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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Bouza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos_bouza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Bouza]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Solo quiero que me queráis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/fassbinder-cine-trans_132_3245764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7490f8b-6b25-4b80-a121-84552547eafa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Solo quiero que me queráis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pasado mes de junio se cumplieron 35 años de la muerte del director alemán Rainer Werner Fassbinder</p><p class="subtitle">Le recordamos con una revisión de ‘En un año con trece lunas’, película que narra los últimos cinco días en la vida de la transexual Elvira Weishaupt</p></div><p class="article-text">
        Conocemos a Rainer Werner Fassbinder (Bad W&ouml;rishofen, 1945 &ndash; M&uacute;nich, 1982) por ser uno de los grandes representantes del Nuevo Cine Alem&aacute;n, nacido en la misma veta generacional de la que surgieron Wim Wenders o Werner Herzog. Un poco m&aacute;s familiarizados con su obra, descubrimos al cineasta que <strong>hall&oacute; sus temas esenciales en las relaciones de poder y en las mec&aacute;nicas de opresi&oacute;n del grupo sobre el individuo</strong>. En las distancias cortas, distinguimos adem&aacute;s a un extraordinario formalista: a un hombre que hizo de la contradicci&oacute;n entre la explosi&oacute;n emocional de los melodramas estadounidenses y el artificio extremo de la forma (desplazamientos de c&aacute;mara lentos y circundantes, reencuadres claustrof&oacute;bicos, fascinaci&oacute;n por los espejos) uno de sus rasgos de estilo m&aacute;s reconocibles.
    </p><p class="article-text">
        Falleci&oacute; en plena juventud pero vivi&oacute; rodando compulsivamente, a veces hasta tres pel&iacute;culas en un a&ntilde;o, justificando as&iacute; el t&iacute;tulo del libro biogr&aacute;fico (<em>Ya dormir&eacute; cuando est&eacute; muerto</em>) que sobre &eacute;l escribi&oacute; su colaborador Harry Baer. La peculiaridad de esa filmograf&iacute;a oce&aacute;nica es que conforma una incesante vuelta de tuerca sobre los mismos asuntos, como si el acto de crear obedeciese a una quemaz&oacute;n interior para la que no exist&iacute;a alivio. O como asegura Baer: &ldquo;<strong>La explotaci&oacute;n de los sentimientos es el tema constante, el elemento dram&aacute;tico de todas las historias filmadas y escritas por Rainer</strong>. Una neurosis forzosa para todas las producciones, precisamente porque &eacute;l ya no era solamente la v&iacute;ctima, sino tambi&eacute;n, en much&iacute;simos casos, el verdugo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este extracto, Baer localiza con exactitud el origen de la quemaz&oacute;n de Fassbinder: su doble condici&oacute;n de vampiro y vampirizado; facetas que altern&oacute; o simultane&oacute; a lo largo de su vida y que constituyen la aut&eacute;ntica energ&iacute;a de su obra. Resulta sintom&aacute;tico que muchas de las pel&iacute;culas ajenas que le obsesionaron excavasen en el tema de la dominaci&oacute;n emocional, como sucede en su querida &lsquo;El &Aacute;ngel Azul&rsquo; (Josef von Sternberg, 1930). Pero, adem&aacute;s, utiliz&oacute; sus propias pel&iacute;culas como artefactos en los que hacer resonar la problem&aacute;tica de la explotaci&oacute;n y la dependencia. En sus propias palabras: &ldquo;En nuestra sociedad, una y otra son inevitables. <strong>El problema reside en que siempre hay una clase social que quiere educar a la otra.