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    <title><![CDATA[elDiario.es - Maribel Mora]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maribel_mora/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Maribel Mora]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Menopausia: dolor ignorado, violencia de sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/menopausia-dolor-ignorado-violencia-sistema_132_12789798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e6475cb-559a-4f1f-8814-9cfb7638d6eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Menopausia: dolor ignorado, violencia de sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nombrarlo como violencia machista es el primer paso para dejar de soportarlo en silencio. El siguiente, ineludible, es exigir políticas públicas a la altura: formación, unidades específicas, adaptaciones laborales, datos y recursos reales</p><p class="subtitle">Opinión - El muro de Texas en el Guadalquivir</p></div><p class="article-text">
        Una mujer de 52 a&ntilde;os intenta explicar en su trabajo que lleva semanas sin dormir, se despierta empapada en sudor, el coraz&oacute;n se le dispara, la cabeza se le queda en blanco. Pronuncia la palabra &ldquo;menopausia&rdquo;. Su compa&ntilde;ero responde: &ldquo;Yo tambi&eacute;n duermo fatal, el ni&ntilde;o peque&ntilde;o llora todas las noches&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otra mujer, 46 a&ntilde;os, tiene un puesto de responsabilidad. La menopausia le trae noches en vela, sofocos en mitad de las reuniones, lagunas de memoria que le dan p&aacute;nico. Adem&aacute;s, es la hija &ldquo;responsable&rdquo; de unos padres mayores. Cuando pide flexibilidad y apoyo temporal en sus funciones, la llama a hablar otra mujer con cargo en la empresa y con tono pretendidamente &ldquo;emp&aacute;tico&rdquo;&nbsp;le dice: &ldquo;Te vemos sufrir, de verdad. &iquest;No ser&aacute; mejor que lo dejes para no sufrir m&aacute;s? No puedes estar al 100%&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un invernadero del campo andaluz, una temporera de 49 a&ntilde;os trabaja a destajo. Sangrados muy abundantes, mareos, sofocos bajo el pl&aacute;stico, dolor en las piernas. El ba&ntilde;o est&aacute; a diez minutos andando. Cuando pide ir porque la compresa no aguanta m&aacute;s, el manijero mira el reloj y responde que all&iacute; se ha ido &ldquo;a trabajar, no a pasearse&rdquo;. En pleno sofoco siente que se desmaya, pero no le permiten parar porque &ldquo;se enfr&iacute;a el ritmo&rdquo;. Ese d&iacute;a, con los mareos y el sangrado, no llega a la media de kilos exigida. Al final de la jornada, el capataz la llama aparte: &ldquo;Ma&ntilde;ana qu&eacute;date en casa, ya te avisaremos&rdquo;. Varios d&iacute;as sin jornal, sin despido formal, pero con castigo real.
    </p><p class="article-text">
        No son an&eacute;cdotas aisladas. Son tres formas distintas de una misma violencia. Cada 25 de noviembre miramos de frente el maltrato psicol&oacute;gico, los asesinatos, las violaciones. Y es imprescindible. Pero hay violencias que no dejan moratones y, sin embargo, destrozan la vida de miles de mujeres en Andaluc&iacute;a como el abandono sanitario tras un cribado de c&aacute;ncer de mama o la falta de atenci&oacute;n y de derechos laborales de quienes transitan la menopausia con s&iacute;ntomas severos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mayoría sufren síntomas y para alrededor de un 20%, esos síntomas deterioran gravemente la calidad de vida con sofocos, insomnio crónico, ansiedad, dolores articulares, sangrados incapacitantes, niebla mental, pérdida de memoria, dolor en las relaciones sexuales...</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo escribo como feminista, como activista de derechos humanos y como exdiputada andaluza que lleg&oacute; a registrar una ley para luchar contra la discriminaci&oacute;n por menopausia. Si hubo que redactarla es porque el sistema falla en algo tan b&aacute;sico como nuestro derecho a la salud y al empleo en igualdad. Durante su preparaci&oacute;n pude recoger decenas y decenas de testimonios de mujeres que me confirmaron esta necesidad.
    </p><p class="article-text">
        El climaterio, esa transici&oacute;n que incluye la perimenopausia, la menopausia y la posmenopausia, puede durar a&ntilde;os y atravesar casi la mitad de la vida de las personas con &uacute;tero. La mayor&iacute;a sufren s&iacute;ntomas y para alrededor de un 20%, esos s&iacute;ntomas deterioran gravemente la calidad de vida con&nbsp;sofocos, insomnio cr&oacute;nico, ansiedad, dolores articulares, sangrados incapacitantes, niebla mental, p&eacute;rdida de memoria, dolor en las relaciones sexuales... Y, sin embargo, llegamos a esta etapa casi siempre desinformadas. Ni en la escuela, ni en las campa&ntilde;as p&uacute;blicas, ni en las consultas te preparan. No es un despiste neutral: es la consecuencia de una medicina androc&eacute;ntrica que sigue tratando la salud de las mujeres como un a&ntilde;adido sin importancia, un problema &ldquo;de hormonas&rdquo; que cada una debe sobrellevar como pueda.
