<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Pau Belda Tortosa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pau_belda_tortosa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pau Belda Tortosa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/514655/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos los caminos no llevan a Roma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/caminos-llevan-roma_132_3794919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>&ldquo;La batalla por la nacionalidad es la batalla por la hegemon&iacute;a&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        M. Billig
    </p><p class="article-text">
        Una de las hip&oacute;tesis fuertes que hemos venido manejando proclamaba que el desaf&iacute;o no era tanto el programa como el sujeto. Que el momento requer&iacute;a una pol&iacute;tica cuyo reto central era constituir lo que se aspiraba a representar. Esto consist&iacute;a en construir un nuevo puzle a partir de piezas que hab&iacute;an perdido su ubicaci&oacute;n en lo social &ndash;clases medias empobrecidas, universitarios emigrados, parados de larga duraci&oacute;n, j&oacute;venes instruidos en los trabajos de la burbuja, etc.-. La tarea fundamental era, pues, dar forma y nombre a una nueva identidad pol&iacute;tica inclusiva que inaugurase un nuevo orden.  
    </p><p class="article-text">
        Pensar este paradigma en el Pa&iacute;s Valenciano no era cosa sencilla. El diagn&oacute;stico que lanzamos se&ntilde;alaba que la cuesti&oacute;n identitaria habitaba en una especie de &aacute;ngulo muerto, gobernando desde la sombra. Hab&iacute;a que poner luces sobre ella: uno de los pilares que hab&iacute;a apuntalado el dominio del PP era su monopolio de lo valenciano. En cierto modo, el PP hab&iacute;a actuado como el &uacute;nico concesionario de valencianidad &ndash; esto es, de determinar qui&eacute;n era leal para con la Comunitat-. Esa maniobra ten&iacute;a la virtud de atesorar para s&iacute; la piedra filosofal: mientras el PP retuviese el privilegio de definir qu&eacute; era lo bueno para la Comunitat, continuar&iacute;a determinando las reglas del juego. Dicho diferente: continuar&iacute;a mandando, a&uacute;n desde la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El reto no era menor: hab&iacute;a que romper un candado oxidado durante 30 a&ntilde;os que imped&iacute;a hablar de lo valenciano sin entrar en un laberinto de etiquetas y colores del que dif&iacute;cilmente se pod&iacute;a salir vivo. Tal candado hab&iacute;a mantenido &ldquo;a la lluna de Val&egrave;ncia&rdquo; a todas las oposiciones racionalistas. B&aacute;sicamente cab&iacute;an dos rutas. La primera era la estrategia del avestruz: intentar pasar de puntillas por el tema, pensando o bien que era demasiado espinoso para sacar algo en claro o que directamente no era relevante. La segunda ten&iacute;a que ver con un efecto boomerang: desbloquear lo identitario, aceptando una pluralidad leg&iacute;tima de elementos &ndash;como forma de integraci&oacute;n simb&oacute;lica de lo diferente- para recetar al PP su propia medicina: lo valenciano es lo contrario a ti (honrado vs. corrupto, trabajador vs. especulador, defender lo propio vs. subastarlo, etc.). Optamos por esta &uacute;ltima: pagar con la misma moneda &ndash;esto es, disputarle la hegemon&iacute;a- era la &uacute;nica forma de inaugurar un tiempo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        En eso, llevamos a&ntilde;o y pico en la Generalitat. Se ha pagado la dependencia, se han ampliado plazas escolares, se ha eliminado el copago, etc. Para ser una autonom&iacute;a con pocas competencias y menos dinero, la gesti&oacute;n est&aacute; siendo razonable. Y sin embargo, cada vez que se abren las urnas, se retrocede en votos a la par que el PP se recupera (con los matices que se quiera a la extrapolaci&oacute;n auton&oacute;micas &ndash; estatales). Aunque los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n del PP no cesan, afirmarse contra el PP (= corrupci&oacute;n) es una maniobra que ya est&aacute; mostrando sus l&iacute;mites. Adem&aacute;s de por el recuerdo decreciente, porque nos ata un pie en el tablero anterior (con un reparto de roles en el que el PP era el actor central que ordenaba el juego).
