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    <title><![CDATA[elDiario.es - Julián López Milla]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/julian_lopez_milla/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Julián López Milla]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La paradoja de la “democratización” en el ecosistema cripto: ¿Una forma de repartir el poder o de invisibilizarlo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/paradoja-democratizacion-ecosistema-cripto-forma-repartir-invisibilizarlo_132_13515022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0579848e-50b7-4d9e-93fe-32f3ce93292f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La paradoja de la “democratización” en el ecosistema cripto: ¿Una forma de repartir el poder o de invisibilizarlo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las criptomonedas prometían repartir el poder; pero los datos muestran que solo lo ha cambiado de manos. Tal y como acaba concluyendo este artículo, descentralizar no siempre implica democratizar, también puede volver el poder más invisible

</p></div><p class="article-text">
        Cuando alguien afirma que la tokenizaci&oacute;n de activos y, en particular, las criptomonedas, favorecen la &ldquo;democratizaci&oacute;n&rdquo; de las finanzas, est&aacute; usando el t&eacute;rmino en un sentido muy concreto: lo equipara a la falta de un control centralizado, y a la imposibilidad de que nadie excluya o censure. Identifica, as&iacute;, la democracia con la ausencia de poder coercitivo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando el mismo t&eacute;rmino se emplea para describir la organizaci&oacute;n de una sociedad dotada de mecanismos de representaci&oacute;n, se apunta casi siempre a algo muy diferente: a que sea el conjunto de los individuos quien decida colectivamente, seg&uacute;n la voluntad de la mayor&iacute;a. Y el Estado, en las sociedades democr&aacute;ticas contempor&aacute;neas, aparece como la instituci&oacute;n que canaliza esa voluntad colectiva, bajo mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas. Sin embargo, parte de la narrativa construida alrededor de las finanzas descentralizadas lo presenta como una amenaza para la libertad. &iquest;Se trata de un mero juego de palabras o subyace una contradicci&oacute;n de fondo? Probablemente, existe un equ&iacute;voco sem&aacute;ntico deliberado, pero detr&aacute;s de &eacute;l se esconde una tensi&oacute;n muy antigua: la que enfrenta la libertad del individuo con la soberan&iacute;a de la comunidad. Esta tensi&oacute;n no la ha creado la tecnolog&iacute;a: s&oacute;lo le ha proporcionado un nuevo vestuario. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el entusiasmo cripto hacia las ventajas de los mercados descentralizados existe una s&oacute;lida tradici&oacute;n intelectual, cuyo autor de referencia es probablemente Friedrich Hayek. En &ldquo;The Use of Knowledge in Society&rdquo; (1945), el pensador austr&iacute;aco sostiene que el conocimiento econ&oacute;mico relevante no est&aacute; al alcande de un individuo o un reducido n&uacute;mero de personas, sino disperso entre millones de ellas, y que los mecanismos de fijaci&oacute;n de precios son capaces de agregar y gestionar esos enormes vol&uacute;menes de informaci&oacute;n heterog&eacute;nea y diseminada mejor que una autoridad central. De acuerdo con esta lectura, el mercado, por su car&aacute;cter descentralizado, es preferible como procesador de datos. La conexi&oacute;n con el relato cripto es inmediata: el conocimiento disperso se puede coordinar mejor en un sistema monetario descentralizado que en uno gestionado por un banco central. 
    </p><p class="article-text">
        A Hayek se sumaron otros destacados intelectuales, como Ludwig von Mises, Robert Nozick y otros, que insistieron, desde perspectivas diferentes, en la idea de que s&oacute;lo un Estado m&iacute;nimo, limitado a proteger a la ciudadan&iacute;a frente a la fuerza, el robo o el fraude, puede puede justificar la violaci&oacute;n de los derechos individuales. Mucho antes de que se escribiera la primera l&iacute;nea de c&oacute;digo de Bitcoin, ya exist&iacute;a la arquitectura conceptual que le dar&iacute;a soporte. De hecho, Milton Friedman ya especulaba a finales de los noventa con un dinero electr&oacute;nico ajeno a la voluntad de quienes gestionan la oferta monetaria. 
