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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Curiel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel_angel_curiel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Curiel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un campo de habas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/campo-habas_132_13114285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f5762cb-1a73-41fc-b55b-7ff7da9d9b29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un campo de habas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Es lo terrible de estos tiempos atravesados por el hierro de la ideología. Cada uno se oye solo a sí mismo. Es un mundo de sordos"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        La primavera es &ldquo;resurrecci&oacute;n&rdquo;, an&aacute;stasis. Si te levantas te ir&aacute;s, pero no resucitas, solo te levantas y te vas por ah&iacute;. Lo muerto no resucita, solo lo que se nutri&oacute; de esa cantidad ingente de peque&ntilde;as muertes bajo el gran bostezo azul del cielo del invierno. Renace lo vivo que estaba dormido. Entonces despierta, despi&eacute;rtate, lev&aacute;ntate y ve por ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntos fuegos, cu&aacute;ntos soles, cu&aacute;ntas auroras, cu&aacute;ntas aguas? No lo digo por desafiaros, oh Padres. Lo digo por saber, oh poetas. Rgueda, 10,88,18.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; te aliena ahora? &iquest;Cu&aacute;l es la tuya? No me digas que los viejos caminos polvorientos de Velada. No me digas que t&uacute; mismo. Sientes el fiasco, tu propio fiasco, Hay yendo hacia all&iacute; palabras con costra, alrededor de ellas se pega el fiasco. &iquest;Recuerdas la &uacute;ltima vez que hablamos de la libertad? La llam&aacute;bamos &ldquo;Le grand concept&rdquo;. Sab&iacute;amos que hab&iacute;a perdido el gran significado; ya no hemos vuelto a hablar m&aacute;s de ello. Se hab&iacute;a vuelto indefinible, o m&aacute;s pura que nunca, y por eso exig&iacute;a otro nombre, y eso busc&aacute;bamos, esa otra palabra nueva.
    </p><p class="article-text">
        El sol por la ra&ntilde;a de Amenes, y aqu&iacute; un Rulfo del fr&iacute;o. Por una peque&ntilde;a ventana que sirve de boca, atizando una lumbre dormida, y entonces me acord&eacute; de que &ldquo;no ten&iacute;a ganas de nada, solo de vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre Knut Hamsun y la c&eacute;lula de oro de Sharon Olds la vieja, esos senderos que la maleza oculta, una peque&ntilde;a historia que nunca se acaba. Se teje, nunca se deja de tejer esa inacabable colcha negra que terminar&aacute; cubriendo este paisaje viejo. Uno lleg&oacute; a imaginar una nevada al principio de la primavera; comenzar&iacute;a tal d&iacute;a y ya no dejar&iacute;a de caer nieve nunca m&aacute;s. Yo no puedo llegar a imaginar que suceda tal cosa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para explicar o decir esto te ayudas de lo otro; deja que el otro lo diga y lo escriba por ti, aunque tú lo hayas oído y visto primero</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las malas noticias llegan r&aacute;pido. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, al lugar de Mogadouro. Las buenas llegan m&aacute;s despacio, llevan tu ritmo mientras vas despacio bajando montes pelados hacia los lugares de Peva, Leomil y Mido: las llevas t&uacute; y las repartes entre personas de ojos de cielo verde.
    </p><p class="article-text">
        Para explicar o decir esto te ayudas de lo otro; deja que el otro lo diga y lo escriba por ti, aunque t&uacute; lo hayas o&iacute;do y visto primero. El otro puede hacerlo porque le has donado tu silencio.
    </p><p class="article-text">
        Entre Bacoco y Alcarneo. Han cambiado mucho los nombres, son m&aacute;s pastosos y breves, y a la vez m&aacute;s f&aacute;ciles de recordar. La lluvia de los d&iacute;as pasado me detuvo en los lugares de Mayorga. Hay un abrigo rocoso; dan ganas de hacer dibujos esquem&aacute;ticos en la pared de roca; raspas de peces, perros y cerdos. Las aves hay que pintarlas con l&iacute;neas sutiles, es &eacute;poca de firmas.
    </p><p class="article-text">
        Todo lugar ya ha tenido un &uacute;ltimo d&iacute;a. Este ya lo tuvo hace mucho. El &uacute;ltimo d&iacute;a a la espera del primer d&iacute;a. T&uacute; y yo, ellos tambi&eacute;n, sienten la dicha de ese &uacute;ltimo d&iacute;a mientras llega el primer d&iacute;a. Ese no tiempo del lugar dar&iacute;a para toda una vida.
    </p><p class="article-text">
        Once de marzo de dos mil veintis&eacute;is. De haber nacido hace setenta a&ntilde;os, tal d&iacute;a como hoy, d&iacute;a de la siesta y de los bomberos municipales, pero tambi&eacute;n del ri&ntilde;&oacute;n y de la ansiedad podr&iacute;an haberte llamado Sofronio, y de ser mujer &Aacute;urea, pero entre Ramiro, Eulogio y Entimio &iquest;cu&aacute;l? Siempre gana &Aacute;urea de Villavelayo. Once de marzo. Gana &Aacute;urea de Villavelayo, dorada mediocridad hacia el ahora. Entremos en ese reino nocturno en el que debo buscar a simple vista la super gigante azul, a la &Iacute;caro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El mundo se hacía leve gracias a que se podía compartir con las cosas su propia gravedad. Ahí también estaba el otro, al que se le podía abrazar y tocar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Me gustaba que aquello y lo otro pesara, que su peso fuera real, el peso real de las cosas, y no luchar porque fueran m&aacute;s leves y ligeras. As&iacute; me pon&iacute;a a tocar casi todo lo que me rodeaba, tocando las cosas sent&iacute;a su peso verdadero; con el tacto y la mirada se establec&iacute;a con la materia una relaci&oacute;n de ligereza y de levedad. El mundo se hac&iacute;a leve gracias a que se pod&iacute;a compartir con las cosas su propia gravedad. Ah&iacute; tambi&eacute;n estaba el otro, al que se le pod&iacute;a abrazar y tocar. Est&aacute;bamos en el &ldquo;no lugar&rdquo;. Hay un amor por las monta&ntilde;as que no entendemos, y gracias a que no lo entendemos, estas nos ayudan a liberar lenguaje. Lib&eacute;ralo todo, deja que se escape de ti.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo aqu&iacute; no avanza linealmente gastando los d&iacute;as, vaci&aacute;ndolos y rest&aacute;ndolos en &ldquo;un-uno-detr&aacute;s-de-otro&rdquo;. Avanza girando retr&oacute;gradamente barriendo lo que va dejando en favor de tu memoria. Lugar de Jola.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;no lugar&rdquo; es este lugar, el de hoy, pero tambi&eacute;n lo era el de ayer. Para ti no hay l&iacute;mites claros, fronteras o l&iacute;neas imaginarias. Pero de alguna manera, y solo para ti mismo, entre ayer y hoy has cruzado por alg&uacute;n lado real a este lugar de hoy; posiblemente en un ligero descenso hacia el Tietar, y una vez atravesado el curso de agua por una hilera de piedras en el vado de Lanzahita te hayas adentrado en este lugar de hoy. &iquest;Te encontraste a muchos? No, apenas a unos pocos a los que tu marcha les parec&iacute;a extra&ntilde;a y perezosa. Los caminos antiguos estaban pensados para la cercan&iacute;a, pero all&iacute; donde acababa uno comenzaba otro. De un camino sal&iacute;a otro, nunca se acababan los caminos; era como un infinito &aacute;rbol tumbado. Se pasaba muy cerca de muchos lugares, iban al lado de todo. El sentido de los caminos era el de sus ramificaciones. 
    </p><p class="article-text">
        En este par&oacute;n de muchos d&iacute;as en el lugar de Nisa, un lugar al que nunca hubiera llegado sin la apertura del milagro, de un milagro; sin ese milagro en concreto, que es el milagro en s&iacute; mismo. Aqu&iacute;, en este lugar de Piedraescrita, he tenido mucho tiempo para la ligereza y el estar de m&aacute;s. Ese era el milagro. En la lista de caminos que iba escribiendo les cambiaba el nombre. Deseaba haberme perdido m&aacute;s, haber estado del todo perdido.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; el tiempo y no ocurri&oacute; nada m&aacute;s. Eso es bueno me dec&iacute;a aquel &ldquo;nadie&rdquo; del &ldquo;no-lugar&rdquo;. Que pase el tiempo y no ocurra nada de lo que tengamos que hacernos eco aqu&iacute;. &ldquo;Or&eacute;ade enamorada de Narciso&rdquo; qued&oacute; finalmente sorda para no o&iacute;r siempre la &uacute;ltima palabra que pronunciaba. Se o&iacute;a solo a s&iacute; misma. Es lo terrible de estos tiempos atravesados por el hierro de la ideolog&iacute;a. Cada uno se oye solo a s&iacute; mismo. Es un mundo de sordos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No me obligué, me quedé quieto muchas horas en un cobertizo, en un lugar lleno de apriscos abandonados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ahora no estaba de acuerdo conmigo, o este t&uacute; al que llamo &ldquo;Sisetu&rdquo; o si-se-t&uacute;, por deformaci&oacute;n del Shisetsu del aire, y por eso obligado a ir por ese camino ya olvidado por todos, perdi&eacute;ndose de Sard&oacute;n a Villarmuerto, bajo una lluvia de locos. No me obligu&eacute;, me qued&eacute; quieto muchas horas en un cobertizo, en un lugar lleno de apriscos abandonados. Si, &ldquo;si-se-t&uacute;&rdquo;, as&iacute; uno se entrama m&aacute;s. Abadengo, un d&iacute;a de marzo de este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Estos textos son para m&iacute;, los anoto para m&iacute;, despu&eacute;s no tiendo a leerlos. &ldquo;Los peque&ntilde;os textos de uno&rdquo;. Despu&eacute;s, siempre, pasado un tiempo caen en manos de alguien: &ldquo;No hay una estrella llamada Mira&rdquo;. Estos textos, en un cuaderno m&aacute;s peque&ntilde;o de lo que acostumbro, de bolsillo, se puede llevar de manera f&aacute;cil en la chaqueta de tweed, y donde mi caligraf&iacute;a, generosa en tama&ntilde;o y expansiva debe adaptarse al minifundio de las peque&ntilde;as hojas. Caligraf&iacute;a de hormiga, textos cort&iacute;simos donde ni siquiera cabe la reflexi&oacute;n, solo la mirada larga, que en el &ldquo;no lugar&rdquo; no se estrella con nada, simplemente colapsa en las aberturas de estas ra&ntilde;as lunares. Miro all&iacute; durante largo tiempo, lo que escribo viene de &ldquo;all&iacute;&rdquo;, por ejemplo &ldquo;Tengo una tuber&iacute;a por la que se me escapan palabras prudentes. Soy un grifo que gotea, uno, dos, tres, cuatro&rdquo;. Pero aqu&iacute;, bajo el cielo de Acha &iquest;no hay una estrella que se llama Mira?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; pudiendo ir hacia all&iacute; de manera natural, sin esfuerzo apenas, la mayor&iacute;a se dirige hacia aqu&iacute;, con mucho esfuerzo, a este aqu&iacute; desnaturalizado, tan cercano y empobrecido por nosotros mismos? O&iacute; a Julien que los abandonados a su suerte, que conoce toda gran escuela, una media docena de hombre especiales dejan pronto los Altos estudios.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; ese paisaje sin edad, en el que nada, visiblemente ha cambiado desde hace miles de a&ntilde;os, y no hab&iacute;a nadie en el paisaje todo color de pan tostado.
    </p><p class="article-text">
        Este camino de la Jayona te lleva m&aacute;s lejos que el de Montesclaros. Por ah&iacute; se van quedando los amigos. A. ardi&oacute; tras L. Antiguamente hubo muchos que murieron durante el viaje.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/campo-habas_132_13114285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 05:12:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un campo de habas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Tiempo,Naturaleza,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los ríos han hablado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/rios-han-hablado_132_13018319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43e6d716-585e-4e01-8a25-8e8d30d3fbef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ríos han hablado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El río que llora y llora hasta que anega los ojos de los puentes"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        Los r&iacute;os de mi pa&iacute;s han hablado durante d&iacute;as y noches, borrachos de s&iacute; mismos, ebrios, tan ebrios como al principio del mundo. &ldquo;Hacia ti extiendo las manos; me haces falta, como el agua a la tierra seca. Selah, dice el Salmo 143:6.  Cuando ellos estaban mudos le cant&aacute;bamos al cielo <em>La rogativa de Valdestillas</em>: &rdquo;Danos el agua Se&ntilde;ora, aunque no lo merezcamos, qu&eacute; si por merecer fuera ni la tierra que pisamos. Danos el agua Se&ntilde;ora, aunque sea inmerecido&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y los r&iacute;os hablaron.
    </p><p class="article-text">
        Habl&oacute; el Jerte, el Yeltes, el r&iacute;o de la Hija, el Aillons, el Valdemeca, el Unhais, el Gran Coa, el Tirteafuera y el &Aacute;rrago; habl&oacute; el Irati, el Paiv&ocirc;,  el r&iacute;o Ega, el Adra, un tal Eresma, el r&iacute;o de las Uces; hablaron los dos Guadarranques, el de las Villuercas y el del Sur, y el Alag&oacute;n, el Azuer, el Pusa y G&eacute;valo; hablaron el Urumea, el Esca, el Ason, habl&oacute; el bello Z&eacute;zere; no dejaron de hablar durante noches enteras el r&iacute;o de Onor, el Seixe, la rivera de Nisa y la de Benalija, el Ebron, el r&iacute;o Pas, el Ucero, el oculto Turia, el Sillo, el rio Corneja, el M&uacute;rtiga, el r&iacute;o de los Ausines, el Albarregas, un tal Eo, los Jil&oacute;n y Jiloca, el D&acirc;o y el rio de Sert&acirc;; hablaron las gargantas de Alardos y Minchones, los r&iacute;os Nansa, Eirog&ocirc;, C&aacute;ster, y Cavalum, el r&iacute;o Mente y el Pancrudo; all&iacute;, m&aacute;s lejos todav&iacute;a hablaron el Odleite, el Az&uacute;mara, el T&uacute;a y el Sabor;  hablaron el Matachel, el Nervi&oacute;n y el Tinto, el Gran Sil, el r&iacute;o Fr&aacute;ncias; volvieron hablar los peque&ntilde;os r&iacute;os, la Garganta de la Eliza, el Sangrera, el Limia y el Ponsul; en los d&iacute;as oscuros se oy&oacute; al Ter, al Odiel y al Eume, el Ortiga, el Ret&iacute;n y Ruecas. 
    </p><p class="article-text">
        Hablaron todos los r&iacute;os, el Pozo de los Humos, el A&ntilde;amaza, el Guadiato, J&aacute;ndula, el r&iacute;o G&aacute;rgaligas, el B&uacute;rdalo, el Sot, Ubierna, Golmayo, el Borbona, el Gran Mondego de Coimbra, el Pranto, el r&iacute;o que llora y llora hasta que anega los ojos de los puentes; habl&oacute; el Almonte, el Cea, el Guadiela y el Bullaque, el dulce Genil, el Alh&aacute;rabe, el Narb&acirc;o, el gran Zujar o Sujaira, el Uso, Gallo, Cinca, el Alhama, el bello Cabriel, el Rechiceruelo y el Arbillas, el Tera, el Guadyerbas; habl&oacute; el r&iacute;o Cuerpo de hombre, el Nal&oacute;n y el Bidasoa, el Avi&oacute;n y el Ebrillos, la rivera de T&aacute;liga, el Usagre, el Carbo y el Cervol, el Bodi&oacute;n, hablaron el Lillas, Henares y el Ungr&iacute;a en las tierras fr&iacute;as, el Clariano, el r&iacute;o de los Ojos, el Lucena y el Palancia, el r&iacute;o de la Miel, el Andarax, el Manubles, el bello Guadaira y el rio V&iacute;boras, el Zadora y el Matapan, el Vernisa, el r&iacute;o de los Santos, el r&iacute;o Eva, el r&iacute;o de los Ojos, el Vaca y el Piedra, el Agad&oacute;n, el Magasca y el Magasquilla, el Montenegro; hablaron muchos d&iacute;as el Bernesga y el Bembezar, el Estena, el r&iacute;o Guadalupe, el Mundo, Francol&iacute;, Tambre y Jabal&oacute;n, el T&aacute;mega y el Adaja. 
    </p><p class="article-text">
        Hablaron sin cesar y muy borrachos la Ribeira Meimon, el Pera, el Yeguas y el Porma; habl&oacute; el Duraton, el Ullaque, Picuezo, Guadalimiar, el Navia, el Paz y el Sella, el Vez, el Adr&acirc;o, el Ardila y el Z&aacute;ncara; hablaron el bello Sever y el gran Ti&eacute;tar, el r&iacute;o de los &Aacute;ngeles, Alva, Ceira, Arunca, el G&aacute;llego, el sucio Jarama, el r&iacute;o Seco de Borriol, el L&aacute;cara y el Sorbe, Turones, la rambla de la Viuda, el Esgueva, Zumel, el Cerneja y el &Uacute;rbel, el Tumbafrailes, Sellumbres, el Godoliz, la Froya, el Badiel y el Bullones, el r&iacute;o Dulce y los cuatro r&iacute;os Fr&iacute;os, el Omecillos, Bonhabal y Valvanera; hablaron el Valderaduey, el Seco, el r&iacute;o Cig&uuml;ela y el Salor, el Ambroz, la rivera del Ladrillar y el Hurdano, el gran Alberche de mi infancia, el Ramacasta&ntilde;as, el Viar, el Gebora, el Erjas, la rivera de Alge y el Isna, el Cabril, el r&iacute;o Magro, el Guadalhorce y el Guadiato, el Taibilla; no dejaron en la noche de hablar el Serpis, el Caa&ntilde;amares y el r&iacute;o Cifuentes, el Pilde y el Trema, los peque&ntilde;os r&iacute;os Izana, Mazos y el Arandilla, el Tus, el Mundo, el r&iacute;o Ca&ntilde;oles y el C&oacute;rcoles, el Revinuesa y el Henar; los r&iacute;os de las otras tierras fr&iacute;as, el Arlanza, el Najerilla y el Nela, m&aacute;s all&aacute; el Oca y el Odra, el Queiles; donde sale el sol, el Sonella y el Rodeche, el Taju&ntilde;a, el Aliendre; hablaron el Huelmes, el Quilamas y el Azaba, y m&aacute;s all&aacute; el &Aacute;gueda, los Almar, Gamo y Huebra. 
    </p><p class="article-text">
        No dejamos de oir al Zela y al Al&eacute;n, a los r&iacute;os peque&ntilde;os del m&aacute;s all&aacute; del Al&eacute;n, al Avia y al r&iacute;o Judeu, el Carri&oacute;n, Eria y Almucera, y muy lejos del r&iacute;o Silves al Hijar y al Asma; o&iacute;mos al r&iacute;o Sordo, y los nacederos de Urederra, al r&iacute;o Homem y al Alhama, al Marnel, al Carapito, Lozoya y Besaya; hacia el Este el Aguasvivas, el Griegos y cerca del Matarra&ntilde;as el Moyuela; no dej&oacute; de llover Se&ntilde;ora, durante muchos d&iacute;as llovi&oacute; y se salieron el Safarujo, el Pitarque y el Tartavias, la Rivera de Ulme, el r&iacute;o Agada&ocirc; y el Angueira, el Oinha y el Degebe; los r&iacute;os Bergantes y Alfambra, el Sado, el Cueza y el Piran. 
    </p><p class="article-text">
        Todos ellos, gracias a ti se&ntilde;ora, han hablado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/rios-han-hablado_132_13018319.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 08:39:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ríos,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lentitud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/lentitud_132_12970290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f221cfa4-1ba1-49b5-a188-0d220cb46734_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lentitud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El fascismo muta peligrosamente en oscilaciones abstractas, el poema de Pasolini lo dice: L´ossesione è perduta è divenuta, odorante fantasma che si stende in giorni di luce grande e muta”</p></div><p class="article-text">
        Han salido los primeros tusilagos. En invierno hibernan, no mueren, dan su flor amarilla al final del fr&iacute;o, anuncian la primavera. Las f&aacute;rfaras o u&ntilde;as de caballo han florecido este a&ntilde;o poco despu&eacute;s de San Sebast&iacute;an. Dice Esquirol en <em>La escuela del alma</em> que quien contempla, vive y deja vivir. Genera paz, y quien lee el poema del mundo obtiene energ&iacute;a para hacer m&aacute;s mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de d&iacute;as de aire violento hay que volver a colocar en su sitio todo aquello que el viento tir&oacute; y arrastr&oacute;, &iquest;no? Tambi&eacute;n esto podr&iacute;a proporcionarnos la posibilidad de alg&uacute;n cambio. Ahora t&uacute; estabas mejor all&iacute; que aqu&iacute; y te hab&iacute;as desviado mucho para llegar a tiempo. El &uacute;ltimo perihelio del cometa Hale-Bopp se produjo probablemente hace 4200 a&ntilde;os, y no volver&aacute; al sistema solar interno hasta dentro de 2380 a&ntilde;os. A pie, despacio, vamos a su ritmo.
    </p><p class="article-text">
        Se volc&oacute; una maceta con un plat&oacute;n de olivo y ahora lo vas a trasplantar all&iacute;, detr&aacute;s de la casa. 
    </p><p class="article-text">
        Instrucciones de como dejar atr&aacute;s una gran ciudad. No las hay en realidad. A pie, siempre a pie, sin prisa, hacia all&iacute;. Cada uno tiene su all&iacute;. <em>La grand marche</em> de los risue&ntilde;os. Oiseaux, qu&eacute; bella palabra. Fue en Par&iacute;s, hace ya unos meses, en la casa de un viejo amigo, lo vi en &eacute;l. La mirada puede reunir el espacio o esparcir el &aacute;nimo, penetra como el aire en una casa abierta y entra en lo roto, en lo entornado, en el hueco. Comuni&oacute;n de silencios, el gran silencio la nutre, &eacute;l deja abandonarse por el suyo propio, y en esa casa abierta a las afueras de la ciudad que nunca acaba nunca se cansa de re&iacute;r. 
    </p><p class="article-text">
        Su viejo rostro me cuenta una historia, la m&iacute;a propia; la mirada, la boca, las facciones de ese rostro las ha modelado la alegr&iacute;a y la lentitud. Le gusta este lugar, no demasiado alto, solo lo suficiente como para poder reunir con la mirada el espacio que hacia all&iacute; se abre. Me dicta entre copas de borgo&ntilde;a las instrucciones de como dejar atr&aacute;s la ciudad que nunca acaba. &ldquo;&Eacute;l prev&eacute; siempre el final: para no comenzar nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este es un tiempo de par&aacute;bolas, pero no valen las viejas par&aacute;bolas, deben ser nuevas, como nuevas las experiencias de nuestros d&iacute;as. Se endurecen todav&iacute;a m&aacute;s las viejas piedras de las ruinas para aguantar lo blando de esta &eacute;poca infame. El maestro Esquirol mantiene en <em>La escuela del alma</em> que la gente tiene necesidad de poes&iacute;a y de m&iacute;stica para no enloquecer. M&aacute;s parlanch&iacute;n en la soledad escribi&oacute; Canetti, y aunque en vano se sumergi&oacute; tres veces y nadie lo vio. La cuarta se qued&oacute; en la superficie, donde tampoco nadie lo vio.
    </p><p class="article-text">
        Profanamos, lo profanamos todo, nos profanamos, este es el tiempo de las profanaciones. Aquella sierra azul ya est&aacute; profanada, yo la he profanado en domingo. &iquest;Iba a hacer una caminata por la nieve descalzo? Ahora, y cada vez m&aacute;s, omito nombres, y cu&aacute;nto m&aacute;s los omito menos se olvidan. Se han apoderado de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Nos defendemos del odio con m&aacute;s odio, hacia una homeopat&iacute;a de la desilusi&oacute;n. Se cura 'casi' todo con vocablos enfermos. Chupamos esas palabras.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s r&aacute;pido, a mayor velocidad, llega antes, vete antes, no mires desde la ventanilla de un tren el mundo, el paisaje. Ve ciego de velocidad. No contemples: nos dec&iacute;an esto las voces de los aparatos, demasiadas voces salidas desde lo oscuro de las m&aacute;quinas nos lo dec&iacute;an. Hace poco, ella me lo pregunt&oacute; &iquest;Te ahogaba la aceleraci&oacute;n y la velocidad inusitada del ahora? No ten&iacute;a necesidad de llegar antes, de ir tan r&aacute;pido, le dije a uno con el que me cruc&eacute; en una estaci&oacute;n de tren. All&iacute;, en la regi&oacute;n de Jola, en esa parte olvidada del mundo, le dieron hace mucho la espalda al r&eacute;cord. Se premia la lentitud, se come despacio, se ama despacio, se mira despacio, se camina despacio. La palabra amada es &ldquo;despacio&rdquo; y sus conjunciones. All&iacute; todav&iacute;a se crean palabras nuevas que significan &ldquo;despacio&rdquo; &ldquo;lentitud&rdquo;, en esa parte del mundo solo se corre para tonificar el cuerpo. Los r&iacute;os limpios van a la velocidad de los r&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Qu&iacute;tate las sandalias porque est&aacute;s pisando un lugar sagrado. &Eacute;xodo 3,5. Pero aqu&iacute; todo el &ldquo;lugar&rdquo;, el ancho e inmensurable lugar era sagrado; m&aacute;s all&aacute; incluso del all&iacute; que vemos, ten&iacute;amos que ir descalzos y desnudos, y entonces, no era as&iacute;, lo sagrado nos libera incluso de la buena muerte al sol. C&aacute;lzate y v&iacute;stete, hace fr&iacute;o, incluso est&aacute; comenzando a nevar. En verano, para que no ardan tus pies y tu espalda se queme ve calzado y vestido. S&iacute;, un lugar sagrado, all&iacute; por donde t&uacute; pases seguir&aacute; siendo un lugar sagrado. No lo maldigas, con eso basta. &iquest;Guardas en los ojos el poema del mundo? L&eacute;elo a la sombra. Si lo olvidaste sabes que va en un papel doblado dentro del libro de Edmod Jab&eacute;s que llevas ahora en la mochila. El poema te quitar&aacute; la sed y te proteger&aacute; del fr&iacute;o. Abandon&eacute; una tierra que no era m&iacute;a por otra que tampoco lo es. Me refugi&eacute; en un vocablo de tinta, teniendo al libro por espacio, palabra de la nada es esta oscuridad del desierto. No me cubr&iacute; de la noche. No me guard&eacute; del sol. Camin&eacute; desnudo. De donde vine ya no hab&iacute;a sentido. A donde iba no preocupaba a nadie. Del viento, te digo, del viento y un poco de arena en el viento.
    </p><p class="article-text">
        Se dice zona 0, cero, z, 0, pero no se sabe realmente lo que significa. Amas lo que no se puede explicar. Mira la muerte, sigue generando lenguaje y esta tierra hierba.
    </p><p class="article-text">
        Siempre se escribe bajo el cielo, lo que se escapa y se hunde. A veces sent&iacute;a su peso, otras una a&eacute;rea expresi&oacute;n de libertad.
    </p><p class="article-text">
        Bien que ya no se coman aqu&iacute; los caballos, aunque solo se sacrificaran para este fin los ejemplares m&aacute;s viejos. Pero hay granjas de ranas, insoportable vivir cerca de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Por mor de todas las palabras que uno se ha prohibido, quiz&aacute;s se hayan enfriado como la escoria. Lo peor era la gran esperanza que uno ten&iacute;a depositada en ellas, y que muy pronto fueran olvidadas por los otros.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;a haber estado m&aacute;s cerca de todo se dec&iacute;a &eacute;l, incluso dentro, m&aacute;s adentro, y en ello haber podido sacar la cabeza cada cierto tiempo para respirar m&aacute;s profundamente el mundo. El amor ahoga y salva.
    </p><p class="article-text">
        Se enmudece de contar baldosas, en las tejas acumuladas junto al muro se refugian bichos; como si levant&aacute;ramos a&ntilde;os, debe quedar la se&ntilde;al de lo que ha soportado ese inamovible peso muerto.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no se puede ir muy deprisa, ni alcanzar grandes velocidades, enseguida imanta la quietud del cielo, las grandes encinas han impuesto su ritmo a la vida. Entre las personas se ha cortado la gravidez de las relaciones. La sierra al fondo saca toda su ligereza de la forma, aunque se asiente con gran pesadez en lo hondo. El humo de le&ntilde;a de las chimeneas, lentitud de lumbres. Uno que se escapa de las cosas a trav&eacute;s de sus nombres.
    </p><p class="article-text">
        Llegan tantas noticias, hay tal riada de ellas que erosionan los d&iacute;as. Pulen la verdad hasta dejarla lisa. Toc&aacute;bamos y acarici&aacute;bamos con los ojos cerrados las rugosidades de los fen&oacute;menos.
    </p><p class="article-text">
        Ella esperaba la llegada de la nieve, hoy, ayer, desde hace unos d&iacute;as. Estos son los d&iacute;as de la espera de la nieve. Se acab&oacute; la espera, no lleg&oacute;. Vivimos en un mundo de previsiones al alza siempre; las previsiones al alza est&aacute;n relacionadas con la enfermedad de la velocidad. Adelantarse al tiempo natural es el signo, se adelanta al tiempo de la espera. La previsi&oacute;n es lo contrario a lo prof&eacute;tico. Lo previsto queda en negro, se oscurece r&aacute;pido. Imagina una niebla negra, lo prof&eacute;tico se cumple por la fuerza misma del lenguaje prof&eacute;tico. Lo prof&eacute;tico es el eco del destino, nos llega sin im&aacute;genes, es silencioso. Antes de que acontezca lo escuchamos. La imagen de esto podr&iacute;a ser un viejo apeadero de tren junto a unas v&iacute;as abandonadas. Ah&iacute; est&aacute; previsto todo aquello que no va a suceder. Ahora miro hacia atr&aacute;s. No todo lo que deb&iacute;a suceder sucedi&oacute;. La nieve se fue hace ya mucho, pertenece a la memoria de la ni&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Otra historia: Los lunes, despu&eacute;s de los domingos de enero y febrero, ensayo de eternidad. &Eacute;l se dejaba llevar, se ve&iacute;a inmerso en un fluido, tambi&eacute;n era ese nadador que es expulsado por el mar a una playa un d&iacute;a de verano, y all&iacute; remozado y herido se deja golpear por las olas, o sobre un r&iacute;o, bocarriba con los brazos en cruz, pero tambi&eacute;n sentado en una silla junto a la puerta de la casa mientras nieva. Los d&iacute;as que se van se lo llevan, y &eacute;l, desesperado se agarra a las manos de una mujer, no se la ve, solo se ven sus largos brazos y las manos de esa mujer. Ha muerto cada domingo por la tarde, ha muerto de s&iacute; mismo, e insalvable, anda todav&iacute;a buscando esa palabra que signifique estar muerto en domingo por la tarde, y que no es exactamente morir. Esquirol escribi&oacute; en La escuela del alma que la gracia es el exceso de azul en el cielo. Algunas frases sirven como llave maestra para un mejor entendimiento del mundo.
    </p><p class="article-text">
        En otra ocasi&oacute;n, durante un viaje invernal, a la escucha de conversaciones. Deber&iacute;a haber un nombre para este oficio de escuchar en la gratitud del escuchar. En un caf&eacute; del centro de una peque&ntilde;a ciudad, en este pa&iacute;s todas las ciudades importantes son peque&ntilde;as, dos matrimonios de m&eacute;dicos, posiblemente ya jubilados, hablan en la mesa de al lado sobre el linfoma, de los linfomas que dejan secuelas en aquellos j&oacute;venes que los han sufrido. A la espera de que hablen de la muerte, sin &eacute;xito; el mundo de las enfermedades no la contempla. Es como si hablaran de plantas y flores, y la muerte no existiera m&aacute;s all&aacute; de las plantas y de las flores. Todas esas palabras est&aacute;n pasadas por la cuchilla de afeitar. Para escuchar bien una conversaci&oacute;n es mejor no mirar, y estar siempre de espalda. Las peque&ntilde;as ciudades importantes de mi pa&iacute;s son lentas. Por ellas se va despacio.
