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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lucía Rosa González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lucia_rosa_gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lucía Rosa González]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo que el volcán dejó, la carretera destruye]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/volcan-dejo-carretera-destruye_129_8911030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b57e0532-4407-41eb-ba72-6ef593d52f47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que el volcán dejó, la carretera destruye"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Las fincas que sobrevivieron a la lava quedarán arrasadas por una macrocarretera que chirriará sobre sus vértebras. Los barrios de Marina, San Borondón, Cabrejas, San Isidro serán arrollados, destripados por una obra disfrazada de emergencia pero que no es de emergencia</p></div><p class="article-text">
        La emergencia da para todo. Estaba planeada de antemano; la &uacute;nica opci&oacute;n para la carretera de La Costa estaba estipulada as&iacute; desde el primer d&iacute;a. Y no dan el brazo a torcer. Que sean representantes pol&iacute;ticos insensibles quienes tengan en sus manos tu futuro convulso, lastrado previamente por la dram&aacute;tica destrucci&oacute;n de un volc&aacute;n, es desconsolador. &iquest;Pero no sienten en sus carnes nuestro grito?
    </p><p class="article-text">
        El alcalde de Tazacorte ha sido incapaz de detener el exterminio. Ni ning&uacute;n otro representante pol&iacute;tico de la isla. Todos confabulados. Adem&aacute;s, no se ha modificado absolutamente el trazado, el enga&ntilde;o ante los medios de comunicaci&oacute;n es evidente, pues ese dise&ntilde;o que ellos argumentan modificado circulaba desde hace una semana en los whatsaps. Justificaciones pobres que fragmentan a&uacute;n m&aacute;s un valle fragmentado por forzosas lenguas de lava.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor del volc&aacute;n vendr&aacute; despu&eacute;s del volc&aacute;n, dec&iacute;a la gente con voz tr&eacute;mula. Y no pitonisa, sino la gente normal amparada en la sabidur&iacute;a que da la tierra, la carne de la tierra. Pens&eacute; que eran expresiones pintorescas acordes con las cat&aacute;strofes. Jam&aacute;s imagin&eacute; que se fueran a llagar las pocas zonas verdes que el volc&aacute;n no sepult&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las fincas que sobrevivieron a la lava quedar&aacute;n arrasadas por una macrocarretera que chirriar&aacute; sobre sus v&eacute;rtebras. Los barrios de Marina, San Borond&oacute;n, Cabrejas, San Isidro ser&aacute;n arrollados, destripados por una obra disfrazada de emergencia pero que no es de emergencia. Si lo fuera, remediar&iacute;a el estropicio que caus&oacute; el volc&aacute;n, satisfar&iacute;a nuestras necesidades seg&uacute;n la Ley de Contratos del Sector P&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        De los tres canteros de la finca de Los Barriales, la lava entr&oacute; en dos. Y ah&iacute; qued&oacute; todo. Fueron tres meses de suplicante lucha contra la indolente lava para que detuviera el golpe; y la lava fren&oacute;, pero viene la reconstrucci&oacute;n y te propina el golpe de gracia, remata la masacre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una isla sostenible, &iquest;qu&eacute; implica? &iquest;Una macrocarretera insostenible? &iexcl;Un espantap&aacute;jaros para espantar a los tristes p&aacute;jaros! Que La Palma sea Reserva Mundial de la Biosfera, &iquest;qu&eacute; diablos significa? &iquest;Qui&eacute;n controla los desastres de la reconstrucci&oacute;n bajo la terrible m&aacute;scara de la emergencia? &iquest;De qu&eacute; lado est&aacute; Medio Ambiente? &iquest;Nos cuida y protege o nos arrastra como lagartijas por el oscuro asfalto?
    </p><p class="article-text">
        Una alternativa que los vecinos entender&aacute;n, dicen los responsables del insolente proyecto. &iquest;De qu&eacute; vecinos hablan? No carecemos de tal capacidad para entender que hay que dinamizar la movilidad, pero qu&eacute; necesidad hay de atravesar las zonas que ni siquiera la lava se atrevi&oacute; a aniquilar. &iexcl;Aprovechen los tramos intactos de carretera que el volc&aacute;n respet&oacute;! &iexcl;Crucen las tongas de lavas! Respeten la luz verdosa de las plataneras, &iquest;no oyen su alarido? Quiz&aacute; es que no se han percatado de que el volc&aacute;n nos desnud&oacute;, nos dej&oacute; en los huesos; pero lo que es a&uacute;n peor, viene la reconstrucci&oacute;n y nos deja desnudos y a la intemperie.
    </p><p class="article-text">
        Desde Argual a Puerto Naos solo se llevar&aacute;n tres hect&aacute;reas, dicen los defensores ac&eacute;rrimos de la v&iacute;a, pero eso es una falacia. Un argumento irreal.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que las fincas agr&iacute;colas exentas de lava se transformar&aacute;n en brazos de asfalto, las plataneras hundir&aacute;n sus ra&iacute;ces en nichos de cemento, los ojos de las hojas cerrar&aacute;n sus p&aacute;rpados para siempre ce&ntilde;idos por los huecos ventilados de las murallas, aplastadas por los rechinantes cucharones de las palas y, si los abrieran, se sentir&iacute;an desfallecer no asfixiadas bajo tierra, sino ahogadas por el agua clorada de las piscinas de los macrohoteles futuristas, donde la mayor&iacute;a de los actuales propietarios de las fincas jam&aacute;s nadar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Algunos desmoralizados propietarios considerar&aacute;n infructuosa una lucha contra la violenta especulaci&oacute;n reconstructiva. He aqu&iacute; una bolsa de brillante dinero contante y sonante, he aqu&iacute; brillante el futuro:
    </p><p class="article-text">
        Bloques de hormig&oacute;n despiadados como hachas mutilar&aacute;n tus cepas, barras de hierro encendido cegar&aacute;n los dedos de tus manos, te desflorar&aacute;n a fuego lento, descarn&aacute;ndote a chispazos, no las lenguas de la lava que la tierra pari&oacute;, sino otras manos desgarepar&aacute;n y destroncar&aacute;n tus tallos espantados que el mundo entero pisotear&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        No nos vale la cruel expropiaci&oacute;n, no amamos el oro contaminado por la salvaje especulaci&oacute;n que nos ofrecer&aacute;n, amamos las hojas, el sonido de las hojas rozando las piedras negras que nos entreg&oacute; la lava y construir sobre ella los escalones que las fincas reivindican para nuestros esperanzados pasos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las temblorosas piedras desterradas de las paredes, sobre las que los obreros de los almacenes acostaban las pi&ntilde;as frondosas para el reposo antes de cargarlas a hombros, se acomodar&aacute;n a las modernas urbanizaciones rodeadas de c&eacute;sped en que los paseantes no ser&aacute;n los isle&ntilde;os. El agua desconsolada correr&aacute; sobre paseos de cemento, no sobre las hambrientas calles de barro de los canteros.
    </p><p class="article-text">
        Exigimos una urgente modificaci&oacute;n del sangriento trazado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No hay en la clase pol&iacute;tica el m&iacute;nimo aprecio a la agricultura, ni al sentimiento de desamparo de unos desolados barrios desvencijados? C&oacute;mo se nota que a ustedes el volc&aacute;n no les afect&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/volcan-dejo-carretera-destruye_129_8911030.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Apr 2022 14:32:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que el volcán dejó, la carretera destruye]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Palma es mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mujer-la-palma_129_8818023.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7285b190-18df-4118-9092-c96d52f7ab7c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Palma es mujer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En los sótanos de la isla no solo sobreviven los volcanes, en los subsuelos del mundo de la isla hay mujeres enterradas, pero que asoman la cabeza y emergen y se alzan como pinos hambrientos de luz, a la intemperie, igual que hachos de tea incombustibles</p></div><p class="article-text">
        En los s&oacute;tanos de la isla no solo sobreviven los volcanes, en los subsuelos del mundo de la isla hay mujeres enterradas, pero que asoman la cabeza y emergen y se alzan como pinos hambrientos de luz, a la intemperie, igual que hachos de tea incombustibles.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres bisabuelas que trabajaban en las fincas, arrancaban el gramillo, las malas hierbas, sembraban las huertas, cargaban pl&aacute;tanos y el esti&eacute;rcol de los animales que atend&iacute;an, arrancaban las piedras de las huertas particulares, o deshac&iacute;an los paredones de los cercados y las trasladaban en espuertas que llevaban a la cabeza, hasta las fincas, para la construcci&oacute;n de las paredes de los canteros.
    </p><p class="article-text">
        Con su ni&ntilde;ez a cuestas, arrastraban por el monte los fejes de pasto o los remolcaban a hombros, atados con sogas gruesas que astillaban sus dedos; con los garrafones de agua potable del chorro en la cabeza sobre una toalla enroscada en forma de almohadilla, como una serpiente chup&aacute;ndoles la frente; con los c&aacute;ntaros de leche de sus cabras y de las cabras de los alrededores al costado para el reparto, recorriendo las calles del Valle puerta a puerta.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; el alimento, la sustancia, la teta que nos amamanta. Sin ellas no existir&iacute;a nuestro aliento.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres abuelas que sub&iacute;an las cuestas empedradas, cargadas con cestas de higos y tunos para la familia, y para los animales que eran como de la familia, frescos o secos al sol sobre eras de pinillo, que bordaban con presilla y bodoques los manteles y tej&iacute;an con seda los pa&ntilde;uelos. Mujeres curtidas por la humacera de sus quesos, con el aroma a pencas secas en la nuca. Hoy suenan en nuestra memoria como c&aacute;scaras de almendras cascadas con piedras de volc&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres barqueras quienes, desde el Puerto de Tazacorte, a pie transportaban hasta el Valle el pescado en una cesta a la cabeza. En sus semblantes a&uacute;n destellan las escamas.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres madre talladas en la roca que, empapadas por la lluvia horizontal, no merman su llama, sino que encharcan con sus pechos de madre la misma roca que las encandila y chamusca pero que las hace m&aacute;s fuertes, atrevidas, valientes. O&iacute;mos su grito en las cicatrices de la tierra herida por la lava. Sobre esa lava resonar&aacute;n sus pasos.
    </p><p class="article-text">
        La mujer hija, activa, emprendedora, rebelde, lesbiana, directora, contestataria, obrera, sensual, sexual, transexual, que con ah&iacute;nco lucha por la diversidad y contra la adversidad de la historia de la mujer para dejar de ser invisible y trascenderla. Nunca m&aacute;s una p&aacute;gina de la historia sin nuestros nombres. Nunca m&aacute;s una calle de la isla sin nombre de mujer.
    </p><p class="article-text">
        Porque la orograf&iacute;a de la isla es mujer, la mujer fuente, la espiral mujer, la mujer Taburiente que sacia nuestra sed, la mujer cumbre, la Vieja y la Nueva, la mujer monta&ntilde;a, la Rajada, y la Cogote, fraternas hasta la muerte, y las monta&ntilde;as amantes, La Laguna y Todoque, con los pechos desnudos entrelazados, goteando su leche poderosa que amamanta sin rencor a la lava hirviente que las deslumbr&oacute; primero, y luego, celosa, las estrangul&oacute;. Hay celos que matan. Pero tambi&eacute;n la mujer lava que corre sin mirar atr&aacute;s y que avanza y alumbra con la misma intensidad que las l&aacute;mparas de lava que construye con sus propios dedos de diosa talladora.
    </p><p class="article-text">
        La platanera es mujer, y la huerta, la vi&ntilde;a enterrada de ceniza es mujer, y la azada que retira la ceniza; las aguas que nos revuelcan son mujeres y son tambi&eacute;n la sal; la mar es mujer y la arena con la que ha de construir de nuevo sus casas derrumbadas, decapitadas. La mujer torre elevada, desplegando en el aire las campanas del templo de Todoque antes del desplome. Sonando despedazada, pero propag&aacute;ndose como palomas sobre los laureles, desmaterializ&aacute;ndose, presagiando qu&eacute;. Esta tierra es mujer.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres graja que sobrevuelan alto el valle de la isla del mundo, cuyas bocas son puntas de lanza, r&aacute;fagas de esperanza listas para arrastrar lo que sobra de lava, de esa mancha que ennegrece nuestra hermosa tierra f&eacute;rtil. Atentas al cambio, a la expectativa, con su inconmensurable vitalidad igualitaria, resplandecientes de visibilidad, escarban y escarban con su experiencia, con los ojos, con la lengua y las tripas en este valle nuestro cegado por la impaciencia de la reconstrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La mujer Valle de manos &aacute;giles y mente en&eacute;rgica quiere recomponer el Para&iacute;so, hurgar en Todoque, desenterrar Pampillo, cavar en La Laguna, llenar de agua los pozos, los aljibes, los tubos, los volc&aacute;nicos y los met&aacute;licos, restablecer las dulas en las Hoyas, el riego, derramar las acequias, resucitar las farolas de las Norias, abalanzarse sobre las fincas, desflorar los bagos, desgarepar las matas, emborracharse con el jugo de las hojas y, ebrias, interpretar su luz.
    </p><p class="article-text">
        Y retornar sobre la lava, o al lado, o a las cuevas debajo de la lava para atravesarla con palas, con guatacas, con las u&ntilde;as y rescatar las prometidas chimeneas prendidas al calor familiar. Y resembrar la lava, perforarla hasta la sangre y plantarla, repoblarla: de la oscuridad al verdor. Y trazar con rigor las carreteras que nos acerquen, atentos puentes sobre las furiosas tongas de lava, hechas jard&iacute;n, que nos junten para convocar al barrio entero al caf&eacute; de las cinco de la tarde; mujeres intuitivas reconstruyendo el patio ante el que nos rendimos, como ante un amante, al abrigo de nuestros salvajes poyos de buganvillas. Los nost&aacute;lgicos patios de nuestros barrios degollados. Con la esperanza trepando por los muros. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y concluido el estudio topogr&aacute;fico, el dise&ntilde;o, la discusi&oacute;n con las otras y los otros integrantes igualitarios del proyecto, en la larga noche oscura del valle, la mujer isla quiere reconstruir la isla. No ser l&aacute;grima, ni hacha, con decisi&oacute;n y cordura, nunca en segundo plano, quiere, con igualdad, no solo estar en el plan de reconstrucci&oacute;n, quiere ser el plan, ser la reconstrucci&oacute;n. Ser el valle, la isla, ser la Palma porque la Palma es tambi&eacute;n mujer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mujer-la-palma_129_8818023.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Mar 2022 09:50:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Palma es mujer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de un volcán VII]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-vii_129_8599206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39e83384-2e59-4fe8-bf35-c00afb992a40_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de un volcán VII"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El lenguaje que escribió con piedras escribirá con tierra fértil tu memoria. Las nubes serán nubes y no humo o dióxido de azufre; los martillazos, golpecitos de lluvia que esperan al otro lado de la cumbre y no te harán temblar. Que nadie huya.</p></div><p class="article-text">
        Hace dos d&iacute;as que el volc&aacute;n se vir&oacute;, torci&oacute; el dorso y nos dio la espalda a los del norte gir&aacute;ndose hacia el sur. Puesto que no lo o&iacute;amos, hace tiempo que no ruge, ni lo ve&iacute;amos, nos alentaba la idea de que se hubiera disipado como el eco de un graznido que se evapora poquito a poco para siempre.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Que no lo ve&iacute;amos! &iexcl;Lo juro! En la azotea, a oscuras, y como si no existiera. Cerr&aacute;bamos los ojos para abrirlos de refil&oacute;n; y cero volc&aacute;n. &iquest;Y eso? &iquest;Bate el r&eacute;cord de terremotos y s&uacute;bitamente calla? Ahorra la energ&iacute;a para ralentizarse y durarse, se le ve el plumero, es una trampa. Nos desconcertamos ante este par&oacute;n de un modo masoquista, como si quisi&eacute;ramos acrecentar la tortura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Setenta y seis d&iacute;as ya ser&iacute;a un buen n&uacute;mero. Lo comprar&iacute;a de loter&iacute;a de Navidad. Aqu&iacute; en Tajuya se ve todo negro. Nada de lava&rdquo;, dice mi hermana. &ldquo;Pfffff, mal asunto, no me gusta el andar de la perrita&rdquo;, dice recelosa mi hija. &ldquo;Alg&uacute;n d&iacute;a tendr&aacute; que apagarse&rdquo;. &ldquo;Pero de repente no es bueno, me da yuyu.&rdquo; &ldquo;A oscuras. Solo una m&iacute;nima lucecita en el cono principal. Est&aacute; raro. &iquest;Ser&aacute; el principio del fin?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; encandilan los chalecos reflectantes de los agentes que regulan el tr&aacute;fico en las inmediaciones de la plaza de Tajuya. Controlan el hervidero de turistas que invaden la calzada, sorteando como acr&oacute;batas los quitamiedos tras el brillo del fuego por el que se desplazaron en barco a la isla, alternativa segura ante la frecuente inoperatividad del aeropuerto por los gases. Pero esta noche, la tirana lava radiante no mancha la oscuridad. Sus flashes no deslumbrar&aacute;n esta noche la oscuridad del mundo. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Setenta y seis d&iacute;as de erupci&oacute;n y en los medios comparan la duraci&oacute;n de este en relaci&oacute;n con otros volcanes de las islas; ochenta y cuatro d&iacute;as el Tehuya, el de mayor duraci&oacute;n en los &uacute;ltimos quinientos a&ntilde;os en La Palma; el del Hierro, cinco meses; el de Timanfaya&hellip; &iexcl;No, ni lo mencionen! No desvar&iacute;en alegremente con una erupci&oacute;n de cinco a&ntilde;os. Ni se les ocurra.
    </p><p class="article-text">
        Viernes tres de diciembre, dos centros de emisi&oacute;n, seis cent&iacute;metros de elevaci&oacute;n del terreno en Jedey, el magma ejerce presi&oacute;n buscando un desag&uuml;e y surge una nueva colada direcci&oacute;n Las Manchas. Quiere acabar con el barrio y con nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Por la emisi&oacute;n de gases peligrosos, se suspendi&oacute; la limpieza de ceniza. Se evacu&oacute; al personal de la zona de exclusi&oacute;n y se impidi&oacute; el acceso de los vecinos al resto de zonas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la columna del volc&aacute;n se qued&oacute; a oscuras, la Navidad de Los Llanos la alumbr&oacute; con nubes aplastadas de luz blanca. De los centenarios laureles de indias de la plaza nos advert&iacute;a el temblor irreal de las ramas, de los de la Doctor Fleming colgaban relucientes l&aacute;grimas como chorizos. Sin aspavientos, sin actos formales y como gesto simb&oacute;lico, se han instalado en el castillete, sobre la Monta&ntilde;a Tenisca, tres palos de luz por Las Manchas, Todoque y La Laguna que se retuercen hiriendo esta Navidad. Acercar&aacute;n a las personas afectadas a sus barrios que no existen.
    </p><p class="article-text">
        Pero Bre&ntilde;a Alta los recuper&oacute; para la Navidad. Los barrios sepultados de Todoque, La Marina, Tacande, Pampillo y el Para&iacute;so &iexcl;parecen vivos! Sus nombres cuelgan azules de &aacute;rboles y estrellas que los habitan en la plaza de San Pedro. Renacen para el universo navide&ntilde;o y Lola y Leo juegan; se agachan y los manosean como reconstruy&eacute;ndolos. Ellos los reconstruir&aacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al amanecer, arriba, sobre las laderas del cono, algo azul se agitaba. Aqu&iacute; abajo, apenas se distingu&iacute;a, encerrados por el potente olor del azufre que, hirviendo, brotaba en forma de gas y, al arder, en reacci&oacute;n al mezclarse con el ox&iacute;geno, desped&iacute;a una llama azul cuya &aacute;cida belleza nos corroe. El fuego azul.
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado cuatro de diciembre, al sur, se abre una nueva fisura al oeste del cementerio de las Manchas, al norte de la monta&ntilde;a Cogote, por la que brota rabiosa una escalofriante lava l&iacute;quida, atraviesa la carretera del Hoyo y baja hacia las Norias, direcci&oacute;n camino la Majada. A su paso, traga las casas que estaban calladitas, sin hacer el menor ruido para pasar desapercibidas, imaginando que a estas alturas se hab&iacute;an librado del exterminio. Rompi&oacute; el sereno hechizo de Las Norias. El volc&aacute;n zarande&oacute; las viviendas por la espalda y las hizo temblar como l&aacute;mparas de aceite sacudidas por un terral.
    </p><p class="article-text">
        Viviendas que amamos de las familias que amamos. El d&iacute;a dej&oacute; de ser azul.
    </p><p class="article-text">
        Iban a sus hogares a descenizarlos, a purificarlos. Los rastrillos, las palas, los cepillos carreteros y la sopladora en la tiniebla de la maleta del coche. La carretilla para el traslado de la carga ocupando un lugar de preferencia en los asientos traseros. Seis horas &ldquo;retenidos en las interminables colas de los Charcos para acceder a las casas a limpiarles la ceniza, alegando que es por los gases y, realmente, es la terrible lava la que est&aacute; devorando nuestros hogares&rdquo;, dijo el hijo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Si se tiene que llevar la casa que sea por la noche, cuando est&eacute; durmiendo, para que nuestros recuerdos no sufran&rdquo;, dijo Saro, la madre.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Lava muy fluida y de gran viscosidad, engullendo edificaciones&rdquo;. As&iacute; describe PEVOLCA la masacre de hogares. &iquest;Qu&eacute; experimentar&aacute;n los t&eacute;cnicos al narrar los hechos en la rueda de prensa de mediod&iacute;a? &iquest;Les conmueve transmitir d&iacute;a tras d&iacute;a esta tortura a los damnificados? Notificar el desastre, &iquest;aumenta su empat&iacute;a? &iquest;Les habremos transferido nuestro desamparo? Cuando agachan la mirada esquivando las c&aacute;maras, &iquest;qu&eacute; significa? Cuando sus voces l&iacute;quidas suenan pastosas, &iquest;es que se han imantado de nuestra nada?
    </p><p class="article-text">
        En la madrugada del cinco, un trueno nos inquiet&oacute;. Era la voz remota del volc&aacute;n, honda, rigurosa, constante, sucesiva en toda su plenitud. Despu&eacute;s de semanas en silencio, este bombazo da en el pecho, se disuelve y va a los ojos que lo complementan. Te levantas y alzas por los flecos el ra&iacute;do estor de la ventana para comprobar que el volc&aacute;n existe. Combina las sensaciones auditivas con las visuales de manera &oacute;ptima para que renunciemos al optimismo por su silencio. Le indignar&iacute;a nuestro olvido.
    </p><p class="article-text">
        Pero est&aacute;. Vino su magia perversa hacia nosotros que lo extra&ntilde;&aacute;bamos. Resurgi&oacute; vehemente e incit&oacute; a la colada del norte a competir con la del sur.
    </p><p class="article-text">
        Es una lava tan l&iacute;quida, como si se alimentara del fuego gracias a la generosidad del infierno, y circula muy cerca de las casas familiares en el sur. Y nosotros en el norte. A sufrir hasta que difundan el Orto.
    </p><p class="article-text">
        Domingo, cinco, el saludo preocupado de mi hermano cuya casa est&aacute; en penduras: &ldquo;Hola, &iquest;alguien sabe c&oacute;mo va la colada del sur?&rdquo;. Ya no se dan los &ldquo;buenos d&iacute;as, hermanos&rdquo;, el saludo del chat de los cinco. No son buenos d&iacute;as para este chat. La contrase&ntilde;a &ldquo;hola&rdquo; disfraza nuestros aullidos. Hasta que volvamos a los felices buenos d&iacute;as. De antes.
    </p><p class="article-text">
        En el audio, la voz de Tony pierde luz a medida que narra: &ldquo;Buenos d&iacute;as, seguimos con la misma desgracia que es este volc&aacute;n, pero tenemos que asumir lo que nos va tocando, sigue largando lava por el medio del cono, en la base, direcci&oacute;n monta&ntilde;a de Todoque; y luego la colada sur s&iacute; que est&aacute; haciendo bastante da&ntilde;o, se ha llevado por delante un mont&oacute;n de viviendas, y ahora, en la carretera de Puerto Naos, cruzando la recta de las palmeras, por el restaurante Las Norias, por encima de la cancha de Tenis, ya pas&oacute; por los estanques del cabildo y, como est&aacute; bastante l&iacute;quida, se va metiendo ah&iacute; abajo por todos los sitios. Pues nada, en cuanto sepa algo m&aacute;s les voy contando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cinco de diciembre el cono se abre, una rec&oacute;ndita grieta lo atraviesa. No se sabe qu&eacute; significa, ni qu&eacute; la ha originado, ni sus secuelas. La tierra desgarrada ense&ntilde;a sus dientes quebrados. Mordiendo el aire. De extremo a extremo impresiona la oquedad, de la corteza al fondo y t&uacute;, en la orilla, como sin brazos que amortig&uuml;en la ca&iacute;da. &iquest;El fondo de la tierra es anterior al tiempo? &iquest;Qui&eacute;n nos rompe y nos arruga, el volc&aacute;n o la tierra? La lava que dura y se endurece, &iquest;nos endurecer&aacute;? De volc&aacute;n a lava, de tierra a grieta y ni un c&eacute;ntimo de paz; &iexcl;al&eacute;jate, tiempo! Y el cielo cada vez m&aacute;s lejos.
    </p><p class="article-text">
        No de los animales evacuados. M&aacute;s de setecientos conviven protegidos bajo los impresionantes eucaliptos, en La Rosa, barrio de El Paso, en un modesto refugio cubierto de toldos en desnivel por cuyas aberturas el viento muge, y mimados por los numerosos voluntarios del mundo. De Irlanda hasta M&aacute;laga o el Pa&iacute;s Vasco; y muchos de las islas. Encari&ntilde;ados con los animales, los voluntarios lo mismo extienden, en los improvisados corrales anexos, el forraje obtenido por donaciones o no, como rebosan de pl&aacute;tanos verdes troceados las posturas de las cabras o desmenuzan el pan viejo para patos, conejos, gallinas. Hay de todo.
    </p><p class="article-text">
        Un pony se frota el cuello contra la panza de Sancho, un burro manso. La burra pre&ntilde;ada desconf&iacute;a de los intrusos. Irradia salud y parir&aacute; en enero. Un robusto cerdo rosadito consiente la caricia de un joven de Gran Canaria para que le retire el esti&eacute;rcol. Junto con su pareja, tambi&eacute;n voluntaria, descartan el pabell&oacute;n y duermen en el furg&oacute;n. Los convoyes con el avituallamiento para el personal provienen del campo de f&uacute;tbol de El Paso; los men&uacute;s, de restaurantes locales, costeados por los ayuntamientos, y de World Central Kitchen, ONG fundada por Jos&eacute; Andr&eacute;s, el chef solidario, premiado mundialmente por su labor humanitaria. Enternece una pareja nonagenaria, &eacute;l orde&ntilde;a, ella los contempla embobada, a &eacute;l y a sus dos cabras. Las visitan tres veces al d&iacute;a. La magia de las canas estimula su afecto.
    </p><p class="article-text">
        El seis de diciembre, m&aacute;s grietas, m&aacute;s lavas, gases altos; coladas al norte, al centro, al sur, gran volumen de magma galopando debajo de nuestros pies, m&aacute;s tremor, lo &uacute;nico que se est&aacute; sosegando es el viento y el enjambre s&iacute;smico.
    </p><p class="article-text">
        El siete, entra agua, m&aacute;s vapor, m&aacute;s ceniza, bajan la presi&oacute;n y el di&oacute;xido de azufre. El tremor en <em>subeibaja</em>. Al sur y oeste de la monta&ntilde;a Cogote, hendiduras cuyas zonas centrales zozobraron al abrirse por fuerzas internas causando fosas o graben.
    </p><p class="article-text">
        La colada sur baja el acantilado hacia el Atl&aacute;ntico rumbo al Charc&oacute;n, rumbo al cosmos del faro. Acerc&aacute;ndose a su aura desnuda. Que la debilidad no te infecte, dios del acantilado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como una v&iacute;bora, en zigzag, como cuando se tiene hambre, ma&ntilde;ana y pasado la lengua de lava l&iacute;quida arrastrar&aacute; sus cascabeles enfurecidos sobre el verdor tembloroso de las Hoyas, deglutiendo plataneras a troche y moche.
    </p><p class="article-text">
        La nostalgia es verde. Piadosa pero verde como las plataneras. Nos cegamos para no verla. Quiz&aacute; para no asustarla, o para no sentirnos maltratados, pero est&aacute;. De inmediato sucedi&oacute; y la vi. La vi, hermosamente acurrucada en el interior de los ojos de &eacute;l. De mi marido. Que los estragos de la nostalgia no usurpen el verdor. De tus ojos y de nuestra esperanza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la ceniza, las carretillas y las sopladoras est&aacute;n en alza. &ldquo;En tal ferreter&iacute;a vi una&rdquo;. &ldquo;Qu&eacute; dices, &iexcl;si las recorr&iacute; todas! Dios, que no se la lleven que ya tiro para all&aacute;.&rdquo; Se llevar&aacute;n el premio del trasiego. Cu&aacute;nto lo sentimos, maletas polvorientas, bolsas negras de basura de las grandes, caduc&oacute; el reinado, el &eacute;xito es ef&iacute;mero.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el regreso a alguna parte.
