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    <title><![CDATA[elDiario.es - Begoña Santos Olmeda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/begona_santos_olmeda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Begoña Santos Olmeda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Acogimiento familiar también para menores extranjeros solos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/acogimiento-familiar-menores-extranjeros-solos_129_1003132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/334687be-04ab-48cc-bcb8-34eb012a5c34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Acogimiento familiar también para menores extranjeros solos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las necesidades específicas de estos niños están relacionadas con su edad, su diferente idioma, cultura, religión y su proyecto migratorio</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, el n&uacute;mero de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as extranjeros no acompa&ntilde;ados en Espa&ntilde;a se ha duplicado. Adem&aacute;s de los que migran por voluntad propia, tambi&eacute;n hay un n&uacute;mero importante que lo hace forzosamente: la huida de zonas de conflicto o del servicio militar obligatorio, la identidad o la orientaci&oacute;n sexual o las diversas formas de violencia contra las mujeres pueden ser el detonante de estos desplazamientos.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de ellos son adolescentes varones de entre 15 y 17 a&ntilde;os, magreb&iacute;es, aunque el n&uacute;mero de subsaharianos, sobre todo de Guinea Conakry y Mal&iacute;, est&aacute; aumentando. Sus expectativas son comunes: aprender castellano para poder completar sus estudios y desarrollar habilidades que les permitan encontrar un trabajo. Se concentran en los puntos de acceso al territorio espa&ntilde;ol, principalmente Andaluc&iacute;a, Ceuta y Melilla o Valencia y en las comunidades aut&oacute;nomas de Catalunya y Pa&iacute;s Vasco.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegan a Espa&ntilde;a, deben ser protegidos por la administraci&oacute;n p&uacute;blica de la comunidad aut&oacute;noma correspondiente. Sin embargo, siempre hay una minor&iacute;a que acaba en Centros de Internamiento de Extranjeros. A los dem&aacute;s, lo habitual es que se les ofrezca el acogimiento residencial en alguno de los centros de menores existentes. Aunque hay experiencias de &eacute;xito, lo m&aacute;s habitual es que no se est&eacute; garantizando su protecci&oacute;n ni su acceso a derechos. Para empezar, algunos terminan en la calle a los pocos meses, al no ser considerados como menores, tras los resultados de las cuestionadas pruebas de determinaci&oacute;n de la edad.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la alta concentraci&oacute;n de menores en determinadas comunidades aut&oacute;nomas ha hecho que los centros se encuentren completamente saturados, hasta el punto de que los menores tengan que dormir en colchones en el suelo. Es frecuente que ni siquiera hayan sido tutelados y no tengan un acceso adecuado a la educaci&oacute;n o a la sanidad. Adem&aacute;s, no se les est&aacute; tramitando la autorizaci&oacute;n de residencia que establece la ley, ni preparando para su incorporaci&oacute;n al mercado laboral. Por otra parte, cada vez m&aacute;s estos centros se est&aacute;n convirtiendo en el foco de ataques xen&oacute;fobos, potenciados por discursos de odio.
    </p><p class="article-text">
        Y ante esta situaci&oacute;n, &iquest;cu&aacute;l est&aacute; siendo la respuesta de las administraciones p&uacute;blicas? Algunas de las comunidades aut&oacute;nomas que reciben muchos ni&ntilde;os han abierto nuevos centros o ampliado los que ten&iacute;an, pero la mayor&iacute;a es reacia a ello, justificando su decisi&oacute;n en un supuesto efecto llamada. Por otro lado, muy pocas de las que menos ni&ntilde;os reciben se han ofrecido para apoyar al resto. La iniciativa del Gobierno para redistribuir a los menores llegados en 2018 a Espa&ntilde;a tuvo poca repercusi&oacute;n, y solo algunas Comunidades Aut&oacute;nomas aceptaron a un total de 200 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que se encontraban en otras regiones.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay comunidades aut&oacute;nomas que han dado un paso m&aacute;s en la b&uacute;squeda de soluciones. Catalunya, por ejemplo, ha puesto en marcha un proyecto piloto para ofrecer acogimiento familiar a menores extranjeros solos y los primeros ni&ntilde;os ya se encuentran con sus familias de acogida. Tambi&eacute;n en la Comunidad Valenciana se est&aacute; potenciando este tipo de acogimiento. Y es que, seg&uacute;n la ley de protecci&oacute;n del menor, el acogimiento familiar deber&iacute;a primar frente al residencial. Aunque en Europa y en Espa&ntilde;a este &uacute;ltimo es el m&aacute;s frecuente, en Holanda, el 43% de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as extranjeros no acompa&ntilde;ados est&aacute;n en familias y en la ciudad de Venecia, el 50%, lo que demuestra que es posible.
