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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marco Feoli]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marco_feoli/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marco Feoli]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Bukele, el modelo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bukele-modelo_129_10006902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a549ebc-200d-4f4b-90a7-dcd065503d54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bukele, el modelo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bukele es cortoplacismo y expresión del deterioro de los regímenes democráticos, de la superficialidad y de la estrecha memoria histórica de la que adolecemos</p><p class="subtitle">2.000 presos, una nueva megacárcel: el Gobierno de Bukele exhibe el traslado de miembros de pandillas en El Salvador</p></div><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno de Nayib Bukele que reivindica una estrategia militarizada y de suspensi&oacute;n de derechos para combatir a las maras salvadore&ntilde;as se empieza a presentar, por incre&iacute;ble que parezca, en un modelo sublimado por las redes sociales, pero tambi&eacute;n por pol&iacute;ticos que encuentran en su autoritarismo una tentadora respuesta a los problemas de inseguridad que padecen los pa&iacute;ses latinoamericanos y en una baza electoral irresistible. Bukele es cortoplacismo y expresi&oacute;n del deterioro de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos, de la superficialidad y de la estrecha memoria hist&oacute;rica de la que adolecemos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas, las noticias han girado alrededor de la apertura de una c&aacute;rcel, seg&uacute;n los comunicados presidenciales, para 40 mil personas. Una locura. Sobre el centro penal se sabe poco, casi solo la propaganda publicada por el Gobierno en sus videos y canales oficiales en los que polic&iacute;as encapuchados son parte de un indigerible espect&aacute;culo de control y sometimiento sobre presuntos mareros. Fue construido en un tiempo r&eacute;cord, lo cual, en cualquier pa&iacute;s m&aacute;s o menos funcional, generar&iacute;a sospechas tanto por el opaco manejo de fondos p&uacute;blicos, puesto que se aprob&oacute; un presupuesto del que no se han rendido cuentas, como por la propia gesti&oacute;n que una obra de semejante envergadura requerir&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos los expertos coinciden en que las mega c&aacute;rceles son, <em>per se</em>, inmanejables; masifican a la poblaci&oacute;n penitenciaria, incentivan el autogobierno de los grupos criminales y la p&eacute;rdida de control por parte del Estado lo que se traduce, tarde o temprano, en m&aacute;s violencia, como lo acredita la escalofriante experiencia ecuatoriana. Ello es especialmente evidente en pa&iacute;ses que no cuentan ni siquiera con los recursos para la contrataci&oacute;n del personal. En un lugar como El Salvador, cuyas tasas de prisionalizaci&oacute;n y hacinamiento son de las m&aacute;s altas del continente, seg&uacute;n el <em>World Prison Brief</em>, resulta dif&iacute;cil pensar, si ya el Estado ha sido hist&oacute;ricamente incapaz de mantener las prisiones con alg&uacute;n nivel de cumplimiento de los est&aacute;ndares internaciones, que esto no vaya a empeorar. De hecho, a d&iacute;a de hoy nada se ha explicado respecto a qu&eacute; procesos se han seguido para contratar los equipos de seguridad o los del funcionariado que atender&aacute;n a los presos. O si los habr&aacute;, claro, porque la ret&oacute;rica del Gobierno, en el fondo, legitima la construcci&oacute;n de campos de concentraci&oacute;n en toda regla. Por tanto, cualquier consideraci&oacute;n &eacute;tica o que respete los instrumentos constitucionales y convencionales sobre la sanci&oacute;n penal es prescindible.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Viralizado el show de la inauguraci&oacute;n carcelaria, he escuchado a algunos cargos pol&iacute;ticos de Argentina, Colombia y Costa Rica &mdash;aunque seguro habr&aacute; m&aacute;s&mdash; calificando de mod&eacute;licas las pol&iacute;ticas autoritarias de Bukele. Es dif&iacute;cil entender, sino es porque se explique en aut&eacute;nticas pulsiones antidemocr&aacute;ticas que a&uacute;n laten en nuestro entorno o en una ingenua y profunda ignorancia, que haya quienes utilicen el caso salvadore&ntilde;o &mdash;cuyas particularidades en cuanto a las bandas no son extrapolables&mdash; para proponerlo como un ejemplo m&iacute;nimamente imitable. En t&eacute;rminos generales, El Salvador es un Estado con problemas heredados de un conflicto civil y de una estructura social tan desigual que hoy punt&uacute;a en los peores lugares en los &iacute;ndices institucionales, como el del <em>World Justice Project</em> que lo situ&oacute;, en el estudio sobre Estado de Derecho, publicado en enero de 2023, en el puesto 103 de 140.
