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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paco Sanz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/p_jose_s_lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paco Sanz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El veedor de calles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/veedor-calles_132_13021934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f338185-d07c-4531-a15a-9c81193aa2d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137420.jpg" width="1080" height="608" alt="El veedor de calles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una breve acta de rincones de esta ciudad para guía de ociosos y curiosidad de paseantes</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Louis Aragon: &ldquo;S<em>oy un hombre callejero, siempre lo he sido&rdquo;</em>. La afici&oacute;n a caminar por la ciudad me viene de los veranos a finales de los a&ntilde;os ochenta en los que trabaj&eacute; de cartero. Recorr&iacute;a barrios que nunca hab&iacute;a pisado y hablaba con gente a la que jam&aacute;s hubiera dirigido la palabra. Si hoy me pateo la ciudad de arriba abajo, lo hago en parte para dar fe de aquellos lugares donde alguna vez entregu&eacute; un giro postal. Tiene raz&oacute;n Walter Benjamin cuando afirma que &ldquo;<em>el libro sobre la ciudad que escribe el aut&oacute;ctono est&aacute; siempre emparentado con los recuerdos</em>&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Veedor de calles</h2><p class="article-text">
        Existe una palabra en franc&eacute;s para describir al paseante desocupado que recorre curioso la ciudad: &ldquo;<em>fl&acirc;neur</em>&rdquo;. No obstante, cuando se carece de sofisticaci&oacute;n y &ldquo;<em>finesse</em>&rdquo;, como es mi caso, es preferible emplear el castizo &ldquo;azotacalles&rdquo; o a&uacute;n mejor, el m&aacute;s zaragozano de &ldquo;veedor de calles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;veedor de calles y muros&rdquo; fue un cargo municipal creado en 1604 por el Concejo de Zaragoza cuya misi&oacute;n era inspeccionar las v&iacute;as p&uacute;blicas y comprobar el cumplimiento de las normas de higiene y convivencia. Sin aspirar a tanto, procedo a extender breve acta de rincones de esta ciudad para gu&iacute;a de ociosos y curiosidad de paseantes.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Calle Monasterio del Escorial: la ciudad futura</h2><p class="article-text">
        Nuestro inventario comienza en la calle Monasterio del Escorial. Nos adentramos apenas unos pasos y nuestros pies ya no tocan fondo. La ciudad se ha desvanecido, perdiendo sus formas en un bald&iacute;o lindero a la circunvalaci&oacute;n de la Z-30, junto al campo de f&uacute;tbol de Torre Ramona. Volvemos la mirada y sobre el horizonte de tejados, la torre del palacio Larrinaga. Alrededor: ca&ntilde;izos, junqueras, trizas de loza, llantas requemadas... Una escombrera id&oacute;nea para chanchullos y forcejeos sexuales. Lo que anta&ntilde;o fueron parcelas de labranza, es hoy plusval&iacute;a en barbecho; ma&ntilde;ana, oferta de pisos-cebra. El negocio de hacer crecer una ciudad.
    </p><h2 class="article-text">Calle del Trabuco: la ciudad pasada</h2><p class="article-text">
        Las acequias son los meridianos ocultos de Zaragoza. De sus antiguos cursos afloran nombres y trayectos que hoy mapean algunos tramos de la ciudad. Regaban predios, huertos de conventos, ba&ntilde;os p&uacute;blicos y hasta jardines de caf&eacute;s; surt&iacute;an a f&aacute;bricas y lavaderos, anta&ntilde;o fragua de vida en com&uacute;n. La del Boquerazo, tramo de la acequia mayor de la Romareda, luc&iacute;a al descubierto a su paso por la calle del Trabuco. La existencia de un molino de aceite a principios del siglo XX nos demuestra que este callizo pertenec&iacute;a al mundo rural. No en vano, llev&oacute; tiempo colocar una farola y aun ocultar su curso de agua. Su nombre sugiere disputas catastrales resueltas a sangre y fuego. En 1910 se acord&oacute; sustituirlo por el oper&iacute;stico del Trovador, dada su cercan&iacute;a con la Aljafer&iacute;a, escenario de la obra de Verdi. Romantizar es la forma id&oacute;nea de simular el pasado.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Callej&oacute;n de la Estrella: la ciudad promiscua</h2><p class="article-text">
        De los callejones sin salida nos atrae su abrupto final: &iquest;qu&eacute; misterio aguarda tras el tapial que los clausura? En Zaragoza, algunos de sus nombres parecen extra&iacute;dos del Tarot: callej&oacute;n del Gallo, del Saco, del Perro, de la Pluma&hellip; El de la Estrella aparece de repente, al fondo de la calle del Pozo antes de convertirse asimismo en trayecto sin escape. De las nueve viviendas que lleg&oacute; a contar, hoy s&oacute;lo quedan tres y un breve solar que atesora huellas de baldosas hidr&aacute;ulicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice el escritor Aljandro Rossi que hay calles que prolongan la casa y el espacio &iacute;ntimo, calles promiscuas que dificultan el anonimato. De ser cierto, el de la Estrella parece el escenario id&oacute;neo para un fraternal serano. Sin embargo, en los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os este callej&oacute;n ha sido escenario de matuteo, malos tratos, accidentes dom&eacute;sticos, intentos de suicidios y broncas de inquilinos, como la que protagonizaron en 1911 Damiana y Juana, armadas de hacha y martillo. Desconf&iacute;en de literatos y vecinos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Calle de Inocente Sarda&ntilde;a: la ciudad an&oacute;nima</h2><p class="article-text">
        Hay calles que uno no sabe c&oacute;mo ha entrado. En la de Sarda&ntilde;a, m&iacute;nima y h&uacute;meda, destapamos al pasar un envase cerrado al vac&iacute;o hace d&eacute;cadas. Cuando en los a&ntilde;os cuarenta el Ayuntamiento urbaniz&oacute; el entorno de la f&aacute;brica de cervezas &ldquo;La Zaragozana&rdquo;, la calle Sarda&ntilde;a ten&iacute;a el recorrido en curva de ballesta de la actual de Ram&oacute;n Berenguer IV. En los planos de 1944 aparece una traves&iacute;a titulada &ldquo;Calle sin nombre&rdquo; que, con el tiempo, la de Sarda&ntilde;a vendr&iacute;a a ocupar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Inocente Sarda&ntilde;a Sanz fue un bur&oacute;crata municipal al que el franquismo quiso reconocer su probidad y el futuro acab&oacute; degradando de categor&iacute;a urbana. Trayectoria gris con lunar negro. En la tarde del 4 de diciembre de 1920, Inocente y su amigo Adolfo Guti&eacute;rrez, conocido periodista de la &eacute;poca, fueron abaleados por un grupo de anarquistas en la calle de la Democracia (hoy, Predicadores). Al parecer, Adolfo estaba en el punto de mira por haber contribuido a desbaratar la revuelta en el cuartel del Carmen en enero de aquel a&ntilde;o. El redactor morir&iacute;a a los pocos meses, pero Inocente sobrevivi&oacute;, falleciendo en 1949. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel suceso, el franquismo colocar&iacute;a al menos un inocente en su callejero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/veedor-calles_132_13021934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 06:01:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El veedor de calles]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Desde la barra del bar: otra ronda (2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/barra-bar-ronda-2_132_12908918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0ca9a82-7877-4cd6-8e38-3a16a16be8bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desde la barra del bar: otra ronda (2)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia del Bar Aurora y de Casa Juanico</p></div><p class="article-text">
        Seguimos con la serie que iniciamos en un <a href="https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/barra-bar-arranque-1_132_12836369.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo anterior</a> dedicada a los bares de Zaragoza. Hoy les traigo dos historias que dorm&iacute;an olvidadas en los archivos y que por unos instantes revivir&aacute;n el ambiente de una ciudad que empezaba a ser moderna.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><em>Bar Aurora</em>: el hombre que nunca estuvo all&iacute;</h2><p class="article-text">
        En este 2026, el bar <em>Aurora</em> cumple cien a&ntilde;os. A un costado del Mercado Central, bajo los porches de la antigua plaza Lanuza y esquinero a la calle del Olmo, el <em>Aurora</em> luce orgulloso la fecha de su apertura: 1926. Sin embargo, no he localizado referencias a este bar hasta 1930, a&ntilde;o en que Mariano Arroyos Melero anuncia su inauguraci&oacute;n el 8 de febrero. Es probable que existiera otro anterior en la misma ubicaci&oacute;n pues un reclamo por palabras de aquel mismo mes pon&iacute;a a la venta en el propio <em>Aurora</em> &ldquo;<em>un mostrador de bar y varios utensilios</em>&rdquo; (Heraldo, 22 de febrero de 1930). Todo indica una gran reforma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caf&eacute;-cervecer&iacute;a <em>Aurora</em> era bien conocido en los a&ntilde;os treinta. Fue la sede social del equipo de f&uacute;tbol C.D Aurora; su ubicaci&oacute;n y los esfuerzos publicitarios de Mariano Arroyos y su hermano Nicol&aacute;s, lo hab&iacute;an hecho muy popular (La Voz de Arag&oacute;n, 12 de octubre de 1933). Quiz&aacute; por ello los cacos planearon dar all&iacute; un palo en la madrugada del 10 de abril de 1936. El bot&iacute;n obtenido fue de quince paquetes de cigarrillos valorados en trece pesetas. Un magro beneficio y una historia que no pas&oacute; de un p&aacute;rrafo en las cr&oacute;nicas de sucesos, tan habituadas al &ldquo;palanquetazo&rdquo;. A pesar de ello, el expediente judicial tiene, le&iacute;do hoy d&iacute;a, el valor de recrear la geograf&iacute;a urbana de Zaragoza y el duro ambiente de la &eacute;poca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son las tres de la ma&ntilde;ana. Tres hombres bajan por Torrenueva. No son los &uacute;nicos pasos que resuenan. Frente a ellos, dos guardias de seguridad vienen desde Candalija. Cunde el nerviosismo: <em>&ldquo;&iexcl;Ah&iacute; est&aacute;n los guardias!</em>&rdquo;. Una voz da el alto a los sospechosos que emprenden la carrera por la plaza de San Felipe hacia la calle de los Agustines. Suena un disparo en la oscuridad y comienza la persecuci&oacute;n. Lo que suceder&aacute; a continuaci&oacute;n parece una escena de cine negro, mejor a&uacute;n, de neorrealismo italiano. Pero pulsemos el bot&oacute;n de pausa y rebobinemos unas horas.
    </p><p class="article-text">
        A las once y media de la noche, Mariano Villagrasa, un barnizador sin trabajo de 20 a&ntilde;os, y su amigo Emilio Rubio abandonan el mitin que tiene lugar en la plaza de toros de la Misericordia. All&iacute; ha hablado Miguel Ab&oacute;s, del sindicato CNT, sobre el paro y los planes del Ayuntamiento para reducirlo. A la salida deciden tomar unos chatos en la <em>Sombra H</em>, tienda de vinos y carboner&iacute;a en la plaza del Portillo. Ambos amigos se despiden a las tres de la ma&ntilde;ana, tras tomarse unos churros en un garito cerca del Royal Concert.
    </p><p class="article-text">
        Mariano Villagrasa pone rumbo a su casa ajeno a la persecuci&oacute;n que tiene lugar a unos centenares de metros, en el Coso. A la pareja de guardias se han unido los que custodian la Audiencia. M&aacute;s disparos al aire. Uno de los sospechosos ha logrado dar esquinazo huyendo por el antiguo arco de San Roque. Dos sombras veloces embocan la desaparecida calle de Escuelas P&iacute;as. Justo en su cruce con la de Boggiero, Mariano se topa por sorpresa con los agentes.
    </p><p class="article-text">
        Tras su detenci&oacute;n, la policial encontrar&aacute; tirados en la calle Echeand&iacute;a una palanqueta y en la de la Audiencia cuatro paquetes de cigarrillos, parte del bot&iacute;n obtenido. Por 13 cochinas pesetas el Fiscal pedir&aacute; una pena de un a&ntilde;o y ocho meses de c&aacute;rcel; es f&aacute;cil meterle un paquete a un paria. Finalmente, la sentencia en julio de 1937 absolver&aacute; a Mariano Villagrasa, el hombre que nunca estuvo en el bar <em>Aurora</em>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Jarana nocturna en &ldquo;Casa Juanico&rdquo;</h2><p class="article-text">
        El antiguo barrio de las Acacias, entre las actuales calles de Pradilla, Marqu&eacute;s de Ahumada y Sim&oacute;n Sainz de Baranda, ofrec&iacute;a sosiego y ambiente fresco en verano, lejos del ajetreo del centro. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de su creaci&oacute;n, la modernidad bulliciosa lograba hacerse un hueco entre sus chalets ajardinados, huertas y bloques para inquilinos. El 13 de julio de 1935, el presidente de la Asociaci&oacute;n de Propietario del Barrio, Vicente Arregui, present&oacute; una denuncia ante el Gobernador Civil por el jaleo que provocaban dos bares de la calle Marqu&eacute;s de Ahumada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su n&uacute;mero 17, <em>La Playa</em> dispon&iacute;a de pianola y una orquestina hac&iacute;a bailar a los parroquianos los jueves, s&aacute;bados y domingos. A finales de junio de aquel a&ntilde;o, un grupo de joteros, clientes habituales, hab&iacute;a caldeado el ambiente con rondas y fieras hasta las dos y media de la ma&ntilde;ana, hora en que el vigilante del barrio puso fin al jolgorio.
    </p><p class="article-text">
        Enfrente de <em>La Playa</em>, Juan Guti&eacute;rrez Egido hab&iacute;a abierto <em>Casa Juanico </em>en los bajos de su casa, en el n&uacute;mero 24 de la calle Marqu&eacute;s de Ahumada, junto a la f&aacute;brica de cerveza &ldquo;La Zaragozana&rdquo;. Era habitual que un aparato de radio amenizara a los parroquianos, lo que ocasionaba no pocas quejas del vecindario. Ya en abril 1930 el emprendedor &ldquo;Juanico&rdquo; hab&iacute;a inaugurado en el n&uacute;mero 1 de la misma calle <em>El Nuevo Para&iacute;so</em>, un chalet de recreo donde ofrec&iacute;a meriendas animadas por la m&uacute;sica de un amplificador Philips, &ldquo;<em>el de mayor potencia que ha entrado en Espa&ntilde;a</em>&rdquo;, seg&uacute;n la publicidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Casa Juanico</em> no parece emparentado con el bar que hoy d&iacute;a vende jam&oacute;n con chorreras en la calle de Santa Cruz. La de Juan Guti&eacute;rrez Egido es la historia de muchos paisanos en aquel tiempo. En 1937 fue juzgado por un tribunal militar, aunque un a&ntilde;o despu&eacute;s su nombre aparece como donante a la causa de los golpistas. No debi&oacute; servir de mucho el intento de congraciarse con el nuevo r&eacute;gimen porque en 1940 pone a la venta mobiliario y enseres de su establecimiento. Malos tiempos para tomarse un vino a la fresca con la radio a tope.
    </p><p class="article-text">
        Por cierto, la denuncia de la Asociaci&oacute;n de Propietarios no acarre&oacute; sanci&oacute;n alguna. Seg&uacute;n el informe del Comisario Jefe, &ldquo;<em>tanto un establecimiento como otro hace uso de la m&uacute;sica hasta la una, no habi&eacute;ndose comprobado que se extralimite hasta la madrugada</em>&rdquo;. Hay cosas que no cambian.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/barra-bar-ronda-2_132_12908918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jan 2026 06:00:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desde la barra del bar: otra ronda (2)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Desde la barra del bar: el arranque” (1)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/barra-bar-arranque-1_132_12836369.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09d08b76-e9d5-4386-803f-2106d19ced54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Desde la barra del bar: el arranque” (1)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es buena ocasión para desempolvar algunas historias que tienen como escenario garitos de Zaragoza. Acódense que esta primera ronda va de mi parte</p></div><p class="article-text">
        A finales de octubre, la Asociaci&oacute;n Profesional de Empresarios de Caf&eacute;s y Bares present&oacute; el libro 'La Zaragoza contempor&aacute;nea, desde la barra del Bar', una mirada a la evoluci&oacute;n de este sector durante los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os. Los bares, y por extensi&oacute;n mesones, tabernas y caf&eacute;s, forman parte de nuestra vida cotidiana; territorios ambiguos, a medio camino entre lo p&uacute;blico y lo privado, donde la borracher&iacute;a y la pendencia han convivido con la tertulia edificante o la conspiraci&oacute;n pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es buena ocasi&oacute;n, por tanto, para desempolvar algunas historias que tienen como escenario garitos de Zaragoza. Ac&oacute;dense en la barra, que esta primera ronda va de mi parte.
    </p><h2 class="article-text">El Rey del simpa y el honor del posadero</h2><p class="article-text">
        Como recordar&aacute;n, hace un par de a&ntilde;os se hizo famoso en Zaragoza el denominado '<em>Rey del simpa'</em>, un orondo mozo descarado que ten&iacute;a por costumbre llenar el buche en los restaurantes e irse sin pagar. Encontramos un antecedente de tan singular geta en una noticia publicada en el Diario de Zaragoza en 1857.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; un pollo a un fig&oacute;n de Zaragoza con aires de premura:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;-- <em>Enseguida ves y tr&aacute;eme un almuerzo&rdquo; </em>&ndash; le dijo al mesonero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;--<em>&iquest;Acaso jam&oacute;n con huevos?&iquest;O mejor, pollos rellenos?</em>- replic&oacute; &eacute;ste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>-- Cualquier cosa. Lo que importa es que lo traigas y &hellip; presto.&rdquo;</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras engullir las viandas<em> &ldquo;fum&oacute; despu&eacute;s un cigarro mientras repos&oacute; el almuerzo y despu&eacute;s bati&oacute; las palmas, y sin preguntar &iquest;qu&eacute; debo? d&iacute;jole enseguida al mozo: &mdash;Chico, no tengo dinero</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pueden imaginar la escena que se mont&oacute;. Despu&eacute;s de muchas amenazas, el due&ntilde;o del mes&oacute;n, comprendiendo que nada iba a sacar, cambi&oacute; de tono y resignado dijo al gorr&oacute;n: &ldquo;O<em>s dispenso, caballero</em>&rdquo;. Y as&iacute;, el due&ntilde;o s&oacute;lo le pidi&oacute; al granuja que guardase silencio sobre lo sucedido y diera id&eacute;ntico chasco a alg&uacute;n otro compa&ntilde;ero del gremio para no ser el &uacute;nico burlado. El joven le contest&oacute; que eso era sencillo: &ldquo;H<em>ace ya m&aacute;s de diez d&iacute;as que en otras fondas almuerzo y os cabe la fortuna de contaros en el d&eacute;cimo</em>&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">Reyerta taurina en la calle del Peso&nbsp;</h2><p class="article-text">
        El suceso lleg&oacute; a aparecer en la prensa de Madrid. Una breve cr&oacute;nica en el diario 'El Sol' de 27 de diciembre de 1927, bajo el titular &ldquo;<em>Ri&ntilde;a entre obreros</em>&rdquo;, daba cuenta de la bronca entre dos j&oacute;venes en una tasca zaragozana. Del morboso inter&eacute;s por este episodio, sin duda habitual tambi&eacute;n en la capital, nos ofrece una pista el texto: &ldquo;<em>Discut&iacute;an de temas taurinos</em>&rdquo;. Tascas, toros y navajas. Mimbres suficientes para armar una trama seductora para el lector. No es de extra&ntilde;ar que en su edici&oacute;n de la misma fecha Heraldo de Arag&oacute;n le dedicara dos columnas centrales: &ldquo;<em>Un joven gravemente herido. Mucha pasi&oacute;n taurina y excesivo copeo.</em>&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Son las doce de la noche del d&iacute;a despu&eacute;s de Navidad y en una taberna de la calle del Peso, actual del Blas&oacute;n Aragon&eacute;s (escenario de dos famosos cr&iacute;menes) Juli&aacute;n Varges Ruiz y Miguel Perna Brujulada, &ldquo;<em>dos j&oacute;venes trabajadores, de inmejorables antecedentes</em>&rdquo; dedican &ldquo;<em>unas horas a l&iacute;citos esparcimientos</em>&rdquo;.&nbsp;Tienen 19 y 24 a&ntilde;os respectivamente y entre ellos existen &ldquo;<em>lazos de cierta camarader&iacute;a</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Al calor de unas rondas de copas, se habl&oacute; esencialmente, de cosas de toreros. Se hizo cr&iacute;tica rigurosa y apasionada de Marcial Lalanda, Chicuelo, Villalta y Gitanillo&rdquo;.</em> Como es natural no hubo coincidencia de opiniones y viendo que el ambiente se caldeaba, el tabernero decidi&oacute; desalojar el garito. Salieron los parroquianos a la calle. &ldquo;<em>Muy pocas palabras bastaron para que los J&oacute;venes protagonistas de este suceso se acometieran. Cuando los testigos presenciales se dieron cuenta, ya Miguel Perna estaba herido</em>&rdquo;. Es de notar la imagen goyesca que traza con agilidad el periodista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su declaraci&oacute;n, Juli&aacute;n, autor del pitonazo, esgrime en su defensa la actitud provocativa de Miguel que incluso lleg&oacute; a abofetearle. Es entonces cuando Juli&aacute;n &ldquo;<em>sac&oacute; una navajita que llevaba y le</em> <em>dio dos golpes (&hellip;) una navaja diminuta: de esas que son reclamos industriales y que tiene cortapuros, sacacorchos, cortaplumas y navaja</em>.&rdquo; Puede intuirse la frustraci&oacute;n del lector: ni sevillana, ni albacete&ntilde;a, ni jerezana: &iexcl;una moderna navajita suiza para dilucidar tama&ntilde;as cuestiones!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tuvo de particular esta cr&oacute;nica provinciana para que luciera en el liberal e influyente diario 'El Sol'? Desde hac&iacute;a unos a&ntilde;os la opini&oacute;n p&uacute;blica manten&iacute;a un debate sobre el &ldquo;flamenquismo&rdquo;, es decir, la chuler&iacute;a at&aacute;vica, sainetera y brutal, s&iacute;ntoma del retraso de Espa&ntilde;a y reflejo de sus costumbres. Uno de sus mayores cr&iacute;ticos fue el madrile&ntilde;o Eugenio Noel quien publicar&iacute;a en 1913 '<em>Escenas y andanzas de la campa&ntilde;a antiflamenca'</em>. En este librito podemos leer: &ldquo;<em>Si una navaja tuviera patas y brazos y dos ojos de cefal&oacute;podo, ser&iacute;a semejante a un espa&ntilde;ol de raza.</em>&rdquo;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Chuler&iacute;a falangista en el caf&eacute; Negresco</h2><p class="article-text">
        Tras el golpe de julio de 1936, Zaragoza qued&oacute; sometida al terror paramilitar. El ejercito sublevado era consciente de la necesidad de contar con escuadrones que vigilaran a la poblaci&oacute;n. Esta misi&oacute;n recay&oacute; sobre requet&eacute;s, miembros de Acci&oacute;n Ciudadana y, en particular, de Falange. Sobre la brutalidad de los falangistas hay abundante documentaci&oacute;n, pero siempre aparecen testimonios que subrayan su chuler&iacute;a y arbitrariedad. El suceso ocurri&oacute; el 24 de octubre de 1936. Ese d&iacute;a, un grupo de falangistas deambula entre bromas por la calle Cinco de Marzo. Son las primeras horas de la tarde del s&aacute;bado y los caf&eacute;s comienzan a llenarse de parroquianos en busca de la modorra del &ldquo;Sol y sombra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al pasar a la altura del n&uacute;mero 11, cerca ya del paseo de la Independencia, uno de los pandilleros es empujado por otro con tan mala fortuna que viene a chocar con la puerta acristalada del bar Negresco. El estr&eacute;pito de los vidrios hace salir al due&ntilde;o, Vicente Ichaso, conocido hostelero de Zaragoza (&hellip;). Vicente recrimina a la cuadrilla y exige reparaci&oacute;n, a lo que consienten los falangistas: &ldquo;<em>el que rompe paga y all&iacute; estaban para responder</em>&rdquo;. El due&ntilde;o del Negresco avisa al cristalero quien tasa la reparaci&oacute;n en 20 pesetas, con el acuerdo de que si el precio final variara se ajustar&iacute;an las cuentas al alza o a la baja. &ldquo;<em>Conformes con esto entregaron el dinero y de ello les dio el correspondiente recibo</em>&rdquo;. &iexcl;Y vaya si quisieron ajustar cuentas!
    </p><p class="article-text">
        Dos d&iacute;as despu&eacute;s, se presentaron en el bar tres individuos de Falange portando fusiles, &ldquo;<em>exigiendo la devoluci&oacute;n de las 20 pesetas</em>&rdquo; y acusando al due&ntilde;o de ladr&oacute;n. Vicente protest&oacute; por la acusaci&oacute;n y como respuesta los falangistas le requirieron &ldquo;<em>que se fuera con ellos</em>&rdquo;. El propietario del Negresco no se achant&oacute; y pidi&oacute; que le &ldquo;<em>exhibieran la correspondiente y necesaria orden la Autoridad superior y competente para estas detenciones.</em>&rdquo; Por toda r&eacute;plica, los matones contestaron que &ldquo;<em>mejor hubiera sido desde el primer momento haberlo resuelto a tiros</em>&rdquo;. Finalmente se marcharon.
