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    <title><![CDATA[elDiario.es - Dan Roberts]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/dan_roberts/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Dan Roberts]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mis viajes por Trumplandia, el país que los medios no ven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/viajes-trumplandia_1_3730306.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f2f2b43-47cc-4dfc-b550-1ccd5ed98af6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mis viajes por Trumplandia, el país que los medios no ven"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestro corresponsal no se llevó una sorpresa cuando Hillary Clinton perdió las elecciones. Llevaba dos años de campaña electoral, viviendo en un país que no tiene presencia en la burbuja mediática</p><p class="subtitle">"Trump emite a una frecuencia que llega a todos, y explota las tres debilidades principales de la nación: la industria, la etnia y la ignorancia", explica</p></div><p class="article-text">
        Sesenta millones de estadounidenses votaron a <a href="https://www.theguardian.com/us-news/donaldtrump" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Donald Trump</a>, y cada uno lo vot&oacute; por sus propios motivos. Algunos estaban enfadados o asustados, sin m&aacute;s; otros, indiferentes a la furia desatada contra su candidato, ansiaban un cambio pol&iacute;tico y, sin duda, tambi&eacute;n hubo muchos que agradecieron la oportunidad de volcar su resentimiento sobre los que no son como ellos.
    </p><p class="article-text">
        Pero todos hicieron caso omiso de la legi&oacute;n de expertos que hab&iacute;an dado por visto para sentencia el resultado electoral, aunque &ndash;seg&uacute;n las normas que rigen las elecciones presidenciales&ndash; no lo estuviera en absoluto.
    </p><p class="article-text">
        Los dem&oacute;cratas se han aferrado al premio de consolaci&oacute;n del origen de los votos: puede que Hillary Clinton perdiera en casi todos los estados clave, pero&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2016/nov/08/us-election-2016-results-live-clinton-trump?view=map&amp;type=presidential" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recibi&oacute; 600.000 m&aacute;s que su oponente</a>&nbsp;(la cifra actual en el recuento supera los 1,2 millones) porque sus votantes se concentran en las ciudades grandes. Sin embargo, hay una forma menos reconfortante de verlo: los votantes de Trump se distribuyen de forma m&aacute;s equitativa en lugares que reflejan mejor la realidad pol&iacute;tica del pa&iacute;s, y los de Clinton est&aacute;n api&ntilde;ados en burbujas de personas que piensan lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Tras dos a&ntilde;os de campa&ntilde;a, alrededor de cien m&iacute;tines y muchas decenas de miles de kil&oacute;metros llegu&eacute; a estar bastante familiarizado con los territorios que han cambiado el signo de su voto. Las primarias y&nbsp; las elecciones generales me llevaron a 24&nbsp;Estados distintos; primero, siguiendo la campa&ntilde;a de Bernie Sanders durante un a&ntilde;o y, despu&eacute;s, cuando Sanders perdi&oacute;, cubriendo las de Clinton y Trump. Pero tambi&eacute;n me obligaron a vivir y trabajar mucho tiempo en los diez estados que han sido determinantes en el resultado final: Iowa, Ohio, Wisconsin, <a href="https://www.theguardian.com/us-news/northcarolina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carolina del Norte</a>, New Hampshire, Colorado, Michigan, Virginia y Pensilvania.
    </p><p class="article-text">
        Los aeropuertos de Des Moines, Cleveland, Miami, Milwaukee, Charlotte, Manchester, Denver y Detroit, as&iacute; como las carreteras que llevan a Richmond o Pittsburg, se volvieron tan familiares para m&iacute; como el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan y la Beltway, la Interestatal 495.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estaba en Washington o Nueva York, no me encontraba con pr&aacute;cticamente nadie que creyera posible una derrota de Clinton; pero, cuando estaba de viaje, no me encontraba con pr&aacute;cticamente nadie que se mostrara entusiasta con ella, a excepci&oacute;n de los que asist&iacute;an a sus actos electorales, poco concurridos en general.
