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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sarah Smarsh]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sarah_smarsh/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sarah Smarsh]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Esos idiotas peligrosos': los medios progresistas, Trump y los estadounidenses de clase obrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/idiotas-peligrosos-progresistas-comprender-estadounidenses_1_3779832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6de88b8-ad7f-4ced-b159-367e999d2d04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Esos idiotas peligrosos&#039;: los medios progresistas, Trump y los estadounidenses de clase obrera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los partidarios de Trump no son la caricatura que presentan los periodistas. Sarah Smarsh, una periodista de origen humilde de Kansas, critica los estereotipos y el clasismo que se cuela en las redacciones</p><p class="subtitle">"Los medios han presentado a los blancos de clase trabajadora como un todo y han creado un imaginario caduco y traicionero que resulta muy conveniente para el capitalismo. Según este mensaje, los pobres son unos idiotas peligrosos"</p></div><p class="article-text">
        En marzo mi abuela Betty, una anciana de 71 a&ntilde;os, hizo tres horas de cola para poder votar a Bernie Sanders en el caucus del Partido Dem&oacute;crata en el estado de Kansas. Era la primera vez que votaba en unas primarias y aunque fue un suplicio, en ning&uacute;n momento se plante&oacute; regresar a casa sin haber votado. Betty, una mujer blanca que no termin&oacute; sus estudios de secundaria, que tuvo a su primer hijo a los diecis&eacute;is a&ntilde;os y vivi&oacute; en la m&aacute;s absoluta pobreza la mayor parte de su vida, quer&iacute;a votar.
    </p><p class="article-text">
        Esper&oacute; su turno a pesar de sus debilitadas rodillas; las mismas que en el pasado la mantuvieron&nbsp;de pie durante horas en una f&aacute;brica. Esper&oacute; su turno a pesar del enfisema pulmonar provocado por el tabaquismo y de la dentadura postiza que ha lucido desde que era una veintea&ntilde;era, dos se&ntilde;ales claras de la clase social a la que pertenecemos. En la d&eacute;cada de los sesenta, antes de la sentencia Roe contra Wade, la mujer que esper&oacute; su turno pag&oacute; a un desconocido para que le introdujera un gancho de alambre en el &uacute;tero tras descubrir que estaba embarazada de un hombre del que huy&oacute; despu&eacute;s de que le rompiera la mand&iacute;bula.
    </p><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os, Betty trabaj&oacute; como funcionaria de libertad condicional para el sistema judicial de Wichita, en Kansas. Su trabajo consist&iacute;a en hacer un seguimiento de violadores y de asesinos. Por eso, est&aacute; curada de espantos. Sin embargo, no ha dudado en afirmar que el candidato republicano Donald Trump es un soci&oacute;pata &ldquo;con la boca llena de mierda&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie detesta a Trump m&aacute;s que ella. El candidato dijo que debe castigarse a las mujeres que aborten y ha dicho cosas horribles de colectivos que ella conoce desde su infancia y con los que ha trabajado codo a codo. Su estilo pomposo e indecente ofende su sensibilidad humilde y del medio oeste americano. 
    </p><p class="article-text">
        La clase trabajadora, integrada por personas como Betty, se ha convertido en la obsesi&oacute;n de todos aquellos que cuando comentan estas elecciones presidenciales hablan de &ldquo;clases&rdquo;: &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s de esta bestia feroz y por qu&eacute; apoya a Trump?
    </p><h3 class="article-text">Los votantes de Trump no son tan pobres</h3><p class="article-text">
        Las cifras cuantitativas ponen en duda, o niegan de plano, la tan regurgitada teor&iacute;a de que el nivel de educaci&oacute;n o de ingresos permite predecir el apoyo a Trump, o la afirmaci&oacute;n de que la clase trabajadora blanca lo apoya desproporcionadamente.
