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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Andaluz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier_andaluz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Andaluz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El gas y la solidaridad mal entendida de la UE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gas-solidaridad-mal-entendida-ue_129_9221606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fcc3bb13-7f46-4d33-a6a6-1caaf22e1b29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gas y la solidaridad mal entendida de la UE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Winter is coming”, pero nunca es tarde para actuar. En ese hacer, la solidaridad y la reducción del consumo son fundamentales. Pero más allá del invierno de 2022, el problema es la crisis ecológica y social a la que nos enfrentamos</p><p class="subtitle">La UE pacta reducir el gas un 15% ante los cortes de Rusia, con excepciones para países como España</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Winter is coming&rdquo; y la Uni&oacute;n Europea, ante la crisis del gas ruso y las dificultades crecientes de extracci&oacute;n y distribuci&oacute;n internacional, prepara un <a href="https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/statement_22_4725" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plan para reducir la demanda de gas un 15% apelando a la solidaridad entre pa&iacute;ses miembros</a>. Sin embargo, Estados como el espa&ntilde;ol y el portugu&eacute;s, por su falta de interconexi&oacute;n con el resto de pa&iacute;ses europeos, entre otros factores, solo tendr&iacute;an que reducir su consumo un 7%. A simple vista dar&iacute;a la impresi&oacute;n de que la UE por fin se toma en serio las demandas ecologistas, aunque sea por la presi&oacute;n de la guerra: reducci&oacute;n y solidaridad. Pero un an&aacute;lisis pormenorizado de la propuesta revela todo lo contrario: una iniciativa de mantenimiento del modelo f&oacute;sil que beneficia a los pa&iacute;ses m&aacute;s enriquecidos de la UE y un viraje del discurso que incorpora la perspectiva de la econom&iacute;a de guerra.
    </p><p class="article-text">
        La necesidad de reducir el uso del gas es incuestionable desde antes de las restricciones generadas por la guerra en Ucrania. Por un lado, por el inevitable declive en la accesibilidad de los combustibles f&oacute;siles; desde 2019 la extracci&oacute;n de gas a nivel mundial est&aacute; en receso. Pero, sobre todo, el gas se debe abandonar completamente junto al resto de combustibles f&oacute;siles para 2040 en la UE porque es la &uacute;nica manera de tener alguna opci&oacute;n de que la emergencia clim&aacute;tica pueda mitigarse a tiempo. Adem&aacute;s, reducir el consumo de gas es la v&iacute;a para conseguir un modelo energ&eacute;tico m&aacute;s descentralizado, democr&aacute;tico y menos dependiente del exterior. Un modelo para salir de la perspectiva belicista y construir una econom&iacute;a para la paz, que realmente ponga la vida digna en el centro. Desde ah&iacute; es positiva la reducci&oacute;n de la demanda de gas, aunque deber&iacute;a ser m&aacute;s ambiciosa que el 15%, incluido en el Estado espa&ntilde;ol, y deber&iacute;a incorporar otros combustibles f&oacute;siles, principalmente en el sector del transporte y en el de la generaci&oacute;n de electricidad (no vaya a ser que la UE est&eacute; pensando en sustituir ciclos combinados de gas por centrales t&eacute;rmicas de carb&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que realmente no cuadra es el concepto de &ldquo;solidaridad&rdquo; que maneja este acuerdo, una &ldquo;solidaridad&rdquo; obligada e impuesta, que se parece al concepto de servidumbre. La solidaridad, horizontal por definici&oacute;n, solo se puede entender en t&eacute;rminos de reparto de todos los recursos y de depuraci&oacute;n de las responsabilidades. Sin embargo, lo que busca el acuerdo es asegurar el consumo de los pa&iacute;ses m&aacute;s enriquecidos de la UE, como Alemania o Pa&iacute;ses Bajos, cuyas emisiones per c&aacute;pita de gases