    </p><p class="article-text">
        Buenos comienzos de cartas, y de todos ellos, encontramos tantas combinaciones como d&iacute;as; quiz&aacute;s esa extra&ntilde;a entrada en la que finalmente se va a apoyar todo el texto de la carta &ldquo;Ya no se escriben cartas a mano, me empecino en mandarle una tan larga que no tiene final, y por eso mismo nunca se acaba de escribir; de ser enviada nunca le llegar&iacute;a&rdquo; &ldquo;Pero se la puedo enviar por si acaso, no quisiera que el impulso se viniera abajo como el tinglado de ca&ntilde;as que tumb&oacute; el vendaval a finales de octubre, ese t&iacute;pico sombrajo de ca&ntilde;as para protegerse del sol en esta parte del pa&iacute;s&rdquo; &ldquo;Usted se llama as&iacute; &iquest;verdad? &iquest;Y querr&iacute;a recibir cartas a mano? &iquest;No le crear&aacute; desasosiego, o la impresi&oacute;n de que le est&aacute;n hablando desde muy lejos?&rdquo; Otro s&iacute;ntoma m&aacute;s de que hemos perdido el pathos del tiempo, casi nadie escribe ya cartas a mano.
    </p><p class="article-text">
        Otra de Esquirol: &ldquo;Los charlatanes son los demagogos de las sombras&rdquo; Solo vive quien se desvive. Una buena errata es la que provoque un cambio de sentido en lo escrito. Ese &ldquo;desvive&rdquo; apareci&oacute; como &ldquo;quien se desv&iacute;e&rdquo;. Entonces ocurri&oacute; el milagro del lenguaje a&uacute;n salvaje: desvivirse es desde ahora tambi&eacute;n desviarse. Vete desviando y llegar&aacute;s a lo que no deseabas, a otro &ldquo;adonde&rdquo; y al &ldquo;otro&rdquo; y la alegr&iacute;a, quiz&aacute;s, ser&aacute; mayor. Volver por all&iacute; al lugar del primer anhelo. Todo est&aacute; cerca, lo lejano es el centro mismo. En las corrientes de agua se ve, el palo que dejabas al albur de la corriente del B&aacute;rrago siempre se desviaba, y acababa en el d&oacute;nde-no-s&eacute;-adonde-va. Desviarse es natural. Amamos m&aacute;s de lejos que de cerca. Cu&eacute;ntame historias para que me r&iacute;a. Esto tambi&eacute;n hablaba de la lentitud frente a la prisa.
    </p><p class="article-text">
        Sin darme cuenta hoy era 3 de febrero de tal a&ntilde;o, d&iacute;a de San Blas. Hac&iacute;a fr&iacute;o, me proteg&iacute; el cuello con la bufanda que una vez me hizo mi madre en su taller de costura. Solo me cubro el cuello con esa bufanda cada 3 de febrero. No se hab&iacute;an ido las cig&uuml;e&ntilde;as, ya no se van. Las cig&uuml;e&ntilde;as del Gordo y del Ara&ntilde;uelo ya no se van. Aman la lentitud. 
    </p><p class="article-text">
        Ella, para recuperarse de la grisalla y de las noches rigurosas, tras semanas de borrascas con nombre, alzaba la cabeza y respiraba directamente del cielo hasta que le dol&iacute;a el cuello, tambi&eacute;n le dol&iacute;an los pulmones por el aire fr&iacute;o, y los ojos por la claridad. Un cielo de un azul p&aacute;lido. Hab&iacute;a pasado Ingrid la violenta y hab&iacute;a tra&iacute;do la nieve. 
    </p><p class="article-text">
        Ella sali&oacute; a campo abierto para respirar la claridad de ese cielo azul p&aacute;lido, contra&iacute;do, todav&iacute;a fr&iacute;o. Con un palo hizo una l&iacute;nea profunda en el suelo ensopado de barro, pronto se llen&oacute; de agua y el cielo dej&oacute; un list&oacute;n de reflejos. Dijo en voz alta las palabras de todos los a&ntilde;os y la cruz&oacute;. Ese respirar a cielo abierto era entonces una inmersi&oacute;n en la luz; ella tragaba y expulsaba el aire con alegr&iacute;a renovada, y la luz y la claridad lejana. Respiraci&oacute;n de felicidad lenta y profunda, como el fuelle que aviva el sol. &iquest;Un fuelle roto que necesita ser reparado por las costuras de los pliegues? S&iacute;, ser&iacute;a eso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/lentitud_132_12970290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Feb 2026 17:10:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La lentitud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Noches rigurosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/noches-rigurosas_132_12897269.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d7191f5-cdad-4178-8188-4c9819be1df3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Noches rigurosas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En el marco de la puerta alguien ha escrito con tiza las tres iniciales de los Reyes Magos. M.G.B.; este año preferiría carbón a plástico"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        Te enfocan, estabas dormido. 5 de enero.
    </p><p class="article-text">
        Leyendo <em>Inferno </em>de August Strindberg encuentro una frase que me hace re&iacute;r: &ldquo;Una ma&ntilde;ana, pasado el a&ntilde;o nuevo y los interminables d&iacute;as de fiesta, me vuelvo a encontrar solo&rdquo;. No solo una frase como esta me hace re&iacute;r, a partir de ahora todo me hace re&iacute;r. &iquest;Y a los otros? No lo s&eacute;, no s&eacute; que es lo que les hace re&iacute;r. La risa es de colores. Ahora estamos en los tiempos de la risa negra. Antes la risa ten&iacute;a una relaci&oacute;n directa con la felicidad y la alegr&iacute;a, ahora llega a trav&eacute;s de las cosquillas de la desolaci&oacute;n y el mal. El mal nos hace re&iacute;r. Te enfocan, estabas dormido. Otra m&aacute;s de August Strindberg: &ldquo;La vida est&aacute; hecha de repeticiones&rdquo;, esta tambi&eacute;n me hace re&iacute;r, pero ya es otra risa; la risa de la verdad y la de las peque&ntilde;as verdades inmutables. Desde aqu&iacute;, &iquest;a qui&eacute;n puedo agradecerle que todav&iacute;a haya peque&ntilde;as verdades inmutables en el mundo? A &ldquo;Nadie&rdquo;, vuelve &ldquo;Nadie&rdquo; con toda su solemnidad. Al fin puedo volver a hablar con &eacute;l, &ldquo;Nadie&rdquo; y tras la risa, el miedo, el manojo de miedos, y &eacute;l, por una vez, rota su anhelada y rica relaci&oacute;n con el nihilismo, comienza a tener miedo a no tener ya ning&uacute;n miedo. He aqu&iacute; una historia que nunca avanza. &iquest;A qui&eacute;n se la he o&iacute;do? Por miedo a llegar a la p&aacute;gina en la que pone &ldquo;Fin&rdquo; -<em>The End</em> en las pel&iacute;culas americanas-, <em>Fine </em>en las italianas,<em> das Ende</em> en las alemanas. El cine &iquest;es hija o hijo del totalitarismo? Se lo o&iacute; a &ldquo;Nadie&rdquo;, pero estaba borracho.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a m&aacute;s fr&iacute;o del a&ntilde;o es tambi&eacute;n el m&aacute;s luminoso, el sol no logra calentar a pesar de mostrarse radiante, lo que si proporciona es un brillo intenso a todo aquello que es capaz de brillar; el azul del cielo es un azul apagado, la luz cristalina hace que lo lejano parezca m&aacute;s cerca, y lo cercano se agrande a la vez que se aleja. Incluso la alegr&iacute;a se dilata y se vuelve vaga al esp&iacute;ritu. Al fondo la Sierra de Mijares, con sus mantos de armi&ntilde;o en las faldas y cumbres. Antes, en otro tiempo, en este d&iacute;a, se o&iacute;a al cerdo gru&ntilde;ir en el momento de la matanza. En el marco de la puerta alguien ha escrito con tiza las tres iniciales de los Reyes Magos. M.G.B.; este a&ntilde;o preferir&iacute;a carb&oacute;n a pl&aacute;stico. En la ventana las viejas botas de ir a la sierra y unos higos secos. Si vinieran a caballo esta noche oir&iacute;a los cascos en la calle. En las noches rigurosas, al despertar, les dec&iacute;an a los ni&ntilde;os: &iquest;Te pis&oacute; el caballo blanco? El lenguaje en esta parte del pa&iacute;s da rodeos para preguntar si alguien pas&oacute; fr&iacute;o de noche, ese caballo blanco te pisa y tienes fr&iacute;o. El lenguaje de invierno es m&aacute;s bello que el del verano. El carb&oacute;n es mejor que el pl&aacute;stico. Tambi&eacute;n se acuerdan de los muertos, y para sus libaciones se les deja en la tumba una botella de vino y un pu&ntilde;ado de casta&ntilde;as e higos secos. En las tumbas, durante las noches rigurosas, en ocasiones, tambi&eacute;n se ven las iniciales, pero cambiadas de orden. G.M.B. o B.G.M.; si ellos llegaran a lomos de burros, y de madrugada alguno rebuznara, eso ser&iacute;a se&ntilde;al de buena suerte en el a&ntilde;o que ha entrado. Te enfocan y te despiertan.
    </p><p class="article-text">
        En el despu&eacute;s, la frase que me he quedado es &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;. Parece haber llegado la calma, ese despu&eacute;s se vuelve m&aacute;s necesario en el lenguaje de estos d&iacute;as. Hubo tantas luces, tantas y tantas y tantas. &ldquo;Que-no-ocurra-nada-m&aacute;s-all&aacute;-de-lo-que-debiera-ocurrir&rdquo;. Tantas luces nos llevaron a la ceguera. Se compet&iacute;a con las constelaciones. Al sereno, en las noches rigurosas, bajo el cielo de tinta transparente de enero las estrellas tienen algo de huevecillos de mariposa a punto de abrirse. Despu&eacute;s de un despu&eacute;s llegan otros tantos despu&eacute;s. La vida pesta&ntilde;ea, tendemos a marcar las ruedas &iquest;ya sabes cu&aacute;ntas vueltas vas a dar? Cada vez que la marca pasa por el suelo duro y da con una piedra sientes la holgura del mundo. La memoria desprecia las marcas, tiende a lo vasto y a la inmovilidad. &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;. Me falta sintetizarla en una sola palabra; para que ese &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo; tenga la fuerza de la profec&iacute;a, la premonici&oacute;n, o la objeci&oacute;n, debe transformarse en una palabra con sustancia. Algunas drogas son hijas de una s&iacute;ntesis sutil y fortuita, algunas palabras tambi&eacute;n. El azar. Ahora estar&iacute;amos a la escucha de esa palabra que guardase dentro ese &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Te enfocan, estabas dormido. Y quer&iacute;as dormir, dormir todav&iacute;a mucho a la espera de los d&iacute;as largos. Estamos amenazados por un tiempo en que lo mejor nos est&aacute; es dormir, y mientras tanto caminar hacia all&iacute;, hacia la Sierra arropada ahora con su manto de armi&ntilde;o. En el imaginar es imposible que dos imaginen lo mismo, de la misma manera, pueden formar un coro a dos voces, pintar un cuadro a medias, compartir un plato o beber un <em>armagnac </em>de la misma copa. M&aacute;s all&aacute; de la imaginaci&oacute;n sigue la realidad, prefiero el carb&oacute;n al pl&aacute;stico. Si pod&iacute;a, &ldquo;Nadie&rdquo; al ir campo a trav&eacute;s, eleg&iacute;a cruzar las tierras labradas atravesando los surcos en vez de ir siguiendo sus l&iacute;neas. Si pod&iacute;a, eleg&iacute;a lo m&aacute;s dif&iacute;cil, por ejemplo, sal&iacute;a a la peor hora, y llegaba ya con el d&iacute;a anochecido, en ese momento en el que ya no le esperaba nadie. Si pod&iacute;a le gustaba tener siempre detr&aacute;s y delante la presencia de la muerte, aunque esta fuera solo marginal e improbable, o pudiera llegarle por la acci&oacute;n de un animal o un accidente. De ninguna manera quer&iacute;a ser ayudado en situaciones dif&iacute;ciles. Esto le hubiera producido una amargura que le habr&iacute;a alejado de la felicidad con la que se conquista la alegr&iacute;a. Eso que ten&iacute;a suficientes d&iacute;as por delante, y todos para &eacute;l. &ldquo;Nadie&rdquo; segu&iacute;a creyendo es ese despu&eacute;s &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;. Ten&iacute;a que ser as&iacute;, ten&iacute;a que recordar cada d&iacute;a por alg&uacute;n hecho insignificante y sin importancia. Una vida que fluye por s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        De todas maneras est&aacute;s dormido y te enfocan<em>. Septembriseur</em>: Puesto que estamos reunidos entre bestias, aullad, 7 de octubre de 2023, Rave Supernova.
    </p><p class="article-text">
        El azul es el color, al menos el tuyo, prevalece por ser el m&aacute;s lejano, el m&aacute;s alto y profundo, es el color que envuelve los espacios. Cielos, mares, monta&ntilde;as y sierras. Ya &iquest;pero qu&eacute; azul? Cuando nos movemos entre gamas, demasiadas posibilidades y escalas infinitas, la libertad de elecci&oacute;n se resiente, la libertad misma sufre la atrofia de la voluntad. Si dij&eacute;ramos, hay solo dos de tres, cuatro de uno, podr&iacute;as elegir sin resentirte, seguir&iacute;as siendo t&uacute; por encima y por debajo de ti, y aunque la libertad, la tuya, se tensa como un arco, y en esa tensi&oacute;n, sientes las fuerzas de la naturaleza; al menos la flecha sale lanzada lejos. 
    </p><p class="article-text">
        Elegiste el a&ntilde;il frente al azul blando del cielo del verano, no hab&iacute;a muchas m&aacute;s gamas del mismo color, solo aquellas que se dan en el d&iacute;a a d&iacute;a de la naturaleza. Tu libertad no era la libertad de elecci&oacute;n, en los sue&ntilde;os ya no hab&iacute;a vallas, muros de zarzas escondiendo las piedras, y si l&iacute;neas imaginarias que solo t&uacute; pod&iacute;as entrever o sentir, tambi&eacute;n lo supremo para sentirlo todo con m&aacute;s fuerza en ese despu&eacute;s &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;. Se necesitaban los d&iacute;as nublados, las noches rigurosas en la que ninguna luz te enfoca, y las tardes lluviosos; era as&iacute;, que luego, de pronto, al abrirse ese d&iacute;a del despu&eacute;s, de &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo; todo ten&iacute;a su sentido, y si ese era el sentido de todo, t&uacute; formabas parte de ello.
    </p><p class="article-text">
        Epifan&iacute;as de las nevadas pr&oacute;ximas. Recuerdo, solo recuerdo todo lo que no quiero recordar.
    </p><p class="article-text">
        La memoria, si tiene un sonido, una m&uacute;sica, es la de la nieve al caer, y d&iacute;as en la que cae de golpe de las ramas de los pinos. Se carg&oacute; demasiado la higuera, la zarza est&aacute; abrigada y querr&iacute;as tirarte sobre ella. Se derrite. Ante la gran nevada sabemos esperar, d&iacute;as, a&ntilde;os, incluso toda la vida. Hay pocas cosas que nos lleven a una paciencia mayor como la de la espera de la nieve. Esta espera es un atisbo de eternidad. Embel&eacute;sate, s&eacute; el embelesado. He ah&iacute; los primeros copos. Mira, mira, no dejes de mirar en ese &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;. Ahora el viejo zorro te lo dice al o&iacute;do &ldquo;la edad no se siente en el trabajo, sino en las fiestas, no cuando avanzas, sino cuando saltas&rdquo;. En lo vegetal hay respuestas para todo -sigo prefiriendo el carb&oacute;n al pl&aacute;stico- la lentitud y la rapidez en ese mundo de ramas y sombras tiene una relaci&oacute;n de escalas inapreciable al principio. El &aacute;rbol que va a durar mucho, atravesando las generaciones, siendo un testigo silencioso de la vida a su alrededor, va a comenzar con un desarrollo lento, en esas peque&ntilde;as encinas se ve muy bien esto; en los a&ntilde;os por venir, en cada rama nueva se multiplica el crecimiento, pone m&aacute;s fuerza en todo, domina un c&iacute;rculo y profundiza hacia abajo. &iquest;Braque o Nolde? Los dos, renuncia a la elecci&oacute;n, <em>Les oiseaux noirs</em> de Braque en el <em>Seascape </em>de 1946 de Nolde. Verlos volar reflejados en los ojos de K. E., verlos en el agua helada de enero yendo hacia el sol en ese &ldquo;Que-no-ocurra-nada&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/noches-rigurosas_132_12897269.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jan 2026 04:57:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Noches rigurosas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luces de adviento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/luces-adviento_132_12817710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f6bc19a-20e3-4b81-afdf-bde2db2eafa2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luces de adviento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Cualquiera cada cierto tiempo dice “no quiero morir” en voz baja, los otros no lo oyen, ni él mismo lo oye. ¿No lo terminaría cambiando después de un tiempo por ese “quiero vivir”?"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        A falta de nieve aqu&iacute;, la cal de la hoja, as&iacute; &eacute;l cre&oacute; una palabra para decir que todas las cosas recib&iacute;an su luz y la devolv&iacute;an al mundo. Caloja o caloya, el blanco que brilla, la caloja o calije&ntilde;a, antes hab&iacute;a estado ah&iacute; la palabra, como la luz que se refleja en el blanco y es devuelta al aire con m&aacute;s fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Rebrotan las zarzas quemadas durante el verano con m&aacute;s fuerza, pero no podr&iacute;an arder dos veces. Deseos de adviento. Deseos, uf, tantos como dientes. All&iacute; el campo de dientes de le&oacute;n, pero no soples.
    </p><p class="article-text">
        En una postal de navidad de hace algunos a&ntilde;os, un amigo escribi&oacute; a modo de felicitaci&oacute;n &ldquo;&iexcl;Por Dios! O por nada, que la mesa no cojee, que las piedras del vado o las <em>poldras </em>no hayan sido socavadas por la corriente, que este fresno nuevo tenga su inclinaci&oacute;n justa&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La peligrosidad del acto de pintar&rdquo; Emil Schmacher. &ldquo;Peligrosidad&rdquo;. Cuanto hac&iacute;a que no o&iacute;a esa palabra. Echo de menos todas esas palabras que dejaron de pasar por m&iacute;, mientras me aferro y me defiendo de todas estas que ahora andan rondando tan cerca.
    </p><p class="article-text">
        En la dosis est&aacute; la perfecci&oacute;n, en las dosis de ligereza, y el convertir el aire en agua para darles a tus animales tu sombra en las manos.
    </p><p class="article-text">
        Tusilagos, u&ntilde;as de caballo, en esta latitud ya han florecido, se adelantan, en los taludes, adornan las zonas feas del paisaje, los cimientos de las casas abandonadas, salen donde hay vigas y tejas apiladas desde hace a&ntilde;os. Al aire fr&iacute;o que quema los ojos y los labios ayuda ese amarillo fuerte, pero entre la <em>f&aacute;fara </em>y la pata de mula no hay recuerdos al inicio. Todas las flores son nuevas. Siente la coz del aire en ellas. El <em>lindy hop</em>, el <em>jitterburg </em>y el <em>jive </em>son bailes antifascistas, ellos lo bailaban quietos, y hablaban una vez ya muertos, durante un tiempo m&aacute;s o menos largo se les o&iacute;a all&iacute; o aqu&iacute; hasta que callaban para siempre, y ese callar era el gran silencio en el que o&iacute;amos lo otro, el mundo. Swing, swing, swing era el salvoconducto.
    </p><p class="article-text">
        La niebla es la neurastenia del aire escribi&oacute; el maestro de P., en la niebla no hay recuerdos. Y si todos los fen&oacute;menos de la naturaleza se dieran a la vez, no solo en un d&iacute;a, sino todos al mismo tiempo, y entre todas las inclemencias que nos regala la naturaleza, al finalizar cada d&iacute;a, en la gran quietud, durante el momento de la copa de vino en la ventana. Pero no, se las guarda, y nos las sirve de una a una para que en nuestro propio clima nos expresemos con fuerza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todavía escribe el esclavo de un sistema de comunicación previa, a la que inevitablemente se vendió la identidad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Peter Handke</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El maestro nunca se pon&iacute;a de lado, aunque siempre daba sus clases de perfil junto a la ventana del aula, hablando a la ventana, mirando a lo lejos. Su perfil, el estar siempre de perfil mientras nos hablaba, desde la ventana hacia el mundo, mirando lejos, a lo lejos siempre, y permitiendo, a la vez que nos hablaba, siempre desde un all&iacute;, que entrara el aire en el aula. Yo quise ser una vez como ese maestro. Cuando al fin &eacute;l callaba se giraba para mirarnos, y aunque siempre parec&iacute;a que miraba a uno de nosotros en concreto, a un elegido, al elegido, en realidad nos estaba mirando a todos. Nadie quer&iacute;a romper ese silencio maravilloso, nadie menos el elegido, y el elegido &eacute;ramos todos. En esos silencios maravillosos se posaba toda la lecci&oacute;n que en realidad no era una lecci&oacute;n. &ldquo;Las raposas tienen guarida y las aves del cielo nidos, m&aacute;s el hijo del cielo no tiene d&oacute;nde reclinar la cabeza&rdquo; (Lucas, 9, 58) hay siempre un Getseman&iacute; en cada regi&oacute;n o pa&iacute;s por donde has pasado, y un Jola o un Berrocalejo para los exiliados de s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Estas monta&ntilde;as se ven mejor desde aqu&iacute; que desde all&iacute;, no es solo el efecto de la distancia y de la luz, es tambi&eacute;n el de la memoria, las formas dejan de mostrarse de manera clara, menos un pe&ntilde;asco que act&uacute;a de joroba; ese penacho de granito se ve siempre desde casi todos los lugares. Tambi&eacute;n a esta hora mejor que al mediod&iacute;a, la luz debe ser la apropiada, y en invierno mejor que en verano. Al otro lado, en la vertiente Norte, nunca dir&iacute;as que se trata de la misma monta&ntilde;a, es otra; lo feo y la fealdad no valen para las monta&ntilde;as, ahora que puedes decir que conoces bien a aquella persona de espaldas solo porque ha dejado de hablar. Tiene dos cuerpos, pero un solo rostro.
    </p><p class="article-text">
        Cuantas veces hemos hablado o escrito sobre el &ldquo;fr&iacute;o&rdquo; &iquest;Y qu&eacute; significa ese &ldquo;fr&iacute;o&rdquo;? Todo, quiz&aacute;s todo. Hace ya muchos a&ntilde;os, en F&uuml;rth, a las afueras de N&uacute;remberg, durante una larga estancia en Alemania, en diciembre, ten&iacute;a mucho fr&iacute;o, m&aacute;s de lo que nunca hab&iacute;a tenido hasta entonces, un fr&iacute;o que me hac&iacute;a retroceder y apretar el cuerpo. Para calentarme iba muy deprisa por largas calles bajo el cielo podrido del mediod&iacute;a en aquella grisalla del Norte. De pronto comenz&oacute; a nevar, y en ese nevar dej&eacute; de tener fr&iacute;o, de sentir dentro del cuerpo el perro blanco. El fr&iacute;o se hab&iacute;a ido de m&iacute;. Despu&eacute;s seguir&iacute;a nevando durante tres d&iacute;as seguidos. La nieve tom&oacute; la ciudad. De esa alegr&iacute;a de la nieve viven todav&iacute;a nuestros ojos mucho tiempo despu&eacute;s. Ese recuerdo es pura alegr&iacute;a. El calor ven&iacute;a de la nieve. La tristeza de haber aprendido a nadar en una piscina. En ese caso es mejor que te tiren al r&iacute;o un d&iacute;a de verano, atado con una cuerda a tu padre, y como el miedo al agua poco a poco se convertir&iacute;a en placer. Despu&eacute;s ya no puedes olvidar los r&iacute;os, ni la nieve, ni a tu padre. Hay r&iacute;os con nombres de mujer. Un amigo de Piedralaves me mand&oacute; hace unos d&iacute;as un texto sobre las r&iacute;os y gargantas de la vertiente Sur de Gredos, un texto en el que nos reconciliamos. Hay una memoria que confluye. Hablaba de los r&iacute;os de La Vera. Chilla, Alardos, Santa Mar&iacute;a. Minchones, Gualtaminos, Jaranda, Riomoros y Villares, Cuartos, Pedro Chate. Ramacasta&ntilde;as, Arbillas. En todos estos r&iacute;os peque&ntilde;os se ha ba&ntilde;ado. Aguas de nieve. Muy fr&iacute;as incluso en verano. Yo aprend&iacute; a nadar en el Alberche, al final de su curso, en los tramos ya cercanos a la desembocadura en el Tajo, en el lugar de Palomarejos. Entonces era un r&iacute;o peligroso. Aguas de aluvi&oacute;n de un verde gris.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntos r&iacute;os tiene? &iquest;Cuatro, o cinco, quiz&aacute;s ocho? Y t&uacute; solo uno.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Bestia del coraz&oacute;n&rdquo; &ldquo;Polvo de az&uacute;car de cad&aacute;ver&rdquo; Herta M&uuml;ller. Dan ganas de volver a traducirlo &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a cambiado? &ldquo;Animal descorazonado&rdquo; &ldquo;Polvo dulce de ceniza&rdquo; y as&iacute; avanzamos, con ligeras dosis de lenguaje cambia de rumbo la esperanza. El hambre entra por los pies. Puedo alimentarme con el coraz&oacute;n de las manzanas y las palabras m&aacute;s sucias.
    </p><p class="article-text">
        Nuevos deportes, el hombre compite contra s&iacute; mismo, los l&iacute;mites de la bajada en apnea en ca&iacute;da libre desde el cielo. R&eacute;cord significa quebrar el esp&iacute;ritu. Est&aacute;n para quebrarlo, como se rompe el amor en una rama de aliso. 
    </p><p class="article-text">
        Reto&ntilde;ar, reso&ntilde;ar, puntitas de hallazgos. Hierba que sale con fuerza entre las junturas del empedrado.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un corto paseo con la cabeza agachada mirando solo el suelo, el leer la tierra, al levantarla aparece en toda su extensi&oacute;n feliz el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Me detengo en el paisaje &ldquo;El peso del morral&rdquo; de Matsuo Bash&ocirc; en su viaje a Tierras Hondas. Detalla lo que llevaba en el morral. En un viaje m&aacute;s ligero, la desnudez del desnudo me lleva a creer qu&eacute; en cualquiera de las circunstancias, ese que va, habr&iacute;a llevado encima algo, de no ser as&iacute;, para sufrir un poco llenar&iacute;a de piedras una bolsa.
    </p><p class="article-text">
        Otra Anunciaci&oacute;n, y solo ve&iacute;a sus grandes ojos negros, la reencarnaci&oacute;n de la Weil, o de la Duras, tan necesarias en este tiempo. Parec&iacute;a mirarme y hablarme desde detr&aacute;s de una encina. Le pregunt&eacute; &iquest;Por d&oacute;nde vamos hacia d&oacute;nde ahora?
    </p><p class="article-text">
        La palabra p&aacute;jaro o ave en todas las lenguas, y las escrib&iacute;a en cuartillas amarillas, eran muchas, desde &ldquo;Avis&rdquo; a Ha&#7747;sa (&#2361;&#2306;&#2360;), era miles. Que est&eacute;s bien en tu vuelo por encima de la niebla.
    </p><p class="article-text">
        Me detengo en el poema mucho tiempo, en un determinado poema, en este de Valente, el Hibakuscha, estoy en ese poema, dentro, como territorio de lenguaje abierto, y me digo, no s&eacute; cu&aacute;ntas veces puedo llegar a dec&iacute;rmelo, que deber&iacute;a espantarme, como la Schrecken o la Ver&auml;ngstigt, m&aacute;s all&aacute; de la angustia -esas im&aacute;genes- y me lo digo, pero no, un gran no se interpone entre la maravilla del lenguaje y mi angustia en el Hibakuscha de Valente. En el cielo un p&aacute;jaro de aluminio gris, el Bockscar sobre Nagasaky. &ldquo;Alguien mir&oacute; sin fin desde la muerte. A&uacute;n puedes ver aquel ojo en lo oscuro. Y c&oacute;mo, preguntaron, c&oacute;mo escribir despu&eacute;s de Auschwitz y despu&eacute;s de Auschwitz y despu&eacute;s de Hiroshima, c&oacute;mo no escribir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera cada cierto tiempo dice &ldquo;no quiero morir&rdquo; en voz baja, los otros no lo oyen, ni &eacute;l mismo lo oye. &iquest;No lo terminar&iacute;a cambiando despu&eacute;s de un tiempo por ese &ldquo;quiero vivir&rdquo;? Un no siempre es m&aacute;s fuerte que un s&iacute;. Al constructor de memoria le gusta la niebla, los espacios donde nada se mueve, ni el d&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n es el constructor de memoria sino t&uacute;? La memoria habla despacio y en voz baja para ese dictado al o&iacute;do. Entonces se rellenan los hiatos del tiempo. Del pulir al amolar, y las piedras de agua &iquest;Afinaban m&aacute;s todav&iacute;a la afiliaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Solo donde est&aacute;s t&uacute; nace un lugar&rdquo; Elizabeth Barret-Browining
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/luces-adviento_132_12817710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 08:18:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Luces de adviento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quemados y quemadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/quemados-quemadas_132_12746067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f1aba44-297a-4cbb-b319-6bda38651678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quemados y quemadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"He dejado de oír la radio después de tirar la televisión en un punto limpio. Nosotros mismos somos basura, generamos tanta basura como emociones"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El hombre moderno es un lodo que ninguna mano es capaz de modelar&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Nicol&aacute;s G&oacute;mez D&aacute;vila.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la ideolog&iacute;a, mejor contra las ideolog&iacute;as, com&eacute;rsela, degustarla y luego vomitarla. Un s&iacute; a las conjunciones, por azar; &eacute;l dijo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; coincide cu&aacute;ndo con qu&eacute;?&rdquo; Peque&ntilde;as ideolog&iacute;as de bolsillo, aguzadas y llenas de erratas del esp&iacute;ritu, mort&iacute;feras, enfermas de mundo, contagiosas. Un gran s&iacute; a las conjunciones, entre aquellos que no se serv&iacute;an de la ideolog&iacute;a. Se pod&iacute;a hablar, tener largas conversaciones de convalecientes de la ideolog&iacute;a. En un hospital del lenguaje, los heridos y convalecientes de su propio lenguaje. Y pod&iacute;an llegar a amarse en los largos silencios del mediod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Algunas lenguas nos sorprenden. De G. C. Lichtemberg: &ldquo;Deber&iacute;a hacernos reflexionar el hecho de que en alem&aacute;n 'acaudillar a alguien', <em>einen anf&uuml;hren,</em> significa lo mismo que 'enga&ntilde;ar a alguien'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Zaddiq, la palabra a la que aspiraba, ser en esa palabra, serlo, despu&eacute;s ya seguro de s&iacute; mismo, darle otros nombres en la que esconderla, hasta olvidarse &eacute;l de s&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;a de todos los Santos, como todos los a&ntilde;os, en alg&uacute;n peque&ntilde;o cementerio perdido en el pa&iacute;s del r&iacute;o. Crisantemos en vez de rosas. La flor de la longevidad, la felicidad, la vida y la muerte. Aqu&iacute; representa la vida y la alegr&iacute;a, la perfecci&oacute;n y el sol. El eco de alguien, a &eacute;l le llegan las palabras de un amigo muerto. Canetti: &ldquo;Lo asquea el orden de desaparici&oacute;n de los muertos. &iquest;Qui&eacute;n lo determina?&rdquo;. Hermes le hab&iacute;a dado permiso para elegir cualquier cosa que deseara, excepto la inmortalidad, despu&eacute;s o&iacute;a de nuevo el eco antiguo del amigo: &ldquo;La memoria de todas las vidas como don de los dioses&rdquo;. El amigo finalmente no ten&iacute;a una tumba donde acudir a hablar con &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        El sol por la ra&ntilde;a de Amenes, y aqu&iacute; un <em>Rulfo</em> del fr&iacute;o. Por una peque&ntilde;a ventana que sirve de boca, atizando una lumbre dormida, y entonces me acord&eacute; de que &ldquo;no ten&iacute;a ganas de nada, solo de vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ojo podr&aacute; muy pronto ver la velocidad vegetal a escala, y la mano pesar el sol, por ejemplo, las de jud&iacute;as creciendo en el huerto alrededor del palo tutor, tambi&eacute;n amar ser&aacute; un erizamiento demasiado veloz alrededor de las cosas quietas. 
