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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonia Díaz Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonia_diaz_rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonia Díaz Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Feminismo y liberalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/feminismo-liberalismo_132_1556556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0653fe06-37a8-40df-8384-82597f6618d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feminismo y liberalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pensamiento liberal tendrá que evolucionar para que el feminismo deje de desconfiar de él</p><p class="subtitle">Ya evolucionó en su momento al aceptar, a regañadientes, que las mujeres pudieran votar</p><p class="subtitle">También cuando, tras mucho esfuerzo, se permitió el divorcio sin necesidad de mutuo acuerdo. Cuando se legalizó la píldora, cuando se despenalizó el aborto</p><p class="subtitle">Ahora, tendrá que dar un paso más y aceptar que, efectivamente, sin igualdad no hay libertad</p></div><p class="article-text">
        Recientemente, en el debate p&uacute;blico sobre feminismo se ha introducido, desde posturas autoproclamadas como liberales, el concepto de &ldquo;feminismo liberal&rdquo;. Se aduce que el feminismo (a secas) pretende, en aras de la igualdad, restringir la libertad de decidir de las mujeres. Incluso llegan a decir que, al querer restringir la libertad de las mujeres, el feminismo yerra porque &ldquo;sin libertad no hay igualdad&rdquo;. De esta manera, por ejemplo, quieren enmarcar el debate sobre la maternidad subrogada o la prostituci&oacute;n en el debate de &ldquo;libertad para decidir&rdquo;. El feminismo, en cambio, niega que en la mayor&iacute;a de esos casos exista libertad para decidir. Es m&aacute;s; el feminismo, en realidad, dice: &ldquo;sin igualdad no hay libertad&rdquo;. La discrepancia entre &ldquo;sin libertad no hay igualdad&rdquo; (liberales) y &ldquo;sin igualdad no hay libertad&rdquo; (feminismo) depende de a qu&eacute; llamamos libertad y a qu&eacute; llamamos igualdad. Y la cuesti&oacute;n es que ambos conceptos (libertad e igualdad) son diferentes para el feminismo (a secas) y para el liberalismo.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo siempre ha desconfiado del liberalismo. Esta desconfianza es hist&oacute;rica y nace de la concepci&oacute;n de libertad individual que defiende el liberalismo, que se puede resumir en &ldquo;que el Estado se pare a la puerta de mi casa (y de mi hacienda)&rdquo;. El liberalismo del siglo XIX pensaba que los derechos de las mujeres ya estaban asegurados a trav&eacute;s de los de sus maridos y padres porque, a pesar de su defensa de la libertad y del individualismo, para los liberales la familia era (&iquest;es?) un &oacute;rgano monol&iacute;tico. Es decir, la libertad que propugnaban era para los hombres. La ciudadan&iacute;a era para los hombres. Ni libertad ni ciudadan&iacute;a eran conceptos inclusivos: solo los hombres eran los ciudadanos libres. Esto ya lo sab&iacute;an Olympe de Gouges cuando redact&oacute; la <em>Declaraci&oacute;n de los derechos de la mujer y la ciudadana</em> en 1791 y Mary Wollstonecraft cuando escribi&oacute; la <em>Vindicaci&oacute;n de los derechos de la mujer</em> en 1792. Dir&aacute;n algunos que me remonto muy atr&aacute;s. Baste recordar que las mujeres espa&ntilde;olas pudieron votar en 1933 por primera vez (gracias a Clara Campoamor) y que las suizas tuvieron que esperar a &iexcl;1971! para poder hacerlo. Para el liberalismo cl&aacute;sico las mujeres quedaban confinadas al &aacute;mbito dom&eacute;stico; esfera en la cual el liberalismo siempre ha negado al Estado jurisdicci&oacute;n alguna. La esfera privada de la vida, seg&uacute;n el liberalismo, es una cuesti&oacute;n prepol&iacute;tica. Es decir, lo que sucede dentro de la familia queda fuera de la ley. Este pensamiento es netamente contrario al feminismo. &iquest;Por qu&eacute;? Porque las desigualdades entre hombres y mujeres en la esfera p&uacute;blica se alimentan de las desigualdades dentro de la familia; es decir, en la esfera privada. Lo que el feminismo destaca y el liberalismo niega es que las estructuras tradicionales de organizaci&oacute;n de la familia son la base de las estructuras socioecon&oacute;micas que sostienen las desigualdades entre hombres y mujeres. Por eso el feminismo dice que la esfera privada no es tal, sino una parte m&aacute;s de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de nuestra sociedad y, por eso, el Estado debe intervenir. Es decir, seg&uacute;n el feminismo, el aserto &ldquo;no hay igualdad sin libertad&rdquo; es una falacia porque la igualdad es una condici&oacute;n necesaria para poder ejercer y practicar la libertad. Como dec&iacute;a Clara Campoamor &ldquo;la libertad se aprende ejerci&eacute;ndola&rdquo; y para ejercerla, se necesita de la igualdad.