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    <title><![CDATA[elDiario.es - Joaquín Palazuelos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joaquin_palazuelos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joaquín Palazuelos]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El banquero anarquista: una sátira cualquiera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/banquero-anarquista-satira_132_3429949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d597875c-eccd-45db-aadc-e78fa840483c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desgranamos la primera y única de las "sátiras dialécticas" de Fernando Pessoa, un texto mordaz cuya vigencia queda confirmada por nuestro presente</p></div><p class="article-text">
        Ese 30 de noviembre en el que el agotado coraz&oacute;n de Fernando Pessoa se apag&oacute; en el Hospital de S&atilde;o Luis dos Franceses de Lisboa, su reducido entorno le record&oacute; como el fascinante literato e intelectual inquieto que fue. Sin embargo, el resto de lisboetas, espectadores horrorizados de la nociva perspectiva en la que se ve&iacute;a sumido el poeta los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, s&oacute;lo lleg&oacute; a rememorar al Pessoa mundano. Aquel individuo, deshecho tras su escritorio entre colillas y un h&aacute;lito de alcohol que se dejaba apagar en su vagabundeo por la oscuridad de las tabernas de la capital portuguesa, yac&iacute;a como abducido, privado ya de su mente brillante y l&uacute;cida; como tantas veces ha sucedido con otros tantos iconos art&iacute;sticos, su propia virtud conden&oacute; al hombre y nos priv&oacute; del genio. Tal y como nos susurraba Antonio Vega en&nbsp;<em>Se dejaba llevar</em>, otro genio que ya entonces bordeaba continuamente el abismo, el peor pecado del hombre es dejarse llevar.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que las &uacute;ltimas palabras conocidas del genio lisboeta fueron: &laquo;No s&eacute; lo que me deparar&aacute; el ma&ntilde;ana&raquo;. No s&oacute;lo le depar&oacute; la muerte; afortunadamente, y con la publicaci&oacute;n p&oacute;stuma de sus obras firmadas mediante heter&oacute;nimos, con el fin de usar registros literarios distintos creando a diferentes autores ficticios, nos ha sido descubierta a todo el mundo la brillantez de este &laquo;extranjero&raquo; que, como el Meursault de Camus, es arrastrado por su entorno. Y ello a pesar de que, a diferencia del singular protagonista de la novela ic&oacute;nica del existencialismo, Pessoa amaba su pa&iacute;s por encima de todo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el escritor portugu&eacute;s lleg&oacute; a publicar en vida algunos escritos, entre los que destaca por la vigencia de sus reflexiones y razonamientos un peque&ntilde;o relato, cuento ensay&iacute;stico no muy conocido sobre el individualismo, la sociedad pol&iacute;tica, el altruismo y el antagonismo entre la burgues&iacute;a y la teor&iacute;a libertaria:<em>&nbsp;</em><em>El banquero anarquista</em>. El texto vio la luz por primera vez en mayo de 1922, en el primer n&uacute;mero de la revista literaria&nbsp;<em>Contempor&acirc;nea</em>. Su peque&ntilde;a extensi&oacute;n y lo parad&oacute;jico del planteamiento inicial -un acaparador, un prestidigitador de las finanzas que a su vez destaca por su alma &aacute;crata y su actitud subversiva contra lo establecido- no nos debe inducir a menospreciar sus reflexiones. En esta &laquo;s&aacute;tira dial&eacute;ctica&raquo;, como Pessoa mismo la denominaba, la broma jocosa que supone lo desconcertante de la conclusi&oacute;n reflexiva del protagonista no es un dislate, sino que sirve de hilo conductor para establecer una profunda reflexi&oacute;n sobre la libertad, la iniciativa individual frente al colectivismo social, o la igualdad natural y prefabricada, que evidencia lo absurdo del fanatismo en el posicionamiento pol&iacute;tico y, especialmente, muestra al lector la absurdez para Pessoa de &laquo;los grandes remedios&raquo; en tiempos de crisis.
