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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lucía Mbomío]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lucia_mbomio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lucía Mbomío]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pedagogía estéril]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/pedagogia-esteril_132_1328023.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e626b30-2e06-4b89-b502-f3deb8aa41c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedagogía estéril"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El debate de la apropiación cultural ha generado infinidad de debates, pero hay gente que solo está interesada en saber si puede hacerse trencitas</p><p class="subtitle">Las personas blancas siguen cuestionando el racismo cotidiano que viven las personas racializadas</p></div><p class="article-text">
        En la l&iacute;nea del genial libro <em>Why I&rsquo;m no longer talking to White people about race</em> (Por qu&eacute; ya no hablo de raza a la gente blanca), de Reni Eddo- Lodge, &uacute;ltimamente me hago dos preguntas: &iquest;en qu&eacute; entorno merece la pena hablar de racismo? y, &iquest;cu&aacute;ndo es un ejercicio de desgaste?
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, me agota. Detesto hacerlo ya que suele generarme problemas, dejan de verme como la persona amable, simp&aacute;tica o graciosa que &ldquo;pensaban que era&rdquo; para percibirme no como alguien que reivindica que haya aspectos de la sociedad que deber&iacute;an mejorar, sino como una enemiga que les se&ntilde;ala. Hay quien se enfada y concluye la conversaci&oacute;n de forma s&uacute;bita con un &ldquo;hasta aqu&iacute;&rdquo;. Ese individualismo es el mismo que provoca que tras charlar sobre este tipo de asuntos, lo &uacute;nico que algunas personas nos pregunten sea que si pueden ponerse trenzas o llevar tela wax. Anda que no han corrido r&iacute;os de tinta sobre el tema de la apropiaci&oacute;n cultural&hellip; &iquest;De verdad que no les inquieta nada m&aacute;s?, &iquest;qu&eacute; hay de los <a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/05/artistas-afrodescendientes-la-importancia-de-tener-espejos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">curr&iacute;culos educativos</a> que excluyen los temas que nos conciernen o que est&aacute;n protagonizados por gente de &Aacute;frica o afrodescendiente?, &iquest;o de los Centros de Internamiento de Extranjeros?, &iquest;o de las paradas por perfil racial? &iquest;Eso no cala? Quiz&aacute; hay gente a la que los sistemas opresivos le dan igual y ponen por delante no sentirse mal. As&iacute; pues, tengo la sensaci&oacute;n de que todo el esfuerzo comunicativo no deja de ser una especie de pedagog&iacute;a est&eacute;ril que sirve poco para transformar a quienes no est&aacute;n ya convencidas.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, <strong>nos pasamos m&aacute;s tiempo contando qu&eacute; es el racismo que fortaleci&eacute;ndonos para que se nos ensanche la espalda y as&iacute; poder soportarlo en el d&iacute;a a d&iacute;a, sin que nos pese</strong>. Tenemos que explicarlo porque algunas personas blancas que, por lo obvio, no lo padecen, cuando se lo cuentas, no lo ven, no se lo creen, te lo niegan o hacen absurdas comparaciones con lugares que desconocen del todo pero de los que opinan. &ldquo;En Estados Unidos s&iacute; que hay racismo, no te quejes&rdquo;, se&ntilde;alan para que nos cosamos una boca chica que llevaba toda la vida cerrada, precisamente con el fin de evitar conversaciones inc&oacute;modas o posibles confrontaciones.
    </p><p class="article-text">
        En esta l&iacute;nea, no puede faltar el &ldquo;pues yo tengo un amigo negro y a &eacute;l le parece bien o nunca le ha pasado eso que dices&rdquo;. En serio, &iquest;acaso creen que a todas las personas nos sucede exactamente lo mismo como si fu&eacute;ramos fotocopias? El contexto importa, no es lo mismo residir en una ciudad feroz que hacerlo en un pueblo donde te conocen de siempre, ser de los 2000 o de los 70, nacer en Madrid o en Dakar , tampoco es igual ser hombre, mujer o no binarie. <strong>Quedarse en la vivencia concreta sin mirar m&aacute;s lejos es decidir ser miope pudiendo ver a kil&oacute;metros.</strong> <strong>Resulta que esto del racismo no trata de mi pena personal sino de una estructura s&oacute;lida</strong>. Si se trasladan vivencias concretas es para bajarla a tierra y ponerle piel, con el objetivo de que se entienda.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que opinar sin miedo, sin saber mucho, sin tener que apoyarse en quinientos libros y dos mil estudios es, adem&aacute;s de un atrevimiento, un privilegio. El privilegio de alguien a quien nunca inquirieron o cuestionaron m&aacute;s que los que est&aacute;n tan abajo y tan lejos que resulta imposible escuchar su voz. Por eso hablan sin temor de todo, se sienten apoyados por formar parte de una mayor&iacute;a que les respalda y una posici&oacute;n que desconocen (o no reconocen) tener, aunque se beneficien de ella todo el rato.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al final, da la impresi&oacute;n de que es m&aacute;s grave llamar a alguien racista o xen&oacute;fobo, debido a que se percibe como algo malo, como un insulto, que tener actitudes racistas o xen&oacute;fobas, que resultan lesivas para quien las sufre y que hacen peor a la sociedad.</strong> No obstante, ignorar nuestras experiencias o quitarles peso, desde la tranquilidad del que nunca padeci&oacute; racismo, es racista ya que implica deso&iacute;rnos, desacreditarnos y, desde luego, no conocer la Historia. Amiguis, esto viene de atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se utilizan frases como &ldquo;yo no veo que seamos distintas&rdquo;, &ldquo;para m&iacute;, somos iguales&rdquo; o &ldquo;por qu&eacute; os empe&ntilde;&aacute;is en separar&rdquo;, ser&iacute;a fant&aacute;stico que el interlocutor de turno se parara a pensar cu&aacute;nto sabe de la vida de una persona no blanca, con cu&aacute;ntas ha hablado, compartido vida, a cu&aacute;ntas ha le&iacute;do, si estaba cuando han padecido agresiones racistas, si, en caso de estar, ha hecho algo para evitarlas, si nos ha apoyado, si le parece normal no vernos en la tele m&aacute;s que de un par de formas o no haber estudiado nunca nada en donde fu&eacute;ramos protagonistas salvo en cap&iacute;tulos especiales dedicados a las que nos salimos de lo que es la norma (que es ser una persona blanca, claro).
    </p><p class="article-text">
        Solo encontramos cierta comprensi&oacute;n cuando acudimos a la analog&iacute;a &ldquo;&iquest;imaginas que un hombre te dijera a ti, mujer, qu&eacute; es machismo?&rdquo;. Ojal&aacute; no tener que tirar siempre de ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Entre tanto, continuamos deshaci&eacute;ndonos en explicaciones infinitas y recibiendo millones de noes, cosa que provoca que, a veces, perdamos los nervios. Por supuesto que es mejor argumentar con calma y mesura o sirvi&eacute;ndonos, incluso, del humor, sin embargo no se nos puede exigir que seamos todo el rato un remanso de paz, puesto que agota lanzar mensajes y encontrarse con frontones en los que rebotan sin cesar.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que perdemos un tiempo que resultar&iacute;a valios&iacute;simo para descubrir nuestra Historia. Uso el verbo &ldquo;descubrir&rdquo; de manera consciente porque est&aacute; escondida, llena de polvo, en libros que no se encuentran en cualquier biblioteca, en idiomas que no siempre entendemos (las obras escritas por autoras y autores africanos se publican y traducen poco por estos lares) y que resultar&iacute;an vitales para que supi&eacute;ramos que siempre estuvimos, que hemos ganado batallas, que hemos aportado, que la afrodescendencia en el Estado espa&ntilde;ol no es un &ldquo;fen&oacute;meno reciente&rdquo; o que los africanos no nacieron cuando los europeos llegaron a su continente. Todo esto podr&iacute;a traducirse en ganar autoestima grupal, en hacernos m&aacute;s fuertes, en atrevernos a vernos en ciertos contextos en donde, como no nos esperan, no nos esperamos, en no distraernos echando un ojo a ambos lados o perdernos en disquisiciones varias con quien ni nos entiende ni quiere entendernos, con el fin de mimarnos y mirar al frente. Fijo que as&iacute; s&iacute; avanzamos.