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo defiende que el Estado debe intervenir para cambiar el contrato sexual pre-existente sobre el que descansan las discriminaciones en la esfera p&uacute;blica. Pero ese Estado al que apela el feminismo no es &ndash;ni puede serlo por su propia definici&oacute;n&mdash; el Estado liberal, sino el Estado social y Democr&aacute;tico de Derecho. Porque el Estado social &ndash;no as&iacute; el Estado liberal-- entiende que hay derechos sociales que hay que asegurar para que exista igualdad y, por tanto, se pueda ejercer la libertad. Y el Estado interviene en forma de leyes como la Ley de Igualdad o la Ley de Conciliaci&oacute;n de la Vida Familiar y Laboral. &iquest;Y por qu&eacute; debe intervenir? Porque cada persona, por separado, no puede cambiar el funcionamiento social que toma como dado el contrato sexual. Cada persona por separado no puede cambiar la costumbre. Y no puede porque hay, como dicen los economistas, un problema de coordinaci&oacute;n y falta de compromiso individual. Esto se ve muy claramente, por ejemplo, en el debate sobre las bajas por maternidad y paternidad y el efecto que estas bajas tienen sobre los salarios de las madres. Existe lo que se llama &ldquo;la penalizaci&oacute;n por maternidad&rdquo;. Hay estudios (<a href="https://www.dropbox.com/s/1f0g8kza4ozkd89/child_penalty_samesex_latest.pdf?dl=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&eacute;ase aqu&iacute;</a>) que muestran que tal penalizaci&oacute;n no existe entre parejas del mismo sexo y la raz&oacute;n es porque el reparto del trabajo en el hogar es m&aacute;s igualitario entre ellas. Es decir, los hombres en parejas heterosexuales, en su mayor&iacute;a, no hacen uso de las bajas por paternidad. Y no lo hacen porque, individualmente, no les es rentable, dada la organizaci&oacute;n social existente. Es muy dif&iacute;cil luchar individualmente contra la fuerza de la costumbre. Mientras las bajas por paternidad sean voluntarias, la situaci&oacute;n cambiar&aacute; muy lentamente. Pero el liberalismo no acepta unas bajas por paternidad obligatoria aduciendo la defensa de su concepto de libertad. Lo que el liberalismo no entiende es que, al ignorar la desigualdad inicial, su defensa de la libertad se convierte en una justificaci&oacute;n y salvaguarda de la costumbre, de la organizaci&oacute;n tradicional de la sociedad y, de paso, una r&eacute;mora m&aacute;s para alcanzar la igualdad plena entre hombres y mujeres, fundamento de la libertad.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, en 2019 ya no tenemos que explicar que la sociedad en su conjunto pierde cuando el talento de tantas mujeres es desperdiciado, ninguneado o, simplemente, no potenciado. La inmensa mayor&iacute;a de grupos sociales, partidos pol&iacute;ticos, estamos de acuerdo en que la tarea social m&aacute;s importante del siglo XXI es la equiparaci&oacute;n plena de derechos y libertades entre hombres y mujeres. En lo que no estamos de acuerdo es en la significaci&oacute;n de esas palabras y, por tanto, en las pol&iacute;ticas necesarias para combatir la discriminaci&oacute;n de las mujeres. Esto est&aacute; muy claro cuando atendemos a la discusi&oacute;n acad&eacute;mica sobre las causas de la brecha salarial entre hombres y mujeres. La mayor&iacute;a de los estudios descomponen la brecha salarial entre &ldquo;elecci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;discriminaci&oacute;n pura&rdquo; que es como se llama, de manera as&eacute;ptica, al machismo. La mayor&iacute;a de los estudios encuentran que casi toda la brecha salarial es &ldquo;elecci&oacute;n&rdquo;[1]. Las mujeres &ldquo;eligen&rdquo; no ascender, &ldquo;eligen&rdquo; trabajos con menos proyecci&oacute;n p&uacute;blica, &ldquo;eligen&rdquo; trabajar a tiempo parcial, &ldquo;eligen&rdquo; entornos menos agresivos que los hombres. Las mujeres &ldquo;eligen&rdquo; tener hijos y cuidar a sus familias. Y el mercado; es decir, las empresas, tienen en cuenta esta elecci&oacute;n a la hora de dise&ntilde;ar las escalas y requisitos para ascender. La evidencia de los sesgos de percepci&oacute;n y valoraci&oacute;n de los m&eacute;ritos de hombres y mujeres es abrumadora. La cultura y la costumbre hacen que los mismos m&eacute;ritos no se valoren por igual. La elecci&oacute;n est&aacute; mediatizada por el entorno y, en esas condiciones, hablar de elecci&oacute;n como sin&oacute;nimo de libertad es un sarcasmo. Cunde el desanimo y se elige no competir. No es de extra&ntilde;ar que en informes como el de la <a href="https://www.ceoe.es/es/informes/asuntos-sociales__/analisis-de-la-brecha-salarial-de-genero-en-espana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CEOE</a> se diga que el techo de cristal existe porque las mujeres son menos ambiciosas y osadas. El movimiento del &ldquo;empoderamiento&rdquo; no es m&aacute;s que una forma de decir: &iexcl;que no cunda el des&aacute;nimo!
