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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Míguez Macho]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio_miguez_macho/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Míguez Macho]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Luis Carrero Blanco en la Audiencia Nacional: recordatorio sobre la banalidad del mal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/luis-carrero-blanco-audiencia-nacional_129_3470981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfa24fb8-9662-495f-8669-5a0f7b9fd5a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Luis Carrero Blanco en la Audiencia Nacional: recordatorio sobre la banalidad del mal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema de fondo de la consideración de Carrero como víctima del terrorismo en el caso de Cassandra no es otro que el reconocimiento hecho por la Transición de la equiparación entre víctimas y verdugos</p></div><p class="article-text">
        Es bien sabido que, cuando Hannah Arendt lleg&oacute; a Jerusal&eacute;n en 1961 y asisti&oacute; como reportera voluntaria para The New Yorker a las sesiones del juicio contra Adolf Eichmann, no se encontr&oacute; al monstruo de maldad y perversi&oacute;n que esperaba: tan solo a un funcionario probo, un bur&oacute;crata, muy poco h&aacute;bil para la mayor parte de las cosas y muy dotado para unas pocas. Entre estas &uacute;ltimas se hallaba su meticulosidad para coordinar los transportes de cientos de miles de personas a los campos de exterminio del Tercer Reich. La capacidad de mandar matar de Eichmann ten&iacute;a, de alguna manera, un algo de l&oacute;gica administrativa y aburrida normalidad que sirvi&oacute; para inspirar el concepto de la &ldquo;banalidad del mal&rdquo; de Arendt. Lo inquietante de la figura de Eichmann resid&iacute;a, seg&uacute;n esta visi&oacute;n, en la aparente normalidad del verdugo, en el potencial genocida que anida en nuestras sociedades entre sus gentes corrientes.
    </p><p class="article-text">
        No podemos evitar asociar a esto el car&aacute;cter gris de quien fue mano derecha de Franco durante treinta y cinco a&ntilde;os, con un deje de asombro de resonancias arendtianas ante la &ldquo;banalidad de su mal&rdquo;. Sin embargo, nada de estas honduras ontol&oacute;gicas hay en la visita que Luis Carrero Blanco ha hecho recientemente a la Audiencia Nacional. Visita que no ha venido de la mano, tampoco, de la toma en consideraci&oacute;n de la responsabilidad (m&aacute;xima) ejercida por Carrero personalmente en la violaci&oacute;n sistem&aacute;tica y masiva de los derechos humanos en Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de su responsabilidad (la m&aacute;s alta) en la humillaci&oacute;n continuada a las v&iacute;ctimas de esa violaci&oacute;n, o de la contumacia que acompa&ntilde;&oacute; al antedicho sujeto en la defensa del r&eacute;gimen que propici&oacute; todos esos hechos.
    </p><p class="article-text">
        No, la visita de Carrero a la Audiencia Nacional ha venido de la mano de su condici&oacute;n de v&iacute;ctima, para ser m&aacute;s exactos, de v&iacute;ctima del terrorismo. No nos equivoquemos entonces, el debate sustancial que hay detr&aacute;s de la sentencia que ha condenado a una persona por mofarse de la muerte de Carrero no concierne solo a la libertad de expresi&oacute;n ni mucho menos al decoro. El debate tiene que ver con la condici&oacute;n de v&iacute;ctima de Carrero, y no es la primera vez que se produce.
