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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Salcedo Ramos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_salcedo_ramos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Salcedo Ramos]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Seis apuntes sobre el proceso de paz en Colombia (cómo entender este país que nadie entiende)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/apuntes-proceso-colombia-entender-entiende_1_3788595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88c0c0f3-0c8b-4fa5-84c2-b8f3716d6179_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Seis apuntes sobre el proceso de paz en Colombia (cómo entender este país que nadie entiende)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Resulta difícil explicarles la situación de Colombia tras el plebiscito a los extranjeros. ¿Por qué presentamos en sociedad un acuerdo que aún no había sido refrendado por el pueblo? ¿Por qué el acuerdo, tan aplaudido en el resto del mundo, tiene tantos detractores internos?</p><p class="subtitle">Nuestros eternos contrasentidos nos llevan a ser el país de las represalias sin fin. Como aquellos disparan, estos también. Como hay víctimas de un lado, hay que procurar que las haya en el otro</p></div><h4 class="article-text">1. La guerra nuestra de cada d&iacute;a</h4><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>&iquest;Por qu&eacute; hemos tenido un conflicto armado tan prolongado en Colombia?
    </p><p class="article-text">
        Porque la hegemon&iacute;a bipartidista que se ha alternado en el poder durante la mayor parte de nuestra historia ha concedido muy pocos espacios a las minor&iacute;as y a las voces disidentes. Tal exclusi&oacute;n ha sido tan notoria que hasta el narcotraficante Pablo Escobar sol&iacute;a mencionarla en sus arengas. &ldquo;Lo &uacute;nico democr&aacute;tico que hay en Colombia es la muerte, y la democratic&eacute; yo porque conmigo s&iacute; se muere cualquiera&rdquo;, repet&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay otras razones que explican esa larga confrontaci&oacute;n armada: somos un pa&iacute;s de profundas desigualdades sociales en el que el 20% del ingreso est&aacute; en manos del 1% de la poblaci&oacute;n. Aqu&iacute; las disputas por la posesi&oacute;n de la tierra nunca se han resuelto. Las relaciones entre el poder central y los gobiernos regionales han estado predominantemente viciadas: a cambio de los votos que necesitan para apuntalarse en el poder, los gobernantes de la capital suelen dejar a su libre albedr&iacute;o a los de las provincias. Como consecuencia de la debilidad del Estado y su vac&iacute;o de legitimidad, han proliferado los <em>paraestados</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esos <em>paraestados</em> han utilizado las enormes ganancias derivadas del narcotr&aacute;fico para fortalecerse. Tal situaci&oacute;n hace m&aacute;s dif&iacute;cil que los actores del conflicto acepten opciones distintas a la guerra. Adem&aacute;s ha habido un largo historial de corrupci&oacute;n en los estamentos administrativos y castrenses, y han pesado mucho los intereses de la industria armamentista.
    </p><h4 class="article-text">2. Las cifras del horror</h4><p class="article-text">
        En el proceso de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se ha hablado m&aacute;s de las implicaciones pol&iacute;ticas que de los desastres ocasionados por la guerra.
    </p><p class="article-text">
        El Centro Nacional de Memoria Hist&oacute;rica public&oacute; un completo informe sobre el tema. Se trata de un esfuerzo notable porque el estudio, adem&aacute;s de revelar las cifras, propone una perspectiva hist&oacute;rica para entender el conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1958 y 2012 el conflicto armado caus&oacute; la muerte de 218.094 personas. El 81% de esos muertos, es decir, 177.307, son civiles. El 19% (40.787) son combatientes.
    </p><p class="article-text">
        Otras cifras aterradoras: entre 1970 y 2010 hubo 27.023 secuestrados; entre 1985 y 2012 hubo 5.712.506 v&iacute;ctimas de desplazamiento forzado. M&aacute;s de 11.000 personas perdieron la vida en masacres y m&aacute;s de 10.000 fueron v&iacute;ctimas de minas terrestres.