</strong> Un hombre a su mujer, un hombre a otro hombre. Siempre hay esta relaci&oacute;n de educaci&oacute;n, amo-esclavo, muy gur&uacute; y casi fascista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &lsquo;En un a&ntilde;o con trece lunas&rsquo; (1978) surge alumbrada por dos dict&aacute;menes del propio director: el primero asegura que <strong>&ldquo;</strong><strong>el amor es el mejor, el m&aacute;s insidioso y eficaz instrumento de represi&oacute;n social&rdquo;</strong>, y el segundo concluye que<strong> &ldquo;quien menos ama es quien m&aacute;s poder tiene&rdquo;</strong>. Ambas ideas hab&iacute;an impregnado no pocos t&iacute;tulos previos, ocupando el n&uacute;cleo de obras como &lsquo;Martha&rsquo; (1974) o &lsquo;La ley del m&aacute;s fuerte&rsquo; (1975), y Rainer las volc&oacute; de nuevo en la obra que m&aacute;s n&iacute;tidamente se presenta bajo la forma de una expiaci&oacute;n. La pel&iacute;cula naci&oacute; de un ajuste de cuentas, sobre todo consigo mismo: en concreto, de la necesidad urgente de sacudirse la culpa tras el reciente suicidio de Armin Meier, amante reconvertido en actor habitual de un importante tramo de su filmograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto fue un empe&ntilde;o &iacute;ntimo, concretado con la celeridad de un rel&aacute;mpago y saldado con un absoluto desconcierto p&uacute;blico. Basta con recordar que Rainer acababa de filmar &lsquo;El matrimonio de Maria Braun&rsquo; (1978), un ambicioso largometraje de casi dos millones de marcos que poco tiempo despu&eacute;s se estrenar&iacute;a con gran &eacute;xito de audiencia. Por el contrario, &lsquo;En un a&ntilde;o con trece lunas&rsquo; recuperaba su querencia por el cine de guerrilla, con un presupuesto de setecientos mil marcos inyectados en una pel&iacute;cula barroca y excesiva, en la que Fassbinder trabaj&oacute; como guionista, director, montador, director art&iacute;stico y operador de c&aacute;mara durante poco m&aacute;s de tres semanas. Una vez en las salas, su criatura termin&oacute; por desterrarle temporalmente de su c&iacute;rculo social: acusado de explotar art&iacute;sticamente la muerte de Armin, pocos entendieron que Rainer estaba elaborando realmente su propio dolor para tratar de vencerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sobre el papel, la pel&iacute;cula relata los cinco &uacute;ltimos d&iacute;as en la vida de Erwin / Elvira: una trans que se hace operar en Casablanca</strong>, inducida por el amor ciego que siente hacia un proxeneta reciclado en especulador inmobiliario. Pero ese amor es ahora una herida en el pasado, y Erwin se presenta ante nosotros encarcelado a perpetuidad en el cuerpo de Elvira, buscando desesperadamente contacto humano en las arterias de un Frankfurt fantasmal. La obertura anticipa una traves&iacute;a frustrante: camuflada con ropa masculina, Elvira tantea un encuentro sexual en una zona de <em>cruising</em> a orillas del r&iacute;o Main, pero basta con la exploraci&oacute;n de un hombre bajo su ropa interior para que broten la humillaci&oacute;n y los golpes. Es una escena importante, en cuanto que marca adem&aacute;s el estilo abigarrado de la pel&iacute;cula: sobre una situaci&oacute;n s&oacute;rdida, Fassbinder opta por deslizar un hermoso <em>adagietto</em> de Mahler, preludiando as&iacute; una obra hecha de extra&ntilde;as colisiones de tono.
    </p><p class="article-text">
        Aunque ha sido definida con acierto como el ejemplo m&aacute;s radical que Fassbinder nos presenta de un intento de comprar amor, esta es ante todo una pel&iacute;cula sobre el drama del cuerpo. La tragedia de Elvira es que su cambio de sexo no obedece a un ajuste identitario, sino que es el resultado de un acto de amor mal entendido. Despu&eacute;s, el cuerpo modificado se convierte en una fuente de soledad y terror cotidiano. &ldquo;Eres un trozo de carne gorda, repugnante y prescindible&rdquo;, le dice su nueva pareja antes de abandonarla, &ldquo;eres una cosa, un objeto&rdquo;. En otro momento, Fassbinder incide en ello con una famosa escena metaf&oacute;rica. Transcurre en un matadero, donde Elvira recuerda en un extenso mon&oacute;logo su pasado como matarife, mientras asistimos a un mec&aacute;nico ritual de sacrificio de reses.
