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    <title><![CDATA[elDiario.es - Luisa Posada Kubissa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luisa_posada_kubissa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luisa Posada Kubissa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Las mujeres existen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mujeres-existen_129_6513540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe4dbf6d-c11f-4950-b008-e8d237d7ac87_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres existen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desviar la comprensión de la construcción socio-cultural y de poder que es el género al terreno de un debate ontológico sobre realidades genéricas identitarias y su multiplicidad es querer desmontar el feminismo como discurso y praxis emancipatoria de las mujeres</p></div><p class="article-text">
        El feminismo (o los feminismos, con el plural que ahora parece obligado para cumplir con lo pol&iacute;ticamente correcto) siempre ha tenido disensiones y debates internos. Pero han sido eso, disensiones y debates paradigm&aacute;ticos, entendiendo por tal cosa la primera acepci&oacute;n de la RAE: &ldquo;Paradigm&aacute;tico, adj.&nbsp;Perteneciente&nbsp;o&nbsp;relativo&nbsp;al&nbsp;paradigma&rdquo;. Por tanto, han sido pertenecientes o relativos al paradigma feminista. Incluso las desavenencias te&oacute;ricas y pr&aacute;cticas entre lo que fue el feminismo de la igualdad y el pensamiento de la diferencia sexual hacia los a&ntilde;os 80 se movieron en el marco de esta comunidad paradigm&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero hoy se presenta al feminismo dividido por un debate que se sale de esa pertenencia a su propio paradigma y se pretende que sigue dentro de una discusi&oacute;n intra-paradigm&aacute;tica cuando, en realidad, lo que se quiere es confrontarlo con un debate en otro terreno de juego totalmente ajeno: a saber, los derechos de las personas trans.
    </p><p class="article-text">
        No soy la primera en aclarar que el movimiento feminista, que se opone a que las mujeres seamos invisibilizadas una vez m&aacute;s -en esta ocasi&oacute;n con la excusa de ceder sitio a una multiplicidad de identidades de g&eacute;nero-, no est&aacute; en contra de los derechos de las personas transexuales. Y que, muy al contrario, siempre ha acogido en su talante emancipatorio la reivindicaci&oacute;n de la dignidad de todas las minor&iacute;as discriminadas. Pero una cosa es eso y otra muy distinta es poner la otra mejilla cuando la maniobra intelectual y pol&iacute;tica pasa por afirmar la realidad de las personas trans (por cierto, as&iacute;, gen&eacute;ricamente designadas), para acto seguido cuestionar la de las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su ristra de preguntas ret&oacute;ricas sobre lo que es ser hombre o ser mujer, sobre la talla de pecho asignable en cada caso, o sobre qu&eacute; es el sexo y si es o no gen&eacute;tico -imitando por cierto con esta ret&oacute;rica de manera muy desafortunada el estilo de la fil&oacute;sofa Judith Butler- hemos tenido la ocasi&oacute;n el &uacute;ltimo y pand&eacute;mico verano de saber que la ministra de Igualdad se debate en un sinf&iacute;n de dudas. Dudas que parecen crearle una gran perplejidad ontol&oacute;gica sobre si es o no real lo que parece haber. Casi en la misma l&iacute;nea del genio maligno ideado por el fil&oacute;sofo Descartes que podr&iacute;a ser la causa de que yo me enga&ntilde;e y dude de todo, incluido yo misma.
    </p><p class="article-text">
        Pero la hip&oacute;tesis cartesiana del genio maligno ten&iacute;a la finalidad de utilizar la duda como m&eacute;todo para llegar a alguna verdad, que no se dudaba que se pod&iacute;a alcanzar. Ahora parece que de lo que se trata es de invertir la carga de la prueba sobre el movimiento feminista, que ahora tendr&iacute;a que demostrar que efectivamente hay hombres y mujeres &ndash; sobre todo, que hay mujeres-. Y que las variadas y contingentes identidades de g&eacute;nero a las que se apela se piensan en el espectro imaginable entre estos referentes.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo tiene que estar atento a esta estrategia tramposa: nunca ha sido ni es su cometido tener que buscar argumentos o pruebas ret&oacute;ricas para fundamentar que los sexos y, entre ellos, el sexo femenino existe. Entrar en esa din&aacute;mica es dejarse atrapar por un juego de sof&iacute;stica de la mala. Desviar la comprensi&oacute;n de la construcci&oacute;n socio-cultural y de poder que es el g&eacute;nero al terreno de un debate ontol&oacute;gico sobre realidades gen&eacute;ricas identitarias y su multiplicidad es querer desmontar el feminismo como discurso y praxis emancipatoria de las mujeres, negando la mayor: que haya mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con eso, desplazado el feminismo de su propio paradigma, se pretende que se habla desde este por el mismo movimiento por el que se le niega: en lugar de la lucha por la libertad, la igualdad y la autonom&iacute;a de las mujeres -por decirlo en consignas hoy tan denostadas y, sin embargo, tan vigentes- se pretende que sea feminismo la reclamaci&oacute;n de cualquier colectivo, m&aacute;s o menos minoritario, cuyos intereses han de anteponerse a los de las mujeres. En particular porque, como ya sabemos, estas son de dudosa existencia frente a la rotundidad ontol&oacute;gica de esos colectivos. O, en otras palabras, el feminismo tiene que hacerse cargo de cualquier forma de discriminaci&oacute;n, pero no de algo tan estructural como la opresi&oacute;n patriarcal de las mujeres en sus diversas manifestaciones culturales.
    </p><p class="article-text">
        No voy ahora a repetir los potentes argumentos que muchas feministas han ido desgranando contra la operaci&oacute;n de querer prescindir de &ldquo;las mujeres&rdquo;. Entre otras cosas, porque tal operaci&oacute;n no puede tener &eacute;xito: las mujeres no son una simple posici&oacute;n discursiva, con lo que en su materialidad dif&iacute;cilmente pueden ser borradas como efecto de su borrado meramente discursivo. Y pretender tal cosa no solo es moverse en otro paradigma distinto del paradigma feminista, sino que en gran medida es moverse en un paradigma opuesto a este: hoy por hoy, pertenecer al sexo femenino implica en nuestro planeta padecer violencia, pobreza y desigualdad. Y negar la materialidad del sexo es negar todo proyecto feminista para transformar esas condiciones materiales de vida de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Desde su consolidaci&oacute;n hasta nuestros d&iacute;as, la lucha feminista no es ni ha sido otra que la lucha por la desactivaci&oacute;n del patriarcado. Y comprender esto es comprender que, como lo sugiri&oacute; en su momento la fil&oacute;sofa Celia Amor&oacute;s, el sistema g&eacute;nero/sexo del que habl&oacute; el feminismo contempor&aacute;neo tiene que ser sin&oacute;nimo de patriarcado o no es nada: porque implica la pertenencia a un grupo sexual y social determinado y oprimido -las mujeres- como se&ntilde;a de identidad. Pero esa se&ntilde;a de identidad no existir&iacute;a si no fuera porque existe un sistema de dominaci&oacute;n, precisamente el patriarcado, que la produce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras: oponer resistencia a la dominaci&oacute;n de g&eacute;nero, a la que son sometidas las mujeres por raz&oacute;n de su sexo, es tanto como hablar del paradigma feminista antipatriarcal y de emancipaci&oacute;n. Por supuesto que para ese proyecto el feminismo tiene que aliarse con otros proyectos que luchan contra otras formas de discriminaci&oacute;n, en tanto que esto es&nbsp; fundamentalmente aspiraci&oacute;n a un mundo mejor. Un mundo que solo ser&aacute; verdaderamente mejor cuando se acepte que est&aacute; habitado por realidades humanas, como son las mujeres materiales y concretas, y no por ficciones gen&eacute;ricas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mujeres-existen_129_6513540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Dec 2020 21:51:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las mujeres existen]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿En "estado de alarma" frente a qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alarma-frente_129_2265205.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c079d598-02cb-40be-bc95-5a3f91305c72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿En &quot;estado de alarma&quot; frente a qué?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como feministas tenemos que estar por supuesto del lado de las exigencias de protección de las mujeres prostituidas en esta situación extrema que viven con la pandemia global</p></div><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a saber qui&eacute;nes son esas malvadas feministas que no estar&iacute;an de acuerdo en que &ldquo;es necesario acabar con la prostituci&oacute;n&rdquo; y en que &ldquo;la falta de derechos de las mujeres no es el camino&rdquo;. Yo, que llevo ya m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os en asuntos feministas, no conozco a ninguna.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a saber qui&eacute;nes son esas perversas feministas que conforman un &ldquo;matonismo pandillero&rdquo; que no acepta de buen grado que las mujeres prostituidas &ldquo;puedan subsistir estos meses siendo m&aacute;s independientes y aut&oacute;nomas&rdquo;. Y que, de manera mezquina y cicatera, les habr&iacute;an negado su ayuda, no aportando adem&aacute;s ni un euro, ni un c&eacute;ntimo de euro, para apoyar a estas mujeres en tan dura situaci&oacute;n como la que actualmente viven y vivimos.
    </p><p class="article-text">
        Estas cosas se dicen en un art&iacute;culo reciente y quiero centrar de qu&eacute; hablo con mayor seriedad. Pero, antes de nada, quisiera dejar claro tambi&eacute;n que no me parece momento para dirimir una disputa feminista de manera m&aacute;s o menos bronca: creo que el contexto tr&aacute;gico en el que nos movemos hoy no es en absoluto el escenario id&oacute;neo para ninguna confrontaci&oacute;n. Sin embargo, me ha parecido que&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/trabajadoras-sexuales-alarma_6_1013558660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el art&iacute;culo publicado por Clara Serra</a>&nbsp;hace unos d&iacute;as s&iacute; tiene ese tono. Y que, por lo mismo, se hace ineludible darle alguna respuesta, aunque sea tratando de hacerlo desde la m&aacute;s que recomendable serenidad.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo del que hablo se titula acertadamente <a href="https://www.eldiario.es/zonacritica/trabajadoras-sexuales-alarma_6_1013558660.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Las trabajadoras sexuales en estado de alarma&rdquo;</a>. Y digo que es un t&iacute;tulo acertado porque lo que pretende, contra lo que pueda parecer, no es dar la voz de alarma sobre la desamparada situaci&oacute;n de estas mujeres; no es denunciar sus condiciones infrahumanas de explotaci&oacute;n por parte de puteros, proxenetas y empresarios del sexo; no es exponer la existencia brutal de la trata con fines de explotaci&oacute;n sexual; no es, en fin, impugnar la cara m&aacute;s violenta del patriarcado y la cruel mercantilizaci&oacute;n de los cuerpos y las vidas femeninas. No. El estado de alarma del que se nos alerta lo provocar&iacute;a el feminismo abolicionista. No el sistema patriarcal explotador, no el orden del capitalismo neoliberal &ldquo;despiadado y cruel&rdquo;, por decirlo en t&eacute;rminos de Marx. No. Seg&uacute;n la autora la alarma hay que darla frente a la reclamaci&oacute;n del feminismo abolicionista.
    </p><p class="article-text">
        Pero criminalizar a una parte - y no peque&ntilde;a- del feminismo de la realidad lacerante de las condiciones de vida actuales de las mujeres en el mercado prostitucional, eximiendo a los verdaderos responsables, no es solo, con serlo, un aut&eacute;ntico acto de injusticia feminista: creo que es tambi&eacute;n una maniobra de manipulaci&oacute;n m&aacute;s propia de posiciones pol&iacute;ticas de signo poco defendible. En momentos como estos de una crisis sin precedentes y de una inconmensurable tragedia humana, hacer recaer la responsabilidad de la situaci&oacute;n, sin duda desesperada, de estas mujeres en otras mujeres -que ser&iacute;an su verdadero enemigo- es simple y llanamente un acto de irresponsable demagogia.