    </p><p class="article-text">
        El nacimiento de las criptomonedas se benefici&oacute; tambi&eacute;n de un catalizador cultural, cuyo origen analiz&oacute; Fred Turner en &ldquo;From Counterculture to Cyberculture&rdquo; (2006), situ&aacute;ndolo en la fusi&oacute;n entre el comunalismo de la bah&iacute;a de San Francisco y la cultura inform&aacute;tica. De esa coincidencia surgi&oacute; una mezcla de antiautoritarismo, individualismo radical y utopismo tecnol&oacute;gico, donde la emancipaci&oacute;n personal se presentaba como alternativa a las instituciones tradicionales. En 1988, Timothy May ya hab&iacute;a alumbrado un incipiente &ldquo;ciberlibertarismo&rdquo; en su &ldquo;Crypto Anarchist Manifesto&rdquo;, secundado por James Dale Davidson y William Rees-Mogg en &ldquo;The Sovereign Individual&rdquo; (1997), donde se profetizaba el debilitamiento del Estado del bienestar ante una cibermoneda capaz de sustraer a los gobiernos el control sobre el dinero.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Bitcoin fue presentado en 2008, recogi&oacute; impl&iacute;citamente esta herencia intelectual: Wei Dai, cuyo ensayo sobre el &ldquo;b-money&rdquo; aparece citado al comienzo del <em>whitepaper</em> de Satoshi Nakamoto (el an&oacute;nimo desarrollador de la criptomoneda), hab&iacute;a declarado su fascinaci&oacute;n por la criptoanarqu&iacute;a de May. La fecha de su aparici&oacute;n resulta significativa: el &ldquo;bloque g&eacute;nesis&rdquo; de Bitcoin fue minado tras el colapso de Lehman Brothers, y en medio de la pol&eacute;mica sobre el coste de los rescates bancarios (en su c&oacute;digo est&aacute; incrustado el titular de la portada de The Times del 3 de enero de 2009: &ldquo;Chancellor on brink of second bailout for banks&rdquo;). El mensaje subyacente era muy claro: Bitcoin nac&iacute;a para refundar la confianza monetaria, sin la mediaci&oacute;n de ninguna instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Conviene, con todo, introducir aqu&iacute; una nota cr&iacute;tica, porque, como se&ntilde;al&oacute; David Golumbia en &ldquo;The Politics of Bitcoin&rdquo; (2016), esta genealog&iacute;a no es intelectualmente neutral. A su juicio, tales ideas arrastran, a menudo sin que sus divulgadores lo perciban, premisas coincidentes con los planteamientos de algunos grupos extremistas de la pol&iacute;tica estadounidense: la inflaci&oacute;n como un expolio premeditado, orquestado por las &eacute;lites pol&iacute;ticas; la caracterizaci&oacute;n de la Reserva Federal como una instituci&oacute;n manipuladora; o la asimilaci&oacute;n de cualquier tipo de impuesto a un atraco. Estas opiniones han generado intensas pol&eacute;micas: por ejemplo, William J. Luther, de la Universidad de Florida, acus&oacute; a Golumbia de simplificar excesivamente lo que no es m&aacute;s que teor&iacute;a monetaria convencional (aunque tambi&eacute;n ha se&ntilde;alado que los defensores de las criptomonedas pecan de lo mismo). En cualquier caso, la controversia evidencia que la afirmaci&oacute;n de que la descentralizaci&oacute;n es &ldquo;democr&aacute;tica&rdquo; no cae del cielo, hunde sus ra&iacute;ces en una tradici&oacute;n intelectual que lleva d&eacute;cadas asociando la autonom&iacute;a individual con la reducci&oacute;n del poder estatal.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esa tradici&oacute;n, se han alzado las ideas de quienes han defendido que no se debe confundir libertad con ausencia de poder, como Jean-Jacques Rousseau, para quien la libertad exige que cada individuo cumpla la ley que, como parte del cuerpo soberano, se ha dado a s&iacute; mismo (configurando la llamada &ldquo;voluntad general&rdquo;). Pero Rousseau llev&oacute; esta idea hasta el extremo de afirmar &mdash;en &ldquo;El contrato social&rdquo; (1762)&mdash; que quien se niegue a obedecer la voluntad general debe ser obligado a ello por todos, &ldquo;lo que no significa otra cosa sino que se le forzar&aacute; a ser libre&rdquo;. En esa frase late ya la tensi&oacute;n que el discurso cripto aprovecha: &iquest;qu&eacute; ocurre con el individuo cuya voluntad particular discrepa de la colectiva? &iquest;D&oacute;nde termina la autodeterminaci&oacute;n democr&aacute;tica y empieza la coacci&oacute;n estatal?
    </p><p class="article-text">
        John Stuart Mill ofreci&oacute; en &ldquo;On Liberty&rdquo; (1859) una respuesta liberal a Rousseau, apoy&aacute;ndose en la preocupaci&oacute;n por la &ldquo;tiran&iacute;a de la mayor&iacute;a&rdquo;, que hab&iacute;a adquirido especial relevancia en el pensamiento de Alexis de Tocqueville. Mill defiende que el poder solo puede ejercerse leg&iacute;timamente sobre un miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, para evitar que da&ntilde;e a otro. Locke, antes que ambos, hab&iacute;a fundado la legitimidad del gobierno en el consentimiento y la protecci&oacute;n de los derechos naturales, asentando la idea de que el poder pol&iacute;tico es un fideicomiso revocable, no un dominio irreversible. El discurso cripto no inventa esta tensi&oacute;n: se adentra en una disputa centenaria, apostando por la descentralizaci&oacute;n como una &ldquo;forma superior de democracia&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sus promesas llegaron a concretarse en metas muy concretas: facilitar el acceso al sistema financiero, proporcionando servicios bancarios a los 1.400 millones de adultos que, seg&uacute;n el Banco Mundial, carecen de los mismos; eliminar a los intermediarios que se limitan a cobrar un margen; y colocar el poder de decisi&oacute;n manos de los usuarios. 