    </p><p class="article-text">
        Bukele ha desarmado a las bandas de maras, eso es as&iacute;, pero lo ha hecho por medio de un r&eacute;gimen de excepci&oacute;n, con centenares de polic&iacute;as en las calles haciendo aprehensiones a mansalva, que en el camino est&aacute; dejando decenas de v&iacute;ctimas colaterales todas, por supuesto, provenientes de barrios pobres. La documentaci&oacute;n que organizaciones o medios independientes han hecho, como <em>Human Rigths Watch </em>o El Faro, son espeluznantes: ni&ntilde;os recluidos, detenciones sin orden judicial, reprocesamientos de personas que ya hab&iacute;an sido absueltas, muertes en c&aacute;rceles, complicidad de jueces y fiscales, etc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La superficialidad y el simplismo pueden ser muy seductores y juegan a favor de la fauna pol&iacute;tica a la que ha demostrado pertenecer Bukele. Poco importa en qu&eacute; derivar&aacute; la desarticulaci&oacute;n moment&aacute;nea de las maras, ni el resultado en el largo plazo que ese encarcelamiento producir&aacute;. Mucho menos las flagrantes violaciones a los derechos humanos, no los de los presuntos integrantes de las maras -que tambi&eacute;n- sino los de los inocentes detenidos o desplazados sin indicios ni pruebas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que importa es la sensaci&oacute;n de seguridad de la que presume el se&ntilde;or Bukele que aunque insostenible es capaz de generar todos los r&eacute;ditos electorales. Todo encaja en su anuncio de optar por la reelecci&oacute;n pese a que la Constituci&oacute;n la proh&iacute;be. En una sociedad anclada en el miedo, como recuerda Steven Forti, en su extraordinario libro &ldquo;Extrema Derecha 2.0&rdquo;, la construcci&oacute;n de enemigos &mdash;la delincuencia, en nuestros pa&iacute;ses, como una categor&iacute;a gen&eacute;rica y difusa&mdash; nutre a movimientos como el del presidente salvadore&ntilde;o que parten de una falsa dicotom&iacute;a. Se nos divide entre buenos y malos. Malos son, aparte de los delincuentes, todos aquellos que piensan que los l&iacute;mites y la prevalencia del Estado de Derecho son una condici&oacute;n necesaria para la convivencia civilizada. Decir esto es una obviedad, pero debe hacerse: encender las alarmas por el giro autoritario del bukelismo no supone defender la impunidad de las maras. Lo que pasa es que el fuego no se apaga con gasolina.
    </p><p class="article-text">
        Los medios tienen tambi&eacute;n una responsabilidad. Si el enfoque, quiz&aacute;s porque se trata de un pa&iacute;s con poco peso geopol&iacute;tico, se queda en lo anecd&oacute;tico se estar&aacute; blanqueando la erosi&oacute;n de los valores democr&aacute;ticos que en Am&eacute;rica Latina son a&uacute;n endebles. Dejar que las noticias graviten en torno a las pasarelas de reclusos desfilando como bestias y sometidos al poder de la polic&iacute;a es un s&iacute;ntoma bastante palmario de&nbsp; deshumanizaci&oacute;n. Eludir el abordaje de las graves denuncias contra Bukele por atacar a la prensa, debilitar la independencia de los jueces, vulnerar el debido proceso y hacer un manejo opaco y nepotista de las finanzas es caldo de cultivo para m&aacute;s mesianismos populistas y punitivistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los muertos en Centroam&eacute;rica durante la d&eacute;cada de los 80 llegaron a 300 mil personas, la mayor&iacute;a v&iacute;ctimas del propio Estado. Aquel pasado est&aacute;, para nuestra desgracia, cada vez m&aacute;s presente. Lo hemos visto en Nicaragua y lo estamos viendo en El Salvador. Hasta hace muy poco hab&iacute;a consensos que parec&iacute;an zanjados, ahora no. Las olas democratizadoras de Am&eacute;rica Latina fueron un