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil discernir la m&aacute;scara que se reserva Rainer en el relato, teniendo en cuenta la l&iacute;nea invisible entre &ldquo;la actitud defensiva y agresiva&rdquo; que el cr&iacute;tico Donald Hayman identific&oacute; en su cine. No es dif&iacute;cil ver algo de Fassbinder en Elvira, la criatura suplicante en busca de una identidad: incapaz de integrarse de nuevo en la familia <em>tradicional</em> que un d&iacute;a form&oacute; como hombre, pero desprovista de una br&uacute;jula para afrontar un futuro como mujer. Pero tambi&eacute;n como Anton, el viejo amante mezquino y grotesco. E incluso como Zora, la amiga prostituta de Elvira, un apoyo voluntarioso pero finalmente d&eacute;bil. Ante todo, Rainer quer&iacute;a explicarse, hacerse entender y entenderse. Porque como dijo una vez: <strong>&ldquo;</strong><strong>Vivimos dentro de un sistema que no da a las personas la posibilidad de establecer contactos, de comunicarse. Una comunicaci&oacute;n real entre las personas ser&iacute;a revolucionaria&rdquo;.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Bouza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/fassbinder-cine-trans_132_3245764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Aug 2017 18:14:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Solo quiero que me queráis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una carta de amor sobre la herida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/carta-amor-herida_132_3496079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a34a1db5-a66b-4bcd-b6b1-2c98fe47abd5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una carta de amor sobre la herida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Celebramos la reciente edición de 'El Libro de Gloria Fuertes. Antología de Poemas y Vida' (2017), el proyecto editorial más ambicioso sobre la poeta madrileña publicado hasta la fecha</p><p class="subtitle">El volumen pone el acento en la vena transgresora de Gloria Fuertes; una dimensión poco explorada de su itinerario vital y poético</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;(&hellip;) y si cantas verdades la celda te preparan, te preparan el llanto, porque es obligatorio&hellip;/ sufrir siendo persona, guardar rencor, adular al pedante, llevar medias en los templos, tener bastantes hijos, volver ma&ntilde;ana, tener enemigos, es obligatorio todo esto, y encima te proh&iacute;ben escupir en el suelo&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        En la siguiente an&eacute;cdota, capturada por Vicente Molina Foix y publicada originalmente en 1998 en las p&aacute;ginas de El Pa&iacute;s, se intercambian humor y terror al m&aacute;s puro estilo Gloria Fuertes. El columnista entrevista a la poeta, y en mitad de una confesi&oacute;n heladora ella lanza uno de sus petardazos verbales de ni&ntilde;a adulta: &ldquo;Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligu&eacute;, y en vez de tirarme al tren me tir&eacute; a la taquillera&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo su capa de ingenio, la historia contiene mucha informaci&oacute;n relevante acerca de Gloria Fuertes. Nos dice que m&aacute;s all&aacute; de la poemas infantiles le&iacute;dos con voz achicharrada, m&aacute;s all&aacute; de los ripios y de las corbatas, en un lugar de Gloria no iluminado por nuestros recuerdos de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, anidaba un desgarro y un secreto. &ldquo;&iquest;Puedo contar esto?&rdquo;, pregunta el entrevistador. Y ella dice que mejor no, que ahora no, que los padres podr&iacute;an asustarse. Y que, al fin y al cabo, son los libros infantiles que leen sus hijos los que le dan de comer.
    </p><p class="article-text">
        Hoy sabemos que si Gloria quiso matarse fue porque le faltaba Phyllis Turnbull, la hispanista y profesora norteamericana con la que vivi&oacute; una historia de amor de quince a&ntilde;os, truncada por la muerte de la segunda en 1971. No estaba Phyllis pero quedaba su fantasma, vagando entre unos poemas adultos cada vez m&aacute;s oscuros e insondables. Y es que para Gloria solo exist&iacute;an dos clases de poemas: los infantiles, que escrib&iacute;a en los momentos felices, y los adultos, que eran los que le sal&iacute;an cuando entraba en la hora del lobo, atenazada por la soledad de un piso en el que el silencio sonaba como un manojo de truenos. Estas son algunas de las muchas puertas que abre <em>El Libro de Gloria Fuertes. Antolog&iacute;a de Poemas y Vida</em> (Blackie Books, 2017), un hermoso volumen destinado a reivindicar el legado de una autora ins&oacute;lita, todav&iacute;a hoy poco y mal le&iacute;da, cuando est&aacute; a punto de cumplirse el centenario de su nacimiento.
    </p><p class="article-text">
        Editado por el escritor y <em>glorista</em> Jorge De Cascante, <em>El Libro de Gloria Fuertes</em> es a la vez una rayuela, una mu&ntilde;eca rusa y un amplio sal&oacute;n de espejos recorrido por la poeta de Lavapi&eacute;s. Podemos leerlo como un poemario de climatolog&iacute;a variable, como un anecdotario o como una biograf&iacute;a fragmentaria y polif&oacute;nica, e incluso demorarnos en su apretado contenido visual. En cualquier caso, su hoja de ruta elude felizmente el alcanfor acad&eacute;mico para recrearse en la emoci&oacute;n y la ternura.
