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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mario Suárez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/mario_suarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mario Suárez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (y VII)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-vii_129_12750763.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/342730ff-023d-44fc-9e58-2267435ba150_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (y VII)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - A los marineros del Pamir</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo.                            </span>
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        <strong>El legado del capit&aacute;n Schuberg</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con andar pesado, consecuencia de los achaques de la edad y de los excesos propios de una azarosa vida de mar no exenta de alcohol, tabaco y damas de moral distra&iacute;da, el capit&aacute;n Carl Schuberg se dirigi&oacute; al castillo de popa en medio del aullido del viento y el furioso azote de las r&aacute;fagas de agua que barr&iacute;an la inclinada cubierta como l&aacute;tigos salados. El cielo, oscuro como un presagio de muerte, se desgarraba por momentos al paso de los rel&aacute;mpagos que revelaban la silueta quebrada del viejo nav&iacute;o luchando por mantenerse a flote entre las monta&ntilde;as l&iacute;quidas que lo rodeaban.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, aferrado al cabestrante, le aguardaba el primer oficial, J&uuml;rgen Ganz, con gesto serio pero sereno, el rostro curtido y la mirada fija en el horizonte, como si intentara adivinar de entre las fauces de la tormenta la ruta hacia la salvaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Buenos d&iacute;as, se&ntilde;or &mdash;dijo Ganz, elevando la voz para imponerse al bramido del temporal.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Buenos d&iacute;as, J&uuml;rgen &mdash;respondi&oacute; Schuberg con voz ronca, tan antigua como los oc&eacute;anos que hab&iacute;a surcado.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;El viento ha arreciado m&aacute;s de lo esperado durante la noche. Hemos roto varias jarcias del trinquete y he ordenado cargar las velas altas por miedo a perder la arboladura. Las bombas trabajan a tope, aunque la escora no mejora &mdash;inform&oacute; el oficial, intentando mantener la compostura.
    </p><p class="article-text">
        El viejo buque se acostaba peligrosamente sobre su banda de babor. Cada crujido del casco era un recordatorio de que un solo golpe de mar podr&iacute;a condenar al barco a las profundidades. La maldita tormenta, lejos de amainar, crec&iacute;a con un &iacute;mpetu que parec&iacute;a alimentarse del miedo de los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Schuberg dio la espalda a su oficial y se gir&oacute; hacia popa. Ganz lo observ&oacute; inclinar la cabeza y juntar las manos en un gesto que se hab&iacute;a convertido en leyenda. Algunos aseguraban que rezaba; otros, que meditaba en comuni&oacute;n con el propio oc&eacute;ano. No faltaba quien juraba que guardaba en su chaquet&oacute;n un peque&ntilde;o cofre con un genio, un esp&iacute;ritu antiguo que le susurraba el siguiente movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Fuera cual fuese la verdad, aquel ritual era inseparable de su reputaci&oacute;n: el hombre que hab&iacute;a derrotado m&aacute;s tempestades que cualquier otro capit&aacute;n vivo.
    </p><p class="article-text">
        Tras apenas dos minutos, el Capit&aacute;n se gir&oacute; hacia el timonel y tron&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Timonel, 20 grados a estribor! 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;20 grados a estribor, se&ntilde;or!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se&ntilde;or Ganz, carguen las velas de mayor y trinquete.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;A la orden.
    </p><p class="article-text">
        El barco gir&oacute; pesadamente, clavando la proa en la furiosa mar. La tripulaci&oacute;n, convertida en tropa de simios resbaladizos, trepaba por los palos para recoger las velas, que empapadas de agua y sal pod&iacute;an pesar como si cargaran con toda la furia de Neptuno.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco el nav&iacute;o se fue adrizando al quedar proa al viento, aunque la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n segu&iacute;a estando bajo una amenaza silente.
    </p><p class="article-text">
        Ganz se acerc&oacute; nuevamente al capit&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se&ntilde;or, si seguimos as&iacute; puede que el barco no aguante. Quiz&aacute; si arrumb&aacute;ramos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Schuberg lo interrumpi&oacute; con un brillo desafiante en los ojos:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&eacute; lo que piensa, J&uuml;rgen. Que deber&iacute;amos correr el temporal y caer hacia las Canarias. Pero no voy a cambiar el rumbo en mi &uacute;ltimo mando. Esta tormenta no puede durar mucho m&aacute;s ni pretender subir tan al norte. No tema: no nos pasar&aacute; lo que al Pamir.
    </p><p class="article-text">
        A J&uuml;rgen se le hel&oacute; la sangre. Dos a&ntilde;os atr&aacute;s, el <em>Pamir</em>, un coloso de cuatro palos, hab&iacute;a desaparecido bajo el <em>Carrie</em>, un hurac&aacute;n que se prolong&oacute; durante veinte d&iacute;as, arrancando vidas y certezas, y que ascendi&oacute; hasta las costas brit&aacute;nicas desafiando toda l&oacute;gica marina.
    </p><p class="article-text">
        Tras un breve silencio, Schuberg habl&oacute; con una calma que contrastaba con el caos del entorno.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Sabe que yo navegu&eacute; en el Pamir?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Todos lo sabemos, se&ntilde;or. Usted estuvo en La Palma durante la Gran Guerra.
    </p><p class="article-text">
        El capit&aacute;n sonri&oacute; apenas, como quien abre un ba&uacute;l de recuerdos que duelen, pero reconfortan.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Cinco a&ntilde;os en esa isla. Nadie pens&oacute; que la estancia ser&iacute;a tan larga. Pero&hellip; no lo pasamos tan mal.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;No fueron seis a&ntilde;os, se&ntilde;or?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Bueno, yo me fugu&eacute;. Con un buen amigo: Johannes Diebitsch.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;El &uacute;ltimo capit&aacute;n del Pamir?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ese mismo &mdash;respondi&oacute; con un destello de orgullo&mdash;. Nos hicimos con un peque&ntilde;o velero del vicec&oacute;nsul ingl&eacute;s en la isla. <em>I&rsquo;ll Try</em> se llamaba, y vaya si lo intentamos. Llegamos a Tenerife, luego a Lanzarote&hellip; hasta que nos atraparon y nos enviaron a C&aacute;diz. De all&iacute; tambi&eacute;n escapamos, pero&hellip; &mdash;el capit&aacute;n dej&oacute; la frase suspendida en el aire, como un cabo suelto azotado por el viento&mdash; esa es otra historia.
    </p><p class="article-text">
        Ganz respir&oacute; hondo y se atrevi&oacute; a tocar el tema que lo atormentaba:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;El Pamir termin&oacute; mal, se&ntilde;or&hellip; para casi todos.
    </p><p class="article-text">
        Los ojos de Schuberg se volvieron m&aacute;s profundos que la propia noche.
    </p><p class="article-text">
         &mdash;Recuerde lo que dijo Anacarsis el Escita. A la pregunta de si eran m&aacute;s los vivos o los muertos, respondi&oacute;: <em>&iquest;Y en qu&eacute; lugar pones a los que navegan?</em>
    </p><p class="article-text">
         Los que perecieron en el Pamir a&uacute;n siguen navegando con nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Un estruendo producido al quebrar la madera muerta interrumpi&oacute; la conversaci&oacute;n. El palo trinquete cedi&oacute;: el m&aacute;stil se parti&oacute; a la altura de la verga de gavia, hundi&eacute;ndose en la mar mientras se llevaba consigo a cuatro hombres que cayeron al abismo sin tiempo siquiera de gritar. Otros dos quedaron bajo la estructura desplomada. 
    </p><p class="article-text">
        La mar, insaciable, reclamaba cada alma que pudiera.
    </p><p class="article-text">
        El velero se convirti&oacute; en un p&eacute;ndulo enfurecido, galopando entre las olas como un corcel fuera de s&iacute;. Schuberg volvi&oacute; a separar&shy;se, dirigi&eacute;ndose a popa para realizar su gesto ritual. Algunos juraron ver su chaquet&oacute;n sacudirse por un brillo extra&ntilde;o, como si un secreto bajo la tela despertara.
    </p><p class="article-text">
        Tras unos minutos que parecieron eternos, rugi&oacute; nuevamente:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Timonel, 30 grados a babor!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;30 grados a babor!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ganz, arrojen al mar el mastelero roto y am&aacute;rrenlo con las escotas. &iexcl;Que sirva de ancla flotante!
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;A la orden!
    </p><p class="article-text">
        La maniobra fue desesperada, pero salvadora: el barco fren&oacute; parte de su loco cabeceo y recuper&oacute; un fr&aacute;gil equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No lo pasamos tan mal&hellip; &mdash;susurr&oacute; Schuberg, como si la memoria lo arrastrara m&aacute;s que la tormenta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Se&ntilde;or?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En La Palma. Recuerdo los bailes en la cubierta del Pamir, las chicas palmeras&hellip; De ah&iacute; surgieron varias bodas: F&eacute;lix Kolber, Ferdinand Leopold&hellip; Un excelente ebanista.
    </p><p class="article-text">
        Rio brevemente, aunque su mirada estaba ya muy lejos, m&aacute;s all&aacute; del tiempo y del oc&eacute;ano.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Nos acusaban de avituallar submarinos alemanes. &iexcl;Bah! Dec&iacute;an que se nos acercaban luces en la noche. &iexcl;Tendr&iacute;amos que haber fondeado en la plaza de Santo Domingo para que nos vigilaran bien! &mdash;exclam&oacute; con iron&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se&ntilde;or &mdash;implor&oacute; Ganz&mdash;. Con todo respeto&hellip; el barco&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero Schuberg ya no lo escuchaba. Se alej&oacute; unos pasos m&aacute;s hacia popa, uniendo las manos, inclinando la cabeza por &uacute;ltima vez.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Timonel&hellip; &mdash;empez&oacute; a decir.
    </p><p class="article-text">
        El destino le arrebat&oacute; la palabra; el pico de la cangreja del palo de mesana se solt&oacute; con violencia y golpe&oacute; su cabeza.
    </p><p class="article-text">
        El viejo capit&aacute;n cay&oacute; como un gigante vencido.
    </p><p class="article-text">
        Ganz se lanz&oacute; hacia su mentor, tratando de encontrar un rastro de vida entre el hielo del oc&eacute;ano y el silencio repentino. Pero no hab&iacute;a nada.
    </p><p class="article-text">
        El capit&aacute;n que hab&iacute;a doblegado huracanes, burlado la muerte en cien ocasiones y domado la furia de la mar, hab&iacute;a sido derrotado por un simple palo.
    </p><p class="article-text">
        Con manos temblorosas, Ganz cerr&oacute; los ojos de aquel lobo de mar. El viento pareci&oacute; enmudecer un instante para despedirlo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se retir&oacute;, not&oacute; un bulto bajo el chaquet&oacute;n del capit&aacute;n. Una mezcla de respeto y desesperada curiosidad lo movieron a sacar un peque&ntilde;o cofre. Lo abri&oacute; lentamente, esperando encontrar un prodigio, un mapa oculto, una revelaci&oacute;n divina.
    </p><p class="article-text">
        Dentro solo hab&iacute;a un papel amarillento, doblado con sumo cuidado. La perfecta caligraf&iacute;a rezaba:
    </p><p class="article-text">
        <em>Estribor = Derecha</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Babor = Izquierda</em>
    </p><p class="article-text">
        Ganz sonri&oacute;, triste.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ese era el aut&eacute;ntico genio del cofre: recordar que, incluso en las peores tormentas,
    </p><p class="article-text">
         las cosas sencillas son las que salvan la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-vii_129_12750763.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 15:01:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (y VII)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (VI)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-vi_129_12725684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd54d23a-6722-49e2-9ffe-c8fd8b33aa3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (VI)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - La Pamir, en sus 52 años de periplos marineros, ha logrado entroncar con infinidad de lugares donde largó sus anclas, hasta el punto de que cuenta con numerosas placas conmemorativas y piezas pertenecientes al buque y/o su tripulación en distintos sitios como el Museo Schiffahrts de Brake, el Museo de Bremerhafen, la Iglesia de Santa Caterina de Hamburgo, la Iglesia de San Jakobi de Lübeck, el Puerto de Wellington en Nueva Zelanda, el Museo Naval de Santa Cruz de La Palma, así como en colecciones particulares de la isla</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Placa en homenaje a la &#039;Pamir&#039; en el Puerto de Santa Cruz de La Palma."