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        La historia, <a href="https://es.wikisource.org/wiki/El_banquero_anarquista" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que se puede&nbsp;leer en&nbsp;Wikisource</a>, es simple: cuenta la conversaci&oacute;n de un joven con su amigo banquero, gran comerciante y acaparador notable. El joven le cuenta a su colega que hab&iacute;a llegado a sus o&iacute;dos que el banquero hab&iacute;a sido anarquista tiempo atr&aacute;s. &Eacute;l le responde afirmando que lo sigue siendo; es m&aacute;s, es anarquista tanto en la teor&iacute;a como en la pr&aacute;ctica, no como los &laquo;anarquistas de pacotilla&raquo;. Su amigo se muestra incr&eacute;dulo ante sus palabras, por lo que el exitoso financiero pretende justificar sus afirmaciones mediante una serie de sinuosos razonamientos.
    </p><p class="article-text">
        El anarquismo, seg&uacute;n su postura, es la teor&iacute;a pol&iacute;tica que persigue la sublevaci&oacute;n a la convenci&oacute;n de que nazcamos socialmente desiguales, ya que la &uacute;nica desigualdad posible deber&iacute;a ser la natural, la que impone la naturaleza al hacernos nacer a cada uno mujer u hombre, rubio o moreno, alto o bajo o listo o tonto; y no la que imponen lo que &eacute;l llama ficciones sociales, como la riqueza, el linaje, el lugar de nacimiento o la religi&oacute;n. Esas convenciones y f&oacute;rmulas sociales no pueden ser permitidas porque se oponen a la realidad natural, pero tampoco se debe caer en el error, seg&uacute;n nuestro locuaz banquero, de sustituir esas ficciones por otras que consideremos m&aacute;s favorables, como har&iacute;a el socialismo, puesto que nos enfrentar&iacute;amos a una sociedad igualmente ficticia; la soluci&oacute;n es la doctrina libertaria, la erradicaci&oacute;n directa de estas convenciones sociales injustas.
    </p><p class="article-text">
        En su ferviente inter&eacute;s por demostrar la coherencia que ha regido su camino vital, el exitoso comerciante contin&uacute;a desgranando sus razonamientos ante su at&oacute;nito receptor -tanto el amigo que le escucha atentamente como el esc&eacute;ptico lector, a los que parece que Pessoa tiene reservado el mismo papel-. Seg&uacute;n el banquero no debemos caer en la tentaci&oacute;n de elegir un camino falaz en s&iacute; mismo. El proletariado, al intentar implantar materialmente su sociedad libre, estableci&oacute; una dictadura y un despotismo militar contrario a la libertad que deber&iacute;a buscar cualquier movimiento en lucha por la abolici&oacute;n de los lastres que nos son impuestos socialmente. La defensa del anarquismo debe fundarse en la integridad de la libertad, excepto la de los que se sirven de la ficci&oacute;n social para tiranizar.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;&iquest;Qu&eacute; sali&oacute; de la Revoluci&oacute;n Rusa? Algo que va a atrasar decenas de a&ntilde;os la realizaci&oacute;n de la sociedad libre&raquo;, dice en su exposici&oacute;n el poderoso banquero de Pessoa. Y prosigue: &laquo;&hellip;era necesario destruirlas pero en beneficio de la libertad, y teniendo siempre en vista la creaci&oacute;n de una sociedad libre. Porque eso de destruir las ficciones sociales tanto puede ser para crear libertad o para establecer otras ficciones sociales diferentes, igualmente malas por ser ficciones. Era necesario acertar con un proceso de acci&oacute;n, cualquiera que fuese su violencia o no violencia (porque contra las injusticias sociales todo era leg&iacute;timo), por el cual se contribuyese a destruir las ficciones sociales sin (&hellip;) perjudicar la creaci&oacute;n de la libertad futura.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Uno de los puntos cr&iacute;ticos de la argumentaci&oacute;n del notable estraperlista se alcanza cuando se pregunta a s&iacute; mismo c&oacute;mo es posible llevar a cabo esa trasformaci&oacute;n social. Llega r&aacute;pidamente a la conclusi&oacute;n de que la realizaci&oacute;n material repentina y sobrevenida resulta imposible, por lo que la &uacute;nica adaptaci&oacute;n que se puede perseguir es la te&oacute;rica, la b&uacute;squeda de una &laquo;maduraci&oacute;n&raquo; interna de la sociedad burguesa hacia una sociedad carente de f&oacute;rmulas ficticias, sociedad natural que deber&aacute; ser buscada principalmente a trav&eacute;s de la propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Prosigue en su explicaci&oacute;n del camino vital escogido con la disyuntiva de c&oacute;mo deb&iacute;a afrontar la b&uacute;squeda de esa sociedad natural el verdadero anarquismo: de manera individual o colectiva. Hab&iacute;a observado que en la actividad propagand&iacute;stica del grupo surg&iacute;a