triunfo, pero no podemos dejar de repetirlo: nada puede darse por descontado. Bukele y las simpat&iacute;as que genera son prueba de ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marco Feoli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bukele-modelo_129_10006902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Mar 2023 07:03:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bukele, el modelo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nayib Bukele]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El matonismo de Bukele y la normalización del discurso anti Estado de Derecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/matonismo-bukele-normalizacion-discurso-anti-derecho_129_8902833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98831767-df1f-4ed6-8982-65225a7ef8db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El matonismo de Bukele y la normalización del discurso anti Estado de Derecho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Queda bien pensar que los cambios promovidos por el bukelismo afectarán a quienes provocan las sangrías. Sin embargo, lo sabemos bien, esta es la forma de extender el autoritarismo y la vulneración de los derechos fundamentales del conjunto de ciudadanos</p></div><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes del presidente salvadore&ntilde;o, en los &uacute;ltimos d&iacute;as, son francamente demenciales. Frente a la ola de homicidios que ha azotado al peque&ntilde;o pa&iacute;s centroamericano -87 asesinatos en s&oacute;lo dos d&iacute;as a finales de marzo- la respuesta, m&aacute;s all&aacute; de sus habituales exabruptos por redes sociales, ha sido plantear el problema -cuyas causas son de una complejidad enorme, atrapadas en d&eacute;cadas de inseguridad, abandono desigualdad y represi&oacute;n- como una guerra entre el Estado y las pandillas.
    </p><p class="article-text">
        Como suelen hacer los aut&oacute;cratas, Bukele se ha buscado un enemigo donde dirigir su inoperancia para llevar tranquilidad a una ciudadan&iacute;a desgarrada por la violencia y la pobreza: las c&aacute;rceles. Con unos niveles atroces de sobrepoblaci&oacute;n de hasta el 300% y unas tasas de encierro superiores a 550 por cada 100 mil habitantes, los centros penales salvadore&ntilde;os se ubican entre los m&aacute;s salvajes e ingobernables del planeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por alguna raz&oacute;n que a&uacute;n se desconoce, la tregua pactada a escondidas, en 2020, por Bukele con las maras -seg&uacute;n hab&iacute;a informado la prensa- salt&oacute; por los aires hace unas semanas. La soluci&oacute;n -de manual- ha sido conseguir -gracias a sus c&oacute;modas mayor&iacute;as legislativas- un r&eacute;gimen de excepci&oacute;n que al tiempo que lo encumbra en su histrionismo debilita a&uacute;n m&aacute;s al fr&aacute;gil Estado de Derecho de El Salvador.
    </p><p class="article-text">
        A las amenazas contra los periodistas, ahora debe sumarse el amedrentamiento a jueces que ponen en cuesti&oacute;n algunas de las medidas tomadas. Seg&uacute;n informaba El Faro -uno de los medios m&aacute;s atacados por el presidente- se han aprobado reformas para endurecer penas de prisi&oacute;n contra ni&ntilde;os de 12 a&ntilde;os, limitar el derecho de defensa y restringir la libertad de informaci&oacute;n. Queda bien pensar que los cambios promovidos por el bukelismo afectar&aacute;n a quienes provocan las sangr&iacute;as. Sin embargo, lo sabemos bien, esta es la forma -porque nunca hay manera de diferenciar en la realidad- de extender el autoritarismo y la vulneraci&oacute;n de los derechos fundamentales del conjunto de ciudadanos. Se aplicar&aacute;n por igual a cualquiera que deba enfrentarse al aparato punitivo.
