<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Agnese Marra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/agnese_marra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Agnese Marra]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/515009/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Así se organizan los jóvenes de una peligrosa favela de Río contra la violencia policial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/movil-brasil-pueblo-guerra-favelas_1_3621320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/182fbcc6-ba18-4921-8252-e2813a390ba3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así se organizan los jóvenes de una peligrosa favela de Río contra la violencia policial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El colectivo Papo Reto utiliza sus móviles y cámaras para denunciar la violencia policial en la favela del Alemán, en Río de Janeiro</p><p class="subtitle">"Soy muy consciente de que aquí puedo morir en cualquier momento. Algún día me puede llegar ese disparo", denuncia Renata, una de sus habitantes</p></div><p class="article-text">
        A la una de la tarde, el sol pega fuerte en la ladera del Complejo del Alem&aacute;n. Unas r&aacute;fagas de viento que auguran una de esas tormentas r&aacute;pidas alivian el calor pegajoso de R&iacute;o de Janeiro. Todo parece tranquilo a pocos metros de esta favela, conocida por ser una de las m&aacute;s peligrosas de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Renata Trajano recoge a los periodistas en coche para subir hasta su casa. &ldquo;No le aconsejo a nadie que venga solo&rdquo;, advierte. El viaje dura unos diez minutos de subida por las retorcidas y empinadas calles de la comunidad. El due&ntilde;o del auto, un amigo suyo, en su tiempo libre sube a los vecinos y amigos por un m&oacute;dico precio. 
    </p><p class="article-text">
        En los tejados que est&aacute;n pegados a la casa de Renata se ve a un grupo de ni&ntilde;os que juega con cometas. Un poco m&aacute;s abajo, la due&ntilde;a de una tienda de ultramarinos sale a vender unas latas de <em>guaran&aacute;</em> a unos chavales que matan el tiempo sentados en una moto. Nada parece indicar que en las &uacute;ltimas 48 horas estos vecinos se hab&iacute;an quedado&nbsp;encerrados en sus casas a la espera de que acabara un tiroteo continuado entre polic&iacute;as y narcos. Renata da una pista y ense&ntilde;a una marca de bala en una de las columnas de ladrillo que sostienen su terraza: &ldquo;Esa no fue de ayer, ya tiene a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta mujer de 36 a&ntilde;os, profesora de ense&ntilde;anza b&aacute;sica en paro, es una de los ocho componentes del <a href="https://100ko.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colectivo Papo Reto</a>&nbsp;(en la jerga carioca quiere decir &ldquo;hablar sin pelos en la lengua&rdquo;). Este grupo de j&oacute;venes nacidos en el Alem&aacute;n utilizan sus m&oacute;viles y c&aacute;maras para proteger a los vecinos y denunciar la violencia policial. Los medios tradicionales no les escuchaban y decidieron ser ellos los que dar&iacute;an las noticias.
    </p><h3 class="article-text">La paz que no llega a las favelas</h3><p class="article-text">
        En 2010 el Gobierno de R&iacute;o de Janeiro dio inicio a sus pol&iacute;ticas de pacificaci&oacute;n de favelas. Faltaban seis a&ntilde;os para los Juegos Ol&iacute;mpicos y no quer&iacute;an ning&uacute;n problema. La ciudad carioca no es como otras urbes brasile&ntilde;as, donde las villas miserias crecen en los m&aacute;rgenes. En R&iacute;o de Janeiro las favelas est&aacute;n dentro de la ciudad. Ricos y pobres, codo con codo. 
    </p><p class="article-text">
        El secretario de Seguridad de la &eacute;poca, Jos&eacute; Beltrame, se propuso implantar las Unidades de Polic&iacute;a Pacificadora (UPP) en las comunidades en las que antes nadie se atrev&iacute;a entrar. El Alem&aacute;n era una de ellas, una favela de 200.000 habitantes con trece barrios que se reparten por las laderas de un gran morro. Desde la terraza de Renata las vistas son espectaculares. Al fondo se ve el estadio de atletismo en el que meses antes compiti&oacute;&nbsp;Usain Bolt.