    </p><p class="article-text">
        Esa visi&oacute;n dicot&oacute;mica que los liberales tienen de vida privada y vida p&uacute;blica y su concepto de libertad individual les lleva a extremos como negar la existencia de violencia de g&eacute;nero. Es meridiano por qu&eacute; insisten en llamarlo &ldquo;violencia dom&eacute;stica&rdquo;: porque niegan la existencia de unas condiciones sociales que sean el caldo de cultivo de esa violencia. Y por eso exclaman: &iexcl;se discrimina a los hombres con penas agravadas! El maltratador debe sentir el reproche moral a la vez que recibe el castigo para que pueda internalizar, aprender, que maltratar a una mujer est&aacute; mal. Hasta hace muy poco ese reproche moral no exist&iacute;a. &iquest;Qui&eacute;n no recuerda un sketch de una pareja de c&oacute;micos donde se dec&iacute;a &ldquo;mi marido me pega lo normal&rdquo; all&aacute; por los a&ntilde;os 90? El agravante de la pena para el hombre existe para inculcar en el maltratador ese reproche moral. Ojal&aacute; llegue un tiempo en que ya no sea necesario. La visi&oacute;n dicot&oacute;mica de los liberales, que ignora el poder de la cultura y la costumbre les lleva, tambi&eacute;n, a despreciar que jueces, fiscales y magistrados sean instruidos en perspectiva de g&eacute;nero (es decir, que sepan identificar y desprenderse de prejuicios machistas). Sobre esto, solo voy a pronunciar una frase: <a href="https://www.eldiario.es/temas/la_manada/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hubo intimidaci&oacute;n, no prevalimiento</a>.
    </p><p class="article-text">
        De igual manera, los liberales defienden, en aras de la libertad, la legalizaci&oacute;n de la maternidad subrogada. Incluso llegan a decir que si una mujer puede decidir abortar tambi&eacute;n puede decidir, libremente, gestar un feto para otra persona. Este argumento es una aberraci&oacute;n. Un inciso: el d&iacute;a que podamos cultivar fetos como el que cultiva unos geranios, en una probeta, todas estas discusiones no tendr&aacute;n sentido al desaparecer el conflicto b&aacute;sico -- una mujer ya no ser&aacute; indispensable para la gestaci&oacute;n. Un contrato de maternidad subrogada es lo m&aacute;s cercano que tenemos actualmente a un contrato de servidumbre. Porque, durante la vigencia del contrato, la mujer deja de ser due&ntilde;a de s&iacute; y, por tanto, libre. La esclavitud voluntaria est&aacute; prohibida por buenas razones, como lo est&aacute; la venta de &oacute;rganos. Una persona puede decidir libremente vender un ri&ntilde;&oacute;n. Lo inaceptable es que la sociedad tolere que esa persona llegue a una situaci&oacute;n en la que, libremente, elija vender un ri&ntilde;&oacute;n. Pero, evidentemente, esto es inaceptable para un Estado social y Democr&aacute;tico de Derecho, no para un Estado liberal.
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento liberal tendr&aacute; que evolucionar para que el feminismo deje de desconfiar de &eacute;l. Ya evolucion&oacute; en su momento al aceptar, a rega&ntilde;adientes, que las mujeres pudieran votar. Tambi&eacute;n cuando, tras mucho esfuerzo, se permiti&oacute; el divorcio sin necesidad de mutuo acuerdo. Cuando se legaliz&oacute; la p&iacute;ldora, cuando se despenaliz&oacute; el aborto. Ahora, tendr&aacute; que dar un paso m&aacute;s y aceptar que, efectivamente, sin igualdad no hay libertad.
    </p><p class="article-text">
        [1] V&eacute;ase aqu&iacute;, por ejemplo, un resumen de la literatura: Blau, Francine D., and Lawrence M. Kahn. 2017. &ldquo;The Gender Wage Gap: Extent, Trends, and Explanations.&rdquo; <em>Journal of Economic Literature</em>, 55 (3): 789-865.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonia Díaz Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/feminismo-liberalismo_132_1556556.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 May 2019 19:53:31 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El delicado equilibrio de una política sobre el alquiler]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/delicado-equilibrio-politica-alquiler_132_1718872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07144697-bcdf-4e9c-85be-8a0aaaad5d32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El delicado equilibrio de una política sobre el alquiler"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué están subiendo tanto los precios de los alquileres?</p><p class="subtitle">La vivienda es un bien peculiar: es a la vez un bien de consumo y un bien de inversión, lo que crea tensión en el mercado y la sociedad</p><p class="subtitle">Diseñar una buena política no es tarea fácil pero el Real Decreto-ley 21/2018, contra cuya tramitación votó Unidos Podemos hace unas semanas, iba en la buena dirección</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;n subiendo tanto los precios de los alquileres? La Teor&iacute;a Econ&oacute;mica nos dice que porque aumenta la demanda o aumenta la concentraci&oacute;n de la oferta. Ambas cosas est&aacute;n sucediendo en estos a&ntilde;os: la Gran Recesi&oacute;n propici&oacute; la concentraci&oacute;n de la oferta de vivienda de alquiler en grandes empresas inmobiliarias y la salida de la crisis, combinada con un menor cr&eacute;dito para comprar, hace que aumente la demanda de alquiler. Una buena pol&iacute;tica de vivienda requiere, entre otras cosas, un esfuerzo concertado en aumentar la vivienda social para los segmentos de la poblaci&oacute;n m&aacute;s desfavorecidos y una buena regulaci&oacute;n del mercado de alquiler. Como siempre, dise&ntilde;ar una buena pol&iacute;tica no es tarea f&aacute;cil pero el Real Decreto-ley 21/2018 iba en la buena direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Real Decreto-ley 21/2018 ha tenido una vida breve. Unidos Podemos vot&oacute; en contra de su tramitaci&oacute;n en el Congreso aduciendo que no inclu&iacute;a algunas de las medidas previamente pactadas con el Gobierno; en particular, no incorporaba ning&uacute;n tope m&aacute;ximo sobre los precios de alquiler. Al no aprobar el Congreso el proyecto de ley, se ha revertido autom&aacute;ticamente a la ley del 2013 aprobada por el gobierno del PP. En esta nota quiero reflexionar sobre la pol&iacute;tica de control de precios, que se ha vuelto a poner sobre el tapete pol&iacute;tico tras varios a&ntilde;os de crecimiento muy sustancial en los alquileres.
