquo;.  Pero se me antoja que su rostro hubiera encajado en el perfil de cualquier estrella del cine, la moda o la m&uacute;sica.  (Sin entrar, no es el momento ni el asunto, en la discriminaci&oacute;n de sexos, el machismo o la explotaci&oacute;n que puedan existir en esos mundos).
    </p><p class="article-text">
        Entendamos que fuera una opci&oacute;n como la eligen muchas j&oacute;venes que sue&ntilde;an con el &eacute;xito.  Leg&iacute;timo es.  Tambi&eacute;n pudiera haber so&ntilde;ado con relegar su rostro en favor de su nombre entre los grandes de la Literatura.  O haber protagonizado importantes avances cient&iacute;ficos, liderado alguna gran empresa o dirigir un pa&iacute;s&hellip;y hubiera elegido el suyo.  Quiz&aacute;s nunca tuvo esa opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; me surge la cuesti&oacute;n.  En el mundo vivimos hoy siete mil millones de habitantes.  Ninguno hemos elegido ser quien somos.  En ocasiones miramos a otros con envidia.  Deseamos lo que no somos o lo que no tenemos.  Y nos olvidamos de lo que tambi&eacute;n hemos podido ser.  Una Asia Ramadan Antar.  Que hoy tiene rostro y su naturaleza, sus facciones, la han sacado a la luz.  Como sucedi&oacute; en 2014 con Jeremy Meeks, &ldquo;el preso m&aacute;s guapo del mundo&rdquo;,  cuya foto de la detenci&oacute;n recorri&oacute; el mundo con su tez morena y unos profundos ojos verdes. (A &eacute;l s&iacute; le llovieron las ofertas de las marcas para ser su imagen).  Porque es de lo que hablamos, de una imagen.
    </p><p class="article-text">
        Una imagen como la que conmocion&oacute; al mundo tras la bomba de Hiroshima.  Una imagen como la de Sharbat Gula, la ni&ntilde;a afgana que fue portada de la revista National Geografic en junio de 1985.  La imagen de Aylan Kurdi, de tres a&ntilde;os, yaciendo inerte en la orilla de la playa turca de Bodrum tras naufragar en su huida de otra guerra. Ahora hace un a&ntilde;o.  &iquest;Qui&eacute;n se acuerda?  Son solo tres ejemplos, tres im&aacute;genes, pero son cientos de miles, millones los dramas sin im&aacute;genes.  Fotograf&iacute;as del azar injusto.  Porque nunca ser&aacute; justo que una vida termine sin otra oportunidad que la resignaci&oacute;n.  Pero existe una realidad innegable.  La diferencia de oportunidades seg&uacute;n el lugar en el que nacemos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, convirtamos a cada uno de esos siete mil millones de habitantes en las bolas de un sorteo.  Introduzcamos todas ellas en el mismo bombo y hag&aacute;moslo girar.  &iquest;Qu&eacute; posibilidad existe de que esa bola que extraigas vuelva a ser la tuya?  &iquest;Qu&eacute; posibilidad de volver a ser t&uacute;?  Quiz&aacute;s no valoremos lo suficiente la suerte que hemos tenido.  Porque quiz&aacute;s Asia Ramad&aacute;n Antar nunca tuviera la oportunidad de so&ntilde;ar con otra realidad que no fuera la guerra. Pero  tuvo la oportunidad de luchar y lo hizo.  Muri&oacute;, como lo haremos todos. Pero nunca ser&aacute; justo que una vida termine sin otra oportunidad que la resignaci&oacute;n. Moriremos, la mayor&iacute;a sin desfilar ni recibir aplausos.  Pero si miramos a nuestro alrededor encontraremos muchos argumentos para sentirnos satisfechos.  Porque en esa loter&iacute;a que es la vida, nos toco estar donde estamos.  Y se me ocurren tantos otros lugares donde no quisiera estar&hellip;
    </p><p class="article-text">
                                                                                                                         Eduardo Cabrera
    </p><p class="article-text">
        Enlace al art&iacute;culo original:
    </p><p class="article-text">
        http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-09-08/muere-angelina-jolie-kurda-isis-estado-islamico_1257034/
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/imagenes-azar-injusto_132_3817872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Sep 2016 09:17:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Imágenes del azar injusto]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No pasemos página]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/no-pasemos-pagina_132_3867400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">…ahora no lo olvides, no pases página, tenlo presente y haz todo lo posible para no ser tú quien origine la próxima tragedia.  Yo me comprometo a hacerlo también.</p></div><p class="article-text">
        Ahora que parece que lo peor ha pasado, no pasemos p&aacute;gina.  Nos quedan a&uacute;n d&iacute;as, quiz&aacute;s semanas en las que el incendio ser&aacute; el tema de conversaci&oacute;n.  Hasta que llegue otro asunto que ocupe nuestras vidas.  Pero una ya no estar&aacute;, la de Fran Santana.  No pasemos p&aacute;gina.  Escribo estas l&iacute;neas porque algo arde tambi&eacute;n en mi interior. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as hemos le&iacute;do muchos comentarios en las redes sociales que hablan de h&eacute;roes vestidos de monos amarillos y rojos.  Desde aqu&iacute; mi mayor admiraci&oacute;n y reconocimiento.   Pero es bueno recordar que, hace s&oacute;lo unos meses, se manifestaban porque cobraban un sueldo que no llega a los mil euros.  Pero hoy son h&eacute;roes. 