    </p><p class="article-text">
        Escribir que &ldquo;podr&iacute;amos esperar que el feminismo se hubiera puesto de acuerdo para defender a estas mujeres. Defenderlas de los que quieren explotarlas&rdquo;, es tanto como pretender que se desconocen las medidas p&uacute;blicas que, precisamente para defender a las mujeres en prostituci&oacute;n, se pusieron en marcha en pa&iacute;ses como Suecia, por ejemplo, ya desde 1999. Unas medidas orientadas a la abolici&oacute;n de la prostituci&oacute;n, que garantizan, nunca criminalizan, la integridad y la dignidad de las mujeres prostituidas. Pero este tipo de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, en las que el feminismo se ha puesto de acuerdo para defender a estas mujeres, no hace falta que se las explique a la alarmada autora.
    </p><p class="article-text">
        Me consta que tampoco hace falta que le explique las diferencias que hay entre reivindicar abolir la prostituci&oacute;n como instituci&oacute;n y defender &ldquo;m&aacute;s pobreza y m&aacute;s inseguridad para las mujeres&rdquo; en prostituci&oacute;n. Ninguna feminista abolicionista en su sano juicio confundir&iacute;a ambas cosas. Pero me consta que la autora conoce bien los debates feministas en torno a la prostituci&oacute;n. Y con ello los argumentos que se manejan en los mismos, con lo que no hace falta repet&iacute;rselos aqu&iacute;. Lo que s&iacute; me parece necesario evidenciar es que lo que ella califica de &ldquo;cruzada moral&rdquo; -pretendiendo descalificar as&iacute; todo pensamiento que no comulgue con sus ideas- es m&aacute;s bien un movimiento que cada d&iacute;a va creciendo m&aacute;s y m&aacute;s en el feminismo y calando m&aacute;s y m&aacute;s en el tejido social.
    </p><p class="article-text">
        Un movimiento que entiende que la pervivencia de determinadas pr&aacute;cticas de violencia y de mercantilizaci&oacute;n del cuerpo y la vida de las mujeres es incompatible con una sociedad a la que sobre todo hoy tenemos m&aacute;s que nunca que aspirar: una sociedad m&aacute;s igualitaria, m&aacute;s humana, m&aacute;s al cuidado del bien com&uacute;n y de la &ldquo;buena vida&rdquo; para todas y para todos.
    </p><p class="article-text">
        Como feministas, y como defensoras de ese futuro social, tenemos que estar por supuesto del lado de las exigencias de protecci&oacute;n de las mujeres prostituidas en esta situaci&oacute;n extrema que viven con la pandemia global. Y esto es algo tan obvio que no parecer&iacute;a ni siquiera necesario tener que explicitarlo. No lo parecer&iacute;a de no ser que, como ha ocurrido, se haya buscado explicitar lo contrario. Resulta incomprensible el porqu&eacute; de este ataque a una buena parte del feminismo, el porqu&eacute; de su criminalizaci&oacute;n y, sobre todo, el porqu&eacute; de pretender que con ello se estar&iacute;a favoreciendo a este colectivo hoy totalmente desamparado por quienes siempre lo han explotado. Y, no nos enga&ntilde;emos, aspiran a seguir haci&eacute;ndolo en condiciones legalmente m&aacute;s ventajosas para ellos, nunca para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Como ya he dicho, no es mi intenci&oacute;n entrar en el enfrentamiento o la descalificaci&oacute;n: creo que no es un momento para reproducir algunas viejas contiendas feministas. O, al menos, no para reproducirlas en un tono que solo contribuya a exacerbar la divisi&oacute;n. Pero, dejando toda insidia de lado, me ha parecido obligado hacer las anteriores puntualizaciones a la autora y, sobre todo, a las lectoras y lectores de su art&iacute;culo. Y hacerlo porque no es de recibo que se quiera demonizar a una parte nada desde&ntilde;able del feminismo. No es de recibo inculpar gratuitamente al abolicionismo se&ntilde;al&aacute;ndolo como verdugo. No es de recibo exculpar con ello a la alianza criminal entre patriarcado y neocapitalismo. Y todo esto no es de recibo porque tampoco ayuda a mejorar hoy por hoy las condiciones materiales de vida de las mujeres por las que habla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/alarma-frente_129_2265205.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2020 20:43:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Prostitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El feminismo tiene que ponerse a pensar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminismo-ponerse-pensar_129_1002551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26363ba8-ebc5-4c81-876e-70cf2985f28b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El feminismo tiene que ponerse a pensar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El feminismo no está ni mucho menos muerto y enterrado, no está ni mucho menos</p><p class="subtitle">kaputt</p><p class="subtitle">:  frente a lo</p><p class="subtitle">trans</p><p class="subtitle">, etc., puede decirse que constituye hoy la última gran teoría crítica resistente al presente neoliberal y patriarcal</p><p class="subtitle">OPINIÓN | Basta ya de deshumanizarnos, por Marcos Ventura, coordinadora del grupo trans de la FELGTB</p></div><p class="article-text">
        El activismo ha sido siempre una se&ntilde;a de identidad del feminismo. As&iacute;, por ejemplo, la ola sufragista fue un movimiento imparable durante casi cien a&ntilde;os por la conquista del voto femenino. Y esa gran ola recal&oacute; en una cascada de te&oacute;ricas en cadena que, sin dejar el &aacute;mbito reivindicativo, se pusieron a &ldquo;pensar el pensamiento&rdquo; de su momento desde las claves de la cr&iacute;tica feminista. Me estoy refiriendo a las grandes figuras del neofeminismo, a partir de Simone de Beauvoir, como son Betty Friedan, Shulamith Firestone o Kate Millet en los a&ntilde;os 60 y 70 del siglo XX, que aportaron conceptos y teor&iacute;as con las que hoy se mueve el bagaje feminista de an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        En nuestros d&iacute;as el feminismo sigue siendo reivindicativo. Y ha aglutinado a muchos sectores sociales y a muchas mujeres j&oacute;venes, que se est&aacute;n alzando contra la pervivencia del patriarcado y, sobre todo, contra su violencia estructural. Frentes como la prostituci&oacute;n y los vientres de alquiler ocupan tambi&eacute;n a una buena parte del feminismo que escribe, debate y se moviliza en contra de su regulaci&oacute;n. Y hay una producci&oacute;n te&oacute;rica, que tambi&eacute;n es activismo feminista y que da cobertura a &ldquo;las luchas y anhelos de una &eacute;poca&rdquo;, por decirlo en palabras de Marx cuando defin&iacute;a qu&eacute; es la teor&iacute;a cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En estos terrenos de la praxis pol&iacute;tica el feminismo sigue ganando batallas. Pero en el terreno del pensamiento podr&iacute;a advertirse que parece perderlas. Buena prueba de ello es que, cuando todav&iacute;a no estamos en condiciones de hablar de un <em>postpatriarcado</em>, el <em>postfeminismo</em> es una expresi&oacute;n cada vez m&aacute;s extendida y aceptada. Y eso no es inocuo: responde a un imaginario propio de una parte del pensamiento contempor&aacute;neo, que ha decretado el acta de defunci&oacute;n de todas las grandes reclamaciones de la modernidad anterior. Y, entre ellas, la de la igualdad. Lo que se aplica adem&aacute;s a la demanda de la igualdad entre los sexos. Todo esto, simplemente, habr&iacute;a caducado.
    </p><p class="article-text">
        Como tambi&eacute;n estar&iacute;a caduco el propio sujeto que protagoniz&oacute; las luchas del pasado y, para lo que nos interesa aqu&iacute;, esto incluir&iacute;a al sujeto pol&iacute;tico feminista. Porque el sujeto no ser&iacute;an las &ldquo;mujeres&rdquo;, esta es otra ficci&oacute;n a deconstruir para dar paso a una coalici&oacute;n de identidades variables que se al&iacute;an en su resistencia al orden heteropatriarcal. Que, adem&aacute;s, no es s&oacute;lo un orden de dominaci&oacute;n heterosexual, sino un orden de dominaci&oacute;n cisheteropatriarcal. Con esta denominaci&oacute;n (&iexcl;que ya es para nota!) se trata de designar algo as&iacute; como un sistema de dominaci&oacute;n heterosexual jeraquizado por lo cis (personas que se identifican con el sexo y el g&eacute;nero atribuido al nacer y que se opone a las personas trans).
    </p><p class="article-text">
        En esta sopa de sufijos, es imposible abrirse paso con mayor claridad, pues nos movemos en un proceloso y sombr&iacute;o bosque de letras. Pero algo parece claro: se trata de abatir lo que ha conformado y conforma el feminismo y su sujeto hist&oacute;rico. Y esta estrategia puede que no constituya parte del debate social, pero s&iacute; se muestra como una de las l&iacute;neas en auge del pensamiento de nuestro presente. Y hay que afrontarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay que afrontarlo porque el pensamiento, cuando se repite y se repite, acaba permeando la propia dial&eacute;ctica social. Y hay que afrontarlo en el terreno donde el pensamiento afronta el pensamiento, que no es otro que el terreno del pensamiento mismo. Quiero decir que, adem&aacute;s de las necesarias reivindicaciones y del activismo, el feminismo ha sido y es un pensamiento potente, una teor&iacute;a cr&iacute;tica, que tiene que dialogar con los discursos subyacentes a cada presente, para recoger de los mismos lo que le interesa reutilizar &ndash;como por ejemplo lo hicieron las feministas de los 60 y los 70 con el marxismo y el psicoan&aacute;lisis&ndash; y para detectar y desactivar lo que va en contra del proyecto de emancipaci&oacute;n que el feminismo es.
    </p><p class="article-text">
        La impugnaci&oacute;n al sujeto pol&iacute;tico <em>mujeres </em>y la voluntad de encasillarlo como una diversidad m&aacute;s, tiene su suelo te&oacute;rico en los planteamientos de la postmodernidad <em>queer</em>. Estos planteamientos, importados de los discursos acad&eacute;micos confinados a las universidades norteamericanas, encontraron eco tambi&eacute;n en nuestro entorno acad&eacute;mico. El feminismo tiene que &ldquo;pensar este pensamiento&rdquo; y conocer los fermentos que lo han abonado. Y sobre todo sospechar de que se produzca justamente ahora, cuando en un mundo dominado por la l&oacute;gica neoliberal el feminismo est&aacute; volviendo a ser un movimiento emergente, inc&oacute;modo  y resistente a esa l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el feminismo sin duda est&aacute; tan diversificado como las propias variables con las que interact&uacute;a: eso quiere decir que hay que hablar de &ldquo;raza&rdquo;, de etnicidad, de ecofeminismo, de grupos de mujeres negras, chicanas o racializadas en general, de mujeres emigradas, de preferencias sexuales&hellip; Y todo ello compone una red de variables, que son variables de opresi&oacute;n y que, l&oacute;gicamente, diversifican los intereses de las mujeres seg&uacute;n su relaci&oacute;n con cada una de ellas. Pero que se d&eacute; un espectro tan diversificado en el feminismo no significa entonar sus c&aacute;nticos funerarios, o venir a declarar su momento <em>post</em>.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo no est&aacute; ni mucho menos muerto y enterrado, no est&aacute; ni mucho menos <em>kaputt</em>:  frente a lo <em>post</em>, lo <em>trans</em>, lo <em>cis</em>, etc., puede decirse que constituye hoy la &uacute;ltima gran teor&iacute;a cr&iacute;tica resistente al presente neoliberal y patriarcal. Y las mujeres en todo el mundo, con sus &ldquo;m&uacute;ltiples diferencias que intersectan&rdquo; (como lo expresa la fil&oacute;sofa feminista Nancy Fraser), est&aacute;n protagonizando esa resistencia y dando buena cuenta de algo que es un hecho palmario, para pensarlo m&aacute;s all&aacute; de todo debate est&eacute;ril: que son un sujeto pol&iacute;tico vivo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminismo-ponerse-pensar_129_1002551.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Feb 2020 19:43:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El feminismo tiene que ponerse a pensar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Transfobia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Empoderamiento femenino y cultura de la violación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/empoderamiento-femenino-cultura-violacion_129_1584065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5ded387-b998-4101-9b8f-3f78031305d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Empoderamiento femenino y cultura de la violación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cuestión es si las diferencias locales, culturales, raciales, de clase, de preferencia sexual, etc., permiten hablar de un sujeto político "mujeres" empoderado y fuerte</p><p class="subtitle">Mi respuesta es que sí, porque un sujeto político tiene objetivos políticos comunes. Y las mujeres tenemos objetivos políticos comunes</p></div><p class="article-text">
        Como lo dice la pensadora y activista italiana Lidia Cirillo &ldquo;Las mujeres, algunas mujeres, muchas mujeres han comenzado a pensar en s&iacute; mismas como sujeto pol&iacute;tico de liberaci&oacute;n porque han reconocido que su principal caracter&iacute;stica com&uacute;n es la opresi&oacute;n&rdquo;. Pero para reconocernos como sujeto pol&iacute;tico de liberaci&oacute;n, como dice Cirillo, las mujeres hemos tenido que empoderarnos. En relaci&oacute;n con las mujeres el t&eacute;rmino &ldquo;empoderamiento&rdquo; se vincula a una red feminista en Balagore, en la India, llamada Red DAWN-MUDAR. Esta red, formada por activistas e intelectuales en 1984, se centr&oacute; en el an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n de las mujeres pobres y plante&oacute; la necesidad de transformar la estructura econ&oacute;mica y pol&iacute;tica que favorec&iacute;a la pobreza y la desigualdad femeninas. Con ello se consigui&oacute; que en 1985 la III Conferencia Mundial de Nairobi, contemplase el empoderamiento como una estrategia impulsada por mujeres del Sur, que pod&iacute;a usarse para enfrentar las desigualdades de g&eacute;nero. Y ya en la IV Conferencia Internacional de la Mujer en Beijing, en 1995, se adopta el empoderamiento femenino como una de las estrategias fundamentales para luchar por la igualdad de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        El empoderamiento se entiende, por un lado, como proceso individual: es el proceso por el cual una mujer evoluciona de manera personal, hasta hacerse consciente de sus derechos y consolidar, a partir de ah&iacute;, su poder, su autoestima y su autonom&iacute;a personales. Pero tambi&eacute;n se puede entender el empoderamiento como proceso colectivo: se trata entonces de aunar las subjetividades femeninas para organizarse en la lucha pol&iacute;tica por sus intereses y conseguir una transformaci&oacute;n completa de las desigualdades de g&eacute;nero en todos los frentes: pol&iacute;tico, social, econ&oacute;mico, cultural, etc. Y esto precisamente es lo que nombramos como feminismo.
