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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francis Gil]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francis_gil/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francis Gil]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El primer día que fuimos valientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/primer-dia-valientes_129_3588505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es esencial protegernos como organización y cuidarnos entre compañeros, entendiendo que nadie es inmune a los actos de violencia simbólica, ni indiferente a los ataques personales, más cuando estamos sumergidos, sin duda a demasiada profundidad, en debates internos</p></div><p class="article-text">
        Seguramente no existan personas valientes en abstracto, aunque es evidente que hay cobardes concretos. La cobard&iacute;a y la valent&iacute;a siempre son coyunturales y se manifiestan en los momentos dif&iacute;ciles. No se es valiente o cobarde en esencia, se demuestra valor o cobard&iacute;a ante una situaci&oacute;n determinada.
    </p><p class="article-text">
        Igualmente hay que asumir que la traici&oacute;n es siempre individual, pero la pol&iacute;tica es siempre colectiva. Todas y todos somos capaces de ofrecer lo mejor y lo peor de nosotros mismos, de comportamientos tan heroicos como miserables, la problem&aacute;tica no es tanto de car&aacute;cter &eacute;tico individual, como de condiciones sociales de posibilidad. En ese sentido, las l&oacute;gicas pol&iacute;ticas dominantes son un territorio que incentiva permanentemente comportamientos mezquinos, que tritura los afectos y penaliza la inteligencia, un teatro de operaciones perfecto para los mediocres y los oportunistas, siempre disponibles para colaborar en maniobras turbias al servicio de objetivos inconfesables.
    </p><p class="article-text">
        No hay que perder de vista esa debilidad estructural, ni subestimar el hervidero de bajos instintos inevitables en cualquier grupo humano. Por eso es esencial protegernos como organizaci&oacute;n y cuidarnos entre compa&ntilde;eros, entendiendo que nadie es inmune a los actos de violencia simb&oacute;lica, ni indiferente a los ataques personales, m&aacute;s cuando estamos sumergidos, sin duda a demasiada profundidad, en debates internos.
    </p><p class="article-text">
        Posiblemente por todo esto, estas semanas est&aacute;n siendo tan desconcertantes y tan dolorosas para la mayor&iacute;a de nosotras y nosotros. Hoy resulta dif&iacute;cil reconocer a Podemos y reconocerse en Podemos. Parece como si las estructuras org&aacute;nicas se hubieran enajenado, independizado y aislado de las bases. Como si nos hubi&eacute;ramos contagiado del s&iacute;ndrome de la &ldquo;ley de hierro de la oligarqu&iacute;a&rdquo; y una minor&iacute;a se pensase a s&iacute; misma como una &eacute;lite incuestionable, designada para guiar a Podemos al margen de la propia voluntad de las bases del partido.
    </p><p class="article-text">
        Es normal que la intensidad del debate pol&iacute;tico aumente durante un proceso de primarias, lo irracional es la puesta en marcha de verdaderas &ldquo;cazas de brujas&rdquo; contra compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras dentro de Podemos. Es incomprensible la actual escalada de tensi&oacute;n y m&aacute;s que preocupante nuestra incapacidad para dirimir las diferencias pol&iacute;ticas de forma fraternal, sin acusaciones personales infundadas y sin hacerle el juego a nuestros adversarios pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que este espect&aacute;culo tenga un alto coste social del que todos y todas seremos responsables. Habr&aacute; que asumirlo y aprender para rectificar de inmediato. De momento, ser&iacute;a importante recordar que nuestra hip&oacute;tesis organizativa siempre ha sido radicalmente diferente a la de los partidos viejos, entre otras cosas, porque se basaba m&aacute;s en la colaboraci&oacute;n que en la competici&oacute;n, en construir redes de participaci&oacute;n y solidaridad, cadenas de apoyo mutuo y equipos de trabajo, en funci&oacute;n de afinidades, para conformar una inteligencia colectiva que guiara nuestra acci&oacute;n. Nunca se ha tratado de buscar heroicos hipermilitantes, ni tampoco de generar un aparato burocr&aacute;tico de &ldquo;funcionarios de partido&rdquo;, profesionales de la pol&iacute;tica aferrados a sus cargos e incapaces de separar sus puestos de trabajo de sus planteamientos pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;amos &ndash;y la mayor&iacute;a todav&iacute;a queremos&ndash; organizarnos mejor para ser m&aacute;s eficaces, m&aacute;s fuertes y m&aacute;s &uacute;tiles a nuestro pueblo. Siempre pensamos que toda nuestra estrategia organizativa se deb&iacute;a dibujar desde ah&iacute;; desde la l&oacute;gica de un Podemos &uacute;til como herramienta de politizaci&oacute;n, al servicio de un gran movimiento popular, que nos permita ser valientes juntos y juntas. Un Podemos donde la cobard&iacute;a fuera una