    </p><p class="article-text">
        La manera m&aacute;s elemental de intervenir es limitar los precios. La Teor&iacute;a Econ&oacute;mica nos dice que cuando se impone un precio m&aacute;ximo que est&aacute; por debajo del precio que vac&iacute;a el mercado se produce una disminuci&oacute;n de la oferta. Esto se debe a que para algunos caseros el ingreso derivado de alquileres no compensa los costes de explotaci&oacute;n. En ese caso el casero prefiere dejar el inmueble vac&iacute;o. Tambi&eacute;n puede ocurrir que el casero exija al inquilino que corra con los costes de mantenimiento con lo que la limitaci&oacute;n del precio del alquiler no sea efectiva o, simplemente, se deje que la vivienda se deteriore. Finalmente, los caseros se vuelven m&aacute;s estrictos en cuanto a la &ldquo;calidad&rdquo; del inquilino ya que buscan los &ldquo;mejores&rdquo; inquilinos para pagar menos en mantenimiento del inmueble. Esa b&uacute;squeda del inquilino de &ldquo;calidad&rdquo; se traduce en que aquellos que sufren m&aacute;s la escasez de vivienda en alquiler son las personas con menos recursos. En el peor de los casos, puede que el casero decida anunciar su vivienda en AirBnB aumentando m&aacute;s la escasez de vivienda en alquiler no vacacional. Es decir, poner un tope m&aacute;ximo al precio de alquiler hace que aumente el stock de casas vac&iacute;as, que se encuentre la forma de cargar con gastos extra a los inquilinos, que se discrimine a los inquilinos con menos recursos y que, finalmente, disminuya la oferta de alquiler. Esto es lo que dice la teor&iacute;a. La pr&aacute;ctica lo corrobora (v&eacute;ase <a href="https://www.gsb.stanford.edu/insights/rent-controls-winners-losers" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>, por ejemplo).
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de control de &ldquo;primera generaci&oacute;n&rdquo; dio paso en los a&ntilde;os 80 al segundo tipo: el control en el crecimiento del precio de los alquileres. Por ejemplo, en Alemania existe un tipo de regulaci&oacute;n llamado &ldquo;Mietspiegel&rdquo; (la renta espejo). Los ayuntamientos recaban informaci&oacute;n sobre precios de alquiler y construyen un &iacute;ndice de precios. Mientras un contrato est&aacute; en vigor el incremento en la renovaci&oacute;n del precio de alquiler est&aacute; limitado por el crecimiento del &iacute;ndice. Esta regulaci&oacute;n se ha reforzado recientemente con nuevas medidas para forzar que los precios de alquiler no suban m&aacute;s de un 10% anual (o la cantidad estipulada en la municipalidad correspondiente) en zonas especialmente afectadas por la escasez de la oferta. La norma incluye provisiones en caso de inversiones de mejora de inmuebles, etc. A pesar de todas las medidas propuestas, los precios de alquiler siguen subiendo (v&eacute;ase aqu&iacute; una referencia).
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, el precio medio de alquiler en Berl&iacute;n aument&oacute; a raz&oacute;n de un 3% anual desde 2005 a 2016. Por supuesto, lo que no sabemos es lo que habr&iacute;a subido en ausencia del &ldquo;Mietspiegel&rdquo;. En 2015 esta regulaci&oacute;n se ha extendido a los precios fijados en los contratos nuevos con el nombre &ldquo;Mietpreisbremse&rdquo;. N&oacute;tese la diferencia: el primer tipo de control se refiere a un tope m&aacute;ximo en el nivel de precios y este segundo tipo (&ldquo;Mietspiegel&rdquo; y &ldquo;Mietpreisbremse&rdquo;) a un tope m&aacute;ximo en la tasa de crecimiento del precio. No sabemos con certeza los resultados de esta pol&iacute;tica. Los expertos no se ponen de acuerdo, pero hasta&nbsp;el&nbsp;<a href="https://www.ft.com/content/7e682660-1019-11e5-bd70-00144feabdc0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Financial Times</a>&nbsp;concede que quiz&aacute;s pueda ser una buena medida en el mercado de alquiler. &iquest;Por qu&eacute;? Porque como todos los expertos sabemos el mercado de vivienda no opera en condiciones de competencia perfecta. Es decir, los precios no solo reflejan la escasez relativa de vivienda sino tambi&eacute;n el poder de mercado de los propietarios de los inmuebles. Yo a&ntilde;adir&iacute;a, adem&aacute;s, que en un