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            <span class="title">
                Placa en homenaje a la &#039;Pamir&#039; en el Puerto de Santa Cruz de La Palma.                            </span>
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        <strong>La &uacute;ltima traves&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la &eacute;poca en que visit&oacute; de nuevo el puerto de Santa Cruz de Tenerife (1956), la <em>Pamir</em> era usada como buque escuela de la Marina Mercante Alemana, a la vez que realizaba transportes entre los puertos de Sudam&eacute;rica y Europa. Su tripulaci&oacute;n estaba formada en su mayor&iacute;a por j&oacute;venes de 17 o 18 a&ntilde;os que, pese a su biso&ntilde;ez, deb&iacute;an ejercer como marinos profesionales y superar sus propios miedos; ya lo dicen los ingleses: <em>&laquo;Learning to pray nothing like sailing the sea&raquo;</em> &mdash;para aprender a rezar nada como navegar por la mar&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        A mediados de 1957, la <em>Pamir</em> coincidi&oacute; en el puerto de Rotterdam con un viejo conocido de Santa Cruz de La Palma, el <em>Galatea</em>, cuya tripulaci&oacute;n contribuy&oacute; en 1931 a apagar un incendio que puso en peligro a un gran n&uacute;mero de viviendas, motivo por el cual se le otorg&oacute; la Medalla de Oro de la ciudad en 1943. Uno de los tripulantes del buque espa&ntilde;ol narra el encuentro en el cual entablaron un desaf&iacute;o consistente en ver qui&eacute;nes sub&iacute;an y bajaban con mayor rapidez y habilidad la arboladura:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cuando los marinos alemanes quisieron lucirse, la dotaci&oacute;n del Galatea se qued&oacute; con la boca abierta viendo toda su maniobra. Luego les toc&oacute; a ellos, pero no sab&iacute;an con qui&eacute;n trataban. A la voz de gavieros y juaneteros al pie de la jarcia, antes que terminara la orden, ya estaban todos listos para subir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> A la orden de &iexcl;arriba!, parec&iacute;a que no ten&iacute;an piernas ni brazos, porque no se ve&iacute;an de lo veloz que sub&iacute;an. Una vez que estuvieron en posici&oacute;n de saludo a la voz, comenzaron los alemanes a saludar, dando su comandante la voz de hip, hip, hip, a lo que respondieron hurra.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> Esto se repiti&oacute; tres veces y luego el Galatea tuvo que devolver el saludo en los mismos t&eacute;rminos. Al terminar bajaron ambas dotaciones de los palos, pero la del Galatea lleg&oacute; primero a cubierta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Fue una lecci&oacute;n magistral. Los miembros de la dotaci&oacute;n del Galatea no eran mejores que la del Pamir, solamente que estaban mejor adiestrados. Lo cierto era que, hab&iacute;a un cierto pique, pero no de maldad, sino una competencia profesional. Al hacerse a la mar el Galatea, la dotaci&oacute;n del Pamir, despidi&oacute; al buque con una correcci&oacute;n infinita&ldquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s de este encuentro, los primeros d&iacute;as de agosto de 1957, la <em>Pamir</em> se dispon&iacute;a a zarpar desde el puerto de Buenos Aires con un cargamento de cebada, pero una huelga de estibadores pon&iacute;a en peligro su partida. El viaje desde Hamburgo no hab&iacute;a sido productivo y lo realiz&oacute; navegando en lastre, con los tanques cargados de agua y arena, por lo que era prioritario regresar a Europa con las bodegas llenas y cuanto antes. La fundaci&oacute;n propietaria de la <em>Pamir</em> estaba pr&aacute;cticamente en bancarrota y su destino estaba en sus manos.
    </p><p class="article-text">
        El capit&aacute;n, Johannes Diebitsch, &mdash;el mismo que siendo marinero se fugara de La Palma en 1918&mdash; estaba sustituyendo al titular, Hermann Eggers, quien se encontraba enfermo. Para muchos, y pese a su larga vida en la mar, Diebitsch ten&iacute;a poca experiencia al mando de embarcaciones de tanta envergadura, por lo que su papel en los &uacute;ltimos momentos del buque ha sido puesto en tela de juicio.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los supervivientes asegur&oacute;: <em>&ldquo;No recuerdo haber escuchado una palabra de Diebitsch en absoluto. Se par&oacute; como una estatua. Creo que lo hab&iacute;a intentado todo, pero nada funcion&oacute;. Tal vez se pueda decir que hab&iacute;a renunciado... O se hab&iacute;a dado cuenta de que bajo su mando el barco estaba perdido&rdquo;</em> &mdash;Para darle m&aacute;s dramatismo al asunto, resulta que Diebitsch hab&iacute;a hecho testamento en Buenos Aires, justo antes de la partida&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El 5 de agosto el Gobierno argentino declar&oacute; ilegal la huelga y pidi&oacute; a las compa&ntilde;&iacute;as navieras que cargaran por sus propios medios o solicitaran soldados, Diebitsch toma una decisi&oacute;n fatal con el fin de ahorrar costos: ordena realizar la carga con su tripulaci&oacute;n sin tener en cuenta la importancia que tiene estibar un barco debidamente, m&aacute;xime si se trata de un velero. Las bodegas fueron llenadas a granel y no en sacos, algo que conlleva dos tipos de peligro: por un lado, su distribuci&oacute;n inadecuada puede causar da&ntilde;os en la estructura y, por otro, su corrimiento provoca que los balanceos normales del buque sean m&aacute;s cortos y a la vez m&aacute;s violentos, provocando inestabilidad. Para colmo, el tanque de lastre, fundamental para la estabilidad de un buque, tambi&eacute;n fue llenado de grano en vez de agua, certificando la defunci&oacute;n del velero en caso de mal tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Con 3.780 toneladas de cebada a bordo y unas condiciones meteorol&oacute;gicas que nada hac&iacute;an presagiar ning&uacute;n peligro, zarpa la <em>Pamir </em>de Buenos Aires rumbo a Hamburgo el 10 de agosto de 1957. La navegaci&oacute;n transcurre sin problemas atravesando el Ecuador entre el 30 de agosto y el 2 de septiembre. Faltaban apenas 20 d&iacute;as para atracar en puerto.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, pilotos de aviones comerciales advierten que se est&aacute; formando un cicl&oacute;n tropical al suroeste de Cabo Verde. Estos ciclones terminan convirti&eacute;ndose en huracanes tras atravesar el oc&eacute;ano de este a oeste y llegar a las costas americanas.
    </p><p class="article-text">
        El 5 de septiembre la perturbaci&oacute;n tropical es bautizada como <em>Carrie</em>. Se dan hasta 62 avisos meteorol&oacute;gicos a todos los barcos de la zona mediante el centro de alerta de San Juan en Puerto Rico. Ninguno fue recibido por el operador de radio, Wilhelm Siemers, que tambi&eacute;n hac&iacute;a de tesorero &mdash;para ahorrar gastos&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El 18 de septiembre la <em>Pamir</em>, con la ayuda de su motor di&eacute;sel, se dirige hacia el norte. La calma es total. Varios barcos &mdash;como el <em>Esso Bolivar o el Castillo de Aulencia</em>&mdash; se cruzan con el velero e intentan infructuosamente contactar por radio con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La noche del 20 de septiembre el viento comienza a arreciar. La tripulaci&oacute;n respira aliviada tras varios d&iacute;as de intenso calor y calma total. Por fin se hinchan las velas.
    </p><p class="article-text">
        La madrugada del d&iacute;a 21 el bar&oacute;metro cae en picado, clara se&ntilde;al que advierte de mal tiempo. El viento rola del sureste al este alcanzando fuerza 8.
    </p><p class="article-text">
        A las 8.00 h de la ma&ntilde;ana sube a fuerza 10. Los camarotes de la mariner&iacute;a, ubicados a popa del barco, se llenan de agua &mdash;no se hab&iacute;an cerrado las escotillas&mdash;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A las 9.30 h se llama a la tripulaci&oacute;n a cubierta. Se ordena cerrar escotillas y ojos de buey &mdash;demasiado tarde&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El viento continuaba arreciando con tal fuerza, que el barco parec&iacute;a volar sobre las aguas. Las olas empezaban a golpear con gran br&iacute;o sobre el casco escor&aacute;ndolo fuertemente a babor. Las velas comenzaron a rifarse en medio de sonoros desgarros al tiempo que las jarcias superiores, tensadas por el viento m&aacute;s all&aacute; de su l&iacute;mite de estiramiento, comenzaban a romperse violentamente.
    </p><p class="article-text">
        A las 10.36 h Siemers env&iacute;a el primer mensaje de radio advirtiendo de los graves problemas por los que atraviesa. El barco ha perdido todas sus velas. A las 11:54, lanz&oacute; el SOS: <em>&ldquo;Aqu&iacute; la barca alemana de cuatro m&aacute;stiles Pamir en la posici&oacute;n 35&deg; 57' Norte, 40&deg; 20' Oeste &ndash; Todas las velas perdidas &ndash; Escora 35 grados &ndash; Sigue aumentando &ndash; Barcos en las proximidades por favor contacten&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hacia las 13.00 h la <em>Pamir</em> yace completamente de costado. Despu&eacute;s de una media hora de permanecer a flote, el barco se hunde a unas 600 millas al suroeste de Azores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los 86 hombres se salvan en los botes, pero estos se encuentran muy da&ntilde;ados y las olas de 14 metros de altura terminan por inutilizarlos. La mayor&iacute;a de la tripulaci&oacute;n muere en los tres d&iacute;as que tarda en llegar el primer barco de rescate. Supervivientes: seis.
    </p><p class="article-text">
        Entre los buques que recibieron las llamadas de la <em>Pamir</em> se encontraba el <em>Galatea</em>:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La jornada transcurr&iacute;a en medio de una lucha tit&aacute;nica contra la mar, cuando en lo m&aacute;s duro de la tormenta se recibe una llamada de socorro procedente del buque escuela alem&aacute;n Pamir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> El Galatea, atendiendo r&aacute;pidamente la llamada del buque alem&aacute;n, se emple&oacute; a fondo en la b&uacute;squeda de n&aacute;ufragos, ya que, a pesar de luchar contra viento y olas, el Pamir no pudo superar la bravura de la mar, desapareciendo bajo su superficie.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> No se encontraron supervivientes a excepci&oacute;n de seis tripulantes que fueron auxiliados por otros buques que tambi&eacute;n participaron en el rescate.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> Pasado el d&iacute;a y a trav&eacute;s de la radio del buque se confirman los malos augurios siendo ochenta hombres los que perecieron.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> En esos momentos, se apoder&oacute; de la dotaci&oacute;n del Galatea una profunda tristeza recordando a aquellos muchachos con los que coincidieron en el puerto de Rotterdam hac&iacute;a unos meses&ldquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los vendedores de almas</strong>
    </p><p class="article-text">
        La oficina mar&iacute;tima en L&uuml;beck concluy&oacute; en 1958 que el barco &ldquo;estaba en buen estado&rdquo; y atribuy&oacute; la tragedia a un &ldquo;golpe del destino&rdquo;. Sin embargo, documentos posteriores demostraron que la Fundaci&oacute;n y la Naviera sab&iacute;an del deterioro estructural, de los problemas financieros y de la falta de personal experimentado. Mientras 80 familias lloraban, la fundaci&oacute;n cobr&oacute; 2,4 millones de marcos del seguro. Seg&uacute;n las actas internas, incluso obtuvo beneficios contables: &ldquo;El &uacute;ltimo viaje del Pamir fue el &uacute;nico que dio ganancias&rdquo;, se&ntilde;ala un documento fechado en marzo de 1958.
