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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ingrid Guzmán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ingrid_guzman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ingrid Guzmán]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[‘La forma del agua’, de Guillermo del Toro: bella, poética… y complaciente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/forma-guillermo-toro-poetica-complaciente_132_2244187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/430f429d-6e9e-43d2-a870-ee54ac73c993_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La forma del agua’, de Guillermo del Toro: bella, poética… y complaciente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta ofrece un gran despliegue de producción y guiños al Hollywood más clásico, pero con elementos que no terminan de encajar</p><p class="subtitle">Es sobre todo su protagonista, Sally Hawkins, la que sostiene magníficamente todo el peso de la historia</p></div><p class="article-text">
        Guillermo del Toro nos ofrece una&nbsp;historia apasionada con toques po&eacute;ticos&nbsp;en la que, con gran despliegue de producci&oacute;n y gui&ntilde;os al Hollywood m&aacute;s cl&aacute;sico, nos sumerge en el amor entre dos seres marginados. La historia se remonta a los a&ntilde;os 60, en plena Guerra Fr&iacute;a. Una muchacha solitaria y muda (Sally Hawkins) se deja llevar por una&nbsp;mon&oacute;tona vida como chica de la limpieza&nbsp;trabajando en unas instalaciones clandestinas del ej&eacute;rcito estadounidense. Un buen d&iacute;a, descubre a una extra&ntilde;a criatura,&nbsp;un anfibio con forma humana&nbsp;(Doug Jones) que el Gobierno norteamericano oculta de los tent&aacute;culos sovi&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        El amor acabar&aacute; surgiendo entre la limpiadora y el &lsquo;monstruo&rsquo;. Sin embargo, por puro ensa&ntilde;amiento del villano de la pel&iacute;cula (Michael Shannon), que tiene a su cargo al hombre-pez (no queda muy claro qu&eacute; pas&oacute; entre el ser y el agente antes de su llegada al b&uacute;nker), el Gobierno&nbsp;decide matar a la extra&ntilde;a criatura sin pretender estudiarla&nbsp;o analizar su potencial biol&oacute;gico (algo que, por cierto, no se entiende ni siquiera en su contexto). Los acontecimientos se precipitar&aacute;n a partir de entonces.
    </p><p class="article-text">
        Son muchas las virtudes de esta pel&iacute;cula, como por ejemplo,&nbsp;su fuerza visual, la puesta en escena, la inquietante ambientaci&oacute;n que nos permite viajar a la &eacute;poca de la Guerra Fr&iacute;a, el maquillaje, el vestuario, los efectos visuales y sonoros&hellip; Cuenta incluso con un&nbsp;guion sencillo y efectivo, pero deja mucho que desear en el desarrollo argumental y en la profundidad de sus planteamientos. No puede evitar ser un film complaciente, que&nbsp;atiende a la estructura del cine m&aacute;s comercial, lo que deja un sabor agridulce. A lo largo del film, Del Toro ofrece un necesario mensaje de tolerancia y respeto por la diferencia. Sin embargo, sus ideales no consiguen tener la suficiente fuerza como para cubrir ciertos vac&iacute;os narrativos.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los cineastas m&aacute;s originales del panorama cinematogr&aacute;fico actual tampoco logra en esta ocasi&oacute;n&nbsp;sorprender al espectador que ya le conoce&nbsp;y admira su particular universo creativo. Por ello, tan exagerado es ver en este drama rom&aacute;ntico la mejor obra del cineasta como considerarlo un &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo; merecedor de Oscar a Mejor Pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Guillermo del Toro, por otro lado,&nbsp;acierta completamente con el reparto, que da &nbsp;solidez al film. Todos los actores bordan su papel. Octavia Spencer vuelve a lo suyo, a su condici&oacute;n de &lsquo;robaplanos&rsquo; porque est&aacute; sencillamente maravillosa. Richard Jenkins toca la fibra sensible con su entra&ntilde;able papel de mejor amigo de la protagonista. Un perdedor, un rom&aacute;ntico sin remedio que sobrevive entre musicales en Technicolor y fracasos en el amor. Aunque, sin lugar a dudas, &lsquo;La forma del agua&rsquo;&nbsp;se sostiene gracias al trabajo de sus dos protagonistas: en la prestancia, pura danza, de los movimientos de Doug Jones (esta vez confundi&eacute;ndose en las escamas del dios marino) y en la maravillosa gestualidad de su protagonista, que hace un gran trabajo en su paso de secundaria eterna al primer plano. Una vibrante y emocionante interpretaci&oacute;n de la brit&aacute;nica Sally Hawkins.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ingrid Guzmán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/forma-guillermo-toro-poetica-complaciente_132_2244187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Mar 2018 09:54:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘La forma del agua’, de Guillermo del Toro: bella, poética… y complaciente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Premios Oscar,Críticas de cine,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ ‘Madre!’, de Darren Aronofsky: de pasaje bíblico a crítica socioambiental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/madre-darren-aronofsky-biblico-socioambiental_132_2810003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f909e3d-13ba-4cf5-bbcc-8144bfed884d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=" ‘Madre!’, de Darren Aronofsky: de pasaje bíblico a crítica socioambiental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última película del cineasta neoyorquino lleva al espectador a removerse incómodo en la butaca, a odiarla o amarla</p><p class="subtitle">La atmósfera es tan confusa que obliga a buscar entre alegorías el mensaje de una suerte de anarquía apocalíptica</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;Madre! (Mother!)&rsquo;, como casi todo lo de&nbsp;Darren Aronofsky, lleva al espectador a&nbsp;removerse inc&oacute;modo en la butaca. De entrada, hay que decir que es un filme que amas u odias. Aqu&iacute; el espacio para el relativismo es poco. La pel&iacute;cula&nbsp;inquieta, estremece, repugna, conmueve, invita a la controversia, al esc&aacute;ndalo, al sentimentalismo e incluso, puede llevar al tedio. La atm&oacute;sfera en la que nos sumerge el neoyorquino es tan confusa que obliga a buscar entre alegor&iacute;as el mensaje de una suerte de&nbsp;anarqu&iacute;a apocal&iacute;ptica&nbsp;que se aproxima m&aacute;s al terror que al drama psicol&oacute;gico (o socioambiental si se adopta la postura del director). Las interpretaciones pueden ser tan variadas como los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        Aronofsky escribe en cinco d&iacute;as el primer borrador del guion y deja en &eacute;l, seg&uacute;n sus propias declaraciones, la ira que siente cuando piensa en&nbsp;lo que est&aacute; pasando con el planeta&nbsp;y en la indiferencia de los seres humanos para con esta situaci&oacute;n. De hecho, se inspira en la composici&oacute;n de&nbsp;&lsquo;El &Aacute;ngel Exterminador&rsquo;&nbsp;de Luis Bu&ntilde;uel para mostrar la complejidad de la trama social que plantea. Los seres humanos destruimos la Tierra, Dios es un eg&oacute;latra que&nbsp;reinventa una y otra vez aquello que est&aacute; abocado a la destrucci&oacute;n&nbsp;y vivimos en una especie de esquizofrenia colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En &lsquo;Madre!&rsquo; vemos la historia de una pareja que vive en una mansi&oacute;n en el campo. &Eacute;l (Javier Bardem) es un escritor que est&aacute; intentando&nbsp;encontrar inspiraci&oacute;n para su siguiente libro. Ella (Jennifer Lawrence) dedica sus d&iacute;as a atender a su retra&iacute;do esposo al tiempo que se encarga de la reconstrucci&oacute;n de la casa que fue consumida por un incendio. De repente llega&nbsp;un inesperado visitante&nbsp;(Ed Harris) con el que &Eacute;l teje una extra&ntilde;a amistad. Luego llega la esposa del visitante (Michelle Pfeiffer,), sus hijos y posteriormente, atra&iacute;da por el &eacute;xito de &Eacute;l,&nbsp;una marea de fan&aacute;ticos. Tras una serie de sucesos inveros&iacute;miles (si nos aferramos a la historia y no a la met&aacute;fora desvelada por el director), Ella, que intenta hacer entrar en raz&oacute;n a su esposo y sacar de su casa a la turba de &ldquo;entusiastas&rdquo;, empieza a experimentar&nbsp;episodios de conexi&oacute;n con fuerzas misteriosas&nbsp;de la mansi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con una puesta en escena que lleva&nbsp;del sosiego al horror&nbsp;(uno de los grandes logros del filme), Aronofsky busca esbozar la complejidad de las pasiones humanas. Eso s&iacute;, como si se le hubiese quedado algo pendiente tras&nbsp;&lsquo;No&eacute;&rsquo;&nbsp;(2014), lo hace&nbsp;a manera de recorrido b&iacute;blico&nbsp;(f&iacute;jese en la costilla del padre y en el asesinato de uno de los hermanos a manos del otro). Sin embargo, el esp&iacute;ritu an&aacute;rquico que se descubre y la extra&ntilde;a relaci&oacute;n de Ella (ninguno de los personajes tiene nombre) con la mansi&oacute;n, hacen&nbsp;que la reflexi&oacute;n se difumine llevando al espectador a la risa, al hast&iacute;o o al extremo de su capacidad neuronal. &lsquo;Madre!