de efecto invernadero son de las m&aacute;s altas de la UE y del mundo &ndash;y m&aacute;s lo ser&iacute;an si se contaran las emisiones hist&oacute;ricas o las ligadas al consumo en lugar de a la producci&oacute;n anual, que es como se suele medir&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Resulta poco cre&iacute;ble que apelen a la solidaridad quienes no hace mucho se la negaron a los Estados del sur de la Uni&oacute;n Europea (recordemos aquel acr&oacute;nimo que nos dedicaron: PIGS), exigiendo fuertes ajustes estructurales porque eran &ldquo;vagos y despilfarradores&rdquo; frente a la &ldquo;frugalidad&rdquo; de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos. Este es el momento de demostrar esta frugalidad en los pa&iacute;ses de la UE que m&aacute;s se han enriquecido y que m&aacute;s emisiones de gases de efecto invernadero han generado. Son quienes deben hacer los mayores esfuerzos de cambio, de reducci&oacute;n del consumo, de transformaci&oacute;n de sus sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Por eso tampoco cabe pedir que el Estado espa&ntilde;ol se convierta en el <em>hub </em>del gas de la UE por cuestiones de &ldquo;solidaridad&rdquo;. No es el momento clim&aacute;tico de incrementar las importaciones de Gas Natural Licuado (GNL), m&aacute;s caro y perjudicial para el clima, para hacer funcionar las regasificadoras a plena potencia y justificar la apertura de aquella considerada en el 2012 por el CNE no necesaria para el suministro estatal. No es el momento de resucitar el MidCat en base a futuribles como el hidr&oacute;geno &ldquo;verde'', ni de construir nuevos gasoductos de coste multimillonario entre pa&iacute;ses. Tampoco es solidario convertir una parte importante del territorio peninsular, pasando por encima de la agricultura y la conservaci&oacute;n de los ecosistemas, en un captador de energ&iacute;as renovables para generar hidr&oacute;geno &rdquo;verde&ldquo; que sostenga el consumo energ&eacute;tico de los pa&iacute;ses &rdquo;frugales&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, coincidimos con la UE y los Gobiernos alem&aacute;n o espa&ntilde;ol en que necesitamos solidaridad, y mucha. Una solidaridad, en primer lugar, entre clases sociales, con aquellas personas que sufren pobreza energ&eacute;tica. Es urgente asegurar que todo el mundo tenga sus requerimientos b&aacute;sicos energ&eacute;ticos cubiertos; recordemos que ya hay gente que cada invierno sufre las consecuencias del fr&iacute;o. Estamos sufriendo una grave emergencia clim&aacute;tica, con terribles repercusiones ambientales y sociales. Repercusiones muy desiguales seg&uacute;n el nivel de renta. No hay m&aacute;s que ver qui&eacute;nes est&aacute;n sufriendo m&aacute;s las sucesivas olas de calor: aquellas personas que no tienen aire acondicionado ni piscina, quienes tienen que trabajar bajo un sol abrasador (parad&oacute;jicamente, aquellas cuyos niveles de consumo producen menos emisiones de gases de efecto invernadero).
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n una solidaridad entre Estados, pero con una mirada larga, que abarque al conjunto del planeta. Desde este marco, no se puede olvidar que los pa&iacute;ses de la UE est&aacute;n entre los principales emisores hist&oacute;ricos, per c&aacute;pita y actuales del planeta.&nbsp;Los mismos pa&iacute;ses que, insolidariamente (inhumanamente), cierran sus fronteras a quienes huyen de hambre, pobreza o sequ&iacute;as. Desde esta perspectiva, la UE, toda la UE, tiene que hacer una dr&aacute;stica dieta f&oacute;sil.
    </p><p class="article-text">
        No olvidemos tampoco que la mayor parte del consumo de gas es atribuible a los sectores industriales, quienes siguen mostrando enormes resistencias al cambio necesario. Aqu&iacute; se pueden nombrar algunas de las grandes multinacionales espa&ntilde;olas, a las que pedimos que se sumen a la ola de solidaridad que emana de la UE y se aprieten el cintur&oacute;n en cuanto al consumo de gas y otros combustibles f&oacute;siles que ya escasean. Eso s&iacute;, sin trasladar sus repercusiones a la poblaci&oacute;n m&aacute;s vulnerabilizada.