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud lleva a&ntilde;os reclamando que la transici&oacute;n por la menopausia se trate como parte integral del derecho a la salud, con atenci&oacute;n f&iacute;sica, mental y sexual y acceso real a informaci&oacute;n y tratamientos. Ignorar estas recomendaciones cuando se conoce el sufrimiento que hay detr&aacute;s no es un olvido t&eacute;cnico, es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a las escenas. El compa&ntilde;ero que responde &ldquo;yo tambi&eacute;n duermo fatal&rdquo;&nbsp;borra la especificidad de lo que te ocurre, reduce un cuadro complejo y sostenido a una mala noche, coloca su experiencia de hombre como medida de todas y te lanza un mensaje disciplinador: si &eacute;l aguanta, t&uacute; deber&iacute;as aguantar.&nbsp;Es machista porque se niega a reconocer que tu insomnio no viene de un ni&ntilde;o que llora, sino de una etapa vital que solo atravesamos las mujeres y que va unida a una desigualdad estructural en la sanidad y en el trabajo. Adem&aacute;s, desplaza el foco de la conversaci&oacute;n: en lugar de abrir espacio para hablar de menopausia en la empresa y pensar cambios, la sit&uacute;a en el terreno de las quejas individuales. Tu dolor deja de ser un asunto pol&iacute;tico y vuelve a ser un problema privado que deber&iacute;as gestionar t&uacute; sola.
    </p><p class="article-text">
        La otra compa&ntilde;era que te dice &ldquo;mejor d&eacute;jalo para no sufrir&rdquo; envuelta en empat&iacute;a est&aacute; haciendo el trabajo sucio del patriarcado. En vez de pelear junto a ti por una adaptaci&oacute;n razonable, convierte el problema estructural en tu decisi&oacute;n &ldquo;libre&rdquo; de renunciar. Es machista porque parte de la idea de que solo hay dos opciones: o encajas en el modelo de trabajadora ideal, disponible, sin l&iacute;mites, sin cuerpo, sin cuidados, o desapareces. Se apoya en el hecho de ser mujer para legitimar el mensaje pero lo que transmite es que la combinaci&oacute;n de cuerpo menop&aacute;usico y cuidados son incompatibles con el poder.
    </p><p class="article-text">
        La temporera que no llega a la media de kilos descubre otra cara de lo mismo. Las condiciones objetivas de muchos trabajos como el trabajo con calor extremo, falta de ventilaci&oacute;n, distancia o restricciones para ir al ba&ntilde;o o&nbsp;uniformes restrictivos multiplican los s&iacute;ntomas, y la forma de contratar:&nbsp;a destajo, con miedo o sin contrato, sin derechos, convierte esos s&iacute;ntomas en sanci&oacute;n econ&oacute;mica. No hace falta que nadie pronuncie la palabra menopausia para que tu cuerpo y tu bolsillo sean castigados por ella.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas han pensado en dejar su empleo por una menopausia complicada, muchas van a trabajar sufriendo por miedo a que su situación se interprete como falta de compromiso, y casi ninguna se atreve a nombrarla abiertamente en la empresa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando miramos los datos, el panorama es impactante. En el Reino Unido, un informe de <em>The Fawcett&nbsp;Society</em>, <a href="https://www.fawcettsociety.org.uk/menopauseandtheworkplace" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Menopause and the Workplace</em></a>&nbsp;(mayo 2022), revel&oacute; que tres de cada cinco mujeres menop&aacute;usicas se ve&iacute;an afectadas negativamente en el trabajo y que centenares de miles hab&iacute;an dejado su empleo por los s&iacute;ntomas. A los 50 a&ntilde;os con al menos un s&iacute;ntoma problem&aacute;tico tienen mucha m&aacute;s probabilidad de haber dejado su trabajo a los 55 o de haber reducido su jornada. Y una encuesta del Women &amp; Equalities Committee del Parlamento brit&aacute;nico (septiembre 2021) recog&iacute;a que en torno a un tercio de las participantes se hab&iacute;a ausentado del trabajo por sus s&iacute;ntomas, muchas sin atreverse a decir la verdadera raz&oacute;n a su jefe.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, en Espa&ntilde;a y en Andaluc&iacute;a no tenemos estudios p&uacute;blicos sobre c&oacute;mo afecta la menopausia a la carrera profesional de las mujeres. Lo poco que sabemos proviene de investigaciones parciales y privadas que dejan ver lo obvio: muchas han pensado en dejar su empleo por una menopausia complicada, muchas van a trabajar sufriendo por miedo a que su situaci&oacute;n se interprete como falta de compromiso, y casi ninguna se atreve a nombrarla abiertamente en la empresa.