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n de Estados de Derecho fuertes en Am&eacute;rica Latina, y seguramente con mucha m&aacute;s intensidad en Centroam&eacute;rica, sigue situada, para desgracia de todos, en el plano de lo aspiracional. Desde el fin de los conflictos armados, nuestros pa&iacute;ses, incapaces de dar respuesta a las demandas de grandes sectores de la poblaci&oacute;n, no han podido tampoco asegurar reglas b&aacute;sicas que aseguren la divisi&oacute;n de poderes, los derechos humanos, la libertad de prensa y la rendici&oacute;n de cuentas de los gobernantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hasta hace poco, la sensaci&oacute;n era que, pese a nuestras carencias, los consensos sobre el valor de esos temas estaban dados y fuera de toda duda. A nadie en su sano juicio le habr&iacute;a parecido razonable cargar -menos en p&uacute;blico- contra la civilidad del Estado de Derecho ni sobre su rotunda necesidad como v&iacute;a indispensable para el desarrollo. La gravedad que suponen personajes como Bukele estriba, justamente, en la desverg&uuml;enza y el desparpajo que exhiben para espetar, sin contenci&oacute;n alguna -ni siquiera para guardar las formas m&aacute;s elementales- sus discursos incendiarios, demagogos y contra el Estado de Derecho. El Estado de Derecho deja de ser una meta permanente y se convierte en el obst&aacute;culo que empantana la posibilidad de llegar a una tierra tantas veces prometida.
    </p><p class="article-text">
        Las amenazas proferidas, seg&uacute;n se promete para desestimular la actuaci&oacute;n de los pandilleros, que van desde dejar sin comida a quienes pueblan aquellas de por s&iacute; miserables prisiones hasta prohibir que los jueces monitoreen las condiciones de los penales son celebradas por sus seguidores en <em>Twitter</em> que, con Bukele, se solazan en la renuncia a los principios m&aacute;s elementales que proh&iacute;ben la tortura y los tratamientos crueles y degradantes. Entre medias se oculta que las propuestas presidenciales son las mismas -potenciadas en su parafernalia medi&aacute;tica y en su palmario desprecio a las instituciones- que se aplicaron en los 90 del siglo pasado. Las pol&iacute;ticas de mano dura y s&uacute;per mano dura impulsadas por otros gobiernos fueron un fracaso absoluto. Por eso seguimos aqu&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Padecemos serias dificultades a nivel global, es probable que los males de los pa&iacute;ses centroamericanos no conciten las principales preocupaciones del mundo. Pero est&aacute;n ah&iacute; y laten con fuerza. La normalizaci&oacute;n de los delirios autoritarios y del discurso contra el Estado de Derecho no solo agrieta los pocos avances alcanzados sino que tensan todav&iacute;a m&aacute;s las esperanzas de sociedades que, como cualquiera otra, tienen el leg&iacute;timo derecho de vivir con decencia y en paz. Convertir al Estado en un Estado Pandillero, a eso se est&aacute; llegando. Y es brutal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marco Feoli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/matonismo-bukele-normalizacion-discurso-anti-derecho_129_8902833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Apr 2022 04:01:24 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cárcel como retrato ideológico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/carcel-ideologico-retrato-prision-etica_129_3291981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5eb7915-3ff8-4acd-bb90-5039e6024ffb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cárcel como retrato ideológico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cárcel, que en su día pudo suponer una seña de evolución, es una fuente de inequidad social</p></div><p class="article-text">
        Estados Unidos es uno de los pa&iacute;ses con mayor poblaci&oacute;n penal del mundo. Entre 1980 y 2010, el n&uacute;mero de reclusos creci&oacute; un 220%. En 1988, por primera vez desde 1928, el Partido Republicano logr&oacute; gobernar durante tres periodos seguidos, en buena medida gracias al discurso represivo de Reagan y Bush contra la delincuencia y, sobre todo, el tr&aacute;fico de drogas.
    </p><p class="article-text">
        En la elecci&oacute;n del 88, las posiciones progresistas de Michael Dukarkis, como oponerse a la pena de muerte, sirvieron de excusa para que sus adversarios le atribuyeran una presunta debilidad para enfrentar el crimen. Finalmente, fue derrotado. En 1992, el Partido Dem&oacute;crata cambi&oacute; la estrategia y se aline&oacute; a los planteamientos m&aacute;s conservadores, al menos en los temas de seguridad ciudadana. Bill Clinton fue elegido presidente y a lo largo de sus 8 a&ntilde;os se impulsaron pol&iacute;ticas de mano dura. Se redujeron beneficios penitenciarios, se acord&oacute; la pena perpetua para reincidentes y se dispar&oacute; la construcci&oacute;n de c&aacute;rceles privadas.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2015, en el marco de la campa&ntilde;a electoral de su esposa, el expresidente Clinton reconoci&oacute; que las medidas tomadas durante sus dos periodos de gobierno fueron un error. No redujeron la criminalidad y elevaron escandalosamente el n&uacute;mero de personas privadas de libertad, un alt&iacute;simo porcentaje de ellas compuesta por negros y latinoamericanos. Con todo y los esfuerzos de Barack Obama por reformar el sistema de justicia criminal estadounidense, lo cierto es que a lo largo de 20 a&ntilde;os de pol&iacute;ticas criminales represivas los resultados pueden reducirse a m&aacute;s desigualdad y m&aacute;s grupos excluidos.
