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    <title><![CDATA[elDiario.es - Janine R. Wedel]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Janine R. Wedel]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Donald Trump y un mundo sumido en la desconfianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/donald-trump-mundo-sumido-desconfianza_129_3741675.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42306852-be54-47f0-ba05-11f9254d188d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donald Trump y un mundo sumido en la desconfianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Democracia y desconfianza pueden ser una combinación peligrosa, porque la gente que se enfrenta a complejos problemas políticos y económicos no siempre dirige su rabia al objetivo correcto</p></div><p class="article-text">
        La crisis de confianza p&uacute;blica en las instituciones c&iacute;vicas (incluidos los gobiernos, los parlamentos, los tribunales y los medios de comunicaci&oacute;n) es un factor central del ascenso de Donald Trump y figuras como &eacute;l alrededor del mundo. Independientemente de los resultados electorales, seguir&aacute;n encontrando el apoyo de votantes mientras persista la crisis.
    </p><p class="article-text">
        No es un problema nuevo. Un <a href="http://unpan1.un.org/intradoc/groups/public/documents/UN/UNPAN025062.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de 2007, encargado por el foro de las Naciones Unidas, mostr&oacute; un patr&oacute;n &ldquo;generalizado&rdquo;: en casi todas las llamadas democracias desarrolladas e industrializadas ha bajado la confianza p&uacute;blica en el gobierno a lo largo de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. En los a&ntilde;os 90 hubo un <a href="http://cms.uni.no/media/manual_upload/N07-03-Christensen-Laegreid.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">declive</a> incluso en pa&iacute;ses bien conocidos por su s&oacute;lida confianza c&iacute;vica, como Suecia y Noruega.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, la &uacute;ltima <a href="http://www.gallup.com/poll/1597/confidence-institutions.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a> de Gallup sobre &ldquo;confianza en las instituciones&rdquo; arroj&oacute; ca&iacute;das de dos d&iacute;gitos en la confianza desde los a&ntilde;os 70 (o la medici&oacute;n m&aacute;s temprana disponible) para 12 de 17 instituciones, como bancos, el Congreso, la presidencia, las escuelas, la prensa y las iglesias; la confianza aument&oacute; para cuatro de las instituciones restantes de manera moderada, y de manera significativa solamente para una: el Ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
        Como antrop&oacute;logo social formado en Europa del Este en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del comunismo, pude observar de primera mano lo que ocurre en una sociedad carente de confianza c&iacute;vica. La gente ve&iacute;a las instituciones formales con un profundo escepticismo y se retiraba a espacios sociales protegidos: c&iacute;rculos informales, estrechos (y cerrados) de amigos, familiares y aliados en los que pod&iacute;an confiar para obtener noticias, informaci&oacute;n y mucho m&aacute;s. Los j&oacute;venes ve&iacute;an pocos alicientes para invertir en su futuro y los mayores sucumb&iacute;an a &iacute;ndices alarmantes de suicidio y consumo de drogas.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad vemos similitudes con algunas tendencias alarmantes en Estados Unidos, Europa y otros lugares. Seg&uacute;n un importante <a href="http://www.pnas.org/content/112/49/15078.full" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> realizado el a&ntilde;o pasado por los economistas Anne Case y <a href="https://www.project-syndicate.org/columnist/angus-deaton" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Angus Deaton</a>, la tasa de mortandad de los hombres blancos de edad mediana y menor nivel educativo ha ido en aumento, en lo que algunos observadores han dado en llamar una oleada de &ldquo;muertes por desesperaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, en Estados Unidos quienes forman parte de la &ldquo;generaci&oacute;n del milenio&rdquo; (los nacidos entre 1982 y 2004) prefieren posponer el matrimonio y la compra de casas o autom&oacute;viles, y muchos de ellos <a href="http://time.com/3422624/report-millennials-marriage/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se&ntilde;alan a los encuestadores</a> que la postergaci&oacute;n ser&aacute; permanente. Viven con sus padres en proporciones que <a href="http://www.pewresearch.org/fact-tank/2015/11/11/record-share-of-young-women-are-living-with-their-parents-relatives./" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no se ve&iacute;an desde 1940</a>, y muchos <a href="https://www.sba.gov/sites/default/files/advocacy/Millenial_IB.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">van tirando hasta fin de mes</a> con trabajillos que no les dan beneficios laborales ni seguridad en el empleo.
