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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paula Sánchez Perera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/paula_sanchez_perera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paula Sánchez Perera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El feminismo regulacionista no existe, pero el pro-derechos sí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminismo-regulacionista-existe-pro-derechos_129_2212408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/628079c4-59f2-4ea1-9e19-c8a62dbb69c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El feminismo regulacionista no existe, pero el pro-derechos sí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las trabajadoras sexuales no disponen de protección laboral en caso de embarazo, enfermedad o vejez, por lo que siguen trabajando y se encuentran totalmente desprotegidas frente al empresariado que se lleva al menos el 50% de cada servicio</p></div><p class="article-text">
        Hay a quien le cuestionan por lo que defiende y a quien, por el contrario, se le rechaza por lo que se cree que defiende. Que reconozcamos y respetemos que existe capacidad de decisi&oacute;n en prostituci&oacute;n no significa que este sea el argumento fundamental para abrazar la postura pro-derechos. Ciertamente, en el sistema capitalista solo las personas privilegiadas eligen en qu&eacute; trabajar, el resto decidimos entre opciones restringidas a nuestros ejes de opresi&oacute;n. Nadie cobra de un matriarcado socialista, ni siquiera las lesbianas pol&iacute;ticas. Todas naufragamos entre mecanismos de colaboraci&oacute;n y resistencia y tratamos de que el engranaje neoliberal no se cebe con los sectores m&aacute;s vulnerables. Pese a esto, tanto la criminalizaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n callejera como la explotaci&oacute;n laboral a terceros se encuentran, de hecho, legitimadas. Las razones de peso que nos llevan a apoyar la lucha de las trabajadoras sexuales son las violaciones de derechos humanos que se producen en nuestro contexto.
    </p><p class="article-text">
        Hacemos referencia a la violencia institucional, los abusos de poder de los cuerpos de polic&iacute;a, las detenciones arbitrarias amparadas por la Ley de Extranjer&iacute;a, el acoso policial, las multas, las fallas en la tutela judicial efectiva, la precarizaci&oacute;n y la exposici&oacute;n a una mayor violencia que acontecen en la calle gracias a la suma entre ordenanzas municipales, la ley mordaza y el vac&iacute;o legal en el que se desenvuelve. De otro lado, aquellas que trabajan a terceros sufren la violencia anexa a la explotaci&oacute;n laboral en la que caen por encontrarse en un limbo legal que propicia todo tipo de abusos. No disponen de ning&uacute;n tipo de protecci&oacute;n laboral en caso de embarazo, enfermedad o vejez, por lo que siguen trabajando y se encuentran totalmente desprotegidas frente al empresariado que se lleva al menos el 50% de cada servicio, puede imponer las pr&aacute;cticas, la clientela, el no uso del cond&oacute;n y jornadas de hasta 14 horas seguidas, sin descansos estipulados ni semanales, vacaciones, horas extraordinarias reconocidas o plus de nocturnidad. No tienen ninguna protecci&oacute;n frente al despido, la salud o la higiene, que queda al arbitrio del empresario. No disponen de ninguna legitimaci&oacute;n para exigir el uso de preservativos y se puede vulnerar el derecho a la libertad y a la salud oblig&aacute;ndolas a consumir alcohol para que lo hagan los clientes. Tampoco obviamente tienen derecho a huelga, negociaci&oacute;n colectiva o a sindicarse y, en caso de que conformen organizaciones que se presenten p&uacute;blicamente como sindicatos, ya se encargar&aacute; un sector de tildarlas a ellas de proxenetas.