    </p><p class="article-text">
        El mes pasado, el resultado de una encuesta elaborada por Gallup sobre una muestra de 87.000 personas dej&oacute; entrever que<a href="http://www.eldiario.es/theguardian/millones-americanos-corrientes-Donald-Trump_0_492401514.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> los partidarios de Trump no tienen m&aacute;s problemas econ&oacute;micos </a>o derivados de la inmigraci&oacute;n que aquellos que se oponen al candidato republicano. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n este estudio, sus seguidores no tienen ingresos m&aacute;s bajos o una tasa de desempleo m&aacute;s alta que otros estadounidenses. La informaci&oacute;n relativa a los ingresos se pierde elementos importantes: aquellos con ingresos altos tambi&eacute;n pueden tener problemas de salud o ser propensos a empeorar econ&oacute;micamente.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la mayor&iacute;a de encuestados no se aferraban a trabajos que podr&iacute;an perder. Uno de los analistas de Gallup explic&oacute; que, sorprendentemente, &ldquo;parece no haber ning&uacute;n tipo de relaci&oacute;n entre sufrir la amenaza de la competencia comercial con otro pa&iacute;s y apoyar pol&iacute;ticas nacionalistas en Estados Unidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A principios de a&ntilde;o, los sondeos que se llevaron a cabo antes de las primarias mostraron que aquellos que votaron a Trump tienen un mayor poder adquisitivo que el resto de estadounidenses, con unos ingresos familiares de 72.000 d&oacute;lares, lo cual supera los ingresos de los que votaron a Hillary Clinton o a Bernie Sanders. El 44% tiene un t&iacute;tulo universitario; en comparaci&oacute;n con la media nacional, que es del 29% para el conjunto de la poblaci&oacute;n, o del 33% en el caso de la poblaci&oacute;n blanca.
    </p><p class="article-text">
        En enero, el polit&oacute;logo Matthew MacWilliams indic&oacute; que uno de los factores que permite predecir el apoyo a Trump es una cierta tendencia al autoritarismo, mientras que los ingresos, la educaci&oacute;n, el g&eacute;nero, la edad o la raza no son factores determinantes. 
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        Sin embargo, todos estos hechos objetivos no han servido para que los expertos y los periodistas dejen de repetir hasta la saciedad que la clase obrera blanca ha decidido apoyar a un demagogo que se distingue por su grandilocuente verborrea. 
    </p><p class="article-text">
        Para explicar correctamente por qu&eacute; parte de la ciudadan&iacute;a se siente atra&iacute;da por Trump, una cobertura medi&aacute;tica equilibrada deber&iacute;a incluir m&aacute;s reportajes sobre el racismo y la misoginia en los barrios acomodados donde viven algunos votantes de Trump. O, en el supuesto de que se est&eacute; valorando la amargura de la clase trabajadora causada por la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, tambi&eacute;n deber&iacute;an publicarse reportajes sobre legisladores dem&oacute;cratas que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han decidido destruir la red de bienestar, se subieron al carro de Wall Street y se olvidaron de los trabajadores estadounidenses cuando negociaron acuerdos comerciales internacionales. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, para los medios de comunicaci&oacute;n nacionales, integrados, en su mayor&iacute;a, por progresistas de clase alta o de clase media, eso supondr&iacute;a tener que mostrar los rostros de sus semejantes.
    </p><p class="article-text">
        Si bien es cierto que los rostros que los periodistas muestran en televisi&oacute;n &ndash;rostros enfurecidos que hacen comentarios sexistas cerca de una bandera de la Confederaci&oacute;n&ndash; se merecen alg&uacute;n tipo de cobertura medi&aacute;tica, no son un reflejo de las comunidades que yo conozco tan bien. El hecho de que los medios de comunicaci&oacute;n hayan ignorado comunidades como la m&iacute;a ha creado una falta de comprensi&oacute;n tan grave que con un primer vistazo a un blanco con problemas econ&oacute;micos parece servir para describir a la totalidad.
    </p><h3 class="article-text">El ejemplo antropol&oacute;gico de JD Vance</h3><p class="article-text">
        Un vistazo a la actualidad nos lleva hasta <a href="https://twitter.com/jdvance1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">JD Vance</a>, autor de una autobiograf&iacute;a que ha sido &eacute;xito de ventas, <em>Hillbilly Elegy (Eleg&iacute;a del palurdo)</em>. Es la historia de un abogado de &eacute;xito que creci&oacute; en una peque&ntilde;a ciudad sider&uacute;rgica de Ohio y cuya familia, a pesar de ser de clase media, lidiaba con la precariedad.&nbsp;El libro&nbsp;nos habla del caos que suele perseguir a una familia que ha quedado atrapada en un ciclo de pobreza durante generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Vance se autodefine como conservador y afirma que no votar&aacute; a Trump. Sin embargo, intenta comprender por qu&eacute; muchas personas de clase trabajadora s&iacute; lo har&aacute;n. Tiene que ver con una ansiedad cultural que surge cuando muchos amigos consumen opi&aacute;ceos y mueren por sobredosis y la casta pol&iacute;tica ya te ha dejado claro que no te ayudar&aacute;. Si bien su experiencia es extrapolable a la de otras personas de zonas concretas, los periodistas de la Costa Este han convertido a Vance en portavoz de toda la clase obrera blanca.