    </p><p class="article-text">
        En la sanidad ocurre algo similar. Una encuesta de la Sociedad Andaluza de Ginecolog&iacute;a y Obstetricia de 2023 realizada a profesionales del SAS muestra que la inmensa mayor&iacute;a de especialistas en medicina de familia, ginecolog&iacute;a y matronas no hab&iacute;a recibido formaci&oacute;n suficiente en menopausia y no se sent&iacute;a preparada para tratarla. La atenci&oacute;n al climaterio aparece en los papeles, pero en la pr&aacute;ctica no hay unidades espec&iacute;ficas, ni protocolos claros, ni campa&ntilde;as p&uacute;blicas que expliquen qu&eacute; nos pasa y qu&eacute; opciones tenemos. 
    </p><p class="article-text">
        La respuesta habitual son parches farmacol&oacute;gicos, ansiol&iacute;ticos, antidepresivos, que ni tratan el problema, ni abordan de manera global la situaci&oacute;n, ni previenen complicaciones como la osteoporosis o el riesgo cardiovascular.&nbsp;Cuando actualmente hay tratamientos eficaces y seguros que pueden mejorar radicalmente la vida de mujeres muy mermadas, y aun as&iacute; no se ofrecen o se demonizan, lo que hay detr&aacute;s no es ignorancia inocente, sino desinter&eacute;s estructural. 
    </p><p class="article-text">
        El feminismo habla desde hace mucho de violencias estructurales e institucionales. Hay violencia machista cuando un sistema sanitario no forma a sus profesionales, no organiza recursos, no analiza con datos la realidad para poder actuar y normaliza que miles de mujeres sufran durante a&ntilde;os s&iacute;ntomas graves en una etapa vital que solo atravesamos nosotras. Hay violencia machista cuando un sistema laboral no contempla el climaterio en la prevenci&oacute;n de riesgos, no incluye la menopausia en los planes de igualdad, no prev&eacute; ajustes razonables ni flexibilidad y utiliza la competitividad como filtro que expulsa a quienes no pueden rendir como el var&oacute;n est&aacute;ndar. Y hay violencia machista cuando una cultura ridiculiza la menopausia, nos hace avergonzarnos de nombrarla y nos empuja a aguantar en silencio.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando el precio de la menopausia es perder la salud, el salario o el trabajo, lo que se rompe no son solo nuestros cuerpos, es nuestro derecho a una vida digna</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El resultado es empobrecimiento, brecha salarial y de pensiones, p&eacute;rdida de autonom&iacute;a, deterioro de la salud, expulsi&oacute;n de espacios de poder. Y ese da&ntilde;o recae casi exclusivamente sobre mujeres de determinada edad, muchas de ellas trabajadoras precarias, migrantes y cuidadoras. Llamar a esto violencia machista no es exagerar; es darle nombre a un da&ntilde;o que, precisamente por no tenerlo, se ha vivido en soledad generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este 25 de noviembre volver&eacute; a salir a la calle por las asesinadas, por las violadas, por las mujeres acosadas. Pero tambi&eacute;n quiero salir por las mujeres que se levantan cada ma&ntilde;ana despu&eacute;s de otra noche en blanco, se toman un ibuprofeno, un ansiol&iacute;tico, un caf&eacute; y se van al tajo, al invernadero, al hotel, a la oficina pensando que &ldquo;es lo que toca&rdquo;. No, no es lo que toca. No es &ldquo;la edad&rdquo;. Es un sistema sanitario y laboral que ha decidido que nuestros cuerpos en climaterio son prescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Nombrarlo como violencia machista es el primer paso para dejar de soportarlo en silencio. El siguiente, ineludible, es exigir pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a la altura: formaci&oacute;n, unidades espec&iacute;ficas, adaptaciones laborales, datos y recursos reales. Porque cuando el precio de la menopausia es perder la salud, el salario o el trabajo, lo que se rompe no son solo nuestros cuerpos, es nuestro derecho a una vida digna. Y eso, aqu&iacute; y en cualquier lugar del mundo, se llama violencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maribel Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/menopausia-dolor-ignorado-violencia-sistema_132_12789798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Nov 2025 20:16:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Menopausia: dolor ignorado, violencia de sistema]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menopausia,mujeres,Discriminación de género,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El muro de Texas en el Guadalquivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/muro-texas-guadalquivir_132_12767954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a67b8455-cac1-4c8e-be93-6f54993237a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El muro de Texas en el Guadalquivir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El discurso racista que utilizan las derechas es abiertamente utilitarista y no pretende proteger a la gente de aquí. Tiene truco. Enfrenta a pobres contra pobres. Y mientras discutimos quién merece una prestación o una cama de hospital, nadie mira hacia arriba: hacia quienes acumulan riqueza, inflan alquileres, especulan con la vivienda y no pagan impuestos en proporción. El racismo es así funcional porque divide a los trabajadores y desvía la mirada de los verdaderos responsables de la desigualdad</p></div><p class="article-text">
        Martes, puerta del CEIP San Jos&eacute; Obrero, en el barrio de El Cerezo, Sevilla. Madres y padres esperan a sus hijos. Un coche negro se detiene. Tres hombres con chalecos oscuros se acercan a una mujer dentro de otro veh&iacute;culo. Le piden la documentaci&oacute;n y aunque ella intenta explicar agobiada que solo ha venido a por su ni&ntilde;o, la sacan del coche a rastras y se la llevan. Su hijo, de siete a&ntilde;os, llora solo al otro lado de la verja con la mochila abierta en el suelo.