    </p><p class="article-text">
        De noche, en la plaza de Argual, llueve ceniza a c&aacute;ntaros que se posa sobre nuestra embriaguez, y la sorbemos como un reguilete para cesarla. Agoniza prisionera entre la espuma de la cerveza. &iexcl;Que se muera!, pero que no mate nuestra ebriedad. Dorada.
    </p><p class="article-text">
        Llorar de ebriedad es como si poseyeras lo que se fue.
    </p><p class="article-text">
        Y de pronto, la amamos, a la ceniza; antes no, ahora s&iacute;; las incoherencias de los altibajos emocionales son turbulencias reservadas a los afectados. Y asumimos obnubilados la indecisi&oacute;n que nos enfurru&ntilde;a y que encoge la distancia entre un s&iacute;, un no o un no s&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y a&ntilde;oras ser los otros. Los que despu&eacute;s de seis horas en la cola de Los Charcos, por emisi&oacute;n de gases, deben retroceder sin acceder a sus casas. Pero est&aacute;n, viven. No llores por la ceniza, no es un castigo, es la salvaci&oacute;n. Significa que tu casa est&aacute;. Y respira. A la ceniza, yo la amar&iacute;a por encima de todo. De los tejados y de las chimeneas. De los grumos en los ojos. Tiene la facultad de cubrir, quiz&aacute; de aplastar y arrugar pero no de matar. &iquest;Qui&eacute;n se atreve a matar algo que da calorcito? Es de nuestra sangre. La ceniza. Abriga sus casas m&aacute;s arriba de las ventanas, gente querida, las mira a los ojos de t&uacute; a t&uacute;, porque es necesaria para ellas en esta emergencia como el aceite para las sardinas. Significa que duran y perduran. La ceniza las guarece. &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nosotros sin ceniza. Ahora es otra cosa. Ya no le decimos a la casa, aguanta, como cuando respiraba. Ahora, te estremeces al ver que la colada cogi&oacute; el camino andado, y avanza por lo que fue tu casa que cede sus lomos enterrados para que la lava se deslice sobre ellos y no destruya otras casas no menos azules.
    </p><p class="article-text">
        Ocho de diciembre, sesenta viviendas lapidadas en menos de tres d&iacute;as por esta maligna colada sur, aniquilando Todoque y Las Norias. El volc&aacute;n ha dejado de vomitar ceniza y solo expulsa agua y gases que aumentan su explosividad. El &aacute;spero olor a huevos podridos o a pl&aacute;tanos echados a perder se filtra por las rendijas.
    </p><p class="article-text">
        Al atardecer del ocho, la Direcci&oacute;n General de Seguridad y Emergencia el Gobierno de Canarias actualiza el Plan de Emergencia, nivel dos, para el d&iacute;a nueve, a partir de las diez: &ldquo;debido al estancamiento de la colada de lava que discurre m&aacute;s al noroeste, se procede al fin de la evacuaci&oacute;n de la Calle Nicol&aacute;s Brito Pais y zona de las Martelas de Abajo, en Los Llanos de Aridane&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un gui&ntilde;o alentador, &iquest;tiene algo que ver con el final? &iexcl;No hay que explicarlo todo! Sin embargo, en los chats siempre hay alguien que echa la puyita: &ldquo;Yo no lo dar&iacute;a por seguro, a ver si hay que salir por pies otra vez&rdquo;. En los foros, en las plataformas, los afectados se desahogan: &ldquo;No s&eacute; yo, ojal&aacute; se apague porque necesitamos vivir, pero estoy mosca. Estoy con la mosca detr&aacute;s de la oreja, este volc&aacute;n es un zorro, un pu&ntilde;etero,&rdquo;. &ldquo;&iquest;Se calmar&aacute; como dicen?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Puede! En la madrugada del nueve, en nueve horas, &iexcl;solo cinco sismos! Y ninguno profundo. Desde las ocho ni uno y son las doce. &iquest;Y el cern&iacute;calo que regres&oacute;? &iexcl;Se fue desde septiembre! &iquest;Vislumbra la calma? &iexcl;Amaneci&oacute; posado sobre los cables el&eacute;ctricos! Absorto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;El volc&aacute;n decr&eacute;pito? &iexcl;Si nos tiene a todos nublados! &iexcl;No s&eacute; yo&hellip;!&rdquo; &ldquo;Que s&iacute;, mujer. Continuamos, aliento es lo que hay que tener y palante, mirar parriba y no mirar abajo, estamos vivos&rdquo;, nos animan los que no han perdido nada. &iexcl;Y dale con que estamos vivos! Vivos s&iacute;, pero los de las p&eacute;rdidas andamos en postura invertida, con la cabeza en los pies, invocando una risa, un regocijo que nos transfigure. Porque arriba persiste &eacute;l, en lo anaranjado, entre las dos torres de humo y en nuestros ojos.
    </p><p class="article-text">
        El diez, a punto de levantar cabeza, &iexcl;solo ocho terremotos en quince horas!, bruscamente, en la tardecita, un enjambre s&iacute;smico traiciona la ilusi&oacute;n, veintiocho sismos en tres horas. El magma deambula en la profundidad. No intuimos qu&eacute; har&aacute;. Que no nos descienda m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el mundo esquilmado. Amparados por el inexorable calentamiento global, treinta tornados han hecho hoy escombros cinco estados de EEUU con v&iacute;ctimas mortales. El peor de la historia. En Kentucky, la f&aacute;brica de velas se apag&oacute;. El cambio clim&aacute;tico las sopl&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Enardecido por tal devastaci&oacute;n, en la ma&ntilde;ana del doce, el volc&aacute;n se reactiv&oacute; explosivo, como una olla a presi&oacute;n que se destapa. El ansioso torbellino de ceniza se desparram&oacute;, empujando de la zona a los t&eacute;cnicos por gases potencialmente letales. Resucit&oacute; sediento. Como si entre graznido y graznido se rompiera. &iquest;Ser&aacute;n sus &uacute;ltimos ronquidos? &iquest;Se truena as&iacute; en la agon&iacute;a? &iquest;Percibe sus propios estertores? &iquest;Se ir&aacute; o se quedar&aacute;? Por primera vez not&eacute; sus ojos creciendo furiosos en el monte y l&aacute;nguidos cerr&aacute;ndose despu&eacute;s. Juro que por primera vez lo present&iacute; cercano, nuestro, atrapada por su muerte.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta su luz. &iexcl;Que se extinga! Est&aacute; lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero el suelo que se encorvaba debajo de ti nos perturba y hay que tener cuidado con las consecuencias. &ldquo;Yo a&uacute;n no duermo&rdquo;, nos dijo ayer un vecino del Para&iacute;so, cuya casa se la llev&oacute; el volc&aacute;n a poco de la erupci&oacute;n. Horas antes, lo alarmaron las paredes calientes, igual que el piso de la casa que se elevaba y descend&iacute;a, en vaiv&eacute;n, como si una serpiente reptara por debajo y, al concluir la danza, un zumbido hueco y&eacute;ndose. A continuaci&oacute;n, se repet&iacute;a el bamboleo. Espeluznante. &ldquo;Los perros acojonados, escondidos en la bodega sin querer salir, llamaba a Jedey y all&iacute; nada, es aqu&iacute;, va a estallar aqu&iacute; dentro de casa.&rdquo; A la una del mediod&iacute;a escaparon con una mochila al hombro, los perros y el miedo. El volc&aacute;n explot&oacute; a las tres, justo por encima de ellos, de la monta&ntilde;a Cogote. A&uacute;n sin conciliar el sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Porque los sue&ntilde;os nos beben a tragos. Este de anoche, casi lo logra. Me solt&oacute; en una habitaci&oacute;n entra&ntilde;able, con dibujos de trenes roncando en las paredes. Al sentarme, la mesa se esfum&oacute; junto con la silla; cuando me acercaba, el sof&aacute; hizo flash y se diluy&oacute;; a punto de lanzarme a la cama esta desapareci&oacute;. Ya sin nada en su interior, el cuarto mengu&oacute; y mengu&oacute;, se hizo llama y se fue. Pude salir en uno de los trenes. Menos mal, pero el susto no hay quien te lo quite.
    </p><p class="article-text">
        Nos abofetea ahora, nos abofete&oacute; antes, &iquest;y lo har&aacute; el d&iacute;a despu&eacute;s? Dan ganas de estrangularlo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La &uacute;ltima embestida me toc&oacute; a m&iacute;. Esta semana a&uacute;n guardaba la esperanza de salvar alguito. No fue as&iacute;. El dron de ayer me lo dej&oacute; claro. Tanto velar por ella y acaba as&iacute;. La lava se col&oacute; por un rinc&oacute;n y destruy&oacute; a lo bruto los rincones que adoraba.&rdquo; Ayer fue s&aacute;bado once, hoy, domingo doce, recib&iacute; el mensaje de mi amiga Delia en el que la palabra clave se escabulle. Ma&ntilde;ana se llevar&aacute; la de mi sobrina. En vilo desde septiembre. Ahora, sin nada. En el camino.
    </p><p class="article-text">
        Quiere imprimir su marca. En las laderas del cono, ha ido dibujando poco a poco jerogl&iacute;ficos como los grabados rupestres de las cuevas de Belmaco, en Mazo. La grandeza del destrozo. No son formas circulares caprichosas, como deducen los cient&iacute;ficos, por la condensaci&oacute;n de gases sobre el terreno de ceniza apelmazada, no; emula, a conciencia, suspicazmente, las espirales rupestres que nuestros abor&iacute;genes grabaron en las piedras. Otra de sus se&ntilde;ales, &iexcl;de veras! Erradica la f&oacute;rmula del culto al agua, a las fuentes y los manantiales para que lo veneremos eternamente. A &eacute;l. Los afectados somos f&aacute;ciles para su poder supremo. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A las diez del trece, precedidos por el sonido de las sirenas, desde un coche sonoro irrumpe la voz: &ldquo;Atenci&oacute;n, atenci&oacute;n, les habla la Guardia Civil, se informa requerimiento de confinamiento por nivel alto de gases. Deben permanecer en sus casas con puertas y ventanas cerradas. Seguir instrucciones a trav&eacute;s de medios de comunicaci&oacute;n oficiales, gracias&rdquo;. Confinados Los Llanos, El Paso y Tazacorte.
    </p><p class="article-text">
        Esta tarde, a las seis, pulsos estrombolianos, &iquest;qu&eacute; estar&aacute; sucediendo? El volc&aacute;n se reactiva: un abrupto rascacielos de ceniza de m&aacute;s siete mil metros agrede el cielo con fuertes explosiones y rayos, puntos arriba, puntos abajo; la situaci&oacute;n est&aacute; complicada, el tremor inestable: sube a tope y al instante a cero. Imposible responder si es un pulso o una reanimaci&oacute;n en toda regla. Este volc&aacute;n tiene de todo y los cient&iacute;ficos no se arriesgan a emitir un diagn&oacute;stico, cuando se les pregunta desear&iacute;an que los tragara la tierra. El sonido atronador, la sanguinolenta lava, el penacho llegando al cielo, &iquest;qu&eacute; nos dicen? &iquest;La traca final?
    </p><p class="article-text">
        Porque el catorce de diciembre, el volc&aacute;n amanece en per&iacute;odo de latencia, inactivo, una sutil fumarola como un farolillo que se desvanece, una punzada de vida en la base ilumina sus constantes vitales. El volc&aacute;n se deshincha, se agarra a la vida, quiere pero no puede; sin embargo, tiene algo que ocultar y hay que estar observando a ver hacia d&oacute;nde deriva.
    </p><p class="article-text">
        Cerca del cementerio, por las fisuras, salen metano y di&oacute;xido de azufre en cantidades perjudiciales para la salud. Y solo un diez por ciento de ox&iacute;geno que es como si estuvieras muerto. El audio es de Tony: &ldquo;No est&aacute; apagado porque sigue manando gases y hay que estar pendientes del tremor, ojal&aacute; haya suerte y los gases vayan a menos, a ver si nos viene un buen regalo de Navidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No nos damos cuenta pero se est&aacute; yendo, su respiraci&oacute;n es perezosa, le falta vida. Es quince de diciembre y sobre su boca muda, ya carente de coraje, apareci&oacute; el sol que recobr&oacute; su autoridad mermada temporalmente. Sin duda podremos identificar si es un grito el canto de los p&aacute;jaros posados en la monta&ntilde;a de Todoque, o si son las campanas de la iglesia lo que o&iacute;mos. Si es rastro de ceniza o son grajas los puntos negros que retozan sobre las melanc&oacute;licas plataneras. Marchitas.
    </p><p class="article-text">
        O sobre las pi&ntilde;as flacas que maduran extenuadas sobre el tronco casi seco de la mata madre. Tumbadas. Abatidas. O son mirlos que vuelven con hambre, expulsados del pa&iacute;s del volc&aacute;n y de las fajanas que humean.
    </p><p class="article-text">
        Hoy diecis&eacute;is, se ha activado la sismicidad profunda y su intensidad. A ver si nuevas bocas nos sorprenden arrojando gases y vapor de agua, barrunta un cient&iacute;fico; algunos callan confundidos ante tal comportamiento. Se estar&aacute; recolocando. Una pausa movidita antes de la p&aacute;gina final.
    </p><p class="article-text">
        El dieciocho, las laderas del cono oscilan como plumas, son sales blancas que rivalizan con el amarillento de los dep&oacute;sitos de azufre. En el cr&aacute;ter, gases azulados; en la Bombilla, gatos, ratas y bastantes aves muertas a causa de los gases que burbujean a cincuenta metros de la orilla del mar. Los pobres.
    </p><p class="article-text">
        Porque, claro, no es tan f&aacute;cil; si viene lluvia, riesgo de corrent&iacute;as; en cuanto a gases, descenso de ox&iacute;geno en Puerto Naos o la Bombilla; este mismo viernes, peque&ntilde;o flujo de lava remanente de un tubo volc&aacute;nico. Que se le enfr&iacute;e ya la respiraci&oacute;n, por dios.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;El volc&aacute;n quieto! La luna llena que estrena diciembre hoy diecinueve, &iquest;anticipa su muerte? &iexcl;En cuarto creciente revent&oacute;! No palpita casi. De cuando en cuando, un hondo suspiro azul ti&ntilde;e la aureola del cr&aacute;ter. &iexcl;La luna llena lo aniquilar&aacute;!
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Todo termina siempre!
    </p><p class="article-text">
        Que s&iacute;. La boca desflorada se encapull&oacute; y, exhausto, el volc&aacute;n se hundir&aacute; en ti que lo pariste, isla querida, una semillita sembrada en ti. Se agazapar&aacute;. Como un pobre diablo, lamer&aacute; su lengua seca y se demorar&aacute; soplando flojito en una siesta ininterrumpida de doscientos a&ntilde;os, o m&aacute;s. Porque nuestros ojos ya no ser&aacute;n sus ojos. Ser&aacute;n los tuyos. Su carne incinerada llenar&aacute; tu interior. El lenguaje que escribi&oacute; con piedras escribir&aacute; con tierra f&eacute;rtil tu memoria. Las nubes ser&aacute;n nubes y no humo o di&oacute;xido de azufre; los martillazos, golpecitos de lluvia que esperan al otro lado de la cumbre&nbsp;y no te har&aacute;n temblar. Que nadie huya.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y las enigm&aacute;ticas fajanas espantando las olas? Nosotros las descifraremos, todos y todas, no otros. Limaremos la aspereza de las piedras que tatuaron nuestra nostalgia, y las rescataremos, demasiado &uacute;tiles para erigir castillos chiquitos, para armar con caba&ntilde;as las resignadas laderas, modelos de sostenibilidad. Se trunc&oacute; la mancha, lo negro; por cada piedra un &aacute;rbol, un monte suscitar&aacute; otro monte que maravillar&aacute; al mundo. Nuestros berridos no ahuyentaron la sensibilidad que asoma revoltosa en ti, isla querida, y la sorbemos a buches, salvaje inspiradora.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Un momento! Aquello blanquecino que besa el suelo de la ladera no es di&oacute;xido de azufre ni c&aacute;scaras de huevos escachadas, &iquest;son plumas o esperanzas?
    </p><p class="article-text">
        La esperanza plagada de ceniza que se hizo paisaje. Y humea.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-vii_129_8599206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Dec 2021 11:57:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán VII]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de un volcán VI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-vi_129_8562634.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/805415d3-d69a-43f3-8821-8c4df39523f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de un volcán VI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No pueden escapar. Nuestros muertos no pueden escapar de esta cremación. Reciben la barbarie en silencio, escondiditos, acurrucados en el tiempo, desabrigados, y abandonados por la montaña Cogote que los había protegido hasta hoy. La muerte dentro de la muerte. La noche dentro de la noche.</p></div><p class="article-text">
        Veintiuno de noviembre. Cuarenta terremotos en la ma&ntilde;ana. Sesenta y cinco d&iacute;as de erupci&oacute;n. En el s&oacute;tano del edificio, bolsas negras desparramadas sobre el piso de cemento, y, en c&iacute;rculo, la ropa de abrigo que hemos recuperado de la oscuridad. La desgastada camiseta negra con bailarines en el pecho adquirida en el museo Kafka. Las letras desvalidas del nombre se adhieren al beso que le estampamos. &iexcl;La trajimos de casa en el &uacute;ltimo rescate! Las escurridizas alegr&iacute;as de nuestro proceso. Gracias, Kafka. Y gracias a la generosidad del vecino de Tazacorte que permite este forzoso almacenamiento de enseres que escalan las paredes y que debe esquivar cada d&iacute;a al meter o sacar su camioneta para ir a los pl&aacute;tanos que le quedan.
    </p><p class="article-text">
        Al garaje subterr&aacute;neo llegan en off unas sirenas entrecortadas por la voz de alarma. Alerta. Se va al traste la fugaz alegr&iacute;a de la excarcelaci&oacute;n de bolsas. Hay un gozo divino cuando encontramos lo que necesitamos y que ignor&aacute;bamos que hab&iacute;amos salvado de la casa sepultada. Pero ahora las alegr&iacute;as son chiquitas, merman como las ag&uuml;itas de tila que se consumen olvidadas en la placa el&eacute;ctrica porque, en el fondo, desear&iacute;amos una cocinilla con todas las de la ley, con hornillos de fuego de verdad, no un fuego ilusorio, no. Aprisionado el pensamiento por el volc&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Subimos a toda mecha persiguiendo el altavoz del veh&iacute;culo oficial: &ldquo;Atenci&oacute;n, les habla la Guardia Civil, por emanaci&oacute;n de posibles gases, por favor, acudan a sus domicilios y permanezcan en las casas, desalojen las calles, gracias&rdquo;. La colada invadi&oacute; el mar, riesgo de inhalaci&oacute;n de gases nocivos para la salud. Rota la libertad y la tendencia descendente de algunos par&aacute;metros, con picos en el di&oacute;xido de azufre e importante aporte de lava.
    </p><p class="article-text">
        De modo que PEVOLCA activa el confinamiento en San Borond&oacute;n, la Villa de Tazacorte hasta el Card&oacute;n, y el camino de los Palomares.
    </p><p class="article-text">
        Lo escuchamos en directo desde la azotea, oscurecidos por la tonga de humo que la lava desentierra del mar. Lo vimos. Al alumnado desalojando el CEO Juan veintitr&eacute;s. En un par de minutos se vaciaron el colegio y el pueblo. Pero nosotros all&iacute;, dispuestos a mirar, castigados por culpa de los ojos que quieren ver la seductora hecatombe de la lava en el agua. Que no castiguen esta desobediencia. Que no confisquen nuestra mirada.
    </p><p class="article-text">
        El Perdido. El chorro brutal de la colada que desde hace d&iacute;as avanzaba engullendo casas y plataneras entre las desamparadas monta&ntilde;as de Todoque y la Laguna irrumpi&oacute; hoy, veintid&oacute;s, en el mar por el acantilado del Perdido, cada vez m&aacute;s cerca de Tazacorte. &nbsp;Cerca ya de nuestra finquita de pl&aacute;tanos que resiste. Y del muelle del Puerto con forma de tornillo. La bruma hirviente se revuelca y asciende oscura entre las asombradas olas. En columna giratoria como el hongo de la bomba de Hiroshima sin sombrero, decapitado.
    </p><p class="article-text">
        De noche, desde el Puerto, la lava que se desrisca hipnotiza a los turistas api&ntilde;ados en la punta del muelle del Puerto; hurgan un hueco entre la muchedumbre. Su maravillada curiosidad nos pisa, nos aparta del muro protector. El parpadeo persistente de sus flashes sobre el mar no desgasta el hechizo diab&oacute;lico del Perdido, pose&iacute;do por ella. Por la lava que cruje y lo derrama. Perdido en la eternidad.
    </p><p class="article-text">
        El veinticuatro, un grupo de vecinos del Corazoncillo, Las Manchas, solicita una asamblea con el puesto de mando avanzado por las restricciones impuestas a los vecinos que precisan volver a sus casas, tanto en zonas de emergencia como en las excluidas, para eliminar la ceniza que las entierra.
    </p><p class="article-text">
        El veintinueve, en el polideportivo Camilo Le&oacute;n, en medio de un ambiente caldeado, los emisarios argumentan a la asamblea que hay alteraciones en gases que cambian de repente la densidad del aire, se diseminan y disparan los dispositivos; adem&aacute;s del di&oacute;xido de azufre con el que convivimos desde el principio, el mon&oacute;xido de carbono, y otras nuevas sustancias inodoras dif&iacute;ciles de percibir con distintos &iacute;ndices de peligrosidad. Y habr&iacute;a que proceder a la evacuaci&oacute;n inminente como sucedi&oacute; ayer con los operarios de la desaladora en Puerto Naos.
    </p><p class="article-text">
        Puesto que estas limitaciones coinciden, seg&uacute;n los vecinos, con el fallecimiento de un hombre que barr&iacute;a la ceniza de su vivienda en la zona de exclusi&oacute;n, los afectados creen que se han extremado en exceso las precauciones, por lo que reclaman que se esclarezca y divulgue la causa de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        En un criadero, al que entraron para alimentarse, diez conejos murieron. Otras tantas palomas. Una bocanada de aire que se inhale de estas sustancias inodoras, seg&uacute;n los expertos, se percibe con ciertas molestias como picor en los ojos, escasez de aire, mareo y, al fin, la muerte dulce. El volc&aacute;n modifica el protocolo de actuaci&oacute;n. No ceden a la petici&oacute;n por seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Se establece nueva forma de acceso para retirar la ceniza de las viviendas mientras dure la emergencia. Para evitar el tortuoso viaje por Fuencaliente, a la entrada del t&uacute;nel de la Cumbre se advertir&aacute; en los carteles luminosos si el acceso est&aacute; cerrado. De la zona de exclusi&oacute;n se encarga PEVOLCA. Fuera de esta zona, presidir&aacute; el grupo de limpieza un vecino, pr&aacute;ctico de trabajo, que advierta de las peculiaridades del lugar que se limpia.
    </p><p class="article-text">
        Ah, y los ratones. El avance de las coladas sobre sus h&aacute;bitats, adem&aacute;s de los comederos de animales en las casas han generado la proliferaci&oacute;n por el barrio de ratones que huyen de la lava y saltan a sus anchas sobre la ceniza y dentro de las casas como una plaga. Se rebelan contra el invasor invadiendo las viviendas que sobreviven mudas, expectantes, con la moral y los ratones arrastr&aacute;ndose por sus suelos. Y si fuera al rev&eacute;s, si ejercieran de protecci&oacute;n, si mantuvieran viva la esencia de las cosas, &iquest;habr&aacute;n contribuido, con su alma de rata, a la supervivencia de las casas?
    </p><p class="article-text">
        Algunos vecinos del Corazoncillo, que defend&iacute;an sus casas en esta reuni&oacute;n, saldr&aacute;n pronto del chat &ldquo;Para limpieza de ceniza&rdquo; porque sus viviendas formar&aacute;n ya parte del volc&aacute;n por la lava asesina que vendr&aacute; ma&ntilde;ana. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A mediod&iacute;a del veinticinco, cuando nos cre&iacute;amos curados de espanto, una lava furiosa se abalanz&oacute; ladera abajo destino al Cementerio, hasta hoy indestructible, con la intenci&oacute;n de suprimir de cuajo nuestro pasado. El camposanto de las Manchas siempre fue su meta. Y lo que est&aacute; m&aacute;s abajo y lo de al lado. Y lo de all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los rosales. El cementerio de los rosales. Nunca vi rosas m&aacute;s duraderas. Eran perpetuas, como sac&aacute;ndole provecho a la eternidad. Daban ganas de cortarlas furtivamente, no para nuestros muertos, sino para nosotros, los vivos, para que, ador&aacute;ndolas, nos perpetuaran. Era lindo. Paseando por sus jardines, menospreciabas el ramo que llevabas a tus padres. Ol&iacute;as vida en un campo de muertos. Trepada en el escabel para alcanzar el nicho de pap&aacute;, ve&iacute;a a Todoque d&aacute;ndole la mano a La Laguna, hermanados, reales. Porque exist&iacute;an. En El Para&iacute;so.
    </p><p class="article-text">
        No pueden escapar. Nuestros muertos no pueden escapar de esta cremaci&oacute;n. Reciben la barbarie en silencio, escondiditos, acurrucados en el tiempo, desabrigados, y abandonados por la monta&ntilde;a Cogote que los hab&iacute;a protegido hasta hoy. La muerte dentro de la muerte. La noche dentro de la noche. Nuestras voces da&ntilde;adas no salen como voz, se vac&iacute;an de nosotros para exorcizar el miedo. Si pudi&eacute;ramos ponerle ruedas a lo que va a sucumbir para que escape ladera abajo antes de la degluci&oacute;n. O alas. Empujar la fiereza de la lava hacia otro lugar inexistente, hacia la tercera dimensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La voz hundida del audio que se difunde es de Alberto, el p&aacute;rroco de los barrios arrasados que concluye: &ldquo;Les damos vueltas en el coraz&oacute;n, afloran en la memoria y est&aacute;n vivos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un vandalismo. &iquest;C&oacute;mo redimirnos de su sustancia? Se atrevi&oacute; a descuartizar los restos, a interrumpir su descanso. Sagrado. Pero no lo suficientemente sagrado para su gula.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Una suplantaci&oacute;n en toda regla! El volc&aacute;n quiere prolongarnos en sus cenizas, no en las cenizas de nuestros seres. &iquest;Qu&eacute; nos advierte? &iquest;Que antes de volc&aacute;n fue cementerio?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hallaremos el acorde&oacute;n que sonaba en la l&aacute;pida de pap&aacute;? &iquest;Y las dalias que crec&iacute;an en la de mam&aacute;? Los flecos multicolores de las bufandas. Las dos cabras con las patas delanteras elevadas brincando en el m&aacute;rmol blanco. Emblemas que desaparec&iacute;an detr&aacute;s de las puntuales siemprevivas.
    </p><p class="article-text">
        Mam&aacute; amaba las dalias como a sus cabras. No conciliaba el sue&ntilde;o si sus cabras tampoco so&ntilde;aban. Las noches que pas&oacute; en vela junto a Morisca cuando se puso de parto. No quieren salir, dec&iacute;a. Est&aacute;n a gusto dentro. Despu&eacute;s de tres d&iacute;as con sus noches de guardia, Morisca pari&oacute; un cabrito negro. Con el segundo no pudo. Era de color barro y naci&oacute; muerto. La placenta tambi&eacute;n se resist&iacute;a. Mam&aacute; se remang&oacute; la camisa hasta los hombros, se esteriliz&oacute; con agua de manzanilla y, con la exquisita precisi&oacute;n de un cirujano, introdujo el brazo firme como una esperanza en el &uacute;tero materno de Morisca.
    </p><p class="article-text">
        Yo la alumbraba con un candil de petr&oacute;leo, y Morisca, con la cabeza ladeada mir&aacute;ndola, se lam&iacute;a el hocico fundiendo el gesto heroico de mam&aacute; con el materno afecto animal extasiados en la placenta. La ternura de Morisca trascend&iacute;a su sangre coagulada. Que ca&iacute;a en hondas entre los dedos ensangrentados.