    </p><p class="article-text">
        Karl-Otto Dummer, que contaba con 23 a&ntilde;os, sobrevivi&oacute; tres d&iacute;as en el Atl&aacute;ntico, viendo morir a sus compa&ntilde;eros uno por uno. Dedic&oacute; su vida a preservar la memoria de la <em>Pamir</em>: recopilando documentos, escribiendo libros y luchando contra el olvido: <em>&ldquo;No sab&iacute;amos nada del mal estado del barco, nada de las deudas, nada de los planes para retirarlo, nada de los problemas internos &mdash;Da la impresi&oacute;n de que aceptaron el hundimiento&mdash;&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ep&iacute;logo</strong>
    </p><p class="article-text">
        La mar nos ha obligado a vivir juntos, como hermanos o como enemigos. Ha servido para que intercambiemos mercanc&iacute;as, buques, hombres y, c&oacute;mo no, creencias.
    </p><p class="article-text">
        Y el mejor ejemplo lo tenemos en esta novelesca historia en la que, en torno a un buque, los hombres van tejiendo su destino en funci&oacute;n de las distintas vicisitudes ante las que se encuentran, aferr&aacute;ndose a la esperanza que subyace en la condici&oacute;n humana m&aacute;s all&aacute; de razas, de costumbres y de religiones.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La <em>Pamir</em>, en sus 52 a&ntilde;os de periplos marineros, ha logrado entroncar con infinidad de lugares donde larg&oacute; sus anclas, hasta el punto de que cuenta con numerosas placas conmemorativas y piezas pertenecientes al buque y/o su tripulaci&oacute;n en distintos sitios como el Museo Schiffahrts de Brake, el Museo de Bremerhafen, la Iglesia de Santa Caterina de Hamburgo, la Iglesia de San Jakobi de L&uuml;beck, el Puerto de Wellington en Nueva Zelanda, el Museo Naval de Santa Cruz de La Palma, as&iacute; como en colecciones particulares de la isla.
    </p><p class="article-text">
        Al cumplirse el 60&ordm; aniversario de su hundimiento, el 21 de septiembre de 2017, a iniciativa del Club de Vela Latina Benahoare, la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife instal&oacute; en la entrada sur de la Estaci&oacute;n Mar&iacute;tima del puerto de Santa Cruz de La Palma una placa conmemorativa con la que se cumple, de alguna manera, con lo que publicara el <em>Diario de Avisos</em> el d&iacute;a de su partida: &ldquo;<em>[&hellip;] esta Isla de La Palma conservar&aacute; por muchos a&ntilde;os el recuerdo grato del buque alem&aacute;n, porque &eacute;l era el albergue de caballeros [...]&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-vi_129_12725684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Oct 2025 16:40:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (VI)]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (V)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-v_129_12714104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b8cb8be-c777-4c4e-bea1-755c75c51e74_16-9-discover-aspect-ratio_default_1128880.jpg" width="386" height="217" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (V)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - Y así fue como, en mayo de 1956, treinta y tres años después de su primera estancia en La Palma, la bribarca regresó a Canarias</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La vida errante de la &#039;Pamir&#039;.                            </span>
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        <strong>La vida errante de la 'Pamir'</strong>
    </p><p class="article-text">
        Terminada la contienda, los vencedores se abalanzaron sobre los despojos del vencido. Alemania, herida y exhausta, hubo de entregar no solo su dignidad, sino tambi&eacute;n gran parte de sus posesiones. Entre ellas, su flota comercial, dividida como bot&iacute;n de guerra entre los Aliados. La <em>Pamir </em>fue destinada al gobierno italiano. Pero, antes de cambiar de bandera, le fue encomendada una &uacute;ltima traves&iacute;a bajo su insignia original. El capit&aacute;n J&uuml;rs recibi&oacute; la orden de zarpar desde Santa Cruz de Tenerife hacia Hamburgo. Durante seis a&ntilde;os, en su vientre de hierro y madera, la nave hab&iacute;a guardado en silencio su carga de nitrato. Durante la estancia en Tenerife, trabajaron en su casco y jarcias, reparando las heridas de la inactividad. La dotaci&oacute;n fue reforzada con seis marineros tinerfe&ntilde;os y, una vez aprovisionada, zarp&oacute; el 10 de marzo rumbo al norte.
    </p><p class="article-text">
        Una vez en Hamburgo, fue transferida a Italia, al mando del capit&aacute;n Ambrogi hasta 1924, cuando volvi&oacute; a manos de su primer armador: la naviera Laeisz, que la rescat&oacute; por 7.000 libras. Registrada de nuevo con matr&iacute;cula alemana, volvi&oacute; a cruzar el Atl&aacute;ntico como en sus mejores d&iacute;as, llevando nitrato y otras mercanc&iacute;as entre Europa y Am&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        El 6 de noviembre de 1931, la bricbarca cambi&oacute; de manos nuevamente. Esta vez, fue la naviera Erikson, de Finlandia, la que la adquiri&oacute; por 3.700 libras. Su destino: la legendaria &ldquo;carrera del trigo&rdquo;, mediante la cual se llevaba a cabo la importaci&oacute;n a Europa del trigo del sur de Australia. Cambi&oacute; entonces los puertos de Chile por los de Australia y Nueva Zelanda, y, bajo la direcci&oacute;n del empresario Gustaf Erikson, continu&oacute; escribiendo su historia con letra firme sobre las olas del sur.
    </p><p class="article-text">
        Pero ning&uacute;n barco, por m&aacute;s valiente que sea, puede escapar del estruendo de una nueva guerra. El 3 de agosto de 1941, la <em>Pamir</em> fue embargada en Wellington por el gobierno neozeland&eacute;s. As&iacute; comenz&oacute; su etapa americana, bajo la administraci&oacute;n de la Union Steamship Company Ltd., transportando mercanc&iacute;as entre Nueva Zelanda y Estados Unidos. Seis traves&iacute;as por a&ntilde;o, m&aacute;s de sesenta d&iacute;as cada una, desafiando tempestades y submarinos, sola en medio del oc&eacute;ano, con el viento como &uacute;nico aliado.
    </p><p class="article-text">
        En 1948, cuando el mundo intentaba lamer sus heridas, la <em>Pamir</em> fue devuelta a sus propietarios finlandeses, quienes la enviaron al astillero para devolverle el alma. El 12 de noviembre, bajo el mando del capit&aacute;n Victor Verner Bj&ouml;rkfelt, volvi&oacute; a surcar los mares. En 1949, cruz&oacute; por &uacute;ltima vez el temido cabo de Hornos, convertida en el &uacute;ltimo gran velero en hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo, sin embargo, ya no era suyo. En 1950, fondeada en Gran Breta&ntilde;a con su carga de cebada, se convirti&oacute; en un silo flotante. Ya nadie contrataba veleros: eran reliquias, vestigios de otro tiempo. Vendida casi como chatarra, junto con su gemela <em>Passat</em>, fue llevada al r&iacute;o Escalda, a la espera del desguace.
    </p><p class="article-text">
        Pero el destino &mdash;ese marinero caprichoso&mdash; ten&iacute;a otros planes. El se&ntilde;or Heinsz Schlieven, de L&uuml;beck, vio en ella no una chatarra, sino historia viva. El 1 de junio de 1951, la compr&oacute; para convertirla en buque escuela. Se le instal&oacute; un motor Krupp de seis cilindros, dise&ntilde;ado originariamente para los submarinos alemanes, y se repas&oacute; su estructura de proa a popa.
    </p><p class="article-text">
        Convertida en aula flotante, cruz&oacute; el Atl&aacute;ntico una y otra vez, visitando puertos de Latinoam&eacute;rica, ense&ntilde;ando a nuevas generaciones el arte de domar el viento. En 1954, fue subastada por 310.000 marcos y pas&oacute; a manos del gobierno de Schleswig (norte de Alemania), aunque sigui&oacute; con su misi&oacute;n educativa. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, fue adquirida por la fundaci&oacute;n <em>Stiftung</em> de la ciudad de L&uuml;beck, continuando la misma senda.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; fue como, en mayo de 1956, treinta y tres a&ntilde;os despu&eacute;s de su primera estancia en La Palma, la <em>Pamir</em> regres&oacute; a Canarias. Esta vez, como parte de la Exposici&oacute;n N&aacute;utica Internacional celebrada en Santa Cruz de Tenerife, acompa&ntilde;ada por grandes veleros de diversas naciones&hellip; y por su inseparable hermana, la <em>Passat</em>. La bricbarca volvi&oacute; a surcar las aguas del puerto de Santa Cruz de Tenerife, no como un simple nav&iacute;o, sino como una leyenda viva, un vestigio palpitante de la era del viento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-v_129_12714104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Oct 2025 08:38:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (V)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (IV)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-iv_129_12685914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47a3f03c-9fe5-4f8c-b58f-176e69dce830_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (IV)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - Meses después de finalizar la Gran Guerra, la embarcación recibe la orden de proseguir su singladura interrumpida cinco años y cinco meses antes</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El &#039;Pamir&#039; en la Bajada de la Virgen de 1915.                            </span>
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        <strong>La fuga de Diebitsch</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los art&iacute;culos de F&eacute;lix Ganz nos dan a conocer a un personaje que, sin duda alguna, estar&aacute; ligado a la historia de la <em>Pamir</em>: Johannes Diebitsch. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo que podemos deducir, Diebitsch, un joven marinero de 18 a&ntilde;os, aprovech&oacute; su estancia en la isla para escribir sus sentimientos, tal y como publica su amigo Ganz:
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>A Don Jos&eacute; P&eacute;rez Andreu.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Un pliego del libro &laquo;Bosquejos&raquo; de mi amigo Diebitsch.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Grises los muros de las casas, grises las monta&ntilde;as que le cubren con sombra, grises las aguas que ba&ntilde;an tus playas, gris el cielo, gris el papel en que escribo. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Y gris mi alma!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>[...]</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo me doy esperanza, esperanza de una amistad; yo aprecio vuestro amor de la patria gris como es la vuestra. Vosotros am&aacute;is a vuestra patria, vuestra isla gris y tranquila. &iquest;Y yo? &iexcl;a la m&iacute;a! que ahora, como un noble y fuerte nav&iacute;o navega por alta mar, mar oscuro desafiando a las tempestades.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El mar, ahora est&aacute; calmo. Luego oleaje. Est&aacute;n irritadas las olas, gru&ntilde;en, dan saltos y quieren coger el nav&iacute;o.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vuelven, altas, m&aacute;s altas, recobrando fuerzas y caen sobre su v&iacute;ctima. Pero sin vigor se hunden, rechazadas por el cuerpo de acero.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y el timonel mira a trav&eacute;s de la alta espuma herviente, lejos, en la inmensa lejan&iacute;a, el puerto seguro.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Sed firmes en la esperanza de que llegar&aacute;!&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tal como yo tambi&eacute;n tengo la esperanza de que llegar&aacute; el d&iacute;a en que el sol parta las tinieblas, y que los hijos puedan ba&ntilde;arse, rejuvenecidos, en su clara y dulce luz.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>F. E. Ganz</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Pamir&raquo; 26 de febrero de 1918</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El texto expresa una tristeza profunda te&ntilde;ida por la soledad y el exilio. Sin embargo, a trav&eacute;s de la met&aacute;fora del mar y el nav&iacute;o, transmite un mensaje claro: la esperanza debe mantenerse firme, porque la luz y el renacimiento llegar&aacute;n. Es una reflexi&oacute;n po&eacute;tica sobre la resistencia, el amor a la patria y la fe en el porvenir, incluso cuando todo parece gris. Ganz, al publicar estos escritos, no solo rinde homenaje a su amigo, sino que tambi&eacute;n nos permite conocer una dimensi&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima del alma marinera, alejada de los relatos &eacute;picos y centrada, en cambio, en las emociones humanas m&aacute;s universales: el miedo, la esperanza, la a&ntilde;oranza y el deseo de conexi&oacute;n. De alguna manera, el texto justifica la fuga que protagonizar&iacute;a Diebitsch a los pocos d&iacute;as de su publicaci&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        Junto a otro marinero llamado Carl Schuberg, se hicieron con un peque&ntilde;o velero llamado <em>I&acute;ll Try</em> con el que el vicec&oacute;nsul brit&aacute;nico en Santa Cruz de La Palma, Robert Fyffe Millar, disfrutaba de la navegaci&oacute;n a vela por las costas de la isla, hacia donde fue destinado desde Las Palmas en 1908.