    </p><p class="article-text">
        Tuvo arrestos Vicente para encararse con los de camisa azul. Y suerte, la que no tuvieron muchos otros. La explicaci&oacute;n resulta sencilla. Vicente Ichaso pertenec&iacute;a a Acci&oacute;n Ciudadana, otra cuadrilla paramilitar. De inmediato puso los hechos en conocimiento del coronel Francisco Barba, jefe de Acci&oacute;n Ciudadana y present&oacute; una denuncia ante el Gobierno Civil, de cuyo expediente se sirven estas l&iacute;neas. El archivo conserva las notas que se remitieron tanto al capo de Falange en Zaragoza, Jes&uacute;s Muro, como al propio General Cabanellas, cabeza militar del golpe en Zaragoza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El expediente no recoge los nombres de los responsables del altercado, ni si hubo sanciones. Lo que s&iacute; sabemos es que el caf&eacute; bar Negresco, inaugurado a finales de enero de 1935, fue traspasado. El &ldquo;nuevo Negresco&rdquo; comenz&oacute; a anunciarse como restaurante en el verano de 1939.
    </p><p class="article-text">
        Y hasta aqu&iacute; llegamos hoy, que ya es hora de echar el cierre. Les espero en el mismo sitio para la pr&oacute;xima ocasi&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/barra-bar-arranque-1_132_12836369.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Dec 2025 06:00:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Desde la barra del bar: el arranque” (1)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Lo que dicen las mesas parlantes en Zaragoza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/dicen-mesas-parlantes-zaragoza_132_12764364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f17cff66-943a-46be-8012-108061bf9a1f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1130269.jpg" width="744" height="419" alt="Lo que dicen las mesas parlantes en Zaragoza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace 150 años no hacía falta tanta parafernalia. Con un velador o mesa, mejor paticoja, bastaba para pillar un capazo con el primer espíritu que estuviera on line</p></div><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a, para resolver cualquier cuesti&oacute;n sobre lo humano y lo divino basta con instalar ChatGPT en el m&oacute;vil. Apelar a la &ldquo;Inteligencia Artificial&rdquo; es como interactuar mediante un tablero &ldquo;ouija&rdquo; con el &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, que dicho sea de paso, estar&aacute; m&aacute;s ac&aacute; cuando construyan cerca de Zaragoza esos limbos de datos que necesitan beberse hasta el agua de la laguna Estigia para hacer memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso es que hace 150 a&ntilde;os no hac&iacute;a falta tanta parafernalia. Con un velador o mesa, mejor paticoja, bastaba para pillar un capazo con el primer esp&iacute;ritu que estuviera on line. Como el tel&eacute;grafo, s&oacute;lo hab&iacute;a que traducir los golpes que la presencia espectral percut&iacute;a en la mesa. Y as&iacute; es como voy a invocar a los fantasmas del pasado para que nos cuenten c&oacute;mo era aquella Zaragoza espiritista del siglo XIX.
    </p><p class="article-text">
        El espiritismo se hab&iacute;a viralizado en Espa&ntilde;a a ra&iacute;z de un art&iacute;culo publicado el 10 mayo de 1853 en el peri&oacute;dico &ldquo;La Espa&ntilde;a&rdquo;. En &eacute;l se describ&iacute;a c&oacute;mo seis personas hab&iacute;an logrado hacer girar una mesa &ldquo;<em>de izquierda a derecha con tal rapidez, que era muy dif&iacute;cil seguirla</em>&rdquo;. Pronto se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno popular que se practicar&iacute;a en hogares y caf&eacute;s. Pero el espiritismo fue algo m&aacute;s que un mero entretenimiento. 
    </p><h2 class="article-text">El espiritismo llega a su mesa</h2><p class="article-text">
        Desde el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX Zaragoza contaba con un n&uacute;cleo de notables seguidores de una doctrina que creci&oacute; en el entorno favorable de la Revoluci&oacute;n de 1868. El entonces Capit&aacute;n General de Arag&oacute;n y futuro ministro de la Guerra, Joaqu&iacute;n Bassols y Mara&ntilde;&oacute;n, hab&iacute;a fundado en 1870 la asociaci&oacute;n &ldquo;Progreso Espiritista&rdquo; que edit&oacute; siete boletines bajo la direcci&oacute;n del vizconde oscense Antonio Torres- Solanot y Casas, terrateniente liberal y figura clave del espiritismo en Espa&ntilde;a<em>.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La labor fue productiva tambi&eacute;n en la edici&oacute;n de libros, como &ldquo;<em>Revelaciones de una Son&aacute;mbula</em>&rdquo; en 1868, o &ldquo;<em>Tratado de educaci&oacute;n para los pueblos. Obra emanada del esp&iacute;ritu de Williams Pitt</em>&rdquo;, escrita por el m&eacute;dium C&eacute;sar Bassols, hijo del Joaqu&iacute;n Bassols. Pero el bombazo llegar&iacute;a con &ldquo;<em>Marietta: p&aacute;ginas de ultratumba de dos existencias</em>&rdquo;, una obra &ldquo;comunicada&rdquo; en 1871 por los esp&iacute;ritus al m&eacute;dium Daniel Su&aacute;rez Artazu, funcionario gallego de la Diputaci&oacute;n Provincial de Zaragoza y, seg&uacute;n ciertas lenguas, gran amigo del esp&iacute;ritu del vino. Este libro tuvo amplia difusi&oacute;n entre los ac&oacute;litos de toda Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;Sociedad Espiritista de Zaragoza&rdquo; sustituy&oacute; al &ldquo;Progreso Espiritista&rdquo; que desapareci&oacute; en 1871 tras su fusi&oacute;n con grupos de Madrid. Ello no impidi&oacute; el paulatino aumento de adeptos. En 1883, la sede de la Sociedad en el n&uacute;mero 43 de la calle de Boggiero, hubo de ampliar su sal&oacute;n por la concurrencia de p&uacute;blico (&ldquo;El iris de paz&rdquo; 24 de abril) buena prueba del inter&eacute;s de una parte de la burgues&iacute;a zaragozana por un ideario que le llevar&iacute;a a enfrentamientos con la Iglesia, poseedora entonces del monopolio esot&eacute;rico.
    </p><h2 class="article-text">Poltergeist en la iglesia</h2><p class="article-text">
        El espiritismo practicado en Zaragoza estaba regido por el ideal de &ldquo;<em>regeneraci&oacute;n total de la conciencia p&uacute;blica, mediante el libre examen filos&oacute;fico sustituido a la fe irracional del catolicismo, y la rep&uacute;blica democr&aacute;tica en oposici&oacute;n a la monarqu&iacute;a personal</em>&rdquo; (`Impresiones de un viaje a Zaragoza&acute;, en &ldquo;Las dominicales del libre pensamiento&rdquo;, 9 de noviembre 1884).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este car&aacute;cter liberal alert&oacute; a la clerigalla zaragozana. Desde la revista &ldquo;El Pilar de Zaragoza&rdquo;, creada 1869 para combatir cualquier idea renovadora, un joven Florencio Jardiel se lanz&oacute; de inmediato contra la doctrina reci&eacute;n llegada a la ciudad. Las cr&iacute;ticas continuar&iacute;an a&ntilde;os despu&eacute;s en el&nbsp;&ldquo;El Diario Cat&oacute;lico<em>&rdquo;</em> y desde el p&uacute;lpito del Pilar, donde el can&oacute;nigo Juan Codera despleg&oacute; una furibunda campa&ntilde;a anti espiritista (&ldquo;El Faro Cat&oacute;lico Aragon&eacute;s&rdquo; 22 de marzo de 1880). &ldquo;<em>El Espiritismo y sus impugnadores</em>&rdquo; fue el libro que recogi&oacute; tales controversias, escrito por Miguel Sinu&eacute;s y Leza&uacute;n, abogado y diputado por Belchite, presidente de la &ldquo;Sociedad Espiritista de Zaragoza&rdquo; hasta m&aacute;s all&aacute; de su muerte en 1885, pues fue reelegido &ldquo;presidente en esp&iacute;ritu&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El pintor y médium Victoriano Balasanz dibujó en trance este busto de Jesucristo, emblema de la Sociedad Espiritista de Zaragoza (1880)                            </span>
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        La Iglesia se removi&oacute; incluso contra apellidos ilustres de la ciudad. En abril de 1881, el capell&aacute;n del cementerio de Torrero denunci&oacute; al Ayuntamiento de Zaragoza la presencia de inscripciones contrarias al dogma cat&oacute;lico en l&aacute;pidas pertenecientes a la familia Castellv&iacute;. Una de ellas dec&iacute;a as&iacute;: &ldquo;<em>A Ia memoria de D&ntilde;a. Ramona Canalias y Prats de Castellv&iacute; cuyo esp&iacute;ritu volvi&oacute; a las regiones de lo infinito terminada su misi&oacute;n en la tierra</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Contradicciones de clase</h2><p class="article-text">
        El origen burgu&eacute;s, y a&uacute;n nobiliario, del espiritismo evidenciaba la crisis de valores que sufr&iacute;a una clase social que apenas 100 a&ntilde;os antes hab&iacute;a pretendido acabar con los atavismos del Antiguo R&eacute;gimen. Pero como dec&iacute;a el rom&aacute;ntico alem&aacute;n Novalis, &ldquo;<em>donde no hay dios crecen los</em> <em>fantasmas</em>&rdquo;. Los espiritistas, aunque reconoc&iacute;an la &ldquo;<em>existencia de Dios</em>&rdquo; ten&iacute;an el prop&oacute;sito de demostrar emp&iacute;ricamente la supervivencia del alma humana. De hecho, seg&uacute;n las actas del primer Congreso Internacional Espiritista de 1888, celebrado en Barcelona y presidido por el inefable vizconde Torres-Solanot, esta doctrina &ldquo;<em>constituye una Ciencia positiva y experimental</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La lista de miembros de la seminal &ldquo;Sociedad Progreso Espiritista&rdquo; de Zaragoza atestigua este origen elitista: Le&oacute;n Cenarro y Mar&iacute;n, Magistrado de la Audiencia Territorial de Zaragoza; los hermanos Bartolom&eacute; y Agust&iacute;n, de la ya mentada familia Castellv&iacute;; Fernando Primo de Rivera Sobremonte, Brigadier, represor de la insurrecci&oacute;n republicana de octubre de 1870 en Zaragoza; el abogado e inventor, Lucio de la Escosura; los pintores Eduardo L&oacute;pez del Plano y Victoriano Balasanz, quien crear&iacute;a alguna de sus obras en estado de trance.<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Este elenco fue poco a poco nutri&eacute;ndose del resto de clases sociales. Seg&uacute;n &ldquo;El Espiritista&rdquo;, en Zaragoza &ldquo;<em>la doctrina ha penetrado ya en las clases obreras y trabajadora del campo</em>&rdquo;, si bien reconoce que &ldquo;<em>no se extiende con gran rapidez</em>&rdquo;. Habr&aacute; que esperar unos a&ntilde;os para leer noticias como &eacute;sta: &ldquo;<em>varios obreros expondr&aacute;n los principios sustentados por el espiritismo en el domicilio de la Sociedad Espiritista en la calle San Voto n&uacute;mero 8</em>&rdquo; (&ldquo;El Clamor Zaragozano&rdquo; 20 de abril de 1902)&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ladran, luego cabalgamos</h2><p class="article-text">
        Concluyendo el siglo XIX, Fabi&aacute;n Palas&iacute; Mart&iacute;n, turolense, espiritista y mas&oacute;n, public&oacute; en 1896 unas l&iacute;neas sobre la situaci&oacute;n del espiritismo en Zaragoza para la revista &ldquo;La Irradiaci&oacute;n&rdquo;: &ldquo;<em>se ha huido todo lo posible de caer en esas sesiones rutinarias donde suele pasarse el tiempo en hacer preguntas indiscretas a los esp&iacute;ritus por medio del velador o de los m&eacute;diums</em>&rdquo;. La Sociedad Espiritista de Zaragoza manten&iacute;a su esp&iacute;ritu <em>&ldquo;m&aacute;s bien cient&iacute;fico que pr&aacute;ctico</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las controversias con el catolicismo no cesaron. En aquel 1896, desde el p&uacute;lpito de la iglesia de San Felipe, el padre Agust&iacute;n &ldquo;<em>fustig&oacute; duramente la superstici&oacute;n e hizo varias alusiones al espiritismo y a los embaucadores</em>&rdquo; (&ldquo;Diario Mercantil&rdquo; 26 de noviembre). Un a&ntilde;o despu&eacute;s se celebrar&iacute;a en Trento el primer &ldquo;Congreso Antimas&oacute;nico Internacional&rdquo;, en una de sus resoluciones se afirma que &ldquo;<em>el medio particular de que la masoner&iacute;a se sirve para perder a las almas que creen en la existencia del orden sobrenatural es inclinarlas para que se entreguen a las pr&aacute;cticas perversas del espiritismo</em>.&rdquo;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Truco o trato</h2><p class="article-text">
        Con la fama, el espiritismo comenz&oacute; a vulgarizarse. Folletones y cuentos ofrec&iacute;an su versi&oacute;n m&aacute;s zarzuelera, present&aacute;ndolo como embeleco de incautos. As&iacute;, en &ldquo;<em>Espiritismo. Cuento baturro</em>&rdquo; podemos leer la aventura del<em> Templau, </em>vecino del Gancho que en Madrid asiste a una sesi&oacute;n con m&eacute;dium: <em>&ldquo;&mdash;El esp&iacute;ritu de Casilda est&aacute; presente. Al o&iacute;r el nombre de mi parienta sent&iacute; que me temblaban las piernas, ech&eacute; manos a la faja buscando con la una el mango del guchillo (sic) y con la otra el bolsillo donde guardaba los cuartos</em>&rdquo; (&ldquo;El Mercantil de Arag&oacute;n&rdquo; 13 de marzo de 1900) No extra&ntilde;a la reacci&oacute;n del <em>Templau</em>, pues al baturro le aguardaba su esposa en la fonda, vivita y coleando, y no en las &ldquo;regiones de lo infinito&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La realidad, sin embargo, superar&iacute;a toda ficci&oacute;n. Mar&iacute;a Borobia Valdearco, principal encausada por el &ldquo;Crimen Conesa&rdquo;, el medi&aacute;tico asesinato en diciembre de 1890 del fabricante de sombreros Felipe Conesa, reconoc&iacute;a ante el juez que &ldquo;<em>asist&iacute;a a unas sesiones de espiritismo en donde se esperaba saber el punto donde hab&iacute;a una maleta enterrada con doce mil duros</em>&rdquo; (&ldquo;La Derecha&rdquo; 20 de octubre de 1891).
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s, se supo de la desarticulaci&oacute;n de una banda formada por dos hombres y dos mujeres que se dedicaban a desplumar primos &ldquo;<em>empleando el sencill&iacute;simo procedimiento de la salutaci&oacute;n, espiritismo u otros an&aacute;logos</em>&rdquo; (&ldquo;Diario Mercantil de Zaragoza&rdquo; 23 de mayo de 1892) Estos sucesos demostraban el resbaladizo terreno que pisaba el espiritismo, desprestigiando una doctrina nacida con m&aacute;s pretensiones liberales y racionalistas que paranormales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/dicen-mesas-parlantes-zaragoza_132_12764364.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Nov 2025 06:00:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que dicen las mesas parlantes en Zaragoza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zaragoza fue el león]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/zaragoza-leon_132_12671377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b477531-c29b-4c4c-8060-b5fd6aee7879_16-9-discover-aspect-ratio_default_1127579.jpg" width="402" height="226" alt="Zaragoza fue el león"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La capital aragonesa ha dado cobijo a lo largo de su historia a ejemplares vivos de este impresionante depredador</p></div><p class="article-text">
        El le&oacute;n vive horas bajas. Seg&uacute;n el Fondo Mundial para la Naturaleza ya han desaparecido el 90% de ejemplares. Quiz&aacute; por ser el emblema de la ciudad, el Ayuntamiento de Zaragoza ha querido contribuir a minimizar p&eacute;rdidas adoptando un nuevo 'tragachicos' de amplias fauces: el le&oacute;n Garganch&oacute;n, protagonista del pasacalle previo al preg&oacute;n de las fiestas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puestos a cavilar en modo conspiranoico, no es descartable que esta paulatina extinci&oacute;n del modelo original tenga su reflejo en la her&aacute;ldica de Zaragoza y veamos pronto el campo de gules tan despoblado de leones como la sabana africana. Mejor, pensar&aacute;n algunos: m&aacute;s solar para levantar edificios 'cebra' o para arrendar el espacio a un patrocinador con garra, que buena falta le hace al equipo de f&uacute;tbol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al margen de dise&ntilde;os y blasones, Zaragoza ha dado cobijo a lo largo de su historia a ejemplares vivos de este impresionante depredador.
    </p><h2 class="article-text">De vivero a zool&oacute;gico</h2><p class="article-text">
        &ldquo;<em>&Eacute;rase una vez un le&oacute;n que viv&iacute;a en Zaragoza y hac&iacute;a felices a los ni&ntilde;os</em>&rdquo;..<em>. </em>Un prometedor comienzo que no tuvo final feliz. Quienes disfrutamos de cierta edad recordamos al protagonista del cuento paseando rocinante y desquiciado por la angosta jaula instalada en un rinc&oacute;n del parque Bruil. En realidad, fueron dos ejemplares, macho y hembra, llamada Zara, quienes sufrieron aquella pena de prisi&oacute;n mayor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El parque municipal en la Torre de Bruil se abri&oacute; al p&uacute;blico la tarde del 17 de julio de 1965. Desde mediados del siglo XIX el p&uacute;blico zaragozano ya ven&iacute;a disfrutando aquella finca como lugar de recreo. Al m&oacute;dico precio de un real pod&iacute;a acceder a los &ldquo;<em>viveros, jardines e invern&aacute;culos</em>&rdquo; donde se cultivaban y vend&iacute;an plantas de todo tipo (&ldquo;Diario de Avisos de Zaragoza&rdquo;, 17 de octubre de 1874). Un ed&eacute;n todav&iacute;a sin bestias.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">No es bueno que el le&oacute;n est&eacute; solo</h2><p class="article-text">
        La idea de montar un mini zoo en el parque Bruil le pareci&oacute; brillante al alcalde Luis G&oacute;mez Laguna y en octubre de 1965 comenzaron a llegar los primeros inquilinos de una larga lista: monos, pavos reales, osos, tigres, leones, zorros y un jabal&iacute; que entr&oacute; como jabato de 12 kilos y engord&oacute; tanto que hubo que abatir; sus 150 kilos sirvieron de raci&oacute;n a los ancianos de la Casa de Amparo y su cabeza luci&oacute; en el sal&oacute;n del valiente cazador (&ldquo;El Noticiero&rdquo;, 20 de febrero de 1969).
    </p><p class="article-text">
        Aquel simulacro de zool&oacute;gico, que dur&oacute; hasta mediados de la d&eacute;cada de los ochenta, pretend&iacute;a ser una prueba piloto. En agosto de 1969, el responsable de Parques y Jardines, &Aacute;ngel Garc&iacute;a Muniesa, anunciaba un zoo de mayores dimensiones en los Pinares de Venecia: &ldquo;<em>un buen sitio para que las fieras est&eacute;n en estado seminatural</em>&rdquo; (&ldquo;Heraldo de Arag&oacute;n&rdquo;) y los visitantes en su correspondiente h&aacute;bitat, o sea, restaurante y cafeter&iacute;a. En total &ldquo;<em>cien o doscientas fieras</em>&rdquo; bajo el mando del rey le&oacute;n. Por supuesto, todo qued&oacute; en una farutada millonaria. A la altura de 1976 los depredadores municipales tuvieron que renunciar al proyecto.
    </p><h2 class="article-text">El le&oacute;n malt&eacute;s</h2><p class="article-text">
        Cuenta el escritor y periodista Ignacio Claver Navarro, autor rec&oacute;ndito de la humorada &ldquo;<em>Un baturro republicano en Madrid</em>&rdquo;, que a mediados del siglo XVI el gran Maestre de Rodas regal&oacute; al Concejo de la ciudad &ldquo;<em>un magn&iacute;fico ejemplar de le&oacute;n para que los ciudadanos pudieran contemplar el s&iacute;mbolo viviente de su escudo her&aacute;ldico</em>&rdquo; (&ldquo;La Voz de Arag&oacute;n&rdquo;, 13 de octubre de 1931). Por tal dignidad se le reserv&oacute; una estancia de recios barrotes en los Graneros Nuevos, hoy calle de Eusebio Blasco, fronteriza con el Coso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; qued&oacute; el animal, al cuidado de un leonero y expuesto al pueblo zaragozano hasta que el pr&iacute;ncipe Felipe, no el pabell&oacute;n, sino el futuro Felipe II de Espa&ntilde;a, se encaprich&oacute; del magn&iacute;fico ejemplar, arrebatando a la ciudad de su emblema viviente como a&ntilde;os despu&eacute;s descabezar&iacute;a a Arag&oacute;n de sus fueros.&nbsp;A&uacute;n disfrutar&iacute;a Zaragoza poco despu&eacute;s de otro ejemplar, menos majestuoso, pero m&aacute;s longevo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, si ustedes quieren ver leones pueden admirar los que custodian las entradas del Puente de Piedra o los que lucen en el parque Jos&eacute; Antonio Labordeta. Claro que,tambi&eacute;n pueden dejarse tragar por Garganch&oacute;n.	
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/zaragoza-leon_132_12671377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Oct 2025 03:30:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Zaragoza fue el león]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abierto hasta el amanecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/abierto-amanecer_132_12594406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f330734-6253-4b5c-a8b7-688adab04918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abierto hasta el amanecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el Ayuntamiento, dicen, se está trabajando en un nuevo “Mapa del Ruido” en Zaragoza, una ciudad cada vez más dependiente del negocio hostelero ¿Servirán de algo las medidas que se adopten o sucederá como tantas otras veces nos demuestra la historia? </p></div><p class="article-text">
        A finales de julio el Justicia de Arag&oacute;n hac&iacute;a p&uacute;blico un informe que abordaba el problema del ruido en los n&uacute;cleos urbanos. Dada la reiteraci&oacute;n de las quejas ciudadanas, esta instituci&oacute;n decidi&oacute; sondear a 51 municipio aragoneses para conocer, entre otras cuestiones, el n&uacute;mero de denuncias y actuaciones llevadas a cabo en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os para afrontar este problema ambiental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de Zaragoza, al igual que los de Huesca y Teruel, decidi&oacute; no aportar ning&uacute;n dato a la consulta planteada. Seg&uacute;n el Justicia, una demostraci&oacute;n de &ldquo;<em>falta de medios o de sensibilidad por el tema</em>&rdquo;. Aun sin contar con datos de las tres capitales, el estudio se&ntilde;ala que la causa m&aacute;s habitual de procedimientos sancionadores es el ruido provocado por bares, pub y discotecas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Luces de la ciudad</h2><p class="article-text">
        Como afirma el informe del Justicia, las molestias que genera el ruido son recientes y crecientes con relaci&oacute;n a siglos pasados. Un fen&oacute;meno vinculado a la expansi&oacute;n urbana y el desarrollo industrial. En 1894 la prensa zaragozana se hac&iacute;a eco de las molestias que ocasionaba un taller situado en la calle de los Estudios &ldquo;<em>que con la potencia de su maquinaria no hay ser humano que pueda soportar el ruido infernal</em>&rdquo; (&ldquo;El Aragon&eacute;s&rdquo;, 24 de agosto). Las ordenanzas municipales ya abordaban el problema al exigir licencia para actividades &ldquo;<em>que pueden causar graves molestias al vecindario</em>&rdquo;, pero de poco serv&iacute;an ante la desgana municipal.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, en un poblach&oacute;n como era Zaragoza a finales del siglo XIX, no era el incipiente fragor industrial lo m&aacute;s molesto. Una noticia de &ldquo;El Imparcial Aragon&eacute;s&rdquo; en 1869 testimonia los trastornos que ocasionan &ldquo;<em>las canciones escandalosas que algunos j&oacute;venes en cuadrilla se permiten cantar por las calles</em>&rdquo;. Bullangueros y trasnochadores ha habido siempre, pero lo interesante de la noticia es la reincidencia en la &ldquo;<em>llamada de atenci&oacute;n a las autoridades</em>&rdquo; ante tales escandaleras, prueba de un problema gradual. Y es que las calles de la ciudad, sobre todo de noche, empezaban a vivirse de otra forma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es casual que esta noticia apareciera cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de que Zaragoza comenzara a iluminarse con farolas de gas, cuyos primeros ensayos tuvieron lugar a finales de 1863. El &ldquo;Diario de Zaragoza&rdquo; difund&iacute;a en 1865 el rumor de que &ldquo;<em>la empresa de los bailes de Variedades, trata de entenderse con el contratista del alumbrado p&uacute;blico para que las farolas permanezcan encendidas m&aacute;s tiempo de lo acostumbrado en las noches de baile.</em>&rdquo; Luz precaria y a&uacute;n no extendida, pero suficiente para alumbrar el negocio del ocio nocturno, que se expandir&iacute;a con la instalaci&oacute;n paulatina de la red el&eacute;ctrica, ensayada por primera vez en las fiestas del Pilar de 1874.