    </p><p class="article-text">
        De modo que empoderamiento y feminismo van juntos y no pueden entenderse aisladamente. Y van juntos en una historia que ya tiene m&aacute;s de tres siglos, desde las primeras reclamaciones de las mujeres empoderadas ilustradas en el siglo XVIII hasta las &uacute;ltimas grandes y empoderad&iacute;simas movilizaciones feministas del pasado 8 de marzo.
    </p><p class="article-text">
        El empoderamiento, individual y colectivo, lo es de un sujeto: el sujeto &ldquo;mujeres&rdquo;. Pero &iquest;de qu&eacute; hablamos al hablar de un sujeto &ldquo;mujeres&rdquo;? Quiero advertir que, al hablar de &ldquo;mujeres&rdquo;, no me estoy refiriendo a nada as&iacute; como una esencia o una determinaci&oacute;n biol&oacute;gica. Me refiero a &ldquo;mujeres&rdquo; ahora como el referente que ha padecido y padece la exclusi&oacute;n y la opresi&oacute;n patriarcales. La cuesti&oacute;n ser&aacute; si las diferencias locales, culturales, raciales, de clase, de preferencia sexual, etc. permiten hablar de un sujeto pol&iacute;tico &ldquo;mujeres&rdquo; empoderado y fuerte. Y mi respuesta es que s&iacute;, porque un sujeto pol&iacute;tico tiene objetivos pol&iacute;ticos comunes. Y las mujeres tenemos objetivos pol&iacute;ticos comunes porque padecemos opresiones comunes por el hecho de ser mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Pero, a partir de aqu&iacute;, creo que es importante tomar conciencia de c&oacute;mo las estrategias actuales de la contrarreacci&oacute;n patriarcal est&aacute;n encaminadas precisamente a &ldquo;desempoderar&rdquo; a las mujeres. Porque la derecha y la ultraderecha hoy reaccionan contra el empoderamiento femenino y extienden en el imaginario masculino la idea de que, por as&iacute; decirlo, hay que pararles los pies a las mujeres y volver a meterlas en cintura. Lo que quiero se&ntilde;alar es que ese desempoderamiento de las mujeres pasa por reforzar la violencia sexual, pasa por fomentar la cultura de la violaci&oacute;n como forma de trasladar el mensaje a todas las mujeres de que sus conquistas emancipatorias las pone en la mira de esa cultura violenta.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;de qu&eacute; hablamos al hablar de cultura de la violaci&oacute;n? En palabras de la jurista norteamericana Catherine MacKinnon, esa cultura se fundamenta en el principio de que poder ser violada, posici&oacute;n que es social y no biol&oacute;gica, es lo que define a una mujer. Y es as&iacute;, porque MacKinnon sostiene que el ejercicio de esta violencia sobre las mujeres se fundamenta en las relaciones de poder que estructuran toda la din&aacute;mica entre los sexos. En su obra, ya un cl&aacute;sico de la teor&iacute;a feminista y que titula Hacia una teor&iacute;a feminista del Estado, esta pensadora analiza que la construcci&oacute;n de la sexualidad femenina es siempre producto del poder patriarcal. Y, en ese sentido es una cultura cuya violencia hacia las mujeres ya la asentaban los padres de la democracia moderna, como el propio Rousseau, el gran defensor de la igualdad econ&oacute;mica y social, que sin embargo escrib&iacute;a en ya en el siglo XVIII: &ldquo;la mujer est&aacute; destinada a obedecer a tan imperfecta criatura como es el hombre (&hellip;); desde muy temprano debe aprender a padecer hasta la injusticia y a soportar los agravios de su marido sin quejarse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa cultura que asocia de manera inextricable violencia sexual y relaciones de poder patriarcales, esa cultura de la violaci&oacute;n, es conceptualizada por la pensadora feminista Rita Laura Segato m&aacute;s all&aacute; de su car&aacute;cter puramente sexualizado. Segato&nbsp; interpreta que la violaci&oacute;n cumple tres objetivos: se trata de poner a las mujeres en su sitio, en primer lugar. Pero tambi&eacute;n, en segundo lugar, de ejercer una agresi&oacute;n a otros hombres violando el cuerpo de sus mujeres. As&iacute; como, en tercer lugar, de reafirmar la virilidad y ocupar una posici&oacute;n respetada entre los hombres. Y yo dir&iacute;a que un cuarto objetivo de la cultura de la violaci&oacute;n, que habr&iacute;a que a&ntilde;adir a estos que enumera Segato, es justamente el de desempoderar a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Defender que la violaci&oacute;n debe ser relativizada, minimizada o incluso naturalizada, es poner en escena esa cultura de la violaci&oacute;n. Y es a la vez negar la violencia de g&eacute;nero. Con ambas cosas, lo que se quiere trasladar hoy a la sociedad desde los sectores pol&iacute;ticos conservadores y ultraconservadores es el mensaje de que hay que poner freno al empoderamiento femenino. Pero, ante ello, las mujeres tenemos que concluir aquello de que &ldquo;ladran, luego cabalgamos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/empoderamiento-femenino-cultura-violacion_129_1584065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Apr 2019 21:39:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Empoderamiento femenino y cultura de la violación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sujeto político feminista en la 4ª ola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sujeto-politico-feminista-ola_129_1874112.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77f2d9b2-3c84-4e50-b451-2ad1ab5ea52c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sujeto político feminista en la 4ª ola"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No podemos dejar que se nos quiera usurpar el sujeto a las mujeres precisamente ahora, cuando la lucha feminista más necesita de un sujeto fuerte</p><p class="subtitle">Defender que se deconstruya hoy el sujeto “mujeres”, que prescindamos de él como sujeto político del feminismo, sólo puede venirle bien a los propios intereses del patriarcado</p></div><p class="article-text">
        Si hablamos de una 4&ordf; ola feminista, habr&aacute; que establecer que hablamos de algo reactivo, ya que toda ola es reactiva, es decir, es algo que supone un avance frente a un repliegue. Hablamos entonces de una 4&ordf; ola como reacci&oacute;n, como impulso hacia delante, frente a la actual contrarreacci&oacute;n patriarcal. Preguntarnos si se est&aacute; realmente produciendo esta ola ser&aacute; preguntarnos qu&eacute; la impulsa, c&oacute;mo se expresa y qui&eacute;nes la protagonizan. Me voy a referir s&oacute;lo brevemente al qu&eacute; y al c&oacute;mo, para centrarme en lo que me parece urgente que nos volvamos a plantear hoy: el qui&eacute;nes, es decir, el sujeto pol&iacute;tico del feminismo.
    </p><p class="article-text">
        Tras las grandes conquistas feministas, lo que hoy est&aacute; sacando al feminismo a las calles y haci&eacute;ndolo un movimiento de masas yo dir&iacute;a que es -no s&oacute;lo pero s&iacute; centralmente- una aut&eacute;ntica insurrecci&oacute;n, una rebeli&oacute;n contra la violencia patriarcal. Una violencia en sentido amplio, que se expresa de muchas maneras: como violaci&oacute;n, como acoso, como maltrato, como asesinato, como desigualdad econ&oacute;mica y laboral, como pornograf&iacute;a, como prostituci&oacute;n, como trata&hellip; Hoy habr&iacute;a que a&ntilde;adir otros fen&oacute;menos de este poder sexualmente expresado, como la pr&aacute;ctica de los vientres de alquiler. Por tanto, en cuanto al qu&eacute; de esta cuarta ola, el qu&eacute; la impulsa, yo dir&iacute;a que fundamentalmente es una rebeli&oacute;n contra lo que creo que se est&aacute; configurando como el nuevo paradigma del patriarcado: el patriarcado violento.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al c&oacute;mo se expresa esta reacci&oacute;n, el feminismo est&aacute; aglutinando a muchos sectores sociales, a muchas mujeres y a muchos hombres en sus masivas manifestaciones contra esa violencia. De lo que se trata es de crear en todos ellos no s&oacute;lo rechazo, sino tambi&eacute;n conciencia cr&iacute;tica: es decir, que no se queden s&oacute;lo en condenar los efectos m&aacute;s cruentos de esa violencia, como los asesinatos de mujeres, sino que tomen conciencia de que se trata de un poder sexualmente expresado de muy diversas maneras y que es estructural al sistema patriarcal.  
    </p><p class="article-text">
        Si atendemos ahora al qui&eacute;nes protagonizan esta nueva ola, hay que recordar brevemente que a partir de los a&ntilde;os 80 del siglo pasado el feminismo reconoci&oacute; la diversidad entre las mujeres por raza, clase, preferencia sexual, etc. Y lo hizo sobre todo a ra&iacute;z de las cr&iacute;ticas chicanas al feminismo tradicional de las feministas lesbianas, negras y por no contemplar sus diferencias y no sentirse representadas en un feminismo centrado en la mujer blanca, occidental, heterosexual y de clase media. Pero el reconocimiento de las diferencias entre mujeres plantea un problema en el feminismo: &iquest;C&oacute;mo pensar las identidades que se reconocen como diversas? &iquest;C&oacute;mo evaluar las diferencias? La te&oacute;rica norteamericana Nancy Fraser advierte que no todas las diferencias deben ser reconocidas, que no todo vale y que hay que rechazar aquellas diferencias que fomentan la subordinaci&oacute;n o que implican desigualdad.  El debate abierto acerca de qu&eacute; hacer con las identidades diversas, qu&eacute; hacer si reconocemos las diferencias entre mujeres, abre tambi&eacute;n el debate de qu&eacute; hacemos con el sujeto pol&iacute;tico del feminismo, con el qui&eacute;nes de esta nueva ola.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien defiende que estar&iacute;amos ante una 4&ordf; ola en la que el sujeto pol&iacute;tico del feminismo habr&iacute;a cambiado: de ah&iacute; vienen las propuestas del transfeminismo y de la teor&iacute;a <em>queer</em>. Estas propuestas postmodernas se vinculan directamente con la fil&oacute;sofa norteamericana Judith Butler: Butler propone que cabe deconstruir las identidades por normativas y excluyentes, ya que toda identidad establece unas normas a las que hay que ajustarse para pertenecer a la misma y deja fuera todo lo que no se ajusta a esas normas. Tambi&eacute;n la identidad &ldquo;mujeres&rdquo; deber&aacute; ser desestabilizada y deconstruida, pues como toda identidad es normativa y excluye a parte del grupo que dice representar. Ahora estar&iacute;amos en un momento de postfeminismo en el que el sujeto ya no ser&iacute;an las mujeres sino un sujeto en coalici&oacute;n de identidades diversas y contingentes, aliadas en la resistencia al orden heteropatriarcal (como los gays, las lesbianas, los transexuales, los transg&eacute;nero, los bisexuales, etc). Pero hay quien, l&oacute;gicamente, ve un peligro para el feminismo en estas propuestas postmodernas. As&iacute; la fil&oacute;sofa feminista Seyla Benhabib le contesta a Butler que, si deconstruimos la identidad mujeres, nos quedamos sin sujeto pol&iacute;tico que pueda llevar adelante el proyecto de emancipaci&oacute;n que el feminismo es. Benhabib pregunta c&oacute;mo ser&iacute;a posible siquiera pensar un proyecto pol&iacute;tico de emancipaci&oacute;n feminista sin un sujeto pol&iacute;tico del mismo, sin el &ldquo;nosotras&rdquo; feminista.