&rsquo; podr&iacute;a recordar a rarezas como &lsquo;Antichrist&rsquo; (2009), de Lars Von Trier, o a la filmograf&iacute;a de Bu&ntilde;uel, pero no llega a dejar esa impronta cinematogr&aacute;fica como para ser referencia por su planteamiento u originalidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, todo hay que decirlo. La pel&iacute;cula juega con dos bazas adem&aacute;s de la&nbsp;reputaci&oacute;n de su guionista y director, director de las magn&iacute;ficas&nbsp;&lsquo;Cisne negro&rsquo;&nbsp;y &lsquo;R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o&rsquo;: un elenco que no tiene desperdicio y una&nbsp;potencia visual&nbsp;que nos mete de lleno en un mundo de angustia y desenfreno, de amor, locura, entrega y narcisismo. Para Jennifer Lawrence una gran enhorabuena. Ha demostrado nuevamente lo gran actriz que puede ser y no s&oacute;lo por soportar una de las genialidades de la cinta: la&nbsp;c&aacute;mara &ldquo;incrustada&rdquo; en sus hombros&nbsp;durante todo el metraje.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ingrid Guzmán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/madre-darren-aronofsky-biblico-socioambiental_132_2810003.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Feb 2018 10:25:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine,Madres,Javier Bardem,Jennifer Lawrence]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las 20 mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mejores-peliculas-ciencia-ficcion-historia_132_3120719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5b3a17c-ab92-4ed7-9e3f-41566f26f591_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las 20 mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Realizamos una arriesgada selección de filmes por uno de los géneros cinematográficos más híbridos, fascinantes y populares</p><p class="subtitle">Más allá de nuestros criterios personales, os invitamos a realizar este recorrido como homenaje al cine que más ha abierto la puerta de los sueños</p></div><p class="article-text">
        El pasado que regresa, el futuro que nunca llega o lo hace de forma inesperada, el miedo al vac&iacute;o, a otros planetas, a otras especies. Universos ficticios tan reales como si siempre hubieran existido. La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os. Las capas de la realidad. La incertidumbre. El espacio exterior convertido en miles de batallas entre buenos y malos, junto con realidades paralelas, cuartas dimensiones y vida despu&eacute;s de la muerte. Todo eso y mucho m&aacute;s es la ciencia ficci&oacute;n, un g&eacute;nero cuyas definiciones, en todas las disciplinas, se quedan cortas a cada minuto. Y en el cine, un espacio imprescindible para comprender su magia y su historia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s este vaya a ser el mayor riesgo que hemos corrido quienes desde hace a&ntilde;os componemos el planeta Cinetario. Elegir una veintena de pel&iacute;culas de entre uno de los g&eacute;neros m&aacute;s populares del cine es una tarea a la que hemos dedicado mucho tiempo y debates. No hemos olvidado que en la mayor&iacute;a de los casos es una categor&iacute;a h&iacute;brida, que abre sus puertas a otras como el terror, el suspense o el thriller; y que bebe de multitud de literatura fant&aacute;stica y forma parte del imaginario de varias generaciones. Somos conscientes de que muchas de las pel&iacute;culas que han quedado fuera ser&aacute;n reivindicadas por nuestros lectores y as&iacute; lo respetaremos.
    </p><p class="article-text">
        Esta selecci&oacute;n no deja de ser la opini&oacute;n de nuestro equipo y un deseo de poner sobre la mesa la selecci&oacute;n de aquellas pel&iacute;culas del g&eacute;nero conforme a varios criterios: su peso en la historia del cine, su originalidad, su innovaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n lo que proyectaron y desataron en nuestra vida. Es decir, tambi&eacute;n hay una vertiente totalmente personal y emocional. Por eso, os invitamos a disfrutarlo, a realizar este recorrido con nosotras y a aportar todo aquello que consider&eacute;is para que nuestro ranking tambi&eacute;n sea el vuestro y al final el objetivo sea el mismo: un homenaje sincero al cine que m&aacute;s ha abierto la puerta de los sue&ntilde;os. All&aacute; vamos:
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 20: 'El incre&iacute;ble hombre menguante',&nbsp;de Jack Arnold (1957)</h3><p class="article-text">
        <em>,&nbsp;</em>Una extra&ntilde;a niebla envuelve el peque&ntilde;o yate de Robert Scott Carey (Grant Williams), un joven publicista que est&aacute; disfrutando de sus vacaciones junto a su mujer. A partir de entonces y de forma inexplicable, el cuerpo de Scott ir&aacute; haci&eacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s peque&ntilde;o, al mismo tiempo que su vida ir&aacute; convirti&eacute;ndose en una broma pesada con pinta de pesadilla. &nbsp;Lo que parec&iacute;a una simple pel&iacute;cula de g&eacute;nero de los a&ntilde;os 50, de serie B &nbsp;(con planteamiento que invitaba al cachondeo) acab&oacute; convirti&eacute;ndose en una cinta de culto. Un film con un guion prodigioso que busca un significado a la existencia de una forma po&eacute;tica y recre&aacute;ndose en una fascinante lucha por la supervivencia. Scott Carey, un pobre diablo como cualquier otro, pero de dimensiones discretas, vivir&aacute; para el espectador mil y una aventuras: buscar&aacute; un alma gemela en una enana de circo, dormir&aacute; en una casa de mu&ntilde;ecas, se enfrentar&aacute; a una ara&ntilde;a peluda y sobrevivir&aacute; a un tsunami provocado por la aver&iacute;a de un calentador de agua. Todo un viaje, en miniatura, rematadamente entretenido que desemboca en una bell&iacute;sima secuencia final en la que el sufrimiento del protagonista se detiene. Y al fin, todo cobra sentido: &ldquo;lo infinitesimal y el infinito se abrazan&rdquo;; el todo y la nada se confunden y hasta se barrunta una oportuna comuni&oacute;n con el &aacute;tomo, en tiempos de amenaza nuclear.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 19: 'Origen', de Christopher Nolan (2010)</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando ves el t&oacute;tem, sabes que no est&aacute;s en el sue&ntilde;o de otro&rdquo;. O quiz&aacute;s s&iacute;. Incluso Christopher Nolan, el director de esta fascinante pel&iacute;cula, nos deja tirados en un fundido en negro mientras miramos absortos c&oacute;mo gira el talism&aacute;n de Domm Cobb (Leonardo DiCaprio), una peonza. Atrapados en la inc&oacute;gnita. Esperando la ansiada ca&iacute;da o la eternidad del movimiento. El cineasta nos hipnotiza de este modo para insinuar que todo es subjetivo y todo vale, que la realidad y los sue&ntilde;os est&aacute;n probablemente hechos de la misma absurda materia. Cobb es un ladr&oacute;n de guante blanco y un buscavidas. Se dedica a colarse en el subconsciente de las personas cuando sue&ntilde;an para robarles secretos empresariales que codicia la competencia. Pero el protagonista tiene un pasado y busca la redenci&oacute;n: volver a casa para poder ver el rostro esquivo de sus hijos. Por ello, acepta un &uacute;ltimo trabajo: tendr&aacute; que inmiscuirse en la mente de un rico heredero para depositar en ella una descabellada idea: &ldquo;debe acabar con el imperio empresarial de su padre&rdquo;. La pel&iacute;cula palpita en un montaje fren&eacute;tico. Habita en una estructura compleja que se deja enmara&ntilde;ar en sue&ntilde;os que se sue&ntilde;an dentro de otros sue&ntilde;os. Respira una atm&oacute;sfera angustiosa, &nbsp;invocada por la m&uacute;sica de Hans Zimmer y en ella hay amor. Un amor &uacute;nico, tr&aacute;gico, definitivo, atormentado. Tan ego&iacute;sta y apasionado que se alimenta de los remordimientos.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 18: 'Fahrenheit 451', de Fran&ccedil;ois Truffaut (1966)</h3><p class="article-text">