    </p><p class="article-text">
        El cementerio de Berrocalejo es el m&aacute;s peque&ntilde;o de todo este pa&iacute;s del rio. Llama la atenci&oacute;n que los muros del recinto sean de tapial y adobe enjalbegados, cuando esta parte del pa&iacute;s es una penillanura gran&iacute;tica de batolitos y berrocales, moles y pe&ntilde;as. Los antiguos excavaban sus tumbas en estas rocas para descansar. No est&aacute;is aqu&iacute; y no pod&eacute;is verlo, desde esta ventana se ven muy bien el &ldquo;Huevo' y 'el Coraz&oacute;n de Petra', 'El Yunque' y 'La Espalda de Adam'. Hay muchas pe&ntilde;as con nombre aqu&iacute;. La naturaleza imita a la naturaleza, la erosi&oacute;n tiene una gran fuerza pl&aacute;stica. La muerte lo vac&iacute;a todo, incluso est&aacute;s rocas duras. En su labor de vaciado incluye a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Cuando &eacute;l cita a Wittgenstein es igual a cuando le cito a &eacute;l. Nos alegramos casi de lo mismo, no podemos dejar el hallazgo en bald&iacute;o. &iquest;En esos silencios a tres quien ser&aacute; el silencioso que los escuche?
    </p><p class="article-text">
        Como el humo de la lumbre la escritura, aqu&iacute; sube hacia arriba y no puedes hacer nada, dirigirla hacia ti, pero como cuando est&aacute;s sentado junto a ella, y el humo, te pongas donde te pongas, te busca.
    </p><p class="article-text">
        El que r&iacute;e en el r&iacute;o, pues en el r&iacute;o solo se puede re&iacute;r, es el que r&iacute;e para siempre hasta que se seca, como el r&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Grisalla, noviembre avanza, el relieve entre el horizonte y el cielo lo avigora, si no fuera por la hierba nueva, que ahora sale con fuerza explosiva, y los olivos con su verde ceniciento, vivir&iacute;amos durante alg&uacute;n tiempo mirando estos espacios con los ojos y la mirada de los perros. Los escaramujos, con sus puntos rojos, o rosas caninas o tapaculos, en otros lugares gabarderas, salvan de la gama de grises y blancos apagados. M&aacute;s all&aacute;, en las hondonadas y arroyos los chopos amarillos alumbran los espacios oscuros. Tambi&eacute;n el efecto de relieve llega a la conciencia. Una realidad monocrom&aacute;tica, hasta la vileza. He dejado de o&iacute;r la radio despu&eacute;s de tirar la televisi&oacute;n en un punto limpio. Nosotros mismos somos basura, generamos tanta basura como emociones. Grisalla de las emociones. La sierra al fondo, de un azul p&aacute;lido, sin nieve.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya mucho tiempo, en la ni&ntilde;ez. Despeja, se despeja el cielo. Desde ayer la nieve se funde, el destino se acelera, caminas deprisa, y all&iacute; esos lugares de nombres imposibles, de Luelmo a Salce. No, ya no te pierdes. Aun la enso&ntilde;aci&oacute;n de la ni&ntilde;ez perdura. Le dices a otro quemado, all&iacute; los lugares de inter&eacute;s. Algora, Medranda, La Toba, Im&oacute;n, Rello, Bustares, Campisalbos, Galve de Sorbe. Cualquiera sabe que guardan esos viejos lugares de peque&ntilde;os cementerios. &iquest;Pesan, nos aligeran? Deja que suenen en ti como aire que roza la tierra. Bajo el cielo costras del pasado, m&aacute;s all&aacute; parec&iacute;a que llegara lo innominado. Se hab&iacute;a detenido todo al final del verano, de todos los veranos. El silencio bajaba hacia la tierra que parec&iacute;a dormir para siempre.
    </p><p class="article-text">
        <em>Epitattei ten siopen</em>, ordenaba el silencio, a partir de ah&iacute; la escucha.
    </p><p class="article-text">
        Al fin ha visto lobos, pero ha sido un encuentro fortuito. Ya no los volver&aacute; a ver m&aacute;s en lo que le reste de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Roto como un palo, que lleg&oacute; de un trozo de madera desde alg&uacute;n bosque talado, de alg&uacute;n lugar que no recuerdo y ardi&oacute; muchas veces he llegado hasta aqu&iacute;.&nbsp;Palabras del quemado. &Eacute;l tambi&eacute;n escribi&oacute; en alg&uacute;n momento sus &ldquo;fiumi&rdquo; y sus &ldquo;Velaziones&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ella o &eacute;l, desde alg&uacute;n lugar remoto del Norte de la provincia de Guadalajara, a finales de octubre. -Dentro de otro me quedar&iacute;a en un momento de honda belleza, mientras contempla aquel paisaje a la hora propicia un poco antes de anochecer, en el d&iacute;a de San Quint&iacute;n, cuando octubre se encamina. Luego lo dejar&iacute;a a solas, y sin saber d&oacute;nde estoy,&nbsp;perdido all&iacute;, quiz&aacute;s, bajo un cielo lleno de madrigueras- Otro quemado o quemada.
    </p><p class="article-text">
        Tohu, desierto, deber&iacute;amos aqu&iacute; buscar otra palabra m&aacute;s &aacute;spera, del arenal al campo de yeso, o desde el descampado, y cuando el aire trae las semillas, estas son arrastradas entre el polvo todav&iacute;a durante un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En las escuelas ahora, cartas a mano, cultivar la lentitud de la palabra, el amor que llega del lenguaje, incluso la muerte presta sus alocuciones y palabras m&aacute;s llenas. Inyecciones de platonismo. La lentitud de la mano al escribir busca una luz nueva. Otra asignatura: cultivar un huerto, tambi&eacute;n la mano, las manos. Ah&iacute; hay veinte libros y una linterna. Cultivar y escribir a cerca de ello.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; cambiando la forma de llover, como la de amar, vaciados de cielo, alijar agua. Se ama menos, pero se le destina una energ&iacute;a mayor. Tromba y crecida repentina del riachuelo. Las aguas se llevan la basura acumulada en el cauce.
    </p><p class="article-text">
        Palabras de otro quemado: Un artista, amigo de muchos a&ntilde;os me visita un d&iacute;a en el lugar de Jola, lo primero que dice &iquest;No hab&iacute;a otro lugar m&aacute;s perdido y alejado que este? Me ense&ntilde;a las manos, las ha perdido, est&aacute;n aqu&iacute;, a&uacute;n lo son, pero desear&iacute;a que le implantaran las de R. y al menos uno de los ojos de Nolde. Ah&iacute;, en agua helada hay que meterlas. En las noches que hiela si&eacute;ntelas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora no hay correspondencia que tratar, me refiero a cartas y postales escritas a mano. Solo correos electr&oacute;nicos y mensajes de voz, pero me cuido mucho de contestarlos en el mismo d&iacute;a, incluso los m&aacute;s importantes. Lo hago pasado un tiempo prudente. Es importante darle un espacio a la correspondencia. Hay mucho que debe reposar.
    </p><p class="article-text">
        El que pueda distinguir unas semillas de otras ir&aacute; muy por delante, pero se cuidar&aacute; de esperar. Tambi&eacute;n puede vivir a dos o m&aacute;s ritmos, pero las semillas, especialmente las semillas nos esconden el cielo, nos lo esconden todo, pero es una espera a la que se llega desde atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, en el oto&ntilde;o, revisi&oacute;n de los hechos, es la &eacute;poca propicia para ello, los &aacute;rboles pierden las hojas, las especies perennes se desprenden de carga. Lo anual no es suficiente, se llega casi al origen, la memoria se renueva. Los muertos est&aacute;n en el centro, hay flores de colores vivos.
    </p><p class="article-text">
        Tendr&iacute;amos que aprender a cerrar los ojos durante largo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Con que fuerza regresan todos aquellos que han muerto demasiado j&oacute;venes. Y da igual que fueran arrancados del mundo de golpe, o lanzados mar adentro por la corriente. Esas vidas truncadas y no acabadas, h&eacute;roes en descanso o en reserva. En Kafka fueron suficiente sus cuarenta a&ntilde;os para culminar una obra. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la baja mar quedan al descubierto monstruos y cadenas monta&ntilde;osas, basura y moluscos de formas extra&ntilde;as. En la resaca, aunque se muestran las cicatrices del tobillo, firmas de su &eacute;poca salvaje, y el brazo tatuado, tiende a cubrirse de nuevo con un lienzo negro, sobre todo en lugares donde el hombre se ha retirado demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Como en los deseos, por un momento se aplaza todo, y queda as&iacute;, suspendido en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Calles de aire, traves&iacute;as de aire donde se inflama tu cuerpo, desagradables en esta &eacute;poca del a&ntilde;o. Corrientes de aire que te atraviesan. Y aqu&iacute; viene lo bueno: No hay puerta que cerrar, es demasiado grande una puerta as&iacute;, inimaginable, y de ah&iacute; viene lo bueno. De lo que es inimaginable llega la alegr&iacute;a. Al menos en esa ciudad, las calles del aire no ten&iacute;an m&aacute;s nombre que ese.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/quemados-quemadas_132_12746067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Nov 2025 11:03:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quemados y quemadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel,Poesía,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo (III)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo-iii_132_12654138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/669082e3-de7c-49e0-be49-6cc6c9b0d1d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartas desde Berrocalejo (III)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Siempre el último muerto de una guerra es el más inocente, un joven, un minuto antes de que acabe la guerra, un instante apenas antes del repicar de campanas"</p></div><p class="article-text">
        Neauphle a finales de septiembre, primero hay que pasar por Par&iacute;s, siempre hay que pasar por Par&iacute;s. Pregunt&eacute; por ella en Neauphle, pronunci&eacute; mal su nombre y Neauphle... demasiadas vocales, me dije. C&oacute;metelas me volv&iacute; a decir. Ella ya no estaba all&iacute;, me refiero a que ya no vive, a que su cuerpo ha dejado este mundo. 
    </p><p class="article-text">
        En Yvelines pregunt&eacute; por ella todo un d&iacute;a. Ya no est&aacute; en ese lugar. Entonces su presencia, s&iacute;, su presencia ha quedado en todo. Desde Yvelines a Neauphle, por el camino de la estaci&oacute;n podr&iacute;a cruzarme con ella. Una presencia no se ve, como no se ve el sol en la niebla de la ma&ntilde;ana. 
    </p><p class="article-text">
        A principios de octubre la bruma del r&iacute;o asciende por las suaves laderas del embalse hasta cubrir Berrocalejo. &nbsp;Los p&aacute;jaros se han ido a menudear a los campos cercanos; entre ellos grandes grajas y cuervos. Una presencia, el desahogo que causa la presencia. No hables, digamos que hay que recorrer la presencia en silencio. El callar se hace necesario para abrir bien los ojos a lo que se escucha. Te conviertes en la escucha. 
    </p><p class="article-text">
        Ella podr&iacute;a estar hablando desde varios lugares a la vez. &iquest;Pero qu&eacute; voz tendr&iacute;a ahora, para que su presencia en ese momento se expresara ya de otra manera m&aacute;s salvaje? La anciana en la presencia nos habla con voz de ni&ntilde;a. Desde Yvelines a Neauphle se la oye en las ra&iacute;ces de los grandes pl&aacute;tanos de sombra. 
    </p><p class="article-text">
        Siempre me negu&eacute; a o&iacute;r su voz en una grabaci&oacute;n. Entonces recuerdo siempre la misma frase. De todas sus frases la preferida: &ldquo;Escribir es lo &uacute;nico que llenaba mi vida y la hechizaba&rdquo;. La escritura nunca me ha abandonado. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, en Neauphle, descansando en la habitaci&oacute;n del peque&ntilde;o hotel: mi habitaci&oacute;n no es una cama, ni en Par&iacute;s ni en Trouville. Es una ventana. Sent&iacute; o acaso &iquest;pens&eacute;? que todos debi&eacute;ramos tener una ventana que diera al mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Esta historia me lleva a otra historia. Ahora &eacute;l mide los pasos y los kil&oacute;metros, las pulsaciones, cuantifica todo aquello que le es dado. Si fuera <em>el-que-escribe </em>para ir m&aacute;s lejos, en vez de acercarse, en un ir cada vez m&aacute;s lejos para allegarse, lo medir&iacute;a todo en l&iacute;neas cada vez m&aacute;s largas. 
    </p><p class="article-text">
        O habla de sembrar el silencio, de m&aacute;s silencio. Cada cosecha cada a&ntilde;o pesa menos. A mayor realidad menos espacio. 
    </p><p class="article-text">
        Hola Merodio, Merus, el puro, corres bajo el cielo hacia el lugar de Sando, y como no arrastras los pies no levantas polvo. Eres aquel que merodea y vaga, y en ocasiones corres o caminas deprisa. Aqu&iacute; tan lejos todo parece japon&eacute;s. El cielo est&aacute; lleno de rencor. A mayor realidad aquello, pero el resto estaba vac&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        En aquel entonces &eacute;l sent&iacute;a la necesidad de vivir en un apartamento vac&iacute;o. Eso nos lleva a otra historia. La historia de la maestra, una presencia tan fuerte de la maestra como en Neauphle. Aquella maestra me ense&ntilde;&oacute; a leer y a escribir. No recuerdo que fue lo primero, leer o escribir. La memoria es m&aacute;s f&eacute;rtil que nuestros recuerdos. 
    </p><p class="article-text">
        La maestra, aunque siempre eran joven, ten&iacute;a la imprecisa edad de las diosas. Ella me puso el l&aacute;piz en la mano, despu&eacute;s me la agarr&oacute; ayud&aacute;ndome a trazar las primeras letras. Hab&iacute;a ni&ntilde;os, muchos ni&ntilde;os cuando yo fui ni&ntilde;o. En septiembre volv&iacute;an las maestras. La escuela ahora est&aacute; vac&iacute;a. Ella ha vuelto hoy a esta escuela vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La escritura va muy lejos&rdquo;, escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, en Berrocalejo, los medios de presencia son todas estas grandes piedras redondeadas. Presencia de lo inhabitado. En las &uacute;ltimas caminatas a pie por el rio Uso a finales del verano, en lo inciertamente inhabitado, tuve la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de que ning&uacute;n hombre hubiera pisado esos lugares, y sin embargo en cada piedra sent&iacute; los medios de presencia de una vida, de muchas vidas. Son caminatas de memoria.
    </p><p class="article-text">
        Ahora comienzan a salir por los dedos todos los viajes, de pronto, un grifo se ha quedado abierto en casa y no hay nadie para cerrarlo. Ahora caen sobre la cabeza como de un saco todos los viajes. &nbsp;Fueron un solo viaje, se mezclaron fechas y lugares. El recuerdo se ha desatado, te dejaste un grifo abierto, y est&aacute;s lejos para volver a casa y cerrarlo. Estabas en la otra punta de la ciudad, tardar&iacute;as m&aacute;s de una hora en volver, tampoco tienes a nadie que pueda cerrar el grifo por ti. 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; por d&oacute;nde empezar. Habr&aacute; que echarse otra vez al camino, otro viaje a pie, dejar la ciudad atr&aacute;s a pesar del grifo que se qued&oacute; sin cerrar; al Este, a tu espalda se va quedando la ciudad. Un camino sucio que atraviesa un pol&iacute;gono de naves industriales est&aacute; bien para salir fuera. Se acumula basura a los bordes, hay pocos &aacute;rboles. Muchas naves de almacenamiento y ferralla, un poco m&aacute;s all&aacute; una empresa de fuegos artificiales. Ahora ya a campo abierto. Debes entonces olvidar el grifo abierto, no sufrir por toda esa agua que se pierde.
    </p><p class="article-text">
        Una palabra: Taiga. &iquest;Qu&eacute; te dice? Una sola palabra puede estar un d&iacute;a entero en ti. Una palabra como Taiga no puedes echarla m&aacute;s all&aacute;, olvidarla por alg&uacute;n tiempo. Llegan para redimirnos extra&ntilde;as palabras. As&iacute; quer&iacute;a &eacute;l llamar a su hija o a su perra. Taiga. Esto nos ocurre con algunas palabras, no podemos echarlas de nosotros. Van y vienen.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l, mi amigo chino, dice que la desmaterializaci&oacute;n del mundo es dolorosa para el amante de la materia. Ligero como cualquier p&aacute;jaro lim&iacute;cola. No debes hundirte en los limos, vuelan bajo por falta de peso, se dan al menudeo de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        La tormenta se turba, y t&uacute; sientes una gran alegr&iacute;a. Aqu&iacute;, resguardado en la caseta de herramientas. Una alegr&iacute;a por y para el mundo. El r&iacute;o al fondo. La escuela vac&iacute;a a la salida del pueblo en la carretera de Valdeverdeja.
    </p><p class="article-text">
        La maestra cuenta una historia en la escuela vac&iacute;a: siempre el &uacute;ltimo muerto de una guerra es el m&aacute;s inocente, un joven, un minuto antes de que acabe la guerra, un instante apenas antes del repicar de campanas. En ese muerto inocente, un joven aviador de veinte a&ntilde;os, se reflejan todos los muertos de esa guerra. Incluso desaparecen las iniciales de su nombre, un nombre extra&ntilde;amente bello &iquest;Par&iacute;s?
    </p><p class="article-text">
         De pronto miles de nombres se amontonan. Alguien tiempo despu&eacute;s coloca un retrato del joven aviador apoyado en la estela de la tumba. Una l&aacute;pida sin nombre, pues deben caber todos los nombres en el aire. Sepultado en una tierra extra&ntilde;a. Joven desconocido de veinte a&ntilde;os &iquest;Y el lugar de d&oacute;nde ven&iacute;a? El &uacute;ltimo muerto de una guerra. Un meteoro monoplaza, y se lanzaban al cielo en esos aparatos para jugar.
    </p><p class="article-text">
        No crees en los ciclos, Kiklos, incluso ya no cierras la O cuando la escribes, tu caligraf&iacute;a se ha llenado de esa O sin cerrar. No s&eacute; a qui&eacute;n se lo dije, la maestra hab&iacute;a salido a recoger piedras en los bordes de la escuela &iquest;Y era para siempre como tres d&iacute;as seguidos de lluvia? A la hora de dirigirse a alguien, ella ya no diferenciaba entre el t&uacute; y el &eacute;l. Buscaba pronombres h&iacute;bridos, dif&iacute;ciles de encarnarse. Hab&iacute;a una necesidad de esencializar el lenguaje. Esto le llevo en primer lugar a prohibirse el yo. Se guard&oacute; para siempre el ellos, por considerarlo el pronombre de los muertos. Recordaba todos los muertos que pod&iacute;a, todos los que cupieran en la memoria, un vasto espacio.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la ventana, mi ventana, una ventana que da al r&iacute;o. Imag&iacute;nate a donde da tu ventana. Escribe t&uacute; a d&oacute;nde da. Una ventana para el genocanto, abierta siempre, hasta en invierno. Y ahora el mundo, pero no ten&iacute;a ya mucho que decir sobre ello. Una herida que cauteriza mucho m&aacute;s despacio por amor.
    </p><p class="article-text">
        Por amor todo est&aacute; intensamente vivificado, sobre todo el odio, el odio persistente, 'La haine' que ella hab&iacute;a echado de su lengua materna. &nbsp;Este aire de costado al caminar quiere empujarte hacia all&iacute;, podr&iacute;a apagarlo todo de golpe o reavivarlo, incluso las dos cosas a la vez. Te segu&iacute;a la maestra, otra vez en busca de los medios de presencia. Te ense&ntilde;aba a escribir otra vez desde el principio.
    </p><p class="article-text">
        Esos tres d&iacute;as seguidos de lluvia tranquila que todos deseamos. S&iacute;, por dios, que llueva tres d&iacute;as seguidos noche y d&iacute;a. Ahora est&aacute; escrito, no profundices m&aacute;s. El que hizo el pozo lo escribe todo, vive en la ansiedad de documentar sus pasos, el d&iacute;a y el mes, el nivel de dolor y de alegr&iacute;a, el posible nombre del pozo, piedras entresacadas, el peso de la tierra extra&iacute;da, la fuerza que ha gastado y como un buen final para el documento, la hora y profundidad a la que pinch&oacute; en la tierra y comenz&oacute; a manar el agua.
    </p><p class="article-text">
        Comprobaciones: ella escrib&iacute;a menos extenso que &eacute;l, cartas, documentos, poemas, y sin embargo le cab&iacute;a m&aacute;s. Sus v&iacute;sceras eran m&aacute;s peque&ntilde;as y se expresan de manera natural. A &eacute;l le ven&iacute;a todo de la mano y de los ojos. Apenas le cab&iacute;a el mundo, necesita de un vasto espacio para expresarse. Se comunicaban a trav&eacute;s de sus propios silencios. Incluso as&iacute;, un silencio era mayor que el otro. Pod&iacute;a ser que &eacute;l escuchara el silencio de ella a trav&eacute;s del suyo propio. Ella, de noche, ya en la cama, a punto de dormirse, le dijo: &ldquo;no hace falta escarbar m&aacute;s, solo pinchar en la tierra y manar&aacute;. &iquest;Y c&oacute;mo lo sabes? dijo &eacute;l. &rdquo;No lo s&eacute;&ldquo;, contest&oacute; ella.
    </p><p class="article-text">
         Estos versos nunca se me han ido del todo, &oacute;yelos: &ldquo;Aqu&iacute;, es decir, aqu&iacute; donde la flor del cerezo quiere ser m&aacute;s negra que all&iacute;&rdquo;.  Estos versos siempre vuelven cuando los necesito. Te los doy para que te acompa&ntilde;en por la tierra del Pan. Puedes d&aacute;rselos a otro despu&eacute;s. Quiz&aacute;s los necesitemos m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no ten&iacute;a nada que hacer hac&iacute;a cosas con las manos. Un cono de papel que llenaba de arena, un peque&ntilde;o canal entre dos charcos, y tambi&eacute;n romp&iacute;a &ldquo;cosas&rdquo;. Ramas y piedras, por ejemplo. Ahora romp&iacute;a palabras, rotas dec&iacute;an m&aacute;s. Tambi&eacute;n era necesario un libro de palabras rotas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas fotograf&iacute;as hay de ti? No lo s&eacute;, demasiadas acaso. Destru&iacute; muchas para salvarme. Ahora esquivo cualquier aparici&oacute;n. Soy solo una voz que se embosca, la voz que no se teme a s&iacute; misma, la voz de uno mismo que quiere llegar a otro, bien emboscada no teme arrancarle al aire esto: &ldquo;Habla tambi&eacute;n t&uacute; s&eacute; el &uacute;ltimo en hablar, di tu decir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pureza.&iquest;Existe? &iquest;C&oacute;mo la llamaban all&iacute;? Me gustaba mucho j&uacute;nketsu, decirla en la ventana mientras llov&iacute;a. Una palabra que parec&iacute;a llegar del mar.
    </p><p class="article-text">
        Me rumiaba los conceptos. La historia que cuentas es salvaje, en esa historia uno se convierte en un animal salvaje a pleno d&iacute;a, temeroso se esconde. Es el miedo lo que asalvaja su vieja prudencia. No pasa por ah&iacute; por miedo, se enconde en ese lugar por miedo, ama por miedo, habla bajo por miedo. Es una historia salvaje, pero no es violenta. Lo salvaje es lo menos violento que existe. Lo salvaje es lo contrario a lo inhumano.
    </p><p class="article-text">
        Se echa a caminar despacio, quiere ir por detr&aacute;s de los otros recogiendo historias. Shitstorm, Shitstorm, y contra la vociferante &ldquo;merde&rdquo; el poema, un poema, helo aqu&iacute;. &iquest;No te sientes en medio del Shitstorm? Ya tampoco queda fe en el nombre, mira esta lista, solo miedo y amor, dijo, di, miedo y amor &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a un amor cada vez m&aacute;s profundo, perforante, y por encima azul? Dice que se refleja en el techo igual que el agua de la piscina cubierta. Un amor que no precisara crecer en lenguaje. Silencioso, cada vez m&aacute;s silencioso. No ser&iacute;a, si ser&iacute;a, igual que buscamos en la basura aquello que alguien no quiso, o de lo que se olvid&oacute; pronto, y ese, ese &eacute;l, o acaso este t&uacute; que se aproxima desde ti, le dio el verdadero fin. Un amor que calla para ser.
    </p><p class="article-text">
        Im&aacute;genes que destruyen im&aacute;genes, y dentro de ellas t&uacute; como en una telara&ntilde;a atrapado. <em>Selfie.</em>
    </p><p class="article-text">
        Atrapado ya en cientos, miles de im&aacute;genes, pasaba por ah&iacute;, pasaba, cazado como un animal salvaje, de espaldas &iquest;en cu&aacute;ntas? casi siempre con la cabeza agachada, para no ver, para no verme. Esas im&aacute;genes no soportaban nuestra desnudez. Ah&iacute;, el cazador de locos, el cazador de miradas.
    </p><p class="article-text">
        El ojo vago de los artistas hoy, de manos atrofiadas. En las frases enigm&aacute;ticas nada hay, como en las partes m&aacute;s densas y oscuras del bosque apenas algo que se esconde.
    </p><p class="article-text">
        No sabemos todav&iacute;a la distancia apropiada, para cada amor hay una. &iquest;All&iacute; donde lleguen las manos del uno en el otro? All&iacute; donde se encuentre el l&iacute;mite de la voz del uno en el otro. &iquest;Me oyes? Todav&iacute;a te oigo. All&iacute; donde dejes de o&iacute;rme parate y recuerda mi voz, es lo m&aacute;s dif&iacute;cil de recordar, la voz. Ah&iacute; comienza la presencia. Comienza con un gran silencio. Ama ese gran silencio, aprende a o&iacute;rlo.
    </p><p class="article-text">
        Ya no se cuida con las manos, ya no se escribe a mano. &Eacute;l ama con las manos. Le he visto acariciar esas grandes piedras mientras va por el camino del r&iacute;o. Acaricia la presencia.
    </p><p class="article-text">
        Y vas, por no decir <em>&ldquo;voy&rdquo;</em> cada vez m&aacute;s despacio, no hay prisa. La &ldquo;prisa&rdquo; prisionero, apresurado, prisi&oacute;n. Hay mucho tiempo y silencio para jugar, dec&iacute;a la maestra. &Eacute;l va, por no decir <em>&ldquo;yo&rdquo;</em>. Ya no quiere decir muchas veces <em>&ldquo;yo&rdquo;.</em> No hay nadie para decirle &iquest;Por qu&eacute; vas por all&iacute;? Nadie que le diga, mejor por ah&iacute;. Y va, hace unos d&iacute;as de Galisteo a Coria siguiendo las orillas del Alag&oacute;n camino de Neauphle.
    </p><p class="article-text">
        Toscana. &iquest;Qu&eacute; es para ti? Una luz que lo traspasa todo. &iquest;Un lugar? S&iacute;, tambi&eacute;n un lugar, bajo esa luz, en esa luz, dentro de esa luz.
    </p><p class="article-text">
        A veces hay un d&iacute;a toscano, en otro lugar lejano, pero de donde me encuentro muy cerca. Para cuando regrese el fr&iacute;o. Parece que han ayudado al paisaje a mostrarse. Ha habido mucho trabajo detr&aacute;s. Un camino hacia una colina, a los bordes de ese camino de tierra los cipreses. Junto a los campos de pistacho las calabazas parecen los huevos del sol.
    </p><p class="article-text">
        E &iacute;bamos hacia el nacedero del Uso, donde la sierra se aprieta y exprime el cielo. De all&iacute; vienen las aguas. Estamos cerca.
    </p><p class="article-text">
        <em>In memoriam Pablo Guerrero</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo-iii_132_12654138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Oct 2025 12:49:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo (III)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciao verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ciao-verano_132_12565937.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9e6eec3-732b-4d3a-877e-25334cde88ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciao verano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Y todas las noches, frente a la tierra quemada, él escribía sus cartas en hojas negras con el gelly roll de tinta blanca"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Otto Dix de nuestra &eacute;poca? Sus paisajes devastados, la naturaleza en guerra contra el hombre, su Flandes seg&uacute;n 'Le Feu' de Henri Barbusse. La tela pintada frente a la instalaci&oacute;n o la <em>perfomance</em>, el pantocr&aacute;tor de San Juan de Soria, lo que perdura y es casi indestructible. Por all&iacute; viene el Otto Dix de nuestra &eacute;poca, por la calle del aire, o la de los &aacute;ngeles oscuros.
    </p><p class="article-text">
         <em> Por todo lo que se posa y se queda ah&iacute; para siempre.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>  Esta vez el fuego gan&oacute; al agua.</em>
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo quedan las sillas despu&eacute;s de una fiesta, igual que t&uacute;, &iquest;no? Si volvieran a sentarse todos de nuevo en las sillas, como quedaron despu&eacute;s de la fiesta. Espacio aborrecido, quemado para posibilidad de ser, condenados a estar todos juntos todav&iacute;a por un tiempo. La verg&uuml;enza de ser ah&iacute;. Hab&iacute;an llegado al l&iacute;mite de la alegr&iacute;a, en el l&iacute;mite en el que comienzan a arder unos cerca de otros. Pero una voz, una voz: &ldquo;Al agua, todos al agua&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	<em>El arte de no saber, lo animales se encaraman.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>	El viento es visible solo en lo otro, en lo que remueve.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>	Nuevas formas de amor.</em>
    </p><p class="article-text">
        De noche incendios a lo lejos, no se queja, no habla, no dice, solo mira, no puede dejar de contemplar el incendio bajando por la monta&ntilde;a hacia el r&iacute;o. No hay conclusiones en ese todo-se-quema. No pod&iacute;a escribir sobre ello, la escena no se deja atrapar con palabras. Es obsceno incluso acompa&ntilde;ar el incendio televisado con un fondo musical, por ejemplo, un corte de la sinfon&iacute;a n&uacute;mero 2 'Resurrecci&oacute;n' de Mahler. El guionista ordena sobreponer el fondo sonoro en la tierra quemada. Es obsceno casi todo en este tiempo. Que siente &eacute;l en el momento del <em>todo-se-quema.</em> Lo inconfesable, lo inconfesable da apetito de hablar, de escribir, ese apetito se convierte en veleidad, ansia o avidez de hablar, de decir, y ah&iacute; se quema por segunda vez el espacio del ser. Se le sustrae al silencio de la tragedia su alma, se profana el silencio. No los oigas, no los escuches. T&aacute;pate los o&iacute;dos.
    </p><p class="article-text">
        Galicia, un bello nombre, y &eacute;l ten&iacute;a su Extremadura en ella, aunque le faltara espacio para ser, o sentirlo. Sobre tal tierra tal cielo. A menudo se desencajan, y viv&iacute;a entonces en el desencaje. Estabas solo, pero inundado de ti, por tantos d&iacute;as de lluvia antigua que ya no era, y entonces dec&iacute;as 'Galicia' el m&aacute;s bello nombre.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la soledad de los malditos, espesa, con los mongoles llegando a una playa de guijarros negros con bandera roja por medusas. Resuenan unos en otros. La nausea es real, lo devuelves todo. Te devuelves a ti mismo a un dios que comienza a tener forma y siente hambre de ti.