    </p><p class="article-text">
        Los entrevistadores y los cr&iacute;ticos literarios parecen sentirse aliviados por el hecho de haber encontrado a alguien que tiene unas opiniones que confirman las suyas. The Run-Up, el podcast de las elecciones del <em>The New York Times</em>, afirm&oacute; que la autobiograf&iacute;a de Vance tambi&eacute;n es un estudio de antropolog&iacute;a cultural de la clase obrera blanca que ha apoyado la candidatura de Trump (al tuitear la cr&iacute;tica del libro, el <em>The New York Times</em> ironiz&oacute; con la pregunta: &iquest;Quieren saber m&aacute;s sobre las personas que le han dado alas a Donald Trump?&ldquo;. 
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/759800265998409728?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Si bien los or&iacute;genes de Vance se remontan a la industria minera de Kentucky, la mayor&iacute;a de los blancos con dificultades econ&oacute;micas no son hombres conservadores y protestantes de los Apalaches. A veces parece ser el &uacute;nico elemento del imaginario colectivo: un tipo escondido en una chabola situada en una monta&ntilde;a remota, como un fantasma polvoriento, como si la pobreza de los blancos no estuviera delante de nuestras narices, pasando nuestras tarjetas de cr&eacute;dito en una tienda de rebajas&nbsp;en Denver o pidiendo limosna en una calle de Los &Aacute;ngeles. 
    </p><p class="article-text">
        Los estereotipos simplones suelen penetrar all&iacute; donde el periodismo no consigue llegar. La &uacute;ltima vez que la clase a la que pertenezco por nacimiento recibi&oacute; una atenci&oacute;n medi&aacute;tica de estas proporciones fue 20&nbsp;a&ntilde;os atr&aacute;s. No sali&oacute; en los informativos sino en una serie de televisi&oacute;n, <a href="http://www.filmaffinity.com/ar/film697612.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roseanne</a>. El gui&oacute;n de esta serie resulta m&aacute;s riguroso y certero que las reflexiones de los comentaristas de las cadenas de televisi&oacute;n de Nueva York.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de personas blancas de clase trabajadora y progresistas, entre las que se incluyen mujeres como Betty, no son mostradas por unos medios de comunicaci&oacute;n obsesionados por las audiencias y que cubren estas elecciones como si se tratara de una carrera de caballos.
    </p><h3 class="article-text">Los pobres, idiotas peligrosos</h3><p class="article-text">
        Este paradigma de los medios de comunicaci&oacute;n ha alimentado la leyenda de un Estados Unidos polarizado, el azul dem&oacute;crata contra el rojo republicano, en el que el 42% de los habitantes de Kansas que votaron a Barack Obama en 2008 han quedado silenciados.
    </p><p class="article-text">
        En estas primarias, el n&uacute;mero de habitantes de Kansas que particip&oacute; en el caucus dem&oacute;crata super&oacute; el de aquellos que votaron en el caucus de Donald Trump. Se trata de una informaci&oacute;n relevante y lo cierto es que ning&uacute;n peri&oacute;dico nacional la ha mencionado, tal vez porque no pudo entender que en esa zona que observa desde la lejan&iacute;a viven millones de estadounidenses m&aacute;s progresistas que los que se pueden encontrar en los bastiones de Clinton. 
    </p><p class="article-text">
        En lugar de dar este tipo de informaci&oacute;n, los medios han presentado a los blancos de clase trabajadora como un todo y han creado un imaginario caduco y traicionero que resulta muy conveniente para el capitalismo. Seg&uacute;n este mensaje, los pobres son unos idiotas peligrosos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La superioridad moral que siente la clase adinerada de Estados Unidos ha dado alas a esta leyenda urbana relativa a los blancos de clase trabajadora y que los presenta como los culpables del auge de Donald Trump y que presupone que aquellos que lo apoyan por los peores motivos representan al conjunto de partidarios. 
    </p><p class="article-text">
        Esta noci&oacute;n se repite en todos los an&aacute;lisis sobre estas elecciones, como tambi&eacute;n la creencia de que los blancos pobres no solo tienen problemas econ&oacute;micos sino tambi&eacute;n de personalidad.