    </p><p class="article-text">
        Creo que hoy indudablemente hay que pensar el sujeto feminista en alianza con otras identidades que se crean en su resistencia al orden heteropatriarcal. Pero, a mi juicio, de lo que no se trata es de disolver el sujeto del feminismo en esas otras colectividades, que deben tener sus propios sujetos. Lo que s&iacute; me parece urgente es que hoy, con las masivas movilizaciones feministas en la calle, con esta cuarta ola en puertas, repensemos y volvamos a estabilizar el sujeto pol&iacute;tico del feminismo. Porque no podemos dejar que se nos quiera usurpar el sujeto a las mujeres precisamente ahora, cuando la lucha feminista m&aacute;s necesita de un sujeto fuerte. Un sujeto que tiene que llevar adelante un proyecto feminista tan f&aacute;cil de enunciar y tan dif&iacute;cil de hacer como es erradicar el patriarcado. Y hacerlo adem&aacute;s a escala transnacional, a escala planetaria, reconociendo desde luego las diferencias culturales, locales, raciales, de clase, de orientaci&oacute;n sexual, etc. Entre las mujeres. Pero reconocer esas diferencias no significa que se pueda hablar hoy de un postfeminismo, o incluso hablar de la postmujer (como hacen algunos discursos actuales). Y no cabe hacerlo, no cabe hablar de tanto post, cuando, como dice Fraser, todav&iacute;a no estamos ni mucho menos en condiciones de hablar de un postpatriarcado.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, no podemos admitir que se siegue la hierba bajo nuestros pies y se pretenda acabar con el sujeto &ldquo;mujeres&rdquo; justo cuando el feminismo est&aacute; volviendo a ser un movimiento emergente. Las mujeres, repit&aacute;moslo, pueden coaligarse con otros sujetos que como los homosexuales, las lesbianas, los transexuales, los bisexuales o los transg&eacute;nero est&aacute;n embarcados en una lucha contra el orden patriarcal heteronormativo. Pero sabiendo que centrar el foco de reivindicaci&oacute;n en el reconocimiento de las reclamaciones de libertad sexual, como hacen esas colectividades, no ser&aacute; suficiente para hablar de un proyecto feminista que tiene que impugnar el patriarcado como sistema de dominaci&oacute;n total. Es decir, entender el patriarcado s&oacute;lo como heteropatriarcado es reductivo, ya que definir el patriarcado prioritariamente como sistema de dominaci&oacute;n heterosexual es obviar que, adem&aacute;s de eso, es tambi&eacute;n un sistema de opresi&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica. Y el feminismo tiene que impugnar el patriarcado en toda su complejidad.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro mundo globalizado la realidad material de las condiciones de vida de muchas mujeres exige todav&iacute;a pensar desde el feminismo un proyecto de emancipaci&oacute;n social, pol&iacute;tico, cultural y personal. Y para ese proyecto se necesita hoy un sujeto fuerte, un sujeto &ldquo;mujeres&rdquo;, que a pesar de sus diferencias indudables tenga objetivos pol&iacute;ticos comunes. Y las mujeres tenemos objetivos pol&iacute;ticos comunes porque padecemos dominaciones comunes por el hecho mismo de ser mujeres, como es el caso paradigm&aacute;tico de la violencia patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, y por decirlo brevemente, yo tengo muy clara una cosa: que defender que se deconstruya hoy el sujeto &ldquo;mujeres&rdquo;, que prescindamos de &eacute;l como sujeto pol&iacute;tico del feminismo, s&oacute;lo puede venirle bien a los propios intereses del patriarcado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sujeto-politico-feminista-ola_129_1874112.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Oct 2018 18:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El sujeto político feminista en la 4ª ola]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Patriarcado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ley y la palabra femenina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ley-palabra-femenina_129_3209431.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/310f6b92-8c8a-4ac7-b21a-dda829480f1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ley y la palabra femenina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La justicia es justicia con apellido: es justicia patriarcal y, por tanto, interesada</p></div><p class="article-text">
        Una cosa es escenificar un pacto de Estado contra la violencia de g&eacute;nero, para figurar en la foto medi&aacute;tica y en la oportunidad pol&iacute;tica, y otra muy distinta es contraer el compromiso real de llevarlo a efecto de manera urgente y hasta sus &uacute;ltimas consecuencias. Es f&aacute;cil hablar de pactos para negar la custodia de los hijos/as a condenados por malos tratos y, con la otra mano, dejar en la indefensi&oacute;n a una madre maltratada y a sus hijos. Estamos hablando de una mujer aterrorizada y desprotegida, maltratada no s&oacute;lo por su ex pareja, sino por la ley que la convierte a esta &uacute;ltima de verdugo en v&iacute;ctima y le hace susceptible de amparo.
    </p><p class="article-text">
        Ya se ha escrito mucho sobre el caso de Juana Rivas, que pone sobre el tapete que efectivamente hay un pacto, s&iacute;. Pero es el pacto patriarcal dirigido a silenciar y hasta a negar la violencia estructural contra las mujeres. C&oacute;mplice directo en ese pacto, la justicia no tiene una venda de neutralidad, ni equilibra el fiel de la balanza. La justicia es justicia con apellido: es justicia patriarcal y, por tanto, interesada.
    </p><p class="article-text">
        Esto ya lo sab&iacute;an las mujeres del siglo XVIII, cuando, como Olympe de Gouges, denunciaban que los derechos y deberes estaban promulgados s&oacute;lo para la mitad masculina de la humanidad: para las mujeres s&oacute;lo restaba la exclusi&oacute;n y el sometimiento a la ley. Una ley hecha para y por los hombres, y formulada con pretensiones de universalidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; sucediendo con Juana demuestra que las cosas no han cambiado mucho del XVIII para ac&aacute;. Se parte a priori de que la mujer es culpable y, en todo caso, es ella quien tiene que demostrar lo contrario. Los delitos imputados a Juana, la imputaci&oacute;n tambi&eacute;n de las profesionales que la han asistido, ponen a las claras que la ley &ndash;insisto, patriarcal&ndash; siempre se vuelve en contra de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Y se vuelve contra ellas porque, siguiendo la idea de la fil&oacute;sofa Celia Amor&oacute;s, la ley y el sistema que la sustenta no da legitimidad a la palabra de las mujeres. De ah&iacute; que siempre se aplique la sospecha sobre sus testimonios, sobre sus relatos, sobre sus denuncias. El sistema patriarcal, como todo sistema de dominio, es paranoide: desconf&iacute;a de lo que no es igual a s&iacute; mismo. Las mujeres, las otras, no pueden tener credibilidad, porque su palabra, su denuncia amenaza la misma l&iacute;nea de flotaci&oacute;n de una estructura pol&iacute;tica y social que se quiere hacer pasar por natural. Por tanto, lo que hay que hacer con las mujeres es negarles la palabra, quebrar la legitimidad de su testimonio.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las feministas sabemos que estamos asistiendo al inicio de la crisis m&aacute;s profunda del sistema patriarcal. Y reclamamos que se les devuelva a las mujeres la palabra y la ley. Por eso, entendemos que el aut&eacute;ntico pacto es el pacto entre las mujeres y los hombres que, apoyando a Juana Rivas, apoyamos la fe en un imperativo moral y legal: el del fin de la injusticia de g&eacute;nero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ley-palabra-femenina_129_3209431.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Sep 2017 18:33:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ley y la palabra femenina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juana Rivas,Violencia de género,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Queridos medios: basta ya de contradicciones en violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/queridos-medios-contradicciones-violencia-machista_129_3405147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/724e294a-bc5a-436b-badf-a4bfa6cccb00_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Queridos medios: basta ya de contradicciones en violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de los medios hacen alarde de un cúmulo de contradicciones cuando, alineados contra la violencia machista, no dudan en reproducir los estereotipos de género en la que esta descansa</p></div><p class="article-text">
        Condenar la violencia contra las mujeres, sobre todo en sus manifestaciones m&aacute;s luctuosas, es algo com&uacute;n hoy en nuestra sociedad. Algo que se hace individualmente, pero tambi&eacute;n a trav&eacute;s de diversos veh&iacute;culos de opini&oacute;n. Cuando esos veh&iacute;culos expresan el rechazo m&aacute;s generalizado a la violencia machista es de suyo esperar que no caigan tampoco en actitudes y publicaciones que perpet&uacute;en las causas de esa violencia. Es de esperar, en fin, que contribuyan a crear conciencia cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lamentablemente hay que decir que la mayor&iacute;a de los medios m&aacute;s instalados en la opini&oacute;n p&uacute;blica hacen, por el contrario, alarde de un c&uacute;mulo de contradicciones cuando, alineados contra la violencia machista, no dudan en reproducir los estereotipos de g&eacute;nero en la que esta descansa. Es el caso de peri&oacute;dicos que siguen albergando en sus p&aacute;ginas anuncios de prostituci&oacute;n sin ning&uacute;n pudor. O que publican reclamos con raz&oacute;n del D&iacute;a de la Madre sobre un ranking de las madres &ldquo;m&aacute;s ca&ntilde;&oacute;n&rdquo;. O, en casi todos los casos, que no hablan de asesinatos de mujeres ni de feminicidios, sino de mujeres &ldquo;muertas&rdquo;. Es el caso, en fin, de la manera de dar las noticias de tal modo que no socave el orden de g&eacute;nero dominante.
    </p><p class="article-text">
        Esos medios tienen que saber, sin duda, cu&aacute;n poderoso es su papel para crear opini&oacute;n. A estas alturas, es imposible que desconozcan hasta qu&eacute; punto el dar noticias de un u otro modo tiene una influencia decisiva en la reacci&oacute;n de la sociedad. Y qu&eacute; flaco favor hacen a la m&aacute;s que razonable idea de igualdad entre los sexos cuando publican art&iacute;culos o hacen campa&ntilde;as en las que se vuelve a presentar a las mujeres como mero producto de consumo, como objeto sin m&aacute;s o como definitivamente seres inferiores. Una quisiera leer algunos peri&oacute;dicos sin sobresaltarse a cada paso por encontrar este tipo de desprop&oacute;sitos.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que no estamos, en lo que se refiere a los medios, ante meros desprop&oacute;sitos que puedan ser excusados como faltas menores. Los medios que tanto se posicionan contra la violencia de g&eacute;nero tienen la responsabilidad, &eacute;tica y pol&iacute;tica, de expurgar de sus contenidos todo aquello que la perpet&uacute;a. No es un sue&ntilde;o imposible que las noticias, los art&iacute;culos de opini&oacute;n, la publicidad, &hellip; dejaran de comprometerse con los valores m&aacute;s patriarcales, m&aacute;s desigualitarios y m&aacute;s da&ntilde;inos para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que hay medios que, decididamente, siempre van a jugar en contra de extender el pensamiento de la igualdad entre los sexos, que van a seguir en el amarillismo ideol&oacute;gico de reproducir las claves de la discriminaci&oacute;n, porque ese es su ideario. Sin embargo, cuesta entender a aquellos medios que aparentemente podr&iacute;an presentarse como aliados de esa causa y que, a poco que les dan la oportunidad, caen en el gui&ntilde;o f&aacute;cil y descarnado a los lugares comunes de la estereotipia de g&eacute;nero, que es la que m&aacute;s vende en el imaginario social.