    </p><p class="article-text">
        La emergencia clim&aacute;tica no es un hallazgo del &uacute;ltimo lustro. El pico de los combustibles f&oacute;siles tampoco nos pilla por sorpresa, y va mucho m&aacute;s all&aacute; de una consecuencia coyuntural de la guerra en Ucrania. La necesidad de reducci&oacute;n del consumo de energ&iacute;a f&oacute;sil no ha aparecido en 2022, lleva tiempo siendo demandada. Tampoco es nueva la enorme dependencia de la UE de la compra de crudo a pa&iacute;ses que vulneran derechos humanos, hoy es Rusia, pero ayer lo fueron Arabia Saud&iacute;, Azerbaijan, Argelia y una larga lista. El movimiento ecologista lo lleva se&ntilde;alando d&eacute;cadas, exigiendo adem&aacute;s justicia clim&aacute;tica, por la cual son aquellos pa&iacute;ses m&aacute;s enriquecidos, que m&aacute;s cambio clim&aacute;tico han provocado, a quienes corresponde realizar los mayores esfuerzos: que obliguen a sus grandes empresas a poner los derechos ambientales de las personas y el resto de seres vivos por encima de sus beneficios. Sin embargo, COP del Clima tras COP del Clima, los acuerdos de reducci&oacute;n siguen estando muy lejos de lo que indica la ciencia, sin olvidar que en muchos casos su aplicaci&oacute;n ha sido un gran fracaso.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Winter is coming&rdquo;, s&iacute;, pero nunca es tarde para actuar. En ese hacer, la solidaridad y la reducci&oacute;n del consumo son fundamentales. Pero m&aacute;s all&aacute; del invierno de 2022, el problema es la crisis ecol&oacute;gica y social a la que nos enfrentamos. Una crisis que, adem&aacute;s, sufren mucho m&aacute;s fuera de Europa. Por eso lo solidario &ndash;y efectivo&ndash; es cambiar definitivamente el modelo de producci&oacute;n y consumo. Y que el mayor esfuerzo lo realicen quienes m&aacute;s responsabilidad han tenido en la creaci&oacute;n de este problema. De otra manera, se seguir&aacute;n poniendo parches (poco solidarios) que se abrir&aacute;n en la siguiente crisis coyuntural dejando un margen de maniobra menor (o inexistente).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Gros, Luis Rico, Javier Andaluz, Luis González Reyes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gas-solidaridad-mal-entendida-ue_129_9221606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Aug 2022 20:14:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gas y la solidaridad mal entendida de la UE]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gas,Energía,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cumbre del clima en Katowice: distinta ciudad, misma historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cumbre-katowice-distinta-ciudad-historia_132_1783767.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5acc7db7-c2f0-4082-8715-b313b3d0e606_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cumbre del clima en Katowice: distinta ciudad, misma historia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudadanía global es responsable de generar emisiones, pero no de la incompetencia de líderes políticos más empeñados en defender intereses económicos que el bien común</p><p class="subtitle">El resultado, como era de esperar, es la huida hacia delante de la cumbre climática. Lo cuál es excesivamente grave si asumimos que solo quedan 12 años para actuar</p></div><p class="article-text">
        Termina la cumbre del clima en Katowice, la conocida como COP24, que aunque no ha tenido la visibilidad que si gan&oacute; la cumbre de Par&iacute;s su trascendencia era igual o mayor. Esta cumbre que deb&iacute;a cerrar y concretar el compromiso de mantener el incremento de la temperatura global muy por debajo de los 2 &ordm;C y a ser posible en 1,5 &ordm;C cierra nuevamente en falso. Y ya van 3 cierres as&iacute; desde que se aprobase el Acuerdo de Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Era obvio a priori, la insuficiencia de tiempo para la negociaci&oacute;n, ya que la falta de textos de los anteriores encuentros era una pesada losa para el avance de las negociaciones. Prueba de ello, es c&oacute;mo muchas primeras versiones salieron durante el encuentro de Bangkok de septiembre, que tuvo que ser fijado de forma extraordinaria cuando la cumbre de Bonn de mayo no adelant&oacute; todo el trabajo necesario.
    </p><p class="article-text">
        El avance que era previsible es el conocido como libro de reglas que b&aacute;sicamente son las partes m&aacute;s t&eacute;cnicas, influidas enormemente por las necesidades de contabilidad y cient&iacute;ficas y que se basaba en anteriores decisiones de la COP y de los protocolos del IPCC. Aunque este libro si que deber&iacute;a haber recogido una serie de decisiones pol&iacute;ticas en materia de adaptaci&oacute;n, financiaci&oacute;n e incremento de la ambici&oacute;n, pero son precisamente estos art&iacute;culos los que han ca&iacute;do de la redacci&oacute;n final. Podemos afirmar que el libro de reglas se convierte finalmente en un protocolo de contabilidad de emisiones al olvidar incluir como se financiar&aacute; la lucha clim&aacute;tica y c&oacute;mo se ajustar&aacute;n los compromisos de reducci&oacute;n a los niveles necesarios.