    </p><p class="article-text">
        En un art&iacute;culo sobre estas elecciones publicado por el <em>National Review</em> en marzo, <a href="http://www.nationalreview.com/article/439200/white-trash-review-nancy-isenbergs-new-book-bad-history" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Kevin Williamson escribi&oacute; un an&aacute;lisis sobre los votantes blancos con pocos recursos</a>. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas este colectivo ha visto como su tasa de mortalidad ha aumentado considerablemente. Su art&iacute;culo se hace eco de una creencia compartida por conservadores y progresistas cuando indica que estas comunidades, devastadas por la oxicodona, &ldquo;se merecen morir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los blancos de clase baja est&aacute;n instalados en una subcultura t&oacute;xica y ego&iacute;sta cuyas consecuencias son la miseria y el consumo de hero&iacute;na&rdquo;, afirma. &ldquo;Los discursos de Donald Trump hacen que se sientan bien. Como la oxicodona&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para confirmar que muchos periodistas no comprenden a este colectivo y que no se trata de un fen&oacute;meno limitado a los conservadores m&aacute;s provocadores, solo hace falta leer una serie de reportajes publicada por el <em>The Washington Post</em>&nbsp;que analiza por qu&eacute; la tasa de mortalidad de las mujeres blancas que viven en zonas rurales se ha disparado. Se centra en sus h&aacute;bitos como fumadoras y describe con todo detalle &ldquo;sus caras demacradas&rdquo; y el proceso de embalsamamiento de sus cuerpos. Es dif&iacute;cil imaginar un reportaje que analizara a mujeres blancas de clase alta tras su fallecimiento. La indignaci&oacute;n de sus familiares y amigos con la educaci&oacute;n, el tiempo y la voluntad de escribir cartas a los directores de los peri&oacute;dicos ser&iacute;a descomunal. 
    </p><h3 class="article-text">Dignidad y tristeza en la clase trabajadora</h3><p class="article-text">
        Un sentimiento que me parece incluso m&aacute;s rid&iacute;culo que el desprecio y la humillaci&oacute;n es su &ldquo;primo pobre&rdquo;: la piedad. 
    </p><p class="article-text">
        En una columna de opini&oacute;n que public&oacute; recientemente David Brooks en el <em>The New York Times</em>, titulada <a href="http://www.nytimes.com/2016/09/20/opinion/dignity-and-sadness-in-the-working-class.html?_r=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dignity and Sadness in the Working Class </a>(Dignidad y tristeza de la clase trabajadora), el periodista nos habla de un obrero del sector de la metalurgia que vive en el estado de Kentucky y que ha perdido su trabajo. En su &uacute;ltimo d&iacute;a en la f&aacute;brica, el hombre se dirige hacia la salida mientras es vitoreado por sus compa&ntilde;eros, una escena que a m&iacute; me parece triunfal pero que a Brooks le parece lamentable. El periodista se&ntilde;ala que el hombre trabaj&oacute; muy duro por una miseria y que era muy capaz pero su trabajo no se valoraba. Seg&uacute;n &eacute;l &ldquo;irradiaba la tristeza residual de un coraz&oacute;n solitario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me resulta dif&iacute;cil imaginar un desprecio mayor. Estos profesionales de la comunicaci&oacute;n han ignorado los problemas de la clase trabajadora durante d&eacute;cadas y ahora suplican al pa&iacute;s que tenga compasi&oacute;n. No necesitamos sus an&aacute;lisis y todav&iacute;a menos sus l&aacute;grimas. Lo que necesitamos es que alguien explique nuestra situaci&oacute;n; a ser posible un periodista que pueda entrar en una f&aacute;brica sin que una niebla de culpabilidad empa&ntilde;e sus gafas. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de estos periodistas, Alexander Zaitchik, viaj&oacute; durante varios meses a lo largo y ancho de seis estados del pa&iacute;s para conocer de primera mano a blancos de clase trabajadora que apoyan a Trump. Quer&iacute;a que el libro que publicar&aacute; &ndash;<em>The Gilded Rage (La Furia Dorada</em>, en un juego de palabras con 'the Gilded Age', la edad dorada)&ndash; reflejase la complejidad de las historias humanas que son ignoradas por la cobertura medi&aacute;tica diaria. Zaitchik explica que el proyecto naci&oacute; como consecuencia de los duros comentarios realizados por personas que viven en un huso horario completamente distinto al de estas comunidades y que tienen unos niveles de ingresos completamente distintos.
    </p><p class="article-text">
        Zaitchik describe de forma inteligente su encuentro con la clase media trabajadora, integrada en su mayor&iacute;a por blancos que han trabajado duro y que han sufrido graves p&eacute;rdidas, tanto durante la crisis financiera de 2008 como por los cierres de f&aacute;bricas y despidos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Descubri&oacute; que el apoyo a Trump se debe en gran medida a motivos econ&oacute;micos, de principio a fin. Pudo constatar la ira de estas personas y descubri&oacute; que est&aacute;n indignados con los de arriba, no con los de abajo. Est&aacute;n enfadados con todos aquellos que negociaron acuerdos comerciales globales, no con las minor&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, es cierto que en estas comunidades se dan actitudes racistas y nacionalistas, como tambi&eacute;n se dan entre los dem&oacute;cratas y las personas con una situaci&oacute;n m&aacute;s privilegiada.
