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    <title><![CDATA[elDiario.es - Dávide Payser Ayala]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/davide_payser_ayala/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Dávide Payser Ayala]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[En el centenario de Pasolini]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/centenario-pasolini_1_8806445.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No solo por cumplirse 100 a&ntilde;os del nacimiento de Pier Paolo Pasolini merece que volvamos una y otra vez sobre la creaci&oacute;n y la acci&oacute;n civil de este artista inconmensurable, uno de los mayores escritores y cineastas europeos del siglo XX y heredero multifac&eacute;tico de los grandes humanistas del pasado. El transcurrir del tiempo no hace m&aacute;s que engrandecer una trayectoria vital y art&iacute;stica conmovedora y excepcional. &iquest;Qu&eacute; tiene que decirnos Pasolini, nacido un 5 de marzo de 1922, a las generaciones que somos y seremos? Lo primero que nos dir&aacute; es que &ldquo;la muerte no est&aacute; en el no poder ya comunicar, sino en el no poder ser comprendido&rdquo;. Siendo as&iacute;, Pasolini, esa voz que sigue interpel&aacute;ndonos mientras vuelven a sonar los ca&ntilde;ones en Europa, como si no pudi&eacute;ramos escapar de aquellos c&iacute;rculos dantescos que aparecen en su obra, contin&uacute;a hoy tan vivo como siempre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando est&eacute; muerto, &iquest;qu&eacute; importar&aacute; mi vida privada?&rdquo;, escribi&oacute; una vez. Pasolini quiso que se le recordara por su obra art&iacute;stica, especialmente por sus libros, pero tambi&eacute;n podemos celebrar su inquebrantable compromiso civil, expresado por aquellos a&ntilde;os turbulentos en su permanente relaci&oacute;n con multitud de colectivos sociales de izquierda, adem&aacute;s de&nbsp;incesantes colaboraciones con la prensa italiana, prolongadas hasta el momento mismo de su muerte. A principios de los a&ntilde;os sesenta, en medio de un proceso acelerado de implantaci&oacute;n de la sociedad de consumo en toda Europa, Pasolini es el cr&iacute;tico m&aacute;s feroz del &ldquo;falso progreso&rdquo; que viene de la mano del desarrollismo capitalista imperante. Abril de 1945, la derrota del fascismo, hab&iacute;a supuesto para el poeta la apertura de un tiempo luminoso en el que la humanidad superviviente aspiraba a algo mejor que aquel sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de explotaci&oacute;n, que hab&iacute;a generado un horror como el que entonces parec&iacute;a que terminaba. Ser testigo de la lucha de los campesinos friulanos contra los amos terratenientes (un mundo que retrat&oacute; en la pel&iacute;cula <em>Novecento</em> su amigo Bertolucci) lo llev&oacute; a apoyar activamente al Partido Comunista Italiano, la formaci&oacute;n comunista m&aacute;s grande y potente de Europa occidental, una adhesi&oacute;n hacia lo que &eacute;l consideraba &ldquo;la otra Italia&rdquo;, limpia y honesta en medio de un pa&iacute;s que, dirigido por la Democracia Cristiana y su contubernio con la OTAN, se hab&iacute;a vuelto turbio y miserable. Tal apoyo pol&iacute;tico al proyecto comunista se mantuvo f&eacute;rreo