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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Bates]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura_bates/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Bates]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo que he aprendido tras cinco años de luchar contra los micromachismos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/aprendido-anos-sexismos-cotidianos_1_3456733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b705014-8a36-4051-8a57-10f6925e48ad_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La creadora de la web <a href="https://everydaysexism.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Everyday Sexism Project </a>repasa los primeros cinco a&ntilde;os de su proyecto. &ldquo;Cuando eres una feminista te acusan de hipersensibilidad y de histeria. Pero frente a los abusos, tambi&eacute;n he descubierto la fuerza, el ingenio y el humor de las mujeres valientes&rdquo;.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En la primavera de 2012, una semana despu&eacute;s de poner en marcha una web para catalogar experiencias sobre desigualdad de g&eacute;nero, le ped&iacute; a Lady Gaga apoyo v&iacute;a Twitter. Con la intenci&oacute;n de aumentar la conciencia en torno a mi reci&eacute;n creado <a href="https://everydaysexism.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Everyday Sexism Project </a>(algo as&iacute; como Proyecto de los Sexismos Diarios), pens&eacute; que ella quiz&aacute; podr&iacute;a difundir la palabra entre sus millones de seguidores.
    </p><p class="article-text">
        A la ma&ntilde;ana siguiente, cog&iacute; mi tel&eacute;fono todav&iacute;a un poco dormida y me encontr&eacute; con m&aacute;s de 200 nuevas notificaciones. Animada, mir&eacute; el primer mensaje e inmediatamente me paralic&eacute;. No era, como yo esperaba, el primer mensaje de <a href="https://www.theguardian.com/lifeandstyle/womens-blog/2013/dec/13/everyday-sexism-project-women-sexual-harassment-50000-entries" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un mont&oacute;n de mujeres contando haber sufrido acoso o agresiones sexuales</a>. El primer mensaje fue una amenaza de violaci&oacute;n brutalmente gr&aacute;fica. En ese momento me di cuenta del odio absoluto que amenaza a las mujeres que hablan sobre sexismo.
    </p><p class="article-text">
        Las amenazas llegaron en tropel. La tenacidad era sorprendente. &iquest;Qui&eacute;nes eran aquellos hombres que pod&iacute;an pasar d&iacute;as, semanas e incluso a&ntilde;os bombardeando a mujeres que nunca hab&iacute;an conocido con minuciosas descripciones sobre c&oacute;mo iban a torturarlas?
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, las cosas todav&iacute;a est&aacute;n m&aacute;s claras. Conoc&iacute; a hombres que se opon&iacute;an al feminismo de diferentes maneras y empec&eacute; a reconocer sus diferentes t&aacute;cticas. De alguna forma, los acosadores <em>online</em> &ndash;que esparc&iacute;an su odio cobijados por una pantalla&ndash; eran los menos peligrosos. La repetici&oacute;n de sus argumentos (si se puede llamar argumento a que te digan &ldquo;b&aacute;jate de tu pedestal y c&aacute;mbiate el tamp&oacute;n&rdquo;) dej&oacute; claro que su furia se repet&iacute;a de manera mec&aacute;nica: enraizada en el miedo a esa feminazi odia-hombres y destruye-sociedades propia de la fantas&iacute;a de un foro <em>online</em>.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s siniestros eran los astutos e inteligentes negacionistas que se escond&iacute;an de la vista de todos. Hombres que se burlaban de los eventos sociales, asegurando completamente convencidos que <a href="https://www.theguardian.com/lifeandstyle/womens-blog/2014/sep/04/10-comment-comments-feminist-blogposts-responses-sexism-" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el machismo en Reino Unido era una cosa del pasado</a> y que deber&iacute;amos mirar a otros pa&iacute;ses para encontrar &ldquo;verdaderos problemas&rdquo;. Hombres que le preguntaron a mi marido, en tono de compasi&oacute;n, c&oacute;mo llevaba lo de estar casado conmigo.
    </p><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos me dijeron que era &ldquo;innecesariamente negativa&rdquo; y que las ni&ntilde;as de nuestros d&iacute;as no sab&iacute;an la suerte que ten&iacute;an. El editor de fotos de un peri&oacute;dico pas&oacute; por alto el contenido de una de mis entrevistas cuando anunci&oacute; que su prioridad hab&iacute;a sido hacerme parecer &ldquo;lo m&aacute;s sexy posible&rdquo;. Todos ellos, personas con el poder para cambiar las cosas pero con el deseo de seguir haciendo exactamente lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo esto, la web tuvo &eacute;xito y, unos cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, cientos de miles de testimonios han llegado hasta aqu&iacute;. Casi todas las mujeres o chicas que conozco me han contado su historia tambi&eacute;n: la de una ni&ntilde;a de nueve a&ntilde;os que hab&iacute;a recibido una &ldquo;foto-polla&rdquo;; la de una mujer anciana que hab&iacute;a sido atacada por el mejor amigo de su marido muerto; la de una mujer joven negra a la que no le dejaron entrar en un club de fiesta mientras que sus amigas blancas entraron sin ning&uacute;n problema; la historia de una mujer en silla de ruedas a la que le dijeron que ser&iacute;a una suerte para ella si la violaban. Mi suposici&oacute;n sobre el tipo de personas que sufre determinadas formas de abusos y la separaci&oacute;n entre diferentes tipos de prejuicios se hicieron a&ntilde;icos muy r&aacute;pido.