        En un futuro &lsquo;retro&rsquo;, con ambiente pop, los hombres y las mujeres viven aislados en torno a grandes muros-pantalla de televisi&oacute;n. Onanistas sin remedio y torpes emocionales, anhelan sentirse &uacute;nicos, singulares en un mundo autoritario que les suministra pastillas cuando el dolor de sentirse vivo aprieta demasiado. En esa sociedad dist&oacute;pica, est&aacute; prohibido leer libros. Seg&uacute;n las autoridades, te impiden ser feliz, liberan demasiado y te empujan a cuestionar la realidad. Por ello, el sistema lanza a las calles de las ciudades patrullas de bomberos pir&oacute;manos que se encargan de quemar grandes obras de la literatura que se encuentran escondidas en las casas de algunos disidentes. Truffaut, emblema de la 'Nouvelle Vague', qued&oacute; fascinado con la impresionante novela hom&oacute;nima de Ray Bradbury, y decidi&oacute; llevarla al cine de la mano de Oskar Werner y Julie Christie. Ten&iacute;a entre manos un canto a la libertad y a la memoria, hacia la cultura que se perpet&uacute;a por escrito frente a la presencia invasiva de las im&aacute;genes de las televisiones, perfectas sustitutas de la familia. La pel&iacute;cula est&aacute; llena de escenas y claves narrativas poderosas como la hipn&oacute;tica destrucci&oacute;n de los libros a manos del fuego, las torpes relaciones humanas que se establecen entre los personajes y el distanciamiento deliberado del cineasta ante un tema que despierta encendidas emociones. La pel&iacute;cula cuenta, adem&aacute;s, con un final fant&aacute;stico donde algunos hombres y mujeres, libres al fin, se aferran a la vida sumergi&eacute;ndose entre las p&aacute;ginas de grandes obras de la literatura.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 17: 'Brazil', de Terry Gilliam (1985)</h3><p class="article-text">
        No es un secreto nuestra debilidad por el universo de los Monty Python (as&iacute; lo demostramos en nuestro ranking de comedias), as&iacute; que no extra&ntilde;ar&aacute; que esta joya de Terry Gilliam (ex Monty) forma parte de esta selecci&oacute;n. 'Brazil'<em>&nbsp;</em>es una mezcla entre la ciencia ficci&oacute;n y la comedia negra, que como poco podr&iacute;amos tachar de original, subversiva, ca&oacute;tica, creativa, agobiante y magistral. Una propuesta singular en todas sus dimensiones que se ha convertido en referencia cinematogr&aacute;fica de los fecundos a&ntilde;os 80 y en un cl&aacute;sico del cine de culto universal. El so&ntilde;ador Sam Lowry (Jonathan Pryce) vive atrapado en un extra&ntilde;o y deprimente mundo futurista altamente tecnificado, bur&oacute;crata y superficial. La &uacute;nica satisfacci&oacute;n la encuentra en sus sue&ntilde;os, donde se convierte en una especie de Don Quijote que lucha por su Dulcinea, hasta que conoce a Jill, la chica de sus sue&ntilde;os, y al perseguido terrorista Harry Tuttle (magistral Robert de Niro). Gilliam crea un mundo surrealista, saturado de elementos extravagantes, mon&oacute;tonos y opresivos en el que los mundos de Kafka, Orwell, Bu&ntilde;uel y Fellini se ven reflejados. Una locura memorable atacada y mutilada por el conservadurismo de Hollywood, que intent&oacute; reinventar&nbsp;'1984'<em>&nbsp;</em>(Michael Radford) desde la psicodel&iacute;a on&iacute;rica, criticando al sistema y la represi&oacute;n del totalitarismo. Una cr&iacute;tica social y pol&iacute;tica con una puesta en escena tremendamente irreverente. Maravillosa tambi&eacute;n la superposici&oacute;n de estilos y elementos de la primera mitad del siglo XX. Una est&eacute;tica que marca el inicio del llamado &lsquo;retrofuturismo&rsquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 16: 'Regreso al futuro', de Robert Zemeckis (1985)</h3><p class="article-text">
        Los 80 fueron el mayor exponente de fusi&oacute;n entre la ciencia ficci&oacute;n, la fantas&iacute;a y el puro entretenimiento. El p&uacute;blico demandaba cada vez m&aacute;s productos de este tipo, y ah&iacute; Zemeckis, cogido de la mano de Steven Spielberg, se hizo un hueco dando una vuelta de tuerca a los viajes en el tiempo, que no hab&iacute;an sido ajenos al cine en a&ntilde;os anteriores y que el escritor H.G. Wells hab&iacute;a convertido, si no en posibles, s&iacute; en imaginados. De sus manos sali&oacute; esta cinta de corte adolescente donde un DeLorean se convert&iacute;a en la m&aacute;quina de los sue&ntilde;os, bajo el gesto pasmado e inovildable de un joven Michael J. Fox y de un loco inventor (ic&oacute;nico Chistopher Lloyd) que quiere impedir que ciertos acontecimientos no lleguen a producirse. Ambos viajan a los a&ntilde;os 50, y el protagonista se da de bruces con los que ser&aacute;n sus padres, iniciando una tragicomedia que, por disparatada, lleg&oacute; a instalarse en la memoria colectiva de las nuevas generaciones audiovisuales. Despu&eacute;s llegaron las inevitables secuelas, pero ninguna comparable a esta revoluci&oacute;n de situaciones surrealistas y enrevesadas, con gui&ntilde;os a&nbsp;'Star Wars'&nbsp;y al cine dorado de Hollywood, que nos acomod&oacute; en el sof&aacute; de la disfucional familia de los McFly. Ah&iacute; la te&oacute;rica del fracaso, la superaci&oacute;n de los complejos, la complejidad del destino y otras tantas premisas del pensamiento profundo convergieron a ritmo de la guitarra de Chuk Berry cuando&nbsp;'Johnny B. Goode'&nbsp;todav&iacute;a no era un hit. El abismo entre los 80 y los 50 ser&iacute;a ahora mucho mayor. Las redes sociales han hecho que la huella en el mundo sea casi imborrable, pero eso la ciencia de esta pel&iacute;cula fue convertir su ficci&oacute;n en algo casi cotidiano, cuando todav&iacute;a era posible olvidar.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 15: 'Star Trek: la pel&iacute;cula', de Robert Wise (1979)</h3><p class="article-text">
        En plena euforia por 'La guerra de las galaxias' (1977), Paramount volvi&oacute; la vista hacia una entonces decadente serie de televisi&oacute;n cuyos intentos de reanimaci&oacute;n hab&iacute;an resultado infructuosos.&nbsp;'Star Trek' se hab&iacute;a cancelado por baja audiencia tras tres temporadas y el universo creado por Gene Roddenberry no sal&iacute;a de su agujero negro. Entonces se recuper&oacute; el piloto de un&nbsp;spin off&nbsp;llamado 'In Thy Image'&nbsp;('En tu imagen'): planteaba la amenaza de una entidad destructora que busca a su creador; una met&aacute;fora de reminiscencias sospechosamente humanas que culmina con un sorprendente final. Como tel&oacute;n de fondo, la avidez por saber que hay m&aacute;s all&aacute;; tal es el estandarte de esta franquicia que enarbola un mensaje de uni&oacute;n fraternal de todos los seres (La Federaci&oacute;n de Planetas Unidos tiene un m&aacute;s que sospecho paralelismo con las Naciones Unidas) y una vocaci&oacute;n cient&iacute;fica que ha conquistado a legiones de &lsquo;geeks&rsquo;. El arranque de cada cap&iacute;tulo es toda una declaraci&oacute;n de intenciones: la misi&oacute;n de&nbsp;explorar mundos desconocidos, nuevas vidas y nuevas civilizaciones, &ldquo;hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar&rdquo;.&nbsp;Dirigida por el gran Robert Wise ('Ultim&aacute;tum a la Tierra', 'West Side Story'&nbsp;y&nbsp;'Sonrisas y l&aacute;grimas'), 'Star Trek: la pel&iacute;cula' fue la chispa que encendi&oacute; de manera definitiva los motores del USS Enterprise; despu&eacute;s vendr&iacute;an otras doce pel&iacute;culas -hasta la fecha-, cinco series aparte de la original y millones de fan&aacute;ticos con nombre propio, &lsquo;trekkies&rsquo;, esparcidos por el vasto universo.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 14: 'Gattaca', de Andrew Niccol (1997)</h3><p class="article-text">
        La gen&eacute;tica puede llegar a descifrarnos. Apenas unos instantes, pero no sabe explicar qui&eacute;nes somos, a d&oacute;nde vamos y hasta d&oacute;nde somos capaces de so&ntilde;ar. Vincent (Ethan Hawke) es un joven corto de vista y enfermizo. Un &ldquo;hijo de del azar&rdquo; que fue concebido de forma natural en una civilizaci&oacute;n donde solo tienen &eacute;xito los mejores embriones seleccionados por la mano del hombre. Vincent aspira a habitar un mundo que no le pertenece: a formar parte de una misi&oacute;n espacial rumbo a Tit&aacute;n a la que solo pueden acceder los ejemplares m&aacute;s capacitados f&iacute;sicamente. Y ah&iacute; comienza el reto y la odisea particular del protagonista, quien tendr&aacute; que echar mano de Jerome Morrow (Jude Law), un humano gen&eacute;ticamente privilegiado, pero con mala sombra, para poder completar el destino que su fuerza de voluntad hab&iacute;a escrito para &eacute;l.&nbsp;'Gattaca'&nbsp;es una melanc&oacute;lica pel&iacute;cula de Andrew Niccol, &nbsp;algo ingenua en sus planteamientos reaccionarios hacia los avances de la ciencia, pero con una puesta en escena brillante y una atm&oacute;sfera dif&iacute;cil de dejar atr&aacute;s (exquisita fotograf&iacute;a y direcci&oacute;n art&iacute;stica). Michael Nyman compuso la inolvidable banda sonora.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 13: 'Moon', de Duncan Jones (2009)</h3><p class="article-text">