    </p><p class="article-text">
        La paz nunca lleg&oacute; al Alem&aacute;n, quiz&aacute; porque para intentar instalarla usaron la represi&oacute;n policial. Fue a finales de 2010 cuando el Batall&oacute;n de Operaciones Especiales (BOPE) y las Fuerzas Armadas decidieron echar a tiros a los narcotraficantes. El&nbsp;ataque dur&oacute; horas y se retransmiti&oacute; en directo en televisi&oacute;n, con escenas al m&aacute;s puro estilo de <em>Apocalypse Now</em>. Encarcelaron a algunos de los peces gordos del <em>morro</em>, e instalaron la UPP que, en teor&iacute;a, funcionar&iacute;a para proteger a los vecinos. En la pr&aacute;ctica sucedi&oacute; todo lo contrario. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hace a&ntilde;os que vivimos en guerra, uno se acostumbra a la violencia&rdquo;, dice con cansancio y con el escepticismo de alguien que ya ha visto muchas cosas. Renata es una mujer tan seria que parece desconfiada, solo se r&iacute;e cuando critica a Neymar &ldquo;por caerse tanto&rdquo;, y se anima cuando presume del Flamengo, su equipo del alma: &ldquo;No pod&iacute;a ser otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Renata explica que los tiroteos pueden ser semanales, pero que durante largas temporadas han sido diarios. Su m&oacute;vil, del que m&aacute;s tarde dir&aacute; que es su &ldquo;fusil&rdquo;, tiene grabados&nbsp;decenas de audios con lluvias de disparos. Reproduce&nbsp;uno.&nbsp;Tambi&eacute;n hay v&iacute;deos, como el de aquel d&iacute;a en que tuvo que quedarse horas en una tienda porque los polic&iacute;as hab&iacute;an comenzado un nuevo tiroteo en esa misma calle.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los disparos le pillan en casa, dependiendo de la cercan&iacute;a de los tiros, se tumba en el suelo para no arriesgarse a que le d&eacute;&nbsp;una bala perdida. Esa es la forma m&aacute;s f&aacute;cil de morir en una favela de R&iacute;o de Janeiro, pero tambi&eacute;n en el pa&iacute;s en el que cada 23 minutos se asesina a un joven negro. Renata es joven y negra, y lo tiene muy claro: &ldquo;Soy muy consciente de que aqu&iacute; puedo morir en cualquier momento. Alg&uacute;n d&iacute;a me puede llegar ese disparo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El m&oacute;vil como arma</h3><p class="article-text">
        En 2011 el Estado&nbsp;ofreci&oacute; al&nbsp;Complejo del Alem&aacute;n&nbsp;un telef&eacute;rico que facilitaba a los trabajadores el acceso a las partes altas de la favela. La&nbsp;obra cost&oacute; 90 millones de euros y, dos meses despu&eacute;s de acabar los Juegos Ol&iacute;mpicos, dej&oacute; de funcionar porque el Estado no pod&iacute;a pagar su mantenimiento: &ldquo;Nosotros pedimos escuelas, que nos construyan centros de salud, que tengamos condiciones m&iacute;nimas de salubridad en el barrio, pero ellos s&oacute;lo nos ponen polic&iacute;a y ese telef&eacute;rico pensado para turistas. Para nosotros, siempre fue in&uacute;til&rdquo;, reclama Renata. 
    </p><p class="article-text">
        La violencia permanente y el abandono del Estado estallaron en 2013, despu&eacute;s de semanas de lluvias intensas que dejaron a m&aacute;s de 200 vecinos sin casa. &ldquo;Nadie nos ayudaba, ni siquiera mandaban comida. Tuvimos que organizarnos entre nosotros para realojar a los que hab&iacute;an perdido sus casas&rdquo;. Fue el <em>click</em> que necesitaban estos ocho j&oacute;venes, todos involucrados en derechos humanos desde hac&iacute;a tiempo, para decidirse a crear Papo Reto. 