    </p><p class="article-text">
        No, no pas&oacute; en Sevilla. Pas&oacute; frente al Columbus Elementary School de Chicago (Illinois), cuando agentes del ICE detuvieron a dos madres latinas mientras esperaban a sus hijos.
    </p><p class="article-text">
        En los campos de Huelva, las jornaleras corren entre los surcos perseguidas por agentes armados que bajan de furgones policiales.
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; en Palos, sino en Bakersfield (California), donde agentes del ICE irrumpieron en varias fincas agr&iacute;colas y detuvieron a decenas de trabajadores latinos.
    </p><p class="article-text">
        En la Parroquia Santa Mar&iacute;a Madre de Dios, en El Puche (Almer&iacute;a), varias familias con ni&ntilde;os son identificadas en la puerta y varios padres son reducidos en el suelo delante de sus ni&ntilde;os peque&ntilde;os y resto de parroquianos.
    </p><p class="article-text">
        No ha pasado aqu&iacute;. Pero s&iacute; en Houston (Texas), donde este verano m&aacute;s de 3.000 migrantes fueron detenidos en o cerca de iglesias.
    </p><p class="article-text">
        Una paciente convaleciente en el hospital Virgen del Roc&iacute;o grita pidiendo ayuda cuando tres hombres entran en su habitaci&oacute;n para detenerla. La enfermera intenta advertirles&nbsp;que no est&aacute; estable, pero la apartan de un empuj&oacute;n y se llevan a la paciente detenida ante la mirada perpleja del resto de enfermos y personal sanitario.
    </p><p class="article-text">
        No ha pasado aqu&iacute;. Pero s&iacute; ocurri&oacute; en el Glendale Memorial Hospital de Los &Aacute;ngeles, donde una inmigrante fue arrestada en una camilla mientras segu&iacute;a hospitalizada.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas escenas son reales. Solo que a&uacute;n no han ocurrido en Andaluc&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En esta deriva la extrema derecha no avanza sola. Avanza cuando la derecha tradicional la normaliza. Vox no gobierna sin el Partido Popular, y sus ideas políticas antiinmigración (deportaciones masivas, invasión, sustitución de la población, islamofobia) entran en la agenda cuando el PP necesita sus votos o asume su lenguaje</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y lo inquietante es que empiezan igual en todas partes: con discursos que se venden como razonables, con pol&iacute;ticos diciendo que &ldquo;no hay para todos&rdquo;, que &ldquo;hay que priorizar a los de aqu&iacute;&rdquo;, que &ldquo;los inmigrantes abusan del sistema&rdquo;&nbsp;o que &ldquo;se llevan las ayudas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estas frases dividen el mundo en dos grupos. Los que&nbsp;merecen derechos y los que deben demostrarlo. Ah&iacute; es cuando empieza el racismo institucional.
    </p><p class="article-text">
        En esta deriva la extrema derecha no avanza sola. Avanza cuando la derecha tradicional la normaliza. Vox no gobierna sin el Partido Popular, y sus ideas pol&iacute;ticas antiinmigraci&oacute;n (deportaciones masivas, invasi&oacute;n, sustituci&oacute;n de la poblaci&oacute;n, islamofobia) entran en la agenda cuando el PP necesita sus votos o asume su lenguaje. El ejemplo m&aacute;s reciente el mes pasado cuando en Murcia, el Gobierno del PP cierra un centro de menores, tras la presi&oacute;n de Vox, y traslada a los menores no acompa&ntilde;ados a un albergue remoto y separado del resto de ni&ntilde;os de origen espa&ntilde;ol,&nbsp;&nbsp;pese a que ning&uacute;n vecino hab&iacute;a presentado queja alguna.&nbsp;En Catalu&ntilde;a, Alian&ccedil;a Catalana ha crecido con una ret&oacute;rica abiertamente islam&oacute;foba, se&ntilde;alando a las personas musulmanas como amenaza y pidiendo expulsiones y cierres de mezquitas. Cuando estos discursos suben, no es porque la sociedad se vuelva m&aacute;s racista, sino porque la pol&iacute;tica empieza a tratar el racismo como una opini&oacute;n respetable.