    </p><p class="article-text">
        Las necesidades espec&iacute;ficas de estos ni&ntilde;os est&aacute;n relacionadas con su edad, su diferente idioma, cultura, religi&oacute;n y su proyecto migratorio. Aunque la acogida est&aacute; abierta a todo tipo de familias, en Holanda los mejores resultados se han dado en familias de cultura similar. En este sentido, algunas organizaciones sociales, entre ellas, ACCEM, recomiendan que el acogimiento se promueva primero entre la familia extensa y luego entre familias de la misma nacionalidad o al menos del mismo origen cultural y religioso. Este contexto puede facilitar que las decisiones relacionadas con el inter&eacute;s superior del menor tengan en consideraci&oacute;n estos aspectos de su identidad.
    </p><p class="article-text">
        Para que el acogimiento funcione, el apoyo a las familias es fundamental, tanto en recursos, compensando suficientemente los gastos del acogimiento, como en formaci&oacute;n, proporcionando herramientas para la toma de decisiones. Uno de los retos que se plantea es que algunos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as tienen su propia familia apoy&aacute;ndoles. Por eso, es crucial que el ni&ntilde;o obtenga lo que podr&iacute;a considerarse como un consentimiento emocional de sus padres que prevenga un potencial conflicto de lealtades y que ambas familias mantengan una relaci&oacute;n adecuada.
    </p><p class="article-text">
        De manera complementaria al acogimiento, se han puesto en marcha proyectos de acompa&ntilde;amiento de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que viven en centros, que proporcionan un apoyo familiar o individual desde fuera. El proyecto Izeba, de la Diputaci&oacute;n de Gipuzkoa, lleva a&ntilde;os ofreciendo el soporte de figuras familiares que ejercen las funciones de &ldquo;t&iacute;os y t&iacute;as&rdquo; compartiendo su tiempo con los menores y cubriendo una parte de sus necesidades afectivas y emocionales. Esta relaci&oacute;n muchas veces perdura tras la mayor&iacute;a de edad y facilita el paso a la vida aut&oacute;noma. En Catalunya, por otro lado, se est&aacute; desarrollando un programa de <em>mentoring</em> en el que las personas interesadas se ofrecen durante un m&iacute;nimo de seis meses para apoyar a los menores con los idiomas oficiales y facilitar su integraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as extranjeros sin referentes familiares permanecer&aacute;n en Espa&ntilde;a tras la mayor&iacute;a de edad. Su desarrollo personal no es solo un derecho para ellos, sino una oportunidad para toda la sociedad. Los programas espec&iacute;ficos de acogimiento familiar pueden ser una buena opci&oacute;n ya que asegurar&iacute;an un entorno adecuado, una acogida individualizada y, la existencia de una red familiar que les sirva de referencia cuando cumplan los 18 a&ntilde;os y cese la medida de protecci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Begoña Santos Olmeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/acogimiento-familiar-menores-extranjeros-solos_129_1003132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Feb 2020 20:31:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Acogimiento familiar también para menores extranjeros solos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menas - Menores Extranjeros No Acompañados,Inmigración,Centros de acogida]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Petroglifos y telarañas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/petroglifos-telaranas_1_10490648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Viajo a menudo a Gran Canaria desde Madrid y la curiosidad por entender la idiosincrasia canaria en un mundo cada vez m&aacute;s uniforme me ha llevado a visitar algunos sitios arqueol&oacute;gicos. Despu&eacute;s de ver los m&aacute;s conocidos &mdash; la Cueva Pintada, las Cuatro Puertas y el Maip&eacute;s de Agaete&mdash;, quise continuar explorando otros lugares destacados en la web de patrimonio del Gobierno de Canarias. Algo que esperaba sencillo y placentero se convirti&oacute;, de manera inesperada, en una aventura.
