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    <title><![CDATA[elDiario.es - Santiago Álvarez Cantalapiedra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/santiago_alvarez_cantalapiedra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Santiago Álvarez Cantalapiedra]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Crecimiento urbano, polarización social y cambio climático: un cóctel peligroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/crecimiento-polarizacion-climatico-coctel-peligroso_132_3720200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/745de9ea-8c2b-47da-9b89-6e691487d778_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crecimiento urbano, polarización social y cambio climático: un cóctel peligroso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis agónica de la vida cotidiana urbana tiene mucho que ver con haberla puesto al servicio de la acumulación, y, en este contexto, el derecho a la ciudad significa recuperarla para sus gentes liberándola de los intereses del capital</p><p class="subtitle">En la nueva agenda urbana las palabras sostenibilidad, inclusión o resiliencia empiezan a estar presentes</p></div><p class="article-text">
        Las ciudades afrontan desaf&iacute;os que no conviene contemplar por separado. La combinaci&oacute;n del crecimiento urbano con la polarizaci&oacute;n social y el cambio clim&aacute;tico supone una mezcla explosiva que debe ser abordada de manera urgente. 
    </p><p class="article-text">
        Un dato que ilustra las aristas del problema es el ritmo actual del &eacute;xodo hacia las zonas urbanas: cerca de tres millones de personas se desplazan semanalmente hacia las ciudades, y el 90% de ese crecimiento se da en los llamados pa&iacute;ses en desarrollo. En ellos, se concentra el grueso de los 828 millones de personas que viven en barrios marginales con graves insuficiencias en infraestructuras y servicios b&aacute;sicos (electricidad, agua, saneamiento, atenci&oacute;n sanitaria o educaci&oacute;n). El porcentaje de poblaci&oacute;n que vive en estas zonas, social y ambientalmente m&aacute;s vulnerables, no ha dejado de crecer en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas: aument&oacute; del 35% de 1990 hasta el 46% en 2012. 
    </p><p class="article-text">
         La polarizaci&oacute;n social urbana se ha agudizado en ese mismo periodo. Lo se&ntilde;alan Franziska Schreiber y Alexander Carius en <a href="http://www.fuhem.es/ecosocial/noticias.aspx?v=10045&amp;n=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La Situaci&oacute;n del Mundo 2016</em></a>, del Worldwatch Institute, titulado &ldquo;Ciudades sostenibles. Del sue&ntilde;o a la acci&oacute;n&rdquo;: m&aacute;s de dos tercios de la poblaci&oacute;n urbana vive en ciudades donde la brecha de la desigualdad se ha ensanchado generando profundas din&aacute;micas de segregaci&oacute;n espacial y p&eacute;rdida de cohesi&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        El calentamiento global, a su vez, est&aacute; provocando que aumenten de manera acelerada los riesgos de exposici&oacute;n a los desastres de origen clim&aacute;tico. El PNUD advierte del incremento &ndash;no s&oacute;lo de frecuencia, sino tambi&eacute;n de intensidad&ndash; de los desastres vinculados al clima a lo largo del &uacute;ltimo siglo: si entre 1901 y 1910 se tiene constancia de 82, entre 2003 y 2012 se registraron m&aacute;s de cuatro mil. Buena parte de la expansi&oacute;n de las ciudades se ha producido de forma desordenada sobre cauces de arroyos, laderas fr&aacute;giles, humedales, deltas de r&iacute;o o zonas del litoral. La poblaci&oacute;n all&iacute; asentada es la que dispone de menos recursos. De no abordarse la relaci&oacute;n entre proceso urbanizador, cambio clim&aacute;tico y zonas vulnerables, los impactos de los desastres meteorol&oacute;gicos aumentar&aacute;n dram&aacute;ticamente, convirti&eacute;ndose en una &ldquo;cuesti&oacute;n de vida o muerte&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Planteamiento integrado: ordenaci&oacute;n urbana, medidas sociales y gobernanza local</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dadas las profundas interrelaciones, este triple desaf&iacute;o tendr&aacute; que abordarse conjuntamente. Para ello se necesita integrar los planes urbanos con acciones estrat&eacute;gicas en el &aacute;mbito social y pol&iacute;tico, tanto en los programas nacionales como en las actuaciones locales.
    </p><p class="article-text">
        Los programas nacionales pueden ofrecer el marco necesario para que las iniciativas locales funcionen en la pr&aacute;ctica, siempre que se acierte en su dise&ntilde;o y vayan respaldados de financiaci&oacute;n suficiente y nuevas estructuras institucionales de gobernanza. Son especialmente indicados para afrontar riesgos de car&aacute;cter global cuyos efectos, sin embargo, se padecen localmente y precisan competencias jur&iacute;dicas y capacidades administrativas pegadas al terreno. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque los programas nacionales proporcionen el marco fundamental, los logros depender&aacute;n en &uacute;ltima instancia de las iniciativas locales. Los esfuerzos se suelen centrar en el &aacute;mbito de las infraestructuras y aspectos t&eacute;cnicos del planeamiento urbano, pero, estas actuaciones deben ir acompa&ntilde;adas de pol&iacute;ticas que valoren las diferencias econ&oacute;micas y la diversidad sociocultural de una poblaci&oacute;n con distintos or&iacute;genes &eacute;tnicos y geogr&aacute;ficos. De lo contrario, la interacci&oacute;n entre los procesos globales y locales acelerar&aacute;, como se ve en el fen&oacute;meno migratorio, patrones de segregaci&oacute;n espacial y exclusi&oacute;n urbana. 