    </p><p class="article-text">
        En 2001 se concedi&oacute; la Real Orden de Reconocimiento Civil a las V&iacute;ctimas del Terrorismo al inspector de la polic&iacute;a pol&iacute;tica Melit&oacute;n Manzanas. Hubo de aprobarse una reforma (2003) de la ley de Solidaridad con las V&iacute;ctimas del Terrorismo (1999) para evitar que algo as&iacute; pudiese volver a pasar, pero era evidente que el problema seguir&iacute;a estando presente. La ley de 1999 introduc&iacute;a un pre&aacute;mbulo en el que se exaltaba la fundamentaci&oacute;n de la democracia espa&ntilde;ola sobre la base de una Transici&oacute;n que habr&iacute;a afirmado &ldquo;un proyecto de convivencia decidido a superar los viejos conflictos de nuestra historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y eso nos devuelve exactamente al problema de fondo de la consideraci&oacute;n de Carrero como v&iacute;ctima, que no es otro que el reconocimiento hecho por la Transici&oacute;n de la equiparaci&oacute;n entre v&iacute;ctimas y verdugos. La Ley de Amnist&iacute;a de 1977 no es excepcional por ser una medida de gracia en un proceso transicional, sino precisamente porque en su contenido se erige como una amnist&iacute;a de los verdugos a las v&iacute;ctimas, que a su vez consintieron en amnistiar a unos verdugos que nunca hab&iacute;an sido juzgados y nunca lo ser&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema pol&iacute;tico e institucional descansa sobre medidas como la Ley de Amnist&iacute;a que consagraron la idea de &ldquo;reconciliaci&oacute;n nacional&rdquo;. El significado exacto de esta medida es que Carrero Blanco no ser&iacute;a ya m&aacute;s un sujeto potencialmente expuesto a ser juzgado por cr&iacute;menes de lesa humanidad al que solo la muerte le habr&iacute;a salvado de una segura condena. No. Carrero Blanco yac&iacute;a junto a sus v&iacute;ctimas en un mismo lugar de la memoria y del olvido.
    </p><p class="article-text">
        Lo que conocemos de la sentencia que ha condenado a <a href="https://twitter.com/kira_95?lang=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cassandra Vera</a> en 2017 viene a recordarnos, adem&aacute;s, que las v&iacute;ctimas y los verdugos del franquismo siguen siendo legalmente lo mismo. Y eso ya no se debe solo a 1977, sino a lo que estamos haciendo en este tiempo presente. As&iacute; que la conclusi&oacute;n de este Carrero Blanco en la Audiencia Nacional puede hacer suyas las palabras de Arendt cuando dec&iacute;a que Eichmann, en su larga carrera de maldad, nos ha ense&ntilde;ado la lecci&oacute;n de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que este caso viene a evidenciar que la idea de reconciliaci&oacute;n que articul&oacute; la Transici&oacute;n se convirti&oacute; en su principal motor ideol&oacute;gico y defini&oacute; hasta hoy la relaci&oacute;n de la sociedad con el pasado, ha ido modific&aacute;ndose imperceptiblemente hasta desfigurarse, como es perfectamente normal despu&eacute;s de 40 a&ntilde;os. De modo que de la igualaci&oacute;n entre v&iacute;ctimas y verdugos que determin&oacute; la Ley de Amnist&iacute;a, y que M. Fraga le record&oacute; en los a&ntilde;os noventa a X.M. Beiras en un debate parlamentario con la frase: <em>aquella ley nos amnisti&oacute; a todos, a usted y a m&iacute;, </em>se ha pasado a una asimetr&iacute;a en la que algunos tienen m&aacute;s derechos que otros por haber sido declarados ellos mismos v&iacute;ctimas a posteriori. As&iacute; la familia de Puig Antich o la de Moncho Reboiras no pueden ver revisados sus casos de 1974 y 1975, que en su diferencia encierran las grandes verdades del r&eacute;gimen de principio a fin, pero la Audiencia Nacional atiende de oficio a Carrero Blanco.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ha ocurrido de hecho es que la idea de la reconciliaci&oacute;n se ha ido reinterpretando a la luz del presente y sus disputas y necesidades pol&iacute;ticas. Y se han ido introduciendo correcciones, matices, enmiendas... De hecho, aquel principio se ha escorado tanto que ha pasado en cuarenta a&ntilde;os de ser una propuesta pol&iacute;tica del PCE, asumida por toda la oposici&oacute;n y finalmente por el franquismo que hizo la Transici&oacute;n desde el poder, a convertirse en un mantra ideol&oacute;gico de los sectores m&aacute;s centrales de la derecha espa&ntilde;ola. Lo extra&ntilde;o ser&iacute;a que todo permaneciese igual despu&eacute;s de cinco presidentes de gobierno posteriores a Adolfo Su&aacute;rez, como algunos pretenden hacernos creer. Como si sigui&eacute;semos en el acto fundacional, en la presentaci&oacute;n del libro de Carrillo por Fraga en el club que anunciaba este siglo. Una banalidad con consecuencias jur&iacute;dicas. Pero lo cierto es que Carrero es historia, anterior al triunfo de la idea de reconciliaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Míguez Macho, Lourenzo Fernández Prieto]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Apr 2017 10:03:04 +0000]]></pubDate>
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