    </p><p class="article-text">
        Al menos, en lo que se refiere al reparto del poder, la evidencia acumulada no es muy favorable. El estudio de referencia sobre la concentraci&oacute;n de la propiedad en Bitcoin es el desarrollado por los economistas Igor Makarov y Antoinette Schoar para el National Bureau of Economic Research en 2021, aplicando algoritmos de agrupaci&oacute;n de datos (<em>clustering</em>) sobre la totalidad del registro de transacciones para aislar las cuentas individuales. Sus hallazgos revelaron que, al cierre de 2020, la propiedad se encontraba altamente concentrada: los mil mayores inversores individuales dispon&iacute;an de aproximadamente 3 millones de bitcoins (BTC), mientras que los diez mil principales controlaban cerca de 5 millones. Asimismo, los intermediarios acumulaban unos 5,5 millones de BTC, equivalentes a un tercio del circulante de la &eacute;poca. Los autores concluyeron que el ecosistema operaba bajo una din&aacute;mica asim&eacute;trica donde los grandes mineros, los principales tenedores (<em>whales</em>) y las plataformas de intercambio (<em>exchanges</em>) absorb&iacute;an la mayor parte de los flujos de la red, acumulando los retornos de la adopci&oacute;n en una franja minoritaria de participantes. 
    </p><p class="article-text">
        Este diagn&oacute;stico exige una actualizaci&oacute;n, impulsada por la maduraci&oacute;n institucional y el viraje del activo hacia las finanzas tradicionales. El an&aacute;lisis de los datos suministrados por las firmas de an&aacute;lisis <em>on-chain</em>, como Glassnode, muestran que la concentraci&oacute;n contin&uacute;a siendo elevada, aunque su composici&oacute;n ha cambiado. La preeminencia de los grandes <em>exchanges</em> minoristas ha sido mitigada por la irrupci&oacute;n de grandes veh&iacute;culos institucionales (como, por ejemplo, los ETF de Bitcoin al contado). Este fen&oacute;meno matiza, pero no invalida, la tesis impl&iacute;cita en el estudio del NBER: la concentraci&oacute;n en la custodia ya no equivale a una acumulaci&oacute;n de la riqueza patrimonial en unos pocos individuos criptonativos, sino a una delegaci&oacute;n institucional donde millones de inversores minoristas provenientes de las finanzas tradicionales acceden de forma indirecta a los rendimientos de la red a trav&eacute;s de instrumentos convencionales. En 2021, una direcci&oacute;n con 50.000 BTC pod&iacute;a representar a una sola &ldquo;ballena&rdquo; o a un &ldquo;exchange&rdquo;; en 2026 puede pertenecer a un custodio de ETF tras el que pueden estar cientos de miles de minoristas. La conclusi&oacute;n no es que la concentraci&oacute;n se haya disuelto, sino que se ha institucionalizado: contin&uacute;a siendo asim&eacute;trica, pero se ha fragmentado a trav&eacute;s de veh&iacute;culos colectivos.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es la colonizaci&oacute;n de Bitcoin por el mismo <em>establishment</em> financiero que ven&iacute;a a combatir. En enero de 2024, la SEC aprob&oacute; los ETF de Bitcoin al contado, y el iShares Bitcoin Trust de BlackRock protagoniz&oacute; lo que Bloomberg calific&oacute; como el mayor lanzamiento de la historia de los fondos cotizados: alcanz&oacute; los 50.000 millones de d&oacute;lares en activos en apenas once meses, convirti&eacute;ndose en el ETF con un crecimiento m&aacute;s r&aacute;pido hasta entonces. El dinero que iba a liberar al individuo del &ldquo;c&aacute;rtel&rdquo; de las finanzas tradicionales es ahora custodiado, empaquetado y vendido por Wall Street. La paradoja dif&iacute;cilmente podr&iacute;a ser mayor: la desintermediaci&oacute;n prometida ha dado lugar a una nueva intermediaci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        Las finanzas descentralizadas ofrecen un ejemplo a&uacute;n m&aacute;s n&iacute;tido de lo que el Banco Internacional de Pagos ha llamado &ldquo;ilusi&oacute;n de descentralizaci&oacute;n&rdquo;. Su an&aacute;lisis constat&oacute; que algunas entidades de capital riesgo, como la firma Andreessen Horowitz, dispon&iacute;an de una capacidad de voto y de veto f&aacute;ctico sobre las propuestas sometidas a votaci&oacute;n en Uniswap, uno de los principales protocolos de intercambio descentralizado, donde la participaci&oacute;n efectiva de los usuarios en las votaciones es muy reducida, lo que permite que los grandes poseedores de tokens ejerzan una influencia desproporcionada sobre las decisiones del protocolo. La descentralizaci&oacute;n, por tanto, no elimina el poder: puede limitar su concentraci&oacute;n en una instituci&oacute;n formal y, al mismo tiempo, trasladarlo hacia quienes controlan los activos que permiten ejercerlo.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los reproches centrales del pensamiento criptolibertario es que el Estado no representa a todos por igual, sino que suele ser capturado por &eacute;lites organizadas, y en este argumento tiene a su favor aportaciones acad&eacute;micas muy s&oacute;lidas, como las desarrolladas a partir de los trabajos de George Stigler sobre &ldquo;captura regulatoria&rdquo; (1971). Desde entonces, diversos trabajos han mostrado que, incluso en las democracias avanzadas, la traducci&oacute;n de las preferencias mayoritarias en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas puede verse condicionada por la capacidad de influencia de las &eacute;lites econ&oacute;micas. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien: si el problema del Estado es que puede ser capturado, la pregunta decisiva es: &iquest;qu&eacute; ocurre en los sistemas descentralizados? Y la respuesta emp&iacute;rica, como se ha comprobado con Bitcoin, resulta muy clarificadora: pueden ser capturados por los mismos actores, a menudo de forma m&aacute;s opaca y con menos mecanismos de correcci&oacute;n. La diferencia crucial entre ambos casos no es t&eacute;cnica sino institucional: un Estado democr&aacute;tico capturado dispone, al menos, de mecanismos de correcci&oacute;n (elecciones, tribunales constitucionales, prensa libre, reglas sobre financiaci&oacute;n de partidos, transparencia presupuestaria), mientras que un protocolo descentralizado capturado por fondos de capital riesgo o ETF carece de mecanismos de control equivalentes. La descentralizaci&oacute;n no democratiza el poder: lo vuelve invisible. 