    </p><p class="article-text">
        La variedad de medidas de dise&ntilde;o urbano (ordenaci&oacute;n de usos del suelo, sistemas de movilidad y transporte, edificaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n, dise&ntilde;o de parques, calles y plazas, etc.) debe encontrar sentido en las necesidades de la gente, gui&aacute;ndose por valores sociales y ambientales y no s&oacute;lo econ&oacute;micos. Lo sintetiza bien Jan Gehl, urbanista dan&eacute;s defensor de un urbanismo centrado en las personas: &ldquo;Antes de nada, la vida. Despu&eacute;s, los espacios. Finalmente, los edificios. Al rev&eacute;s no funciona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el papel son los gobiernos locales los que mejor conocen las necesidades y las vulnerabilidades de la gente debido a su proximidad. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, no siempre intervienen reflejando las demandas y aspiraciones de la ciudadan&iacute;a. Existen demasiadas deficiencias en el gobierno de las ciudades en materia de representatividad, transparencia, rendici&oacute;n de cuentas y procesos de toma de decisiones, y pocos mecanismos efectivos para contener y resolver democr&aacute;ticamente los conflictos que surgen de la desigual apropiaci&oacute;n del espacio y los recursos urbanos por parte de poderosos intereses econ&oacute;micos. La mejora de la calidad de las instituciones locales es, junto al planeamiento urbano y las pol&iacute;ticas sociales, el tercer pilar fundamental para encarar el futuro. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La agenda urbana y el &ldquo;derecho a la ciudad&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la nueva agenda urbana las palabras sostenibilidad, inclusi&oacute;n o resiliencia empiezan a estar presentes. El und&eacute;cimo objetivo de Desarrollo Sostenible defendido por Naciones Unidas reza as&iacute;: &ldquo;Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles&rdquo;. Formulados de forma abstracta, al margen del contexto y desgajados de un diagn&oacute;stico, devienen en f&oacute;rmulas ret&oacute;ricas hueras. &iquest;Qu&eacute; significa la sostenibilidad sin hacer referencia a los modelos de producci&oacute;n y consumo que configuran los estilos de vida urbanos? &iquest;Qu&eacute; cabe entender por inclusi&oacute;n si no se denuncia que la ciudad pas&oacute; de una &ldquo;l&oacute;gica distributiva e inclusiva&rdquo; a una &ldquo;l&oacute;gica de extracci&oacute;n y expulsi&oacute;n&rdquo;? &iquest;Se piensa en clave de seguridad humana, atendiendo a las necesidades sociales de una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s vulnerable ante riesgos de origen clim&aacute;tico, o s&oacute;lo en t&eacute;rminos de orden p&uacute;blico?
    </p><p class="article-text">
        La forma de evitar que las agendas urbanas caigan en la vacuidad pasa por reivindicar el &ldquo;derecho a la ciudad&rdquo;, por dos razones principales. La primera, porque cuando brot&oacute; en 1968 una de las ideas de Henri Lefebvre ven&iacute;a asociada a una denuncia: la ciudad, convertida no s&oacute;lo en espacio mercantilizador, sino ella misma en mercanc&iacute;a. La crisis ag&oacute;nica de la vida cotidiana urbana tiene mucho que ver con haberla puesto al servicio de la acumulaci&oacute;n, y, en este contexto, el derecho a la ciudad significa recuperarla para sus gentes liber&aacute;ndola de los intereses del capital. La segunda raz&oacute;n, porque de esta denuncia se desprende un proyecto pol&iacute;tico concreto alejado de cualquier ambig&uuml;edad: que la gente vuelva a ser due&ntilde;a de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        El concepto de derecho a la ciudad reconoce las urbes como proyectos colectivos y espacio pol&iacute;tico para definir y dise&ntilde;ar la ciudad en la que se quiere vivir. No es simplemente el derecho a lo que est&aacute; en la ciudad, es la ciudad recuperada como espacio com&uacute;n. Desde esta visi&oacute;n, los planteamientos que integran elementos urbanos, sociales y pol&iacute;ticos adquieren sentido y podr&aacute;n hacer frente con eficacia a los desaf&iacute;os que tienen hoy las ciudades. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Álvarez Cantalapiedra]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Jan 2017 19:55:05 +0000]]></pubDate>
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