entre ellos una tiran&iacute;a s&uacute;bita que le dol&iacute;a profundamente. En la propia difusi&oacute;n de sus ideales uno se siente en el derecho de mandar a otro, de imponer su postura o de ayudar -el altruismo es una especie de desprecio para el banquero anarquista, puesto que sirve para tomar a los dem&aacute;s por incapaces y privarles de libertad-, despotismo que no puede permitirse en una futurible sociedad libre y humana digna de s&iacute; misma y consecuente con los principios que la sustentan. &laquo;Tiran&iacute;a por tiran&iacute;a, que quede la que est&aacute;, que al menos es aquella a la que estamos acostumbrados&raquo;, llegar&iacute;a a decir. Razona a su vez que puestos a vivir en una sociedad falaz, vivamos en la burguesa, ya que es la que nuestro instinto considera m&aacute;s familiar, al haberse acostumbrado a la misma.
    </p><p class="article-text">
        Tras sus reflexiones lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que estas tiran&iacute;as no pod&iacute;an ser cualidades naturales en s&iacute; mismas, sino que no eran otra cosa que una perversi&oacute;n. Descartando la maldad del hombre como fundamento universal, atribuye esta deriva a que los hombres nacen &laquo;con sus cualidades naturales pervertidas y prestas a tiranizar espont&aacute;neamente, incluso en aquellos que no desean tiranizar&raquo;. Por tanto la &uacute;nica opci&oacute;n que un anarquista puede tomar en el ejercicio de su coherencia, con el fin de no disminuir la libertad de los dem&aacute;s en su acometida por una sociedad natural y justa, es la del combate individual contra la ficci&oacute;n burguesa.
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        Pero ahora bien, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a &eacute;l, &uacute;nico individuo en la inmensidad del universo, acometer tan ardua tarea? La propaganda resultaba a todas luces insuficiente, puesto que las proclamas que pudiese dar &eacute;l no podr&iacute;an cambiar a una sociedad burguesa tan acostumbrada a su propia ficci&oacute;n que entiende lo habitual como natural. Seguir en cambio el mismo camino que el tomado por parte del anarquismo, &laquo;los tipos de los sindicatos y las bombas&raquo;, como los denomina &eacute;l, ser&iacute;a est&uacute;pido, ya que el posible da&ntilde;o que pudiera infligir no afectar&iacute;a lo m&aacute;s m&iacute;nimo al tejido capitalista:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;<em>Y suponga que yo hubiera acabado con una docena de capitalistas. &nbsp;&iquest;Y qu&eacute; ven&iacute;a a dar todo eso, en resumen? Con mi liquidaci&oacute;n, incluso no por muerte, sino por simple prisi&oacute;n o destierro, la causa anarquista perd&iacute;a un elemento de combate; y los doce capitalistas, que yo habr&iacute;a estirado, no eran doce elementos que la sociedad burguesa hubiera perdido, porque los elementos de la sociedad burguesa no son elementos de combate, sino elementos puramente pasivos, puesto que &ldquo;el combate&rdquo; est&aacute; no en los miembros de la sociedad burguesa sino en el conjunto de ficciones sociales en que esa sociedad se asienta</em>.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        La acci&oacute;n grupal no pod&iacute;a fructificar al conllevar tiran&iacute;a, con lo que la &uacute;nica forma que &eacute;l como individuo tiene de aumentar su libertad es la de superar las ficciones sociales, empezando por la m&aacute;s importante: el dinero. La liberaci&oacute;n de s&iacute; mismo consisti&oacute; entonces en adoptar el rol de pudiente y acaudalado hombre de finanzas, con el fin de acaparar tanto dinero que &eacute;l como individuo se situase por encima de la propia ficci&oacute;n establecida por la sociedad. Con ese proceder nuestro adinerado banquero consigue libertad sin crear tiran&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;</em><em>Consigo libertad s&oacute;lo para m&iacute;, es cierto; pero es que [&hellip;] la libertad para todos s&oacute;lo puede llegar con la destrucci&oacute;n de las ficciones sociales [&hellip;] y yo no puedo hacer la revoluci&oacute;n social.</em><em>&raquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Su contribuci&oacute;n por tanto al desarrollo del anarquismo te&oacute;rico y pr&aacute;ctico era la &uacute;nica elecci&oacute;n sincera que pod&iacute;a tomar: pese a haberse liberado &eacute;l &uacute;nicamente, lo hab&iacute;a conseguido sin perjuicio de los dem&aacute;s, puesto que la tiran&iacute;a ejercida por &eacute;l como banquero ya exist&iacute;a antes de su ascenso especulador. Quedaba probado con su aducci&oacute;n, por lo tanto, que &eacute;l s&iacute; que era en realidad un &aacute;crata practicante consecuente con sus ideales te&oacute;ricos.