    </p><h4 class="article-text">3. Otra oportunidad. &iquest;Otra desilusi&oacute;n?</h4><p class="article-text">
        Ning&uacute;n colombiano nacido en los a&ntilde;os 60 sabe lo que es vivir en un pa&iacute;s sin guerra. Sometidos desde que nacimos por escuadrones armados de diversa &iacute;ndole, simplemente nos fuimos acostumbrando a convivir con la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro conflicto armado prosper&oacute; en medio de la negaci&oacute;n sistem&aacute;tica. Por un lado, del conflicto mismo. Y por el otro, de sus causas. Durante mucho tiempo se promovi&oacute; el argumento falaz de que en Colombia no hab&iacute;a guerra sino ej&eacute;rcitos de b&aacute;rbaros que, alimentados por el narcotr&aacute;fico, atentaban contra el establecimiento. Tambi&eacute;n era simplista pretender que las FARC&nbsp;fueran la causa y no la consecuencia de problemas sociales muy graves.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo la guerrilla fue percibida por nuestros gobernantes como un enemigo inofensivo, una horda pintoresca de hombres armados que andaban por all&aacute; lejos, en las selvas y en las monta&ntilde;as, es decir, en la periferia, atentando contra plebeyos ajenos al poder central.
    </p><p class="article-text">
        Empez&oacute; a existir cuando atac&oacute; a los privilegiados que la ignoraban. El hecho de que se haya deslegitimado ideol&oacute;gicamente por su barbarie no era motivo para negarle al pa&iacute;s la posibilidad de concertar con ese grupo una salida negociada, como intent&oacute; hacerlo Juan Manuel Santos en cuanto tom&oacute;&nbsp;posesi&oacute;n como presidente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Es verdad que durante el mandato de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez (2002-2010) las FARC&nbsp;fueron duramente golpeadas, pero tambi&eacute;n lo es que sobrevivieron tanto a ese Gobierno como a todos los anteriores. Todav&iacute;a ten&iacute;an capacidad de hacer da&ntilde;o, en especial a la poblaci&oacute;n civil, cuando Santos asumi&oacute; el poder, el 7 de agosto de 2010. Era leg&iacute;timo que despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os en una guerra infructuosa se buscara otra vez una salida negociada.
    </p><p class="article-text">
        Entonces hab&iacute;a razones para suponer que la desmovilizaci&oacute;n de las FARC&nbsp;ser&iacute;a un paso importante para procurar luego al desarme de los dem&aacute;s grupos armados. Una vez logrado ese objetivo resultar&iacute;a menos dif&iacute;cil combatir a fondo contra los males que le dieron origen al conflicto: la pobreza, la falta de oportunidades. En una palabra, acabar con nuestra eterna &ldquo;&eacute;poca de la violencia&rdquo; antes de que nuestra eterna &ldquo;&eacute;poca de la violencia&rdquo; acabe con nosotros.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que el acuerdo logrado entre el gobierno y las FARC&nbsp;no hubiera sido refrendado por el pueblo en el plebiscito del 2 de octubre dej&oacute; malherida esta nueva esperanza.
    </p><h4 class="article-text">4. Un pa&iacute;s de contradicciones</h4><p class="article-text">
        Colombia vive en un eterno c&iacute;rculo de contradicciones que nos llevan a un eterno callej&oacute;n sin salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre el tema que nos ocupa hemos afrontado una disyuntiva perversa: como tenemos un conflicto armado desde hace m&aacute;s de medio siglo, era necesario entablar negociaciones de paz. Pero como durante ese medio siglo se desarrollaron varios di&aacute;logos de paz infructuosos, era preciso que siguiera la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Como el conflicto armado perpetuo no conduc&iacute;a a ninguna parte, salvo a la debacle, hab&iacute;a que darle una oportunidad a la paz. Como las reiteradas oportunidades de paz no conduc&iacute;an a ninguna parte, salvo a nuevas frustraciones, hab&iacute;a que persistir en la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Los guerreristas nacionales y extranjeros que se lucran con el conflicto armado de Colombia siempre han encontrado pretextos para decir que los procesos de paz son inviables. Por eso crearon un proyecto de guerra para buscar soluciones a trav&eacute;s de la fuerza. El l&iacute;der del plan, &Aacute;lvaro Uribe, prometi&oacute; resolver el conflicto en los cuatro a&ntilde;os de su gobierno, y cuando se dio cuenta de que ser&iacute;a imposible impuls&oacute; una reforma constitucional que le permitiera hacerse reelegir durante cuatro a&ntilde;os m&aacute;s. En los ocho a&ntilde;os totales del mandato le asest&oacute; muchos golpes a la guerrilla, desde luego, pero no logr&oacute; liquidarla como prometi&oacute; insistentemente.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, como esa derecha recalcitrante hizo la guerra y no se acab&oacute; la guerra, lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que lo que se necesita es m&aacute;s guerra.