hasta el final, pese a que hoy se quiera rebajar ese perfil, apelando a los matices y cr&iacute;ticas que una conciencia l&uacute;cida no pod&iacute;a dejar de plantear. En junio de 1975, meses antes de morir, ped&iacute;a en <em>l'Unit&aacute;</em> el voto para el PCI y se dirig&iacute;a as&iacute; a los j&oacute;venes: &ldquo;Si no conoci&eacute;ramos a Marx, a Lenin, a Gramsci, vivir&iacute;amos una vida sin forma&rdquo;. Con clarividencia excepcional, observa y describe c&oacute;mo el pa&iacute;s que&nbsp;ama se degrada ante sus ojos. El consumismo, nos dice, nos hace peores personas porque la industria y sus amos producen esencialmente mierda. El consumidor es un siervo que cree est&uacute;pidamente que tiene derechos. Los productos industriales&nbsp;que nos ofrece el capitalismo son mierda. Los quesitos&nbsp;y las galletitas que venden en los supermercados para los ni&ntilde;os son mierda. Las granjas industriales y sus productos derivados son mierda. El urbanismo de masas que destruye paisajes naturales y humanos trazados durante siglos es mierda y representa, junto con el conformismo social y la homologaci&oacute;n cultural que van de la mano de medios como la televisi&oacute;n, un&nbsp;aut&eacute;ntico genocidio. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pensado hoy Pasolini de una humanidad atemorizada y ap&aacute;tica, que no levanta los ojos de la pantalla del m&oacute;vil, &ldquo;transhumanada y organizada&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        La Pasi&oacute;n seg&uacute;n Mateo de Bach suena en la entrada de &ldquo;Accattone&rdquo;, su primera pel&iacute;cula, la historia tr&aacute;gica de un hijo de las barriadas romanas. Con esta obra, del a&ntilde;o sesenta y uno, Pasolini pas&oacute; de ser un escritor prestigioso a encarnar una voz cada vez m&aacute;s escuchada en la escena art&iacute;stica e intelectual. Se inicia as&iacute; una carrera mete&oacute;rica que propiciar&aacute; su reconocimiento internacional en pocos a&ntilde;os. El artista Pasolini es hoy d&iacute;a una figura universal, un verdadero cl&aacute;sico del cine y las letras, &ldquo;uno de los pocos de este siglo que contar&aacute;n en el futuro&rdquo;, como lo supo ver su amigo Alberto Moravia. En su faceta de cineasta, inicialmente adscrita al neorrealismo con metrajes como la mencionada &ldquo;Accatone&rdquo; o &ldquo;Mamma Roma&rdquo;, nos ha legado tambi&eacute;n las m&aacute;s genuinas representaciones de la antig&uuml;edad en pel&iacute;culas como el &ldquo;Evangelio seg&uacute;n Mateo&rdquo;, &ldquo;Edipo Rey&rdquo; o &ldquo;Medea&rdquo;, o maravillosas adaptaciones de cl&aacute;sicos de la literatura como &ldquo;El Decamer&oacute;n&rdquo;, &ldquo;Los cuentos de Canterbury&rdquo; o &ldquo;Las mil y una noches&rdquo;. Por &uacute;ltimo, en la fabulaci&oacute;n de su obra maestra final, Pasolini supo asestar, a trav&eacute;s del lenguaje cinematogr&aacute;fico, un golpe simb&oacute;lico devastador al Poder may&uacute;sculo (en las figuras simb&oacute;licas del banquero, el obispo, el duque y el magistrado) con &ldquo;Sal&oacute; o las 120 jornadas de Sodoma&rdquo;, un film de violencia insoportable, que quiso acompa&ntilde;ar por la banda sonora ligera, despreocupada, inolvidable contrapunto del horror, del genial Morricone.
