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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marta Rivera de la Cruz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marta_rivera_de_la_cruz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marta Rivera de la Cruz]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Donald Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/donald-trump_129_3739494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0dae36fb-20eb-4c73-81db-a66022a844c6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donald Trump"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trump no es una excepción del sistema: es una pieza más del burdo engranaje del populismo, que camina dividiendo la sociedad en buenos y malos</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que pens&eacute; en Donald Trump fue hace veintitantos a&ntilde;os, y fue tras ver una entrevista suya en una publicaci&oacute;n. Trump acababa de adquirir Mar a Lago, la fabulosa mansi&oacute;n que hab&iacute;a pertenecido a la multimillonaria Barbara Hutton, y la mostraba al mundo con la misma satisfacci&oacute;n b&aacute;rbara con la que fardaba de esposa, entonces una curvil&iacute;nea patinadora ol&iacute;mpica.
    </p><p class="article-text">
        En su recorrido fotogr&aacute;fico por las habitaciones de la villa, Trump presum&iacute;a de haber cambiado absolutamente toda la decoraci&oacute;n de la casa, cuyos cuartos infantiles hab&iacute;an sido pintados por el mism&iacute;simo Walt Disney: la peque&ntilde;a Ivanka merec&iacute;a mucho m&aacute;s que unos cuantos garabatos viejos. Recuerdo que pens&eacute; que Donald Trump era el paradigma de la vulgaridad, de la groser&iacute;a. Un Jes&uacute;s Gil algo menos desclasado (al fin y al cabo, su padre ya era rico) y m&aacute;s arrogante incluso. A pesar de todo, ni en un mill&oacute;n de a&ntilde;os habr&iacute;a creido que aquel individuo que achuchaba a su rub&iacute;sima esposa en biquini frente a una piscina inmensa acabar&iacute;a siendo el protagonista de una larga noche sin sue&ntilde;o y con final infeliz.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a poder decir que avis&eacute; de que Trump era un peligro, pero ser&iacute;a mentira: como tantos otros, s&oacute;lo vi en &eacute;l a un se&ntilde;or raro que, tras emprender proyectos de todo pelaje, se le hab&iacute;a antojado emprender la carrera presidencial. No me cre&iacute; que lo suyo pudiese ir en serio, ni siquiera cuando fue apeando a sus rivales republicanos, ni cuando las encuestas empezaron a lanzar sus se&ntilde;ales de alarma.
    </p><p class="article-text">
        Donald Trump, el chico pelopaja, el hombret&oacute;n desgarbado, el tipo que llamaba gordas a sus reinas de la belleza. Trump, el que hac&iacute;a llorar a los aspirantes de su reality, Trump el ostentoso, el voceras... parec&iacute;a imposible que la misma sociedad que hab&iacute;a llevado a Obama a la Casa Blanca pudiese despejar el camino de alguien como &eacute;l. Pero lo ha hecho. El presidente m&aacute;s carism&aacute;tico desde JFK ser&aacute; sucedido por alguien a cuyo lado Ronald Reagan podr&iacute;a pasar por un figurante de Downton Abbey. Un hombre que hizo su campa&ntilde;a prometiendo levantar un muro de hormig&oacute;n en la frontera con M&eacute;xico y remarcando su faceta xen&oacute;foba y machista ser&aacute; el pr&oacute;ximo l&iacute;der del mundo libre.
    </p><p class="article-text">
        Demasiado tarde nos lo estamos tomando en serio. Trump lleg&oacute; al sitio adecuado en el mejor momento y pastore&oacute; a buena parte de una sociedad justamente desencantada, llena de preocupaciones, de inseguridades y miedos. Les convenci&oacute; de que &eacute;l pod&iacute;a ser la respuesta a tantas preguntas frente a una rival inconsistente. Y mientras nos consol&aacute;bamos pensando que el t&iacute;o Donald estaba m&aacute;s solo que la una &ndash;hasta los republicanos renegaban de &eacute;l&ndash; no nos dimos cuenta de que en realidad era esa condici&oacute;n lo que pod&iacute;a auparlo a un triunfo inveros&iacute;mil que ha dejado noqueado al mundo entero.
    </p><p class="article-text">
        Trump no es una excepci&oacute;n del sistema: es una pieza m&aacute;s del burdo engranaje del populismo, que camina a toda m&aacute;quina dividiendo la sociedad en buenos y malos y culpando a unos grupos de los problemas de los otros. Estados Unidos tiene un nuevo presidente, pero tambi&eacute;n una dolorosa fractura social de consecuencias imprevisibles. Un pa&iacute;s partido en dos, en el que una mitad mira con rencor a la otra, no es un buen lugar para construir nada s&oacute;lido.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, EEUU cuenta con unas instituciones s&oacute;lidas que pueden servir de parapeto a cualquier delirio que suponga una amenaza real. Veremos si una vez que ocupe el despacho oval Mr. Trump cumple sus promesas extremas o se rinde a una realidad: no podr&aacute; actuar solo y no estar&aacute; al margen de ciertos controles, afortunadamente ineludibles incluso para el hombre m&aacute;s poderoso del mundo.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, esta historia deber&iacute;a servirnos de experiencia. Ser&iacute;a bueno estar alerta a los cantos de sirena de quienes, leg&iacute;timamente amparados por las urnas, llegan a las instituciones para debilitarlas desde dentro, cuestion&aacute;ndolas y despreci&aacute;ndolas. De quienes quieren trazar una l&iacute;nea entre los suyos y los dem&aacute;s, que son dibujados como moralmente inferiores y menos dignos de respeto. Un pa&iacute;s tocado por una crisis -&ndash;econ&oacute;mica, &eacute;tica&ndash; es terreno abonado para que se desarrollen proyectos populistas. Y al populismo, sea el de Trump o el de cualquier aprendiz de brujo, se le combate haciendo pol&iacute;tica. Trabajando. Y asumiendo las reformas necesarias para devolver a la clase media las oportunidades perdidas.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, horas despu&eacute;s de lo que hubiese sido correcto, Hillary Clinton ped&iacute;a para Trump lealtad y respeto. Es lo que toca. Aquel hombre que hace a&ntilde;os nos ense&ntilde;aba su casopl&oacute;n y a su esposa guapetona es ahora el presidente de Estados Unidos porque as&iacute; lo ha decidido la voluntad de un pueblo. El l&iacute;der de un pa&iacute;s amigo con el que tenemos que seguir colaborando desde esa lealtad y ese respeto invocados por su rival. No es momento de lamentarse, sino de asumir que hay que jugar la partida con las cartas que nos han ca&iacute;do en suerte. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Rivera de la Cruz]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Nov 2016 07:05:49 +0000]]></pubDate>
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