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    <title><![CDATA[elDiario.es - Arantza Diez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/arantza_diez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Arantza Diez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Invierno en Lesbos, con 7.000 refugiados atrapados: "Hace frío, la gente enferma"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/invierno-islas-griegas-hace-enferma_1_2997164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1b6b904-078f-40dc-a69a-60fe4fd3eb8b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Invierno en Lesbos, con 7.000 refugiados atrapados: &quot;Hace frío, la gente enferma&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">eldiario.es entra al centro de Moria, cerrado a la prensa, donde viven 7.000 personas a la espera de la resolución de su petición de asilo</p><p class="subtitle">Llega un nuevo invierno a las islas griegas sin que se las condiciones del campo se hayan adaptado al frío: continúan viviendo en tiendas y duchándose con agua fría</p><p class="subtitle">MSF alerta: "Las islas griegas están al borde de la emergencia humanitaria"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No he pegado ojo en toda la noche, nuestros vecinos son muy ruidosos&rdquo;, se lamenta uno de los chicos sirios que vive en <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-retenidos-centro-detencion-Grecia_0_499400686.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el centro de detenci&oacute;n de Moria</a>, en un campo de barro fuera del recinto oficial, cuando asoma la cabeza desde la tienda en la que duerme desde hace seis meses junto a nueve compatriotas. En el interior, donde solo hay mantas colocadas sobre una lona, hierven t&eacute; mientras algunos siguen dormitando. &ldquo;Hace fr&iacute;o, la gente enferma&rdquo;, dice Eloise, de Rep&uacute;blica Centroaficana en una tienda cercana.
    </p><p class="article-text">
        Ya hace mucho fr&iacute;o en las islas griegas, convertidas en grandes c&aacute;rceles para quienes han llegado a las costas helenas desde la firma del acuerdo entre la UE y Turqu&iacute;a, que supon&iacute;a la devoluci&oacute;n de todas aquellas personas que alcanzasen sus playas de forma irregular. Como el a&ntilde;o pasado, cuando el campo se cubri&oacute; de nieve y los term&oacute;metros bajaron de los 0 grados, hay miles de personas viviendo en tiendas de campa&ntilde;a, durmiendo sobre el cemento o el barro, en condiciones insalubres. 
    </p><p class="article-text">
        Desde hace dos semanas, M&eacute;dicos Sin Fronteras ha montado una cl&iacute;nica pedi&aacute;trica en el exterior de Moria. Cada d&iacute;a reciben pacientes, la mayor&iacute;a ni&ntilde;os con s&iacute;ntomas y enfermedades relacionadas con las condiciones en las que viven. &ldquo;Resfriados, diarrea, problemas estomacales, piojos, enfermedades en la piel y heridas por ca&iacute;das y accidentes que ocurren porque Moria no es un lugar seguro para los ni&ntilde;os&rdquo;, enumera Gemma Gillie, una de las portavoces de MSF.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Llevo siete meses aqu&iacute; y me estoy volviendo loco&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Un grupo de congole&ntilde;os prepara de buena ma&ntilde;ana la comida en unos fogones improvisados que arden gracias a la combusti&oacute;n de los deshechos que se reparten en cada rinc&oacute;n de la zona, cocinan justo al lado de los &uacute;nicos lavabos m&oacute;viles que hay en el campo exterior. &ldquo;&iquest;Has visto c&oacute;mo vivimos?&rdquo;, lanza uno de los chicos, &ldquo;nos tratan como animales&rdquo;. Es el lamento continuo en el centro de detenci&oacute;n de Moria. 
    </p><p class="article-text">
        Unos cocinan, los otros tienden su ropa reci&eacute;n lavada y otros vuelven en ropa interior del otro lado de la carretera, donde han ido a ducharse, con agua fr&iacute;a, a la intemperie, a pesar de que las temperaturas en Lesbos ya son invernales. Joseph es uno de ellos, llega afeitado y pulido y se encierra en la tienda para vestirse. &ldquo;Llevo siete meses aqu&iacute; y me estoy volviendo loco&rdquo;, cuenta el joven. Parti&oacute; de Camer&uacute;n con su hermano Alfred en un vuelo regular que les llev&oacute; hasta Estambul y de all&iacute;, a Lesbos.