    </p><p class="article-text">
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                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Mbomío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/pedagogia-esteril_132_1328023.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Oct 2019 21:38:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pedagogía estéril]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Me sumo a la huelga? Reflexiones desde mi profesión, mi género y mi piel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/huelga_132_1662030.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9dc81f9-25e6-4fa7-89ef-3e303d6893b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Me sumo a la huelga? Reflexiones desde mi profesión, mi género y mi piel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ojalá no tener que dudar, ojalá ir sin pensarlo, sintiendo que todo está bien, que ese es indefectiblemente mi sitio, pero no es tan fácil</p><p class="subtitle">Sí, muchas mujeres negras sentimos el dolor de la duda ante el 8M por nuestra composición identitaria poliédrica, porque una parte de nosotras le falla a la otra cuando piensa que sí y también si cree que no</p></div><p class="article-text">
        Lo que vais a leer a continuaci&oacute;n no es una justificaci&oacute;n, ni siquiera una explicaci&oacute;n, se trata de un recorrido por mis reflexiones desde mi profesi&oacute;n, mi g&eacute;nero y mi piel. Solo algunas son certezas.
    </p><p class="article-text">
        Soy periodista y el sector en el que trabajo se ha visto muy (m&aacute;s a&uacute;n) precarizado con la crisis, la inestabilidad laboral es cr&oacute;nica y la injerencia pol&iacute;tica es patente en demasiados medios. Esto ata&ntilde;e a todes les profesionales de la comunicaci&oacute;n pero, adem&aacute;s, se dan una serie de problemas espec&iacute;ficos que nos afectan a nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Aunque internet haya escalado muchas posiciones, la televisi&oacute;n sigue siendo un medio de comunicaci&oacute;n con relevancia e incidencia entre la poblaci&oacute;n. Si nos dedicamos a hablar en los programas de feminismo, a condenar actitudes machistas y, sin embargo, la tele no practica aquello que predica, no sirve de nada. La imagen es importante, vernos es importante. Si somos, estemos y estemos bien, no nos est&aacute;n regalando nada.
    </p><p class="article-text">
        Sigue habiendo pocas mujeres dirigiendo medios, aunque seamos mayor&iacute;a en las redacciones y en las facultades; contin&uacute;a habiendo una cobertura machista de la actualidad, desde la selecci&oacute;n tem&aacute;tica hasta la ejecuci&oacute;n de cada pieza; las mesas de debate son masculinas con escasas excepciones; los expertos entrevistados, casi siempre, son hombres y hay unos cuantos derechos espec&iacute;ficos que, especialmente en televisi&oacute;n, las mujeres parecemos no tener:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a envejecer:</strong> Salvo en las cadenas p&uacute;blicas , donde parece que se entiende que las mujeres hacemos algo tan normal como cumplir a&ntilde;os y en los programas ma&ntilde;aneros o de coraz&oacute;n, cuyo p&uacute;blico, por la franja horaria que ocupan, tambi&eacute;n tiene m&aacute;s edad, dif&iacute;cilmente veremos a presentadoras o reporteras que superen los cincuenta a&ntilde;os. Y no es que no existan o mueran todas de una enfermedad de origen desconocido que solo afecta a las mujeres de m&aacute;s de cincuenta que hacen imagen. No. Parece ser que quienes mandan no entienden que m&aacute;s a&ntilde;os es sin&oacute;nimo de mayor experiencia y de confianza por parte de les espectadores en un rostro que ya conocen, cosa aplicable, por otro lado, a cualquier oficio o profesi&oacute;n. No obstante, no es tan complicado encontrar a hombres de esa edad o, incluso, mayores ya que ni las canas ni las arrugas ni los a&ntilde;os se miran de la misma forma en nuestros compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a tener fr&iacute;o:</strong> &iquest;No os hab&eacute;is fijado en esas parejas absolutamente asim&eacute;tricas televisivas de mujeres j&oacute;venes de f&iacute;sico imponente y hombres mayores que ellas y normalitos? Suelen aparecer en galas navide&ntilde;as, de Nochevieja y/o programas especiales. Pues bien, para m&iacute;, lo m&aacute;s sorprendente no son las diferencias que existen entre ellas y ellos sino su atuendo: los hombres llevan camisas de manga larga, chaquetas o capas que parece que a las mujeres no nos hacen falta, ya que tenemos la piel de lana y goretex. Eso nos permite ponernos vestidazos de tirantes en pleno invierno y que no tenga consecuencias para nuestra salud: ni un estornudo, ni una tos, nada de nada. Magia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a no estar delgada:</strong> Por supuesto, al igual que en el primer punto, a excepci&oacute;n de en las cadenas p&uacute;blicas y en espacios televisivos de tem&aacute;tica muy concreta, hay muy pocas mujeres que presenten programas y que superen la talla 40.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, es algo tan inusual que el hecho de que una presentadora engorde, provoca r&iacute;os de tinta. Un buen ejemplo de eso fue el aluvi&oacute;n de cr&iacute;ticas que recibi&oacute; en twitter la presentadora Tania Llasera, tras reaparecer en los medios con m&aacute;s peso. Los internautas le preguntaban si estaba embarazada y se re&iacute;an del cambio que hab&iacute;a experimentado. Finalmente, ella vio necesario explicar que estaba m&aacute;s gorda debido a que hab&iacute;a dejado de fumar. Es terrible que el f&iacute;sico de una profesional de la televisi&oacute;n se debata y se ponga en entredicho de forma p&uacute;blica, cuando lo &uacute;nico que deber&iacute;a importar son sus habilidades para realizar su trabajo que, evidentemente, continuaban siendo las mismas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fuera del Estado espa&ntilde;ol, nos encontramos <a href="https://m.deia.eus/2016/08/19/ocio-y-cultura/ocio/veto-a-las-gordas-en-la-television-egipcia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">noticias</a> como la que nos lleg&oacute; de Egipto, pa&iacute;s en el que un canal p&uacute;blico suspendi&oacute;, en 2016, a ocho trabajadoras durante un mes, tiempo que esperaban que les sirviera para adelgazar y regresar con lo que quien tuvo esta idea entend&iacute;a que era una &ldquo;apariencia correcta&rdquo;. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El horror, m&aacute;s a&uacute;n si pensamos en c&oacute;mo no resulta igual de sorprendente que un hombre no tenga unos abdominales como cojines. Las exigencia est&eacute;ticas que recaen sobre nosotras, no es que no sean comparables con las que tienen los hombres, es que en su caso casi ni existen.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a no ser eso que llaman &ldquo;guapa&rdquo;.</strong> El peso no es la &uacute;nica imposici&oacute;n. Especialmente en los &uacute;ltimos tiempos, en ciertas cadenas, hay que tener rostro de modelo o serlo. La val&iacute;a profesional de una mujer jam&aacute;s deber&iacute;a&nbsp;radicar en su f&iacute;sico, m&aacute;s que nada porque a los hombres que trabajan en el mismo &aacute;mbito, lo que les piden es que sean ingeniosos, buenos comunicadores, r&aacute;pidos o que tengan una excelente dicci&oacute;n&hellip; Lo mismo que a nosotras solo que para ellos, la categor&iacute;a belleza rara vez entra en la ecuaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que a las mujeres que trabajan en la tele les exigen ser guapas, pero si lo son demasiado, les resta credibilidad. Hay quien asume que est&aacute;n ah&iacute; &ldquo;por su cara bonita&rdquo; invalidando su esfuerzo y carg&aacute;ndose de un plumazo su curr&iacute;culum.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a presentar un &ldquo;late night&rdquo;:</strong> Parece ser que hay gente que cree que las mujeres somos como gremlins y que si presentamos alrededor de la medianoche nos convertimos en monstruos. Eva Hache ya demostr&oacute; que no con su &ldquo;Noche Hache&rdquo;, programa que estuvo en antena entre 2005 y 2008. 11 a&ntilde;os despu&eacute;s, ya es momento de levantar el veto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Derecho a no ser blanca:</strong><strong>&nbsp;</strong> Recientemente, hice un recuento de las personas afro que han trabajado en televisi&oacute;n presentando, en calidad de reporteres, contertulies o colaboradores en las &uacute;ltimas cinco d&eacute;cadas y me sal&iacute;an alrededor de cuarenta. Entre elles hab&iacute;a 7 deportistas (hombres), alrededor de una decena de cantantes y varies bailarines, que se han dedicado o al periodismo deportivo o al musical, sectores tradicionalmente asociados a la gente negra. Presentadoras de informativos, solo dos. Eso no significa, ni mucho menos, que piense que es m&aacute;s importante un sector que otro dentro de la profesi&oacute;n, pero s&iacute; que es cierto, que no me parece casual que haya un desequilibrio tan importante entre el &aacute;rea de entretenimiento y el de informativos.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que somos pocas (mujeres afro, aproximadamente veinte) y a nadie parece importarle demasiado salvo a nosotras y a algunos medios que s&iacute; se est&aacute;n preocupando por transformarse, que s&iacute; se cuestionan y pueden equivocarse o no, pero se atreven a dudar, a cometer errores y a enmendarse. Sin embargo, a&uacute;n falta.