mercado donde las expectativas de futuras ganancias pueden poner en marcha una burbuja especulativa, el establecimiento de tasas de crecimiento de referencia acaso pueda contener el crecimiento desordenado de los precios de alquiler y sus consecuencias m&aacute;s perniciosas. Por supuesto, estas medidas deber&iacute;an ser estudiadas en profundidad y teniendo en cuenta las particularidades del caso espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Contener el crecimiento de los precios de alquiler sin provocar efectos indeseados es muy dif&iacute;cil. Por ello, ser&iacute;a conveniente explorar el uso de los impuestos. Por ejemplo, el IRPF estipula los gastos que se pueden deducir del rendimiento del capital inmobiliario. Podr&iacute;a establecerse unas deducciones decrecientes con el precio del alquiler como una manera de desanimar alquileres demasiado altos, siempre en funci&oacute;n del tipo de inmueble. Otra medida que prefieren los expertos es que la Administraci&oacute;n intervenga directamente creando un parque de vivienda social. Hace poco, el profesor A. Mas-Colell en un&nbsp;<a href="https://elpais.com/elpais/2019/01/21/opinion/1548070321_117182.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> en El Pa&iacute;s propon&iacute;a la creaci&oacute;n de un <em>stock</em> de vivienda de &ldquo;regulaci&oacute;n p&uacute;blica accesible por alquiler&rdquo; (sic), mediante alg&uacute;n tipo de instituci&oacute;n p&uacute;blica mediante la colaboraci&oacute;n con promotores privados. La instituci&oacute;n que se describe en ese art&iacute;culo recuerda al Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA). Las funciones del IVIMA son el fomento de la construcci&oacute;n de viviendas de protecci&oacute;n para el acceso a la misma de los colectivos con mayores riesgo de exclusi&oacute;n social, como los j&oacute;venes o las personas con una renta econ&oacute;mica especialmente baja. El IVIMA tiene un parque de viviendas que se venden a precios moderados y otras destinadas a alquiler. Hay dos tipos de vivienda de alquiler, aquellas que llevan impl&iacute;cita la opci&oacute;n de compra y las que no lo llevan. Este tipo de pol&iacute;ticas no solo contribuye a dar acceso a la vivienda a los colectivos m&aacute;s desfavorecidos sino que es tambi&eacute;n una buena herramienta para conseguir un desarrollo urbano arm&oacute;nico. Conviene recordar que durante la Gran Recesi&oacute;n la pol&iacute;tica dominante ha sido justamente la contraria: eliminar el fomento de la vivienda social. Bot&oacute;n de muestra: el Ayuntamiento de Madrid, durante el mandato de Ana Botella, vendi&oacute; 18 promociones de vivienda p&uacute;blica en 2013. No solo eso, sino que, como ha dictaminado el Tribunal de Cuentas, fueron vendidas por debajo de su precio de mercado. Estas actuaciones son tremendamente da&ntilde;inas porque reconstruir capital p&uacute;blico requiere de mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La vivienda es un bien peculiar: es a la vez un bien de consumo y un bien de inversi&oacute;n. Esta doble funci&oacute;n crea una tensi&oacute;n en el mercado y en la sociedad. Si aplicamos pol&iacute;ticas atendiendo exclusivamente a su funci&oacute;n como bien de consumo se deteriora su rentabilidad como bien de inversi&oacute;n. En ese caso, disminuye la oferta creando problemas de escasez. Si legislamos para que exclusivamente el mercado decida la rentabilidad de la vivienda su funci&oacute;n como bien de consumo se deteriora. Esto tiene consecuencias graves: los j&oacute;venes no pueden emanciparse, lo que afecta a la tasa de fertilidad, etc. Una buena pol&iacute;tica es aquella que es capaz de conjugar ambas funciones de la vivienda. Como dec&iacute;a m&aacute;s arriba, el mercado de la vivienda, por su propia naturaleza, no es competitivo. Incluso cuando la oferta no est&aacute; en manos de unos pocos agentes, el mercado de vivienda no opera bajo las leyes de competencia perfecta. Esto se debe a que las viviendas no son bienes id&eacute;nticos entre s&iacute; y no es f&aacute;cil encontrar la casa id&oacute;nea. No solo eso, sino que la situaci&oacute;n geogr&aacute;fica limita el n&uacute;mero de casas donde podemos vivir.