    </p><p class="article-text">
        La narrativa cripto descansa, por tanto, sobre un equ&iacute;voco en torno a la palabra &ldquo;democr&aacute;tico&rdquo; y, una vez desmontado, se aprecia con claridad que tras ella opera fundamentalmente una respuesta individualista al problema de la decisi&oacute;n colectiva, no una forma superior de resolverlo. Calificar como democr&aacute;tico un sistema en el que una fracci&oacute;n reducida de los participantes concentra una parte sustancial del poder computacional, mientras grandes tenedores e inversores pueden ejercer una influencia desproporcionada sobre las votaciones de gobernanza, constituye, en el mejor de los casos, un abuso del lenguaje. Pero, al mismo tiempo, existe una paradoja real, porque bajo ese equ&iacute;voco late una realidad que los defensores de los principios democr&aacute;ticos no han de ignorar: la desconfianza hacia el Estado no brota de la nada, sino de su captura recurrente por intereses particulares que traicionan su promesa de representaci&oacute;n universal. El debate entre Rousseau y Mill sobre d&oacute;nde termina la libertad individual y empieza la coacci&oacute;n colectiva sigue abierto, y la tokenizaci&oacute;n no parece capaz de cerrarlo. Ninguna tecnolog&iacute;a puede hacerlo, porque la democracia no es una arquitectura t&eacute;cnica, sino un conjunto de reglas y pr&aacute;cticas institucionales, siempre imperfectas, que requieren un permanente proceso de mejora y mantenimiento. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julián López Milla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/paradoja-democratizacion-ecosistema-cripto-forma-repartir-invisibilizarlo_132_13515022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2026 04:02:50 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[¿Por qué puede ganar Trump?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ganar-trump_129_11791162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4c4a485-0507-4c22-aef3-b7ba7258ff3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué puede ganar Trump?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, Estados Unidos es un mosaico de contradicciones, y nadie como Trump para explotarlas, aprovechando la complejidad del mundo en que vivimos para lanzar mensajes simplistas y proponer soluciones tan fáciles como inútiles</p></div><p class="article-text">
        Hace casi cuatro a&ntilde;os, conforme se completaba el recuento de las elecciones presidenciales de 2020, muchos analistas alertaban de que el Partido Republicano deb&iacute;a apartarse de Trump lo m&aacute;s r&aacute;pido posible. Advert&iacute;an de que su extremismo y su histrionismo eran un pesado lastre para una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que deb&iacute;a aspirar a representar la diversidad de los Estados Unidos. Cuando sus seguidores m&aacute;s fieles, alentados por su l&iacute;der, trataron de asaltar el Congreso, los mismos observadores reiteraron que el trumpismo era cosa del pasado y avisaron de que los republicanos acabar&iacute;an suicid&aacute;ndose si no pasaban p&aacute;gina lo antes posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aqu&iacute; estamos, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, contemplando la posibilidad de que Donald Trump vuelva a residir en la Casa Blanca. Un an&aacute;lisis detallado de las razones por las que puede ocurrir exigir&iacute;a mucho m&aacute;s espacio, pero nos atrevemos a apuntar aqu&iacute;, someramente, algunos de los motivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los Estados Unidos hay dos realidades completamente diferentes. Por un lado, est&aacute;n las grandes ciudades. Por otro, las extensas zonas rurales y las urbes de tama&ntilde;o medio. En <em>The New Class War</em>, Michael Lind explica c&oacute;mo las poblaciones m&aacute;s grandes se fueron llenando de clases medias muy formadas, que abrazaban valores progresistas, mientras las inmensas regiones agrarias se vaciaban y muchas &aacute;reas industriales se empobrec&iacute;an, pues las empresas se deslocalizaban a otros pa&iacute;ses. Esas clases medias urbanas lograron introducir en la agenda pol&iacute;tica sus preocupaciones (como el cambio clim&aacute;tico o el aprovechamiento de los beneficios de la globalizaci&oacute;n), pero tanto los residentes en zonas rurales como los trabajadores menos cualificados sintieron que las suyas eran ignoradas, e incluso marginadas, en beneficio de la &ldquo;ideolog&iacute;a urbana imperante&rdquo;. Trump se aprovecha de esa sensaci&oacute;n de abandono y del resentimiento que provoca. Los mapas electorales de los estados m&aacute;s disputados suelen mostrar enormes superficies rojas (color del partido republicano), entre las que destacan peque&ntilde;as islas azules (las grandes ciudades, donde los dem&oacute;cratas obtienen elevados niveles de voto).