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        Con m&aacute;s guerra seguro se acaba la guerra, pero esa es una dicha que implica mayores gastos para la guerra. Entonces el nuevo presidente, Juan Manuel Santos, se pregunt&oacute; si no saldr&iacute;a menos caro buscar la paz. En ese punto varios prohombres de la derecha esgrimieron sus calculadoras y pusieron el grito en el cielo. &ldquo;&iquest;De d&oacute;nde van a salir los recursos para darle sostenibilidad a la seguridad y responder a los eventuales compromisos que se pacten en la mesa de negociaci&oacute;n?&rdquo;, terci&oacute; el exministro de Hacienda, &Oacute;scar Iv&aacute;n Zuluaga. Por su parte, el dirigente conservador Miguel G&oacute;mez se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;&rdquo;En diez a&ntilde;os la Ley de V&iacute;ctimas costar&aacute; cerca de 44.000 millones (de pesos colombianos, unos 15.000 millones de d&oacute;lares).&nbsp;El postconflicto puede ser m&aacute;s costoso que la misma guerra&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        De modo que la ultraderecha pretende condenarnos a seguir en guerra para que no sigamos en guerra. Dicho de otra manera, arruin&eacute;monos con la guerra, no sea que la paz vaya a arruinarnos.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso: sacan las cuentas de lo que costar&iacute;a la paz, pero jam&aacute;s hacen lo mismo para calcular el inmenso costo de la guerra. Que se sepa, el armamento que usa el Estado no es gratis. S&oacute;lo en un pa&iacute;s enfermo como Colombia hay que recordar en voz alta esta verdad de Perogrullo: la paz es menos cara que la guerra, y adem&aacute;s ahorra miles de muertos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien: tambi&eacute;n ha habido en Colombia una ultraizquierda que habla de paz pero simpatiza con guerrillas brutales capaces de exhibir las piernas de un soldado golpeado por una mina antipersona o de perpetrar ataques feroces en momentos en que hab&iacute;an declarado tregua unilateral. Esa ultraizquierda argumenta que los gobernantes colombianos son represivos y marrulleros, que hist&oacute;ricamente tambi&eacute;n hablan de paz mientras ordenan bombardeos.
    </p><p class="article-text">
        En este punto la ultraizquierda cita el exterminio de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, luego la historia de connivencia entre sectores del Ej&eacute;rcito regular y los paramilitares, despu&eacute;s la alianza entre esos mismos paramilitares con pol&iacute;ticos. Al final desembocan en el esc&aacute;ndalo conocido con el eufem&iacute;stico nombre de &ldquo;falsos positivos&rdquo;, ese episodio de horror que vivi&oacute; el pa&iacute;s cuando militares mataron a m&aacute;s de 3.000&nbsp;ciudadanos inocentes para presentarlos como bajas en combate.
    </p><p class="article-text">
        Nuestros eternos contrasentidos nos llevan a ser el pa&iacute;s de las represalias sin fin. Como aquellos disparan, estos tambi&eacute;n. Como hay v&iacute;ctimas de un lado, hay que procurar que las haya en el otro. Yo acepto que se desmovilice siempre y cuando usted acepte pudrirse en la c&aacute;rcel. Y yo perdono mis muertos siempre y cuando se me permita matar antes a unos cuantos m&aacute;s del bando suyo. Sucede que la mayor&iacute;a de los muertos no son ni de un bando ni del otro, sino del resto del pa&iacute;s, que no declara la guerra: la padece.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente, la derecha recalcitrante y la izquierda radical se han necesitado porque han tenido en la guerra su negocio y su raz&oacute;n de ser. Aunque miles de veces se juraran distintas se complementaban como la tapa y la caja. No era gratuito que ambas encontraran siempre la manera de desbaratar los di&aacute;logos de paz para que prosiguiera nuestro eterno carrusel de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; hab&iacute;a sido hasta antes de esta negociaci&oacute;n entre el gobierno y las FARC. Este proceso s&oacute;lo ha tenido la oposici&oacute;n de la derecha extrema, por los mismos motivos de siempre.