    </p><p class="article-text">
        Su obsesi&oacute;n ahora es salir de la isla y llegar a Atenas: la capital de Grecia se ha convertido para ellos en una suerte de para&iacute;so imaginario. No tienen noticias de su petici&oacute;n de asilo, nadie les dice nada, solo saben que han de esperar, pero desconocen cu&aacute;nto, ni para qu&eacute;, no saben qu&eacute; opciones tienen de que su solicitud de asilo prospere. Como ellos, 7.000 personas viven en el campo de detenci&oacute;n de Moria. Algunas residen dentro del recinto oficial, custodiado por polic&iacute;as y militares. Dise&ntilde;ado para acoger a 2.300 personas, se ha convertido en un lugar insalubre y hostil donde se acumulan las basuras y el hedor es insoportable, especialmente el lunes, despu&eacute;s de todo un fin de semana sin ning&uacute;n servicio dentro del campo. En lo que va de a&ntilde;o, 28.174 personas han llegado a Grecia por mar. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A Abdoul, un hombre senegal&eacute;s de 37 a&ntilde;os que trabajaba como ch&oacute;fer en su pa&iacute;s natal y que antes de llegar a Lesbos intent&oacute; cruzar a Europa desde Libia, le han adjudicado una casa-container, que comparte con siete hombres, todos africanos. Tienen electricidad, duermen en literas, y pasan parte del tiempo estudiando griego con un libro infantil. Abdoul lo dice abiertamente: tiene miedo, un miedo atroz a que le deporten a Turqu&iacute;a. No tiene derecho a pedir la reubicaci&oacute;n en ning&uacute;n pa&iacute;s de la UE porque su nacionalidad no se encuentra entre aquellas que actualmente tienen derecho a ello: Eritrea, Bahamas, Bahrain, Bhutan, Qatar, Siria, los Emiratos &Aacute;rabes y Yemen.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l ha tenido suerte, tiene libertad de movimientos, puede salir y entrar del campo, pero en el centro del recinto hay un inframundo cercado con doble alambrada y concertinas. Es una especie de CIE donde viven recluidas un n&uacute;mero indeterminado de personas, a quienes, sin un criterio claro, la polic&iacute;a griega ha retenido. Ser&aacute;n deportadas a Turqu&iacute;a una vez se haya confirmado que su situaci&oacute;n no es vulnerable. No se les permite salir de los contenedores en los que viven m&aacute;s que para ir al lavabo. Est&aacute;n en Moria, en &ldquo;el Guant&aacute;namo europeo&rdquo;, como ellos mismos describen el lugar. 
    </p><h3 class="article-text">Compromiso de evacuar a 5.000 personas</h3><p class="article-text">
        Gracias a la campa&ntilde;a internacional impulsada por diversas ONG, el primer ministro griego se ha comprometido a evacuar al continente a 5.000 personas antes del 21 de diciembre. La medida no servir&aacute; para vaciar los <em>hotspots</em> de las islas, m&aacute;s teniendo en cuenta que sigue llegando gente en lanchas. Adem&aacute;s, algunos medios griegos han expresado serias dudas sobre las intenciones reales de ese movimiento tras la reuni&oacute;n mantenida entre el primer ministro Alexis Tsipras y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan el viernes 8 de diciembre. El gobierno griego no lo ha confirmado pero algunas informaciones apuntaban a un pacto secreto entre ambos l&iacute;deres para deportar a solicitantes de asilo desde el continente, algo que no contempla el Acuerdo firmado por la UE y Turqu&iacute;a en marzo de 2016, que prev&eacute; deportaciones exclusivamente desde las islas griegas.
    </p><p class="article-text">
        Eloise explica que en las oficinas de la EASO, la Oficina Europea de Apoyo al Asilo, cuelga un cartel desde este jueves que informa de que no va a haber nuevos registros hasta el 18 de enero. Eso significar&iacute;a que los reci&eacute;n llegados no se contabilizar&iacute;an durante este per&iacute;odo.