debilidad individual y el valor una fortaleza colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Siempre hemos cre&iacute;do que para poder afrontar situaciones dif&iacute;ciles necesitamos estar unidos, porque sabemos que s&oacute;lo podremos ser realmente valientes si estamos juntos y juntas, dispuestas a pelear hasta el final, codo con codo con el compa&ntilde;ero. No hace falta ser doctor en ciencias pol&iacute;ticas para comprender la obviedad de la m&aacute;xima popular &ldquo;la uni&oacute;n hace la fuerza&rdquo;. Hay cientos de ejemplos de acciones y actitudes valientes que lo demuestran claramente, desde la rebeli&oacute;n de los esclavos liderada por Espartaco, hasta la actual lucha de las &ldquo;espartanas&rdquo; de Coca-Cola. Es esa valent&iacute;a concreta, la que demuestra que es posible rebelarse rebel&aacute;ndose, la que debe seguir inspir&aacute;ndonos para continuar con nuestro proyecto de empoderamiento popular e impugnaci&oacute;n del r&eacute;gimen, asumiendo que se puede perder mucho, casi todo, desafiando al poder establecido. A esa actitud la denominamos coherencia.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay muchos ejemplos de cobard&iacute;a personal. Pero hay uno especialmente significativo para los momentos que vivimos. &Agrave;udax, Ditalco y Minurus fueron enviados por Viriato a negociar la paz con el Imperio romano. A su regreso de las negociaciones asesinaron a Viriato. Marco Pompilio les hab&iacute;a ofrecido su salvaci&oacute;n personal a cambio de la muerte del l&iacute;der incorruptible. Lo que no calcularon los asesinos fue que, una vez muerto Viriato, dejaban de ser &uacute;tiles y, por tanto, su destino estaba decidido. Escipi&oacute;n mand&oacute; que fueran ejecutados por traidores, bajo la sentencia, tan hist&oacute;ricamente dudosa como popularmente c&eacute;lebre: &ldquo;Roma no paga traidores&rdquo;. La traici&oacute;n fue irresistible para ellos, se acobardaron ante la posibilidad de la derrota y buscaron una salida individual antes que una apuesta colectiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como apunta Josep Maria Esquirol, en la Resistencia &iacute;ntima: &ldquo;Otra caracter&iacute;stica que merece la pena subrayar es que la resistencia pol&iacute;tica suele ser un fen&oacute;meno espont&aacute;neo que surge a partir de la base y es fruto de la toma de conciencia de lo que de verdad est&aacute; en juego. Ese 'darse cuenta' individual no conduce a buscar una 'salida' o una 'salvaci&oacute;n individual', sino comunitaria, social. El resistente no s&oacute;lo, ni prioritariamente, piensa en s&iacute; mismo&rdquo;. Y esa es la clave, ese es el elemento central de toda acci&oacute;n colectiva, comprender que s&oacute;lo hay una salida: la salvaci&oacute;n colectiva. Que lo que est&aacute; en juego no se puede resolver individualmente.
    </p><p class="article-text">
        Nosotros y nosotras siempre hemos hecho pol&iacute;tica de verdad, a cuerpo descubierto, porque nunca hemos pensado en nuestro inter&eacute;s individual. Por eso en Podemos somos tan diferentes, porque estamos buscando una &ldquo;salvaci&oacute;n&rdquo; colectiva, no individual. Porque hemos perdido el miedo juntos, luchando con audacia por nuestra dignidad como pueblo. Porque dejamos de ser d&eacute;biles cuando nos unimos, y empezamos a ser valientes cuando entendimos que no est&aacute;bamos solos, que &eacute;ramos mayor&iacute;a y ten&iacute;amos el poder, ese inmenso poder, de ser los que ya no ten&iacute;an miedo, ni al Imperio romano ni a Coca-Cola&hellip; ese d&iacute;a nos dimos cuenta de cu&aacute;l era el Podemos que le daba miedo a los poderosos. Ese d&iacute;a fue el primer d&iacute;a que fuimos realmente valientes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francis Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/primer-dia-valientes_129_3588505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Feb 2017 20:15:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El primer día que fuimos valientes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Vistalegre 2,Pablo Iglesias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trainspotting y las leyes de la dialéctica materialista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trainspotting-leyes-dialectica-materialista_129_3665495.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Es en esa búsqueda de nuevas alianzas de las élites para rehabilitar el viejo modelo donde nos exponemos a contribuir, involuntariamente, a la restauración del equilibrio, a destensar la confrontación política favoreciendo la recuperación de la ansiada normalidad social perseguida por los portavoces del bunker</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Una cosa es la realidad y otra es la mierda, que es solo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no s&oacute;lo intelectualmente&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Manuel Sacrist&aacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        Hace ya veinte a&ntilde;os que <em>Trainspotting</em> nos ofreci&oacute; la posibilidad