    </p><p class="article-text">
        De mam&aacute;. Que recorr&iacute;a triunfante el Callej&oacute;n con el fonendoscopio danzando en una bolsa colgada del brazo y el balde con los desechos para los cochinos, que recog&iacute;a en las casas de los vecinos, en la otra mano. &ldquo;Maruca, que est&aacute; matunga, quiere que le pese la tensi&oacute;n.&rdquo; Les tomaba la tensi&oacute;n a las vecinas, como siempre. &ldquo;Est&aacute;s bien, les dec&iacute;a mam&aacute;, un poco alta la baja, pero bien.&rdquo; Hubiera querido ser enfermera; sin embargo, el entorno y la &eacute;poca le robaron el aprendizaje, no la vocaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero era una diosa. Veinticinco de noviembre: D&iacute;a Internacional de la Eliminaci&oacute;n de la violencia contra la mujer. Las denuncias contra esta violencia se han incrementado en la isla despu&eacute;s del volc&aacute;n en un sesenta por ciento. Amontonados en apartamentos peque&ntilde;os, los sentimientos bajos, hasta ahora aletargados, afloran. Ya no es posible el disimulo. El volc&aacute;n, aliado de los crueles.
    </p><p class="article-text">
        A las cinco de la tarde de este fat&iacute;dico veinticinco, nuevas bocas se abrieron en una nueva fisura al sur del cono. No est&aacute; satisfecho con las del norte y busca feroz el equilibrio en las del sur. &iquest;Era necesaria esta perversidad? &iquest;De d&oacute;nde saca tanta energ&iacute;a? &iquest;Se libra de ella para obnubilarnos? Nos encoge, se introduce en nuestro pensamiento, nos capta, y cuando se extinga, si es que eso sucede alg&uacute;n d&iacute;a, &iquest;nos deja como zombis, desatendi&eacute;ndose de nosotros? Para reducirnos y hacernos ceniza antes de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Justo en el patio de una casa casi invisible, hasta las tejas de ceniza, rompi&oacute; la tierra de Bernal, la redujo a su boca, la abri&oacute; como el sumidero desportillado de una ducha de cemento y escupi&oacute; lava a borbotones, tan l&iacute;quida que parec&iacute;a el v&oacute;mito de una noche de resaca. Este desenfrenado desag&uuml;e amenazaba las viviendas de mi familia. A sufrir m&aacute;s hoy. Los m&oacute;viles abrasan: &ldquo;Familia, en breve le tocar&aacute; a mi casa, pens&eacute; que estaba &nbsp;&nbsp;preparada, pero no. Nunca estamos listos para perder parte de nuestra vida&rdquo;. Escribi&oacute; ella con la casa quebr&aacute;ndose en sus palabras.
    </p><p class="article-text">
        Buenos d&iacute;as, dice aterrado mi hermano de madrugada, cuya casa est&aacute; en riesgo, &iquest;alguien sabe algo? Y otro, &iquest;esta colada afecta la casa de mi hija? No lo s&eacute;, no s&eacute; nada, estamos a oscuras de la situaci&oacute;n. Por dios, es dantesco. Esclavos de la destrucci&oacute;n, con los brazos cruzados, esperando exiliados. Este volc&aacute;n atenta contra la dignidad, contra el esfuerzo. Del camposanto a la p&eacute;rdida del pasado va un paso, de Kafka al holocausto; los v&iacute;nculos de la mente con la perversidad son venenosos. &iquest;Suceden execrables para crear historia?
    </p><p class="article-text">
        El veintis&eacute;is amanecemos pegados al audio de Tony, vigilante como un vulcan&oacute;logo: &ldquo;Buenos d&iacute;as, pues nada, contarles que gracias a dios esta noche, con toda la lava que estaba y est&aacute; saliendo, m&aacute;s o menos, por lo que veo, no va por sus casas, sino que est&aacute; bajando a toda mecha y se pierde por el sur de la monta&ntilde;a de Todoque. Y la que se llev&oacute; el cementerio, desde aqu&iacute; se ve que se par&oacute; m&aacute;s abajo, a doscientos metros de la carretera del Hoyo que va para el Secadero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si nos despojamos de la mente, &iquest;nos sanar&aacute; tal renuncia? Es que nos da&ntilde;a, eh, domina nuestra respiraci&oacute;n, controla el corrientazo que se propaga hasta la primera v&eacute;rtebra de la columna, se diluye piernas abajo y t&uacute; en espera, en estamb&aacute;i, se expande y recorre la espalda como brusco oleaje. Cuando parece que te vas del mundo, aprieta las v&eacute;rtebras cervicales y explosiona en la cabeza igual que electrodos, con clavadas fr&iacute;as en el cr&aacute;neo. Y no piensas en que los vasos sangu&iacute;neos se contraen debido a la tensi&oacute;n muscular, sino que la lava se estrecha como un hilo y viaja salvaje en ti, al rev&eacute;s, de abajo a arriba.
    </p><p class="article-text">
        El apocalipsis. &iquest;El fin del mundo ser&aacute; as&iacute;? La noche del veinticinco, los rayos vol&aacute;tiles, los rel&aacute;mpagos, la llama elev&aacute;ndose en medio de los truenos. Una charca de lava bajo el cono, enga&ntilde;osamente hermosa, se vengaba con fluidez mortal de la tormenta. Acorrala nuestros ojos encharcados abajo en el lodo, los envenena con su brillo y los ata arriba a su llaga ardiente. No mengua ni con la luna. &iexcl;Que nuestra miserable atracci&oacute;n te seque! Para siempre jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a despu&eacute;s. Sin cementerio, sin horno crematorio, el &uacute;nico de la isla, la l&uacute;gubre paradoja nos golpea: el horno incinerador fue incinerado. Para hacer cenizas a los nuestros habr&aacute; que transportarlos a Tenerife. Las calles de Los Llanos sombr&iacute;as por la lluvia y la nostalgia entre cenizas: &ldquo;A ver qu&eacute; nos deja la vida&rdquo;. Otra bajo el paraguas: &ldquo;No les pregunto nada, pregunto por saludar. Pues eso. &iquest;Viven ahora en Tazacorte?&rdquo;. S&iacute;. &ldquo;A ver si respeta el de Tazacorte. El cementerio.&rdquo; Ojal&aacute;. &ldquo;Es precioso. Una reliquia.&rdquo; S&iacute;. &ldquo;Mi hermana no pudo ir hoy a trabajar. Los ojos como pu&ntilde;os por mam&aacute; y pap&aacute;. Ya, ni siquiera una flor se les puede llevar.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Una flor es como respirar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Anoche fue horrible. &iquest;Sabes que cuando o&iacute; los truenos, a media noche, pens&eacute; que el volc&aacute;n reventaba encima de casa? &iexcl;Qu&eacute; susto me llev&eacute;! &iexcl;Toca aqu&iacute;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Por el m&oacute;vil, mensaje de la Consejer&iacute;a de Agricultura de Canarias: Cuadro de reparto de anticipo de ayuda por la fruta afectada debido a la ceniza del volc&aacute;n. Condiciones: superficies bajo colada, por la ceniza, por finca cercada por lava, por esto, por lo otro.
    </p><p class="article-text">
        Como rayos ya en el barullo, en la cola del almac&eacute;n de empaquetado. La cola conversa porque necesita desahogarse con los iguales y se explaya; desconf&iacute;an de estas ayudas que van a solicitar tanto como de la inmunidad de sus casas. &iquest;Y tu casa? De momento all&iacute; est&aacute;, pero viene una lengua por detr&aacute;s y se la lleva, no escapamos, &iquest;y la de ustedes? La dichosa colada que pas&oacute; por el cementerio rode&oacute; la huerta y nos dej&oacute; la casa en el aire, &iquest;para qu&eacute;?, &iquest;para saber que est&aacute; sin estar?, para hacerte m&aacute;s da&ntilde;o vi&eacute;ndole la cabeza. A ver si las ayudas llegan, la del Cabildo est&aacute; llegando, dicen. A nosotros no, &iquest;y la del Ayuntamiento? Tampoco. Dijeron que pronto, a ver; ni para un cortado en la cartera. Lo que tengo es ganas de que pare de una vez. Ah&iacute;, escapando, no hay otra soluci&oacute;n. &iquest;Y ustedes qu&eacute;, jodidos? Bien jodidos; y hartos, tanta cola para nada, y sin ganas.
    </p><p class="article-text">
        Noche del veintisiete. Han aumentado el tremor y los temblores. Alrededor de las tres de la madrugada se desbord&oacute; el cono hacia el norte en seis bocas que se juntan arrojando lava a chorros. Parece una nueva erupci&oacute;n, un hermano a&uacute;n sin nombre tambi&eacute;n. Como si la isla, empujada por la gravedad, oprimiera el magma facilitando un drenaje tan perfecto que la lava sube como Pedro por su casa sin casi rozamiento. Afirman los cient&iacute;ficos que hay volc&aacute;n para rato. Ya atraves&oacute; la carretera de Tacande. Vamos a ver si coge sobre la otra colada junto a la que discurre.
    </p><p class="article-text">
        A las cinco de la tarde, embelesada en el sof&aacute; sobre un coj&iacute;n blanco con relojes grises, me sobresalt&oacute; la voz de Almudena Grandes cuya muerte ard&iacute;a en los m&oacute;viles. Intensa, vital. Era septiembre del noventa y cinco. &iexcl;Disfrut&eacute; tanto oy&eacute;ndola, l&uacute;cida y elocuente, en aquella sala inmensa, en el VI Simposio de Literatura IES Virgen de La Paloma al que asist&iacute; en Madrid! (Con ellas: Ana Sambl&aacute;s, literariamente viva en la memoria, Carmen y Mercedes.) Sent&iacute; las garras de su vac&iacute;o en el silencio de estos relojes cuyas cuerdas est&aacute;n ah&iacute; solo para el dibujo, no para amortiguar los brazos de chapa del sof&aacute; que se hunden como clavos en la rigidez de este cuello tenso, igual que el eslab&oacute;n met&aacute;lico de una condena. Lo siento, quer&iacute;a decir cadena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El veintiocho, ciento treinta y siete terremotos en un d&iacute;a, cuarenta mil toneladas de di&oacute;xido de azufre, dos barrancos simult&aacute;neos se arquean para juntarse en la impiedad con destino a La Laguna. La ladera del cono se ladea. &iexcl;Dios!, c&oacute;mo este barranco de lava nos arrastra hacia su fluidez cuando lo tenemos de frente. Como si nuestra voluntad toda fuera suya. Es m&aacute;s grande que la voluntad.
    </p><p class="article-text">
        A las ocho treinta y cinco del veintinueve, un terremoto de cuatro con ocho nos empuja en el sill&oacute;n para rematar la noche en vela. &iexcl;Ag&uuml;ita con el temblor! Y sigue. &iexcl;Este le zumba! Como si no se hubiera ido, o como si regresara sin que nunca se hubiera esfumado.
    </p><p class="article-text">
        El treinta de noviembre se bati&oacute; el r&eacute;cord, trescientos setenta y un terremotos. El cono principal, treinta horas sin emitir lava. En tres d&iacute;as, casi mil temblores.
    </p><p class="article-text">
        Un nuevo centro emisor se derrumba, &iexcl;y nos derrumba! Cuando pens&aacute;bamos que estaba&nbsp;&nbsp;dando los &uacute;ltimos coletazos, nos restriega a borbotones su baba irresistible en nuestras narices dici&eacute;ndonos: Soy inmortal; emerjo, me elevo y me expando, zigzagueando infinitamente ante tu fr&aacute;gil futuro que envejece. Aqu&iacute; estuve y aqu&iacute; estar&eacute; ocupando el entorno de la luna. Y es que tiene raz&oacute;n, antes del volc&aacute;n nos reun&iacute;amos en el Manch&oacute;n para ver salir la luna llena exclusiva de Cumbre Vieja, hoy el volc&aacute;n ocupa incluso el nombre de la Cumbre. Se llamaba la luna azul.
    </p><p class="article-text">
        Lo que tienen los sue&ntilde;os: anoche la habit&eacute;, &iexcl;nuestra casa viv&iacute;a! Vi un remolino azul y, transformada en aire, la respir&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Los Llanos de Aridane, Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-vi_129_8562634.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Dec 2021 09:25:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán VI]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de un volcán V]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-v_129_8520043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c195188-87f3-45e6-8022-2be401d8147d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lucía Rosa González."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la existencia te desnuda, ¿debemos vaciarnos de las cosas, desapegarnos? No hay que cogerles apego a las cosas, me dice un compañero: “A las diez puse en venta mi casa, a las doce la vendí y esta tarde viajo a Tenerife. Cambio de vida”. ¿Reconforta trasladar la realidad de sitio hasta que se nos enfríe la memoria? Somos volcán. No hay otra.</p></div><p class="article-text">
        Tres r&iacute;os de lava descienden el risco hacia Los Guirres, tres tridentes de terrible belleza poniendo a prueba la arrogancia del acantilado que se arquea para que la lava baje por su sombra agachada y el mar se la lleve. &iexcl;Que no destruya el kiosco, por favor! La docilidad del risco nos pesa, es su modo de protegernos, pero no pudo retenerla. El risco no pudo. El cocinero, nuestro vecino de la playa, s&iacute; hall&oacute; palabras apasionadas para despedirse del restaurante que amaba: &ldquo;Como si fuera la chica m&aacute;s guapa del mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Embrujada. La playa de Los Guirres estaba embrujada: las paellas m&aacute;s ricas, los chipirones, el runr&uacute;n de los surfistas, las olas encorvadas, volantes, los cuerpos desnudos, el parpadeo vol&aacute;til del faro cercano. &iquest;Huele la lava la belleza, la escucha y apuesta sus brasas por ella? El sabor. Persistir&aacute; el sabor. Con el sabor no puede este volc&aacute;n. Ni con el olor del musgo impregnado en los dedos. Ni con el faro, aunque nos d&eacute; la impresi&oacute;n de que sus fugitivos destellos se desvanecen ante el cerco desafiante: No te rindas, &aacute;ngel custodio. T&uacute; no.
    </p><p class="article-text">
        El trece de noviembre tembl&oacute; el edificio a las seis cincuenta y seis de la ma&ntilde;ana. Desde la media noche sin un se&iacute;smo se interpreta que se est&aacute; preparando para el de cinco con tremor espasm&oacute;dico a treinta y siete km. de profundidad; ni pensar en el de seis o siete grados por el que apuestan los expertos. En el programa instalado en el m&oacute;vil, se&ntilde;alamos los iconos que m&aacute;s se ajustan al sobresalto que hemos notado: moderado, sentido por muchos, sensaci&oacute;n de mareo, muchos corren asustados, objetos vibran, muebles ligeros se desplazan. La intensidad final que facilita el centro de datos depende de las informaciones que los perjudicados le enviamos v&iacute;a m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; se originan tan abajo ahora los sismos? &iquest;Qu&eacute; barrunta tanta profundidad? &iquest;No ten&iacute;a suficiente con saciar los reservorios magm&aacute;ticos m&aacute;s superficiales para llenar la esperanza de fin?
    </p><p class="article-text">
        Desde un sendero de Tacande, en F&aacute;tima, lo vimos muy cerca, por la espalda, imposible resistir la atracci&oacute;n que el volc&aacute;n ejerce sobre sus s&uacute;bditos. Seleccionados a dedo, somos sus vasallos, los elegidos. Los damnificados. Vimos la nube blanca de la boca uno bajar agazapada ante la imponente torre de humo gris de la boca dos. Luego los dos humos se juntaron, se hicieron alas. Piensas, Que vuelen ya. El trueno persistente te atrapa y es poderoso, significa escuchar y mirar; la independencia de nuestros sentidos desaparece: el volc&aacute;n quiere tus ojos.
    </p><p class="article-text">
        Y t&uacute; quieres sus alas. La contrase&ntilde;a del adi&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cre&iacute;as que se hab&iacute;a estabilizado, ayer se desbord&oacute; el canal l&aacute;vico, direcci&oacute;n monta&ntilde;a de Todoque, provocando un nuevo brazo de lava por el sur que avanza al borde de la colada primigenia. Esta le clav&oacute; los dientes desde el principio a nuestra finquita de los Barriales de la Costa, en los Palacios. &iexcl;C&oacute;mo subi&oacute; la lava hasta esta altura! Parec&iacute;a inalcanzable. No s&eacute; c&oacute;mo se las ingenia, satura con rocas lo poco que te queda para vaciarte por dentro. &iexcl;Si lleva as&iacute; cinco semanas como adormecida con los tres bocados que le dio! &iexcl;Que no nos desbarate esta esperanza! Gastado est&aacute; el Orto, programa que divulga a diario las fotograf&iacute;as panor&aacute;micas del desplazamiento de las coladas, de tanto deslizar el dedo por sus recovecos. Aproximamos las im&aacute;genes de las casas mordidas y de estos pl&aacute;tanos veinte veces al d&iacute;a para comprobar que permanecen imperturbables ante los oscuros altibajos de este volc&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esa cosa de arriba&rdquo;, lo llama una amiga del Para&iacute;so de Las Manchas. Nunca dice volc&aacute;n, el innombrable; lo suprimi&oacute; de su d&iacute;a a d&iacute;a desde que, en las primeras horas de la explosi&oacute;n, tuvo que salir por pies. Lo dej&oacute; todo, todo, excepto el portarretratos con foto familiar, obsequio de su exyerno, en donde encuentra un amparo huidizo para los nervios que &ldquo;esa cosa&rdquo; ha triplicado. Su marido tan joven en la foto y ya no est&aacute;. Y con la otra mano salv&oacute; el segundo emblema, consecuencia de su miedo a volar: la botella pl&aacute;stica de agua, hasta la mitad de monedas de un euro: &ldquo;Cuando esa cosa se vaya, pienso gast&aacute;rmelo en el Princess de Fuencaliente y, mientras no se vac&iacute;e, no vuelvo del hotel&rdquo;. En la botella hay setecientos veinte euros. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; gana la isla con el volc&aacute;n? &iquest;Saldr&aacute; ganando algo salvo unas fajanas que no son de la isla, sino que pertenecen al Estado? &iquest;Y los p&aacute;jaros que no se posan en las fajanas? &iquest;Y las olas que retroceden rendidas ante la lava que las invade para ocupar su espacio? &iquest;Y las casas y las olas que ya no est&aacute;n? &iquest;No poseer es un bien? Si la existencia te desnuda, &iquest;debemos vaciarnos de las cosas, desapegarnos? No hay que cogerles apego a las cosas, me dice un compa&ntilde;ero: &ldquo;A las diez puse en venta mi casa, a las doce la vend&iacute; y esta tarde viajo a Tenerife. Cambio de vida&rdquo;. &iquest;Reconforta trasladar la realidad de sitio hasta que se nos enfr&iacute;e la memoria? Somos volc&aacute;n. No hay otra.
    </p><p class="article-text">
        Pero nada es nada. Y hay que recibir, no puedes dar. Antes dabas, ahora te dan. Y lo tomas con pesadumbre, con cierto pudor agradecido. En el polideportivo Camilo Le&oacute;n, en el pabell&oacute;n Severo Rodr&iacute;guez de Los Llanos de Aridane o en el Recinto Ferial de El Paso, se reparten las innumerables donaciones solidarias del archipi&eacute;lago para consolar la felicidad fracturada de los damnificados y evacuados. Sin embargo, esta acci&oacute;n tropieza con las tradiciones de la gente del campo que practica un intercambio afectuoso. No desechas sobre el compost de la huerta los aguacates blanditos si tu hermana los aprovecha para un guacamole. Se va a echar a perder tanto pl&aacute;tano maduro que trajiste del almac&eacute;n al transportar las pi&ntilde;as y colocas una cajita preciosa en la puerta de las vecinas. En el fondo de la caja, los pl&aacute;tanos verdes. Alg&uacute;n d&iacute;a madurar&aacute;n. Cubres los huecos con aguacates y pimientos verdes de mojo y la enramas con perejil y espinacas que crecen casi silvestres en las huertas. Crec&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana o pasado, aparecer&iacute;an unos apacibles caquis y un pan redondo, en una bolsa, colgados de nuestra verja y, en el suelo, una calabaza con forma de bota de vino. O un cart&oacute;n de huevos camperos. Alguien que los ten&iacute;a y nos los brindar&iacute;a. El trueque.
    </p><p class="article-text">
        Y calabacines. &iexcl;Cu&aacute;ntos calabacines echa una mata! Baldes y baldes colmados de calabacines de los blancos y de los afilados. Sin saberlo, &eacute;ramos dichosos.
    </p><p class="article-text">
        El motivo no es que des porque te sobre, el motivo est&aacute; en el gesto, la manera de compartir en el campo el fruto del trabajo. La causa y el efecto de la generosidad. No estamos acostumbrados a recibir sin dar. En estos lugares solidarios te fichan, inscriben tu nombre para ejercer tu derecho como evacuado a recibir. Antes de la p&eacute;rdida, hac&iacute;as cola para la cita del m&eacute;dico de urgencias, en el ba&ntilde;o del bar, en la pescader&iacute;a para acceder al kilo de chicharros fresquitos del Puerto desarropados en la nevera, manten&iacute;as el turno ante el mostrador de los embutidos. Ahora, debes anotarte para aceptar aquello a lo que tienes derecho porque has perdido. Lo has perdido todo. &iexcl;No huyas, dignidad!
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;S&aacute;banas, hay s&aacute;banas blancas de algod&oacute;n de uno cincuenta!&rdquo;, dice una joven que acude a la zona de distribuci&oacute;n a buscar algo. &ldquo;Nos donaron un colch&oacute;n m&aacute;s ancho en Comercial Antani (en Ikea no hab&iacute;a, reponiendo donaciones), y las que tenemos quedan chicas&rdquo;. Se paraliz&oacute; fascinada ante un c&aacute;lido edred&oacute;n que brillaba en un estante, pero la opci&oacute;n plena no era v&aacute;lida; hab&iacute;a que menguar el deseo de poseerlas y elegir: o s&aacute;banas o edred&oacute;n. Se llev&oacute; las s&aacute;banas. El desamparo produce fr&iacute;o en los huesos. &iquest;Mermar&aacute; este fr&iacute;o cuando merme el volc&aacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Pagas el jarabe de prop&oacute;leo para paliar los efectos de la ceniza en la garganta, y en un pisp&aacute;s la due&ntilde;a de la tienda se escabulle tras el tabique. Hasta luego, dices. No, espera. Espera. Oyes detr&aacute;s un susurro de bolsas, un tintineo de botes, unos ruiditos que no identificas. Y ella reaparece con una bolsa de papel vaso desbordada hasta las asas de crujientes papas, parecen munchitos. Son de lentejas. Ah. Debajo hay pan de pita, desodorante ecol&oacute;gico, pasta de dientes abrillantadora, sellados con una isla verde en el interior de un coraz&oacute;n: &ldquo;Donaci&oacute;n solidaria, Xerax est&aacute; contigo&rdquo; No, no, por favor, dices, no puedo consentirlo, d&eacute;jalo ah&iacute; para alguien que lo necesite. Que no. Pero te los acerca y los abrazas. D&eacute;jalos, dices mientras sales por la puerta con la donaci&oacute;n solidaria colgada del brazo. Para los damnificados. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los saludos se han vuelto raqu&iacute;ticos, escuetos, Qu&eacute; tal, pues aqu&iacute;, estamos que es lo importante. S&iacute;, estamos. Es lo que hay. Y miramos a un punto lejano, no miramos ya a los ojos de enfrente. Emocionado, un primo nos saluda desde el coche anclado en el paso de peatones, entorpeciendo el tr&aacute;fico: &ldquo;C&oacute;mo est&aacute;n, bueno, es un decir; pues palante, siempre palante, no mirar hacia abajo sino arriba&rdquo;. Y nosotros callados, observ&aacute;ndolo sin previsible reciprocidad, con los labios apretados ante el reloj de la Doctor Fleming de Los Llanos. Los interrogantes salen junto con las respuestas de la misma ventanilla. Aunque la fila de veh&iacute;culos aumenta m&aacute;s y m&aacute;s detr&aacute;s del saludo, los conductores no lo interrumpen, nadie grita, no suenan las bocinas, los ch&oacute;feres nos ven. Y callan.
    </p><p class="article-text">
        Estamos vivos, nos dice la gente. Claro que estamos vivos, por eso se nos clavan en las sienes las dos l&aacute;mparas farol que nos enamoraron en Electrobazar D&acute;Lucio. Despu&eacute;s de tres meses yendo a verlas a menudo, a principios de septiembre, una al fin resplandec&iacute;a persigui&eacute;ndonos pendiente de nosotros y del techo blanco de la cocina reci&eacute;n reformada. Tras tres meses de larga indecisi&oacute;n, en el local se exhib&iacute;a una. &iquest;Y ahora? Pues una de un estilo, otra de otro, y ya est&aacute;. &ldquo;La diferencia imprime personalidad, &eacute;sta met&aacute;lica con forma de sombrero contrasta con la de farol, ya ver&aacute;n qu&eacute; elegantes combinan las dos juntas&rdquo;, argumentaba la dependienta para convencernos de aquella perturbaci&oacute;n est&eacute;tica que nos propon&iacute;a, harta de nosotros como diciendo, v&aacute;yanse ya, por dios. Descartamos la de sombrero, solo nos llevamos la de farol. Menos mal.
    </p><p class="article-text">
        Ayer la lava se llev&oacute; el Charc&oacute;n. La magullada intimidad de las burbujas flota impotente en ti. All&iacute; aprendieron a nadar nuestros hijos, y los hijos de las sombras que, a contraluz, recog&iacute;an lapas en los pe&ntilde;ascos mientras hund&iacute;as los pies en la gravilla de la charca para escudri&ntilde;ar el fondo del oc&eacute;ano. Tan burbujeante y necesaria para ti, amiga.&nbsp;La playa de los solos. La neverita roja de pl&aacute;stico duro que nos regal&oacute; mam&aacute; por reyes a mi hermana y a m&iacute; el a&ntilde;o de la pera, la linterna de pilas, las rodillas abrazadas meci&eacute;ndonos, y las toallas. La tienda igl&uacute; de otros solos m&aacute;s all&aacute;. Cuando el sol se iba, cerrabas los ojos untados de chorizo y ya estabas por lo menos en la Bombilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, diecis&eacute;is, de nuevo en la majestuosa Casa Massieu de Argual. Antes de las ocho, en la puerta a registrar para el Estado la casa aniquilada. A nuestra puntualidad se interpone tanta gente que espera y la robusta puerta, la reina del respeto. Somos el siete para la atenci&oacute;n en SOAJE, Servicio de Orientaci&oacute;n y Asistencia Jur&iacute;dica, en situaci&oacute;n de emergencia y cat&aacute;strofe. A lidiar con las siglas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras aguardamos en la segunda planta, adviertes que el piso de tablas de los solemnes balcones interiores se agita con los concurridos pasos, gritas todo el tiempo, un chillidito furtivo se te escapa porque cualquier movimiento sospechoso lo identificas con un sismo. &iquest;Que oscilan las tablas al andar? &iquest;Que vibran las barandas sobre las que te arrimas? Pues temblor.
    </p><p class="article-text">
        La espera da para todo. Sentados charlamos con los de al lado. &iquest;Y ustedes qu&eacute;? Todo, dice la vecina de Todoque sin que hayamos preguntado qu&eacute; perdieron. La pregunta va omitida, pero como un sujeto el&iacute;ptico se sobreentiende: la casa de mi madre, la de mis t&iacute;os, la nuestra; los platanitos. Y estrujadas por el suspiro, las punzadas fr&iacute;as en la frente puntuales como un reloj. Al levantar los ojos diluidos entre los cad&aacute;veres de nuestras casas, topamos con un chaleco rojo que distingue al personal laboral del resto, con la insignia colgada del cuello. La joven psic&oacute;loga, balance&aacute;ndose acuclillada sobre los talones, no indaga qui&eacute;nes somos o a qui&eacute;n esperamos porque no ignora lo que aqu&iacute; buscamos y nos espeta: &iquest;Reciben alguna ayuda? S&iacute;, dice la vecina, una psic&oacute;loga de la Cruz Roja, a cada rato me llama para hablar, y hablamos, y me viene bien, la verdad. Pues que sepan que estamos para ayudarlas, que no se sientan solas, y tal. Nos dej&oacute; la tarjetita de hablar y se arrodill&oacute; a los pies de los otros para otorgarles confianza con tal postura. Para convencernos de la legitimidad de este recurso gratuito con sus gestos afables. Para que de entrada no la rechacemos. Es justicia social lo que propone, por dios, no la desaprovechemos. Con los iguales nos desahogamos, pero &iexcl;cu&aacute;nto cuesta hablar con los profesionales que escuchan! Habr&aacute; que habituarse.