    </p><p class="article-text">
        A la sombra de un laurel disfrutando de un cortado, en la barra de cualquier bar con una cerveza fr&iacute;a, son muchos los que estos d&iacute;as critican un protocolo, una forma de actuar.  Y, del mismo modo que ten&iacute;an la mejor alineaci&oacute;n cuando pierde la selecci&oacute;n de f&uacute;tbol, dan lecciones de c&oacute;mo se debi&oacute; atacar el fuego.  Me pregunto cu&aacute;ntos de ellos se ofrecieron voluntarios, ya no para apagar el incendio, para hacer bocadillos o llevar agua fr&iacute;a a quienes s&iacute; luchaban  por salvar el monte, las viviendas, vidas arriesgando la suya.  De entre todos ellos, en los d&iacute;as en los que el fuego iluminaba las noches de La Palma, ech&eacute; de menos a los ecologistas.   Esos que se postulan como defensores de la isla y de sus montes por delante de cualquiera.  Esos que lanzan notas de prensa y convocan manifestaciones para defender un paisaje y una naturaleza que sinti&oacute; su ausencia mientras ard&iacute;a.  Nada he escuchado de ellos.  Ni un comunicado, ni unas declaraciones, ni una disposici&oacute;n para ayudar como s&iacute; lo hicieron otros. 
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo tambi&eacute;n del joven Scott, responsable de la imprudencia que provoc&oacute; el incendio.   Y no estoy seguro de que sea responsable de algo m&aacute;s.  Porque me pregunto cu&aacute;ntos, aquel fat&iacute;dico d&iacute;a, arrojaron colillas por la ventanilla del veh&iacute;culo sin que nada sucediera.  Cualquiera de ellos pudo ser el responsable, cualquiera podr&aacute; serlo en futuro.  Pero le toc&oacute; a &eacute;l.  No lo justifico, pero no comparto el juicio del que muchos se han cre&iacute;do autorizados a realizar.  Hagamos memoria.  Verano de 2009.  Ardieron Villa de Mazo y Fuencaliente.  Casi fue un milagro que no hubiera v&iacute;ctimas.  Entonces fue una decisi&oacute;n que sali&oacute; de un ayuntamiento, con un bando publicado previamente por el Cabildo advirtiendo del riesgo de lanzar voladores durante las fiestas.  No recuerdo un juicio similar al que se hace estos d&iacute;as.  Y ninguno somos jueces ni estamos exentos de ser los responsables de la pr&oacute;xima tragedia por un descuido, por una imprudencia.  Porque entiendo, hasta donde hoy sabemos, que en ning&uacute;n caso hubo intenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y esto abre la puerta a otra reflexi&oacute;n. La responsabilidad que sale de los despachos con aire acondicionado. En alg&uacute;n momento durante estos d&iacute;as tuve la oportunidad de plantear a responsables p&uacute;blicos (pol&iacute;ticos), lo contradictorio que me resulta recorrer las ferias de turismo de Europa vendiendo lo mejor que tenemos: nuestros paisajes, nuestra naturaleza, una isla verde, una Isla Bonita&hellip; Pero en el reparto de los presupuestos no es una prioridad conservar ese patrimonio que vendemos como lo mejor que tenemos.  Y una m&aacute;s, el sello de Reserva Mundial de la Biosfera.  En la manera en la que yo lo entiendo, es un escaparate, un sello que nos sit&uacute;a por delante de otros lugares que no ostentan esa condici&oacute;n.  Entiendo entonces que requiere de una responsabilidad que tampoco deben asumir esos otros lugares pero que debe ser inherente a nosotros.  Empezando por la concienciaci&oacute;n ciudadana (entrar&eacute; en ello m&aacute;s adelante), pero tambi&eacute;n en una normativa ejemplar y en una dotaci&oacute;n ejemplar de personal y medios. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay dinero&rdquo;, se atrevi&oacute; alguno a responder.  Y no acepto esa respuesta.  