    </p><p class="article-text">
        Una encuesta realizada la pasada primavera por Reuters refleja que un tercio de los dem&oacute;cratas encuestados apoyar&iacute;an que temporalmente se prohibiera la entrada de musulmanes en Estados Unidos. En otra encuesta, en este caso de YouGov, el 45% de los dem&oacute;cratas encuestados reconocieron que tienen una mala opini&oacute;n del Islam, sin que se apreciaran diferencias entre los encuestados con distinto nivel de ingresos. Muchos de los que no votar&aacute;n a Trump no son un dechado de virtudes mientras que los que s&iacute; lo har&aacute;n se convierten en un blanco de ataque f&aacute;cil y se les considera la plaga moral del pa&iacute;s.
    </p><h3 class="article-text">El clasismo y &ldquo;una panda de abominables&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Cuando recientemente Hillary Clinton afirm&oacute; que la mitad de los que apoyan a Trump son &ldquo;una panda de abominables&rdquo;, Zaitchik le coment&oacute; a otro periodista que esta expresi&oacute;n se pod&iacute;a interpretar como otra forma de decir &ldquo;otro cubo de basura blanca&rdquo;. Clinton no tard&oacute; en disculparse por este comentario. Sin embargo, generalizar de este modo en un acto que se celebr&oacute; en la parte baja de Manhattan, en el que se recaudaron 6 millones de d&oacute;lares, con asistentes que llegaron a pagar entradas de hasta 50.000 d&oacute;lares, me evoc&oacute; algunas escenas de la comedia televisiva Veep; una s&aacute;tira pol&iacute;tica en la que un poderoso pol&iacute;tico de Washington habla con desd&eacute;n sobre &ldquo;la gente corriente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos, Zaitchik mencion&oacute; al presentador de la cadena HBO Bill Maher, &ldquo;cuyas opiniones sobre los que votan a Trump se fundamentan en la eugenesia, ya que considera que tiene defectos cong&eacute;nitos. Ser&iacute;a imposible hablar de otro grupo de personas en estos t&eacute;rminos y no ser despedido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez Maher es un ejemplo extremo de petulancia clasista. En el verano de 1998, cuando ten&iacute;a 17 a&ntilde;os y me acababa de graduar del instituto, trabaj&eacute; en un elevador de grano durante la siega del trigo. Un elevador que estaba situado a unos 80 kil&oacute;metros, en Haysville, Kansas, explot&oacute; (el polvo del trigo es muy inflamable) y siete trabajadores murieron en la explosi&oacute;n. El accidente sacudi&oacute; a mi comunidad, a mi familia y a m&iacute; y nos sirvi&oacute; de recordatorio de todos los peligros que corremos cuando trabajamos como agricultores.
    </p><p class="article-text">
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    </figure><p class="article-text">
        Como todos los dem&aacute;s, segu&iacute; haciendo mi trabajo. Tras una larga jornada transportando sacos pesados y cargando camiones que transportan trigo, sol&iacute;a ver el programa de televisi&oacute;n Politically Incorrect, un programa de ABC que por aquel entonces presentaba Maher. En un contexto en el que todav&iacute;a se estaba buscando el cuerpo de uno de los trabajadores muertos en la explosi&oacute;n de Haysville, Maher brome&oacute; acerca de que la gente deber&iacute;a tener mucho cuidado con las rebanadas de pan. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que por primera vez tom&eacute; conciencia del hecho de que a lo largo de mi vida me iba a identificar pol&iacute;ticamente con aquellos que insultan mis or&iacute;genes. 