    </p><p class="article-text">
        Y da igual que todo sea falso, que las personas migrantes no sean una carga, que paguen impuestos, sostengan nuestros campos, limpien nuestros hoteles y&nbsp;cuiden a nuestros mayores. Sin ellas, lo que colapsa no es la identidad, son los cuidados,&nbsp;la econom&iacute;a y nuestra humanidad compartida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando un Estado aprende a negar derechos a un grupo, pronto encuentra otro. Hoy serán los migrantes, mañana los parados, las mujeres que protestan por sus cribados, los enfermos caros, los disidentes. Porque el racismo es el laboratorio del autoritarismo y no hace falta imaginarlo porque nos pasó recientemente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Afirmar que hay personas que merecen menos derechos por su origen es negarse a la base de los derechos humanos, que todos nacemos iguales en dignidad. Tras dos guerras mundiales, genocidios y dictaduras, Europa asumi&oacute; el principio esencial de que los derechos humanos son universales, no dependen del lugar donde naciste, de tu apellido o de tu pasaporte.
    </p><p class="article-text">
        El discurso racista que utilizan las derechas es abiertamente utilitarista y no pretende proteger a la gente de aqu&iacute;. Tiene truco. Enfrenta a pobres contra pobres. Y mientras discutimos qui&eacute;n merece una prestaci&oacute;n o una cama de hospital, nadie mira hacia arriba: hacia quienes acumulan riqueza, inflan alquileres, especulan con la vivienda y no pagan impuestos en proporci&oacute;n.&nbsp;El racismo es as&iacute; funcional porque divide a los trabajadores y desv&iacute;a la mirada de los verdaderos responsables de la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo posterior es el de que cuando un Estado aprende a negar derechos a un grupo, pronto encuentra otro. Hoy ser&aacute;n los migrantes, ma&ntilde;ana los parados, las mujeres que protestan por sus cribados, los enfermos caros, los disidentes. Porque el racismo es el laboratorio del autoritarismo y no hace falta imaginarlo porque nos pas&oacute; recientemente. Primero se neg&oacute; el pan, luego la escuela, luego la nacionalidad&hellip; hasta que un d&iacute;a llegaron los trenes, los extranjeros, los pobres, los jud&iacute;os, los gitanos, los disidentes, nadie estaba a salvo cuando la dignidad se volvi&oacute; un privilegio.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos tampoco empez&oacute; con agentes entrando en colegios o en hospitales. Empez&oacute; con palabras.&nbsp;Con pol&iacute;ticos repitiendo que el pa&iacute;s est&aacute; &ldquo;lleno&rdquo;, que los inmigrantes nos quitan el trabajo y las ayudas, que vienen a delinquir y hay que proteger lo de los de aqu&iacute;.&nbsp;Lo que parec&iacute;a imposible en una democracia consolidada se ha vuelto&nbsp;rutina en pocos a&ntilde;os. Ni&ntilde;os solos en la puerta de un colegio, familias perseguidas en las iglesias, trabajadores cazados en los campos.
    </p><p class="article-text">
        El racismo como sistema no aparece de golpe. Se cuela en las leyes, en los discursos, en las bromas. Se instala despacio, hasta que un d&iacute;a los ni&ntilde;os se quedan solos en la puerta del colegio. Todav&iacute;a no ha pasado aqu&iacute;. Pero cada vez que guardamos silencio ante un discurso de odio, la frontera del miedo se mueve un cent&iacute;metro. Si no frenamos esta deriva ahora, alg&uacute;n d&iacute;a, pronto, ser&aacute; demasiado tarde para decir que no lo vimos venir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maribel Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/muro-texas-guadalquivir_132_12767954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Nov 2025 04:30:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El muro de Texas en el Guadalquivir]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No es ansiedad, es patriarcado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/no-ansiedad-patriarcado_132_12667882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10d666fb-1f27-4b03-a347-18d29195ff56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No es ansiedad, es patriarcado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando las palabras de un presidente evidencian el machismo institucional desde el poder</p></div><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n sanitaria andaluza atraviesa una crisis profunda, pero lo que ha sucedido con el cribado del c&aacute;ncer de mama trasciende el deterioro de los servicios y nos enfrenta,&nbsp;con publicidad m&aacute;xima, a un modelo pol&iacute;tico que combina la l&oacute;gica neoliberal con el&nbsp;patriarcado institucional.