    </p><p class="article-text">
        Tal afrenta caus&oacute; gran expectaci&oacute;n en todo el Archipi&eacute;lago. Fyffe ofreci&oacute; una recompensa de quince libras esterlinas &mdash;una suma considerable para la &eacute;poca&mdash; a quien pudiera aportar informaci&oacute;n sobre el paradero de su barco.
    </p><p class="article-text">
        Tras llegar a Tenerife &mdash;donde, sin duda, contaron con el apoyo de la colonia alemana&mdash;, embarcaron en el pailebot <em>Tenerife</em>, dedicado a &laquo;las labores de pesca&raquo;, con la intenci&oacute;n de llegar hasta C&aacute;diz. Sin embargo, durante una parada t&eacute;cnica en el puerto de Arrecife, el ayudante de Marina de Lanzarote orden&oacute; su detenci&oacute;n y los envi&oacute; a Las Palmas a bordo del pailebot <em>Nicol&aacute;s</em>. Ingresaron en la c&aacute;rcel el 19 de marzo de 1918, para ser posteriormente repatriados.
    </p><p class="article-text">
        Diebitsch continu&oacute; vinculado al mundo mar&iacute;timo, sirviendo durante la Segunda Guerra Mundial como oficial en el <em>Kormoran</em>, uno de los mayores cruceros auxiliares de la armada alemana. El 19 de noviembre de 1941, el <em>Kormoran</em> se hundi&oacute; frente a la costa occidental de Australia tras un enfrentamiento con el buque australiano <em>Sydney</em>. En la primera lista de fallecidos figuraba el nombre de Diebitsch, aunque, en esta ocasi&oacute;n, logr&oacute; sobrevivir al naufragio.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 1953, regres&oacute; a Tenerife como capit&aacute;n de una espectacular goleta de tres m&aacute;stiles llamada <em>Xarifa</em>, que se dirig&iacute;a hacia las Antillas en uno de los viajes del reconocido cient&iacute;fico alem&aacute;n Hans Hass. En esa ocasi&oacute;n, el peri&oacute;dico <em>Diario de Avisos</em> inform&oacute; sobre su llegada al puerto chicharrero y public&oacute; una entrevista en la que Diebitsch afirm&oacute; que, durante su huida desde La Palma a bordo del peque&ntilde;o velero ingl&eacute;s, hab&iacute;a llegado hasta C&aacute;diz, algo que no solo es incierto, sino bastante improbable en aquella &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Durante su estancia en la isla, tuvo la oportunidad de contactar con el hijo de quien fuera su compa&ntilde;ero de tripulaci&oacute;n en los a&ntilde;os en que recalaron en La Palma: Ferdinand Leopold, ebanista de la <em>Pamir</em>, quien falleci&oacute; en la isla a comienzos de 1919 a causa de la gripe espa&ntilde;ola. Curiosamente, varias de las maquetas que existen del fastuoso velero fueron elaboradas por el propio Leopold.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nobleza Obliga</strong>
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s de finalizar la Gran Guerra, la <em>Pamir</em> recibe la orden de proseguir su singladura interrumpida cinco a&ntilde;os y cinco meses antes. El capit&aacute;n J&uuml;rs solo contaba con 25 de los 38 tripulantes que llegaron en 1914 por lo que hubo de reclutar a varios marineros locales para, al menos, llegar hasta Tenerife, donde completar&iacute;a su tripulaci&oacute;n y realizar&iacute;a algunas reparaciones. Esos marineros eran Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez, Jos&eacute; Francisco Acosta, Juan Gonz&aacute;lez y Sim&oacute;n Arrocha Concepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como prueba de las simpat&iacute;as que se granjearon en la ciudad, el capit&aacute;n, oficiales y tripulantes fueron obsequiados con un banquete en el Hotel Cuba &mdash;ubicado junto al puerto, al comienzo de la calle Real, donde actualmente se encuentra el edificio Mayantigo&mdash; al que asistieron distinguidas personas de la localidad y en el que rein&oacute; la m&aacute;s estrecha fraternidad seg&uacute;n las cr&oacute;nicas de la &eacute;poca. En el evento, el capit&aacute;n J&uuml;rgen J&uuml;rs &mdash;quien era muy popular entre la poblaci&oacute;n&mdash; prometi&oacute; volver a la isla, algo que casualmente hizo en agosto del mismo a&ntilde;o, cuando al mando de la <em>Priwall </em>&mdash;gemela de la<em> Pamir</em>&mdash; rumbo a Chile se acerc&oacute; frente a Santa Cruz de La Palma para enviar un saludo a la ciudad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El d&iacute;a antes de su partida, el peri&oacute;dico local Diario de Avisos reflejaba el sentir general de una ciudad que, en su momento, se entrelaz&oacute; con la historia de la <em>Pamir</em>, aunque hoy su recuerdo se diluya como la bruma sobre la mar.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Nobleza obliga</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Es de justicia reconocer, y hacer constar que durante el largo tiempo que han convivido con nosotros, los tripulantes de ese buque han observado una conducta irreprensible y que han sabido, hasta en los momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos de la lucha europea, guardar la moderaci&oacute;n y la prudencia de los m&aacute;s intachables caballeros.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por ese dign&iacute;simo comportamiento observado por el capit&aacute;n, oficiales y tripulantes del `Pamir&acute;, dejan aqu&iacute; un grato recuerdo, recuerdo que se agranda con haber algunos de ellos contra&iacute;do aqu&iacute; matrimonio y creado, por consiguiente, los lazos irrompibles de la familia y de la segunda patria.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nuestra ciudad conservar&aacute; siempre en la memoria el nombre de esa barca que en d&iacute;as tristes para su patria vino a las aguas de esta isla a buscar el amparo que necesitaba, al abrigo del pabell&oacute;n espa&ntilde;ol, y no olvidaremos que aqu&iacute; sus tripulantes, aprendieron el rico idioma de Cervantes y que aqu&iacute;, en nuestro cementerio, se conservar&aacute;n los restos de los que desgraciadamente dejaron de existir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ma&ntilde;ana, cuando la barca `Pamir&acute; cruce velozmente las aguas del inmenso Oc&eacute;ano; cuando penetre por las de su noble naci&oacute;n; cuando arroje su ancla en el importante puerto de Hamburgo; cuando sus tripulantes penetren en sus hogares; cuando en la intimidad recuerden las peripecias de su viaje y su llegada a esta ciudad, no olviden de a&ntilde;adir que esta Isla de La Palma conservar&aacute; por muchos a&ntilde;os el recuerdo grato del buque alem&aacute;n, porque &eacute;l era el albergue de caballeros y sus tripulantes, dignos representantes de una naci&oacute;n culta, industriosa y rica.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, 3 de marzo de 1919</em>
    </p><p class="article-text">
        La tarde del 4 de marzo de 1920, la <em>Pamir</em> lev&oacute; anclas y despleg&oacute; su velamen desde las vergas. La falta de viento y la suciedad acumulada en el casco hicieron que su partida fuera lenta, como si el tiempo mismo quisiera demorar la despedida entre el majestuoso buque y el puerto palmero que lo hab&iacute;a cobijado. As&iacute; conclu&iacute;a su larga estancia en la isla de La Palma y comenzaba una vida incierta, que la llevar&iacute;a a surcar medio mundo y a pasar por las manos de numerosos &mdash;y no siempre cuidadosos&mdash; propietarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-iv_129_12685914.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Oct 2025 12:11:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (IV)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (III)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-iii_129_12661150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/244bda2c-c500-4cb0-ad69-836f8c73cb66_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (III)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - Durante la estancia de la Pamir en la isla, la vigilancia de la Royal Navy era constante</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Maqueta del Pamir y submarino.                            </span>
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        <strong>La leyenda de los submarinos</strong>
    </p><p class="article-text">
        La dependencia econ&oacute;mica de las Islas Canarias con Gran Breta&ntilde;a era absoluta. Las exportaciones eran fundamentales para la econom&iacute;a isle&ntilde;a y ya se sabe que <em>&laquo;poderoso caballero es don dinero&raquo;. </em>En ese sentido, parece atinada la opini&oacute;n del c&oacute;nsul norteamericano cuando sentenci&oacute; en octubre de 1917 que <em>&laquo;el pueblo espa&ntilde;ol, seg&uacute;n est&aacute; representado en este distrito, es peset&oacute;filo, y no german&oacute;filo o aliad&oacute;filo&raquo;</em>. Esto explicar&iacute;a el hecho de que, pese a promulgada neutralidad espa&ntilde;ola, realmente los ingleses camparan a sus anchas.