    </p><h3 class="article-text">S&aacute;tira sobre la l&oacute;gica econ&oacute;mica burguesa y anticipaci&oacute;n de Pessoa al desastre comunista</h3><p class="article-text">
        <strong>S&aacute;tira sobre la l&oacute;gica econ&oacute;mica burguesa y anticipaci&oacute;n de Pessoa al desastre comunista</strong>La lectura del relato de Pessoa ha desencadenado conclusiones muy diversas; unos piensan que el texto de este atento observador y comentarista de la vida pol&iacute;tica de su tiempo, conforma una diatriba premonitoria contra el avance de los movimientos socialistas -en 1922, a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n, la poblaci&oacute;n rusa sufr&iacute;a una profunda hambruna como fruto de la paralizaci&oacute;n agr&iacute;cola tras la Primera Guerra Mundial y la Revoluci&oacute;n Rusa- en oposici&oacute;n a cualquier manto estatal que tenga por objeto la igualdad prefabricada o la redistribuci&oacute;n de riqueza aleatoria, apostando por la liberaci&oacute;n del individuo; otros trasladan el escepticismo presente al acercarse a la obra y su planteamiento sat&iacute;rico a las teor&iacute;as financieras capitalistas y a las aparentemente coherentes y l&uacute;cidas clases magistrales de economistas, repletas de pizarras y cifras econ&oacute;micas, con las que nos atoran los medios de comunicaci&oacute;n en estos tiempos de crisis. Es ahora cuando hacer sentir a la clase obrera que la &uacute;nica soluci&oacute;n que dictan los n&uacute;meros para que el todo prospere es favorecer al rico y ahondar en la herida del pobre puede llegar a resultar una broma de muy mal gusto.
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         Quiz&aacute;s la virtud est&eacute;, como dicta la teor&iacute;a aristot&eacute;lica, en el t&eacute;rmino medio. A mi parecer&nbsp;<em>El banquero anarquista</em>&nbsp;nos es presentado como un texto de la m&aacute;s pura iron&iacute;a, una s&aacute;tira cuya argumentaci&oacute;n consiste en la reducci&oacute;n a lo absurdo que se asemeja a esa l&oacute;gica econ&oacute;mica tan ensa&ntilde;ada. El lector que se enfrente a esta obra en ning&uacute;n caso debe caer en el error de interpretarla como una identificaci&oacute;n entre el liberalismo econ&oacute;mico y la libertad natural individual. Considerar la libertad como la necesidad m&aacute;s profunda del ser humano implica que, en consecuencia, esta sea libertad individual y no colectiva; ciertamente esto nos lleva consecuentemente al &laquo;ego&iacute;smo&raquo; de la econom&iacute;a liberal.