    </p><p class="article-text">
        Mucho antes, Pasolini hab&iacute;a demostrado su talento en el campo literario. La novela &ldquo;Una vida violenta&rdquo;, del a&ntilde;o cincuenta y nueve, hab&iacute;a obtenido el segundo puesto en el concurso del premio Strega, m&aacute;ximo galard&oacute;n de las letras italianas (el primero se lo llev&oacute; ese a&ntilde;o<em> &ldquo;</em>El Gatopardo&rdquo;, de Lampedusa). A esta novela le hab&iacute;a precedido otra, &ldquo;Chicos de la vida&rdquo;, recreaci&oacute;n po&eacute;tica de las andanzas de unos j&oacute;venes romanos de posguerra. Tambi&eacute;n ambientadas en los d&iacute;as felices de mitad de los cuarenta, &ldquo;El sue&ntilde;o de una cosa&rdquo; o &ldquo;Amado m&iacute;o&rdquo; son buena muestra de su universo narrativo. Y aunque Pasolini anunci&oacute; alguna vez, pol&eacute;micamente, que abandonaba la literatura en italiano para dedicarse &uacute;nicamente a la &ldquo;lengua internacional&rdquo; del cine, lo cierto es que la muerte lo atrap&oacute; mientras redactaba la que seg&uacute;n &eacute;l iba a ser su obra maestra, la monstruosa novela &ldquo;Petr&oacute;leo&rdquo;, en la que indagaba en las oscuras tramas del poder econ&oacute;mico en Italia, y que qued&oacute; incompleta, envuelta en los misterios y conjeturas que rodearon su muerte. Pero es en la poes&iacute;a donde nos encontramos a Pasolini en su estado m&aacute;s puro y originario: colecciones inolvidables como las iniciales &ldquo;Poes&iacute;as en Casarsa&rdquo;, escritas en la lengua friulana de la madre; la exquisitez de los tercetos dantescos en &ldquo;Las cenizas de Gramsci&rdquo;, del a&ntilde;o cincuenta y cinco; la autobiograf&iacute;a poetizada en &ldquo;La religi&oacute;n de mi tiempo&rdquo;, del sesenta y uno; la impronta de Rimbaud en &ldquo;Poes&iacute;a en forma de rosa&rdquo;, del sesenta y tres;&nbsp;o, finalmente, la autodestrucci&oacute;n est&eacute;tica de &ldquo;Transhumanar y organizar&rdquo;, del setenta y uno, todos ellos t&iacute;tulos que permanecer&aacute;n para siempre en la memoria literaria universal.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando se cumplen 100 a&ntilde;os de su nacimiento en Bolo&ntilde;a, los medios mayoritarios celebran al Pasolini &ldquo;contradictorio&rdquo; intentando trocear sus m&uacute;ltiples facetas, dejando de lado cuanto de &ldquo;inc&oacute;modo&rdquo; tiene todav&iacute;a hoy el intelectual comprometido y&nbsp;tratan por contra de rescatar para el mercado al artista &ldquo;vendible&rdquo;, productor de exquisitos objetos culturales. Sin embargo no lo tienen f&aacute;cil. Como nos dijera Walter Benjamin, &ldquo;no hay documento de cultura que no lo sea tambi&eacute;n de barbarie&rdquo;. Vean de nuevo &ldquo;Sal&oacute;&rdquo;, &ldquo;Pocilga&rdquo; o &ldquo;Teorema&rdquo;. Pasolini no se deja consumir f&aacute;cilmente ni deja tranquilo a nadie. El prestigio de su figura no necesita de ninguna campa&ntilde;a de marketing. Basta verlo reaparecer de tanto en tanto, como un eco perenne, en las p&aacute;ginas de importantes escritores actuales como Roberto Saviano o Elena Ferrante. Mientras en Europa vuelven a caer las bombas y la opini&oacute;n p&uacute;blica es inundada por las soflamas b&eacute;licas y la propaganda que dice, por tierra, mar y aire, que la guerra se solucionar&aacute; vetando directores de orquesta y delegaciones paral&iacute;mpicas, exportando armas y redoblando presupuestos de defensa, la voz de Pasolini, clamando como &ldquo;una fuerza del pasado&rdquo;, nos recuerda que &ldquo;la no-violencia es la actitud sentimental y persuasiva de quien est&aacute; totalmente fuera de todo conformismo, de quien se ha liberado totalmente a trav&eacute;s de los instrumentos de la raz&oacute;n y de la cultura&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dávide Payser Ayala]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/centenario-pasolini_1_8806445.