de &ldquo;elegir no elegir la vida&rdquo;. El mundo est&aacute; cambiando, reflexionaba con hiriente sarcasmo la voz en off. Y completaba la evidente sentencia con una conclusi&oacute;n menos tranquilizadora: &ldquo;El mundo est&aacute; cambiando, la m&uacute;sica est&aacute; cambiando, las drogas est&aacute;n cambiando, hasta los t&iacute;os y t&iacute;as est&aacute;n cambiando. Dentro de unos a&ntilde;os no habr&aacute; ni t&iacute;os ni t&iacute;as, s&oacute;lo gilipollas&rdquo;. Lo que no intu&iacute;amos en aquel momento era que esa provocadora paradoja no iba a ser una elecci&oacute;n y que -mientras se retiraban los escombros del corto siglo XX- ya se hab&iacute;a decidido sin nosotros que en el futuro inmediato elegir la vida iba a ser muy dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima parte -<em>El derrumbamiento</em>- de su Historia del siglo XX -escrita al mismo tiempo que se rodaba <em>Trainspotting</em>- Eric Hobsbawm cierra su detallado y cr&iacute;tico an&aacute;lisis hist&oacute;rico con un p&aacute;rrafo que suena a detonaci&oacute;n de las certezas pol&iacute;ticas cl&aacute;sicas: &ldquo;No sabemos d&oacute;nde vamos, sino tan s&oacute;lo que la historia nos ha llevado hasta este punto y &ndash;si los lectores comparten el planteamiento de este libro- por qu&eacute;. Sin embargo, una cosa esta clara: si la humanidad ha de tener futuro, no ser&aacute; prolongando el pasado ni el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre estas bases, fracasaremos. Y el precio del fracaso, esto es, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad&rdquo;. Apurando estas premisas, y extrayendo sus conclusiones l&oacute;gicas, si <strong>el pasado ya no es suficiente para construir certezas pol&iacute;ticas, s&oacute;lo nos queda un presente de luchas para ganar una m&iacute;nima posibilidad de un futuro decente</strong>. Hay, entonces, que elegir no elegir el fracaso y batallar para construir una sociedad transformada o rendirse frente a la oscuridad. Y nosotros no nacimos para rendirnos.
    </p><p class="article-text">
        La profundidad del desastre humanitario producido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por la guerra del capital contra el Estado social s&oacute;lo se podr&aacute; calcular cuando tengamos una perspectiva temporal suficiente. En lo que ya parece comenzar a existir cierto consenso es en que no estamos ante una crisis econ&oacute;mica m&aacute;s, sino ante una explosi&oacute;n del n&uacute;cleo central que ha estructurado las relaciones sociales durante los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os. Y es que es innegable que &ldquo;algo se ha roto&rdquo; y los cl&aacute;sicos dispositivos de control social han dejado de operar como aparatos ideol&oacute;gicos hegem&oacute;nicos efectivos. L&oacute;gicamente, esa interrupci&oacute;n del dominio, esa &ldquo;cesura ideol&oacute;gica&rdquo;, abre la posibilidad de un cambio de paradigma.<strong> En funci&oacute;n de qui&eacute;n y c&oacute;mo se gestione ese nuevo espacio social en disputa, ese horizonte de expectativa, est&aacute; la clave de qu&eacute; tipo de movimiento social podremos afirmar pol&iacute;ticamente en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os</strong>. Recordemos, con el viejo Marx, que &ldquo;no hay ni ha habido nunca movimiento pol&iacute;tico que no sea al mismo tiempo movimiento social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Que los operarios del r&eacute;gimen intentan suturar la herida, &ldquo;coserla&rdquo;, lo admiten ellos mismos. S&oacute;lo es preciso rastrear las met&aacute;foras que circulan por los circuitos ideol&oacute;gicos del establishment. Conscientes de que esta vez la cirug&iacute;a est&eacute;tica no va a ser suficiente, y que los da&ntilde;os ocasionados requieren de una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica invasiva, necesitan que el paciente sea anestesiado antes de conocer los verdaderos riesgos. Y para ello buscan la complicidad del propio enfermo; la autorizaci&oacute;n, al menos simb&oacute;lica, de la sociedad civil para proceder a un verdadero vaciamiento del Estado social. El sistema necesita actualizarse, renovar sus v&iacute;nculos, sus lazos sociales, recuperar la confianza de una mayor&iacute;a y convencer a la ciudadan&iacute;a de que mantiene el control de la situaci&oacute;n. Por eso, si hay una prioridad del sistema, en este momento concreto, es alcanzar cierta paz social, y una m&iacute;nima tranquilidad institucional que le permita poner en marcha su operaci&oacute;n de demolici&oacute;n de las estructuras sociales de control democr&aacute;tico. <strong>Sea como sea, el r&eacute;gimen necesita ganar tiempo</strong>. Y es en esa b&uacute;squeda de nuevas alianzas de las &eacute;lites para rehabilitar el viejo modelo donde nos exponemos a contribuir, involuntariamente, a la restauraci&oacute;n del equilibrio, a destensar la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica favoreciendo la recuperaci&oacute;n de la ansiada normalidad social perseguida por los portavoces del b&uacute;nker.