    </p><h2 class="article-text">Esc&aacute;ndalo en los caf&eacute;s cantante</h2><p class="article-text">
        En noviembre de 1888 el Ministerio de la Gobernaci&oacute;n decide regular por primera vez los llamados &ldquo;caf&eacute;s cantante&rdquo;, locales donde faranduleros, cesantes galdosianos y otros halcones de la noche se daban cobijo al son del flamenco, provocando no pocos altercados. Su objetivo era limitar el espect&aacute;culo hasta las doce de la noche, ya que el &ldquo;<em>ruido y la algazara</em>&rdquo; suscitaban &ldquo;<em>quejas justificadas del vecindario</em>&rdquo; (&ldquo;Diario de Zaragoza&rdquo; 29 de noviembre).
    </p><p class="article-text">
        Esta norma se repetir&aacute; en a&ntilde;os posteriores, evidenciando la dificultad de reglar el ocio nocturno. De hecho, se formaron dos bandos enfrentados, tanto en la prensa como en la tarima pol&iacute;tica: los favorables al control horario y los noct&iacute;vagos. Hasta el zaragozano Eusebio Blasco aprovechar&iacute;a su experiencia parisina para tomar postura: &ldquo;<em>Si se hiciera un recuento de los trasnochadores madrile&ntilde;os se ver&iacute;a que casi todos ellos son personas ilustradas. Salvo los jugadores y los borrachos que trasnochan por vicio</em>&rdquo; (&ldquo;Alrededor del mundo&rdquo;, 19 de abril de 1900).
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                    alt="El &quot;Royal Concert&quot; a comienzos de los años treinta. Fuente: Revista &quot;¡Tararí!&quot;"
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                El &quot;Royal Concert&quot; a comienzos de los años treinta. Fuente: Revista &quot;¡Tararí!&quot;                            </span>
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        Desde luego Zaragoza no era Madrid. Aqu&iacute; no hay rastro de esc&aacute;ndalos en &ldquo;caf&eacute;s cantante&rdquo;, aunque el periodista Andr&eacute;s Ru&iacute;z Castillo afirma que &ldquo;<em>la p&iacute;cara alegr&iacute;a del caf&eacute; cantante tuvo en esta ciudad una muy brillante representaci&oacute;n</em>&rdquo; (&ldquo;La Voz de Arag&oacute;n&rdquo;, 14-04-1929). Zaragoza dispon&iacute;a de grandes caf&eacute;s, como el de la Iberia, el de Par&iacute;s o el Ambos Mundos, que ofrec&iacute;an conciertos para un p&uacute;blico de cuello almidonado. Sin embargo, en 1906 el Gobernador Civil tuvo que limitar la apertura hasta las dos de la ma&ntilde;ana, una medida &ldquo;<em>acertad&iacute;sima para la tranquilidad p&uacute;blica</em>&rdquo; seg&uacute;n el &ldquo;Diario de Zaragoza&rdquo;, pero que resultar&iacute;a ineficaz. Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, el &ldquo;Diario de Avisos&rdquo; daba cuenta de los desmadres recurrentes en el sal&oacute;n de<em> </em>Farrusini, que ofrec&iacute;a variedades y cinemat&oacute;grafo en la calle de San Miguel: &ldquo;<em>En Farrusini se sale a esc&aacute;ndalo diario, o nocturno, mejor dicho</em>.&rdquo; (29 de agosto 1910).&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Del Camer&uacute;n a la calle Boggiero</h2><p class="article-text">
        La neutralidad durante la Primera Guerra Mundial trajo a Madrid y Barcelona dinero f&aacute;cil y a sus noches una legi&oacute;n de cocottes y coca&iacute;na. En Zaragoza nos dej&oacute; un cargamento de alemanes del ex&oacute;tico Camer&uacute;n. Esta comunidad germana fue adapt&aacute;ndose a la ciudad hasta el punto de protagonizar no pocas francachelas estrepitosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1917, un grupo de vecinos denunciaba las molestias provocadas por las hordas teutonas reunidas en los bajos del n&uacute;mero 4 de la calle de San Miguel. El &ldquo;Ideal de Arag&oacute;n&rdquo;, en un reportaje titulado &ldquo;<em>Org&iacute;as nocturnas de los alemanes residentes en Zaragoza</em>&rdquo; levant&oacute; acta de lo que suced&iacute;a en un garito donde, &ldquo;<em>al ruido de la charanga alemana, los s&uacute;bditos del Kaiser danzan, saltan&hellip; mientras Zaragoza descansa</em>&rdquo; (&ldquo;Ideal de Arag&oacute;n&rdquo;, 3-02-1917). Ser&aacute;, sin embargo, el &ldquo;Royal Concert&rdquo;, la actual sala &ldquo;Oasis&rdquo; en la calle Boggiero, el centro del despiporre alem&aacute;n en la ciudad (El Noticiero, 3-08-1916).
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;Royal Concert&rdquo; se anunciaba entonces como caf&eacute;-restaurante, con n&uacute;meros de &ldquo;<em>Varit&eacute;s</em>&rdquo; y &ldquo;<em>Music hall al estilo parisi&eacute;n</em>&rdquo; hasta las doce de la noche. Pero al filo de las dos de la ma&ntilde;ana a&uacute;n quedaban: &ldquo;<em>Doce o catorce mesas; algunas personas respetables; unos cuantos jovenzuelos alegres y doce o catorce mujeres de vida m&aacute;s o menos ejemplar</em>&rdquo; (Diario de Avisos de Zaragoza, 18-04-1917). Meses antes, el Gobernador Civil hab&iacute;a clausurado el local por una ri&ntilde;a sangrienta y en 1918 un turbio asunto de juego y tah&uacute;res volver&aacute; a poner al Royal en el disparadero. No ser&aacute;n los &uacute;nicos ni m&aacute;s graves esc&aacute;ndalos en su historial. Desde luego, los alemanes del Camer&uacute;n, no hac&iacute;an nada diferente a los nativos zaragozanos.
    </p><h2 class="article-text">A&ntilde;os 20: nueva moral, viejos vicios</h2><p class="article-text">
        De la neutralidad b&eacute;lica despertar&iacute;an los noct&aacute;mbulos con resaca. Tras el golpe en septiembre de 1923 , una de las medidas que el general Miguel Primo de Rivera trat&oacute; de imponer fue &ldquo;<em>la moralizaci&oacute;n de las costumbres</em>&rdquo;. Como dir&aacute; Julio Camba en uno de sus art&iacute;culos, &ldquo;<em>siempre que un gobernante anuncia prop&oacute;sitos regeneradores quiere decir cerrarnos los caf&eacute;s a las dos de la ma&ntilde;ana</em>&rdquo;. En efecto, en Zaragoza se form&oacute; una &ldquo;Junta Local de Reforma Social&rdquo; presidida por el alcalde para tratar cuestiones como la hora de cierre de tabernas y caf&eacute;s o la imposici&oacute;n de un nuevo tributo por su &ldquo;<em>vigilancia especial</em>&rdquo; (&ldquo;La Voz de Arag&oacute;n&rdquo;, 19-01-1926)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que, para un tipo rijoso como el militar jerezano eso de las &ldquo;buenas costumbres&rdquo; se prestaba a matices. En 1926 reconoc&iacute;a que algunos locales podr&iacute;an seguir funcionando hasta la madrugada &ldquo;<em>pagando una sobre cuota de contribuci&oacute;n</em>&rdquo; (&ldquo;La Naci&oacute;n. Diario de la noche&rdquo;, 13 de enero). Durante esa d&eacute;cada se cerraron en Zaragoza algunos caf&eacute;s cl&aacute;sicos y abrieron o reformaron otros. Aparecieron bares como el &ldquo;Royalty&rdquo;; el sal&oacute;n de baile &ldquo;Aragon&eacute;s&rdquo;, rebautizado en los a&ntilde;os cuarenta como &ldquo;Caf&eacute; Cantante Plata&rdquo; y cabarets como &ldquo;Maxim&rsquo;s&rdquo;, en la calle Est&eacute;banes. Zaragoza, en definitiva, manten&iacute;a el pulso a la noche.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, las trifulcas nocturnas continuaron. Pese a las moderneces que trajeron los a&ntilde;os veinte, las p&aacute;ginas de sucesos muestran que la mayor parte estaban relacionadas con el castizo h&aacute;bito de frecuentar prost&iacute;bulos. Algunas reyertas resultaron de gran brutalidad, pues enseguida sal&iacute;an a relucir navajas e incluso armas de fuego. En 1928 fue herido un vigilante nocturno en la plaza de San Lamberto al que un grupo de puta&ntilde;eros abalearon (&ldquo;Heraldo de Arag&oacute;n&rdquo;, 3 de junio). Hubo esc&aacute;ndalos m&aacute;s acordes con los tiempos, como el del trasnochador que golpeaba a ritmo de &ldquo;jazz-band&rdquo; los portales de la calle de la Soberan&iacute;a Nacional (tramo de la Avenida de C&eacute;sar Augusto desde la Puerta del Carmen) (&ldquo;El Noticiero&rdquo;, 30-07-1926).
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qui&eacute;n le pone el cascabel al ocio?</h2><p class="article-text">
        Como ciudad en v&iacute;as de desarrollo, los ruidos diurnos comenzaban ya en aquellos a&ntilde;os a ser un trastorno por las &ldquo;<em>estridencias de los destartalados y antip&aacute;ticos tranv&iacute;as, el tr&aacute;fico rodado con las voces y blasfemias de sus conductores y toda la grey de vendedores de la Prensa diaria, am&eacute;n de los autos, motos y dem&aacute;s veh&iacute;culos</em>&rdquo; (&ldquo;La Voz de la Regi&oacute;n&rdquo;, 8-10-1923). Ruidos de fogueo para lo que vendr&aacute; despu&eacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a, seg&uacute;n el Informe del Justicia de Arag&oacute;n, el tr&aacute;fico ya no es un asunto preocupante. Incluso si las capitales de provincia hubieran respondido a la encuesta es posible que &ldquo;<em>hubiera aparecido como un problema de mayor relevancia, pero nunca al nivel de los bares y discotecas</em>&rdquo;. Desde el Ayuntamiento, dicen, se est&aacute; trabajando en un nuevo &ldquo;Mapa del Ruido&rdquo; en Zaragoza, una ciudad cada vez m&aacute;s dependiente del negocio hostelero &iquest;Servir&aacute;n de algo las medidas que se adopten o suceder&aacute; como tantas otras veces nos demuestra la historia?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/abierto-amanecer_132_12594406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Sep 2025 03:30:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abierto hasta el amanecer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hombre ha muerto, han roto un paisaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hombre-muerto-han-roto-paisaje_132_12522212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d6e5cc5-28ca-4a7a-9850-ce65555fce6e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1123587.jpg" width="799" height="450" alt="Un hombre ha muerto, han roto un paisaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El afán de negocio ha ido desmaterializando Zaragoza, asolando edificios y cegando rincones que albergaban su pasado para sustituirlos por otros reacios a la retentiva, soslayables y desmemoriados, pero lucrativos</p></div><p class="article-text">
        Se cumplen este mes de agosto diez a&ntilde;os de la muerte de Joaqu&iacute;n Alc&oacute;n, un fot&oacute;grafo audaz que desde la d&eacute;cada de los cincuenta supo asumir con personalidad las innovaciones art&iacute;sticas del momento. Hojeando un cat&aacute;logo de su obra, fui a dar con la serie de fotograf&iacute;as que tom&oacute; a Miguel Labordeta en el parque que hoy lleva el nombre de su hermano Jos&eacute; Antonio, en Zaragoza. 
    </p><h2 class="article-text">Retrato de un presagio</h2><p class="article-text">
        En una de estas fotos, un corpach&oacute;n avanza hacia la c&aacute;mara. El pie alzado y la mirada oculta tras unas gafas negras se dirigen al espectador del futuro. Casi pude o&iacute;rse el crujido de la gravilla, la voz de Joaqu&iacute;n dando instrucciones: &ldquo;<em>&iexcl;Despacio! &iquest;Qu&eacute; prisa tienes?&rdquo; </em>La figura de Miguel aparece enjaulada en una p&eacute;rgola cuyos pilares y viguetas encuadran sus &ldquo;<em>humanos vol&uacute;menes rotundos</em>&rdquo;, como lo describiera Julio Antonio G&oacute;mez, otro poeta, tambi&eacute;n rotundo y zaragozano, tambi&eacute;n en su d&iacute;a captado por el objetivo de Joaqu&iacute;n Alc&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esa p&eacute;rgola se ha mantenido hasta nuestros d&iacute;as, en realidad son dos, pero Miguel hace tiempo que se march&oacute;. Morir&iacute;a el primero de agosto de 1969, apenas unos meses despu&eacute;s de tomada la imagen, por lo que la zancada interrumpida tiene algo de premonici&oacute;n. Joaqu&iacute;n nos muestra con maestr&iacute;a a un hombre consumido e infeliz, prematuramente envejecido. 
    </p><h2 class="article-text">Romper un paisaje</h2><p class="article-text">
        Hoy es uno de agosto y decido subir al Cabezo Buenavista, la parte alta del parque donde se ubica el escenario que sirvi&oacute; de fondo al retrato. Cincuenta y seis a&ntilde;os despu&eacute;s, quiero sacar una estampa de la ausencia. No hay nadie, tampoco Miguel, claro: <em>&ldquo;Se deja ver poco</em>&rdquo;, dec&iacute;a Emilio Gast&oacute;n en un poema.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba sentarme bajo la p&eacute;rgola, en los bancos que, como yo, no exist&iacute;an por aquel entonces, y desde all&iacute; evocar el pase&iacute;llo del poeta. Pero ha resultado imposible. El espacio ha sido inesperadamente ocupado por la terraza de un aparatoso restaurante cuyas mesas, cabe a&ntilde;adir, incumplen la ordenanza que exige una anchura de 1,80 metros, lo que estorba el paso peatonal de la memoria. 
    </p><h2 class="article-text">Ciudad intangible</h2><p class="article-text">
        El af&aacute;n de negocio ha ido desmaterializando Zaragoza, asolando edificios y cegando rincones que albergaban su pasado para sustituirlos por otros reacios a la retentiva, soslayables y desmemoriados, pero lucrativos. Lo que abundan son recuerdos personales, dispersos e imprecisos, como una tradici&oacute;n oral, pero a resguardo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, a veces recurrimos al aval de viejas instant&aacute;neas para desembalar parte de ese pasado con algo de imaginaci&oacute;n. Y ya, por lo que se ve, ni eso, pues a las fotograf&iacute;as de otros tiempos les va resultando cada vez m&aacute;s confuso encontrar un camino de vuelta al presente. Dif&iacute;cilmente puede uno imaginar a Miguel Labordeta caminando bajo la p&eacute;rgola sin tropezar con veladores.
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; que, como Miguel, algunos envejecemos mal y no toleramos con tanta ligereza ciertos cambios en una ciudad cada vez m&aacute;s ajena. Zaragoza va camino de convertirse en un escenario de cart&oacute;n piedra, en un inmenso centro comercial al aire libre. Algunos de sus lugares ya s&oacute;lo pueden ser recorridos como turista o consumidor, merodeadores en busca de souvenirs. Me temo que nunca m&aacute;s volveremos a definirla con los versos de Emilio Alfaro, &ldquo;<em>ese c&aacute;lido hueco de antiguas referencias.</em>&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/hombre-muerto-han-roto-paisaje_132_12522212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Aug 2025 03:31:00 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Un príncipe bizantino en Zaragoza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/principe-bizantino-zaragoza_132_12443968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a834acf8-28b3-4c00-9b78-ef3e1a62510b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x271y237.jpg" width="1200" height="675" alt="Un príncipe bizantino en Zaragoza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por Zaragoza han pasado las diversas casas reales que han gobernado esta tierra; en esta ciudad incluso se han asentado, aunque de tapadillo, dinastías centenarias de lejanos imperios</p></div><p class="article-text">
        De los Arag&oacute;n a los Borbones, de los Habsburgo a los Bonaparte. Por Zaragoza han pasado las diversas casas reales que han gobernado esta tierra; en esta ciudad incluso se han asentado, aunque de tapadillo, dinast&iacute;as centenarias de lejanos imperios. Esta es la estramb&oacute;tica historia de Eugenio L&aacute;scaris, vecino de Zaragoza y heredero al trono de Grecia.
    </p><h2 class="article-text">De Constantinopla al barrio de San Miguel</h2><p class="article-text">
        La dinast&iacute;a de los L&aacute;scaris gobern&oacute; el Sacro Imperio Romano de Oriente entre 1204 y 1261. Tras el saqueo de Constantinopla por los reinos occidentales, el gobierno bizantino hubo de trasladarse al exterior, donde los L&aacute;scaris formaron el imperio de Nicea que recuperar&iacute;a Constantinopla en 1261.
    </p><p class="article-text">
        La familia volver&iacute;a a expatriarse a Italia tras el golpe de uno de los generales para luego retornar a Constantinopla hasta su ca&iacute;da definitiva en manos turcas en 1453. Y as&iacute;, danto un salto de casi 500 a&ntilde;os, los encontramos residiendo pl&aacute;cida y secretamente en la parroquia de San Miguel de los Navarros en Zaragoza.
    </p><h2 class="article-text">Follet&oacute;n hist&oacute;rico</h2><p class="article-text">
        Un abogado zaragozano, de origen oscense y de nombre Manuel Lascorz, apura sus &uacute;ltimas horas en el n&uacute;mero 23 de la calle de San Miguel. Estamos en agosto de 1906 y junto al lecho de muerte, su hija Josefina y su hijo Eugenio escuchan atentos y at&oacute;nitos la historia oculta de la familia. Manuel hab&iacute;a llegado a Barcelona desde la lejana Constantinopla junto a su padre, el pr&iacute;ncipe Vittorio-Teodoro, abuelo de Eugenio y Josefina, acosados por el sult&aacute;n Mohamed II que trataba de abortar cualquier pretensi&oacute;n griega de restauraci&oacute;n bizantina. De hecho, el apellido Lascorz era una tapadera para ocultar la verdadera alcurnia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que Manuel cuenta a sus hijos parece sacado de un novel&oacute;n de Walter Scott: la huida en un carguero ruso con el pasaporte de un marino pariente suyo; la llegada a Barcelona y de all&iacute;, al pueblo oscense de Plan donde resid&iacute;a una rama lejana de los L&aacute;scaris que se hac&iacute;an llamar Lascorz. Al parecer, uno de estos Lascorz de Huesca, tambi&eacute;n llamado Manuel, se embarca por entonces rumbo a Italia a combatir junto a Garibaldi. En este barrullo de nombres y avatares, reales o imaginados, Manuel aprovecha para pegar el cambiazo de identidad y simular su apellido principesco tras el pirenaico de Lascorz. 
    </p><h2 class="article-text">Esnobismo aristocr&aacute;tico</h2><p class="article-text">
        Escribe Luis Landero en &ldquo;Juegos de la edad tard&iacute;a&rdquo; que toda gran mentira debe tener un poso de realidad para resultar cre&iacute;ble. As&iacute; sucede con la cr&oacute;nica de Manuel. Es un hecho cierto que en torno a 1270 una infanta bizantina llamada Irene, hija de Teodoro II L&aacute;scaris, llega a la corte de Jaime I. Al poco tiempo se casa en segundas nupcias con Arnaldo Roger,  conde de Pallars. La descendencia de ambos se asentar&iacute;a en Arag&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Es probable que Manuel conociera esta cr&oacute;nica por su condici&oacute;n de secretario de la Diputaci&oacute;n Provincial de Zaragoza. El acceso a legajos antiguos le permitir&iacute;a armar una f&aacute;bula que con el tiempo fue adornando. El hogar donde creci&oacute; Eugenio rebosaba de ornatos y cachivaches de procedencia helena, en un intento por forzar la realidad de un linaje ficticio. 
    </p><h2 class="article-text">En busca de un heter&oacute;nimo </h2><p class="article-text">
        Es de imaginar el efecto que semejante ambiente familiar y un relato tan bien sazonado de aventuras provocar&iacute;a en el joven Eugenio. Sin embargo, el aspirante zaragozano al trono griego era un tipo listo y pr&aacute;ctico. Estudi&oacute; con brillantez derecho y ejerci&oacute; como procurador, oficio con el que supo ganarse muy bien la vida, llegando a ser decano del colegio de procuradores entre 1932 y 1937. 
    </p><p class="article-text">
        Sus conocimientos jur&iacute;dicos le permitieron reforzar la trama y los personajes de la comedia griega legada por el padre. De esta forma, Eugenio maniobr&oacute; hasta lograr en 1935 el cambalache registral de su apellido, de Lascorz a L&aacute;scaris.  Su esposa, Nicasia Micolau, hija de un pastelero turolense, fue anotada en el certificado matrimonial de 17 de enero de 1920 como Nicasia Micolav, un evocador apellido eslavo. A&ntilde;os despu&eacute;s, la prensa saludar&iacute;a a la hija del humilde confitero como &ldquo;la Princesa Nicasia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, sea escritura p&uacute;blica o tirada de prensa, el papel aguanta bien cualquier enga&ntilde;ifa, aunque para ello hay que tener buenos padrinos. La n&oacute;mina de contactos de Eugenio era sustanciosa: alcaldes de Zaragoza, como Miguel Allu&eacute; Salvador, compa&ntilde;ero de estudios de Eugenio, y Ricardo Horno Alcorta; o el magnate Tom&aacute;s Castellano Echenique, entre otros. 
    </p><h2 class="article-text">El fake que se trag&oacute; la prensa  </h2><p class="article-text">
        Eugenio contaba con buenos enchufes tambi&eacute;n entre la prensa. &Uacute;til a sus pretensiones fue la amistad con los zaragozanos Leopoldo Romeo (a quien el escritor Rafael Cansinos Assens retrata en &ldquo;La novela de un literato&rdquo; dirigiendo con vehemencia el madrile&ntilde;o <em>La Correspondencia de Espa&ntilde;a</em>) y sobre todo con Fernando Cast&aacute;n Palomar en cuyo diccionario de &ldquo;Aragoneses ilustres&rdquo; de 1934 incluir&iacute;a a su amigo Eugenio: &ldquo;<em>descendiente de la antigua familia imperial de los L&aacute;scaris</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El propio Cast&aacute;n firmar&iacute;a una entrevista en el semanario madrile&ntilde;o <em>Estampa</em> en julio de 1930. El di&aacute;logo entre Cast&aacute;n Palomar y Eugenio, como no pod&iacute;a ser menos, tiene un punto de bizantinismo: el procurador muestra su reticencia a opinar sobre la situaci&oacute;n en Grecia, pa&iacute;s por cierto que nunca visitar&iacute;a, exigiendo que la charla no trascendiera al p&uacute;blico. Por supuesto, el semanario public&oacute; la entrevista y adem&aacute;s con fotos de Eugenio y su hijo Teodoro. Una doblez bien calculada, aunque mal disimulada. Eugenio L&aacute;scaris llevaba d&eacute;cadas opinando en prensa sobre la pol&iacute;tica griega. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>&mdash;&iquest;Est&aacute;s en comunicaci&oacute;n constante con aquel pa&iacute;s?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;S&iacute;, s&iacute;; todo esto son carpetas de correspondencia, de notas cruzadas, de peri&oacute;dicos que me son adictos</em>.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        En esto no fabulaba el procurador. Por incre&iacute;ble que parezca, Eugenio logr&oacute; hacerse un hueco en la agenda pol&iacute;tica helena. Con el primer ministro Veniz&eacute;los mantuvo correspondencia y su rival, el general Metax&aacute;s, reconocer&iacute;a p&uacute;blicamente cierta &ldquo;te&oacute;rica legitimidad&rdquo; del aspirante zaragozano. En octubre de 1935 se reunir&iacute;a en la finca de su amigo Tom&aacute;s Castellano en Ricla con una delegaci&oacute;n del general golpista Nikolao Plastiras. Hasta el patriarca de Constantinopla trag&oacute; el anzuelo y envi&oacute; sus bendiciones al procurador aspirante al trono. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Eugenio Láscarias, sentado el segundo por la derecha, en la finca de Tomas Castellano en Ricla con la delegación griega del general Plastiras."
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            <span class="title">
                Eugenio Láscarias, sentado el segundo por la derecha, en la finca de Tomas Castellano en Ricla con la delegación griega del general Plastiras.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un delf&iacute;n griego entre facciosos</h2><p class="article-text">
        Llegados a este punto, es posible que el personaje de Eugenio L&aacute;scaris resulte simp&aacute;tico por sus habilidades de tunante y una imagen atildada de heter&oacute;nimo de Pessoa. Pero este leguleyo zaragozano con &iacute;nfulas tiene un punto siniestro. Tras el golpe de julio de 1936 se alist&oacute; de inmediato en los paramilitares zaragozanos de &ldquo;Acci&oacute;n Ciudadana&rdquo;, para acabar enrolado en las filas del carlismo con grado de capit&aacute;n honorario del Requet&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Sus contactos con la prensa le permitieron ejercer como publicista del gobierno militar de Burgos. El 19 de febrero de 1937, Heraldo de Arag&oacute;n publicaba una carta que Eugenio hab&iacute;a remitido a la prensa helena para explicar al pueblo griego la &ldquo;<em>nueva reconquista de Espa&ntilde;a</em>&rdquo; como reacci&oacute;n a los &ldquo;<em>horrores cometidos por los rojos</em>&rdquo;. En el fondo, Eugenio buscaba medrar en la &ldquo;Nueva Espa&ntilde;a&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">En el aparato represor franquista</h2><p class="article-text">
        Por tales m&eacute;ritos, el oscuro procurador Eugenio L&aacute;scaris logr&oacute; un puesto como juez militar en el tinglado jur&iacute;dico organizado por Franco. Su firma como instructor aparece en varios sumarios abiertos en Zaragoza desde 1938. El 7 de junio de 1939, acabada la guerra, Eugenio es nombrado instructor de responsabilidades pol&iacute;ticas con destino en San Sebasti&aacute;n. Posteriormente ser&iacute;a trasladado a Barcelona donde volver&iacute;a a ejercer como juez militar hasta 1943. Para entonces, el ayuntamiento de Zaragoza le hab&iacute;a concedido la medalla de plata de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os antes de su muerte en 1962, un juzgado de Zaragoza hizo borrar las anotaciones de su falso apellido en el Registro Civil, esfum&aacute;ndose de un plumazo toda pretensi&oacute;n disparatada al trono griego: &ldquo;<em>El primer apellido del inscrito, as&iacute; como el primero de su padre y primero tambi&eacute;n de su abuelo paterno, quedan modificados en la forma siguiente: Lascorz en lugar de L&aacute;scari</em>s&rdquo;. Y as&iacute; acaba la vanidad del mundo, como papeles viejos.