        Algo pasa en la cara oculta de la Luna. El astronauta Sam Bell (maravilloso Sam Rockwell) trabaja solo en una base minera en este sat&eacute;lite, donde ha permanecido durante tres a&ntilde;os dirigiendo las excavaciones para conseguir Helio-3, muy necesario en La Tierra. Su contrato est&aacute; a punto de expirar y ya puede volver a casa. Durante ese tiempo &uacute;nicamente ha estado acompa&ntilde;ado del robot-asistente GERTY (nada menos que con la voz de Kevin Spacey y el en&eacute;simo gui&ntilde;o a Kubrick en este ranking) y por los v&iacute;deos que le env&iacute;a su mujer desde La Tierra. Pero algo empieza a salir mal. Comienza a tener alucinaciones, fiebre y a ser testigo de acontecimientos tan inesperados para &eacute;l como para los espectadores, que asistimos junto con el protagonista a la revelaci&oacute;n de una verdad absolutamente desoladora y demencial. El cineasta brit&aacute;nico, primog&eacute;nito de David Bowie, se meti&oacute; en el bolsillo a medio mundo con esta cinta de corte &lsquo;indi&rsquo; que arras&oacute; primero en el Festival de Sitges y luego recorri&oacute; todo el mundo con aplauso un&aacute;nime. Como en muchas pel&iacute;culas sci-fi, y aunque el final es bastante expl&iacute;cito, todav&iacute;a siguen public&aacute;ndose algunas teor&iacute;as peregrinas sobre aquello que plantea y que tambi&eacute;n Ridley Scott apur&oacute; hasta el hast&iacute;o en&nbsp;'Marte'. La soledad, el significado de la existencia, la peligrosa espiral de los avances tecnol&oacute;gicos y un sentido del humor punzante y cruel, planean sobre una pel&iacute;cula tan modesta como intensa que mantiene el suspense hasta el &uacute;ltimo segundo, acompa&ntilde;ada de una fant&aacute;stica banda sonora del maestro Clint Mansell. Jones no ha vuelto a firmar una obra de tales caracter&iacute;sticas aunque sigue manej&aacute;ndose con soltura en el g&eacute;nero y su pr&oacute;ximo film futurista&nbsp;'Mute'&nbsp;est&aacute; levantando muchas expectativas.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 12: 'Solaris', de Andrei Tarkovsky (1972)</h3><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es un bello poema visual de suspense, de largas tomas y enfermo de tristeza. Cuenta la historia de un psic&oacute;logo, Kris Kelvin (Donatas Banionis), que es enviado a una estaci&oacute;n espacial, que orbita alrededor del planeta Solaris, para intentar desentra&ntilde;ar los extra&ntilde;os sucesos que en ella est&aacute;n teniendo lugar. Se trata de un planeta de agua, recorrido completamente por un oc&eacute;ano de olas caprichosas, pero es, adem&aacute;s, una inmensa conciencia que juega con la mente y la percepci&oacute;n de los tres astronautas que habitan en la estaci&oacute;n espacial. Y les rodea de fantasmas, de apariciones de carne y hueso que no son forasteros, sino habitantes de su memoria, recuerdos. Y as&iacute; Kris, un hombre fr&iacute;o y racional, volver&aacute; a tener en sus brazos a Hary (Natalya Bondarchuk), su esposa, una mujer que se suicid&oacute; 10 a&ntilde;os atr&aacute;s. Un recuerdo vivo &nbsp;que lograr&aacute; desarrollar sus propias necesidades emocionales.&nbsp;'Solaris'&nbsp;es una adaptaci&oacute;n del best seller de Stanislav Lem, ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, y es una pel&iacute;cula que tambi&eacute;n arrastra una etiqueta legendaria. Fue&nbsp; presentada por su productora como la &ldquo;respuesta sovi&eacute;tica&rdquo; a&nbsp;'2001: Una odisea del espacio', de Stanley Kubrick. &nbsp;Es una de esas pel&iacute;culas que tienden al infinito. Ofrece un sinf&iacute;n de lecturas apasionantes sobre la existencia del ser humano, la realidad y sus contradicciones y el peso de las heridas que nunca llegan a cicatrizar en el alma. &ldquo;No necesitamos otros mundos, necesitamos un espejo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 11: 'La llegada', de Denis Villeneuve (2016)</h3><p class="article-text">
        El mundo amanece desconcertado. Doce naves alien&iacute;genas aparecen sobre el cielo de doce lugares diferentes de nuestro planeta. El ej&eacute;rcito estadounidense recluta a una reconocida ling&uuml;ista (Amy Adams), para establecer contacto con los extraterrestres e intentar comprender qu&eacute; planes tienen para la humanidad. Basada en un relato de Ted Chiang, es una pel&iacute;cula que explora otros universos, pero dentro de nuestra existencia. Su intensa narraci&oacute;n apenas da tregua a un espectador que se queda con el coraz&oacute;n en un pu&ntilde;o en los primeros instantes de la pel&iacute;cula y lo hace para reconocer y mirar de frente el alma de la protagonista con la que crear&aacute; un fuerte v&iacute;nculo emocional. Junto a ella, mientras intenta comunicarnos con seres que nos visitan, Villeneuve intenta descifrar al ser humano habl&aacute;ndonos de su intolerancia y del poder del lenguaje para construir y entender la realidad. Y del tiempo, un gran misterio, un invento para anclar nuestra identidad (memoria mediante) en una reconfortante linealidad que, sin embargo, nos oculta una idea revolucionaria. Algo tan liberador como que somos due&ntilde;os del futuro. Flashbacks y saltos en el tiempo ser&aacute;n precisamente elementos clave del idioma cinematogr&aacute;fico que utiliza un cineasta en estado de gracia, tan l&uacute;cido, tan magistral que se atreve a regalarnos uno de los desenlaces m&aacute;s complejos y &lsquo;capic&uacute;as&rsquo; de la historia del cine.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 10: 'La guerra de las galaxias', de George Lucas&nbsp;(1977)</h3><p class="article-text">
        A medio camino entre 'Flash Gordon', el western y una aventura de samur&aacute;is, el universo Star Wars en realidad tiene mucho de ficci&oacute;n y poco (pr&aacute;cticamente nada) de ciencia pero, &iquest;a alguien le importa? Su primera entrega, gestada al calor del mejor pulp y la space opera, resulta que en realidad era el cuarto cap&iacute;tulo de una historia que &ldquo;sucedi&oacute; hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana&rdquo;. M&aacute;s all&aacute; de la confusi&oacute;n temporal, rompi&oacute; el molde al nacer. Sus efectos especiales, su prol&iacute;fera imaginaci&oacute;n y, sobre todo, sus carism&aacute;ticos protagonistas, llevaron el camino del h&eacute;roe a una nueva dimensi&oacute;n y dividieron el mundo entre los seguidores de la Fuerza y los del Lado Oscuro. Nunca un villano fue tan admirado y tuvo tantos fans como Darth Vader. George Lucas consigui&oacute; muchos hitos con esta pel&iacute;cula, y uno de los m&aacute;s meritorios es que demostr&oacute; que hab&iacute;a en el universo una energ&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s poderosa que la Fuerza: el merchandising.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 9: 'Matrix', de Lilly y Lana Wachowski (1999)</h3><p class="article-text">
        Este ranking quedar&iacute;a incompleto sin esta maravillosa ocurrencia. Y no lo decimos s&oacute;lo por el disparate t&eacute;cnico que cre&oacute; el dueto Wachowski en esta trilog&iacute;a, sino tambi&eacute;n por lo sugestivo de su planteamiento. El mundo sensorial en el que vivimos no es real, es un programa denominado Matrix en el que las m&aacute;quinas utilizan a los humanos para crear la energ&iacute;a que las mantiene vivas. El mundo real es otro, uno al que se accede tomando una pastillita roja, bastante m&aacute;s cutre y poco glamuroso, en el que los humanos luchan por salvar la especie de las malvadas m&aacute;quinas. Si nos ponemos filos&oacute;ficos y dejamos la acci&oacute;n trepidante de lado, esta saga no tiene desperdicio. Aqu&iacute; podr&iacute;amos ver reflejos de &ldquo;la Caverna&rdquo; de Plat&oacute;n (mundo sensorial vs mundo de las ideas), de &ldquo;la Potencia&rdquo; de Arist&oacute;teles (la posibilidad de tomar decisiones y crear nuestra realidad), de la &ldquo;Voluntad&rdquo;&nbsp;de Schopenhauer (ese impulso metaf&iacute;sico que nos lleva a luchar por los deseos) y como no, grandes premisas sobre la anarqu&iacute;a y el statu quo (algo t&iacute;pico en las Wachowski). La trilog&iacute;a entera nos deja grandes momentos para la reflexi&oacute;n como las conversaciones de Neo con Morfeo, con el Or&aacute;culo o con el Arquitecto, que aunque para algunos sean sopor&iacute;feras en medio de tanta acci&oacute;n, llevan la propuesta a otro nivel. Pero lo que ha hecho que&nbsp;'Matrix'&nbsp;sea uno de los grandes exponentes del sci-fi es su puesta en escena y los alucinantes efectos especiales. La primera pel&iacute;cula marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s dentro del g&eacute;nero y se convirti&oacute; en gran referencia. &iquest;Cu&aacute;ntas veces despu&eacute;s hemos visto ese efecto tiempo-bala (bullet time) que nos deslumbr&oacute; el 1999 y cu&aacute;ntas veces no hemos hecho el tonto imitando esos movimientos extremos de Neo o ese aterrizaje con flexi&oacute;n de Trinity?