    </p><p class="article-text">
        Pensar en mujeres afro no es hacer un especial sobre nosotras, olvidarnos el resto del a&ntilde;o y enfadaros si no estamos el 8 de Marzo; no es encerrarnos en nuestra dermis, en una categor&iacute;a estanca, leer a Chimamanda o hacer una pregunta a la negra or&aacute;culo de turno, la que lo sabe todo, para que solvente dudas y tranquilice conciencias. Tampoco es invitarnos a un espacio o entrevistarnos en un reportaje, con el fin de que le demos el toque de color o para adornarlo, sino pensar los espacios y los medios que queremos tener y hacer de manera conjunta , urdirlos en equipo y asumir que nos est&aacute;is dando (devolviendo) el lugar que nos corresponde, no que nos est&aacute;is permitiendo participar.
    </p><p class="article-text">
         Cuando desde los medios y los espacios feministas nos pregunt&aacute;is machaconamente por el advenimiento de nuevos partidos , como si fueran los inventores del racismo, demostr&aacute;is lo lejos que est&aacute;is de haberlo padecido o de haberos interesado por &eacute;l, puesto que, si bien es cierto que sus postulados representan un riesgo, m&aacute;s a&uacute;n desde un parlamento desde el cual tienen capacidad de legislar, tambi&eacute;n lo es que sus potenciales votantes precedieron a la creaci&oacute;n del partido y celebran ver su sue&ntilde;o cumplido. Nosotras los conocemos y los conoc&iacute;amos porque ya les hemos sufrido. &ldquo;A las negras habr&iacute;a que violarlas y luego matarlas&rdquo;, me dijeron a m&iacute; cuando ten&iacute;a 17 a&ntilde;os unos skin. &ldquo;Pues claro, encima que nos quit&aacute;is los puestos de trabajo, ya solo faltaba que nos quitarais los asientos en el autob&uacute;s&rdquo;, me solt&oacute; una se&ntilde;ora mayor cuando le ced&iacute; el paso para que subiera antes que yo a la camioneta. Estas cosas no son nuevas, pero quiz&aacute; no lo sep&aacute;is, ya que, por suerte, nunca lo vivisteis.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, me parece fundamental que el discurso feminista se construya desde el antirracismo y el anticapacitismo, para que lo de que &ldquo;todas somos todas&rdquo;, sea algo m&aacute;s que una frase y se haga realidad. En ese sentido, <strong>celebro que tras la reuni&oacute;n que se llev&oacute; a cabo en Valencia en Enero, varios colectivos feministas pidieran la derogaci&oacute;n de la Ley de Extranjer&iacute;a y el cierre de los CIE, pero no basta</strong>. Es importante asumir y reconocer la diversidad existente en el seno de las comunidades racializadas y sus aristas m&uacute;ltiples, derivadas no solo de una situaci&oacute;n administrativa atroz y excluyente, tambi&eacute;n de unos planteamientos ideol&oacute;gicos y morales distintos, de cosmogon&iacute;as, maneras de entender el sexo, la vida o la maternidad otras o de las limitaciones derivadas de aspectos estructurales que se traducen en racismos cotidianos que condicionan nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Incluso con un pasaporte espa&ntilde;ol o un NIE, muchas mujeres negras tienen problemas para encontrar trabajo o para que este sea igualmente reconocido; algunas no recuerdan haber visto a una igual en la tele en su vida, leer sobre escritoras negras en clase de literatura (blancas, al menos, estaban Carmen Laforet o Emilia Pardo Baz&aacute;n), pero tampoco en la de sociolog&iacute;a o la de biolog&iacute;a. En Historia Universal, nos hablaban del Norte pol&iacute;tico, repas&aacute;bamos la revoluci&oacute;n francesa o la rusa, pero no citaban ni por encima, la de Hait&iacute;, que supuso el principio del fin de la esclavitud. En esa l&iacute;nea de ocultaci&oacute;n, ni siquiera nombran el pa&iacute;s en el que naci&oacute; mi padre pese a que, hasta hace cincuenta a&ntilde;os, fuera una provincia m&aacute;s del Estado espa&ntilde;ol. El borrado hist&oacute;rico es un acto consciente y se trata de una de las m&aacute;ximas expresiones de racismo institucional.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras, les periodistas, en t&eacute;rminos generales, nos siguen retratando desde la excepcionalidad y oscilamos entre &ldquo;las primeras que&rdquo;, ejemplos de &eacute;xito, y las v&iacute;ctimas, lo cual es importante, con todo, implica conformarse con la parte sin preocuparse por buscar ni mostrar el todo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, resulta necesario entender que <strong>cuando una mujer negra es v&iacute;ctima de un ataque racista es algo que debe concernir al movimiento feminista y no solo al antirracista</strong> porque la interseccionalidad, esa palabra manoseada y &ldquo;lenguoseada&rdquo; hasta el infinito es, como dir&iacute;a la activista afrofeminista Esther (Mayoko) Ortega, &ldquo;cuerpo y ya&rdquo;. La cobertura medi&aacute;tica, la indignaci&oacute;n y el apoyo a la v&iacute;ctima que generan ciertos casos de machismo flagrante deber&iacute;a extenderse a otros tantos. Cuando, recientemente, a <a href="https://www.eitb.eus/es/noticias/sociedad/detalle/6117353/agresion-verbal-racista-autobus-urbano-vitoria-9-enero-2019/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una mujer negra</a>, el conductor de un autob&uacute;s de Vitoria le rega&ntilde;&oacute; porque una de sus hijas llevaba un patinete sin plegar y ella le pidi&oacute; paciencia, puesto que su ni&ntilde;a ten&iacute;a necesidades especiales, un pasajero le dijo que &ldquo;era militar y llevaba veinte a&ntilde;os matando gente como ella&rdquo;, provocando que aterrorizada se tuviera que bajar del autob&uacute;s acompa&ntilde;ada solo por un par de personas. Pues bien, lo que le sucedi&oacute; no es &uacute;nicamente racismo, tambi&eacute;n se trata de machismo. Era una mujer a la que un hombre amenaz&oacute;, delante de todo el mundo y no se atrevi&oacute; a denunciar por miedo. &ldquo;Solo quiero un futuro para mis hijas&rdquo;, afirm&oacute; en ese momento. Insisto, es racismo, es machismo, es soledad y es silencio c&oacute;mplice. Ah&iacute;, no cabe el futuro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; decir de las temporeras de Huelva? En su caso, recibieron un apoyo inestimable de varios movimientos feministas andaluces y de algunos medios que se esforzaron por informar puntualmente de lo que estaba sucediendo pero, de ninguna manera, generaron la misma reacci&oacute;n de condena un&aacute;nime que otras iniquidades padecidas por mujeres (blancas) a lo largo del pasado a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En positivo, porque hubo victorias en 2018, <strong>celebro que el g&eacute;nero sea un aspecto cada vez m&aacute;s transversal en las noticias, que haya incluso responsables que se encargan de velar por ello en algunos medios, &iquest;pero qu&eacute; hay de la perspectiva de raza?,</strong> &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?, &iquest;cu&aacute;ntas noticias hab&eacute;is escrito o le&iacute;do a lo largo del &uacute;ltimo a&ntilde;o protagonizadas por personas racializadas?, &iquest;c&oacute;mo eran? Y en el caso de los reportajes corales, &iquest;hab&eacute;is hecho como Disney, que solo tiene princesas blancas y luego han ido poniendo a una de cada (negra, asi&aacute;tica, &aacute;rabe, Rrom&aacute;, pobladora originaria de Abya Yala y polinesia) para completar el cupo? Solo una persona racializada podr&iacute;a asumir la funci&oacute;n de velar por la perspectiva que cito, ahora bien, <a href="https://www.eldiario.es/pikara/resulta-necesario-periodistas-racializades_6_810928927.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iquest;cu&aacute;ntas periodistas racializadas hay en vuestras redacciones? </a>E, importante, &iquest;alguna vez hab&eacute;is ca&iacute;do en ello?.