    </p><p class="article-text">
        Entramos a la cita. Pegada en el dorso de la pantalla del ordenador de la administrativa solidaria una hoja, GESPLAN, empresa p&uacute;blica del Gobierno de Canarias. &iquest;Se apuntaron para SEPE? &iquest;Trajeron el IBI? El hueco mental se atiborra de PEVOLCA, INVOLCAN. El volc&aacute;n es omnisciente, se hace gas, abarrota con su humo nuestro desasosiego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los profesionales de los distintos &aacute;mbitos que est&aacute;n detr&aacute;s de las mesas no prescinden de nosotros como el innombrable, perciben nuestra incertidumbre y empatizan con los grados, no ignoran que estamos abajo; sin embargo, no nos miran desde arriba. Pasan por alto nuestra torpeza, por lo tanto, entienden que el rebuj&oacute;n de papeles que depositamos sobre la mesa es un hecho real; por aqu&iacute;, actas catastrales; sobre una silla, el IBI; sobre la otra, p&oacute;lizas del seguro; escurri&eacute;ndose por una esquina de la mesa, el IBAN del banco; en la faltriquera, instant&aacute;neas hermosas e im&aacute;genes panor&aacute;micas extra&iacute;das de internet de nuestra casa extinta, rescatada de la muerte por el visor geogr&aacute;fico de GRAFCAN y la nostalgia. Un modo de eternizar las adelfas de la entrada. Las fotos se adher&iacute;an a nuestras rodillas como imantadas, como si la casa no se hubiera ido del todo.
    </p><p class="article-text">
        Nos atienden con calma, aunque a ratos se desbordan agobiadas por nuestra ineptitud ante este l&iacute;o de papeles. Se mueven en la silla giratoria de un lado a otro como las cris&aacute;lidas de algunas mariposas. En Las Manchas, de chica, las llam&aacute;bamos divinas. Las encaram&aacute;bamos en la palma de las manos y las atorment&aacute;bamos con insolencia: &ldquo;Divina, &iquest;por d&oacute;nde sale el sol? Divina, esto; Divina, aquello. Muy bien, Divina&rdquo;. Y con la arrogancia de haber remontado erguida la etapa de gusano, Divina doblaba la cintura, inclin&aacute;ndose virtuosa como una geisha, y nos embelesaba con una sumisa reverencia hacia los Campanarios. Se las sab&iacute;a todas. La pobre. Oprimida, da&ntilde;ada por nuestros dedos ingenuos.
    </p><p class="article-text">
        Noviembre ceniciento y fr&iacute;o. La casa sola, su carcasa, esta p&eacute;rdida no nos da&ntilde;a, nos carcome la p&eacute;rdida de su sustancia que siempre la vemos azul.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Estamos tan sensibles! No estamos para sustos.
    </p><p class="article-text">
        De madrugada, desvelados por la vibraci&oacute;n de los terremotos en cadena compartimos con los insomnes, por el m&oacute;vil, las impresiones s&iacute;smicas: de las doce de la noche hasta las cinco de la madrugada van sesenta y un se&iacute;smos m&aacute;s someros que los de los &uacute;ltimos d&iacute;as. No s&eacute; qu&eacute; interpretaci&oacute;n darles, la verdad. Ahora todos somos especialistas en volc&aacute;n y en se&iacute;smos. Si son profundos, antes quer&iacute;a decir que el volc&aacute;n se estaba recargando y ven&iacute;a en camino m&aacute;s magma de las concavidades de la tierra; ahora, de m&aacute;s de treinta kil&oacute;metros es un indicio de que est&aacute; descargando y perdiendo fuelle. No sabemos a qu&eacute; atenernos.
    </p><p class="article-text">
        Trescientos diecis&eacute;is se&iacute;smos en veinticuatro horas registrados por el m&oacute;vil, &iquest;no son demasiados para un d&iacute;a? Resultado de este movidito dieciocho: colapsa el cono, se derrumba, la lava sale a borbotones y se derrama ladera abajo como si fuera a acabar con el mundo. Rayos sobre el cono por contacto del vapor de agua de la lluvia con la columna de gases. A la una cero ocho, temblor de magnitud cinco con cinco que luego rebajaron a cinco con uno. El mayor de todos, el padre de los sismos.
    </p><p class="article-text">
        Al amanecer, desde aqu&iacute;, apreci&aacute;bamos la respiraci&oacute;n blanquecina de las laderas del cono que ondeaban, parec&iacute;a que humeaban nieve pero era la lava que es imprecisa. Es m&aacute;s de lo que vemos.
    </p><p class="article-text">
        Lo vimos ayer, el rosal de terciopelo morado que trajimos del Mudo, Garaf&iacute;a, que vivi&oacute; tantos a&ntilde;os en nuestra huerta. Un clon se ergu&iacute;a en un jard&iacute;n de la avenida exterior Felipe Lorenzo de Tazacorte. Retrocedimos sin articular palabra. Franqueamos la tapia, transgredimos la verja. Agarramos la rosa, pero no pudo ser, descubrimos dos p&eacute;talos entre los dedos. Hoy, secos, conservan intacto el mismo aroma. Qu&eacute; pronto se secan los p&eacute;talos cuando los arrancas de su h&aacute;bitat.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-v_129_8520043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Nov 2021 10:59:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán V]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Diario de un volcán, IV]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-iv_129_8482912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2066aa5c-2754-48a5-9855-3776f4d32197_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lucía Rosa González."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No estás preparada para ver tu casa hundiéndose tragada por las rocas. Duele como si te introdujeran una llave ardiendo en todos los lugares de la carne porque tú eres la puerta. Resistió estoicamente tres semanas erguida ante la lava, pero fue perdiendo altivez con los días, no sé si intuía a quién tenía de frente.</p></div><p class="article-text">
        No est&aacute;s preparada para ver tu casa hundi&eacute;ndose tragada por las rocas. Duele como si te introdujeran una llave ardiendo en todos los lugares de la carne porque t&uacute; eres la puerta. Resisti&oacute; estoicamente tres semanas erguida ante la lava, pero fue perdiendo altivez con los d&iacute;as, no s&eacute; si intu&iacute;a a qui&eacute;n ten&iacute;a de frente.
    </p><p class="article-text">
        La vimos en pantalla. Dios m&iacute;o, era la lava sangrienta que hab&iacute;a enterrado Todoque y que estuvo quieta semanas en el cruce de Pampillo como si nunca fuera a andar. Pero inici&oacute; el ataque. Avanzaba lenta, arrastrando por la tierra sus poros indolentes, los orificios encendidos de los ojos sobrepasaban la azotea de los vecinos. Rellen&oacute; la gran vaguada del minigolf con el que lind&aacute;bamos. Despu&eacute;s de la panzada, exhausta, se recost&oacute; en la pared de nuestra huerta y all&iacute; aguant&oacute; apoyada, inm&oacute;vil en la esquina, aparentemente dormida. &iquest;Qui&eacute;n sosten&iacute;a a qui&eacute;n? Asfixi&oacute; los aguacateros de la orilla y le perdon&oacute; la vida al resto de los frutales como dici&eacute;ndole a la casa: Brillas, pero qui&eacute;n sabe si ma&ntilde;ana brillar&aacute;s. Y ah&iacute; permaneci&oacute; semanas, valientemente azul.
    </p><p class="article-text">
        La imagen m&aacute;s buscada en internet a mediod&iacute;a es el Orto, instant&aacute;neas que se toman de las vistas a&eacute;reas que el dron oficial graba diariamente sobre el avance de las coladas. Las amigas te la reenv&iacute;an, marcada tu casa con una flecha de colores brillantes: Est&aacute; bien, tu casa est&aacute; bien. La ampl&iacute;as al m&aacute;ximo para comprobar que la lava contin&uacute;a parada. Y respiras profundo hasta el Orto del d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de casi tres semanas sin que este brazo se desplazara, mi marido y mis hijos entraron en zona de exclusi&oacute;n y accedieron a nuestra vivienda. Recogieron no la totalidad de los libros, regaron las naranjeras, retiraron la ceniza de los patios, de las orqu&iacute;deas que se conservaban en flor debajo de la naranjera de la esquina. La vecina del morro sacud&iacute;a la ceniza de la p&eacute;rgola: &ldquo;Aqu&iacute; no llega, imposible. Desde que acabe el volc&aacute;n, pienso regresar&rdquo;, dec&iacute;a enamorada. Pero no pudo ser. De vuelta, con la camioneta colmada de libros, por la carretera del Hoyo, los sorprendi&oacute; la ingrata colada que se aproximaba sigilosa por la espalda. Y sin decir palabra, en estado de shock, sintieron que deb&iacute;an rescatarla y volvieron. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre una nube de mirlos, notaron el pulso de la casa; la vieron viva y hermosa, y hubo el tiempo exacto de decirle adi&oacute;s con los ojos mientras la lengua se mov&iacute;a inexorable. Esta colada atrajo a la otra y entre las dos la abrazaron y la abrasaron. El vaho que sal&iacute;a por la boca de una tuber&iacute;a abierta en el camino presagiaba el final, el volc&aacute;n enviaba sus se&ntilde;ales. Un hilo de humo blanco emergi&oacute; por la chimenea de la cocina. El humo adquiri&oacute; la forma del tejado y lo nubl&oacute;. La secuencia de la quema nos llegaba a cada instante v&iacute;a m&oacute;vil hasta que la lava mutil&oacute; la punta de la chimenea. Antes de la aniquilaci&oacute;n, pareci&oacute; que se encendieron de pronto todas las l&aacute;mparas.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda de la vecina del morro y las de los vecinos que subsist&iacute;an enhiestas en los mont&iacute;culos sucumbieron sin que los propietarios pudieran despedirse. En ning&uacute;n canal informativo hab&iacute;an notificado la existencia de esta reciente colada sur. &iquest;Tendr&iacute;a tiempo de emigrar la mariposa monarca, posada horas en el alf&eacute;izar, nacida para volar?
    </p><p class="article-text">
        Sin la costumbre de los mirlos revoloteando, vimos en im&aacute;genes la colada ya inflada bajar hacia la curva de los Estanques. Vimos, con claridad, saliendo un vaho y no era la respiraci&oacute;n de la lava, era un aliento de a&ntilde;os, parec&iacute;a que nuestro aliento franqueara la oscuridad, trepara por el humo y escapara. El humo a veces era azul.
    </p><p class="article-text">
        Guardaba en sus estantes p&aacute;ginas hermosas, muchas rescatamos, otras no; &iquest;d&oacute;nde las metemos? La manta de tigre regalo de la abuela, las bufandas multicolores que teji&oacute; mam&aacute; con restos de estambres, imaginando con su mente decr&eacute;pita que tej&iacute;a patucos para los nietos o pantalones para pap&aacute; que ya no estaba. Ay, &iexcl;los disfraces! Los bombachos de arlequ&iacute;n con rombos color ajedrez alojados en los altillos de los armarios &#8213;las caras maquilladas de blanco y, en las mejillas, l&aacute;grimas negras emborronadas por los polvos y la juerga de Carnavales despu&eacute;s de medianoche&#8213;. La falda roja de lunares negros del disfraz de roquera de mi hija, las enaguas almidonadas de tul ribeteadas de raso. El verde de fieltro de Peter Pan que mi hijo detestaba. Cero disfraces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora que no est&aacute; la tuya, evocas la casa de la infancia. Es un acto reflejo, un recurso terap&eacute;utico. Mam&aacute; hizo la casa a trozos, ahorraba y la ampliaba. Una sala anexa, una losa para comunicar la casa con el ba&ntilde;o, adecentamiento del cocino para proteger el fog&oacute;n de le&ntilde;a del viento y de la lluvia. Lo peor, lidiar con las goteras. Y con tablones tend&iacute;amos puentes de sardinel a sardinel evitando que se nos anegaran los pies en los charcos del piso de cemento, a&uacute;n sin baldosas.
    </p><p class="article-text">
        Porque nuestras casas rurales las construye el tiempo, poco a poco, en el solar familiar que habilitas y all&iacute; montas los cimientos. Desde que la estructura tiene techo, te instalas y la habitas. En el suelo, sobre una base de peri&oacute;dicos y, a sendos lados, el colch&oacute;n y la cuna de tus hijos, y te libras del alquiler mensual que va directo a la casa. Con dos pilas de bloques, sobre los que reposa una tabla, montas la cocinilla de gas de dos fogones que te dejan tus suegros. Al lado, la bombona que desaparecer&aacute; cuando encajes en su trono del poyo de granito natural la placa met&aacute;lica de cuatro hornillos. De espejo ejercen los cristales de las ventanas y, en la calle, las lunas de los escaparates. Este lento proceso de construcci&oacute;n contrasta dr&aacute;sticamente con el desenfrenado proceso de la quema.
    </p><p class="article-text">
        Resulta extra&ntilde;o, ni siquiera cantamos como antes, ahora cantamos hacia dentro.
    </p><p class="article-text">
        Aceptaci&oacute;n, dice una amiga. &iquest;Qu&eacute; hacer despu&eacute;s de la extinci&oacute;n? Es una lucha incesante aceptar la p&eacute;rdida. En duermevela, en los sobresaltos de la vigilia, pruebas las estrategias que recomiendan los especialistas, intentas visualizar paisajes serenos, r&iacute;os o nieve, o barrancos, pero las im&aacute;genes se tuercen, retroceden y ves a tus hijos entre bolsas de cemento gateando en el patio a medio construir. O a tu hija de ocho a&ntilde;os que te muestra la mano con la astilla del diente que perdi&oacute; saltando los escalones de piedra sin rejuntar. O a tu marido, despu&eacute;s de la jornada de trabajo, extrayendo de la cueva los zamuros de escombro. Qued&oacute; una bodega fresquita con un frente r&uacute;stico de piedras de volc&aacute;n. Y piensas ahora, &iquest;estas piedras atrajeron las otras piedras? &iquest;Rocas atraen rocas? &iquest;Vino a matarla, a arrancarla del tiempo por haberle arrancado a los otros volcanes otras piedras de otras lavas de otro tiempo? La mente es poderosa para bien o para mal y hay que controlarla, domarla con firmeza, dici&eacute;ndole: No vas a dominarme. O te agarra por el est&oacute;mago, te lo vac&iacute;a de cuajo, se te introduce en las entra&ntilde;as, y lo llena. Si oprimes fuerte con los dedos el salto en el est&oacute;mago y sientes consuelo, y esta misma opresi&oacute;n permite que inspires hondo, es la mente que se expande y te ocupa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a posterior a la extinci&oacute;n, el s&aacute;bado treinta de octubre, no amaneci&oacute;. La lluvia de cenizas tupidas mantuvo el d&iacute;a negro y oscuro el cielo condescendiente con el duelo. Encerrados en las casas con la luz encendida y priv&aacute;ndonos del cielo por la mala calidad del aire. La inhalaci&oacute;n de este polvo tan denso te congestiona los senos, genera s&iacute;ntomas de sinusitis, inflama los bronquios, enturbia nuestro interior.
    </p><p class="article-text">
        A partir de este momento, la casa va en tus ojos; tiras de la cadena de la cisterna y la casa se lanza precipitadamente con el agua v&aacute;ter abajo, y por el sumidero de la ducha; la casa sepultada te adentra en la orfandad. Por favor, que se cierre de ra&iacute;z esta brecha. Pero de madrugada, el sismo de cinco con uno quiebra tus ansiedades. &iquest;Se hallar&aacute; cansado el volc&aacute;n y tiembla? &iquest;Estar&aacute; aliment&aacute;ndose de la hondura magm&aacute;tica para embestir de nuevo? O, en el mejor de los casos, &iquest;estar&aacute; coloc&aacute;ndose, acurruc&aacute;ndose en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de la isla para descansar para siempre?
    </p><p class="article-text">
        El D&iacute;a de Todos los Santos, en la Monta&ntilde;a de Tenisca, acto militar de homenaje a los difuntos, de modo que un helic&oacute;ptero de las Fuerzas Armadas esparc&iacute;a p&eacute;talos sobre los &Aacute;ngeles, camposanto de Las Manchas, incomunicado por la erupci&oacute;n, y en el entorno de las coladas pr&oacute;ximas. &iexcl;Ese era el helic&oacute;ptero que hab&iacute;a sobrevolado las azoteas de Tazacorte direcci&oacute;n norte! &iexcl;Pensamos que habr&iacute;a nacido otra boca! Tu mente se hace pu&ntilde;o y te ocupa de nuevo, te ofrece el sobresalto, no rosas.
    </p><p class="article-text">
        Puesto que el cementerio de Las Manchas est&aacute; en zona de exclusi&oacute;n, la gente se amontona en la Plaza de Los Llanos de Aridane en torno a <em>El rinc&oacute;n de la memoria</em> con una flor y una vela para los fallecidos. Dispuestos sobre una tarima, colocas los velones que un guardia atento enciende. Luego buscas en paneles iluminados los nombres de los familiares, aunque m&aacute;s bien buscas los ojos de la otra gente que tambi&eacute;n busca. Siempre hay algo que buscar. Sobre todo consuelo en aquellas personas que tambi&eacute;n han perdido. Lo adivinas por la empat&iacute;a que cuelga de sus miradas furtivas. Los abrazos son como pinzas y constri&ntilde;es el pecho de la persona abrazada para quererla en la adversidad.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, a las doce, cita en la Casa Massieu de Argual para solicitar las ayudas previstas por el Gobierno de Canarias para los afectados. Y das con la gente que se acumula en la entrada. Olvid&aacute;ndote de la pandemia, los abrazas sin decir palabra, como si abrazaras su nostalgia, y as&iacute; a otras parejas, y a otros vecinos, y cuando termina el abrazo te percatas de que retienes entre las tuyas las manos entrelazadas de los otros y que nadie quiere deshacer este lazo. Y se te desparrama la tonga de papeles exigidos para justificar los da&ntilde;os cuando est&aacute;s delante del asistente social en una de las muchas cabinas, montadas con paneles blancos de chapa, para responder a esta emergencia. &iquest;Cu&aacute;nto estiman que produc&iacute;a anualmente esta huerta, qu&eacute; valor econ&oacute;mico le dar&iacute;an a esta finca? Nos miramos como respuesta. Ignoramos el valor de la cosecha de papas de la huerta. C&oacute;mo vamos a ponerles precio a las zanahorias chiquitas, ni a las pi&ntilde;as del millo, ni a la cosecha de jud&iacute;as pintadas que congel&aacute;bamos para el a&ntilde;o entero.
    </p><p class="article-text">
        El tres de noviembre, nos pill&oacute; un temblor sorpresa de cinco con uno de magnitud de larga duraci&oacute;n que comenz&oacute; como un tremor. Las magnitudes no se corresponden con las sensaciones. &iexcl;Tremenda sacudida! Dir&iacute;amos que sobrepas&oacute; el patr&oacute;n de intensidades, se nos levantaban los pies del suelo. Cuando se queja el suelo, te sientes vulnerable, diminuta como una oruga.
    </p><p class="article-text">
        Sube el di&oacute;xido de azufre despu&eacute;s de siete d&iacute;as a la baja. Quiz&aacute; se est&eacute; alimentado para embestir con fuerza. No te puedes fiar del volc&aacute;n. Emite lava a borbotones y signos confusos para que no nos imaginemos que acaba de golpe. Se rebosa el canal l&aacute;vico y pasa por el norte de la Monta&ntilde;a Rajada. Ser&iacute;a un problema si abriera nueva boca y bordeara la monta&ntilde;a del Cogote y diera de lleno en el indefenso cementerio de Las Manchas. Los pr&oacute;ximos d&iacute;as ser&aacute;n cruciales, seg&uacute;n algunos expertos, si termina de repente, sin que baje el di&oacute;xido de azufre, abrir&aacute; otra boca cerca o alejada del cono volc&aacute;nico como hizo el volc&aacute;n de San Juan. Suben el tremor, la emisi&oacute;n de ceniza y la mala calidad del aire, as&iacute; que el alumnado del valle recibir&aacute; clases on-line.
    </p><p class="article-text">
        El cuatro de noviembre, dej&oacute; de rugir, son fases del tremor volc&aacute;nico que no tienen explicaci&oacute;n porque a las siete de la tarde del seis de noviembre habl&oacute; entre dientes. El nueve de noviembre destroz&oacute; las plataneras que hab&iacute;a dejado intactas y amenaz&oacute; la hermosa playa de Los Guirres, ma&ntilde;ana la inundar&aacute; y acabar&aacute; con ella.
    </p><p class="article-text">
        Mantos de azufre lo cubren, no es prudente anticipar el final. No son m&aacute;s que se&ntilde;ales que el volc&aacute;n manda que ni los entendidos son capaces de descifrar. &Eacute;l no entiende de t&eacute;rminos medios.
    </p><p class="article-text">
        Porque sin coraz&oacute;n, el volc&aacute;n late. Y aunque calle, late. Es un zumbido de reactor que se proyecta desde arriba y percute como un bombo aqu&iacute; abajo pellizc&aacute;ndote la cabeza para recordarte: &ldquo;Eh, no te distraigas, sigo aqu&iacute;&rdquo;. Un d&iacute;a y otro, como si los d&iacute;as todos estuvieran hechos de volc&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El amanecer te unta los labios de azufre. Me recuerda el olor que se derramaba con el humo por debajo de la tapa de la caja de los higos. Mam&aacute; empapaba de azufre una tira de camisa vieja, previamente humedecida con agua, y la introduc&iacute;a en la caja de tea para proteger los higos pasados de los gusanos. Esta recreaci&oacute;n de la memoria te reconcilia con el olor a p&oacute;lvora de hoy, el olor de la p&oacute;lvora quemada, no con la ceniza que cae&nbsp;&nbsp;ininterrumpidamente y nos gasta los ojos, &iquest;por cu&aacute;nto tiempo nos empa&ntilde;ar&aacute; la mirada?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-iv_129_8482912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Nov 2021 08:42:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán, IV]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de un volcán III]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-iii_129_8441852.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6860ac34-f84e-4ac1-867e-4c8af5658aef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de un volcán III"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de cuarenta días de un otoño roto por la erupción, nosotros añoramos la rutina atascada por el sobresalto de que, al amanecer o al caer la tarde, una de tantas coladas sacuda tu casa y la transforme en roca y no en flor. Porque la lava prosigue su ruta. Corre, se aproxima, empuja, nos arrebata el sitio y lo extingue</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; haremos cuando el volc&aacute;n cese? &iquest;Daremos gracias a las rogativas de las v&iacute;rgenes que el martes diecinueve de octubre salieron en procesi&oacute;n? &iquest;A las instituciones que estuvieron d&iacute;a a d&iacute;a al pie del ca&ntilde;&oacute;n? &iquest;A los cient&iacute;ficos que analizaron y controlaron la peligrosidad del aire y de la lava? &iquest;A la gente que nos ama? &iquest;A los barrios a los que el volc&aacute;n devor&oacute; la belleza? Imposible cambiar el pasado ni la vida que con u&ntilde;as y dientes nos aferra a aquello que nos salva. El inefable prop&oacute;sito es de Juana In&eacute;s de la Cruz: &ldquo;Si os imagin&aacute;is dichoso, no ser&eacute;is tan desdichado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mi&eacute;rcoles trece de octubre, aument&oacute; el flujo de magma y la emisi&oacute;n de gases y cenizas, las coladas norte cogieron fuerza para avanzar, as&iacute; que la gente de la parte norte de La Laguna y Cajita del Agua tuvo que abandonar sus viviendas en tres horas. Desde el martes doce La Laguna ha sido evacuada en tres ocasiones hasta el l&iacute;mite con el municipio de Tazacorte. Ya estamos justo en el lindero.
    </p><p class="article-text">
        Contin&uacute;an constantes los terremotos; han batido el r&eacute;cord de intensidad en la madrugada del jueves catorce. Para compartir temor est&aacute;n los m&oacute;viles, en Argual se mov&iacute;an las cortinas, en la Monta&ntilde;a de Tenisca, se agitaron los muebles, en Tazacorte, vibraron las ventanas. Sentimos el tremor hasta en las u&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Durante veinticuatro horas la lava se detuvo en el Pedregal de La Laguna despu&eacute;s de sepultar tantas esperanzas. Algunas casas a la espera temblando. A unos pasos. &ldquo;Quiero ver c&oacute;mo se la traga&rdquo;, dijo un familiar querido. Si se visualiza tal aniquilaci&oacute;n, &iquest;se acelera la cicatrizaci&oacute;n de la herida? Desde una situaci&oacute;n cercana a la lava inclemente, pues su trabajo est&aacute; vinculado con los expertos que vigilan el volc&aacute;n, vio caer la casa de su madre; las jaulas de los p&aacute;jaros vac&iacute;as colgadas de la pared se le arremolinaron en la garganta. Cuando la lava agredi&oacute; las telas met&aacute;licas del gallinero le pareci&oacute; o&iacute;r la voz de su padre que ya no est&aacute;: &ldquo;A las cosas malas no hay que darles m&aacute;s vueltas para que no se te enreden en la cabeza, d&eacute;jalas detr&aacute;s o te fastidian&rdquo;. Y a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Antes de que arrase La Laguna, que se lleve la m&iacute;a&rdquo;. La gente con alma. Al final su casa ces&oacute;, pudo o&iacute;r sus &uacute;ltimos latidos fundi&eacute;ndose en la sombra. Era de color a&ntilde;il como la nuestra.
    </p><p class="article-text">
        No ves la lava bajar, ves una serpiente desplaz&aacute;ndose cerca de la finca de pl&aacute;tanos intacta. Dices, la cabeza est&aacute; desenfocada, se van a salvar, de esta se libran; pero la lengua se revira, da un giro y se orienta justo hacia la pared del primer cantero. Bueno, este no escapa, pero queda el cantero de la izquierda, ojal&aacute;. Sin embargo, si no es en el primer asalto, es en el segundo, de modo que la lengua vira y se enrosca alrededor del estanque redondo &#8213;siempre son redondos los estanques en las plataneras&#8213;, lo apabulla, lo oprime y revienta. Y emerge la nube blanca en c&iacute;rculos que se abren en ondas como un desastre. Observas el aniquilamiento a c&aacute;mara lenta y acercas masoquista a&uacute;n m&aacute;s los prism&aacute;ticos a los p&aacute;rpados para que te duelan, como si le suplicaras a la lava en silencio que no, no lo hagas. &iexcl;Las paredes tan perfectas! No. Por Dios. Hace poco hubo que enderezar la panza de la pared del fondo. Paredes paridas las llaman los cosecheros. Si no se arregla, la pared se viene abajo, estamos aviados, tumba el cantero sobre las matas, dicen los cosecheros. Para entender el significado de la p&eacute;rdida, hay que visualizar primero las panzas de las tercas paredes de los canteros. Es f&aacute;cil olvidar que son de piedra; solo les faltar&iacute;a hablar.
    </p><p class="article-text">
        Del blanco al humo rojizo anaranjado, desde la azotea, en la quema daba la impresi&oacute;n de que un acuarelista probara sin ton ni son los pinceles con el viento que hoy no es poco. La otra lengua despiadada que arras&oacute; parte de La Laguna, casi paralela a la anterior, se meti&oacute; en un pajero, con herramientas y abono, que sucumbi&oacute; en el camino Cabreja. Acto seguido la lengua se rod&oacute; y ya est&aacute; en la curva del Pollo.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que sucede es algo misterioso. Quieres mirar hacia las otras monta&ntilde;as, hacia el mar o darte la vuelta y admirar la Caldera; no s&eacute;, contemplar algo intacto, el valle jugoso, sano; pero sientes un impulso volc&aacute;nico que lo impide; algo secreto y cruel que cruza tu cabeza para que hundas los ojos en la secuencia destructiva y no los apartes. Y despu&eacute;s, la sacudida te escuece de pies a cabeza.
    </p><p class="article-text">
        A mediod&iacute;a del jueves, el magma sobrepas&oacute; la capacidad de emisi&oacute;n del cono principal y este se desbord&oacute;. Eso es lo que estaba tramando. Cuando calla, y lleva tres d&iacute;as con la voz agazapada, miramos hacia arriba meditativamente, esperando que caiga algo, no s&eacute;; pero lo que cae es un pedrusco incandescente que nos da en las sienes y nos destruye el plan para matarlo. Es esa sensaci&oacute;n de ser una carta escrita y que &eacute;l la leyera, una carta vieja, de d&iacute;as tan largos como a&ntilde;os. El volc&aacute;n tiene sus propias reglas, sabe de nuestro miedo y nos posee. El miedo. Otro enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Lo sinti&oacute; el repartidor de agua, el miedo del ampolletero. Al abrir los contadores, oy&oacute; un borboteo como si se saliera a presi&oacute;n un potente chorro de agua, &ldquo;Se habr&aacute; reventado un tubo&rdquo;, pens&oacute;. Accedi&oacute; a la finca para solventar la supuesta aver&iacute;a en conformidad con el punto de control &#8213;agentes que custodian d&iacute;a y noche la zona de exclusi&oacute;n&#8213;. Se acerc&oacute; y mir&oacute; a trav&eacute;s de los agujeros de ventilaci&oacute;n de los bloques perforados de la muralla, y se qued&oacute; de piedra. Lo sorprendi&oacute; el r&iacute;o de lava que ven&iacute;a de frente arrasando el cantero. M&uacute;ltiples ojos rojizos lo enca&ntilde;onaron en medio de un tintineo sobrenatural, similar al de una nube de cascabeles. Movi&eacute;ndose y sonando. Como si estuviera viendo en directo una pel&iacute;cula de terror. Sali&oacute; por pies. Con el coraz&oacute;n a mil.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han o&iacute;do el ruido de la lava al acercarse a su objetivo? Se asemeja al de las gotas de agua al caer discontinuas pero incesantes sobre planchas de zinc: clin, clin. Es el sonido de la devastaci&oacute;n y cruje igual que una confusi&oacute;n insistente de cascabeles de los que llevan colgados de los cuellos las cabras. Un enjambre de sonajeros con sonidos imprecisos que no son de este mundo.