    </p><h4 class="article-text">5. D&iacute;as agitados</h4><p class="article-text">
        En Colombia el suceso que produce indignaci&oacute;n el lunes es reemplazado por el hecho indignante del martes, y ambos son olvidados el mi&eacute;rcoles, porque para entonces ya ha surgido un nuevo motivo de furor que acapara la atenci&oacute;n nacional, y este motivo de furor, a su vez, es relegado el jueves, y as&iacute; hasta el infinito.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;: la histeria es siempre la misma aunque d&iacute;a a d&iacute;a se renueven sus causas. Por andar de esc&aacute;ndalo en esc&aacute;ndalo nuestra sociedad ha perdido la sensibilidad y solo tiene o&iacute;dos para lo ruidoso. Despu&eacute;s del ruido viene la amnesia. &iquest;Qui&eacute;n recuerda al anciano que hace poco llor&oacute; entre los escombros de su rancho incendiado? Aqu&iacute; una tragedia de hace una semana parece del siglo pasado; aqu&iacute; una v&iacute;ctima s&oacute;lo es noticia mientras aparece la pr&oacute;xima.
    </p><p class="article-text">
        De modo que ya estamos acostumbrados a esta agitaci&oacute;n que en el exterior nadie entiende. En Colombia, para decirlo con palabras del escritor George Faludy, los telenoticieros reproducen en una sola noche todo el horror que un romano habr&iacute;a visto durante el reinado completo de Ner&oacute;n. Al d&iacute;a siguiente el tema nacional es un partido de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada fue la m&aacute;s agitada de nuestra historia reciente. Pas&oacute; de todo, como siempre. El domingo hubo un plebiscito para que el pueblo refrendara o desaprobara el acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC. El medio pa&iacute;s del 'no' se impuso por apenas 60.000&nbsp;votos al medio del 's&iacute;'.
    </p><p class="article-text">
        Una semana antes la comunidad internacional hab&iacute;a visto c&oacute;mo Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, y Timochenko, l&iacute;der de la guerrilla m&aacute;s antigua del mundo, firmaban entre fuegos artificiales el pacto que nos har&iacute;a pasar la p&aacute;gina de la guerra para avanzar por fin hacia una nueva fase. Pero de repente el tren qued&oacute; atascado.
    </p><p class="article-text">
        Resultaba dif&iacute;cil explicarles tal situaci&oacute;n a los extranjeros. &iquest;Por qu&eacute; presentamos en sociedad un acuerdo que a&uacute;n no hab&iacute;a sido refrendado por el pueblo? &iquest;Por qu&eacute; el acuerdo, tan aplaudido en el resto del mundo, tiene tantos detractores internos? &iquest;C&oacute;mo conciliar a los dos bandos en que qued&oacute; dividido el pa&iacute;s? &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; la consecuencia de esta votaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Hubo mucho revuelo, pues el resultado del plebiscito tom&oacute; por sorpresa a todo el mundo. Entonces las expectativas comenzaron a girar en torno a la concertaci&oacute;n entre los l&iacute;deres del pa&iacute;s del 's&iacute;' y los del 'no'. El expresidente &Aacute;lvaro Uribe, despu&eacute;s de seis a&ntilde;os, entr&oacute; en Palacio para reunirse con el presidente Juan Manuel Santos. El distanciamiento entre los dos ha sido la principal fuente de tensiones pol&iacute;ticas durante el &uacute;ltimo lustro. Al final ambos entregaron un reporte conciliador en defensa de la paz, pero no qued&oacute; claro c&oacute;mo zanjar&aacute;n las enormes diferencias en la forma de concebirla.