    </p><p class="article-text">
        Aquella foto triunfalista que cop&oacute; las portadas de todos los peri&oacute;dicos mundiales bajo el titular &ldquo;acuerdo hist&oacute;rico global&rdquo; empieza a desdibujarse. La evaluaci&oacute;n de muchas organizaciones como Ecologistas en Acci&oacute;n, ya dijeron que era un acuerdo de m&iacute;nimos que dejaba a la mera voluntad de los pa&iacute;ses actuar o no. Es fr&iacute;volo hablar desde la &oacute;ptica de la legislaci&oacute;n internacional de una cuesti&oacute;n que tiene y tendr&aacute; incidencia directa sobre la vida de la mayor parte de la poblaci&oacute;n. La realidad es que estas conversaciones clim&aacute;ticas son, en el fondo, una partida de ajedrez con palabras donde escoger un verbo u otro marca una diferencia abismal. En este sentido decidir entre si tomamos nota, consideramos, aceptamos o adoptamos, puede ser una lucha pol&iacute;tica que bloquee la aprobaci&oacute;n de un acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Evaluar los documentos finales deber&iacute;a ser la &uacute;nica prueba de &eacute;xito o fallo de estas cumbres. M&aacute;s all&aacute; de se&ntilde;alar con el dedo a pa&iacute;ses como Arabia Saud&iacute; y Estados unidos que se niegan a adoptar las conclusiones del IPCC y eliminan el &uacute;nico art&iacute;culo que merec&iacute;a la pena. O visibilizar como Brasil se esfuerza en bloquear algunos mecanismos que aunque no son el camino adecuado para frenar el cambio clim&aacute;tico, suponen un problema para los planes de tala del Amazonas del nuevo gobierno brasile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro el mensaje que el IPCC dio en octubre, sino se produce un descenso dr&aacute;stico e inmediato de las emisiones globales todo el planeta sufrir&aacute; graves consecuencias. Como mediterr&aacute;neos acostumbrados a la sequ&iacute;a, sabemos y vemos como estas cada d&iacute;a se incrementan m&aacute;s, as&iacute; como la duraci&oacute;n y la intensidad de las olas de calor. Unas consecuencias que se agravar&aacute;n, y se duplicar&aacute;n si en vez de 1,5 &ordm; la temperatura se incrementa por encima de los 2 &ordf;C, &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; a 3,5 &ordm;C que es la temperatura m&iacute;nima a la que nos conducen los compromisos asumidos hasta la fecha?
    </p><p class="article-text">
        Probablemente en el imaginario de algunos pa&iacute;ses, esto no sea demasiado problema debido a sus bajas temperaturas. Este pensamiento es enormemente err&oacute;neo, ya que no considera que la temperatura del planeta es una forma de medir la energ&iacute;a de la atm&oacute;sfera. M&aacute;s energ&iacute;a en la atm&oacute;sfera no solo es mayor calor, sino que los eventos meteorol&oacute;gicos sean m&aacute;s intensos, las lluvias torrenciales son una clara muestra de ello. Empiezan a experimentarse fen&oacute;menos como los incendios forestales que hasta el momento no eran frecuentes.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que las alarmas ya no pueden ser ignoradas los resultados de las negociaciones clim&aacute;ticas son bipolares, por no decir esquizofr&eacute;nicos, mientras el IPCC recrudece su terminolog&iacute;a dando rangos de alta confianza a las hip&oacute;tesis m&aacute;s duras en las COP se hace lo contrario. Los enunciados que deber&iacute;an tener fuerza usando expresiones como decide, reitera o ratifica usa expresiones enormemente blandas. Lo curioso es que el uso de estas expresiones blandas se convierten a medida que transcurren las negociaciones y el cansancio de los d&iacute;as, en el menor de los males.
    </p><p class="article-text">
        La tradici&oacute;n de las COP manda que el pen&uacute;ltimo d&iacute;a antes del cierre, haya un texto que aunque no satisface a todos tiene expresiones salvables. Desde la publicaci&oacute;n de este texto a conocer el definitivo pasan d&iacute;as en los que se va generando un eterno rumor de que saldr&aacute; de forma inmediata. As&iacute;, tras el cansancio de llevar horas cargando una p&aacute;gina web para ver si se ha avanzado, se presenta la versi&oacute;n definitiva que ya ha eliminado cualquier s&iacute;ntoma de ambici&oacute;n. Durante esta COP la peor de las omisiones fue las gigatoneladas que deb&iacute;an alcanzarse en 2030 seg&uacute;n el IPCC.