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los mayores n&uacute;cleos urbanos no son tan homog&eacute;neos como muchos piensan. En ellos hay barrios degradados, con elevados porcentajes de poblaci&oacute;n inmigrante, que constituyen un &oacute;ptimo caldo de cultivo para las propuestas de Donald Trump, lo que acaba erosionando la base electoral de sus rivales en los territorios que deber&iacute;an serles m&aacute;s favorables. Entre las minor&iacute;as &eacute;tnicas, tambi&eacute;n existe una enorme diversidad: en algunos segmentos, crecen las reticencias hacia la llegada de nuevos inmigrantes, especialmente entre los latinos; en otros, como ocurre entre los musulmanes, la postura de los dem&oacute;cratas hacia Israel o su defensa del feminismo, los aleja de Kamala Harris, que puede tener problemas para mantener los porcentajes de Joe Biden entre el electorado afroamericano, pues la inflaci&oacute;n ha resultado devastadora entre las familias m&aacute;s humildes.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, Estados Unidos es un mosaico de contradicciones, y nadie como Trump para explotarlas, aprovechando la complejidad del mundo en que vivimos para lanzar mensajes simplistas y proponer soluciones tan f&aacute;ciles como in&uacute;tiles, pero que encajan muy bien con las opiniones, casi siempre poco fundamentadas, de una parte relevante del electorado.
    </p><p class="article-text">
        Debemos llamar tambi&eacute;n la atenci&oacute;n sobre el papel de las redes sociales, a trav&eacute;s de las que los mensajes falsos y las medias verdades se difunden con enorme rapidez. Algunos estudios (por ejemplo, el publicado por Vosoughi, Roy y Aral en la revista Science en 2018) han puesto de manifiesto que, en ellas, las mentiras se propagan m&aacute;s, y con m&aacute;s velocidad, que las informaciones veraces. La manera en que funcionan, a trav&eacute;s de algoritmos que proporcionan acceso a contenidos parecidos a los ya visualizados y crean una barrera frente a voces discrepantes, refuerzan la polarizaci&oacute;n y facilitan la difusi&oacute;n de esos mensajes simples. La argumentaci&oacute;n, las opiniones contrastadas, el debate riguroso, con &aacute;nimo constructivo, apenas tienen cabida en las redes sociales, terreno abonado para el trumpismo. Al tratar de combatirlo con las mismas armas, se olvida con frecuencia que ni el medio ni sus reglas son neutrales. Es una batalla desigual.
    </p><p class="article-text">
        Con el apoyo de las redes sociales, pero con la complicidad de algunos de los grandes medios de comunicaci&oacute;n tradicionales (bastantes cr&iacute;ticos con Trump, casi todos), el candidato republicano ha conseguido imponer sus temas durante la campa&ntilde;a. Con mensajes delirantes, como los relativos a los haitianos que se com&iacute;an a las mascotas, ha logrado que la inmigraci&oacute;n y la inseguridad ocupasen un lugar central, y que muchos espacios de debate pol&iacute;tico dedicasen horas y horas a hablar de sus declaraciones en vez de abordar otras cuestiones, como la asistencia sanitaria o la falta de servicios sociales, en las que el expresidente no tiene mucho cr&eacute;dito entre el electorado. Sus exageraciones, exabruptos e insultos se han convertido en el eje de la campa&ntilde;a, y los dem&oacute;cratas, al tratar de combatirlos, muchas veces han amplificado su impacto, cohesionando a los votantes de Trump, que constituyen un bloque mucho m&aacute;s compacto que el de Harris, que aglutina a votantes con opiniones muy dispares sobre cuestiones como la invasi&oacute;n de Ucrania, la guerra comercial con China, o el conflicto palestino, por citar s&oacute;lo tres ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la vicepresidenta no era la mejor opci&oacute;n dem&oacute;crata para esta confrontaci&oacute;n electoral (tampoco era, ni mucho menos, la peor), aunque no creemos que su elecci&oacute;n sea tan determinante para el resultado final como los factores a los que nos acabamos de referir y que, a nuestro juicio, no han merecido la suficiente atenci&oacute;n. Si Trump vuelve a convertirse en presidente, no ser&aacute; ninguna sorpresa.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julián López Milla, Ignacio Urquizu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ganar-trump_129_11791162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Nov 2024 05:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué puede ganar Trump?]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Coger las riendas, cueste lo que cueste]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/coger-riendas-cueste-cueste_129_11786805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1d766dc-9768-410a-b2f4-e22aa2c0b705_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coger las riendas, cueste lo que cueste"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los medios llegan a las zonas con cuentagotas, entre acusaciones veladas respecto a si se solicitan pocos desde Valencia o se envían menos de los que se piden desde Madrid. Pero los afectados, después de varios días entre el barro, rodeados de vehículos y enseres amontonados, sin luz ni agua, con dificultades para acceder a alimentos y medicinas, ya están hartos</p></div><p class="article-text">