    </p><p class="article-text">
        Cierto que Clinton est&aacute; lejos de haber sido un revolucionario, pero no deja de ser, por decir poco, inquietante que dos partidos pol&iacute;ticos, en principio opuestos sobre aspectos medulares de su visi&oacute;n de mundo, lograran encontrarse en aspectos tan delicados como la libertad, el castigo y la generaci&oacute;n de formas estructurales que alimentan, m&aacute;s o menos, la exclusi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Con la promesa de mejorar los niveles de seguridad, Am&eacute;rica Latina abraz&oacute; las mismas recetas punitivistas, el incremento de las penas, la reducci&oacute;n de beneficios carcelarios o la creaci&oacute;n de nuevos delitos han sido regla durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En Costa Rica, por ejemplo, en 1994, se aument&oacute; el monto m&aacute;ximo de prisi&oacute;n, que pas&oacute; de 25 a 50 a&ntilde;os y, en 2009, algunas faltas de car&aacute;cter patrimonial se convirtieron en delitos.
    </p><p class="article-text">
        En Argentina, en 2001, se flexibilizaron los criterios para la imposici&oacute;n de la prisi&oacute;n preventiva y, en 2012, se redujeron los beneficios para ciertos delitos. Recientemente, en Per&uacute; se present&oacute; una iniciativa de reforma constitucional para ampliar los plazos de detenci&oacute;n provisional. Pero no solo ha pasado en Am&eacute;rica Latina: en 2015, al hilo de una reforma al C&oacute;digo Penal espa&ntilde;ol, se aprob&oacute; la cadena perpetua revisable y se endurecieron algunas sanciones.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, las consecuencias habr&iacute;a que matizarlas, Espa&ntilde;a no padece del hacinamiento y la violencia de las prisiones latinoamericanas. Pero el principio es el mismo: la porosidad de los l&iacute;mites del derecho penal y la seducci&oacute;n que supone para las clases pol&iacute;ticas la oferta carcelaria como respuesta para atender un abanico de dilemas sociales.
    </p><p class="article-text">
        Esta fiebre represiva, al contrario de lo que podr&iacute;a pensarse, ha sido alimentada por facciones pol&iacute;ticas de todo el tablero ideol&oacute;gico. Ha habido una enorme precipitaci&oacute;n y ha faltado una reflexi&oacute;n m&aacute;s pausada de las implicaciones que tiene el encarcelamiento sobre todo por parte de la izquierda. Dentro de la crisis de la izquierda habr&iacute;a que incluir tambi&eacute;n sus notables contradicciones respecto al sistema penal.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas, en Santiago, un profesor universitario &ndash;un intelectual progresista con una extensa obra acad&eacute;mica&ndash; me dec&iacute;a que las c&aacute;rceles chilenas estaban abarrotadas; que, como en toda la regi&oacute;n, se iban convirtiendo en espacios con importantes d&eacute;ficits democr&aacute;ticos. Me sorprendi&oacute;, sin embargo, que admitiera que le resultaba un tema tan escabroso que prefer&iacute;a pasarle de puntillas; incluso se hab&iacute;a negado con rotundidad a visitar alguno de los centros penitenciarios del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La c&aacute;rcel que en su d&iacute;a pudo suponer una se&ntilde;a de evoluci&oacute;n, en tanto con ella se renunciaba a otras formas de castigo como la tortura f&iacute;sica, el destierro o los trabajos forzados, es una fuente de inequidad social. El engranaje te&oacute;rico sobre el que los estados modernos justificaron la privaci&oacute;n de la libertad, como ser un recurso de soluci&oacute;n de conflictos de car&aacute;cter excepcional&iacute;simo, se estrella contra una pertinaz realidad que no solo contradice el relato normativo sino que, adem&aacute;s, desnuda las incoherencias ideol&oacute;gicas para defender, de un lado, un discurso de inclusi&oacute;n y, del otro, renunciar a la cr&iacute;tica o, peor a&uacute;n, ni siquiera plante&aacute;rsela, a una instituci&oacute;n de dif&iacute;cil encaje democr&aacute;tico. Las &eacute;lites conservadores no tienen por qu&eacute; hacerlo, no lo van a hacer, de inconsistentes no podr&iacute;a acus&aacute;rseles.
