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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel de la Cruz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel_de_la_cruz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel de la Cruz]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gramsci en disputa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gramsci-disputa_129_3430946.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08b188e3-df4a-47fc-b92e-b5f820fc535c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gramsci en disputa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este 27 de abril se han cumplido 80 años de la muerte de Antonio Gramsci</p></div><p class="article-text">
        La vida y la obra de Antonio Gramsci estuvieron marcadas por el drama. A un contexto pol&iacute;tico de reflujo del movimiento comunista, con la derrota alemana como ejemplo paradigm&aacute;tico, hay que sumar unas condiciones de vida paup&eacute;rrimas: la c&aacute;rcel acab&oacute; agravando las enfermedades y los problemas f&iacute;sicos que aparecieron a la corta edad de tres a&ntilde;os y degradando sus complejas relaciones humanas (principalmente sentimentales, pero tambi&eacute;n pol&iacute;ticas). Debido a estas condiciones y a su muerte prematura, la obra del &iacute;nclito dirigente italiano estuvo marcada por la fragmentaci&oacute;n, la complejidad y, debido a la censura, una cierta encriptaci&oacute;n. Su lectura nunca ha sido un&iacute;voca, hasta el punto de que se ha utilizado como coartada para una cosa y su contraria.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, nadie duda sobre la originalidad de su pensamiento que lo convirti&oacute; en el marxista m&aacute;s recurrido una vez finalizada la II Guerra Mundial. Despu&eacute;s del rescate de su obra en la d&eacute;cada de los setenta, en ocasiones de manera oportunista para legitimar la estrategia del &ldquo;compromiso hist&oacute;rico&rdquo; tras un ciclo de <em>impasse</em> culminado con el golpe de Estado contra Allende, se suma un nuevo debate sobre su vigencia tras el fin del &ldquo;fin de la historia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La originalidad de Gramsci no radica en una supuesta ruptura con un marxismo moribundo, sino en la actualizaci&oacute;n de &eacute;ste en un contexto diferente al de Rusia, una vez que la propia historia super&oacute; el determinismo que predicaba la inevitabilidad del socialismo tras el colapso del capitalismo. La derrota del movimiento obrero en los pa&iacute;ses con un capitalismo desarrollado, acompa&ntilde;ada en la mayor&iacute;a de los casos del triunfo del fascismo, hizo a Gramsci establecer una distinci&oacute;n entre Occidente y Oriente, no por un capricho geogr&aacute;fico sino atendiendo a un diferente desarrollo socioecon&oacute;mico. Los pa&iacute;ses que arrastraban condiciones semifeudales, con un incipiente capitalismo, presentaban un Estado d&eacute;bil que consist&iacute;a b&aacute;sicamente en una m&aacute;quina de represi&oacute;n. As&iacute;, en un contexto de crisis y ante el embate de las masas, se pod&iacute;an dar las condiciones para una &ldquo;guerra de maniobras&rdquo;, es decir para un choque frontal. Esas eran las condiciones de la Rusia zarista.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, los pa&iacute;ses occidentales desarrollados (Gramsci no inclu&iacute;a a Espa&ntilde;a en esta categor&iacute;a) presentaban un Estado m&aacute;s fuerte que imped&iacute;a exportar la estrategia revolucionaria triunfante en Rusia. Eran m&aacute;s resistentes a las crisis econ&oacute;micas, que no eran acompa&ntilde;adas de crisis pol&iacute;ticas directamente proporcionales y mucho menos en una direcci&oacute;n necesariamente democr&aacute;tica. Es aqu&iacute; donde adquiere relevancia la &ldquo;autonom&iacute;a de lo pol&iacute;tico&rdquo;. Gramsci part&iacute;a de la definici&oacute;n leninista del Estado para ampliarla hacia una concepci&oacute;n m&aacute;s rica y compleja: ya no solo se trataba del conjunto de aparatos represivos, lo que se podr&iacute;a definir como la parte m&aacute;s n&iacute;tida de la &ldquo;sociedad pol&iacute;tica&rdquo; relacionada con la coerci&oacute;n, sino de la mezcla de &eacute;sta con la &ldquo;sociedad civil&rdquo; como la suma de &ldquo;cuarteles y fortalezas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es en la sociedad civil, en la Italia de entreguerras con una fuerte presencia de la Iglesia Cat&oacute;lica (de ah&iacute; su lucha contra el anticlericalismo izquierdista), donde se produce la lucha ideol&oacute;gica, que ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de la cl&aacute;sica definici&oacute;n marxista de &ldquo;falsa conciencia&rdquo; para convertirse en la &ldquo;visi&oacute;n del mundo&rdquo; encargada de cementar la infraestructura econ&oacute;mica y la superestructura jur&iacute;dica-pol&iacute;tica-ideol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        En