    </p><p class="article-text">
        Laicidad que se estrella en los suburbios, los poemas que injieren en los otros.
    </p><p class="article-text">
        Un pa&iacute;s donde solo se le&iacute;an poemas. Nos gustaba mucho o&iacute;r 'toque a incendios'. Un repicar r&aacute;pido de dos campanas a toque de arrebato, de Sebasti&aacute;n Villamalefa, o el 'toque a nublo' de Miguel Belver. El Tentenublo: <em>tente nublo, tente t&uacute;, qu&eacute; si dios es agua, ven ac&aacute;, si eres piedra, vete all&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;D&oacute;nde encontrar&aacute;s un hombre que olvide las palabras para que yo pueda hablar con &eacute;l?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em> Chuang-tzu. </em>
    </p><p class="article-text">
        Pero luego estaba, aquello que Canetti llamaba el contagio por los adversarios, uno de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos m&aacute;s eficaces, y muy poco investigado. Bien, pero vayamos al trance. &Eacute;l decidi&oacute; estar un d&iacute;a entero de pie, quer&iacute;a tener una experiencia verdadera. De pie, hasta no sentirse. Primero su cansancio, y despu&eacute;s el cansancio de los otros. Quer&iacute;a sentirlos todos.
    </p><p class="article-text">
        No expliques, ah&iacute; te repliegas.
    </p><p class="article-text">
        Este era ese mismo cansancio, lo conoces porque es tuyo, y se lo ofreces a los otros. Siempre en domingo, un domingo de agosto, y ah&iacute; est&aacute; 'Nadie'. Ese nadie al que quieres poner rostro, y un cuerpo. Ese 'Nadie' salido de una guerra, de una larga caminata de d&iacute;as, de muchos d&iacute;as por el Campo Ara&ntilde;uelo, caminando por tierra quemada. Muy cansado de ir, y cansado de no poder dejar de caminar, de no desear siquiera detenerse brevemente en alg&uacute;n lugar con agua y sombra. Detenerse para &eacute;l significar&iacute;a no poder volver a moverse. 
    </p><p class="article-text">
        Se detiene todo, hasta el miedo, ese miedo sublime a uno mismo, se acerca demasiado a la idea de que el mundo tambi&eacute;n se detenga. 'Nadie' y entonces sigue la direcci&oacute;n hacia tu cansancio de domingo de agosto en aquella o tal ciudad. Recuerdo grandes negrillos en Bo&ntilde;ar, y en las plazas de algunas aldeas de Tras-os-montes. La sombra de los negrillos envolviendo las sienes. No recuerdo largas avenidas de negrillos en la ciudad tal o cual. 'Nadie' dice: su gran envergadura y sus profundas ra&iacute;ces levantar&iacute;an el suelo. &Eacute;l no pod&iacute;a detenerse en lugar alguno. 'Nadie' hasta encontrarte en la ciudad un domingo de agosto. Era un cansancio puro, o como dir&iacute;a B. el cansancio de tener que darse la vuelta en un lugar ya demasiado alejado, para no sentir la inmensurable distancia de uno mismo hacia uno mismo. Darse la vuelta ah&iacute;, justo ah&iacute;, donde ya es casi imposible hacerlo. Nunca llegar&iacute;as al lugar de donde saliste. Demasiada memoria.
    </p><p class="article-text">
        	Viene a ti lo &ldquo;Inesperado&rdquo;, se te dicta.
    </p><p class="article-text">
        Los &aacute;rboles, siempre los &aacute;rboles a nuestro lado, nos sirven de amigos silenciosos. Ella quer&iacute;a ponerles nombres a todos, nombres diferentes al de los hombres. Su imaginaci&oacute;n era un gran espacio, una extensi&oacute;n inmensurable de tierra y cielo, como aquella tierra que atraves&aacute;bamos a principios de agosto camino de Soria. Michel Gallimard al volante de su Facel Vega, siguiendo el Henares hacia Jadraque. Cu&aacute;ntas veces le habr&iacute;a dicho: &ldquo;Es aqu&iacute;, este es el aqu&iacute; del que te habl&eacute; tantas veces&rdquo; Pero el silencio se hizo negro a pleno mediod&iacute;a en la luz cenital del holocausto solar. 
    </p><p class="article-text">
        Tierra femenina, reci&eacute;n segada hacia el futuro. Carreteras estrechas a trav&eacute;s de la lejan&iacute;a hacia ning&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        Ahora solo escribe cartas en hojas negras con gelly roll blanco. En una de ellas escribe: &ldquo;Tanto hablar de dios, y tanta escritura hacia &eacute;l, por no querer entrar en lo hondo de la vida, y ahora con monos&iacute;labos tambi&eacute;n, un poco antes de que con esos monos&iacute;labos nazca una lengua nueva. Una lengua con la que no se podr&iacute;a escribir un solo poema a fuerza de que se autodestruya. 
    </p><p class="article-text">
        Poemas que nadie podr&iacute;a leer, salvo peligro de cegarse, y as&iacute;, mon&oacute;logo a mon&oacute;logo de monos&iacute;labos, un poco antes de que el mundo comience a arder. &iquest;Estar&iacute;a ah&iacute; encerrado, en esa lengua de monos&iacute;labos tu dios?  &iquest;El dios de los diletantes?&ldquo; Y todas las noches, frente a la tierra quemada, &eacute;l escrib&iacute;a sus cartas en hojas negras con el gelly roll de tinta blanca. Entonces &eacute;l se pensaba a escala, a una ya demasiado reducida para representarse. 
    </p><p class="article-text">
        Luego &eacute;l se ve&iacute;a lleno de accidentes y espacios que deb&iacute;a nominar. Tambi&eacute;n sent&iacute;a ciertos r&iacute;os dentro de &eacute;l, los r&iacute;os de la existencia, cursos de agua que no pod&iacute;a dejar sin nombre para no secarse. Ning&uacute;n otro hombre deb&iacute;a saber todo esto. Nadie podr&iacute;a ver esos cursos de s&iacute; mismo, siempre a riesgo de que uno lo nominara con otros nombres err&oacute;neos, y &eacute;l terminase desapareciendo, o llegando a la m&aacute;s absoluta vulgaridad de ser un hombre demasiado com&uacute;n. Seco de si, exprimido por la realidad frente a la tierra quemada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En tiempos muy remotos el sol ten&iacute;a siete hijos que lanzaban sobre la tierra tanto calor como &eacute;l mismo&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Batak </em>
    </p><p class="article-text">
        En el calor del holocausto solar.
    </p><p class="article-text">
        En lo impenetrable las palabras buscan ayuda en otras palabras, y cada vez acuden m&aacute;s a la brecha. Las llamar&iacute;a bichos de la boca, y entonces una palabra ligera, venida del &ldquo;otro lado&rdquo; lo abre todo, e incalculable corre, corre antes de que se cierre todo. La ignorancia est&aacute; en todas partes, como este a&ntilde;o el amaranto en est&aacute;s extensiones de los campos de Velada. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la tierra quemada hombres que ya no sue&ntilde;an. Se les ha extirpado la gl&aacute;ndula del sue&ntilde;o, y por eso mismo son acaso m&aacute;s libres. Se les nota sobre todo cuando hablan. Lo hacen hacia atr&aacute;s, como si estuvieran comi&eacute;ndose las palabras de los enfermos, y las palabras enfermas de nuestro tiempo. Hay una digesti&oacute;n de todo ello que ayuda a &ldquo;esto&rdquo; o &ldquo;aquello&rdquo;. Hay tantos agujeros ahora de los que podr&iacute;an salir peque&ntilde;os dioses que no daban abasto para taparlos.
    </p><p class="article-text">
        'Nadie'. Cu&aacute;nto tardaste en llegar a aqu&iacute;, a pesar de ir tan r&aacute;pido, a la velocidad de ti mismo, a pesar de todo, de ti mismo y de tu cansancio, y el de aquello que te segu&iacute;an, intentando en vano mantener siempre la misma distancia. Ellos ten&iacute;an sin remedio que acelerar o frenar tanto como para que t&uacute; no desaparecieras de su vista, o terminar chocando contigo en los latigazos de ser. De haber ido encordados los habr&iacute;as arrastrado, demasiado peso, como en las conjuras o en los divorcios. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y porque tardaste tanto si de ni&ntilde;o quisiste ser bombero en vez de polic&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute; tanta tardanza si parec&iacute;a un corto viaje? Est&aacute; aqu&iacute; ese paisaje, o los paisajes, y los espacios ya vac&iacute;os donde el lenguaje aprecia la ingravidez hasta quedarse sin peso. El espacio segu&iacute;a ah&iacute;, inalterable, acabado para siempre, en su monogamia perfecta con el cielo y lo celeste. Incluso las rocas resquebrajadas de los berrocales, al salir a caminar cada d&iacute;a con la fresca, a esa hora en la que el sol todav&iacute;a no mata, en el conjunto del batolito, se hab&iacute;an producido mucho antes, demasiado, y como no exist&iacute;a el lenguaje en esos espacios, te volv&iacute;as loco, y la luz te enojaba. 
    </p><p class="article-text">
        Todo aqu&iacute; es m&aacute;s viejo que t&uacute;, y la tierra quemada, despu&eacute;s de una lluvia incierta huele a ropa reci&eacute;n lavada, huele a ni&ntilde;o muerto, huele, no deja de oler a mundo, y entonces te llegaban de nuevo algunas frases del maestro, de tu fiel maestro. &ldquo;El bote que jam&aacute;s se hunde, maldad&rdquo; y por ah&iacute; van criaturas de un solo ojo, y avanzan rodando. Pero todo lo que escrib&iacute;amos ahora era ya demasiado viejo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ciao-verano_132_12565937.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 17:33:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ciao verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,verano,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde Las Hunfrías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/desde-las-hunfrias-opinion_132_12503092.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c27af4d5-48a3-4f81-ac41-739d7ed0ae82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desde Las Hunfrías"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Antes de salir, siempre temprano, un poco antes del momento del sol, miraba el día desde la puerta. Puerta que se mantenía abierta toda la noche. ¿Manía, rito? Y para que no la cerrara un golpe de viento, o la corriente, ponía una buena piedra en el umbral"</p><p class="subtitle">El último veraneante (I)</p></div><p class="article-text">
        T&uacute; quieres ser una realidad muerta. Hay algunas enfermedades que se quejan de ti. Una vez escribiste que nunca hab&iacute;as llorado, que no conoc&iacute;as tu propio llanto. D&eacute;jame que recuerde exactamente esa frase.
    </p><p class="article-text">
        Cuando &eacute;l escribe &ldquo;Puerto&rdquo; no se sabe si alude a la monta&ntilde;a o al mar. Le falta siempre el &ldquo;de&rdquo;. Los viajeros sabr&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Realidad muerta, eso le gusta al poema, realidades muertas. El <em>po&egrave;te </em>no dice nada, el brazo dentro del agua remueve el fango.
    </p><p class="article-text">
        Ahora tengo la paz, pero no s&eacute; qu&eacute; hacer con ella.
    </p><p class="article-text">
        Si ese list&oacute;n se eleva demasiado de la tierra deja de hacer sombra.
    </p><p class="article-text">
        Un recuerdo del invierno pasado: Antes de la gran nevada, un poco antes del gran blanco, ves ya tus huellas en la nieve hacia el front&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; no puedes ir, est&aacute; el front&oacute;n. El poema est&aacute; detr&aacute;s del front&oacute;n, a la escucha, en esa escucha oyes a quien juega a ser. Y eso ocurre gracias a la gran esperanza de la nieve. Se da eso que llamamos la gran y eterna esperanza en uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        La esclavitud de los <em>likes</em>, a&uacute;n me gusta su caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        El hop es un baile antifascista &iquest;Sabr&iacute;as bailarlo ahora? <em>Swing</em>, <em>swing</em>. La m&uacute;sica ronquea en la playa, oigo los ronqueos de esa m&uacute;sica de chapas. Esa lengua, tal, no precisamente en la que piensas ahora, est&aacute; incubando los huevos negros de las serpientes azules.
    </p><p class="article-text">
        En los terrenos altos y las zonas m&aacute;s elevadas la poes&iacute;a no encuentra interferencias. Deshabitada es ligera como el aire. &iquest;Y es as&iacute; de verdad? No lo sepas. Se dir&iacute;a que apenas se roza aqu&iacute; mismo, en el Campo Charro.
    </p><p class="article-text">
        Dion de Prusa: Pues el caminante es rey: la tierra su dominio.
    </p><p class="article-text">
        Peregrinear hacia &ldquo;el no lugar.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El que anda sabe que al mediod&iacute;a no, ese no, ese saber c&oacute;mo no saber. El que anda ahora habla y escribe as&iacute;, nunca acaba las frases, ni agota los caminos, los rechaza. &iquest;Qu&eacute; es ese &ldquo;al mediod&iacute;a no&rdquo;? y &iquest;por qu&eacute; solo en algunas noches se da lo propicio? Deshabita su propia lengua, la hace llana e imposible.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s que hay paisaje, y alguien a punto de desaparecer en &eacute;l. Describir es amar; basta con decir amo todo esto que es solo paisaje, despu&eacute;s crece la imaginaci&oacute;n, la tuya, que ha estado cerrada tanto tiempo, muerta. Bastar&iacute;a una sola noche de lluvia a oscuras, y de pronto, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, alguien abre la casa y la airea. Siempre me han atra&iacute;do los territorios bald&iacute;os. Ah&iacute; queda ese paisaje somnoliento del verano, lijado por el aire, lleno de eczemas y grietas solares, y las tormentas breves, pero muy violentas, le dan una fisionom&iacute;a de tierra vieja. &Eacute;l, A.N. elige para su obra una propuesta mat&eacute;rica, no pinta el cuadro, lo construye con los propios materiales de la tierra. Ocres, sucesi&oacute;n de ocres. Tambi&eacute;n resulta de lo mismo, un t&uacute; erosionado por el ser que en cada uno hay. El amor erosiona as&iacute;; la vida al aire libre de tal manera, y las p&eacute;rdidas como aguas torrenciales. &Eacute;l pinta de espaldas, desnudo, as&iacute; parece m&aacute;s joven. El culo o gl&uacute;teos, los hombros, la piel ocre, sin bello, sin apenas se&ntilde;ales de haber acometido grandes esfuerzos y duros trabajos a lo largo de una vida, y &eacute;l, de acuerdo contigo, ya se supone que hubo largas conversaciones a lo largo de estas noches de verano, a la entrada de la caseta de herramientas, te llama 'Se&ntilde;or de las erosiones', te llama de pronto 'Se&ntilde;or de los bald&iacute;os'.
    </p><p class="article-text">
        Turismo de incendios. <em>Quelle horreur </em>! All&iacute; van ellos de inmediato, desde un lugar seguro fotograf&iacute;an y contemplan las llamas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son caminos horribles que recuerdan el supuesto horror de los caminos lunares&rdquo;, de la correspondencia final de Arthur Rimbaud.
    </p><p class="article-text">
        Uno se convierte en el gran solitario, no en uno cualquiera, sino en el mayor de ellos a la espera de la gran solitaria, y que le ense&ntilde;e el grado m&aacute;ximo de la soledad.
    </p><p class="article-text">
        Se pon&iacute;a normas y l&iacute;mites que deb&iacute;a sobrepasar.
    </p><p class="article-text">
        Aguzar, aguzarlo todo hasta desaparecer por insomnio.
    </p><p class="article-text">
        Misticismo de insomnio.
    </p><p class="article-text">
        <em>In loco ubi steterunt pedes eius</em>, lo dice un salmo.
    </p><p class="article-text">
        Siempre ese lugar vac&iacute;o. &iquest;C&oacute;mo dec&iacute;as que lo llamabas? &iquest;Alto del Atalay&oacute;n, Pico Moradas, Charco hondo o azul, Garganta de las Lanchas?
    </p><p class="article-text">
        Solo sabe &iquest;s&eacute;? Hilvanar en el tejido de la naturaleza la sombra de la piel curtida del alma.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Viva lo imperfecto! Vive lo imperfecto, no existe lo otro.
    </p><p class="article-text">
        Ahora ella quisiera escribir una lista de sus temores, de sus viejos temores &iquest;y si ya careciera de ellos? Escribirlos de todos modos solo para mantener vivo el recuerdo del temor a las culebras.
    </p><p class="article-text">
        Se tomaba las pulsaciones despu&eacute;s de correr, siempre est&aacute; midiendo su resistencia a s&iacute; mismo. Mide su tristeza con la luz fuerte del verano, sus alegr&iacute;as, sus insomnios, sus pasos en las sendas que van desde La Nava a Piedraescrita. &Eacute;poca de medidores. Solo al salir de nadar del Charco hondo o azul, a veces estaba en el agua largo tiempo haciendo el muerto, iba directo al chiringuito fluvial, se encend&iacute;a un cigarro y ped&iacute;a un vermut. 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; a&uacute;n se sigue utilizando la palangana. El agua de uno mismo vuelve a la tierra. Ba&ntilde;os de polvo y agua en las tablas quietas del G&eacute;valo.
    </p><p class="article-text">
        Caminar para sentir la fatiga y los l&iacute;mites del cuerpo, y as&iacute; expulsar la otra fatiga.
    </p><p class="article-text">
        Otro recuerdo del invierno pasado: atravesaba un p&aacute;ramo en el lugar de Villafafila al principio del d&iacute;a, dir&iacute;a que iba a pie hacia Faramontanos de T&aacute;bara, o a Castrotorafe para llegar a Navianos de Alba, y no vi a nadie en todo el santo d&iacute;a. El recuerdo es el fr&iacute;o, iba, iba ese fr&iacute;o negro. No pude decir adi&oacute;s a nadie.
    </p><p class="article-text">
        No se puede ir por ah&iacute; -dec&iacute;a-. Era como decirlo todo, pero no sab&iacute;a exactamente ese por-ah&iacute;-no-se-puede. Tampoco &eacute;l hab&iacute;a ido nunca por ese -ah&iacute;-no-se-puede. Da la vuelta, rod&eacute;alo, desv&iacute;ate lo necesario, y despu&eacute;s coge tal direcci&oacute;n. Ahora hab&iacute;a que romper el maleficio e ir por ese-ah&iacute;-no-se-puede, afrontarlo, tener a la alegr&iacute;a por hermana a pesar del peligro del sol en los caminos desarbolados a finales de julio. Tener a esa alegr&iacute;a muy cerca, como otro m&aacute;s que te acompa&ntilde;a hacia las alturas del &Aacute;rbol del medio de la Casquera. <em>Ese </em>no se puede por ah&iacute; era ese no se puede amar eso, o el no amar nada, no sentir, no sentirlo, en el solo temer, y &eacute;l, seguro de que se pod&iacute;a, pues los l&iacute;mites del amor son imprecisos, y se trata de un espacio abierto al siempre, iba arrancando las ramas secas del temor hasta dejar desnuda la idea.
    </p><p class="article-text">
        Al dormir al raso en las alturas del Cervales la noche te dej&oacute; r&iacute;gido y fr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Por fin no sab&iacute;a lo que era la alegr&iacute;a, ven&iacute;a de dentro, ten&iacute;a miedo de ella, de esa alegr&iacute;a. Se sent&iacute;a un conductor, por el pasado hacia los otros. Sin quemarse. Hab&iacute;a esperado el paso del agua por la acequia, a tal hora, de cada d&iacute;a se&ntilde;alado.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a se aligera colgado en el atardecer, quieto, es un pa&iacute;s de ata&uacute;des. A esa quietud del final de la tarde, el d&iacute;a que se dilata ahora quieto para que d&eacute; tiempo a ser, y lo que m&aacute;s deb&iacute;a durar, eso mismo, se apaga.
    </p><p class="article-text">
        Antes de salir, siempre temprano, un poco antes del momento del sol, miraba el d&iacute;a desde la puerta. Puerta que se manten&iacute;a abierta toda la noche. &iquest;Man&iacute;a, rito? Y para que no la cerrara un golpe de viento, o la corriente, pon&iacute;a una buena piedra en el umbral.
    </p><p class="article-text">
        Andar libera, m&aacute;s a&uacute;n si no sabes a d&oacute;nde vas. Hay un momento, y es sublime, en el que tambi&eacute;n dejas de saber qui&eacute;n eres. No eres otro, pero dejas de saberte &iquest;Y t&uacute;? Digamos que te alejas, tanto como puedes, en eso consiste la liberaci&oacute;n. No en lo que encuentras sino en lo que dejas. Andas y andas. Si la fuerza del nombre de alg&uacute;n lugar te atrae y te hace ir hacia all&iacute;, mientras dura el hechizo de tal nombre andar&aacute;s. Ya sabes lo que ocurre despu&eacute;s, no existe el lugar como tal. Eso lo sabemos, es lo primero que sabemos, pero eso que sabemos, es lo qu&eacute; de pesadez todav&iacute;a nos sobra, no queremos saberlo, ese no querer saber eso mismo. Se quema demasiada energ&iacute;a en ello. Y como al andar hacia lugares innominados, el esfuerzo parece mayor. Cada ma&ntilde;ana temprano, pues el que anda es un ser de lo temprano, el residuo del cansancio de los d&iacute;as anteriores hace que los primeros movimientos del cuerpo se parezcan a los de un mu&ntilde;eco articulado que se va irguiendo y abri&eacute;ndose muy despacio &iquest;No suenan los huesos as&iacute;? &iquest;Y los ojos ara&ntilde;ados por el sol se van encendiendo poco a poco a la voluntad de una luz que promete aplastarte la mirada al mediod&iacute;a? Y en realidad, esos lugares innominados, un poco despu&eacute;s de eso que llamas &ldquo;El All&iacute;&rdquo;, en el que un pu&ntilde;ado de nombres, como las alturas del Chorlo, o Morr&oacute;n del Cotarro te hacen andar en tal o cual direcci&oacute;n, a un paso humano, pues el que ya pesa poco se vuelve ligero y va despacio, se va realmente despacio, frente a los otros que te adelantan o se cruzan.
    </p><p class="article-text">
        Solo que los largos y c&aacute;lidos d&iacute;as de verano tienen trampa.
    </p><p class="article-text">
        El sol mata, literal. &Eacute;l lo tradujo, el sol nos carga de libertad. Ya al pasarlo al chino la cosa comenz&oacute; a trascender: Sol de mediod&iacute;a, pelado, y vivi&oacute; rapado el resto de sus d&iacute;as. <em>&Eacute;t&eacute; au go&ucirc;t de concombre</em>, y porque el franc&eacute;s ten&iacute;a demasiados acentos, a los que &eacute;l llamaba espinas de lenguaje. <em>&iexcl;Quelle horreur</em>! 
    </p><p class="article-text">
        Hay que saberse muy bien donde se est&aacute;, no seas movido por las fuerzas como un bal&oacute;n empujado por el aire, que sigue rodando por los pliegues de la tierra hacia las partes hondas del lugar hasta caer al r&iacute;o. Mu&eacute;vete solo, t&uacute; mismo hacia ti, hacia ese t&uacute; que quieres habitar. Estabas a la escucha, pod&iacute;a llegar una voz, o el rastro de una voz de hace mucho, que a&uacute;n segu&iacute;a en el mundo, y pasaba cerca de ti. Era una buena voz, y se daba la ocasi&oacute;n de seguirla un poco. Te descubr&iacute;a de nuevo el mundo, ten&iacute;as que estar agachado para escucharla bien, en cuclillas, sintiendo el cuerpo como un nudo, o como anidado en la luz que cala entre los &aacute;rboles. As&iacute; se escucha mejor, agachado en cuclillas, sin caerte. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez escuchar&aacute;s al principio ese sabes-bien-donde-est&aacute;s, y ese &iquest;d&oacute;nde andas? En ese estar en el mundo de manera fr&aacute;gil. Hab&iacute;a que saberse, no perder el lugar y el tiempo del lugar. Algo se hab&iacute;a movido despu&eacute;s de muchos d&iacute;as de quietud para no ser arrasado por las fuerzas del lenguaje. En primer lugar, te desplazabas en cuclillas, dando peque&ntilde;os saltos. Escuchabas sin hablar apenas. Las grandes escuchas te dejan en silencio, como a un animal el cielo nocturno, o el mediod&iacute;a incendiado. Demasiado lenguaje para zafarse &iquest;Y t&uacute; propia lengua? Se iba creando entorno a la escucha, como el mimbre entorno a la garrafa de vidrio. Era una lengua ya vac&iacute;a, se vaciaba para la hondura, para ser m&aacute;s humana, y decir menos. El que dice menos se salva de s&iacute; mismo. M&aacute;s que decir, se&ntilde;alar, sugerir, y sobre todo una lengua que no cree, que no es creyente. &iquest;Ves? &iquest;Ve? Tambi&eacute;n ve, esa lengua ve, no dice, respira. Solo se asoma, como si una ventana, tal vez, pudiera hablar de los otros y no de s&iacute; misma, hablar por ti una vez ya no est&eacute;s. Una ventana o una puerta que habla. T&uacute; hablabas desde ellas. Eso es todo lo que ves, y todo lo que podr&iacute;a entrar y salir. Despu&eacute;s en cuclillas escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Me dec&iacute;a cada ma&ntilde;ana: &ldquo;Vivimos demasiado cerca unos de otros&rdquo;, pegados, adheridos. El lenguaje se inflama, se contamina del ego del otro, unos encima de otros, a los lados hay otros. 
    </p><p class="article-text">
        Al final del d&iacute;a, en el holocausto solar, en la ciudad tal, de los cientos, miles de rostros y cuerpos que has visto, y se han cruzado, apenas recuerdas unos pocos, adem&aacute;s de la ceniza de lo que ardi&oacute;, queda esa otra ceniza de lo que a&uacute;n no sabemos. Llamemos a eso de manera provisional polvo, por ejemplo, en chino. No tenemos una palabra para eso todav&iacute;a. Estaba a la espera de ella, un desgaste. Un poco m&aacute;s alejados los unos de los otros, no tan pegados y adheridos, a una distancia en la que se pueda hablar todav&iacute;a, y a la que se oiga a&uacute;n al uno en el otro, y un tercero lo oiga. C&oacute;mo habr&iacute;a crecido el amor entre todos. El lenguaje del amor habr&iacute;a llegado a sus l&iacute;mites, que son los l&iacute;mites del propio lenguaje. Vivir a esa distancia en la que el sonido se pierde. Se habr&iacute;an le&iacute;do los silencios de los otros. Toma mi silencio, h&aacute;blalo t&uacute;. Toma mi lenguaje, h&aacute;blalo t&uacute; y destr&uacute;yelo. D&aacute;selo a otro. Toma mi amor por el mundo, c&aacute;mbiaselo a &eacute;l o a ella, por su amor al mundo.
    </p><p class="article-text">
        Ella escribe desnuda, solo puede llegar a la escritura desnuda. Todos sus personajes aparecen desnudos, son los <em>die Akte</em>, pero hay una mujer vestida siempre al final de cada uno de sus poemas. Ella guarda la ropa de todos, y en alguna ocasi&oacute;n las quema. Un mundo donde ya no exista la palabra 'pudor'. &iquest;Entonces? No lo sabemos, pero es casi seguro que no hablar&iacute;amos de la misma manera, y que el amor se resentir&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/desde-las-hunfrias-opinion_132_12503092.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Aug 2025 05:03:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desde Las Hunfrías]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último veraneante (I)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ultimo-veraneante-i_132_12443181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84c024fb-f5df-4e1c-bdaa-c9e0b3c42ef9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El último veraneante (I)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Siempre le habían gustado las estaciones de autobuses, los más sucios lugares donde muchos se abandonan. En esas estaciones comenzaba la Odisea, el lugar de los quietos, de los hombres inmóviles"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        <em>Para Enrique Mercado</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El sol demasiado ardiente ha secado el riachuelo&rdquo; <em>Andr&eacute; Gide</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta que mi pa&iacute;s se convierta en un inmensurable campo de ''osas de Souf', flores de arena conglutinada. La vida ahora comienza tambi&eacute;n en el campo de la imaginaci&oacute;n. El turista en la &eacute;poca de Gide y de Walter Benjam&iacute;n; entonces se viajaba a Argelia y a Marruecos para vaciarse. El sol arrasa los pensamientos m&aacute;s claros bajo un cielo difuso. El franc&eacute;s tiende por naturaleza a viajar al sur, al sur de s&iacute; mismo. Se busca el infierno en la tierra. En el calor &eacute;l met&iacute;a por momentos la cabeza en el congelador, su gran cabeza era dif&iacute;cil de encajar.
    </p><p class="article-text">
        No hac&iacute;a falta irse muy lejos para entrar en el espacio del 'No lugar' Ah&iacute; al lado estaba esa Arcadia silenciosa. Los nombres de los pueblos ya te dicen que es una tierra serena abrasada por el sol. Piedraescrita, Anchuras, Las Hunfr&iacute;as, La Estrella, Enjambre; el verano abrasa, las casas son frescas. El exceso de claridad te ciega, en cada camino te pierdes. All&iacute; el hombre destina la mayor parte del d&iacute;a a la meditaci&oacute;n intrascendente. La nada en este 'No lugar' se traga gran parte de los sue&ntilde;os. Se economiza en lenguaje, la 'S' de la sed desaparece de la mayor&iacute;a de las palabras &iquest;Se secaron? Hay un peque&ntilde;o r&iacute;o que alivia la nostalgia, el G&eacute;valo. Durante la noche brillan los ojos de los jabal&iacute;es que bajan a beber a las orillas. Post nubila Phoebus: tras la lluvia de la tormenta viene el sol.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas ma&ntilde;anas nos hab&iacute;amos levantado temprano para huir de la locuacidad. Ten&iacute;a tiempo de sobra para hablar con Canetti, pero con los amigos deber&iacute;a uno vivir una especie de distancia a la antigua, como si no existiera el tel&eacute;fono. Floto, t&uacute; flotas, ellos, esos pocos personajes creados por M.D. para vivir siempre en ella, aunque sea con la media vida de un sue&ntilde;o invernal en pleno verano, y en el alma absoluta de las palabras de la disoluci&oacute;n, personajes que flotan en cualquier superficie, no solo en las aguas, sino tambi&eacute;n en los suelos m&aacute;s duros, en el cielo que vemos bajo los pies. Esos personajes creados por M.D., sirvientes del amor y de ese lenguaje que se abre para ser vida un poco m&aacute;s all&aacute;, y de pronto aparece un r&iacute;o, de nuevo el Uso, a la altura del puente de Campillo, de curso escabroso, entre suelos de pizarra. El r&iacute;o que una vez se hel&oacute;, y all&iacute; abajo, en la Tabla Negra, caminan sobre el agua los nadadores del verano &iquest;estabas entre ellos?
    </p><p class="article-text">
        Hasta que mi pa&iacute;s se convierta en un inmensurable campo de 'rosas de Souf'
    </p><p class="article-text">
        Palo tutor, aunque est&eacute; lejos de la planta, esta lo buscar&aacute; a tientas. &iquest;Cu&aacute;l es la distancia en la que deja de buscar la vara? Se arrastrar&aacute; por el suelo ciegamente hasta dar con el apoyo. Aqu&iacute; la acci&oacute;n humana es indiferente, la naturaleza sigue su curso. 
    </p><p class="article-text">
        Llegar cada vez m&aacute;s lejos. La visi&oacute;n se ayuda de la t&eacute;cnica. La &eacute;poca de los r&eacute;cords, es ahora tambi&eacute;n con el lenguaje &iquest;con el amor? Los telescopios, los batiscafos, hasta posarse &iquest;en? Cada vez m&aacute;s potentes para poder a&ntilde;adir unos millones de a&ntilde;os luz. El cambio de paradigma, tambi&eacute;n que uno pueda entrar en la muerte de otro, dar un paseo y volver al mundo, y aqu&iacute;, al lado, un jard&iacute;n lunar lleno de 'rosas de Souf' y lirios de sal negra. Y uno, un justo entre otros, que camina ayudado por dos bastones de marcha n&oacute;rdica, insatisfecho, haya decidido salir a caminar sin intenci&oacute;n de detenerse, hasta caer rendido al suelo, y luego, arrastr&aacute;ndose diga, me estoy acercando al sol.