    </p><p class="article-text">
        La obra se convierte para el lector cr&iacute;tico en una parodia del relato burgu&eacute;s y de la construcci&oacute;n capitalista en la que subyace un profundo menosprecio hacia el paroxismo pol&iacute;tico. Sin embargo, Pessoa utiliza su novela simult&aacute;neamente como defensa de la iniciativa individual y de la &eacute;tica del desapego ante la ficci&oacute;n social que supone para el autor la falaz b&uacute;squeda de modificar la sociedad y sus incongruencias desde los movimientos subversivos, debido a que en s&iacute;ntesis el valor absoluto sobre el que se asienta la sociedad, aunque nos pese, es el dinero. El hecho de que en el relato este combate individual se salde finalmente con victoria al adoptar de manera superlativa el mal hasta que este deja de serlo, es tan parad&oacute;jico como puede resultar la existencia de un anarquismo colectivista &ndash; escuela cl&aacute;sica del anarquismo que propone la consigna &laquo;retribuci&oacute;n seg&uacute;n m&eacute;rito&raquo; o la visi&oacute;n burguesa de la propiedad privada.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica literaria del relato, tan bien armada, se ve desmontada en el an&aacute;lisis detenido de su ret&oacute;rica, mentirosa y sibilina; el ideal bancario invita a un interlocutor poco &aacute;vido -como el amigo del banquero, que ayuda con su pasividad a que el razonamiento prosiga- a una espiral sin salida de justificaciones basadas en planteamientos aparentemente coherentes pero en el fondo falaces, contradictorios incluso, con sus anteriores conclusiones.
    </p><p class="article-text">
        El ascenso hacia el estado natural convierte al banquero en superior a los dem&aacute;s por haber sido capaz de liberarse de la gran ficci&oacute;n, el dinero; es esa la superioridad natural en un mundo sin ficciones en el que la pura l&oacute;gica nos muestra que se impone el m&aacute;s fuerte. Si asumimos que el anarquismo es la supresi&oacute;n de las convenciones sociales, debemos asumir a su vez la ficci&oacute;n que supone equiparar al individuo en su libertad natural, hecho que se convirti&oacute; en el gran mantra del siglo XX; quiz&aacute; esa sea una ficci&oacute;n mucho mayor que la planteada por el anarcocapitalismo: la de un mundo donde todos seamos libres y rija la voluntad individual.
    </p><p class="article-text">
        La falta de autocr&iacute;tica con la que se ve a s&iacute; mismo el mundo financiero en sus tejemanejes por conquistar nuevas cotas de riqueza a costa del pueblo coincide con la inocencia con la que se jacta el banquero en su razonamiento, asumiendo su propio despotismo, y se contradice con su objetivo anarquista: en vez de ir contra el sistema lo refuerza, aprovech&aacute;ndose incluso &eacute;l ego&iacute;stamente de su lucha contra lo establecido. No hay mayor paradoja que luchar contra la alienaci&oacute;n del mundo capitalista sum&aacute;ndose a &eacute;l; como no puede revertir la situaci&oacute;n ni s&oacute;lo ni grupalmente, se suma al mal para que, vali&eacute;ndose de la realidad natural que se lo posibilita, use la ficci&oacute;n para, al menos, aumentar su libertad y beneficiarse con ello.
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                </figure><p class="article-text">
        <em>El banquero anarquista</em>&nbsp;iba a ser parte de una serie de &laquo;s&aacute;tiras dial&eacute;cticas&raquo; que Pessoa no lleg&oacute; a desarrollar. Es una pena, puesto que debemos poner en solfa la actualidad del mensaje que nos env&iacute;a Pessoa con su relato en estos tiempos de crisis econ&oacute;mica y social. Cuando la mayor virtud de una sociedad es el dinero, el intrincado camino que podamos seguir para que su influencia consiga que los bienes est&eacute;n razonablemente distribuidos no nos llevar&aacute; sino a caer en el agujero negro que supone que la econom&iacute;a y el dinero sean el centro de nuestra vida. Las sucesivas crisis del capitalismo est&aacute;n motivadas por esa ficci&oacute;n, pero el anhelo que el individuo tiene por alcanzar su libertad individual impedir&aacute; superarlas conjuntamente. Esto lleva al individuo a la contradicci&oacute;n de tomar como meta el acaparamiento de riqueza burgu&eacute;s junto con la liberaci&oacute;n individual del anarquismo como el mejor camino a seguir.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; debemos hacer?&nbsp;Sobre el altruismo y la acci&oacute;n individual ante los problemas de la sociedad</h3><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; debemos hacer?&nbsp;Sobre el altruismo y la acci&oacute;n individual ante los problemas de la sociedad</strong>En<em>&nbsp;</em><em>El alma del hombre bajo el socialismo</em><em>&nbsp;</em>(Oscar Wilde, 1891), Wilde abogaba por una sociedad ut&oacute;pica basada en la eliminaci&oacute;n de la necesidad de &laquo;vivir para otros&raquo; que nos rodea y que acaba por condenarnos a nosotros mismos. El ensayo se convierte entonces en un duro ataque al altruismo y a la caridad.