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 8: 'Viaje a la Luna', Georges M&eacute;li&egrave;s (1902)</h3><p class="article-text">
        Es la imagen de este blog y casi del cine en su totalidad. Ese cohete incrustado en el ojo de la Luna es una se&ntilde;al marcada a fuego en la mirada de todos los cin&eacute;filos del mundo. El ilusionista, fabricante de juguetes, amante del teatro y (finalmente reconocido) cineasta franc&eacute;s George M&eacute;li&egrave;s&nbsp;no solo fue quien realmente&nbsp;convirti&oacute; en una mec&aacute;nica de sue&ntilde;os&nbsp;el cinemat&oacute;grafo de sus compatriotas los hermanos Lumi&egrave;re, sino que dej&oacute; para los restos un conjunto de peque&ntilde;as historias que le convirtieron en el creador de la ciencia ficci&oacute;n y que hoy en d&iacute;a ser&iacute;an irreconocibles si no fuera porque a partir de 1925 su obra fue sacada de las barracas de feria y devuelta al esplendor que no conoci&oacute; en su origen,&nbsp;gracias al movimiento vanguardista franc&eacute;s. Basada en las novelas 'De la tierra a la Luna'<em>,</em>&nbsp;de Julio Verne, y 'Los primeros hombres en la Luna'<em>,</em>&nbsp;de H.G. Wells, sus ocho minutos son un retrato coral del intento de un grupo de astr&oacute;nomos por descubrir los secretos de la superficie del sat&eacute;lite m&aacute;s inspirador de la historia. Los visitantes terr&iacute;colas ser&aacute;n testigos de las sorpresas del universo, con estrellas de caras humanas o diosas selenitas muy hostiles. Hace seis a&ntilde;os, Martin Scorsese rescat&oacute; el legado de M&eacute;li&egrave;s en&nbsp;'La invenci&oacute;n de Hugo', uno de los regalos m&aacute;s conmovedores que se han hecho a la historia del cine.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 7: 'Interstellar', de Christopher Nolan (2014)</h3><p class="article-text">
        En un futuro tan cercano que parece el de ayer, el hombre sobrevive cultivando ma&iacute;z y enfrentado a miles de plagas. Son los estertores de la vida humana en La Tierra, que se extingue inevitablemente y cuyo futuro ya solo parece posible fuera del planeta. Con este punto de partida, regresamos al cineasta brit&aacute;nico Christopher Nolan, quien desarroll&oacute; en esta pel&iacute;cula los engranajes de la epopeya espacial y explor&oacute; casi toda la historia del pensamiento. Objeto de miles de teor&iacute;as debido al debate universal sobre la cuarta dimensi&oacute;n, y basada en una historia original del astrof&iacute;sico estadounidense Kip Thorne, la pel&iacute;cula compone un retrato, primero humanista y luego espacial, donde echaron el resto Mathew McConaughey, Jessica Chastain, Anne Hathaway y Michael Caine. Sus expl&iacute;citos gui&ntilde;os a&nbsp;'2001: una odisea del espacio'&nbsp;y una t&eacute;cnica narrativa y art&iacute;stica depurada hasta el mil&iacute;metro, Nolan se adentr&oacute; en el misticismo, la filosof&iacute;a y la existencia sin ning&uacute;n complejo pero con la complejidad inquietante que le ha hecho &uacute;nico. El &uacute;nico aviso para el espectador: dejarse conducir sin prejuicios ni manuales, fuera de los l&iacute;mites del espacio-tiempo, porque &ldquo;si algo puede ocurrir, ocurrir&aacute;&rdquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 6: 'Gravity', de Alfonso Cuar&oacute;n (2013)</h3><p class="article-text">
        Es probablemente una las pel&iacute;culas m&aacute;s est&eacute;ticamente perfectas que se han hecho sobre los viajes espaciales. Repleta de originalidad, buen gusto y perfect&iacute;sima t&eacute;cnica, ha quedado grabada en la psique como esos cuadros que no puedes dejar de mirar por m&aacute;s que quieras. Un&nbsp;atronador silencio desde el espacio en el que poco a poco se va escuchando una breve m&uacute;sica y las primeras voces encasquetadas en trajes espaciales, componen&nbsp;uno de los arranques m&aacute;s impresionantes que hemos visto. Despu&eacute;s, la c&aacute;mara se acerca, se aleja, rodea y acaricia a los&nbsp;protagonistas: la doctora Ryan Stone&nbsp; (Sandra Bullock) y el comandante Matt Kowalsky (George Clooney), que trabajan en la reparaci&oacute;n de un sat&eacute;lite durante una misi&oacute;n exterior. Una lluvia de basura espacial impacta sobre ellos&nbsp;y ella queda a la deriva en el espacio. Casi imposible resulta describir&nbsp;el c&uacute;mulo de sentimientos en zig zag, entre la maravilla y el terror, que se desatan a partir de ese momento. El mexicano Alfonso Cuar&oacute;n decide que el espectador se ajuste desde ese momento el traje espacial de la doctora Stone, meti&eacute;ndonos y sac&aacute;ndonos de su casco, d&aacute;ndonos el v&eacute;rtigo de la nada,&nbsp;viviendo en ella, y no con ella, una &lsquo;space movie&rsquo; experimental, con una hero&iacute;na a lo Major Tom que se debate entre sobrevivir o dejarse ir. &ldquo;Quien no arriesga no gana&rdquo;, frase manida donde las haya, adquiere en esta pel&iacute;cula un significado m&aacute;s grande en boca de&nbsp;una Sandra Bullock embellecida en su naturalidad, sobre todo en ese plano fetal, uno de los m&aacute;s conmovedores de la cinta. Una historia para ver en pantalla grande,&nbsp;para dejarse flotar en la belleza, para soltarse de lo que nos ata y contemplar la existencia del mundo desde fuera del mundo.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 5: 'Encuentros en la tercera fase', de Steven Spielberg&nbsp; (1977)</h3><p class="article-text">
        No pod&iacute;amos dejar fuera este cl&aacute;sico de la ciencia ficci&oacute;n que se ha consagrado como referencia del cine dedicado a los fen&oacute;menos paranormales ('S&uacute;per 8' es tal vez su gran homenaje). Un filme en el que Steven Spielberg exorciza (por primera vez) su fascinaci&oacute;n infantil por los habitantes de otros planetas, meti&eacute;ndonos de cabeza en la locura de Roy (magn&iacute;fico Richard Dreyfuss) y Melinda y sac&aacute;ndonos ese ni&ntilde;o interior al que le es imposible no emocionarse con cada encuentro, en la fase que sea. Naves perdidas que reaparecen, estremecedoras abducciones, juguetes voladores que perturban, un padre que abandona a su familia por su obsesi&oacute;n sobrenatural, dan el toque angustiante a una historia que, aunque innegablemente entretenida, puede pecar de excesiva bondad. Aqu&iacute; todos son buenos, desde los extraterrestres hasta el gobierno. A&uacute;n as&iacute;, Spielberg deslumbra con cada secuencia y sin grandes reflexiones filos&oacute;ficas encaja un mensaje pacifista que ha marcado los sue&ntilde;os UFO de toda una generaci&oacute;n: comunicarnos de t&uacute; a t&uacute; con extraterrestres.&nbsp;'Encuentros en la tercera fase'&nbsp;se sale del estereotipo del alien&iacute;gena exterminador y nos ofrece uno de los cl&iacute;max m&aacute;s sublimes del g&eacute;nero, una sinfon&iacute;a luminiscente que endulza el encuentro interplanetario m&aacute;s afable de la pantalla. Vamos, que a esos bichillos cabezones y sonrientes dan ganas de achucharlos. Parece que este deseo lo sald&oacute; despu&eacute;s el cinesta con 'E.T.: El extraterrestre'<em>.</em>
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 4: 'Alien, el octavo pasajero,'&nbsp;de Ridley Scott (1979)</h3><p class="article-text">
        <em>,'&nbsp;</em>La nave espacial Nostromo detiene su viaje para despertar a su tripulaci&oacute;n. Se ha producido una misteriosa se&ntilde;al de auxilio y sus astronautas deben acudir a investigar su naturaleza en el planeta del que procede. A partir de entonces, se produce un sobrecogedor &lsquo;big bang&rsquo; narrativo. La quintaesencia del suspense sube a bordo de la Nostromo para que los espectadores queden atrapados en sus terror&iacute;ficos pasillos. Corredores en los que se produce una poderosa escalada de tensi&oacute;n, angustia y terror sofisticado&nbsp; que deja, adem&aacute;s, un rastro viscoso de repulsi&oacute;n. El guion es pura ingenier&iacute;a narrativa, la direcci&oacute;n art&iacute;stica, bajo cuya visi&oacute;n se confunden la est&eacute;tica org&aacute;nica y la met&aacute;lica (ins&oacute;lita la &lsquo;nave nido&rsquo; con paredes de columna vertebral), es un fascinante espect&aacute;culo y su protagonista, el &lsquo;octavo pasajero&rsquo;, la criatura m&aacute;s inquietante del g&eacute;nero. Un extra&ntilde;o y letal ser que fue creado por el escultor suizo H. R. Giger y bajo cuya piel se encontraba un masai, Bolaji Badejo (dos metros veinte de estatura), estudiante de Bellas Artes. Es un film que naci&oacute; sin pretensiones, para pasar desapercibido en el universo de la serie B, pero Ridley Scott, padre de la criatura, estaba demasiado empe&ntilde;ado en mostrar su talento. La Fox, rindi&eacute;ndose a la evidencia, se dej&oacute; engatusar, acab&oacute; sacando la cartera y gast&aacute;ndose 1.500 millones de las antiguas pesetas en su producci&oacute;n. La fabulosa interpretaci&oacute;n de Sigourney Weaver y su teniente Ripley, una aguerrida y sarc&aacute;stica superviviente y la secuencia en la que el vientre de Kane (John Hurt) estalla para alumbrar al monstruo son dos poderosos pilares sobre los que se sostiene esta pel&iacute;cula de culto en la memoria de cualquier habitante de nuestro planeta.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 3: 'Metr&oacute;polis', de Fritz Lang (1927)</h3><p class="article-text">