Podremos tener menos recursos de los que desear&iacute;amos, no me cabe la menor duda.  Pero es en los despachos donde se reparten.  Y en ese reparto se establecen cu&aacute;les son las prioridades y cu&aacute;les no.  Y en ese reparto se han dado prioridades a otros asuntos que, adem&aacute;s, pasaron sin pena ni gloria.  No lo aprendimos en 2009, no lo aprendimos con el incendio despu&eacute;s en El Paso&hellip;y no estoy seguro de que lo aprendamos ahora.   Porque la inercia nos sigue llevando  a actitudes tibias.  Desde el Cabildo de La Palma, presentando la campa&ntilde;a contra incendios de 2016 se dijo: &ldquo;Por favor, no arrojen colillas donde haya pajonal seco&rdquo;.  &iexcl;Disculpe!, no se trata de un favor.  No si somos una Reserva Mundial de la Biosfera.  Se trata de un deber.  De un estado de conciencia y de implicaci&oacute;n de la que a&uacute;n estamos muy lejos.           
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s claro de esa carencia la pude ver con mis propios ojos durante el incendio.  Sucedi&oacute; el viernes 5 de agosto.  Eran las 6&rsquo;30 horas.  El fuego a&uacute;n ard&iacute;a en la comarca oeste y las cuadrillas sofocaban las llamas al pie de la carretera de Tacande.  Par&eacute; a tomar un caf&eacute; en el bar de Jedey.  All&iacute; mismo estaba establecido un corte de carretera con una patrulla de la Guardia Civil.  En ese instante, pude ver c&oacute;mo dos hombres cruzaban la carretera para entrar en el bar.  Uno de ellos ven&iacute;a fumando y no titube&oacute; en arrojar la colilla a la carretera a&uacute;n cuando a las puertas del lugar al que se dirig&iacute;a le esperaban los ceniceros.  El viento, que en aquel momento soplaba con fuerza, pudo haber desplazado esa colilla al otro lado, haber provocado otro foco y qui&eacute;n sabe qu&eacute; m&aacute;s.  Cuando menos, haber obligado a dividir los efectivos para sofocar un conato en un lugar en el que no exist&iacute;a.  No le culpo.  En aquellas circunstancias, con la isla ardiendo, la muerte de Fran Santana en la memoria de todos, y decenas de miles de corazones navegando en la incertidumbre, es el mejor ejemplo que se me ocurre de lo inconscientes que son algunos gestos.  Malos h&aacute;bitos adquiridos que no representan a quienes dicen querer una isla, amar la naturaleza&hellip;vivir en una Reserva Mundial de la Biosfera.  Pero ante la impunidad todos aligeramos nuestros actos.  Necesitamos sentirnos vigilados y saber que habr&aacute; consecuencias.  Pero nunca se ha multado por arrojar una colilla en una calle peatonal.  Y eso alimenta ese gesto mec&aacute;nico en el monte.           
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo de Scott.  No quisiera estar en su pellejo.  Sobre su conciencia caen ya las consecuencias.  Pienso c&oacute;mo me sentir&iacute;a yo en su lugar.  Y lo que me asalta no me gusta.   La venganza ciega y la justicia no me corresponde&hellip;s&oacute;lo te invito,  a ti que lees estas l&iacute;neas, a que inviertas unos instantes en un ejercicio de empat&iacute;a tratando de imaginar qu&eacute; pensamientos te asaltar&iacute;an en la fr&iacute;a sombra de esa celda despu&eacute;s de haber provocado todo esto&hellip;
    </p><p class="article-text">
                    &hellip;ahora no lo olvides, no pases p&aacute;gina, tenlo presente y haz todo lo posible para no ser t&uacute; quien origine la pr&oacute;xima tragedia.  Yo me comprometo a hacerlo tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Eduardo Cabrera</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Cabrera]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Aug 2016 04:01:19 +0000]]></pubDate>
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