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;</em><em>Tratan de resolver el problema de la pobreza, por ejemplo, manteniendo vivos a los pobres o, como hace una escuela muy avanzada, divirtiendo a los pobres. Pero &eacute;sta no es una soluci&oacute;n, agrava la dificultad. El objetivo adecuado es tratar de reconstruir la sociedad sobre una base tal que la pobreza resulte imposible. Y las virtudes altruistas realmente han evitado llevar a cabo este objetivo. As&iacute; como los peores due&ntilde;os fueron los que trataron con bondad a sus esclavos, evitando de este modo que los que sufr&iacute;an el sistema tomaran conciencia del horror, y los que observaban lo comprendiesen, igual sucede con el estado actual de cosas en Inglaterra, donde la gente que hace m&aacute;s da&ntilde;o es la que trata de hacer m&aacute;s bien (&hellip;) la caridad degrada y desmoraliza</em><em>&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La caridad seg&uacute;n su perspectiva es el regocijo del que se siente privilegiado, las migajas y limosnas autocomplacientes para satisfacer la &eacute;tica de su tiran&iacute;a. El socialismo que imaginaba el dublin&eacute;s eliminar&iacute;a todos esos pecados creados por la caridad -y por la propiedad privada- porque conducir&iacute;a al individualismo. Apela tambi&eacute;n, sin embargo, a la supresi&oacute;n de la tiran&iacute;a y el despotismo que considera injustos e instiga al individuo al inconformismo y al esp&iacute;ritu rebelde:
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;</em><em>No existe un tipo &uacute;nico de hombre. Existen tantas perfecciones como hombres imperfectos. Y mientras un hombre puede atender los reclamos de la caridad y ser libre, no lo seguir&aacute; siendo si se somete a las exigencias del conformismo. A trav&eacute;s del Socialismo se podr&aacute; llegar pues, al Individualismo. Como resultado natural, el Estado debe dejar de lado toda idea de gobierno. Debe dejarlo de lado [&hellip;] [porque] no puede existir un gobierno para la humanidad. Todas las formas de gobierno fracasan. El despotismo es injusto con todos, incluso con el d&eacute;spota que probablemente fue hecho para cosas mejores. [&hellip;] Se pusieron ideales en la democracia: pero la democracia significa solamente el aporreamiento del pueblo por el pueblo, para el pueblo. Ya se ha podido comprobar. Debo decir que era hora, pues toda autoridad es bien degradante. Degrada a quien la ejerce y a aquellos sobre quienes se ejerce. Cuando se aplica violenta, grosera y cruelmente, produce un buen efecto creando y fomentando el esp&iacute;ritu de la rebeld&iacute;a y del Individualismo, que acabar&aacute; por terminar con ella</em><em>&raquo;.</em>
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                </figure><p class="article-text">
        El relato <em>pessoano</em> no es ni mucho menos tan et&eacute;reo y vigoroso. S&iacute; critica tambi&eacute;n el inmovilismo del individuo pero, a diferencia del ensayo de Wilde, difiere a su vez de la soluci&oacute;n propuesta por el irland&eacute;s. Seg&uacute;n &eacute;l la idea de &laquo;solidaridad humana&raquo; no es una ficci&oacute;n social s&oacute;lo si lleva aparejada una compensaci&oacute;n ego&iacute;sta; por lo tanto el altruismo como preocupaci&oacute;n desinteresada por el bien de los dem&aacute;s, ajena a su propio inter&eacute;s, es una f&oacute;rmula err&oacute;nea al igual que la del sacrificio o el deber:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Sacrificar un placer, simplemente sacrificarlo, no es natural; sacrificar un placer a otro es lo que ya est&aacute; dentro de la Naturaleza: entre dos cosas naturales de las que no se pueden tener ambas, escoger una es lo que est&aacute; bien.&raquo; Y prosigue: Un hombre no nace para casarse, o para ser portugu&eacute;s, o para ser rico o pobre, me demuestra tambi&eacute;n que no nace para ser solidario, que no nace sino para ser &eacute;l mismo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El banquero llegar&aacute; incluso a justificar su postura individualista vali&eacute;ndose de la perversi&oacute;n de las cualidades materiales:
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;</em><em>S&iacute;, que un tipo nazca para esclavo, nazca naturalmente esclavo, y por lo tanto incapaz de alg&uacute;n esfuerzo en el sentido de liberarse&hellip; Pero en ese caso&hellip;, en ese caso&hellip;, &iquest;qu&eacute; tiene &eacute;l que ver con la sociedad libre o con la libertad?&hellip; Si un hombre naci&oacute; para esclavo, la libertad, siendo contraria a su &iacute;ndole, ser&aacute; para &eacute;l una tiran&iacute;a</em><em>&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ese torticero argumento se relaciona nuevamente con la mentira capitalista, por la cual uno es m&aacute;s rico o m&aacute;s pobre, mejor o peor como individuo por nuestros m&eacute;ritos y nuestro trabajo. Si un individuo se muere es porque no se ha molestado en salir adelante. &laquo;M&iacute;rame a m&iacute;, que con mi trabajo me he ganado la vida&raquo;, parece decir el banquero con profundo goce. &laquo;Tiende la mirada hacia este d&eacute;spota orgulloso&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;<em>El a&ntilde;o que vivimos peligrosamente</em><em>&nbsp;</em>(Peter Weir, 1983), Guy Hamilton llega a una Indonesia sumida en una guerra civil, su primer destino como periodista, asombrado ante tanta pobreza y ante la nula importancia de la vida en aquel entorno. Sin embargo, muestra una actitud pasiva ante tanta marginalidad y desamparo. Es Billy Kwan, ese extra&ntilde;o fot&oacute;grafo magistralmente interpretado por Linda Hunt que se convertir&aacute; en su compa&ntilde;ero inseparable el que toma otro rol: ayuda econ&oacute;micamente a una madre y su hijo. Es su sencilla manera de responder a Tolstoi:
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>Y la gente le preguntaba: Entonces&hellip; &iquest;qu&eacute; debemos hacer?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Guy:</em><em>&nbsp;</em><em>&iquest;Qui&eacute;n dijo eso?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>S. Lucas, cap&iacute;tulo 3, vers&iacute;culo 10. &iquest;Qu&eacute; debemos hacer?&hellip; Tolstoi pregunt&oacute; exactamente lo mismo. Incluso escribi&oacute; un libro con ese t&iacute;tulo. Estaba tan indignado por la pobreza que ve&iacute;a en Mosc&uacute; que una noche fue a los sectores m&aacute;s pobres y reparti&oacute; todo el dinero que ten&iacute;a. Usted podr&iacute;a hacer eso ahora. Cinco d&oacute;lares son una fortuna para cada una de estas personas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Guy:</em><em>&nbsp;</em><em>No servir&iacute;a de nada, no ser&iacute;a m&aacute;s que una gota en el oc&eacute;ano.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>Ahmmmm&hellip; a esa conclusi&oacute;n lleg&oacute; Tolstoi. Y yo no estoy de acuerdo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Guy:</em><em>&nbsp;</em><em>&iquest;Y cu&aacute;l es la soluci&oacute;n?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>Bueno, en mi opini&oacute;n uno no debe ver los problemas de manera global, debe hacer lo que puede para aliviar las peque&ntilde;as miserias que se le presentan cotidianamente.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Guy:</em><em>&nbsp;</em><em>Ah&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>&iquest;Le parece ingenuo, verdad?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Guy:</em><em>&nbsp;</em><em>S&iacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>La mayor&iacute;a de los periodistas piensan as&iacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Guy:</em><em>&nbsp;</em><em>Hemos de mantener nuestra objetividad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Billy:</em><em>&nbsp;</em><em>T&iacute;pica respuesta de un periodista. Le deseo suerte. Ma&ntilde;ana la va a necesitar. V&aacute;yase a casa y procure dormir.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Palazuelos]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Apr 2017 04:53:00 +0000]]></pubDate>
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