el terreno de la ideolog&iacute;a se disputar&iacute;a la pugna por la &ldquo;hegemon&iacute;a&rdquo;, concepto que Gramsci toma &ndash;nuevamente&ndash; de Lenin para ampliarlo. Para el dirigente bolchevique consist&iacute;a b&aacute;sicamente en la capacidad de una clase para estrechar alianzas con otras: en Rusia la capacidad del proletariado de atraer a posiciones revolucionarias a los campesinos sin renunciar a su posici&oacute;n dirigente. En Italia las alianzas de clase iban en el mismo sentido: el proletariado industrial, con mayor presencia en el norte, deb&iacute;a hacer suyas las problem&aacute;ticas del campesinado pobre, principalmente sure&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Para Gramsci la hegemon&iacute;a tiene un car&aacute;cter dual, cuya met&aacute;fora del centauro toma de Maquiavelo: una parte animal, relacionada con la coerci&oacute;n, y una parte humana, relacionada con el consentimiento. Una clase es hegem&oacute;nica cuando aparte de dominante es dirigente, es decir cuando posee los medios coercitivos pero tambi&eacute;n cuenta con el consentimiento de las clases subalternas, que son subalternas precisamente por no contar con una visi&oacute;n del mundo propia y aut&oacute;noma. En resumen, una clase es hegem&oacute;nica cuando tiene la capacidad de reprimir a su clase enemiga y a la vez estrechar alianzas con otras que objetivamente &ndash;en t&eacute;rminos econ&oacute;micos&ndash; no comparten el grueso de intereses, en aras de la construcci&oacute;n de un &ldquo;bloque hist&oacute;rico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La guerra de posiciones como estrategia resultante de la noci&oacute;n de hegemon&iacute;a no supone la concesi&oacute;n o la claudicaci&oacute;n de unos objetivos generales, sino la adecuaci&oacute;n de los m&eacute;todos de lucha a un contexto nacional determinado. Solo quien tiene una fuerza ostensiblemente superior a la del enemigo puede escoger las formas de lucha. Ya en las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os veinte y treinta del pasado siglo, al menos en las sociedades desarrolladas, las condiciones del movimiento obrero se tornaron desfavorables. La ampliaci&oacute;n y el desarrollo de lo que Marx llam&oacute; &ldquo;medios de producci&oacute;n ideol&oacute;gicos&rdquo; (en los cuales Althusser pondr&iacute;a especial atenci&oacute;n) consiguieron ampliar la capacidad de consenso de la clase dominante y blindar el Estado. Se hac&iacute;a necesario &ldquo;cavar trincheras&rdquo; en la sociedad civil para dar la batalla ideol&oacute;gica y cultural frente a los instrumentos al servicio de la clase dominante: la Iglesia Cat&oacute;lica, los medios de informaci&oacute;n, la educaci&oacute;n, la cultura, el folclore, etc.
    </p><p class="article-text">
        La tarea del Partido como &ldquo;Pr&iacute;ncipe Moderno&rdquo; era, en &uacute;ltima instancia, la construcci&oacute;n de una visi&oacute;n del mundo propia, esto es, la lucha por la hegemon&iacute;a. As&iacute;, era necesario pasar del primer paso ego&iacute;sta-pasional o corporativo en el que los trabajadores reclaman &ldquo;lo suyo&rdquo; a una visi&oacute;n global. Para ello la pedagog&iacute;a es imprescindible, as&iacute; como decir la verdad (para el dirigente sardo no era una cuesti&oacute;n moral sino un deber pol&iacute;tico). No por casualidad, la conquista de la hegemon&iacute;a debe producirse antes de la toma del poder. No basta con un programa econ&oacute;mico, la &ldquo;reforma moral e intelectual&rdquo; es imprescindible en un horizonte verdaderamente emancipador.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; adquieren una importancia crucial los &ldquo;intelectuales&rdquo;, que no ser&iacute;an sesudos acad&eacute;micos sino cualquiera que ejerciera un papel de transmisor de ideolog&iacute;a desde lo m&aacute;s alto a lo m&aacute;s mundano. Uno de los objetivos pol&iacute;ticos del dirigente sardo fue acabar con la jerarqu&iacute;a vertical tan propia de la Iglesia que se reproduc&iacute;a en los partidos pol&iacute;ticos. La divisi&oacute;n entre cl&eacute;rigos y sencillos es impropia de cualquier organizaci&oacute;n transformadora y hace imposible el &eacute;xito de estar all&aacute; donde haya pol&iacute;tica, es decir donde haya conflicto y &ndash;por tanto&ndash; pugna ideol&oacute;gica (en pol&iacute;tica no existen espacios vac&iacute;os).
    </p><p class="article-text">
        Solo el trabajo en la sociedad civil, que va much&iacute;simo m&aacute;s all&aacute; de lo que vulgarmente se simplifica como &ldquo;la calle&rdquo; y vendr&iacute;a a ser la retaguardia, puede permitir el triunfo de la vanguardia en t&eacute;rminos m&aacute;s estrictamente pol&iacute;ticos: conquista del gobierno, del Estado y, en la aspiraci&oacute;n nada modesta de Gramsci, el paso hacia una &ldquo;sociedad regulada&rdquo; en la que &eacute;ste tender&iacute;a a desaparecer, o m&aacute;s precisamente a ser absorbido por la sociedad civil.