    </p><p class="article-text">
        El azul de Braque ya no existe, se ha extinguido en dos azules, se le saca la sangre al primario, y antes de que se seque, resta&ntilde;a; ese azul arde bajo los p&aacute;rpados cansados cuando se los masajea despu&eacute;s de haber pasado un d&iacute;a entero bajo la luz ardiente del holocausto solar. De noche en vela, haciendo guardia, se le aparec&iacute;a L`Estaque en el muro reci&eacute;n enjalbegado de la casa. Una proyecci&oacute;n del cansancio. As&iacute; era este paisaje antes de quemarlo el sol y de las tormentas secas de los incendios.
    </p><p class="article-text">
        Una noticia, la gran noticia aqu&iacute; pasa de boca en boca por el cielo de Las Hunfr&iacute;as, en la asfixiante nada, mientras se ahoga el ser, de uno a otro, el pu&ntilde;ado de personas que viven en el 'No lugar' Ayer un hombre fue mordido por una v&iacute;bora mientras trabajaba en sus vi&ntilde;as. Al poco un helic&oacute;ptero se lo llev&oacute; al hospital de T., hay que elevarse para curarse. Est&aacute; fuera de peligro.
    </p><p class="article-text">
        Al Este de estas alturas de la Sierra de Anchuras la cima del Amor, una cresta entre ra&ntilde;as pedregosas de 1380 m., las serrezuelas del Casta&ntilde;ar. Ama los riscos innominados, el pico de la Cruz, el Rocigalgo y la sierra de La Calderina. Al bajar hacia el Estenilla para darse un ba&ntilde;o en la <em>Tabla del Ahogado</em>, el todoterreno levanta una nube de polvo, ovejas atalantadas en las encinas bajo un sol que mata. Al oeste la sierra de Altamira, entre la calima el Risco de las Moras y el Puerto de San Vicente, el paisaje apalachense en la tierra vieja del Guadarranque y los Ibores; m&aacute;s all&aacute; Las Villuercas, y en el all&iacute;, apagados el Cervales y el Risco Redondo. So&ntilde;aba con ir caminando hasta el Sever y el G&eacute;vora para darse un ba&ntilde;o. La plenitud en el espacio vac&iacute;o. Al caer el d&iacute;a, de nuevo en Las Hunfr&iacute;as, el valle cerrado donde uno tiende al silencio. De noche, en los taludes de canchales algunas piedras chascan y se rompen. &iquest;Las oyes en tu insomnio? 
    </p><p class="article-text">
        Todas sus cartas est&aacute;n escritas en 'guardanapos' Direcci&oacute;n, calle del Aire sin n&uacute;mero, Las Hunfr&iacute;as. &iquest;Hay una Henny Gurland ah&iacute; fotografiando el cielo? 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo suelo tuvo una vez que ser roturado por la raz&oacute;n, limpiado de la maleza de la locura y del mito&rdquo; <em>W. Benjam&iacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
         Poetizar el erial, en sus l&iacute;mites la gran cardera que atraviesa cada ma&ntilde;ana para llegar al r&iacute;o. Ir&iacute;a sucio, pens&oacute;, no tanto por el color de las aguas, en este 'No lugar' todav&iacute;a limpias, o aquellas aguas grises y fr&iacute;as en aquel verano a las orillas del Taju&ntilde;a, el r&iacute;o r&aacute;pido que no se detiene. Lo sucio va dentro, no se ve, y ah&iacute; estaba la duda de si ba&ntilde;arse en polvo o en agua. Siempre le hab&iacute;an gustado las estaciones de autobuses, los m&aacute;s sucios lugares donde muchos se abandonan. En esas estaciones comenzaba la Odisea, el lugar de los quietos, de los hombres inm&oacute;viles.
    </p><p class="article-text">
        Un domo o c&uacute;pula de calor. Surgen nuevas palabras que pronto se rompen. &Eacute;l se compra ocho nuevas, y sin saber d&oacute;nde ponerlas las mete en la olla del lenguaje y deja que hiervan. &iquest;Recuerdas ahora que el fr&iacute;o quemaba la espalda? Ve&iacute;a las c&uacute;pulas bocabajo.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que mi pa&iacute;s se convierta en un inmensurable campo de 'rosas de Souf'
    </p><p class="article-text">
        Aun en ese todav&iacute;a eterno del verano, algo entonces se hab&iacute;a detenido, en ese entonces que perdura, y verano a verano, segu&iacute;a, sin poder diferenciar en el aire, en el cielo velado a vencejos de aviones, y a estos de las golondrinas. A simple vista no era f&aacute;cil, por lo cual, a todas esas aves &eacute;l les daba un &uacute;nico nombre, el nombre por venir. El nombre que solo hasta entonces, en ese todav&iacute;a eterno, hab&iacute;a dejado en su lengua la sal de una sed antigua, el ligero sabor de la sal del porvenir. La memoria para &eacute;l siempre estaba delante, por eso va, por eso vamos, ves, vemos; personas que vuelven, &iquest;somos ellos? &iquest;Somos los otros? Despu&eacute;s ese d&iacute;a por venir; en un campo colmado de agua se hunden los pies, agua sucia despu&eacute;s de la tormenta.
    </p><p class="article-text">
        De ser en s&iacute; mismo, el allegado, el que se allega y se atalanta a los pies del fresno, y se allega solo a padecer la nostalgia de una palabra que nombrara a la vez a esos p&aacute;jaros o tejedores de luz. Estaba a la espera de o&iacute;rlo, ten&iacute;a que o&iacute;rlo antes, y aunque en el todav&iacute;a de entonces, esa palabra no llegara de los chillidos del cielo, aquellos chillidos negros en el aire que quema, manchas negras recortando el cielo, liando con sus hilos invisibles la voz del mundo. Hab&iacute;a o&iacute;do alguna vez la palabra sastre, o cortadores de luz, hilanderas borrachas de vino pel&oacute;n. Pero ese no era todav&iacute;a el nombre, vendr&iacute;a entonces de algo m&aacute;s profundo; por el momento solo podr&iacute;a llegarle a trav&eacute;s de la sed azul, y este todav&iacute;a le dejaba en la boza una paz salada, la misma paz de un beso profundo y salado, el beso de alguien que tampoco, entonces, en el todav&iacute;a no ten&iacute;a nombre.
    </p><p class="article-text">
        En los gusanos de seda lo ves, se ve, mientras hilan el capullo, en esa fase de la construcci&oacute;n, despu&eacute;s en la hilaza, al retorcer varias fibras cortas a la vez para unirlas, finalmente largas para el hilo final, m&aacute;s resistente &iquest;Qu&eacute; ves entonces? Tu memoria atravesada por la dulzura del mundo, a pesar de todo lo atrabiliario, a pesar de todo.
    </p><p class="article-text">
        Mejor que recordarlo todo, tener una memoria anterior a ello; como se parece entonces a un campo de fango donde se refleja cielo, un campo sobre el que hubiera llovido durante sesenta a&ntilde;os. Espacio abri&eacute;ndose cada vez m&aacute;s hasta que dejas de verlo, y de nuevo en el muro reci&eacute;n enjalbegado de la casa aparece L`Estaque de Braque. Te esconde, es una memoria que no habla. &iquest;Escuchas?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vuelves en autob&uacute;s a Serpa, ya en la rua de nossa Senhora de Graza, hacia la rua de la Fuente Santa, bajo el sol alentejano. Deber&aacute;s beber de esa fuente agria. Los nombres palpitan filamentos erizados. Beber con las manos y escribir un rezo. Pero al hablar se tapa la boca con la mano, as&iacute; se hace m&aacute;s visible, otro cierra los ojos, algunos lo hacen frente a una pared. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ultimo-veraneante-i_132_12443181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Jul 2025 17:56:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El último veraneante (I)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Transporte público,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viaje por tierras hondas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/viaje-tierras-hondas_132_12365010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/960a675c-28c9-43ce-b428-8d0b1856d7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viaje por tierras hondas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Aman a perros, les ponen nombres muy bobos. Aman a sus perros más que a otros hombres. Después odian profundamente a quien no ama a sus perros"</p><p class="subtitle">Lee aquí todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        Ten&iacute;a una retah&iacute;la de citas para hoy, pero los maestros se quedan en silencio muy a menudo; su misi&oacute;n en realidad es desconcertarnos, desconcertar es tambi&eacute;n una fuente de conocimiento, de ah&iacute; a desordenar, descolocar, transcender. Hay otros caminos entre sombras para llegar al sol. &ldquo;No hay testimonio m&aacute;s fuerte que el silencio&rdquo;, dice Walter Benjam&iacute;n, a la que un&iacute;, de la misma manera que dos cabos sueltos se pueden atar, gracias a un nudo de rizo, esta de Canetti: &ldquo;Una sociedad en la que cada persona le ense&ntilde;a a hablar a un animal; luego el animal habla por todas ellas, y cada uno enmudece. Ah&iacute; quedaba la posibilidad de la grandeza de un d&iacute;a vulgar y abrasador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Debido al calor, escrib&iacute;a de noche a oscuras, se dejaba llevar por la mano, no ve&iacute;a los signos hasta el d&iacute;a siguiente: las flores en el fuego no arden. Sin ver los signos: as&iacute; he andado algunas noches hasta ver la luz del r&iacute;o. Uno me dec&iacute;a que quemarse no es lo mismo que arder. Si no vemos las llamas, no hay fuego. Durante la siesta, en el sue&ntilde;o nunca llueve, y nunca se quema o arde algo.
    </p><p class="article-text">
        Amaba rostros, y luego voces. Voces que recordaba mucho despu&eacute;s de que hubieran desaparecido los rostros. Las aguas duras saben a ti, pero un d&iacute;a, all&iacute;, mientras llov&iacute;a, dej&eacute; que un vaso se llenara. En tal pueblo, no hace mucho, yendo hacia <em>el no luga</em>r en una peluquer&iacute;a, la o&iacute; decir todas las noches al cerrar: lo quemo todo. O&iacute;, o&iacute;, se lo o&iacute; a otro, que as&iacute; crec&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pido tu pelo. Y a otro, un poco m&aacute;s all&aacute;: d&iacute;gale a la vida poco o nada, para que sea la vida misma quien lo diga.
    </p><p class="article-text">
        Frenazo en seco de la vida, ante, ante la &iquest;nada? El impulso de la frenada. En punto muerto el coche avanza por el camino de tierra hasta el vado. Al menos pudiste quemar tus manos en el agua. Despu&eacute;s solo te quedaba decir, grabar en un aparato tu voz solar. Frenazo en seco tras la curva, ante el animal que cruza la carretera por sorpresa, ya cerca de Alia, camino de las Villuercas. La aparici&oacute;n te da impulso. Ante una fuerza mayor solo puedes ofrecer la resistencia de la visi&oacute;n po&eacute;tica en tus ojos. Jabal&iacute;es, corzos, o ciervos, los ojos iluminados de noche como si hubiera un sol en ellos. No s&eacute; por qu&eacute; ahora me viene de golpe una frase de Jaspers: &ldquo;Con cada disc&iacute;pulo alimenta uno a una serpiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aman a perros, les ponen nombres muy bobos. Aman a sus perros m&aacute;s que a otros hombres. Despu&eacute;s odian profundamente a quien no ama a sus perros. Has cruzado una puerta canadiense, as&iacute; queda todo abierto. El final del libro es el principio de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        Nadaba m&aacute;s que viv&iacute;a. Al salir del agua se tumbaba en la hierba, su ba&ntilde;ador era negro, su mirada azul. Contener la existencia como un peque&ntilde;o r&iacute;o con el que vas a regar tus enso&ntilde;aciones. De un ba&ntilde;o el verano pasado en el Guadarranque, aguas abajo de Navatrasierra.
    </p><p class="article-text">
        Con la luz aparece la forma; en la oscuridad la fuerza engendradora, me dijo &eacute;l una vez.
    </p><p class="article-text">
        Espero sentado en una piedra el paso de una carrera popular, apenas unas cintas de pl&aacute;stico atadas a algunas ramas se&ntilde;alizan el circuito, por lo que algunos corredores separados del grupo, anhelando llegar antes, o cegados por la respiraci&oacute;n y el esfuerzo bajo el sol, podr&iacute;an perderse por los campos. Quiz&aacute;s a eso animo a que algunos se pierdan para ganar la gloria azul, en un silencio de muchos a&ntilde;os. La paz ahora, aun la paz del lugar en m&iacute;. Si le transfiriera ahora esta ligera angustia, esta zozobra azul que hay dentro, yo mismo saldr&iacute;a corriendo hacia <em>el no lugar</em> pero todo es previsible, hasta yo, sentado en esta piedra mocha, que alguien pint&oacute; de blanco, para que se vea en la noche, y arda al mediod&iacute;a como el fl&uacute;or. Los veremos pasar, corriendo bajo el sol. Luego nos levantaremos, y nos iremos despacio hasta desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Muguetes al borde del camino, campos de colza, el amarillo del sol. Donde antes hubo extensiones de cereal, el amarillo de la soledad. Tambi&eacute;n lo llaman mar, un mar de&hellip; Parece que el mar est&aacute; en todo, mar, nunca oc&eacute;ano; mar de leche, mar de olivos, mar de aquello que no s&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s porque el mar abandon&oacute; estas extensiones, nos abandon&oacute; a cada uno, y ahora, tiempo de muguetes, aqu&iacute;, al borde del camino. Muguetes o lirios del valle. La conquista de la felicidad puede ser venenosa, flores blancas iluminadas en la noche. Atrae pintar de blanco ciertas piedras. Una luz que no viene del fuego. Obsolescencia del amor, como las flores, su duraci&oacute;n. Ya sabes lo que pasa, no hace falta explicarlo, se sabe, todos lo saben. 
    </p><p class="article-text">
        Ella tocaba todos los d&iacute;as en su piano el <em>Heavenly life</em> de Mahler, y jam&aacute;s se repiti&oacute;, cada d&iacute;a era como si lo tocase por primera vez. A eso lo llamaba el cultivo de la eternidad. Al relatar el paso del tiempo ayud&aacute;ndonos en la contemplaci&oacute;n de los &aacute;rboles, o en la ligereza del paisaje, y de ciertos fen&oacute;menos de la naturaleza, no hacemos m&aacute;s que la red que tenderemos entre las dos orillas de un r&iacute;o. &iquest;Qu&eacute; queda en ella atrapado m&aacute;s que algas y hierbas? El v&eacute;rtigo de la velocidad desaparece, ni siquiera te erosiona el amor &ldquo;del ahora en el nunca&rdquo; Al d&iacute;a siguiente todo est&aacute; igual y en su sitio. Es poderosa la carga, porque ella te eleva. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando caminas, solo hay continuaci&oacute;n, absurdo es contar los pasos, las distancias; si no sabes hacia d&oacute;nde vas no hay cansancio, y en ese no saber hacia d&oacute;nde, el animal te sigue porque huele tu silencio.
    </p><p class="article-text">
        La durabilidad de la vida, ya estuve muerto antes de nacer y el muerto que fui nunca cont&oacute; su &uacute;ltimo sue&ntilde;o para no destruirlo y aferrarse a ello.
    </p><p class="article-text">
        Le iban saliendo palabras por diferentes partes del cuerpo y se las arrancaba como p&uacute;stulas.
    </p><p class="article-text">
        Pon&iacute;a demasiada fuerza en no gravitar, o caminar sin levantar polvo. Hay una gran oquedad revestida, la necesitabas para hablar. Un hombre al que hubieran condenado a hablar sin cesar hasta el final de sus d&iacute;as y as&iacute; alejar a la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Se extra&ntilde;a de todo y de lo que no se extra&ntilde;a se lo come.
    </p><p class="article-text">
        Viajes a la tierra natal. &iquest;Pero d&oacute;nde estaba exactamente la tierra natal? &iquest;Por d&oacute;nde ir&iacute;a hacia ella? Parec&iacute;a alejarme cada vez m&aacute;s, y el esfuerzo por acercarme o encaminarme era un esfuerzo contra las fuerzas mismas; a veces succionado, otras impulsado o repelido. Un consejo dec&iacute;a: no hables del lugar al que te diriges, no desveles tu alma como cuando arrancas de repente la tela que envuelve un objeto escondido. No nombres la tierra natal. Otro dec&iacute;a lo contrario. Si la nombras, si dices que vas hacia ella, y no dejas de nombrarla es que ya est&aacute;s en ella. Ninguno de los dos consejos me supo a algo verdadero. 
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a sido el acto de toda una vida, toda una existencia se habr&iacute;a entregado a este regreso hacia la tierra natal. Cada encaminarse, cada recorrido, cada esfuerzo no habr&iacute;a sido m&aacute;s que eso. La proximidad lejana, la apropiaci&oacute;n expropiada, el gozo que sale al encuentro, y al rehusar de ello, pues retornar a la tierra no es ir al suelo de lo id&eacute;ntico, sino levantar el misterio de un gozo. Pero a&uacute;n no ten&iacute;a tumba all&iacute;, no sab&iacute;a exactamente d&oacute;nde se encontraba la tierra natal.
    </p><p class="article-text">
        Prefer&iacute;a estar perdido en la nieve que en los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Para inventar una palabra deb&iacute;a destruir muchas.
    </p><p class="article-text">
        Portalones de la sabidur&iacute;a que cierra el viento.
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje de la desolaci&oacute;n, lo desolado, un paisaje de luz quieta, un eterno mediod&iacute;a por donde el hombre vaga hacia ning&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        El silencio de alambre de algunas almas.
    </p><p class="article-text">
        Olas erosionando el presente. Hoja en blanco.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Quien escribe se expone a toda clase de peligros: la lista es muy larga&rdquo;, </em>escribi&oacute;<em> </em>Adam Zagajewski.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/viaje-tierras-hondas_132_12365010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Jun 2025 05:07:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viaje por tierras hondas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apagones y soles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/apagones-soles_132_12280779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5429f9d2-745b-4efa-8ab0-298c8e3424f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apagones y soles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todos llevamos la tinta necesaria para un libro, de ahí que podamos escondernos en él, actos de camuflaje, desnudos y escondidos"</p><p class="subtitle">Cartas desde Berrocalejo II</p></div><p class="article-text">
        Comencemos hoy con una cita de Karl Kraus, &ldquo;All&iacute; donde el sol de la cultura est&aacute; bajo, hasta los enanos echan sombras largas&rdquo;. &iquest;No te recuerda esto a nuestro pa&iacute;s? Y esta otra del maestro del viento, Rene Char &ldquo;Obedeced a vuestros cerdos, que existen. Yo me someto a mis dioses, que no existen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desasosiegos, estos tambi&eacute;n aparecen o se encienden por im&aacute;genes, es la bombilla de la caseta de aperos y herramientas encendida al mediod&iacute;a, sobre el marco de la puerta de hierro, colgada de un cable pelado. Esa bombilla arde como un huevo al mediod&iacute;a, no alumbra, solo se quema. De noche sirve para guiar en la lejan&iacute;a a los animales. 
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;nimo de primavera, t&uacute; me comprendes, mientras llueve hay sol, fuego y agua. 
    </p><p class="article-text">
        Estrella binaria: Cuanto m&aacute;s lejos m&aacute;s brilla, tambi&eacute;n se apagar&aacute;, el fenecimiento de la palabra misma que la nombra, al morir ocurrir&aacute; el estallido sublime, un fogonazo de luz lejan&iacute;simo, un instante de ceguera, casi eterno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora se escribe para no ser. No es necesario inventar o crear algo, lo visible lo esconde todo. Veo el cielo todos los d&iacute;as, todos los d&iacute;as estoy vivo.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; una buena traducci&oacute;n del silencio, nada se oye al o&iacute;rlo. 
    </p><p class="article-text">
        El silencio nos unifica, nos vela, junt&eacute;monos a callar.
    </p><p class="article-text">
        Grandes extensiones de tierra cerradas con alambradas. En esos lugares al Oeste, las aves altas, las que viven en los altos pisos del aire se lanzan en picado, no consigues o&iacute;r el rozamiento en la ca&iacute;da; se agudizan tanto los sentidos, la vista y el o&iacute;do terminan siendo uno solo. Es la amplitud, la soledad se agranda, el zumbido del sol en los cables de los tendidos de alta tensi&oacute;n. Ver es o&iacute;r, tambi&eacute;n oyes lo que ver&aacute;s inmediatamente, es as&iacute;, lo m&aacute;s cercano se apaga en favor de la lejan&iacute;a. Se expande tambi&eacute;n la alegr&iacute;a en c&iacute;rculo.
    </p><p class="article-text">
        La t&eacute;cnica, gran hambrienta de palabras, come con antojo, come tanto como <em>uma mulher gravidada da Beira, t&eacute;chn&ecirc;</em>, tan vieja y hambrienta de s&iacute; que se come las palabras hasta la ra&iacute;z. Lichtknecht &iquest;siervos de la luz? O Lichthupe, o los Z&uuml;ndenkerzen, mientras iluminen las velas y las candelas. &iquest;Qu&eacute; quemamos hoy en el sol, la audacia o el destino? Cuanto siguen inspirando todav&iacute;a los otros. 
    </p><p class="article-text">
        Al amanecer repasa su enfermedad, a ver por d&oacute;nde va. Sin nombre, aquella no avanza, no sugiere ning&uacute;n nombre, as&iacute; no se la puede llamar.
    </p><p class="article-text">
        En los lugares inanimados, casi siempre apartados, y abandonados al cielo, &eacute;l baila<em> hop</em> bajo los tendidos de alta tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hay que saber bien lo que se arranca. Demasiadas escuelas para llevar un peque&ntilde;o huerto. La permacultura estar&iacute;a relacionada con el para&iacute;so terrenal, en &eacute;pocas de angosturas, un poco antes de que volvamos a ser expulsados otra vez de estos lugares vac&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Muy al principio del d&iacute;a, nada m&aacute;s el sol despunta, apenas indicios de la maldad.
    </p><p class="article-text">
        El gran cal&iacute;grafo escribi&oacute; al principio de la hoja Nikk&ocirc; -luz del sol- Nos conmovemos, como el agua en las aguas, un hombre entre los hombres, a ellas, entre ellas, les conmueve este aire al rozarlas.
    </p><p class="article-text">
        Obsesi&oacute;n por la pureza de las semillas, se quiere llegar a dios a trav&eacute;s ellas, que germinen en la boca.
    </p><p class="article-text">
        El Papa ha muerto tal d&iacute;a, me ahorro la fecha, me entero aqu&iacute;, entre Boya y Mahide algunos d&iacute;as despu&eacute;s. Una correr&iacute;a por el silencio y la nada en estas tierras hondas y los cielos vac&iacute;os de la sierra. Tel&eacute;fonos mojados. La lluvia de abril es de oro. Para un ba&ntilde;o en el Tera todav&iacute;a aguas fr&iacute;as. Rezo a mi manera junto a una piedra negra, un fragmento de un poema de Paul Antschel. Deber&iacute;a o&iacute;r este silencio de la vida real amplificado. &ldquo;Post nubila Phoebus&rdquo; Tras la lluvia viene el sol. Invierno entrado como una cu&ntilde;a en la primavera.
    </p><p class="article-text">
        Loligo media. Todos llevamos la tinta necesaria para un libro, de ah&iacute; que podamos escondernos en &eacute;l, actos de camuflaje, desnudos y escondidos. Loligo Seafood, la tinta en una bolsita m&iacute;nima. Una vez escupida al mundo, tras el ataque de un depredador, no se reconstruye. No es seminal, el semen no forma parte de una reserva. &iquest;A qui&eacute;n le o&iacute; eso de, es asombroso cu&aacute;nto grano contiene a&uacute;n una gavilla trillada?
    </p><p class="article-text">
        Campos de f&uacute;tbol a las afueras de los pueblos peque&ntilde;os. Dos porter&iacute;as a gran distancia una de otra, espacio sin l&iacute;neas o l&iacute;mites, hierba alta, flores blancas y amarillas en la tierra arrugada. Juguemos a vivir con el bal&oacute;n negro. M&aacute;s all&aacute; r&iacute;os peque&ntilde;os. &ldquo;Poldras&rdquo; pasaderas en los vados. Cuando los r&iacute;os van crecidos, y el agua pasa por encima de los cubos de piedra alineados, hay que descalzarse e ir con mayor cuidado, entonces el equilibrio supera a la fuerza, y el paso se asemeja m&aacute;s a una danza. Piedras pasaderas o &ldquo;Poldras&rdquo; o vadas en estos peque&ntilde;os r&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Someros charcos siempre profundos, hay frases que se adaptan mal, y siempre est&aacute;n mutando, pero no tanto para afinar, o llegar al punto final del significado, el dar vueltas o girar en torno a lo que se dice es su fin. No se deja atrapar f&aacute;cilmente aquello a lo que se quiere llegar. Hay que esperar en silencio. &iquest;Existe la afinaci&oacute;n perfecta de ese instrumento de cuerda? Uno se acerca, se acerca, y m&aacute;s, y m&aacute;s. El fin es que desaparezcas en tu propia m&uacute;sica, desaparecer en la frase final de un libro. Al contrario, el lenguaje puro crea un territorio nuevo, crea la realidad con la que se va a sustentar &iquest;Instrumentos de cuerda de una sola cuerda?
    </p><p class="article-text">
        Los nombres de los lugares abandonados se vuelven extra&ntilde;os. La naturaleza tambi&eacute;n se hace cargo de ellos. M&aacute;s extra&ntilde;os en cuanto nadie ya, o apenas solo unos pocos los utilizan; extra&ntilde;os porque permanecen tan callados como el lugar. A&uacute;n viven en la boca de unos pocos, y no por mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Pas&eacute; por una comarca de viejas escuelas abandonadas. Peque&ntilde;as escuelas sin nombre &ldquo;La escuela del pueblo sin nombre&rdquo; El tiempo ha arrancado todos los nombres y se los ha llevado m&aacute;s lejos. Los extra&ntilde;os nombres de los lugares peque&ntilde;os. Al pasar por ellos me cuido de decir en voz alta el &ldquo;Deber&iacute;a quedarme aqu&iacute;, en tal lugar sin nombre, para siempre&rdquo; o &ldquo;Por un largo periodo de tiempo&rdquo;. Se idealiza la locura de la soledad, o no son tiempos para ello. El impulso te obliga a seguir. Silencio tel&uacute;rico en el lugar de San Vitero, en un desv&iacute;o extra&ntilde;o hacia Ufones, despu&eacute;s hacia Tola. Ir solo porque los nombres nos llaman por su silencio &iquest;Sabes escuchar por separado el cielo vac&iacute;o y el silencio de ra&iacute;ces secas de la tierra? La mayor extra&ntilde;eza eres t&uacute; mismo aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Si llevara un perro no ser&iacute;a lo mismo, tendr&iacute;a que hablarle.
    </p><p class="article-text">
        El maestro de lobos oblig&oacute; a sus alumnos a aprender de memoria el nombre de cientos de estrellas y constelaciones. Los cegaba con palabras maravillosas. Sin un fin claro, sin una necesidad o prop&oacute;sito: para nada dec&iacute;a &eacute;l, para nada siempre, pues se vive bajo un sol que nos ciega cada d&iacute;a con su luz.
    </p><p class="article-text">
        Dibuja nadadores all&iacute; por donde va, sobre todo en los techos y suelos. Se hac&iacute;a llamar el Suim&acirc;. [Ojos de polvo]
    </p><p class="article-text">
        Un bouquet de flores negras, pr&iacute;mulas negras &iquest;Con qu&eacute; intenci&oacute;n? Eran para una mujer ciega, las ol&iacute;a y me ol&iacute;a. Los mensajeros y las flores negras ol&eacute;is igual &iquest;Sabes? -me dec&iacute;a- lo &uacute;nico que veo es el sol, una mancha azul &iacute;ndigo dentro de m&iacute;, y ese sol huele a ti, y el libro que llevas huele a tierra mojada, el petricor me marea, es excesivo, como el pescado podrido despu&eacute;s de una fiesta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/apagones-soles_132_12280779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 May 2025 21:49:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Apagones y soles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Apagón,Electricidad,Castilla-La Mancha,Poesía,Literatura,Papa Francisco]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo-ii_132_12206360.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/616762e9-8b2e-4396-86ce-1beb8de0e798_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartas desde Berrocalejo II"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde Granada una postal. Pero, ¿se siguen escribiendo y mandando postales? ¿Se sigue escribiendo a mano? Las caligrafías de nuestro tiempo, deslavazadas, rotas. 
</p></div><p class="article-text">
        <em>No hay sol sin sombra, y es esencial conocer la noche</em>. Albert Camus. Oscurece, se hace de noche, se atalantan los animales alrededor de las encinas m&aacute;s viejas, y las aves se posan en los chopos. Baja la temperatura para que permanezca la fiebre del d&iacute;a. &iquest;Y en ti? Comienzo a abrigarme con recuerdos. En la escucha nocturna me llegan las citas de El&iacute;as Canetti que copiaste hace a&ntilde;os en un cuaderno de cubiertas azules. Tu esp&iacute;ritu solo tiene fuerza orientado hacia un fin, abandonado a s&iacute; mismo, canta hasta la desesperaci&oacute;n. Tu memoria, la suya, la de aquel y aquella, la de ellos, cientos, miles de memorias. &iquest;Ypor qu&eacute; la tuya es especial? &iquest;A caso carece de recuerdos? Y cada palabra que llega de all&iacute;, se rasga, y como un trapo sirve, tanto para limpiar un espejo como para se&ntilde;alizar una rama en el viejo camino cegado de Peraleda. Es una gran memoria de carencias.
    </p><p class="article-text">
        Paseo por las navas nevadas del Puerto del Pico, la capa de nieve se ha congelado, se hunden las botas en ella. Ella, esa ella que termina siendo nieve, y al helarse &iquest;guarda todav&iacute;a m&aacute;s fr&iacute;o? Igual que se llega se va.
    </p><p class="article-text">
        Junto al r&iacute;o crecido, un r&iacute;o de gente, 24 de marzo de 2025. En T.
    </p><p class="article-text">
        Eso que ahora quieres escribir o decir, y a&uacute;n no sale, rebosa. Eso que quer&iacute;as escribir hace ya mucho, y como acto de escritura es silenciosa e incomunicable, y se te escapa porque lo dices a oscuras.
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n miedo al r&iacute;o crecido, hasta los muertos vienen a verlo. T&uacute; has hecho hoy muchos kil&oacute;metros para verlo. Vivos y muertos se concitan para verlo. Pasa por tus ojos la gran corriente, arrastra todos tus a&ntilde;os, arrastra un gran trozo de cielo.
    </p><p class="article-text">
        Carretera vieja paralela a la nueve. El cauce estrecho y sinuoso del Guadalbull&oacute;n, ahora crecido, aguas de color rojo. La vieja carretera hacia el Sur sigue exactamente el curso zigzagueante del Guadalbull&oacute;n. La nueva es recta. El tiempo ahora no se roza con nada, directo va hacia el lodazal, o a un punto ya inexistente, en constante aceleraci&oacute;n, nada lo detiene hasta su extinci&oacute;n &iquest;o explosi&oacute;n? Qued&oacute; atr&aacute;s el otro tiempo, que chocaba y lo rozaba todo. Nos arrastraba con &eacute;l, igual que las aguas rojas crecidas. Lamiendo las curvas. Es en las curvas donde toma velocidad el agua.
    </p><p class="article-text">
        Dice Matsuo Bash&ocirc; al final de &ldquo;Un poema perfecto&rdquo; en &ldquo;Sendas hacia tierras hondas&rdquo; que el poema lo dice todo del paisaje. Si a&ntilde;adiese una palabra m&aacute;s, ser&iacute;a como a&ntilde;adir un dedo a la mano.