    </p><p class="article-text">
        Para ampliar esta bizantina historia pueden leer el documentado estudio de Carlos Sancho Domingo sobre este peculiar y siniestro personaje zaragozano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/principe-bizantino-zaragoza_132_12443968.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jul 2025 03:30:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un príncipe bizantino en Zaragoza]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La huelga en la Industrial Química de Zaragoza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/huelga-industrial-quimica-zaragoza_132_12319982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10ee5df9-816c-40f5-825c-b33a110614b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La huelga en la Industrial Química de Zaragoza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La de Industrial Química fue la primera gran huelga de una serie de movilizaciones y paros obreros que de forma general o en sectores concretos se extendería a lo largo de la efímera vida de la Segunda República</p></div><p class="article-text">
        El 27 de mayo de 1931 dio comienzo en Zaragoza una huelga que puso de manifiesto la rivalidad entre los dos sindicatos de clase m&aacute;s importantes entonces: UGT y CNT
    </p><p class="article-text">
        En la margen derecha del Ebro, al oeste de la ciudad, en el tri&aacute;ngulo cuyo v&eacute;rtice comienza en la plaza Europa y se extiende entre la avenida Pablo Gargallo y las calles Reino y de los Diputados, se desplegaban las instalaciones de la Industrial Qu&iacute;mica de Zaragoza. Constituida en 1901, dio nombre al barrio y por su consejo de administraci&oacute;n pasaron figuras como Tom&aacute;s Castellano Villarroya, un capitalista que lleg&oacute; a ministro; o el infausta Gonzalo Calamita, el depurador franquista de la Universidad.
    </p><p class="article-text">
        La factor&iacute;a estuvo vinculada al negocio agroalimentario, en particular a la fabricaci&oacute;n de fertilizantes para la remolacha que, tras la p&eacute;rdida de las explotaciones en ultramar, se convertir&iacute;a en sustitutivo del az&uacute;car, impulsando el desarrollo industrial de Zaragoza y su provincia. El ferrocarril tambi&eacute;n contribuy&oacute; a este despegue. De hecho, en el coraz&oacute;n de la f&aacute;brica desembocaba un ramal de la Compa&ntilde;&iacute;a del Norte, llamado precisamente Paso de la Qu&iacute;mica, y cuyo final podr&iacute;amos situar en el actual Andador Ignacio Menaya.
    </p><h2 class="article-text">Un Convenio Colectivo en entredicho</h2><p class="article-text">
        Al inicio de los a&ntilde;os treinta del siglo pasado, los vaivenes econ&oacute;micos globales y los problemas de producci&oacute;n del sector repercuten en la actividad empresarial y las condiciones laborales. A finales de mayo de 1931 los trabajadores deciden convocar una huelga. Desde hac&iacute;a tiempo, los sindicatos mayoritarios, CNT y UGT, ven&iacute;an mostrando sus desavenencias sobre las condiciones del Contrato, lo que hoy ser&iacute;a el convenio colectivo, de la Industrial Qu&iacute;mica, aprobado por el Ministerio de Trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una nota p&uacute;blica de CNT el 1 de mayo reflejaba esas discrepancias. El sindicato de Alcoholeros y Azucareros, integrado en CNT, organiz&oacute; una asamblea a la que asistieron varios trabajadores de UGT que dieron su conformidad al Contrato de trabajo alternativo presentado por los cenetistas, rechazando el negociado por su propio sindicato &ldquo;<em>por llevar en s&iacute; una reminiscencia de la Dictadura y porque ultraja los derechos de la clase trabajadora</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como respuesta, una semana despu&eacute;s UGT convocaba en su sede de la calle Est&eacute;banes a sus afiliados de la Qu&iacute;mica para explicar los acuerdos tomados con la empresa y su decisi&oacute;n de no ir a la huelga anunciada. De poco sirvi&oacute;. El nuevo Contrato fue expuesto a la entrada de la f&aacute;brica y arrancado por los propios obreros, lo que escenificaba el inicio del conflicto.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Orgullo obrero</h2><p class="article-text">
        El 27 de mayo, a la finalizaci&oacute;n del turno de noche, varios trabajadores se negaron a abandonar las instalaciones. De inmediato, polic&iacute;a y guardia civil hicieron acto de presencia, invitando a los encerrados al desalojo. Los obreros se negaron. Un retrato elocuente de la situaci&oacute;n nos lo ofrece una fotograf&iacute;a tomada a las puertas de la f&aacute;brica por el reportero Ismael Palacio. En la imagen, una masa oscura de uniformes contrasta con la mujer que en primer plano parece aguardar noticias de los encerrados y mira desafiante a la c&aacute;mara con los brazos en jarras. Una estampa de aires neorrealistas que refleja el clima de autoestima de la clase trabajadora. No era para menos, a la huelga de la Qu&iacute;mica se sumar&iacute;a la de los trabajadores metal&uacute;rgicos de Carde y Escoriaza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Decidi&oacute; entonces el gobernador civil interino, Pablo de Castro, conferenciar con las partes, pero las representaciones obreras de la Qu&iacute;mica y Card&eacute; y Escoriaza mantuvieron sus posturas. En la tarde del d&iacute;a 28 parte de los operarios qu&iacute;micos depusieron su actitud y otros acabaron expulsados. El asunto qued&oacute; en manos del Comit&eacute; Paritario, veh&iacute;culo gubernativo creado por el ex dictador Primo de Rivera para solucionar conflictos sociales, aceptado por UGT, pero que la CNT rechazaba.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Presi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las noticias del d&iacute;a 30 de mayo anunciaban la vuelta al tajo de los obreros de Card&eacute; y Escoriaza, esperando que al d&iacute;a siguiente lo hicieran los de la Qu&iacute;mica. La nota de prensa de la empresa no parec&iacute;a dar opci&oacute;n: &ldquo;<em>todo aquel que, sin justificaci&oacute;n ni aviso falte al trabajo dos d&iacute;as laborables seguidos, a partir de las seis de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a de hoy, se considerar&aacute; renuncia a su plaza y ser&aacute; baja en la misma</em>&rdquo;. Pese a las amenazas, el conflicto continu&oacute; en la planta qu&iacute;mica y la tensi&oacute;n entre afiliados de UGT y CNT se recrudeci&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A principios de junio, un grupo de piquetes de la CNT recrimin&oacute; en la calle de Agustina de Arag&oacute;n a un trabajador de UGT por<em> </em>&ldquo;<em>trabajar entre guardias civiles y soldados</em>&rdquo;. No fue un hecho aislado. Como respuesta, el Gobernador Civil ech&oacute; m&aacute;s le&ntilde;a al fuego al aumentar el despliegue policial. Finalmente, el d&iacute;a 4 de junio el Consejo de Administraci&oacute;n anunciaba el cierre patronal. Pese a ello, los contactos en busca de una soluci&oacute;n continuaron.
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            <span class="title">
                Publicidad de Industrial Química de Zaragoza.                            </span>
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        La empresa anunci&oacute; su reapertura a mediados de julio, pero los trabajadores de UGT se negaban a acudir, seg&uacute;n el Gobernador Civil por la &ldquo;<em>actitud violenta en que se hab&iacute;an colocado algunos elementos de la Confederaci&oacute;n Nacional del Trabajo</em>&rdquo; que, por su parte, afirmaba que el conflicto era solamente con la empresa. En el fondo se estaban ventilando cuestiones m&aacute;s all&aacute; de las meramente laborales.
    </p><h2 class="article-text">Viejas querellas</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un comunicado de UGT del 24 de julio, este sindicato no estaba dispuesto a &ldquo;<em>pedir bases ni reglamentos de los que el Comit&eacute; de la CNT present&oacute; a la Industrial Qu&iacute;mica. Nuestros deseos eran y son de que supriman el art&iacute;culo 20 de dicho contrato por el cual imponen sindicar a todos trabajadores en la C. N. T. de la Industrial Qu&iacute;mica</em>&rdquo;. Francisco Largo Caballero, ministro entonces de Trabajo y dirigente de UGT y PSOE, se refiri&oacute; al conflicto como una maniobra de CNT para expulsar de la empresa a los trabajadores afiliados del sindicato socialista.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de razones ideol&oacute;gicas y t&aacute;cticas, el antagonismo entre CNT y UGT hund&iacute;a sus ra&iacute;ces en el periodo del Directorio de Primo de Rivera. UGT se adapt&oacute; f&aacute;cilmente al sistema corporativa de la Dictadura, aceptando la negociaci&oacute;n con patronos y autoridades a trav&eacute;s de los llamados Comit&eacute;s Paritarios, implantados en Zaragoza en 1927. CNT por su parte rechazaba toda forma de colaboracionismo al entender que ante una mayor presi&oacute;n social, le seguir&iacute;a una mayor explosi&oacute;n revolucionaria. As&iacute;, abogaron por la &ldquo;acci&oacute;n directa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fruto de tal planteamiento fue el atentado que cost&oacute; la vida al verdugo de la Audiencia de Barcelona. Como consecuencia, CNT fue ilegalizada en mayo de 1924, lo que permiti&oacute; a UGT ganar afiliados: s&oacute;lo en Zaragoza pas&oacute; de 1.198 en 1922 a 12.106 en 1931. La huelga en Industrial Qu&iacute;mica podr&iacute;a interpretarse como un intento de CNT por recuperar fuerza social. De hecho, a mediados de los a&ntilde;os 30 la Federaci&oacute;n de Sindicatos de CNT alcanz&oacute; una cifra que rondaba los 20.000 afiliados.
    </p><h2 class="article-text">Trapos sucios&nbsp;</h2><p class="article-text">
        El domingo d&iacute;a 9 de agosto una asamblea del Sindicato de Alcoholeros y Azucareros, adscritos a CNT, daba por finalizado el conflicto. Los acuerdos alcanzados mejoraban las condiciones: instalaci&oacute;n de duchas, cuarto ropero y comedor; un complemento salarial por accidente que permit&iacute;a al trabajador cobrar el jornal &iacute;ntegro pasados los nueve primeros d&iacute;as; nombramiento de un delegado de la CNT para atender las reclamaciones... Adem&aacute;s, logr&oacute; arrancar a la Industrial Qu&iacute;mica el compromiso de que en caso de contratar nuevo personal, el sindicato tendr&iacute;a opci&oacute;n a colocar en el 30% de las vacantes a sus afiliados. El nuevo Contrato reforzaba la posici&oacute;n de los cenetistas.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, Arsenio Jimeno Velilla, secretario de la Federaci&oacute;n Aragonesa de Agrupaciones Socialistas y Consejero de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica en el Consejo de Arag&oacute;n dirigido por el anarcosindicalista Joaqu&iacute;n Ascaso, da otra versi&oacute;n del final de la huelga. En sus memorias, &ldquo;Zaragoza en la tormenta, afirma que &rdquo;<em>la huelga qu&iacute;mica la termin&oacute; San Mart&iacute;n al serle entregadas por la empresa 6.000 pesetas que servir&iacute;an para hacer la revoluci&oacute;n</em>&ldquo;. Arsenio acusa al tal San Mart&iacute;n de emplear ese supuesto dinero para abrir un taller de carrocer&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No he encontrado en la documentaci&oacute;n manejada referencias a este San Mart&iacute;n. Sin embargo, s&iacute; aparece el nombre de Valeriano San Agust&iacute;n Zarza, impulsor del Sindicato Regional de Obreros Azucareros, integrado en CNT. Este San Agust&iacute;n fue quien dirigi&oacute; la asamblea del 9 de agosto de 1931 donde se acord&oacute; poner fin al paro en la Qu&iacute;mica. O Arsenio Jimeno confundi&oacute; el santoral o evit&oacute; revelar el verdadero nombre de un dirigente sindical que fue fusilado el 19 de agosto de 1936 por el terrorismo franquista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La de Industrial Qu&iacute;mica fue la primera gran huelga de una serie de movilizaciones y paros obreros que de forma general o en sectores concretos se extender&iacute;a a lo largo de la ef&iacute;mera vida de la Segunda Rep&uacute;blica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/huelga-industrial-quimica-zaragoza_132_12319982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 May 2025 03:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La huelga en la Industrial Química de Zaragoza]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El “Día del Libro” en Zaragoza, capítulo primero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/dia-libro-zaragoza-capitulo_132_12227140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3cb65ea0-d89a-462e-a3b0-4eca849112a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El “Día del Libro” en Zaragoza, capítulo primero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La celebración del Día del Libro el 7 de octubre se mantuvo hasta 1930, año en que se decidió que fuera el 23 de abril, fecha de la muerte de Miguel de Cervantes, o al menos de su entierro</p></div><p class="article-text">
        No siempre se celebr&oacute; el 23 de abril el &ldquo;D&iacute;a del Libro&rdquo;. En 1926, la dictadura de Primo de Rivera decret&oacute; el 7 de octubre como la fecha para conmemorar<em> &ldquo;el natalicio del pr&iacute;ncipe de las letras espa&ntilde;olas, Miguel de Cervantes&rdquo;.</em> Se hizo un llamamiento a las instituciones p&uacute;blicas para celebrar una<em> &ldquo;sesi&oacute;n p&uacute;blica dedicada al libro espa&ntilde;ol</em>&rdquo;. Iniciamos un breve paseo por los diez primeros a&ntilde;os de una celebraci&oacute;n que a&uacute;n sigue viva.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Bibliopirater&iacute;a</h2><p class="article-text">
        En octubre de aquel mismo a&ntilde;o, la Universidad, con la &ldquo;<em>nota de color</em>&rdquo; puesta por la &ldquo;<em>presencia de las se&ntilde;oritas alumnas de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras</em>&rdquo;, organiz&oacute; una jornada donde lo m&aacute;s gomoso del profesorado zaragozano comparti&oacute; sus saberes. &Aacute;lvaro de San P&iacute;o, catedr&aacute;tico de Literatura, disert&oacute;<em> </em>sobre las diversas formas de afici&oacute;n al libro<em> </em>que catalog&oacute;, con anticipados aires borgianos, en &ldquo;<em>Bibliograf&iacute;a, Bibliotecograf&iacute;a, Bibliolog&iacute;a, Bibliofilia, Biblioman&iacute;a y Bibliopirater&iacute;a</em>&rdquo;. Esta &uacute;ltima, quiz&aacute; un dardo lanzado a alg&uacute;n colega chanchullero. Concluy&oacute; anunciando la inauguraci&oacute;n de la nueva biblioteca de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras. En las escuelas Nacionales se leyeron trozos del &laquo;Quijote&raquo; y se repartieron libros. El barrio de Delicias promovi&oacute; una velada con el catedr&aacute;tico Miguel Sancho Izquierdo y la participaci&oacute;n del alumnado de las escuelas nacionales del Castillo y de Gimeno Rodrigo.
    </p><h2 class="article-text">El libro entre la soldadesca</h2><p class="article-text">
        En a&ntilde;os siguientes se apuntaron a la celebraci&oacute;n las instituciones militares. No parece el cuartelario un ambiente propicio para tales menesteres, pero lo cierto es que hubo amplia participaci&oacute;n que continuar&iacute;a en los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica. Incluso el futuro dictador Francisco Franco, a la saz&oacute;n director de la Academia General Militar, reparti&oacute; entre los cadetes su &uacute;ltimo libro, hab&iacute;a publicado ya anteriormente otro sobre la guerra de Marruecos en 1922, y exhort&oacute; &ldquo;<em>a perseverar en su amor al libro, fuente de cultura</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n 08-10-1929). Cultura que su colega Mill&aacute;n Astray vio necesario dar matarile por el bien de la &ldquo;nueva Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Llegan las cr&iacute;ticas</h2><p class="article-text">
        La &ldquo;Fiesta del Libro&rdquo; tuvo tambi&eacute;n sus detractores. &ldquo;<em>Acto fr&iacute;o y etiquetero&rdquo;</em>, afirmaban, mientras &ldquo;<em>no se compren libros y las bibliotecas populares no vean aumentada considerablemente su clientela</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n 07-10-1927) Ese mismo a&ntilde;o, La Voz de Arag&oacute;n reclamaba en forma de copla una pol&iacute;tica cultural y educativa m&aacute;s sustanciosa y menos efectista: &ldquo;<em>Fiesta del Libro / Frases brillantes. / Discursos huecos/ Las bibliotecas / siempre anhelantes / de una visita / iGloria a Cervantes!</em>&rdquo;<em> </em>(08-10-1927). Las sucesivas ediciones de la Fiesta del Libro ahondaron las valoraciones negativas dada la escasa presencia del gremio de los libreros, por coincidir con el despacho de libros de texto (La Voz de Arag&oacute;n 08-10-1929) y la pobre participaci&oacute;n del vecindario (La Voz de Arag&oacute;n 09-10-1929). Quiz&aacute;, apunta el editorial de la Voz de Arag&oacute;n, porque &ldquo;<em>Zaragoza es la ciudad de su categor&iacute;a donde menos libros se venden</em>&rdquo;. Hac&iacute;an falta cambios.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una nueva fecha</h2><p class="article-text">
        La celebraci&oacute;n del D&iacute;a del Libro el 7 de octubre se mantuvo hasta 1930, a&ntilde;o en que se decidi&oacute; que fuera el 23 de abril, fecha de la muerte de Miguel de Cervantes, o al menos de su entierro. Tras el advenimiento de la Rep&uacute;blica, el D&iacute;a del Libro de 1931 fue ya otra cosa, menos envarada y m&aacute;s popular, aunque continuaron los actos en la universidad y en los cuarteles.&nbsp;De ese a&ntilde;o destaca la inauguraci&oacute;n de la biblioteca Basilio Para&iacute;so, en la planta baja del Museo Comercial, hoy de Zaragoza. All&iacute; se cre&oacute; la Secci&oacute;n de Arag&oacute;n formada por unos 1.500 vol&uacute;menes, &ldquo;<em>Biblioteca integrada por las obras de aragoneses o sobre Arag&oacute;n</em>&rdquo; (La Voz de Arag&oacute;n, 28-04-1931).
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            <span class="title">
                Los libros sobre Rusia y las novelitas eróticas tuvieron numerosos lectores.                            </span>
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        Aparecen las se&ntilde;as de identidad de lo que ser&aacute; el futuro D&iacute;a del Libro, con puestos de venta en el Coso, Paseo de Independencia y San Gil. Comienza a destacar el negocio y se habla de la Semana del Libro: &ldquo;S<em>e anunci&oacute; por medio de art&iacute;sticos carteles el comienzo de la Semana del Libro, con rebajas en el precio de venta de los ejemplares, la animaci&oacute;n en librer&iacute;as y puestos de venta ambulantes ha sido extraordinaria</em>&rdquo; (El Noticiero 24 -04-1931). Entre estos tenderetes tuvo fama un tal Lorenzo, el m&aacute;s callejero de los libreros zaragozanos. Su puesto permanec&iacute;a abierto todos los d&iacute;as del a&ntilde;o, fuera invierno que verano. Durante las jornadas del 23 de abril adornaba con banderas republicanas su baratillo en la calle del Teatro, actual de Cosme Blasco.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Contradicciones culturales en la sociedad de masas&nbsp;&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La literatura sali&oacute; a la calle de forma masiva y pintoresca. Se montaron &ldquo;<em>barracas y tableros en las calzadas&rdquo; </em>donde se vend&iacute;an<em> &ldquo;ejemplares viejos, sobados, ineficaces para una obra de cultura</em>&rdquo; (La Voz de Arag&oacute;n 23-04-1933). Lo cierto es que la mayor&iacute;a del vecindario s&oacute;lo ten&iacute;a acceso a esos libros &ldquo;<em>sobados</em>&rdquo; que Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna llamaba &ldquo;z<em>apatos viejos del esp&iacute;ritu</em>&rdquo;. Remendones hubo en Zaragoza, como Antonio Nasarre de Latosa cuya librer&iacute;a de ocasi&oacute;n se ubicaba en un edificio de 1880, a&uacute;n en pie, en la calle de San Miguel 14, hoy n&uacute;mero 20.
    </p><p class="article-text">
        Con su habitual estilo impresionista, Jos&eacute; Garc&iacute;a Mercadal tambi&eacute;n dej&oacute; una &aacute;cida pincelada de aquel bullicioso ambiente, no muy distinto al de hoy: &ldquo;<em>terminada la Feria, desaparecidos de la v&iacute;a p&uacute;blica los tenderetes uniformes y pacotillescos, plegadas las banderas de los Pa&iacute;ses suramericanos y enmudecidos los altavoces</em>.&rdquo; (La Voz de Arag&oacute;n 25-04-1934). El colorismo de estas im&aacute;genes radiograf&iacute;a las tensiones entre la literatura como signo de distinci&oacute;n social y su masificaci&oacute;n vulgarizadora.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iexcl;Que vienen los rusos!</h2><p class="article-text">
        Para unos, las novelitas de quiosco, las m&aacute;s accesibles al bolsillo popular, y en especial &ldquo;<em>la novela er&oacute;tica y comunistoide</em> <em>respond&iacute;an a un plan disolvente, concebido con la intenci&oacute;n de quebrantar fundamentos &eacute;ticos</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n 24-04-1935). En efecto, entre los libros m&aacute;s vendidos en 1932 figuran los dedicados al pa&iacute;s de los Soviets, &ldquo;<em>verdaderas monta&ntilde;as</em>&rdquo;. Autores como Josep Pl&aacute;, Ram&oacute;n J. Sender o Chaves Nogales se apuntaron a la moda de plasmar su peregrinaje a Rusia. Hasta un escritor decadentista y arrabalero como Antonio de Hoyos y Vinent, marqu&eacute;s y anarquista de &uacute;ltima hora, publicar&iacute;a en 1933 una novelita quiosquera titulada <em>&ldquo;&iexcl;Comunismo! El comunismo visto al trav&eacute;s de los bajos fondos madrile&ntilde;os</em>&rdquo;: &ldquo;<em>&mdash;&iquest;Sabes lo que te digo? &iexcl;Que el cochino mundo est&aacute; pero que mu mal organizao. Si t&uacute; hubieses le&iacute;do a Lenin...&rdquo;</em>&nbsp; La editorial Castro, donde apareci&oacute; la novela de Antonio de Hoyos, lanz&oacute; en 1933 una colecci&oacute;n titulada &ldquo;Documentos de la nueva Rusia&rdquo; al precio de entre una y dos pesetas. Entonces, una raci&oacute;n de callos costaba 75 c&eacute;ntimos: ideolog&iacute;a contundente para bolsillos tan vac&iacute;os como los est&oacute;magos.