    </p><p class="article-text">
        Los petroglifos del Barranco de Balos conforman, seg&uacute;n la citada web, &ldquo;el m&aacute;s importante conjunto de grabados rupestres de Gran Canaria&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no sentir la tentaci&oacute;n de conocerlos? All&iacute; fui. Llegar al camino que conduce al Barranco de Balos tiene ya su dificultad. Google Maps te manda al otro lado de la monta&ntilde;a, mientras se&ntilde;ala un camino inexistente, y uno no sabe qu&eacute; hacer cuando las indicaciones que estaba siguiendo se terminan abruptamente en mitad de la carretera. Tuve que buscar las coordenadas exactas en un blog. Tras varios intentos, cerca del cruce de Arinaga, llegu&eacute; a un peque&ntilde;o poste de madera, con letras casi borradas, que t&iacute;midamente se&ntilde;alaba la direcci&oacute;n de los &ldquo;Petroglifos de Balos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La carretera parec&iacute;a fiable, a pesar de estar sin asfaltar. Seg&uacute;n el blog hab&iacute;a que seguir hasta una granja de cabras y despu&eacute;s coger el segundo sendero hacia la derecha, detr&aacute;s de una casa abandonada. No parec&iacute;a que aquel sitio estuviera muy preparado para las visitas, la verdad. Dej&eacute; el coche tras el &uacute;nico muro que quedaba de la antigua vivienda y comenc&eacute; la marcha. Eran las once de la ma&ntilde;ana y el calor empezaba a apretar, a pesar de que el d&iacute;a hab&iacute;a salido nublado. El barranco se hac&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s pedregoso y el camino m&aacute;s irregular. La cobertura del m&oacute;vil iba y ven&iacute;a. No se ve&iacute;a un alma. Ninguna indicaci&oacute;n. A lo lejos se distingu&iacute;a una construcci&oacute;n abandonada y una verja roja que parec&iacute;a rodear una roca. Deb&iacute;a ser aquello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando por fin llegu&eacute;, vi una gran roca de varias decenas de metros de longitud. Borde&eacute; su per&iacute;metro hacia la parte norte, tratando de descubrir los famosos grabados realizados por los antiguos canarios alrededor del siglo octavo. Nada. Nada, excepto un calor cada vez m&aacute;s asfixiante. Beb&iacute; un poco de agua mientras segu&iacute;a caminando. Finalmente, cuando ya pensaba que no encontrar&iacute;a los petroglifos, me top&eacute; con una pared completamente llena de grabados, con letras escritas en alfabeto l&iacute;bico-bereber y dibujos antropomorfos que apenas se distingu&iacute;an entre los nombres de los canarios modernos (Jos&eacute;, Juan, Luis&hellip;) que quisieron dejar huella al lado de sus antepasados. Llegu&eacute; de vuelta al coche al borde de la insolaci&oacute;n y sin saber si las d&eacute;biles l&iacute;neas grabadas en la roca, acorraladas por los nombres propios m&aacute;s recientes, eran reales o fruto de mi empe&ntilde;o por encontrar alg&uacute;n hallazgo que compensara la caminata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mis andanzas continuaron en el Tagoror del Gallego. Descubr&iacute; su existencia al visitar el Cenobio de Valer&oacute;n, un granero colectivo que los abor&iacute;genes construyeron hace m&aacute;s de 800 a&ntilde;os al norte de la isla. En las escaleras que ascienden hasta los silos por la empinada pendiente de la Monta&ntilde;a del Gallego hay carteles cada pocos metros que, adem&aacute;s de proporcionar explicaciones sobre el yacimiento, sirven para poder reposar sin que nadie, ni uno mismo, se d&eacute; cuenta de lo cansado que est&aacute;. En uno de los carteles aparec&iacute;a una fotograf&iacute;a del Tagoror, situado en la cima de esa misma monta&ntilde;a. Al parecer, se trataba de un lugar de reuni&oacute;n de los antiguos canarios, del que se conservan seis asientos labrados en roca.