    </p><p class="article-text">
        El resultado, como era de esperar, es la huida hacia delante de la cumbre clim&aacute;tica. Lo cu&aacute;l es excesivamente grave si asumimos que solo quedan 12 a&ntilde;os para actuar. Aunque el ex negociador jefe de Arabia Saud&iacute; represente precisamente el problema de la lucha clim&aacute;tica, quiz&aacute; no vaya tan desencaminado cuando se mofa indignamente de todos los participantes de la cumbre manifestando que el Acuerdo de Par&iacute;s est&aacute; muerto.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a global es responsable de generar emisiones, pero no de la incompetencia de l&iacute;deres pol&iacute;ticos m&aacute;s empe&ntilde;ados en defender intereses econ&oacute;micos que el bien com&uacute;n, forz&aacute;ndonos a ser los c&oacute;mplices necesarios. Por ello, los representantes de la sociedad civil decidieron sentarse en las escaleras del plenario para escuchar a los afectados y a quienes, desde las l&iacute;neas de la lucha de g&eacute;nero e ind&iacute;gena, subrayaban que demandaremos justicia clim&aacute;tica. Frente a su temeraria pasividad, nos levantaremos siempre para proteger la existencia de un futuro digno para todas las personas del planeta, sin olvidar que el 10% de los m&aacute;s ricos son responsables del 50% de nuestras emisiones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Andaluz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cumbre-katowice-distinta-ciudad-historia_132_1783767.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Dec 2018 20:43:26 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Cumbre de Marrakech, un freno a la lucha contra el cambio climático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cumbre-marrakech-freno-cambio-climatico_132_3719855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab42c763-030d-4825-a9b1-52634c5b5529_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Cumbre de Marrakech, un freno a la lucha contra el cambio climático"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cumbre de Marrakech se cierra con la única decisión de posponer la lucha climática más allá de 2018.</p><p class="subtitle">La elección de Donald Trump se convierte en la gran cortina de humo que disimula la falta de ambición de los líderes mundiales.</p><p class="subtitle">De nuevo la sociedad civil se ve desamparada frente a los grandes intereses de las empresas de combustibles fósiles.</p></div><p class="article-text">
        El Acuerdo de Par&iacute;s se cerraba hace casi un a&ntilde;o, culmin&aacute;ndose el trabajo que desde 2009 se estaba realizando para dar un sucesor al Protocolo de Kioto. Se buscaba un acuerdo que fuera capaz de acelerar la lucha contra el cambio clim&aacute;tico ante el bloqueo que supuso la cumbre de Copenhague. Durante este &uacute;ltimo a&ntilde;o han sido constantes los anuncios sobre el impulso que determinados pa&iacute;ses quer&iacute;an dar a esta lucha clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por fin, el pasado 4 de noviembre entraba en vigor el Acuerdo de Par&iacute;s al haberse alcanzado el n&uacute;mero de adhesiones necesarias. Se ha convertido en el primer acuerdo internacional que es ratificado en menos de un a&ntilde;o. Un r&eacute;cord atribuible a la diplomacia francesa que fue capaz de pactar las indefiniciones necesarias para que no supusiera mucho problema a ninguno de los pa&iacute;ses. As&iacute;, la palabra descarbonizaci&oacute;n desaparece del texto oficial, en gran medida por las presiones de estados petroleros como Arabia Saud&iacute;, cuyos negociadores son incapaces de reconocer la necesidad de mantener el 80% de los combustibles f&oacute;siles bajo el suelo.
    </p><p class="article-text">
        Los compromisos puestos sobre la mesa a d&iacute;a de hoy nos dirigen a un calentamiento de m&aacute;s de 3,5&ordm;C, el doble de lo que el IPCC establece como clim&aacute;ticamente seguro. Por ello, resulta imprescindible incrementar los compromisos a la mayor brevedad posible para ajustarnos al camino descrito por la ciencia. Es la &uacute;nica manera de poder alcanzar el objetivo del acuerdo de Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un a&ntilde;o perdido</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las buenas palabras escuchadas a lo largo de este a&ntilde;o contrastan con la inacci&oacute;n de Marrakech. Prueba de ello es que el proceso que culmin&oacute; en Par&iacute;s fue precedido de cinco reuniones entre sesiones, mientras que a lo largo de este a&ntilde;o solo se ha producido una de estas reuniones. Una falta de trabajo que ha sido sustituida por actos para la foto oficial y grandes compromisos sin correspondencia con acciones concretas.