    </p><p class="article-text">
        Una casa de Salamanca dif&iacute;cilmente compite con una casa situada en Girona. Emigrar es costoso. Por eso vemos en el mercado, simult&aacute;neamente, casas vac&iacute;as y potenciales compradores o inquilinos que no encuentran la vivienda deseada (sin tener en cuenta, por supuesto, las dificultades econ&oacute;micas de muchos). Estos factores hacen que, incluso si la oferta de vivienda de alquiler est&aacute; perfectamente atomizada, los propietarios de las casas tienen un gran poder de negociaci&oacute;n a la hora de fijar las condiciones de un contrato de arrendamiento. Por ello es necesario pensar con cuidado sobre el tipo de pol&iacute;ticas que se desee poner en pr&aacute;ctica. A este respecto, el cambio legislativo que llev&oacute; a cabo el gobierno del PP en el 2013 en la Ley de Arrendamientos Urbanos ha reforzado el poder de negociaci&oacute;n de los caseros a costa de los inquilinos. La ley de 2013 sigue actualmente vigente al no haberse aprobado el Real Decreto-ley 21/2018 en el Congreso. Vamos a poner algunos ejemplos de c&oacute;mo opera la ley de 2013.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la ley de 2013 la renovaci&oacute;n del precio del alquiler durante la vigencia del contrato no est&aacute; ligada al IPC, como estaba bajo la ley de 1994, la que vino a sustituir. Como los costes de mudanza son sustanciales, un inquilino est&aacute; atrapado en su contrato de alquiler y al albur del capricho del casero que puede aumentar el precio hasta que el inquilino est&eacute; indiferente entre buscar otra casa, y cargar con los costes asociados de mudanza, o pagar el nuevo alquiler. La duraci&oacute;n del contrato se redujo de cinco a tres a&ntilde;os. Al cabo de ese periodo, se puede echar al inquilino sin coste alguno. Cuanto menor es la duraci&oacute;n del contrato m&aacute;s posibilidades de renegociaci&oacute;n hay, lo que favorece al casero en un momento de repunte de la actividad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        La flexibilizaci&oacute;n del l&iacute;mite a la fianza favorece al casero ya que elimina parte del riesgo inherente a la actividad econ&oacute;mica de arrendamiento traspas&aacute;ndolo al inquilino. Estas y otras medidas de la ley de 2013 hacen que aumente la rentabilidad de la vivienda como bien de inversi&oacute;n y se reduzca su valor como bien de consumo. N&oacute;tese que todas estas medidas aumentan la rentabilidad de invertir en vivienda, pero no redundan en precios m&aacute;s accesibles para los inquilinos; en realidad, su funci&oacute;n es facilitar la extracci&oacute;n de un mayor excedente del consumidor (de servicios de alquiler, en este caso). Esto est&aacute; agravado por el tratamiento de la oferta vacacional en la ley de 2013. El Real Decreto-ley 21/2018 estipulaba que, si tres quintos de los vecinos se niegan, un vecino no puede ofertar su casa en alquiler vacacional. La ley de 2013 exige que la totalidad de los vecinos se niegue. Esto, tambi&eacute;n, aumenta la rentabilidad de las viviendas como bien de inversi&oacute;n. Las plataformas como AirBnB han reducido los costes de ofertar vivienda vacacional. La explosi&oacute;n de los pisos AirBnB se debe a que son una alternativa barata al hotel. Lo que debemos tener en cuenta es que son baratos porque sus propietarios no est&aacute;n sujetos a las regulaciones e impuestos a los que est&aacute;n sujetos los due&ntilde;os de un hotel. No pasan inspecciones de Trabajo ni de Sanidad, no pagan impuestos especiales, no tienen que cumplir una normativa especial contra el ruido. Es decir, son baratos porque parte del coste de esa actividad la pagan los vecinos en forma de ruido, inseguridad y deterioro del bien com&uacute;n, en forma de lo que los economistas llamamos &ldquo;externalidades&rdquo;. La proliferaci&oacute;n de la oferta de vivienda en AirBnB es un caso paradigm&aacute;tico de &ldquo;tragedia de los comunes&rdquo;: la b&uacute;squeda de la rentabilidad privada puede llevar al deterioro del bienestar social.
    </p><p class="article-text">
        Por todas estas razones, a mi entender, la vuelta a la ley de 2013 es un error. Especialmente ahora cuando la actividad econ&oacute;mica est&aacute; aumentando la demanda de alquileres ser&iacute;a necesario eliminar parte del poder dado a los due&ntilde;os de inmuebles. Ser&iacute;a bueno retomar las medidas incluidas en el Real Decreto-ley 21/2018 y, quiz&aacute;s, estudiar de manera reposada medidas como la regulaci&oacute;n alemana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonia Díaz Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/delicado-equilibrio-politica-alquiler_132_1718872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Feb 2019 19:46:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El delicado equilibrio de una política sobre el alquiler]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alquiler,Políticas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las consecuencias políticas de la desigualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consecuencias-politicas-desigualdad_132_3616840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El crecimiento en la desigualdad está en la base del surgimiento de partidos nacionalistas de extrema derecha. Si no nos sentimos iguales no nos sentimos libres, la cohesión social desaparece y, con ella, la fe en el Estado de Derecho.</p><p class="subtitle">Buscando las causas, encontramos que desde los años 80 se ha eliminado progresivamente la legislación destinada a la protección de los trabajadores y a vigilar la competencia en los mercados. Estas políticas se hicieron desaparecer justo al comienzo de una etapa de rápido cambio tecnológico, explosión del comercio internacional y apertura de los mercados de capitales.</p><p class="subtitle">Nuestro reto como economistas es formular políticas económicas adecuadas para cada caso y teniendo en cuenta que la promoción del esfuerzo individual no debe entrar en conflicto con la igualdad de oportunidades.</p></div><p class="article-text">
        Desde hace algunos a&ntilde;os est&aacute; creciendo el apoyo popular a partidos nacionalistas de inspiraci&oacute;n fascista cuyo &uacute;ltimo objetivo es la destrucci&oacute;n del Estado de Derecho y el sistema de instituciones y relaciones internacionales existente desde la Segunda Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo episodio, la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, es un paso m&aacute;s hacia la perversi&oacute;n y destrucci&oacute;n institucional. La desaparici&oacute;n de la base electoral de los partidos llamados tradicionales les est&aacute; llevando al coqueteo con posturas contrarias al Estado de Derecho, cuando no a su franca asunci&oacute;n: me refiero, en concreto, a la xenofobia y el populismo. Los conservadores, cuyo electorado est&aacute; votando masivamente a esos partidos protofascistas, van escorando a la xenofobia para retenerlo.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos socialdem&oacute;cratas est&aacute;n implosionando por la divisi&oacute;n interna que genera su fracaso electoral. Una parte de sus dirigentes quiere seguir abrazada a las pol&iacute;ticas de la &ldquo;tercera v&iacute;a&rdquo;, pol&iacute;ticas que gran parte de su electorado rechaza. La otra parte recurre al populismo. Y &iquest;por qu&eacute; los ciudadanos est&aacute;n virando a estos partidos protofascistas? Por la incapacidad manifiesta de los partidos tradicionales para articular un conjunto de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sociales que contrarresten los efectos del aumento de la desigualdad y la ca&iacute;da de la movilidad social.