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de bromas est&aacute;n tan generalizadas que los m&aacute;s privilegiados econ&oacute;micamente no suelen darse cuenta. Los que escriben, debaten y publican peri&oacute;dicos, libros y revistas con la mejor de las intenciones suelen ofender desde la ignorancia. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, fueron muchos los que me recomendaron el &eacute;xito de ventas <em>White Trash (Basura blanca)</em>, de Nancy Isenberg, sin percatarse de que el t&iacute;tulo me ofende a m&iacute; y a las personas que quiero. El alivio que sent&iacute;a por el hecho de que alguien hubiera escrito sobre un pasado que compartimos se esfumaba cada vez que lo ve&iacute;a en mi biblioteca, hasta el punto que al final opt&eacute; por quitarle la portada. Sorprendentemente, los ejemplares promocionales del libro reflejan el tipo de nociones elitistas que Isenberg quiere denunciar: &ldquo;Este libro parte de nuestros mitos reconfortantes sobre la igualdad y deja al descubierto el legado fundamental de la omnipresente y embarazosa, aunque a veces entretenida, basura blanca pobre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El libro, en cambio, est&aacute; escrito con m&aacute;s tacto y expone hechos que deber&iacute;an servir para terminar con los prejuicios a los que se refiere el t&iacute;tulo. Aunque lo cierto es que ni siquiera Isenberg consigue librarse del marco clasista. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando a principios de a&ntilde;o la presentadora de On the Media, Brooke Gladstone, le pidi&oacute; a Isenberg que hablara de prejuicios que presentan a los blancos pobres como personas intolerantes, la autora habl&oacute; del problema: &ldquo;Tienen ciertas actitudes que sin duda son racistas y no puedes esconderlas y hacer como&nbsp;que no existen. Forma parte de su mentalidad&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Solo los ignorantes son racistas?</h3><p class="article-text">
        Todas estas generalizaciones sobre los grupos m&aacute;s vulnerables nos permiten ver que los debates en torno a las clases en un pa&iacute;s que es relativamente joven y que cre&iacute;a que no ten&iacute;a castas son extremadamente simplones. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El problema es que muchos intentan presentar a los blancos pobres como los &uacute;nicos racistas del pa&iacute;s&rdquo;, le explic&oacute; Isenberg a Gladstone: &ldquo;Como si fueran m&aacute;s racistas que el resto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ra&iacute;z de este problema reside en la creencia de que la clase alta tiene una moral m&aacute;s elevada. Como escribi&oacute; la periodista Lorraine Berry en un art&iacute;culo publicado el mes pasado, se ha consolidado la noci&oacute;n de que solo los ignorantes son racistas. Seg&uacute;n este discurso, el racismo desaparece con la educaci&oacute;n. Soy la primera persona de mi familia con un t&iacute;tulo universitario y les puedo asegurar que ning&uacute;n miembro de mi familia necesit&oacute; pasar por una universidad para aprender qu&eacute; es tener un m&iacute;nimo de decencia humana. 
    </p><p class="article-text">
        Berry se&ntilde;ala que los republicanos formados en las universidades de &eacute;lite est&aacute;n detr&aacute;s de esta creencia. De hecho, no fueron los blancos pobres, ni siquiera los blancos republicanos, los que promulgaron leyes para mantener la segregaci&oacute;n racial o los que durante d&eacute;cadas observaban c&oacute;mo las banderas confederadas ondeaban en los capitolios estatales. No fueron los blancos pobres los que convirtieron a los negros en criminales con leyes que prohib&iacute;an la marihuana y la guerra contra las drogas. Tampoco fueron los blancos pobres los que se inventaron el fantasma de la &ldquo;reina de la beneficencia&rdquo; para referirse a los afroamericanos.
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                </figure><p class="article-text">
        Con ello no quiero minimizar la importancia del racismo en los estratos m&aacute;s bajos de la sociedad pero s&iacute; recordar que estos comportamientos horribles tambi&eacute;n est&aacute;n presentes en las clases m&aacute;s altas de distinta forma y con mucha m&aacute;s fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Los periodistas y los comentaristas tambi&eacute;n deber&iacute;an se&ntilde;alar con el dedo a otro tipo de blancos: conservadores sociales que donan dinero a la campa&ntilde;a de Trump pero que son demasiado civilizados como para ir a un mitin y chillar para expresar sus opiniones. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el discurso de la campa&ntilde;a de Trump y la informaci&oacute;n disponible, lo votar&aacute;n personas a las que les va bastante bien pero que se consideran v&iacute;ctimas del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Los medios no parecen entender que gran parte de la clase trabajadora blanca preferir&iacute;a cerrar filas con cualquier otro sentimiento que no sea el de victimismo. En la actualidad, fichan cuando entran y salen de su trabajo, guardan los cupones de descuentos de los supermercados, educan a sus hijos en el respeto e intentan esquivar la cobertura medi&aacute;tica. 