    </p><p class="article-text">
        La disputa por el pensamiento pol&iacute;tico de Gramsci normalmente se hace desde dos posiciones enfrentadas y aparentemente antag&oacute;nicas pero, a mi juicio, igual de pueriles. Por un lado, est&aacute;n quienes lo analizan con una intenci&oacute;n instrumental separando conceptos de la obra en su conjunto y de su contexto. Normalmente esto se ha hecho desde posiciones m&aacute;s conservadoras, convirtiendo a un <em>leninista</em> &ndash;no &ldquo;ortodoxo&rdquo;&ndash; en un revolucionario &ldquo;amable&rdquo; con tendencias socialdem&oacute;cratas. As&iacute;, fue la coartada para los acuerdos de concentraci&oacute;n nacional tras la II Guerra Mundial, el eurocomunismo, el compromiso hist&oacute;rico e, incluso, el propio harakiri del Partido Comunista Italiano.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, est&aacute;n quienes reclaman a Gramsci como un marxista-leninista alineado con la ortodoxia sovi&eacute;tica. Si bien podr&iacute;amos considerarlo como un leninista (si partimos de que reducir una obra compleja y en ocasiones contradictoria a una etiqueta es una p&eacute;rdida de tiempo), <em>Nino</em> nunca dej&oacute; de pensar con su propia cabeza, lo que le vali&oacute; la desconfianza y un cierto aislamiento tanto dentro de Italia como fuera. Quiz&aacute; su primera gran batalla pol&iacute;tica fue la lucha contra el izquierdismo encabezado por Bordiga, que lleg&oacute; a defender el abstencionismo y dem&aacute;s posiciones <em>infantiles. </em>M&aacute;s tarde se enfrent&oacute; contra la Internacional (posicion&aacute;ndose en contra de la estrategia del socialfascismo y la &ldquo;clase contra clase&rdquo;), critic&oacute; la burocratizaci&oacute;n del PCUS e hizo un llamamiento a la unidad ante las inminentes purgas en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (al mismo tiempo se&ntilde;al&oacute; a Trotsky como el principal responsable de la situaci&oacute;n de inestabilidad).
    </p><p class="article-text">
        La disputa conservadora por Gramsci tuvo su colof&oacute;n en Espa&ntilde;a durante la Transici&oacute;n, ya que tanto el PCE (especialmente) como el PSOE lo usaron para legitimar sus estrategias. El caso del PCE es paradigm&aacute;tico: el gran traductor espa&ntilde;ol de la obra gramsciana fue Jordi Sol&eacute; Tura, uno de los &ldquo;padres de la Constituci&oacute;n&rdquo; y m&aacute;s tarde Ministro de Cultura con Felipe Gonz&aacute;lez. Manuel Sacrist&aacute;n, probablemente el marxista espa&ntilde;ol de mayor fuste y contrario a la estrategia <em>carrillista</em>, hizo otra lectura que continuar&iacute;an sus alumnos con Fern&aacute;ndez Buey a la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Los seguidores de Ernesto Laclau hicieron su particular lectura y tras los procesos latinoamericanos del &ldquo;socialismo del siglo XXI&rdquo; Gramsci volvi&oacute; a ponerse <em>de moda</em>. En el fondo del particular Vistalegre II se escond&iacute;a una nueva batalla por el italiano y, concretamente, una lectura distinta del concepto de hegemon&iacute;a. A pesar de la nueva ret&oacute;rica sofisticada, los laclausianos hacen una lectura similar a la de la &ldquo;vieja izquierda&rdquo; entendiendo la hegemon&iacute;a &uacute;nica y exclusivamente como consenso. Sin embargo, esta lectura, m&aacute;s all&aacute; de su cuestionable validez, no tiene mucho sentido si se desliga de la obra en su conjunto. Gramsci era un marxista que no entend&iacute;a el poder como <em>una cosa</em>, sino como una correlaci&oacute;n de fuerzas.
    </p><p class="article-text">
        La ruptura novedosa de Laclau, ya declaradamente posmarxista en 1986, no es desprenderse del materialismo dial&eacute;ctico como la &ldquo;filosof&iacute;a marxista&rdquo; o del materialismo hist&oacute;rico como la &ldquo;ciencia de la historia&rdquo;, sino de la centralidad de las clases sociales como sujetos con intereses antag&oacute;nicos. As&iacute;, desaparec&iacute;a el conflicto econ&oacute;mico y la pol&iacute;tica quedaba reducida, en &uacute;ltima instancia, a la conquista de una mayor&iacute;a electoral (detr&aacute;s de la tosca ret&oacute;rica <em>carrillista</em> y de la sofisticada ret&oacute;rica laclausiana no se escond&iacute;a mucho m&aacute;s). Estrategia totalmente leg&iacute;tima pero distinta a la del maltrecho sardo que asum&iacute;a que decir la verdad era una obligaci&oacute;n revolucionaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel de la Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gramsci-disputa_129_3430946.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Apr 2017 19:05:36 +0000]]></pubDate>
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