    </p><p class="article-text">
        Cuando aumenta la desigualdad, cae la movilidad social (como es el caso en estos a&ntilde;os, v&eacute;ase gr&aacute;ficos 1 y 2) y entonces la igualdad de oportunidades se resiente. Y sin igualdad de oportunidades desaparece la convicci&oacute;n de que nuestras instituciones democr&aacute;ticas pueden crear un sistema donde libertad e igualdad convivan arm&oacute;nicamente.
    </p><p class="article-text">
        Sin esa convicci&oacute;n, desaparece el respeto al conjunto de leyes que nos hemos dado. Y sin ese respeto el Estado de Derecho no puede existir. Es decir, el Estado de Derecho no soporta demasiada desigualdad. Y, sin Estado de Derecho, la democracia est&aacute; en peligro porque es extremadamente vulnerable al poder del m&aacute;s fuerte, ya se derive su fuerza de la riqueza o del tama&ntilde;o de la masa.
    </p><p class="article-text">
        En la Edad Media la cohesi&oacute;n social se basaba en la existencia de estamentos inmutables. En el Renacimiento, con el nacimiento del Estado-naci&oacute;n, la argamasa social fue la religi&oacute;n. En el Estado absolutista, el rey. Tras la emergencia del Estado liberal, nuestra &uacute;nica argamasa social es la igualdad, entendida como igualdad de oportunidades para poder ser plenamente libres en nuestra b&uacute;squeda de la felicidad. La existencia del Estado de Derecho, con su equilibrio de poderes y respeto a las minor&iacute;as, depende de nuestra cohesi&oacute;n social. Pero si no nos sentimos iguales no nos sentimos libres, la cohesi&oacute;n social desaparece y, con ella, la fe en el Estado de Derecho. Esta es la raz&oacute;n de la emergencia de esos partidos protofascistas. Y por eso son tan peligrosos para la democracia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Cambios en la distribuci&oacute;n de la renta</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2: Desigualdad salarial y movilidad social</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;C&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;? En los a&ntilde;os 80 del siglo pasado se rompieron varios consensos b&aacute;sicos que dirig&iacute;an la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de los pa&iacute;ses desarrollados: (1) una pol&iacute;tica de rentas apoyada en sindicatos fuertes que negociaban colectivamente los salarios, (2) un entramado legislativo destinado a vigilar y fomentar la competencia en los mercados y (3) un sistema fiscal basado en la progresividad de los impuestos. El informe de la OCDE <em>Divided we stand: why inequality keeps rising</em>, (OCDE 2011) es especialmente clarificador a este respecto. A m&iacute; me gusta especialmente este gr&aacute;fico:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 3: &iacute;ndices de desregulaci&oacute;n</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        El grafico muestra que desde los a&ntilde;os 80 se ha eliminado progresivamente la legislaci&oacute;n destinada a la protecci&oacute;n de los trabajadores y vigilar la competencia en los mercados. Estas pol&iacute;ticas se eliminaron al principio de una etapa de r&aacute;pido cambio tecnol&oacute;gico, explosi&oacute;n del comercio internacional y apertura de los mercados de capitales. Como predice la Teor&iacute;a Econ&oacute;mica (neocl&aacute;sica), estos avances han producido ganancias fabulosas pero, como tambi&eacute;n nos dice la Teor&iacute;a Econ&oacute;mica (neocl&aacute;sica), esas ganancias no se distribuyen uniformemente entre toda la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El progreso tecnol&oacute;gico y la globalizaci&oacute;n han supuesto la desaparici&oacute;n de miles de trabajos industriales y, en ausencia de sindicatos fuertes que contrarresten el poder empresarial, al desplome de los salarios reales. A cambio, se han creado trabajos con alto contenido en capital humano. Pero, ni se crean tantos trabajos debido a la falta de competencia en los mercados, ni el gasto p&uacute;blico en formaci&oacute;n es suficiente como para reciclar trabajadores al ritmo exigido por los avances tecnol&oacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        La prueba es que la brecha salarial entre universitarios y no universitarios (<em>college premium</em>) sigue aumentando. Por ejemplo, seg&uacute;n la OECD (<em>Education at a Glance,</em> 2011, 2014 y 2016) la renta salarial anual de un trabajador con educaci&oacute;n superior es 1.59 veces la media, mientras que aquellos que solo tiene estudios secundarios perciben el 76% de la renta salarial media. Seg&uacute;n la OECD, esta diferencia est&aacute; aumentando a un 6% anualmente (<em>Education at a Glance,</em> OECD 2011). Es instructivo echar un vistazo al Gr&aacute;fico 3 y pensar que &eacute;se es nuestro futuro. Este gr&aacute;fico muestra la evoluci&oacute;n temporal de la brecha salarial entre universitarios y no universitarios en Estados Unidos y nos dice que las diferencias en renta de 1964 se han multiplicado por dos en 2012.