    </p><p class="article-text">
        Y no es de este mundo este volc&aacute;n que trae de cabeza a los cient&iacute;ficos. Porque cada d&iacute;a echa m&aacute;s lava, m&aacute;s gas, genera rayos, incluso ondas supers&oacute;nicas que llegan a las nubes, emana di&oacute;xido de azufre m&aacute;s de lo normal que seg&uacute;n alg&uacute;n ge&oacute;logo podr&iacute;a provocar un colapso de la nube eruptiva que d&eacute; una nube ardiente o pirocl&aacute;stica. A veces, es preferible ignorar las posibilidades de este proceso que excede los l&iacute;mites de la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estamos adapt&aacute;ndonos a su rutina, altera la maniobra. Y a las siete de la tarde del viernes quince, revent&oacute; la nueva boca anunciada al sureste del cono; se cumpli&oacute; la predicci&oacute;n. Ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a se equivoquen. De momento solo expulsaba ceniza y piroclastos, y as&iacute;, con tal incertidumbre pasamos la noche desvelados. Si esa boca decide echar lava, peligra de nuevo Las Manchas. Y lo que queda de Todoque.
    </p><p class="article-text">
        En la calle, al atardecer, hay coincidencia en corrillos de gente evacuada; trece personas convivieron durante veinte d&iacute;as en un apartamento m&iacute;nimo en El Paso; apilados en la sala como sardinas en lata. El marido, ya sin casa, sin finca, con la ventana cerrada, sentado el d&iacute;a entero con el rostro entre las manos en un rinc&oacute;n. Se mortifica. No se le va de la cabeza su casa de Pampillo, el patio, las enredaderas, siempre con las flores rodando de un lado a otro. No me atrev&iacute; a preguntar si eran de buganvillas. &ldquo;Vine con dieciocho a&ntilde;itos de Cuba ignorando c&oacute;mo era esto, dice ella, no sab&iacute;a si iba a tener buena o mala vida; estoy acostumbrada a luchar&rdquo;. Gracias a su tozudez, ya en un peque&ntilde;o apartamento de Tazacorte. Para que no se sintieran tan solas, acogieron desde el primer d&iacute;a a la vecina, que no dejan ni a sol ni a sombra, y a una t&iacute;a octogenaria. Con los ojos anegados, ambas mujeres sonr&iacute;en el gesto de humanidad. Es inextinguible su agradecimiento.
    </p><p class="article-text">
        A las siete horas del s&aacute;bado diecis&eacute;is, un temblor de cuatro con nueve de magnitud nos movi&oacute; la cama en vaiv&eacute;n acun&aacute;ndonos, parec&iacute;a un baile, lo mismo que si estuvi&eacute;ramos en la parte descendente de un tiovivo. El m&aacute;s fuerte que hemos sentido. De momento. Esa fue la primera medici&oacute;n espont&aacute;nea o autom&aacute;tica; en el c&aacute;lculo revisado, modificaron la intensidad. &iquest;A partir de intensidad cinco se perjudicar&iacute;an las estructuras de algunos edificios? Posiblemente. El volc&aacute;n contin&uacute;a haciendo de las suyas, al mismo tiempo que tembl&oacute;, empez&oacute; a rugir; no se sabe bien qu&eacute; habr&aacute; tramado. A&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tempranito, avisaron para cortar las pi&ntilde;as en los celemines de Tazacorte. Menos mal. Un aliciente para los cosecheros este s&aacute;bado. Se retiraron los estacones de las matas, las estaquillas de las pi&ntilde;as, se cortaron las hojas afectadas a las plataneras, algunas cepas, las pi&ntilde;as listas para la guada&ntilde;a y, acto seguido, la voz de alarma; llamaban desde del puesto de mando: hab&iacute;a que desalojar la zona urgentemente por peligro de gases. Las pi&ntilde;as quedaron al garete. Las pobres.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde, en el Polideportivo de Tazacorte, reuni&oacute;n informativa sobre el plan de actuaci&oacute;n insular ante el riesgo volc&aacute;nico y con la intenci&oacute;n de transmitir tranquilidad a los vecinos ante las consecuencias tan devastadoras de esta erupci&oacute;n volc&aacute;nica. Se anunci&oacute; un posible confinamiento para esta zona, pero evacuaci&oacute;n era el concepto que brincaba en la mente asustada de la gente. Habr&aacute; que trascender esta realidad, darle forma de m&uacute;sica o de sue&ntilde;o, no de otro modo podemos entender este desaf&iacute;o de la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Pero acceder a las propiedades en los aleda&ntilde;os o en la zona de exclusi&oacute;n es una tarea ardua. Un dilatado recorrido desde Tazacorte por Los Llanos, la Cumbre, las Bre&ntilde;as, Mazo, Fuencaliente. En los Charcos, de madrugada, colas en el punto de control. Para ordenar esta realidad abarrotada, hay numerosos miembros de los distintos cuerpos de seguridad. Inspeccionan cada veh&iacute;culo; comprueban si los datos de la petici&oacute;n enviados por mail, el d&iacute;a anterior, a la unidad de mando coinciden con los documentos que hay que aportar para justificar que somos los due&ntilde;os de la propiedad que se va a limpiar en los barrios desalojados. Por filas, congregan a los asistentes seg&uacute;n el lugar al que te dirijas y nos agrupan por convoyes. Igual que si entraras en zona hostil, te adjudican los operarios encargados que presidir&aacute;n la caravana.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;La bodega est&aacute; ah&iacute;! Sobrevive semisepultada bajo el colch&oacute;n negro de ceniza que anega Las Manchas. Se nos hunden los pies en la ceniza silenciosa, tan fina que parece polvo. Palpas las piedras vivas de las paredes. Las vigas quejumbrosas del lagar. Te agachas a los zamuros y hueles las uvas a&ntilde;ejas que se cortaron el d&iacute;a antes de la erupci&oacute;n y all&iacute; quedaron tantos d&iacute;as. Podridas y coronadas de ceniza, se vac&iacute;an sobre la tierra en la vi&ntilde;a sequita. Colocas sobre el tejado de la bodega las sopladoras, repartes sendos cepillos carreteros a la cuadrilla, montas los escabeles, las escaleras met&aacute;licas y manos a la obra. Las decr&eacute;pitas tejas agradecen que les quiten tanto peso de encima, aunque algunas tejas quebradas desalojan parte de la ceniza por los huecos. Tambi&eacute;n es imprescindible proteger los vanos de los tejados m&aacute;s fr&aacute;giles con puntales; por el abandono de estos d&iacute;as, el tejado del pajero de la vaca cedi&oacute; al peso y se desplom&oacute;. No aguant&oacute; la carga.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde, a la hora fijada y en el punto de encuentro convenido, se aglomeran los convoyes. Las cuadrillas no parecen las mismas, maquilladas de pies a cabeza con ceniza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Justo al mes de la erupci&oacute;n, y la lava avanza hacia el centro de La Laguna. Aunque el ser humano prevalece sobre la destrucci&oacute;n, no estamos preparados. No estamos preparados para tanta devastaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Debido a esta situaci&oacute;n de riesgo los polic&iacute;as locales advierten, a las diez de la noche, a los vecinos de Las Martelas, Marina Alta, Marina Baja, Cuesta Zapata y La Condesa, en Tazacorte, que tienen que desalojar las viviendas antes de la medianoche. Concluido el plazo de dos horas, los guardias enfocan con linternas las viviendas para comprobar que est&aacute;n vac&iacute;as. Solas. Pendientes de un hilo.
    </p><p class="article-text">
        Si no sucede lo peor, las personas desalojadas podr&aacute;n volver a sus casas a recoger enseres. Y volvieron. Los electrodom&eacute;sticos erguidos a lomos de las camionetas; los b&uacute;hos, las salamandras, nuestros enanos, recuerdos de un viaje, los s&iacute;mbolos que imantan las paredes blancas de las neveras parpadeaban al pasar debajo de nuestro balc&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No solo es forzoso el &eacute;xodo, sino que convivimos con lo inesperado. Un brazo que se descuelga del que arras&oacute; el campo de f&uacute;tbol de La Laguna. Se reactiv&oacute; otro brazo m&aacute;s al norte. Atentos al dedo que recibe aporte indirecto del cono que incrementa su actividad. No se descarta nuevo centro de emisi&oacute;n cerca del principal. Colapsa el cono y baja gran cantidad de lava hacia el oeste. Atentos a la nueva colada por el sur. Otro desbordamiento que arrastra gran cantidad de lava y amenaza gran n&uacute;mero de viviendas. A ver qu&eacute; rumbo coge. Terremoto profundo. Deformaci&oacute;n y elevaci&oacute;n de la superficie a quinientos metros del cono.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; un d&iacute;a y otro. Y otro. Porque el r&eacute;cord de cinco con cinco del sismo de esta tarde conjetura que esta erupci&oacute;n no toca a su fin. El suelo nos empujaba los pies con un poder solemne, abrimos la boca para gritar, pero la energ&iacute;a de los seres superiores del subsuelo&nbsp;&nbsp;te alertan de que este es moderado, que pueden producirse otros m&aacute;s salvajes. Y todo se tranquiliza hasta el siguiente, dentro de unos segundos. &iexcl;C&oacute;mo quisieras borrar este mes del tiempo para siempre!
    </p><p class="article-text">
        Suerte la de los podencos que sobrevivieron dentro de un estanque vac&iacute;o y fueron rescatados clandestinamente antes de la divulgada llegada de los especialistas en drones para el rescate oficial. Hoy no lo hubieran contado, animalitos; la lava invadi&oacute; el kipuka donde se guarec&iacute;an. Ya felices en su vida de perros.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cuarenta d&iacute;as de un oto&ntilde;o roto por la erupci&oacute;n, nosotros a&ntilde;oramos la rutina atascada por el sobresalto de que, al amanecer o al caer la tarde, una de tantas coladas sacuda tu casa y la transforme en roca y no en flor. Porque la lava prosigue su ruta. Corre, se aproxima, empuja, nos arrebata el sitio y lo extingue. Cambia el rostro de nuestro mundo, no siempre el del cielo; a veces lo vemos azul, como antes, como cuando o&iacute;a desde casa, en Todoque, las campanadas del reloj de la torre ya sin vida. Cosas inexplicables de la memoria que no usurp&oacute; el volc&aacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-iii_129_8441852.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Oct 2021 08:14:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán III]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de un volcán II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-ii_129_8390748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15cbf548-82f9-4982-8e58-dbd4d28f96ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de un volcán II"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - La lava desciende como un escalofrío y se retuerce el nudo que nos aprieta el estómago. Porque las casas no son cosas, son el alma de las cosas; el alma de quien las ama. Los cultivos, la esencia de las casas.</p></div><p class="article-text">
        La lava desciende como un escalofr&iacute;o y se retuerce el nudo que nos aprieta el est&oacute;mago. Porque las casas no son cosas, son el alma de las cosas; el alma de quien las ama. Los cultivos, la esencia de las casas.
    </p><p class="article-text">
        El mi&eacute;rcoles veintiocho de septiembre, la colada norte lleg&oacute; al mar. Los barrios de San Borond&oacute;n, Marina y la Condesa, en Tazacorte, confinados por temor a la combusti&oacute;n de gases que desprender&iacute;a la lava en su encontronazo con el agua. El buque de expertos desde alta mar a la expectativa; en Tazacorte, la gente en las azoteas con mascarilla y gafas vigilante. Aunque la incipiente fajana humeaba, la nube blanca que emergi&oacute; del agua no auguraba toxicidad.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo del fondo hab&iacute;a cierta alegr&iacute;a empujando la pena. Pens&aacute;bamos, si el r&iacute;o de lava coge camino en el mar, ya no correremos tanto riesgo, seguir&aacute; su curso. Pero sepult&oacute; las casas que encontr&oacute; durante el recorrido, las de nuestra familia desprotegidas ya por los antepasados, fabricadas en terreno de los abuelos, en las tierras que pasan de padres y madres a los hijos. Convulsionan antes de ceder con todas las almas dentro.
    </p><p class="article-text">
        Y las fincas familiares, las nuestras, las de nuestros amigos. Las de los vecinos. Con una mano delante y otra atr&aacute;s partieron los abuelos a Cuba, nuestros padres a Venezuela. Y regresaron con la esperanza que instalaron a brazadas sobre un mont&oacute;n de ladrillos sedimentados uno a uno con las vivencias. Imposible describir tanto desasosiego.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando la lava letal desciende sobre el paisaje, &iquest;qu&eacute; le pasa al paisaje en la oscuridad? &iquest;Opondr&aacute; resistencia? &iquest;Saldr&aacute;n a flote por alg&uacute;n resquicio de la colada sus peque&ntilde;os granos de polen, tan indefensos? &iquest;Ha investigado alguien este proceso de degluci&oacute;n? &iquest;Habr&aacute; una copia exacta del c&oacute;digo gen&eacute;tico de algo que estuvo ah&iacute; y que se liberar&aacute; dentro de cinco mil a&ntilde;os o m&aacute;s a trav&eacute;s del malpa&iacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es la finca de las plataneras, es el sustento de quienes la trabajan, la respuesta agradecida de la tierra que responde al riego, al abono, al desflorado, al corte, al deshije. El sudor que emana la tierra lleva el ADN de los plataneros. &iquest;Han observado la mirada del platanero sobre una pi&ntilde;a llena, de las buenas? &iquest;Han percibido c&oacute;mo palpa los dedos de las manos de los pl&aacute;tanos roz&aacute;ndolos con los suyos lo mismo que un susurro? &iquest;Han podido alguna vez sentarse sobre los bordillos de las atarjeas para sentir en la espalda el goteo de las hojas y c&oacute;mo fluye el agua hasta los brillantes troncos viol&aacute;ceos de las matas? Y luego se levanta y se encharca con placer hasta las rodillas para arrancar esta u otra mala yerba que est&aacute; ah&iacute; quieta, por si las moscas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El domingo tres de octubre se increment&oacute; la actividad s&iacute;smica. El racimo s&iacute;smico aument&oacute;. Vibraban las puertas y se cerraban con un plof, y volv&iacute;an a abrirse como si un ser superior, un im&aacute;n, en las profundidades, las empujara y, a su antojo, cuando llegas con temor para cerrarla, te escaneara el pensamiento, te sacudiera, te hiciera sentir un p&aacute;jaro chiquito en una jaula de alambres. Ves sobre el poyo de la cocina el agua en la botella agit&aacute;ndose arriba y abajo de forma incesante por el tremor. Y luego corres a la cama, o al sof&aacute;, y te aprietas con los dedos el punto del est&oacute;mago donde el coraz&oacute;n late que parece que se va a echar fuera. Aqu&iacute;, apri&eacute;tenme aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos vulcan&oacute;logos en sus blogs auguran otra inmensa c&aacute;mara magm&aacute;tica debajo de Cumbre Vieja. Ese traqueteo, ese pica pica que ocasiona el temblor significa que es posible, aunque no probable, que otro magma quiera salir al exterior; &iquest;por d&oacute;nde? Pues por Cabeza de Vaca o por cualquier lugar en el que encuentre flojera en la tierra. Doble inquietud.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el cono cedi&oacute; ante la llama que creci&oacute; de modo abrupto, las estrellas derretidas, la lava que corr&iacute;a desordenadamente, los ojos de la gente evacuada desde abajo pensando que el cielo se ven&iacute;a abajo, ese trueno discontinuo y seco sin el placer de la lluvia. &iquest;Y ahora qu&eacute; vendr&aacute;? M&aacute;s lava, seguro. &iquest;Por d&oacute;nde caer&aacute;n los r&iacute;os de la colada? &iquest;Se abrir&aacute;n en abanico mortal? &iquest;O se deslizar&aacute; como un dedo gordo a un palmo de esa querida finquita gris&aacute;cea o de mi casa? A veces lo hace. Se arrastra directa hasta el punto de mira y de repente se detiene a un palmo de la presa.
    </p><p class="article-text">
        De noche, la colada desafiante brillaba multiplic&aacute;ndose. La gente se arremolinaba en las orillas de la carretera de Tijarafe, en el Time, con sendos prism&aacute;ticos, ocupando la calzada. En sus manos, trocitos del atractivo mapa espeluznante de la lava; en sus ojos, ampli&aacute;ndose impactante, los ojos de la lava destructora. Dos simult&aacute;neos hechos antag&oacute;nicos: de una parte, desesperado el semblante de quien lo ha perdido todo; de otra, la fascinaci&oacute;n de quienes lo contemplan desde otra perspectiva. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante el d&iacute;a, si no se ti&ntilde;e el valle del azulado di&oacute;xido de azufre, aparecen las opacas nubes de cenizas; son t&uacute;neles con forma de camis&oacute;n que flotan sobre las atentas casas de Tazacorte. Cuidado con las ca&iacute;das. Las oscuras calles resbaladizas son pistas de nieve negra. Las ventanas taponadas. A cada lado de la calle, sendas camionetas cansadas con enseres de d&iacute;as y d&iacute;as a cuestas. Bajo las s&aacute;banas que los cubren, se presienten muebles y utensilios necesarios que no caben en las casas de la gente que nos acoge. Al otro lado, una vecina evacuada se dio la vuelta. Nos cont&oacute; que compart&iacute;a piso con demasiada gente, por lo que su madre estaba desubicada, inquieta. Le buscaba acogida con alg&uacute;n familiar por un par de d&iacute;as para tranquilizarla. &iexcl;Es que mi madre&hellip;! Y ahora qu&eacute;, nos dijo un amigo que lo ha perdido todo. Todo: vivienda, plataneras, vi&ntilde;as. Sentado sobre el escal&oacute;n del portal, se masajeaba la frente. Luego con la cabeza gacha le daba vueltas con las dos manos a la gorra. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que el volc&aacute;n no da tregua. Lo avisaron los previos temblores. La lava se abri&oacute; en abanico; desde el cono resquebrajado, bajaba llameante, inmensa, impaciente, como si quisiera dejar apresuradamente la monta&ntilde;a que cre&oacute;, ah&iacute; no pasa nada, lava sobre lava sobre lava; as&iacute; que su prisa es llegar al valle, y otear los m&aacute;rgenes, explorar la orilla, inspeccionar las fincas, las casas que a&uacute;n resisten y abrir los brazos a sus anchas. Y abrasarlas con indolencia. Con movimientos de serpiente hambrienta, provocadora, con formas caprichosas. Las humilla, las silencia y dejan de existir.
    </p><p class="article-text">
        Porque los rostros de las gentes que han visto aterradas de qu&eacute; modo la lava sepulta para siempre sus viviendas y fincas son un grito espantado que se arruga alrededor de los ojos. Lo expresan en silencio, como si quisieran mitigar el zumbido infernal de la erupci&oacute;n con m&aacute;s silencio. Van a esbozar una sonrisa y sienten verg&uuml;enza de la sonrisa; no quieren transmitir su horror, sino el poder inexorable de la naturaleza sobre la naturaleza humana. Temen que, al decir, Pues aqu&iacute; estamos, se les quiebre la voz, se les vea desnuda tanta fragilidad. Caminan formando ondulaciones, como si recorrieran la huerta esquivando los semilleros, como si fueran las sombras de sus flores.
    </p><p class="article-text">
        En la madrugada del s&aacute;bado nueve de octubre, la cara norte del cono se desmoron&oacute; nuevamente originando un ramo de coladas como un cucurucho colmado de helado que se derrite. De madrugada, a las tres, a esta hora en que los evacuados trasnochados consultan con lo que queda de cielo qu&eacute; nos deparar&aacute; el amanecer, el r&iacute;o l&aacute;vico, desde la elevada loma, relumbr&oacute; rojizo mostrando inaccesible su ferocidad. Nada bueno iba a pasar a los de abajo. Arras&oacute; viviendas en el Para&iacute;so, la antigua queser&iacute;a, entr&oacute; de lleno en la zona industrial.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Esta devastaci&oacute;n era lo que anunciaba su violencia de anoche! Rug&iacute;a como si no existiera nada m&aacute;s que ruido alrededor del valle. &iexcl;Ese estr&eacute;pito no es normal!, este mensaje brillaba en las pantallas de los m&oacute;viles a las tres cincuenta de la madrugada.
    </p><p class="article-text">
        Imposible luchar contra el volc&aacute;n. Arrasa lo que pilla por delante. Esto es lo que hay, dice la gente. Y Wikipedia dice que Todoque fue, que existi&oacute;, y que lo destruyeron las coladas de lava del volc&aacute;n de Cumbre Vieja. Y sus sombras, &iquest;dejan de existir tambi&eacute;n las sombras?
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; porque los lugares entra&ntilde;ables de Todoque que sobrevivieron a anteriores sacudidas, el domingo diez, se entregaron rendidos al atroz fuego l&iacute;quido. Desde Tazacorte vimos la colada avanzar sin tregua por la parte norte de la monta&ntilde;a de Todoque; ya cumpli&oacute; su prop&oacute;sito. Baj&oacute; por el camino Cabreja hacia el Cardonal y arras&oacute; las plataneras de la zona de Pinguita. Sus m&aacute;s de mil grados inhalan el ox&iacute;geno que hay alrededor, es por ello que no provoca incendios, y discurre como si tuviera el itinerario interiorizado. Le decimos, por ah&iacute; no, por aqu&iacute; no; pero en un pis pas la columna de humo blanco que genera el proceso de evaporaci&oacute;n da por sentado que la colada se lanz&oacute; de cabezas al extraordinario estanque de aquella finca, junto a la cuadra, que hace un momento parpadeaba con el alisio; ni siquiera el agua es capaz de ahogarla. Nada la mortifica.
    </p><p class="article-text">
        Y sin ver el final. Seg&uacute;n los cient&iacute;ficos, despu&eacute;s de veinticuatro d&iacute;as de erupci&oacute;n el volc&aacute;n se podr&iacute;a estar reactivando. No afloja, lo indican los terremotos constantes y los an&aacute;lisis qu&iacute;micos diarios de las rocas y gases que expulsa. No hay indicios de que vaya a mermar pronto su actividad. Incluso &uacute;ltimamente surgen rayos por rozamiento de la ceniza en la columna eruptiva. Rayos volantes que parece que brotan de la nada. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este martes festivo, mejor borrarlo del mapa. La colada norte, que el s&aacute;bado colaps&oacute;, arras&oacute; implacable la zona industrial del Callej&oacute;n de la Gata, el Punto Limpio (sitio impecable de gesti&oacute;n de residuos del Valle); las construcciones a las que les perdon&oacute; la vida en su anterior saqueo, ahora las remat&oacute;. En El&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedregal, La Laguna, se llev&oacute; lo que pill&oacute; por delante. Qu&eacute; tristeza las entra&ntilde;ables viviendas de nuestra gente, a la espera, abrigadas por los &aacute;rboles; las chimeneas oscurecidas por el humo, su aroma a intimidad. Ceden ante un destino terrible. Y cesan. Sin un chillido, sin un grito.
    </p><p class="article-text">
        Nos dan ganas de decirle de frente, cara a cara, coge lo que quieras. Elige, pero ya. De una vez, elige. Solo para sentirnos invulnerables un segundo.
    </p><p class="article-text">
        No queremos que nos hagas m&aacute;s da&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>	Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan-ii_129_8390748.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Oct 2021 09:07:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán II]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de un volcán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan_129_8343921.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a09228bf-d30a-43ad-874b-dc57bc917edc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de un volcán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hemos muerto, pero se ha tragado muchos años de esfuerzo, nuestro entorno; sepulta nuestras casas, maltrata los sentimientos; destruye nuestro modo de vida, entulla para siempre la memoria, las tierras, los recuerdos de nuestros abuelos, de nuestros padres, los cultivos, las vivencias.</p></div><p class="article-text">
        Un animal hambriento nos chupa el alma y el alma de las cosas. &iquest;Qu&eacute; hacemos ahora sin alma? &iquest;Qu&eacute; hacemos&nbsp;como murci&eacute;lagos sobrevolando la nada?
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado dieciocho, a media noche, cuando dicen que ocurren las cosas malas, nos agarraba de la cama para vernos temblar, para infundirnos temor pinchando con las patas delanteras nuestro miedo. Sentimos temor ante el rec&oacute;ndito fuego interior de la tierra. Tememos lo que desconocemos.
    </p><p class="article-text">
        El domingo a mediod&iacute;a, en Las Manchas, zona de riesgo, se revolc&oacute; furioso, empujando amenazante el suelo. Las paredes temblaban como si fueran a derrumbarse, de manera que mi hermana y su familia llegaron a nuestra casa de Todoque con la mirada desencajada, huyendo de los fuertes temblores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Descargamos de los veh&iacute;culos los conejos y las gallinas, y las palomas de mi cu&ntilde;ado colomb&oacute;filo. Primero los animales, nos dec&iacute;a mi padre, en caso de huida, siempre primero los animales. Los ubicamos en la huerta. Entre los aguacateros, las naranjeras y los anturios, sequitos por el fuego que gener&oacute; la ola de calor del fat&iacute;dico temporal de agosto que dej&oacute; sin casa a tantos amigos y vecinos del Valle de Aridane. Desmontamos los colchones de los veh&iacute;culos y los acomodamos en los cuartos desnudos para la familia acogida. Esperando. Por si el resto de familia necesitase instalarse con nosotros; los cuatro hermanos en la zona caliente de Las Manchas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con sem&aacute;foro amarillo, hab&iacute;a que estar preparados para la evacuaci&oacute;n. Lo hab&iacute;an advertido el d&iacute;a antes en una reuni&oacute;n celebrada en el terrero de lucha de Las Manchas. Desde que se pase de amarillo a naranja, habr&aacute; evacuaci&oacute;n&nbsp;inminente para Jedey, San Nicol&aacute;s, Manchas de abajo, El Remo, Puerto Naos y la Bombilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque libre de desalojo, en Todoque, el ruido y los temblores se intensificaban, cobraban fuerza. Cruj&iacute;an los cristales, temblaba el suelo, sonaba el interior de la tierra con voz ronca, rabiosa. De pronto, pasadas las tres de la tarde, se oy&oacute; un trueno sordo, un taponazo; parec&iacute;a que dos nubes gigantes impactaran entre ellas y abrieran en la tierra un profundo barranco.&nbsp;Un estallido tit&aacute;nico. Como si el tejado se hubiera desplomado sobre nuestra cabeza.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Explot&oacute;, ya explot&oacute;! Arriba, enfrente de nuestra casa. &iexcl;Tremendo fogonazo! Nuestras caras p&aacute;lidas. La voz entrecortada. P&aacute;nico en la mirada. Del horrible estruendo emergi&oacute; una inmensa columna de humo negro, a la manera de hongo deformado, que rug&iacute;a con la intensidad de un mill&oacute;n de fieras. Al principio solo temblor, luego tronaba, como si el cielo todo se hubiera vuelto al rev&eacute;s, primero el trueno y luego el rayo. Y rug&iacute;a y escup&iacute;a lava en la Cumbre Vieja, por Cabeza de Vaca, en donde recogemos nacidas y tortullos cuando llueve. Ay, la lluvia. Esa amada nostalgia.
    </p><p class="article-text">
        Por la potencia del zumbido, por la magnitud de los temblores, presentimos que se abrir&iacute;a otra boca justo en el centro de casa o en el patio o en el estaque, por el modo en que se agitaba en ondas la superficie del agua, lo mismo que si estuviera nadando una bandada de patos. Impresionaba todo. Intuimos que en dos o tres minutos las rocas ardientes vendr&iacute;an detr&aacute;s sigui&eacute;ndonos los talones, persigui&eacute;ndonos, y nosotros petrificados, igual que cuando so&ntilde;amos que estamos huyendo aterrorizados de un asesino y se nos bloquean las piernas, la puerta trancada, y no podemos volar.&nbsp;C&oacute;mo no tenerle miedo a una fiera que se revuelca y embiste tras nuestros pasos. Y a&uacute;lla acechante, con la belleza feroz de una llama que se agranda embaucadora. Por la cercan&iacute;a y presunta direcci&oacute;n de la lava, el volc&aacute;n era nuestro enemigo, poderoso y despiadado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y todo fue un corre corre.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; nos vamos a llevar? Lo imprescindible. &iquest;Y ad&oacute;nde? &iquest;Y d&oacute;nde lo pones? Alg&uacute;n recuerdo personal, el port&aacute;til, mis libros&hellip;&nbsp;&iquest;Qu&eacute; te llevar&iacute;as de tu casa en caso de salir por pies? Nada o todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Miramos arriba, adonde se mira cuando no sabemos algo.&nbsp;Supon&iacute;amos que el comit&eacute; cient&iacute;fico nos avisar&iacute;a con tiempo d&oacute;nde reventar&iacute;a y saldr&iacute;amos sin pausa, pero tranquilos. Pero en connivencia con la naturaleza, el volc&aacute;n nos meti&oacute; la zancadilla. A primera vista, a pocos pasos de las viviendas. Y todo se trastoc&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salimos de casa huyendo con lo puesto. Sin saber ad&oacute;nde. Antes de la escapada, les abrimos las puertas de la huerta a los animales. Quedaron desamparados. Los pobres.