    </p><p class="article-text">
        Hoy cuando se habla de un pacto de Estado contra la violencia de g&eacute;nero &ndash;un pacto que, por cierto, se pretende casi gratuito&ndash; quiz&aacute; sea el momento de interpelar a los medios de comunicaci&oacute;n para exigir que rompan esa cadena de contradicciones entre sus proclamas y sus hechos. Por ejemplo, que en lugar de inundar sus ediciones de publicidad y llenar huecos y huecos con la celebraci&oacute;n del D&iacute;a de la Madre, en una vor&aacute;gine entre m&iacute;stica y consumista, dediquen espacios destacados a contrarrestar la percepci&oacute;n social de la violencia contra las mujeres como un dato natural de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El papel de los poderosos medios de comunicaci&oacute;n que se presentan como aliados del progreso y la igualdad no puede seguir siendo el de, a la vez, erigirse en un dechado de contenidos patriarcales. Es hora de comprometerse de lleno con la erradicaci&oacute;n de la violencia machista, cosa que pasa por un compromiso con la igualdad entre los sexos. Y, para eso, es hora de que los medios de comunicaci&oacute;n asuman su responsabilidad en ese objetivo. Mientras no sea as&iacute;, seguir&aacute;n siendo c&oacute;mplices de la violencia y del machismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/queridos-medios-contradicciones-violencia-machista_129_3405147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 May 2017 19:40:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Queridos medios: basta ya de contradicciones en violencia machista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Patriarcado,Machismo,Estereotipos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La prostitución no es una elección "natural"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prostitucion-eleccion-natural_129_3488965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4b5d26d-6dad-4347-a603-cc0e0066ab57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La prostitución no es una elección &quot;natural&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque se estigmatice socialmente a la prostituida, se considera la prostitución una necesidad a la que los hombres tienen derecho  por razón de su propia naturaleza sexual</p></div><p class="article-text">
        La prostituci&oacute;n se enmarca y se juzga tradicionalmente en relaci&oacute;n con la moral sexual. El argumento m&aacute;s relevante contra esta instituci&oacute;n consiste en se&ntilde;alar que generalmente no es algo libremente elegido, sino que su ejercicio se debe a la precariedad y la necesidad, as&iacute; como a la falta de recursos econ&oacute;micos y sociales. Y esto es un argumento contra toda explotaci&oacute;n sexual, dejando ahora de lado las cifras contundentes de la trata con tales fines. Sin embargo, la equiparaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n a cualquier otro trabajo, como por ejemplo se hizo en Alemania en 2001, alimenta la idea de la prostituci&oacute;n como elecci&oacute;n libre que debe ser reconocida por un Estado de derecho. Esta situaci&oacute;n ampl&iacute;a las fronteras del negocio econ&oacute;mico y traslada el mensaje a ni&ntilde;os y adolescentes varones de que est&aacute;n legitimados para comprar mujeres si necesitan cubrir sus necesidades sexuales.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de los puros intereses comerciales del mercado neoliberal, hay criterios morales, &eacute;ticos y pol&iacute;ticos que se han de poner en juego al hablar de la prostituci&oacute;n. Porque no estamos hablando de que los varones se limiten a satisfacer sus necesidades, sino de que lo hacen a costa del bienestar de las mujeres y de la compra de su  sexualidad. Este hecho mismo convierte la relaci&oacute;n prostitucional en un ejercicio de poder y de dominaci&oacute;n, por la que una persona tiene que ponerse al servicio de otra pasando por encima de sus propios deseos o necesidades. Con ello la persona prostituida pierde el sentido de su propia sexualidad y de la decisi&oacute;n aut&oacute;noma sobre la misma.
    </p><p class="article-text">
        Frente a las pretensiones de la &eacute;tica liberal de que con la prostituci&oacute;n &ldquo;elegida&rdquo; estamos ante un caso de libre consenso de las partes, cabe oponer que estamos ante la vulneraci&oacute;n del principio de no-instrumentalizaci&oacute;n, esto es, de no convertir a la persona en medio para un fin, en el sentido kantiano. Con la prostituci&oacute;n se institucionaliza la vulneraci&oacute;n de tal derecho. Con lo que nos encontramos en el terreno de la protecci&oacute;n o desprotecci&oacute;n de los derechos humanos. Y la legalizaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n nos hace retroceder a estadios anteriores a la defensa de tales derechos.
    </p><p class="article-text">
        Las vinculaciones entre prostituci&oacute;n y capitalismo neoliberal tiene ra&iacute;ces ya en la segunda mitad del siglo XIX europeo, cuando la industrializaci&oacute;n oblig&oacute; en particular a las mujeres de la clase trabajadora al trabajo con horarios extenuantes, sobre todo fabril, con sueldos miserables y con la sobrecarga del  trabajo dom&eacute;stico a&ntilde;adida. Muchas mujeres encontraron en esas circunstancias en la prostituci&oacute;n la &uacute;nica alternativa para conseguir un sueldo digno. De modo que cabe decir que la expansi&oacute;n del capitalismo fue de la mano del aumento de la actividad prostitucional, con lo que su car&aacute;cter &ldquo;natural&rdquo; queda totalmente en entredicho y se pone en evidencia  que se trata de un fen&oacute;meno sometido a condiciones hist&oacute;ricas.
    </p><p class="article-text">
        El car&aacute;cter radicalmente hist&oacute;rico y no natural de la prostituci&oacute;n se evidencia cuando nos planteamos c&oacute;mo se ha desarrollado a lo largo de los tiempos. La supuesta naturalidad y universalidad de la prostituci&oacute;n queda ya de entrada cuestionada si pensamos en que esta no se daba por ejemplo en pueblos ind&iacute;genas, como los de la Polinesia. Tambi&eacute;n sabemos que en el antiguo Egipcio no se dio esta instituci&oacute;n. Y mujeres como Mesalina han pasado a la historia de Roma como prostituidas probablemente por no someterse al c&oacute;digo patriarcal dise&ntilde;ado para la mujer. Pero m&aacute;s all&aacute; de un recuento de datos que contradicen esa supuesta universalidad de la prostituci&oacute;n, lo cierto es que esta alcanz&oacute; su mayor extensi&oacute;n al final de la Segunda Gran Guerra.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os 90 algunos pa&iacute;ses, como Holanda o Alemania, desarrollaron entramados legislativos que de hecho legalizaban la prostituci&oacute;n. Pero ello no ha redundado ni en la disminuci&oacute;n de esta pr&aacute;ctica de explotaci&oacute;n sexual, ni en la mejora de las condiciones de vida de las mujeres prostituidas: en todo caso, ha contribuido a acrecentar los beneficios de la industria del sexo. Frente a estas experiencias, pa&iacute;ses como Suecia y Noruega se han orientado a pol&iacute;ticas de erradicaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n, principalmente sancionando a los supuestos &ldquo;clientes&rdquo;. Las experiencias en estos pa&iacute;ses hacen pensar que la abolici&oacute;n de la prostituci&oacute;n no es un horizonte imposible y vienen a refrendar el car&aacute;cter hist&oacute;rico, construido y patriarcal de esta instituci&oacute;n, que nada tiene pues de &ldquo;natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la lucha por la erradicaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n como instituci&oacute;n, Andrea Dworkin ha puesto de manifiesto que la prostituci&oacute;n como instituci&oacute;n es el enemigo de las mujeres, puesto que representaba la cara m&aacute;s brutal del sistema patriarcal. Y, en consecuencia, hace un llamamiento a que el movimiento feminista debe comprometerse en su abolici&oacute;n. Frente a esta reclamaci&oacute;n est&aacute;, como es sabido, la posici&oacute;n de quienes defienden la legalizaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n y su asimilaci&oacute;n a un trabajo como cualquier otro.
    </p><p class="article-text">
        Ambos extremos tienen en com&uacute;n que juegan dentro de los par&aacute;metros de un binarismo sexual, que da por supuesta la heteronormatividad sexual. Esta heteronormatividad prescribe c&oacute;mo debe ser el deseo sexual, en tanto heterosexual, y excluye cualquier forma de sexualidad que no se inscriba en este marco. La prostituci&oacute;n tambi&eacute;n es abordada desde la perspectiva &uacute;nica, estereotipada y naturalizada de la sexualidad complementaria entre los sexos. Tal perspectiva asume que los varones son sexualmente promiscuos y fogosos, en tanto que las mujeres son pasivas y receptivas.
    </p><p class="article-text">
        Esta construcci&oacute;n de la heterosexualidad redunda  en relaci&oacute;n con la prostituci&oacute;n en que el hombre que act&uacute;a como cliente es sexualmente activo y necesitado de manera irrefrenable de satisfacci&oacute;n sexual, en tanto que la mujer prostituida vendr&iacute;a a ser algo as&iacute; como el recept&aacute;culo pasivo, por decirlo en t&eacute;rminos aristot&eacute;licos referidos a la sexualidad femenina. Por tanto, aunque se estigmatice socialmente a la prostituida, se considera la prostituci&oacute;n una necesidad a la que los hombres tienen derecho  por raz&oacute;n de su propia naturaleza sexual.
    </p><p class="article-text">
        El negocio de la prostituci&oacute;n se basa en la reproducci&oacute;n de la normatividad heterosexual, antes que suponer una desestabilizaci&oacute;n de la misma. La prostituida tiene que cubrir las demandas del prostituidor y, a menudo, no s&oacute;lo en cuanto a sus deseos sexuales, sino tambi&eacute;n en cuanto a las necesidades de este de hablar sobre sus problemas laborales o familiares. De manera que la prostituida debe entregar no s&oacute;lo su sexualidad, sino tambi&eacute;n su emocionalidad. Por tanto, la prostituida tiene que poner en escena aquello que el prostituidor quiere comprar, y que implica varios &aacute;mbitos de su persona, adem&aacute;s del sexual.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia abolicionista del gobierno sueco desde 1999 ha abierto una v&iacute;a que han querido seguir pa&iacute;ses como Corea del Norte, Noruega, Finlandia, Islandia, Sud&aacute;frica y recientemente Francia. Este modelo propone no sancionar a las prostituidas, a las que antes bien se les oferta formaci&oacute;n y salidas laborales y terap&eacute;uticas, sino al cliente, desde una nueva comprensi&oacute;n de la masculinidad que no parte de las supuestas necesidades sexuales de los varones como legitimaci&oacute;n de sus pr&aacute;cticas de explotaci&oacute;n sexual. Este modelo entiende que la prostituci&oacute;n es violencia contra las mujeres y que va en contra de todas las legislaciones y las pol&iacute;ticas de igualdad. La evaluaci&oacute;n de esta pol&iacute;tica sueca realizada en el 2008 vino a refrendar, entre otras cosas, que con la misma hab&iacute;an disminuido las cifras de la trata de mujeres con fines de explotaci&oacute;n sexual.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prostitucion-eleccion-natural_129_3488965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2017 18:32:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La prostitución no es una elección "natural"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Prostitución,Feminismo,Patriarcado,Neoliberalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En medio(s) de "los malos tratos" y "las muertas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/medios-violencia-genero_129_3573125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/724e294a-bc5a-436b-badf-a4bfa6cccb00_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En medio(s) de &quot;los malos tratos&quot; y &quot;las muertas&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por mucho que se hable de pacto de Estado, si la violencia contra las mujeres no es objeto de un pacto entre los medios para contribuir a su radical condena, para desenmascarar sus causas, poco haremos para su erradicación</p></div><p class="article-text">
        Quiz&aacute;, despu&eacute;s de todo, algo est&aacute; cambiando en los medios y en la sociedad misma frente a la percepci&oacute;n de la violencia de g&eacute;nero. La publicaci&oacute;n en eldiario.es de la noticia de '<a href="http://www.eldiario.es/catalunya/politica/trabajadores-Diari-Terrassa-desmarcan-publicacion_0_612788829.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los trabajadores del Diari de Terrassa se rebelan contra la publicaci&oacute;n de una vi&ntilde;eta machista'</a> alienta esta esperanza. Porque los medios de comunicaci&oacute;n son esenciales para generar rechazo o, por el contrario, tolerancia ante esta violencia. Esto es tanto como decir que el problema de la violencia contra las mujeres resulta ser tambi&eacute;n el problema del discurso en el que est&aacute; inserta.
