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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Rossetti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana_rossetti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Rossetti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El corderito pascual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/corderito-pascual_132_3461722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb129601-5f57-4494-a26f-18f2444a9fd3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un cordero liberado por un activista."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Domingo de Pascua, que marca el fin de la Semana Santa, celebra la resurrección de Cristo asando inocentes corderos, paradójicamente convertidos en símbolo del pecado humano por una tradición cristiana que tiene su origen en el Éxodo, segundo libro de la Biblia.</p><p class="subtitle">Publicamos una fábula de la poeta Ana Rossetti sobre esa inocencia traicionada.</p></div><p class="article-text">
        Por desobediente, por desatender los silbidos de mi amo, por escapar de los perros vigilantes. Por la primavera y la alegr&iacute;a que retoza entre los tr&eacute;boles; por los invitadores trinos de los p&aacute;jaros; por el vuelo de un insecto como ruta invisible y tentadora&hellip; Por lo que sea que fuera, me extravi&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        En el despe&ntilde;adero, inm&oacute;vil, detenido en mi ca&iacute;da: aqu&iacute; estoy.
    </p><p class="article-text">
        Las zarzas enroscadas como erizos, como una red punzante. El hambre aprieta, la sed ahoga y el miedo es una amapola arrancada.
    </p><p class="article-text">
        Las sombras del d&iacute;a alargan sus dominios; la soledad acude. Anochece.
    </p><p class="article-text">
        Avanzan las tinieblas por el valle, se apagan los destellos de la hierba y mis balidos.
    </p><p class="article-text">
        El temblor de las estrellas. El aullido del lobo en el pavoroso silencio de la noche. El merodeo sigiloso de las alima&ntilde;as. El fr&iacute;o suave de la brisa nocturna.
    </p><p class="article-text">
        Este es el castigo que merezco.
    </p><p class="article-text">
        Por desobediente.
    </p><p class="article-text">
        Pero tu due&ntilde;o no te abandonar&aacute;, me dice la esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n mal te ha de suceder, porque su amor lo conducir&aacute; hasta ti.
    </p><p class="article-text">
        Anhelante te buscar&aacute; por los bosques y las grutas. Trepar&aacute; por los riscos, se descolgar&aacute; por los desfiladeros, otear&aacute; desde las ramas de los &aacute;rboles&hellip; No descansar&aacute; hasta tenerte con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Conf&iacute;a en su amor, me dice. En su indesmayable y fiel amor.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l me ama, s&iacute;. &Eacute;l me ama.
    </p><p class="article-text">
        Y yo conf&iacute;o, conf&iacute;o, conf&iacute;o, conf&iacute;o&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Aleluya! Mi due&ntilde;o ha venido y me ha salvado. En sus protectores brazos me ha acogido; la ternura de sus manos se ha te&ntilde;ido con mi sangre.
    </p><p class="article-text">
        Sus dedos sacan de mi cuerpo las espinas y su fuerza me sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Me habla, me susurra y sus palabras se abren como refugios, resplandecen como lirios; tan dulces como la manzanilla silvestre, son sus palabras de perd&oacute;n y de consuelo.
    </p><p class="article-text">
        Mi due&ntilde;o me conforta y me absuelve, &iexcl;aleluya!
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Aleluya! S&iacute;, gritad conmigo: &iexcl;aleluya!, porque yo estaba perdido y &eacute;l me ha encontrado. Me alej&eacute; de &eacute;l y &eacute;l se ha llegado a m&iacute;. Deso&iacute; sus afanes cuidadosos y &eacute;l escuch&oacute; mi angustia. Procur&eacute; mi da&ntilde;o y despreci&eacute; mi vida pero &eacute;l me ha rescatado de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Alegraos porque &eacute;l es mi amado, &eacute;l es mi due&ntilde;o, &eacute;l lo es todo para m&iacute;. Y yo me recuesto sobre su pecho como en un prado fragante.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Aleluya! &iexcl;Aleluya! Alegraos y regocijaos conmigo
    </p><p class="article-text">
        Con palmadas de alborozo reciben al pastor en el tibio calor del hogar. Sobre la mesa de la cocina, la familia examina al corderito. &Eacute;l no entiende el idioma de los seres humanos pero percibe en los rostros la bienvenida.
    </p><p class="article-text">
        -Qu&eacute; hermoso es y qu&eacute; rollizo est&aacute;- calibra la esposa. En su mirada hay todo un sistema de pesas y medidas.
    </p><p class="article-text">
        -Es el mejor del reba&ntilde;o- proclama el esposo con orgullo.
    </p><p class="article-text">
        La hija hunde los dedos en los rizos del corderito y piensa cu&aacute;nto tiempo tendr&aacute; que esperar para que llegue el invierno.
    </p><p class="article-text">
        -El cuello, los pu&ntilde;os&hellip; y quiz&aacute;s hasta un gorrito- calcula.
    </p><p class="article-text">
        El corderito est&aacute; contento.
    </p><p class="article-text">
        El corderito no entiende lo que dicen.
