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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Álvarez de Sotomayor]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_alvarez_de_sotomayor/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Álvarez de Sotomayor]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los deberes y las desigualdades de clase]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/deberes-desigualdades-clase_132_3655089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Según PISA 2015, los estudiantes de origen social desaventajado tienen en España una probabilidad once veces mayor de repetir que los de origen aventajado</p><p class="subtitle">Los datos apuntan a que el margen de acción que se tiene desde dentro de los centros para combatir desigualdades socioeconómicas es muy limitado</p></div><p class="article-text">
        Tras dos semanas de merecido descanso navide&ntilde;o, llega la &ldquo;vuelta al cole&rdquo; para alumnado, docentes, madres y padres de toda Espa&ntilde;a. Y con el colegio o el instituto vuelven tambi&eacute;n los deberes, convertidos en el tema educativo estrella del reci&eacute;n acabado 2016. Sin m&aacute;s &aacute;nimo que el de contribuir al debate p&uacute;blico sobre esta cuesti&oacute;n, comparto a continuaci&oacute;n un argumento que, si bien no del todo ausente, s&iacute; que percibo algo escondido. Sobre todo, en comparaci&oacute;n con el eco alcanzado por otros como el relativo a los problemas que los deberes generan en t&eacute;rminos de ansiedad en los ni&ntilde;os, su derecho al tiempo libre, o el que apunta a su incidencia negativa sobre el clima familiar.
    </p><p class="article-text">
        Una de las regularidades m&aacute;s sostenidas por la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica en el &aacute;mbito educativo es aquella que muestra la vinculaci&oacute;n entre, por un lado, el origen (o clase) social del alumnado y, por otro, el rendimiento y el logro acad&eacute;mico obtenido. Perm&iacute;tanme acudir a algunos datos del &uacute;ltimo PISA para ilustrar, una vez m&aacute;s, dicha regularidad.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n PISA 2015, en Espa&ntilde;a los estudiantes de origen social desaventajado (definidos en este estudio como aquellos que se sit&uacute;an en el cuartil inferior en el &iacute;ndice de estatus econ&oacute;mico, social y cultural empleado) tienen una probabilidad pr&aacute;cticamente <a href="http://dx.doi.org/10.1787/888933432777" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tres veces mayor</a> que los de origen social no desaventajado de obtener un nivel bajo en sus resultados en la prueba de ciencias (menos del &ldquo;nivel 2&rdquo; de los siete establecidos por PISA). Y si hablamos de repetir curso, quienes provienen de un origen social desaventajado tienen en nuestro pa&iacute;s una probabilidad <a href="http://dx.doi.org/10.1787/888933432839" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">once veces mayor</a> de hacerlo que los de origen aventajado (aquellos que se sit&uacute;an en el cuartil superior del &iacute;ndice ya mencionado).
    </p><p class="article-text">
        Esta mayor probabilidad desciende, pero contin&uacute;a siendo muy alta (seis veces superior) cuando se controlan estad&iacute;sticamente las diferencias de rendimiento en ciencias y en lectura.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, cuando se mide el efecto de las escuelas sobre las diferencias en el rendimiento de los alumnos, tanto los datos de PISA, como los acumulados por <a href="http://dx.doi.org/10.17583/rise.2016.2104" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios similares</a> desde hace ya cinco d&eacute;cadas, nos muestran que la influencia de variables relacionadas con las diferentes caracter&iacute;sticas de los centros de ense&ntilde;anza es reducida. Adem&aacute;s, la caracter&iacute;stica escolar que se descubre como m&aacute;s influyente en el rendimiento diferencial de las personas es de nuevo de tipo socioecon&oacute;mico: la composici&oacute;n del alumnado en cuanto a su origen social. 
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, los datos evidencian desde hace d&eacute;cadas que el origen socioecon&oacute;mico del alumno es, de todos los factores sociales, el que m&aacute;s condiciona su rendimiento y logro educativo, y que el efecto de las variables escolares es relativamente peque&ntilde;o a la hora de explicar los desiguales resultados acad&eacute;micos de los alumnos.
    </p><p class="article-text">
        Si esto es as&iacute; &mdash;y no podemos obviar que, pese a la gran acumulaci&oacute;n de evidencia emp&iacute;rica, hay <a href="https://ojs.uv.es/index.php/RASE/article/view/8400" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autores que critican</a> algunos de estos resultados por razones metodol&oacute;gicas&mdash; es f&aacute;cil entender que el margen de acci&oacute;n de los centros para combatir desigualdades que trascienden los l&iacute;mites de su entorno es muy limitado. Y si no hablamos de centros, sino de docentes individuales, el margen es a&uacute;n menor.
    </p><p class="article-text">
        Pero he aqu&iacute; que el debate educativo del momento permite poner el foco sobre uno de esos pocos espacios en los que maestras y maestros, profesoras y profesores, s&iacute; que pueden coadyuvar a incrementar o disminuir este efecto del origen social, por reducida que, en t&eacute;rminos globales, pudiera resultar su incidencia. A la luz de los datos ya comentados la l&oacute;gica es evidente: cuanta m&aacute;s aprendizaje dejen los docentes, los centros y los modelos de organizaci&oacute;n escolar para su desarrollo en casa, m&aacute;s contribuir&aacute;n a priori a que el efecto de la familia sea potencialmente mayor y, con ello, a las desigualdades educativas por raz&oacute;n de origen social. Y esto se debe, fundamentalmente, a dos motivos f&aacute;cilmente identificables: (1) los padres con mayor nivel de estudios pueden ayudar en mayor medida y hasta etapas educativas m&aacute;s avanzadas en los deberes y estudios de sus hijos; y (2) los hogares con m&aacute;s recursos econ&oacute;micos tendr&aacute;n m&aacute;s facilidades para disponer de recursos educativos, as&iacute; como para permitirse acudir a academias o a clases particulares.
    </p><p class="article-text">
        En tiempos en los que crecen notablemente las desigualdades socioecon&oacute;micas en Espa&ntilde;a, con las implicaciones que esto puede acarrear sobre las desigualdades acad&eacute;micas entre los ciudadanos, pensar en clave de equidad cuando se debate sobre educaci&oacute;n quiz&aacute;s se hace todav&iacute;a m&aacute;s necesario. La cuesti&oacute;n de los deberes no es, como se ha visto, ajena a este tipo de reflexi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Álvarez de Sotomayor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/deberes-desigualdades-clase_132_3655089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Jan 2017 18:48:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los deberes y las desigualdades de clase]]></media:title>
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