    </p><h3 class="article-text">La charlatana minor&iacute;a</h3><p class="article-text">
        Edward Tucker es un carpintero jubilado de 68 a&ntilde;os que vive en Steubenville, una antigua y deprimida localidad sider&uacute;rgica que est&aacute; cerca de la frontera de Ohio y Pensilvania. A principios de este a&ntilde;o, me dio caballerosamente su opini&oacute;n mientras cargaba listones en su camioneta; hab&iacute;a ido al Lowes a comprar madera para una tarima que le hab&iacute;a encargado su esposa y, tras mencionar que no se arrepent&iacute;a de haber votado dos veces a Barack Obama, coment&oacute;: &ldquo;Trump es un chiflado, pero quiero que gane para ver qu&eacute; pasa. No me gustar&iacute;a que acab&aacute;ramos en guerra o algo as&iacute;, pero s&eacute; que cambiar&aacute; algo si llega a la presidencia, aunque no s&eacute; qu&eacute;&rdquo;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/BFVbfGsARXw/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Para los hombres de edad avanzada, que han visto c&oacute;mo se destru&iacute;a la prosperidad de una localidad peque&ntilde;a en s&oacute;lo una generaci&oacute;n, costaba creer que las cosas pudieran empeorar; salvo por un armaged&oacute;n at&oacute;mico. E, incluso as&iacute;, Trump no pod&iacute;a decir gran cosa que los escandalizara. Pero muchas mujeres opinaban lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Christy Cranston, una joven profesional que estaba con su marido en un mitin de Trump en Charlotte, se mostr&oacute; frustrada porque el entonces candidato republicano no defend&iacute;a sus agresivas y vociferantes salidas de tono con m&aacute;s beligerancia. &ldquo;Quiero que diga &lsquo;s&iacute;, soy un arrogante&rsquo; y &lsquo;s&iacute;, digo lo que pienso, pero espero que lo que salga de mi boca no se lleve por delante mi verdadera lucha&rsquo; &ndash;declar&oacute;&ndash;. Nunca le he o&iacute;do decir nada que sea directamente racista o contrario a las mujeres. Sus excesos son r&eacute;plicas a personas que le han atacado antes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El supuesto racismo o sexismo de Donald Trump es una cuesti&oacute;n aparte que merecer&iacute;a un an&aacute;lisis m&aacute;s a fondo, pero muchas personas se lo est&aacute;n replanteando por las recientes declaraciones de otro de sus controvertidos seguidores, Peter Thiel, uno de los inversores de Facebook.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los medios de comunicaci&oacute;n&nbsp; siempre interpretan las palabras de Trump en sentido literal. No lo toman en serio, sino literalmente &ndash;dijo ante el National Press Club, poco despu&eacute;s de las elecciones&ndash;. Sin embargo, muchos de sus votantes hacen lo contrario: se lo toman en serio, no literalmente. Y, cuando oyen cosas sobre musulmanes o muros, no se preguntan en qu&eacute; van a consistir las pruebas de ciudadan&iacute;a o si va a construir la Gran Muralla china. Ellos oyen otra cosa. Oyen que vamos a tener una pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n m&aacute;s sana y sensata&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No hay duda de que Trump puede ser un gran comunicador y un comunicador desastroso al mismo tiempo, como demostr&oacute; el jueves pasado, durante su primera e inc&oacute;moda reuni&oacute;n con Obama. Quien lea la transcripci&oacute;n oficial llegar&aacute; a la conclusi&oacute;n de que el presidente electo dijo tonter&iacute;as: &ldquo;Hablamos sobre muchas situaciones distintas, algunas maravillosas y otras, dif&iacute;ciles. Ardo en deseos de trabajar con el presidente actual y de recibir sus consejos. Me explic&oacute; algunas de las dificultades, algunas de las ventajas y algunas de las grandes cosas que se han conseguido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero quien vea y escuche la grabaci&oacute;n del acto llegar&aacute; a una conclusi&oacute;n diferente. Trump parece mucho m&aacute;s seguro. Sin embargo, su sintaxis es&nbsp;tan mala como la de George W. Bush, pero el sentido de sus palabras est&aacute; bien claro. Y es posible que el ciudadano medio de los Estados Unidos se sienta reflejado en su forma de ser, que contrasta abiertamente con la del cerebral Obama y la artificial&nbsp;Hillary Clinton: vociferante y confusa quiz&aacute;, pero no est&uacute;pida.
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                </figure><p class="article-text">
        A pesar de ello, tampoco se puede pecar de inocencia y pensar que no hay un trasfondo profundamente c&iacute;nico en sus pifias. Trump emite a una frecuencia que llega a todos, y explota las tres debilidades principales de la naci&oacute;n: la industria, la etnia y la ignorancia.