    </p><h2 class="article-text">La ola verde</h2><p class="article-text">
        Un pa&iacute;s de conventos y cuarteles, barraganas y lupanares, no pod&iacute;a dejar de producir &ldquo;literatura pornogr&aacute;fica&rdquo;. Al principio, hojas volanderas de p&eacute;sima elaboraci&oacute;n que menudeaban en manceb&iacute;as y se trapicheaban con embozo por las calles. A finales del siglo XIX circulaban ediciones privadas a cargo de imprentas fantasmas (&ldquo;Imprenta de Sacar&iacute;as Leche&rdquo;). Pero el cl&iacute;max llegar&aacute; en los primeros treinta a&ntilde;os del siglo XX, una &ldquo;ola verde&rdquo;, seg&uacute;n el inefable &Aacute;lvaro Retana, que iba desde el relato galante, achampa&ntilde;ado y fr&iacute;volo, hasta la pornograf&iacute;a m&aacute;s descarada, pasando por el truculento testimonio naturalista. Retana aventura una lista de autores donde figura &eacute;l mismo, Felipe Trigo, Alberto Ins&uacute;a y Artemio Precioso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algunas de estas obras manten&iacute;an su difusi&oacute;n clandestina, otras se exhib&iacute;an en quioscos a trav&eacute;s de colecciones semanales, formato bolsillo y paginaci&oacute;n escasa para facilitar su lectura con una sola mano. Su precio asequible, entre 25 c&eacute;ntimos y una peseta, provocadores t&iacute;tulos y sugerentes ilustraciones las hac&iacute;an irresistibles. As&iacute;, &ldquo;La biblioteca Virgo&rdquo;, donde aparecieron t&iacute;tulos como &ldquo;El co&ntilde;o de Celindaja&rdquo;, firmado por el an&oacute;nimo &ldquo;Polla dura&rdquo;. A punto de comenzar la feria del libro de 1932, La Voz de Arag&oacute;n alertaba: &ldquo;<em>Se ha desatado la pornograf&iacute;a de libros en esta ciudad</em>.<em> Las portadas m&aacute;s obscenas se muestran en los escaparates de kioscos.&rdquo;</em>&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Lecturas para entender el presente</h2><p class="article-text">
        Pese al boom editorial sobre Rusia y los folletines sical&iacute;pticos, lo cierto es que los cl&aacute;sicos y los novelistas entonces de &eacute;xito como Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez, Zamacois, Pedro Mata o Jardiel Poncela<em>, </em>segu&iacute;an siendo los m&aacute;s demandados por el p&uacute;blico zaragozano. Tras la victoria de la CEDA en noviembre de 1933 &ldquo;<em>se buscan con verdadera avidez las obras de &rdquo;las derechas&ldquo;, de Alcal&aacute; Galiano, de Cristobal de Castro, del general Mola</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n 30-04-1933). La gente quer&iacute;a entender el momento hist&oacute;rico y buscaba su sentido en los libros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>S&oacute;lo cuando podamos con orgullo publicar estad&iacute;sticas asombrosas de libros editados y vendidos en Espa&ntilde;a podremos tener la seguridad y el orgullo de que vivimos en una gran aut&eacute;ntica democracia</em>&rdquo; (La Voz de Arag&oacute;n 23-04-1931). Palabras que reflejan el &ldquo;pensamiento m&aacute;gico&rdquo; con que naci&oacute; la Segunda Rep&uacute;blica y que el general Mola, entre otros renombrados autores, se encargar&iacute;a de desmentir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/dia-libro-zaragoza-capitulo_132_12227140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Apr 2025 03:30:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El “Día del Libro” en Zaragoza, capítulo primero]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[iHurra, por el Cinco de Marzo tradicional, vinoso, desgarrado y vocinglero!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ihurra-cinco-marzo-tradicional-vinoso-desgarrado-vocinglero_132_12088794.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a3c6665-b916-447b-8897-b36055431e70_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x171y96.jpg" width="1200" height="675" alt="iHurra, por el Cinco de Marzo tradicional, vinoso, desgarrado y vocinglero!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pasear por el bullicio de su celebración supone también recorrer la historia del país</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su ceremonial festivo, la conmemoraci&oacute;n del fracasado intento carlistas por adue&ntilde;arse de Zaragoza en 1838 ha reflejado las tensiones hist&oacute;ricas que ha vivido la ciudad. Pasear por el bullicio de su celebraci&oacute;n supone tambi&eacute;n recorrer la historia del pa&iacute;s. Agarren la sart&eacute;n y la bota, que empezamos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una fiesta para la Milicia Nacional&nbsp;&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La primera efem&eacute;ride de la Cincomarzada tuvo poco de popular. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de la intentona carlista, el Ayuntamiento organiz&oacute; un baile en la Lonja con precio de entrada de ocho reales de vell&oacute;n; demasiado parn&eacute; para muchos. Previamente hubo desfiles y novillada a beneficio de las viudas de los ca&iacute;dos en defensa de la ciudad -- 9 muertos-- y de la Milicia Nacional, ej&eacute;rcito ciudadano cuyos mandos pertenec&iacute;an a la peque&ntilde;a burgues&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1842 se dispone un programa m&aacute;s callejero: &ldquo;<em>Al medio d&iacute;a un repique general de campanas y la Salida de los gigantes, dar&aacute; principio a celebrar el triunfo&rdquo; </em>(El Eco de Arag&oacute;n, 4-3-1842).<em> </em>Paradas militares, misas y actos ben&eacute;ficos formar&aacute;n parte del guion que se repetir&aacute; durante d&eacute;cadas. En 1844 el nuevo gobierno de Narv&aacute;ez desmoviliza la Milicia Nacional, que se hab&iacute;a destacado en el levantamiento esparterista en septiembre del a&ntilde;o anterior. Es entonces cuando el pueblo zaragozano comienza a celebrar a su aire el Cinco de Marzo.&nbsp;
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                Imágenes de la Cincomarzada de 1933                            </span>
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        Espartero, elegido diputado por Zaragoza, regresa al Gobierno en julio de 1854. El Bando de marzo de 1855 expresa el contento municipal: &ldquo;<em>Zaragozanos: la opresi&oacute;n y la intolerancia de los enemigos de las libertades p&uacute;blicas os han privado por el espacio de doce a&ntilde;os de la solemne conmemoraci&oacute;n del Cinco de Marzo</em>&rdquo;. La emoci&oacute;n se tradujo en espectacularidad. En la arena de la plaza de toros se represent&oacute; el drama titulado &ldquo;El Cinco de Marzo&rdquo; cuya escenograf&iacute;a recreaba las murallas de Zaragoza y la puerta del Carmen.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Brindis pol&iacute;tico</h2><p class="article-text">
        En 1858, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de los sucesos, la Cincomarzada se festeja con &ldquo;<em>alegr&iacute;a, expansi&oacute;n y placer</em>&rdquo; (El Avisador 5-3-1858). &ldquo;El Saldubense&rdquo; lo narr&oacute; as&iacute;: &ldquo;<em>todo estaba cuajado de gente que, en bulliciosas cuadrillas repartida, celebraba en sus cantares al comp&aacute;s de guitarras y panderos el recuerdo de este d&iacute;a</em>&rdquo; (7-3-1858).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Cinco de Marzo de 1864, Progresistas y Dem&oacute;cratas organizan en Zaragoza sendas concentraciones a las que acuden sus primeros espadas. Mateo Sagasta, por los Progresistas, brindar&aacute; por los ca&iacute;dos de 1838 en el jard&iacute;n emparrado del caf&eacute; de la Iberia, entre los actuales n&uacute;meros 23-25 del paseo de Independencia. Por su parte, Estanislao Figueras y Emilio Castelar, del Partido Democr&aacute;tico Federal, elegir&aacute;n el Coso de la Misericordia. La plaza de toros, abarrotada pese a la lluvia, vibr&oacute; con el discurso de Castelar que &ldquo;<em>logr&oacute; cautivar el &aacute;nimo de los concurrentes de tal manera que rayaba en delirio el entusiasmo.</em>&rdquo; (El Imparcial&ldquo;, 6-3-1964).
    </p><h2 class="article-text">Calles revueltas</h2><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, el 19 de septiembre de 1869, Emilio Castelar volver&iacute;a a electrizar a las masas zaragozanas desde la balconada del Hotel Europa, hoy sede del Banco de Espa&ntilde;a: &ldquo;<em>Juradme que no consentir&eacute;is jam&aacute;s reyes extranjeros</em>&rdquo;. Durante los actos del cinco de marzo de aquel a&ntilde;o, mientras &ldquo;<em>batallones del ej&eacute;rcito y milicia ciudadana</em>&rdquo; desfilaban por<em> &ldquo;la espaciosa calle de la Independencia</em>&rdquo;, se vieron ondear &ldquo;<em>unas cuantas banderas republicanas</em>&rdquo; (El Diario de Zaragoza, 07-03-1869) Era s&oacute;lo el preludi&oacute; de la revuelta los d&iacute;as 7 y 8 de octubre de 1869, al conocerse la retirada de la minor&iacute;a republicana de la C&aacute;mara tras la suspensi&oacute;n de las garant&iacute;as constitucionales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No tardar&iacute;a la ciudad en volver a alborotarse. En 1874 los &ldquo;Voluntarios de la Rep&uacute;blica&rdquo;, sucesores de la Milicia Nacional, respond&iacute;an en las calles al golpe del General Pav&iacute;a. Las barricadas levantadas en el casco antiguo fueron barridas por el ej&eacute;rcito. En apenas 6 horas, el levantamiento del 4 de enero qued&oacute; brutalmente reprimido con el balance de 70 muertos y 140 heridos. Dos meses despu&eacute;s, la prensa festejaba la Cincomarzada recordando que &ldquo;<em>Zaragoza es una ciudad republicana&rdquo; </em>(El Orden, 03-1874). Aquel cinco de marzo de 1874 sirvi&oacute; tambi&eacute;n para recordar y homenajear a los ca&iacute;dos de enero.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Todo en orden&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Con la llegada de la primera Restauraci&oacute;n borb&oacute;nica, la agitaci&oacute;n pol&iacute;tica se remans&oacute;, siquiera para ir enceneg&aacute;ndose poco a poco. El pa&iacute;s qued&oacute; en manos de 200 familias, como reconoc&iacute;a C&aacute;novas, y el poder pol&iacute;tico repartido entre fulleros. La agitaci&oacute;n obrera se convertir&iacute;a en el nuevo frente para la burgues&iacute;a.
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                Cincomarzada de 1981                            </span>
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        No tuvo apego el nuevo r&eacute;gimen por la Cincomarzada, aunque cumpl&iacute;a con el ritual de la misa por los ca&iacute;dos, dejando al pueblo a su marcha. Despojada de su significado pol&iacute;tico y despejada la climatolog&iacute;a de violencias partidistas, la &uacute;nica preocupaci&oacute;n era que la Cincomarzada se celebrase con buen tiempo y orden. Para las autoridades resultaba clave ofrecer una imagen de &ldquo;<em>satisfacci&oacute;n de todos</em>&rdquo; (Diario de Avisos, 6-3-1876).
    </p><h2 class="article-text">Ma&ntilde;ana sol y buen tiempo</h2><p class="article-text">
        Sin embargo, con motivo de las elecciones a Cortes en 1893, hubo otro momento de encono pol&iacute;tico. Quiso la casualidad que aquel a&ntilde;o la Cincomarzada se celebrase el mismo d&iacute;a de la votaci&oacute;n. Ning&uacute;n partido y sus &oacute;rganos de expresi&oacute;n pudieron resistirse a comparar los comicios con la gesta de 1838.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su edici&oacute;n del 4 de marzo de 1893, &ldquo;El diario del pueblo&rdquo;, que defend&iacute;a la candidatura republicana de Marceliano Is&aacute;bal, se empleaba en tonos guerreros: &ldquo;<em>Ma&ntilde;ana es el d&iacute;a de la lucha en los comicios</em>&rdquo;. Por su parte, el diario &ldquo;La Derecha&rdquo;, que impulsaba al aspirante Gil Berges, apelaba al combate de 1838 para hacer que &ldquo;<em>los conservadores no cuenten aqu&iacute; con argumentos para el triunfo</em>&rdquo;. Y en portada, &ldquo;La Alianza Aragonesa&rdquo; recordaba a sus correligionarios que votar por Segismundo Moret era &ldquo;<em>demostrar a la reacci&oacute;n que la Zaragoza del 5 de marzo de 1893 era la de 1838</em>&rdquo;. Pasaron las elecciones, gan&oacute; quien por turno le correspond&iacute;a y la celebraci&oacute;n de la jornada festiva pas&oacute; como tuvo que pasar: &ldquo;<em>con un cielo despejado</em>&rdquo; (Diario Mercantil de Zaragoza) y &ldquo;<em>varios sujetos embriagados</em>&rdquo; (Diario de Avisos).
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; Cincomarzada?</h2><p class="article-text">
        El cinco de marzo de 1898 fue fr&iacute;o y desapacible, como el clima pol&iacute;tico. Desde hac&iacute;a tres a&ntilde;os la guerra contra el yanki amenazaba los territorios de ultramar: &ldquo;<em>Las circunstancias por que la patria atraviesa son dif&iacute;ciles como nunca. Por eso fechas como las del 5 de Marzo deben servir para hacer confiar a los espa&ntilde;oles en un venturoso porvenir</em>&rdquo; (Diario de Zaragoza 5-3-1898). Pese a ello, no faltaron las suculentas meriendas y los bailoteos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En sus memorias zaragozanas, Miguel Sancho Izquierdo, Catedr&aacute;tico de Derecho y Rector de la Universidad de Zaragoza, recuerda que a principios del siglo XX acud&iacute;a de ni&ntilde;o con su familia a merendar a Macanaz, un festejo &ldquo;<em>extremadamente popular, bien que apenas se recordara ya su origen</em>&rdquo;. Efectivamente, desde entonces las sucesivas efem&eacute;rides se resumen en cr&oacute;nicas reiterativas, cursis y un punto cr&iacute;ticas a veces. La de 1908 &ldquo;<em>entre el morapio abundante y el aroma de las violetas&rdquo;</em>, ox&iacute;geno para una poblaci&oacute;n que vive &ldquo;<em>en casas mal saneadas, ayunas de higiene</em>&rdquo; (Diario de Avisos de Zaragoza, 6-3-1908).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En febrero de 1909 el ayuntamiento prev&eacute; levantar un monumento a la jornada del Cinco de Marzo en la plaza de Salamero, que nunca lleg&oacute; a construirse (https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/tristes-destinos-plaza-salamero_132_10218999.html)&nbsp; Y as&iacute; llegamos al 80 aniversario en 1918 sin especiales eventos, pero &ldquo;<em>con servicio especial de vigilancia</em>&rdquo; (Diario de Avisos 5-3-1918). Tras la huelga en enero de 1917 la atm&oacute;sfera entre la clase obrera zaragozana era de inestabilidad invariable.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una fiesta para una gran ciudad&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Un art&iacute;culo de 1924 nos descubre c&oacute;mo la fiesta que se desparramaba por una ciudad cuya poblaci&oacute;n hab&iacute;a aumentado considerablemente: &ldquo;<em>Como todos los a&ntilde;os; Macanaz, las Balsas del Ebro Viejo; los Picarrales, el puente del G&aacute;llego, el Camino del Vado, la Granja, los Cabezos, Casa Blanca y el soto de Almozara fueron los lugares dilectos de los excursionistas.&rdquo; </em>(Heraldo de Arag&oacute;n, 6-3-1924)<em> </em>Ni una referencia pol&iacute;tica. La dictadura somat&eacute;n de Primo de Rivera permanec&iacute;a vigilante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi diez a&ntilde;os despu&eacute;s la cr&oacute;nica parece calcada, como si el pueblo pretendiese sin m&aacute;s el solaz del d&iacute;a de asueto y dejase la protesta para mejor ocasi&oacute;n: <em>&ldquo;Y ante aquel subir y bajar de columpios campestres &rdquo;repletos&ldquo; de garridas mozas; de aquellos orfeones totalmente re&ntilde;idos con la m&aacute;s elemental unidad arm&oacute;nica; de aquellos bailes al comp&aacute;s de una m&uacute;sica en conserva af&oacute;nica, de aquellos celebradores de la fecha hist&oacute;rica con churretones de grasa y tinto del bueno. iHurra por el Cinco de Marzo tradicional, vinoso, desgarrado y vocinglero!&rdquo; </em>(La Voz de Arag&oacute;n,<em> </em>7-3-1933) No me negar&aacute;n que la escena desprende un poderoso aroma a francachela medieval de final de cosecha. Zaragoza era un poblach&oacute;n de extensa huerta y la industria agr&iacute;cola su motor econ&oacute;mico. La Cincomarzada pose&iacute;a un car&aacute;cter de efem&eacute;ride agraria, como si de la fiesta menor de cualquier otro pueblo se tratase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el ayuntamiento golpista de Zaragoza decidi&oacute; el 3 de marzo de 1937 suprimir la conmemoraci&oacute;n de la Cincomarzada. Los bailes y las meriendas no regresaron oficialmente al parque del T&iacute;o Jorge hasta 1981. Hoy seguimos celebr&aacute;ndolo con igual esp&iacute;ritu jaranero que nuestros antiguos vecinos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ihurra-cinco-marzo-tradicional-vinoso-desgarrado-vocinglero_132_12088794.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Mar 2025 04:30:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[iHurra, por el Cinco de Marzo tradicional, vinoso, desgarrado y vocinglero!]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reyes Barbero, los pasos de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/reyes-barbero-pasos-memoria_132_12009757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee96e6ec-b455-4d7c-91ce-794a34e1e110_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reyes Barbero, los pasos de la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Reyes Barbero pertenece a esa estirpe, a la que José Antonio Labordeta pusiera voz: “aquellos que hicieron lo posible por empujar la historia hacia la libertad”</p></div><p class="article-text">
        Una mujer recorre la ciudad. En la historia que voy a contarles apenas supera la mayor&iacute;a de edad que entonces, en 1975, es de 21 a&ntilde;os. Est&aacute; inquieta, agotada por los largos trayectos y el bochorno de Zaragoza. En el ambiente hay una atm&oacute;sfera de tormenta a punto de detonar. Reyes, que as&iacute; se llama nuestra protagonista, ignora que la estamos observando. Tardar&aacute; cincuenta a&ntilde;os en saberlo. Si se enterara en ese momento sobre el que hoy escribo, se asustar&iacute;a. Porque a Reyes alguien la persigue.
    </p><h2 class="article-text">La ciudad&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La vemos patear la zona universitaria. Una chica m&aacute;s en medio de gente joven. A veces, se detiene a comer un bocadillo en el viejo Louisiana antes de llamar a un portal de la calle Bret&oacute;n, donde pasar&aacute; la noche. Hay pocos sitios seguros, s&oacute;lo el movimiento y la soledad resultan albergues fiables.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a de estos lograr&aacute; reunirse con su familia en los pinares de la calle &Aacute;frica, un encuentro fugitivo, como si cruzase la orilla hacia un pa&iacute;s desconocido. Su viaje, de tr&aacute;nsitos y paradas ocasionales, apenas ha hecho sino comenzar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La cocina</h2><p class="article-text">
        El espacio que recorre Reyes es tambi&eacute;n el de la memoria. Por mucho que camine no puede alejarse de una calle a&uacute;n sin nombre en el conf&iacute;n de las Delicias. All&iacute;, en la intimidad de la cocina de un piso en la calle G &ndash; futura de Fray Juan Regla-- conoce la historia de su familia, que es la de un pa&iacute;s con almas muertas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A Valsequillo, un pueblo de C&oacute;rdoba rayano con Extremadura, lleg&oacute; tambi&eacute;n la Rep&uacute;blica. Tiempo de inquietudes y esperanzas. Su madre le cuenta la felicidad de ser mujer joven en aquellos d&iacute;as. Pero no hay lugar remoto para escapar de la historia. En noviembre de 1936 las camionetas de Falange irrumpen con violencia en la tranquilidad de un pueblo donde nunca hubo una ri&ntilde;a pol&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las confidencias entre madre e hija se dibuja al fin la imagen del t&iacute;o fusilado por su pertenencia a las Juventudes Socialistas Unificadas; el cautiverio del teniente Pedro Barbero, padre de Reyes, al acabar la contienda; y la decisi&oacute;n familiar de abandonar la miseria y huir de la represi&oacute;n. El hambre y los palos han sido siempre el motor incombustible de la historia de Espa&ntilde;a. El franquismo impuso el silencio a trav&eacute;s el terror. La madre de Reyes fue una de tantas rapadas a quienes la &ldquo;nueva Espa&ntilde;a&rdquo; castigaba por su doble condici&oacute;n de mujer de clase trabajadora. Pese al miedo y a la amargura, escucharse en voz alta debi&oacute; ser un acto de liberador.
    </p><h2 class="article-text">El cineclub, la parroquia, los bares. El Partido</h2><p class="article-text">
        Reyes tomar&aacute; conciencia de lo que desde hace un tiempo le inquieta. Est&aacute; viviendo un tiempo de posguerra prorrogada, en sordina. Ni los debates en el Cine Club del Centro Pignatelli, ni las charlas con otros j&oacute;venes en la parroquia de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe lograban dar respuesta a su malestar por una sociedad represiva e injusta. &iquest;Qu&eacute; hacer? Vendr&aacute;n a&ntilde;os de b&uacute;squeda hasta que en 1974 ingrese en las Juventudes Comunistas. Como dir&iacute;a el poeta: &ldquo;<em>es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Comienza un periodo donde la militancia absorbe su vida. El trabajo y los estudios se conjugan con su tarea como responsable de propaganda de la c&eacute;lula de Delicias. Con el tapujo de j&oacute;venes que acuden a estudiar, se re&uacute;nen en bares para tomar decisiones, mientras los parroquianos juegan al gui&ntilde;ote o sestean. Uno de aquellos bares a&uacute;n existe, el Anjoma, en el n&uacute;mero 30 de la calle Andr&eacute;s Vicente: en el sal&oacute;n del fondo deciden las acciones a realizar.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El paso a nivel</h2><p class="article-text">
        El verano est&aacute; llegando a su fin y la Brigada Pol&iacute;tico Social a&uacute;n no ha dado con la fugitiva. Pareciera que pr&oacute;fuga y perseguidores manejasen mapas distintos de Zaragoza. Quiz&aacute; se hayan olvidado de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En algunas ciudades europeas nadie olvida sin embargo al dictador de Espa&ntilde;a. Por esas fechas, un centenar manifestantes espa&ntilde;oles y alemanes ocupan durante algunas horas la catedral de Colonia. Y en Par&iacute;s, miles de personas participan en una manifestaci&oacute;n para protestar por el r&eacute;gimen franquista. En enero hab&iacute;an sido detenidos algunos miembros de la Junta Democr&aacute;tica de Madrid en su presentaci&oacute;n en rueda de prensa. La oposici&oacute;n franquista hab&iacute;a comenzado a coordinarse y plantear un programa de m&iacute;nimos que inclu&iacute;a la amnist&iacute;a por delitos pol&iacute;ticos, la legalizaci&oacute;n de los partidos y la libertad sindical.
    </p><p class="article-text">
        La grupo de Delicias decide hacerse o&iacute;r en el proceso hist&oacute;rico. En el desaparecido paso a nivel de la avenida de Madrid, actual plaza de la Ciudadan&iacute;a, sus integrantes colgar&aacute;n el 8 de septiembre de 1975 una pancarta con un mensaje: &ldquo;<em>Amnist&iacute;a, libertad por la junta democr&aacute;tica</em>&rdquo;. Cinco metros de s&aacute;bana que son expresi&oacute;n de un pueblo organizado que marca el mismo paso que los acontecimientos. &nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La Comisar&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Ese mismo 8 de septiembre de 1975 Reyes, junto a otros miembros de la c&eacute;lula, ser&aacute; detenida y trasladada a la Comisar&iacute;a del paseo de Mar&iacute;a Agust&iacute;n. <em>&ldquo;&iquest;Eres Reyes Barbero, a la que hemos estado buscando todo el verano y que tanto trabajo nos has dado?</em>&rdquo;. La pregunta del comisario es seguida de un bofet&oacute;n. Son los preliminares.
    </p><p class="article-text">
        De inmediato es aislada en un calabozo en cuyas paredes, llenas de inscripciones, marca una hoz y un martillo y un mensaje a futuros moradores, pero sobre todo a ella misma: &ldquo;<em>no os desanim&eacute;is</em>&rdquo;. La misma tarde del 8 de septiembre comienzan los interrogatorios: gritos, amenazas y golpes. El r&eacute;gimen se descompon&iacute;a con la misma violencia que hab&iacute;a sido engendrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los interrogatorios se prolongar&aacute;n ma&ntilde;ana y noche. El segundo d&iacute;a, la polic&iacute;a presenta una confesi&oacute;n que Reyes se niega a firmar. Pese a las torturas, no ha abierto la boca. El &uacute;ltimo d&iacute;a suscribe una declaraci&oacute;n en la que niega las acusaciones. La rabia policial estalla en el rostro de Reyes: rotos los t&iacute;mpanos, estar&aacute; m&aacute;s de un mes sin apenas audici&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La C&aacute;rcel</h2><p class="article-text">
        El 12 de septiembre el juez dicta prisi&oacute;n provisional y Reyes es recluida en la c&aacute;rcel de Torrero donde entonces hay pocas presas, entre comunes y pol&iacute;ticas. All&iacute; organizan las tareas diarias y comparten comida, dinero, libros (Miguel Hern&aacute;ndez, Neruda, Sender&hellip; ) Con la llegada del oto&ntilde;o el fr&iacute;o hace insoportable la estancia. El m&eacute;dico aparece cada 15 &oacute; 20 d&iacute;as. La aspirina es el sempiterno remedio para cualquier s&iacute;ntoma, incluso para las secuelas de la tortura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la c&aacute;rcel vive momentos duros, como los &uacute;ltimos fusilamientos del franquismo, al alba del 27 de septiembre. Pero tambi&eacute;n la esperanza tras la muerte de Franco; para celebrarlo encargan vino al economato de la prisi&oacute;n. Reyes recuerda a algunas presas comunes llorando por el dictador, reflejo del s&iacute;ndrome de Estocolmo en que vive una parte de la sociedad. Finalmente, el 27 de noviembre es puesta en libertad provisional. Diez d&iacute;as despu&eacute;s volver&aacute; a ser detenida.
    </p><p class="article-text">
        El 7 de diciembre de 1975, tras una concentraci&oacute;n convocada por el Partido a las puertas de la c&aacute;rcel de Torrero para pedir la amnist&iacute;a, es llevada de nuevo junto a tres compa&ntilde;eros a la comisar&iacute;a. Sin interrogatorios esta vez, pasar&aacute; a las 72 horas a disposici&oacute;n judicial. Tras contactar en Madrid con la abogada Cristina Almeida, salen de prisi&oacute;n sin cargos el 20 de diciembre. No siempre la rabia muere con el perro.