    </p><p class="article-text">
        Se producen toda una ausencia de derechos sociales tales como el acceso a la vivienda. Habitualmente se ven abocadas a vivir y trabajar en un club, alquilar una habitaci&oacute;n con suerte o al sistema de camas calientes. Tambi&eacute;n se vulnera el derecho a la salud, sufren discriminaci&oacute;n y padecen indefensi&oacute;n para acceder a servicios sanitarios siendo las ONG las que les facilitamos informaci&oacute;n sobre los recursos disponibles; quedan a expensas de que se produzca el contacto. A su vez, sufren indefensi&oacute;n en caso de violencia f&iacute;sica y sexual y tambi&eacute;n la violencia psicol&oacute;gica y simb&oacute;lica del estigma que reproducen ciertos discursos que las prostitutas interiorizan y que conducen a costes psicol&oacute;gicos m&uacute;ltiples. El estigma se traduce en una cadena de discriminaciones y exclusi&oacute;n social. Y el estigma, a la larga, mata.
    </p><p class="article-text">
        Este es el escenario estructural de la prostituci&oacute;n en Espa&ntilde;a. La situaci&oacute;n de alegalidad en la que se encuentran se convierte en prohibicionismo en la calle, avalado por tesis abolicionistas. A su vez, la persecuci&oacute;n que sufren en la calle favorece la zonificaci&oacute;n del ejercicio reacopl&aacute;ndolo a terceros; alterne que est&aacute;&nbsp;<a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/administracion-prostibulos_6_230686936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reglamentado en beneficio exclusivo del empresariado</a>. Un matrimonio bien avenido que limpia las calles, reubica a las prostitutas a terceros desentendi&eacute;ndose de las asalariadas y luego nos dice que, si quieren derechos, se hagan aut&oacute;nomas. Curiosamente, la mayor&iacute;a que tanto preocupa al abolicionismo no puede darse de alta como aut&oacute;noma, bien porque no dispone de ingresos suficientes y la estabilidad laboral para hacer frente a la cuota, bien porque trabajan en relaci&oacute;n de dependencia o se encuentran en situaci&oacute;n administrativa irregular. Y hay quien puede y no quiere, por leg&iacute;tima desobediencia civil <em>-no taxation without representation-</em>. Con todo, habr&iacute;a que recordar que aunque exista la posibilidad contin&uacute;a en un vac&iacute;o legal porque el objeto que se vende, el sexo, no es l&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        Por mucho que se busque a la puta representativa -aquella que case con nuestros presupuestos- no existe una experiencia universal de prostituci&oacute;n. La diversidad es clave y la justicia social se consigna en dar respuesta a cada situaci&oacute;n. Por una parte, debe asegurarse la protecci&oacute;n efectiva de las v&iacute;ctimas de trata,&nbsp;<a href="https://www.unodc.org/documents/publications/TiP_Europe_ES_LORES.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cifrada en un 14% seg&uacute;n la ONU</a>, pues actualmente, lejos de garantizarse, lo habitual es que la trata se utilice como excusa para perseguir y controlar la migraci&oacute;n, tal como se denuncia&nbsp;<a href="http://www.refworld.org/docid/54b693a04.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desde el informe Greta del Consejo de Europa</a>. Habr&iacute;a que recordar que existe trata en multitud de sectores y su causa no es la prostituci&oacute;n, sino el cierre de fronteras europeo, las restricciones que impone la Ley de Extranjer&iacute;a y la clandestinidad obligatoria en la que se desarrollan los proyectos migratorios. En s&iacute;ntesis: el racismo institucionalizado del que se benefician las mafias. En segundo lugar, hacen falta alternativas laborales realistas para quienes quieran abandonar el ejercicio. Resulta parad&oacute;jico que se inviertan m&aacute;s esfuerzos en desacreditarnos que en generar opciones laborales no feminizadas ni precarizadas, para que la prostituci&oacute;n no tenga que ser en ning&uacute;n caso un destino. Por &uacute;ltimo, para aquellas que quieran seguir ejerciendo y reivindican la mejora de sus condiciones, el reconocimiento de su condici&oacute;n de trabajadoras, con titularidad de derechos laborales y, por tanto, civiles plenos. Son demandas que no est&aacute;n en conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos 23 a&ntilde;os insistiendo en que no, no somos regulacionistas. Los modelos de este tipo regulan la prostituci&oacute;n como un problema de sanidad y orden p&uacute;blico y se desarrollan a trav&eacute;s de medidas administrativas y policiales como los controles m&eacute;dicos obligatorios, la inscripci&oacute;n en registros policiales y la zonificaci&oacute;n del ejercicio considerando en qu&eacute; espacios es legal ejercer. Recrean la divisi&oacute;n entre prostituci&oacute;n legal e ilegal para las migrantes en situaci&oacute;n irregular, proh&iacute;ben la prostituci&oacute;n callejera, favorecen el ejercicio a terceros y estigmatizan como grupo de riesgo y en la vida laboral. Frente a este modelo tambi&eacute;n naci&oacute; el movimiento de prostitutas, es un marco que ninguna asociaci&oacute;n pro-derechos defiende y que los sindicatos de prostitutas de los pa&iacute;ses con modelo reglamentarista critican abiertamente.