    </p><p class="article-text">
        Para muestra, un bot&oacute;n: a estas alturas ya no es de recibo que, cuando una mujer es asesinada por la violencia de g&eacute;nero, se publique una noticia en la que &ldquo;una mujer muere&rdquo;, obviando as&iacute; el t&eacute;rmino &ldquo;asesinato&rdquo;. Tampoco es muy de recibo seguir hablando de &ldquo;malos tratos&rdquo;, que parecen remitir a otros que fueran &ldquo;buenos&rdquo;. Y estamos m&aacute;s que hartas de &ldquo;presuntos&rdquo; agresores a v&iacute;ctimas que, m&aacute;s que presuntas, son una realidad letal y palpable.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que los medios se hacen eco de la violencia de g&eacute;nero, pero en la forma de ir contabilizando las cifras &ndash;por cierto, cifras oficiales que siempre van por detr&aacute;s de las cuentas que nos salen&ndash; de mujeres &ldquo;muertas presuntamente por violencia de g&eacute;nero&rdquo; en las noticias de cada d&iacute;a. Con ello, se produce una percepci&oacute;n de goteo, algo que se convierte en un dato a&ntilde;adido a otros, sin remover en lo m&aacute;s m&iacute;nimo la conciencia cr&iacute;tica ante esa sistem&aacute;tica pr&aacute;ctica de terror patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        La escalada constante de la violencia contra las mujeres se convierte as&iacute; en la cr&oacute;nica (gris) de una muerte anunciada. Por m&aacute;s que sepamos que va a seguir sucediendo, por m&aacute;s que resulte incalculable su magnitud en nuestro mundo globalizado, por m&aacute;s que nos salpique desde la radio, la prensa o la televisi&oacute;n, parece algo ya instalado en nuestro paisaje cotidiano sin que provoque mayores sobresaltos que el horror ef&iacute;mero ante acontecimientos luctuosos.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la noticia de la rebeli&oacute;n de la plantilla del Diari de Terrasa ante un nuevo intento de banalizar y de someter a chanza la violencia contra las mujeres es un dato muy positivo, por mucho que el simple hecho de que algo as&iacute; sea noticia no deja de ser tambi&eacute;n otro s&iacute;ntoma de la pasividad y la tolerancia con la que socialmente se asiste a esta brutal realidad.
    </p><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n tienen un papel esencial como transmisores de valores y de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica. Ya nadie puede creer en esa supuesta objetividad, que hace un corte radical entre hechos y valores, como si, tal como lo ha se&ntilde;alado el fil&oacute;sofo Hilary Putnam, pudi&eacute;ramos hablar de los hechos desde un punto de vista neutral y exento de valores: desde lo que llama &ldquo;el-ojo-de-dios&rdquo;. De manera que la forma misma de informar es ya una toma de posici&oacute;n, es ya una transmisi&oacute;n de valores, es ya una apuesta por orientar al receptor en una u otra direcci&oacute;n. Y, por mucho que se hable de pacto de Estado, si la violencia contra las mujeres no es objeto de un pacto entre los medios para contribuir a su radical condena, para desenmascarar sus causas, para desvelarla como expresi&oacute;n extrema de un sistema de desigualdad entre los sexos, poco estaremos haciendo para su erradicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente he o&iacute;do decir a alguna feminista, no precisamente insustancial, que la igualdad no va a acabar con la violencia de g&eacute;nero. Puede que no, pero s&iacute; cabe decir que resulta ser una condici&oacute;n sin la cual ese futuro es totalmente impensable. Yo estoy convencida de que pegar a una mujer, humillarla y vejarla psicol&oacute;gicamente, utilizar a sus hijos para castigarla o, en el caso l&iacute;mite, asesinarla, s&oacute;lo es pensable en unas sociedades donde las mujeres siguen siendo situadas en una posici&oacute;n de inferioridad. Es decir, que el grado civilizatorio de una sociedad se mide por c&oacute;mo trata a sus mujeres. Y en nuestro mundo, tanto en el &ldquo;avanzado&rdquo; mundo occidental, como en las sociedades del denominado &ldquo;tercer mundo&rdquo; las mujeres siguen valiendo lo mismo: apenas nada.
    </p><p class="article-text">
        Que los trabajadores de un medio de comunicaci&oacute;n hayan puesto en jaque a su propio medio por ejercer violencia contra las mujeres &ndash;pues publicar algo vejatorio para las mismas tambi&eacute;n es ejercer violencia de g&eacute;nero&ndash; es algo por lo que congratularnos. Es algo por lo que pensar que, poco a poco, aunque sea muy poco a poco, vamos consiguiendo, no s&oacute;lo el rechazo, sino tambi&eacute;n la conciencia cr&iacute;tica. Una conciencia que nos hace m&aacute;s justos y, con ello, m&aacute;s humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/medios-violencia-genero_129_3573125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2017 19:22:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En medio(s) de "los malos tratos" y "las muertas"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medios de comunicación,Violencia de género,Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el Estado se alía con la violencia de género: el caso de Rusia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/alia-violencia-genero-caso-rusia_129_3635904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03bc59f6-4a05-4aca-8576-4a8bacf14f54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el Estado se alía con la violencia de género: el caso de Rusia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El parlamento ruso debate un cambio legislativo que permite suponer que un hombre estaría legitimado para ejercer violencia en el hogar contra su pareja impunemente una vez cada año por un módico precio</p></div><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; sucediendo en estos momentos en Rusia testimonia c&oacute;mo las conquistas sociales y, en particular, las de las mujeres se cimentan sobre terrenos arenosos que pueden ser socavados de la noche a la ma&ntilde;ana. A iniciativa de dos diputadas y de dos senadoras del partido de Vladimir Putin, Rusia Unida, se est&aacute; tramitando en el Parlamento un cambio legislativo terror&iacute;fico: se trata de que la agresi&oacute;n en el &aacute;mbito familiar y, en particular a la mujer, sale de la v&iacute;a penal y s&oacute;lo ser&aacute; objeto de una multa administrativa de 500 euros y 15 d&iacute;as de trabajos comunitarios. Solo si, en el plazo de un a&ntilde;o, el agresor vuelve a maltratar a la mujer podr&aacute; proces&aacute;rsele por v&iacute;a penal y, en este caso, la justicia no actuar&aacute; de oficio, sino que la propia v&iacute;ctima debe acudir ella misma a los tribunales y reunir todas las pruebas del maltrato recibido.
    </p><p class="article-text">
        Con esta reforma se pretende que la justicia no &ldquo;invada&rdquo; el &aacute;mbito dom&eacute;stico, seg&uacute;n declaraciones de Putin. De manera que, ya de entrada, la &oacute;ptica que preside la propuesta es la de que la violencia de g&eacute;nero es un acto privado, un asunto de la vida personal, que no compete regular y perseguir desde el &aacute;mbito pol&iacute;tico. Tambi&eacute;n, como asunto individual se comprende la v&iacute;a judicial que pueda emprender la propia v&iacute;ctima una vez haya sido objeto de agresi&oacute;n por segunda vez en el plazo de un a&ntilde;o. Todo ello deja inermes a las v&iacute;ctimas frente al agresor y frente a la instituci&oacute;n. La desprotecci&oacute;n es as&iacute; absoluta y, sobre todo, la medida es disuasoria para que las mujeres denuncien a sus maltratadores.
    </p><p class="article-text">
        Dar v&iacute;a libre a que una mujer pueda ser agredida siquiera una vez con total impunidad es ya de por s&iacute; una manifestaci&oacute;n de la aberrante percepci&oacute;n de lo poco que vale una vida femenina. Pero pretender adem&aacute;s que, si la v&iacute;ctima no se resigna y denuncia a su agresor una segunda vez, tiene que enfrentarse con sus solas fuerzas a toda la maquinaria judicial no es sino alargar el maltrato por v&iacute;a institucional. Pretender incluso que esta denuncia s&oacute;lo entre por la v&iacute;a penal si se produce por segunda vez en el plazo de un a&ntilde;o, permite suponer que el agresor estar&iacute;a legitimado para ejercer su violencia impunemente una vez cada a&ntilde;o por un m&oacute;dico precio.
    </p><p class="article-text">
        Que pueda siquiera plantearse seriamente una modificaci&oacute;n como esta no es, desde luego, un asunto nada trivial: testimonia la voluntad pol&iacute;tica de invisibilizar la violencia contra las mujeres y convertirla en una pr&aacute;ctica &ldquo;normalizada&rdquo;. No estamos ante opiniones peregrinas de individuos particulares, que manifiestan sus desprop&oacute;sitos para negar la violencia de g&eacute;nero o para minimizarla. No: estamos ante una decisi&oacute;n de Estado, que tiene traducci&oacute;n en la vida jur&iacute;dica y en la responsabilidad pol&iacute;tica para dedicar recursos y esfuerzos a atajar la violencia contra las mujeres. Se pone todo el peso de la prueba sobre la mujer agredida, y no sobre el agresor, y es aquella la que tiene que demostrar que la agresi&oacute;n ha existido y hacerlo una vez que se ha repetido.