    </p><p class="article-text">
        De un lado, se descapitaliza lo p&uacute;blico para abrir espacio al negocio privado. Del otro, se oculta informaci&oacute;n a las mujeres como forma de&nbsp;justificar el desastre. Y lo m&aacute;s inquietante es la naturalidad con que se dice. Porque lo verdaderamente insoportable no es que un presidente piense as&iacute;, sino que lo diga sin darse cuenta de la barbaridad que est&aacute; diciendo.
    </p><p class="article-text">
        Durante meses, miles de mujeres andaluzas esperamos los resultados de nuestras mamograf&iacute;as dentro del programa de cribado del c&aacute;ncer de mama. Algunas nunca recibimos el aviso, otras supieron por la prensa que los resultados no concluyentes de sus exploraciones no hab&iacute;an sido informadas a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el esc&aacute;ndalo se hizo p&uacute;blico, el presidente de la Junta de Andaluc&iacute;a, Juanma Moreno, intent&oacute; justificarse afirmando que &ldquo;no se avis&oacute; a las mujeres para no generarles ansiedad&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un acto político machista que presupone que las mujeres no somos capaces de procesar la verdad sobre nuestros cuerpos, que debemos ser protegidas de la realidad, que el poder tiene derecho a decidir qué grado de angustia podemos soportar. En un solo gesto, el presidente borró el derecho a saber, el derecho a decidir y el principio de igualdad que sustentan cualquier democracia moderna</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa frase no es una simple torpeza comunicativa. Es la expresi&oacute;n n&iacute;tida de un modo de ejercer el poder. Es, en s&iacute; misma, un acto pol&iacute;tico machista que&nbsp;presupone que las mujeres no somos capaces de procesar la verdad sobre nuestros cuerpos, que debemos ser protegidas de la realidad, que el poder tiene derecho a decidir qu&eacute; grado de angustia podemos soportar. En un solo gesto, el presidente borr&oacute; el derecho a saber, el derecho a decidir y el principio de igualdad que sustentan cualquier democracia moderna.
    </p><p class="article-text">
        Cuando quien gobierna se permite justificar una vulneraci&oacute;n de derechos en nombre del &ldquo;bien emocional&rdquo; de las mujeres, est&aacute; normalizando la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje, en pol&iacute;tica, nunca es inocente. Y en este caso, lo que las palabras del presidente revelaron no ya una falta de empat&iacute;a, sino una ausencia total de perspectiva feminista, una ceguera estructural ante el hecho de que el paternalismo tambi&eacute;n es violencia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se decide por nosotras bajo el pretexto de &ldquo;cuidarnos&rdquo; y una administraci&oacute;n se arroga el derecho a &ldquo;protegernos del miedo&rdquo; ocult&aacute;ndonos informaci&oacute;n m&eacute;dica, evidencia la realidad de un Gobierno que entiende el feminismo solo como eslogan.
    </p><p class="article-text">
        El fracaso del cribado de c&aacute;ncer de mama pone de relieve, adem&aacute;s,&nbsp;algo m&aacute;s profundo como es&nbsp;la desigualdad estructural en el acceso a la salud. Las mujeres que pueden pagar un seguro privado logran hacerse cuanto antes todas las pruebas, pero las que no, esperan, sin remedio, entre varios meses y dos a&ntilde;os entre la mamograf&iacute;a y la siguiente prueba concluyente para el diagn&oacute;stico dependiendo del lugar de residencia.&nbsp;As&iacute;, la desigualdad econ&oacute;mica y la desigualdad territorial se entrelazan con la desigualdad de g&eacute;nero, generando un tri&aacute;ngulo perfecto de injusticia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Negar información médica, retrasar diagnósticos o justificarlo con argumentos de género no solo vulnera la ley, sino que traiciona el principio de igualdad sobre el que se construye la ciudadanía. Y cuando quien debe garantizar los derechos públicos los relativiza con una frase paternalista, el daño trasciende el ámbito sanitario, es que afecta a la confianza en las instituciones y erosiona la legitimidad democrática</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica sanitaria andaluza del Partido Popular ha seguido un rumbo claro: la descapitalizaci&oacute;n progresiva del sistema p&uacute;blico. Mientras los hospitales acumulan demoras r&eacute;cord y las plantillas sufren precariedad, el gasto en conciertos con la sanidad privada ha crecido muy por encima del refuerzo del sistema p&uacute;blico. Paralelamente, el n&uacute;mero de andaluces y andaluzas con seguro m&eacute;dico privado supera ya los 2 millones, un 25 % m&aacute;s que en 2019. La crisis de los cribados de mama ejemplifica perfectamene como se nos empuja&nbsp;a contratar seguros privados para salvaguardar nuestra salud y nuestra vida. Este vaciamiento es una estrategia clara de desgastar lo p&uacute;blico hasta generar desesperanza y trasladar la confianza, y el dinero, a lo privado.