    </p><p class="article-text">
        En esta coyuntura, las fuerzas que componen el espacio de cambio de modelo social -desde Unidos Podemos hasta el movimiento sindical de clase, pasando por el rico crisol de colectivos de la sociedad civil organizada- se encuentran en una encrucijada hist&oacute;rica.<strong> O bien colaboran con un r&eacute;gimen agonizante, negociando parlamentariamente acuerdos</strong> y &ldquo;Pactos de Estado&rdquo; (proleg&oacute;menos de los nuevos &ldquo;Pactos de la Moncloa&rdquo; con los que fantasea la reacci&oacute;n m&aacute;s recalcitrante) restaurando as&iacute; la legitimidad del modelo en una actualizaci&oacute;n del sistema; <strong>o bien, transitan hacia la construcci&oacute;n de un espacio (pre)constituyente que liquide el viejo programa olig&aacute;rquico e instale una nueva institucionalidad</strong>, construida desde c&oacute;digos sociales alternativos e impulsada por un movimiento popular de impugnaci&oacute;n. El escenario es de oposici&oacute;n binaria y las alternativas se tensan en los dos polos de una misma ecuaci&oacute;n. Hay que despejar la inc&oacute;gnita y arriesgarse a posicionarse con o contra el r&eacute;gimen. La situaci&oacute;n obliga a la elecci&oacute;n: decidir, una vez m&aacute;s, entre reforma o ruptura, entre restauraci&oacute;n olig&aacute;rquica o democratizaci&oacute;n social. No hay otra alternativa.
    </p><p class="article-text">
        Si aceptamos lo dicho hasta el momento, &iquest;c&oacute;mo se dibuja actualmente el mapa de la batalla? En aras de establecer la cartograf&iacute;a de la contienda podr&iacute;amos localizar, utilizando las viejas herramientas de la dial&eacute;ctica materialista para el an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n concreta, los puntos cardinales sobre los que previsiblemente se establecer&aacute; la ruta de los interlocutores pol&iacute;ticos del r&eacute;gimen. <strong>La old school del marxismo establec&iacute;a una conocida triada: 1) Ley de unidad y lucha de contrarios; 2) Ley de cambios cuantitativos a cualitativos y 3) Ley de negaci&oacute;n de la negaci&oacute;n</strong><em>old school</em>. Aplicando de forma heterodoxa la metodolog&iacute;a obtendremos una secuenciaci&oacute;n de los movimientos en torno a tres variantes: a) La quiebra de los equilibrios cl&aacute;sicos de las &eacute;lites; b) La descoordinaci&oacute;n pol&iacute;tica dentro de los de los grupos de presi&oacute;n particulares; c) La aparici&oacute;n de nuevas tensiones territoriales como expresi&oacute;n del malestar del actual reparto de contrapesos institucionales. Veamos los diferentes planos de la secuencia por separado:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1)</strong> <em>Unidad y lucha de contrarios</em>. La composici&oacute;n social de la oligarqu&iacute;a no es uniforme, sino un conglomerado heterog&eacute;neo que mantiene una competici&oacute;n interna permanente por el predominio entre sus facciones. La dial&eacute;ctica entre la unidad estructural del sistema y la lucha interna entre contrarios comienza a generar focos de inestabilidad y, en consecuencia, <strong>los conflictos de intereses de ciertos sectores pueden acelerar la descomposici&oacute;n de las antiguas redes clientelares y establecer nuevas interconexiones entre el poder financiero y sus representaciones pol&iacute;ticas</strong>. Las fluctuaciones abstractas del IBEX-35 conllevan consecuencias pol&iacute;ticas concretas. &iquest;Cu&aacute;l es el actual inter&eacute;s real del poder econ&oacute;mico en las relaciones con sus expresiones pol&iacute;ticas? Mantener una mayor&iacute;a parlamentaria que posibilite el control legislativo para aplicar su plan de reformas (el ya mencionado vaciamiento del Estado). As&iacute;, las nuevas articulaciones de esa &ldquo;mayor&iacute;a parlamentaria&rdquo; son la expresi&oacute;n de la quiebra de los equilibrios cl&aacute;sicos de las &eacute;lites cl&aacute;sicas (obs&eacute;rvese la pugna interna por el control del poder de mando dentro de la &ldquo;Triple Alianza&rdquo;). <strong>No olvidemos que el capital es adaptativo&hellip; y mutante.