    </p><h3 class="article-text">Industria</h3><p class="article-text">
        Trump no ha ganado las elecciones por un pu&ntilde;ado de veleidosos habitantes de Florida, sino por haber cambiado radicalmente el mapa pol&iacute;tico del Medio Oeste industrial, m&aacute;s conocido como el &ldquo;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rust_Belt" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rust Belt</a>&rdquo; (algo as&iacute; como el cintur&oacute;n industrial de EEUU). Los 70 votos electorales de Wisconsin, Ohio, Michigan, Iowa y Pensilvania pesaron m&aacute;s que los de Texas y Nueva York juntas. Sumen New Hampshire y Minnesota, donde Clinton se salv&oacute; de sufrir una derrota a&uacute;n peor por s&oacute;lo 50.000&nbsp;votos, y ver&aacute;n que la candidata dem&oacute;crata tambi&eacute;n hab&iacute;a perdido las primarias en casi todos esos Estados.
    </p><p class="article-text">
        No se puede decir que todos ellos sean v&iacute;ctimas de la globalizaci&oacute;n. Minneapolis tiene una pujante industria m&eacute;dica. Cleveland mostr&oacute; al mundo las posibilidades de la renovaci&oacute;n urbana durante la convenci&oacute;n del Partido Republicano y, como tuve ocasi&oacute;n de comprobar cada vez que iba a Des Moines, sus habitantes pensaban que se hab&iacute;a avanzado mucho. Adem&aacute;s, existe un intenso orgullo local que, con frecuencia, se manifiesta en una gastronom&iacute;a abiertamente contraria a la est&eacute;tica de Whole Foods, la cadena de alimentos naturales y org&aacute;nicos:<a href="https://www.instagram.com/p/BJyUIW_gvd_/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> chile en Cincinnati</a>, queso en grano en Wisconsin, hamburguesas de&nbsp;<a href="https://www.instagram.com/p/234YWhgRUS/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;carne suelta&rdquo;</a> en Iowa y, en todas partes, barbacoas. Pero la combinaci&oacute;n de industrias cerradas, sueldos estancados y falta de inversi&oacute;n en infraestructuras, que el pa&iacute;s m&aacute;s rico les niega, tambi&eacute;n ha dejado una palpable <a href="https://www.instagram.com/p/BIVGBTbgRPe/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sensaci&oacute;n de decadencia</a>.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el centro de Filadelfia, basti&oacute;n del Partido Dem&oacute;crata, despliega una impresionante exposici&oacute;n de industria. Y las calles vac&iacute;as de las ciudades de tama&ntilde;o medio del Este de Iowa o del Mahoning Valley de Ohio se contrapon&iacute;an a la maquinaria de Clinton, decidida a acentuar los factores positivos frente a las advertencias de Trump sobre el librecambismo y la &ldquo;econom&iacute;a ama&ntilde;ada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la sensaci&oacute;n de decadencia no se limita al Medio Oeste y a los simpatizantes de Trump. Seg&uacute;n un estudio reciente del Pew Research Center, Goldsboro (Carolina del Norte) ha sufrido la mayor disminuci&oacute;n de los Estados Unidos en el grupo de personas que ganan lo suficiente como para ser considerados de &ldquo;clase media&rdquo;; una definici&oacute;n que en la Gran Breta&ntilde;a con conciencia de clase equivale a un vaso medio lleno, pero que est&aacute; medio vac&iacute;o para cualquiera de los trabajadores que se esforzaban por sobrevivir durante las elecciones estadounidenses del a&ntilde;o 2016.