    </p><p class="article-text">
        Caroline Criado P&eacute;rez denunciaba&nbsp;en &ldquo;<em>Mujeres Invisibles Para la Medicina</em>&rdquo; que cuando las pol&iacute;ticas y los sistemas de datos se dise&ntilde;an sin tener en cuenta las necesidades de las mujeres, ellas desaparecen de las estad&iacute;sticas y, con ellas, de las prioridades. En Andaluc&iacute;a, lo invisible no son solo los datos (a estas alturas no sabemos con certeza cu&aacute;ntas son las afectadas), sino las propias mujeres que esperan su diagn&oacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto el derecho a la salud no es una cortes&iacute;a del Estado, sino una obligaci&oacute;n jur&iacute;dica y moral reconocida por la Constituci&oacute;n, la Convenci&oacute;n sobre la Eliminaci&oacute;n de Todas las Formas de Discriminaci&oacute;n contra la Mujer (CEDAW) y el Pacto Internacional de Derechos Econ&oacute;micos, Sociales y Culturales. Ambos instrumentos internacionales exigen garantizar una atenci&oacute;n sanitaria accesible, de calidad y libre de discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de sexo.&nbsp;As&iacute; que negar informaci&oacute;n m&eacute;dica, retrasar diagn&oacute;sticos o justificarlo con argumentos de g&eacute;nero no solo vulnera la ley, sino que traiciona el principio de igualdad sobre el que se construye la ciudadan&iacute;a.&nbsp;Y cuando quien debe garantizar los derechos p&uacute;blicos los relativiza con una frase paternalista, el da&ntilde;o trasciende el &aacute;mbito sanitario, es que afecta a la confianza en las instituciones y erosiona la legitimidad democr&aacute;tica. Es nuestro propio presidente, que, ante una crisis sanitaria, opta por justificar lo injustificable de manera machista antes que asumir su responsabilidad. Y eso, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos y &eacute;ticos, es de una gravedad excepcional. No informar para &ldquo;proteger&rdquo; a las mujeres no es cuidado; es exclusi&oacute;n. Y cuando la exclusi&oacute;n se disfraza de empat&iacute;a, lo que se rompe es la confianza social. El da&ntilde;o no es solo cl&iacute;nico, es democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Lo grave no es solo lo que dijo, sino la naturalidad con la que el Partido Popular gobierna desde el machismo. En su intento por justificarse, el presidente no se traicion&oacute;: se mostr&oacute; tal cual es su Gobierno, desprovisto de toda conciencia feminista y del respeto debido&nbsp;hacia los derechos de las mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maribel Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/no-ansiedad-patriarcado_132_12667882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Oct 2025 04:00:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No es ansiedad, es patriarcado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cáncer de mama,Patriarcado,Feminismo,Mujer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sida en las cárceles: Zoido no está ni se le espera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/salud-carceles-zoido-espera_132_3701748.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a61a6213-e8be-4c5c-ab12-ad47349734a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sida en las cárceles: Zoido no está ni se le espera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy no habrá lazos rojos para los más de 3.600 enfermos de VIH que se encuentran en las cárceles españolas</p></div><p class="article-text">
        La agenda social nos devuelve hoy a la conciencia uno de los problemas m&aacute;s graves a los que se han enfrentado nuestras sociedades en el &uacute;ltimo medio siglo. Hoy todo son lazos rojos y actos institucionales para alabar la lucha contra el VIH y el sida. S&iacute;, son cosas distintas, pero la desinformaci&oacute;n y el estigma tambi&eacute;n son parte de la mochila que pesa sobre esta infecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as como hoy evidencian una de las contradicciones de este tiempo que algunos han etiquetado como &ldquo;postverdad&rdquo;. Sin tapujos, los mismos gobernantes que claman a los cuatro vientos sus grandes compromisos y esfuerzos en la erradicaci&oacute;n del VIH, recortan a dos manos la financiaci&oacute;n de las campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n y control de esta enfermedad, y sin que se les salten los colores ni nada. Desde 2011 llevamos m&aacute;s de un 90 % de recortes para campa&ntilde;as contra el VIH, lo que deja campo libre para que proliferen nuevas infecciones. De nuevo, los recortes matan.
    </p><p class="article-text">
        El VIH sigue siendo considerado una epidemia en nuestro pa&iacute;s por su alto &iacute;ndice de contagio, pero sobre todo por el alto porcentaje de personas que no saben que lo padecen. En Espa&ntilde;a, durante el a&ntilde;o 2015, las personas portadoras del virus supon&iacute;an un 7,4 por cada 100.000 habitantes. Si esa cifra le parece alta, acomp&aacute;&ntilde;eme en esta vista r&aacute;pida por las c&aacute;rceles espa&ntilde;olas, donde casi 6 de cada 100 reclusos son portadores del VIH y de ellos, el 87 % son portadores tambi&eacute;n del virus de la hepatitis C. S&iacute;, esa enfermedad para la que existe cura, pero cuyos medicamentos el Ministerio de Sanidad se ha negado a pagar durante meses.