    </p><p class="article-text">
        Son cuatro hombres y cuatro mujeres vinculados a las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n que se dieron cuenta de que la &uacute;nica forma de protegerse era cuidando los unos de los otros: &ldquo;El Estado viola permanentemente nuestros derechos m&aacute;s b&aacute;sicos, no podemos contar con ellos&rdquo;. Papo Reto puso en marcha una web, un blog, una cuenta en Facebook y un grupo de WhatsApp. 
    </p><p class="article-text">
        El m&oacute;vil es su arma. Con &eacute;l se dedican a documentar los casos de violencia que denuncian los vecinos, los cuelgan en sus redes y, de vez en cuando, los medios tradicionales publican su material. &ldquo;Los periodistas no se atreven a venir por aqu&iacute; y a las televisiones no les interesa contar nuestros muertos&rdquo;, dice Trajano. 
    </p><p class="article-text">
        El grupo de WhatsApp (con 257 inscritos) funciona para alertar sobre las zonas de riesgo: &ldquo;Es una favela enorme y puede haber un tiroteo en una zona pero en otra no, entonces indicamos cu&aacute;l puede ser el mejor camino o d&oacute;nde puede haber polic&iacute;a&rdquo;.&nbsp;Esa &uacute;ltima opci&oacute;n se entiende como un peligro. 
    </p><h3 class="article-text">Eduardo Jes&uacute;s: el Aylan del Complejo del Alem&aacute;n</h3><p class="article-text">
        Renata no se olvida de la foto que enviaron&nbsp;al grupo de WhatsApp el 2 de abril de 2015. &ldquo;No quer&iacute;a mirarla, me negaba a que fuera cierto&rdquo;. Primero les lleg&oacute; un mensaje escrito que anunciaba que <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/disparado-policia-militar-vivir-favela_0_455305393.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el hijo de Terezinha hab&iacute;a muerto: Eduardo Jes&uacute;s, de diez a&ntilde;os,</a>&nbsp;con un disparo en la cabeza en la puerta de su casa. Una de esas balas perdidas de un&nbsp;fusil 7.62. &ldquo;No quer&iacute;a creerlo, pero al ver la foto sal&iacute; corriendo para all&aacute;&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e21ebc09-61b2-45c4-af01-c0b4916cd43f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los chicos de Papo Reto fueron los primeros en llegar al lugar. Los vecinos se amontonaban alrededor del cuerpo. La madre del ni&ntilde;o gritaba desesperada a los polic&iacute;as que hab&iacute;an disparado el tiro de gracia. 
    </p><p class="article-text">
        Renata, la mediadora de conflictos dentro del colectivo, tuvo que poner en pr&aacute;ctica m&aacute;s que nunca se experiencia: &ldquo;Los vecinos estaban enloquecidos, quer&iacute;an salir a quemar autobuses para demostrar su indignaci&oacute;n. Tuve que calmarles porque si hac&iacute;an eso, iba a ser peor, nos iban a culpar a nosotros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La otra preocupaci&oacute;n de Renata era que la polic&iacute;a no alterara la escena del crimen, una pr&aacute;ctica habitual denunciada por Amnist&iacute;a Internacional y Human Rights Watch. Papo Reto sac&oacute; fotos de todo para que en un futuro juicio no fuera la palabra de los vecinos contra la de la polic&iacute;a: &ldquo;Necesit&aacute;bamos pruebas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los polic&iacute;as llegaron horas despu&eacute;s. Durante horas el cuerpo de Eduardo Jes&uacute;s qued&oacute; tirado en la puerta de su casa: &ldquo;Fue uno de los d&iacute;as m&aacute;s dif&iacute;ciles de mi vida. Defender los derechos humanos no es salir con una pancarta a protestar, sino estar al lado de una madre que llora la muerte de su hijo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Eduardo Jes&uacute;s fue un antes y un despu&eacute;s para Papo Reto, para bien y para mal. &ldquo;Somos los m&aacute;s famosos de la favela&rdquo;, bromea Renata en uno de esos pocos momentos en los que suelta una gran sonrisa. Los vecinos los adoran porque se sienten protegidos, pero la Polic&iacute;a se la tiene jurada. Reciben constantes amenazas, la frase m&aacute;s repetida es esa de &ldquo;la pr&oacute;xima bala perdida te puede tocar a ti&rdquo;. Por eso los ocho siempre comunican al grupo d&oacute;nde est&aacute;n y cu&aacute;ndo vuelven a casa: &ldquo;Si alguno tarda mucho en responder, nos volvemos locos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde 2015, la ONG Witness, fundada por el cantante Peter Gabriel, les subvenciona con <em>smartphones</em> de &uacute;ltima generaci&oacute;n para poder cumplir su trabajo. Witness se encarga desde hace 23 a&ntilde;os de ayudar a grupos de activistas que est&aacute;n en zonas de conflicto a utilizar con seguridad m&oacute;viles y otras herramientas de v&iacute;deo para denunciar violaciones de derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