    </p><p class="article-text">
        Durante la estancia de la <em>Pamir</em> en la isla, la vigilancia de la Royal Navy era constante. Tanto es as&iacute;, que ante cualquier movimiento sospechoso r&aacute;pidamente aparec&iacute;a un buque de guerra ingl&eacute;s. Un ejemplo de ello fue lo ocurrido en abril de 1915, cuando un temporal del sur provoc&oacute; que el velero alem&aacute;n rompiera sus amarras y terminara fondeado entre Barranco Seco y Mart&iacute;n Luis, al norte de la ciudad. En seguida hizo acto de presencia el crucero ingl&eacute;s <em>Argonaut</em>, cuyo capit&aacute;n realiz&oacute; una r&aacute;pida visita a la capitan&iacute;a del puerto. Finalmente, remolcada por el vapor frutero <em>Sancho</em>, la <em>Pamir</em> regres&oacute; a su fondeo bajo el Risco de la Concepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es de suponer que la red de esp&iacute;as al servicio de los ingleses fuera bastante efectiva, pues estos ten&iacute;an conocimiento de todo lo relacionado con el buque alem&aacute;n, por el cual mostraban un inter&eacute;s inusitado. Desde nuestro punto de vista, este desmesurado inter&eacute;s fue lo que aliment&oacute; la aparici&oacute;n de distintas especulaciones como la leyenda de los submarinos alemanes que, supuestamente, visitaban al buque por las noches para llevarse el salitre de sus bodegas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La prensa de la &eacute;poca se hac&iacute;a eco de estas especulaciones como vemos en el peri&oacute;dico <em>El Progreso</em> de Santa Cruz de Tenerife: <em>&laquo;[...] por qu&eacute; y para qu&eacute;, todas las noches sale del costado de la barca alemana Pamir, que se halla fondeada desde hace algunos d&iacute;as en el puerto de Santa Cruz de la Palma, con un cargamento de nitrato, un bote de la misma, a remo y a vela, dirigi&eacute;ndose al Suroeste, remontando la punta del Ganado, permaneciendo toda la noche navegando, y regresando a dicha barca Pamir a la ma&ntilde;ana siguiente? Porque es muy raro que de d&iacute;a permanezcan los tripulantes del Pamir inactivos y sea de noche cuando se les ocurra probar el andar de ese bote.&raquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Estos rumores, nunca confirmados, llegaron a exasperar a alguno de los tripulantes alemanes que incluso lleg&oacute; a publicar un art&iacute;culo a modo de queja en el peri&oacute;dico local <em>La Organizaci&oacute;n</em>:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Sufrimientos rid&iacute;culos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Estoy de paseo por las calles de la ciudad. De repente me detiene un hombre, conocido m&iacute;o. &laquo;&iexcl;Hola, amigo! &iquest;Qu&eacute; hay?&raquo; &laquo;Ya ve Vd. Don Pepe, &iquest;algo nuevo?&raquo; &laquo;&iquest;Ha visto Vd. el submarino ayer por la tarde? Bastante cerca de aqu&iacute; estaba y nosotros aqu&iacute; en tierra lo vimos todos. Muy extra&ntilde;o que ustedes los de la barca que ven todo lo que ocurre, no habr&aacute;n visto tambi&eacute;n eso.&raquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Ah, ahora me acuerdo que a aquella hora, no muy lejos de Los Guinchos flotaba una manada de delfines, y as&iacute; se lo digo al hombre. Pero este es m&aacute;s prudente y jura a todos los Santos del cielo que con sus propios ojos hab&iacute;a visto un submarino. Yo le dejo hablar y sigo andando.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Entro en una fonda. Mucha gente, humo de cigarros, olor de vino. La gente est&aacute; disputando, pero yo no me ocupo de lo que hablan. Pido un vaso de vino y un tabaco al tabernero y luego empiezo a leer un peri&oacute;dico publicado ayer. Lo primero que veo es, con letras grandes, &laquo;&iexcl;La pirater&iacute;a alemana! &iexcl;Otro vapor espa&ntilde;ol hundido cerca del Hierro! &iexcl;Submarinos en nuestras aguas!&raquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>[...]</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;A d&oacute;nde irme ahora? Ya no quiero o&iacute;r m&aacute;s esas tonter&iacute;as, que como una epidemia inundan casi toda la poblaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo lo s&eacute; y voy a visitar a don X y a su esposa, amables personas y muy juiciosas. Ya he llegado, toco a la puerta y una criada me abre. &laquo;&iquest;Est&aacute; don X en casa?&raquo; &laquo;S&iacute;, se&ntilde;or, s&iacute;rvase tomar asiento, voy a pasar recado.&raquo; Pocos momentos despu&eacute;s viene el se&ntilde;or y me estrecha la mano cordialmente. Me dice que tengo que perdonar a su se&ntilde;ora, pero ella, no esper&aacute;ndome, se hab&iacute;a ido hace poco a dar un pase&iacute;to con una amiga &iacute;ntima. As&iacute; hablamos y como es natural, no tarda mucho en llegar el momento en que todo el mundo est&aacute; hablando ahora de la guerra. Don X est&aacute; entusiasmado con los submarinos. &iexcl;Oh, qu&eacute; grandes &eacute;xitos han alcanzado &uacute;ltimamente! &iexcl;Qui&eacute;n hubiera cre&iacute;do que esta peque&ntilde;a arma iba a ser tan fuerte y tan influyente como son hoy d&iacute;a! &iexcl;Y qu&eacute; cerca est&aacute;n de aqu&iacute;! Ya han llegado muchos n&aacute;ufragos de vapores hundidos cerca de estas islas Canarias. &iquest;Verdad que ustedes los de la barca siempre est&aacute;n en comunicaci&oacute;n con sus compatriotas?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero don X &iquest;c&oacute;mo puede ser eso? No tenemos nada para comunicarnos con ellos, y adem&aacute;s &iquest;qu&eacute; pueden pedirnos los submarinos a nosotros? &iquest;Tal vez comestibles? Ahora, como la embarcaci&oacute;n de toda clase de v&iacute;veres est&aacute; vigilada tan rigurosamente y el Sr. cabo matr&iacute;cula casi todas las noches pregunta al que lleva la carne para abordo: &laquo;&iquest;Cu&aacute;nta carne llev&aacute;is?&raquo; A nosotros los de a bordo se nos ha prohibido por la noche encender f&oacute;sforos sobre cubierta, pues dice la gente que estamos dando se&ntilde;ales de luz a los submarinos. &laquo;&iexcl;S&iacute; hombre, pero ustedes llevan para a bordo tantas cosas, que no es posible que las usen solamente para su propia manutenci&oacute;n! &iexcl;Seguramente dar&aacute;n algo a sus compa&ntilde;eros que sufren la mala vida debajo del agua!&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi &uacute;ltima r&eacute;plica que nosotros siendo de otra &laquo;raza&raquo;, comemos m&aacute;s que los espa&ntilde;oles, es para orejas sordas, y no queriendo disputar m&aacute;s, me despido de don X, simulando una convenci&oacute;n...</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Oh, qu&eacute; mala enfermedad es esa, no para los atacados por ella, sino para los que est&aacute;n en contacto con los enfermos...!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; querr&aacute; esa mujer? &iquest;Me llama? Pues &iexcl;a la buena suerte! Aunque ya sospecho lo que ella quiere, sin embargo &iexcl;ver&eacute;!&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Una mujer, no muy joven, vestida de luto, pero capaz de hablar como un gram&oacute;fono.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iexcl;Mire, Vd. es alem&aacute;n! &mdash;Buen pr&oacute;logo, y no puedo ni quiero negarlo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; p&iacute;caros son los alemanes con los submarinos! &mdash;Me r&iacute;o, la misma cosa de siempre, ahora en verde.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;No se r&iacute;e Vd.? Pues yo he visto todas las maniobras que ustedes est&aacute;n haciendo en el Pamir.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iexcl;Pero, mujer de Dios, d&iacute;game lo que ha visto!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Bien. Escuche Vd. Una noche de noviembre del a&ntilde;o pasado me levant&eacute; a media noche para calentar leche a mi marido que estaba muy malo; y por casualidad vi por la ventana a la barca Pamir. Y &iexcl;me asust&eacute;! De repente apag&oacute; la luz blanca que se tiene puesta todas las noches y enseguida apareci&oacute; una luz verde en el tope del palo mayor. Luego apag&oacute; y en el mismo sitio se ve&iacute;a una luz encarnada. Ya no pod&iacute;a apartar la mirada de tan misteriosos sucesos y atiesada miraba a la barca. Apag&oacute; esta luz tambi&eacute;n y ahora vi una cosa oscura flotando delante de la barca, una cosa alumbrada por dentro. &iexcl;Era un sumergible! Flotaba y al costado del Pamir, donde est&aacute; la escala real, se qued&oacute; inm&oacute;vil. Un hombre con farol encendido en la mano baj&oacute; la escalera y luego subi&oacute; otra vez. Seguramente habr&aacute; recibido al comandante del submarino.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo ya sin poder aguardar m&aacute;s, me huyo dando a la mujer el consejo de ponerse hielo en la frente y en los pies para no delirar con tan viveza otra vez.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y estando junto, por fin, con la chica para hablar cosas de amor..., ella pregunta p&iacute;caramente: &mdash;A m&iacute; puedes dec&iacute;rmelo, &iquest;no vienen submarinos al Pamir?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo creo que el &uacute;nico remedio para una curaci&oacute;n ser&aacute; poner el Pamir en la Plaza de Santo Domingo, para que todos puedan vigilarlo sin la menor molestia, y no tengan que despertarse y levantarse por las noches para ver luces de colores y misteriosas se&ntilde;ales para los submarinos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Gracias a Dios que las dignas autoridades no sufren tambi&eacute;n esa enfermedad, pues de lo contrario...!&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ygittigitt</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Pamir&raquo; 25 de marzo de 1918</em>
    </p><p class="article-text">
        La palabra utilizada para firmar el escrito se traduce del alem&aacute;n como <em>&ldquo;puaj&rdquo;: &laquo;qu&eacute; asco&raquo;</em>, aunque creemos que fue redactado por F&eacute;lix Ganz ya que este marinero public&oacute; anteriormente varios art&iacute;culos en el mismo peri&oacute;dico.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-iii_129_12661150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Oct 2025 13:43:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-ii_129_12643686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c88e768-dd21-4cb0-a952-5994f7dec550_16-9-discover-aspect-ratio_default_1126843.jpg" width="542" height="305" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero `Pamir´: de la historia al recuerdo (II)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - El mediodía del 4 de octubre de 1914 apareció en el horizonte un punto blanco que, con la rapidez que le imprimían sus 3.000 metros cuadrados de velas hinchadas por el viento, rápidamente se convirtió en un espléndido velero en demanda del puerto palmero</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Acuarela del &#039;Pamir&#039;. Autor: PACO NOGUEROL CAJÉN                            </span>
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        <strong>Santa Cruz de La Palma. Puerto eeutral. Guerra</strong>
    </p><p class="article-text">
        El 17 de julio de 1914 la <em>Pamir</em> zarpaba desde Taltal (Chile) cargada de nitrato rumbo a Hamburgo (Alemania). Iba al mando el veterano capit&aacute;n J&uuml;rgen J&uuml;rs. En esas fechas, a ra&iacute;z del atentado de Sarajevo en el que muri&oacute; el archiduque Francisco Fernando y su esposa, el ambiente en Europa estaba bastante caldeado, desencadenando la que ser&iacute;a la I Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        El estallido del conflicto b&eacute;lico sorprendi&oacute; a muchas embarcaciones en plena navegaci&oacute;n, por lo que intentaron buscar refugio arrumbando hacia puertos neutrales. <em>Kurt Woermann</em>, <em>Irma Woermann</em>, <em>Prinzregent</em>, <em>Cap Ortegal</em> y <em>Usambara</em> eran algunos de los buques mercantes alemanes que hab&iacute;an encontrado refugio en los puertos canarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 15 de septiembre, en mitad del Atl&aacute;ntico, la <em>Pamir</em> se encontr&oacute; con un vapor que en principio llevaba pabell&oacute;n holand&eacute;s, el <em>Sommerdijk</em>, aunque al percatarse de la nacionalidad alemana de la bricbarca, arri&oacute; este e iz&oacute; la bandera germana. En realidad, se trataba del <em>Macedonia</em>, un buque de 4.375 toneladas perteneciente a la naviera Hapag que ven&iacute;a del puerto de Nueva Orleans. Su capit&aacute;n, C. Kuns&iacute;er, le comunic&oacute; al capit&aacute;n J&uuml;rs la existencia de barcos enemigos en la zona, aconsej&aacute;ndole que buscara refugio en las cercanas Islas Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria estaban muy vigilados por los buques de guerra ingleses: <em>Victorian</em>, <em>Carnavon</em>, <em>Highflyer</em>, <em>Argonaut</em>, y <em>Marmora</em>, por lo que la mejor opci&oacute;n era dirigirse a Santa Cruz de La Palma. De hecho, esa era la intenci&oacute;n del <em>Macedonia</em>, aunque, como veremos, no est&aacute; muy claro el papel que jugaba esta nave.
    </p><p class="article-text">
        El mediod&iacute;a del 4 de octubre de 1914 apareci&oacute; en el horizonte un punto blanco que, con la rapidez que le imprim&iacute;an sus 3.000 metros cuadrados de velas hinchadas por el viento, r&aacute;pidamente se convirti&oacute; en un espl&eacute;ndido velero en demanda del puerto palmero. El periodista Juan Antonio Padr&oacute;n Albornoz recogi&oacute; las palabras de un testigo del acontecimiento, Jos&eacute; Manuel Sicilia, <em>&laquo;&iexcl;Ven&iacute;a abriendo la mar!&raquo;</em>, tal era la premura del barco alem&aacute;n por encontrar refugio y evitar un encontronazo con alg&uacute;n buque de la Royal Navy.