    </p><p class="article-text">
        Pregunt&eacute; a la mujer de la recepci&oacute;n, y con una gran sonrisa, me dijo que s&iacute;, que pod&iacute;a visitarlo, que estaba abierto. Llegar era sencillo, no tendr&iacute;a ninguna dificultad. Me dio las indicaciones: coger la carretera en direcci&oacute;n Artenara, y en Santa Mar&iacute;a de Gu&iacute;a, preguntar a alg&uacute;n vecino. Quiz&aacute;s en este momento deber&iacute;a haber sospechado. Dej&eacute; el coche casi al final de la colina que termina en el Pico Gallego y continu&eacute; hacia arriba andando. Cuando ya estaba cerca de las &uacute;ltimas casas, me encontr&eacute; a un se&ntilde;or de unos ochenta a&ntilde;os limpiando con esmero un coche impoluto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es domingo. Le pregunto c&oacute;mo se puede llegar al Tagoror. No me entiende, entre mi acento peninsular y que parece un poco duro de o&iacute;do. Me acerco un poco m&aacute;s y repito la pregunta. Me mira extra&ntilde;ado, se r&iacute;e y me dice que no puedo ir all&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Por qu&eacute; no?, le pregunto amablemente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; lleno de tuneras, me dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Qu&eacute; es eso? Perdone mi ignorancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; De p&uacute;as, de pinchos, no se puede pasar. Antes el camino estaba limpio, lo limpiaba yo mismo. Ven&iacute;a gente como t&uacute;, incluso extranjeros, pero ya no vienen. Sub&iacute;an por esas escaleras, &iquest;las ves? Pasaban por mi casa, que es la de la esquina. Yo subo all&iacute; a dar de comer a los perros, pero ya no se puede seguir m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Le agradezco la informaci&oacute;n, pero decido intentarlo. No me voy a dar la vuelta ahora que casi he llegado. Empiezo a subir por un mont&oacute;n de escaleras estrechas, de no m&aacute;s de metro y medio de anchura. A mitad del recorrido, a mano izquierda, encuentro un hueco excavado en la pared de roca, es un peque&ntilde;o taller con herramientas, de no m&aacute;s de seis metros cuadrados. No hay nadie dentro. Sigo por el camino, que pasa por la entrada de varias casas, entre ellas la del vecino que me ha dado las indicaciones. Est&aacute; todo muy bien arreglado, las paredes pintadas de naranja. Llego arriba del todo, ya no hay m&aacute;s casas, solo monte, y una jaula con dos perros. Al principio no me ladran. A unos sesenta metros, distingo claramente el punto geod&eacute;sico de la monta&ntilde;a. Un poco m&aacute;s a la izquierda, seg&uacute;n el mapa, deber&iacute;a estar el Tagoror. Se intuye un camino ocre que serpentea por el suelo, pero est&aacute; devorado por las tuneras, cuyas agujas brillan desafiantes bajo la luz del mediod&iacute;a. Doy el primer paso y me cierra el camino una densa telara&ntilde;a seguida por una selva de pinchos. Los perros empiezan a aullar. Imposible. No puedo continuar.
    </p><p class="article-text">
        Deshago el camino envuelta en mis pensamientos. &iquest;Por qu&eacute; estos lugares est&aacute;n pr&aacute;cticamente abandonados, la historia de los primeros moradores descuidada, desali&ntilde;ada, oculta bajo los cactus, cubierta por el olvido? &iquest;Por qu&eacute; se percibe esa distancia que va m&aacute;s all&aacute; del tiempo entre los actuales canarios y aquellos pobladores de origen norte-africano que llegaron al inicio de nuestra era a las islas? De una manera distinta a la que esperaba, la visita a los yacimientos me da pistas sobre la cultura canaria, me se&ntilde;ala ese contraste entre un pasado silencioso y desdibujado, que parece desgastarse d&iacute;a a d&iacute;a, y el evidente legado de los antiguos canarios, que se manifiesta orgulloso en la toponimia y los nombres propios, pero sobre todo, como concluyen los estudios cient&iacute;ficos, en un gran porcentaje de la poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona, entre un 40 y un 60%, que todav&iacute;a porta sus genes.