         Papo Reto fue uno de los premiados por Witness a finales de 2015 y algunos miembros del colectivo fueron invitados a universidades de M&eacute;xico, Colombia y Estados Unidos para contar c&oacute;mo es su trabajo. En el &uacute;ltimo a&ntilde;o est&aacute;n ayudando a implantar su modo de trabajo en otras favelas de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Papo Reto no gana ning&uacute;n dinero. La mayor&iacute;a de sus componentes tiene otros trabajos relacionados con comunicaci&oacute;n y ninguno de ellos se plantea dejar el Alem&aacute;n. Renata vive con su hija de 17 a&ntilde;os y con su madre de 77, lleva toda la vida en su casa con vistas, en la parte alta de la favela: &ldquo;Mi vida est&aacute; aqu&iacute;, mi pueblo est&aacute; aqu&iacute;. Nos levantamos con tiros y nos dormimos con tiros, pero mi patria es el Alem&aacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La madre de Eduardo Jes&uacute;s, Terezinha, s&iacute; abandon&oacute; esta favela meses despu&eacute;s de la muerte de su hijo. Regres&oacute; a Piau&iacute; &ndash;en el norte del pa&iacute;s&ndash; con sus dos hijas, su nieto y su yerno. El padre, se qued&oacute; un tiempo m&aacute;s para seguir la denuncia que el Ministerio P&uacute;blico de R&iacute;o de Janeiro interpuso contra los polic&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Hace dos meses el Tribunal de Justicia anunci&oacute; que archivaba el caso por considerar que la Polic&iacute;a actu&oacute; en &ldquo;leg&iacute;tima defensa&rdquo;. El pasado s&aacute;bado, otra ni&ntilde;a de dos a&ntilde;os muri&oacute; por una bala perdida cuando jugaba en la puerta de un restaurante de R&iacute;o de Janeiro. Sucedi&oacute; en la zona norte, a pocos metros del Complejo del Alem&aacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnese Marra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/movil-brasil-pueblo-guerra-favelas_1_3621320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Jan 2017 19:29:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/182fbcc6-ba18-4921-8252-e2813a390ba3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7085672" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/182fbcc6-ba18-4921-8252-e2813a390ba3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7085672" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Así se organizan los jóvenes de una peligrosa favela de Río contra la violencia policial]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/182fbcc6-ba18-4921-8252-e2813a390ba3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Favelas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las bandas de narcos se hacen con el control de las prisiones brasileñas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/hacinamiento-prisiones-brasil_1_3635831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8018112-62f8-45a2-8683-2da25ea6681b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las bandas de narcos se hacen con el control de las prisiones brasileñas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La guerra entre dos bandas de narcotraficantes provoca una ola de asesinatos en varias cárceles de Brasil</p><p class="subtitle">En sólo quince días han fallecido de forma violenta un tercio de los presos que murieron en todo 2016 en Brasil</p><p class="subtitle">Las cárceles brasileñas tienen una tasa de ocupación del 161%</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El olor de todos los presidios es una mezcla nauseabunda de heces, orina, ca&ntilde;er&iacute;a, sudor, enfermedades de piel, cuerpos sucios y comida pasada. (&hellip;) Pero para los presos lo peor es la tortura, la falta de expectativas y la posibilidad concreta de poder morir en cualquier momento&rdquo;, dec&iacute;a el juez de Derecho de Bah&iacute;a, Gerivaldo Neiva, en un art&iacute;culo reciente de la revista jur&iacute;dica Justificando.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas formas de morir en una c&aacute;rcel brasile&ntilde;a. Puede ser por&nbsp;inanici&oacute;n, por falta de medicamentos, por infecciones, y una de las m&aacute;s habituales: asesinado. En las primeras dos semanas del a&ntilde;o se han batido todos los r&eacute;cords para esta &uacute;ltima opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un total de 123 presos de diversas c&aacute;rceles del pa&iacute;s fueron degollados y descuartizados, dentro de una guerra que comenz&oacute; el pasado oto&ntilde;o entre las dos facciones criminales m&aacute;s importantes del pa&iacute;s: el Primer Comando de la Capital (PCC) con base en S&atilde;o Paulo, y Comando Vermelho (CV) con base en Rio de Janeiro. Ambas diseminadas por todo Brasil.