    </p><p class="article-text">
        Tras una r&aacute;pida maniobra en la que la mariner&iacute;a carg&oacute; las velas y aferr&oacute; el aparejo, larg&oacute; sus anclas frente al Risco de La Concepci&oacute;n. El tercer oficial apuntar&iacute;a en el diario meteorol&oacute;gico de a bordo: <em>&laquo;Santa Cruz de La Palma. Puerto neutral. Guerra&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El capit&aacute;n J&uuml;rs comunic&oacute; a las autoridades de la isla su intenci&oacute;n de quedarse en el puerto hasta que acabara el conflicto, aunque estas le conminaron a partir hacia el puerto de Santa Cruz de Tenerife, m&aacute;s abrigado y donde ya se encontraban varios buques alemanes en su misma situaci&oacute;n. J&uuml;rs tem&iacute;a ser atacado durante la traves&iacute;a hacia la vecina isla as&iacute; que se mostr&oacute; inflexible en su empe&ntilde;o de permanecer fondeado en el puerto de Santa Cruz de La Palma. De hecho, desde que se supo la llegada del velero alem&aacute;n, el <em>Marmora</em>, un buque ingl&eacute;s que permanec&iacute;a atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, puso r&aacute;pidamente rumbo hacia La Palma someti&eacute;ndolo a una estrecha vigilancia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Retornando al <em>Macedonia</em>, resulta curioso que llegara al puerto de Santa Cruz de La Palma despu&eacute;s del velero y tras permanecer la noche anterior con las luces apagadas frente a Fuencaliente. No menos curiosa resulta la noticia que publica el 25 de noviembre el peri&oacute;dico <em>El Progreso</em> de Santa Cruz de Tenerife: <em>&laquo;A bordo de este buque parece vienen por lo menos dos o tres oficiales de guerra alemanes, y alguien que manda m&aacute;s que el propio capit&aacute;n&raquo;.</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El <em>Macedonia</em> se acerc&oacute; a la costa de Santa Cruz lo suficiente como para que un bote de la <em>Pamir </em>se le acercara con su capit&aacute;n a bordo. No parec&iacute;a dispuesto a entrar en el puerto, aunque en ese momento se divis&oacute; la silueta de un buque de guerra en el norte, lo que termin&oacute; de convencer al vapor alem&aacute;n por temor a ser atacado. Se da la circunstancia de que la silueta no correspond&iacute;a a un buque enemigo, sino al crucero espa&ntilde;ol <em>Reina Regente</em>, como se comprob&oacute; a su llegada a puerto.
    </p><p class="article-text">
        El capit&aacute;n del <em>Macedonia</em> no consideraba seguro el puerto palmero por lo que solicit&oacute; a las autoridades que lo escoltar&aacute;n hasta el puerto de la Luz en Las Palmas, donde lleg&oacute; convoyado por el crucero espa&ntilde;ol <em>Catalu&ntilde;a</em>.&nbsp;Meses despu&eacute;s, al amparo de la noche, en marzo de 1915 huir&iacute;a del puerto, aunque ser&iacute;a capturado a los pocos d&iacute;as. Entre su tripulaci&oacute;n, que fue enviada a Gibraltar como prisionera de guerra, se encontraban varios marineros de la <em>Pamir</em> deseosos de regresar a su patria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La convivencia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde el primer momento, la ciudad de Santa Cruz de La Palma acogi&oacute; a los marineros de la <em>Pamir</em> con simpat&iacute;a, de lo que se hace eco el diario <em>El Progreso</em>: <em>&laquo;De Santa Cruz de la Palma nos escriben dici&eacute;ndonos que a bordo de la barca alemana Pamir se celebran todos los domingos por la tarde grandes bailes, a los cuales concurren algunas personas, sobresaliendo el elemento femenino. El derroche que de la cerveza hacen los alemanes, es grand&iacute;simo&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n de la mariner&iacute;a alemana con la poblaci&oacute;n palmera se fue estrechando a medida que transcurr&iacute;a el tiempo, propiciando que varios tripulantes se convirtieran al catolicismo, como publica el <em>Diario de La Palma</em> el 28 de mayo de 1917: <em>&laquo;Con el ceremonial de costumbre fueron bautizados esta ma&ntilde;ana en la Parroquia de esta ciudad, los marinos del velero Pamir, F&eacute;lix Ganz y Juan Kolber, recibiendo el primero los nombres de Eugenio Manuel y el segundo los de Leopoldo Juan, siendo sus padrinos respectivamente, don Eugenio Abreu y Garc&iacute;a y don Leopoldo Poggio y &Aacute;lvarez. Con anterioridad se hab&iacute;a anunciado desde el p&uacute;lpito la conversi&oacute;n al catolicismo de estos s&uacute;bditos alemanes, as&iacute; como el d&iacute;a fijado para la ceremonia del bautizo, y a la parroquia acudi&oacute; esta ma&ntilde;ana una extraordinaria concurrencia&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        O incluso, la celebraci&oacute;n de varias bodas, como la oficiada el 9 de septiembre de 1917 en la parroquia matriz de El Salvador entre Ferdinand Leopold y la se&ntilde;orita Juana Garc&iacute;a Fern&aacute;ndez, o las contra&iacute;das entre Wilhem Robert Zink y Enriqueta Acu&ntilde;a Gonz&aacute;lez, y &nbsp;Hans Kolbe e Isabel Brito, ambas en 1918. Leopold fallecer&iacute;a poco despu&eacute;s a causa de la gripe espa&ntilde;ola tras apenas conocer a su hijo Fernando, quien a su vez fue el padre de Fernando y Pilar M.&ordf; Leopold Prats, siendo en la actualidad, junto con sus hijos y nietos, los &uacute;nicos descendientes de los matrimonios entre alemanes e isle&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en alguna ocasi&oacute;n se produjo alg&uacute;n alboroto como el sucedido entre los marineros del ca&ntilde;onero espa&ntilde;ol <em>Laya</em> y los de la <em>Pamir</em>. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1917 y la disputa se produjo, seg&uacute;n la prensa de la &eacute;poca, debido al <em>&ldquo;completo estado de embriaguez de los alborotadores&rdquo;</em>. La actuaci&oacute;n del ayudante de Marina de Santa Cruz de La Palma, Emilio Su&aacute;rez Fiol, fue determinante, ya que <em>&ldquo;sali&oacute; a la calle y logr&oacute; imponerse a los que de tan visible manera pod&iacute;an haber acarreado disgustos de cierta gravedad&rdquo;</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-ii_129_12643686.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Sep 2025 09:16:08 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Santa Cruz de La Palma y el velero ‘Pamir’: de la historia al recuerdo (I)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-i_129_12621307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a6ab27a-bf80-4b87-ab5d-701e5e4b0202_16-9-discover-aspect-ratio_default_1126294.jpg" width="477" height="268" alt="Santa Cruz de La Palma y el velero ‘Pamir’: de la historia al recuerdo (I)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">HISTORIA NAVAL - La mañana del 29 de julio de 1905 resbaló por la grada, con el número 180, la bricbarca de cuatro palos y 3.020 TRB denominada Pamir. Fue en los astilleros Blohm und Voss de Hamburgo siendo su madrina la señorita Emilie Westpahl, sobrina de uno de los socios propietarios de los astilleros, Hermann Blohm</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Velero ‘Pamir’.                            </span>
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        <em>&ldquo;La mar dar&aacute; a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da sue&ntilde;os&rdquo;. </em>Quiz&aacute;s fuera esta frase, atribuida a Crist&oacute;bal Col&oacute;n, la que inspirase a un joven nacido en Hamburgo, llamado Ferdinand Laiesz (1801-1887). Desde muy ni&ntilde;o sinti&oacute; la necesidad de adentrarse en la mar buscando un futuro m&aacute;s esperanzador. Por ello se embarc&oacute; en una peque&ntilde;a goleta llamada <em>Elizabeth</em> rumbo a Am&eacute;rica. Desgraciadamente, esta goleta embarranc&oacute; y, aunque no le cost&oacute; la vida, s&iacute; hubo de abandonar moment&aacute;neamente sus aspiraciones hasta recuperar algo de fortuna, para lo cual se emple&oacute; en una f&aacute;brica de sombreros. Pronto se independiz&oacute; y alcanz&oacute; prosperidad, lo que le anim&oacute; a extender sus actividades m&aacute;s all&aacute; del Oc&eacute;ano comprando peque&ntilde;os barcos de segunda mano con los que comercializaba todo tipo de mercanc&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de los a&ntilde;os, su hijo Carl se incorpor&oacute; a la empresa familiar iniciando el negocio de importar algod&oacute;n y az&uacute;car desde Sudam&eacute;rica y Filipinas con destino a Europa. Aunque el padre ya hab&iacute;a construido un peque&ntilde;o barco llamado como su hijo, <em>Carl</em>, no fue hasta 1857 cuando ordenan la construcci&oacute;n de un gran buque de unas 500 toneladas. A este buque le pusieron por nombre el apodo con el que llamaban a la esposa de Carl, <em>Puddle, </em>que en alem&aacute;n es como se llama a los caniches y a los ositos de pelo rizado. Este hecho origin&oacute; la curiosa tradici&oacute;n de bautizar con la inicial <em>&laquo;P&raquo;</em> a todos los buques de la empresa.
    </p><p class="article-text">
        Al poco tiempo, la Naviera Laiesz comenz&oacute; a ser conocida como la <em>Flying P-Liner</em> debido a sus veloces barcos y el cumplimiento estricto de los horarios estipulados.
    </p><p class="article-text">
        Incorporado el nieto, Carl Ferdinand, a la empresa, apostaron fuertemente por la construcci&oacute;n de grandes nav&iacute;os propulsados a vela pese a que este tipo de navegaci&oacute;n estaba en franca decadencia a comienzos del pasado siglo XX. Tal era esa determinaci&oacute;n, que, pese al temprano fallecimiento de Carl Ferdinand, la familia quiso culminar su gran proyecto, la construcci&oacute;n del <em>Preussen,</em> un velero de 5 palos fabricado en 1902 y cuya velocidad llegaba a alcanzar los 20 nudos. Fue precisamente esta excesiva velocidad la que produjera su choque contra el <em>Brighton</em>, un vapor que apenas alcanzaba los 8 nudos, pero que estim&oacute; que pasar&iacute;a antes que el fabuloso velero alem&aacute;n, destroz&aacute;ndole la proa y el trinquete, terminando este embarrancado en las cercanas rocas.Sucedi&oacute; frente a las costas de Dover en 1910 y el estruendo debi&oacute; ser may&uacute;sculo, pues iba estibado con un cargamento de pianos rumbo a Argentina.
    </p><p class="article-text">
        Pero la apuesta de la Flying P-Liner era la fabricaci&oacute;n de bricbarcas de cuatro palos. Este tipo de nave, llamada tambi&eacute;n <em>bergant&iacute;n-barca</em> o simplemente <em>barca</em> surgi&oacute; a finales del siglo XVII y se caracterizaba por disponer los tres primeros palos con velas cuadras largadas desde vergas transversales respecto al eje longitudinal de la nave (de proa a popa), mientras que en el de mesana aparejaba cangreja y escandalosa. Su principal caracter&iacute;stica era la de envergar una gran superficie v&eacute;lica que favorec&iacute;a el desplazamiento de pesadas mercanc&iacute;as a trav&eacute;s de los oc&eacute;anos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la larga lista de embarcaciones de este tipo han llegado hasta nuestros d&iacute;as el <em>Pommern</em> (barco museo en Mariehamn, Finlandia), el <em>Peking</em> (barco museo en Hamburgo, Alemania), el <em>Passat</em> (barco museo en L&uuml;beck, Alemania) y el <em>Padua</em>,que es la &uacute;nica nave que sigue activa como buque escuela ruso con el nombre de <em>Kruzenshtern</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Pamir</strong>
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana del 29 de julio de 1905 resbal&oacute; por la grada, con el n&uacute;mero 180, la bricbarca de cuatro palos y 3.020 TRB denominada <em>Pamir. </em>Fue en los<em> </em>astilleros Blohm und Voss de Hamburgo siendo su madrina la se&ntilde;orita Emilie Westpahl, sobrina de uno de los socios propietarios de los astilleros, Hermann Blohm.