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Mar 2022 10:31:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En el centenario de Pasolini]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cambio, el recambio y la precariedad laboral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cambio-recambio-precariedad-laboral_132_3424429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Vivimos tiempos confusos. Tiempos que el fil&oacute;sofo esloveno Slavoj Zizek, parafraseando un provebio chino, ha denominado &ldquo;tiempos interesantes&rdquo;. Los tiempos interesantes, seg&uacute;n Zizek, pueden constituir una verdadera maldici&oacute;n para quien los padece. La dial&eacute;ctica, aquel m&eacute;todo que anta&ntilde;o nutr&iacute;a el discurrir de los pensadores revolucionarios, nos ense&ntilde;a que cada cosa encierra dentro de s&iacute; misma su contrario. Tanto es as&iacute; que hoy, Primero de Mayo, vemos como la clase trabajadora de Europa, que hasta hace poco engrosaba las filas del Partido Comunista, se entrega con fervor a los discursos enarbolados por el nuevo fascismo que encarnan Marine Le Pen o Geert Wilders. Del mismo modo, contemplamos con estupor como el neoliberalismo ha penetrado hasta el tu&eacute;tano en las ideas acerca del trabajo que circulan entre las organizaciones pol&iacute;ticas de la socialdemocracia y la izquierda nacionalista, as&iacute; como entre las ONGs y movimientos sociales afines a ellas. En nombre de la moderaci&oacute;n, estas corrientes transan con planteamientos que son de todo menos moderados; en nombre de la realpolitik, asumen que las desigualdades crecientes y el empobrecimiento generalizado forman parte del paisaje de nuestra &eacute;poca. Se convierten as&iacute; en el &ldquo;tonto &uacute;til&rdquo; de una derecha que aparece ante la ciudadan&iacute;a como una opci&oacute;n con un discurso m&aacute;s honesto. Se dir&iacute;a que esta izquierda &ldquo;rosa&rdquo; (y a veces un poco verde, un poco violeta, un poco arcoiris, seg&uacute;n la moda de la estaci&oacute;n) hubiera renunciado a plantar cara a la injusticia estructural que caracteriza a nuestras sociedades, y que, apoltronada en las prebendas que el poder otorga a los hijos descarriados, haya pasado de querer ser alternativa a asumir ser simple alternancia.
    </p><p class="article-text">
        Hace no demasiado tiempo, la transversalidad global de los sujetos en lucha ven&iacute;a definida por el concepto de &ldquo;clase&rdquo;. Estaba la clase dominante, la clase de los propietarios y rentistas, que manejaba los mecanismos productivos desde la l&oacute;gica monopolista y competitiva impuesta por el capital, y frente a ella, todos aquellos que s&oacute;lo dispon&iacute;an de su fuerza de trabajo para subsistir y que deb&iacute;an unirse y organizarse para defender sus derechos.  
    </p><p class="article-text">
        A partir de los a&ntilde;os ochenta, con la plena consolidaci&oacute;n de la fase econ&oacute;mica posfordista y el capitalismo flexible, la picadora neoliberal, amparada por las corrientes de pensamiento posmoderno, se encarg&oacute; de crear un relato que abonaba la creencia de que &ldquo;las clases sociales ya no existen&rdquo;. Entr&aacute;bamos as&iacute; en un periodo de individualismo exacerbado y creciente, de s&aacute;lvese quien pueda y de todos contra todos. La fragmentaci&oacute;n constante del proletariado, en funci&oacute;n de sus distintos niveles de especializaci&oacute;n y de los distintos rangos salariales, contribuy&oacute; a consolidar esta creencia y naturalizarla, volvi&eacute;ndola transparente. Una ma&ntilde;ana, los antiguos progres se despertaron convertidos en neoliberales, pero todav&iacute;a se negaban a admitirlo. Parec&iacute;an progres, hablaban como  progres y vest&iacute;an como progres. Segu&iacute;an emocion&aacute;ndose con las canciones de Silvio y Pablo. Sin embargo, los manejos del d&iacute;a a d&iacute;a los hab&iacute;an ido sumergiendo inadvertidamente en las turbias aguas de un pragmatismo derrotista. &ldquo;Esto es lo que hay&rdquo;, sol&iacute;an repetirse frente al espejo. Y pronto comenzaron a hacer