    </p><p class="article-text">
        Justo de ah&iacute; ven&iacute;an mis dudas del principio. En efecto, soy periodista, soy feminista, me repugn&oacute; y ofendi&oacute; la sentencia de &ldquo;la manada&rdquo;, me encoge el coraz&oacute;n y me subleva cada vez que matan o agreden a una mujer, el techo de cristal, la tasa rosa asquerosa o la disparidad de salarios. Pero tambi&eacute;n soy afrodescendiente y ni la piel se quita ni los estigmas asociados a ella. Nuestro techo es tan bajo que caminamos encorvadas. De modo que a las que se sorprenden por <a href="https://afrofeminas.com/2019/03/04/manifiesto-8m-afrofeminas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la no adscripci&oacute;n al 8 de Marzo de muchas mujeres afro</a>, me gustar&iacute;a preguntarles si sab&iacute;an d&oacute;nde est&aacute;bamos y qu&eacute; hac&iacute;amos el resto del a&ntilde;o y les animo a que hablemos para construir juntas y transformar, a partir del 9 de marzo.
    </p><h3 class="article-text">Lee tambi&eacute;n estos otros art&iacute;culos de Luc&iacute;a Mbom&iacute;o en Pikara:</h3><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/03/8m-mujeres-somos-todas-ja/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">#8M: &iquest;Mujeres somos todas? &iexcl;Ja! </a>Sobre la invisibilizaci&oacute;n de las mujeres negras en los medios en torno a la pasada huelga feminista.&nbsp;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/03/racismo-ficcion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Queremos hacer de nosotres, no de lo que somos para vosotres</a>.&nbsp;Sobre la falta de referentes y estereotipaci&oacute;n de las personas afrodescendientes en la ficci&oacute;n espa&ntilde;ola.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/01/racismo-medios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Que nos pregunten &Uacute;NICAMENTE sobre racismo es racista. </a>Sobre&nbsp;la escasa participaci&oacute;n de personas racializadas en los medios.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Mbomío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/huelga_132_1662030.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Mar 2019 20:52:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Me sumo a la huelga? Reflexiones desde mi profesión, mi género y mi piel]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Huelga feminista,8M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué necesitamos periodistas racializades en los medios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/resulta-necesario-periodistas-racializades_132_1950413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77ed0300-f720-4995-9276-e346533c11d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué necesitamos periodistas racializades en los medios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No quiero continuar siendo una rareza en la profesión; tenemos que ser más</p><p class="subtitle">Los medios piensan y viven en blanco y, de vez en cuando, se acuerdan y nos ceden un hueco que ya era nuestro, aunque no nos permitieran utilizarlo</p></div><p class="article-text">
        &#8259; Te he mandado al <em>whatsapp</em> un link de un art&iacute;culo que he escrito.
    </p><p class="article-text">
        &#8259; &iquest;A que salen personas negras?
    </p><p class="article-text">
        &#8259; S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &#8259; Salvo en en el programa, s&oacute;lo entrevistas a personas negras, &iquest;te das cuenta?
    </p><p class="article-text">
        &#8259; Claro. &iquest;Y t&uacute; a cu&aacute;ntas personas no blancas has entrevistado en tu vida?
    </p><p class="article-text">
        Esta conversaci&oacute;n es real, aunque las palabras fueran otras, con un compa&ntilde;ero de profesi&oacute;n. <strong>Un periodista que, como yo, trabaja en la tele y a quien le sorprende que yo decida poner el foco en historias de mujeres negras, pero no que &eacute;l jam&aacute;s haya incluido en sus reportajes a alguien que lo fuera.</strong> Ni &eacute;l, ni muches. Miren la pantalla y me cuentan.
    </p><p class="article-text">
        En mi d&iacute;a a d&iacute;a como reportera hablo de gastronom&iacute;a, tradiciones o productos de la tierra en el Estado espa&ntilde;ol. En su momento, fueron los viajes por el mundo, las denuncias o lo que tildan como &ldquo;social&rdquo;. Me informo e informo acerca de temas que poco o nada tienen que ver con la raza o el racismo, de hecho, <a href="http://www.pikaramagazine.com/2018/01/racismo-medios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como ya expliqu&eacute; en un texto para Pikara Magazine</a>, me da rabia que &uacute;nicamente me pregunten sobre eso. Ahora bien, cuando acaba mi horario de oficina hago lo que quiero y <strong>entrevistar a mujeres negras no es un capricho sino una responsabilidad, porque si no cu&aacute;ndo, si no d&oacute;nde, si no c&oacute;mo, si no qui&eacute;n y si no qu&eacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El cu&aacute;ndo ser&aacute; poco o nunca y solo si ha pasado algo malo o si la actualidad lo convierte, por un cataclismo medi&aacute;tico, en tendencia. El d&oacute;nde, salvo las muy conocidas, Beyonc&eacute; y Rihanna incluidas, ser&aacute; en secciones o publicaciones espec&iacute;ficas que conforman los guetos negros de la comunicaci&oacute;n y que llevan tiempo desga&ntilde;it&aacute;ndose para lograr transformar la imagen de &Aacute;frica y su di&aacute;spora con &eacute;xito relativo. El c&oacute;mo, sin duda, ir&aacute; ligado al qui&eacute;n y, en general, <strong>ser&aacute; una persona blanca cuya labor tender&aacute; a oscilar entre los topicazos caducos que ratifican el prejuicio que sale de casa y vuelve a ella sin tocar y las excepciones marcianizantes que tratan con buena intenci&oacute;n y algo de paternalismo</strong>&nbsp;lo que desde hace mucho tiempo es usual, como si fuera algo ins&oacute;lito, invalidando, de este modo, el objetivo aprior&iacute;stico del reportaje que, entiendo, pasaba por visibilizar realidades positivas, por &ldquo;normalizar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Falta el qu&eacute;, el objeto del texto. <strong>Cuando tu mundo es 100% blanco, hay temas que jam&aacute;s se te pasaron por la cabeza</strong>, vidas que murieron al nacer y <strong>voces que fueron alumbradas casi mudas y a las que jam&aacute;s dar&aacute;s un micr&oacute;fono</strong> por todo lo anterior, aunque sus opiniones, saberes y experiencias pudieran ser de inter&eacute;s general. No es a malas, es as&iacute;: los medios piensan y viven en blanco y, de vez en cuando, se acuerdan y nos dan un hueco que, no lo olvidemos, no tendr&iacute;an por qu&eacute; cedernos dado que ya era nuestro, aunque no nos hayan permitido utilizarlo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Significa eso que las personas no racializadas no pueden entrevistar a gente que lo sea? Por supuesto que no. Es m&aacute;s, hay excelentes ejemplos de trabajos que pueden servir para acabar con prejuicios pertinaces en forma y tiempo. Lo id&oacute;neo, de hecho, ser&iacute;a que se hicieran muchos m&aacute;s, as&iacute;, quiz&aacute;, habr&iacute;a m&aacute;s pr&aacute;ctica, oficio y no s&oacute;lo buena intenci&oacute;n. Sin embargo y aun reconociendo que los periodistas, como seres curiosos, podemos y sabemos contar vidas, una siempre se apa&ntilde;a mejor con aquello que conoce bien. De entrada, el acceso a las fuentes puede ser m&aacute;s sencillo debido a que tenemos claro&nbsp;d&oacute;nde buscar y a que, incluso, nos conocemos o casi, puesto que <strong>se establecen relaciones de confianza por los intermediarios que nos facilitan los contactos. Llamemos a esto hermandad, familia o comunidad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, trabajamos sin miedo a preguntar. Sucede que estamos acostumbrades a que quienes nos entrevistan quieran saber siempre lo mismo, a que haya un listado de cuestiones habituales, de ah&iacute; que cuando quien entrevista es una persona&nbsp;racializada, sea consciente, huya y construya, mano a mano, con la entrevistada. As&iacute; las cosas, <strong>transformamos interrogatorios en conversaciones y asentimos,&nbsp; en vez de exclamar</strong> porque al haber estado en los mismos sitios (da igual que disten kil&oacute;metros), comprobamos que hay cosas que no hace falta explicar ni perderse en los detalles que remueven, las sabemos porque las vivimos y las llevamos puestas. No hay asombro ni esc&aacute;ndalo ni extra&ntilde;amiento, hay justicia y representaci&oacute;n. Es como partir del jueves&nbsp;y no desde el lunes&nbsp;todo el rato.