    </p><h3 class="article-text">Brecha entre realidad y pol&iacute;tica</h3><p class="article-text">
        Barack Obama, un hombre negro formado a partir de la experiencia negra, suele citar a sus descendientes por parte de madre; gente blanca de clase trabajadora: &ldquo;Muchas de mis influencias proceden de mis abuelos maternos, que crecieron en el interior de Kansas&rdquo;, indic&oacute; este mes a prop&oacute;sito de un encuentro celebrado en la Casa Blanca sobre cuestiones rurales.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado, en una conversaci&oacute;n con la autora Marilynne Robinson, del <em>The New York Review of Books</em>, Obama lament&oacute; todos estos conceptos err&oacute;neos y tan comunes sobre las peque&ntilde;as localidades del interior de Estados Unidos, por las que &eacute;l siente admiraci&oacute;n. &ldquo;Hay una brecha enorme entre la realidad de las vidas diarias de estas personas y c&oacute;mo hablamos de la realidad de Estados Unidos y de la vida pol&iacute;tica&rdquo;. Se&ntilde;al&oacute; que uno de los elementos que contribuyen a ampliar esta brecha son &ldquo;los filtros entre las personas corrientes&rdquo; que hacen lo que pueden por sobrevivir, as&iacute; como los debates pol&iacute;ticos demasiado complejos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><strong>"Nos debería hacer reflexionar el hecho de que destacados comentaristas progresistas consideren que el término “populismo” tiene connotaciones negativas"</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Me siento muy reconfortado cuando tengo la oportunidad de conocer a estas personas en su contexto&rdquo;, explic&oacute;: &ldquo;Por alg&uacute;n motivo, el filtro hace que en el &aacute;mbito pol&iacute;tico nacional sus realidades no se presenten de forma alentadora&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, una de estas descripciones desalentadoras, la caricatura del votante blanco que destila odio y que lleva vaqueros grasientos, responde a una realidad. En mi pueblo conoc&iacute; a uno o dos; el t&iacute;pico grandull&oacute;n que amenaza a personas todav&iacute;a m&aacute;s d&eacute;biles que &eacute;l y que amenaza a las personas de color para que huyan del pueblo, insulta a las mujeres y utiliza pistolas de aire comprimido para disparar contra gatos. As&iacute; ser&iacute;a Trump si hubiera nacido donde yo nac&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La fascinaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n hacia el votante de Trump alimenta la teor&iacute;a, tan de moda, de que detr&aacute;s de su apoyo se esconde la intolerancia. Es cierto que los problemas econ&oacute;micos de la clase trabajadora blanca son un punto m&aacute;s para Trump, como tambi&eacute;n lo es la falta de dinero de las personas de color, que al mismo tiempo son el blanco de ataque de sus comentarios racistas y xen&oacute;fobos y que por este motivo le han dado la espalda. Sin embargo, uno creer&iacute;a que a los progresistas blancos que pertenecen a la &eacute;lite y que a lo largo de esta campa&ntilde;a han transmitido una imagen de grandeza &eacute;tica les costar&iacute;a m&aacute;s pensar en t&eacute;rminos globales sobre relaciones comerciales e inmigraci&oacute;n si hubieran tenido que cerrar su f&aacute;brica o su comunidad hubiera sido diezmada. 
    </p><h3 class="article-text">Analistas acomodados</h3><p class="article-text">
        Los analistas acomodados que se oponen a Trump suelen examinar los males sociales desde un determinado punto de vista; est&aacute;n convencidos de que sus tendencias pol&iacute;ticas son un reflejo de sus valores y de su personalidad. Cabe suponer que muchos de ellos heredaron estas ideas, de la misma forma que muchos estadounidenses que crecieron en los estados republicanos heredaron las suyas. Si creciste en un ambiente progresista, no deber&iacute;as estar tan orgulloso de ti mismo por votar en contra de Trump.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; de m&aacute;s esta idea condescendiente de que los dem&oacute;cratas que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas no se han sentido representados por su partido y que se han unido al Partido Republicano &ldquo;est&aacute;n votando en contra de sus intereses. Esta noci&oacute;n tiene un trasfondo antidemocr&aacute;tico, ya que parte de la premisa de que un gran n&uacute;mero de estadounidenses carece de las condiciones mentales que se precisan para votar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son muchos los que siguen apoyando a Trump a pesar de todo lo publicado sobre su trato a las mujeres, sus actitudes racistas y otras actitudes temerarias. Son capaces de decidir su voto y de tomar sus propias decisiones. Cuando intentemos discernir de quien estamos hablando, debemos ser conscientes de nuestros prejuicios de clase.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Periodista? No de clase obrera</h3><p class="article-text">
        Un art&iacute;culo publicado recientemente en la edici&oacute;n impresa del <em>The New York Times</em> describ&iacute;a a un hombre de Kentucky as&iacute;: &ldquo;Mitch Hedges cultiva ganado y suelda herramientas que se utilizan en las minas de carb&oacute;n. Cree que va a perder su trabajo en seis meses pero no apoya a Trump, al que considera un idiota&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Celebr&eacute; que, por una vez, se hablara de un hombre blanco de clase obrera que no vota a Trump. Me hizo re&iacute;r la expresi&oacute;n &ldquo;cultivar ganado&rdquo; ya que uno puede cultivar la cosecha o criar animales. Para una periodista que durante su juventud hizo ambas cosas, es dif&iacute;cil tomarse en serio este reportaje de <em>The New York Times</em>.
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        La principal raz&oacute;n por la cual los medios de comunicaci&oacute;n m&aacute;s importantes no parecen comprender las cuestiones de clase es precisamente que no hay diversidad socioecon&oacute;mica en las redacciones. 