    </p><p class="article-text">
        La primera gran matanza fue el 1 de enero en el Complejo Penitenciario An&iacute;sio Jobim (Compaj) de Manaos (Amazonas). Despu&eacute;s de 17&nbsp;horas de violencia murieron 56 presos. A los cinco d&iacute;as la misma escena se repiti&oacute; en la penitenciar&iacute;a agr&iacute;cola de Monte Cristo (Roraima) en la que murieron 33 reclusos. Dos d&iacute;as despu&eacute;s en otra c&aacute;rcel de Manaos, reci&eacute;n reabierta para trasladar a parte de los sobrevivientes de la matanza del Compaj, mataron a cinco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pasado viernes, un preso asfixiado y otro degollado fallecieron en la prisi&oacute;n de Tup&iacute; Paulista de S&atilde;o Paulo. Este s&aacute;bado un mot&iacute;n en la c&aacute;rcel estatal de Alaca&ccedil;uz en Rio Grande del Norte acab&oacute; con la vida de otros 27. En 15&nbsp;d&iacute;as han muerto un tercio de los presos que murieron en todo 2016, que daba una media de un recluso por d&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e6bbc15a-e253-4055-ac18-cd8e7daf890e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Seg&uacute;n diversos expertos, la guerra entre facciones es solo la punta del iceberg del sistema penitenciario brasile&ntilde;o, que seg&uacute;n el presidente de Jueces para la Democracia de Brasil, Andr&eacute; Bezerra, est&aacute; &ldquo;completamente abandonado por el Estado&rdquo;. C&aacute;rceles superpobladas, en ruinas, sin sistema de alcantarillado, con letrinas improvisadas dentro de las propias celdas donde pueden llegar a dormir hasta cincuenta personas en cuatro metros cuadrados.
    </p><h3 class="article-text">Hacinamiento en las prisiones, factor clave</h3><p class="article-text">
        Brasil es el cuarto pa&iacute;s con m&aacute;s poblaci&oacute;n carcelaria del mundo, 662.202 presos, seg&uacute;n datos del Ministerio de Justicia de 2015. S&oacute;lo est&aacute; por detr&aacute;s de Rusia (644.237), China (1.657.812) y Estados Unidos (2.217.000). Pero el International Centre for Prision Studies&nbsp;recuerda que los brasile&ntilde;os lideran el ranking mundial de hacinamiento de presos entre las naciones con m&aacute;s poblaci&oacute;n reclusa.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos del Sistema Integrado de Informaci&oacute;n Penitenciaria, en 2014 Brasil dispon&iacute;a de 376.669 plazas para 607.731 presos, lo que supone una tasa de ocupaci&oacute;n del 161%. La c&aacute;rcel donde ocurri&oacute; la masacre de Manaos ten&iacute;a capacidad para 454 presos pero estaba ocupada por 1.224, tres veces m&aacute;s de lo permitido. En Roraima la ocupaci&oacute;n duplicaba su capacidad.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de una pol&iacute;tica judicial punitiva que apuesta por detenciones masivas, la superpoblaci&oacute;n de las c&aacute;rceles tambi&eacute;n tiene que ver con las variadas interpretaciones que hacen las fuerzas del orden de la Ley de Drogas que implant&oacute; el expresidente Lula en 2006.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de un tercio de los presos cumplen su pena por tr&aacute;fico de drogas, y seg&uacute;n el International Drug Policy Consortium, desde que se sancion&oacute; esta ley el n&uacute;mero de presos aument&oacute; de 31.000 a 164.000, casi un 520% m&aacute;s en ocho a&ntilde;os (datos de 2014).