    </p><h3 class="article-text"> 2.100 menores solos en las islas</h3><p class="article-text">
        La precariedad para los solicitantes de asilo atrapados en Grecia se ha cronificado monstruosamente. A pesar de la llegada de un nuevo invierno, el gobierno griego no ha mejorado las condiciones de los campos. Cuatro de los albergues en los que viven buena parte de los 3.000 menores que viajaron solos al pa&iacute;s est&aacute; al borde del cierre por problemas de financiaci&oacute;n, seg&uacute;n denuncia Oxfam-Interm&oacute;n. De esos 3.000 menores, cerca de 2.100 est&aacute;n en las islas, algunos, adem&aacute;s, detenidos, es decir, recluidos.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os siguen siendo protagonistas en este &eacute;xodo masivo que no cesa. En el olivar adyacente a Moria, donde viven en tiendas de campa&ntilde;a muchas familias, los ni&ntilde;os salen de todos lados. Juegan, descalzos, sucios, sobre un terreno que hace las veces de parque infantil y de lavabo para todos aquellos que no tienen espacio en el recinto oficial. Juegan ajenos a la situaci&oacute;n en la que viven.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arantza Diez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/invierno-islas-griegas-hace-enferma_1_2997164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Dec 2017 18:46:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Invierno en Lesbos, con 7.000 refugiados atrapados: "Hace frío, la gente enferma"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lesbos,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así viven miles de refugiados atrapados en Grecia tras el acuerdo UE-Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-atrapados-grecia-acuerdo-ue-turquia_1_4634458.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30ef7ae8-c3c5-47e7-84d7-d66fd24dd99c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así viven miles de refugiados atrapados en Grecia tras el acuerdo UE-Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alrededor de 57.000 personas refugiadas están atrapadas en Grecia tras el cierre de la ruta de los Balcanes</p><p class="subtitle">Entramos en Softex, el campo de refugiados a donde trasladaron a los desalojados de Idomeni</p><p class="subtitle">“Hemos pasado cinco meses en un campo de Atenas en muy malas condiciones, por eso decidimos tratar de salir de Grecia", dice Abdullà, después de tres intentos fallidos</p></div><p class="article-text">
        En la plaza Galoupoulou, justo detr&aacute;s de la estaci&oacute;n internacional de tren de Sal&oacute;nica (Grecia), diversas familias afganas con ni&ntilde;os peque&ntilde;os duermen a la intemperie. Aguardan la llamada del traficante que les recoger&aacute; para llevarlos en coche hasta Idomeni, a 80 kil&oacute;metros de distancia, y desde all&iacute;, continuar&aacute;n el camino andando hasta cruzar clandestinamente la frontera con Macedonia. Es una de las v&iacute;as irregulares abiertas en el pa&iacute;s tras el cierre de la ruta de los Balcanes. 
    </p><p class="article-text">
        Su objetivo sigue siendo el mismo de hace un a&ntilde;o: llegar al norte de Europa, sobre todo a Alemania. En su mayor&iacute;a alcanzaron Grecia antes de la entrada en vigor del acuerdo UE-Turqu&iacute;a, que supone el bloqueo de los refugiados en las islas y su posterior devoluci&oacute;n al pa&iacute;s euroasi&aacute;tico. Muchos de los &ldquo;afortunados&rdquo; que arribaron d&iacute;as o semanas antes, siguen intentando salir del pa&iacute;s heleno. Su vida contin&uacute;a siendo el eterno intento de lograrlo, sobreviven para conseguir vivir en otro lugar.
    </p><p class="article-text">
        Entre ellos est&aacute;n Abdull&agrave; y Mariam (nombres ficticios), un matrimonio de la ciudad afgana de Kunduz, y sus cuatro hijos de entre uno y cinco a&ntilde;os. Ya han intentado cruzar la frontera tres veces en una misma semana. Con la barrera de Macedonia cerrada, la estrategia ahora es encontrar la forma de burlar a las autoridades, a cambio de aumentar el negocio de los traficantes. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos pasado cinco meses en un campo de Atenas en muy malas condiciones, por eso decidimos subir hasta Sal&oacute;nica e intentar salir de Grecia. Queremos llegar a Austria. Hacemos esto por nuestros hijos, merecen vivir en un lugar seguro y en paz&rdquo;, explica Abdull&agrave;, que huy&oacute; de Afganist&aacute;n con su familia cuando los talibanes tomaron Kunduz e intentaron extorsionarlo. 
    </p><p class="article-text">
        En dos ocasiones la polic&iacute;a griega los detuvo antes de que consiguieran cruzar y, cuando lograron traspasar el muro, la polic&iacute;a macedonia los arrest&oacute; y los devolvi&oacute; a Sal&oacute;nica. La pareja vendi&oacute; todo lo que ten&iacute;a y sali&oacute; del pa&iacute;s. Pagaron 6.000 d&oacute;lares para llegar a Europa y ahora desembolsar&aacute;n unos 7.000 euros m&aacute;s. 
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s negocio para los traficantes</h3><p class="article-text">
        Pero no pueden dejar rastro. Tienen el dinero bloqueado en una oficina de Afganist&aacute;n y el traficante solo cobrar&aacute; una vez Abdull&agrave; y su familia hayan conseguido llegar a destino: usan la 'hawala', un sistema informal que permite mover dinero sin quedar registrado. 