    </p><p class="article-text">
        Como resultado, cada vez m&aacute;s gente se identifica como excluida del sistema. Las puertas que antes estaban abiertas para ellos se han cerrado y ha bajado de manera importante su fe en que las instituciones p&uacute;blicas representen sus intereses. Muchos dirigen la mirada hacia movimientos y figuras que rechazan el orden o sistema establecido, como Trump, con la expectativa de encontrar una tabla de salvaci&oacute;n en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Podemos ver la misma tendencia en el furor antisistema y anti&eacute;lites que recorre Europa y se refleja en el referendo del Brexit en el Reino Unido, el constante ascenso del derechista Alternativa para Alemania, las s&oacute;lidas cifras del Frente Nacional de Marine Le Pen, de extrema derecha, y las elecciones austriacas de este a&ntilde;o, en que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial hubo candidatos &ldquo;antisistema&rdquo; en la ronda final.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, a medida que avanzaba la campa&ntilde;a presidencial de 2016 muchos votantes claramente creyeron (y no sin raz&oacute;n) que el sistema estaba ama&ntilde;ado. Pero democracia y desconfianza pueden ser una combinaci&oacute;n peligrosa, porque la gente que se enfrenta a complejos problemas pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos no siempre dirige su rabia al objetivo correcto.
    </p><p class="article-text">
        Los profundos cambios econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos vividos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (junto con la privatizaci&oacute;n, la desregulaci&oacute;n, la digitalizaci&oacute;n y la financiarizaci&oacute;n) han dado a&uacute;n m&aacute;s poder a las &eacute;lites, permiti&eacute;ndoles perfeccionar su capacidad de influencia a trav&eacute;s de centros de estudios y organizaciones filantr&oacute;picas, cabildeo en las sombras, soluciones alternativas que socavan los procesos est&aacute;ndares, financiamiento de campa&ntilde;as y apariciones de &ldquo;servicio p&uacute;blico&rdquo; para promover sus intereses. Si bien esta &ldquo;nueva corrupci&oacute;n&rdquo; suele ser t&eacute;cnicamente legal, es pr&aacute;cticamente opaca y altamente corrosiva de la confianza p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Lo anterior, sumado a una creciente brecha del ingreso, ayuda a explicar c&oacute;mo los votantes pueden sentirse atra&iacute;dos por un candidato como Trump, especialmente cuando viven en sus propios universos informativos, como muchos hacen. Los algoritmos de Facebook y Twitter confirman los sesgos de grupo y excluyen los puntos de vista (e incluso los hechos) que divergen de ellos. Es ir&oacute;nico el que la era digital haya creado una insularidad no muy diferente a la que se gener&oacute; bajo el comunismo.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es estremecedoramente familiar para cualquiera que haya estudiado la historia de Europa del Este. Al igual que el presidente ruso Vladimir Putin, Trump saca partido a la banalidad y la rabia, azuza los sentimientos nost&aacute;lgicos y nacionalistas, y encuentra c&oacute;modos chivos expiatorios en gente vulnerable como los inmigrantes. Al igual que en Rusia, donde los homosexuales y otras minor&iacute;as son blancos de los ataques oficiales, en Estados Unidos se est&aacute; estimulando a los desencantados a perseguir y demonizar a grupos que ya est&aacute;n marginados.
    </p><p class="article-text">
        La confianza es fundamental para la prosperidad de una sociedad y gran parte de Occidente necesita recuperarla con urgencia. Sin embargo, sus sistemas pol&iacute;ticos seguir&aacute;n en crisis constante hasta que sus &eacute;lites se sientan lo bastante vulnerables como para dejar de ignorar las necesidades de aquellos a quienes han dejado atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>Copyright: Project Syndicate, 2016.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>www.project-syndicate.org</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Janine R. Wedel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/donald-trump-mundo-sumido-desconfianza_129_3741675.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Nov 2016 17:31:07 +0000]]></pubDate>
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