    </p><p class="article-text">
        Tan presentes y tan ausentes.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Begoña Santos Olmeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/petroglifos-telaranas_1_10490648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Sep 2023 18:51:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Petroglifos y telarañas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[África en las fronteras de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/africa-fronteras-europa_1_3585107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b946020f-eb98-45f7-9012-5b35ac5da077_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="África en las fronteras de Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las fronteras del Estado español y de la Unión Europea no terminan en el límite físico del territorio, sino que continúan a través de gran parte del periplo migratorio de las personas subsaharianas</p></div><p class="article-text">
        Ceuta y Melilla conforman la &uacute;nica frontera terrestre de la Uni&oacute;n Europea con &Aacute;frica. Ante la inexistencia <em>de facto</em> de cauces legales para migrar, incluso para potenciales solicitantes de protecci&oacute;n internacional, cientos de personas emprenden un viaje lleno de incertidumbre y riesgos, plagado de obst&aacute;culos y de vulneraciones de derechos. En 2015 se contabilizaron 11.624 personas que entraron al Estado espa&ntilde;ol de manera irregular a trav&eacute;s de estas dos ciudades aut&oacute;nomas, seg&uacute;n datos del Ministerio del Interior.
    </p><p class="article-text">
        En 2015 se crearon sendas oficinas de asilo en Ceuta y Melilla despu&eacute;s de que un gran n&uacute;mero de familias sirias hubiera llegado a estas ciudades. Sin embargo, Amnist&iacute;a Internacional ha constatado la imposibilidad en el acceso a los puestos fronterizos para las personas de origen subsahariano, por lo que la entrada irregular se convierte en la &uacute;nica alternativa para quienes desean solicitar protecci&oacute;n internacional.
    </p><p class="article-text">
        A la espera del momento propicio para cruzar la frontera, la mayor&iacute;a de las personas africanas se establecen en los alrededores de estas dos ciudades, con la esperanza de que un d&iacute;a llegue la oportunidad de entrar en suelo europeo.
    </p><p class="article-text">
        Por las colinas aleda&ntilde;as a la ciudad de Nador existen varios campamentos en los que conviven mujeres y hombres e incluso familias con beb&eacute;s reci&eacute;n nacidos. Ellos son los que pueden pagar para arriesgar su vida en una patera y llegar, quiz&aacute;s, a un lugar que les permita tener el futuro so&ntilde;ado. Otros tratan de llegar a nado a estas ciudades, como los 14 hombres que murieron ahogados en 2014 en el Tarajal, Ceuta. En la actualidad hay una investigaci&oacute;n abierta sobre la intervenci&oacute;n de la Guardia Civil, que utiliz&oacute; material antidisturbios para impedir la entrada de los subsaharianos. Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Nacional de Migraciones, en 2016, 5.445 personas hab&iacute;an conseguido llegar a Europa a trav&eacute;s de la ruta mar&iacute;tima del Mediterr&aacute;neo Occidental y al menos 70 personas murieron ahogadas.