    </p><p class="article-text">
        El corderito no sabe que ma&ntilde;ana es Domingo de Pascua Florida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Rossetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/corderito-pascual_132_3461722.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Apr 2017 18:05:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El corderito pascual]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lupita y la revolución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/lupita-revolucion_132_3512782.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/634a055b-d38f-45b9-8ff4-8cbce7961170_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Viñeta del artista Paco Catalán."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La poeta Ana Rossetti escribe una fábula sobre lobas y lobos que desmonta mitos ancestrales aún vigentes y cuenta mucho sobre los animales humanos</p></div><p class="article-text">
        Las hembras de las nuevas generaciones se estaban haciendo demasiadas preguntas sobre ellas mismas. Cuando esto sucede, se abren las puertas a la insatisfacci&oacute;n, a las ansiedades, a las dudas, a los sentimientos de vac&iacute;o y a las crisis de identidad. Los qu&eacute;, los porqu&eacute; y los para qu&eacute; pesaban en sus existencias como grilletes de hierro, incapacit&aacute;ndolas para cualquier determinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las comadres no sal&iacute;an de su asombro. Jam&aacute;s se hubieran planteado que la vida presentara tales problemas: &ldquo;Esto les pasa porque han crecido con demasiadas comodidades&rdquo;, sentenciaban, &ldquo;se les ha consentido demasiado&rdquo;. O bien: &ldquo;Si hubieran tenido que luchar como nosotras para sobrevivir no les hubiera dado tiempo a pensar en tantas majader&iacute;as&rdquo;. O bien: &ldquo;Todo esto de que est&aacute;n deprimidas son excusas para no cumplir con sus obligaciones. Ya nadie quiere esforzarse ni sacrificarse por los dem&aacute;s&rdquo;. O bien: &ldquo;Ya no hay hembras como las de antes, en las j&oacute;venes de ahora solamente hay ego&iacute;smo, individualismo y ninguna gana de asumir las responsabilidades correspondientes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, en fin, toda clase de cosas por el estilo. Se pasaban horas y horas sin lograr manifestar nada m&aacute;s all&aacute; del disgusto y la consternaci&oacute;n que compart&iacute;an. Se lamentaban, se indignaban, se preguntaban, se recriminaban, se exculpaban, se perd&iacute;an en terrenos inseguros, en arenas confusas.
    </p><p class="article-text">
        En esas estaban un buen d&iacute;a cuando Lupita, la m&aacute;s joven de entre los j&oacute;venes, irrumpi&oacute; en el c&iacute;rculo de cavilaciones y quejas, y con todo el descaro lanz&oacute; lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Estamos hartas de humillaciones, de difamaciones, de soportar la inquina de ciertos animales contra nuestra especie. Hartas de las historias mentirosas sobre nuestra conducta. Hartas de infundir recelo y prevenci&oacute;n. Hartas de prejuicios y de persecuciones. Hartas, hartas, hartas&hellip; Hartas de que nos est&eacute;n exterminando.
    </p><p class="article-text">
        Todas las comadres se quedaron en suspenso, como hipnotizadas por esas palabras que les rebotaban sin penetrar en sus mentes y arraigar en ideas comprensibles. Cuando los gritos de la joven amainaron, la hembra alfa apenas acert&oacute; a decir:
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Te refieres a los animales humanos?
    </p><p class="article-text">
        Lupita asinti&oacute; en silencio. Despu&eacute;s de haber soltado su furia se hab&iacute;a quedado sin habla.
    </p><p class="article-text">
        Las cosas son as&iacute;, no nos enga&ntilde;emos. Los animales humanos desde tiempo inmemorial han fraguado historias terribles sobre los lobos para aterrorizar a sus criaturas y as&iacute; poder justificar cualquier medida criminal que dictaminen contra ellos. Por supuesto, en la palabra lobo est&aacute;n incluidas las lobas, pues los animales humanos no acostumbran a distinguir lo que no est&aacute; directamente relacionado con sus intereses, pero si alguna vez se refieren a las lobas en concreto, es para peor: lo hacen para designar a hembras insaciables, vengativas y lujuriosas.
    </p><p class="article-text">
        Estas acusaciones no tienen ning&uacute;n fundamento, y menos la de la lujuria, porque tanto lobas como lobos son capaces de guardar una castidad rigurosa en a&ntilde;os de escasez, sean los que sean, hasta que las circunstancias permitan que sus cachorros puedan nacer en condiciones favorables. Si no se dan nunca, antes prefieren morir sin conocer los placeres del apareamiento que traer m&aacute;s penuria al mundo. O sea que hasta un hongo tiene una vida reproductiva m&aacute;s interesante que una manada completa.