    </p><p class="article-text">
        Fue precisamente en Goldsboro donde conoc&iacute; a Latonia Best, una mujer con tres carreras que cr&iacute;a a tres hijos sin ayuda de nadie y que estuvo trabajando tres a&ntilde;os como profesora de alumnos con necesidades especiales. Por desgracia, su vida tiene otro tr&iacute;o: los tres trabajos que se ve obligada a hacer para salir adelante, y que le obligaron a dejar su antiguo empleo a jornada completa en el colegio.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, es ni&ntilde;era los s&aacute;bados y domingos y tiene dos contratos temporales de ense&ntilde;anza ambulante que la obligan a ir de casa en casa durante la semana: &ldquo;Mis hijos no lo entienden. No comprenden que no tenga dinero para hacer esto o aquello. Quieren saber c&oacute;mo es posible que trabaje todos los d&iacute;as y no lo tenga&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para las profesoras como Best, cuyo salario neto es de 3.333 d&oacute;lares y se queda con s&oacute;lo 50 a final de mes, los pol&iacute;ticos no hablan lo suficiente sobre las dificultades de la esforzada clase media. &ldquo;Los candidatos principales no hablaron sobre lo que iban a hacer para mejorar nuestras vidas; por lo menos, durante la primera fase de la campa&ntilde;a &ndash;me dijo Lashaudon Perkins, colega de Best&ndash;. &iquest;Estados Unidos? Somos un pa&iacute;s en horas bajas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por si todo esto parece exagerado, cabe a&ntilde;adir que el estudio del Pew Research Center demostr&oacute; que 203 de las 229 zonas metropolitanas de los Estados Unidos sufrieron una disminuci&oacute;n radical de los adultos que viven en hogares con ingresos de clase media entre los a&ntilde;os 2000 y 2014.
    </p><p class="article-text">
        Los autores del estudio consideran de clase media a las personas cuyo salario se encuentra entre dos tercios del salario medio nacional y el doble de &eacute;ste, lo cual significa que la disminuci&oacute;n se produjo en dos direcciones: algunos se hicieron m&aacute;s ricos y otros, m&aacute;s pobres. Pero la elevada desigualdad se muestra tambi&eacute;n en el hundimiento de la movilidad social, tanto por el coste de la educaci&oacute;n universitaria, que la vuelve prohibitiva para muchas familias, como por las cada vez menores perspectivas de empleo entre los que eligieron quedarse en &ldquo;el cintur&oacute;n industrial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, un rico promotor inmobiliario que vive en una torre dorada de Manhattan los convenci&oacute; de que pod&iacute;a ser su palad&iacute;n. Y, para conseguirlo, tuvo que pulsar m&aacute;s botones.
    </p><h3 class="article-text">Raza</h3><p class="article-text">
        Ningunas elecciones estadounidenses estar&iacute;an completas sin Florida, un Estado donde el atractivo de Trump no se puede explicar a partir de la austeridad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, la soleada Florida tiene bastantes nubarrones: multitud de salarios bajos sin protecci&oacute;n social y muchos propietarios que luchan por salir del pozo en el que se hundieron tras una explosi&oacute;n particularmente dram&aacute;tica de la burbuja inmobiliaria.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n tiene brillantes s&iacute;mbolos del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;,<a href="https://www.instagram.com/p/BMT3cYQg4VR/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> como los puertos deportivos llenos de yates de Fort Lauderdale</a>, junto al lugar donde Clinton daba sus m&iacute;tines para intentar ganarse a la diversa poblaci&oacute;n del Estado. Entre tanto, los carteles de Trump estaban en todos los inmaculados jardines de localidades pr&oacute;speras como Tampa. Y en The Villages, la mayor comunidad de jubilados del mundo, cuya poblaci&oacute;n de m&aacute;s de 100.000 habitantes crece m&aacute;s deprisa que ninguna ciudad de EEUU, los muchos partidarios del ya presidente electo iban de un lado a otro con carritos de golf que llevaban el logotipo de Trump.
    </p><p class="article-text">
        Los dos candidatos pasaron m&aacute;s tiempo en Florida que en ning&uacute;n otro sitio. Clinton estuvo cinco d&iacute;as seguidos durante la &uacute;ltima semana de campa&ntilde;a, antes de volver al Norte con la satisfacci&oacute;n de haber logrado en apariencia que un gran sector de votantes latinoamericanos que pensaban abstenerse reconsideraran su actitud y privaran a Trump de un estado crucial. Y es cierto que, a diferencia de otros estados &eacute;tnicamente diversos como California, Florida rompi&oacute; la norma nacional y tuvo un peque&ntilde;o aumento de participaci&oacute;n, pero no hasta el punto de que los votantes nuevos compensaran el espaldarazo a Trump de los blancos anglosajones.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, ni siquiera hubo que recontar las papeletas: Trump se impuso por 130.000 votos de diferencia, y sus resultados entre la comunidad latina mejoraron los de Mitt Romney; quiz&aacute;, porque los que hab&iacute;an conseguido sortear las bizantinas normas de inmigraci&oacute;n para tener derecho a voto no se sienten particularmente solidarios con sus compa&ntilde;eros sin papeles.