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2)</strong> <em>Cambios cuantitativos en cualitativos</em>. Es preciso leer las actuales jugadas t&aacute;cticas de los partidos del sistema como una necesidad urgente de transformaci&oacute;n de sus malos resultados electorales cuantitativos en valores cualitativos; <strong>es decir, necesitan activar y rentabilizar los resortes de la acci&oacute;n parlamentaria para trasladar a la poblaci&oacute;n en general, y a su propio electorado en particular, la sensaci&oacute;n de utilidad y capacidad de condicionar el rumbo del gobierno</strong>. En esta perspectiva, asistimos a una inflaci&oacute;n de parlamentarismo est&eacute;ril que pretende compensar la devaluaci&oacute;n del valor electoral de sus propias organizaciones. Es inevitable, tambi&eacute;n los accionistas de los viejos partidos exigen resultados y beneficios. Si las viejas marcas pol&iacute;ticas no son rentables no encontrar&aacute;n inversores; si los gestores no son eficaces ser&aacute;n remplazados. Ning&uacute;n partido de masas tradicional es independiente de sus acreedores, y las deudas hay que saldarlas con resultados visibles. Si no fuese as&iacute;, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a el objetivo de financiar, a fondo perdido y sin posibilidad de retorno, las operaciones pol&iacute;ticas por parte de determinados grupos econ&oacute;micos? S&oacute;lo hay una explicaci&oacute;n cre&iacute;ble a estos actos de &ldquo;mecenazgo&rdquo;: convertir sus aportaciones de capital en representaci&oacute;n institucional, sin correr excesivos riesgos y sin quedar atrapados en un compromiso est&aacute;tico con una determinada organizaci&oacute;n. No es una cuesti&oacute;n ideol&oacute;gica, no hay una &ldquo;solidaridad mec&aacute;nica&rdquo; entre capitalistas. <strong>Se trata de simple competencia por adquirir mayor peso espec&iacute;fico e influencia pol&iacute;tica en el interior de los aparatos del Estado para favorecer sus intereses particulares</strong>. Y esa competitividad entre accionistas, si no se encuentra regulada y coordinada, genera enormes distorsiones dentro del &ldquo;sistema de competencia entre partidos&rdquo;. <strong>No olvidemos que el capital es poliamoroso&hellip; y celoso</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3)</strong> <em>Negaci&oacute;n de la negaci&oacute;n</em>. El n&uacute;cleo del bloque dominante est&aacute; hist&oacute;ricamente condicionado como resultado de la supremac&iacute;a pol&iacute;tica de los sectores sociales mejor posicionados econ&oacute;micamente durante el pasado siglo. Pero su transformaci&oacute;n se ve forzada por nuevos actores econ&oacute;micos que pugnan por una renovaci&oacute;n de las &eacute;lites por &ldquo;negaci&oacute;n-superaci&oacute;n&rdquo;. <strong>Es decir, pretenden reformular los enclaves de poder econ&oacute;mico mediante la sustituci&oacute;n de las figuras tradicionales y la negaci&oacute;n de la legitimidad de los viejos pactos de colaboraci&oacute;n interterritorial entre las burgues&iacute;as &ldquo;perif&eacute;ricas&rdquo; y el Estado central</strong>. &iquest;Es posible una salida pol&iacute;tica que atienda a un nuevo encaje territorial de esas fuerzas dentro del actual marco institucional? Evidentemente. Pero esta depender&aacute; de c&oacute;mo se desarrolle la negociaci&oacute;n en el propio seno de esas fuerzas y, posteriormente, de la capacidad de elaborar una posici&oacute;n com&uacute;n negociadora respecto al Estado central. <strong>No debemos ignorar que las contradicciones son al mismo tiempo internas y externas</strong>, y que las tendencias generales se establecen como resultado de la capacidad que un determinado sector tenga para imponerse como dominante sobre el resto. <strong>No olvidemos que el capital es ap&aacute;trida&hellip; e internacionalista</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Estas tres l&iacute;neas de fuga no agotan en absoluto