    </p><p class="article-text">
        Si no fuera por la enorme trascendencia que tiene que, a estas alturas, pueda legislarse en este sentido, parecer&iacute;a que estamos ante un chiste de mal gusto. Pero lo cierto es que esta injuriosa iniciativa est&aacute; en tr&aacute;mite en el Parlamento ruso y que esa contundente realidad nos tiene que poner en alerta. En alerta sobre lo f&aacute;cil que resulta que se d&eacute; una reacci&oacute;n en las conquistas para las mujeres. En alerta sobre el imaginario pol&iacute;tico que sigue considerando la violencia de g&eacute;nero como una pr&aacute;ctica &ldquo;normalizada&rdquo; de la vida privada. En alerta sobre c&oacute;mo se puede volver a dejar a las v&iacute;ctimas de violencia desamparadas y desprotegidas por las instituciones. En alerta, en fin, sobre las muchas formas en las que se traduce todav&iacute;a hoy una desigualdad sexual en la que se cimenta no un delito, sino un &ldquo;derecho de propiedad&rdquo;: el tan ancestral imaginario de &ldquo;la mat&eacute; &ndash;o para el  caso, la pegu&eacute;&ndash; porque era m&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Salga adelante o no esta aberrante modificaci&oacute;n de la ley en Rusia &ndash;que tiene visos de que s&iacute;&ndash;, el simple hecho de que se pueda ni siquiera proponer algo as&iacute; trasciende las fronteras de ese pa&iacute;s y tiene que causar una conmoci&oacute;n generalizada. Deber&iacute;a ser objeto de denuncia y de impugnaci&oacute;n por los gobiernos europeos y los organismos internacionales. Porque ese rearme violento ataca de plano todas las pol&iacute;ticas de igualdad y, cuando viene de un Estado y sus leyes, los convierte en c&oacute;mplices de los cr&iacute;menes de violencia contra las mujeres.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/821396160069980160?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/alia-violencia-genero-caso-rusia_129_3635904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jan 2017 19:52:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando el Estado se alía con la violencia de género: el caso de Rusia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rusia,Violencia de género,Vladímir Putin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una tragedia de género: réplica al periodista Molares do Val]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tragedia-periodista-morales-do-val_129_3642089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc5dffbb-9563-4f9f-8a14-7184f248ec85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una tragedia de género: réplica al periodista Molares do Val"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Atribuir la violencia de género al carácter violento de algunos machos no tiene otro objetivo que el de abstraer esta de todo discurso sobre la desigualdad entre los sexos y evitar, con ello, las causas últimas que hacen posible esta violencia</p></div><p class="article-text">
        En la secci&oacute;n de &ldquo;Cr&oacute;nicas B&aacute;rbaras&rdquo; &ndash;con un adjetivo muy acertado&ndash; de El Correo Gallego el periodista Manuel Molares do Val ha escrito una breve columna que titula &ldquo;V&iacute;ctimas de su sexismo&rdquo;. En este art&iacute;culo &ndash;que fue retirado de la edici&oacute;n en la p&aacute;gina web tras un comunicado de repulsa del Colegio de Periodistas de Galicia, pero que apareci&oacute; en la edici&oacute;n impresa&ndash; la tesis es contundente: son las v&iacute;ctimas de la violencia de g&eacute;nero las culpables de sufrirla. Y, para argumentar su desatinada tesis, el periodista vierte opiniones como que &ldquo;el miedo al feminismo radical consigue que pocos medios informativos se atrevan a recordar que hay mujeres que se entregan voluntariamente a hombres violentos sabiendo que pueden matarlas&rdquo;. Y, &iquest;por qu&eacute;?, sigue razonando Molares do Val: porque esas mujeres &ldquo;se convierten voluntariamente en esclavas sexuales de posibles asesinos. Los siguen suicidamente por el placer f&iacute;sico que les proporcionan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde&ntilde;ando &ldquo;los consejos de los psic&oacute;logos que las atienden tras denunciar a su pareja&rdquo;, prosigue el autor, las mujeres &ldquo;establecen una relaci&oacute;n morbosa&rdquo; porque &ldquo;esos hombres son buenos amantes&rdquo; y, de ese modo, &ldquo;reinciden buscando el &eacute;xtasis que demasiadas veces les trae la muerte&rdquo;. Y, remata el periodista, &ldquo;al culpar s&oacute;lo al asesino, el feminismo m&aacute;s activo facilita la continuidad de esa cadena mortal&rdquo;, en lugar de ocuparse de &ldquo;advertir tambi&eacute;n que la mujer tiene que ser autorresponsable evitando machos violentos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Veamos, hay tres supuestos, o lindezas, en estas afirmaciones del autor: que a las mujeres les puede el morbo de la relaci&oacute;n con el maltratador; que son ellas las &uacute;nicas culpables de mantener esa situaci&oacute;n arriesgando la vida; y que la violencia de g&eacute;nero obedece a que hay &ldquo;machos violentos&rdquo;. Ser&aacute; cuesti&oacute;n de ir por partes ante tales afirmaciones, sin duda b&aacute;rbaras y deudoras, por cierto y por desgracia, de un imaginario ancestral.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al supuesto morbo de las v&iacute;ctimas, parece que este se&ntilde;or desconoce por completo los estudios m&aacute;s expertos sobre los factores de riesgo de la violencia contra las mujeres. La mayor&iacute;a de los especialistas hablan de estos factores para se&ntilde;alar la imposibilidad de establecer algo as&iacute; como un cat&aacute;logo claro y preciso de los mismos. Pero a la hora de  desmitificar aquellas conductas que se asocian por lo com&uacute;n con &ldquo;factores de riesgo&rdquo; y que, sin embargo, en sentido estricto no lo son, una de las tesis que se rechaza de plano es la de que &ndash;como sostiene el se&ntilde;or Molares do Val&ndash; se pueda establecer factor de riesgo alguno asociado a un supuesto masoquismo o placer morboso por parte de la v&iacute;ctima.
    </p><p class="article-text">
        Le recomiendo al periodista que, para disolver &eacute;ste y otros fantasmas (o fantas&iacute;as) acuda a ilustrase en fuentes expertas. Y, a la vista de su aversi&oacute;n por las mujeres y, m&aacute;s concretamente, las feministas, le recomiendo encarecidamente la lectura de los t&iacute;tulos de Miguel Lorente Acosta, algunos de los cuales gustosamente le indico en nota*.
    </p><p class="article-text">
        Aparte de esta argumentaci&oacute;n, no ya improcedente sino claramente caduca, el se&ntilde;or Molares do Val culpa a las mujeres de mantenerse en esa relaci&oacute;n de violencia, aunque saben que puede costarles la vida. Ante esta nueva bajeza argumentativa, me remito a las palabras de la jurista norteamericana Catherine MacKinnon, quien afirma tajantemente: &ldquo;Por qu&eacute; una persona 'permite  la fuerza' en lo privado (la pregunta de por qu&eacute; no se marcha que se hace a las mujeres maltratadas) es una pregunta que se convierte en un insulto por el significado social de lo privado como si fuera una esfera de opci&oacute;n. Para las mujeres la medida de la intimidad ha sido la medida de la opresi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, en la intimidad se intimida a las mujeres y el p&aacute;nico al agresor, cimentado en la anulaci&oacute;n de la propia autoestima, es la respuesta m&aacute;s clara a por qu&eacute; una mujer maltratada se resiste a romper el v&iacute;nculo o a denunciar. El respaldo que una mujer necesita para dar estos pasos es proporcionalmente tan grande como el terror en el que vive. Pretender que s&oacute;lo depende de su voluntad acabar con el c&iacute;rculo del maltrato es tanto como pretender insidiosamente que estamos hablando de un problema individual, personal y de conciencia de la propia mujer; es negar la necesidad de una implicaci&oacute;n social e institucional; es, en fin, tan inaudito a estas alturas como querer volver a confinar esa violencia estructural al &aacute;mbito de lo privado como si fuera poco menos que &ldquo;un asunto de alcoba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el se&ntilde;or Molares do Val se despacha contra el feminismo que no advierte a las mujeres para que eviten los &ldquo;machos violentos&rdquo; &ndash;&iexcl;lo que, al parecer, les hace seg&uacute;n el periodista ser &ldquo;buenos amantes&rdquo;!&ndash;. Atribuir la violencia de g&eacute;nero al car&aacute;cter violento de algunos machos no tiene otro objetivo que el de abstraer esta de todo discurso sobre la desigualdad entre los sexos y evitar, con ello, ir a las causas &uacute;ltimas que hacen posible esta violencia. Una violencia que no es violencia sin m&aacute;s, sino que, como la ha expresado la norteamericana Carol Sheffield, es &ldquo;poder sexualmente expresado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hablar del car&aacute;cter violento de determinados &ldquo;machos&rdquo;, cuya conducta es de suponer que responder&iacute;a a un exceso de testosterona, es obviar la causa por el efecto: es querer hacer pasar lo que es estructural por un hecho individual, por el que las mujeres individuales vuelven a ser culpabilizadas de no saber distinguir a esos impetuosos varones individualmente arrastrados por la fuerza de su singular agresividad.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo conviene recomendar al se&ntilde;or periodista que lea a los expertos: ni los ingresos econ&oacute;micos, ni el nivel de educaci&oacute;n, ni el estatus social ofrecen datos relevantes para poder dise&ntilde;ar un perfil del maltratador que pudiera comprenderse como factor de riesgo. E incluso en el caso del llamado &ldquo;agresor patol&oacute;gico&rdquo;, cuya conducta de agresi&oacute;n obedece a trastornos de la personalidad o a enfermedades mentales, los expertos nos dicen que estos casos componen un porcentaje tan escaso del total de los casos de violencia de g&eacute;nero que hay que desechar su tratamiento como factor de riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que el se&ntilde;or Molares do Val, a pesar de sus injuriosas argumentaciones para hacer de las v&iacute;ctimas verdugos, tiene que saber que, en &uacute;ltima instancia, el ser mujer viene a resumir la motivaci&oacute;n &uacute;ltima de esta violencia masculina. Y tiene que saberlo porque s&oacute;lo ello explica su denodado esfuerzo por insultar a las mujeres v&iacute;ctimas de violencia y por desviar la atenci&oacute;n del verdadero problema: que la violencia de g&eacute;nero no puede atajarse sin cambiar las estructuras profundas de nuestra desigualdad socio-sexual. Que, en fin, estamos ante una aut&eacute;ntica tragedia de g&eacute;nero, por mucho que se pretenda hacerla pasar por poco m&aacute;s que una comedieta vulgar.
    </p><p class="article-text">
        __
    </p><p class="article-text">
        *LORENTE ACOSTA, Miguel; Toquero de la Torre, Franciscol: <em>Gu&iacute;a de la buena pr&aacute;ctica cl&iacute;nica en abordaje en situaciones de violencia de g&eacute;nero</em>, Ministerio de Sanidad y Consumo, 2004. <em>Mi marido me pega lo normal</em>, Editorial Cr&iacute;tica, 2001; ediciones de Bolsillo, 2003.  <em>El Rompecabezas. Anatom&iacute;a del maltratador</em>, Editorial Cr&iacute;tica, 2004.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tragedia-periodista-morales-do-val_129_3642089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Jan 2017 07:17:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una tragedia de género: réplica al periodista Molares do Val]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Violencia de género: una violencia con apellido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/violencia-genero-violencia-apellido_129_3660282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8619bb3e-b460-45cd-ad34-4a4ca2c88f95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencia de género: una violencia con apellido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los asesinatos constituyen la punta del iceberg de una violencia omnipresente y soterrada que permea toda nuestra cotidianeidad. Una cotidianeidad en la que la opresión contra las mujeres se recubre de forma habitual como "amor"</p></div><p class="article-text">
        La violencia contra las mujeres, cuando se expresa en sus formas m&aacute;s luctuosas, provoca afortunadamente un rechazo generalizado y una creciente alarma social. Sin embargo, las causas de esa violencia parecen antojarse como invisibles o misteriosas, permanecen como un interrogante indescifrable en el imaginario colectivo o, como mucho, asimilado a la violencia sin m&aacute;s. El rechazo del hecho violento no va as&iacute; de la mano de la conciencia cr&iacute;tica. Y tampoco hay una pedagog&iacute;a orientada a hacer inteligible que esta violencia, antes que bastarda, tiene un apellido muy definido: es violencia de <em>g&eacute;nero</em>.
    </p><p class="article-text">
        La violencia de g&eacute;nero no se puede entender como expresi&oacute;n de la violencia en general. Si se entiende as&iacute;, se olvida que, como lo dec&iacute;a la norteamericana Carol Sheffield en 1992 al hablar de &ldquo;Sexual Terrorism&rdquo;, estamos ante una forma de agresi&oacute;n que est&aacute; tan enraizada en nuestra cultura que es percibida como el orden natural de las cosas o que, incluso, a veces ni siquiera es percibida. Esta forma de agresi&oacute;n se ejerce como maltrato, como incesto, como pornograf&iacute;a, como acoso, como violaci&oacute;n, como ablaci&oacute;n, como prostituci&oacute;n, como trata, como asesinato&hellip; Se ejerce, en fin, en las m&uacute;ltiples caras del terror.