    </p><h2 class="article-text">El final del laberinto</h2><p class="article-text">
        Ya conocemos la leyenda de la &ldquo;Transici&oacute;n&rdquo;, su car&aacute;cter premonitorio. A los due&ntilde;os del r&eacute;gimen les fueron condonadas sus deudas con el franquismo y abrieron enseguida cuenta nueva en la reci&eacute;n estrenada democracia que nac&iacute;a con ofertas y rebajas. La mayor&iacute;a, en verdad, ten&iacute;a bagaje y descaro suficiente para seguir haciendo lo mismo siendo los mismos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Carnet de las Juventudes Comunistas de Reyes Barbero, fechado en 1977, año de la legalización del PCE."
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                Carnet de las Juventudes Comunistas de Reyes Barbero, fechado en 1977, año de la legalización del PCE.                            </span>
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        Hubo una mayor&iacute;a, sin embargo, que puso los pies en la calle y la voz en los muros. Lo cuenta Rafael Chirbes por boca de uno de sus personajes: &ldquo;<em>hab&iacute;a mucho pijer&iacute;o, pero otra gente se arriesgaba, se jugaba muchas cosas, incluida la vida porque cre&iacute;a en el bien com&uacute;n</em>&rdquo;. Reyes Barbero pertenece a esa estirpe, a la que Jos&eacute; Antonio Labordeta pusiera voz: &ldquo;<em>aquellos que hicieron lo posible por empujar la historia hacia la libertad</em>&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/reyes-barbero-pasos-memoria_132_12009757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Feb 2025 04:30:39 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Charlas al sol del invierno: los carasoles de Zaragoza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/charlas-sol-invierno-carasoles-zaragoza_132_11929406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36f334cb-9643-4ccf-9cca-013f55ab30f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Charlas al sol del invierno: los carasoles de Zaragoza"></p><p class="article-text">
        Hay palabras que se olvidan porque los h&aacute;bitos que las producen han desaparecido. Tal sucedi&oacute; con &ldquo;carasol&rdquo;, t&eacute;rmino que define un improvisado espacio urbano estrat&eacute;gicamente situado para demorarse y recibir la calidez solar. Podemos decir que apostarse en los carasoles en invierno era el reverso de tomar la fresca en verano.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el significado social de &ldquo;tomar el sol&rdquo; poco tiene que ver con el de nuestros antiguos paisanos, para quienes calentarse en el brasero de los pobres era m&aacute;s necesidad que ocio, dadas las condiciones de vida. La descripci&oacute;n que Balzac dedica al Par&iacute;s desaparecido de hace dos siglos sirve tambi&eacute;n para retratar los callizos de una Zaragoza sombr&iacute;a que a&uacute;n podemos contemplar en viejas im&aacute;genes: &ldquo;<em>El sol lanzaba sus rayos directamente sobre Par&iacute;s, una hoja de oro, tan afilada como un sable, alumbraba por un momento las sombras de la calle, sin ser capaz de secar la humedad permanente.&rdquo; </em>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Solanares privatizados</strong></h2><p class="article-text">
        La ciudad asolada de principios del siglo XIX ofrec&iacute;a amplios lugares para esponjarse al calor invernal. Hab&iacute;a por entonces m&aacute;s solares que viviendas. Carasoles fueron los numerosos lavaderos p&uacute;blicos de la ciudad, desde el Rabal a la Puerta del Carmen; y tambi&eacute;n aquellas entradas a la ciudad bien orientadas, como la de Puerta Cremada, al final de la calle de Hero&iacute;smo en su cruce con Manuela Sancho, frente al Huerva. All&iacute; van a &ldquo;<em>darle gusto a la u&ntilde;a</em>&rdquo; Don Mariano y Caparra, los personajes del semanario sat&iacute;rico 'El Contribuyente'. 
    </p><p class="article-text">
        Estos espont&aacute;neos jardines de invierno congregaban a transe&uacute;ntes, desocupados, m&eacute;ndigos y azotacalles, est&aacute;ticos y orgullosos de consumir gratis vitamina D, charrar a sus anchas y desafiar a la autoridad con sus rostros curtidos. Otra vez Balzac: &ldquo;<em>Uno de los espect&aacute;culos m&aacute;s inquietantes es la aparici&oacute;n de la gente parisina: una poblaci&oacute;n espantosa de ver: d&eacute;bil, demacrada, quemada por el sol</em>&rdquo;. No es raro que aquella sindicaci&oacute;n solar resultara intolerable al vecindario de buen tono de Zaragoza, hip&oacute;crita y porcelanesco.
    </p><p class="article-text">
        Habituales fueron las quejas por el m&aacute;s famoso y concurrido de los carasoles, el que atraviesa el tramo del Coso a su paso por la plaza de Espa&ntilde;a, cerca de la calle de los M&aacute;rtires. Ya en 1880 el Diario de Avisos protestaba por resultar &ldquo;<em>casi imposible el tr&aacute;nsito algunos d&iacute;as</em> (&hellip;) <em>par&eacute;cese al vulgar carasol del m&aacute;s insignificante villorrio</em>&rdquo;. Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s segu&iacute;a el mismo reproche: &ldquo;<em>El carasol de la plaza Constituci&oacute;n </em>-actual de Espa&ntilde;a- <em>ocupando el canto de la acera en los d&iacute;as tibios de invierno, verdadero brasero de miserias, debe desaparecer, como manifestaci&oacute;n de cultura de un pueblo que aspira a figurar entre los m&aacute;s modernos</em>&rdquo; (Diario de Avisos, 4-8-1905). Este antiguo solanar todav&iacute;a conserva su funci&oacute;n, aunque sus recursos naturales han sido privatizados por veladores y terrazas. Cosas de los pueblos modernos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Ruta de carasoles</strong></h2><p class="article-text">
        Una cr&oacute;nica del reportero Emilio Col&aacute;s Laguna nos sit&uacute;a en el mapa de la memoria la ubicaci&oacute;n de distintos carasoles en Zaragoza. &ldquo;<em>La tapia del Convento de las Monjas en la plaza del Portillo (</em>se refiere al extinto convento de Santa In&eacute;s<em>), a cuyo sol se cobija &mdash;todas las tardes que el sol luce de lleno en lo alto&mdash; una muchedumbre heterog&eacute;nea. Ofrece este lugar una fisonom&iacute;a netamente zaragozana, con sus mujeres del barrio alto, que han llevado de casa la sillita de anea para tomar c&oacute;modamente el sol sentadas y la labor de calceta, para que el tiempo no resulte perdido. Con sus ancianitos, convalecientes de esa enfermedad de los a&ntilde;os que les hace estar siempre con la vista la en la tierra. Con sus mocitas pintureras, que forman tertulia y platican de todo lo habido y por haber</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n, Heraldo, febrero de 1934).
    </p><p class="article-text">
        Otro carasol habitual lo ofrec&iacute;an &ldquo;<em>los muros de la f&aacute;brica del Templo Metropolitano</em>&rdquo;. &ldquo;<em>Ese carasol, al que las obras que se realizan en el Pilar han restado un pedazo, un buen trozo, con los vallados de madera que acotan el terreno. Ese carasol que es el preferido de las ni&ntilde;eras&hellip; Cuando se trata de ni&ntilde;eras a m&aacute;s de las veces rodeados de los nietecillos, que les prestan otro calor tan agradable como el sol. El calor de sus charlas&hellip;</em>&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Izquierda, carasol de plazuela de San Antón, Heraldo de Aragón,1934. A la derecha, &quot;La barbería universal&quot;, de Miguel Gay Berges en &quot;Zaragoza instantáneas grises&quot;, 1972."
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                Izquierda, carasol de plazuela de San Antón, Heraldo de Aragón,1934. A la derecha, &quot;La barbería universal&quot;, de Miguel Gay Berges en &quot;Zaragoza instantáneas grises&quot;, 1972.                            </span>
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        Finalmente localiza otro solanar en el suburbio, &ldquo;<em>en la carretera del G&aacute;llego</em>&nbsp;(se refiere al tramo final de la actual Avenida de Catalu&ntilde;a<em>) junto a las tapias de un apartadero, que es algo as&iacute; como un sanatorio de almas que convalecen de alg&uacute;n dolor. Un carasol apartado y retirado del bullicio del mundo y al que s&oacute;lo llega el rechinar de las ruedas de los tranv&iacute;as que por all&iacute; pasan y el estr&eacute;pito de los motores de los autos que por all&iacute; circulan</em>&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; concluye Emilio Col&aacute;s su reportaje: &ldquo;<em>Los carasoles zaragozanos, en suma, son un ornato m&aacute;s de la ciudad. Y como a tales adornos debemos mirarles. &iexcl;Al fin y al cabo, quiz&aacute; &mdash;y sin quiz&aacute;&mdash; son los adornos que a la ciudad m&aacute;s baratos le salen&rdquo;. </em>
    </p><h2 class="article-text"><strong>Retratos de costumbres</strong></h2><p class="article-text">
        Como dice Col&aacute;s Laguna, adem&aacute;s de la funci&oacute;n nutritiva, los parroquianos se acurrucaban al calor de sus charlas. En los carasoles se practicaba una &ldquo;fonos&iacute;ntesis&rdquo;, valga la expresi&oacute;n, que lo mismo cargaba la bater&iacute;a de la memoria que hac&iacute;a sombras chinescas con la actualidad del momento. &ldquo;Conversaciones de carasol&rdquo;, se dec&iacute;a de forma despectiva de las sesiones parlamentarias en Espa&ntilde;a, cuando las hubo. El pueblo hablaba en los carasoles. Esta es la raz&oacute;n por la que algunos escritores de entonces tomaron apuntes de los tipos humanos y charradas que all&iacute; ten&iacute;an lugar.
    </p><p class="article-text">
        El periodista zaragozano Fernando Soteras, m&aacute;s conocido como <em>Mefisto</em>, dedic&oacute; algunas de sus 'Coplas del d&iacute;a' a los pobladores del carasol: &ldquo;<em>Despu&eacute;s de enga&ntilde;ar al hambre / con un guisote de arroz / salen las tres viejecicas / al sentarse al carasol&hellip; / Toma la segunda vieja / cuando sale al carasol / su baraja julepera / m&aacute;s obscura que el carb&oacute;n&hellip;</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n, 7-11-1917).&nbsp;Y en 1929, cuando ya despuntaba una ciudad moderna, anotaba estos versos entre burlas y veras: &ldquo;<em>- T&uacute;, buen carasol, calientas / en tu dilatado trecho, / a las madres no opulentas / con chiquillos de pecho&hellip; Carasol: en estos d&iacute;as / alivias en los mortales, / las traidoras pulmon&iacute;as / y los catarros gripales</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n, 22-01-1929).
    </p><h2 class="article-text"><strong>El vendaval de las urbanizaciones</strong></h2><p class="article-text">
        A la altura de 1955, el escritor Adelino G&oacute;mez Latorre publicar&iacute;a un libro en verso titulado '<em>Carasol baturro</em>'. La figura del matraco zaragozano y sus ocurrencias gozaba a&uacute;n de buena salud, pero el tiempo de la socializaci&oacute;n al sol empezaba a declinar con premura, como las tardes de invierno.
    </p><p class="article-text">
        En sus '<em>Instant&aacute;neas grises'&nbsp;</em>sobre Zaragoza, Miguel Gay Berges nos describe &ldquo;<em>La barber&iacute;a universal</em>&rdquo;. La fotograf&iacute;a que ilustra sus l&iacute;neas nos muestra a unos tipos barojianos. Uno de ellos pasa la navaja por el ment&oacute;n enjabonado de un compa&ntilde;ero. Miguel Gay nos advierte que el paraje retratado ha desaparecido; estamos en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os sesenta, pero la fotograf&iacute;a es muy anterior: &ldquo;<em>Todo se lo llev&oacute; el enorme vendaval de las urbanizaciones</em>.&rdquo; Pero sus palabras permiten evocar aquel carasol, &ldquo;<em>una tapia que cerraba el jard&iacute;n de un pretencioso chalet en un paseo solitario y tranquilo, de centenario de &aacute;rboles frondosos</em>.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el periodista Domingo Mart&iacute;nez Benavente certificaba la defunci&oacute;n oficiosa de los carasoles en 1969: <em>&ldquo;- &iquest;Y qu&eacute; me dice de los carasoles? &ndash; Que, por desgracia, se van extinguiendo mucho antes que sus usuarios&hellip; El Ayuntamiento deber&iacute;a incluir en sus proyectos de ordenaci&oacute;n urbana una Secci&oacute;n de Carasoles&rdquo; y arbitrar los recursos necesarios para su construcci&oacute;n y mantenimiento</em>&ldquo; (El Noticiero, 08-04-1969). Afortunadamente, la petici&oacute;n de Domingo al Consistorio se tradujo a&ntilde;os despu&eacute;s en Centros C&iacute;vicos y parques en condiciones. Aunque ya veremos si no hay que volver de nuevo a posar en el brasero de los pobres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/charlas-sol-invierno-carasoles-zaragoza_132_11929406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Dec 2024 04:30:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Zaragoza,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad de los prodigios: sobre duendes y otras criaturas fabulosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ciudad-prodigios-duendes-criaturas-fabulosas_132_11840553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3de14fd2-e104-4b42-8af1-a8a9ee00496b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciudad de los prodigios: sobre duendes y otras criaturas fabulosas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por las calles y casas de Zaragoza han desfilado todo tipo de portentos y criaturas exóticas</p></div><p class="article-text">
        Desde hace varios a&ntilde;os, el Ayuntamiento de Zaragoza patrocina durante el mes de noviembre unas jornadas sobre &ldquo;fen&oacute;menos paranormales&rdquo;, ex&oacute;tico potaje donde cabe cualquier casquer&iacute;a cient&iacute;fica. Zaragoza ofrece sin duda un prestigioso escenario para lucir este tipo de eventos. Por sus calles y casas han desfilado todo tipo de portentos y criaturas ex&oacute;ticas. &iexcl;Bienvenidos al espect&aacute;culo de lo ins&oacute;lito!
    </p><h2 class="article-text">Una Mujer Lobo en Zaragoza</h2><p class="article-text">
        Entre los meses de mayo y junio de 1831 se exhibi&oacute; en la fonda El Le&oacute;n de Oro, ubicada en el Coso, frente a la Audiencia, una joven gaditana de 19 a&ntilde;os de edad que hab&iacute;a nacido &ldquo;<em>cubierta de un hermoso y vistos&iacute;simo vello muy espeso&rdquo;</em>&nbsp;(Diario de Zaragoza, 22 de mayo de 1831). Al precio de dos reales el vecindario pudo contemplar en riguroso directo a la criatura que rondaba en algunos cuentos. Eso s&iacute;, la licantrop&iacute;a no estaba re&ntilde;ida con el decoro, ya que la muchacha mostraba &ldquo;<em>solamente el rostro, cuello y brazos en atenci&oacute;n a su sexo y edad</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No era raro que el destino de quien nac&iacute;a con alguna singularidad f&iacute;sica fuera deambular por barracas de feria. La anomal&iacute;a de la Mujer Lobo no se consideraba trastorno, sino prodigio misterioso. El cronista zaragozano Faustino Casamayor lo cuenta as&iacute;: &ldquo;<em>Esta extra&ntilde;a criatura no padec&iacute;a enfermedad alguna, era muy d&oacute;cil, causaba a todos una suma novedad habiendo nacido ya con dicho vello que con los a&ntilde;os le hab&iacute;a ido creciendo.&rdquo;&nbsp;</em>
    </p><h2 class="article-text">El primer &ldquo;Poltergeist&rdquo; moderno</h2><p class="article-text">
        En la calle Flandro un hecho inaudito est&aacute; alterando la comunidad del n&uacute;mero 19. &ldquo;<em>A un vecino, parece ser le tomaron antipat&iacute;a los esp&iacute;ritus y en las primeras horas de la noche comenzaron a golpear una y otra vez la puerta</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n 21-09-1926). El caso concentra a numerosos curiosos en el callizo, perturbando el orden hasta el punto de disponer &ldquo;<em>en la casa &laquo;de los duendes&raquo; dos guardias municipales</em>&rdquo;<em>. </em>La presencia de guripas debi&oacute; conjurar los malos esp&iacute;ritus porque <em>&ldquo;ya no se oy&oacute; ning&uacute;n ruido sospechoso</em>&rdquo; (La Voz de Arag&oacute;n , 23-09-1926).
    </p><p class="article-text">
        El mismo diario lleg&oacute; a recomendar &ldquo;<em>para toda esa colecci&oacute;n de &laquo;papanatas&raquo; una buena manga de riego bien enfocada</em>&rdquo;. Y es que las cr&oacute;nicas no ocultan su desd&eacute;n hacia un incidente &ldquo;<em>que tan poco favor nos hace a los zaragozanos</em>.&rdquo; Una ciudad moderna no tolera duendes. O eso cre&iacute;an algunos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Noventa a&ntilde;os de El Duende&nbsp;</h2><p class="article-text">
        A mediados de noviembre de 1934, una voz de timbre hombruno irrumpe en la cocina de un piso en el n&uacute;mero 2 de la calle Gasc&oacute;n de Gotor. La primera en escucharla es una criada de 16 a&ntilde;os, sobre la que recaer&aacute;n las sospechas. Pero los se&ntilde;ores Palaz&oacute;n, propietarios del embrujado 2&ordm; derecha, no tardar&aacute;n en comprobar que el impertinente esp&iacute;ritu no distingue entre clases. Poco a poco, el duende parlanch&iacute;n comienza a descararse con polic&iacute;as, jueces y arquitectos que acuden al inmueble a poner orden y geometr&iacute;a. Nadie llegar&iacute;a sin embargo a explicar un suceso que tal como apareci&oacute;, se esfum&oacute;. La casa fue demolida hace casi cincuenta a&ntilde;os, pero el edificio que se levanta en su lugar lleva el r&oacute;tulo de &ldquo;El Duende&rdquo;. M&aacute;s que &ldquo;paranormal&rdquo;, fue un fen&oacute;meno social.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>&iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n tiene usted de la voz misteriosa?&rdquo; </em>pregunt&oacute; Heraldo a mecan&oacute;grafas, dependientes, estudiantes y tranviarios. Tomar el pulso a la calle mostraba esa apariencia democr&aacute;tica tan propia de la &eacute;poca, alimentando de paso un acontecimiento que estimul&oacute; el ingenio popular: unos estudiantes fueron multados con 50 pesetas por pasearse enfundados en s&aacute;banas, cual fantasmas en procesi&oacute;n; las emisoras de radio emit&iacute;an anuncios con voces que imitaban al duende; en diciembre se estrenaba en el teatro Iris una comedia titulada &ldquo;<em>Yo soy el duende&rdquo;</em>; y desde la tradici&oacute;n oral nos llegan hasta hoy coplas sical&iacute;pticas:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Una criadita chula dorm&iacute;a a oscuras y all&iacute; so&ntilde;aba / que la cama en que dorm&iacute;a se mov&iacute;a y el duende andaba / Se levant&oacute; presurosa, triste y llorosa y dando gritos / sin darse </em>cuenta<em> entr&oacute; en el cuarto del se&ntilde;orito / que al verla exclam&oacute;: &lsquo;&iexcl;Valor, no tengas miedo Leonor! / Ven aqu&iacute; a mi cama, ven aqu&iacute; en seguida / porque temiendo al Duende donde mejor se duerme es en compa&ntilde;&iacute;a&rsquo;</em>&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">&iexcl;Que viene el Hombre del saco!</h2><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;nes es el hombrecillo que recorre las calles acarreando un saco consigo? Lo vemos demorarse en las vallas que rodean los solares de la antigua Huerta de Santa Engracia, o agacharse en la acera frente al Teatro Circo. &iquest;Qu&eacute; esconde dentro del costal? La chiquiller&iacute;a se le acerca, lo rodea. &iexcl;Cuidado, ni&ntilde;os, es el hombre del saco! Pero la chiquiller&iacute;a no tiene miedo, lo conoce bien y pronto se har&aacute; famoso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mariano Us&oacute;n F&eacute;lez es el &ldquo;hombre del saco&rdquo;, vecino del barrio del Sepulcro, malvive en la calle Monserrate en un cub&iacute;culo con camastro, mesilla y candil por todo mobiliario. En su infancia fue aprendiz en la imprenta de Calixto Ari&ntilde;o, pero la dej&oacute; para trabajar la tierra. A sus 63 a&ntilde;os se dedica por fin a su gran pasi&oacute;n.
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                    alt="Caricatura de &quot;El Hombre del Saco&quot;. Fuente: Las Noticias del Lunes, 20 de agosto 1928. A la Derecha, Juan &quot;El Brujo&quot; en su huerto de Casablanca."
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            <span class="title">
                Caricatura de &quot;El Hombre del Saco&quot;. Fuente: Las Noticias del Lunes, 20 de agosto 1928. A la Derecha, Juan &quot;El Brujo&quot; en su huerto de Casablanca.                            </span>
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        Al saco de Mariano entran papeles y cartones, con ellos se gana la vida. Pero tambi&eacute;n sale un arte peculiar. Sus dibujos, de yeso o carb&oacute;n, materiales tan pobres como &eacute;l, decoran aceras y tapias: toreros, bailarinas, vendedores callejeros, guardias urbanos y hasta la inauguraci&oacute;n del &ldquo;canfranero&rdquo;. Las cr&oacute;nicas lo retratar&aacute;n como un hombrecillo dichoso: &ldquo;<em>iQu&eacute; feliz es &rdquo;El hombre del saco&ldquo; / que en el arte cifr&oacute; su Ilusi&oacute;n / y convierte a diario las calles / en los muros de una exposici&oacute;n</em>&rdquo; (La Tribuna, 09-11-1928)
    </p><h2 class="article-text">Mitad hombres, mitad &aacute;guilas</h2><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Realidad fant&aacute;stica</em>&rdquo;, as&iacute; bautiz&oacute; la prensa el prodigio que tuvo lugar el viernes 20 de octubre de 1922. Ese d&iacute;a Zaragoza presenci&oacute; un espect&aacute;culo digno de <em>Las Metamorfosis, </em>la obra sobre mitolog&iacute;a del escritor latino Ovidio. &ldquo;<em>Setenta mil personas</em>&rdquo; asistieron a la escalada del templo del Pilar por dos audaces: Jos&eacute; Puertollano y su hijo Miguel, famosos acr&oacute;batas conocidos como los &ldquo;Hombres &Aacute;guila&rdquo;, rivales humanos de la monumental rapaz, emblema del dios Zeus, que coronaba por entonces los almacenes &ldquo;El &Aacute;guila&rdquo;, en la calle Alfonso.
    </p><p class="article-text">
        Los desafiantes h&eacute;roes iban escalando la bas&iacute;lica aprovechando salientes imperceptibles: &ldquo;<em>Llegaron a un punto en que ni las &aacute;guilas ponen sus garras. De un salto ganan las barras de la cruz y, derechos sobre ellas, sostenidos en un pie, abren las aspas de sus brazos y saludan al p&uacute;blico con piruetas que producen escalofr&iacute;os de muerte. Fue una visi&oacute;n de ensue&ntilde;o, de quimera febril</em>&rdquo; (Heraldo de Arag&oacute;n). Concluida su haza&ntilde;a, dejaron como testimonio una bandera en lo m&aacute;s alto del Pilar. &ldquo;<em>Ya la quitaremos</em>&rdquo;, proclamaron orgullosos, pero nunca m&aacute;s se supo de ellos. All&iacute; seguir&aacute; ondeando, si el cierzo, o Zeus, no ha arramblado con ella.