    </p><p class="article-text">
        Los consuegros nos ofrecieron su hogar y nos acogieron en Tazacorte. Aqu&iacute; era m&aacute;s llevadero el estr&eacute;pito, la llama se ve&iacute;a m&aacute;s lejos.&nbsp;El miedo se apacigu&oacute;. Algo. Los hermanos desperdigados, uno en casa de una cu&ntilde;ada, en la monta&ntilde;a de Tenisca, dos con sendas&nbsp;familias en Argual.&nbsp;&nbsp;Mi hermana en la casa de una amiga en El Paso.&nbsp;Mis hijos aqu&iacute;. Los campamentos habilitados tambi&eacute;n brindaban ayuda. Las gentes que nos aman nos acogen, nos ofrecen su intimidad, su olor, una cama con sus propias s&aacute;banas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al anochecer del domingo, el animal rug&iacute;a bravo.&nbsp;Noche insomne. Los ojos clavados en la llama. Arriba. Volvimos el lunes a casa a llevarnos algo, los papeles, algunos libros amados. R&aacute;pido, todo muy r&aacute;pido. Los libros se nos ca&iacute;an de las manos, el portarretratos de nuestra boda perd&iacute;a el soporte.
    </p><p class="article-text">
        Desde la monta&ntilde;a de Todoque le vi las fauces al enemigo; la lengua virulenta abarcaba de lado a lado el terreno, deduje que tendr&iacute;a medio kil&oacute;metro de ancho. Nos engullir&iacute;a a todos; una mole de fuego disfrazada de piedra negra que arde. El diablo. Ese era el diablo. C&oacute;mo no tenerle miedo a una mole insaciable que se revuelca implacable mientras avanza con tridentes encendidos, con calma, pasito a pasito, mir&aacute;ndote altivo, por encima de los hombros, amedrent&aacute;ndote como dici&eacute;ndote: Aqu&iacute; estoy; te voy a devorar; y no ahora, dentro de unas horas. O dentro de unos d&iacute;as. O semanas. Lento, muy lento. Y desplaz&aacute;ndose y engullendo.
    </p><p class="article-text">
        Vi tan cerca el muro inquebrantable de la colada que parec&iacute;a que t&uacute; estuvieras sola en el interior de una cueva gigantesca y las paredes negras repletas de grietas, por donde aparecen las brasas, crecieran y crecieran ramific&aacute;ndose en forma de brazos hirvientes alrededor de ti y, cerc&aacute;ndote en una lenta danza macabra, te acorralaran. Le o&iacute; la risa sarc&aacute;stica y t&uacute; chiquita. Igual que un caracol.
    </p><p class="article-text">
        El martes pudimos regresar a casa de nuevo escoltados por diez operarios, la solidaridad de los responsables del ayuntamiento. Ya las casas sin luz ni agua.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo controlado, quince minutos. Las carreteras bloqueadas. Cuando cortan las carreteras es como si te cortaran las piernas. Las dos interminables filas atascadas, accesos colapsados: las impacientes camionetas que iban, los furgones desmoralizados que regresaban cargados de muebles, neveras, colchones, calderos. Algunos con puertas y ventanas arrancadas a las paredes por si acaso. Todos retenidos en los numerosos controles. Sostenidos por la doble mascarilla que nos proteg&iacute;a de la toxicidad de los gases, asomaban abatidos los ojos del miedo. Un triste &eacute;xodo, intentando volver a las casas a salvar qu&eacute;, no s&eacute;, cualquier cosa; las fotos de mis hijos ba&ntilde;&aacute;ndose desnudos en Taburiente, las de pap&aacute; tocando el acorde&oacute;n en la bodega, las de mam&aacute; orde&ntilde;ando las cabras con las u&ntilde;as pintadas de lunares. Mam&aacute; no nos hubiera dejado desamparados ante una fiera as&iacute;. Ella nos amaba como amaba a sus gallinas y a sus cabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qui&eacute;n, si se lo permiten en periodo de guerra, no vuelve ese ratito a su casa? Una mirada a un cuadro, al sof&aacute;, a pasar los dedos por las tapas viejas de los libros sobados. Ay, ese regalo de reyes de mis hijos que me emocion&oacute;: las obras de Borges, las desgastadas con tapas duras de color morado, ahora reci&eacute;n encuadernadas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No se lleva este cuadro tan bello, se&ntilde;ora? Lo firma su hijo, me dijo emocionada una operaria ante el cuadro de una madre india amamantando a un beb&eacute; esquel&eacute;tico. Ah, no lo hab&iacute;a pensado. No piensas nada. Solo miras las cosas para grabar su esencia en la mirada como si fueras una c&aacute;mara de las buenas, de las de antes.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iexcl;Ah, los anturios! Y a hurtadillas, a escondidas de los operarios, como si estuvieras robando, en complicidad con mi hija, dentro de una bolsa negra de basura de las grandes, metimos tres anturios rojos (de pimiento). Los anturios no son necesarios. &iexcl;Pero los de pimiento son tan hermosos&hellip;! La gente del campo no puede vivir sin una flor.
    </p><p class="article-text">
        De madrugada, sin pegar ojo, a las tres es la hora en que te comunicas con la gente que est&aacute; en l&iacute;nea, con los amigos cuyas casas y fincas corren riesgos, con los hermanos. La incertidumbre da paso a la inquietud. &iquest;Saben algo? &iquest;Por d&oacute;nde va? &iquest;Qu&eacute; direcci&oacute;n lleva? &iquest;Sigue directa a casa o cambi&oacute; de rumbo? Te dicen que tu casa o la de tal familia o amigos est&aacute; en el punto de mira de la lava. Que si no se la lleva hoy, al expandir la panza, lo har&aacute; ma&ntilde;ana. Y piensas, si se va a llevar la casa de uno que se la lleve ya de una vez. Un sufrimiento a la espera, &iexcl;no! Qu&eacute; mal se lleva la incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Y vi c&oacute;mo la bestia se tragaba las casas de la gente que amamos. Y me eriz&oacute; la piel tan mala cala&ntilde;a. Primero se detiene unas cuantas horas delante, acechando nuestra intimidad, a trav&eacute;s de las pacientes ventanas que hemos dejado abiertas por los nervios, se prepara antes de hincar las pezu&ntilde;as en los patios repletos de orqu&iacute;deas, buganvillas, de geranios; les arroja su aliento negro. Las mira &nbsp;provocadora desde sus catorce o m&aacute;s metros de alto, resuella con sorna, las empuja con su panza asesina y atrapa violenta la presa con las garras. Les bebe la sangre, les desgarra la carne, destripa su interior. Les quiebra el alma.
    </p><p class="article-text">
        Porque las lenguas de los volcanes son b&iacute;fidas, se dividen, se parten, se multiplican como las lenguas de serpiente porque as&iacute; hacen a&uacute;n m&aacute;s da&ntilde;o. No ha llegado ni una colada al mar, y sale otra y despu&eacute;s otra y otra. Nueva colada bajando por el oeste; &iexcl;esta est&aacute; fea!, dicen. Otra casi paralela, al sur, que no tiene muy buena pinta, dirigi&eacute;ndose a tal camino bordeado de casas, peligran todas. Pocas se salvan. Una grieta que se abre, un cono que se rompe y desaloja enormes bloques de lava y t&uacute;, espantada, trazando con un l&aacute;piz sobre el mapa la posible trayectoria inexorable de las coladas. Pendiente. A ver qu&eacute; va a pasar hoy. Un sinvivir.
    </p><p class="article-text">
        No hemos muerto, pero se ha tragado muchos a&ntilde;os de esfuerzo, nuestro entorno; sepulta nuestras casas, maltrata los sentimientos; destruye nuestro modo de vida, entulla para siempre la memoria, las tierras, los recuerdos de nuestros abuelos, de nuestros padres, los cultivos, las vivencias. &nbsp;Sin pegar ojo en la noche, los agricultores le dan mil vueltas a la cabeza, con el coraz&oacute;n en un pu&ntilde;o, pendientes de sus aguacateros, de las plataneras. Melanc&oacute;licamente las miran desde lejos con afecto nost&aacute;lgico. Enterrar&aacute; algunas fincas y, de las que queden en pie marchitas, se malograr&aacute; la cosecha, esta y las siguientes. Hundidas entre las monta&ntilde;as de lava las carreteras, sin riego, con las pi&ntilde;as llenas colgando negras de las matas sin posibilidad de corte, ara&ntilde;ada la piel de los dedos de la fruta por el vaho de la bestia. No es mera corazonada, es m&aacute;s que una intuici&oacute;n la sensibilidad que otorga al platanero la experiencia, una vida entera entregada al pl&aacute;tano. Lo dem&aacute;s, un sobresalto oscuro, &iquest;c&oacute;mo puede tan cruel esa alima&ntilde;a escacharnos nuestro interior, aplastarnos la esperanza? &iquest;Y despu&eacute;s qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; va a suceder despu&eacute;s?
    </p><p class="article-text">
        El jueves de madrugada volvimos a casa por si alg&uacute;n animal hubiera quedado rezagado. Quince minutos es lo estipulado. Hay que compartir los operarios acompa&ntilde;antes con la gente que quiere regresar de nuevo a sus hogares, a ver. Algo. Todos los animales segu&iacute;an en la huerta, negra por la ceniza. &iexcl;Animalitos! Lo &uacute;nico verde, los ojos de mi marido. Tristes. Los huevos de las gallinas desperdigados entre el perejil. Una coneja madre encogida en una esquina del patio, esper&aacute;ndonos acurrucada. Asustada por la discontinua voz atronadora del monstruo: &iexcl;Booom, boom!, como el latido salvaje del coraz&oacute;n pero sin coraz&oacute;n. Conseguimos llevarlos a un lugar m&aacute;s seguro. De nuevo, la solidaridad de la gente de La Palma. Nos prestan hasta sus corrales.
    </p><p class="article-text">
        Ya de regreso a Tazacorte, en la orilla de la carretera, en una cuneta de las Norias, vimos en la tierra una peque&ntilde;a almohada estampada con dibujos de mu&ntilde;ecos, cubri&eacute;ndola ya el velo oscuro de la ceniza y la nostalgia. Se habr&iacute;a ca&iacute;do de alguna camioneta. Y todos nos miramos. Nublados los ojos de ceniza.
    </p><p class="article-text">
        Pero si miras bien los ojos de la gente que ha perdido su casa, movi&eacute;ndose de all&aacute; para ac&aacute; dentro del llanto, ves algo que respira, como un granito, alg&uacute;n recuerdo que se ha solidificado, las alas de sus p&aacute;jaros ahora a la intemperie; no, las alas, no, el vuelo; el c&oacute;digo gen&eacute;tico de la fuerza para seguir bregando.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, domingo veintis&eacute;is, cuando en la torre deber&iacute;an haber sonado las campanas convocando a los fieles a la iglesia, la fiera la embisti&oacute;; llevaba un par de d&iacute;as aguardando cerca de las barandas de la plaza, vigilando, digiriendo las casas lentamente, amenazando a las que engullir&iacute;a despu&eacute;s, y a la espera de que se destara voraz su apetito. Y la atac&oacute;. Vimos la torre en el aire, primero flotando siempre hermosa, como queriendo volar hacia lo alto estimulada por las plegarias de la gente, empujada por los laureles que intentaban protegerla, las campanas girando sin un son, las pobres, calladas, silenciosas, con un nudo en la garganta previendo el desenlace. Luego la torre exhausta sucumbi&oacute; entre las garras de la bestia. No s&eacute; qu&eacute; ser&iacute;a de los p&aacute;jaros.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, lunes, veintisiete de septiembre, su objetivo, acabar con el barrio. Pas&oacute; la noche en Pampillo devorando lo que queda de Todoque. Porque el volc&aacute;n no duerme. Nunca. Al amanecer call&oacute; de repente para mantenernos en vilo. Solo unas horas. Resurgi&oacute; iracundo. Su plan, nuestra tristeza y la monta&ntilde;a. Agarrar la monta&ntilde;a con sus brazos. Abrazarla y abrasarla. Queda el olor de las retamas que florec&iacute;an en la falda y unas ramas tristes con flores de ceniza resbal&aacute;ndosenos de las manos. Y nosotros que seguimos aqu&iacute;, esperando. Siempre hay algo por lo que esperar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/diario-volcan_129_8343921.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Sep 2021 20:45:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de un volcán]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Vuelve acaso el agua que se fue?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vuelve-acaso-agua_132_1003443.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Y la escasa agua está empantanada junto con la política de gestión de aguas en el fondo de los pozos privados, no en embalses o presas. ¿Quién la mueve? Los propietarios son los que tramitan el trasiego, ¿hasta que se escurra la última gota?</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Ad&oacute;nde ir&aacute; el agua que se marcha? &iquest;Vuelve la que se fue? Todo es agua. Somos agua. Nosotros la miramos de lejos, pero quienes vivieron en el pasado, en esta tierra baldados por la sed, a&uacute;n oyen el traj&iacute;n de los pipotes. Eran a&ntilde;os de escasez. En &eacute;poca de lluvias, el agua se recog&iacute;a en los aljibes procedente del tejado o de los caminos. Pero la gente de Las Manchas, que carec&iacute;a de aljibe, ten&iacute;a que ir en busca de agua con c&aacute;ntaros a las fuentes de los montes, a la Cajita del Agua o a donde hubiera. Hasta la construcci&oacute;n del Chorro de la Ermita a principios del siglo pasado. No por ambici&oacute;n sino por necesidad, el vecindario acud&iacute;a a diario a buscar el agua que, como si fuera zumo, dada su carencia, desde 1937, se racionaba por envases seg&uacute;n la gente que conviviera bajo el mismo techo; se incrementaba si hab&iacute;a alguien enfermo. Se cargaba en pipotes, garrafones, barriles, cuartones y medios. Tempranito, se llevaba en baldes, bien en la mano, bien en la cabeza; podr&iacute;amos afirmar que nuestras cabezas no criaban telara&ntilde;as. 
    </p><p class="article-text">
        Como era poca y el chorro menguaba, durante horas la gente esperaba en la cola del racionamiento si es que la noche anterior no hab&iacute;a guardado el turno con un c&aacute;ntaro; mantener la calma bajo el solajero era inc&oacute;modo, y aunque los abanicos de palma ventilaban el aire no se descarta alguna discusi&oacute;n. Pero tambi&eacute;n chistes y carcajadas. La gente de los Cuatro Caminos ten&iacute;a su propio chorro del que se abastec&iacute;a. La gente del Para&iacute;so y de Jedey, quienes tambi&eacute;n ten&iacute;an chorro, llegaba a San Nicol&aacute;s en sus burros. La transportaban en un cuart&oacute;n, tonel de treinta litros, o en pipotes amarrados a las albardas; a falta de burros, la acarreaban en la guagua, en la destartalada Cucaracha, due&ntilde;a nost&aacute;lgica de nuestros recuerdos, vibr&aacute;ndoles el cuerpo con el ronquido retumbante del motor; esa vieja guagua pensativa que nos dejaba estancados a mitad de camino y cuya palanca de cambio de marchas bland&iacute;a estupefacto el ch&oacute;fer en el aire como un trofeo. El agua se llevaba en garrafones cerrados con un tap&oacute;n de corcho, envuelto en ocasiones en papel vaso para evitar el goteo con el traqueteo de esta guagua entra&ntilde;able al pasar por los hondos baches de la carretera. 
    </p><p class="article-text">
        O en el cami&oacute;n de alguien conocido o a pie con el garraf&oacute;n o el barril a la cabeza. Cu&aacute;ntas veces este goteo intermitente del mimbre que envolv&iacute;a el garraf&oacute;n mojaba no solo la toalla que enrollada hac&iacute;a las veces de almohadilla o muelle, sino que chorreaba cabeza abajo: empapadas hasta las alpargatas y el agua lami&eacute;ndonos los ojos engurru&ntilde;ados. &Eacute;ramos agua. Con las rodillas magulladas en las piedras del camino porque no se soltaba el garraf&oacute;n ante un tropez&oacute;n. Lo primero es lo primero. En grupos, sobre todo de chicas, pues eran preferentemente las mujeres quienes se encargaban de este trasiego. En un turno por casa, se anotaban con rayas en un cuaderno los viajes de agua que correspond&iacute;an a la familia al d&iacute;a; y quien no pod&iacute;a cumplir con su turno de repartidor, pagaba una peseta a alguien para que lo sustituyera de la ma&ntilde;ana a la noche, de no comunicarlo se le multaba con cinco pesetas. Ya tarde el chorro se blindaba bajo candado; alg&uacute;n encargado del ayuntamiento se ocupar&iacute;a del cierre. 
    </p><p class="article-text">
        Esa agua que se almacenaba en un bid&oacute;n o tinajas grandes si es que sobraba. Para beber se enfriaba en el porr&oacute;n o se destilaba en una pila que hac&iacute;a de filtro e iba a dar a una tinaja cuya boca se cerraba con un plato de lat&oacute;n pintado de esmalte blanco con un vivo azul en el borde, sobre el que boca abajo descansaba el jarro por el que todos beb&iacute;amos. Agua desinfectada mediante piedras de azufre en el interior de la talla. Fresquita, vigilada por helechos de un metro sin ser menester una nevera para enfriarla. No hab&iacute;a nevera. La luz el&eacute;ctrica brillaba por su ausencia. Lo mismo que la ducha; el ba&ntilde;o se hac&iacute;a bajo el pitorro de una regadera en el cuartucho reservado a la pileta o en cualquier pajero dentro de la palangana, y el agua sobrante iba para las dalias y las begonias. Nunca se malgastaba; la primera agua de fregar la loza se aprovechaba de comida para el cochino; la del aclarado se reutilizaba para lavar los pies. 
    </p><p class="article-text">
        De secano eran las papas y los boniatos, c&oacute;mo se les pod&iacute;a echar una gota de agua si no hab&iacute;a tuber&iacute;as. Estas se instalaron m&aacute;s adelante con el agua procedente de los manantiales de la Caldera y de las galer&iacute;as que se perforaron a partir de la sequ&iacute;a del a&ntilde;o 49. Fue &eacute;poca de barrenos y el agua procedente de la Caldera, que algunos arrendaron por derechos, se almacen&oacute; por el ayuntamiento de El Paso en dos dep&oacute;sitos debajo de la plaza; la gente celebraba no solo que ya no hab&iacute;a racionamiento, sino que la plaza de tierra se cubri&oacute; de baldosas (id&oacute;neas para el bailoteo las noches de verbena): el dep&oacute;sito de la izquierda para los vecinos de carretera abajo; el de la derecha, para los de carretera arriba; el dornajo o abrevadero del centro para los animales. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el agua merma. Y los p&aacute;jaros y los saltamontes. 
    </p><p class="article-text">
        Porque llueve poco o casi nada. Los meteor&oacute;logos leen el cielo con honradez pero sus predicciones son como hor&oacute;scopos, parece que van a suceder aunque pronto se esfuman, las nubes se escabullen; los anticiclones rigen la atm&oacute;sfera. Y la escasa agua est&aacute; empantanada junto con la pol&iacute;tica de gesti&oacute;n de aguas en el fondo de los pozos privados, no en embalses o presas. &iquest;Qui&eacute;n la mueve? Los propietarios son los que tramitan el trasiego, &iquest;hasta que se escurra la &uacute;ltima gota? No se han previsto remedios para aliviar la isla de las desgarraduras imprevisibles de un acelerado cambio clim&aacute;tico que menoscaba las plantas y el ganado, recursos relevantes del sector primario. Ojal&aacute; el mar no se distraiga, no se enturbie ni desaparezca para que nos sosiegue y nos d&eacute; peces y agua desalinizada. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Vuelven acaso las cosas que se van? Lo que se dice vivir, solo vivir no nos basta. Bregar, navegar sin sed. Porque est&aacute; claro que solo si le echamos agua, el alma da una flor. Y ser flor es hermoso. 
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vuelve-acaso-agua_132_1003443.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jan 2020 20:43:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Vuelve acaso el agua que se fue?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Agua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un genio maléfico, reciente novela del tinerfeño Alberto Omar Walls]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/malefico-tinerfeno-alberto-omar-walls_132_1521237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En el fondo, la trama sondea, con curiosidad, el valor incalculable del conocimiento de nuestro mundo interior como apreciada proyección vital para el futuro, la grandeza de la sencillez, el sexto sentido de la intuición que las deficiencias físicas enaltecen.</p></div><p class="article-text">
        Con su particular escritura hipn&oacute;tica, el prol&iacute;fico escritor santacrucero Alberto Omar Walls trasciende sin prejuicios la inventiva en <em>Un genio mal&eacute;fico</em>, su &uacute;ltima novela que, junto con la que inicia el ciclo, <em>Sin comienzo ni final,</em> integran el <em>Cuarteto de las dimensiones</em>.
    </p><p class="article-text">
        Son las citas de Stephen Hawking sobre teor&iacute;a cu&aacute;ntica, del Tao o de Hamlet, entre otros, los textos que dan pie a los veinticinco cap&iacute;tulos de que consta este libro, aparte del pr&oacute;logo y del ep&iacute;logo. Un narrador omnisciente explora la voz interior de unos personajes, a trav&eacute;s de sus conversaciones, que se desenvuelven con habilidad en una estructura predominante de di&aacute;logo, destreza que domina Alberto Omar Walls, experto autor teatral, quien somete a los m&uacute;ltiples personajes de <em>Un genio mal&eacute;fico</em> a las dudas, miserias y luchas de nuestra sociedad que por instantes se deteriora o sublima; bien por enfocar la mirada tanto hacia valores humanos extraordinarios como hacia conflictos mezquinos que se interrelacionan afilados como cuchillos.
    </p><p class="article-text">
        Alberto Omar resulta accesible en esta prosa con cuya f&oacute;rmula se siente c&oacute;modo para indagar en el subconsciente humano; sin embargo, ni de lejos depende en exclusiva de este registro del que hablamos, el quehacer literario del autor es m&uacute;ltiple y polivalente; su imaginaci&oacute;n teatral o po&eacute;tica garantizan la amplia dimensi&oacute;n de su dial&eacute;ctica que su numerosa obra publicada constata.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la intenci&oacute;n es disfrutar de un agradable fin de semana, un imprevisto temporal de viento y nieve mantiene aisladas durante una semana a cuatro parejas con sus respectivas familias en las faldas del Teide, en una casona en la caldera de Las Ca&ntilde;adas (detr&aacute;s de una de sus paredes existe una cueva ahora tapiada que carece de fin y en cuyas entra&ntilde;as habitan cientos de murci&eacute;lagos).
    </p><p class="article-text">
        Los senderos punzantes, las cuevas que laten, la lava en harapos, la fuerza de los riscos retorcidos, el oscuro mar pedregoso de la tierra que ruge; es imposible que Alberto Omar no se haya dejado seducir por la orograf&iacute;a de este p&aacute;ramo inexorable.
    </p><p class="article-text">
        Porque considerar el tiempo quieto es una fantas&iacute;a a la que aspiramos, pero que el tiempo agrede es irrebatible. Nadie ni nada se libra: atrapada por el mal tiempo, en medio de esta imprevista nevada interminable, el alma de la casa se remueve en catarsis con el forzoso encierro que enfrenta a los personajes a una situaci&oacute;n de infinita vulnerabilidad; restringido el espacio, lo s&uacute;bito los sofoca como una mordedura; de esta experiencia de ineludible convivencia salen los personajes fortalecidos. O no. Si es que regresan &iacute;ntegros de tan extra&ntilde;as desapariciones temporales.
    </p><p class="article-text">
        A modo de juego, basado en la articulaci&oacute;n de preguntas y respuestas, estos personajes, hambrientos de una espiritualidad actualmente recelosa, manifiestan, disfrazado de confesiones, su malestar social y, de manera transversal, ofrecen a los lectores un esclarecedor testimonio vital respaldado por experiencias &iacute;ntimas, algunas brutales, que de forma atroz han marcado sus biograf&iacute;as, el miedo y la culpa que degeneran en posteriores trastornos dif&iacute;ciles de erradicar, sorprendentes revelaciones que estigmatizan su existencia.
    </p><p class="article-text">
        Acuciados por los remordimientos, los personajes revelan a otros secretos desconcertantes, discuten y ponen en tela de juicio situaciones contradictorias de los textos sagrados, por ejemplo; reflexionan sobre la maldad que ha ejercido el poder a lo largo de la historia, hechos que les llevan a exaltar las virtudes de la justicia como norma necesaria para favorecer las relaciones humanas.
    </p><p class="article-text">
        Revivir el pasado y cambiarlo; lo anacr&oacute;nico es quiz&aacute; lo que los une, una atinada dosis de anacronismo. Relatos reales o ficticios que se entrecruzan a modo de encantamiento, pr&aacute;cticas de visualizaci&oacute;n a trav&eacute;s del fuego que les permite ver m&aacute;s all&aacute; del presente, vivencias percibidas simult&aacute;neamente por toda la humanidad; di&aacute;logos del autor con Manuel quien acondicion&oacute; para los amigos la casa y que la siente viva con sus pensamientos y obsesiones; presintiendo que se le va de las manos este personaje, el autor debe retomar el mando de la historia.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que los adultos, son los personajes j&oacute;venes quienes resuelven situaciones convulsas de orden metaf&iacute;sico generadas por el obligado encierro, puesto que son estos quienes poseen aptitudes innatas, cualidades que los hacen peculiares: &ldquo;Nac&iacute; con la capacidad de estar en relaci&oacute;n continuada con la fuente de la intuici&oacute;n, dice Carlitos, estoy enchufado al conocimiento del cosmos&rdquo;, que no es obst&aacute;culo para que se declare partidario de la incertidumbre como elecci&oacute;n de vida. &ldquo;La muerte es el principio no el fin de todo, la semilla que dar&aacute; lugar al &aacute;rbol futuro que tiene que morir para abrirle paso a su crecimiento&rdquo;, manifiesta Rus, joven e incipiente autora teatral.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, son los j&oacute;venes quienes se enfrentan sin aspavientos a circunstancias extra&ntilde;as; es el caso de Jes&uacute;s, que naci&oacute; sin ojos. &ldquo;No somos tiempo, la gente se empe&ntilde;a en enmarcar el transcurso del tiempo dentro de la edad, pero no somos tiempo&rdquo;, dice Jes&uacute;s. El tantra sexual, el Tao, el yin o el yang constituyen su filosof&iacute;a, aportan luz a su conciencia, mediante vibraciones que emiten los cuerpos percibe la ubicaci&oacute;n en el espacio, principios de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica. Aventajado por su ceguera, aquieta tanto las reacciones de histeria que sobrevienen a los adultos como encamina hacia la comprensi&oacute;n del otro o la otra la energ&iacute;a sexual, la mutua sincron&iacute;a del placer, o la atracci&oacute;n f&iacute;sica sin dualidades de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, atravesada por un esfuerzo de redenci&oacute;n, en <em>Un genio mal&eacute;fico, </em>la trama sondea, con curiosidad, el valor incalculable del conocimiento de nuestro mundo interior como apreciada proyecci&oacute;n vital para el futuro, la grandeza de la sencillez, el sexto sentido de la intuici&oacute;n que las deficiencias f&iacute;sicas enaltecen. Sin despreciar el humor y la creatividad como recursos ante el peligro que acecha, no solo en la conciencia, sino en el plano de los enigmas, Alberto Omar nos convoca con su grito implacable. La obra o la salvaci&oacute;n. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/malefico-tinerfeno-alberto-omar-walls_132_1521237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jun 2019 19:58:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un genio maléfico, reciente novela del tinerfeño Alberto Omar Walls]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos queda tu arte, Manel (a Manuel Pereda de Castro, Manel, In Memoriam)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manel-manuel-pereda-castro-memoriam_132_1814557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Monarca del arte, artista integral que, captado el movimiento, lo secuestraba excepcionalmente para sus dominios.</p></div><p class="article-text">
        Manuel Pereda de Castro, Manel, escultor y dibujante de almas de fuerza extraordinaria, nos ha tendido un hilo irrompible hasta dejarlo colgado del horizonte, ese otro hilo enigm&aacute;tico con el que se combate cuerpo a cuerpo con el tiempo empedernido. M&aacute;s que de un taller o estudio, de un templo, anexo a su vivienda en La Laguna de Los Llanos, emanan elegantes figuras de acero que se curvan acopl&aacute;ndose al paisaje de once de los catorce municipios de la isla y de lugares m&aacute;s lejanos.