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a una eslora de 114,50 m y 14,14 m de manga. Su casco fue construido en acero remachado y la cubierta revestida con pino canario embreado sobre el metal. Los cuatro m&aacute;stiles fueron construidos tambi&eacute;n en acero, llegando el palo mayor a medir 51,2 m desde la cubierta. Su arboladura soportaba una superficie v&eacute;lica total de 3.800 m&sup2; repartidos en treinta y cuatro velas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su tripulaci&oacute;n la compon&iacute;an entre 28 y 35 hombres y llegaba a alcanzar los 14 nudos como velocidad m&aacute;xima.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El nitrato de Chile</strong>
    </p><p class="article-text">
        El nitrato es un abono natural de excepcionales propiedades siendo, adem&aacute;s, un componente b&aacute;sico para la fabricaci&oacute;n de explosivos. A finales del siglo XIX la extracci&oacute;n y explotaci&oacute;n del nitrato de Chile supuso una actividad sobresaliente debido a la demanda que exist&iacute;a en los campos de cultivo de la vieja Europa.
    </p><p class="article-text">
        Desde los puertos chilenos de Taltal, Iquique, Valpara&iacute;so, Talcahuano, Las Chinchas, Pisagua o Tocopilla se llegaron a exportar hasta 4 millones de toneladas al a&ntilde;o durante el &uacute;ltimo decenio del siglo. El `oro blanco&acute;, como tambi&eacute;n se denominaba al salitre chileno, se embarcaba en grandes y robustos veleros que tras pasar el Cabo de Hornos sub&iacute;an por el Atl&aacute;ntico hasta Europa, destacando el puerto de Hamburgo como principal destino. La naviera Laiesz aport&oacute; gran parte de esos vigorosos buques, ubic&aacute;ndose a la cabeza del tr&aacute;fico intercontinental.
    </p><p class="article-text">
        En el recorrido, tanto de ida como de vuelta, los veleros deb&iacute;an pasar por el temido Cabo de Hornos situado a 56&ordm; S. Los vientos que prevalecen en las latitudes por debajo de los 40&ordm; S se mueven de oeste a este alrededor del planeta ya que pr&aacute;cticamente no existe tierra con la que tropezar recibiendo este sector el nombre de los <em>cuarenta rugientes</em>, seguidos por los <em>cincuenta furiosos</em> y los a&uacute;n m&aacute;s violentos vientos de los <em>sesenta aulladores</em>. Estos vientos hacen que la mayor&iacute;a de los barcos que navegan por la zona traten de mantenerse lo m&aacute;s cerca posible de la latitud 40&ordm; S. Sin embargo, al rodear el Cabo de Hornos deben adentrarse necesariamente hasta la latitud 56&ordm; S, donde el viento puede tener consecuencias fatales para la navegaci&oacute;n ya que su intensidad se acelera debido al efecto embudo que provocan los Andes y la pen&iacute;nsula Ant&aacute;rtica encauzando las masas de vientos hacia el pasaje de Drake.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, del peligro que supone la navegaci&oacute;n por este y otros cabos como el de Buena Esperanza parece surgir la antigua y muy marinera costumbre de colgarse un zarcillo de oro en la oreja; en el caso de que una ola barriera de cubierta al infeliz tripulante y su cuerpo fuera encontrado en cualquier playa, el valor de ese zarcillo ser&iacute;a suficiente para sufragar unas dignas honras f&uacute;nebres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/santa-cruz-palma-velero-pamir-historia-recuerdo-i_129_12621307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 09:12:31 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra el odio y el olvido: los barcos no se hunden. Se honran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/odio-olvido-barcos-no-hunden-honran_129_12577196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cced7d9-e373-4f64-9e1b-6e33f01064ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra el odio y el olvido: los barcos no se hunden. Se honran"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Resulta doloroso que ahora, cuando otros pueblos sufren y escapan de la guerra, el hambre o la persecución —igual que lo hicimos los canarios—, existan voces que no solo nieguen la ayuda, sino que pidan hundir los barcos que la ofrecen</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Noticia publicada con su apresada la embarcación &#039;La Elvira&#039; en 1949."
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            <span class="title">
                Noticia publicada con su apresada la embarcación &#039;La Elvira&#039; en 1949.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En unas recientes y preocupantes declaraciones, Santiago Abascal, l&iacute;der de VOX, afirma que el barco de rescate humanitario `Open Arms&acute; debe ser hundido. Esta execrable afirmaci&oacute;n no solo es un desprop&oacute;sito cargado de crueldad, sino que representa un peligroso desprecio hacia un pilar fundamental en el desarrollo de la civilizaci&oacute;n: la navegaci&oacute;n y, por ende, la solidaridad mar&iacute;tima, adem&aacute;s de herir la memoria colectiva de muchos pueblos que, como el canario, conocen de cerca lo que significa emigrar, cruzar el mar y, en muchos casos, ser rescatados de una muerte segura.
    </p><p class="article-text">
        El barco ha sido s&iacute;mbolo de descubrimiento, de comercio, de interrelaci&oacute;n entre distintas culturas. No es solo madera o acero flotante: es una extensi&oacute;n de la innata&nbsp;necesidad humana de conquistar nuevos &aacute;mbitos, de buscar respuestas, de superar sus miedos, de unir orillas separadas por el abismo&hellip; Frente a eso, pedir el hundimiento de un barco que ha salvado miles de vidas es pedir que nos hundamos como sociedad. Es invocar la muerte sobre quienes ya huyen de la muerte. Es querer ahogar la compasi&oacute;n en alta mar.
    </p><p class="article-text">
        Desde las primeras embarcaciones de las que se tiene conocimiento, hace unos 10.000 a&ntilde;os, recordamos con admiraci&oacute;n a aquellos buques que exploraron el mundo, pero tambi&eacute;n a los que salvaron a quienes lo habitan: desde los que rescataron a refugiados jud&iacute;os durante la Segunda Guerra Mundial, hasta los que, cargados de ayuda, hoy llevan atenci&oacute;n sanitaria y alimentos a regiones devastadas por desastres naturales, guerras, o genocidios como el que estamos viviendo en Gaza. En esta &ldquo;armada hist&oacute;rica&rdquo; figura Open Arms, una organizaci&oacute;n que, guste o no a ciertos sectores &iquest;pol&iacute;ticos?, ha rescatado a hombres, mujeres y ni&ntilde;os que habr&iacute;an terminado en el fondo del mar.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias no nos lo tienen que explicar. Durante d&eacute;cadas, miles de isle&ntilde;os se vieron obligados a abandonar su tierra en busca de un futuro digno, o simplemente de un futuro. Nuestros abuelos y bisabuelos partieron en precarios barcos rumbo a Venezuela, Cuba, Uruguay o Argentina: `Tel&eacute;maco&acute;, `La Elvira&acute;, `Benahoare&acute;, `San Miguel&acute;... Eran los barcos &ldquo;fantasma&rdquo; que sal&iacute;an supuestamente a faenar y regresaban amparados en la oscuridad de la noche para embarcar en calas rec&oacute;nditas y escondidas a quienes hab&iacute;an tomado la dif&iacute;cil decisi&oacute;n de huir de la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica, de la intolerancia o de la miseria. Eran viajes desesperados; algunos naufragaron, otros fueron rescatados en alta mar. Y en todos los casos, lo que salv&oacute; vidas fue la humanidad de quien tendi&oacute; una mano, no la indiferencia ni el odio.
    </p><p class="article-text">
        Resulta doloroso que ahora, cuando otros pueblos sufren y escapan de la guerra, el hambre o la persecuci&oacute;n &mdash;igual que lo hicimos los canarios&mdash;, existan voces que no solo nieguen la ayuda, sino que pidan hundir los barcos que la ofrecen. Las palabras de Abascal no solo criminalizan a una ONG que act&uacute;a donde los Estados miran hacia otro lado; tambi&eacute;n revelan una peligrosa deshumanizaci&oacute;n del otro, del extranjero, del vulnerable. Es una ret&oacute;rica que apesta a naufragio moral.
    </p><p class="article-text">
        Ante el mensaje destructivo de VOX, debemos defender el papel de los barcos como herramientas de progreso, de cooperaci&oacute;n, de filantrop&iacute;a. Hundir un barco no solo es un acto ilegal. En este caso, ser&iacute;a adem&aacute;s un crimen contra la humanidad. Porque, en un mundo donde se alzan muros con mayor rapidez que se construyen puentes, los barcos como el `Open Arms&acute; siguen siendo atalayas de esperanza. No son negreros, como lo presentan ciertos discursos manipuladores. Son referentes de lo mejor de la condici&oacute;n humana: la capacidad de ayudar al pr&oacute;jimo cuando m&aacute;s lo necesita. Y en las costas canarias, donde el drama migratorio se vive a diario, sabemos mejor que nadie que un n&aacute;ufrago no sabe de papeles, de ideolog&iacute;as ni de fronteras. Canarias ha sido y sigue siendo puerta de entrada, tierra de tr&aacute;nsito, islas de esperanza. Lo fue para los que se fueron y para los que llegan. Y por eso, duele doblemente escuchar propuestas que recuerdan m&aacute;s a &eacute;pocas oscuras que a un proyecto supuestamente democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo dec&iacute;a Pedro Lezcano en su poema `La Maleta&acute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>Si se instalan los t&eacute;cnicos del odio</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sobre nuestras laderas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los ni&ntilde;os africanos, desvelados</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>bajo la lona de sus tiendas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mirar&aacute;n con horror las siete islas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no como siete estrellas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sino como las siete plagas b&iacute;blicas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>las siete calaveras</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>desde donde su muerte, y nuestra muerte,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>indefectiblemente se proyectan.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n puede pedir el hundimiento de un barco de rescate sabiendo que entre las vidas salvadas hay ni&ntilde;os, madres embarazadas o j&oacute;venes que solo buscan un futuro? &iquest;Qui&eacute;n puede olvidar que tambi&eacute;n nosotros fuimos esos &ldquo;sin papeles&rdquo;, esos &ldquo;que ven&iacute;an en barco&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        En lugar de sembrar odio, necesitamos m&aacute;s barcos que salven, m&aacute;s manos tendidas, m&aacute;s memoria. Porque la dignidad, como los barcos, no se hunde. Se honra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/odio-olvido-barcos-no-hunden-honran_129_12577196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Sep 2025 08:40:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra el odio y el olvido: los barcos no se hunden. Se honran]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Barco de la Virgen: entre el olvido institucional y la urgente necesidad de una fundación para su conservación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/barco-virgen-olvido-institucional-urgente-necesidad-fundacion-conservacion_129_12532510.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6feb1f85-29ca-469e-8a8a-475c0115656d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Barco de la Virgen: entre el olvido institucional y la urgente necesidad de una fundación para su conservación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Este barco, réplica simbólica de la Santa María, construido en 1940, es más que una escenografía de ocasión: es patrimonio vivo. Sin embargo, fuera del periodo lustral, permanece prácticamente olvidado, mal conservado y con escaso mantenimiento. No existe un plan público de restauración periódica, lo cual representa una falta de visión y compromiso</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Barco de la Virgen de Santa Cruz de La Palma.                            </span>
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        Pocos s&iacute;mbolos en Santa Cruz de La Palma gozan de tanta carga hist&oacute;rica, cultural y emocional como el Barco de la Virgen. Surcando generaciones de memoria colectiva, es emblema indiscutible de las Fiestas Lustrales y pieza central de uno de los n&uacute;meros m&aacute;s esperados de la Bajada: el Di&aacute;logo entre el Castillo y la Nave. Sin embargo, su estado de conservaci&oacute;n refleja no solo el paso del tiempo, sino algo a&uacute;n m&aacute;s grave: la dejadez de las instituciones p&uacute;blicas que deber&iacute;an velar por su conservaci&oacute;n y puesta en valor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De orgullo patrimonial a vestigio abandonado</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este barco, r&eacute;plica simb&oacute;lica de la <em>Santa Mar&iacute;a</em>, construido en 1940, es m&aacute;s que una escenograf&iacute;a de ocasi&oacute;n: es patrimonio vivo. Sin embargo, fuera del periodo lustral, permanece pr&aacute;cticamente olvidado, mal conservado y con escaso mantenimiento. No existe un plan p&uacute;blico de restauraci&oacute;n peri&oacute;dica, lo cual representa una falta de visi&oacute;n y compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Las instituciones, tanto locales como insulares, parecen recordar su existencia &uacute;nicamente durante la Bajada de la Virgen, cuando los focos se encienden y las calles se llenan. El resto del tiempo lo ignoran. Es una actitud inaceptable hacia uno de los elementos m&aacute;s representativos de nuestra identidad. Lo que deber&iacute;a ser un s&iacute;mbolo cuidado con esmero durante todo el a&ntilde;o, reposa olvidado, como si su valor solo existiera cada cinco a&ntilde;os. Es doloroso &mdash;indignante, incluso&mdash; ver c&oacute;mo la administraci&oacute;n mira hacia otro lado, incapaz de entender lo que este barco significa para los palmeros y palmeras. El Barco de la Virgen es del pueblo. Es de cada ni&ntilde;o que alguna vez so&ntilde;&oacute; con subirse a &eacute;l, de cada mayor que se emociona al verlo emprender su viaje lustral, de cada emigrante que lo recuerda con l&aacute;grimas desde lejos. Es historia viva, y la estamos dejando caer a cachos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una propuesta urgente: creaci&oacute;n de una Fundaci&oacute;n del Barco de la Virgen</strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta dejadez, la ciudadan&iacute;a y las asociaciones culturales deber&iacute;an impulsar una respuesta firme: la creaci&oacute;n de una fundaci&oacute;n para la conservaci&oacute;n y promoci&oacute;n del Barco de la Virgen, donde tengan cabida la administraci&oacute;n p&uacute;blica y la sociedad civil.