    </p><p class="article-text">
        Su uso por parte de las mafias se ha generalizado. De esta manera, pueden intentarlo tantas veces como haga falta sin tener que volver a pagar tras cada tentativa fallida, aseguran. &ldquo;La frontera de Macedonia es la m&aacute;s dif&iacute;cil, pero la cosa se suaviza en Serbia y Hungr&iacute;a&rdquo;, explica Abdull&agrave; mientras sonr&iacute;e, confiando en que tarde o temprano, lo conseguir&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como Abdull&agrave; y Mariam, muchos de los demandantes de asilo se desesperan en Grecia, donde en la actualidad hay cerca de 57.000 personas atrapadas en los alrededor de 40 campos de refugiados repartidos a lo largo y ancho del pa&iacute;s. Custodiados por los militares, sus condiciones son p&eacute;simas, tanto que el Centro griego para el Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades (KEELPNO) pidi&oacute; su clausura a finales de julio tras constatar que suponen un riesgo para la salud p&uacute;blica.
    </p><h3 class="article-text">Abusos sexuales a menores en Softex</h3><p class="article-text">
        El de Softex, situado a las afueras de Sal&oacute;nica, es uno de ellos. En las instalaciones abandonadas de una vieja f&aacute;brica de papel de v&aacute;ter malviven unas 1.400 personas. En el interior, una gran nave con escasa ventilaci&oacute;n, se exitienden unas 150 tiendas donde se hacinan familias enteras bajo un calor insoportable.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En el exterior, se multiplican otras tantas decenas de lonas. Softex acoge a los &uacute;ltimos desalojados del campo improvisado de Idomeni. La mayor&iacute;a son sirios, como Mohammed, un chico de 17 a&ntilde;os que hace gala de ser el &uacute;ltimo en subir a uno de los autobuses en los que los militares trasladaron a la gente desde Idomeni hasta los campos oficiales. 
    </p><p class="article-text">
        Habla un ingl&eacute;s perfecto y por las ma&ntilde;anas trabaja como traductor para la Cruz Roja Griega &ndash;una de las poqu&iacute;simas organizaciones con permiso para trabajar en los campos&ndash;. Cobra cinco euros al d&iacute;a. Eso permite a su familia comprar alimentos extra en los puestos de comida que los propios refugiados han montado en los campos para suplir las deficiencias de la repetitiva dieta a la que los militares les tienen acostumbrados.
    </p><p class="article-text">
        Durante varios d&iacute;as, los residentes de esta campo de refugiados organizaron una huelga e impidieron el paso de los camiones que distribuyen la comida. Pero la dieta es un mal menor en Softex: por las noches, el campo es una peque&ntilde;a ciudad sin ley. Quienes m&aacute;s sufren esta inseguridad son las mujeres que viven solas en las tiendas y los menores no acompa&ntilde;ados.
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        La Oficina de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ha confirmado ataques sexuales a mujeres solas y a ni&ntilde;os: &ldquo;Hacemos un seguimiento individualizado de cada uno de los casos denunciados y hemos elevado nuestra preocupaci&oacute;n por la inseguridad del campo ante las autoridades en numerosas ocasiones&rdquo;, alertan. 
    </p><p class="article-text">
        En Softex, la tensi&oacute;n es palpable. Los saqueos en las tiendas son comunes y la gente se queja de que los soldados que custodian el recinto no act&uacute;an ante las denuncias. En este campo no hay escuela para los ni&ntilde;os, que se pasan el d&iacute;a correteando por las pasillos de cemento entre las hileras de tiendas y ante la mirada resignada de los mayores, que tampoco tienen actividad alguna para llenar las pesarosas jornadas que pasan dentro de sus tiendas, enganchados al ventilador para soportar el calor sofocante que supera los 40 grados. 
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres cocinan con peque&ntilde;os fogones dentro de las tiendas, a pesar del riesgo que eso implica: no hay ni planes de evacuaci&oacute;n ni extintores en caso de incendio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El tiempo se eterniza en ese espacio inefable, convertido en el patio trasero de Europa. Centenares de personas salieron el 8 de agosto en manifestaci&oacute;n por las calles de Sal&oacute;nica para denunciar la situaci&oacute;n de Softex: d&iacute;as antes, una mujer muri&oacute; despu&eacute;s de desmayarse mientras se lavaba. La ambulancia tard&oacute; m&aacute;s de una hora en llegar y no se pudo hacer nada por salvarle la vida. A pesar de las protestas, de momento, las cosas siguen igual en el campo.