    </p><p class="article-text">
        Cabe a&ntilde;adir que una persona racializada periodista tiene claro que, teniendo en cuenta las escasas oportunidades que tenemos de salir en medios, cada una de las palabras que digamos ser&aacute;n miradas con lupa y con la hipersensibilidad y fragilidad del que nunca ha asumido ni entendido la posici&oacute;n que ocupa en la sociedad y los privilegios que lleva bajo el brazo. A sabiendas de eso, <strong>nos cuidamos o, al menos lo intentamos, para que a la exposici&oacute;n no le suceda un calvario.</strong> No obstante, no siempre sale bien, entonces toca abrazarse, aunque sea en la distancia y recordarnos que no s&oacute;lo lo lamentamos sino que tambi&eacute;n lo sentimos.
    </p><p class="article-text">
        No quiero continuar siendo una rareza en la profesi&oacute;n. Tenemos que ser m&aacute;s porque a corta distancia vemos m&aacute;s lejos, en algunos casos, conocemos otras culturas y lenguas que adquirimos sin esfuerzo en nuestras casas de extrarradio (figurado y literal) o que le&iacute;mos en los libros de las baldas olvidadas, que nos ense&ntilde;aron que hay m&aacute;s como nosotres.
    </p><p class="article-text">
        Es importante que las redacciones se repiensen y abandonen el rotundo blanco, el tintero rebosa de temas y enfoques nuevos que aguantaron el ostracismo pero que siempre existieron.
    </p><p class="article-text">
        Hermanes periodistas racializades, os estamos esperando.
    </p><h3 class="article-text">Lee tambi&eacute;n:</h3><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="http://www.pikaramagazine.com/author/lucia-mbomio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Los art&iacute;culos, reportajes y entrevistas de Luc&iacute;a Mbom&iacute;o en Pikara Magazine</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <a href="http://www.pikaramagazine.com/2018/06/silvia-albert-sopale-no-es-pais-para-negras/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Entrevista a Silvia Albert Sopale, creadora de la obra de teatro 'No es pa&iacute;s para negras'</a>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li></li>
                                    <li><a href="http://www.pikaramagazine.com/2018/02/partir-de-cero-secretariado-gitano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">'Cuando una iniciativa gitana se torn&oacute; antigitana', an&aacute;lisis de Rebeca Santiago de un cortometraje para Fundaci&oacute;n Secretariado Gitano&nbsp;</a></li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Mbomío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/resulta-necesario-periodistas-racializades_132_1950413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Sep 2018 18:47:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué necesitamos periodistas racializades en los medios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Las que se atrevieron': "Hija, ¿no te habrás echado un novio negro?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/atrevieron-hija-echado-novio-negro_1_3432880.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36e4be18-f375-4d58-a652-f4814942561a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Portada de &#039;Las que se atrevieron&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista Lucía Asué Mbomio publica su primera novela,</p><p class="subtitle">Las que se atrevieron</p><p class="subtitle">(Editorial Sial |Casa África)</p><p class="subtitle">La presentación del libro será el próximo 24 de mayo en la galería Mamah Africa, en Madrid, a las 19:00</p></div><p class="article-text">
        Provengo de una chuleta.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; de duro. As&iacute; de feo. Pero no de una chuleta cualquiera, sino de la que hizo que mi madre aprobara un examen de &aacute;lgebra y mi padre, que no quiso aceptarla, suspendiera.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tengo la respuesta a la pregunta del examen, &iquest;la quieres?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, gracias, yo prefiero aprobar por mis m&eacute;ritos.
    </p><p class="article-text">
        Y me imagino a Picaresca ri&eacute;ndose muy alto del pobre Honestidad, cuando se encontraron, de nuevo, el d&iacute;a que publicaron las notas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque, a decir verdad, mi padre solt&oacute; una mentira nada m&aacute;s presentarse. Se puso unos cuantos a&ntilde;os menos, aprovechando la atemporalidad de sus rasgos a ojos de una persona blanca. Y col&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Era 1972, ambos estudiaban en la Escuela T&eacute;cnica de Ingenier&iacute;a Industrial de Madrid y se habr&iacute;an tropezado m&aacute;s de una vez, aunque se ignoraran. El examen, la locuacidad de mi madre y la educaci&oacute;n de mi padre propiciaron un intercambio de tel&eacute;fonos, unas cuantas llamadas y alg&uacute;n que otro caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre hab&iacute;a llegado a&ntilde;os antes con el fin de completar su formaci&oacute;n. En Guinea Ecuatorial, que todav&iacute;a era colonia espa&ntilde;ola, hab&iacute;a obtenido la titulaci&oacute;n para ser maestro y ya daba clases, sin embargo, y adivinando la pronta independencia de su tierra, quiso pasar de nuevo por la universidad para participar del &ldquo;nacimiento&rdquo; de la Guinea soberana con mucha m&aacute;s preparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Siempre se ha autoexigido, ha intentado saber m&aacute;s, leer m&aacute;s, conocer m&aacute;s. Aprendi&oacute; a hablar castellano tarde, porque en su pa&iacute;s, en su infancia, era lengua oficial, pero, salvo asistencia a la escuela o residencia en la capital, la gente no sol&iacute;a hablarlo. A&uacute;n recuerda c&oacute;mo tiraba de la falda de mi abuela para que no se entretuviera hablando con desconocidos esa extra&ntilde;a lengua, la primera vez que vio a una persona blanca o cu&aacute;nto se asust&oacute; el d&iacute;a que tuvo delante un coche. Pens&oacute; que se trataba de un burro con ruedas.