    </p><p class="article-text">
        Frente a la normatividad repetida sin pausa por los te&oacute;ricos, encontramos que en todas las sociedades, quienes se alejan de los paradigmas hegem&oacute;nicos, por no disponer de los medios econ&oacute;micos, culturales, simb&oacute;licos y afectivos para evitarlo, corren, permanentemente, el riesgo de convertirse en excluidos. El zoom de esta din&aacute;mica se concreta cuando las desventajas vehiculan la segregaci&oacute;n espacial.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; se esconde el verdadero problema, con la propuesta carcelaria se ha perdido de vista que por m&aacute;s que se aprueben leyes penales con el ofrecimiento de contener la violencia, la corrupci&oacute;n o la inseguridad, al final, quienes mayoritariamente pueblan los centros penales son personas que provienen de los sectores m&aacute;s carenciados.
    </p><p class="article-text">
        Al ser encerrados pasan de enfrentarse a un Estado abandonador a un Estado represor y, en definitiva, a agudizar su situaci&oacute;n de marginalidad por los efectos crimin&oacute;genos y estigmatizadores del encarcelamiento. Junto a pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sociales y de prevenci&oacute;n que favorezcan la movilidad, el desaf&iacute;o &eacute;tico inevitable es oponerse al uso indiscriminado de una instituci&oacute;n que en la praxis alcanza, sobre todo, a los pobres.
    </p><p class="article-text">
        Las agendas progresistas de los grupos pol&iacute;ticos, especialmente aquellos socialdem&oacute;cratas y de la izquierda cl&aacute;sica, deber&iacute;an abogar por la ampliaci&oacute;n y reconocimiento de derechos y por la implementaci&oacute;n de programas redistributivos. Esto implica cuestionar, seriamente, los alcances de mecanismos como la prisi&oacute;n y su impacto en la petrificaci&oacute;n de sociedades desiguales.
    </p><p class="article-text">
        Se ha llegado muy lejos, es momento de cuestionarse con qu&eacute; aspiraciones se aprueban leyes penales, qui&eacute;nes acaban siendo los destinatarios del sistema y cu&aacute;les son las consecuencias. Es eso o seguir lastrando su credibilidad y vitaminando la desafecci&oacute;n y el desencanto. Un reto para sumar a otros y, como otros, tambi&eacute;n un reto may&uacute;sculo: retratarse en todo aquello que los define como alternativa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marco Feoli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/carcel-ideologico-retrato-prision-etica_129_3291981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Jul 2017 18:40:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cárcel como retrato ideológico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Prisiones,Política penitenciaria,Cárceles,Costa Rica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[América Latina: Cárcel y alternativas tardías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/america-latina-carcel-alternativas-tardias_129_3659302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62d848e4-e155-4043-9731-611f1c0798a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="América Latina: Cárcel y alternativas tardías"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Costa Rica, a partir de la década de los 90s se aumentó la pena máxima de prisión –pasó de 25 a 50 años-, se eliminaron algunos beneficios penitenciarios y se endurecieron los montos para los delitos patrimoniales, aquellos asociados, por lo general, a pobreza y marginalidad</p></div><p class="article-text">