el mapa del territorio pol&iacute;tico en el que nos movemos. S&oacute;lo son apuntes, el bosquejo de una hip&oacute;tesis b&aacute;sica dividida en dos partes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Primera</strong>. Atravesamos un momento de incertidumbre generalizada, producto de la aceleraci&oacute;n de los cambios sociales consecuencia de las transformaciones del modo de producci&oacute;n capitalista (crisis financiera, asentamiento de nuevas fuerzas productivas, devaluaci&oacute;n progresiva de la fuerza de trabajo a escala mundial, etc.). En consecuencia, afloran las contradicciones b&aacute;sicas del modelo de &ldquo;democracia bajo el capitalismo&rdquo;, fundamentada en un determinado tipo de Estado social con relativos (bajos) niveles de cohesi&oacute;n y protecci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segunda</strong>. De c&oacute;mo se resuelvan estas contradicciones primarias depender&aacute;n las posibilidades de toda futura acci&oacute;n colectiva. Dado que la tendencia del poder dominante siempre empujar&aacute; hacia la &ldquo;normalizaci&oacute;n/integraci&oacute;n&rdquo; de las anomal&iacute;as (la subsunci&oacute;n de lo pol&iacute;tico), y hacia el cierre de la &ldquo;ventana de oportunidad&rdquo;, las fuerzas agrupadas en torno al cambio de paradigma (a esa construcci&oacute;n de una <em>&ldquo;sociedad transformada&rdquo;</em>) se ver&aacute;n forzadas a tomar una posici&oacute;n pol&iacute;tica respecto a las tres cuestiones se&ntilde;aladas y, por tanto, optar entre colaborar con la reestructuraci&oacute;n del r&eacute;gimen o favorecer el agravamiento de su crisis.
    </p><p class="article-text">
        No es preciso realizar un minucioso inventario para evidenciar que los equilibrios han cambiado. Las tensiones internas han reconfigurado las posiciones de todos y cada uno de los agentes sociales, abriendo espacio a un discurso que maneja una sintaxis diferente, se expresa con otro vocabulario social y configura una nueva gram&aacute;tica pol&iacute;tica. Ese movimiento popular es la &uacute;nica fuerza capaz de resistir y resignificar la din&aacute;mica general descrita. Pero s&oacute;lo podr&aacute; hacerlo mientras la situaci&oacute;n de excepcionalidad y de emergencia social contin&uacute;e y las contradicciones sociales objetivas se agudicen. Es decir, s&oacute;lo mientras continuemos en &ldquo;estado de excepci&oacute;n&rdquo; existir&aacute; la posibilidad de constituir una alternativa global, sist&eacute;mica y capaz de derribar el r&eacute;gimen. Si perdemos la oportunidad, si el sistema es capaz de regenerarse -m&aacute;s a&uacute;n si colaboramos voluntaria o involuntariamente en ese proceso- habremos cerrado toda posibilidad de ruptura y nos veremos obligados a &ldquo;elegir no elegir la vida&rdquo;, forzados a asumir la &ldquo;oscuridad del fracaso&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francis Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trainspotting-leyes-dialectica-materialista_129_3665495.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Dec 2016 18:19:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Trainspotting y las leyes de la dialéctica materialista]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matar un pollo para asustar al mono]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/matar-pollo-asustar-mono_129_3815209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"El verdadero problema no son 'los que faltan', son los que sobran dentro de toda organización: los que matarán, con un cuchillo prestado, un pollo para asustar al mono", afirman los autores</p><p class="subtitle">"Nosotros no colaboraremos con quienes pretenden domesticar a Podemos", sostienen</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay algo que va mal, ya s&eacute; que a ti te da igual, pero hay algo aqu&iacute; que no va. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tu imagen ya a nadie asusta y piensas que todo va bien&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Kortatu.