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos relativos, Trump obtuvo m&aacute;s votos de blancos en todo el pa&iacute;s que ning&uacute;n presidente anterior de Estados Unidos. Deducir de ello que todos esos votantes son xen&oacute;fobos revela&nbsp;tantos prejuicios como un an&aacute;lisis simplista, pero tampoco se puede negar que la mayor&iacute;a era consciente de sus opiniones sobre los musulmanes y los mexicanos, del apoyo que le hab&iacute;a dado el Ku Klux Klan y de su actitud despectiva hacia&nbsp;el movimiento Black Lives Matter.
    </p><p class="article-text">
        La veta de nacionalismo blanco inherente al discurso de Trump se volvi&oacute; m&aacute;s expl&iacute;cita cuando nombr&oacute; director ejecutivo de su campa&ntilde;a electoral a<a href="http://www.eldiario.es/theguardian/Priebus-Bannon-nuevos-administracion-Trump_0_580242773.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Steve Bannon, cuya ultraderechista p&aacute;gina web, Breitbart.com</a>, no deja dudas sobre su creencia de que Estados Unidos est&aacute;n enferma de correcci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Durante una fiesta celebrada en la sede de Breitbart (Washington), tuve ocasi&oacute;n de conocer a un grupo de seguidores que estuvieron encantados de debatir conmigo sobre sus teor&iacute;as raciales. Yo hab&iacute;a ido porque se presentaba un libro sobre Trump de una compa&ntilde;era de viaje, Ann Coulter, pero es posible que mi acento les hiciera creer que simpatizaba con su causa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo el mundo dice que somos una naci&oacute;n de inmigrantes, pero no es verdad. Somos una naci&oacute;n de inmigrantes del Norte de Europa, y no deber&iacute;amos pagar m&aacute;s por el simple derecho de vivir entre los nuestros&rdquo;, declar&oacute; un hombre que llevaba una camiseta de Trump. &ldquo;Tienes toda la raz&oacute;n &ndash;dijo la mujer que estaba a su lado&ndash;. Mi familia est&aacute; aqu&iacute; desde la d&eacute;cada de 1680&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Coulter (<a href="http://www.breitbart.com/2016-presidential-race/2016/07/11/trump-trust-pluribus-awesome-ann-coulter-book-cover/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>In Trump We Trust: E Pluribus Awesome!</em></a>) refleja el ambiente racialmente triunfante. &ldquo;Del mismo modo en que casi todos los inmigrantes que llegan a Finlandia hacen que Finlandia sea menos blanca, casi todos los que llegan a EEUU hacen que EEUU sea menos honrado &ndash;escribi&oacute;&ndash;. Trump no puede hacer nada que no se pueda perdonar. Salvo cambiar su pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la capital, un lugar supuestamente cosmopolita, se puede mostrar sorprendentemente intolerante. Una noche, en un McDonald's que est&aacute; una manzana de la Casa Blanca, me encontr&eacute; con un hombre que rega&ntilde;aba a los trabajadores hispanohablantes del local, todos precarios con sueldos m&iacute;nimos. Se hab&iacute;a enfadado con ellos porque carec&iacute;an de la habilidad ling&uuml;&iacute;stica necesaria para explicarle en ingl&eacute;s el contenido exacto de la ensalada que quer&iacute;a pedir. &ldquo;Hable ingl&eacute;s&rdquo; es una frase que desconcertar&iacute;a a los brit&aacute;nicos, pero se oye y se ve bastante en Trumplandia.