    </p><h3 class="article-text">La indefinici&oacute;n de las&nbsp;leyes contra el narcotr&aacute;fico</h3><p class="article-text">
        Un informe publicado esta semana por Human Rights Watch (HRW) mantiene la misma teor&iacute;a y se&ntilde;ala la paradoja de ser una ley que se cre&oacute; con el fin de no castigar a los usuarios de drogas del mismo modo que a los traficantes: &ldquo;Aunque esta ley ofrece penas alternativas a la prisi&oacute;n para los usuarios, el problema es que es muy vaga a la hora de diferenciarlos de los traficantes. La decisi&oacute;n queda en manos de la polic&iacute;a y sus criterios subjetivos&rdquo;, dice el informe de HRW.
    </p><p class="article-text">
        Esta indefinici&oacute;n de la norma provoca que haya personas presas por llevar encima 1,5 gramos de marihuana, con penas de hasta cuatro a&ntilde;os y dos meses de c&aacute;rcel, como fue el caso de un joven de S&atilde;o Paulo. Seg&uacute;n un trabajo de la investigadora Juliana Carlos, de la Universidad de Essex, si la ley brasile&ntilde;a se basara en el criterio de la ley espa&ntilde;ola, al menos un 69% de los presos brasile&ntilde;os por tr&aacute;fico de marihuana estar&iacute;an libres.
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas de privatizaci&oacute;n de los presidios y de gestiones semi-privadas aparecen como otro de los motivos del aumento de presos en las penitenciar&iacute;as. En una carta al ministro de Justicia, el padre Frei Betto lo denunciaba hace dos semanas: &ldquo;La empresa recibe del Estado seg&uacute;n el n&uacute;mero de detenidos que administre. Cuantos m&aacute;s haya, tambi&eacute;n hay m&aacute;s lucro&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Son dep&oacute;sitos de pobres, nada m&aacute;s que eso&rdquo;</h3><p class="article-text">
        No hay horarios, ni actividades de ocio, apenas atenci&oacute;n m&eacute;dica y nada de asistencia social, reconoce el juez sustituto de Ejecuci&oacute;n Penal de Roraima, Marcelo Lima de Oliveira. &ldquo;Son dep&oacute;sitos de gente, de pobres, nada m&aacute;s que eso&rdquo;, sentencia el magistrado para hablar de las c&aacute;rceles de Roraima.
    </p><p class="article-text">
        Mientras cada a&ntilde;o aumenta el n&uacute;mero de presos, los jueces y defensores p&uacute;blicos del sistema penitenciario son los mismos. Hasta el mes de diciembre en el Estado del Amazonas hab&iacute;a un &uacute;nico defensor p&uacute;blico para 12.900 procesos. El juez de Ejecuci&oacute;n Penal (encargado de revisar las penas, pasar los presos del r&eacute;gimen cerrado al abierto y firmar su libertad) tambi&eacute;n del Amazonas, Luis Carlos Valois, se encarga de 14.000 procesos.
    </p><p class="article-text">
        La falta de funcionarios a cargo es la causa principal de que el 41% de los presos brasile&ntilde;os sean provisionales, es decir, que todav&iacute;a est&eacute;n a la espera de ser juzgados porque ni siquiera han sido condenados en primera instancia. Esa cifra en el Amazonas alcanza el 57%.