    </p><p class="article-text">
        Este ejercicio de atemorizar a las mujeres tiene un objetivo claro: controlarlas y dominarlas. En su manifestaci&oacute;n m&aacute;s extrema del asesinato no se trata, como ya lo se&ntilde;alaba en 1995 Ana Mar&iacute;a P&eacute;rez del Campo en <em>Una cuesti&oacute;n incomprendida</em>: el maltrato a la mujer, de una violencia que pueda achacarse al perfil o a las caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas del maltratador. Se trata de una violencia que se ampara en la estructura misma de la desigualdad entre los sexos que vertebra nuestras relaciones sociales. Esto es tanto como decir que la misma estructura social que, a trav&eacute;s de diversos veh&iacute;culos de expresi&oacute;n, condena las manifestaciones luctuosas de la violencia de g&eacute;nero, perpet&uacute;a a la vez las condiciones de dominio de un sexo sobre otro como estructura central de relaci&oacute;n y, con ello, sigue haciendo posible esa violencia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando escribo esto en nuestro estado ya son 59 mujeres y 2 ni&ntilde;as las v&iacute;ctimas mortales por violencia de g&eacute;nero en el 2016, seg&uacute;n contabiliza el movimiento feminista; 44 v&iacute;ctimas mortales y una menor seg&uacute;n cifra de la Delegaci&oacute;n del Gobierno para la Violencia de G&eacute;nero. En todo caso, se trata, sin duda, de cifras alarmantes, sobre todo porque constituyen s&oacute;lo la punta del iceberg de una violencia omnipresente y soterrada que, con sus m&uacute;ltiples caras, permea toda nuestra cotidianeidad. Una cotidianeidad en la que la opresi&oacute;n contra las mujeres se recubre habitualmente como amor y que justifica as&iacute; las conductas violentas de los hombres sobre las mujeres por motivos amorosos o pasionales. Es un espejismo pretender acabar con esta violencia mientras no se acabe con sus causas estructurales, unas causas que son bien precisas y que est&aacute;n enraizadas en la forma de opresi&oacute;n m&aacute;s paradigm&aacute;tica: la opresi&oacute;n de las mujeres que, incluso en sociedades formalmente libres e igualitarias, perpet&uacute;an sus condiciones materiales de desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        Leer la violencia de g&eacute;nero fuera de este contexto es no comprender nada o no querer comprenderlo. Porque, como lo dice la jurista norteamericana Catherine MacKinnon, preguntar &ldquo;Por qu&eacute; una persona &laquo;permite&raquo; la fuerza en lo privado (la pregunta de por qu&eacute; no se marcha que se hace a las mujeres maltratadas) es una pregunta que se convierte en un insulto por el significado social de lo privado como esfera de opci&oacute;n. Para las mujeres la medida de la intimidad ha sido la medida de la opresi&oacute;n&rdquo;. Y MacKinnonn hace esta reflexi&oacute;n ya en 1995 en Hacia una teor&iacute;a feminista del Estado. Sacar de lo privado esta violencia y dimensionarlo al &aacute;mbito pol&iacute;tico fue la voluntad de la Ley Org&aacute;nica 1/2004, de 28 de diciembre de Medidas de Protecci&oacute;n Integral contra la Violencia de G&eacute;nero. Y sin duda, aun con las revisiones que fueran hoy pertinentes, esa ley tuvo una enorme funci&oacute;n pedag&oacute;gica y supuso un tremendo avance en la lucha contra la violencia que sufren las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Esa ley pecaba, sin embargo, de cierto optimismo al declarar en su Exposici&oacute;n de Motivos que hablaba de algo que &ldquo;Ya no es un 'delito invisible', sino que produce un rechazo colectivo y una evidente alarma social&rdquo;. Ese rechazo y esa alarma no parecen haber redundado ni en una aplicaci&oacute;n estricta de esta ley, ni en la amplificaci&oacute;n de los recursos destinados a aplicarla, ni en la concienciaci&oacute;n colectiva de las causas estructurales de ese delito. Con todo, esta ley ha constituido un avance importante en la lucha contra la violencia de g&eacute;nero que, afortunadamente, marca un punto de no retorno.
    </p><p class="article-text">
        Pero la sociedad, que se lamenta y guarda minutos de silencio ante cada asesinato de una mujer, sigue presa de la estupefacci&oacute;n y del interrogante ante este fen&oacute;meno. No hay voluntad pol&iacute;tica de trasladar a esa sociedad la respuesta a su incertidumbre, una respuesta que implica socavar los fundamentos mismos de los modos de vida y de relaci&oacute;n en los que estamos inscritos. La violencia de g&eacute;nero es violencia patriarcal y s&oacute;lo desaparecer&aacute; cuando desaparezca ese sistema de dominaci&oacute;n que, no s&oacute;lo la hace posible, sino que la requiere como condici&oacute;n de su subsistencia. Mientras tanto, cada mujer asesinada por violencia de g&eacute;nero engrosa el obituario de nuestra hip&oacute;crita y farsante igualdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/violencia-genero-violencia-apellido_129_3660282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Dec 2016 19:59:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Violencia de género: una violencia con apellido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Violencia de género,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién "feminiza la política"?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminiza-politica_129_3691745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cb10449-52fe-4959-97c6-9bacab42a74a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién &quot;feminiza la política&quot;?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cabe ahora que sospechemos de ese denodado impuso por "feminizar la política": ¿en nombre de quién se reclama? ¿Por qué se reclama justamente ahora, cuando las mujeres empiezan a emerger en el ámbito de la política pública?</p></div><p class="article-text">
        Cuando oigo hablar de &ldquo;feminizar la pol&iacute;tica&rdquo; se me viene a la cabeza la reflexi&oacute;n que la fil&oacute;sofa Celia Amor&oacute;s hac&iacute;a ya en el 2005, cuando escrib&iacute;a: &ldquo;&iquest;Nos echan de la polis por ser masculina? &iquest;o m&aacute;s bien nos hacen creer que es masculina porque nos echan?&rdquo;. En cualquier caso, lo que parece claro es que el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica se ha constituido como el &aacute;mbito de los pactos patriarcales y ha hecho elisi&oacute;n de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda es un objetivo deseable humanizar la pol&iacute;tica, con valores que, m&aacute;s all&aacute; de la agresividad o la competitividad, radiquen en la solidaridad y la inter-dependencia, y pongan en primer plano la necesidad del cuidado. Pero, que estos valores se hayan asignado a las mujeres no significa que sean &ldquo;femeninos&rdquo; por s&iacute; mismos y que llevarlos al &aacute;mbito de la pol&iacute;tica sea &ldquo;feminizarla&rdquo;. Porque entonces estamos aceptando de entrada que la pol&iacute;tica es masculina, nos estamos creyendo el relato m&aacute;s androc&eacute;ntrico para justificar que las mujeres no tengan acceso a la plaza p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de &ldquo;feminizar&rdquo; la pol&iacute;tica es equivalente a hablar de recambiar los &ldquo;valores masculinos&rdquo; por otros asignados a lo femenino, con lo que ya a priori se parte de que hay una distinci&oacute;n neta entre valores femeninos y valores masculinos. Y que de lo que se trata es de sustituir los segundos por los primeros. M&aacute;s que de un discurso sobre la construcci&oacute;n socio-simb&oacute;lica de la diferencia entre ambos tipos de valores, asistimos as&iacute; a un discurso cuasi-ontol&oacute;gico que parece apelar a una suerte de &ldquo;estado de naturaleza&rdquo; donde, antes de la cultura y como orden previo, pudiera evocarse una suerte de identidad femenina.
    </p><p class="article-text">
        Este discurso, tan viejo como androc&eacute;ntrico, piensa lo femenino como sin&oacute;nimo de madre, de madre-cuidadora, de madre-naturaleza: de madre-dom&eacute;stica, en fin. La pretendida revalorizaci&oacute;n de lo femenino por esta v&iacute;a est&aacute; ya en discursos tan poco ilustres como el de Rousseau, cuando en su <em>Emilio o de la educaci&oacute;n</em> en el siglo XVIII, escribe sobre los sexos con el objetivo de sancionar la desigualdad entre ellos y relegar a las mujeres de los asuntos pol&iacute;ticos en virtud de determinadas caracter&iacute;sticas femeninas &ldquo;naturales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Habremos, sin embargo, de conceder el beneficio de la duda a esta proclamaci&oacute;n actual de &ldquo;feminizar la pol&iacute;tica&rdquo; y suponer que sus fines no coinciden con los fines del patriarcalismo rousseauniano. Sus fines ser&iacute;an alcanzar una sociedad m&aacute;s humana, m&aacute;s justa y menos embarcada en los valores de un sistema neocapitalista depredador. Pero, &iquest;siempre es bueno para las mujeres hacerlas iconos de un cat&aacute;logo de valores espec&iacute;ficos y deseables para una humanidad mejor? Y, &iquest;de d&oacute;nde sacar ese cat&aacute;logo si no es de lo que el propio patriarcado ha reconocido como femenino cuando nos ha reconocido como &ldquo;nada m&aacute;s que mujeres&rdquo;, como lo dice Susan Wolf? Y, a&uacute;n m&aacute;s, &iquest;queremos ser reconocidas en estos t&eacute;rminos? Pero &iquest;acaso hay otros en los que reconocernos como mujeres?
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, si es el propio pensamiento patriarcal quien ha establecido estos valores como femeninos, es el propio pensamiento patriarcal quien, al reivindicarlos, &ldquo;feminiza&rdquo; la pol&iacute;tica. Y, por lo tanto, sigue siendo el propio pensamiento masculino el que establece lo que ha de ser y lo que no ha de ser la pol&iacute;tica. Ah&iacute; las mujeres nada tenemos que ver: como dec&iacute;a Francois Collin, se trata de hablar de &ldquo;lo femenino sin las mujeres&rdquo;. Porque las mujeres, desde un sano nominalismo, son individuas singulares y concretas, determinadas, que pueden participar en la pol&iacute;tica como tales. Cuando su participaci&oacute;n parte del discurso feminista, estas mujeres se convierten en agentes de un proyecto de emancipaci&oacute;n pol&iacute;tico y social que, ya de por s&iacute;, es requisito para una sociedad y una pol&iacute;tica, antes que &ldquo;feminizadas&rdquo;, simplemente &ldquo;humanas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asistimos, por tanto, en la reclamaci&oacute;n de &ldquo;feminizar la pol&iacute;tica&rdquo; a un nuevo discurso que, haciendo abstracci&oacute;n de las mujeres singulares y concretas, determinadas en sus condiciones materiales de vida, se presenta como un discurso normativo sobre lo femenino. Lo femenino se asocia al cuidado, a la solidaridad, a la comunidad y es reclamado ahora como esencialmente constitutivo de una nueva forma de pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero, como el feminismo es, en t&eacute;rminos de Amelia Valc&aacute;rcel, una &ldquo;filosof&iacute;a de la sospecha&rdquo;, cabe ahora que sospechemos de ese denodado impuso por &ldquo;feminizar la pol&iacute;tica&rdquo;. Pues, &iquest;en nombre de qui&eacute;n se reclama? Y, &iquest;por qu&eacute; se reclama ahora, justamente ahora, cuando las mujeres empiezan a emerger en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica p&uacute;blica?
    </p><p class="article-text">
        La voluntad pol&iacute;tica para &ldquo;feminizar&rdquo; este &aacute;mbito no puede ser confundida con valores tradicionalmente asociados a las mujeres. La voluntad pol&iacute;tica para hacer de la pol&iacute;tica otra cosa es una demanda colectiva, de mujeres y hombres, en su enfrentamiento con las inhumanas condiciones de la pol&iacute;tica neoliberal y neocapitalista. Hacer coincidir esa demanda justa y necesaria de un cambio en la pol&iacute;tica con un intento de &ldquo;feminizarla&rdquo; es caer de nuevo en una de las acepciones de la mala fe de la que ya hablaran los fil&oacute;sofos Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir: es negar la libertad en orden a una supuesta necesidad, que en este caso ser&iacute;a la necesidad de apelar a valores supuestamente femeninos como necesarios cuando a lo que hay que apelar es a la libertad de enfatizar los valores que ambos sexos tienen en com&uacute;n en tanto que humanos.
    </p><p class="article-text">
        Seguir inmersos e inmersas en la misma trampa patriarcal, esto es, en reclamar unas identidades masculinas y femeninas con unos valores propios, m&aacute;s all&aacute; del discurso androc&eacute;ntrico y patriarcal que las ha establecido como tales, es no querer mirar m&aacute;s all&aacute; de los estereotipos de g&eacute;nero que, por cierto, nunca han resultado favorables a las mujeres en su realizaci&oacute;n como seres humanos, nada m&aacute;s y nada menos que humanos.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, si nos interrogamos sobre qui&eacute;n &ldquo;feminiza la pol&iacute;tica&rdquo;, la respuesta a este interrogante es: de nuevo, no nosotras, las mujeres. De nuevo estamos ante un escenario del pensamiento patriarcal que, en este caso, nos sit&uacute;a en las redes categoriales y simb&oacute;licas de su propio pensamiento en el que nos aprisiona: proyectadas de nuevo como la sombra de la caverna plat&oacute;nica que es androc&eacute;ntrica y masculina por excelencia y que nos utiliza como pro-yecci&oacute;n de sus propio intereses.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisa Posada Kubissa]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Dec 2016 18:55:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién "feminiza la política"?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Feminismo]]></media:keywords>
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