        No me resulta dif&iacute;cil empatizar con los dirigentes pol&iacute;ticos que han de tomar decisiones en situaciones complejas. Normalmente, disponen de informaci&oacute;n parcial y, a veces, contradictoria. Aunque suelen contar con el soporte de especialistas en la materia (normalmente, funcionarios con una dilatada experiencia en la gesti&oacute;n de eventos similares), casi nunca hay nadie capaz de proponer una soluci&oacute;n &oacute;ptima. Frecuentemente, hay que elegir entre respuestas imperfectas, arriesgadas, asumiendo que siempre va a producirse alg&uacute;n perjuicio y tratando de minimizar los da&ntilde;os. Adoptando todas las medidas preventivas posibles, siempre hay algo que sale mal y las convierte en insuficientes. Asumir este tipo de responsabilidades forma parte de las obligaciones de quienes nos gobiernan. Como suele afirmarse, &ldquo;va incluido en el cargo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no puedo sentir m&aacute;s que perplejidad e irritaci&oacute;n cuando ante una evidente concatenaci&oacute;n de fallos, con graves e irreparables consecuencias, contin&uacute;a habiendo resistencias a asumir responsabilidades y contin&uacute;a pareciendo que no hay nadie al frente. Todos los mensajes que lanzaron los organismos oficiales (como AEMET o la Confederaci&oacute;n Hidrogr&aacute;fica del J&uacute;car) y las distintas administraciones (estatal, auton&oacute;mica y local) fueron hechos p&uacute;blicos, se difundieron velozmente, y han quedado para la historia (por m&aacute;s que alguno haya sido borrado, lo que no ha hecho m&aacute;s que poner en evidencia el error de quien lo emiti&oacute;). La habitual guerra de fan&aacute;ticos, tratando de desacreditar a los contrarios, recordando algunos de esos mensajes e ignorando los otros, s&oacute;lo deber&iacute;a cubrir de verg&uuml;enza a quien participa en ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras la cat&aacute;strofe natural y sus devastadoras consecuencias, amplificadas por la cadena de fallos en el sistema de prevenci&oacute;n, era necesario que la respuesta estuviera a la altura de la inmensidad del drama y del desastre. Pero no lo ha estado, y ello no ha hecho m&aacute;s que acentuar la rabia y la impotencia de la ciudadan&iacute;a. Muchas personas han tratado de movilizarse para echar una mano, pertrechados de buena voluntad, y poco m&aacute;s&hellip; Pero todos estos esfuerzos pueden resultar in&uacute;tiles si nadie se ocupa de organizar la ayuda y de crear las condiciones para que sea eficaz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me imagino que los m&uacute;ltiples frentes en que se debe actuar exigen una capacidad organizativa de la que, probablemente, no se dispone. Y que, en tales circunstancias, es muy dif&iacute;cil fijar prioridades para asignar unos recursos que siempre ser&aacute;n escasos. Pero creo que no soy el &uacute;nico que ha tenido la sensaci&oacute;n de que la Administraci&oacute;n auton&oacute;mica, incapaz de utilizar todos los medios a su alcance para mitigar las consecuencias de la cat&aacute;strofe (la Diputaci&oacute;n o la Universitat de Val&egrave;ncia, por ejemplo, s&iacute; actuaron a tiempo), entr&oacute; en shock y qued&oacute; paralizada durante muchas horas, limit&aacute;ndose a poco m&aacute;s que hacer un recuento de las v&iacute;ctimas y los da&ntilde;os materiales. Ni siquiera pudo definir las actuaciones m&aacute;s urgentes y solicitar los medios necesarios para acometerlas. Si quien est&aacute; sobre el terreno no es capaz de establecer d&oacute;nde hay que actuar y qu&eacute; medios hacen falta en cada lugar, &iquest;debemos esperar que lo haga una persona sentada en un despacho de Madrid?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha ido extendiendo la sensaci&oacute;n de que no hay nadie al frente. El gobierno valenciano dispone de los instrumentos legales necesarios para ceder las riendas (solicitar la declaraci&oacute;n de Estado de alarma o elevar la emergencia al nivel 3), pero parece dispuesto a continuar manteni&eacute;ndose al mando, a pesar de que no parece capaz de reaccionar con la rapidez, la contundencia y la efectividad que exige la situaci&oacute;n. Mientras escribo este texto, estoy comprobando que tampoco ha logrado articular una organizaci&oacute;n m&iacute;nimamente eficaz en el centro de voluntarios instalado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, al mando del cual se encuentra, al parecer, toda una vicepresidenta del Consell (muchos est&aacute;n pasando m&aacute;s tiempo en el autob&uacute;s que ayudando a los damnificados). Los medios llegan a las zonas con cuentagotas, entre acusaciones veladas respecto a si se solicitan pocos desde Valencia o se env&iacute;an menos de los que se piden desde Madrid. Pero los afectados, despu&eacute;s de varios d&iacute;as entre el barro, rodeados de veh&iacute;culos y enseres amontonados, sin luz ni agua, con dificultades para acceder a alimentos y medicinas, ya est&aacute;n hartos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay excusas. La DANA era inevitable, pero las previsiones, esta vez, fueron, en general, acertadas. Algunos