de la necesidad virtud. El marxismo de Carlos fue sustituido por el de Groucho: &ldquo;Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como es sabido, el capitalismo tiene entre sus principales virtudes la de adaptarse de un modo proteico a infinidad de contextos y apropiarse de cuanto pueda suponer una u otra forma de incremento del beneficio, incluso haciendo suyos valores que en principio le son refractarios. As&iacute;, dentro del paroxismo mercantilista de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, hemos visto la aparici&oacute;n de un capitalismo &ldquo;verde&rdquo; con representantes como el ex-vicepresidente estadounidense Al Gore; de un neoliberalismo &ldquo;feminista&rdquo; (pensemos en Margaret Thatcher o en la misma Hillary Clinton); o en la versi&oacute;n reaccionaria del movimiento gay que defend&iacute;a el desaparecido l&iacute;der ultraderechista Pim Fortuyn. La lucha contra las desigualdades de g&eacute;nero, la defensa del medioambiente, la dignidad de los animales, los derechos del colectivo LGTB, son valores al alza dentro de la ideolog&iacute;a liberal hegem&oacute;nica en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados y esto, es evidente, es una buena noticia. Sin embargo,
    </p><p class="article-text">
        nadie parece capaz de contestar la indisimulada tendencia a la devaluaci&oacute;n salarial y el empobrecimiento generalizado como ejes de una econom&iacute;a orientada a producir mercanc&iacute;as a precio de saldo que compitan en la globalizaci&oacute;n. Paralelamente, surgen en el paisaje devastado por la crisis cooperativas, asociaciones y empresas de la &ldquo;econom&iacute;a social&rdquo; en las cuales se mezcla viscosamente el voluntariado con el trabajo-basura, los valores &eacute;ticos con la explotaci&oacute;n laboral, la vocaci&oacute;n profesional con la precariedad absoluta. Resulta frecuente escuchar o leer a pol&iacute;ticos, activistas y otros agentes sociales a quienes se les llena la boca con las palabras &ldquo;progreso&rdquo;, &ldquo;cambio&rdquo;,  &ldquo;solidaridad&rdquo;, &ldquo;econom&iacute;a social&rdquo;, &ldquo;proyecto ecosocial&rdquo; y otros significantes de similar espectro sem&aacute;ntico, declararse paladines de una pol&iacute;tica diferente, para luego comprobar como, en la pr&aacute;ctica, niegan sin empacho el derecho de quienes est&aacute;n bajo su responsabilidad a la negociaci&oacute;n colectiva o no ven ning&uacute;n problema con que haya subordinados que trabajan en r&eacute;gimen de discontinuidad, enlazando contratos temporales o bloqueados en jornadas a tiempo parcial que les condenan a la pobreza. Al final, por mucho &ldquo;buen rollo&rdquo; que le pongan, no podemos sino considerarlos tambi&eacute;n a ellos agentes de la precarizaci&oacute;n y, por lo tanto, eslabones perfectos en la cadena de esta econom&iacute;a neoliberal que, en palabras del soci&oacute;logo Richard Sennett, produce en los individuos una inexorable &ldquo;corrosi&oacute;n del car&aacute;cter&rdquo;. Las administraciones &ldquo;del cambio&rdquo; se encuentran en una encrucijada: si de lo que se trata es de que los servicios p&uacute;blicos externalizados los asuman aquellas organizaciones afines, que comparten una ideolog&iacute;a presuntamente progresista, pero que no resisten una inspecci&oacute;n de trabajo, es que estamos mucho peor de los que podr&iacute;amos suponer en un primer momento. &iquest;Es esto lo mejor a lo que podemos aspirar quienes deseamos otra  pol&iacute;tica?