    </p><p class="article-text">
        Si nos denominamos pro-derechos es porque nuestra prioridad se encuentra en el reconocimiento de estos desde una perspectiva de derechos humanos, cuyo ejemplo m&aacute;s pr&oacute;ximo ser&iacute;a el neozeland&eacute;s. Se trata de poner l&iacute;mites a los empresarios, de evitar las relaciones de explotaci&oacute;n laboral que ya existen, de descriminalizar la prostituci&oacute;n callejera, incentivar el trabajo aut&oacute;nomo y, por encima de todo, que el modelo de prostituci&oacute;n que se quiera desarrollar cuente en su elaboraci&oacute;n con la participaci&oacute;n de las protagonistas. Un modelo revisable por un comit&eacute; de evaluaci&oacute;n en el que participen las trabajadoras, que vaya fortaleci&eacute;ndose de sus fallas para garantizar la protecci&oacute;n frente a la violencia, la explotaci&oacute;n, la coerci&oacute;n y el machismo a las m&aacute;s vulnerables. Ahora, si se quiere llamar regulaci&oacute;n a cualquier interjecci&oacute;n legal en prostituci&oacute;n, hablemos claro, porque esta ya existe con el alterne, el uso del espacio p&uacute;blico y la penalizaci&oacute;n de aspectos concomitantes al trabajo asalariado e independiente.
    </p><p class="article-text">
        La frecuente asimilaci&oacute;n entre regulaci&oacute;n y enfoque pro-derechos, el desequilibrio de informaci&oacute;n sobre las cuatro posturas del que dispone la poblaci&oacute;n, no es inocente y s&iacute; un s&iacute;ntoma de que el debate nunca ha sido tal cosa. Mientras nos meten en el mismo saco, se obvia qui&eacute;n tiene el monopolio del poder institucional, acad&eacute;mico y los recursos asistenciales. Quienes defendemos esta postura no somos un todo monol&iacute;tico. Hay quienes apoyan una visi&oacute;n pro-sexo y se concentran en reconocer la capacidad de decisi&oacute;n. Hay quienes desean la abolici&oacute;n a largo plazo, pero conscientes de la gravedad de la situaci&oacute;n abrazan el principio de reducci&oacute;n del da&ntilde;o. Hay quienes, incluso, ven&iacute;amos del abolicionismo y el trabajo de campo en las zonas de ejercicio nos hizo ir deconstruyendo una serie de supuestos. Cu&aacute;ntas instituciones son patriarcales, como el matrimonio, refugio indiscutible de la violencia machista y, sin embargo, no existe un movimiento organizado por su abolici&oacute;n. Cu&aacute;ntos trabajos est&aacute;n igualmente atravesados por el patriarcado y el capitalismo, como el servicio dom&eacute;stico, y sin embargo nos solidarizamos con sus proclamas de alcanzar condiciones dignas de ejercicio.