    </p><p class="article-text">
        Monarca del arte, artista integral que, captado el movimiento, lo secuestraba excepcionalmente para sus dominios; a&uacute;n me sorprenden de &eacute;l los dibujos con los que ilustr&oacute; el libro <em>Casta de rosas ausentes</em>; con nalgas grises, una visi&oacute;n punzante del contexto po&eacute;tico en la que reconocemos la idea como un interior, como un concepto.
    </p><p class="article-text">
        Con la libertad que singulariza al creador, dise&ntilde;&oacute; decorados para la fiesta de Arte de Los Llanos, para el Auto Sacramental de la Bajada de La Virgen, entre otras escenograf&iacute;as, trascendiendo la marca existencial de su estilo original. Es posible que bebiera dicho estilo de la lluvia de Santander, su ciudad natal; pero aqu&iacute;, en La Palma, su residencia, (que lo acaba de nombrar Hijo Adoptivo), lo puli&oacute; como se tersa el tenaz hierro.
    </p><p class="article-text">
        De &eacute;l o&iacute; por primera vez la palabra conceptual aplicada al proceso art&iacute;stico y tambi&eacute;n a la vida, porque qu&eacute; es m&aacute;s conceptual que nuestro propio entendimiento que es el que rige las incertidumbres y las certezas. &iquest;Qui&eacute;n es capaz de definir una p&eacute;rdida de modo que todos la comprendamos? Se nos pone un velo delante del pensamiento y lo m&aacute;s claro de todo son las almas que tampoco vemos, pero que est&aacute;n ah&iacute; a nuestro alrededor y de las que s&iacute; percibimos su aura.
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor de todo es eso, su aura, que Manel ha infundido en el entorno en se&ntilde;al de amistad, y que eterniz&oacute; en bronce, y quiero pensar que es como quedarse siempre en su compa&ntilde;&iacute;a, la de esas esbeltas figuras que &eacute;l modelaba, inicialmente en yeso, y que luego recubr&iacute;a de acero previendo del r&iacute;gido metal no solo su resistencia, sino la inmortalidad de sus hendiduras.
    </p><p class="article-text">
        Con una est&eacute;tica abstracta, expresionista y a veces figurativa, ahondaba en el ser, exteriorizando el interior magullado del ser humano en el que hurgaba, con sus bustos, estuviese o no de acuerdo con si iba a dar o no con la verdad o con la herida, pero llegaba siempre a ellas manejando el lado atinado de la intuici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso y porque no comprend&iacute;a el mundo, sus pesadas figuras met&aacute;licas se mueven explorando el entorno, buscando una vehemencia y giran en el <em>Monumento a la Naturaleza,</em> aliger&aacute;ndose como p&aacute;jaros (nosotros lo llamamos el<em> &Aacute;rbol de la Graja</em>), entre El Paso y el t&uacute;nel de la Cumbre, y van a dar a Tijarafe (<em>El Salto del Pastor </em>o<em> Los Verseadores</em>), dilatando las entra&ntilde;as de los pueblos que les ofrecen su espacio. Aunque den la sensaci&oacute;n de que son del universo. De este modo, su obra imperecedera se fusiona con las formas ef&iacute;meras de la naturaleza que conversan con el metal; y es esta una relaci&oacute;n de dependencia, me gustar&iacute;a precisar que duradera; el arte la prolonga y engendra m&aacute;s arte; de hecho, su hija Eva Lilith ha heredado tanto el talento ecl&eacute;ctico de su padre como el pict&oacute;rico de su madre Gloria. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Artista nato, sus esculturas plasman el tiempo, lo capturan como una respiraci&oacute;n para preservarlo. Y lo explica consciente de su actitud curiosa para las respuestas que el arte, su arte, otorga a los vaivenes cotidianos dif&iacute;ciles de sobrellevar. &iquest;C&oacute;mo interpretar una mirada?
    </p><p class="article-text">
        En la escultura el <em>Monumento a la Madre</em>, de Los Llanos, por ejemplo, se percibe no un abrazo alzado hacia el aire que es lo de menos, sino el vaciado de ambas miradas que es lo de m&aacute;s. Manel capta el instante indescifrable de la maternidad, ese estado &iacute;ntimo del afecto en clave de ternura.
    </p><p class="article-text">
        Aunque un torbellino de viento enfurecido proveniente de La Caldera nos espante, un hilo, tu horizonte extremo, nos enjaule contempl&aacute;ndola.
    </p><p class="article-text">
        Hasta siempre, amigo.
    </p><p class="article-text">
        Los Llanos de Aridane, 26/11/2018
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manel-manuel-pereda-castro-memoriam_132_1814557.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Nov 2018 05:57:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nos queda tu arte, Manel (a Manuel Pereda de Castro, Manel, In Memoriam)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Vendimiamos!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vendimiamos_132_1871976.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Un inciso: escondido debajo de aquella parra, alguien sorbe el néctar del moscatel. Jamás revelará la ubicación de la mata. Nadie le arrebatará ese exquisito placer el próximo año.</p></div><p class="article-text">
        No a espaldas de la tierra. Ni del cielo tampoco. Basta con que el monte cambie de color para que se reciba la llamada: &iexcl;vendimiamos! Y ah&iacute; vamos a parar todos.  
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o no hubo levante. Con solo dos d&iacute;as de calor fuerte la uva no madur&oacute; adecuadamente, sobre todo la de monte que, con resentimiento por las condiciones que el tiempo dispuso, en septiembre pesaba once escasos grados. De modo que en lugar de un buen vino, puede fermentar un buen vinagre, hecho que al viticultor le pone los pelos de punta.
    </p><p class="article-text">
        Hay que dejar la uva en las parras unos d&iacute;as. Aunque ya se perciba el regusto del mosto.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre arrimaba el o&iacute;do al racimo y, sin necesidad de un vin&oacute;metro, se aventuraba a predecir como un experto los grados de alcohol del mosto sin temor a equivocarse. Luego descubr&iacute; una maniobra similar que ejecutaba apasionadamente el protagonista de la interesante pel&iacute;cula <em>Entre copas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aun a riesgo de que la uva no adquiera los grados suficientes, hay que apechugar con las inclemencias del tiempo porque puede ir de mal a peor; si serena o llovizna es como lanzar los racimos al ojo del hurac&aacute;n, viene la ara&ntilde;a roja que ataca y lame las hojas tostadas, les chupa la sangre; el tan temido mildiu, el sarampi&oacute;n de las hojas que termina con ellas; las pobres; se llenan de unas ronchas terrosas que desprenden por el env&eacute;s polvillo blanquecino; da pena c&oacute;mo se vuelven tan vulnerables. El dichoso mildiu que desde primavera viene amenazando. Vino la bruma y lo ceb&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n los pulgones furtivos que infectan las heridas y ti&ntilde;en de luto las cepas.
    </p><p class="article-text">
        Las parras agredidas. El melazo o la melocha cruel que las fulmina.
    </p><p class="article-text">
        La uva susceptible que se pasma, se escarcha y se engurru&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero no eches pesticidas que estos bichos se resisten a cualquier contratiempo; se avivan y alimentas su ofensiva. Clava en medio del verano un espantap&aacute;jaros que los ciegue o algo. O espolvorea azufre que los acaricie o emborrache con disimulo.
    </p><p class="article-text">
        Pero recolectar la uva es indispensable y, con gesto solidario, la gallofa acude a la convocatoria. Con la vi&ntilde;a enramada de gente, es inevitable sortear las horquetas que elevan los sarmientos a esa altura exacta en que el racimo no mengua por el roce con el granz&oacute;n y a su vez sienta la amorosa calidez que la tierra le da a la uva para que madure.
    </p><p class="article-text">
        A golpe de cuchillo, previamente amolado, el desaf&iacute;o del corte. Un corte limpio, sin desgarramiento. No en espuertas ni angarillas a lomos de las bestias como antes, las uvas -en los cestos de carga o los zamuros- se cargan en los hombros de los hombres con cuidado de no desperdiciarlas; las mujeres las llevan en la cabeza sobre una almohadilla a modo de coj&iacute;n que amortigua el peso del envase.
    </p><p class="article-text">
        Un inciso: escondido debajo de aquella parra, alguien sorbe el n&eacute;ctar del moscatel. Jam&aacute;s revelar&aacute; la ubicaci&oacute;n de la mata. Nadie le arrebatar&aacute; ese exquisito placer el pr&oacute;ximo a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        El mosto lo dan los bagos -dicen los veteranos- que los due&ntilde;os respigan antes de abandonar la finca. Si queda alguna escada despu&eacute;s de la batida, se servir&aacute; de postre en la mesa; nunca antes de la vendimia; rinde m&aacute;s el jugo que se extrae, el vaso de vino que se saborea, que el racimo que se engulle y despu&eacute;s nada.
    </p><p class="article-text">
        (De chica, en el centro de la mesa lo mismo que un ramo, se ergu&iacute;a la botella con el vino. La mir&aacute;bamos como a un faro inalcanzable. All&iacute;, a dos palmos, como una m&aacute;s de la familia.)
    </p><p class="article-text">
        Vaciar el contenido de los cestos en el lagar es una ceremonia hermosa. El golpe del descargue. Las manos pegajosas, los labios como azotados por un rito previo de los vendimiadores: probar las uvas en las fincas antes de que caigan en los cestos; las uvas negramol, que dan color al vino tinto, pintan igual que carmines.
    </p><p class="article-text">
        Despojados de guantes y sombrero, con las piernas desnudas se entra en el lagar; pisoteas y escachas los racimos en un baile ritual de pedaleo hasta dejarlos en los huesos. Las manos melosas agarradas a la viga. Qu&eacute; regocijo el aroma que desprende el bagazo exprimido que ahora flota a ras del mosto. Por cada cesto o zamuro de uvas, un garraf&oacute;n de mosto. Esa es la medida. Mi abuelo jam&aacute;s se equivocaba en sus predicciones.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana, cuando se prense, se separar&aacute; el engazo, esos esqueletos o escobajos despojados del grano y que cosquillean los talones. &iexcl;Y al barranco como alimento de las lagartijas y los papazules!
    </p><p class="article-text">
          Si pesa poco, le a&ntilde;ades mosto de uva concentrado; si se sobrepasa, lo acrecientas con agua mineral para equilibrar el alcohol del mosto. El en&oacute;logo apuesta por una calidad &oacute;ptima y analiza antes de la fermentaci&oacute;n. Conviene hacerle caso. El vino fuerte achispa demasiado, y el flojo se acidifica, se pica: &iexcl;y cosecha de vinagre asegurada! Si no lo despalillas antes.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del pataleo, la gallofa se sienta derrengada sobre los asientos de piedra, hundida en sus vientres como algas. Ante s&iacute;, el banquete con que el cosechero la obsequia: las sardinas en aceite y los panes dispuestos sobre la desabrigada mesa de pino. A la intemperie, la gallofa se rinde en torno al vino viejo. Si est&aacute; repuntado, carraspeas y punto. No conviene irse de la lengua. En Las Manchas no se acepta que un catador sincero diga: vinagr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El sol tambi&eacute;n sube a la fiesta como puede y entra al convite por las tejas rotas de la bodega. Habr&aacute; que echar una mano este oto&ntilde;o para evitar que se hinchen las pipas con los esquivos chubascos.
    </p><p class="article-text">
        No hay adi&oacute;s ni hasta ma&ntilde;ana. Y&eacute;ndonos por goteo hasta la jura de la pipa, &iexcl;y que suene el acorde&oacute;n como si nunca nos hubi&eacute;ramos ido! 
    </p><p class="article-text">
        <em>Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vendimiamos_132_1871976.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Oct 2018 16:51:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¡Vendimiamos!]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Un vasco en Benahoare’, ópera prima del palmero Ibrahim Pérez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vasco-benahoare-palmero-ibrahim-perez_132_1939157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Este libro reúne los elementos con los que se sentirán muy identificados los profesores de la ESO.</p></div><p class="article-text">
        El modo en que cada escritor sit&uacute;a a sus personajes en determinados territorios que favorecen el desarrollo de su trama no es arbitrario. Comala, Yoknapatawpha, Macondo son m&iacute;ticos espacios ficticios que la imaginaci&oacute;n de sus autores nos ha permitido evocar m&aacute;s all&aacute; del tiempo y las distancias.
    </p><p class="article-text">
        Y Benahoare es el lugar elegido en esta obra para que sucedan los hechos, nombre con el que se designaba al pueblo aborigen de La Palma antes de la conquista.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Un vasco en Benahoare</em> es la &oacute;pera prima de Ibrahim P&eacute;rez Hern&aacute;ndez, natural de Tazacorte, profesor de Lengua y Literatura del Instituto Eusebio Barreto de Los Llanos de Aridane, donde reside. Desde 2009 ejerce de articulista en el blog El Apur&oacute;n, aunque en la mayor&iacute;a de sus textos prevalece la tem&aacute;tica deportiva, no escatima sus aptitudes period&iacute;sticas cuando incursiona en otros asuntos de actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Estructurada en XXI cap&iacute;tulos, <em>Un vasco en Benahoare</em>, publicada por la editorial Seleer, transcurre, como indic&aacute;bamos, en La Palma. Este libro re&uacute;ne los elementos con los que se sentir&aacute;n muy identificados los profesores de la ESO y en cuyo funcionamiento Ibrahim es un experto, ya que comparte la profesi&oacute;n de su protagonista, junto con su pasi&oacute;n lectora y futbol&iacute;stica, simpatizantes ambos del Atletic.
    </p><p class="article-text">
        En la novela, el profesor de secundaria, Mikel Albizu, es un vasco que se confiesa de izquierdas pero rechaza la violencia etarra. Pronto aprueba las oposiciones de Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica en La Laguna, Tenerife, para despu&eacute;s afincarse en Los Llanos. Cree en la igualdad sin concesiones, en la solidaridad, pero descree de las propuestas que ofrecen los te&oacute;ricos de la ense&ntilde;anza; as&iacute;, en su centro de destino aborda con sus propias estrategias el fracaso escolar entendi&eacute;ndolo como flanco propio de su profesi&oacute;n en que la mayor&iacute;a de sus alumnos carec&iacute;an de inter&eacute;s universitario, dicho sea de paso, cursos de letras en los que el g&eacute;nero femenino era mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el tercer cap&iacute;tulo, se desvela el inter&eacute;s de Mikel por Xiomara, la atractiva alumna de su tutor&iacute;a de primero de Bachillerato. Y c&oacute;mo posteriormente Mikel, obnubilado por el encanto y la personalidad de las mujeres canarias, siente atracci&oacute;n por Nieves, la hija de la casera. Estos impulsos emocionales del protagonista incitan a la lectura, a penetrar en el n&uacute;cleo de la novela; aqu&iacute; las circunstancias desfavorables complican la historia. La p&eacute;rdida del trabajo de Nieves y otras adversidades son los motores que derivan irremediablemente la trama hacia una relaci&oacute;n de tres; el placer y la exaltaci&oacute;n sensual se enfrentan a la &eacute;tica, el controvertido debate que rige las conductas humanas cuando se airean o se entra de lleno en sus entra&ntilde;as; las luces que se quiebran, los entresijos dif&iacute;ciles de salvar en las relaciones, llevaderas o felices, en este caso, de pareja. &ldquo;Su vida pasaba de transitar por una carretera secundaria a deslizarse en una autopista de v&eacute;rtigo&rdquo;, revela el protagonista con franco desconcierto. Los altibajos, los claroscuros afectivos que sacuden estos procesos, &ldquo;porque una relaci&oacute;n estable con las miserias cotidianas ser&iacute;a diferente&rdquo;. El cielo o la pesadumbre.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un vasco en Benahoare</em> es una novela lineal que se lee de un tir&oacute;n, debido no solo al atractivo car&aacute;cter de vulnerabilidad que infunden la deslealtad y la infidelidad como la justificaci&oacute;n reiterada de tales actitudes, sino tambi&eacute;n por la exactitud y la fluidez del lenguaje, l&eacute;xico cercano y desenfadado, o por la eficaz caracterizaci&oacute;n de los personajes que se rigen en la trama con perfiles muy bien definidos, sobre todo las mujeres, visibilizando la preponderancia del arraigado matriarcado isle&ntilde;o. Nieves, la joven veintea&ntilde;era m&aacute;s bien t&iacute;mida, la esbelta hija de la locuaz casera, estudiante de Empresariales, en el fondo, m&aacute;s conservadora -como creyente- que su madre de sorprendentes ideas progresistas. Muy diferente de la convincente Xiomara, la espont&aacute;nea joven palmera de familia acomodada &ldquo;de voz dulce, persuasiva y locuaz&rdquo;. O el amigo de Mikel, Acor&aacute;n, letrado que facilita que la historia d&eacute; un vuelco imprevisible. Destrezas propias de un escritor que ha bebido de las inagotables fuentes de la novela negra.
    </p><p class="article-text">
        Con habilidad narrativa, el autor no vacila ante las impl&iacute;citas dosis de cr&iacute;tica que serpentean camufladas en la trama y que enriquecen los di&aacute;logos, audaces y exactos. Indicios de que la historia sucede a principios de este siglo son evidentes, por ejemplo, en que la compa&ntilde;&iacute;a a&eacute;rea ostentaba el monopolio del cielo regional. Con la insolencia de los retrasos en los vuelos, Mikel experimenta sin privilegios los inconvenientes de la insularidad para llegar a Los Llanos de Aridane, un pueblo &ldquo;conservador y de apariencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ibrahim no elude la responsabilidad como escritor de reconocer el descr&eacute;dito actual en la pol&iacute;tica, cuyo rol sectario merma la veracidad de ciertas ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas o el enfoque poco pragm&aacute;tico que se les da a las carreras universitarias &ldquo;a las que les sobraban rollos te&oacute;ricos con escasa aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica&rdquo;. El autor aborda con franqueza el puritanismo conservador isle&ntilde;o ante la homosexualidad, el disfraz de tolerancia que conduce al ocultismo, lejos de asumir sin tapujos tal estado sexual: &ldquo;Ha habido avances en la sociedad, pero en los sitios peque&ntilde;os no hay intimidad y s&iacute; mucha hipocres&iacute;a. De momento, continuar&eacute; camuflado; soy un cobarde y sigo sin asumir mi condici&oacute;n&rdquo;, dice Acor&aacute;n: &ldquo;He llevado mi vida con una total discreci&oacute;n y disciplina para que nadie pudiera sospechar esta tendencia. Llega un momento en que hay que tirar para adelante o reprimirse, pero no da&ntilde;ar a otras personas&rdquo;; reflexi&oacute;n intuitiva que lo alienta.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, la &eacute;tica, la moral; las tendencias a la oscuridad inherentes a nuestra condici&oacute;n vital: &ldquo;La mente humana ofrece unos resortes que no acaban de explicar algunos mortales comportamientos&rdquo;, afirma Mikel. Y en esta l&iacute;nea, el libro denuncia el trasiego del dinero negro, el pago en mano de los alquileres o el descenso en la pesca de t&uacute;nidos en El Puerto.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, y sin mermar esta intensidad cr&iacute;tica, se juzga la isla como entorno imprevisible ante los inevitables vaivenes existenciales, la relajaci&oacute;n que genera el paisaje, el valor del entorno en lo cotidiano como los emblem&aacute;ticos laureles de indias de la plaza de Los Llanos, las ventajas o el sosiego de la buena calidad de vida o las plataneras, sin descartar la pobreza que la aparente prosperidad isle&ntilde;a enmascara.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, el autor muestra en <em>Un vasco en Benahoare</em> las diferentes caras de esta tierra que rebosa de tradiciones y de contradicciones; los polvos talcos de los carnavales o los mojitos del d&iacute;a de indianos, sin menoscabo de las costumbres o pr&aacute;cticas ancestrales; poniendo como ejemplo la visita a un curandero en Tijarafe para remediar una dolencia an&iacute;mica, y, en este caso, satisfactoria a pesar del escepticismo del protagonista; en qu&eacute; manera la orograf&iacute;a isle&ntilde;a y el ambiente ejercen de marco que da pie a estas terapias o rituales.
    </p><p class="article-text">
        Objetivo con las descripciones paisaj&iacute;sticas y gastron&oacute;micas de la costa vizca&iacute;na y guipuzcoana, Ibrahim nos pone un dedo en el alma, aborda el paisaje con maestr&iacute;a y lo interioriza; el sol brilla con intensidad u oscurece acorde con la dicha o la fatalidad de los personajes, nos descubre el impoluto cielo de la isla, la benevolencia del tiempo despejado del valle en contraste con el molestoso sirimiri bilba&iacute;no, o el cielo oscuro que corona el museo <em>Guggenheim</em>. Situaciones que, lejos de ser localistas, ahondan en los sentimientos de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Entre la a&ntilde;oranza del emigrante o la nostalgia del sosiego palmero pero con la firme decisi&oacute;n de que para narrar hechos hay que conocerlos, esta es una inmejorable ocasi&oacute;n para leer <em>Un vasco en Benahoare</em>. Y gocen con la lectura; no es improbable una segunda parte.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/vasco-benahoare-palmero-ibrahim-perez_132_1939157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Sep 2018 19:19:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Un vasco en Benahoare’, ópera prima del palmero Ibrahim Pérez]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Benahoare]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[8 de marzo: No al silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/marzo-silencio_132_2234387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la mujer habla, el mundo espera.</p></div><p class="article-text">
        La alumna escribe en la pizarra sus ideas e intuitivamente mira de reojo al resto de la clase para constatar la ortograf&iacute;a de lo que escribe. La profesora enmudece. Y el aula enmudece; no hay borrador que mutile la clave de su pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        Las cosas buenas del no silencio.
    </p><p class="article-text">
        Con cincuenta a&ntilde;os, mi madre fue a la autoescuela. Sin palabras nos quedamos cuando puso la mano en el freno y su libertad en el acelerador. Ning&uacute;n est&iacute;mulo del mundo exterior pod&iacute;a desviar su atenci&oacute;n del viejo coche mini que ella guiaba.
    </p><p class="article-text">
        Me imagino a las madres de la guerra; paren, amamantan, alimentan, aman. Por igual a todos los miembros de su descendencia. La explosi&oacute;n desparrama, lesiona. Madres, &iquest;conviene echarse a correr antes del parto? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del mundo? Si el cansancio emocional no las bloquea por dentro, hay que salir de aqu&iacute; no sigilosamente. Y gritar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la crueldad es tal que suenan golpes, poseer sano tu cuerpo entero es un derecho que la maldad extrema jam&aacute;s decidir&aacute;; la cobard&iacute;a del &iexcl;bum! no es m&aacute;s que el simulacro de una batalla de cobardes en contra de las palabras. No m&aacute;s brechas al no silencio.
    </p><p class="article-text">
        Si hay paridad en el silencio; el nuestro sucede en otro &aacute;mbito.
    </p><p class="article-text">
        Ante la inminente amenaza de quien maltrata, la mirada firme de enfrente aniquila. No el arma; t&uacute; empu&ntilde;as el alma. El deseo de posesi&oacute;n es quien destruye.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay peor silencio que el de tantos pa&iacute;ses occidentales cuyas bocas permanecen cerradas a cal y canto ante la violaci&oacute;n de los derechos de la mujer en pa&iacute;ses orientales, la mayor&iacute;a con reg&iacute;menes totalitarios: lapidaci&oacute;n por adulterio, mutilaci&oacute;n genital, ni&ntilde;as obligadas a casarse; y este mundo congelado dando cabezadas en la infinita v&iacute;a l&aacute;ctea.
    </p><p class="article-text">
        Si hay silencios que dicen, es aterrador el ruido de los pol&iacute;ticos que en cada legislatura posponen sus compromisos de igualdad. Al amparar los privilegios de la otra mitad, acu&ntilde;an su huella indeleble para la posteridad.&nbsp;<a href="http://www.publico.es/uploads/2018/03/06/5a9eba5d0fd80.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.publico.es/uploads/2018/03/06/5a9eba5d0fd80.jpg</a>
    </p><p class="article-text">
        Nada es perfecto. Tampoco el silencio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una empresa merma su retribuci&oacute;n salarial por cuesti&oacute;n de g&eacute;nero, la mujer exige que se le equipare; encaramada sobre una tarima cotidiana denuncia con firmeza la desigualdad del trato. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y dentro de unos a&ntilde;os qu&eacute;? &iquest;A&uacute;n se estar&aacute; previendo en los despachos la l&oacute;gica de los cargos uniformemente proporcionales no solo al conocimiento, sino a la igualdad?
    </p><p class="article-text">
        En la calle, el mimo, mitad mujer, mitad hombre, emite su pron&oacute;stico de futuro con los labios herm&eacute;ticamente sellados. Y es esta pantomima la que abre el canal del di&aacute;logo, la se&ntilde;al expresiva de la gente con las manos en alza. O&iacute;mos la celebraci&oacute;n de los aplausos con el pecho cargado de palabras cr&iacute;ticas que la diversidad del mimo facilita y agranda.
    </p><p class="article-text">
        En las aceras, el p&uacute;blico inm&oacute;vil calla expectante ante la situaci&oacute;n vital que el mimo representa. El cl&iacute;max del espect&aacute;culo subyuga. Los espectadores aprietan labios. Est&aacute;n euf&oacute;ricos o bien hechos pedazos. Guardan palabras. Algo inmenso de la justicia natural se dice.
    </p><p class="article-text">
        La creatividad no entiende de g&eacute;neros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/marzo-silencio_132_2234387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Mar 2018 22:23:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[8 de marzo: No al silencio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Voracidad humana con respecto al mundo (algo no estamos haciendo bien)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/voracidad-humana-respecto-mundo_132_3072434.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los seres humanos son los dueños y señores del futuro, no solo de su raza sino de todas las existencias vegetal y animal.</p></div><p class="article-text">
        Los habitantes del mundo permitimos que est&eacute; en juego nuestro futuro; que se viertan tiempo y medios en cubrir informaciones radiadas, televisadas o escritas con noticias muy relevantes de las que solo se percata un min&uacute;sculo n&uacute;mero de receptores, o viceversa; de suerte que se omiten o se pasa tangencialmente por hechos trascendentes que afectan al conjunto general de seres vivos, tambi&eacute;n animales y plantas, es decir, al planeta. Se nos calienta el mundo. Lo palpamos.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia del resto, la raza humana ahonda con el pensamiento el &aacute;mbito de las ideas, as&iacute;, de esta manera profunda es como hay que tratar los asuntos que conciernen a todos. Pero como somos guiados por personajes ineptos, escasos de pensamientos coherentes, la idea de abordar los conflictos de forma escrupulosa se va al traste.
    </p><p class="article-text">
        Hay mandatarios que llegan al poder debido a la existencia de una eterna dinast&iacute;a que en su momento ocup&oacute; el trono y dicha hegemon&iacute;a la heredan sus v&aacute;stagos por la gracia divina; este es el caso de los dictadores que en el siglo XXI persisten en pa&iacute;ses africanos.  
    </p><p class="article-text">
        Otros disfrazan su dominio presidencial ampar&aacute;ndose en el eufemismo de elecciones democr&aacute;ticas bajo cuya tapadera infame se ocultan, instaurando reformas constitucionales arbitrarias para que puedan ejercer el poder hasta la eternidad como, por ejemplo, el caso de Bielorrusia.   
    </p><p class="article-text">
        Dado que todos los seres vivos sienten hambre, desde su quietud, las plantas reciben respuesta porque s&iacute;, si el universo con sus propiedades naturales los sacia; los animales devoran al animal del eslab&oacute;n inferior y as&iacute; hasta enlazar una punta con la otra de la cadena; los seres humanos acaparan el tiempo, son los due&ntilde;os y se&ntilde;ores del futuro no solo de su raza sino de todas las existencias vegetal y animal. Subsistencias desamparadas ante la voracidad humana.
    </p><p class="article-text">
        Y ello viene a cuento debido a tantas atrocidades a las que estamos abocados por las actuaciones negligentes de gobernantes que tienen en su mano caprichosa nuestras manos indefensas.
    </p><p class="article-text">
        Apenas llueve, nuestras huertas se estr&iacute;an como un vientre que se desinfla despu&eacute;s de un per&iacute;odo de robustez, anhelamos la lluvia, invocamos las fuerzas sobrenaturales con  talismanes y abalorios celestiales para que caiga agua ya no de modo torrencial, nos conformamos con aislados sirimiris porque, en el fondo, aceptamos petrificados la huida de la lluvia hacia otras galaxias. Con los brazos cruzados. La deseamos pero este es un deseo incierto, un deseo que depende de la contingencia, de los dioses, satisfacerlo es un hecho que nos causa desmoralizaci&oacute;n e impotencia.
    </p><p class="article-text">
        Todo en el fondo se ve abocado a una actuaci&oacute;n contradictoria. Se nos incita a viajar de forma econ&oacute;mica, a conocer el mundo de punta a punta por un pu&ntilde;ado de euros, y subidos a las nubes, observamos que el queroseno que mueve al veh&iacute;culo se vierte entre la niebla y se expande y difumina como un gas letal camuflado en el tiempo a corto plazo; pero de regresar al punto de partida ni mu, hasta que hayamos consumido las paradisiacas vacaciones m&aacute;s baratas que el sol.