        Es la distop&iacute;a expresionista m&aacute;s fascinante de todos los tiempos. Los obreros de 'Metr&oacute;polis'&nbsp;se dejan la vida trabajando 10 horas al d&iacute;a bajo tierra para que una clase opulenta y &ldquo;pecaminosa&rdquo;, que vive en la superficie, pueda darse la gran vida. Freder, hijo del &ldquo;cerebro&rdquo; de la ciudad, queda deslumbrado por&nbsp;Mar&iacute;a, una obrera (l&iacute;der iluminada) que con sermones clandestinos contiene el esp&iacute;ritu revolucionario de la clase oprimida a la espera de un &ldquo;coraz&oacute;n&rdquo; bondadoso que sirva de mediador. El enamorado Freder en la b&uacute;squeda desesperada de su diosa llega a las profundidades de la tierra, entra en contacto con los obreros y vive en sus carnes el sufrimiento que padecen para que la gran Metr&oacute;polis, gobernada por su padre,&nbsp;Joh Fredersen, siga funcionando. Producto del amor (el rom&aacute;ntico y el filial) Freder se convierte en el &ldquo;coraz&oacute;n&rdquo; que media entre el &ldquo;cerebro&rdquo; y la &ldquo;mano&rdquo;. Con esta majestuosa f&aacute;bula del cine mudo, Fritz Lang nos sumerge en una distop&iacute;a fascinante que termina siendo m&aacute;s bien una utop&iacute;a, si lo miramos desde una &oacute;ptica realista. Adem&aacute;s nos pone frente a sendas discusiones ideol&oacute;gicas (socialismo, nacionalismo y capitalismo), teol&oacute;gicas y moralistas (el bien y el mal, el hombre y la m&aacute;quina, la torre de Babel y el Apocalipsis), que siguen trascendiendo a su &eacute;poca. Pero sin lugar a dudas lo m&aacute;s significativo del legado de Lang es la potencia visual, esa m&aacute;gica puesta en escena y lo deslumbrante de la concepci&oacute;n t&eacute;cnica y arquitect&oacute;nica, una maravilla de la ciencia ficci&oacute;n con uno de los &iacute;conos m&aacute;s grandes del cine: La mujer robot. Por primera vez en la historia, se muestra la inmensidad de una ciudad y sus rascacielos (inspirados en el Nueva York de 1924). Para esto Lang y su habitual equipo de efectos especiales, decoradores y luminot&eacute;cnicos construyen, a trav&eacute;s del denominado procedimiento Sch&uuml;fftan, peque&ntilde;as maquetas de la ciudad que dejan ver la Metr&oacute;polis fant&aacute;stica, en la que se recrea la obra cumbre del expresionismo alem&aacute;n. Es es la primera gran obra cinematogr&aacute;fica de ciencia ficci&oacute;n y como tal hay que darle un puesto de honor.
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                </figure><h3 class="article-text">N&uacute;mero 2: 'Blade Runner', de Ridley Scott (1982)</h3><p class="article-text">
        Con su esperad&iacute;sima secuela ya estrenada y compartiendo destino &ndash; mejor acogida entre la cr&iacute;tica que entre el p&uacute;blico-, una de las obras cumbres del g&eacute;nero ha ocupado finalmente el lugar que le corresponde en la historia del cine. Desde que naci&oacute; hace 35 a&ntilde;os hasta hoy mismo, el recorrido de esta pel&iacute;cula de Ridley Scott ha superado todo tipo de interpretaciones, denostaciones y defensas, pero nunca ha perdido esa enorme tristeza, caos y sabor a cine negro que la hizo &uacute;nica. En la imagen del replicante Roy (Rutger Hauer) lamentando su destino, la p&eacute;rdida de sus recuerdos &ldquo;como l&aacute;grimas en la lluvia&rdquo;, laten varias generaciones cinematogr&aacute;ficas, que ahora han visto en&nbsp;'Blade Runner 2049'<em>&nbsp;</em>la culminaci&oacute;n de los sue&ntilde;os. El universo agobiante, fascinante y desolador que rodea al cazador de replicantes Rick Deckard (Harrison Ford) y a su &lsquo;femme fatale&rsquo; Rachel (Sean Soung) se bas&oacute; en la novela&nbsp;'&iquest;Sue&ntilde;an los androides con ovejas el&eacute;ctricas?', pero el cineasta le a&ntilde;adi&oacute; una pir&aacute;mide de simbolismos y una direcci&oacute;n art&iacute;stica que la convirtieron en &uacute;nica. El director canadiense Dennis Villeneuve ha querido devolver a esta historia un esplendor que hab&iacute;a conseguido no perder. Es indiferente, porque al hacerlo, lo cierto es que ha conformado un nuevo imaginario de ficci&oacute;n al que rendirnos, donde dejar correr a esos unicornios de papel arrugados en la memoria. As&iacute; se cierra el plan maestro, la cumbre, el cielo del gran cine.
    </p><h3 class="article-text">N&uacute;mero 1: '2001: Una odisea del espacio', de Stanley Kubrick (1968)</h3><p class="article-text">
        No pod&iacute;a ser otra quien ocupara el altar de de este ranking. Un simio aprende a matar. Un ordenador central (HAL 9000) descubre su&nbsp; poder sobre los hombres y tiene un colapso emocional. Un astronauta&nbsp; envejece en una habitaci&oacute;n del siglo XVIII para alcanzar la perfecci&oacute;n: regresar al &uacute;tero universal, convertirse en un nuevo ser, el Ni&ntilde;o de las Estrellas. Todos ellos quedan unidos en esta pel&iacute;cula por la misteriosa presencia de un monolito alien&iacute;gena que aparece ante los hombres en momentos clave en los que protagonizan un salto evolutivo. Y entre medias, acontece un universo fascinante de secuencias prodigiosas, una experiencia sensorial sobrecogedora donde la inteligencia del hombre (o su reflejo en la m&aacute;quina) es la protagonista esencial. Stanley Kubrick se entrevist&oacute; con bi&oacute;logos, qu&iacute;micos, astr&oacute;logos, te&oacute;logos, fabricantes de naves espaciales para dar a luz este prodigio. Junto a Arthur C. Clarke, el legendario autor de la historia original (el relato corto&nbsp;<em>El centinela</em>) redactaron el guion. Grabados en el subconsciente del espectador universal quedar&aacute;n para siempre la mirada roja inquietante de HAL 9000 y su balbuceo infantil, desgarrador al ser desconectado; la puerta sideral que nos lleva a un prodigioso viaje hacia el infinito; el uso minucioso del sonido y de la m&uacute;sica. Y s&iacute;, tambi&eacute;n aquel hueso que se convierte en una amenaza para acabar alcanzando las estrellas y transformarse en la aeronave Discovery y en una maravillosa elipsis de millones de a&ntilde;os.
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      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Ingrid Guzmán, Arancha Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/mejores-peliculas-ciencia-ficcion-historia_132_3120719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Oct 2017 08:33:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las 20 mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Películas,Ciencia ficción,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A favor y en contra de ‘Réquiem por un sueño’, de Darren Aronofsky]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-requiem-sueno-darren-aronofsky_132_3449537.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78f2e81b-70ff-4ad4-97e8-1f93ab3bbf97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A favor y en contra de ‘Réquiem por un sueño’, de Darren Aronofsky"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una de las mejores películas de este cineasta revolucionario se somete a dos versiones diferentes: ¿obra maestra o pesadilla agónica?</p></div><h3 class="article-text">A favor: la muerte de las ilusiones</h3><p class="article-text">
        La vida es como una monta&ntilde;a rusa, como esa que adorna una de las primeras secuencias de '<a href="http://www.filmaffinity.com/es/film747961.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o</a>'. Algunas veces nos eleva hasta las m&aacute;s altas cotas y otras nos obliga a tocar fondo. Estas dos sensaciones, aunque opuestas, coinciden en lo extremo. Crear un retrato psicol&oacute;gico que evoque los intrincados matices del camino al tormentoso fondo de las obsesiones y la adicci&oacute;n, no parece una tarea f&aacute;cil. Menos aun hacerlo con una pel&iacute;cula sobre drogadicci&oacute;n tras el &eacute;xito de 'Trainspotting' (Danny Boile, 1996).
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2000 <a href="http://biografias.estamosrodando.com/darren-aronofsky/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Darren Aronofsky</a> nos dej&oacute; abrumados, y por qu&eacute; no decirlo, en una especie de &lsquo;shock&rsquo;, con 'R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o'. Pese a su corta carrera cinematogr&aacute;fica, este joven director estadounidense logr&oacute;, de manera magistral, meternos en el asfixiante mundo de decadencia de cuatro personajes, que hundidos en la soledad y obsesionados con sus sue&ntilde;os, pierden el control de s&iacute; mismos. De un lado, plantea el descenso de Sara Goldfarb (<a href="http://biografias.estamosrodando.com/ellen-burstyn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ellen Burstyn</a>), madre de Harry (<a href="http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/10133/Jared%20Leto" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jared Leto</a>) cuya a&ntilde;oranza por la familia y la obsesi&oacute;n por participar en su programa de televisi&oacute;n favorito le llevan a perder la raz&oacute;n al hacerse adicta a las pastillas para adelgazar. De otro lado, est&aacute;n Harry, su novia Marion (<a href="http://biografias.estamosrodando.com/jennifer-connelly/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jennifer Connelly</a>) y su mejor amigo Tyrone (Marlon Wayans), quienes en busca de sus sue&ntilde;os de riqueza y emprendimiento, terminan hundidos por la adicci&oacute;n a la hero&iacute;na.