    </p><p class="article-text">
        Nos quedan muchas cuestiones en el tintero, como los clientes, por supuesto. Asunto, por cierto, sobre el que las trabajadoras sexuales han escrito r&iacute;os de tinta, pero no podemos convencer a quienes se niegan a revisar su sesgo de confirmaci&oacute;n, la tendencia a valorar solo aquella informaci&oacute;n que confirme sus creencias. Cierto es que las que se autodenominan trabajadoras sexuales no son todas. Romper con el estigma, politizarse, organizarse y tener el valor de visibilizarse no es f&aacute;cil, pero son un movimiento internacional y creciente desde los a&ntilde;os 80. Es una maniobra perversa reducir a las que dan la cara al r&oacute;tulo de privilegiadas cuando lo que est&aacute;n exigiendo es disfrutar de los mismos &lsquo;privilegios&rsquo; que el resto de la clase trabajadora. En la misma operaci&oacute;n, se borra intencionalmente el hecho de que los reclamos de las escorts son exactamente los mismos que los de las asalariadas y de calle como Prostitutas Indignadas del Raval, AFEMTRAS de Villaverde o el Colectivo de Prostitutas de Sevilla.
    </p><p class="article-text">
        Pareciera que la preocupaci&oacute;n central no son las putas, sino los efectos simb&oacute;licos de normalizar la prostituci&oacute;n. Si de verdad preocupara el machismo en la prostituci&oacute;n, con mayor raz&oacute;n buscar&iacute;amos que estuviesen protegidas frente a este. En Nueva Zelanda una trabajadora puede rechazar a un cliente sin dar ning&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n, incluso despu&eacute;s de hab&eacute;rsele pagado. Con todo, para que la ansiada revoluci&oacute;n que erradique de base las instituciones patriarcales pueda llegar a buen puerto, no podemos olvidar dirigirnos primero hacia la feminizaci&oacute;n de la pobreza. Condenar a la clandestinidad y a la vulneraci&oacute;n de derechos humanos no nos parece la mejor opci&oacute;n; multar a las que ejercen en la calle, desentenderse de las asalariadas y decirles a las que quieren trabajar que ah&iacute; tienen la cuota de aut&oacute;nomos s&iacute; es neoliberal. Pervertir la justicia social en sistema carcelario y exclusi&oacute;n&nbsp;<a href="https://www.arte.tv/es/videos/071485-000-A/donde-las-putas-no-existen/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como en Suecia</a>, tambi&eacute;n. Si no se quiere dar el brazo a torcer al menos que no se les exija a quienes nunca se ha considerado como sujetos pol&iacute;ticos la misi&oacute;n de erradicar el patriarcado, el capitalismo, la alienaci&oacute;n y el trabajo asalariado. Y s&iacute;, es trabajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Sánchez Perera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/feminismo-regulacionista-existe-pro-derechos_129_2212408.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Mar 2018 20:07:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Prostitución,Trabajadoras sexuales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es neoliberal defender el trabajo sexual?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/neoliberal-defender-trabajo-sexual_129_3515659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/385c1b61-2b90-4c7c-810c-bb5d20bf6d08_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Es neoliberal defender el trabajo sexual?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las putas empoderadas, organizadas reclamando derechos, se convierten en sujetos políticos. Y lo que hace a la libertad un asunto político –diría Hannah Arendt– es que es esencialmente colectiva</p></div><p class="article-text">