    </p><p class="article-text">
        Los jardines secos son los m&aacute;s bellos, solo se huelen las ra&iacute;ces, todos los ojos nos perdonan.
    </p><p class="article-text">
        Doy gracias &iquest;A qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Desaparecer&aacute; la rueda, tambi&eacute;n la idea de origen, con ello la &ldquo;memoria&rdquo; po&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l me llam&oacute; &ldquo;poeta cu&aacute;ntico&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Quisiera dormir m&aacute;s, pasar largas temporadas dormido, aprender a dormir de nuevo, sin so&ntilde;ar, o en verano, largas siestas let&aacute;rgicas.
    </p><p class="article-text">
        Corta flores que deja en los caminos de cabras.
    </p><p class="article-text">
        <em>Liebe sucht dich</em>. El amor te busca, la mano escarba en busca del sol en estos d&iacute;as lluviosos de abril.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;poca, y me la imagin&eacute; como una meseta cortada a cielo abierto por todos los lados.
    </p><p class="article-text">
        Palabras que se comen unas a otras, por ejemplo: Wurm a K&ouml;rper, silencio a humo.
    </p><p class="article-text">
        No a todas las palabras les sienta bien el silencio, ni el suyo propio, &oacute;yelas quejarse, algunas se autodestruyen.
    </p><p class="article-text">
        Con la oreja, ya agrandada por la oscuridad, comenz&oacute; a o&iacute;r ruedas en el aire, y a los delfines, que son los &aacute;ngeles de nuestra &eacute;poca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or Am&oacute;s Luria, en una carta de hace muchos a&ntilde;os desde el &ldquo;No lugar&rdquo; -Escribo para otros d&iacute;as, no para los tiempos venideros. La maravilla viene de estar desgarrado entre los d&iacute;as y su &eacute;poca-.
    </p><p class="article-text">
        Ahora una frase sin sentido de hace m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os comienza a atisbarse. Ese se las devuelve a los muertos.
    </p><p class="article-text">
        Sal de ti, sal de ti, me valen los dos significados, lo que me da m&aacute;s sed.
    </p><p class="article-text">
        Lenguas en las que no existe la palabra llave, puerta, cerrado o abierto, o la palabra &ldquo;muerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desconocer, desconocer, repetir la palabra hasta que haga efecto.
    </p><p class="article-text">
        Desde Granada una postal. Pero, &iquest;se siguen escribiendo y mandando postales? &iquest;Se sigue escribiendo a mano? Las caligraf&iacute;as de nuestro tiempo, deslavazadas, rotas. La vieja letra de m&eacute;dico desapareci&oacute; hace ya tiempo. La joven doctora que me recet&oacute; mi dosis de Diazepam escribi&oacute; la receta a mano, en redondilla. La postal era una reproducci&oacute;n del Orange and Yellow de 1956. Rothko. El texto en el dorso unos versos de Am&oacute;s Luria. <em>Aqu&iacute; abajo hierba/y huesos de hierba/El horizonte/ despu&eacute;s de la gran nevada/ es una l&iacute;nea negra</em>.
    </p><p class="article-text">
        O&iacute;do en Paseo de los tristes, en el Darro, a la hora del paseo, de cientos de turistas movi&eacute;ndose hacia ning&uacute;n lugar. &ldquo;Qu&eacute; no te cacen&rdquo;, &eacute;l se refer&iacute;a a las fotograf&iacute;as de enfilada, al fuego cruzado de cientos de fotograf&iacute;as a la vez. &iexcl;Qu&eacute; mierda! Hoy habr&eacute; sido cazado de espaldas, o de perfil en cientos de fotograf&iacute;as que ya estar&aacute;n volando. Somos figurantes en un escenario angosto. Deber&iacute;a haber zonas protegidas a la fotograf&iacute;a, como zonas sin humo de cigarrillo.
    </p><p class="article-text">
        Se rescinde la relaci&oacute;n del hombre entre recuerdo y memoria. Quien relega sus recuerdos en la t&eacute;cnica visual, pronto olvida.
    </p><p class="article-text">
        Mi animadversi&oacute;n pronto puede convertirse en amor. &Eacute;l va hacia ella caminado de espaldas hacia atr&aacute;s. La tragedia se vuelve c&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Nunca dejo que pase a mi lado un bal&oacute;n sin que le d&eacute; una patada. No intento que llegue lo m&aacute;s lejos posible. &iquest;Qu&eacute; s&eacute; yo de las cosas que ruedan para alejarse? No, que vaya directo a lo que no veo, eso es.
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a sonar una guzla, un guembri o ginebri, el &uacute;nico instrumento con el que se atrev&iacute;a, sin ning&uacute;n sentido del ritmo, o conocimiento musical, lo aporreaba por la parte del caparaz&oacute;n, o palmeaba sobre sus tres cuerdas de tripa, como en el sexo. Se daba un sonido monocorde y desagradable. Que nadie se a&ntilde;ada esta melod&iacute;a al cuerpo, que nadie baile con espasm&oacute;dicos movimientos en el momento de un temblor de tierra. Dej&eacute; de ver y o&iacute;r entonces, pero el fin de la historia, bien pudiera haber sido ver a DuMa hacer romper la guzla sobre una piedra.
    </p><p class="article-text">
        Hay que ahorrar en lenguaje dec&iacute;a X. No, no, hay que gastarlo todo, dec&iacute;a un tal Y., derrocharlo, como el r&iacute;o se derrocha a s&iacute; mismo para estar m&aacute;s vivo, y &ldquo;en fin&rdquo;, de las dos maneras se conquistaba el silencio. Adel&aacute;ntate a las palabras nuevas. Se comen y se tiran. Ten&iacute;a miedo a los poemas futuros, en alg&uacute;n momento combustionan y arden.
    </p><p class="article-text">
        Dejo que me absorba la palabra hoyo. Me escupe, un Jon&aacute;s ultras&oacute;nico, no soy comestible. Un cielo del que cae caspa.
    </p><p class="article-text">
        El cepo imita la mand&iacute;bula, hablan y hablan para olvidar.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, a&uacute;n lo veo, escorado, all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Este camino llamado &ldquo;Dehesa de los &aacute;ngeles&rdquo; lo atraviesa todo.
    </p><p class="article-text">
        La sofisticaci&oacute;n de una lengua atravesada por el lenguaje de los concomitantes, la deja devastada, tanto como para dejar a las palabras secas. Una lengua de iniciales, L.p.A., o B.m.n.J. Ellos saben, ellos saben escribirla as&iacute;, el resto es carne. Cioran: <em>Sin la poes&iacute;a la realidad se desprecia. </em>
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; hacer con este fr&iacute;o sino amar, amarlo todo de abajo a arriba.
    </p><p class="article-text">
        En los espejos negros se ve el sol, pero tambi&eacute;n se empa&ntilde;an.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;as ser? Ahora puedes ser todos o nadie. T&uacute; mismo nadie, sin nombre, sin atributo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo-ii_132_12206360.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Apr 2025 05:04:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo II]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Toledo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo I]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo-i_132_12113395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ca76482-3d39-4516-bb3c-a6eb0ac88a0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartas desde Berrocalejo I"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los encuentros en los tanatorios. Desde hace ya un tiempo se ríe más en ellos, se ríe más que se llora. El llanto ha comenzado a ser un acto privado, a solas"</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a, ya muy temprano, comienza con torpeza. Se mancha la hoja de caf&eacute;. Es el fr&iacute;o de un 3 de marzo. Las manos son garras entumecidas. En la sierra nieva.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qu&eacute; hablaban tan temprano, reci&eacute;n levantados de la cama, si no de la destrucci&oacute;n del amor? De nada hab&iacute;an servido las palabras dichosas de ayer por la tarde. Las destru&iacute;an con la boca, se las com&iacute;an; con las manos hac&iacute;an un cuenco y se las beb&iacute;an para quitarse la sed de mundo.
    </p><p class="article-text">
        El arte vive ahora sincopado, de explosi&oacute;n a explosi&oacute;n. Lo &uacute;ltimo es enmarcar corazones de delfines: lo hace Luwdig Veerland, y los vende en ferias al mismo precio que una avioneta.
    </p><p class="article-text">
        Fusiones de ellos en ellos, de t&uacute; a t&uacute;, nosotros en vosotros, en todos los otros ellos en vosotros. Se crean mecanismos, por ejemplo, en el yoyo uno es el disco y la ranura, y otro el hilo, por separado no existir&iacute;a la sacudida de la mano, el ir y el volver de vivir y morir. La idea mayor es el c&iacute;rculo.
    </p><p class="article-text">
        Debes elegir entre el hacha y la motosierra. Todo, hasta lo m&aacute;s m&iacute;nimo y simple puede amplificar la realidad hasta un nivel simb&oacute;lico. Los golpes de hacha, sonoros en la madera -tac-tac-tac- continuos, la respiraci&oacute;n esforzada del hombre que corta con el hacha. El sonido de la motosierra, invasivo, un ruido que se mete en todo y apaga los otros sonidos. El ritmo de la frase va de golpe a golpe. Est&aacute; relacionado con la fuerza de uno. A lo lejos, en la dehesa, una o dos motosierras podan encinas viejas, ese ruido se comporta de la misma manera que el canto de grillos y chicharras, un estridular, el rozamiento de una parte contra otra. Parece salir de todos los lados.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El ritmo de la frase va de golpe a golpe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa ilusi&oacute;n de estar all&iacute;, o aqu&iacute;, m&aacute;s fuera, dentro, en los l&iacute;mites del mundo, en aquellos altos pelados reci&eacute;n llovidos desde los que se ve el r&iacute;o y la sierra, como si el espacio se moviera m&aacute;s r&aacute;pido que la historia, se dislocar&aacute;, o ensanchar&aacute; seg&uacute;n t&uacute; te vas quedando m&aacute;s quieto, o se quebrase bajo tus pies, y por el motivo que fuera, no te pudieras detener, en ese he-llegado-y-no-me-puedo-detener, y debes seguir para nunca dejar de llegar a cada momento. Era el exceso de fuerza &iquest;preferible a la falta de ella? Y toda acci&oacute;n, en la larga caminata por el pa&iacute;s de las encinas, sin un fin concreto, o idea vaga, se hiciera solo para expulsarla, o atenuarla, de ir dej&aacute;ndola all&iacute; por donde pasabas. Entonces me llega siempre la misma frase de Karl Lubomirski,<em> el suelo est&aacute; en mi helado hasta lo m&aacute;s profundo.</em>
    </p><p class="article-text">
        He sido testigo de algunos &ldquo;para siempre&rdquo; en el aqu&iacute;, no ocurri&oacute; nada. En un puro y casi eterno presente, lo &uacute;nico que se me mueve eres t&uacute; hacia atr&aacute;s y hacia adelante, en un puro y casi eterno presente, y para ello has arrojado fuera la mitad de las palabras con las que viv&iacute;as. Palabras que significan cosas que no existen.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mept&rdquo; manuscritos, veo las manos saliendo del agua, las manos que escriben el desasosiego, muy lejos del periodismo. Manos, aun la necesidad de las manos, para comer, existir y amar.
    </p><p class="article-text">
        Intentos del hombre por volar, tantos como hombres. Recuerdo a un ni&ntilde;o que corr&iacute;a con los brazos abiertos, movi&eacute;ndolos como si fueran alas, o cuando nos tir&aacute;bamos al agua de cabeza, intentando &ldquo;el salto del &aacute;ngel&rdquo;, su duraci&oacute;n, los sucesivos e interminables saltos desde el saliente de piedra o el trampol&iacute;n, y el traje de seda revestido de plumas, con alas, como los de los p&aacute;jaros de Abb&acirc;s b. Firn&acirc;s; se lanz&oacute; al espacio desde la Rus&acirc;fa, y permaneci&oacute; en el aire alg&uacute;n tiempo hasta que cay&oacute; a la tierra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Recuerdo a un niño que corría con los brazos abiertos, moviéndolos como si fueran alas, o cuando nos tirábamos al agua de cabeza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Habr&aacute; ya -en la puerta se queda la luz, sin querer profundizar en el interior de la casa, como una cortina de fuego- un tiempo para las despedidas y los entierros. El funeral del se&ntilde;or X. , del amigo Y., de la amiga H. Los encuentros en los tanatorios. Desde hace ya un tiempo se r&iacute;e m&aacute;s en ellos, se r&iacute;e m&aacute;s que se llora. El llanto ha comenzado a ser un acto privado, a solas. El hombre lleva dentro ese manantial seco.
    </p><p class="article-text">
        Un puentecito de tablas, dos troncos de orilla a orilla con tablones clavados. Muchas veces el raudal de la crecida s&uacute;bita despu&eacute;s de una lluvia fuerte, pasa por encima del puentecito. Con el tiempo se han podrido los tablones, y otros est&aacute;n rotos. A&uacute;n nos atrevemos a cruzar por esta fr&aacute;gil estructura. Ten&iacute;a que contarles historias, pero estas deb&iacute;an ser breves, un simple esbozo. Lo importante no es lo que se dice, sino lo que se calla o esconde. El fin de lo expuesto es el de iluminar lo escondido. Cada &eacute;poca tiene su luz. Esto me hace volver a las ma&ntilde;anas de Roma de hace ya mucho. Una vez por semana me dirig&iacute;a a San Luigi dei Francesi, me sentaba en la capilla Cantarelli, frente a los tres San Mateos de Caravaggio. Esa luz vuelve a ser la de nuestra &eacute;poca. All&iacute;, muy cerca, donde El 13 de septiembre de 1685, Miguel de Molinos abjur&oacute; de sus errores en la iglesia de Santa Mar&iacute;a sopra Minerva. Condenado por inmoralidad y heterodoxia a estar permanentemente vestido con un h&aacute;bito penitencial, y a recitar diariamente un Credo y un tercio del Rosario, y a confesarse cuatro veces al a&ntilde;o y a reclusi&oacute;n perpetua. Esa vuelve a ser la luz de nuestro tiempo, pero m&aacute;s fuerte a&uacute;n. El arte actual se sirve de focos. Esta luz ciega.
    </p><p class="article-text">
        Al hablar aquel presidente de la &ldquo;nada&rdquo; lo ro&iacute;a todo, un roedor del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        Prefiero sufrir las cuestas a sufrir el tedio, escribi&oacute; una amiga en el dorso de una postal que me lleg&oacute; de Lisboa un poco antes de estas &uacute;ltimas lluvias. Tambi&eacute;n la luz de esa ciudad en verano me cegaba. Solo ve&iacute;a &aacute;ngeles en el r&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Ella me preguntaba &iquest;Qu&eacute; es eso? Me preguntaba por el mundo, no llegaba a ser un interrogatorio, alguna palabra cruj&iacute;a, solo alguna. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;as pintado de ser &eacute;l? El infierno de Strindberg, entre lo que parece ser un prado negro en vertical, musgo agarrado al cielo, una gran mancha blanca ya sucia, pero solo era una visi&oacute;n de conjunto, as&iacute; no es ni de cerca.
    </p><p class="article-text">
        Por cada nombre que entra en &eacute;l, salen dos.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza que llega por omisi&oacute;n, pero mueve la boca, la articula ante nuevas palabras que pueden endurecerla.
    </p><p class="article-text">
        Caminado de ma&ntilde;ana hacia los altos de Valdeverdeja, el fr&iacute;o arde en mis manos.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as se abren a la salida del desfiladero oscuro. Lo notas en tu sombra, al mediod&iacute;a se ha fortalecido, y en la luz nocturna de los almendros reci&eacute;n florecidos. Tiempo de paso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">También la luz de esa ciudad en verano me cegaba. Solo veía ángeles en el río.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ama lo que se esconde, lo que no puede ver, o&iacute;r o tocar. De ello apenas puede decirse algo. Ese amor es generador de lenguaje. Debajo de nosotros hay agua, enterrada, subterr&aacute;nea. No la ves y ya tienes sed de advenimiento. Ah&iacute;, escondida, oculta, est&aacute; la transparencia, lo que a trav&eacute;s de ella se deja ver. Incluso ah&iacute; debajo, quieta y silenciosa ya oyes su raudal y su murmullo.
    </p><p class="article-text">
        En la sierra la &uacute;ltima nevada del a&ntilde;o a principios de marzo. La anota en su cuaderno de lluvias y nieves, como anota lo que extra&ntilde;a, o considera extra&ntilde;o por falta de palabras. Le ayuda a decir a lo extra&ntilde;o, &eacute;l habla por lo extra&ntilde;o. Tambi&eacute;n el tiempo, que no avanza linealmente gastando los d&iacute;as, o vaci&aacute;ndolos en &ldquo;un-uno-detr&aacute;s-de-otro&rdquo; rest&aacute;ndolos. Avanza girando retr&oacute;gradamente, para barrer lo que va dejando en favor de tu memoria <em>M&eacute;moire d`enfant.</em> El a&ntilde;o pasado la &uacute;ltima nevada fue a mediados de abril.
    </p><p class="article-text">
        Anotaciones durante el viaje rio abajo. M&aacute;s tarde &eacute;l lo llamar&iacute;a &ldquo;El Viaje&rdquo; a secas. De una escritura terap&eacute;utica a otra m&aacute;s salvaje: se cura s&iacute; mismo y a los dem&aacute;s. &Eacute;l escribe y los otros leen. S&oacute;lo se adentra un poco, est&aacute; a la escucha mientras los otros ven. Despu&eacute;s re&uacute;ne la experiencia en una comuni&oacute;n de aires. Tanta visi&oacute;n te impide o&iacute;r. La &ldquo;escucha&rdquo; es una visi&oacute;n sorda. El fin es que ellos vean lo que t&uacute; no pudiste o&iacute;r. Se reparte la ceguera. Curaci&oacute;n mutua durante &ldquo;El viaje&rdquo;. Lugares por los que pasar&iacute;a por primera vez para nunca m&aacute;s volver.
    </p><p class="article-text">
        Cuidado con el silencio de muchos d&iacute;as, el silencio a d&eacute;bito. En &eacute;l comienzas a escuchar el humo o la nube. Si el aire no tiene en que rozar o chocar, ni t&uacute; en que amar o decir. <em>Siempre que uno trata de suprimir la duda, hay tiran&iacute;a</em>, Simone Weil. Se suple de todo, suplir es la palabra que &eacute;l estira hasta que se rompe, de ah&iacute; surge otra palabra que significa &ldquo;No est&aacute;s nunca&rdquo; Est&aacute;n en silencio las sillas.
    </p><p class="article-text">
        Lindar con todo, deslindar la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; al lado unos imb&eacute;ciles no paran de hablar. Sus bocas est&aacute;n llenas de mierda.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lindar con todo, deslindar la realidad

</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Espera siempre aqu&iacute;, en este lugar donde ni siquiera hay un cruce de caminos, un gran &aacute;rbol o un hito de piedra, y por eso espera aqu&iacute;, donde no hay nada, al &ldquo;otro&rdquo;, y tarda, tarda tanto, que la paciencia es un cultivo de secano, lent&iacute;simo se ahonda en la b&uacute;squeda. As&iacute; espera al &ldquo;otro&rdquo;. Cuando el &ldquo;otro&rdquo; pase, ya puede seguir. Pero en estos lugares sin nombre, durante algunos d&iacute;as seguidos, ninguna presencia o encuentro con el &ldquo;otro&rdquo;, y de darse, al principio el temor. Pero el temor, &iquest;a qu&eacute;? &iquest;un temor mutuo al encuentro? Aumenta la extra&ntilde;eza. &Eacute;l mismo comienza a sentirla hasta el paroxismo, hasta que de alguna manera desaparece el temor a uno mismo. Quer&iacute;a erradicarlo, y si por esa casualidad, apareciera el &ldquo;otro&rdquo;, al encuentro, para no asustarlo, ni asustarse &eacute;l, levantar&iacute;a el brazo a los lejos a modo de saludo. Elevar los gestos de bienvenida. El cruce, un cruce, sin temor, y un adi&oacute;s, o un hasta luego.
    </p><p class="article-text">
        Estos cielos no hablan, nunca hablar&aacute;n. Nada dicen, se callan en tus ojos.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l era un filautero, sin saber el significado, ante cualquier cosa se re&iacute;a, se re&iacute;a por todos a la vez, nos regalaba la risa que nos sobraba.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo-i_132_12113395.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Mar 2025 05:04:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo I]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Castilla-La Mancha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo_132_12038623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37e12af2-31ea-4ae6-813e-6c85ce004196_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartas desde Berrocalejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El poema breve actúa de pasadizo entre la vida y la muerte. Se deja callado todo aquello que ya vemos"
</p><p class="subtitle">Epifanías</p></div><p class="article-text">
        Los d&iacute;as de invierno aqu&iacute; son anchos e inh&oacute;spitos, los m&aacute;s silenciosos del a&ntilde;o. Introspecci&oacute;n en la contemplaci&oacute;n del paisaje. Ma&ntilde;anas fr&iacute;as abiertas al Oeste. La sierra de Gredos al Norte, las Villuercas al Sur. Los grajos rompen el silencio del cielo. Graznidos llenos de semillas, vuelos negros a media altura, y graznidos. Abajo cielos reflejados en el r&iacute;o embalsado. 
    </p><p class="article-text">
        La indiferencia de otras aves invernales a tu presencia, casi todas en los suelos rastreando pruritos de vida, inmutables a ti, invisible a ellas. Paseos al mediod&iacute;a por el camino de arena. Dominas la pereza, parece que el mundo est&aacute; en orden. Eres el monje de ti mismo, una congregaci&oacute;n ya extinguida, donde t&uacute; eres el &uacute;ltimo. Al caminar sientes tu cuerpo, lo llevas encima como a un herido que apenas pesa. El fr&iacute;o bueno, arden tus manos, el fr&iacute;o bueno hace dormir los &aacute;rboles.
    </p><p class="article-text">
        Yo, uno, otro, nosotros, los otros, ellos, nos apropiamos de una palabra &ldquo;venerada&rdquo; la metemos tanto yo, la oprimimos en nuestra boca, la apretamos como un coj&iacute;n o una almohada a la que nos abrazamos hasta ahogar la realidad. As&iacute; envenenamos o vaciamos la palabra &ldquo;venerada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Uno es fascista cuando no cree que es fascista, basta escupir la palabra &ldquo;venerada&rdquo; contra una tapia o el suelo, y ya est&aacute;. Ah&iacute; ya hay un fascista que no sabe que es un fascista. Nos tendr&iacute;a que arrancar de la boca el aire la palabra &ldquo;venerada&rdquo; Ayer conoc&iacute; a un fascista. Orin&aacute;bamos a la vez en los servicios de la estaci&oacute;n, un poco antes de subirme al autob&uacute;s de l&iacute;nea de Valdeverdeja. Desde aqu&iacute; no oigo el mar, es imposible. Al Oeste, a unos cuatrocientos kil&oacute;metros r&iacute;o abajo llegas al mar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Uno es fascista cuando no cree que es fascista</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero un amigo, en una carta escrita a mano, me lo hace o&iacute;r en sus palabras de &ldquo;cobijo&rdquo;. Cobijo, se ha cobijado all&iacute;. Hablamos a pesar de las distancias. Nos cobijamos en las palabras. La verdad es austera, y es hija de la naturaleza, va con los &aacute;rboles y la vida. Cualquier rozamiento hace de ella un efecto erizo. Se cierra la boca de golpe, una boca erizada, boca de p&uacute;as. El lenguaje tiene demasiadas palabras para cada cosa, tambi&eacute;n para negarlas. Debemos entonces sacrificarlas, matar a gran parte de las palabras. Eso, o matar el lenguaje. La maldad es sobre todo hija del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        De noche vino tinto e introversi&oacute;n. Sobre el vino. Tener una continuidad, una larga relaci&oacute;n y, a trav&eacute;s de &eacute;l, una comuni&oacute;n constante con la vida. Al tel&eacute;fono me contaron una breve historia. La historia de una vida. Al despedirse de la vida en un hospital, &eacute;l estaba tomando la &uacute;ltima copa de vino, la ligera ebriedad del sol. En la &uacute;ltima sedaci&oacute;n paliativa, el vino era uno de tantos componentes. 
    </p><p class="article-text">
        Aquella joven doctora lo hab&iacute;a autorizado en el hospital. La agon&iacute;a ha sido reemplazada por el adormecimiento en una sedaci&oacute;n paliativa. La muerte ha sido desplazada, a su umbral oscuro. Se le pide que espere junto a la puerta. Tambi&eacute;n ha desaparecido de la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Inspiraci&oacute;n, aspiraci&oacute;n. Inhalaba hasta el henchimiento. No crey&oacute; nunca en esa mujer llamada &ldquo;Muse&rdquo; Le resultaba extra&ntilde;o sumergir la mano para escribir, incluso ah&iacute;, ahogada, solo sent&iacute;a la mano, y el miedo a que ella, f&ecirc;te de mains, se la comiera.
    </p><p class="article-text">
        Amo tantas cosas que son inseguras, que apenas existen, y para ello debo existir m&aacute;s, compensarlas con una mayor existencia: con esta mano quemada, enyesada lo escribo desde &eacute;l. Soy mi propia escritura, esa es mi identidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digo que me llamo Erial, y para confundirles, a los que se acercan por primera vez con semillas &ldquo;negras&rdquo; les digo, mi nombre es &Ouml;dland, pero las mujeres me llaman Yermo o <em>terr&eacute; friche</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Existe a&uacute;n la cultura occidental? S&oacute;lo merece la pena solidarizarse con Moritz Schlick&rdquo; Imre Kert&eacute;sz
    </p><p class="article-text">
        En la pintura de Magritte todo est&aacute; quieto, en &ldquo;El castillo de los Pirineos&rdquo;, la gran roca que sostiene el castillo flota sobre el mar. Inquietante.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se cura as&iacute; mismo, por una suerte de armon&iacute;a, a la que a&uacute;n no hemos encontrado una palabra. Si fu&eacute;ramos a la busca de la palabra, incurrir&iacute;amos posiblemente en el final del fen&oacute;meno. Tampoco sabemos c&oacute;mo se llama la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Asco, cosa, las cas&oacute; en ocas.
    </p><p class="article-text">
        Le quito el rabo a las palabras, im-p&uacute;dico, im-probable, in-ocuo. A la vez inventaba todos los d&iacute;as una palabra que manten&iacute;a en reserva, hasta que adquir&iacute;an su verdadero significado.
    </p><p class="article-text">
        El aire encauzado entre dos muros muy altos sale con m&aacute;s fuerza de la que entr&oacute;. El agua tambi&eacute;n coge velocidad al canalizarla.
    </p><p class="article-text">
        Lo satinaba todo, lo pul&iacute;a hasta que brillaba incluso de noche. Lo satinaba porque de todo sent&iacute;a asco. Se prohibi&oacute; a s&iacute; mismo escribir con las manos.
    </p><p class="article-text">
        El poema breve act&uacute;a de pasadizo entre la vida y la muerte. Se deja callado todo aquello que ya vemos.
    </p><p class="article-text">
        Il fratello me env&iacute;a textos a los que llama islas fluviales. Nada m&aacute;s cambiante en los lechos arenosos de un rio que est&aacute;s peque&ntilde;as islas, a las que no se debe poner nombre. Aparecen y desaparecen despu&eacute;s de cada riada. Il mio fratello los reescribe, o los quema, en sus crecidas de &aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n sigue poniendo nombre a aquellos lugares que conoce demasiado bien. Se sirve de toda su fuerza po&eacute;tica para destruirlos. Algunos ejemplos: Puente macho, Paisaje de los drones, Descampado de las v&iacute;rgenes, Casamatas del prado, o Prado del Arca. Finca de las fuentes humeantes.
    </p><p class="article-text">
        Tengo que amar a los que &eacute;l y ella amaron tanto, por refracci&oacute;n o delegaci&oacute;n. El odio, dice &eacute;l, te llega por deyecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Uno al que le salieron malas hierbas de la boca.
    </p><p class="article-text">
        Desaladoras de maldad.
    </p><p class="article-text">
        Entre construir y crear buscaba lo que est&aacute; fuera de eso mismo.
    </p><p class="article-text">
        Se siente raro escribiendo estos art&iacute;culos, cuando no lo hace se ve como un diletante.
    </p><p class="article-text">
        Entre el apunte y el diario otra escritura, sin referencias. Escritura necesariamente nocturna, en el momento en el que el &aacute;rbol cambia de respiraci&oacute;n y consume tus sue&ntilde;os.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Escritura necesariamente nocturna, en el momento en el que el árbol cambia de respiración y consume tus sueños.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sigue la ruta marcada con la esperanza de que m&aacute;s all&aacute; falten las se&ntilde;ales y las indicaciones. Hay tantas huellas y rastros de otros, que finalmente se pierde. Es a partir de ah&iacute; que comienza su verdadera felicidad. Baja el ritmo y se deja llevar por sus propios ojos. As&iacute; quer&iacute;a que se sintieran los que le&iacute;an sus libros. Perdidos. Estaban todos, pero demasiado juntos para o&iacute;r bien lo que se dec&iacute;an. Quer&iacute;a verlos m&aacute;s separados, distanciados. Ya no podr&iacute;an hablar todos a la vez. El que se dirige a uno se dirige a todos. Comienza la escucha. Despu&eacute;s vuelve al camino.
    </p><p class="article-text">
        Movimientos de desesperaci&oacute;n. Hay un lenguaje del desesperado en la red, un lenguaje convulso. No s&eacute; porque siempre aparece un hombre atrapado en una red suspendida, embolsado y movi&eacute;ndose como un bicho. Oigo la letan&iacute;a repetitiva y los balbuceos de ese hombre desesperado. Grandes redes de arrastre reci&eacute;n salidas de las aguas, y entre miles de peces de plata brillando, algunos hombres intentando zafarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mentira se ha vuelto verdad. El gramaje es importante, la red no debe ser muy fina. La luz con la que se proyecta la malla es fuerte, demasiado. La mentira se proyecta a trav&eacute;s de una verdad usurpada. La luz es la tuya. Desgraciadamente regresan los hombres de fe. Me ten&iacute;a que remontar, no s&eacute; ad&oacute;nde, y en qu&eacute; tiempo, para encontrar de nuevo a un reparador de redes de pesca. Un hombre enjuto, abrasado por los aires del mar, tirado en el suelo mientras repara las l&iacute;neas de una inmensa red. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde fue la &uacute;ltima vez que vi al reparador de redes? &iquest;En los tinglados de los muelles del puerto de Peniche? &iquest;En la isla de Poros? Redes. Tambi&eacute;n las vi extendidas y tensas en el aire, ancladas entre dos &aacute;rboles, apenas visibles para las aves, y otros seres que vuelan. Redes para p&aacute;jaros. El ornit&oacute;logo se acerca, los desenreda con cuidado y comienza su labor de taxonom&iacute;a, la medici&oacute;n de las alas, la clasificaci&oacute;n y el anillado. &iquest;Te sientes apresado en la malla? &iquest;Sientes que tu voz ha sido apresada, y ya no consigues salir?
    </p><p class="article-text">
        Enredarse, uno se enreda f&aacute;cilmente en la red. El atrapado se agita dentro de la malla como un bicho kafkiano o un animal desprovisto. Los movimientos del desesperado son los de una marioneta cuyos hilos mueve un ni&ntilde;o torpe. Enredarse, movimientos de desesperaci&oacute;n: hay un lenguaje del desesperado en la red, un lenguaje convulso.