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dávide Payser Ayala]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cambio-recambio-precariedad-laboral_132_3424429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 May 2017 15:11:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El cambio, el recambio y la precariedad laboral]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La música clásica en el debate político canario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/musica-clasica-debate-politico-canario_132_3866200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Asistimos &uacute;ltimamente a un encendido debate en la prensa y en las redes a causa del reciente cambio que el Gobierno auton&oacute;mico ha promovido en la direcci&oacute;n del Festival Internacional de M&uacute;sica de Canarias, cambio que se ha visto traducido en un nuevo estilo de &nbsp;programaci&oacute;n y un criterio de gasto diferente para la pr&oacute;xima edici&oacute;n, para esc&aacute;ndalo de la peque&ntilde;a camarilla cultural aut&oacute;ctona, que mira el Festival como quien contempla un jard&iacute;n privado. Music&oacute;logos titulados en la escuela de la vida y en los hermosos veranos de Bayreuth y Salzburgo, se aferran a sus fueros y a toda la influencia que a&uacute;n pueden ejercer, para evitar, dicen, un tremendo dislate, frente a la tropa de paracaidistas que con mayor o menor acierto y probidad ven abierta la posibilidad de abrir una brecha en el b&uacute;nker, colarse en &eacute;l y, transformar el Festival en otra cosa, otra cosa parecida en cualquier caso. &nbsp;En torno a ellos, a&ntilde;adiendo ruido y jolgorio a la refriega, se alzan algunas voces apocal&iacute;pticas que claman por la destrucci&oacute;n del Festival y de todo el entramado decadente y palaciego que sostiene a la cultura en estas latitudes. Tal y como est&aacute; planteado, es notorio que el debate, promovido, insistimos, desde el propio &nbsp;Gobierno, no deja de considerar la m&uacute;sica cl&aacute;sica como un gasto suntuario, y el Festival como un evento para &eacute;lites y entendidos, m&aacute;s o menos numerosos, m&aacute;s o menos locales, m&aacute;s o menos sectarios. Los actores en liza no dejar&aacute;n de intentar barrer para su propia casa, confundiendo el inter&eacute;s general con el propio, como &nbsp;sucede a menudo cuando las gentes de la cultura, que son por lo general espont&aacute;neamente individualistas y mercenarias, se plantean el compromiso social o pol&iacute;tico: empiezan con buenas intenciones y acaban tratando de s&iacute; mismos y de sus asuntos personales y familiares, que poco o nada tienen que ver con los problemas de la mayor&iacute;a que los inspiraban al principio.
    </p><p class="article-text">
        Un Festival de M&uacute;sica como el que disfrutamos, que se lleva un sabroso bocado del gasto total en Cultura, estar&iacute;a plenamente justificado en una Comunidad donde la afici&oacute;n a la m&uacute;sica cl&aacute;sica estuviera consolidada o donde se pretendiera dar prioridad a la misma desde el plano educativo. No es nuestro caso: en Canarias, como sabemos, no existe una afici&oacute;n numerosa a la &nbsp;m&uacute;sica cl&aacute;sica, y a la par que padecemos unos niveles baj&iacute;simos en todas las materias culturales y art&iacute;sticas (&iacute;ndices de lectura, asistencia a teatros, exposiciones y conciertos, incluso afici&oacute;n al cine, tal y como recoge el &uacute;ltimo estudio publicado por el Consejo Econ&oacute;mico y Social del que tenemos noticia, correspondiente al dictamen 2/2011 sobre el Plan Canario de Cultura), tal es la realidad del conocimiento y disfrute de la m&uacute;sica cl&aacute;sica en el Archipi&eacute;lago. Por lo que respecta a la M&uacute;sica dentro del marco de la Educaci&oacute;n P&uacute;blica, que deber&iacute;a ser la puerta de entrada a un conocimiento musical serio para toda la poblaci&oacute;n, el Gobierno canario ha acatado sin rechistar una reforma de la Ley Educativa que reduce dr&aacute;sticamente el peso de la formaci&oacute;n musical en el curr&iacute;culo de la Ense&ntilde;anza Obligatoria, dentro del deterioro generalizado que sufren las Humanidades y las Artes en el modelo tecnocr&aacute;tico y mercantil promovido por la derecha. As&iacute; pues, tenemos, por un lado, un abandono y desinter&eacute;s totales en lo que respecta a la educaci&oacute;n musical de &aacute;mbito generalista, mientras que, por el otro, cobra importancia un debate sobre el &ldquo;principal evento cultural del Archipi&eacute;lago&rdquo;. Tiene