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, no es extra&ntilde;o que en la pasada COP22 no se hayan producido avances significativos. De hecho, los textos finales reconocen que ha sido imposible alcanzar un acuerdo en esta cumbre y que cualquier toma de decisiones se pospone a 2018. Una pasividad que contrasta con las declaraciones de Ban Ki-moon al se&ntilde;alar la enorme urgencia de frenar el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Era fundamental que en esta cumbre se hubiesen cerrado asuntos como la financiaci&oacute;n de la lucha clim&aacute;tica. Se esperaba definir una hoja de ruta para disponer los 100.000 millones de d&oacute;lares anuales para el fondo verde, o el desarrollo de un fondo que permitiera afrontar las p&eacute;rdidas y los da&ntilde;os. Sin embargo, como qued&oacute; patente en el &uacute;ltimo plenario, estamos todav&iacute;a muy lejos de poder concluir estos debates, ya que los pa&iacute;ses enriquecidos no parecen dispuestos a articular los mecanismos necesarios para la provisi&oacute;n de fondos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n resultaba llamativo que en torno a la cumbre hubiese numerosos expositores que mostraban como soluci&oacute;n tecnolog&iacute;as y actuaciones que son solo un parche para seguir sin que nada sustancial cambie. Parece que el que sale victorioso de esta cumbre es una vez m&aacute;s el modelo econ&oacute;mico capitalista, que no es sino la ra&iacute;z del problema. El lavado verde resulta cada vez m&aacute;s evidente, en especial a trav&eacute;s de una importante presencia de las empresas que superaron en n&uacute;mero a los representantes de la sociedad civil.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de estos representantes empresariales es la promoci&oacute;n de falsas soluciones que no han demostrado su eficacia para luchar contra el cambio clim&aacute;tico, como la captura y el almacenamiento de carbono, la especulaci&oacute;n sobre bosques y sumideros o la financiarizaci&oacute;n de la lucha clim&aacute;tica. Mientras que aspectos como los derechos humanos, la justicia clim&aacute;tica o la responsabilidad hist&oacute;rica son sistem&aacute;ticamente ignorados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La larga sombra de Trump</strong>
    </p><p class="article-text">
        La falta de noticias sobre los avances ha sido sustituida por la elecci&oacute;n de Trump. Esta ha ocupado un lugar central en Marrakech, donde hemos escuchado a numerosas autoridades pol&iacute;ticas hablando sobre si esto impedir&iacute;a de alguna forma la lucha contra el cambio clim&aacute;tico. Solamente Fran&ccedil;oise Hollande dejaba entrever que el problema no era que los estadounidenses hubiesen elegido a Trump, sino que no exist&iacute;an las medidas oportunas para impedir que los incumplimientos saliesen gratis.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n, las medidas de limitaci&oacute;n del comercio global parecen una l&iacute;nea roja que la Convenci&oacute;n Marco de Naciones Unidas para el Cambio Clim&aacute;tico no est&aacute; dispuesta a cruzar. Esto imposibilita la efectividad del Acuerdo de Par&iacute;s cuya &uacute;nica capacidad real de presi&oacute;n consiste en se&ntilde;alar a los incumplidores, sin mayores consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el caso estadounidense tenga vital importancia, existen muchos pa&iacute;ses que carecen de la autoridad suficiente como para dar ejemplo en la lucha clim&aacute;tica. Este es el caso del Gobierno espa&ntilde;ol, que a pesar de repetir hasta la saciedad que cumplir&iacute;an los compromisos internacionales no han presentado hasta el momento ninguna hoja de ruta que permita alcanzar tal objetivo. Resultan incluso cuestionables los compromisos espa&ntilde;oles, ya que somos de los pocos pa&iacute;ses de nuestro entorno que podremos seguir incrementando nuestro impacto clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La respuesta vendr&aacute; de la sociedad civil</strong>
    </p><p class="article-text">
        El anuncio de los pa&iacute;ses m&aacute;s vulnerables sobre su incremento de ambici&oacute;n como &uacute;nica forma de garantizar su propia supervivencia es una de las pocas excepciones a esta situaci&oacute;n deprimente. El resto de discursos han sido claramente ambiguos, mientras las posiciones reales han conseguido bloquear el correcto desarrollo de los grupos de trabajo. La tan prometida lucha clim&aacute;tica, parece cada d&iacute;a m&aacute;s lejos de convertirse en una realidad.
    </p><p class="article-text">
        Nos quedamos sin tiempo para actuar. A pesar de ello, las negociaciones internacionales parecen buscar m&aacute;s el modo de dilatar la lucha contra el calentamiento global, lo que hace dif&iacute;cil que las cumbres del clima sean parte de la soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En su lugar, la sociedad civil reclama cada vez m&aacute;s su labor como aut&eacute;nticos agentes del cambio. As&iacute; qued&oacute; patente en las cumbres alternativas que se sucedieron. Unas cumbres que sufrieron gran cantidad de ataques por parte del Gobierno marroqu&iacute;, y en especial a las organizaciones del pa&iacute;s que vieron revocada su personalidad jur&iacute;dica meses antes de la COP. Es necesario renovar el impulso de las redes internacionales que ponen en el centro el concepto de justicia clim&aacute;tica y cuyos esfuerzos ya est&aacute;n demostrando que es posible vivir en un mundo que respete los l&iacute;mites planetarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Andaluz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/cumbre-marrakech-freno-cambio-climatico_132_3719855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Nov 2016 20:58:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Cumbre de Marrakech, un freno a la lucha contra el cambio climático]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bioenergía ¿ángel o demonio?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/bioenergias_132_3828167.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61dafcbf-0241-4a45-93a6-a837f6c0ebd0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bioenergía ¿ángel o demonio?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una apuesta que intenta alargar el modelo fósil actual sustituyendo el petróleo por materiales de origen biológico, sin considerar los impactos en materia climática y alimentaria</p><p class="subtitle">La biomasa no es ni ángel ni demonio, es un ejemplo más de cómo debemos de cambiar la lógica de la explotación de los recursos a una visión más holística que trate la materia orgánica de una forma integrada y circular, y no como una mero recurso agrícola o material o energético</p></div><p class="article-text">