    </p><p class="article-text">
        Si el dise&ntilde;o de construirnos por oposici&oacute;n a un PPCV corrupto ya muestra sus l&iacute;mites y el modelo de &ldquo;buen gestor&rdquo; no sirve para alterar las fidelidades, &iquest;cu&aacute;les son las claves para avanzar? A nuestro entender hay dos elementos cr&iacute;ticos para pensar lo que viene:
    </p><p class="article-text">
        (1) Ganaremos cuando el cambio llegue al PP. En abstracto: tenemos que neutralizar la capacidad de confrontaci&oacute;n del adversario. En un ejemplo: el pluriling&uuml;ismo debe pasar de ser indigerible para el PP a ser como la educaci&oacute;n p&uacute;blica,  quiz&aacute;s desagradable en privado pero intocable en p&uacute;blico. Lo mismo es extensible a la gratuidad de la sanidad p&uacute;blica, la nueva RTVV, la futura racionalizaci&oacute;n de las diputaciones, etc. Esto significa que hay una tarea ardua de construir un pueblo (valenciano) que incluya (en parte) al PP. Al menos si queremos que no sea posible la marcha atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esto solo puede ser pensado como punto de llegada. La traves&iacute;a hacia esta exclusi&oacute;n de las grandes pol&iacute;ticas de los rifirrafes del d&iacute;a a d&iacute;a no es pac&iacute;fica: ser&aacute; un cambio obligado. Como m&iacute;nimo habr&iacute;a dos elementos sobre la mesa. El primero, no rehuir conflictos pero ser selectivos en los proyectos en los que damos batalla y hacerlo siempre aislando lo m&aacute;s antag&oacute;nico del PP. M&aacute;s ejemplos: las prohibiciones de los &ldquo;bous al carrer&rdquo; no son estrat&eacute;gicas y en cambio tienen capacidad de reagrupar al adversario; por el contrario, el dejar de pagar con dinero de todos la educaci&oacute;n cat&oacute;lica si es central y, al plantearse como igualdad de oportunidades, debe terminar siendo digerible por los sectores democr&aacute;ticos del PP. El segundo: esto va a requerir de un anti-1982. Si entonces el PSPV mand&oacute; a todos a casa para poder gobernar con tranquilidad, ahora se requiere un empuje social independiente de los partidos, capaz de tensionar y marcar agenda y ritmos. Para poder imaginar algo similar, debemos mimar la sociedad civil. La tutela ciudadana de l&rsquo;Acord del Bot&agrave;nic est&aacute; en su propio dise&ntilde;o inicial.
    </p><p class="article-text">
         (2) &iquest;C&oacute;mo actuamos ante la constataci&oacute;n de que no habr&aacute; gobierno amigo en Madrid? La relaci&oacute;n con Madrid no tiene que ver solo con lo que no nos dan (financiaci&oacute;n o infraestructuras) sino que cada vez m&aacute;s va a tener que ver con lo que no nos dejan hacer. Dicho r&aacute;pido: en la Comunitat tenemos mayor&iacute;as para aplicar pol&iacute;ticas modernas pero no solo no tenemos el dinero, tampoco las competencias. Otro ejemplo: con el bono cultural del 21% el aumento del paro de septiembre quiz&aacute; duele un poco menos, pero no desaparece. Y sin embargo, poco podemos hacer. Esto limita en s&iacute; la relevancia de los espacios donde gobernamos, pues parte de lo fundamental contin&uacute;a dirimi&eacute;ndose en Madrid. El horizonte parece n&iacute;tido: fortalecer el cambio pasa por reclamar m&aacute;s dinero y m&aacute;s competencias hacia las instituciones donde podemos desarrollar pol&iacute;ticas justas.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos del reto central se&ntilde;alado &ndash;constituir un nuevo pueblo-, esto apunta una evoluci&oacute;n posible: el eje de la oposici&oacute;n virar&iacute;a desde la corrupci&oacute;n del PPCV hacia el bloqueo de Madrid a las pol&iacute;ticas de cambio. Esta apuesta es, adem&aacute;s, reescalable a lo estatal. Si una de las claves de la gobernabilidad (territorial) espa&ntilde;ola ha sido la paz valenciana, dejar de ser moneda de cambio para ser pueblo nos traslada a un escenario de cambio. En otras palabras, desencajar desde Val&egrave;ncia el puzle territorial contribuye a hacer inviable en el medio plazo un presidente conservador en la Moncloa. Valga la paradoja: confrontar con Madrid (tambi&eacute;n) para cambiar Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Hacer que el cambio llegue al PP. Confrontar con Madrid para consolidar el cambio (tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a). Dos tareas de largo recorrido para que el camino iniciado en mayo de 2015 no solo no tenga marcha atr&aacute;s, sino que se despliegue hasta llegar a todas las personas y todos los lugares. <em>Guanyarem.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pau Belda es economista, miembro del Consejo Ciudadano de Podemos en la Comunitat Valenciana</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Belda Tortosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/caminos-llevan-roma_132_3794919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Oct 2016 09:32:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Todos los caminos no llevan a Roma]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