    </p><p class="article-text">
        La demora en atender los procesos tambi&eacute;n provoca que presos que ya deber&iacute;an estar liberados, sigan encerrados durante meses o incluso a&ntilde;os. Uno de los supervivientes de la masacre de Manaos llevaba siete a&ntilde;os cumpliendo pena, cuando ten&iacute;a que haber salido hac&iacute;a dos.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Hay muchas c&aacute;rceles donde los agentes ni se acercan&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Sin amparo judicial y estatal, los reclusos acuden a las bandas&nbsp;que controlan las prisiones. &ldquo;En la c&aacute;rcel hay tres poderes: la polic&iacute;a, los presos y las sociedad, y te aseguro que no son los agentes penitenciarios los que miran a los presos, son los reclusos los que vigilan a los agentes&rdquo;, explica a eldiario.es, Greg Andrade, un abogado criminalista que estuvo preso durante 16 a&ntilde;os en m&aacute;s de quince presidios de Minas Gerais.
    </p><p class="article-text">
        El juez Valois lo confirma: &ldquo;Hay muchas c&aacute;rceles en Brasil donde las fuerzas del orden ni siquiera entran, las llaves de las celdas las tienen los presos, y los agentes penitenciarios ni se acercan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Greg Andrade reconoce que las bandas&nbsp;son las que dominan las prisiones, las que ejercen el control y las que deciden qui&eacute;n muere o no. Tambi&eacute;n son las que protegen a los familiares de los presos, a quienes les pagan los viajes para poder acudir a las visitas, especialmente cuando viven en ciudades lejanas. Son las que organizan fiestas en el D&iacute;a del Ni&ntilde;o o en el D&iacute;a de la Madre, las que evitan que haya robos o violaciones, pero tambi&eacute;n las que los provocan.
    </p><p class="article-text">
        Por todos esos v&iacute;nculos, Andrade dice que &ldquo;el brasile&ntilde;o se hace verdaderamente delincuente despu&eacute;s de pasar por una c&aacute;rcel del pa&iacute;s&rdquo;. Lo mismo opina el periodista Denis R. Buergierman, especializado en pol&iacute;tica de drogas: &ldquo;Cuanto m&aacute;s gente lleven presa, m&aacute;s poder dar&aacute;n al PCC y al CV. El sistema de presiones de Brasil es la mejor universidad para formar trabajadores del crimen organizado que se dediquen al negocio de las drogas, uno de los m&aacute;s lucrativos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Como una empresa capitalista m&aacute;s&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El Comando Vermelho (CV) fue la primera organizaci&oacute;n&nbsp;de crimen organizado brasile&ntilde;a que naci&oacute; en la c&aacute;rcel y comenz&oacute; a crecer dentro de ella para despu&eacute;s expandirse por las favelas. Surgi&oacute; en R&iacute;o de Janeiro en los a&ntilde;os setenta, en plena dictadura, y naci&oacute; como un movimiento de presos que se un&iacute;a para reivindicar sus derechos. Pronto se dedicaron al tr&aacute;fico de drogas.
    </p><p class="article-text">
        El Primer Comando de la Capital (PCC) hizo su presentaci&oacute;n oficial en 2001, en la c&aacute;rcel de Carandir&uacute; de S&atilde;o Paulo. En esta misma prisi&oacute;n se hab&iacute;a producido en 1992 la mayor matanza en un presidio del pa&iacute;s, con 111 presos asesinados por la Polic&iacute;a Militar. A partir de esta masacre los reclusos paulistas comenzaron a unirse para &ldquo;defenderse de la opresi&oacute;n del Estado&rdquo;, como dice uno de los esl&oacute;ganes del PCC.