    </p><p class="article-text">
        Pocas personas que crecieron rodeadas de pobreza terminan trabajando en las redacciones o publicando libros. De hecho, son tan pocas que me pareci&oacute; necesario dar un giro a mi carrera y especializarme en cuestiones de clase en un sector rico y privilegiado de la misma forma que los periodistas negros hablan de raza en un sector que est&aacute; integrado mayoritariamente por blancos.
    </p><p class="article-text">
        Con esto no quiero decir que uno debe pertenecer a un determinado grupo o lugar para hacerles justicia, como han demostrado los buenos periodistas de investigaci&oacute;n y los comentaristas en el &uacute;ltimo siglo e incluso antes. 
    </p><p class="article-text">
        Escuchen la serie sobre pobreza que ha emitido la radio On the Media. El segundo episodio de esta serie incluye la siguiente reflexi&oacute;n de Gladstone: &ldquo;Los pobres, en su conjunto, son un grupo tan poco homog&eacute;neo como cualquier otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que muchos periodistas son personas muy trabajadoras que quieren presentar la historia bajo el &aacute;ngulo correcto y no me gusta criticar a los medios de comunicaci&oacute;n. El clasismo de los presentadores de la televisi&oacute;n por cable es simplemente un reflejo del clasismo del sector m&aacute;s privilegiado de Estados Unidos. Lo vemos en todas partes, desde los tuits que presentan a los votantes de Trump como palurdos sin remedio hasta en el hecho de que el Partido Dem&oacute;crata que no se tom&oacute; la molestia de crear una plataforma centrada en las medidas de reducci&oacute;n de la pobreza hasta un mes antes de las elecciones presidenciales.
    </p><h3 class="article-text">Medios deliberadamente obtusos</h3><p class="article-text">
        La distancia econ&oacute;mica que separa al periodista de los protagonistas de sus reportajes nunca ha sido tan peligrosa como en la actualidad, marcada por una hist&oacute;rica disparidad entre ricos y pobres. A menudo los reportajes se centran en el mercado de valores y no en las personas que nunca tuvieron acciones. 
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, los medios de comunicaci&oacute;n de Estados Unidos han sido deliberadamente obtusos cuando han tenido que informar de las quejas de los ciudadanos de a pie. Este ha sido un factor que sin duda ha ayudado a crear el espacio de resentimiento que Trump ahora ocupa. Nos deber&iacute;a hacer reflexionar el hecho de que destacados comentaristas progresistas consideren que el t&eacute;rmino &ldquo;populismo&rdquo; tiene connotaciones negativas. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante un periodismo que integra la plutocracia que deber&iacute;a criticar, que no ha sabido cumplir con su deber de guardi&aacute;n de la verdad y que ha perdido el respeto hacia todas aquellas personas que no dudan en llamar las cosas por su nombre.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo Arnie, que ya ha fallecido, era una de estas personas. Hombres parecidos a Trump pasaban con sus lujosos veh&iacute;culos por nuestra granja, con la intenci&oacute;n de hacer negocios. Mi abuelo sab&iacute;a reconocer a los que eran unos embusteros y unos estafadores, los trataba con amabilidad y los mandaba a paseo. Si por alg&uacute;n motivo te desped&iacute;as de alguno de ellos con un apret&oacute;n de manos, mi abuelo se re&iacute;a y te dec&iacute;a: &ldquo;mejor que cuentes tus dedos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En un mundo en el que las &ldquo;Bettys&rdquo; y los &ldquo;Arnies&rdquo; pr&aacute;cticamente no tienen voz, los que tienen una plataforma desde la que lanzar sus opiniones deber&iacute;an reflexionar antes de despotricar sobre ellos.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez quieras generalizar y crear un estereotipo para presentar a un grupo de personas y especular sobre sus ideas pol&iacute;ticas o creerte superior a ellos, por ejemplo, los que hac&iacute;an un tercer turno en una f&aacute;brica de Boeing mientras otros viajaban a M&eacute;xico de vacaciones, los que limpiaban el suelo de un McDonalds mientras otros debat&iacute;an en las redes sociales en torno al salario m&iacute;nimo, los que tuvieron que vaciar sus casilleros cuando se cerr&oacute; la f&aacute;brica de cerveza Pabst mientras otros beb&iacute;an cervezas artesanales en bares de moda, los que regresaron de Oriente Medio dentro de un ata&uacute;d mientras otros escrib&iacute;an columnas de opini&oacute;n sobre pol&iacute;tica exterior. Si este es el caso, deber&iacute;as aceptar el hecho de que tal vez te pareces m&aacute;s a Trump de lo que te gustar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Emma Reverter
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sarah Smarsh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/idiotas-peligrosos-progresistas-comprender-estadounidenses_1_3779832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Oct 2016 17:28:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,América,Estados Unidos,Donald Trump]]></media:keywords>
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