    </p><p class="article-text">
        Todos los cat&aacute;logos ideol&oacute;gicos esconden siempre una vocaci&oacute;n escol&aacute;stica de cosificaci&oacute;n. En la operaci&oacute;n de desvalorizaci&oacute;n de las m&uacute;ltiples y creativas experiencias de lucha de las izquierdas rupturistas y antisist&eacute;micas de nuestro pa&iacute;s se puede observar la necesidad de la arrogante casta pol&iacute;tica (surgida en el interregno del tardo-franquismo reformista y conciliador) de trazar una memoria colectiva a medida de sus mediocres biograf&iacute;as personales. Borrar sus huellas es una obsesi&oacute;n compartida por los advenedizos y oportunistas con aspiraciones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Tras esta operaci&oacute;n de borrado del historial, la memoria de las luchas populares y de los sujetos pol&iacute;ticos que combatieron, cuerpo a cuerpo, el fascismo convertido en Estado durante casi cuarenta a&ntilde;os aparece, en esta &ldquo;revisi&oacute;n de los hechos&rdquo;, como un residuo, como un apunte marginal al lado de las figuras pol&iacute;ticas oficiales de la &ldquo;ejemplar transici&oacute;n&rdquo;: Su&aacute;rez, Carrillo, Gonz&aacute;lez, Fraga... (y los &ldquo;padres de la Constituci&oacute;n&rdquo;, por supuesto). El inefable cuarteto es invocado &ndash;cual imagen simb&oacute;lica del consenso entre antagonistas&ndash; cada vez que los mismos de siempre pretenden obtener lo mismo de siempre: el control de la situaci&oacute;n sin tener que pasar por las comprometedoras e impredecibles urnas democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la jibarizaci&oacute;n de lo pol&iacute;tico reduce nuestra historia colectiva y social a la memoria sentimental de un pu&ntilde;ado de lugartenientes obedientes al Leviat&aacute;n, y cuya recompensa es el aplauso del significante Amo y el desprecio de la plebe inconsciente. &iquest;Queremos de verdad figurar en ese cat&aacute;logo de renuncias hist&oacute;ricas?
    </p><p class="article-text">
        Algunos defendemos que de esa herencia gen&eacute;tica no puede surgir un proyecto de emancipaci&oacute;n popular. El ADN de Podemos se compone de otros referentes. Nuestra memoria, adem&aacute;s, es mucho m&aacute;s amplia. Por ello habr&iacute;a que incluir en el inventario a &ldquo;los que faltan&rdquo; y a los que realmente echamos en falta. Entre otros muchos, a los miles de activistas antifascistas y patri&oacute;ticos que pelearon contra el imperio de la defectuosa y oportunista interpretaci&oacute;n l&oacute;gica que decretaba lo posible y lo realmente posible, el siempre maldito &ldquo;horizonte de posibilidad&rdquo; que ellos marcaron como &uacute;nica posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        La historia oficial la fija el BOE y, evidentemente, no todos los militantes ni todas las activistas pueden convertirse en secretarios de Estado de la Restauraci&oacute;n. Y lo m&aacute;s importante: la mayor&iacute;a no lo queremos. Porque lo que realmente queremos &ndash;lo repetimos una vez m&aacute;s&ndash; es romper con las l&oacute;gicas de subordinaci&oacute;n y negociaci&oacute;n de miserias con un sistema criminal; porque nos queremos libres y no domesticados; porque de nuestros afectos aun disponemos nosotras y no estamos dispuestas a regalar nuestra potencia a sus carreras de &ldquo;hombres de Estado&rdquo;. Nosotros no colaboraremos con quienes pretenden domesticar a Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Nacimos en la calle, fuera de cualquier c&aacute;lculo estad&iacute;stico; nacimos para existir como un sujeto pol&iacute;tico aut&oacute;nomo dentro de un marco que pretend&iacute;a negar nuestra existencia.  Pero no salimos a las calles para acabar acurrucados en el hueco calentito de las instituciones. No llegamos para que el poder de mando nos acaricie, ni para ronronear cual gatos dom&eacute;sticos ante su caprichosa voluntad. No vinimos a adornar sus instituciones vac&iacute;as de pueblo como si fu&eacute;semos un ex&oacute;tico objeto decorativo. Somos una anomal&iacute;a, somos un &ldquo;problema&rdquo; que ha dislocado los ejes de lo pol&iacute;ticamente correcto. Y lo m&aacute;s grave para la vieja guardia del <em>establishment</em> es que estamos orgullosas de ello. Nunca nos lo perdonar&aacute;n las viejas &eacute;lites. Podemos es un problema para algunos y una esperanza para muchos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Nos unimos para cambiar el pa&iacute;s y construir un pueblo rebelde y una patria orgullosa. No vinimos a &ldquo;recambiar y rejuvenecer las &eacute;lites&rdquo; con nuevos maniqu&iacute;es que se adapten a la coyuntura y nos vendan una &ldquo;segunda transici&oacute;n&rdquo; en la que, con un poco de maquillaje, todo siga igual. No queremos recorrer el camino de reforma pragm&aacute;tica pretendida por nuestros