    </p><p class="article-text">
        Todos somos corresponsables de todo; las plantas por mantener su inmovilidad silenciosa; los animales que contin&uacute;an descuartizando los cad&aacute;veres de otros de su misma especie; los humanos que votan a ciertos gobernantes incompetentes que atacan la estabilidad del planeta. &iquest;Qu&eacute; eligen? &iquest;Sentirse sencillamente dominados? Se supone que antes de los comicios, los ciudadanos nos habremos documentado para que la elecci&oacute;n sea eficaz.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Basta con elegir a l&iacute;deres que dominan y administran solo los bienes econ&oacute;micos con suficiencia? &iquest;No hay l&iacute;deres prestigiosos que nutran con esperanza consentida nuestros valores? La mayor&iacute;a &uacute;ltima queda rezagada en las cunetas porque los electores hemos decidido que quienes nos van a sacar las casta&ntilde;as del fuego son los que ejercen el liderazgo econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; la iniciativa compete al reino humano. Los reinos vegetal y animal quedan relegados. Gana el reino econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Por poner un ejemplo, Trump ha gestionado su econom&iacute;a de modo plausible, ha reforzado sus cadenas hoteleras. &iquest;Es este manejo exitoso en los negocios lo que han admirado de &eacute;l sus electores para que llegue a contaminar nuestras vidas? Sube a un sill&oacute;n y paraliza o deroga las conquistas logradas en inmigraci&oacute;n, sanidad y medio ambiente del per&iacute;odo precedente. Por no hablar de sus comportamientos mis&oacute;ginos. Hace apolog&iacute;a de su torpe negaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico, y al d&iacute;a siguiente, arrecia aposta el hurac&aacute;n Irma y arrasa La Florida; pero &eacute;l no cree en el cambio clim&aacute;tico. Abre la boca en Asia y, la cuna de todas las violaciones de derechos humanos, Corea del Norte amenaza con lanzar siniestramente sus cargas explosivas al mundo que somos nosotros. Trump la l&iacute;a, &iquest;eh? Da el visto bueno para la superproducci&oacute;n de carb&oacute;n, energ&iacute;a de las m&aacute;s contaminantes, pero no alienta las energ&iacute;as limpias. Estamos respirando de forma colateral su mismo aire contaminado, y no damos cr&eacute;dito a que a&uacute;n debe asfixiarnos de modo unilateral tres a&ntilde;os m&aacute;s y qui&eacute;n sabe si reengancha.
    </p><p class="article-text">
        No solo se necesitan personajes eficaces que gestionen con habilidad los recursos naturales, sino que  regulen a su vez la actuaci&oacute;n de dirigentes pol&iacute;ticos sin escr&uacute;pulos que destruyen nuestro h&aacute;bitat, mientras engordan sus bolsillos trasladando a para&iacute;sos fiscales los beneficios de sus ingentes negocios opacos, a costa de mano de obra barata,  aunque arrastren al abismo las indispensables mejoras sociales de las que se deber&iacute;an beneficiar las poblaciones; que la sociedad m&aacute;s desfavorecida sufra un poco m&aacute;s, qu&eacute; sadismo m&aacute;s despreciable.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; nos queda? Apechugar con la subida de impuestos directamente relacionada con tales depravadas acciones econ&oacute;micas, pero tambi&eacute;n habr&aacute; que salir a la calle con proclamas reivindicativas hasta que al mundo se le irriten las membranas auditivas; &iexcl;estos indignos <em>empresarios</em> pol&iacute;ticos que nos encaminan irremisiblemente al apocalipsis! &iquest;No habr&iacute;a que darles voz tambi&eacute;n a animales y plantas que est&aacute;n en desventaja?  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/voracidad-humana-respecto-mundo_132_3072434.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Nov 2017 18:15:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Voracidad humana con respecto al mundo (algo no estamos haciendo bien)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sexismo, la herida del siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sexismo-herencia-siglo-xxi_132_3535435.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Porque la lucha por la igualdad avanza pero de forma excesivamente lenta; sin embargo, me alegra comprobar que numerosas actitudes injustas de desigualdad se están quedando poquito a poco sin lugar en el mundo.</p></div><p class="article-text">
        Afirmar que la sociedad en la que vivimos es machista no significa inventar la p&oacute;lvora. Los hombres han controlado la historia y la literatura. Cada d&iacute;a se denuncian situaciones alarmantes de violencia de g&eacute;nero, se registran m&uacute;ltiples casos de acoso sexual que son desatendidos por las autoridades pertinentes, no son excepcionales las mujeres que sufren insultos y amenazas en el &aacute;mbito laboral; desconcierta la discriminaci&oacute;n salarial latente en las empresas, la dureza implacable a la que tiene que enfrentarse la mujer para acceder a puestos de responsabilidad, adem&aacute;s de la evidente desigualdad en el reparto de las tareas dom&eacute;sticas. Porque hay demasiadas actitudes machistas en el &aacute;mbito familiar. El microcosmos de la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        A esta lista interminable de evidentes situaciones discriminatorias habr&iacute;a que a&ntilde;adir comentarios solapados que poco tienen que ver con el halago profesional, as&iacute; a una autora se la describe, adem&aacute;s de guapa, escritora, o fue muy bella en la juventud, argumentos que no se aplican a los hombres, no he le&iacute;do que Jame Joyce adem&aacute;s de un genio fuera atractivo. De la escritora se dice que indaga en la sensibilidad femenina, desvelando los vaivenes emocionales pero no del escritor que bucee en la sensibilidad masculina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que el lenguaje que utilizamos en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a es sexista tampoco es una novedad. Y este hecho provoca que actualmente sea necesario actualizar un uso que contribuya a erradicar la nociva lacra de la discriminaci&oacute;n. Es deber del lenguaje evolucionar con las sociedad. Urge determinar f&oacute;rmulas que favorezcan la igualdad. Para paliar estos vac&iacute;os normativos varias instituciones han editado gu&iacute;as de lenguaje no sexista, pero la Real Academia de la Lengua las rechaza, cuando no las tacha de radicales, les recrimina el hecho de que se establezcan usos ajenos a la pr&aacute;ctica del habla y adem&aacute;s alega que no existe tal discriminaci&oacute;n en la falta de equivalencia entre g&eacute;nero y sexo. &iexcl;Desde luego!
    </p><p class="article-text">
        Y en cuanto se les exige a los miembros de la erudita Academia que se pronuncien al respeto, arman unos rifirrafes dignos de un culebr&oacute;n. Se defienden con u&ntilde;as y dientes. Se sienten atacados. En mi memoria, los &uacute;ltimos altercados literarios entre Francisco Rico y Arturo P&eacute;rez Reverte.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Compete a los profesionales del lenguaje tomar estas decisiones? &iquest;O es el uso de la calle el que determina la norma? Puesto que son ambas actuaciones las que resuelven tales enigmas, mientras tanto, ser&aacute; la conciencia social de igualdad de la ciudadan&iacute;a la que imponga su criterio echando mano de su sensatez, dando por sentado que incomodar&aacute; la prescripci&oacute;n de la estricta Academia. Si bien es cierto que fieles a los c&oacute;digos reinantes, los diccionarios de la Real Academia han actualizado las definiciones de oficios femeninos. Ya era hora.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; observamos con enojo como determinadas palabras poseen un significado &oacute;ptimo para referirse a los hombres pero absolutamente denigrante en femenino; v&eacute;ase el caso de <em>zorro</em> que se refiere a una persona astuta, mientras que <em>zorra</em> adquiere el matiz despectivo de prostituta en su significado femenino; del mismo modo <em>co&ntilde;azo</em> que se aplica a alguien latoso e&nbsp;insoportable, mientras que <em>cojonudo</em> se dice de alguien estupendo,&nbsp;magn&iacute;fico,&nbsp;ejemplo de hombr&iacute;a y de valor. En la misma l&iacute;nea entran <em>cortesano </em>y <em>cortesana</em> y una ampl&iacute;sima lista de t&eacute;rminos sexistas que se rige tanto por connotaciones l&eacute;xicas como sem&aacute;nticas.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, llama la atenci&oacute;n que en &aacute;mbitos literarios y period&iacute;sticos se utilice con frecuencia el t&eacute;rmino <em>hombre</em> para referirse al conjunto de la humanidad sustituible por personas o g&eacute;nero humano. Ser&aacute; que hacen o&iacute;dos sordos a que todas estas conductas lejos de favorecer la igualdad aumentan la discriminaci&oacute;n y propician la diferencia; frenan los pasos hacia la igualdad.
    </p><p class="article-text">
        En un pleno del parlamento europeo, en un debate sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, la reciente pulla de un parlamentario polaco de extrema derecha nos indign&oacute; exaltando la inferioridad femenina de un modo despiadado. Incluso repetir sus inhumanas ofensas me produce repel&uacute;s; alegaba el cruel mis&oacute;gino que las mujeres deb&iacute;an ganar menos puesto que eran m&aacute;s d&eacute;biles y menos inteligentes. Y nadie se atrevi&oacute; a expulsarlo definitivamente de tal representativa c&aacute;mara pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Aterran las connotaciones mis&oacute;ginas que se desprenden de los discursos de Ronald Trum y ah&iacute; est&aacute; ejerciendo el poder en un pa&iacute;s que el mundo mundial imita. Recuerdo de chica los comentarios, que surg&iacute;an cuando alg&uacute;n amigo se quejaba despu&eacute;s de sufrir una ca&iacute;da, y que nunca entend&iacute; de la gente: &ldquo;Jos&eacute; Miguel, los chicos no lloran&rdquo;. Y me iba a dormir con la matraquilla d&aacute;ndole vueltas en la cabeza, pues mi ingenuidad no captaba la malintencionada expresi&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; Jos&eacute; Miguel no pod&iacute;a llorar si le dol&iacute;a la rodilla rota que sangraba como un barranco en d&iacute;as de lluvia?
    </p><p class="article-text">
        Es en el mundo del cine donde se aprecia la aparici&oacute;n progresiva de directoras y productoras de cine e intensos personajes femeninos que marcan una gran diferencia de los sumisos estereotipos de papeles femeninos defendidos por el cine tradicional. Menos mal. Sin embargo, en el marco de la interpretaci&oacute;n, se celebra la participaci&oacute;n en papeles relevantes de hombres mayores y de mediana edad, mientras que brillan por su ausencia los interpretados por mujeres con el mismo perfil de edad. Adem&aacute;s, los actores mejor pagados cobran m&aacute;s del doble que las actrices en papeles similares. Aumenta la brecha salarial en detrimento de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Los especialistas en pedagog&iacute;a defienden que se act&uacute;a por imitaci&oacute;n. Por lo tanto es fundamental la educaci&oacute;n en el &aacute;mbito familiar. Ciertas conductas machistas se arraigan o erradican en la vida diaria, desde compartir tareas dom&eacute;sticas en la infancia hasta generar conciencias de igualdad en las ni&ntilde;as y los ni&ntilde;os en todas las situaciones que as&iacute; lo exigen. Educar con criterio en la ni&ntilde;ez para que en la edad adulta sean capaces de tomar sus propias decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Y puesto que la conciencia se alimenta de educaci&oacute;n, el alumnado debe tener tanto referentes masculinos como femeninos. El primer paso es incluir a la mujer en los libros de historia, valorar el trabajo realizado por las mujeres corrientes o relevantes, cuyo papel ha sido determinante para nuestra civilizaci&oacute;n, que de momento solo muestra los actos b&eacute;licos de soldados, reyes y emperadores; ej&eacute;rcitos y batallas.
    </p><p class="article-text">
        Porque la lucha por la igualdad avanza pero de forma excesivamente lenta; sin embargo, me alegra comprobar que numerosas actitudes injustas de desigualdad se est&aacute;n quedando poquito a poco sin lugar en el mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sexismo-herencia-siglo-xxi_132_3535435.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Mar 2017 17:13:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sexismo, la herida del siglo XXI]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sexismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A Francisco Manuel Lorenzo Rodríguez, ‘in memoriam’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/francisco-manuel-lorenzo-rodriguez-in-memoriam_132_3562677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Vayan estas pequeñas palabras en honor a un hombre grande, al compañero y amigo Francisco Manuel Lorenzo Rodríguez, profesor de historia del IES Eusebio Barreto, en Los Llanos de Aridane, que nos ha dejado hoy un poco más solos.</p></div><p class="article-text">
        Las palabras no siempre significan.
    </p><p class="article-text">
        Pretenden arrastrarnos por lugares inh&oacute;spitos o traducir determinadas situaciones como quien reproduce una imagen, pero no siempre transmiten el fondo de una mirada triste o la emoci&oacute;n de un apret&oacute;n de manos o esa media sonrisa que dice con su gesto: buenos d&iacute;as, hoy he dormido como un lir&oacute;n o me ha dolido una muela o, por el contrario, qu&eacute; alegr&iacute;a siento, no s&eacute;, por cualquier cosa, porque los gestos afirman lo dicho o lo que se calla.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras nos turban pero no tiemblan como los labios, nos sirven de protecci&oacute;n, es decir, permiten que demos un rodeo, un circunloquio, con la intenci&oacute;n de disimular un mal d&iacute;a o una expresi&oacute;n brutal de euforia, pero el interlocutor se queda, ante la persona que se halla delante, con el fondo inquietante de los ojos que percibe a trav&eacute;s de una mirada de angustia o de melancol&iacute;a. O con el brillante parpadeo de los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Porque el instinto humano (y no solo el humano, tambi&eacute;n el animal, doy fe) intuye el dolor de quien orienta sus sentimientos hacia adentro para no mostrarlos, o sea, que las presencias delatan las emociones, las frustraciones o las desdichas; el buen humor o el placer de haber degustado, por ejemplo, un plato exquisito que saboreamos de pap&aacute;, osado cocinero aficionado, dando la nota en el cielo de la cocina mientras guisaba. Su aliento inextinguible. Y el sabor a humo del potaje, &uacute;nico. La estrofa empezaba: &ldquo;Soledad es criatura primorosa&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las presencias permanecen. Siempre. La mente procesa el instante que m&aacute;s nos ha embelesado de este u otra y lo graba. Aqu&iacute;. En la memoria.
    </p><p class="article-text">
        -F&iacute;jate, estaba distante, no dijo nada al respecto, pero not&eacute; el muro helado que nos separaba.
    </p><p class="article-text">
        O: lo vi en sus ojos, me dijo: largo de aqu&iacute;, pero quiso decir: he vuelto porque se me olvida algo. O porque irradias calor, ese toque tonificante que a m&iacute; me falta&ldquo;. La excusa para respirar el mismo aire o para ver el mismo rayo verde que t&uacute; al ponerse el sol torciendo el horizonte. Abajo, en Puerto Naos.
    </p><p class="article-text">
        En las palabras no hay fusionados. En los gestos s&iacute;. Aunque sean fusiones fugaces. Adquiridas o innatas. Total, aprovechamos el t&oacute;pico: un gesto vale m&aacute;s que cientos y cientos de palabras.
    </p><p class="article-text">
        Vayan estas peque&ntilde;as palabras, que no significan todo lo que querr&iacute;amos, en honor a un hombre grande, al compa&ntilde;ero y amigo Francisco Manuel Lorenzo Rodr&iacute;guez, profesor de historia del IES Eusebio Barreto, en Los Llanos de Aridane, que nos ha dejado hoy un poco m&aacute;s solos.
    </p><p class="article-text">
        La historia y las artes pl&aacute;sticas, la arqueolog&iacute;a y la ense&ntilde;anza est&aacute;n m&aacute;s vac&iacute;as. La amistad tambi&eacute;n. Y las palabras. Amaba la exactitud de aquello que se dice. &iquest;Pero d&oacute;nde est&aacute;n exactas las palabras que buscamos como homenaje?
    </p><p class="article-text">
        Aprendiendo a tratar con su presencia a trav&eacute;s del pensamiento. No encontramos las palabras. No pueden expresar nuestra nostalgia.
    </p><p class="article-text">
        Hasta siempre, querido amigo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Luc&iacute;a Rosa Gonz&aacute;lez</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los Llanos de Aridane, lunes 21 de febrero de 2017
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/francisco-manuel-lorenzo-rodriguez-in-memoriam_132_3562677.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Feb 2017 14:51:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A Francisco Manuel Lorenzo Rodríguez, ‘in memoriam’]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Declaraciones machistas de los corruptos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/declaraciones-machistas-corruptos_132_3625952.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras ellos traman pautas mercantiles de envergadura, ellas permanecen en una salita tomando café; y sin rechistar firman cualquier documento sin previa lectura.</p></div><p class="article-text">
        Horrorizan las declaraciones machistas de ciertos personajes corruptos.
    </p><p class="article-text">
        Individuos que no solo se hacen con el dinero de los contribuyentes de a pie, sino que insultan al colectivo femenino cuando afirman sin sonrojarse que la mujer con la que han convivido durante equis a&ntilde;os desconoce sus negocios turbios. Mientras ellos traman pautas mercantiles de envergadura, ellas permanecen en una salita tomando caf&eacute;; y sin rechistar firman cualquier documento sin previa lectura, pongamos por caso, los famosos papeles de B&aacute;rcenas.
    </p><p class="article-text">
        Tales manifestaciones degradan la conciencia general de la mujer y mi conciencia. Es un hecho reiterado que estos mangantes exculpen a la pareja de robos pactados o en connivencia con su innata perversidad; esquilman entidades con apariencia de legalidad a ojos de los gobernantes de turno hasta que no se demuestra lo contrario. Prefieren hablar de contenido extracontable, cuentas de las que se lucran para saciar sus excesivos lujos reducidas a sistemas de contabilidad relativa.
    </p><p class="article-text">
        Esta teor&iacute;a de la relatividad da mucho juego a los ladrones de guante blanco. Esqu&iacute;an en Suiza en estaciones exclusivas, dan vueltas como una noria  por el mundo en primera clase, invierten en exquisitas obras de arte y la mujer con la que conviven viaja dentro de una ruleta como si le hubiera tocado con una varita un &aacute;ngel divino.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el momento, son varios los imputados que han predicado el mismo serm&oacute;n: el m&aacute;s sonado el de Urdangar&iacute;n, a sabiendas de que la infanta es economista e<em> invert&iacute;a</em> su tiempo en un banco, aun as&iacute;, el susodicho mantiene que su c&oacute;nyuge desconoc&iacute;a la procedencia il&iacute;cita de sus fondos de riqueza.  
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo la exministra de Sanidad, Ana Mato, contribuye a tan ignominiosa sumisi&oacute;n conyugal: le dejaron los reyes magos un jaguar en el garaje y ni averigu&oacute; de qu&eacute; rey proced&iacute;a tal acto de generosidad, y como premio del gobierno a su aparente ignorancia, desde septiembre dirige un foro, <em>Universidad Europea</em>, entre los j&oacute;venes para abordar, entre otros, aspectos econ&oacute;micos que afectan a la Uni&oacute;n Europea. &iquest;Y?
    </p><p class="article-text">
        Y dicho de paso inquieta que, mientras esta gente presume de su riqueza desliz&aacute;ndose de forma ostentosa sobre el hielo, muchas familias se congelan en sus hogares sin calefacci&oacute;n porque es imposible que puedan abonar, en situaci&oacute;n de paro o con el escaso sueldo de sus precarios trabajos mal remunerados, la factura de la luz que estas mujeres s&iacute; descifran. Recibo de la luz que seg&uacute;n explic&oacute; el Gobierno se encarecer&aacute; 100 euros en 2017.
    </p><p class="article-text">
        Siento una curiosidad; si hoy Ursula W&ouml;lfel levantara la cabeza con qu&eacute; relato nos sorprender&iacute;a trazando un plan alternativo para beneficiarnos de las energ&iacute;as limpias que desaprovechamos. &iquest;Argumentar&iacute;a ir&oacute;nicamente estas patra&ntilde;as como lo hizo en aquel breve cuento en que un hombre decidi&oacute; plantar a la mujer en una maceta para contemplarla como a una flor delicada? Sin comentarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/declaraciones-machistas-corruptos_132_3625952.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jan 2017 21:09:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Declaraciones machistas de los corruptos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Machistas,Corrupción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay porqués para la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/porques-guerra_132_3725194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Y la última. Gana las elecciones en EEUU un líder salvaje que reivindica la fuerza, un empresario hortera, machista y xenófobo en contra de su competidora, una mujer culta y preparada.</p></div><p class="article-text">
        Cuando era chica o&iacute;a a mi madre decir con frecuencia: &ldquo;Ya empez&oacute; la guerra&rdquo;. De esta forma manifestaba su malestar, previo a la reprimenda, cuando presenciaba las disputas entre hermanos, pues resolv&iacute;amos jugar antes de raspar (quitar las p&uacute;as) las pencas que saciaban la sed de nuestras cabras.
    </p><p class="article-text">
        En la escuela, hab&iacute;a dos equipos de bril&eacute;. Cada d&iacute;a en los recreos descarg&aacute;bamos nuestra agresividad competitiva con el equipo rival d&aacute;ndonos rec&iacute;procos pelotazos tan fuertes en los que alguna vez la sangre me chorreaba a borbotones, barbilla abajo, debido a que mord&iacute;a la lengua mientras cog&iacute;a carrerilla para lanzar la pelota hacia mi contrincante.
    </p><p class="article-text">
        La entra&ntilde;able maestra tan conciliadora dec&iacute;a: &ldquo;Esto no puede seguir as&iacute;; esta guerra hay que arreglarla de otro modo&rdquo;. Pero a los dos minutos, nos sent&aacute;bamos unas con otras reba&ntilde;ando en el vaso los restos de leche en polvo con la que la escuela p&uacute;blica nos obsequiaba. No record&aacute;bamos el fest&iacute;n de pelotazos en la competencia deportiva, solo la sabrosa merienda del recreo. Ya en el aula, apreci&aacute;bamos la capacidad &oacute;ptima que ofrecen las palabras para solucionar tales conflictos.
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo descubr&iacute; qu&eacute; era la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Es un concepto que me persigue desde la infancia. Porque ve&iacute;a a mi madre amamantar a mis hermanos rociando chorros de leche sobre m&iacute; que miraba embelesada c&oacute;mo mi hermano, ya con dientes, mientras sorb&iacute;a con voracidad, contribu&iacute;a a agrandar las fisuras en los pechos agrietados de mam&aacute;. &iexcl;Bonita guerra por la supervivencia!, dec&iacute;a ella. O no dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y esa era la guerra que yo en dicho momento identificaba.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n en primaria me sorprendi&oacute; que tuvi&eacute;ramos que estudiar el hecho escabroso de soldados que a pie o montados a caballo se entreten&iacute;an en lo que llamaban campos de batalla introduciendo en los cuerpos de &ldquo;los enemigos&rdquo; armas de todo tipo. Sin saber a cuento de qu&eacute;. Los razonamientos eran nimios. El ansia de poder. Un trocito de tierra. Y a todo esto los jefes de la guerra, los que la ocasionan, los que inician las hostilidades, sentados en sus despachos de madera noble. Eso era la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Y quien mejor inflija los castigos al adversario es quien obtendr&aacute; la victoria. Ah, y se les llamar&aacute; h&eacute;roes.
    </p><p class="article-text">
        No lo entend&iacute;a. &iquest;La organizaci&oacute;n del mundo est&aacute; enfocada a volvernos serviles, a permanecer en la neutralidad o a dominar al resto de la ciudadan&iacute;a?, pensaba exhausta con el libro de historia cay&eacute;ndoseme de las manos antes de dormir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supuse que con el paso del tiempo ese tipo de enfrentamiento ser&iacute;a algo anacr&oacute;nico y extinto. Cre&iacute;a en los ideales de la humanidad con una ingenuidad esperp&eacute;ntica. Que en el futuro el mundo cambiar&iacute;a. Todav&iacute;a no se hab&iacute;a acu&ntilde;ado para la escuela el t&eacute;rmino diversidad. Sin embargo, s&iacute; el de valiente para la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Estoy en absoluto desacuerdo con la definici&oacute;n que ciertos respetables fil&oacute;sofos ofrecen de la guerra incluso describi&eacute;ndola como divina ya que est&aacute; por encima de la voluntad de los contendientes. Un insulto a la vida. Sin comentarios.
    </p><p class="article-text">
        Desde los conflictos de la guerra de Troya contada por Homero, las guerras han sido constantes, azotando distintas zonas del planeta. Si es dif&iacute;cil asumir que en un pa&iacute;s se enfrenten dos bandos para acabar en una atroz dictadura franquista, tan complejo es entender que una segunda guerra mundial sea encabezada por un personaje nazista, cuyo nombre no quiero pronunciar, que impon&iacute;a su voluntad a los dem&aacute;s, un sujeto loco que sucumb&iacute;a ante las anfetaminas consumi&eacute;ndolas a destajo y animando a sus s&uacute;bditos a ingerirlas y que consegu&iacute;a sin receta de una manera m&aacute;s f&aacute;cil que el caf&eacute; para sobreponerse. Porque s&iacute; o no hab&iacute;a que triunfar siguiendo las patra&ntilde;as de un exaltado jefe mat&oacute;n. Magnicida de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no acaba nada. Ante las noticias recientes sobre la guerra, mi memoria registra la escena del amamantamiento. La sonrisa de gioconda de mi madre alimentando a un beb&eacute; para que sus piernas &aacute;giles pudieran recorrer vertiginosas las veredas de la isla, agarrar con sus manitas las papas de la huerta, saborear los n&iacute;speros, disfrutar de los cuentos y las cosas, del aprendizaje, de la facultad de la palabra y de las opiniones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si vamos a la guerra a enfrentarnos contra alguien a quien tambi&eacute;n su familia amamant&oacute;, el acto del amamantamiento en s&iacute; es un acto fallido. &iquest;Nos criamos para ser asesinados en un campo de batalla? En pocas palabras, s&iacute;. Porque si s&iacute; o si no, de un modo u otro, hay que aprender a gestionar el miedo de que llegue en un flash el hecho b&eacute;lico que vulnera el derecho humano a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Qui&eacute;n sabe. Todo est&aacute; tergiversado. Hasta hemos llegado a o&iacute;r que EEUU perpetr&oacute; un ataque a s&iacute; mismo atentando contra las torres gemelas. Qu&eacute; disparate. Y la &uacute;ltima. Gana las elecciones en EEUU un l&iacute;der salvaje que reivindica la fuerza, un empresario hortera, machista y xen&oacute;fobo en contra de su competidora, una mujer culta y preparada. Imposible prever las consecuencias de esta irracional victoria. &iquest;Qu&eacute; puede llegar a suceder?
    </p><p class="article-text">
        Porque los motivos b&eacute;licos est&aacute;n disfrazados. Desde &eacute;pocas ancestrales la historia se narra como una sucesi&oacute;n indefinida de guerras, cuyas causas nos las presentan camufladas. D&eacute;jennos cruzar el pa&iacute;s, por favor, le pidi&oacute; con mala cala&ntilde;a Napole&oacute;n al monarca espa&ntilde;ol de turno a mediados del siglo XVIII, cuya intenci&oacute;n no era m&aacute;s que ocupar el territorio.
    </p><p class="article-text">
        Esa es otra. Ocupar. Ponerse en el lugar de alguien que antes estaba y que ya no est&aacute; porque hay un ser poderoso que se adue&ntilde;a del lugar de otro m&aacute;s d&eacute;bil. Son almas desalmadas. No se resignan con dominar su entorno sino que ans&iacute;an el mundo. Busca sobre ellos informaci&oacute;n en internet y te sorprender&aacute;n mil entradas o m&aacute;s que refieren sus heroicidades; sin embargo, nos hemos olvidado del nombre de la generosa matrona que despu&eacute;s de asistir a mam&aacute; en el parto, en casa, le aplicaba calentitos emplastos de arcilla y manzanilla para resta&ntilde;ar las heridas en los pezones da&ntilde;ados de sus pechos despu&eacute;s de amamantar.
    </p><p class="article-text">
        Perdonad mi indiscreci&oacute;n, si no se hubieran relatado las guerras, los libros de historia se hubieran reducido a unas pocas p&aacute;ginas; quiz&aacute;, la armon&iacute;a social se hubiera instalado en el subconsciente del alumnado en detrimento de armas o soldados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n: &iquest;las generaciones futuras seguir&aacute;n estudiando las guerras? Quienes&nbsp; defienden tales planteamientos arguyen que no se debe ignorar su existencia despiadada en el pasado para evitar que se repita en el futuro. Hasta hoy, no ha servido de nada. Por poner un ejemplo actual de guerra macabra, &iquest;qu&eacute; tipo de argumentos se le presentan al alumnado sobre los bombardeos en Siria contra un convoy humanitario, cuando un d&iacute;a m&aacute;s tarde del ataque fat&iacute;dico uno de los contendientes justifica pues atribuye a un error? &iquest;C&oacute;mo les transmito, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, esta insensatez a mis nietos?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Rosa González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/porques-guerra_132_3725194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2016 18:18:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No hay porqués para la guerra]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Guerras]]></media:keywords>
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