        Ante las crisis energ&eacute;tica, clim&aacute;tica o las recurrentes crisis financieras y econ&oacute;micas, se van alzando distintos sectores que quieren dar un impulso al aprovechamiento energ&eacute;tico de diferentes tipos de materia org&aacute;nica (agrocombustibles, biomasa para producci&oacute;n de calor o electricidad, etc.). Pero se corre el riesgo de seguir las mismas l&oacute;gicas que nos han tra&iacute;do a la situaci&oacute;n actual: maximizar el beneficio en el corto plazo, modelos de explotaci&oacute;n intensivos de ecosistemas, apuesta por complejas tecnolog&iacute;as y grandes escalas industriales, o desatenci&oacute;n a los l&iacute;mites materiales del planeta. Una apuesta que intenta alargar el modelo f&oacute;sil actual sustituyendo el petr&oacute;leo por materiales de origen biol&oacute;gico, sin considerar los impactos en materia clim&aacute;tica y alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente la biomasa ha sido clave para la alimentaci&oacute;n humana y animal, en las labores agrarias, como combustible para hogares y peque&ntilde;as industrias; y aportando material para la construcci&oacute;n o la fabricaci&oacute;n de herramientas. Durante milenios la producci&oacute;n de residuos org&aacute;nicos era anecd&oacute;tica, ya que los subproductos agr&iacute;colas eran tambi&eacute;n alimento y cama para el ganado, fertilizantes naturales para los cultivos, dentro de un ciclo cerrado de materia alimentado por la energ&iacute;a del sol. Estos ciclos se rompieron con la industrializaci&oacute;n de la agricultura y ganader&iacute;a, cuya consecuencia ha sido la degradaci&oacute;n de los ecosistemas y el calentamiento global. A modo de ejemplo, mientras ha crecido el riesgo de incendios por, entre otros motivos, el menor pastoreo de una menguante ganader&iacute;a extensiva, la acumulaci&oacute;n de residuos de la ganader&iacute;a industrial contamina cauces de agua e inutiliza acu&iacute;feros. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la industrializaci&oacute;n agr&iacute;cola ha a&ntilde;adido la capacidad de transformar muchos aceites, cereales o biomasa forestal/le&ntilde;osa en combustibles s&oacute;lidos y l&iacute;quidos. Estas aplicaciones han sido defendidas por muchos sectores como neutras en t&eacute;rminos clim&aacute;ticos. Sin embargo, este planteamiento &ndash;que obviaba todas las emisiones asociadas a la forma de producci&oacute;n de estos recursos&ndash; se ha demostrado falso. Un impacto que se ve aumentando en los principales pa&iacute;ses de origen de estas materias primas, donde una gran cantidad de los nuevos territorios dedicados a la producci&oacute;n de la palma aceitera y soja <a href="http://www.carrodecombate.com/2016/09/12/indonesia-el-paraiso-de-la-diversidad-arrasado-por-la-palma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">han sido arrebatados</a> a la selva o a las turberas, y en muchos casos a trav&eacute;s de grandes incendios forestales. Este cambio de la selva a las plantaciones disminuye la cantidad de CO2 que el territorio es capaz de fijar, adem&aacute;s de sumar anualmente las emisiones resultantes de la roturaci&oacute;n y el manejo de las explotaciones de agrocombustibles.
    </p><p class="article-text">
        A la deforestaci&oacute;n directamente atribuible a nuevas plantaciones energ&eacute;ticas hay que sumarle, adem&aacute;s, la que se produce para cultivar alimentos que han sido desplazados de zonas tradicionales agr&iacute;colas, dedicadas de manera creciente a cultivos destinados a la producci&oacute;n de energ&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Falsa neutralidad clim&aacute;tica</h3><p class="article-text">
        Esta falsamente auto-atribuida neutralidad clim&aacute;tica, constituy&oacute; el principal argumento para que se considerasen dentro de los objetivos de reducci&oacute;n de las emisiones de GEI de la UE. A pesar de una reciente reducci&oacute;n de su posible contribuci&oacute;n al mix energ&eacute;tico renovable europeo, <a href="http://www.ecologistasenaccion.org/article32350.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se estima</a> que de cumplir con el objetivo previsto para 2020 las emisiones del transporte europeo aumenten en un 4%, el equivalente a 12 millones de veh&iacute;culos adicionales en nuestras carreteras, &uacute;nicamente por la inclusi&oacute;n de los denominados biocarburantes/agrocombustibles de primera generaci&oacute;n dentro de los objetivos.
    </p><p class="article-text">
        Son muchas las limitaciones que tienen estas formas de energ&iacute;a, pero es cierto que pueden suponer alternativas sostenibles dentro de un mix energ&eacute;tico renovable y descentralizado. La aplicaci&oacute;n de una l&oacute;gica basada en los l&iacute;mites planeta al uso energ&eacute;tico de la materia org&aacute;nica puede definir claves que ayuden a avanzar hacia otro modelo energ&eacute;tico. 
