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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rafael Leonisio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rafael_leonisio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rafael Leonisio]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De la polarización partidista a la discriminación política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_132_3733879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33033639-ac00-4f49-bdf0-61f7bfef9061_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la polarización partidista a la discriminación política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué evidencia académica tenemos acerca del partidismo en los EEUU? ¿Se trata sólo de un fenómeno estadounidense o podríamos extrapolarlo a otros sistemas políticos?</p></div><p class="article-text">
        Uno de los argumentos que han sido empleados para tratar de explicar la elecci&oacute;n de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es la creciente&nbsp;<a href="http://agendapublica.es/por-que-donald-trump/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">polarizaci&oacute;n</a> partidista que se viene produciendo en este pa&iacute;s. En este sentido, la&nbsp;<a href="http://www.centerforpolitics.org/crystalball/articles/donald-trump-partisan-polarization-and-the-2016-presidential-election/?upm_export=print" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lealtad</a> al propio partido pol&iacute;tico (y el rechazo al contrario) ha podido ser m&aacute;s importante para el votante que el candidato que cada partido pon&iacute;a en liza. El partidismo (<a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2536084" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">partyism</a>) ha sido recientemente definido como la hostilidad o el prejuicio que se da entre los votantes o simpatizantes de diferentes partidos pol&iacute;ticos. En los Estados Unidos, la&nbsp;<a href="http://www.people-press.org/2016/04/26/a-wider-ideological-gap-between-more-and-less-educated-adults/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">antipat&iacute;a</a> entre republicanos y dem&oacute;cratas ha alcanzado los niveles m&aacute;s altos de las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, llegando a tener efectos en aspectos de la vida cotidiana que, en principio, poco tendr&iacute;an que ver con la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, una mayor&iacute;a de personas prefiere vivir en un lugar donde la mayor&iacute;a de gente comparta sus ideas pol&iacute;ticas. Del mismo modo, una de cada cuatro personas que se definen como claramente liberales o claramente conservadoras se<a href="http://www.people-press.org/2014/06/12/section-3-political-polarization-and-personal-life/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> sentir&iacute;a mal </a>si un familiar se casara con alguien que no tuviera su ideolog&iacute;a. Pero, m&aacute;s all&aacute; de estos datos generales, &iquest;qu&eacute; evidencia acad&eacute;mica tenemos acerca del partidismo en los EEUU?, y, &iquest;se trata s&oacute;lo de un fen&oacute;meno estadounidense o podr&iacute;amos extrapolarlo a otros sistemas pol&iacute;ticos? Con esta entrada trataremos de dar algunas respuestas a estas dos preguntas.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los polit&oacute;logos Shanto Iyengar y Sean Westwood han realizado&nbsp;<a href="http://www.dartmouth.edu/~seanjwestwood/papers/partisanAffectAPSA.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varios estudios experimentales</a> donde ponen a prueba la hip&oacute;tesis del partidismo en la sociedad estadounidense. Uno de sus experimentos utiliza el denominado &ldquo;<a href="https://en.wikibooks.org/wiki/Bestiary_of_Behavioral_Economics/Trust_Game" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juego de la confianza</a>&rdquo;, un juego experimental en el que participan dos jugadores (A y B). El jugador A tiene asignados inicialmente 10 d&oacute;lares y tiene que decidir cu&aacute;ntos de estos 10 d&oacute;lares env&iacute;a al jugador B. Cualquier cantidad que env&iacute;e es entonces multiplicada por tres. El jugador B, finalmente, tiene que decidir cu&aacute;nto dinero devuelve a A. As&iacute;, por ejemplo, si A env&iacute;a 5 d&oacute;lares a B, este recibir&aacute; 15, y de esos 15 tiene que decidir cu&aacute;nto env&iacute;a de vuelta a A. De modo que el dinero que A env&iacute;e a B medir&iacute;a el grado de confianza que tendr&iacute;a en B (es decir, el grado en el que A se f&iacute;a de que B le devuelva parte del dinero entregado).
    </p><p class="article-text">
        A partir de una muestra representativa de la sociedad estadounidense, estos autores encuentran que los participantes conf&iacute;an menos (env&iacute;an menos dinero en el juego) en participantes con distinta ideolog&iacute;a (dem&oacute;crata o republicana) que en aquellos con los que s&iacute; comparten voto. Y mientras la divisi&oacute;n partidista tiene un efecto significativo sobre la confianza, estos autores no encuentran que interactuar en este juego con personas de origen racial distinto afecte a la confianza. De aqu&iacute; concluyen que la animadversi&oacute;n hacia personas opuestas ideol&oacute;gicamente es mayor a la profesada hacia personas de distinta raza.