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Grafico 4: Evoluci&oacute;n temporal de la brecha salarial entre universitarios y no universitarios en Estados Unidos.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Es triste comprobar que lo &uacute;nico que hemos podido ofrecer a todos esos trabajadores desplazados por la globalizaci&oacute;n es una prestaci&oacute;n social o un <em>minijob</em>. Todo esto lleva al aumento de la desigualdad, a la ca&iacute;da de la movilidad social y, finalmente, al resentimiento social y desafecci&oacute;n institucional.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no nos preocupamos hasta que lleg&oacute; la Gran Recesi&oacute;n. Ahora, al perderse millones de trabajos y derrumbarse la clase media, todos los ciudadanos, excepto los muy ricos que pueden usar ingenier&iacute;a fiscal, vemos que aumenta nuestra carga impositiva, se recorta el gasto p&uacute;blico, y que las perspectivas de mejora social de nuestros hijos desaparecen. Por cierto, el deterioro de los servicios p&uacute;blicos no solo se debe a la ca&iacute;da de los ingresos impositivos sino a la privatizaci&oacute;n de su provisi&oacute;n, iniciada en los a&ntilde;os 80, bajo la absurda (o, m&aacute;s bien, interesada) creencia de que el principio de maximizaci&oacute;n de beneficios aplicado a la gesti&oacute;n de bienes p&uacute;blicos es socialmente beneficioso.
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar que muchos ciudadanos crean que el progreso tecnol&oacute;gico y la globalizaci&oacute;n solo traen penurias e incertidumbre. No es de extra&ntilde;ar, por tanto, la desafecci&oacute;n creciente con nuestras instituciones y el auge de los partidos protofascistas. Que la financiaci&oacute;n del gasto social derivado de la crisis descanse sobre los ciudadanos sin acceso a ingenier&iacute;a fiscal invita al enfrentamiento de pobres contra pobres, al odio al diferente, al sectarismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo tr&aacute;gico es que todo esto ya lo vimos antes. La Gran Depresi&oacute;n se llev&oacute; por delante millones de trabajos y trajo el dr&aacute;stico empobrecimiento de la clase media. Las democracias de la &eacute;poca, tan ciegas como las de ahora, no supieron responder a las demandas de los ciudadanos. Entonces los trabajadores se hicieron comunistas y la clase media apoy&oacute; el fascismo: todos volvieron la espalda al Estado de Derecho y a la democracia. Entonces los jud&iacute;os fueron el chivo expiatorio, el blanco sobre el que se descarg&oacute; la ira y frustraci&oacute;n de tantos. Hoy, los emigrantes y los refugiados son los nuevos jud&iacute;os y sobre ellos se vierte, tambi&eacute;n, el antiguo y reavivado odio antisemita.
    </p><p class="article-text">
        Nos urge recomponer los consensos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica y social rotos en los a&ntilde;os 80 renovados y adaptados al mundo actual. Nos urge reconsiderar el papel del Estado, del gasto p&uacute;blico, de los sindicatos. Habr&aacute; quien se escandalice pensando que quiero m&aacute;s Estado y m&aacute;s impuestos. No quiero m&aacute;s, sino mejor. Porque, que yo sepa, y as&iacute; seguimos explicando en las Universidades, la Teor&iacute;a Econ&oacute;mica (neocl&aacute;sica) dice que los mercados no asignan recursos eficientemente cuando hay falta de competencia, externalidades y bienes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Un Estado que ampara a los m&aacute;s necesitados y promueve la igualdad de oportunidades es un Estado que aprovecha el talento de todos para impulsar el crecimiento econ&oacute;mico y el bienestar social. Nuestro reto como economistas es formular pol&iacute;ticas econ&oacute;micas adecuadas para cada caso y teniendo en cuenta que la promoci&oacute;n del esfuerzo individual no debe entrar en conflicto con la igualdad de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s el mayor error de la investigaci&oacute;n econ&oacute;mica de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os (ensimismada en el sue&ntilde;o de la competencia perfecta) haya sido arrinconar el estudio de los efectos de las externalidades como si &eacute;stas fueran una rareza extinta y no una caracter&iacute;stica esencial de nuestras sociedades. El reto social es recomponer esos consensos independientemente de nuestras sensibilidades pol&iacute;ticas para apuntalar el Estado de Derecho. Si no lo hacemos, estaremos fomentando el enfrentamiento, la violencia y, en definitiva, la desaparici&oacute;n del Estado de Derecho. Y cuando &eacute;ste desaparece, nuestras peores pesadillas pueden hacerse realidad. Pesadillas que, desgraciadamente, ya hemos vivido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonia Díaz Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/consecuencias-politicas-desigualdad_132_3616840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Jan 2017 20:32:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las consecuencias políticas de la desigualdad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Desigualdad]]></media:keywords>
    </item>
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