    </p><p class="article-text">
        Para asistir a su primer curso cont&oacute; con un pantal&oacute;n que le hab&iacute;a regalado su t&iacute;a M&oacute;nica y, todav&iacute;a hoy, sus hermanos le llaman mimado por ello. Un pantal&oacute;n. Uno solo. Zapatos tuvo de adulto, as&iacute; que caminaba los veinte kil&oacute;metros diarios que ten&iacute;a que recorrer para ir al colegio, con sus pies descalzos, que ahora, y como consecuencia de ello, son anchos y tan duros como los de un paquidermo.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; por varios centros educativos, instituciones franquistas como aquellas a las que asisti&oacute; cualquier otro espa&ntilde;ol. Rezaba, cantaba el Cara al sol y aprend&iacute;a de memoria accidentes geogr&aacute;ficos y poemas de un mundo lejano llamado Espa&ntilde;a. Poco antes de que mi madre naciera, empez&oacute; a estudiar magisterio en la Escuela Superior, el mejor y m&aacute;s completo centro en el que pod&iacute;a estudiar un nativo en la colonia. Los v&iacute;nculos que hizo en ese tiempo y las an&eacute;cdotas est&aacute;n a&uacute;n muy frescos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando vino a Espa&ntilde;a, se instal&oacute; en Madrid. Viv&iacute;a con amigos y familiares en el Paseo de Extremadura y aquello parec&iacute;a una &ldquo;Little Santa Isabel&rdquo; (nombre con el que bautizaron los colonos a la actual capital de Guinea, Malabo), como los barrios de &ldquo;minor&iacute;as&rdquo; que se convierten en mayor&iacute;as en algunas zonas de las grandes urbes del mundo: &ldquo;Little Ethiopia&rdquo;, &ldquo;Little Italy&rdquo;, &ldquo;China Town&rdquo;&hellip; Sin embargo, por aquel entonces, Madrid distaba mucho de ser una gran urbe mundial, sembrada de &ldquo;Little lo que fuera&rdquo;. El gran &eacute;xodo rural, como consecuencia de la industrializaci&oacute;n, estaba tomando forma, vaciando los campos a la velocidad del rayo y transformando las capitales de provincia en contenedores de humanos que buscaban trabajo y que, tambi&eacute;n, se agrupaban atendiendo a su origen. As&iacute;, las villas cercanas a Madrid, por ser m&aacute;s baratas, se convirtieron en el hogar de extreme&ntilde;os, andaluces, manchegos, castellanoleoneses y alg&uacute;n que otro ecuatoguineano, especialmente, en M&oacute;stoles o en Torrej&oacute;n de Ardoz. Nac&iacute;an as&iacute; las ciudades dormitorios, donde se dorm&iacute;a, pero no se trabajaba.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; tiempos aquellos en los que, incluso, cab&iacute;a la posibilidad de pluriemplearse! Aunque, para que esto no lleve a ning&uacute;n equ&iacute;voco, cabr&iacute;a decir que, en efecto, hab&iacute;a trabajo, pero que estaba fatal remunerado, cosa que provocaba que un alto porcentaje de la poblaci&oacute;n tuviera, al menos, un par de empleos para poder llegar a fin de mes.
    </p><p class="article-text">
        Lo de irse de vacaciones sonaba a ciencia ficci&oacute;n, claro.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre, por su parte, cuidaba ni&ntilde;os mientras no estaba en la universidad y, en su tiempo libre, estudiaba para poder mantener la beca que le permit&iacute;a continuar con su carrera. El dinero que ganaba le llegaba para compartir piso y tomarse algo muy de vez en cuando.
    </p><p class="article-text">
        Por eso le ofende mi estilo de vida consumista, que no es el m&iacute;o sino el de casi todos, un estilo en el que &ldquo;te tomas algo&rdquo; a diario, en el que comer fuera de casa es rutina y no excepci&oacute;n, y en el que tenemos tantas camisas como d&iacute;as tiene la semana. Y m&aacute;s, ya lo s&eacute;, muchas m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes las ausencias no se contemplaban como privaciones, puesto que la mayor&iacute;a viv&iacute;a as&iacute;, de tal forma que la resignaci&oacute;n ven&iacute;a de f&aacute;brica. Y, resignada, mi madre, Sof&iacute;a, tuvo que dejar Madrid y trasladar su expediente para ir a Huesca a continuar sus estudios, porque perdi&oacute; la beca.
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; fr&iacute;o y varios ex&aacute;menes. No s&eacute; si con chuleta o sin ella, la verdad. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, con alguna asignatura pendiente, regres&oacute; a la facultad de siempre, a la del principio, a la de Jos&eacute;, mi padre.
    </p><p class="article-text">
        Y volvieron a encontrarse.
    </p><p class="article-text">
        Ella no ten&iacute;a ni un atisbo de duda de lo que sent&iacute;a por mi padre, le gustaba y le parec&iacute;a una excelente persona, ahora bien, lo que no ten&iacute;a tan claro era que quisiera estar con &eacute;l. Tem&iacute;a la reacci&oacute;n en el conservador seno familiar y, yendo m&aacute;s all&aacute;, de los habitantes del peque&ntilde;o pueblo segoviano del que proced&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Hija, ha vuelto a llamarte Jos&eacute; para preguntar c&oacute;mo est&aacute;s recuper&aacute;ndote de la operaci&oacute;n. Tiene un acento rar&iacute;simo, &iquest;de d&oacute;nde es?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es de R&iacute;o Muni, en la Guinea espa&ntilde;ola, madre. Es negro.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y qu&eacute; haces t&uacute; hablando con un negro? &iquest;No te habr&aacute;s echado un novio negro?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo va a ser mi novio? Es un compa&ntilde;ero de la facultad. Nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a p&aacute;nico a decirle a mi abuela que estaba con mi padre. Y, quiz&aacute;, sea lo que m&aacute;s me ha sorprendido de esta historia, teniendo en cuenta que todos en el pueblo me hablan, siempre, de lo buena que fue con todo el mundo. Eso me hace pensar que estar con una persona de otra raza no es que estuviera mal en 1975, es que era un l&iacute;o. Se daba una concatenaci&oacute;n de miedos que imped&iacute;a que todo el mundo actuara normal: mi madre tem&iacute;a a mi abuela, mi abuela al esc&aacute;ndalo social en el pueblo y la gente de all&iacute;, a ser se&ntilde;alados por culpa de mi madre.
    </p><p class="article-text">
        Y, a decir verdad, no iba muy desencaminada en este asunto.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que un d&iacute;a, en un receso de una grabaci&oacute;n que yo estaba llevando a cabo en Panam&aacute;, conversando, sali&oacute; que mi madre, al igual que el entrevistado, un vallisoletano, tambi&eacute;n era castellana, en su caso, de Segovia.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Tu padre es maestro?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;S&iacute;, lo es! &iquest;C&oacute;mo lo sabes? &iquest;Les conoces?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Qu&eacute; va! Es que lleg&oacute; hasta Valladolid que una de Juarros &mdash;el nombre del pueblo de mi madre&mdash; se hab&iacute;a casado con un negro.
    </p><p class="article-text">
        Quise saber si aquello era una broma y me encontr&eacute; con un rostro serio al otro lado.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Para qu&eacute; te iba a mentir?
    </p><p class="article-text">
        En ese momento pens&eacute; en mi madre, que imaginaba que su noviazgo tendr&iacute;a consecuencias, pero jam&aacute;s tan grandes ni, desde luego, tan lejanas.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, auguraba un mini esc&aacute;ndalo, raz&oacute;n por la cual mi abuela falleci&oacute; de un infarto, sin saber que ten&iacute;a un yerno negro.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, mi abuelo, una persona que luch&oacute; en el bando nacional durante la Guerra Civil, con todo lo que eso conlleva, se enter&oacute; algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, y a la vez, le contaron que tendr&iacute;a tambi&eacute;n una nieta negra. Mat&oacute; dos p&aacute;jaros de un tiro &ldquo;la Sofi&rdquo; (as&iacute; es como la conocen en Juarros). Con todo hecho, a mi abuelo Juan solo le qued&oacute; una v&iacute;a para imponer su mermada autoridad: pedirle a mi madre que se casara.
    </p><p class="article-text">
        Y se casaron por darle gusto, en una ceremonia civil, vestidos informales, con la &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a de los dos testigos y varios meses despu&eacute;s de que yo naciera. 
    </p><p class="article-text">
        El pobre Juanito no se hab&iacute;a visto en una de esas jam&aacute;s y repet&iacute;a a mi madre al o&iacute;do de forma machacona que le hab&iacute;an enga&ntilde;ado y que &ldquo;aquello ni era una boda, ni era nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al poco tiempo, mi padre y yo fuimos por vez primera al pueblo. Era 1981. 