    </p><p class="article-text">
        En un&nbsp;<a href="http://www.dartmouth.edu/~seanjwestwood/papers/crossnationalTrust.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> reciente, hemos replicado el estudio sobre la primac&iacute;a del partidismo de Iyengar y Westwood en otras tres sociedades con sistemas pol&iacute;ticos distintos al estadounidense. En concreto, encontramos que tanto en los Estados Unidos, como en el Reino Unido, B&eacute;lgica y Euskadi la discriminaci&oacute;n basada en el partido pol&iacute;tico con el que te identificas es mayor que la discriminaci&oacute;n racial en los Estados Unidos, la basada en la religi&oacute;n en el Reino Unido, la regi&oacute;n en B&eacute;lgica o el origen (ascendencia aut&oacute;ctona o no) en el Pa&iacute;s Vasco. El caso vasco tiene especial relevancia por varios motivos y por eso nos vamos a detener en el mismo y lo vamos a utilizar para ilustrar la primac&iacute;a de ese partidismo al que venimos haciendo referencia.
    </p><p class="article-text">
        El electorado vasco se ha dividido tradicionalmente en cuatro compartimentos (desiguales en tama&ntilde;o) resultantes del doble eje izquierda-derecha, nacionalista-constitucionalista. En cada uno de estos compartimentos exist&iacute;a, adem&aacute;s, un partido dominante (y &uacute;nico en el momento que realizamos nuestro estudio, finales de 2014): PNV (derecha nacionalista), PP (derecha constitucionalista), Izquierda Abertzale (izquierda nacionalista) y PSE (izquierda constitucionalista).
    </p><p class="article-text">
        Utilizando el mismo juego de la confianza empleado por Iyengar y Westwood en los Estados Unidos, estudiamos si los participantes en el juego discriminaban m&aacute;s a los simpatizantes de otros partidos pol&iacute;ticos que a los que ten&iacute;an un origen (apellidos) distinto. Encontramos que la discriminaci&oacute;n basada en el criterio &eacute;tnico (apellidos) era muy peque&ntilde;a y, sobre todo, mucho menor que la producida por la simpat&iacute;a hacia distintos partidos pol&iacute;ticos. As&iacute;, un/a Urrutikoetxea conf&iacute;a lo mismo en un/a Etxebarria que en un/a L&oacute;pez y viceversa. Sin embargo el criterio partidista parece clave. Por poner un ejemplo, los votantes de la izquierda abertzale entregaban de media 5,02 euros a quienes votaba a su mismo partido y solo 2,68 a los del PP. As&iacute;, de media los votantes de un partido entregaban m&aacute;s dinero a quienes hab&iacute;an votado lo mismo que ellos.
    </p><p class="article-text">
        El caso vasco tambi&eacute;n resultaba especialmente interesante por un segundo motivo. Encontramos que la cercan&iacute;a ideol&oacute;gica entre partidos en alguno de los ejes modera el efecto negativo del sesgo partidista. As&iacute;, simpatizantes de partidos que comparten alguno de los ejes (como el PNV y la Izquierda Abertzale) se discrimina menos entre s&iacute; que simpatizantes de partidos antag&oacute;nicos en los dos ejes (Izquierda Abertzale y PP).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hace que la discriminaci&oacute;n partidista siga en aumento cuando hemos asistido a importantes avances en la reducci&oacute;n de otros tipos de discriminaciones? Nuestra interpretaci&oacute;n es que, al contrario de lo que ocurre con la discriminaci&oacute;n racial o de g&eacute;nero, que est&aacute;n fuertemente sancionadas por normas sociales, no existen las correspondientes presiones sociales en el caso de la discriminaci&oacute;n partidista. Como nos demuestran a diario los debates y tertulias pol&iacute;ticas en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses de nuestro entorno, la hostilidad y el prejuicio hacia los que no comparten nuestras ideas pol&iacute;ticas est&aacute;n plenamente aceptados socialmente y apenas nos provocan sonrojo.
    </p><p class="article-text">
        Un simple ejercicio mental es muy revelador a este respecto. Imaginemos por un momento que los calificativos que nos permitimos emplear para calificar a los votantes de Donald Trump, Mariano Rajoy o Pablo Iglesias fueran utilizados para hablar de los &ldquo;hombres&rdquo;, las &ldquo;mujeres&rdquo; o los &ldquo;musulmanes&rdquo;. Resultar&iacute;an socialmente muy inapropiados (y en algunos casos susceptibles incluso de constituir delito de odio) y, sin embargo, no lo resultan para calificar al adversario pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hay dos motivos adicionales que hacen que la polarizaci&oacute;n partidista siga en aumento. Por un lado, la ret&oacute;rica de los l&iacute;deres de los partidos hace que parezca perfectamente aceptable despreciar a los oponentes pol&iacute;ticos. La reciente campa&ntilde;a electoral estadounidense supone un ejemplo de libro de este argumento. Por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n se ha asociado la creciente polarizaci&oacute;n con la exposici&oacute;n continuada a campa&ntilde;as electorales. La sucesi&oacute;n de elecciones regionales, nacionales e incluso supranacionales hace que los partidos no abandonen el lenguaje agresivo propio de las campa&ntilde;as electorales. El ciclo electoral que comenz&oacute; en Espa&ntilde;a en 2014 y que ha mantenido al pa&iacute;s en un estado continuo de campa&ntilde;a electoral tiene mucho que ver, sin duda, con la creciente polarizaci&oacute;n que tambi&eacute;n se observa en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Miller, Rafael Leonisio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/polarizacion-partidista-discriminacion-politica_132_3733879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Nov 2016 20:22:39 +0000]]></pubDate>
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