    </p><p class="article-text">
        Algunos subsaharianos, la inmensa mayor&iacute;a hombres, consiguen atravesar la valla de Ceuta y Melilla en lo que creen que es su &uacute;ltimo gran obst&aacute;culo antes de llegar a Europa. Pero muchos de ellos, a pesar de haberse introducido en suelo espa&ntilde;ol, ser&aacute;n interceptados por la Guardia Civil y expulsados&nbsp;<a href="http://politica.elpais.com/politica/2014/02/10/actualidad/1392027704_110703.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sin haber sido identificados y sin hab&eacute;rseles proporcionado la asistencia jur&iacute;dica y de int&eacute;rprete obligatoria</a>. Estas &ldquo;devoluciones en caliente&rdquo; siguen consider&aacute;ndose contrarias a derecho por el Consejo de Europa y ACNUR, entre otros, aunque hayan tratado de ser legalizadas a trav&eacute;s de la Ley de Seguridad Ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todos estos obst&aacute;culos, unos cuantos consiguen llegar de cuando en cuando a los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), centros abiertos donde estar&aacute;n hasta ser enviados a la pen&iacute;nsula. En reiteradas ocasiones, el ACNUR ha declarado que estos centros &ldquo;<a href="http://politica.elpais.com/politica/2016/12/26/actualidad/1482779194_735124.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no son aptos para personas refugiadas</a>&rdquo;, y ha pedido una reforma urgente de las instalaciones y una revisi&oacute;n del modelo de funcionamiento. Tambi&eacute;n Amnist&iacute;a Internacional ha pedido que se garanticen &ldquo;unas condiciones adecuadas de vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su salida de los CETI, muchos de los subsaharianos ser&aacute;n trasladados directamente a alguno de los siete Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) existentes, con el fin de ser repatriados a sus pa&iacute;ses de origen. Las vulneraciones de derechos que ocurren en estos centros han sido puestas en evidencia por juzgados de control, organismos internacionales, Defensor del Pueblo y organizaciones sociales. <a href="http://elpais.com/elpais/2016/07/06/migrados/1467784800_146778.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ni siquiera el derecho al asilo est&aacute; garantizado</a>. Adem&aacute;s, la ineficacia de estos centros es palmaria: seg&uacute;n datos oficiales, de las personas ingresadas en el CIE en 2015, tan solo 2.871, el 41% del total, fueron expulsadas a sus pa&iacute;ses de origen.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de una larga y dura estancia en el CIE, las perspectivas de futuro no mejoran. Las personas subsaharianas que son liberadas en el Estado espa&ntilde;ol se encuentran con una orden de expulsi&oacute;n debajo del brazo que les impedir&aacute; realizar una vida normalizada y vivir&aacute;n bajo la permanente amenaza de ser repatriadas.
    </p><p class="article-text">
        Las identificaciones en base a los rasgos f&iacute;sicos (por perfil &eacute;tnico) son una pr&aacute;ctica habitual en muchas ciudades, y algunas personas son requeridas por la polic&iacute;a pr&aacute;cticamente a diario. Estas acciones ocurren en mayor medida en fechas previas a las salidas de los vuelos colectivos de repatriaci&oacute;n de inmigrantes. En esos momentos, las detenciones de oriundos del pa&iacute;s al que se dirija el avi&oacute;n se incrementan notablemente. Se producen detenciones y las personas son repatriadas directamente desde las comisar&iacute;as, en un plazo m&aacute;ximo de 72 horas, lo que se conoce como las &ldquo;expulsiones expr&eacute;s&rdquo;. Estas expulsiones en un plazo tan exiguo habitualmente adolecen de falta de garant&iacute;as para la persona que va a ser expulsada.
    </p><p class="article-text">
        Como vemos, las fronteras del Estado espa&ntilde;ol y de la Uni&oacute;n Europea no terminan en el l&iacute;mite f&iacute;sico del territorio, sino que contin&uacute;an a trav&eacute;s de gran parte del periplo migratorio de las personas subsaharianas. A la sucesiva estancia en centros abiertos o de internamiento, les sigue muchas veces una situaci&oacute;n de irregularidad prolongada que implica la amenaza permanente de repatriaci&oacute;n. Las identificaciones por perfil &eacute;tnico completan el hostigamiento cotidiano a la poblaci&oacute;n subsahariana.
    </p><p class="article-text">
        Todos estos obst&aacute;culos (imposibilidad de acceso a las oficinas de asilo, estancia en los CETI, en los CIE, las devoluciones en caliente, las devoluciones expr&eacute;s, la irregularidad&hellip;) forman el puzzle de una pol&iacute;tica migratoria irrespetuosa con los derechos humanos. En este contexto, sigue siendo necesario exigir el establecimiento de v&iacute;as legales y seguras de entrada, amparando especialmente a aquellas personas susceptibles de solicitar asilo o protecci&oacute;n internacional, as&iacute; como mecanismos de regularizaci&oacute;n dentro del Estado espa&ntilde;ol que favorezcan la integraci&oacute;n de las personas inmigrantes que se encuentran residiendo aqu&iacute;. Todo un reto para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Begoña Santos Olmeda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/africa-fronteras-europa_1_3585107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Feb 2017 19:43:56 +0000]]></pubDate>
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