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    <title><![CDATA[elDiario.es - Stephen Pritchard]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/stephen_pritchard/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Stephen Pritchard]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los hipsters y los artistas, esos soldados del capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/hipsters-artistas-soldados-capitalismo_129_3834493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f84d172-e4a0-4147-b382-b5dda57d34d9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&quot;Denham Psycho&quot; es una parodia de Flickering Wall Amsterdam."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tal vez los hipsters sean capitalistas, pero son también muy hábiles, tienen gran ética e inquietud y pueden infundirle nueva vida a los páramos urbanos que deja la desaparición del Estado de Bienestar. Es por eso que son tan útiles para los gobiernos.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El hipster es un capitalista&rdquo;. As&iacute; lo defini&oacute; Matt Hancock, el secretario de Cultura y Econom&iacute;a Digital en el gobierno de Theresa May, que reemplaz&oacute; a Ed Vaizey en julio. La frase de Hancock form&oacute; parte de su discurso de apertura cargado de palabras de moda en el encuentro de la Federaci&oacute;n de Industrias Creativas en el Instituto de Cine Brit&aacute;nico, donde se dieron cita la flor y nata de la cultura brit&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los &ldquo;l&iacute;deres&rdquo; de las industrias creativas acogieron con entusiasmo el discurso en el que, adem&aacute;s de elogiar a los microemprendedores hipster, Hancock habl&oacute; de un James Bond entregando &ldquo;tarjetas telef&oacute;nicas globales&rdquo; post-Brexit (el Reino Unido siempre capital cultural) desde su Aston Martin, extra&ntilde;amente llamado &ldquo;rey Canuto&rdquo;, y proclamando &ldquo;tarifas variables al estilo Uber&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El capital cultural siempre ha sido el arma predilecta del poder blando del Reino Unido. Dicho de una manera delicada, es el acompa&ntilde;amiento perfecto para el &ldquo;orgullosamente robusto&rdquo; legado de patrioterismo desenfrenado que, durante mucho tiempo, nos ha servido como excusa para justificar nuestras ansias de colonialismo e imperialismo en cualquiera de sus formas. Hancock reconoce todo esto, y tambi&eacute;n el hecho de que el hipster encarna tanto lo nuevo como lo viejo. Una visi&oacute;n perfectamente rom&aacute;ntica del conservadurismo del siglo XXI. &nbsp; &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, el hipster sea capitalista, pero &iquest;acaso no lo somos todos hoy? Adem&aacute;s, el hipster tiene &eacute;tica, es autosustentable y de gran movilidad. Se maneja con sus fieles corceles: bicicletas retro de pi&ntilde;&oacute;n fijo hermosamente reacondicionadas, con ruedas Aero de &uacute;ltima generaci&oacute;n y cuadros de acero como en los setenta. De barba cuidadosamente arreglada y peinado retro, el hipster divide su tiempo entre antros de cerveza artesanal, tiendas pop up, salones de tatuajes y restaurantes de cereales. El hipster eval&uacute;a todo cuidadosamente: todo tiene que ser estilizado, todo tiene que ser pensado.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima visita a mi recientemente establecido &ldquo;peluquero tradicional&rdquo; me dio una idea sobre el mundo hipster. El due&ntilde;o, de unos treinta y tantos, &ldquo;confeccionaba&rdquo; cada peinado como una &ldquo;experiencia &uacute;nica&rdquo;. Navajas e implementos de peluquer&iacute;a reciclados colgaban de una tira magn&eacute;tica bajo unas vigas compradas en un mercadillo; luces ambientales inal&aacute;mbricas iluminaban los paneles tipo 'caba&ntilde;a de cazador'; los clientes se sentaban sobre sillones de peluquer&iacute;a de los a&ntilde;os 20 &ldquo;redise&ntilde;ados&rdquo;; y por unos altavoces de &uacute;ltima generaci&oacute;n ocultos se escuchaba m&uacute;sica tech-house proveniente de lo que parec&iacute;a una base dock para iPhone (con un dise&ntilde;o vintage).