        En agosto pasado, la ministra de Justicia de Costa Rica orden&oacute; el cierre de un m&oacute;dulo de la c&aacute;rcel m&aacute;s grande del pa&iacute;s conocido, popularmente, como &ldquo;Las Tumbas&rdquo;. Se trataba del &Aacute;mbito F del centro La Reforma, situado en la provincia de Alajuela, al noroeste de San Jos&eacute; que, por a&ntilde;os, funcion&oacute; como espacio de M&aacute;xima Seguridad. Aunque se construy&oacute; una nueva unidad para los internos de mayor peligrosidad con una arquitectura m&aacute;s moderna, en 2005, &ldquo;Las Tumbas&rdquo; se siguieron utilizando para ubicar a personas privadas de libertad que, por sus caracter&iacute;sticas personales, eran de dif&iacute;cil traslado a otros m&oacute;dulos o a otros centros penales. El caso m&aacute;s dram&aacute;tico que encontramos fue el de Nataly, una mujer transexual para cuyas permanentes agresiones f&iacute;sicas y sexuales, de las que era objeto, en las c&aacute;rceles a las que era llevada, la soluci&oacute;n fue expulsarla casi que de cualquier contacto social, expulsarla como un retorcido pasaje del Medioevo por su identidad sexual. En el &Aacute;mbito F, se estaba en aislamiento permanente, celdas de unos 15 m2 cuadrados, oscuras y con apenas ventilaci&oacute;n; se pod&iacute;a salir fuera solo una hora cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Le decisi&oacute;n fue saludada por la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos y por la Defensor&iacute;a del Pueblo. Sin embargo, los llamados de atenci&oacute;n de instancias nacionales e internacionales, como el del Comit&eacute; contra la Tortura de la ONU, que ped&iacute;an el cierre de &ldquo;Las Tumbas&rdquo; llevaban casi 15 a&ntilde;os. Hubo que esperar tres lustros para que una titular de la instituci&oacute;n que administra el sistema penitenciario tuviera el arrojo y la voluntad pol&iacute;tica de poner t&eacute;rmino a una larga historia de excesos. No fue suficiente ni la jurisprudencia y la unanimidad de los instrumentos jur&iacute;dicos ni las observaciones de los organismos de derechos humanos sobre los grav&iacute;simos efectos que tienen los largos periodos de aislamiento para que las autoridades, salvo la actual ministra de Justicia, dispusieran la clausura de un espacio en franca contradicci&oacute;n con la dignidad de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, uno puede felicitarse porque, al fin, &ldquo;Las Tumbas&rdquo; no existen m&aacute;s y puede, sin mezquindades, reconocer la valent&iacute;a de quien lo orden&oacute;. Sin embargo, persiste un tema de fondo que convierte a los centros penitenciarios de Am&eacute;rica Latina en nuestra realidad m&aacute;s escondida. La regi&oacute;n tiene varias d&eacute;cadas apostando por una instituci&oacute;n probadamente ineficaz, a la que mayoritariamente entran quienes provienen de grupos sociales excluidos y marginados. Los motines, las condiciones degradantes o las escasas posibilidades de inserci&oacute;n social en las prisiones actuales son ideas que desfilan sin pausa entre los discursos pol&iacute;ticos y acad&eacute;micos. Parad&oacute;jicamente, se siguen aprobando normas que ofrecen el encierro como la &uacute;nica soluci&oacute;n para los m&aacute;s variados y desacordes dilemas sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Costa Rica, a partir de la d&eacute;cada de los 90 se aument&oacute; la pena m&aacute;xima de prisi&oacute;n &ndash;pas&oacute; de 25 a 50 a&ntilde;os-, se eliminaron algunos beneficios penitenciarios y se endurecieron los montos para los delitos patrimoniales, aquellos asociados, por lo general, a pobreza y marginalidad. El resultado: la poblaci&oacute;n penitenciaria se triplic&oacute;, pero los &iacute;ndices de violencia se mantienen casi inamovibles. Hemos dise&ntilde;ado, por ejemplo, en materia de narcotr&aacute;fico, leyes rigurosas pensadas para atrapar y sancionar a los l&iacute;deres de las grandes bandas del crimen organizado; pero la realidad se estrella contra nuestras narices, el sistema logra pescar, esencialmente, a adictos vendedores que se ubican en los niveles m&aacute;s bajos de la estructura delincuencial.