    </p><p class="article-text">
        Al tel&eacute;fono le pregunt&eacute; por la lluvia, le ped&iacute;a detalles de como era la lluvia all&iacute; en estos d&iacute;as. Extra&ntilde;ada comenz&oacute; a hablar muy despacio de manera suave. As&iacute; llov&iacute;a all&iacute;, igual que hablaba, de manera lenta y sosegada empapando la tierra, colm&aacute;ndola, como su conversaci&oacute;n larga y tranquila. Nos entr&oacute; sue&ntilde;o hablando por tel&eacute;fono. Solo quer&iacute;a preguntarle por la lluvia, por aquella lluvia de sabor dulce.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Solo quería preguntarle por la lluvia, por aquella lluvia de sabor dulce. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Durante un paseo un mast&iacute;n me sali&oacute; al paso y tuve miedo, no dejaba de ladrar a unos metros de m&iacute;. No era esa la muerte que quer&iacute;a, la muerte dada por un perro. De haber sido as&iacute;, un accidente le hubiera usurpado al destino su papel. Habr&iacute;a resultado m&aacute;s heroico &ldquo;a boca de lobos&rdquo;. Pero los lobos hu&iacute;an de m&iacute;, hu&iacute;an de todos nosotros. Hab&iacute;a otras muertes, o maneras m&aacute;s propicias de estar cerca de la muerte. Tu miedo a los grandes r&iacute;os, a los r&iacute;os turbios, con relaci&oacute;n a la alegr&iacute;a de estar a la orilla de los peque&ntilde;os r&iacute;os de aguas transparentes y limpias. Nunca salvar&iacute;a a nado una de esas grandes y turbias corrientes de agua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Der Tod ist in Maister aus Deutschland, sein Auge ist blau. </em>Iron Man levantaba el brazo a la manera de Goebbels, un r&iacute;gido brazo de madera ya carcomida: el Dios de los perros, o el semidios del aire le condenan a repetir hasta el final de sus d&iacute;as los versos de Paul Celan, 'La muerte es un maestro de Alemania, su ojo es azul' hasta quemarse, hasta autodestruirse como una vieja m&aacute;quina ya muy trabajada.
    </p><p class="article-text">
        Un amigo no soporta ya los sonidos del mar, se abotarga su cerebro junto al mar. Huye tierra adentro, se adentra. Va inaugurando un camino lo m&aacute;s recto posible hacia Aldeanovita, ya un lugar imaginario, pero inimaginable, y como existe realmente, lo destruye solo para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Como ayudan los ratos de sol en invierno. Se calienta uno junto a las tapias blancas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/cartas-berrocalejo_132_12038623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2025 09:40:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cartas desde Berrocalejo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Toledo,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Epifanías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/epifanias_132_11941249.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bde41386-e8b3-4807-835c-4850b6722161_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1073y887.jpg" width="1200" height="675" alt="Epifanías"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La fuerza de la hiedra está en el muro por el que trepa. La asociación de lo débil y de lo fuerte es la más duradera"</p></div><p class="article-text">
        En 1971 Canetti escribe en uno de sus breves apuntes: &ldquo;&iquest;Con cu&aacute;nto odio puede devastarse el mundo? &iquest;Cu&aacute;ndo opondr&aacute; resistencia?&rdquo;. Quiz&aacute;s una vociferante piedra ya lo est&eacute; proclamando. Ahora, ahora. &ldquo;Helada. S&iacute;, sale el sol, aunque sea a trav&eacute;s de un velo de niebla alta&rdquo;. E.J. Con un pu&ntilde;ado de viejas palabras ya tenemos el mundo descrito. Lo mejor es no estar seguro de lo que se dice, y desplazar esa duda e inseguridad por el lenguaje. Hablar a los otros siempre es m&aacute;s dif&iacute;cil que escribir para nadie.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, existe el oficio del arrancador de ra&iacute;ces, el cuajero o cuajador. Insustituible ha desaparecido del mundo. Apenas utilizaba las manos para esta labor. Lo hac&iacute;a todo con la palabra. No se arrancan &aacute;rboles de cuajo, primero se talan, esto se puede llevar a m&uacute;ltiples tareas o circunstancias. O como ciertas enfermedades que se curan por interposici&oacute;n de manos.
    </p><p class="article-text">
        Las pocas palabras que me quedan y me sobreviven me cercan. Soy un prisionero de mi lenguaje. Hasta que no lo destruya totalmente.
    </p><p class="article-text">
        Helada negra, ninguna se&ntilde;al de escarcha, &eacute;l las registra y habla de cosas quemadas por el fr&iacute;o. Sin la protecci&oacute;n del hielo y la escarcha el fr&iacute;o entra dentro y quema la boca. Quema tambi&eacute;n un amor en ciernes, o termina por rematar los tiernos brotes de uno m&aacute;s viejo.
    </p><p class="article-text">
        Estos no son d&iacute;as para salir a caminar &iquest;Te dice el aire? El aire toma tu voz, pero son tus palabras, a las que normalmente no haces demasiado caso. Ocurre durante algunos d&iacute;as de invierno, m&aacute;s que en curso del largo verano. Morir de fr&iacute;o o abrasado. Durante el verano camin&aacute;bamos por aquel paisaje de noche.
    </p><p class="article-text">
        Como castigo en las primeras noches de enero, pespuntar sus frases m&aacute;s ingeniosas e hilvanar su silencio. Era el sastre de sus nombres.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as de chuches. &ldquo;Aniversarios: puntos de empalme del malentendido&rdquo; &iquest;Y no hab&iacute;a utilizado ya esta cita antes? &iquest;En qu&eacute; se diferenciaban estos aniversarios del simple rememorar? Y hab&iacute;a cada vez m&aacute;s aniversarios. Ahora pod&iacute;as cruzar el r&iacute;o saltando las piedras del alpendre, en el vado, sin mojarte. Apenas fechas vac&iacute;as. &iquest;Y qu&eacute; podr&iacute;a rememorarse para apuntalar el mito? D&iacute;as de chuches. Si celebras el fr&iacute;o sin sentirlo, y la muerte sin que estuviera presente nada. Fiestas &aacute;tonas. Hab&iacute;an perdido toda su alma y esencia. D&iacute;as de chuches.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Con qu&eacute; frase o sucesi&oacute;n de palabras comenzar&iacute;a el a&ntilde;o? Hab&iacute;a decidido aguantar el m&aacute;ximo tiempo posible en silencio, tanto como para conseguir un r&eacute;cord. Un silencio de d&iacute;as, de interminables d&iacute;as hasta que al fin nevara, y ese ver caer la nieve, le permitiera decir, a aquel, o a nadie. &ldquo;&Oacute;yela&rdquo;, &ldquo;&oacute;yela&rdquo; hasta que acepte tus pasos blancos hasta el r&iacute;o. &ldquo;&Oacute;yela&rdquo; en el crujir de tus pasos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un silencio de días, de interminables días hasta que al fin nevara, y ese ver caer la nieve, le permitiera decir, a aquel, o a nadie</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta sierra es poderosa, sobre todo desde su cara Sur, caen a plomo sus bloques, cara al valle. Un murall&oacute;n formidable, ah&iacute; tiene su verdadero rostro, el perfil que corta el cielo. Vista desde el otro lado, una sucesi&oacute;n de chepas y espaldas jorobadas. Y ella le dec&iacute;a, ll&eacute;vame a ver la nieve. Ya no hay nieve.
    </p><p class="article-text">
        Las mascotas han sustituido a los &aacute;ngeles. M&aacute;s cercanas, a su lado fabricas lenguaje, te pierdes en lo que dices. No le das valor a tu sombra.
    </p><p class="article-text">
        Cielos de invierno antes de que anochezca. No te enga&ntilde;as con esa poca de luz al final de d&iacute;a. Ni siquiera el amanecer es tan pobre.
    </p><p class="article-text">
        Inspiraci&oacute;n, aspiraci&oacute;n. Inhalaba hasta el henchimiento. No crey&oacute; nunca en esa mujer llamada &ldquo;Muse&rdquo;. Le resultaba extra&ntilde;o sumergir la mano para escribir, incluso ah&iacute;, ahogada, solo sent&iacute;a la mano, y el miedo a que ella, <em>f&ecirc;te de mains, </em>se la comiera.
    </p><p class="article-text">
        Una palabra destinada a morir pronto, terapeuta. Otra palabra sustituir&aacute; al &ldquo;Brujo&rdquo;. El therapeutes griego no se puede apuntalar en el sufijo tes, ta, agente, como en ap&oacute;stata, a pesar de ello, le preguntaba, no dejaba de preguntarle en ning&uacute;n momento, incluso por tel&eacute;fono a altas horas de la noche, por las dosis. Ella, la therapeutes, se lo daba en peque&ntilde;as dosis, muy peque&ntilde;as. La alegr&iacute;a homeop&aacute;tica entra por las picaduras del mal. Exp&oacute;ngase, no retroceda. Hable con las piedras, y sobre todo ba&ntilde;os de agua muy fr&iacute;a en el jard&iacute;n al amanecer. Pero yo no puedo cuidarle. La palabra con la que cargo dej&oacute; de significar cuidar. En un WhatsApp le escribi&oacute; 's&eacute; hacer versos, pero duelen'.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza de la hiedra est&aacute; en el muro por el que trepa. La asociaci&oacute;n de lo d&eacute;bil y de lo fuerte es la m&aacute;s duradera. Ella plantaba hiedra lo m&aacute;s lejos posible de un muro, de las cercas de piedra,&nbsp;o de los palos tutores, y todav&iacute;a as&iacute;, esta hierba o yedra se dirig&iacute;a hacia ellos, tal vez guiado por las voces de m&aacute;s all&aacute; de los muros o las casas. La hedera silvestre protege tu casa, le dec&iacute;a, respiras con ella el cielo. Luego hay que saber mirar por la ventana, una ventana que de a la sierra con nieve. El que mira por una ventana se expone.
    </p><p class="article-text">
        En el pudor de su desnudez florece.
    </p><p class="article-text">
        Escucha a las otras conversaciones en el viejo caf&eacute; de la plaza del reloj, y le gusta intervenir en todas. Dice que se llama &ldquo;Desierto&rdquo;, pero para desconcertar les dice, &ldquo;Soy Medebeer', El se&ntilde;or de las 'e' &#1502;&#1460;&#1491;&#1489;&#1464;&#1468;&#1512;.t.
    </p><p class="article-text">
        Reutilizar las viejas citas que &eacute;l ya consagr&oacute;, como las viejas tejas &aacute;rabes de una casa ca&iacute;da para las cercas de los semilleros del jard&iacute;n. Ella por decantaci&oacute;n, &eacute;l por inundaci&oacute;n, pero ninguno de los dos son l&iacute;quidos.
    </p><p class="article-text">
        Una ciudad que para &eacute;l es una tela de ara&ntilde;a, y para ella un almac&eacute;n de sus recuerdos. Del jard&iacute;n las ortigas, a las que venera por su vivacidad. Es lo &uacute;nico que se salva de las heladas negras de estas noches.
    </p><p class="article-text">
        El progresista conservador, la pura coherencia de ser ya a esa edad, transformada en &aacute;rbol la idea, plantemos tejos y encinas, cuya madera es buena para el fuego tranquilo. Muy r&aacute;pido arde la le&ntilde;a de eucalipto y de pino. La quietud necesaria para el movimiento constante de las ideas.
    </p><p class="article-text">
        Abonaba con cenizas, ten&iacute;a escritas las &ldquo;frases de ayuda&rdquo; Tambi&eacute;n estas palabras abonan, escritas por miedo a olvidarlas. Ayudaba el hecho de que solo eran pronunciadas una vez al a&ntilde;o. Despu&eacute;s permanec&iacute;an calladas para hacer su efecto. El mito entra en nosotros como la savia del &aacute;rbol en la respiraci&oacute;n de los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Una nostalgia que se pudiera pesar, para arrancarle pedazos, para soplarla en el costado, y ver como se desplazaba y escapada de un cuerpo. Ella le quit&oacute; los zapatos y se los sac&oacute; esa noche al umbral de la puerta.
    </p><p class="article-text">
        Me llam&oacute; &ldquo;botarga&rdquo; sin saber su significado original. Le correspond&iacute; con una palabra que durante a&ntilde;os intentaba destruir. La abr&iacute;a y la cerraba, para ver qu&eacute; hab&iacute;a dentro, y despu&eacute;s cos&iacute;a con su nombre de pila.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que se hab&iacute;a propuesto para el inicio del a&ntilde;o nuevo, resultar&iacute;a ya al d&iacute;a siguiente una sucesi&oacute;n de bagatelas irrealizables. Dejar de fumar se hac&iacute;a tan dif&iacute;cil como dejar de amar. El primer cigarrillo del a&ntilde;o le supo a cielo. Un solo beso en el espejo empa&ntilde;ado, despu&eacute;s de afeitarse, destruir&iacute;a el mundo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El primer cigarrillo del año le supo a cielo. Un solo beso en el espejo empañado, después de afeitarse, destruiría el mundo. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la chimenea quema papelitos donde ha escrito palabras. Ninguna de esas notas son deseos que quisiera ver cumplidos. Especialista en palabras muertas, tambi&eacute;n &eacute;l desea que ya dejen de tener un sentido para &eacute;l. As&iacute;, con ellas en la boca se siente m&aacute;s libre. Algunas son &aacute;speras, otras solo amargan, muchas ya est&aacute;n tan pulidas que ahora son impronunciables. Todas estas palabras acuden a &eacute;l en masa. Se pone los nombres que le quita a los otros, as&iacute; conquista el silencio.
    </p><p class="article-text">
        Entre tantas almendras sab&iacute;a cu&aacute;l de ellas amargaba.
    </p><p class="article-text">
        Despertar cada d&iacute;a en un lugar diferente. El extra&ntilde;amiento como pertenencia al mundo.
    </p><p class="article-text">
        Las tradiciones que comenzaron como novedades, por algo fortuito o azaroso. Las que m&aacute;s perduran son las que se revisten constantemente. Las que pierden de vista el su origen.
    </p><p class="article-text">
        La nieve llega cada vez m&aacute;s tarde, o no llega siquiera. Ya dejaste de desearla. Tiempos de espera cada vez m&aacute;s aburridos y largos. Sin embargo, miedo a la brevedad, a dejarlo desprovisto, a no llegar siquiera al centro. En una sola frase cabe, pero no es una cuesti&oacute;n de medida, sino de reflejos, de pronto un rayo de luz cae desde una abertura al centro de la habitaci&oacute;n. Al alcanzar el centro del Polo Sur hay que volver. Reserva de fuerzas, c&aacute;lculo. Ah&iacute; comenzaba lo verdadero. No sabe donde est&aacute;, y como ha ca&iacute;do ah&iacute;. De pronto, expulsado por el aire de un cuento de Kafka, le gustar&iacute;a estar desorientado, y siendo as&iacute;, le bastar&iacute;a con girarse o dar unos pasos para saber al menos un poco mejor donde podr&iacute;a ir. Pero no, est&aacute; ah&iacute;, y todo es nuevo, hasta &eacute;l es nuevo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ojo a la niebla, se expresa demasiado.
    </p><p class="article-text">
        Todo permanece junto al Tajo adormecido y somnoliento. Ojo a la niebla entonces.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/epifanias_132_11941249.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jan 2025 23:08:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Epifanías]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Castilla-La Mancha,Toledo,Poesía,Río Tajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Niebla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/niebla_132_11879996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/29f4617e-b4ae-41f5-882d-e2ac30648d68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Niebla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Hay mucho que decir cuando ya se ha dicho todo: escribir el informe de la ausencia. Ese-no-hay-nada-que-decir se sostiene como la montaña imaginada en el aire"</p></div><p class="article-text">
        All&iacute;, all&iacute;, all&iacute;, es la palabra que m&aacute;s dice el que va entre la niebla, hasta que se le vuelva indecible y terror&iacute;fica, como si en su boca hubiera una rueda girando. Llevaba tiempo recibiendo el mismo mensaje: <em>MAD, mutually assured destruction</em>. Es la lengua del apocalipsis. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Otto Dix de nuestra &eacute;poca? Sus paisajes devastados. La naturaleza en guerra contra el hombre. Su Flandes seg&uacute;n 'Le Feu' de Henri Barbusse. Por all&iacute; Viene el Otto Dix de nuestra &eacute;poca. Por la calle del aire o de los &aacute;ngeles.
    </p><p class="article-text">
        No ves a los cazadores ni a los animales, tampoco ellos te ven. No os veis mutuamente. El olfato se va a los ojos, quien sepa oler sabr&aacute; ver un poco m&aacute;s. La quietud es el &uacute;nico movimiento. Todo permanece escondido, camuflado. Bramidos de ciervos y ladridos de realas despu&eacute;s de una serie de disparos en el monte bajo. Pero sigue sin verse nada. Los perros huelen tu amor herido, y persiguen a tus fantasmas. Y sin ser visto continuas por el jaral hacia aquel teso que da al Uso. Los desiertos de Ristelhueber desde el cielo. Clik, Clik, clik, revelar. Algunas huellas se revelan en heridas. Paisajes para despu&eacute;s de una guerra. Plasticidad de los lugares socavados, la erosi&oacute;n es arte. El lenguaje period&iacute;stico tiene sus muertos, con las bocas llenas de hierba.&nbsp;Tienes que recordar, recordar hasta que te asfixien los recuerdos y no quepan en ti. Te desbordan igual que aquellos e inacabables d&iacute;as de lluvia de tu infancia. A borbotones el agua aflora de todos los sumideros. Vac&iacute;o, reik, &#1512;&#1497;&#1497;&#1511; &#1512;&#1497;&#1511;, en lenguaje b&iacute;blico. Gr&aacute;balo en algunas piedras de por aqu&iacute;, ser&aacute; finalmente un lugar a&uacute;n m&aacute;s extra&ntilde;ado e inh&oacute;spito. Le hab&iacute;a arrancado ya muchos nombres al lugar. Lo innominado propicia el eco. Canetti me dijo que ten&iacute;a que ver muchos hombres para estar solo, y para eso era importante que ya no le importaran mucho en ese momento. Hablamos para escondernos. Hablaba demasiado y aparec&iacute;a escondido en todas partes.
    </p><p class="article-text">
        El tren a T. entra en la niebla nada m&aacute;s dejar Torrijos, al pasar por Montearag&oacute;n el bronce de las vi&ntilde;as, el paisaje invernal en los campos de aluvi&oacute;n del r&iacute;o. Los ocres, marrones y rojizos de la tierra dormida. Perdices mimetizadas un poco m&aacute;s all&aacute; del talud de las v&iacute;as del tren. Entre las aficiones de los jueces est&aacute; la caza, tanto la menor como la mayor. Su inclinaci&oacute;n a lo venatorio bien vale un ensayo. &iquest;Qu&eacute; autores lee un juez espa&ntilde;ol? Fi&oacute;dor Dostoyevsky deber&iacute;a ser una asignatura de derecho, y Crimen y castigo lectura obligatoria.
    </p><p class="article-text">
        Me he obligado a irme por las ramas. En la niebla los &aacute;rboles quemados del verano pasado. El negro tiz&oacute;n, a los pies el verde azul, todo envuelto en un gris blanquecino, nuestro aliento al hablar deprisa. R&iacute;o abajo Berrocalejo, apenas a dos jornadas a pie de T. La huida es solo la inercia de la quietud. Esta fuerza es solo interna, la savia ahora va lenta. Se lo o&iacute; a Canetti: me gustar&iacute;a ser de niebla para que nadie me encontrara.&nbsp;Lugar de desahogos. La niebla va ligada a la embriaguez de los sentidos. Hay una quietud pesada. Con &ldquo;los mejores deseos es decir nada&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hay tanta energ&iacute;a en el lenguaje, ensordece tanto, chisporrotean millones de luces de leds ahora. La alegr&iacute;a es un animal salvaje, &uacute;nica e intransferible. Se lo dije en el centro comercial a un desconocido que hac&iacute;a mucho que no ve&iacute;a. Aqu&iacute; los peque&ntilde;os cielos de los patios de luces. Pero como reci&eacute;n salido de un libro de Julien Greqc, una especie de suavidad fr&iacute;a, invernal, flotaba sobre la ciudad. Al final del d&iacute;a escrib&iacute;a solo palabras muertas a las que llamaba incisiones o hendiduras. Ojal&aacute; hubiera tenido tablas negras para hacerlo en vez de hojas: lar, gloria, ahogaviejas, durindasna, ochento&ntilde;al, ergullir, arm&uacute;n, bieldo, fruche, parva. &iquest;Aviva o reaviva la lumbre? &Eacute;l a&ntilde;ad&iacute;a a todas las palabras el &ldquo;re&rdquo; como si no existiera la muerte &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a con los re-mordimientos de los resucitados? &iquest;Envilec&iacute;a el lenguaje as&iacute;? Luego su rechazo al 0. El 0 que abre y cierra la vida, pero hay que escribirlo &ldquo;cero&rdquo; con letras, para no equivocarse con la &ldquo;O&rdquo; Ocaso, olvido, ONG, obcecaci&oacute;n, ojal&aacute;, y que nos llevan al &ldquo;cero&rdquo;. Empuja un disco de madera sobre el hielo, se desliza sin apenas resistencia. Se necesita muy poca fuerza para que se deslice ligeramente sobre la superficie helada. Ojal&aacute; se detenga lo m&aacute;s cerca del centro, el &ldquo;cero&rdquo; del centro, el &ldquo;cero&rdquo; de la &ldquo;O&rdquo;, ojo.
    </p><p class="article-text">
        Los sue&ntilde;os son ahora basura, llevaba el carro de la compra lleno de basura. D&iacute;as de niebla, siempre vuelve la niebla a esta tierra de r&iacute;os. E igual que ella dijo hace ocho a&ntilde;os, en un libro de Canetti, tienes que hallar otra vez la niebla para poder escribir, y ella misma se le desvaneci&oacute; luego en la niebla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as antes el paso de las grullas, chillidos azules, sus formaciones, el orden supremo de las bandadas a mil pies de altura. Tienden cada a&ntilde;o a abrir o cerrar m&aacute;s los &aacute;ngulos, desde lo obtuso a lo agudo. A&uacute;n no sabemos leer esto. Este a&ntilde;o &aacute;ngulos m&aacute;s abiertos. No se nos da a leer esto. El arte de no saber, los animales se encaraman. Realizar obras sin saber, en &uacute;ltima instancia ah&iacute; no pod&iacute;a entrar el lenguaje. El extra&ntilde;amiento de s&iacute; mismo en la niebla le convert&iacute;a en un animal salvaje. Al principio de la tarde se las o&iacute;a all&iacute; arriba, en vuelo hacia las tierras de Logrosan y de la Siberia extreme&ntilde;a. Que nos atalanten, que atalantar sea la palabra que nos proteja del ruido y de los millones de luces de leds de estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Escribe Nan Shepherd en su monta&ntilde;a viva: &ldquo;la vista del Noroeste, desde los Braes of Abernethy, justo enfrente de este lomo rechoncho, contiene las fauces y los colmillos&rdquo; Pero no todas las monta&ntilde;as son iguales. En algunas se puede morir f&aacute;cilmente, y en otras vivir en una alegr&iacute;a vasta e indecible: He ah&iacute; las Villuercas devastadas, desde las navas del Campillo y la Jara baja, las cimas de cresta de gallo de la sierra de Altamira, y la forma c&oacute;nica de la sagrada monta&ntilde;a de la Estrella. A su cima subi&oacute; un d&iacute;a el poeta Enrique Mercado. Entre balbuceos se le oy&oacute; decir &ldquo;No hay alturas que conquistar&rdquo;. Piedra desmoronada. Restos de la monta&ntilde;a a los pies de la monta&ntilde;a. Casqueras de piedra gris. Todo se sobrepone a los cielos altos de esta parte del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sierras y monta&ntilde;as vistas a media distancia, esa es la perspectiva ideal, as&iacute; no pesan tanto y parecen m&aacute;s accesibles.
    </p><p class="article-text">
        Si no hay sierras azules a lo lejos no soy feliz. Son grandes absorbentes de alegr&iacute;a. Imantan, hacia ellas vas para nunca llegar. Las grandes llanuras vac&iacute;as del campo Ara&ntilde;uelo, sin continuidad, inabarcables, me desasosiegan. Por ellas vas hacia no s&eacute; sabe. El cielo es el techo de la hondura. Junto a ellas dejar el coche, abandonarlo en mitad de un p&aacute;ramo inh&oacute;spito. Lo vi hacer en lugares accidentados cuando era ni&ntilde;o. Los arrojaban en punto muerto por los barrancos tras una curva. En ese punto del abandono comienza siempre una historia inenarrable: un poema.
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho que decir cuando ya se ha dicho todo: escribir el informe de la ausencia. Ese-no-hay-nada-que-decir se sostiene como la monta&ntilde;a imaginada en el aire. Una sierra azul, como las que llevo viendo toda mi vida, a media distancia. Te llaman, hacia ellas vas para nunca llegar. Otras veces me veo ascendiendo por la falda, la interminable pendiente del jadeo, un hablar ahogado, la fatiga. Al final una escritura vehemente, en la que ya no estoy en mitad del texto.
    </p><p class="article-text">
        En un sue&ntilde;o me veo otra vez cruzando una sierra. Buscando &ldquo;no s&eacute; qu&eacute;&rdquo; al otro lado, despu&eacute;s de dejar un coche en una calle de un pueblo abandonado. Sierra Cebollera &iquest;Por qu&eacute; ese nombre a las quebradas formas de un lugar inh&oacute;spito donde el cielo se arruga para encoger un poco esta parte del mundo?
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n que ahora tenemos con la eternidad y los infinitos est&aacute; hu&eacute;rfana de dioses. Solo los muertos exploran en esa aventura. Atenci&oacute;n a sus silencios una vez que hayan llegado. Hay que o&iacute;rlos, escucharlos. Parece que estamos a punto de dominarlas, y de vagar sin punto de retorno. A mayor lejan&iacute;a m&aacute;s cerca se encuentra el regreso. Sin necesidad de comunicar nada Llegar&aacute;n poemas codificados desde all&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        En la niebla alguien habla con tu voz, otro mira con tus ojos, y aquel oye con tus o&iacute;dos. Solo las manos son intransferibles. Nadie puede tocar por ti. Despu&eacute;s te encuentras con una oreja muy grande, grand&iacute;sima con una sordera oce&aacute;nica. Pero &eacute;l, cada vez que media algo, el amor, por ejemplo, utilizaba las distancias. Al final se pierde en s&iacute; mismo, hasta que sale fuera por la boca del otro. Gracias, gracias, conoc&iacute;a el agradecimiento en todas las lenguas.
    </p><p class="article-text">
        Niebla meona, asciende hacia los lugares altos para ver el d&iacute;a. De noche, desde los altos de Mejorada T. parece arder all&iacute; abajo. Resplandecen los edificios. Miles de peque&ntilde;as luces pesta&ntilde;ean. Me desintoxico de las terminolog&iacute;as. Atenci&oacute;n a lo que escuchas. El hilo musical. Le ped&iacute; de regalo para estos d&iacute;as &ldquo;A lo largo del camino&rdquo; de Julen Grecq, y si pod&iacute;amos comer frugalmente los d&iacute;as se&ntilde;alados.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y las palabras h&uacute;medas del invierno? &iquest;No se han secado? S&iacute;, no hay largas conversaciones sobre la nada en torno al fuego. En torno a algo ya no hay nada. Jam&aacute;s hemos hablado tanto para decir tan poco. En nuestro lenguaje de cementerios de coches hay inflaci&oacute;n y grasa. Terminolog&iacute;as sin esp&iacute;ritu. Ella sale a pasear por el r&iacute;o envuelto en niebla con un paraguas rojo. Cruza los puentes, se olvida del mundo. En alg&uacute;n momento musita un poema de Am&oacute;s Luria e intenta olvidar las terminolog&iacute;as de la ansiedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Junto al r&iacute;o se me ocurren cosas de r&iacute;os. Un r&iacute;o que se separa en dos r&iacute;os para ya no volver a confluir en ning&uacute;n lugar, y es a partir de entonces que hay dos nombres, el r&iacute;o A, y el r&iacute;o B &iquest;Ser&aacute;n el mismo r&iacute;o? Se preguntar&aacute;n los que llegan al lugar donde las aguas se separan.
    </p><p class="article-text">
        Solo zapatos dejados cerca del agua, en la niebla, a la orilla del r&iacute;o, a veces solo un zapato, no el par, a veces sin cordones, y esta suerte de encontrar lo in&eacute;dito y lo &uacute;nico te llevaba a la de escuchar. El aire que se lleva la niebla reconstruye una historia, una vida y una existencia a trav&eacute;s de los zapatos dejados a las orillas del gran r&iacute;o que nos lleva. Por otro lado, la invitaci&oacute;n a seguir descalzos, a lo improbable, a todo lo que es improbable, incluso a lo improbable de este viaje a pie hacia &ldquo;El no lugar&rdquo;, y a ir descalzo, dejando tus zapatos en la orilla, y al ir desnudo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/niebla_132_11879996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2024 06:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Niebla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Meridianos de noviembre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/meridianos-noviembre_132_11800233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4de5e94-a345-461f-855b-3254799620c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Meridianos de noviembre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Época negra, sobreiluminada. Las farolas del cementerio estaban encendidas de noche, los cipreses parecían arder. </p></div><p class="article-text">
        Vi salir el sol de Italia en una playa del Levante espa&ntilde;ol. Alguien al otro lado del mar, m&aacute;s all&aacute;, quiz&aacute;s a la altura de Livorno, lo viera caer, hundirse en las aguas, desaparecer. El sol de Espa&ntilde;a. Le dec&iacute;a a mi colega, nos prestamos el sol, la felicidad, la luz, esta alegr&iacute;a del oto&ntilde;o, intercambiable, de un naranja velado. Le dec&iacute;a, habr&aacute; que girarse para verlo todo. Me dec&iacute;a, pero no lo que se espera del otro, sino lo que apenas se espera del otro, lo que es altamente improbable, el compartir en las lejan&iacute;as que se aproximan la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de vivir y de la existencia. Todo lo gaseoso tiende al gris. El humo, las nubes, el aliento en el cristal de la ventana, la memoria despu&eacute;s del revent&oacute;n del cielo. 
    </p><p class="article-text">
        Exhala la tierra a&uacute;n caliente la bruma. En las aberturas y tierras bajas la humedad y las ligeras gasas del aire velado; la boira en las sierras costeras de Blanes. El gris no es un color, es un estado de &aacute;nimo. En un poema de Am&oacute;s Luria se esclarece: &ldquo;Noches de &aacute;lamos amarillos, -ya sabes cuando- hay un all&iacute;, y se vela. Yo me velo en ti. Nos velamos en el d&iacute;a. Somos la veladura del sol en la niebla&rdquo;. Un revent&oacute;n del cielo al mediod&iacute;a. All&iacute; la tromba, una cortina gris de agua sobre el mar, entre Llan&ccedil;&agrave; y Port Bou. Un revent&oacute;n de memoria, visual, sobre todo visible, lis&eacute;rgico, sin posibilidad de lenguaje m&aacute;s all&aacute; de lo que se ve. Mi colega dice en ese momento: Como si se debiera apagar el fuego de la boca en los ojos. Muy lejos de aqu&iacute;, pero a la misma hora, en Melga&ccedil;o, en un mirador que da a &ldquo;Espanha&rdquo;, a la orilla de un r&iacute;o que une, un r&iacute;o que cose, el r&iacute;o que ellos cruzan para amarse. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora vemos lo mismo, pero estamos en el mismo lugar, a la misma hora, y aun as&iacute;, lo que vemos, todo esto, que se alarga, nos rodea y nos cubre, se expresa en nosotros de manera diferente. El milagro hubiera sido otro. Primero &eacute;l, estuvo aqu&iacute; a primera hora de la ma&ntilde;ana. Cuando llegu&eacute;, ya no estaba. Su presencia qued&oacute; all&iacute; en algunas colillas de cigarrillos dentro de un hoyo en la tierra. A fuerza de escuchar el espacio, el lugar, incluso el principio de la noche en el final del d&iacute;a. Me hab&iacute;a acercado tanto a su indiferente visi&oacute;n, que ahora s&iacute;, ve&iacute;amos lo mismo y lo reconoc&iacute;amos de la misma manera. Eso era ir al encuentro de aquello que se llama &ldquo;Algo m&aacute;s all&aacute; de lo que no se ve&rdquo; Lo que m&aacute;s alegr&iacute;a le daba a mi colega, &ldquo;Ese comenzar a ver ya lo que no se ve&rdquo; y que por estar oculto en la distancia, en el all&iacute;, se la hab&iacute;a aparecido en otras ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        El-cruza-r&iacute;os, se hac&iacute;a llamar as&iacute;. En ingl&eacute;s suena peor, river-crossing. Charles Wright en un verso magistral dice Riverrum.&nbsp;Hay cosas imposibles, o que raramente suceden. A no ser a causa de un gran golpe, como por ejemplo desaprender a nadar, o a amar.