    </p><p class="article-text">
        Muchos estadounidenses creen que el nacionalismo de Estados Unidos es relativamente benigno, aunque se exprese en todas partes. Ohio, por ejemplo, est&aacute; abarrotado de barras y estrellas. Pero puede que cuatro a&ntilde;os de Gobierno de Trump cambien la imagen nacional de la bandera y los c&aacute;nticos de &ldquo;USA, USA&rdquo; que se o&iacute;an constantemente en sus m&iacute;tines. O puede que no.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Ignorancia</h3><p class="article-text">
        Una semana antes de las elecciones, tom&eacute; un avi&oacute;n en el aeropuerto Ronald Reagan. Era mi &uacute;ltimo vuelo de la campa&ntilde;a, y desayun&eacute; junto a una pareja que regresaba a Atlanta despu&eacute;s de que &eacute;l hubiera participado en el&nbsp;marat&oacute;n del Cuerpo de Marines. La mujer, que no dejaba de mirar las noticias de la CNN en la pantalla que estaba sobre nosotros, coment&oacute; en determinado momento: &ldquo;Hab&iacute;a olvidado que hay elecciones. &iquest;Cu&aacute;ndo son? &iquest;La semana que viene? &iquest;O el mes que viene?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces comprend&iacute; que yo llevaba dos a&ntilde;os en una burbuja, convencido de que las elecciones eran el acontecimiento m&aacute;s importante del pa&iacute;s; dos a&ntilde;os encerrado en aviones, y viviendo una cuenta atr&aacute;s en unos relojes electr&oacute;nicos que daban las horas, los minutos y los segundos.
    </p><p class="article-text">
        Se han escrito muchas cosas sobre el impacto de los modernos medios de comunicaci&oacute;n en la campa&ntilde;a. Una de esas verdades postelectorales dice que <a href="http://www.eldiario.es/cultura/tecnologia/redes_sociales/problema-noticias-falsas-Zuckerberg-resolver_0_580592230.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las reiteradas falsedades de Trump se extendieron sin oposici&oacute;n alguna por las redes sociales</a>&nbsp;y los programas adictos a su causa. Pero la realidad dice otra cosa: que las dos mitades ideol&oacute;gicas del pa&iacute;s viven en un espl&eacute;ndido aislamiento.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de las elecciones, muchos progresistas encontraron consuelo en una historia compartida por Facebook seg&uacute;n la cual Barack Obama los habr&iacute;a salvado de los peores efectos de un Gobierno de Trump al haber protegido constantemente el derecho al aborto; sin embargo, todos obviaban que las decisiones finales en dicha materia corresponden al Tribunal Supremo.
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nicamente, una de las citas m&aacute;s extendidas de Trump, que se usa para demostrar su supuesta mendacidad, <a href="http://www.snopes.com/1998-trump-people-quote" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es probablemente falsa:</a>&nbsp;&ldquo;Si me quisiera presentar a la presidencia, me presentar&iacute;a como republicano. Son los votantes m&aacute;s est&uacute;pidos de todo el pa&iacute;s. Creen cualquier cosa que diga Fox News. Podr&iacute;a mentir todo lo que quisiera y se lo tragar&iacute;an. Mis resultados ser&iacute;an magn&iacute;ficos&rdquo;. Seg&uacute;n dicen, Trump hizo esas declaraciones en 1998, en una entrevista para la revista People; pero la Fox era una cadena nueva, que acababa de empezar.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, pocos de esos enga&ntilde;osos memes progresistas se acercan siquiera a la&nbsp;<a href="http://www.politifact.com/personalities/donald-trump/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">avalancha de afirmaciones inexactas que hizo Trump</a> durante la campa&ntilde;a electoral: desde fanfarronadas <a href="http://www.politifact.com/truth-o-meter/statements/2016/nov/07/donald-trump/closing-argument-donald-trump-wrongly-says-he-outd/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre el tama&ntilde;o de las multitudes</a>&nbsp;que iban a sus m&iacute;tines hasta milongas como la afirmaci&oacute;n de que M&eacute;xico pagar&aacute; la construcci&oacute;n de su muro.
    </p><p class="article-text">
        Puede que la gente est&eacute; volviendo a un periodismo m&aacute;s serio que el alentado por el propio Trump, pero se equivoca quien piense que los votantes le har&iacute;an caso. Mis viajes por Trumplandia hablan de un pa&iacute;s que ya vive en universos paralelos; un pa&iacute;s ansioso y aburrido que s&oacute;lo cree lo que quiere creer.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Jes&uacute;s G&oacute;mez Guti&eacute;rrez
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dan Roberts]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/viajes-trumplandia_1_3730306.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Nov 2016 19:23:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mis viajes por Trumplandia, el país que los medios no ven]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,Donald Trump,Hillary Clinton,Estados Unidos]]></media:keywords>
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