    </p><h3 class="article-text">Salir de Grecia</h3><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n desesperada, la prioridad para los que se encuentran atrapados en la pen&iacute;nsula griega, donde no quieren quedarse, se acrecienta. Est&aacute;n todos registrados y tienen la tarjeta que les reconoce su estatus de solicitantes de protecci&oacute;n internacional, pero la burocracia va lenta. 
    </p><p class="article-text">
        Khaled, un chico sirio de 22 a&ntilde;os que huy&oacute; de Damasco para evitar ser alistado por las fuerzas gubernamentales, ha conseguido salir de Softex y vive en un piso compartido con tres amigos tambi&eacute;n sirios y una voluntaria catalana que decidi&oacute; quedarse en Sal&oacute;nica tras el desalojo de Idomeni.
    </p><p class="article-text">
        Los j&oacute;venes hab&iacute;an conseguido instalarse en uno de los tres squats ocupados por los movimientos de solidaridad griegos, que se resisten a aceptar la gesti&oacute;n de esta crisis humanitaria por parte del del gobierno de Alexis Tsipras. Khaled y sus amigos viv&iacute;an en Orfanotrofeio, un antiguo orfanato que se hab&iacute;a convertido en un hogar para decenas de refugiados. 
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana del 27 de julio, la polic&iacute;a antidisturbios desaloj&oacute; todas las casas ocupadas, en las que viv&iacute;an unas 70 personas. Khaled afirma que perdi&oacute; todos sus enseres personales tras el desalojo. 
    </p><p class="article-text">
        Los bulldozers derribaron el orfanato. No fue la &uacute;nica mala noticia de aquella semana. A los pocos d&iacute;as, recibi&oacute; otro mazazo en forma de SMS. La Oficina griega de Asilo le comunicaba la fecha de su primera entrevista para valorar su petici&oacute;n de asilo: mayo de 2017. Khaled se derrumb&oacute;: &ldquo;Si hubiera sabido esto, me hubiera quedado en Siria, porque all&iacute; sabes lo que te depara el futuro, o vives o mueres. Aqu&iacute; solo hay incertidumbre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si pudiera, Khaled tambi&eacute;n intentar&iacute;a cruzar la frontera, pero no le queda dinero para pagar a los traficantes. Tampoco Omar (nombre ficticio), otro chico sirio que tiene asignada tienda en Softex, tiene m&aacute;s recursos para huir. Los gast&oacute; todos en un &uacute;nico intento: viaj&oacute; hasta Atenas donde contact&oacute; con un traficante que le facilit&oacute; un pasaporte falso de nacionalidad espa&ntilde;ola.
    </p><h3 class="article-text">Hasta 11 intentos fallidos</h3><p class="article-text">
         &ldquo;La idea era huir a trav&eacute;s de Italia. Tom&eacute; un ferry en Atenas para ir al puerto del Patras y de all&iacute;, a Bari, pero al salir de Patras, en el control de pasajeros, el polic&iacute;a me habl&oacute; en espa&ntilde;ol y, claro, no supe contestar, porque no hablo espa&ntilde;ol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo detuvieron en Patras y lo dejaron marchar al cabo de unas horas despu&eacute;s de pagar una peque&ntilde;a fianza de 88 euros. Tiene mujer e hijo en Siria y, despu&eacute;s de la experiencia, quiere volver a su pa&iacute;s, a pesar de que cuenta con la ayuda de una organizaci&oacute;n de voluntarios que le acogen en pisos en localidad de Polykastro, muy cerca de Sal&oacute;nica, as&iacute; que vive a caballo entre el piso y el campo de Softex.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Jammal (nombre ficticio) lo ha intentado, hasta 11 veces. Sus padres y su hermana ya est&aacute;n en Alemania. &Eacute;l no lo logra: la &uacute;ltima vez, hace solo unos d&iacute;as, lo intent&oacute; desde el aeropuerto de Atenas.
    </p><p class="article-text">
         Por 3.000 euros compr&oacute; un carnet de identidad falsificado, de nacionalidad italiana. &ldquo;En la cola la polic&iacute;a nos ha interrogado a todos los j&oacute;venes, y nos ha pedido el pasaporte&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que sabe que los ciudadanos europeos no est&aacute;n obligados a viajar con pasaporte en territorio UE, no pudo seguir. Ahora solo puede esperar a que se resuelva su solicitud de asilo y pedir ser reubicado en Alemania. Tardar&aacute; meses en saber la respuesta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arantza Diez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-atrapados-grecia-acuerdo-ue-turquia_1_4634458.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Aug 2016 18:04:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así viven miles de refugiados atrapados en Grecia tras el acuerdo UE-Turquía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Grecia,Acuerdo UE - Turquía]]></media:keywords>
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