    </p><p class="article-text">
        En 'R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o', Aronofsky confirma (tras el reconocimiento de su primer largometraje, 'Pi') su capacidad para escarbar en la psique de los personajes. Pero sobre todo, para remover los sentidos del p&uacute;blico. Esta oda a la muerte de los sue&ntilde;os puede gustar o no, pero nadie queda indiferente ante su propuesta. Ver la pupila del ojo dilat&aacute;ndose o a una inigualable Ellen Burstyn desencajada, haciendo chirriar los dientes y aterrorizada por el ataque de su nevera, son im&aacute;genes dif&iacute;ciles de olvidar.
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        Inspirado en la novela hom&oacute;nima de Hubert Selby Jr. (con quien trabaj&oacute; el gui&oacute;n), en el mundo del rap (y sus videoclips) y acudiendo a recursos creativos propios del trabajo con bajo presupuesto, Aronofsky crea una propuesta sensorial que se desmarca de la narrativa tradicional. Crea una atm&oacute;sfera aguda (con planos enfrentados e im&aacute;genes que impactan por su crudeza), cercana (con los excesos de los primeros planos) y repetitiva (como las adicciones), en la que el poco aire que puede respirar el p&uacute;blico huele a angustia. Los veinte minutos finales de esta obra pueden llegar a hacer levantar de la butaca al m&aacute;s tranquilo de los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        Parece evidente que lo sustancial de la propuesta de Aronofsky, dentro de la cinematograf&iacute;a contempor&aacute;nea, es lo rompedor de su estilo visual y su capacidad de revolver al p&uacute;blico (lo volvi&oacute; a hacer con '<a href="https://cinetario.es/2011/03/02/visionado-cisne-negro-de-darren-aronofsky-ese-oscuro-baile-hacia-el-abismo/comment-page-1/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cisne Negro</a>'). Pero adem&aacute;s, hay que reconocer dos cosas: que una de las piezas claves de 'R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o' es la fuerza de la banda sonora de <a href="https://cinetario.es/2011/01/08/pildoras-cinetarias-musica-para-visitar-el-infierno-en-requiem-por-un-sueno/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Clint Mansell</a> en especial el tema principal 'Lux Aeterna'<em>,</em> de Kronos Quartet, que acompa&ntilde;a la catatonia de forma soberbia; y que la presencia de Ellen Burstyn y de Jennifer Connelly hace que este filme tenga mucha m&aacute;s fuerza (sin demeritar el trabajo de Leto y Wayans).
    </p><p class="article-text">
        <span id="more-5404"></span>
    </p><p class="article-text">
        En 2015, 'R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o' fue elegida la mejor pel&iacute;cula proyectada en los sesenta a&ntilde;os de historia de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), incluso por encima de 'El s&eacute;ptimo sello' (1960), de Ingmar Bergman. Genera v&eacute;rtigo comparar un filme de Aronofsky con uno de Bergman, pero lo cierto es que cada filme, a su manera y en su tiempo, ha provocado, ha inquietado y ha puesto un grano de arena importante dentro de la monta&ntilde;a rusa que es el mundo del cine de autor.
    </p><h3 class="article-text">En contra: desmadre lis&eacute;rgico</h3><p class="article-text">
        Darren Aronofsky tiene algo de visionario. A veces. Cuenta con el talento suficiente como para&nbsp; construir una dimensi&oacute;n cinematogr&aacute;fica propia, con un estilo visual particular que derrocha audacia. Sin duda, es uno de los cineastas con mayor talento para romper la barrera del asombro y cautivar a unos espectadores que se mueren de curiosidad por ver qu&eacute; pasa en cada una de las secuencias en las que cifra sus pel&iacute;culas. As&iacute; ocurri&oacute;, por ejemplo, en su primer film, 'Pi', pero no tanto en su segundo largometraje, 'R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o'. Esta cinta de culto florece en una narraci&oacute;n desquiciada, barroca, de ritmo trepidante y repleta de hallazgos visuales que podr&iacute;an haber resultado deslumbrantes si hubieran sabido dosificarse, si le hubieran dado alg&uacute;n respiro al espectador. En definitiva, si hubieran encontrado una manera menos artificiosa de ocultar el vac&iacute;o argumental que clarea sobre el metraje.
    </p><p class="article-text">
        Basada en la novela de Hubert Selby J.R., es una historia de cuatro perdedores que encuentran en las drogas una tierra prometida atragantada en pleno Brooklyn. Un pasaporte para alcanzar sus sue&ntilde;os que acaba degenerando en un lugar donde esconderse de las frustraciones y de la decepci&oacute;n que genera el culto al &eacute;xito. Los protagonistas son esclavos de un sue&ntilde;o enfermo que se presenta con todo tipo de pelaje: las ansias de dinero, de reconocimiento y de fama,&nbsp; la soledad, la desorientaci&oacute;n vital, el aislamiento&hellip; Y los cuatro, sin embargo, tienen una coartada perfecta para vivir de los espejismos mientras aquellas ambiciones vitales se alejan, se olvidan por la necesidad imperiosa de abismarse en las drogas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        As&iacute;, la pel&iacute;cula transcurre en su atm&oacute;sfera de pesadilla, pero sin demasiado que contar m&aacute;s all&aacute; del descenso a los infiernos. El espectador viaja de una escena subjetiva a otra a bordo de la est&eacute;tica del videoclip, abrumado ante tanta experiencia alucin&oacute;gena y ante la invasi&oacute;n de un estilo visual demasiado consciente de su deseo de trascender. Como si cada secuencia se construyera para subir al Olimpo de las pel&iacute;culas de culto del momento.
    </p><p class="article-text">
        Y sobre ella, adem&aacute;s, pende una sospecha molesta: su fuerza tr&aacute;gica le debe mucho, demasiado, a la banda sonora de Clint Mansell, a su m&uacute;sica bella y agonizante. La angustia de los protagonistas se retuerce en el sonido insistente, seco, apasionado de unos violines que se expresan en 'Lux Aeterna', el tema protagonizado por el cuarteto de cuerda Kronos de San Francisco. Una vibrante pieza musical que ha sido utilizada en alg&uacute;n que otro tr&aacute;iler e incluso ha formado parte del repertorio de otros filmes.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su latido musical, 'R&eacute;quiem por un sue&ntilde;o' se convierte en una larga agon&iacute;a, donde la decadencia de los personajes se embarca en un tedioso, pero trepidante viaje. La taquicardia llega al l&iacute;mite en las demenciales escenas finales, donde la pel&iacute;cula pierde el norte completamente, encharcada en su grandilocuencia y en un metraje excesivo.&nbsp;As&iacute; las cosas, algunos espectadores no podemos evitar tener la sensaci&oacute;n de que<em>&nbsp;</em>pudo haber sido una gran pel&iacute;cula. Todo un logro revolucionario, si su cineasta (quiz&aacute;s) no se hubiera sentido presionado por las ansias desmedidas de ser creativo y visualmente rompedor para los gustos del momento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ingrid Guzmán, Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/favor-requiem-sueno-darren-aronofsky_132_3449537.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Apr 2017 09:29:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A favor y en contra de ‘Réquiem por un sueño’, de Darren Aronofsky]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Frantz’, de François Ozon: culpa y humanismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/frantz-francois-ozon-culpa-humanismo_132_3560148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/633b2b55-905d-4ef7-9581-e2c64eca5069_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Frantz’, de François Ozon: culpa y humanismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta francés enfrenta exitosamente este remake de 'Remordimiento, la adaptación que Ernst Lubitsch realizó de la obra 'L’homme que jài tué'</p><p class="subtitle">Destaca la fuerza de las actuaciones del aclamado Pierre Niney y de la debutante Paula Beer</p></div><p class="article-text">
        Fran&ccedil;ois Ozon sigue sumando &eacute;xitos con su particular estilo de abordar los dramas humanos. Festivales como Cannes, Sitges, Venecia, Berl&iacute;n y San Sebastian han premiado su trayectoria, reconociendo en sus propuestas ingenio, audacia, crudeza, pero sobre todo, la sutileza con la que encara las revelaciones y tormentos de sus personajes. Con '<a href="http://www.filmaffinity.com/es/film791041.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Frantz</strong></a><strong>'</strong> el director franc&eacute;s confirma su versatilidad. Despu&eacute;s de 'Joven y bonita' (2013) y 'Una nueva amiga' (2014), Ozon se enfrenta exitosamente a la mentira y a la culpa realizando un remake de '<a href="http://www.filmaffinity.com/es/film903196.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Remordimiento' </a>(1932), la adaptaci&oacute;n que Ernst Lubitsch realiza de la obra 'L&rsquo;homme que j&agrave;i tu&eacute;' (El hombre al que mat&eacute;) de Maurice Rostand.