    </p><p class="article-text">
        Esta facci&oacute;n se hizo fuerte a trav&eacute;s de asesinatos (fueron los primeros que empezaron a ejecutar con decapitaciones) para generar miedo y que la poblaci&oacute;n carcelaria se uniera a ellos y abandonara a las peque&ntilde;as bandas. Entrados los 2000 el PCC ya era el mayor grupo de crimen organizado del pa&iacute;s y hab&iacute;a llegado a un pacto de no agresi&oacute;n con CV, cada uno tendr&iacute;a sus territorios e incluso se ayudar&iacute;an si hiciera falta. A partir de entonces comenz&oacute; la &eacute;poca con menos muertes en los presidios del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pasado oto&ntilde;o ambas facciones se declararon la guerra, despu&eacute;s de que el PCC supuestamente asesinara a un narcotraficante paraguayo que distribu&iacute;a drogas tanto a ellos como a CV.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los expertos, ese habr&iacute;a sido el detonante, pero el verdadero motivo tendr&iacute;a que ver con el control de las fronteras del norte del pa&iacute;s para adue&ntilde;arse de la coca&iacute;na de Per&uacute; y Colombia. Hasta el momento el CV junto a la Familia del Norte (FDN) controlaban esas fronteras, y ahora los paulistas quieren&nbsp;hacerse con ellas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El PCC funciona como una empresa capitalista m&aacute;s, quiere expandirse, tener m&aacute;s lucro y ser cada vez m&aacute;s fuerte en el mercado internacional, ese es uno de los motivos de esta nueva guerra&rdquo;, explica la soci&oacute;loga Camila Nunes, investigadora especialista en esta facci&oacute;n criminal.
    </p><p class="article-text">
        Las relaciones entre el Estado y estas bandas han sido pol&eacute;micas. El juez Bezerra recuerda&nbsp;que tanto el PCC en S&atilde;o Paulo, como el CV en R&iacute;o de Janeiro han donado dinero en diversas ocasiones en campa&ntilde;as de diputados. &ldquo;Al Estado no le conviene acabar con estas bandas porque cumplen un papel en las prisiones que ellos no ejercen y les consiguen votos de la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre&rdquo;, dice el presidente de Jueces para la Democracia.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n del Gobierno ante la oleada de asesinatos en las c&aacute;rceles del pa&iacute;s ha sido liviana. El ministro de Justicia neg&oacute; la influencia de las bandas&nbsp;y el presidente, Michel Temer, lo defini&oacute; como &ldquo;un pavoroso accidente&rdquo;. Ambos anunciaron un Plan de Inversi&oacute;n en Seguridad para crear m&aacute;s presidios, la f&oacute;rmula de siempre: m&aacute;s encarcelamientos y m&aacute;s penitenciar&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que m&aacute;s llam&oacute; la atenci&oacute;n estos d&iacute;as fue la actitud de diversos representantes pol&iacute;ticos que justificaron e incluso apoyaron las matanzas de las c&aacute;rceles. El gobernador del Estado de Amazonas, Jos&eacute; Melo, justific&oacute; la masacre de Manaos asegurando que &ldquo;entre los muertos no hab&iacute;a ning&uacute;n santo&rdquo;. D&iacute;as despu&eacute;s el secretario nacional de la Juventud, Bruno J&uacute;lio (PMDB) dijo que &ldquo;deber&iacute;a haber una matanza de &eacute;stas por semana&rdquo;. Dos d&iacute;as despu&eacute;s de sus declaraciones, tuvo que dimitir.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s le toc&oacute; el turno al diputado federal, Major Olimpio, que public&oacute; en su cuenta de Facebook: &ldquo;Manaos 56/Roraima33. Vamos Bang&uacute; (c&aacute;rcel de Rio de Janeiro), vosotros lo pod&eacute;is hacer mejor&rdquo;, animando a los de la penitenciar&iacute;a carioca a superar el n&uacute;mero de muertos. Investigadoras como Camila Nunes aseguran que las masacres continuar&aacute;n porque esta guerra no ha hecho m&aacute;s que empezar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agnese Marra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/hacinamiento-prisiones-brasil_1_3635831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Jan 2017 19:33:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e8018112-62f8-45a2-8683-2da25ea6681b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="55738" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e8018112-62f8-45a2-8683-2da25ea6681b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="55738" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las bandas de narcos se hacen con el control de las prisiones brasileñas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e8018112-62f8-45a2-8683-2da25ea6681b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cárceles,Brasil,Drogas,Narcotráfico]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