avisos se dieron a tiempo, otros llegaron muy tarde. Nunca sabremos cu&aacute;ntas muertes podr&iacute;an haberse impedido. Pero, cada d&iacute;a que pasa, estamos comprobando lo importante que es actuar con rapidez y eficacia. La envergadura de la respuesta est&aacute; quedando muy por debajo de la que exige la magnitud de la tragedia. El gobierno de Espa&ntilde;a debe asumir su responsabilidad y tomar las riendas de la situaci&oacute;n, movilizando m&aacute;s recursos y coordinando la actuaci&oacute;n de los efectivos europeos (ya s&eacute; que una saturaci&oacute;n de medios puede ser casi tan perjudicial como su ausencia, pero nada impide que, por ejemplo, se vayan acercando a la zona). Correr&aacute; un enorme riesgo pol&iacute;tico, claro. Pero creo que muchos coincidiremos en que eso es lo de menos. Ha de emplearse a fondo, recurriendo a su mayor capacidad organizativa y log&iacute;stica, y desplegando todos los recursos con que cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Los loables esfuerzos de muchos particulares no pueden llenar m&aacute;s que una m&iacute;nima parte del hueco que est&aacute; dejando la insuficiencia de los medios p&uacute;blicos. Pero si el Estado no es capaz de esta presente y actuar con rapidez y eficacia, se va a acrecentar la crisis de legitimidad de las instituciones. Probablemente, habr&aacute; quien est&eacute; encantado con ello, pues alimentar&aacute; el auge del individualismo y el rechazo a lo colectivo. Yo no. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julián López Milla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/coger-riendas-cueste-cueste_129_11786805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 21:47:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Coger las riendas, cueste lo que cueste]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Valencia,Comunitat Valenciana,Gobierno de la Comunitat Valenciana,Clima,Crisis climática,Emergencia climática]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Votos decisivos, votos útiles para la ciudadanía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/votos-decisivos-votos-utiles-ciudadania_129_3696542.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9edb018-3bed-4cc8-8e27-435d39fbd7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Votos decisivos, votos útiles para la ciudadanía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los votos de otros grupos en el Congreso pueden ser influyentes, pero los del PSOE son decisivos y si el Gobierno quiere contar con ellos debe asegurarnos un giro inequívoco en las políticas de los últimos años</p></div><p class="article-text">
        Los socialistas espa&ntilde;oles, como los dem&aacute;s partidos socialdem&oacute;cratas europeos, somos defensores de la sostenibilidad fiscal, en los t&eacute;rminos en que la formularon los socialdem&oacute;cratas suecos cuando llegaron al gobierno en los a&ntilde;os treinta del siglo pasado. Los servicios p&uacute;blicos deben financiarse mediante un sistema tributario progresivo, y el recurso a la deuda ha de ser s&oacute;lo una f&oacute;rmula transitoria, limitada a las etapas de crisis, en las que los impuestos son incapaces de proporcionar recursos suficientes y una subida excesiva de los mismos puede ahogar la recuperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estamos a favor de cumplir los objetivos de estabilidad presupuestaria, que la Comisi&oacute;n Europea ha ido flexibilizando tras comprobar que la austeridad compulsiva no hac&iacute;a m&aacute;s que agravar las consecuencias de la crisis. De hecho, el objetivo de d&eacute;ficit para 2015, que el Gobierno incumpli&oacute; (lo sobrepas&oacute; en unos 9.000 millones de euros), acab&oacute; situ&aacute;ndose en el 4,2% despu&eacute;s de que Bruselas lo ampliase en varias ocasiones, pues en la primera actualizaci&oacute;n del Programa de Estabilidad que Rajoy negoci&oacute; con la Comisi&oacute;n, en 2012, era del 1%. Y el que se acaba de fijar para 2017, del 3,1%, contrasta con el equilibrio presupuestario acordado con la Comisi&oacute;n Europea hace cinco a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Nos parece que alcanzar el 3,1% de d&eacute;ficit en 2017 es posible, y por eso vamos a apoyarlo en el Congreso. Cosa distinta es que estemos de acuerdo con la forma en Montoro y Rajoy prev&eacute;n lograrlo, pues para ello dejan de lado la posibilidad de llevar a cabo una reforma integral de nuestro sistema tributario para hacerlo m&aacute;s progresivo y m&aacute;s justo, y rebajan el techo de gasto de la Administraci&oacute;n Central en unos 5.000 millones de euros. Esto supone consolidar los 3.000 millones de gasto recortados en 2016 a trav&eacute;s de acuerdos de no disponibilidad de cr&eacute;ditos y del cierre anticipado del presupuesto y abrir la puesta a recortes de gasto adicionales porque los 2.000 millones de euros de ahorro conseguidos por la ca&iacute;da de los intereses de la deuda parece que ya no se van a lograr el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. Su &ldquo;mix&rdquo; de ingresos y gastos no lo compartimos.