    </p><p class="article-text">
        La oferta represiva no es exclusiva de Am&eacute;rica Latina; Estados Unidos alcanz&oacute;, quiz&aacute;s, su punto m&aacute;s alto durante la Administraci&oacute;n Clinton &ndash;con la construcci&oacute;n sin precedentes de c&aacute;rceles privadas, la obligaci&oacute;n de descontar no menos del 85% de la sentencia o la cadena perpetua para reincidentes- desafortunadamente estas pol&iacute;ticas de mano dura fueron replicadas por nuestros pa&iacute;ses. En octubre de 2015, ante el giro dado por el presidente Obama y de cara a su propuesta de reestructurar el sistema criminal norteamericano, el expresidente Clinton reconoci&oacute;, p&uacute;blicamente, que aquellas reformas fueron un error, que dispararon la poblaci&oacute;n penal y agudizaron las desigualdades sociales.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra regi&oacute;n tiene tasas de encierro que duplican a las europeas (www.prisonstudies.org). Algo debe cambiar. Quien infrinja las normas de convivencia debe asumir una responsabilidad por ello. Sin embargo, si la prisi&oacute;n es costosa y su uso en un Estado Constitucional y Democr&aacute;tico de Derecho, seg&uacute;n los textos normativos y la jurisprudencia nacional e internacional, debe ser excepcional, es necesario avanzar en la conceptualizaci&oacute;n de sanciones distintas a la prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 1965, en el 3&deg; Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevenci&oacute;n del Delito y Tratamiento del Delincuente, realizado en Estocolmo, se alent&oacute; a los estados a promover medidas sancionatorias como los trabajos de servicio a la comunidad. A partir de all&iacute;, en diversos encuentros (Jap&oacute;n 1970, Suiza 1975, Caracas 1980, La Habana 1990, El Cairo 1995, Viena 2000 y Salvador-Brasil 2010) se ha insistido en este tema.
    </p><p class="article-text">
        Es alucinante, hace medio siglo se habla de la necesidad de impulsar otro tipo de respuestas al crimen, sobre todo al crimen que puebla nuestras c&aacute;rceles, ligado a miseria y vulnerabilidad, pese a ello, su recepci&oacute;n en los ordenamientos jur&iacute;dicos latinoamericanos contin&uacute;a siendo todav&iacute;a incipiente. Algunos pa&iacute;ses, como Costa Rica, Chile o Per&uacute; las han incorporado, pero, de nuevo, sus alcances son restringidos. En el caso costarricense, fue presentada una iniciativa de ley para ampliar las penas de utilidad p&uacute;blica y servicio a la comunidad que, actualmente, se discute en el Congreso. Seg&uacute;n nuestros c&aacute;lculos, unas 2 mil personas podr&iacute;an verse beneficiadas. En Europa, por contra, cerca de 38 pa&iacute;ses contemplan dentro de sus legislaciones las penas de utilidad p&uacute;blica con altas tasas de &eacute;xito y menores niveles de reincidencia.
    </p><p class="article-text">
        En 1989, Manuela Carmena, entonces jueza de vigilancia penitenciaria, afirmaba en una entrevista que una de las grandes conquistas intelectuales del siglo XX es el convencimiento de que la prisi&oacute;n es in&uacute;til. Quisiera pensar que el reto para el siglo XXI con las generaciones que deber&aacute;n juzgarnos en el futuro, especialmente en Am&eacute;rica Latina, sea haber transformado nuestros modelos carcelarios. Nunca como ahora el momento es el propicio para generar esta articulaci&oacute;n, no para que la c&aacute;rcel desaparezca, como afirman algunas voces atrapadas en sus tradiciones at&aacute;vicas y en su al&eacute;rgica resistencia a la evidencia emp&iacute;rica, pero s&iacute; para que las consecuencias del quebranto a las normas no sea &uacute;nicamente el encierro. Las penas de servicio a la comunidad son una salida quiz&aacute;s tard&iacute;a, pero a&uacute;n necesaria. La crisis del sistema penitenciario nos abre la oportunidad de dar el salto cualitativo hacia una revisi&oacute;n profunda de las pol&iacute;ticas penales y de sus respuestas. La c&aacute;rcel ha supuesto una dura derrota para la humanidad, no podemos dejar que a nosotros nos venza tambi&eacute;n. Tenemos oportunidades y experiencias valiosas para pensar que eso es posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marco Feoli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/america-latina-carcel-alternativas-tardias_129_3659302.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Jan 2017 18:14:27 +0000]]></pubDate>
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