    </p><h2 class="article-text">El Nostradamus de Casablanca</h2><p class="article-text">
        A Juan Baj&eacute;n y Ser&oacute;s lo llamaban los vecinos Juan &ldquo;El Brujo&rdquo;. Sus dotes adivinatorias hab&iacute;an preconizado en 1935 &ldquo;<em>una &eacute;poca de terribles calamidades, a la que seguir&aacute;, en 1945, el comienzo de la era feliz que culminar&aacute; en 1960</em>&rdquo;. Hay que reconocerle cierto tino, aunque el radio de sus visiones no llegara m&aacute;s all&aacute; de los &ldquo;Planes de Desarrollo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cualidades de Juan se revelaron siendo chiquillo. Adivinaba &ldquo;<em>los nombres de las sirvientas que acud&iacute;an al establecimiento de venta de pescados que pose&iacute;an sus padres, anunciaba c&oacute;mo iba a ser la futura cosecha con mucha antelaci&oacute;n, la Gran Guerra, y cuando ni aun los mismos republicanos cre&iacute;an en la llegada del r&eacute;gimen que defend&iacute;an y propugnaban, predijo el advenimiento de la Rep&uacute;blica</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy Juan Baj&eacute;n ganar&iacute;a buen jornal como &ldquo;influencer&rdquo;, pero malviv&iacute;a en una g&eacute;lida chabola junto a su huerto en Casablanca y se buscaba la vida como alba&ntilde;il, pese a estar medio ciego, lo que quiz&aacute; agudizase su tacto para romancear el futuro.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/ciudad-prodigios-duendes-criaturas-fabulosas_132_11840553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2024 19:35:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ciudad de los prodigios: sobre duendes y otras criaturas fabulosas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Federico Comps Sellés, una tragedia zaragozana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/federico-comps-selles-tragedia-zaragozana_132_11761766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb07d9b3-5351-43c7-85cc-7d2b9120ec41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Federico Comps Sellés, una tragedia zaragozana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta es la historia de Federico de Comps Sellés, hijo de la burguesía zaragozana, asesinado por el fascismo</p></div><p class="article-text">
        El 27 de octubre de 1936 treinta personas fueron fusiladas en Zaragoza por los paramilitares golpistas. Entre ellos, un joven de 21 a&ntilde;os, estudiante de arquitectura y artista en formaci&oacute;n, pero con una fulgurante trayectoria en el ambiente vanguardista de la ciudad. El pu&ntilde;ado de dibujos que ha llegado a nuestros d&iacute;as muestran su prometedor caudal creativo. Esta es la historia de Federico de Comps Sell&eacute;s, hijo de la burgues&iacute;a zaragozana, asesinado por el fascismo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Buena familia&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Federico era hijo de un conocido constructor zaragozano fallecido en 1925, cuatro d&iacute;as antes de que el futuro artista cumpliera diez a&ntilde;os. Por las necrol&oacute;gicas en prensa, Federico Comps Ferreruela, as&iacute; se llamaba el padre, gozaba de notable prestigio por sus trabajos. La nota cronol&oacute;gica publicada el 22 de agosto en &ldquo;La Voz de Arag&oacute;n&rdquo; se&ntilde;ala, entre otros, el edificio del Banco de Arag&oacute;n (Coso, 44) y la casa de la viuda de Aur&iacute;a (Jaime I, 14).&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cr&oacute;nicas de sociedad de los a&ntilde;os veinte testimonian la notable posici&oacute;n de las familias Comps-Sell&eacute;s. En este ambiente reconocido, marcado por la temprana muerte del padre, crecieron Federico y sus cinco hermanos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">De la calle Azoque a la escuela</h2><p class="article-text">
        Con tanto chiquillo, la primera planta del antiguo n&uacute;mero 92 de la calle Azoque, hogar de la familia, debi&oacute; ser un lugar animado. Federico mantuvo buena sinton&iacute;a con su hermana Pilar, mayor que &eacute;l, pero ignoramos hasta qu&eacute; punto alent&oacute; las inclinaciones art&iacute;sticas del muchacho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comenz&oacute; a estudiar dibujo t&eacute;cnico en Zaragoza con Francisco Bovi, profesor en el Instituto Amado, que preparaba para la carrera de ingenier&iacute;a. Decisi&oacute;n tomada quiz&aacute; por influencia del negocio paterno. As&iacute;, a principios de los a&ntilde;os treinta lo encontraremos estudiando entre Barcelona y Madrid.
    </p><h2 class="article-text">Y de Madrid al Surrealismo</h2><p class="article-text">
        En la capital se hospeda en casa de su primo, Francisco Comps Longares, once a&ntilde;os mayor que &eacute;l, grabador de oficio y desaparecido igualmente en 1936. Su otro primo, Federico Comps Longares, tambi&eacute;n se dedicaba al dise&ntilde;o art&iacute;stico. A este Federico lo encontramos en 1933 ilustrando &ldquo;&iexcl;Tarar&iacute;!&rdquo;, un magac&iacute;n madrile&ntilde;o de variedades y espect&aacute;culos fr&iacute;volos.
    </p><p class="article-text">
        No es raro que entre los apuntes de c&aacute;lculos y f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas a nuestro aspirante a arquitecto se le colara alg&uacute;n bosquejo de trazo surrealista. Federico iba para artista y conoci&oacute; muy pronto las corrientes modernas que aflu&iacute;an entonces a Espa&ntilde;a. Su car&aacute;cter t&iacute;mido no le impidi&oacute; relacionarse con los artistas m&aacute;s renovadores de la escena zaragozana con quienes trabar&iacute;a una estrecha amistad.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Surrealismo baturro</h2><p class="article-text">
        Paisaje desolado, imaginer&iacute;a barroca, climatolog&iacute;a anticlerical, chaparr&oacute;n anarquista y humor somarda. A Zaragoza, urbe moderna a trompicones, le sobraban argumentos para convertirse en sede permanente de la Internacional Surrealista de Par&iacute;s. Cuentan que cuando Lu&iacute;s Bu&ntilde;uel estreno en Zaragoza &ldquo;Un perro andaluz&rdquo;, un paisano le espet&oacute; que &ldquo;<em>era un poco floja</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo le falt&oacute; a Zaragoza el ingrediente principal: una nutrida clase burguesa urbana, ilustrada y progresista: &ldquo;<em>la fisonom&iacute;a espiritual de la ciudad, desgraciadamente, es la de un casino del Coso</em>&rdquo;, dir&aacute; Tom&aacute;s Seral y Casas, un joven con inquietudes.
    </p><h2 class="article-text">Un cierzo moderno</h2><p class="article-text">
        Seral y Casas, poeta y cr&iacute;tico,&nbsp; ser&aacute; el catalizador de las corrientes vanguardistas en Zaragoza.&nbsp;Redactor jefe de la revista &ldquo;Cierzo&rdquo;, fundada en 1930, fue impulsor de una editorial de poes&iacute;a del mismo nombre y de otra revista, <a href="https://www.zaragoza.es/contenidos/cultura/publicaciones/127.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Noreste&rdquo;</a>. De ella dir&aacute; Carmen Conde que &ldquo;<em>es la que con mayor firmeza ha persistido, cada vez acertando mejor su camino literario</em>&rdquo; (El Sol, 31/08/1935)
    </p><p class="article-text">
        En esta publicaci&oacute;n comenz&oacute; a colaborar Federico Comps en 1935, con ilustraciones que lo emparentan con Dal&iacute; o su amigo el tambi&eacute;n zaragozano Gonz&aacute;lez Bernal. La relaci&oacute;n con Alfonso Bu&ntilde;uel, hermano del cineasta, ser&iacute;a determinante para que el joven dibujante apostara por la est&eacute;tica surreal.&nbsp;
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                Dibujos de Federico Comps Sellés                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Federico Comps fue un surrealista al servicio de la revoluci&oacute;n, como exig&iacute;a el catecismo de Andr&eacute; Breton. Seg&uacute;n cuenta Juan Manuel Bonet en su &ldquo;Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a&rdquo;, Federico era &ldquo;<em>conocido por su militancia anarquista</em>&rdquo;. Miembro del Ateneo Delicias, uno de los barrios obreros m&aacute;s populosos de Zaragoza, fueron estas contradicciones pol&iacute;tica y est&eacute;ticas las que no le perdonar&iacute;a su propia clase social.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Las &uacute;ltimas horas</h2><p class="article-text">
        &ldquo;<em>La noche que precedi&oacute; a su muerte fue la m&aacute;s corta de su vida</em>&rdquo;. Los versos de Paul Eluard resumen el precipitado final de Federico Comps Sell&eacute;s. Desde la implantaci&oacute;n del terrorismo tras el golpe del 18 de julio, el joven dibujante viv&iacute;a en zozobra continua. Recib&iacute;a amenazas por las calles de Zaragoza, lo que le llev&oacute; a colocarse en la solapa una chapa con los colores de la bandera rojigualda en la creencia de que atenuar&iacute;a su pasado. Como a tantos otros, el miedo le hac&iacute;a sentirse culpable de un delito jam&aacute;s cometido.
    </p><p class="article-text">
        El poeta Gil Com&iacute;n Gargallo recorri&oacute; quioscos y librer&iacute;as zaragozanas requisando su propio poemario, &ldquo;R&eacute;mora y Evasi&oacute;n&rdquo;, publicado en 'Cierzo' en mayo de 1936 con ilustraciones de Federico, una obra de chispa revolucionaria: &ldquo;<em>De aquella selva de bayonetas / Sal&iacute;a voz de hierro, forjada de palabras / in&uacute;tiles razones / fraguadas al rojo</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Federico romper&iacute;a muchas dibujos que consideraba comprometedores. No tuvo la suerte de Gil Com&iacute;n quien le sobrevivir&iacute;a, miserablemente, escribiendo hasta su muerte en 1976 cr&oacute;nicas en el diario ultracat&oacute;lico &ldquo;El Noticiero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tarde del 26 de octubre de 1936 Federico fue secuestrado por matones falangistas que lo fusilar&iacute;an en la madrugada del 27. Su cuerpo cumpl&iacute;a as&iacute; el presagio de aquellas figuras mutiladas que hab&iacute;a dibujado bajo horizontes infinitos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El impacto en amigos y familia</h2><p class="article-text">
        El efecto de la muerte de Federico en sus amigos lo record&oacute; en 1949 Tomas Seral y Casas en el poema &ldquo;<em>Federico Comps Sell&eacute;s. Muerte espa&ntilde;ola</em>&rdquo;: &ldquo;<em>&iexcl;Ten&iacute;a que ocurrir! Yo, de siempre, tem&iacute;a que nos / dejaras pronto, pero no de esa forma</em>.(&hellip;) <em>Nadie se conmovi&oacute;</em> (&hellip;) <em>S&oacute;lo Tom&aacute;s</em> (Seral y Casas), <em>Alfonso</em> (Bu&ntilde;uel) <em>y Juanito</em> (P&eacute;rez P&aacute;ramo) <em>y Maruja</em> (&rdquo;Falena&ldquo;, Mar&iacute;a Ferrer)&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Salvo &ldquo;Maruja Falena&rdquo;, que se esfum&oacute; como un personaje de novela de misterio, hoy sabemos que todos supieron adaptarse a la nueva realidad. El gran interrogante del poema es saber a qui&eacute;n se refiere Tomas Seral y Casas con el verso &ldquo;<em>Nadie se conmovi&oacute;</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Cada familia es infeliz a su manera&nbsp;</h2><p class="article-text">
        El asesinato de Federico no rest&oacute; br&iacute;os al negocio familiar. En su calidad de empresario, el &ldquo;<em>camarada &Aacute;ngel Comps Sell&eacute;s</em>&rdquo;, hermano mayor de Federico, fue miembro de varias directivas de los sindicatos verticales por el gremio de la construcci&oacute;n, as&iacute; como presidente del Colegio de Aparejadores de Arag&oacute;n. En prensa aparece cobrando del Ayuntamiento de Zaragoza por sus trabajos como contratista. La d&eacute;cada de los cuarenta fue buena para la familia. Pero de nuevo, la tragedia amenazar&iacute;a sus cimientos.
    </p><p class="article-text">
        El 12 de septiembre de 1949, una tapia del campo de futbol de Torrero se desplomaba tras una tromba de agua. Se enfrentaban el Real Zaragoza y el Badalona. &Aacute;ngel Comps Sell&eacute;s morir&iacute;a aplastado. A su multitudinario funeral en la iglesia de San Gil acudieron personalidades de la vida pol&iacute;tica y econ&oacute;mica de Zaragoza. Los Comps Sell&eacute;s se mov&iacute;an c&oacute;modos por los andamios del r&eacute;gimen.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Memoria incompleta</h2><p class="article-text">
        La figura de Federico Comps Sell&eacute;s comienza a recuperarse tras la muerte de su madre, Pilar Sell&eacute;s Marteles, en julio de 1973. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en octubre, con un dictador ag&oacute;nico y el pa&iacute;s expectante, aparece un art&iacute;culo a p&aacute;gina entera en Heraldo bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Surrealistas aragoneses&rdquo;. Su autor, el historiador Manuel P&eacute;rez Lizano, recuerda a Tom&aacute;s Seral y Casas, fallecido hac&iacute;a unos meses, y a Federico Comps, a quien dedica dos sustanciosas columnas. Poco a poco ir&aacute;n desvel&aacute;ndose datos y obras que sus hermanas Rosario y, sobre todo, Pilar, guardaban celosamente. Pero quedan a&uacute;n muchos interrogantes por responder.
    </p><p class="article-text">
        Los restos de Federico descansan, como arropados, junto a los de su madre y hermana Pilar, que fallecer&iacute;a en 2007. El peque&ntilde;o pante&oacute;n familiar en el cementerio de Torrero est&aacute; rodeado por los t&uacute;mulos de esa burgues&iacute;a zaragozana a la que Federico no quiso pertenecer.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/federico-comps-selles-tragedia-zaragozana_132_11761766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2024 06:15:00 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Cosecha roja en Zaragoza: la masacre de la noche de san Cándido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/cosecha-roja-zaragoza-masacre-noche-san-candido_132_11688288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8dda1c4-4257-454f-8d74-81ce444c5417_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1101y1525.jpg" width="1200" height="675" alt="Cosecha roja en Zaragoza: la masacre de la noche de san Cándido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pocas ganas de fiesta tenía Zaragoza aquel octubre de 1865. El fantasma del cólera amenazaba a una población cuyas clases populares sufrían el encarecimiento de los productos de primera necesidad</p></div><p class="article-text">
        La ca&iacute;da del precio de los cereales no se hab&iacute;a trasladado al consumidor y la desastrosa cosecha de uva, tras una enfermedad que diezm&oacute; la a&ntilde;ada, no eximi&oacute; a los viticultores de pagar el correspondiente arbitrio. El malestar crec&iacute;a entre jornaleros, labradores y cosecheros, base social de una ciudad anclada en la econom&iacute;a agr&iacute;cola.
    </p><h2 class="article-text">La burocracia se enroca</h2><p class="article-text">
        El dos de octubre al punto de la ma&ntilde;ana comenzaron a reunirse &ldquo;<em>en actitud pac&iacute;fica, un crecido n&uacute;mero de labradores en el Sal&oacute;n de Santa Engracia </em>(plaza de Arag&oacute;n) <em>y plaza de Constituci&oacute;n</em> (hoy de Espa&ntilde;a)&rdquo; (&ldquo;El Anunciador&rdquo; 04-10-1865). Una comisi&oacute;n logr&oacute; entrevistarse con el gobernador civil en funciones, a quien expusieron sus agobios por el impuesto. Como es habitual, el tancredismo fue la respuesta de la autoridad: cualquier petici&oacute;n, por escrito y previa disoluci&oacute;n inmediata de la concentraci&oacute;n, como as&iacute; se hizo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta soluci&oacute;n echaba balones fuera y no satisfizo a los manifestantes. A las cuatro de la tarde volvieron a congregarse en la plaza de la Constituci&oacute;n, pero esta vez acompa&ntilde;ados de jornaleros y obreros quienes exig&iacute;an ya abiertamente la derogaci&oacute;n del impuesto de consumos. Aquello comenzaba a ser alarmante.
    </p><h2 class="article-text">Las &eacute;lites municipales, sin soluci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        El gobernador civil en funciones convoc&oacute; a la junta de gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza y a los &ldquo;<em>cien primeros mayores contribuyentes</em>&rdquo;, pues entonces los pareda&ntilde;os entre autoridad pol&iacute;tica y poder econ&oacute;mico eran menos sutiles que ahora. A las nueve y media de la noche comenz&oacute; la sesi&oacute;n &ldquo;<em>para tratar una cuesti&oacute;n que, aunque pac&iacute;fica, agitaba los &aacute;nimos de los habitantes de esta ciudad</em>&rdquo; o sea, de la clase burguesa.
    </p><p class="article-text">
        Las Actas Municipales del 2 de octubre de 1865 dan cuenta de las bizantinas discusiones sobre qui&eacute;n deb&iacute;a tomar las riendas de la situaci&oacute;n y de los reproches entre partidos pol&iacute;ticos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El fantasma de una nueva clase&nbsp;</h2><p class="article-text">
        En su intervenci&oacute;n, el gobernador se&ntilde;al&oacute; la amenaza: &ldquo;<em>las clases proletarias dicen que si rebajan a los cosecheros los derechos de impuestos a las uvas, deben suprimirse tambi&eacute;n los que gravan todos los dem&aacute;s art&iacute;culos de primera necesidad</em>&rdquo;. Ped&iacute;an, en definitiva, sustituir la imposici&oacute;n indirecta por un mayor recargo sobre contribuciones territoriales e industriales. Un fantasma recorri&oacute; la sala de juntas agitando la luz de los candilones.&nbsp;
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                Puerta del Ángel con la Lonja y el Ayuntamiento en 1865                            </span>
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        La inquietud aument&oacute; cuando a mitad de la celebraci&oacute;n una nueva embajada de manifestantes se person&oacute; en el Ayuntamiento. Hubo de salir el atribulado gobernador quien regresar&iacute;a al poco tiempo con novedades.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Mesas de firmas</h2><p class="article-text">
        La autoridad civil hab&iacute;a logrado convencer a la comisi&oacute;n de que los aparatos territoriales del Estado no pod&iacute;an derogar tributos, competencia exclusiva de las Cortes a las que pod&iacute;an dirigir su petici&oacute;n. A tal efecto, autoriz&oacute; que en &ldquo;<em>varios parajes p&uacute;blicos se firmara una exposici&oacute;n en solicitud de que se suprimiera la contribuci&oacute;n de consumos</em>&rdquo; (&ldquo;El Eco de Arag&oacute;n&rdquo;, 4 de octubre).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qued&oacute; satisfecha la delegaci&oacute;n, en la que se hallaba Juan Pablo Soler, jefe del partido Democr&aacute;tico, que hizo lo posible para disolver la manifestaci&oacute;n. La clase trabajadora carec&iacute;a de voz propia. Respiraron en el Ayuntamiento. La sesi&oacute;n extraordinaria se levant&oacute; y a las once de la noche las calles de Zaragoza se vaciaron. Fue un espejismo.
    </p><h2 class="article-text">La paz de la fuerza</h2><p class="article-text">
        Lo de &ldquo;recoger firmas&rdquo; tampoco convenci&oacute;. Desde la madrugada del 3 de octubre, peones y agricultores se fueron apostando en las puertas de la ciudad impidiendo la salida de cualquier paisano. El gobernador civil finalmente deleg&oacute; la autoridad en el Gobernador Militar quien despleg&oacute; destacamentos a las puertas de Zaragoza. En la de Santa Engracia coloc&oacute; una pieza de artiller&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 5 de octubre, &ldquo;El Anunciador&rdquo; ofrece una primera versi&oacute;n de los hechos. &ldquo;<em>Pelotones de infanter&iacute;a y caballer&iacute;a</em>&rdquo; despejaron las calles m&aacute;s c&eacute;ntricas, desde el paseo de la Independencia hacia el Coso. &ldquo;<em>Poco m&aacute;s de las cuatro oy&eacute;ronse algunos disparos de ca&ntilde;&oacute;n</em> <em>y a poco empezaron las descargas en estos dos sitios</em>&rdquo; que se extender&iacute;an a la calle de Jaime I y Coso Bajo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El ej&eacute;rcito desata la violencia</h2><p class="article-text">
        La nota del Gobierno Militar, publicada el 6 de octubre en &ldquo;El Diario de Zaragoza&rdquo;, detalla su actuaci&oacute;n en un intento por excusarse. Al parecer, los amotinados manifestaban una &ldquo;<em>actitud hostil tirando piedras, silbando e insultando a las tropas</em>&rdquo;. En la calle de la Albarder&iacute;a (hoy avenida de Cesar Augusto en su tramo cercano al Mercado Central) un cabo resbal&oacute; junto con su caballo, tras una pedrada que le hab&iacute;a alcanzado el pecho, &ldquo;<em>tir&aacute;ndole un tiro un paisano desde el balc&oacute;n que afortunadamente no le dio</em>.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La m&aacute;xima tensi&oacute;n se desat&oacute; en la zona del Arco de Toledo, actual desembocadura de Manifestaci&oacute;n con la entrada norte del Mercado Central. Desde all&iacute; se contest&oacute; a los amotinados &ldquo;<em>tirando al bulto</em> <em>que ocasionaron las desgracias ocurridas</em>&rdquo; y que, seg&uacute;n el comunicado oficial del ej&eacute;rcito, &ldquo;<em>ellos se buscaron</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los aleda&ntilde;os de la iglesia de San Gil, hicieron &ldquo;<em>fuego los revoltosos desde la calle de la Lechuga</em> (hoy de Est&eacute;banes) <em>hirieron un asistente del Regimiento de Toledo que falleci&oacute; una hora despu&eacute;s</em>&rdquo;. La refriega continu&oacute; por el Coso Bajo, hasta la plaza de la Magdalena y calle Hero&iacute;smo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La prensa desmiente la versi&oacute;n oficial</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n &ldquo;El Diario de Zaragoza&rdquo;(07-10-1865) el uso de armas por la tropa contra los amotinados no pod&iacute;a justificarse &ldquo;<em>por su escaso n&uacute;mero ni por carecer de armas pod&iacute;an una resistencia seria</em>&rdquo;. Vecinos de la calle de San Gil afirmaron &ldquo;<em>que no vieron ni oyeron que se hiciera ning&uacute;n disparo por los paisanos&rdquo; </em>y que el asistente que muri&oacute; lo hizo <em>&ldquo;sin duda alguna por los tiros de la tropa</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mismo diario publicaba tres d&iacute;as despu&eacute;s que &ldquo;<em>no solamente no se hizo descarga alguna sobre la tropa por los paisanos, sino que ninguno de estos se vio por all&iacute; que llevara m&aacute;s arma que el bast&oacute;n o una simple vara, y s&iacute; eran gentes que pac&iacute;ficamente circulaban con el objeto de retirarse a sus respectivos domicilios.</em>&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">Los fusilamientos del pueblo</h2><p class="article-text">
        La ciudad hilada a mud&eacute;jar y a tramos enfoscada, vio correr la sangre de nuevo por sus viejas calles. Ya el d&iacute;a 5 se hablaba de 21 v&iacute;ctimas &ldquo;<em>entre muertos y heridos de las clases de paisanos y tropa</em>&rdquo; (&ldquo;El Anunciador&rdquo;). Hoy sabemos que fueron seis los paisanos asesinados, incluido un ni&ntilde;o de diez a&ntilde;os. La tropa s&oacute;lo sufri&oacute; la baja del mencionado asistente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Eco de Arag&oacute;n&rdquo; del d&iacute;a 6 ofrece una lista de muertos y heridos. Por las circunstancias descritas, se trataba de inocentes abaleados v&iacute;ctimas de la curiosidad, algunos incluso en su propia casa.
    </p><h2 class="article-text">Cr&iacute;menes sin responsabilidades</h2><p class="article-text">
        El 7 de octubre &ldquo;El Diario de Zaragoza&rdquo; hizo un balance. Pese a las duras cr&iacute;ticas al gobierno civil por sus decisiones, nadie dimiti&oacute;, aunque se pidi&oacute; la inmediata destituci&oacute;n del Gobernador. Respecto del ej&eacute;rcito, exim&iacute;a a los altos rangos, se&ntilde;alando a &ldquo;<em>alg&uacute;n jefe de graduaci&oacute;n</em>&rdquo; por perder el dominio necesario en estas circunstancias. La prensa de Madrid fue menos complaciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hubo detenciones, claro, y entre ellas, curiosamente, la de Juan Pablo Soler, del Partido Democr&aacute;tico, quien la noche del 2 de octubre hab&iacute;a encabezado la comisi&oacute;n que parlament&oacute; con el gobernador civil en funciones.
    </p><p class="article-text">
        No fue la primera ni ser&iacute;a la &uacute;ltima vez que el ej&eacute;rcito marcara sus dientes sobre la carne civil.&nbsp; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/cosecha-roja-zaragoza-masacre-noche-san-candido_132_11688288.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Sep 2024 08:30:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cosecha roja en Zaragoza: la masacre de la noche de san Cándido]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los garajes de Zaragoza, aquellos templos de la modernidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/garajes-zaragoza-templos-modernidad_132_11619430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98e2e0d3-9050-4eae-8ab4-bd8c3ad070c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los garajes de Zaragoza, aquellos templos de la modernidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con la demolición del garaje Aragón Zaragoza perdía otro espacio para fines de interés cultural</p></div><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o, el Ayuntamiento de Zaragoza decidi&oacute; que el hist&oacute;rico garaje Arag&oacute;n (entre paseo de la Mina y la calle Allu&eacute; Salvador) merec&iacute;a demolerse. Aunque los t&eacute;cnicos de Urbanismo abogaban por conservarlo, el equipo de gobierno modific&oacute; el Plan General de Ordenaci&oacute;n Urbana para poder edificar. La ciudad perd&iacute;a otro espacio para fines de inter&eacute;s cultural. Por ejemplo, un museo del autom&oacute;vil en Zaragoza. Abr&oacute;chense los cinturones que arranca esta historia.
    </p><p class="article-text">
        Desde que en 1905 se concediera la matr&iacute;cula n&uacute;mero 1 en Zaragoza, no hubo freno para un medio de locomoci&oacute;n que condicion&oacute; la vida de la ciudad.&nbsp;No s&oacute;lo aparecieron nuevos negocios y profesiones, sino que el dise&ntilde;o urbano sufri&oacute; mutaciones irreversibles, sobre a partir del Plan de Reforma Interior de 1939.
    </p><h2 class="article-text">Renovarse o morir</h2><p class="article-text">
        El primer &ldquo;boom&rdquo; del autom&oacute;vil tuvo lugar entre 1922 y 1936. Si en diciembre de aquel a&ntilde;o la matr&iacute;cula de Zaragoza cerr&oacute; con &ldquo;Z- 713&rdquo;, en 1936 lo har&iacute;a con la referencia &ldquo;Z-6609&rdquo;. Durante este periodo convivieron en el empedrado bestias de tiro y veh&iacute;culos a motor, lo que brindar&iacute;a escenas dignas de cine mudo.