        La &uacute;ltima estrategia de descr&eacute;dito hacia quienes abrazamos la posici&oacute;n pro-derechos, en materia de prostituci&oacute;n, es la de tildarnos de neoliberales. Parece mentira, pero esta acusaci&oacute;n en gran medida descansa en que aceptamos el consentimiento de quienes manifiestan ejercer por decisi&oacute;n propia el trabajo sexual. Se debe, entonces, a que respetamos la decisi&oacute;n de ejercer, a que no cuestionamos la libertad individual como argumento, a que no impugnamos los testimonios y la voz de las prostitutas por decisi&oacute;n propia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1.</strong> Cualquier decisi&oacute;n se encuentra, inevitablemente y de entrada, condicionada por estructuras de opresi&oacute;n y condiciones materiales. Adem&aacute;s, seg&uacute;n cu&aacute;ntas y cu&aacute;les sean las estructuras que atraviesen a cada persona y su intersecci&oacute;n, el abanico de opciones de cada decisi&oacute;n ser&aacute; m&aacute;s o menos limitado. Ya se sabe que no es lo mismo ser una mujer blanca cis de nacionalidad espa&ntilde;ola que una mujer negra trans migrante. Ahora bien, que toda elecci&oacute;n se encuentre de base <em>condicionada</em> no es lo mismo que decir que est&aacute; <em>determinada</em> por dichas estructuras. Por tanto, aunque no sea del todo preciso hablar de <em>elecci&oacute;n</em> (porque estrictamente hablando nadie es libre), s&iacute; de <em>decisi&oacute;n</em> y de <em>capacidad</em> de <em>agencia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso de este tipo de argumentos que buscan rechazar la validez del consentimiento es que solo surgen en torno al trabajo sexual: &iquest;por qu&eacute;?, &iquest;qu&eacute; diferencia al trabajo sexual de otros trabajos? Un ejemplo: trabajar en una mina con exposici&oacute;n al amianto puede recortar de 15 a 20 a&ntilde;os la vida de la persona trabajadora y desencadena frecuentemente en varios tipos de c&aacute;ncer. Es una profesi&oacute;n de alto riesgo y, sin embargo, no existe un movimiento por la abolici&oacute;n de la miner&iacute;a ni art&iacute;culos que impugnen la decisi&oacute;n de ejercerla, sino una lucha obrera por el reconocimiento de una legislaci&oacute;n diferente vinculada a los problemas de la profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; distingue a la prostituci&oacute;n de la miner&iacute;a?: el estigma. Un estigma que no solo tiene que ver con la discriminaci&oacute;n y la moral sexual interiorizada, sino tambi&eacute;n y principalmente con la construcci&oacute;n del g&eacute;nero femenino, sus l&iacute;mites y fobias. Hablar de estigma es hablar de feminismo, pero eso dar&iacute;a para otro art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong> Al margen del anacronismo de situar la prostituci&oacute;n como necesariamente vinculada al neoliberalismo, convendr&iacute;a recordar que esta opci&oacute;n ha sido desde siempre la estrategia de supervivencia econ&oacute;mica de las mujeres m&aacute;s pobres. No es nuevo. Las hijas de las clases bajas, las que sufren de manera directa la feminizaci&oacute;n de la pobreza, son las que a lo largo de la historia han decidido realizar el trabajo sexual; e impugnar su decisi&oacute;n, como si las pobres no tuvieran agencia, es clasismo.
    </p><p class="article-text">
        En el imaginario abolicionista las pobres son objetos pasivos de las circunstancias y en el mismo gesto en el que se les relega a un espacio de subalternidad, las r&eacute;plicas a este argumento se ceban con las <em>escorts</em> que pueden y quieren dar la cara. Clasismo no es solo silenciar a las pobres, sino tambi&eacute;n asumir que es un discurso propio de las que ejercen de manera mejor remunerada. Se ignoran los testimonios de prostitutas por decisi&oacute;n propia <a href="https://www.diagonalperiodico.net/movimientos/28017-afemtras-asociacion-mujeres-trabajadoras-del-sexo-y-feministas-villaverde-madrid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como las de la Agrupaci&oacute;n Feminista de Trabajadoras del Sexo (AFEMTRAS)</a> que manifiestan palabra por palabra la misma decisi&oacute;n que sus compa&ntilde;eras. Pero claro, no conviene visibilizar a quienes captan su clientela en la calle, son mayoritariamente migrantes y, a menudo, mujeres trans. Se desmonta el hombre de paja si las mujeres que sufren la intersecci&oacute;n entre estructuras de opresi&oacute;n tales como el racismo, la transfobia y la precariedad reivindican su decisi&oacute;n de prostituirse y querer hacerlo con derechos laborales que las protejan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong> La falacia de composici&oacute;n o de tomar la parte por el todo asume que aceptar la decisi&oacute;n individual de ejercer la prostituci&oacute;n realizada