    </p><p class="article-text">
        Le pregunt&eacute; al due&ntilde;o y a su cliente de barba cuidada (un tatuador de la zona), ambos hipsters, c&oacute;mo se describir&iacute;an. &ldquo;Socialistas&rdquo;, respondieron, y r&aacute;pidamente agregaron que no pretend&iacute;an &ldquo;construir imperios&rdquo;, solo &ldquo;ganarse la vida&rdquo;. Ambos hab&iacute;an dejado sus trabajos estables en el Estado y en la municipalidad. Me hicieron pensar en esa teor&iacute;a de que el movimiento hipster podr&iacute;a ser una suerte de reencarnaci&oacute;n de los colonizadores o de los/las pioneros/pioneras. En muchos aspectos, es as&iacute;. Sin duda, el estilo que tienen se remonta a mitad del siglo XIX; a los colonizadores brit&aacute;nicos y a las fronteras del oeste. Quieren ganar lo suficiente para tener una vida decente, de forma independiente, &ldquo;creando&rdquo; y &ldquo;haciendo&rdquo;. Igual que los primeros pioneros, son exploradores y artistas y, adem&aacute;s, son capitalistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero a diferencia de los antiguos pioneros, el hipster es posmodernista, postindustrial y postfordista. No es extra&ntilde;o que Hancock lo vea como el personaje ideal en su fantas&iacute;a de industrias creativas post-Brexit y como un modelo de micro-empresa a peque&ntilde;a escala: un capitalista. En un art&iacute;culo publicado por el peri&oacute;dico <em>The Evening Standard</em>, se suger&iacute;a que los comentarios de Hancock podr&iacute;an sorprender a muchos hipsters que se enorgullecen de &ldquo;distanciarse de la econom&iacute;a de tendencia mayoritaria con ideas de tinte independiente y con ideas y pr&aacute;cticas laborales &eacute;ticas&rdquo;. Pero, &iquest;esta no es una descripci&oacute;n exacta del tipo de &ldquo;innovaci&oacute;n&rdquo; capitalista a peque&ntilde;a escala que Hancock imagina como el motor de su tan esperada revoluci&oacute;n de las industrias creativas brit&aacute;nicas? &iquest;No es en s&iacute; mismo una forma solapada de imperialismo cultural?
    </p><p class="article-text">
        El problema es que este modelo en que el arte funciona como civilizador cultural, como empuje econ&oacute;mico y como catalizador de la cohesi&oacute;n social, es muy complicado. Hancock piensa que hacer a toda velocidad m&aacute;s &ldquo;distritos culturales&rdquo; con fachadas de cristal generar&aacute; beneficios para todos: &ldquo;La tarea es simple: crea una zona interesante y atraer&aacute;s a gente interesante para que trabaje all&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ver&aacute;n, para Hancock, &ldquo;el renacimiento cultural, la conectividad, y el resurgimiento econ&oacute;mico van de la mano&rdquo;. Y, por supuesto, el hipster parece la personificaci&oacute;n de estas ideas neoliberales. Pero el secretario tambi&eacute;n dijo que estaba dispuesto a evitar que el Estado adopte un &ldquo;enfoque prescriptivo&rdquo; y &ldquo;vertical&rdquo;, y sin embargo eso es exactamente lo que est&aacute; haciendo, ayudado por organizaciones capitalistas, con la Federaci&oacute;n de Industrias Creativas, un nombre que parece salido de la imaginaci&oacute;n de Orwell.&nbsp; &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora es el establishment el que ve al hipster como la encarnaci&oacute;n del expansionismo capitalista a peque&ntilde;a escala y aut&oacute;nomo. Pero no solo se encasilla al hipster en este papel. Los artistas son las tropas de los estados neoliberales porque son los primeros en adentrarse en los p&aacute;ramos urbanos postindustriales y post-Estado de bienestar: zonas industriales abandonadas y zonas de viviendas sociales. Tambi&eacute;n son los primeros en sembrar las semillas del capital cultural. Los artistas atraen a los hipsters antes de que, con el tiempo, los hipsters y sus nuevos vecinos de clase media los terminan desplazando. Tanto el artista como algunos hipsters (los que todav&iacute;a no se han &ldquo;acomodado&rdquo;) seguir&aacute;n su viaje, explorar&aacute;n, se distanciar&aacute;n de todo (otra vez) y desarrollar&aacute;n otros sitios con posibilidades de conseguir &ldquo;inversi&oacute;n&rdquo; de capitales. Y, as&iacute;, el ciclo de la gentrificaci&oacute;n comienza una vez m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hancock lo sabe. Los inversores lo saben. Las industrias creativas (en todas sus formas, cada vez m&aacute;s homog&eacute;neas) lo saben. Todos ellos creen en los milagros porque los crean. Los hipsters son tan solo la estilizaci&oacute;n m&aacute;s novedosa que encaja perfectamente con el redescubrimiento del valor econ&oacute;mico de determinado lugar.
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera que el eslogan gentrificador, &ldquo;los cupcakes son magdalenas que cre&iacute;an en milagros&rdquo;, para Hancock los hipsters son personas que creen en milagros. Al menos, por ahora.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Stephen Pritchard]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Sep 2016 19:08:23 +0000]]></pubDate>
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