    </p><h3 class="article-text">Integrar la materia org&aacute;nica en modelos sostenibles</h3><p class="article-text">
        Frente a subastas energ&eacute;ticas que premian modelos de concentraci&oacute;n bajo criterios economicistas se debe orientar la transici&oacute;n energ&eacute;tica hacia modelos de peque&ntilde;a escala basados en la extracci&oacute;n de biomasa bajo criterios ecol&oacute;gicos y ecosist&eacute;micos. En el caso de las masas forestales, ya existen ejemplos en marcha como los de las comarcas catalanas de El Llucan&eacute;s o la Cerdanya, donde han apostado por el uso de biomasa local para calentar domicilios, negocios y equipamientos p&uacute;blicos de la comarca. Una apuesta que surge del rechazo del modelo f&oacute;sil que proyectaba centrales t&eacute;rmicas de biomasa, por, entre otros motivos, ofrecer peores condiciones de compra de la biomasa a los propietarios forestales; mostrando con ello las sinergias positivas entre sostenibilidad, cadenas cortas de producci&oacute;n-consumo y desarrollo rural.
    </p><p class="article-text">
        Integrar los diferentes usos de la biomasa (alimentario, energ&eacute;tico, material), siguiendo el principio de uso en cascada de residuos, es una pieza fundamental para reducir el impacto propio de los grandes sectores econ&oacute;micos. Por ejemplo, la utilizaci&oacute;n de subproductos como la poda para usos t&eacute;rmicos o el compostaje de los alperujos en la Cooperativa Olivarera de Los Pedroches (C&oacute;rdoba) consigue reducir no solo la cantidad de residuos que generan sino ahorros directos a los cooperativistas. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n existen modelos de gesti&oacute;n ganadera como el de la cooperativa de vacuno l&aacute;cteo Crica en Megeces (Valladolid) cuyo modelo de explotaci&oacute;n ecol&oacute;gica no solo evita el sobrepastoreo o mejora la calidad de los suelos aprovechados, sino que adem&aacute;s reactiva una econom&iacute;a local y evita la importaci&oacute;n de soja y piensos para la alimentaci&oacute;n animal. Son muchos m&aacute;s los ejemplos como estos que recogen el <a href="http://www.ecologistasenaccion.org/article9902.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuadernillo buenas pr&aacute;cticas para el clima</a> en el aprovechamiento de diferentes tipos de biomasa de Ecologistas en Acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aun integrando estos criterios de sostenibilidad no podemos obviar la necesidad de reducir el consumo energ&eacute;tico, la producci&oacute;n de energ&iacute;a de origen biol&oacute;gico no puede cubrir la demanda f&oacute;sil actual. En este sentido debemos de abordar qu&eacute; usos son viables y cu&aacute;les otros ahondan todav&iacute;a m&aacute;s en la huida hacia delante de un modelo caduco. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras sabemos que los agrocombustibles pueden ser fundamentales para adaptar sectores de dif&iacute;cil sustituci&oacute;n tecnol&oacute;gica, como el de la aviaci&oacute;n y el tr&aacute;fico mar&iacute;timo internacional, el destino mayoritario de los agrocombustibles es el del veh&iacute;culo privado. De esta manera se est&aacute; masificando un agrodi&eacute;sel con un potencial de calentamiento global 2,5 veces mayor que el gasoil f&oacute;sil. Un debate que se complica m&aacute;s al reflexionar sobre el papel clave de la materia org&aacute;nica en un futuro para la sustituci&oacute;n de derivados del petr&oacute;leo como pl&aacute;sticos o disolventes, material de construcci&oacute;n,&hellip;.
    </p><p class="article-text">
        La biomasa no es ni &aacute;ngel ni demonio, es un ejemplo m&aacute;s de c&oacute;mo debemos de cambiar la l&oacute;gica de la explotaci&oacute;n de los recursos a una visi&oacute;n m&aacute;s hol&iacute;stica que trate la materia org&aacute;nica de una forma integrada y circular, y no como una mero recurso agr&iacute;cola o material o energ&eacute;tico. Muchas de las respuestas est&aacute;n ya sobre la mesa, y parte de la biomasa entra en esa respuesta. No necesitamos inventar nada nuevo sino apostar por anteponer la preservaci&oacute;n de los ecosistemas y los equilibrios que permiten la vida a los caprichos del metabolismo de una humanidad petroadicta, &uacute;nica forma de garantizar la existencia de un futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Andaluz, Abel Estebán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/bioenergias_132_3828167.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Oct 2016 18:02:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bioenergía ¿ángel o demonio?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Biomasa]]></media:keywords>
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