en un marco capitalista supone entonces aceptar, celebrar y estar de acuerdo con el capitalismo en s&iacute; mismo. No. La conquista de derechos sociales, civiles y laborales en un marco de creciente neoliberalismo salvaje es y sigue siendo una lucha propia de las posiciones pol&iacute;ticas progresistas. Precisamente porque el modo de producci&oacute;n se ceba con las personas m&aacute;s vulnerables, combatir este sistema a menudo consiste en trabajar para que nos convirtamos en due&ntilde;as de nosotras mismas, en acompa&ntilde;arlas en su empoderamiento, en establecer alianzas para expulsar la desigualdad del marco. Feminista es trabajar por ampliar nuestros m&aacute;rgenes de seguridad personal, de autonom&iacute;a y de autoestima. Feminista es reafirmar sus decisiones, sean continuar en el trabajo sexual o abandonarlo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras llega la prometida revoluci&oacute;n, la lucha no deber&iacute;a ser contra putas y aliadas (difamando, caricaturizando, desinformando, acosando o tild&aacute;ndoles de alienadas o no representativas, cuando no de privilegiadas). Quienes deseen abolir la prostituci&oacute;n pueden trabajar para que existan opciones laborales mejor remuneradas para quienes quieran dejarlo y para que el <a href="http://www.violenciagenero.msssi.gob.es/planActuacion/planContraExplotacionSexual/docs/Plan_Integral_Trata_18_Septiembre2015_2018.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Plan Integral de Lucha contra la Trata de Mujeres y Ni&ntilde;as con Fines de Explotaci&oacute;n Sexual (2015-2018)</a> deje de ser una coartada para perseguir a la inmigraci&oacute;n irregular. Apoyar a las prostitutas no es ni puede ser nunca apoyar las multas contra sus clientes y/o contra ellas, ya que precarizan a&uacute;n m&aacute;s su situaci&oacute;n, aumentan su vulnerabilidad frente los abusos, clandestinizan su trabajo y las relegan a una mayor inseguridad favoreciendo que todas entren a trabajar para terceros, donde la ausencia de legislaci&oacute;n ampara todo tipo de abusos laborales. Apoyar a las prostitutas tampoco puede ser nunca desentenderse de las asalariadas, como si combatir la explotaci&oacute;n laboral no fuese una causa de este movimiento. Apoyar a las prostitutas no puede ser jam&aacute;s hacerse eco del estigma machista acosando, deslegitimando y ridiculizando a las <em>escorts.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong> Con todo, nuestra defensa del reconocimiento de la prostituci&oacute;n como trabajo no se centra en la libertad y voluntariedad de quien ejerce (aunque tambi&eacute;n, porque como feministas no podemos olvidar las mismas consignas que enarbolamos cuando defendemos el derecho al aborto). No. En primer lugar, porque esa libertad no es precisamente individual. Las putas empoderadas, organizadas reclamando derechos, se convierten en sujetos pol&iacute;ticos. Y lo que hace a la libertad un asunto pol&iacute;tico &ndash;dir&iacute;a Hannah Arendt&ndash; es que es esencialmente colectiva. En segundo lugar, el ejercicio perverso de reducir esta postura a un mero asunto de libertad individual invisibiliza las aut&eacute;nticas razones de la denominaci&oacute;n de feministas pro-derechos. Se trata de garantizar el acceso de todas las mujeres a los derechos humanos, la efectiva igualdad entre todas las personas, de frenar los abusos y la explotaci&oacute;n laboral, la vulnerabilidad y la violencia institucional, la discriminaci&oacute;n y el estigma.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; habit&aacute;ramos en un mundo en el que porque hubiese consentimiento y voluntariedad el neoliberalismo fuese coser y cantar para las feministas. Precisamente porque no es as&iacute;, precisamente porque la decisi&oacute;n de ejercer el trabajo sexual es solo la primera piedra para ponerse en marcha, trabajadoras del sexo y activistas seguiremos luchando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Sánchez Perera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/neoliberal-defender-trabajo-sexual_129_3515659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Mar 2017 19:44:22 +0000]]></pubDate>
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