    </p><p class="article-text">
        Si los actuales recortes en sanidad est&aacute;n poniendo en riesgo la vida de miles de personas en Espa&ntilde;a, en las c&aacute;rceles, el acceso a un derecho b&aacute;sico como es el de la protecci&oacute;n de la salud parece una utop&iacute;a para la poblaci&oacute;n interna, donde adem&aacute;s existe una sobrerrepresentaci&oacute;n de enfermedades cien veces superior al de la poblaci&oacute;n en libertad.
    </p><p class="article-text">
        No parece que entre las prioridades del nuevo ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, est&eacute; garantizar la adecuada atenci&oacute;n m&eacute;dica que reciben los presos. Nada importa que lo que para cualquiera de nosotros ser&iacute;an varias semanas de espera para recibir un diagn&oacute;stico o un tratamiento, para una persona presa pueda convertirse en hasta a&ntilde;o y medio de calvario entre una cita y la siguiente.
    </p><p class="article-text">
        La realidad que se vive en nuestras c&aacute;rceles podr&iacute;a parecer el gui&oacute;n de cualquier cinta de cine negro, pero lejos de la ficci&oacute;n, las personas presas ven mermado su derecho a la salud d&iacute;a tras d&iacute;a. No son s&oacute;lo las largas esperas esposados mientras acuden a los hospitales. Tampoco es la falta de intimidad en la consulta acompa&ntilde;ados por un polic&iacute;a mientras los exploran. La descoordinaci&oacute;n entre administraciones est&aacute; provocando que no se compartan las historias cl&iacute;nicas entre los diferentes m&eacute;dicos, o que ni siquiera se les lleguen a suministrar los medicamentos que les han sido prescritos, porque son &ldquo;demasiado caros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No parece que esta situaci&oacute;n le haya importado mucho a los anteriores gobiernos de PP y PSOE. Qu&eacute; m&aacute;s da si no se cumple la Ley 16/2003 de Cohesi&oacute;n y Calidad del Sistema Nacional de Salud que mandataba a que se realizara la transferencia de las competencias de sanidad penitenciaria a los servicios de salud de las comunidades aut&oacute;nomas. Tal y como nos tienen acostumbrados, las leyes s&oacute;lo importan cuando se trata de garantizar privilegios o pagar las deudas contra&iacute;das con los bancos. Cuando se trata de garantizar los Derechos Humanos, mirar hacia otro lado ha sido la pol&iacute;tica de Estado.
    </p><p class="article-text">
        Como de costumbre, el incumplimiento de la legalidad en esta transferencia de competencias desde Instituciones Penitenciarias hacia las comunidades tiene dos ingredientes muy habituales entre el bipartidismo, la falta de voluntad pol&iacute;tica y la lucha por los recursos p&uacute;blicos. Todas las administraciones hacen o&iacute;dos sordos para evitar pagar la factura. Pero esto, a diferencia de otras situaciones, est&aacute; costando vidas.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 26 de octubre, <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/Senado-transferencia-autonomias-competencias-penitenciaria_0_574292753.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Senado aprob&oacute; por unanimidad la moci&oacute;n presentada por Unidos Podemos para la transferencia a las autonom&iacute;as de las competencias en materia de sanidad penitenciaria</a>. La respuesta Ministro del Interior ante esta flagrante vulneraci&oacute;n de los Derechos Humanos no ha sido otra que culpar a las comunidades aut&oacute;nomas de no querer asumir las competencias. Nada dice del impago que lleva acumulado Instituciones Penitenciarias con &eacute;stas desde el a&ntilde;o 2014, a&ntilde;o en el que vencieron todos los convenios de colaboraci&oacute;n entre ambas administraciones.
    </p><p class="article-text">
        Sin contar los medicamentos de la hepatitis C, el Ministerio adeuda a las comunidades m&aacute;s en torno a 25 millones de euros. Y mientras que unos y otros se pasan la pelota, el tiempo juega en contra de los enfermos que entraron en prisi&oacute;n por no cumplir la ley, mientras que nadie garantiza que esas mismas leyes se cumplen tambi&eacute;n para ellos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy no habr&aacute; lazos rojos para los m&aacute;s de 3.600 enfermos de VIH que se encuentran en las c&aacute;rceles espa&ntilde;olas. Y es que no hay lazo lo suficientemente grande que pueda ya seguir ocultando este desprop&oacute;sito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maribel Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/salud-carceles-zoido-espera_132_3701748.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Nov 2016 20:28:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sida en las cárceles: Zoido no está ni se le espera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[SIDA,VIH,Juan Ignacio Zoido,Cárceles,Prisiones,Derechos Humanos]]></media:keywords>
    </item>
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