    </p><p class="article-text">
        Las ordenanzas de tr&aacute;fico, vigentes desde 1912, dispensaban su favor a los carruajes tradicionales. Los autom&oacute;viles deb&iacute;an detenerse si sus conductores &ldquo;<em>observaban espanto en las caballer&iacute;as</em>&rdquo;. En los anuncios de prensa, yeguas y mulas se ofertaban junto al Ford T de segunda mano. Esta dial&eacute;ctica entre naturaleza y t&eacute;cnica se fue resolviendo poco a poco en funci&oacute;n de las oportunidades de negocio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los famosos talleres Lacarte, en la calle Madre Rafols n&uacute;mero 2, antigua de la Misericordia, fueron pioneros de esta transformaci&oacute;n. En la d&eacute;cada de los a&ntilde;os veinte, Lacarte abandon&oacute; la reparaci&oacute;n y venta de carruajes para reconvertirse en garaje y concesionario de la marca Renault, llegando a ofrecer servicio de taxi.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El garaje constituye un espacio arquitect&oacute;nico clave para observar por el retrovisor el desarrollo t&eacute;cnico y las&nbsp;transformaciones que el autom&oacute;vil impondr&iacute;a a la sociedad zaragozana.
    </p><h2 class="article-text">Los nuevos templos de la modernidad</h2><p class="article-text">
        En los &ldquo;palacios del autom&oacute;vil&rdquo;, como los bautiz&oacute; la prensa, se vend&iacute;an piezas de repuesto, se surt&iacute;a de gasolina e incluso se ense&ntilde;aba a conducir; pero sobre todo se reparaba y custodiaba una mercanc&iacute;a que acab&oacute; convertida en signo de distinci&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su ubicaci&oacute;n en los sectores de ensanches y rondas (paseos de Pamplona y La Mina, Gran V&iacute;a, entorno de la antigua huerta de Santa Engracia) permit&iacute;a edificar con la holgura suficiente para acoger veh&iacute;culos y aparatos para su mantenimiento. Adem&aacute;s, era la zona residencial de moda entre la burgues&iacute;a.
    </p><h2 class="article-text">Un objeto de lujo</h2><p class="article-text">
        En 1934 el Garaje Moderno, calle Doctor Cerrada n&uacute;mero 8, dispon&iacute;a de dos naves, con 1025 metros cuadrados en total. Contaba con elevador hidr&aacute;ulico y cabinas individuales, cub&iacute;culos donde cada propietario aparcaba de forma personalizada su autom&oacute;vil. Para acceder a ellas, un pasillo com&uacute;n recorr&iacute;a la techumbre de las cabinas. Algunas dispon&iacute;an incluso de sistema propio de lavado. Y es que el coche era un objeto que hab&iacute;a que mimar.&nbsp; El Garaje Nacional, entre Doctor Cerrada y calle Castellv&iacute;, contaba con 100 cabinas, lo que da idea no s&oacute;lo de sus dimensiones, sino de la inversi&oacute;n necesaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mantener un autom&oacute;vil no era barato. Los precios que cobraba en 1928 el Garaje Universal, en la avenida de Hern&aacute;n Cort&eacute;s n&uacute;mero 224, oscilaban entre las 25 pesetas al mes s&oacute;lo por estacionamiento y las 100 si se sumaban lavado y recogida a domicilio. En 1930 el promedio salarial en la provincia de Zaragoza era de 50 pesetas semanales: para la gran mayor&iacute;a de familias, ni la llanta de un Buick.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Y si compramos un coche?</h2><p class="article-text">
        Muchos garajes dispon&iacute;an la exclusiva en Zaragoza de grandes firmas de autom&oacute;viles. As&iacute;, el Garaje Nacional la marca Mercedes Benz; el Gran Garaje, en la calle San Clemente, era concesionario de Fiat; y Garaje Sancho, en Gran V&iacute;a n&uacute;mero 4, una lista de marcas ya desparecidas: Whippet, Jordan, Willys-Knight&hellip;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Arriba, Garaje Universal, en Avenida Hernán Cortes número 244. Fuente: La Voz de Aragón, 1928. Debajo, instalaciones del Garaje Moderno, con las cabinas a su izquierda.                            </span>
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        Para quienes pod&iacute;an hacer un esfuerzo, lo m&aacute;s habitual era la comprar de segunda mano. Es la opci&oacute;n m&aacute;s barata para el protagonista de &ldquo;<em>El hombre que compr&oacute; un autom&oacute;vil</em>&rdquo;, novela de 1933 en la que Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez capta en clave humor&iacute;stica las sensaciones que el nuevo medio de locomoci&oacute;n provocaba en la sociedad.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Vertebrar y divertir</h2><p class="article-text">
        Hubo garajes que llevaron m&aacute;s all&aacute; el negocio. En 1934, Francisco Berna levant&oacute; en la calle de San Andr&eacute;s n&uacute;mero 4 un edificio en cuyos bajos instal&oacute; las cocheras para sus autobuses, de hasta 32 plazas. Este empresario era conocido por su compa&ntilde;&iacute;a de autocares, con rutas que part&iacute;an de la desaparecida plaza del Teatro (trasera del teatro Principal) y llegaban hasta Monzalbarba o Pastriz. El Garaje Berna promocionaba asimismo viajes combinados para asistir a eventos, como el que organiz&oacute; en noviembre 1930 para ver en combate al boxeador Paulino Uzcudun en Barcelona.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Un escenario para el crimen</h2><p class="article-text">
        En esta apretada historia no pod&iacute;a faltar la cr&oacute;nica negra. En 1935, Ram&oacute;n Alquezar, uno de los propietarios del Garaje Par&iacute;s, dispar&oacute; sobre su otro socio y cu&ntilde;ado, &Aacute;ngel Gracia. Ambos hab&iacute;an sido ch&oacute;feres en el Garaje Central y decidieron montar su propio negocio en la calle de San Clemente donde dirig&iacute;an adem&aacute;s el servicio de radio taxi &ldquo;4050&rdquo;. &Aacute;ngel muri&oacute; y aunque desconocemos el destino del garaje, regal&oacute; a la ciudad una historia que, por poco, llega al nivel de la Matanza del D&iacute;a de San Valent&iacute;n, cometida en un garaje de Chicago.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras otra matanza, la de la Guerra Civil, y la marcha atr&aacute;s de la posguerra, llegar&iacute;a en los a&ntilde;os sesenta el segundo gran &ldquo;boom&rdquo; del autom&oacute;vil. Guardamos en la guantera su historia para mejor ocasi&oacute;n &iquest;Merece o no Zaragoza un espacio p&uacute;blico para contarla?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Aug 2024 22:16:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Los muertos acusadores. Espiritismo y represión franquista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/muertos-acusadores-espiritismo-represion-franquista_132_11567550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4375522-2b95-4988-b79a-335765da6fe0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1448y1871.jpg" width="1200" height="675" alt="Los muertos acusadores. Espiritismo y represión franquista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 21 de julio de 1936, los golpistas habían constituido un nuevo ayuntamiento y comenzaba la represión en la ciudad del Queiles </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El recrudecimiento de videntes, echadoras de cartas, se debe a la inestabilidad de las instituciones (&hellip;) Inseguridad y creencia en la fortuna; parto del mundo, paso de una &eacute;poca a otra. Videntes a la vista.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Max Aub escribi&oacute; estas l&iacute;neas en &ldquo;Campo de Sangre&rdquo;, una de las seis novelas dedicadas a la Guerra Civil que componen el ciclo &ldquo;El laberinto m&aacute;gico&rdquo;, t&iacute;tulo que alude a la irracionalidad que gobierna los destinos humanos en esos periodos turbios en que los monstruos hacen su aparici&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>F&aacute;brica de cad&aacute;veres</strong></h2><p class="article-text">
        Nuestra historia se desarrolla en Tarazona. El 21 de julio de 1936, los golpistas hab&iacute;an constituido un nuevo ayuntamiento. El leg&iacute;timo alcalde, Fernando Laborda, junto a otros concejales, fue ejecutado a los pocos d&iacute;as. Comenzaba la represi&oacute;n en la capital del Queiles.
    </p><p class="article-text">
        En febrero de 1939, el r&eacute;gimen franquista promulg&oacute; la Ley de Responsabilidades Pol&iacute;ticas que trataba de dar una p&aacute;tina de legalidad a sus abusos. En realidad, un engendro jur&iacute;dico que institucionalizaba la arbitrariedad. Entre julio de 1936 y 1946 fueron asesinadas en Tarazona por motivos pol&iacute;ticos 85 personas de una poblaci&oacute;n que en 1930 apenas superaba los 9.600 habitantes.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una carta delatora&nbsp;&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        En este aciago contexto, el Gobernador Civil de Zaragoza, Juli&aacute;n Lasierra, emite una orden el 6 de mayo de 1940 dirigida al jefe de la Guardia Civil de Tarazona para que investigue unos hechos que d&iacute;as antes le hab&iacute;an sido denunciados a trav&eacute;s de un an&oacute;nimo mecanografiado. El chivatazo, firmado por las misteriosas siglas &ldquo;<em>A.H.A.C.</em>&rdquo;, ha dormido en el Archivo Provincial de Zaragoza durante m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os, hoy lo invocamos para que nos cuente su historia. Comienza as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Una mujer, creo que casada, march&oacute; a Zaragoza, donde aprendi&oacute; las pr&aacute;cticas del espiritismo.</em>&rdquo; Un inciso antes de continuar. Efectivamente, desde el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX Zaragoza fue un destacado n&uacute;cleo de difusi&oacute;n de las teor&iacute;as espiritistas  impulsadas por sectores progresistas de la burgues&iacute;a. En los a&ntilde;os previos al golpe militar operaba en la calle de las Armas n&uacute;mero 36 el &ldquo;Centro Cultural Espiritista&rdquo; que tras la guerra fue clausurado y prohibida cualquier actividad de esta naturaleza.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El espiritismo reabre heridas</strong></h2><p class="article-text">
        Pero volvamos a la carta: &ldquo;<em>Con ellas aprendidas </em>(se refiere a las pr&aacute;cticas espiritistas) <em>vuelve a Tarazona, y ejerce tal industria no tan s&oacute;lo para curar enfermedades (?), sino para dar noticias de los difuntos .</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Quien ha sido fusilado, quien ha desaparecido&hellip; Con semejante atractivo se congregan en su casa gentes que desean saber como, donde &amp;&amp;&amp; </em>(SIC) <em>Con ello se encienden odios, se acrecientan resquemores, se avivan divergencias pol&iacute;ticas. No gana nada el R&eacute;gimen.</em>&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien teclea estas l&iacute;neas conoce las andanzas de la denunciada y muestra su animadversi&oacute;n por el espiritismo del que, sin embargo, parece escamar por lo que pudiera poner al descubierto. Pero lo m&aacute;s llamativo son las razones que emplea para justificar la delaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s, son los mismos argumentos que esgrimen los partidos que gobiernan actualmente Arag&oacute;n. En el pre&aacute;mbulo de la ley que derog&oacute; la de Memoria Democr&aacute;tica sostienen que destapar el pasado supone &ldquo;<em>sembrar la divisi&oacute;n y la confrontaci&oacute;n entre los aragoneses</em>&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n puede tener miedo a que hablen los muertos de las cunetas?
    </p><h2 class="article-text"><strong>Pobres gentes de la Espa&ntilde;a Negra</strong></h2><p class="article-text">
        Finalmente, la sangre no lleg&oacute; al r&iacute;o. El jefe de la Guardia Civil de Tarazona contest&oacute; el 14 de mayo al Gobernador Civil confirmando las acusaciones de &ldquo;<em>pr&aacute;cticas de espiritismo, cura de enfermedades y a dar noticias de difuntos</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, pese al &ldquo;<em>servicio de vigilancia permanente</em>&rdquo;, no pudieron esclarecerse los hechos. Las taumaturgas fueron identificadas como Dionisia Echenique Sainz, de 78 a&ntilde;os, viuda; y Lucila Echenique G&oacute;mez, de 37 a&ntilde;os, soltera, apodadas &ldquo;Las Chinecas&rdquo;. Dos mujeres acusadas de poner en riesgo el &ldquo;R&eacute;gimen&rdquo; por trapichear con la angustia de los vencidos. Pero &iquest;qui&eacute;n ofrece certezas cuando gobiernan los monstruos?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/muertos-acusadores-espiritismo-represion-franquista_132_11567550.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2024 21:24:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los muertos acusadores. Espiritismo y represión franquista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Torre Nueva y el mudéjar de Las Vegas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/torre-nueva-mudejar-vegas_132_11487545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc73b4de-3e39-4720-beb7-c01c059362d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Torre Nueva y el mudéjar de Las Vegas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya dijo el sabio que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa. Ahora toca representar la comedia de construir una nueva “Torre nueva”</p></div><p class="article-text">
        La idea no es original. En 1892 Mariano de Cavia ya expres&oacute; su conformidad sobre las enronas a&uacute;n calientes de la genuina torre reci&eacute;n arrasada. Aquello ten&iacute;a su l&oacute;gica: &iquest;qui&eacute;n no desea ver de inmediato recrecer el &oacute;rgano reci&eacute;n amputado?
    </p><h3 class="article-text">La atalaya invisible</h3><p class="article-text">
        La Torre Nueva es un monumento al rev&eacute;s: a fuerza de no verla, la admiramos con memoria fotogr&aacute;fica. Es el mu&ntilde;&oacute;n m&aacute;s tenaz de Zaragoza, la historia una y otra vez contada. Lo dijo Eduardo Galdeano: &ldquo;<em>En Zaragoza, han rendido homenaje a una bella torre mud&eacute;jar ya derruida. No es una torre reconstruida la que evoca a la torre que fue: ante el gran agujero donde estuvo, un ni&ntilde;o de bronce, sentado, abrazado a sus rodillas, la mira.</em>&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mito y la memoria son los valores intangibles m&aacute;s preciado de las ciudades invisibles, categor&iacute;a a la que pertenece Zaragoza. A la Torre Nueva no hay que volver a levantarla. Hay que contarla, traspasarla en cadena de una generaci&oacute;n a otra como una letan&iacute;a hom&eacute;rica. Los debates sobre su reconstrucci&oacute;n forman parte de este ritual. Bien lo expres&oacute; Mar&iacute;a Zambrano: &ldquo;<em>en la ausencia que las cosas dejan hay una manera de presencia; en su hueco est&aacute; todav&iacute;a aleteando su forma.&rdquo;</em>
    </p><h3 class="article-text">Cementerio de mascotas</h3><p class="article-text">
        Aunque a esta ciudad le vienen bien los mitos, que lo dem&aacute;s acaba siempre bajo la piqueta, menester es reconocerlo: sin monumentos, no hay memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a Mariano de Cavia &iquest;Qu&eacute; Torre Nueva pretend&iacute;a levantar el periodista zaragozano en 1892? En un art&iacute;culo publicado en junio de aquel a&ntilde;o en el peri&oacute;dico El Liberal dej&oacute; escrito: &ldquo;<em>no una Torre que recuerde la condenada a desaparecer, ni que sea imitaci&oacute;n de otra, ni que carezca del sello original que un monumento original debe tener&hellip; Desechad la piedra y el ladrillo. Utilizad el hierro.</em>&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las obras de arte atesoran la sabidur&iacute;a de quienes las dise&ntilde;an y trabajan en un momento hist&oacute;rico concreto. No es culpa de Don Mariano que viviera en la &eacute;poca de las aleaciones; pero atina en su opini&oacute;n. Lo dem&aacute;s, suced&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        La oferta que presenta la fundaci&oacute;n de Emilio Parra &amp; Herederos asegura que &ldquo;<em>los modernos materiales tendr&aacute;n la misma apariencia que los originales</em>&rdquo;. Pretenden, pues, reanimar un cad&aacute;ver a base de potingues. Una quimera carente de ese hechizo que los siglos y la autenticidad dejan en el cuero de los monumentos.
    </p><p class="article-text">
        El parip&eacute; recuerda esa novela de Stephen King en la que los due&ntilde;os entierran a sus mascotas en un cementerio indio con la esperanza de reponerlos a la vida, pero lo que encuentran de regreso son zombis irreconocibles.
    </p><h3 class="article-text">Zaragoza, Las Vegas del mud&eacute;jar&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Claro es que el armatoste atraer&iacute;a turistas, y he aqu&iacute; el tu&eacute;tano de la cuesti&oacute;n. El proyecto reconoce la &ldquo;<em>gran afluencia tur&iacute;stica</em>&rdquo; que provocar&iacute;a la criatura: largas filas de guiris enroscando la plaza de San Felipe y selfistas sujetando la torre inclinada de Parra, compartiendo por Instagram su proeza.
    </p><p class="article-text">
        Mariano de Cavia llam&oacute; a los art&iacute;fices de la demolici&oacute;n &ldquo;<em>caseros ego&iacute;stas</em>&rdquo; y &ldquo;<em>concejales vand&aacute;licos</em>&rdquo;. Hermanados 132 a&ntilde;os despu&eacute;s, aquellos &ldquo;<em>vecinos medrosos cuanto influyentes</em>&rdquo; que en 1892 sentenciaron la Torre Nueva, apuestan ahora por su reconstrucci&oacute;n. Si a los unos el torre&oacute;n enturbiaba entonces sus negocios, a los otros ahora les parece que enriquecer&aacute; a&uacute;n m&aacute;s el parque tem&aacute;tico del casco hist&oacute;rico de Zaragoza.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, en las Cortes de Arag&oacute;n los partidos favorables a la &ldquo;destrucci&oacute;n creadora&rdquo; votaron a favor de la propuesta de Parra &amp; Herederos, quienes afirman contar &ldquo;<em>con los recursos econ&oacute;micos necesarios</em>&rdquo;. Es curioso que los pol&iacute;ticos ignoren las declaraciones previas del propio Emilio Parra en las que reconoc&iacute;a la necesidad de apoyo financiero para su proyecto. Como en 1892, os la van a colar otra vez, ma&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/torre-nueva-mudejar-vegas_132_11487545.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Jun 2024 21:08:20 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notas sobre el viejo Rastro de Zaragoza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/notas-viejo-rastro-zaragoza_132_11432911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/223e07b7-5406-4861-92bb-9904c7318c22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notas sobre el viejo Rastro de Zaragoza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No siempre el Rastro en Zaragoza se ha ubicado entre San Bruno y las calles de Arcedianos y Sepulcro, que es el nombre más adecuado para desparramar las almas muertas de las cosas"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Cuando nos duelen desapariciones, bueno es bajar al Rastro</em>&rdquo;, afirmaba G&oacute;mez de la Serna, quien le dedicar&iacute;a un libro en 1914. Quiso el madrile&ntilde;o pasar revista a esos lazaretos de la civilizaci&oacute;n para levantar acta de la finitud de las mercanc&iacute;as una vez desplumadas de su utilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo acudo al Rastro, sencillamente, porque me duele cuando se escabulle el fin de semana. Cada domingo deambulo por la plazuela de San Bruno en busca de libros baratos, fotograf&iacute;as espectrales, artefactos o prendas cuanto m&aacute;s inveros&iacute;miles, mejor. Al final me convenzo: la semana productiva volver&aacute; a ser perecedera.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El Rastro de San Antonio Abad</h3><p class="article-text">
        No siempre el Rastro en Zaragoza se ha ubicado entre San Bruno y las calles de Arcedianos y Sepulcro, que es el nombre m&aacute;s adecuado para desparramar las almas muertas de las cosas. Durante un tiempo se instalaron tabancos en la plaza de San Pedro Nolasco, tras la retirada en 1916 del tinglado met&aacute;lico que albergaba el mercado de vituallas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, de forma espont&aacute;nea, el Rastro acab&oacute; afinc&aacute;ndose en torno al Mercado Central, hasta las embocaduras de las calles de Cerd&aacute;n y Escuelas P&iacute;as que, mediada la d&eacute;cada de los setenta, amenazaban ruina en los planes urbanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a&uacute;n a estos baratillos callejeros precedi&oacute; otro, a finales del siglo XIX, situado en la entonces plaza de San Antonio Abad, que ocupaba el espacio que dej&oacute; libre tras su demolici&oacute;n el hospital de la antigua congregaci&oacute;n de los Antonianos, en el tramo final de la calle de la Manifestaci&oacute;n. Hoy la plaza de San Ant&oacute;n queda como un residuo esquinero de aquella.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Un entorno castizo</h3><p class="article-text">
        En 1894, un reportaje publicado en &ldquo;El diario de Zaragoza&rdquo; describ&iacute;a el lugar como &ldquo;<em>amplio y de buenas condiciones</em>&rdquo;, si bien intrincado en &ldquo;<em>una enredada madeja de las que no pueden ense&ntilde;arse a nadie. Sin luz, sin ventilaci&oacute;n, sin urbanizarse est&aacute; como en los tiempos morunos</em>&rdquo;. En resumen, &ldquo;<em>pintoresco</em>&rdquo;, o sea, en palabras de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s: &ldquo;<em>sucio y enmara&ntilde;ado</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El autor del art&iacute;culo describe con sa&ntilde;a aquel embrollo de callizos en el entorno de lo que hoy es la airosa plaza del Pilar, entre la actual calle de Salduba y el flanco oeste de la bas&iacute;lica. La cr&iacute;tica higienista se hace eco de quienes &ldquo;<em>acarician la idea de romperla hasta el Ebro, y hacer un mercado general, quitando as&iacute; ese foco de infecci&oacute;n de las calles de la Zuda y adyacentes</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Solar de la antigua plaza de San Antonio Abad                            </span>
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        En realidad, ya exist&iacute;a un mercadillo de comestibles en el recodo de San Ant&oacute;n. La Gu&iacute;a de Zaragoza de 1860 nos dice que all&iacute; se comerciaba con &ldquo;<em>frutas secas y verdes, y pan</em>&rdquo;. As&iacute; continuar&iacute;a, convertida en campamento de &ldquo;<em>charlatanes de esencias y hierbas que lo curaban todo</em>&rdquo;, hasta el piqueteo de San Antonio Abad y remodelaci&oacute;n de San Ant&oacute;n, a principios de la d&eacute;cada de los cincuenta (El Noticiero, 17 de junio de 1952).&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Barriada en almoneda</h3><p class="article-text">
        Nuestro misterioso cronista&mdash;firma como &ldquo;X***&rdquo; -- no parece muy feliz tampoco con lo que all&iacute; se expone, m&aacute;s propio, dice, del Rastro de Madrid: &ldquo;<em>Todas esas baratijas, objetos insignificantes, ropas viejas... todo el desecho, tiene en Zaragoza su mercado</em>&rdquo;. Y azuza a las autoridades municipales: &ldquo;&iexcl;<em>Un mercado de ese jaez, junto al mercado principal y en uno de los sitios m&aacute;s c&eacute;ntricos de la ciudad! Eso es el colmo de la tolerancia y de la mansedumbre</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se trata de reformas urban&iacute;sticas, las preocupaciones profil&aacute;cticas forman siempre parte del argumentario especulador. &ldquo;El diario de Zaragoza&rdquo; pone voz a propietarios y concejales, valga la redundancia, a quienes la salubridad se las tra&iacute;a al pairo: renteros metidos a pol&iacute;ticos, s&oacute;lo ten&iacute;an ojos para los planes de ensanche de la ciudad.
    </p><h3 class="article-text">Una ropavejera en los Sitios</h3><p class="article-text">
        Termina la ma&ntilde;ana del domingo y tras dejar San Bruno me acerco a San Ant&oacute;n, hoy mustio patio de luces. Acallado el rumor de chalaneos y regatones, ya no afloran cachivaches en sus &aacute;nditos. Hace tiempo se cumpli&oacute; el reto de abrir hasta el Ebro este rinc&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la desangelada plaza, evoco la figura de don Romualdo Nogu&eacute;s, ilustre borjano, general y coleccionista de antig&uuml;edades. Lo distingo paseando entre ajuares de novias y herencias indivisas: trastos de alb&eacute;itar, trebejos de alf&eacute;rez, chismes de alfajeme&hellip; El Rastro es tambi&eacute;n feria de palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Don Romualdo se inclina, se interesa, pregunta al cambalachero -- <em>&ldquo;&iquest;Y estas monedas, buen hombre&hellip;?</em>&rdquo;-- y toma notas para un libro que publicar&aacute; en 1890: &ldquo;<em>Ropavejeros, anticuarios y coleccionistas, por un soldado viejo natural de Borja</em>&rdquo;, recetario sabroso de an&eacute;cdotas y fisiolog&iacute;as de quienes menudean por tenderetes y baratillos. En este librito se cuenta la cr&oacute;nica de Estefan&iacute;a L&oacute;pez, una zaragozana &ldquo;<em>ropavejera heroica</em>&rdquo;, con la que concluyo este pendoneo por bazares, reales e imaginados:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Entre las haza&ntilde;as que se ejecutaron durante los sitios de Zaragoza, en la llamada batalla de las Eras, el 15 de Junio de 1808, j&oacute;venes, ancianos, ni&ntilde;os, sacerdotes y militares, todos en confuso tropel peleaban dentro y fuera de la ciudad, sin m&aacute;s gu&iacute;a que el valor de la raza, el amor a la independencia y el odio al extranjero. Las mujeres recog&iacute;an los heridos, retiraban los cad&aacute;veres, prove&iacute;an de cartuchos, agua, v&iacute;veres y hasta mataban a los dragones franceses en la plaza del Portillo. Faltaron tacos y metralla. Estefan&iacute;a L&oacute;pez, dedicada a la compra y venta de hierro y trapo viejo, llev&oacute; m&aacute;s de 10 arrobas de uno y otro. Toda cuanto la pobre pose&iacute;a. Esta noble acci&oacute;n redime los infinitos pecados que despu&eacute;s han cometido los ropavejeros.</em>&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Sanz]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jun 2024 21:14:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notas sobre el viejo Rastro de Zaragoza]]></media:title>
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