    </p><p class="article-text">
        Una situaci&oacute;n complicada por dos razones. En primer lugar, no est&aacute; claro c&oacute;mo convivir&aacute;n las dos corrientes diametralmente opuestas que existen en Colombia. Por un lado hay una clase progresista que, aunque no necesariamente simpatice con las FARC, respalda el acuerdo porque piensa que su desmovilizaci&oacute;n ahorra muertes y abre un nuevo panorama para el pa&iacute;s. Ese bando estima que las concesiones a la guerrilla deben ser vistas como consecuencia de que no fue militarmente vencida, a pesar de todos los golpes que le asest&oacute; el Ej&eacute;rcito durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Por el otro se encuentra una clase pol&iacute;tica conservadora que exige penas m&aacute;s severas para los l&iacute;deres de las FARC.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese momento ha predominado la impresi&oacute;n de que el plebiscito fortaleci&oacute; a Uribe hasta el punto de dejarlo en la situaci&oacute;n de imponer una especie de cogobierno. En principio, Santos apareci&oacute; como perdedor en la mayor&iacute;a de los an&aacute;lisis, pues parec&iacute;a imposible que al barajar las cartas de nuevo, despu&eacute;s de 52&nbsp;a&ntilde;os de guerra y seis de negociaciones, lograra complacer a todas las partes: a la guerrilla, que dec&iacute;a que el acuerdo ya era un hecho cumplido, y a los opositores, cuyas peticiones intransigentes obligaban pr&aacute;cticamente a empezar de cero.
    </p><h4 class="article-text">6. D&iacute;as de incertidumbre, d&iacute;as de esperanza</h4><p class="article-text">
        &iquest;Empezar de cero?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la derrota en las urnas surgieron algunos hechos que fortalecieron a Santos: primero, la declaraci&oacute;n que dio Juan Carlos V&eacute;lez, gerente de la campa&ntilde;a uribista opositora del plebiscito. V&eacute;lez cont&oacute; de manera c&iacute;nica cu&aacute;l fue la estrategia que siguieron sus huestes para convencer a los colombianos de respaldar el 'no': olvidarse del contenido de los acuerdos y repetir mensajes que generaran miedo e indujeran a la gente a votar con rabia.
    </p><p class="article-text">
        En los estratos medios y altos &ndash;dijo&ndash; la consigna fue machacar sobre la idea de que habr&iacute;a impunidad para las FARC. Y en los estratos bajos se promovi&oacute; la mentira de que el pacto de La Habana pon&iacute;a en riesgo ciertos subsidios del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de los 6.431.376 personas que sufragaron por el 'no' lo hicieron sin leer las 297 p&aacute;ginas de los acuerdos, movidos por el discurso primario y pasional de sus l&iacute;deres.
    </p><p class="article-text">
        El segundo hecho que ha oxigenado pol&iacute;ticamente a Santos es que la juventud ha empezado a hacerse presente en las calles. Las marchas multitudinarias env&iacute;an un mensaje a los l&iacute;deres del 'no': haber ganado el plebiscito no les da luz verde para aplazar indefinidamente los ajustes que propusieron al acuerdo con las FARC.
    </p><p class="article-text">
        Inevitable pensar, otra vez, en el dif&iacute;cil asunto de c&oacute;mo ser colombiano y sobrevivir a nuestra triste historia. Abundan los l&iacute;deres mezquinos que no piensan la paz en funci&oacute;n del pa&iacute;s sino del ajedrez pol&iacute;tico de 2018, a&ntilde;o en que habr&aacute; nuevas elecciones presidenciales. Hay demasiados egos y demasiados intereses electorales en juego. A estas alturas para nadie es un secreto que los pol&iacute;ticos han sido nuestro principal lastre. Muchos quieren dilatar, llevar el asunto m&aacute;s all&aacute; del periodo de Santos.
    </p><p class="article-text">
        Y Santos, por cierto, mejor&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su capital pol&iacute;tico al ganar el Premio Nobel de Paz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay razones para renovar el optimismo. El mundo cree en la paz de Colombia y nosotros tenemos que seguir creyendo a pesar de las dificultades.
    </p><p class="article-text">
        Los guerreristas est&aacute;n en la mira. Esta vez no podr&aacute;n alimentar impunemente la hoguera de la guerra. Tendr&aacute;n que asumir la responsabilidad en caso de que arruinen un proceso de paz en el que todo el mundo cree, menos ellos, por su mezquindad.
    </p><p class="article-text">
        <em>Alberto Salcedo Ramos es periodista colombiano, gran cronista y maestro de la Fundaci&oacute;n Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Salcedo Ramos]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Oct 2016 19:04:17 +0000]]></pubDate>
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