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a cola en la puerta para ponernos cara. Nadie hab&iacute;a visto jam&aacute;s a un negro. Y yo generaba todav&iacute;a m&aacute;s expectaci&oacute;n que mi padre. El desconocimiento de la gente y una imaginaci&oacute;n a todas luces activ&iacute;sima hicieron que una persona le pidiera a mi madre que le mostrara mis piernas con el fin de cerciorarse de si, verdaderamente, era mitad blanca y mitad negra. S&iacute;, como el yin y el yan, a dos colores. Y no, no me lo estoy inventando.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre dice que nunca tuvo miedo al racismo porque, como ella no lo es, daba por hecho que el resto tampoco lo ser&iacute;a. Admite, no obstante, que la edad le ha hecho ser algo m&aacute;s consciente de los peligros que existen. Es una persona peculiar, muy humana, muy de ver humanos y nada m&aacute;s. Estaba muy acostumbrada a ser distinta. En la facultad, en su promoci&oacute;n, el n&uacute;mero de mujeres no llegaba a la decena.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco vest&iacute;a como la mayor&iacute;a, llevaba vestidos largos vaporosos y abrigos coloridos que yo he heredado. Se compr&oacute; su coche enseguida para viajar, entrar y salir sin pedir permiso a nadie. Lo que se considera algo normal ahora no lo era tanto hace unos a&ntilde;os&hellip; Le gustaba su independencia y estaba acostumbrada a ignorar lo que pudieran decir de ella.
    </p><p class="article-text">
        Pens&oacute; que con nosotros ser&iacute;a igual. Y nuestra infancia, dice, se lo corrobor&oacute;. Mi hermano, cuatro a&ntilde;os menor, y yo &eacute;ramos ni&ntilde;os muy queridos en nuestro entorno. El hecho de ser negros, incluso, nos hizo recibir m&aacute;s atenciones.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no sabe mi madre es que, pese a ser conscientes de ese cari&ntilde;o, nosotros no quer&iacute;amos recibir ni m&aacute;s ni menos atenciones, y que, a diferencia de ella, &eacute;ramos ni&ntilde;os. No pod&iacute;amos ignorar lo que nos dec&iacute;an, cu&aacute;nto nos miraban o nos se&ntilde;alaban con el dedo ni la maldita canci&oacute;n de los conguitos, que a casi todos los que son como nosotros nos han cantado. Quer&iacute;amos ser igual que el resto en cuanto a trato, y est&aacute;bamos solos. La experiencia de mi padre no era comparable. &Eacute;l lleg&oacute; con veinticinco a&ntilde;os, era un adulto, creci&oacute; rodeado de iguales y, si alguna vez le han dicho, como me han dicho a m&iacute;, que se vuelva a su pa&iacute;s, ha respondido con la madurez de su edad y con la seguridad de haber nacido en una tierra a la que siempre podr&iacute;a regresar.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre, por su parte, es muy positiva, de esas personas que borran lo malo r&aacute;pido. Claro que se ha sentido observada y hasta increpada por ir con nosotros, pero&hellip; jam&aacute;s le ha dado mucha importancia. Ni el color ni la diferencia cultural han sido elementos que hayan perturbado la relaci&oacute;n con su marido ni con los dem&aacute;s. Admite que ha tenido que cambiar cosas de su personalidad por estar en pareja, pero siempre que se refiere a mi padre lo hace calific&aacute;ndole como &ldquo;por encima de todo, un hombre bueno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, crecer siendo negro o mestizo en un pa&iacute;s muy blanco te obliga a interiorizar conceptos de mayores desde una edad prematura, a defenderte cuando a&uacute;n quieres jugar. Evidentemente, mi experiencia no se puede ni se debe generalizar, pero es algo que, tras varias conversaciones, he comprobado que comparto con la mayor parte de mis amigas espa&ntilde;olas negras. Puedes tardar m&aacute;s o menos en caer en la cuenta de que no eres percibido igual que el resto, hasta que un d&iacute;a te rompen, con un alfiler o a pu&ntilde;etazos, la burbuja de confort en la que vives, la del espacio en el que eres conocida y apreciada. Ese es el d&iacute;a en el que sales al mundo y dejas de ser &ldquo;Luc&iacute;a, caf&eacute; con leche&rdquo;, &ldquo;Luc&iacute;a, nuestra negra&rdquo; o, incluso, Luc&iacute;a a secas, para ser una negra o una negra de mierda, seg&uacute;n te miren. A eso hay que asociarle todas las connotaciones que una sociedad que racializa la nacionalidad, como es la espa&ntilde;ola, tiene.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, hay algo que mi madre ha hecho y que yo he decidido revertir de mayor por justicia hacia ella: siempre nos dijo que &eacute;ramos negros, nacidos en Espa&ntilde;a, pero de Guinea Ecuatorial. Nos hizo sentirnos orgullosos de la parte de nuestro ser que sab&iacute;a que ser&iacute;a m&aacute;s atacada. Hay que tener en cuenta que en los 80, no ser blanco era ser negro, de manera que cualquier autodesignaci&oacute;n intermedia ca&iacute;a en saco roto. Despu&eacute;s de nueve meses con cada uno en su interior, opt&oacute; por invisibilizar de cara a nuestra construcci&oacute;n identitaria su herencia biol&oacute;gica y cultural. Pens&oacute;, seg&uacute;n cuenta, que esa la asimilar&iacute;amos de forma natural solo por el hecho de vivir en Espa&ntilde;a y que no har&iacute;a falta incidir en una espa&ntilde;olidad que, probablemente, nos negar&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;T&uacute; no puedes entrar en la discoteca por ser de color. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Le voy a denunciar. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Denuncia!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Polic&iacute;a, no me han dejado entrar en ese local por ser negra.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;T&uacute; sabes lo que es el derecho de admisi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y usted sabe que no se puede discriminar por raza, sexo o religi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Dame tus papeles, listilla!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mis papeles no, mi DNI.
    </p><p class="article-text">
        A mi lado, mi amiga Mar&iacute;a lloraba desconsolada por la rabia. Yo, en cambio, estaba tan tranquila, no me sorprend&iacute;a. Eso les sorprende solo a las personas que no padecen racismo, incapaces de ver, desde su posici&oacute;n de privilegio, que hay un problema a menos que se lo pongan delante de la cara, como pas&oacute; aquella noche. A mi madre, podr&iacute;a pasarle lo mismo, lo que sucede es que este tipo de historias no siempre se las cuento, la protejo.
    </p><p class="article-text">
        Creo que mi educaci&oacute;n me ha servido para encajar episodios vitales habituales sin traumas, con la fortaleza que me dio que mi propia madre, mi parte blanca, me regalara, sin ser consciente de ello, las herramientas para que yo misma rompiera la burbuja de protecci&oacute;n: confianza y formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde bien peque&ntilde;a fui buena estudiante y he de reconocer que mis padres contribuyeron a ello. En casa era algo prioritario y eso no se tradujo en colegios privados, sino en un nivel de exigencia alt&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mam&aacute; he sacado un diez, quiero unas zapatillas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Esa es tu obligaci&oacute;n. Ya tienes zapatillas, cuando se te rompan, te comprar&eacute; otras. 
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez claudicaban, pero si ped&iacute;a deportivas buenas, me compraban la marca blanca. En lugar de Fila, Fera. Y a tirar.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, ten&iacute;amos al profesor en casa, de modo que no entender algo no pod&iacute;a ser excusa para no hacer deberes.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimo lugar, hab&iacute;a un factor determinante: mi madre era esp&iacute;a. Revisaba mi cuaderno a diario y ten&iacute;a mil ojos. No s&eacute; c&oacute;mo lo hac&iacute;a, pero se enteraba de todo aunque tratara de ocult&aacute;rselo. En el instituto me permit&iacute; alguna licencia, tipo faltar a clase, pero compensaba cumpliendo en los ex&aacute;menes. Viv&iacute;a con el miedo, inoculado por ella, de que si no sacaba buena media, no podr&iacute;a estudiar periodismo, que era lo que hab&iacute;a deseado desde peque&ntilde;a, y eso, indudablemente, ser&iacute;a el fin del mundo.