adversarios, ni terminar defendiendo lo que vinimos a impugnar. Nosotros y nosotras hemos aprendido, por la fuerza, a decir NO. Y hay que hacer pedagog&iacute;a de esa negaci&oacute;n. Hay que aprender a decir NO para ganar y afirmar un S&Iacute; que merezca la pena. Como dec&iacute;a Baltasar Graci&aacute;n: &ldquo;No todo se ha de conceder, ni a todos. (&hellip;): m&aacute;s se estima un no de algunos que el s&iacute; de otros, porque un no dorado satisface m&aacute;s que un s&iacute; a secas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a, los que estamos y los que vendr&aacute;n, no tenemos &ldquo;curriculum&rdquo;. Tenemos, en el mejor de los casos, &ldquo;vida laboral&rdquo; y, en el peor, desempleo y miseria. Nos guiamos por un impulso primario de repulsa ante la injusticia social y no por el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico de bolsas electorales flotantes. Nosotras nos arraigamos a los n&uacute;cleos afectivos que nos ense&ntilde;an dignidad, a un &ldquo;centro de gravedad permanente&rdquo; que nos recuerda qui&eacute;nes y c&oacute;mo somos, d&oacute;nde estamos, porqu&eacute; y hacia d&oacute;nde caminamos, siempre juntos. Somos y seremos quienes d&iacute;a a d&iacute;a, con nuestros cuerpos y nuestra palabras, con acciones peque&ntilde;as, discretas y directas, resignificamos la realidad. Esa es la micropol&iacute;tica de proximidad sin la que la macropol&iacute;tica de los medios de masas no perforar&iacute;a, no calar&iacute;a, no impregnar&iacute;a la realidad. Compartimos y combatimos porque respiramos juntas, porque somos compa&ntilde;eras y vecinos, vivimos juntos y peleamos juntas, lo llevamos haciendo d&eacute;cadas&hellip; quiz&aacute;s siglos. En esta pol&iacute;tica nunca sobra nadie, venga de donde venga. Ya han llegado muchos y muchos m&aacute;s vendr&aacute;n para ganar el presente y gobernar el futuro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros el pueblo&rdquo;, no reconocemos lideres, reconocemos y recompensamos a los luchadores por la libertad, a quienes nos representan y no se doblegan ante las amenazas del IBEX-35 o se asustan ante los pron&oacute;sticos del CIS. El pueblo no se equivoca, distingue instintivamente a los Fouch&eacute; de los Napole&oacute;n, a los Joffrey Baratheon de los Jon Nieve, porque sabemos que siempre habr&aacute; aspirantes a ocupar el lugar del razonable y pragm&aacute;tico general Casado y partisanos que luchen y se nieguen a entregar Madrid al fascismo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy estamos ante la encrucijada de elegir entre la normalizaci&oacute;n-domesticaci&oacute;n, la regularizaci&oacute;n institucionalizada, o persistir en la impugnaci&oacute;n democr&aacute;tica y popular del R&eacute;gimen. Carl Schmitt afirmaba que: &ldquo;A la larga, lo irregular tiene que legitimarse con lo regular. Para esto no hay m&aacute;s que dos posibilidades: el reconocimiento de una fuerza regular que ya exista o la conquista de una nueva regularidad por la propia fuerza. Es una alternativa dura&rdquo;. La conquista de &ldquo;una nueva regularidad&rdquo; precisa de ser valientes y confrontar con los poderosos. La otra opci&oacute;n ser&iacute;a buscar el &ldquo;reconocimiento de una fuerza ya existente&rdquo; y, por tanto, cumplir su deseo de recuperar &ldquo;la normalidad&rdquo; a&ntilde;orada por sus beneficiados. Su normalidad es nuestra crisis, su tranquilidad nuestra derrota, su miedo nuestra oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        Matar un pollo para asustar al mono tiene como objetivo inocular el miedo entre los eslabones m&aacute;s d&eacute;biles de la cadena de fuerzas del adversario pol&iacute;tico. Es una operaci&oacute;n recurrente y con efectos en la correlaci&oacute;n de fuerzas interna de toda organizaci&oacute;n. Entre los mediocres funcionarios del partido siempre habr&aacute; voluntarios para conspirar y apoyar esa estrategia del miedo fundada en el rencor. La mediocridad, a la sombra de la ambici&oacute;n, construye facciones e intrigas para alcanzar posiciones de poder en los circuitos internos. La excusa te&oacute;rica suele venir despu&eacute;s de la traici&oacute;n pr&aacute;ctica. El verdadero problema no son &ldquo;los que faltan&rdquo;, son los que sobran dentro de toda organizaci&oacute;n: los que matar&aacute;n, con un cuchillo prestado, un pollo para asustar al mono.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José García Molina, Francis Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/matar-pollo-asustar-mono_129_3815209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Sep 2016 18:11:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Matar un pollo para asustar al mono]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Castilla-La Mancha]]></media:keywords>
    </item>
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