    </p><p class="article-text">
        Noches oscuras: Noviembre: la pieza: Ante el Ballon Dog de Jeff Koons te reflejas en lo pulido ayudado por la luz artificial del museo, una luz limpia y lis&eacute;rgica, de quir&oacute;fano. Te gustar&iacute;a empa&ntilde;ar la pieza con tu aliento, contaminarla, ir m&aacute;s all&aacute;, destruirla con tu aliento al precio de tu propia autodestrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una forma de ceguera es el mar de noche. Le pides estar all&iacute; adentro, muy adentro sobre las aguas hasta sentir la telilla negra de la humedad cubriendo tu cuerpo, y ver, verlo todo profundamente. No querr&iacute;as extender el brazo para ver la luz de tu mano. Podr&iacute;a destruirse el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Ojos enfermos de s&iacute; mismos, de egoplexia y egoflexi&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; ven en lo que t&uacute; ves? &iquest;As&iacute; mismos en todo? &iquest;Ven acaso m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        En su lista de poetas aceptables dejaba muchos huecos, otros aparec&iacute;an solo con las iniciales de sus nombres. &iquest;Llenar&iacute;a alguna vez esos huecos?
    </p><p class="article-text">
        Al fin dej&eacute; de saber que es, era o ser&aacute; la poes&iacute;a. Dej&eacute; de saberlo para siempre. Descomprensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Leyendo a una tal Zadie Smith a los pies de un gran alcornoque en la confluencia del r&iacute;o Cuerpo de hombre con el Alag&oacute;n, en una ma&ntilde;ana de lluvia fina a finales de octubre. Me gustar&iacute;a conocerla en persona a pesar de esta lejan&iacute;a insalvable de aqu&iacute; a all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Un ba&ntilde;o de sol a principios de Noviembre en el lugar de Jerte. Al fin el agua estaba fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo en los caminos. Algunos tienen nombre, otros simplemente se pierden en el &ldquo;No lugar&rdquo; en la tierra de nadie.
    </p><p class="article-text">
        Experiencia tras experiencia. Algunas merecen ser escritas secamente, no dar p&aacute;bulo. Las que dejan secuelas f&iacute;sicas hablan por s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos demasiado, cada vez m&aacute;s, estamos tomados por el lenguaje de los otros.
    </p><p class="article-text">
        El camino es sobre todo silencio, extendido a lo largo bajo el cielo. Parece que eres el primero que lo sigue, y el &uacute;nico que lo sigue, y por eso el &uacute;ltimo que ir&aacute; por ese camino para llegar a &ldquo;Ning&uacute;n lugar&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El silencio original sigue ah&iacute;, lo o&iacute;mos, no ha cambiado, ni siquiera se repliega hacia s&iacute; mismo para ausentarse y dejarnos en los ojos ese zumbido inaudible. El silencio como origen de todo. Solo lo oyes si lo ves en algo, en el sol, por ejemplo, que tiende a un zumbido continuo, o en el mar, de d&iacute;a, incluso a pesar de los ligeros movimientos de flujo y reflujo de las aguas, como un cuerpo que respira por todos nosotros. Ese silencio se oye de d&iacute;a en la calma espacial, o en lo que est&aacute; lleno. De noche el mar habla. Un silencio que se aparece en lo lejano y es igual a la luz que va llen&aacute;ndose de luz. Es el silencio original del mundo que permanece quieto. Para o&iacute;rlo hay que verlo en algo. En aquellas sierras de Altamira, a media distancia, todav&iacute;a m&aacute;s denso si te acercas y caes en medio de un valle angosto por donde va el peque&ntilde;o curso del Guadarranque. Ah&iacute;, justo ah&iacute; donde est&aacute;s ahora. Qued&oacute; el silencio despu&eacute;s de fragor de las placas tect&oacute;nicas durante el plegamiento. Las fuerzas oponi&eacute;ndose, ese silencio en tus sienes. Ese ah&iacute;, en esas sierras, m&aacute;s que en el sol o en el mar.
    </p><p class="article-text">
        Wittgenstein el eremita, aun la poes&iacute;a le debe, ahora y para siempre, ese balbucear, el silencio oscuro de las bocas, y esos paseos en los que uno debe encontrar su propia sed.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n de las ruedas de los neum&aacute;ticos del auto que nos iba a llevar por los caminos de herradura y las pistas que suben a esa monta&ntilde;a. Obsesi&oacute;n por la presi&oacute;n de los neum&aacute;ticos, y por nuestras palabras, y todo lo que seremos capaces de decir sin decir nada. Hab&iacute;a que darles aire, inflarlas, y al fin, al llegar a un teso donde acababa la pista pedregosa, un trecho a pie hasta un collado donde el aire se hab&iacute;a aligerado. Solo se o&iacute;a el silencio. Apenas hab&iacute;a llegado all&iacute; el lenguaje, y raras veces los que llegaban a aquel alto osaban decir &ldquo;yo&rdquo;, ni siquiera perjuraban. Se extra&ntilde;aban de que incluso las aves, que suelen coronar por encima de cada uno los anhelos, se vieran muy por debajo. All&iacute;, al fondo del valle, de donde llegaba un silencio seco. Intenta o&iacute;rlo desde all&iacute;, hoy aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ese silencio propio, al que se ha acostumbrado, y mi colega, llama el bal&oacute;n de luz, o la propia altura de la que uno cae. Estaba acostumbrado a poner nombre a las cosas, y aunque buscaba cosas sin nombre, a las que primero escuchaba, y as&iacute; nombrar desde su propio silencio a aquello que o&iacute;a. Lo m&aacute;s normal era que le cambiara el nombre, pero no pod&iacute;a inventar, crear o designar nombres desde el aire de sus propias manos, el aire que beb&iacute;a de sus manos. Nombres que hab&iacute;a escuchado, llegados del aire de la escucha, y eso ocurr&iacute;a raras veces.
    </p><p class="article-text">
        Rescisi&oacute;n del lenguaje del amor, hasta llevarlo a su silencio original.
    </p><p class="article-text">
        Se fue callando poco a poco &iquest;Por agotamiento, o desidia? Cada d&iacute;a un poco m&aacute;s. Se rescind&iacute;a as&iacute; mismo de s&iacute;. Acallarse, y solo se&ntilde;alar aquello que escuchaba, aquello que solo &eacute;l, o uno, u otro, puede o&iacute;r para s&iacute;. La escucha de lo que el mundo le dice al otro.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;poca negra, sobreiluminada. Las farolas del cementerio estaban encendidas de noche, los cipreses parec&iacute;an arder. L&iacute;neas de luces de leds tendidas en las copas de los cipreses, lucecitas de fiesta pesta&ntilde;eando de noche sobre las tumbas. Sobrecoge no tener nada que decir, callar como un muerto, inmanencia del silencio, abocarse a ello. &ldquo;Las relaciones son reemplazadas por las conexiones&rdquo; Byung-Chul Han.
    </p><p class="article-text">
        Noches oscuras junto al mar de Llan&ccedil;&agrave;. El aire de poniente posa el&nbsp;polvo que arrastra desde muy lejos en el mar, desv&iacute;a mi escupitajo. El exceso de saliva del silencio en la boca despu&eacute;s de haberse comido la sombra de la sabana. Los escupitajos son el s&iacute;ntoma de una sed eterna. En el camino de Mejorada a T., los danzantes levantan el polvo de miles de d&iacute;as sin llover. Grandes improvisadores del movimiento. Al querer imitar en su baile a un laurel agitado por el aire. Hasta caer bailan un 'hoop' en homenaje a Benjam&iacute;n camino de Port Bou. Con sus veloces movimientos solo les queda descoyuntarse y escupir el polvo que tragan.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; en helic&oacute;pteros, en cientos y miles de helic&oacute;pteros volando a la vez en el cielo. Se puede escribir hacia adentro o hacia afuera. Ahora no llueve. Aquello no era lluvia, la lluvia es otra cosa. Nos hemos violentado a nosotros mismos con comida basura e im&aacute;genes basura. Me ortigu&eacute; la mano para escribir. &iquest;Y c&oacute;mo llamaba mi colega a esa manera de llover que no es la lluvia? De muchas maneras, aunque siempre mantuvo que nunca hab&iacute;a tenido que inventar o crear un nombre para ello desde la &ldquo;nada&rdquo; &iquest;Y a ella? &iquest;C&oacute;mo se dirig&iacute;a a ella? &iquest;C&oacute;mo la llamaba? Siempre en silencio por su nombre sagrado. A&uacute;n buscaba una palabra para eso que no es la lluvia. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os trabajan a escala universal, hacen castillos de arena a la orilla del mar, y una breve ola los desmenuza al instante. &Eacute;l arrojaba al aire un pu&ntilde;ado de tierra solo para ver como el polvo se separaba de la arena. Alma y materia. A esa escala seguimos levantando nuestro fr&aacute;gil mundo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/meridianos-noviembre_132_11800233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Nov 2024 05:01:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Meridianos de noviembre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Castilla-La Mancha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Octubre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/octubre_132_11713387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69c6e212-2e36-412d-9922-37eb194458eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Octubre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La palabra viejo le niega a la muerte toda posibilidad. Viejo es lo que no muere. Viejo es sinónimo de eterno. Lo viejo está fuera del tiempo"</p></div><p class="article-text">
        La ciudad se presta a crear lenguaje. O&iacute; ya muchas veces en la placita arbolada con pl&aacute;tanos de sombra lo siguiente: esta noche dorm&iacute; con el aire y con el ventilador. O&iacute;: llevo todo el tiempo durmiendo con el aire. Nos seguimos ayudando de las palabras puras. Aire &iquest;Y c&oacute;mo era ese aire? Me besaba todo el cuerpo, pero me obligaba a tener la ventana cerrada. &iquest;Y de donde llegaba ese aire? Del fr&iacute;o de los antepasados.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a contemplado las tormentas de finales de septiembre desde la puerta de la casa, sentado en una silla, o de pie. Tormentas a media tarde. Todas siendo iguales son diferentes, como una misma enfermedad en los cuerpos en los que ha entrado. En cada uno se comporta diferente. &Eacute;l no ten&iacute;a miedo a las tormentas, las ve&iacute;a desde la puerta, sentado en una silla. No lo hac&iacute;a desde la ventana, donde a los ojos de los otros habr&iacute;a sido visto como un esteta aquejado de ciertos miedos.
    </p><p class="article-text">
        Imagin&eacute; que ya solo hablaban nuestras sombras, y bajo el mediod&iacute;a asolado, con la boca de la propia sed, la sed misma, nuestras sombras hablaban por nosotros, por todos nosotros, y no o&iacute;a nada, pero s&eacute; que hablaban, y al hablar por nosotros, empez&aacute;bamos a notar el peso ligero del cielo. Estas sombras se alejaban unos metros, dejando entre nosotros y los otros un espacio prudente, y cuanto m&aacute;s se alejaban m&aacute;s dec&iacute;an por nosotros, dej&aacute;ndonos en paz el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Porqu&eacute; no comenzar el curso por lo m&aacute;s dif&iacute;cil y todav&iacute;a intransitado? Por ejemplo, con la Tonalidad del pensamiento de Byung-Chul Han. Sus dos alas. Insiste en utilizar el alem&aacute;n para hablar de las dos alas. Zwei Fl&uuml;gel, ascender para caer casi al momento en la Tumba del sublime nadador de Claude Lanzmann. Yo quer&iacute;a ser ese nadador invisible, un nadador con dos alas. Qu&eacute; era octubre para ti sino el tiempo de los libros sublimes, los libros con los que nos educar&iacute;amos, incluso ya ancianos, viejos. Me gusta la palabra viejo, sobre todo cuando hay que a&ntilde;ad&iacute;rselo a las otras cosas. Viejo &aacute;rbol, vieja guitarra, vieja casa, vieja madera, viejo amor. La palabra viejo le niega a la muerte toda posibilidad. Viejo es lo que no muere. Viejo es sin&oacute;nimo de eterno. Lo viejo est&aacute; fuera del tiempo. As&iacute; podr&iacute;a haber sido en alg&uacute;n momento, y entonces, algo que estar&iacute;a por llegar, a&uacute;n por llegar. El l&aacute;piz irradiaba hoy una maravillosa calma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice Byung que en el texto tambi&eacute;n debe aparecer una voz interior que no signifique nada, pero que roce o punce. Los textos que carecen de esa voz interior para &eacute;l est&aacute;n muertos. Nos &iacute;bamos alejando cada vez m&aacute;s de la transcendencia, se apaga la voz interior, qu&eacute; como en algunos textos, nos roza y punza. Nos alej&aacute;bamos montados en algo, llevados por algo que alcanzaba una gran velocidad. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora me cuesta m&aacute;s escribir estos art&iacute;culos, esa gran velocidad pasa por delante de mis ojos y a veces me atraviesa. Hay algo que pesa en la mano. El mundo, mi propio mundo, lo leve est&aacute; aplastado, escondido. Para llegar a ello, a lo leve, se necesita de ingentes cantidades de energ&iacute;a. &iquest;Merece la pena arrancarle a la gravedad la parte de levedad que nos corresponde? Segu&iacute;a mirando al saltador de la tumba del sublime nadador de Claude Lanzmann. Se pod&iacute;a llegar a la levedad directamente, sin grandes rodeos. Es como cuando entras por primera vez en la casa de alguien que te ha invitado a visitarle sin apenas conocerlo. Hay una primera impresi&oacute;n en la que sientes que no podr&iacute;as vivir en esa casa, lo extra&ntilde;as todo, el olor, los objetos, hasta te extra&ntilde;as a ti mismo. Dentro de la casa quedas inm&oacute;vil como un animal atrapado. Demasiada gravedad, pero es en ese mismo momento en el que comienzas a liberarte. Nace ah&iacute;, justo ah&iacute;, el lenguaje de la hospitalidad.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se podía llegar a la levedad directamente, sin grandes rodeos. Es como cuando entras por primera vez en la casa de alguien que te ha invitado a visitarle sin apenas conocerlo
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A pesar de todo sent&iacute;a esa calma que va de la mano a los ojos, de los ojos al territorio, y que el espacio te devuelve. Una calma que est&aacute; dentro y fuera de ti. Escribir es silencio, la escritura, y sobre todo a l&aacute;piz, es tejer ese silencio. Tarde o temprano se romper&aacute;. La calma no puede durar, no se la conquista ni se la domina. Hay demasiada calma hoy, se romper&aacute; de repente. T&uacute; mismo deber&aacute;s romperla para que en otra ocasi&oacute;n vuelva.
    </p><p class="article-text">
        Me propuse ahora volver a escribir cartas a mano, el l&aacute;piz segu&iacute;a irradiando una maravillosa calma, la calma que todo texto de Byung respira. Cartas a l&aacute;piz. Tendr&iacute;a que comenzar con los que est&aacute;n m&aacute;s lejos, y m&aacute;s se extra&ntilde;ar&iacute;an al abrirlas. El l&aacute;piz roza el mundo, tiene el sonido seco del aire en la mano, punza las palabras. Tambi&eacute;n se transmite la respiraci&oacute;n. Las palabras nacen de la respiraci&oacute;n, por eso est&aacute;n unidas a la desesperaci&oacute;n y a la alegr&iacute;a de la vida. Tus palabras y su respiraci&oacute;n son un mismo acto. Cartas a l&aacute;piz, siempre queda la posibilidad de que el otro las borre. Ahora &eacute;l y ella van a respirar con tus palabras.
    </p><p class="article-text">
        La alegr&iacute;a de la escritura se transforma en iluminaci&oacute;n, como la energ&iacute;a, que a trav&eacute;s de cables y conductores acaba encendiendo la bombilla. No hay un fin en s&iacute; mismo, la iluminaci&oacute;n debe servir a otro fin, el canal de agua, el conducto de aire, &iacute;dem y as&iacute;. Pero la mayor felicidad es sentir esa in&uacute;til y est&eacute;ril alegr&iacute;a que se quema en s&iacute; misma. Solo as&iacute; el mundo te muestra su gran sentido. Una historia contiene otra historia. <em>Malague&ntilde;a y exquisita victoria desde 1928</em> , arqueolog&iacute;a del lenguaje. Pero yo de ni&ntilde;o ya hablaba igual, me callaba lo importante y miraba excesivamente lejos. 
    </p><p class="article-text">
        Un viejo amigo en una carta que me lleg&oacute; hace unos d&iacute;as dec&iacute;a: llegar al sur, a un sur indeterminado, quiz&aacute;s a tu sur a&ntilde;orado, o al sur de los otros, extra&ntilde;o por lo luminoso y vac&iacute;o, se ilumina la boca de sed y dureza, las &uacute;ltimas palabras limpian el aire. Tu sur escorado, donde el l&iacute;mite lo ha puesto el mar y el cansancio. Es venir a morir, y la espera es a&uacute;n larga, un todav&iacute;a ciego y absurdo, moratoria, demora un d&iacute;a de lluvia tibia despu&eacute;s del bochorno y la fiebre. El aire borra las nubes, las desteje, las rasga, y con esas gasas se cubren los ojos para dormir. Tu sur quieto. El &uacute;ltimo lugar, de un silencio mayor, el de la palabra que estalla al llenarse de s&iacute; misma. Su carta, por in&uacute;til al mundo, guardaba dentro eso que Byung llama: Esa voz interior que no signifique nada, pero que roza y punza la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Los ojos miran tanto hacia dentro como hacia afuera, en la contemplaci&oacute;n de la lejan&iacute;a sientes placer, absortos a la vez que absorben lo lejano. Eso es una forma de esperanza. Vemos para adentrarnos e interiorizar el mundo. En estos d&iacute;as hice una excursi&oacute;n con un amigo, una lenta y torpe excursi&oacute;n al Cerro de las Cruces, en la Sierra de San Vicente. Digo excursi&oacute;n, no caminata ni senderismo. 
    </p><p class="article-text">
        Nos deten&iacute;amos a cada momento y parec&iacute;a que no avanz&aacute;bamos. No quer&iacute;amos llegar tan pronto. Ligeros y lentos pasos entre los robles y el pinar. Quer&iacute;amos solo mirar, perdernos, estar all&iacute; para siempre &ldquo;al ritmo de octubre&rdquo;, dec&iacute;a &eacute;l. No hab&iacute;a que llegar al lugar siquiera, ni acelerar ni forzar la respiraci&oacute;n en el momento en el que el camino se empina, y as&iacute; &ldquo;al ritmo de octubre&rdquo; &iacute;bamos despacio con ligereza. Una excursi&oacute;n por otro lado ca&oacute;tica. Un senderista a su ritmo lo habr&iacute;a hecho en apenas quince minutos. Se han automatizado, llevan calzado y bastones n&oacute;rdicos para impulsarse en vez de ir descalzos. La verdad necesita de cierto sufrimiento. Las plantas de los pies sufren y la boca lo dice. Lo imposible est&aacute; cada vez m&aacute;s cerca de ser. En apenas unos a&ntilde;os veremos a personas descalzas ir por el monte. Una manera radical de ir, de caminar por los campos. &ldquo;Al ritmo de octubre&rdquo; ya all&iacute;, en el teso del cerro, un campo lunar con granitos que afloran, un pedregal lleno de antenas de comunicaci&oacute;n y una torre de vigilancia forestal.&nbsp;&nbsp;Una mirada enferma se cura en lugares como ese. Absorta absorbe y se deja calar. All&iacute; se curan los ojos a la espera de una gran alegr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Byung en la 'Tonalidad del pensamiento' el peque&ntilde;o libro que recoge las conferencias que dio el a&ntilde;o pasado en las universidades de Oporto y Lisboa nos habla de esto. Al final de una de estas conferencias, nos acerca al sentido de la esperanza en estos tiempos. Partiendo del etim&oacute;logo Friedrich Kluge, nos da el sentido verdadero de la palabra alemana Hoffnung, esperanza. Byung mantiene que la esperanza, este Hoffnung significa, m&aacute;s all&aacute; de la esperanza misma, ver a lo lejos en el futuro. Es la mejor definici&oacute;n de esperanza. &ldquo;Ver a lo lejos&rdquo;. &ldquo;Ver en el futuro porque abre la mirada hacia lo venidero, hacia lo posible&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/octubre_132_11713387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Oct 2024 05:08:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Octubre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Otoño,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apuntes de septiembre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/apuntes-septiembre_132_11632378.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2fad3118-82a2-40eb-836c-b682afde6e46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apuntes de septiembre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Junto al mar hablaste mucho, sientes que hablaste demasiado, pero solo con una persona. Y ella habló mucho, y siente también lo mismo que tú. Ese puñado de días junto al mar fueron un acto de eternidad</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l pidi&oacute; agua y ella le dio leche&rdquo; (Jueces 5:24,27) 
    </p><p class="article-text">
        Atr&aacute;s se qued&oacute; el mar. Por unos d&iacute;as careces de memoria. Alguien cercano, pero que vive lejos te dijo: escribe tu dec&aacute;logo. Ahora acaba el a&ntilde;o y comienza el tiempo nuevo. Virgilio habla de esta &eacute;poca como de la &eacute;poca dominada. Umberto Eco lo defini&oacute; como la &eacute;poca hipnotizada por la velocidad. No hay duda que vivimos en la &eacute;poca de la velocidad. Le dije, tard&eacute; un a&ntilde;o en volver a la ciudad. En busca del lugar donde se pone el sol.
    </p><p class="article-text">
        Ella dec&iacute;a amar el verano, y no lo dec&iacute;a de una manera simple, o casi vac&iacute;a, as&iacute;, como se dicen las cosas de nuestro tiempo. Nadie puede decir que ama el verano, para desdecirse en cada momento, o que lo ama por esto o por aquello. Los que aman el verano no saben porque lo aman. No bastan los d&iacute;as largos y las extensiones infinitas de este pa&iacute;s quemado por el sol. Ni siquiera esa playa en la que el mar se cobra cada temporada de tres a cuatro cuerpos. Cuerpos, que no muertos. Tendemos a pensar que el mar no los devuelve y se los lleva para siempre. Ella amaba el verano, lo dec&iacute;an sus ojos, por lo poco que pesa la ropa sobre el cuerpo, por lo poco que pesa el cuerpo en el agua, por el sudor; lo amaba, seguramente, porque uno se ama un poco m&aacute;s as&iacute; mismo en verano, y porque muchos cuerpos nunca regresan del agua.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; hab&iacute;a otro. En sus discursos dejaba largos silencios, miraba el cielo antes de seguir, por ejemplo dec&iacute;a: las casas se queman por las ra&iacute;ces, es raro que les toque un rayo. En una peque&ntilde;a plaza de Soria, a finales de agosto, entre ruidos varios que rompen la armon&iacute;a, a mi lado, una conversaci&oacute;n banal en un franc&eacute;s de Clermont-Ferrand. Los d&iacute;as de agosto de antes, por todos los d&iacute;as de agosto de antes. Hace unos d&iacute;as, en la alta llanura de Trijueque, camino de Madrid, la alucinaci&oacute;n amarilla de las extensiones de rastrojeras, los campos segados. Los queman a finales de septiembre. Tentaci&oacute;n de dejar el coche en un camino de tierra junto a la carretera, y al conductor, mientras orina entre los cardos, y continuar a pie. &iquest;Y ahora? &iquest;? Se decide a encerrar el espacio en blanco entre signos de interrogaci&oacute;n. T&uacute; mismo forcejeas entre los signos de interrogaci&oacute;n, entre las paredes aun calientes de la casa. Por un momento has dejado de ser libre al volver a una casa con fiebre.
    </p><p class="article-text">
        Junto al mar hablaste mucho, sientes que hablaste demasiado, pero solo con una persona. Y ella habl&oacute; mucho, y siente tambi&eacute;n lo mismo que t&uacute;. Ese pu&ntilde;ado de d&iacute;as junto al mar fueron un acto de eternidad. Os vaciasteis hablando de la nada. Los silencios frente al mar eran hiatos de eternidad. La tensi&oacute;n del lenguaje bajo el cielo. Os mentisteis como bellacos. Cierra la cremallera del cielo era su frase favorita. Se la oy&oacute; a alguien en el mar de Orzan hace unos a&ntilde;os. Hablasteis tanto que ya no podr&eacute;is hablar m&aacute;s. La pr&oacute;xima vez ser&aacute; en el cielo. Aves que cazan al vuelo, que mueren en el aire y aman en el aire. Lo que me dijo el maestro es que se aman a s&iacute; mismas, y aman el espacio de ese amor muerto. Despu&eacute;s las aves que cantan pegadas a la tierra, no discernibles entre ellas porque se imitan. El silencio es la sustancia de las otras.
    </p><p class="article-text">
        En la ciudad donde se detuvo el autob&uacute;s de l&iacute;nea solo te bajaste t&uacute;, el resto iba m&aacute;s lejos, otros se hab&iacute;an bajado antes. Todav&iacute;a hac&iacute;a mucho calor, hablabas con el dios del lugar, y ese dios te dec&iacute;a: Yo soy el calor y los mosquitos. Te diste un ba&ntilde;o de mosquitos junto a una acequia seca. Era un lugar de huertas importantes. El domingo ir&eacute; a las huertas. Vivo en huertas importantes. Lo que da miedo, incluso firmar contra uno mismo en un papel negro, en el papel de calco, en el grafito, en la grasa seca del grafito. Pero &iquest;Qu&eacute; es lo que a uno le daba m&aacute;s miedo? La extra&ntilde;a lista de los miedos. El miedo a las avispas en verano, el miedo azul del verano, el miedo luminoso del verano, y luego la calca negra, las capas de calca negra, en las que con una sola r&uacute;brica, un <em>touche</em> de florete, la fuerza en la mano, la r&uacute;brica del enfermo, como una r&aacute;faga de aire repentino en el agua. Le dec&iacute;as si a no sabes cuantas cosas, a cuantos desprendimientos de s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lenguaje del pozo negro&rdquo;, &ldquo;Prosa fecal&rdquo; &ldquo;P&aacute;jaro que ensucia su propio nido&rdquo; o &ldquo;Puta del partido&rdquo; se escribi&oacute; en el Banater Post contra mi amada Herta. Despu&eacute;s de tu &ldquo;Tierras bajas&rdquo; escribimos cartas de amor, mi amada Herta, se las escribimos a los muchachos que desordenan el mundo, y a ti, siempre te escribimos cartas de amor.
    </p><p class="article-text">
        Otro ha vuelto despu&eacute;s de muchos d&iacute;as a casa. Deja la maleta fuera. No enciende la luz ni levanta las persianas. La maleta viene llena de piedras y libros. En esa oscuridad va por la casa palpando las paredes calientes hasta llegar a las zonas m&aacute;s fresca de la gruta del desertor. Enciende la luz. En el techo azul siguen los animalitos futuristas que pint&oacute; Emily Eder. Los o&iacute;a bramar a lo lejos, chillar, moverse en el espacio infinito del techo. P&aacute;jaros imposibles, caballos de ocho patas, unicornios con alas, pero como un tatuaje no los pod&iacute;a borrar, solo arrancarlos. Odiaba tanta fantas&iacute;a e imaginaci&oacute;n est&eacute;ril. Hubiera preferido bisontes, osos, ciervos y caballos prehist&oacute;ricos, y un arquero como el de la cueva de Chauvet disparando al sol. La casa guardaba la temperatura de un horno apagado un poco antes. Entra en el ba&ntilde;o y se ducha vestido con agua fr&iacute;a. El efecto de Coriolis no es determinante en tu peque&ntilde;o reino, ya sabes muy bien a quien hay que lanzarle las piedras, y que vayan directas a las palabras de la mentira de un juez tir&aacute;nico. Todo debe darse a gran escala, por el momento tu dios es una piedra tra&iacute;da desde las playas de San Pedro de Moel.
    </p><p class="article-text">
        Otro, &eacute;l, se prepara para ser un desierto, alguien lo atravesar&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a, te gustar&iacute;a que al cruzarlo sintiera que has vivido miles de a&ntilde;os. Parece un tiempo nuevo, ella querr&iacute;a estar aqu&iacute; dentro de cien a&ntilde;os, ver los cambios, pero sin haber vivido los acontecimientos. La vida cansa. &Eacute;l, como el gran desertor en el que se ha convertido, se siente ajeno. Ver y sentirlo todo de lejos. Casi dar&iacute;a la vida por unos minutos de extra&ntilde;eza. Un jard&iacute;n abandonado guarda m&aacute;s belleza que un jard&iacute;n cuidado. Es as&iacute;, pero puedes sentir lo contrario. Sabe que puede convencerte si te habla con los ojos.
    </p><p class="article-text">
        Por toda realidad, esta cada vez m&aacute;s real. Una ca&ntilde;ada pecuaria atraviesa la ciudad. Una vez al a&ntilde;o hacia su destino de invernada. Ese es el destino, no viene hacia nada, vas t&uacute; hacia &eacute;l tras cientos de sombras, reba&ntilde;os de sombras. Nunca regresas por la misma ruta a los pastos de verano. Recuerdas los vados y los puentes. Cientos de personas aplauden a lo que desaparece, al sol que se hunde en las aguas, y a ciertos muertos. A ella le gustaba la tela de los paraca&iacute;das, en su enso&ntilde;aci&oacute;n paralizante, se ve&iacute;a dise&ntilde;ando ropa hecha solo de tela de paraca&iacute;das. No se ven los l&iacute;mites, quiz&aacute;s el final del mundo, el The End final, sea no sentir o ver los l&iacute;mites. 
    </p><p class="article-text">
        El final donde la oscuridad lo ocupa todo. Una oscuridad que duele en la garganta. Una inundaci&oacute;n de oscuridad que cae desde el cielo. La oscuridad que no permite mentir. La garganta duele demasiado al pasar la cadena de la mentira por las am&iacute;gdalas. Habr&iacute;a que a&ntilde;adir que las palabras de la mentira duelen en un universo deshecho. El efecto de Halitosis de algunos jueces. As&iacute; podemos hablar de un tiempo de verdades hu&eacute;rfanas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mira entonces los r&iacute;os suspendidos sobre nosotros&rdquo; dijo Zurita. Cada piedra tiene una palabra grabada o un signo al que ya no podemos remitirnos. El milagro de que se partan por la noche. Estate atento a ello. En el chasquido va la palabra. Estate atento junto al pedregal del Pico del Monje en estos d&iacute;as de finales de verano. Una o dos piedras por noche chascan. La forma de cada uno al entrar en el agua, los que lo hacen con rapidez y ligereza, los que desconf&iacute;an, los frioleros, o los que solo entran para olvidarse de s&iacute; mismos, o los que buscar caer, el salto, las ondas, el bajar hasta el fondo. Despu&eacute;s, uno que apenas abandona la orilla y con las manos se moja la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Ese le&iacute;a con la boca, se com&iacute;a lo que le&iacute;a. Sobre todo, al final del verano, a principios de septiembre, en los r&iacute;os peque&ntilde;os de estas monta&ntilde;as aplastadas del Centro-Oeste, en la vertiente Norte de las Villuercas, buscando los lechos secos, los cursos rocosos, labrados en la piedra negra, en las tablas de agua negra o verde que a&uacute;n se va bebiendo el cielo, la gran e inalterable sed del cielo. La misma sed que uno tiene de s&iacute; mismo al mirar a los otros. Sientes miedo de esta soledad, te sientes infinitamente solo, seco, vac&iacute;o, y terminas escribiendo esto mismo, pero de otra manera. Alteras la vivencia, inventas el lugar, fuerzas el silencioso hero&iacute;smo mientras se da la epifan&iacute;a de la espera, entonces los animales silenciosos te siguen a la vez que huyen de ti.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/apuntes-septiembre_132_11632378.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Sep 2024 04:02:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Apuntes de septiembre]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
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