    </p><p class="article-text">
        Era duro soportar la dureza de las historias y el abuso continuado que sufr&iacute;. Un hombre que me estaba guiando por la calle se cambi&oacute; de acera cabreado cuando le dije que estaba de camino a dar una charla sobre acoso sexual, grit&aacute;ndome: &ldquo;&iexcl;Por el amor de Dios, necesitamos divertirnos un poco!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En directo, un periodista me pregunt&oacute; si era dif&iacute;cil vivir sin amigos por tener tan malhumor. Un analista estadounidense escribi&oacute; en un blog para alertar a mi marido de que alg&uacute;n d&iacute;a volver&iacute;a a casa y se encontrar&iacute;a con que hab&iacute;a quemado mi casa, asesinado a nuestros hijos y con que me habr&iacute;a unido a un &ldquo;aquelarre de brujas lesbianas&rdquo;. En alg&uacute;n momento recib&iacute; una amenaza de muerte acompa&ntilde;ada del comentario de que yo era veneno que deb&iacute;a ser erradicado de este mundo, lo que me oblig&oacute; a acudir a un abogado. Y, en los momentos m&aacute;s bajos, consider&eacute; seriamente lo del aquelarre.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hubo sorpresas agradables. No me hab&iacute;a imaginado la ayuda pr&aacute;ctica y emocional que ofrecer&iacute;an otras mujeres, una solidaridad que proced&iacute;a de personas de mi misma edad y tambi&eacute;n del apoyo incondicional de feministas veteranas que ya hab&iacute;an vivido todo esto. Pero nada super&oacute; el privilegio de confiarme tant&iacute;simas historias que, en ocasiones, nunca antes hab&iacute;an sido contadas. Sent&iacute; una gran responsabilidad, ten&iacute;a que asegurarme de que las voces de estas mujeres se o&iacute;an. Empec&eacute; a trabajar en escuelas, universidades, con empresarios, pol&iacute;ticos y fuerzas policiales, para asegurarme de que las historias de una generaci&oacute;n pod&iacute;an cambiar las cosas para la pr&oacute;xima. Ayud&oacute; mucho sentir que el proyecto pod&iacute;a ayudar a conseguir directamente estos cambios.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las cosas buenas fue formar parte de una floreciente ola de feminismo, junto a otras que abordaban todo, desde el sexismo en los medios hasta la <a href="https://www.theguardian.com/end-fgm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mutilaci&oacute;n genital femenina</a>. Quiz&aacute; la lecci&oacute;n m&aacute;s importante que aprend&iacute; fue lo conectadas que estaban las diferentes formas de desigualdad. Es vital resistir ante las burlas y las cr&iacute;ticas por abordar las manifestaciones m&aacute;s &ldquo;leves&rdquo; de prejuicios, porque hay cosas que normalizan y arraigan en el trato a las mujeres como ciudadanas de segunda, abriendo las puertas a otras cosas que van desde la discriminaci&oacute;n en el trabajo hasta las violaciones.
    </p><p class="article-text">
        Ser una feminista tiene sus consecuencias: que te acusen de ser hipersensible, hist&eacute;rica y exagerada. Pero frente al abuso, el proyecto descubri&oacute; la fuerza, el ingenio y el humor de mujeres que brillan como un faro. La bailarina que actu&oacute; durante horas en el metro para recuperar su sitio en el lugar donde hab&iacute;a sido atacada. La mujer que esper&oacute; cinco a&ntilde;os para presentar su contrato y un salero al consejero de estudios que le dijo que se comer&iacute;a sus papeles si alguna vez se convert&iacute;a en ingeniera. El peat&oacute;n que retir&oacute; la escalera a un alba&ntilde;il que silbaba a mujeres, dej&aacute;ndolo atrapado en un tejado.
    </p><p class="article-text">
        Es por esto por lo que honestamente puedo decir que las experiencias y lecciones de los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os me dan m&aacute;s esperanza que lo contrario. No puedo celebrar esto como un hito exactamente porque todo esto trata de un dolor, un trauma y un cabreo colectivo. Pero pienso en la resiliencia, la solidaridad, la resistencia y creo que no hay lugar para las l&aacute;grimas. Durante estos cinco a&ntilde;os me he dado cuenta de que el problema es inmenso pero que el deseo de combatirlo es a&uacute;n mayor.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Cristina Armunia Berges
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Bates, Laura Bates]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/aprendido-anos-sexismos-cotidianos_1_3456733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Apr 2017 17:59:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[The Guardian,Europa,Estados Unidos,Feminismo,Micromachismos]]></media:keywords>
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