    </p><p class="article-text">
        Las lobas j&oacute;venes hab&iacute;an empezado a cuestionarse las retorcidas patra&ntilde;as que los animales humanos hab&iacute;an propagado a trav&eacute;s de los siglos; lo hab&iacute;an hecho con tal habilidad que se hab&iacute;an acabado aceptando entre los suyos. Lobos, lobas y lobeznos estaban convencidos de ser astutos y malignos y, pese a que la realidad demostrase reiteradamente la falsedad de estas afirmaciones, sobrellevaban estas ultrajantes etiquetas con una indiferencia resignada. Las lobas j&oacute;venes por el contrario, cre&iacute;an que ya era hora de ser ellas mismas quienes se definieran y se reconocieran por sus experiencias y no por juicios ajenos, pero se enfrentaban a la estructura incombustible de las tradiciones y sent&iacute;an impotentes para desmontarla. Eso explicaba el desaliento que se traduc&iacute;a en desgana por fuera y en desasosiego en los adentros de sus corazones.
    </p><p class="article-text">
        A ra&iacute;z de las declaraciones de Lupita, las comadres tomaron conciencia de la gravedad del asunto y decidieron ponerse manos a la obra. Pacientemente abordaron el arduo proceso de deconstrucci&oacute;n a fin de que las nuevas generaciones tuviesen una percepci&oacute;n diferente de lo que significaba ser lo que eran.
    </p><p class="article-text">
        Entonces elaboraron un dossier. Solamente pretend&iacute;an, como he dicho, fijar sus se&ntilde;as de identidad como legado a las generaciones futuras, pero la juventud es muy impulsiva y cuando las lobas j&oacute;venes tuvieron el documento a su alcance decidieron lanzarse a una revoluci&oacute;n que pusiera las cosas en su lugar de una vez por todas. Ni cortas ni perezosas, solicitaron embajada a los animales humanos, los cuales aceptaron con curiosidad y rifles, y las lobas, aunque sab&iacute;an de los poderes de los animales humanos para capturar sin estar presentes y matar a distancia, entraron confiadas en sus territorios con el testimonio de las comadres como &uacute;nica garant&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Frente a un auditorio humano compuesto por una mayor&iacute;a de machos y unas cuantas hembras, las lobas j&oacute;venes hablaron de la organizaci&oacute;n de su sociedad, basada en la cooperaci&oacute;n y en la administraci&oacute;n equitativa de recursos. Cuando explicaron que la manada hace que sus miembros enfermos o ancianos marquen el paso de la manada para asegurarse de que no queden atr&aacute;s, y que los enfermos y ancianos, a su vez, se colocan en cabeza de la marcha, no para evitar quedarse rezagados sino para, en caso de emboscada, sacrificarse y as&iacute; salvar al resto, los animales humanos se revolvieron inc&oacute;modos, pero respetaron el turno de palabra.
    </p><p class="article-text">
        Las lobas tocaron el tema de los cuidados y la conciliaci&oacute;n familiar. Resulta que en la manada todos los machos son compadres y todas las hembras comadres porque la crianza se hace en conjunto. En este punto, las orejas de las hembras humanas crecieron como pitas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; La manada elige un lugar adecuado para que las hembras puedan parir&ndash; dijeron. Cuando la madre biol&oacute;gica se aparta de su camada para beber, comer o estirar las patas, cualquier loba o lobo cuida de los cachorros &ndash;continuaron las lobas.
    </p><p class="article-text">
        Las hembras humanas miraron a los machos de un modo muy particular y los machos se sintieron sumamente atacados.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Si un cachorro levanta su patita demandando alimento, cualquiera que lo observe se apresura a triturar con sus dientes la comida y a ofrec&eacute;rsela &ndash;continu&oacute; Lupita.
    </p><p class="article-text">
        Vamos, eso no pasa ni en Suecia. Las hembras humanas estaban visiblemente conmocionadas y los machos ya no pudieron contenerse y soltaron su andanada de rencor:
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iexcl;Eso es! Os com&eacute;is nuestros corderos, nuestras ovejas, nuestros cerdos, nuestros cabritillos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &iquest;Y vosotros no?&ndash; respondieron asombradas las lobas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Qu&eacute; tiene que ver&ndash; les contestaron&ndash; D&oacute;nde va a parar&hellip;
    </p><p class="article-text">
        No se puede dejar hablar a los animales humanos. Tienen siglos de oratoria, de ret&oacute;rica, de falacias, de androcentrismo y de colonizaci&oacute;n. Son irresistibles. Las lobas volvieron a sus dominios con los rabos ca&iacute;dos y las orejas gachas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Es absolutamente necesario&ndash; resumieron contritas&ndash; que hagamos un curso de master-chef.
    </p><p class="article-text">
        &mdash; S&iacute; &ndash;reconoci&oacute; Lupita&ndash;. Y tambi&eacute;n tenemos que aprender a comer con cubiertos, servilletas, copas de cristal y manteles y platitos para el pan y flores arrancadas en el centro de la mesa...
    </p><p class="article-text">
        Las p&aacute;ginas del memorial que con tanto af&aacute;n hab&iacute;an redactado las comadres se desperdigaron por el monte y unas cabras se las zamparon.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Rossetti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/lupita-revolucion_132_3512782.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Mar 2017 20:22:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Lobos,Poesía,Derechos animales,Maltrato animal]]></media:keywords>
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