esta contradicci&oacute;n en la pol&iacute;tica cultural canaria algo propio de &nbsp;colonia subdesarrollada, donde las &eacute;lites se pelean por los divos que han de venir la pr&oacute;xima temporada mientras el pueblo llano, con pocas expectativas de cara al futuro, cada vez canta menos y se intoxica con el mainstream enlatado de las f&oacute;rmulas comerciales, sin di&aacute;logo alguno entre ambas esferas. En este contexto de desidia e indiferencia reales, resulta claramente arbitrario justificar la presencia de la Orquesta delTeatro Mariinsky o la Sinf&oacute;nica de Chicago (demasiado cara incluso para muchas salas norteamericanas) en nuestros auditorios. Desde el &aacute;mbito del Gobierno y adl&aacute;teres, sin duda, los m&aacute;s pragm&aacute;ticos y expeditivos, a quienes bastan un timple y el raca raca con la botella de an&iacute;s para colmar sus necesidades musicales, querr&aacute;n aprovechar estas inconsistencias para desmontar piedra a piedra un Festival que, ciertamente, ha tra&iacute;do a Canarias, a lo largo de sus treinta y pico ediciones, a muchos artistas de primer nivel mundial. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, encontramos la verdad dolorosa de que la m&uacute;sica, cl&aacute;sica, folkl&oacute;rica o de consumo masivo, como bien cultural general, importa bien poco a nuestra infausta clase pol&iacute;tica, m&aacute;s all&aacute; de lo que pueda suponer eventualmente como escaparate publicitario. El nivel de conciencia y conocimientos espec&iacute;ficos por parte de los responsables directos es muy deficiente y, al no tener ni idea, se encomiendan a la rosca de los sabios mel&oacute;manos de anta&ntilde;o, music&oacute;logos ap&oacute;crifos, compositores atonales en sus ratos libres y gentes de rancio abolengo, que consolidaron su monopolio en cuestiones culturales cuando esto era un pedregal, se divirtieron y gozaron con ello y pretenden ahora seguir sentando c&aacute;tedra desde sus ajadas tribunas, sin atender a los cambios experimentados con el transcurrir del tiempo y a la irrupci&oacute;n de otras voces, probablemente m&aacute;s cualificadas. Efectivamente ha pasado el tiempo y muchos esforzados estudiantes de m&uacute;sica que se formaron fuera han vuelto a las islas, pero la pol&iacute;tica de implantaci&oacute;n musical no ha terminado de cuajar. Tras el periodo expansivo de los a&ntilde;os ochenta y primeros noventa, cuando realmente se trat&oacute; de extender y democratizar el acceso a los estudios art&iacute;sticos, incluso a nivel profesional, hoy vuelve a darse por sentado que el aprendizaje de la m&uacute;sica cl&aacute;sica ha de ser minoritario. La realidad de los conservatorios canarios muestra unos niveles de matr&iacute;culas claramente insuficientes, procedentes sobre todo de un alumnado que cursa sus estudios obligatorios en colegios privados. Los estudios elementales, profesionales y superiores de M&uacute;sica se han encarecido &nbsp;de forma escandalosa en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, en consonancia con lo sucedido en todo el &aacute;mbito educativo. La nueva elitizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n que promueve la derecha ha dado como resultado previsible un vaciamiento de las aulas en las islas y un ambiente cada vez m&aacute;s mortecino para el alumnado.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la situaci&oacute;n laboral de los m&uacute;sicos y profesores de m&uacute;sica, la mayor&iacute;a de los cuales son titulados superiores con largos a&ntilde;os de estudio y experiencia a sus espaldas, es tremendamente precaria en Canarias. S&oacute;lo escapan con cierta holgura quienes trabajan para instituciones p&uacute;blicas fuertemente respaldadas, e incluso en algunas de estas observamos un gran desorden, arbitrariedades y malestar laboral, tal y como atestiguan la convocatoria de huelga para septiembre en la Orquesta Filarm&oacute;nica de Gran Canaria o los sucesos del curso pasado a ra&iacute;z del cambio de direcci&oacute;n en el