    </p><p class="article-text">
        A nadie le sorprender&aacute; que diga que esta no es una sociedad cien por cien meritocr&aacute;tica, puesto que el nepotismo continua existiendo a todos los niveles. Sin embargo, mis padres siempre confiaron en la educaci&oacute;n como arma y como escudo. Y creo que no se han equivocado. Llevo once a&ntilde;os trabajando en televisi&oacute;n, antes de eso pas&eacute; por la radio y fui becaria en peri&oacute;dicos locales.
    </p><p class="article-text">
        Uno de mis empleos, Espa&ntilde;oles en el mundo, me permiti&oacute; visitar muchos lugares del planeta, incluyendo Guinea Ecuatorial, pero me di cuenta de que pisar no es estar, de modo que dej&eacute; el programa y me fui a vivir all&iacute;. No obstante, antes de ir con el programa, hubo un viaje inicial en familia. El viaje.
    </p><p class="article-text">
        Mis padres llevaban varios a&ntilde;os enviando dinero a Guinea para hacer una casa, cuya construcci&oacute;n parec&iacute;a estar demor&aacute;ndose m&aacute;s que la Sagrada Familia barcelonesa. Cuando, al fin, &ldquo;acab&oacute;&rdquo; (cada verano encuentran un fleco que cortar), entendieron que hab&iacute;a llegado el momento y avisaron a mi t&iacute;a y a mi prima para que se nos unieran en el viaje. Recuerdo que viv&iacute; aquello como si se tratara de una pel&iacute;cula que yo rodaba con una c&aacute;mara antigua, de esas que parece que ralentizan las im&aacute;genes. Me fijaba constantemente en los actores, en c&oacute;mo interactuaban con la gente, con el ambiente, con ese clima de humedad que pesa toneladas o con esa tierra roja que llena de ara&ntilde;azos el bosque. Me gustaba verlos. Est&aacute;bamos todos felices, aunque cada cual se tomaba la experiencia de un modo.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre abrazaba por vez primera a sus cu&ntilde;adas, mi t&iacute;a, a su suegra, mi prima a su abuela, mi hermano y yo nos convertimos en t&iacute;os de mucha gente y en abuelos de otros cuantos, asumiendo, repentinamente, una autoridad que en Espa&ntilde;a, y a nuestra edad, jam&aacute;s nos dar&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        La familia para un fang (etnia y lengua de &Aacute;frica Central y, en este caso, de Guinea Ecuatorial) es sagrada. En serio. Es algo inexplicable. Es casa, es fortaleza y foso con cocodrilos, es amistad, es apoyo, es ayuda, es soga que tira y ahorca, es exigencia, es indulgencia&hellip; Y solo lo entend&iacute; cuando fuimos ah&iacute;, pese a que por mi casa han pasado muchos familiares a visitarnos, comer o quedarse unos cuantos d&iacute;as o meses. 
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la falta de intimidad dom&eacute;stica continuada a veces provocaba fricciones intramatrimoniales. Para alguien espa&ntilde;ol, por mucho que Espa&ntilde;a antes fuera otra (ese lugar en el que la gente no cerraba las puertas de su casa y donde conoc&iacute;amos a todos los vecinos por nombre, apellido e historia), resultaba del todo inusual recibir visita sin previo aviso o admitir, sin cierta resistencia, estancias prolongadas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sucedieron varias cosas: mi madre se acostumbr&oacute; y el ritmo de visitas descendi&oacute;. As&iacute; mismo, ella fue conociendo cada vez m&aacute;s a los guineanos (asumiendo que en Guinea viven alrededor de un mill&oacute;n de personas y que, evidentemente, cada persona es diferente) y empez&oacute; a quitarse el miedo que le provocaba que la acusaran de racista, para ser m&aacute;s libre en sus relaciones, m&aacute;s espont&aacute;nea, y disfrutarlas. De manera que, con este escenario, Picaresca y Honestidad siguieron su camino unidos, llev&aacute;ndose bien, como siempre, admir&aacute;ndose, como siempre, y complement&aacute;ndose, como siempre.
    </p><p class="article-text">
        Ella no ha dejado de ser una tipa viva, inteligente, espabilada, y &eacute;l, alguien bueno &mdash;cada vez m&aacute;s miope, eso s&iacute;&mdash; que contin&uacute;a leyendo de forma incansable libros de tem&aacute;tica diversa en el sof&aacute; del sal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ir a Guinea les provoc&oacute; algo de nerviosismo inicial, pero no fue m&aacute;s que otra parada en el camino h&iacute;brido que ambos hab&iacute;an dise&ntilde;ado hac&iacute;a ya algunas d&eacute;cadas. Todav&iacute;a puedo ver a la segoviana diciendo lo mucho que Bata (segunda ciudad m&aacute;s importante del pa&iacute;s) le recordaba a su pueblo, aunque con paisajes m&aacute;s verdes, mar y con un clima que le ven&iacute;a muy bien para la piel. No le llam&oacute; la atenci&oacute;n convertirse en minor&iacute;a o que un pangol&iacute;n se comiera los cables de la luz y nos dejara a oscuras por unos d&iacute;as, porque era algo que recordaba sin haberlo vivido. Ella solo pens&oacute; una vez en el peso de sus actos y de sus palabras, cuando le dijo a su madre que no ten&iacute;a un novio negro, pero se deshizo y se desdijo, de modo que en esta ocasi&oacute;n coment&oacute; lo de su pueblo, nos dej&oacute; boquiabiertos y se qued&oacute; tan pancha.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, Guinea es el lugar al que intentan ir una vez al a&ntilde;o y en el que intercambian silencios con familiares que vienen de lejos &uacute;nicamente para sentarse a su lado, saber que han vuelto desde Espa&ntilde;a y que est&aacute;n bien.
    </p><p class="article-text">
        Admiro a mis padres por haber hecho f&aacute;cil lo dif&iacute;cil en tiempos malos, por educarnos como han podido sin saber lo que nos encontrar&iacute;amos. Adoro a mi padre por su historia de abnegaci&oacute;n y migraci&oacute;n, por sus sacrificios, por su dedicaci&oacute;n por ser un gran padre. Nunca se lo he dicho. Adoro a mi madre porque le ech&oacute; coraje, pragmatismo y amor a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Nunca se lo he dicho, por eso lo hago ahora. Casi siempre he minusvalorado su trayectoria porque ella no fue descalza al colegio. He sido muy injusta. Mi madre pertenece al grupo de mujeres que, un buen d&iacute;a, decidieron plantarle cara a su tiempo y a su entorno por amor. Redibujaron sus vidas, sus categor&iacute;as, su mundo&hellip; Hablaron en primera persona del plural cuando hac&iacute;an referencia a los guineanos, por ejemplo, y ya fuera separadas, viudas o solteras, transmitieron a sus hijos su dimensi&oacute;n identitaria negra o/y africana.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, decid&iacute; hacer unas cuantas entrevistas a las mujeres cercanas, familiares, madres de amigas residentes en los &ldquo;Little Malabo y Bata&rdquo; del extrarradio de Madrid. Despu&eacute;s, cambi&eacute; sus nombres, alter&eacute; bastantes aspectos de su narraci&oacute;n para que nadie sepa de qui&eacute;n hablo, incorpor&eacute; an&eacute;cdotas reales, de ellas y de otras y cre&eacute; personajes bas&aacute;ndome en las descripciones que me dieron en sus relatos.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; naci&oacute; Las que se atrevieron. Adelante. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Mbomío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/atrevieron-hija-echado-novio-negro_1_3432880.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 May 2017 18:16:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Las que se atrevieron': "Hija, ¿no te habrás echado un novio negro?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial]]></media:keywords>
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