    </p><p class="article-text">
        En las primeras semanas de esta legislatura, el Gobierno de Rajoy ha tomado conciencia de que los votos del Grupo Socialista en el Congreso son decisivos. As&iacute; se ha demostrado cuando hemos logrado articular mayor&iacute;as para instar al instar al Gobierno a derogar la Ley Mordaza o alcanzar un pacto de estado contra la violencia de g&eacute;nero, o cuando hemos logrado que se admitiera a tr&aacute;mite una reforma legal para acabar con la LOMCE, que ha obligado al Ejecutivo a negociar.
    </p><p class="article-text">
        Los votos de otros grupos pueden ser influyentes, pero los del PSOE son decisivos. Y si el Gobierno quiere contar con ellos debe asegurarnos un giro inequ&iacute;voco en las pol&iacute;ticas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Para aprobar los objetivos de d&eacute;ficit y deuda (que no el techo de gasto, que es una decisi&oacute;n del Gobierno que no requiere la validaci&oacute;n del Congreso) hemos logrado la flexibilizaci&oacute;n de la regla de gasto, que impide a muchos ayuntamientos que tienen &ldquo;dinero en la caja&rdquo; dedicarlo a inversiones productivas, generadoras de empleo, que permiten prestar mejores servicios a los vecinos del municipio (el caso del Ayuntamiento de Madrid es una buena muestra de esta situaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Hemos conseguido tambi&eacute;n que el Gobierno abra una v&iacute;a para asegurar la viabilidad de nuestro sistema de pensiones (que se deber&aacute; desarrollar en el marco del Pacto de Toledo), subiendo los topes a las cotizaciones sociales de los salarios m&aacute;s elevados con el fin de ir aumentando los ingresos. Hemos logrado una reforma del Impuesto de Sociedades que, aunque insuficiente, va en la direcci&oacute;n correcta, pues supondr&aacute; un ascenso del tipo efectivo que pagan las grandes corporaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y hemos acordado una subida del Salario M&iacute;nimo Interprofesional del 8%, que supondr&aacute; 731 euros/a&ntilde;o para quienes van a pasar de cobrar 655 euros a 707 euros al mes por una jornada laboral completa. Ser&aacute;, en t&eacute;rminos absolutos, la mayor subida del SMI en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, y la segunda m&aacute;s elevada, en t&eacute;rminos relativos. Mejorar&aacute; los ingresos de los trabajadores que el salario m&iacute;nimo e impulsar&aacute; el aumento de los ingresos de quienes cobran salarios superiores, aunque cercanos, al SMI. Ayudar&aacute; a los representantes de los trabajadores a demandar mejoras de las condiciones salariales en las mesas del di&aacute;logo social. Evidentemente, no resolver&aacute; los problemas de precariedad producidos por la reforma laboral de 2012, ni mejorar&aacute; la situaci&oacute;n de quienes no tienen un puesto de trabajo o ni siquiera cobran el SMI, pero paliar&aacute; el deterioro de las condiciones en que viven cientos miles de trabajadores que no han dejado de ver c&oacute;mo empeoraban durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Es el principio del cambio que es posible en el actual contexto pol&iacute;tico. Para lograrlo, hemos hecho valer nuestros votos, decisivos a la hora de aprobar un objetivo de estabilidad presupuestaria que compartimos (aunque no la forma de alcanzarlo, que no se vota en este momento), con la &uacute;nica aspiraci&oacute;n de ser &uacute;tiles a quienes nos apoyaron en las elecciones, e incluso a muchos que no lo hicieron.
    </p><p class="article-text">
        Seguiremos haciendo propuestas con el mismo objetivo. Trataremos de paliar las consecuencias m&aacute;s graves de la crisis y de las injustas pol&iacute;ticas aplicadas por el Gobierno de Rajoy desde 2012. Si el PP se aviene a ello, podremos llegar a acuerdos, como ahora. Si no lo hace, intentaremos forjar alianzas con otras fuerzas pol&iacute;ticas para conseguirlo, como ya hemos hecho con la LOMCE o con la Ley Mordaza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Julián López Milla]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/votos-decisivos-votos-utiles-ciudadania_129_3696542.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Dec 2016 19:15:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Votos decisivos, votos útiles para la ciudadanía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Congreso de los Diputados,Presupuestos Generales del Estado]]></media:keywords>
    </item>
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