Conservatorio Superior de Canarias. La situaci&oacute;n de las Escuelas de M&uacute;sica municipales, a su vez, es muy preocupante. El Gobierno de Canarias y los Cabildos han aprovechado la crisis para eliminar de un plumazo las subvenciones que anta&ntilde;o conced&iacute;an a estos centros, con el consiguiente deterioro de este servicio. Muchas han cerrado. Otras se han privatizado. Incluso algunos ayuntamientos pretendidamente progresistas y que se toman a s&iacute; mismos como modelo de pol&iacute;ticas alternativas, mantienen sus Escuelas de M&uacute;sica externalizadas y al profesorado en condiciones precarias, en muchos casos en r&eacute;gimen de discontinuidad, y con una remuneraci&oacute;n paup&eacute;rrima, con la aquiescencia, esto es lo m&aacute;s preocupante, de muchos de estos mismos profesores, que temen perder lo poco que tienen y tratan de mantenerse a flote como sea, dificultando cualquier reivindicaci&oacute;n sindical o mejora de car&aacute;cter colectivo. Del sector privado, productores y asociaciones, no se puede esperar de momento nada bueno. La desregulaci&oacute;n absoluta, los abusos laborales, la ausencia de opciones fiscales viables, junto con la permanente incertidumbre de si habr&aacute; o no habr&aacute; actividades, comportan enormes dificultades de trabajo para el m&uacute;sico que prentenda subsistir en este &aacute;mbito. La emigraci&oacute;n vuelve a ser la opci&oacute;n de quienes quieren salir adelante. Ning&uacute;n gran Festival arreglar&aacute; de momento la situaci&oacute;n de estos profesionales.
    </p><p class="article-text">
        Como vemos, hay mucho trabajo que hacer en la implantaci&oacute;n de unas pol&iacute;ticas que favorezcan la posibilidad de disfrutar mayoritariamente de una vida musical de calidad en el Archipi&eacute;lago y que sostengan el tejido musical profesional aut&oacute;ctono. Ello va mucho m&aacute;s all&aacute; de un mero cambio en la programaci&oacute;n del Festival y ata&ntilde;e, como es evidente, a las pol&iacute;ticas educativas. La importancia de la m&uacute;sica, omnipresente en nuestra vida, justifica que los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados hayan blindado el derecho de la poblaci&oacute;n al acceso a una cultura musical s&oacute;lida, incluso mediante reformas constitucionales. &nbsp;Nosotros, como los suizos y los austr&iacute;acos, tambi&eacute;n deseamos poder escuchar por estas latitudes a Juan Diego Fl&oacute;rez o a la Petite Bande de &nbsp;Sigiswald Kuijken, y deseamos m&aacute;s a&uacute;n que se programen y remuneren conciertos educativos de libre acceso durante todo el a&ntilde;o para los int&eacute;rpretes que residen en Canarias. Queremos escuchar en vivo a la Mahler Chamber Orchestra y al Cuarteto de La Habana y queremos tambi&eacute;n que todos los conciertos del Festival se puedan ver en la Televisi&oacute;n Canarian horario de m&aacute;xima audiencia. Deseamos ardientemente que traigan a la contralto Cecilia Bartoli acompa&ntilde;ada por Il Giardino Armonico o al violonchelista Pieter Wispelwey con la Orquesta del Concertgebouw de &Aacute;msterdam o, por qu&eacute; no, a la Filarm&oacute;nica de Berl&iacute;n con Sir Simon Rattle al frente, para deslumbrarnos con Mahler o Stravinsky; eso s&iacute;, que ning&uacute;n escolar en Canarias se quede sin saberlo, que todo el mundo celebre el desembarco de los artistas y el gran p&uacute;blico sepa tararear los primeros compases cuando el maestro empiece a mover la batuta. Mucho pedir, probablemente. Pero a d&iacute;a de hoy no observamos m&aacute;s que un continuismo de fondo que no har&aacute; sino prolongar el desencuentro y la falta de arraigo entre el Festival y la poblaci&oacute;n que lo sostiene y financia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dávide Payser Ayala]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Aug 2016 19:05:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La música clásica en el debate político canario]]></media:title>
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