    </p><p class="article-text">
        El film de Ozon recupera la figura del enigm&aacute;tico joven franc&eacute;s que viaja a un pueblo de la Alemania profunda para contactar con la familia de Frantz, un soldado alem&aacute;n muerto durante la primera guerra mundial, al que sus padres y su prometida siguen llorando. La llegada de Adrien (<a href="http://www.esquire.es/actualizacion/1114/quien-es-pierre-niney" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pierre Niney</a>) a la vida de Anna (<a href="http://www.imdb.com/name/nm3559009/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Paula Beer</a>) y de la familia de Frantz descubre un c&uacute;mulo de sucesos y reflexiones entorno a la culpa, la mentira, el perd&oacute;n, el deseo y la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Las an&eacute;cdotas de Adrien<em> </em>con Frantz hacen que sus padres recuperen una memoria alegre de su difunto hijo y que acojan al soldado franc&eacute;s pese a la complejidad de las relaciones franco-alemanas en plena postguerra. No obstante, es en el v&iacute;nculo con Anna<em> </em>en donde aparecen las luces y sombras del relato. La decepci&oacute;n inicial de la prometida de Frantz al conocer la verdadera intenci&oacute;n del atormentado Adrien, el deseo y la dualidad de la relaci&oacute;n, la culpabilidad y el instinto de protecci&oacute;n, aderezan una historia que el propio director ha denominado como novela de aprendizaje (&lsquo;Bildungsroman&rsquo;).
    </p><p class="article-text">
        En 'Frantz', <a href="http://biografias.estamosrodando.com/francois-ozon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fran&ccedil;ois </a><a href="http://biografias.estamosrodando.com/francois-ozon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Ozon</strong></a><strong> </strong>vuelve a su estrategia de despistar al espectador con una historia falsa que, aunque resulta seductora en im&aacute;genes y di&aacute;logos, est&aacute; un poco manida. Esta t&aacute;ctica narrativa hace que el film pierda profundidad al insistir en un giro diferente al que, de entrada, el p&uacute;blico ya ha previsto. El respetable no es tonto. Eso s&iacute;, se puede indultar si la distracci&oacute;n despliega cierta perspicacia audiovisual.
    </p><p class="article-text">
        <span id="more-5392"></span>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la intensidad de las emociones a las que se enfrentan los personajes -la culpa que martiriza a Adrien y al padre de Frantz, la dicotom&iacute;a de Anna<em> </em>entre el deseo y el perd&oacute;n-, la propuesta de Ozon est&aacute; impregnada de un interesante halo de misterio y sensualidad. Ayuda, sin duda, la fuerza de las actuaciones de Pierre Niney y de la debutante Paula Beer (a la que es mejor no perder de vista), pero en especial, la exquisitez de la fotograf&iacute;a y ese juego intr&eacute;pido entre el blanco y negro y el color como argucia para resaltar las sensaciones de los protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        Fran&ccedil;ois Ozon asume tambi&eacute;n un gran reto: contar una historia desde el punto de vista alem&aacute;n, en la que se muestra un ambiente predispuesto al surgimiento del nacionalsocialismo. Hace poco Haneke se arriesg&oacute; con 'La cinta blanca', y los dos han tenido resultados plausibles. Con 'Frantz' el director logra exponer un discurso antibelicista con la agudeza y objetividad que da la distancia hist&oacute;rica. Esa escena en el bar en donde el padre de Frantz se enfrenta a sus furibundos amigos entrega uno de los mensajes m&aacute;s relevantes del film. Nos ofrece una mirada humanista de la guerra que trasciende al tiempo que recrea&hellip; o al menos deber&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ingrid Guzmán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/frantz-francois-ozon-culpa-humanismo_132_3560148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Feb 2017 11:31:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Frantz’, de François Ozon: culpa y humanismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine francés,Posguerra,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Después de la tormenta’, de Hirokazu Kore-eda: espejos y sueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/despues-tormenta-hirokazu-kore-eda-espejos_132_3693251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/921fc596-629a-4725-83eb-f7e20eb9fe42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Después de la tormenta’, de Hirokazu Kore-eda: espejos y sueños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta japonés mantiene su toque personal, entre el drama costumbrista y el realismo documental</p><p class="subtitle">La complejidad de las separaciones, la relación con los hijos o la soledad en la vejez son algunos de los temas que aborda</p></div><p class="article-text">
        <a href="http://www.alohacriticon.com/cine/actores-y-directores/hirokazu-koreeda/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Kore-eda</strong></a><strong> se ha convertido en uno de los realizadores de referencia</strong> del cine japon&eacute;s contempor&aacute;neo. Su capacidad para retratar, con aguda delicadeza, las<strong> luces y sombras de las relaciones familiares</strong> le han abierto un espacio entre los favoritos de los festivales Cannes y San Sebasti&aacute;n, al punto de ser comparado con <strong>Yasujiro&nbsp;Ozu</strong>, maestro por antonomasia del cine nip&oacute;n. Desde hace algunos a&ntilde;os Kore-eda ha dedicado varias producciones a captar, con una narrativa muy similar (para algunos m&aacute;s de lo mismo), los entresijos de los v&iacute;nculos paternofiliales. Basta echar un vistazo a 'Still walking' (2008); 'Kiseki' (2011), '<a href="http://www.filmaffinity.com/es/film762076.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Like father, Like son</a>' (2013) o 'Nuestra hermana peque&ntilde;a' (2015). A&uacute;n as&iacute; es de aplaudir su capacidad para <strong>encontrar la m&eacute;dula del conflicto en cada una</strong> y plasmar sin excesos los matices emocionales de cada drama.
    </p><p class="article-text">
        En '<a href="http://www.filmaffinity.com/es/film968604.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Despu&eacute;s de la tormenta</strong></a><strong>'</strong><em>,&nbsp;</em>Kore-eda mantiene su toque personal, <strong>entre el drama costumbrista y el realismo documental</strong>. De hecho da un paso m&aacute;s al volcar parte de su experiencia &iacute;ntima tras la muerte de sus padres. Los cambios emocionales por los que pasa el protagonista, el intento por <strong>acercarse a la memoria de su padre para intentar comprenderle</strong>, su afici&oacute;n por la escritura, la mariposa azul en la que la madre ve a su difunto esposo y el barrio en el que vivi&oacute; son puntos en com&uacute;n con la vida del director.
    </p><p class="article-text">
        Ryota (Hiroshi Abe) no ha logrado ser lo que so&ntilde;&oacute;. Arrastra la frustraci&oacute;n y la nostalgia de verse <strong>incapaz de construir una vida que le llene</strong>. Su carrera de escritor se ha estancado y s&oacute;lo la alimenta esa esperanza de recuperar el talento que lo llev&oacute; a ganar un premio literario por su primer libro. Sobrevive trabajando como detective privado y <strong>realizando peque&ntilde;as estafas que le dan el dinero justo</strong> para satisfacer su ludopat&iacute;a. Mantiene una relaci&oacute;n tensa con su ex esposa Kyoko, a la que no paga la pensi&oacute;n de su hijo y quien intenta reconstruir su vida junto a otro hombre. La relaci&oacute;n con su madre es entra&ntilde;able pero distante. Los &uacute;nicos momentos de inc&oacute;moda felicidad los tiene cuando, una vez al mes, ve a su hijo de 11 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La trama de la pel&iacute;cula<em>&nbsp;</em>se desarrolla al final del verano,<strong> una &eacute;poca de tormentas que servir&aacute; de escenario y excusa</strong> para encerrar a Ryota, Kyoko, su hijo Shingo y a la abuela <strong>bajo el mismo techo durante toda una noche</strong>. Lo ocurrido durante el tif&oacute;n se presenta como un espejo claro y punzante. Ryota est&aacute; desesperado, su situaci&oacute;n econ&oacute;mica y vital es pat&eacute;tica, sigue los pasos de su arruinado padre, pero desea darle un cambio a su vida. En resumen, Ryota no deja de so&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        <span id="more-5359"></span>
    </p><h3 class="article-text">Empat&iacute;a emocional</h3><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula dibuja <strong>con paciente detalle los contrastes de los personajes</strong>, al tiempo que permite acercarse a lo que se cuece en su entorno. La facilidad y sutileza con las que Kore-eda introduce al espectador en los rasgos psicol&oacute;gicos de los protagonistas hacen que desde el primer momento se genere cierta empat&iacute;a emocional, creando apertura y desdibujando cualquier prejuicio. Esta cualidad es posible <strong>gracias al t&aacute;ndem de actores</strong> del que se rodea el director, que al igual que sus temas, son una poderosa marca de la casa.
    </p><p class="article-text">
        En esta cinta Kore-eda recoge mejor que en cualquier otra una gama interesante de temas y profundas reflexiones. La <strong>complejidad de las separaciones</strong>, la relaci&oacute;n con los hijos, los roles de hombres y mujeres, la soledad en la vejez, los patrones de conducta heredados, la p&eacute;rdida de un ser querido, <strong>la lucha por la realizaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</strong> y las resistencias propias y ajenas para alcanzarlos. La <strong>f&oacute;rmula del director y guionista</strong> est&aacute; comprobada: una narrativa pausada, intimista; un grupo de actores con el que se sienta c&oacute;modo; un gui&oacute;n sencillo, exento de clich&eacute;s; algunas escenas en las que la comida o el helado sirvan para demostrar afecto y, por supuesto, <strong>peque&ntilde;os toques de humor</strong> que hagan que la aparente frialdad de las relaciones humanas en la cultura japonesa pueda ser deliciosamente digerida por el p&uacute;blico universal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ingrid Guzmán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/despues-tormenta-hirokazu-kore-eda-espejos_132_3693251.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Dec 2016 01:05:13 +0000]]></pubDate>
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