    </p><p class="article-text">
        Digo felizmente porque Gloria era refractaria a la solemnidad de la academia y abominaba de los intelectuales que llevaban &ldquo;del alma colgado un baberito blanco&rdquo;. Por no tener no ten&iacute;a ni escuela literaria, aunque en un momento dado se adscribiese al esqueje surrealista conocido como postismo. Si bien le seduc&iacute;a la liberaci&oacute;n del subconsciente que reclamaban los surrealistas, pronto entendi&oacute; que para ella eso era algo que le ven&iacute;a de serie, y que por lo tanto no necesitaba integrarse en ning&uacute;n reba&ntilde;o. Como mucho se consideraba <em>yo&iacute;sta</em>, <em>glorista</em>, representante &uacute;nica del tronchante movimiento de la &ldquo;corriente-corrientita&rdquo;. Luchaba por mantener en la poeta adulta el estado salvaje de la poeta ni&ntilde;a, cuando todav&iacute;a no hab&iacute;a influencias ni deudas ni santones literarios. En aquella tierra de nadie invent&oacute; su estilo, y jam&aacute;s lo traicion&oacute;. &ldquo;Escribo sin modelo a lo que salga / escribo de memoria de repente&rdquo;, dej&oacute; tallado en uno de sus m&uacute;ltiples autorretratos.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso su obra es tan resbaladiza, tan dif&iacute;cilmente etiquetable. Como ella misma dec&iacute;a, &ldquo;para conseguir conmover y sorprender al lector hace falta pillarle por sorpresa&rdquo;, desarmarle. Esta &uacute;ltima parece una expresi&oacute;n hecha a medida: basta un paseo por cualquiera de sus poemarios para descubrir que el pacifismo, el ecologismo o la demanda de justicia social se arremolinan con frecuencia junto a los versos en torno a la soledad o el desamor. 
    </p><p class="article-text">
        Su originalidad la encontraba en los muchos recursos de los que dispon&iacute;a a la hora de abordar toda esa materia literaria desgastada por el tiempo. Pod&iacute;a entrar en el poema a trav&eacute;s de una oscuridad densa y de repente encender una lucecita en forma de humor negro. Otras veces optaba por el camino contrario: se abr&iacute;a paso con alegr&iacute;a, y en el momento m&aacute;s inesperado dejaba caer un escalofr&iacute;o en la p&aacute;gina. Le gustaba lo impredecible, y por eso sus libros est&aacute;n hechos de arritmias, casticismos, interferencias, paradojas, juegos de palabras y versos encajados con martillo. No le importaba fracturar un poco la forma, desafinar un poco la m&uacute;sica, si con ello lograba acceder a una verdad emocional en el fondo del poema. 
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a ante todo que se le entendiese, porque para ella la poes&iacute;a era un poco como un abrazo o una medicina: algo que serv&iacute;a para reconfortar y curar a quienes se encontraban al otro lado del libro. Por eso la llevaba a cuestas en su motocicleta, reparti&eacute;ndola en barrios obreros que eran un espejo de su propio barrio: ni menos duros ni m&aacute;s habitables que aquel suburbio en el que Gloria, muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, inflaba su imaginaci&oacute;n para hacerla m&aacute;s grande que las bombas y la pobreza. 
    </p><p class="article-text">
        La miseria (moral, econ&oacute;mica) hizo de Gloria una rebelde, y la rebeld&iacute;a la convirti&oacute; en una feminista antes incluso de que la palabra llegase a sus o&iacute;dos. No pod&iacute;a evitarlo, lo irradiaba antes de levantar un palmo de suelo: cuando era una ni&ntilde;a que corr&iacute;a entre ni&ntilde;os tras un bal&oacute;n, cuando hac&iacute;a volver las cabezas por vestirse como un chicazo; y, a&uacute;n m&aacute;s adelante, cuando reescrib&iacute;a la tradici&oacute;n invent&aacute;ndose a tres reinas magas que viajaban a Bel&eacute;n animadas por una melopea de an&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        En un momento dado se hizo feminista por necesidad y por convicci&oacute;n: fue cuando mir&oacute; a su alrededor y descubri&oacute;, sin m&aacute;s, que las mujeres lo ten&iacute;an crudo entre tanto se&ntilde;or apolillado. La ridiculizaron, la ignoraron, intentaron borrarla de las tertulias literarias de bast&oacute;n y mon&oacute;culo. Pero como era una poeta de acci&oacute;n, decidi&oacute; crear un espacio de poder femenino: as&iacute; surgi&oacute; &ldquo;Versos Con Faldas&rdquo;, un grupo po&eacute;tico hecho por y para mujeres, libre de almid&oacute;n, que hizo que a m&aacute;s de uno se le erizasen los bigotes. 
    </p><p class="article-text">
        Nunca dej&oacute; de hacer ruido, de protestar. &ldquo;No hay apenas mujeres reconocidas en ninguna profesi&oacute;n, pero el mundo est&aacute; lleno de c&eacute;lebres hombres mediocres&rdquo;, dice en un momento de este libro necesario. Palabra de Gloria, la poeta de guardia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Bouza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/carta-amor-herida_132_3496079.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Mar 2017 19:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una carta de amor sobre la herida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gloria Fuertes,Pikara Magazine,Feminismo,Poesía]]></media:keywords>
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