    </p><p class="article-text">
        Una entidad que no solo se encargue de su conservaci&oacute;n f&iacute;sica, sino tambi&eacute;n de darle vida durante todo el a&ntilde;o. Que lo muestre, lo comparta, lo haga navegar por la historia, por la educaci&oacute;n, por la cultura. Una entidad que contemple, entre sus objetivos:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Garantizar el mantenimiento continuo del barco mediante un equipo t&eacute;cnico especializado.</li>
                                    <li>Recaudar fondos a trav&eacute;s de donaciones, subvenciones, colaboraciones privadas y <em>merchandising</em> que repercutan en su conservaci&oacute;n y mantenimiento.</li>
                                    <li>Promover y coordinar una tripulaci&oacute;n de recreaci&oacute;n hist&oacute;rica que, en fechas clave como las festividades de la Cruz, del Carmen, de Las Nieves, el D&iacute;a del Corsario, etc., ejecute maniobras que mantengan activo su aparejo y velamen, d&aacute;ndole, adem&aacute;s, una presencia m&aacute;s constante en la vida de la ciudad.</li>
                                    <li>Coordinar con el concesionario del Museo Naval el contenido educativo e hist&oacute;rico que acerque a residentes y visitantes la importancia del barco y su contexto, as&iacute; como impulsar talleres y actividades escolares, fomentando el conocimiento y orgullo por el patrimonio local desde edades tempranas.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, abrir la gesti&oacute;n a la participaci&oacute;n ciudadana garantiza transparencia, implicaci&oacute;n emocional y una visi&oacute;n m&aacute;s amplia que la meramente administrativa. Existen varios ejemplos donde la sociedad civil y las administraciones p&uacute;blicas trabajan conjuntamente para preservar el patrimonio: la Fundaci&oacute;n Corre&iacute;llo La Palma tiene como objeto promover, dise&ntilde;ar y dirigir la restauraci&oacute;n, as&iacute; como gestionar el buen uso del buque <em>La Palma</em>; la Stiftung Passat, una fundaci&oacute;n de L&uuml;beck (Alemania), es otro ejemplo de trabajo conjunto para preservar el buque <em>Passat</em> (gemelo del <em>Pamir</em>) como monumento a la historia de la navegaci&oacute;n, manteniendo y transmitiendo los conocimientos y la memoria de la &eacute;poca de los &uacute;ltimos grandes veleros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Santa Cruz de La Palma merece respeto por su historia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es hora de dejar de tratar nuestros emblemas culturales como decorado de ocasi&oacute;n. El Barco de la Virgen no es un simple objeto festivo. Es historia, arte, tradici&oacute;n y, sobre todo, identidad. Si las instituciones p&uacute;blicas no est&aacute;n dispuestas a asumir su deber de conservarlo, corresponde a la sociedad civil exigirlo y tomar la iniciativa.
    </p><p class="article-text">
        No podemos permitir que, por negligencia, desinter&eacute;s o burocracia, este s&iacute;mbolo acabe por deteriorarse hasta quedar irreconocible. La conservaci&oacute;n del Barco de la Virgen no es un lujo: es una obligaci&oacute;n moral con nuestra historia y con las futuras generaciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/barco-virgen-olvido-institucional-urgente-necesidad-fundacion-conservacion_129_12532510.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Aug 2025 11:45:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Barco de la Virgen: entre el olvido institucional y la urgente necesidad de una fundación para su conservación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves  (y VII)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-vii_129_12422993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6950b2c-6466-4fff-8bd8-3b4392729813_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves  (y VII)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hasta 1974, las regatas que se celebraban en las islas establecían su clasificación según el tiempo real de llegada a meta. Esto suponía que, en igualdad de condiciones, algunos barcos no tenían nada que hacer ante otros debido las evidentes diferencias entre las esloras y prestaciones de cada uno. El sistema de tiempos compensados se aplicó a la Regata Lustral en la edición de 1975 cuando se creó, por primera vez, un Comité de Regatas compuesto por Javier Gorostiza Trujillo, Ignacio Pérez-Galdós de la Torre y José Feliciano Reyes
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La Regata Lustral.                            </span>
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        <strong>La Regata Lustral</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Presencia palmera</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta 1974, las regatas que se celebraban en las islas establec&iacute;an su clasificaci&oacute;n seg&uacute;n el tiempo real de llegada a meta. Esto supon&iacute;a que, en igualdad de condiciones, algunos barcos no ten&iacute;an nada que hacer ante otros debido las evidentes diferencias entre las esloras y prestaciones de cada uno. El sistema de tiempos compensados se aplic&oacute; a la Regata Lustral en la edici&oacute;n de 1975 cuando se cre&oacute;, por primera vez, un Comit&eacute; de Regatas compuesto por Javier Gorostiza Trujillo, Ignacio P&eacute;rez-Gald&oacute;s de la Torre y Jos&eacute; Feliciano Reyes.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o aparecen nuevas embarcaciones cuya incorporaci&oacute;n supondr&aacute; un remozamiento de la vieja flota canaria. Estas nuevas unidades ir&aacute;n sustituyendo a los barcos de madera, construidos en muchos casos en las propias islas. La aplicaci&oacute;n de modernos sistemas de fabricaci&oacute;n, que incluyen el empleo de novedosos materiales como la fibra de vidrio, supone que los nuevos miembros de la &ldquo;armada&rdquo; canaria presuman de otro tipo de l&iacute;neas, maniobras m&aacute;s ligeras y unos vel&aacute;menes que permiten competir con mayor comodidad y rapidez.
    </p><p class="article-text">
        En esta edici&oacute;n participa, a bordo del barco grancanario `Marisel&acute;, Armando Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez siendo, por tanto, el primer palmero en competir en la regata. El mismo Armando se encargar&iacute;a en posteriores ediciones de tomar los tiempos de llegada de los participantes para lo cual empleaba un reloj de los usados en colombofilia, ya que este tipo de reloj emite un ticket con la hora exacta.  
    </p><p class="article-text">
        En 1980 se producir&aacute; la primera participaci&oacute;n de una embarcaci&oacute;n palmera. Se trata del `Cruz del Sur&acute;, un barco cuyo propietario era Arnoldo Bienes D&iacute;az quien, acompa&ntilde;ado por su hermano Gregorio, por Armando Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez y por Francisco P&eacute;rez Garc&iacute;a, lograron que la isla se viera representada en la prueba al cumplir 20 a&ntilde;os de su primera edici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El `Cruz del Sur&acute; era un barco fabricado por el astillero sueco Markant, concretamente el modelo de 31 pies de eslora (9.40 metros). Este barco se encontraba de paso por Canarias y tuvo la mala fortuna hundirse en la playa de Puerto Naos, tal y como recuerda Gregorio Bienes. Su hermano Arnoldo compr&oacute; el barco y se encarg&oacute; de las tareas de rescate para lo que utilizaron una pala mec&aacute;nica. Tras realizar los trabajos de puesta a flote, reparaci&oacute;n de los da&ntilde;os producidos en el casco y cambio del motor, es abanderado en Espa&ntilde;a en 1978. A partir de ese a&ntilde;o los hermanos Bienes D&iacute;az comienzan a realizar traves&iacute;as entre las islas anim&aacute;ndose a participar en la Regata Lustral, como ya se ha expuesto.
    </p><p class="article-text">
        Gregorio Bienes nos aporta un breve relato de aquella primera regata:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;No tuvimos buena fortuna en esta primera participaci&oacute;n ya que cuando nos hall&aacute;bamos a la altura de la Mancha Blanca, en Anaga, vimos como la cruceta de sotavento perd&iacute;a su pasador. Ello nos oblig&oacute; a abandonar la regata y regresar a la d&aacute;rsena pesquera de Santa Cruz de Tenerife para reparar la aver&iacute;a, reemprendiendo el viaje a eso de medianoche. Esta aver&iacute;a nos salv&oacute; del farolillo rojo, ya que, entre otras cosas, aparte de la inexperiencia, llev&aacute;bamos a proa un tanque de agua de 100 litros totalmente lleno&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En 1983 Arnoldo Bienes adquiere el `Libertad&acute;, un Atlas 1000, dise&ntilde;o de Javier Soler y fabricado por los astilleros Prodisenny en Barcelona con el que participar&aacute;n en la siguiente edici&oacute;n de la prueba (1985), logrando un meritorio d&eacute;cimo lugar. Finalmente, en la edici&oacute;n del a&ntilde;o 2000 Gregorio Bienes se har&iacute;a con el Campeonato en la clase familiar, siendo la primera vez que un barco de La Palma obtiene el triunfo en la Lustral.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Curiosidades</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la edici&oacute;n de 1980 la prueba fue, por primera vez, puntuable para el Campeonato de Espa&ntilde;a de Balandros de Crucero. A partir de la siguiente edici&oacute;n se incorpor&oacute; un tri&aacute;ngulo ol&iacute;mpico frente a la costa de Santa Cruz de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        En 1995 y 2000 se incorpora a la organizaci&oacute;n, junto al Real Club N&aacute;utico de Tenerife, el Club Mar&iacute;timo Almirante D&iacute;az Pimienta de La Palma. En 2005 el Real Club N&aacute;utico de Santa Cruz de La Palma afront&oacute; por vez primera su organizaci&oacute;n de forma &iacute;ntegra. En esa ocasi&oacute;n, S.A.R. la Princesa Alexia de Grecia, residente en Lanzarote y gran amante del deporte de la vela, presidi&oacute; el Comit&eacute; de Honor de la prueba.
    </p><p class="article-text">
        La mayor participaci&oacute;n se registr&oacute; en 2015 con un total de 47 embarcaciones inscritas. En esa edici&oacute;n, al objeto de hacer m&aacute;s vistosa la competici&oacute;n, se incorpor&oacute; al recorrido una baliza frente a la nueva playa de Santa Cruz de La Palma que las embarcaciones deb&iacute;an &ldquo;montar&rdquo; antes de enfilar hacia la tradicional l&iacute;nea de llegada ubicada en la punta del muelle.
    </p><p class="article-text">
        El barco m&aacute;s laureado ha sido el `Tirma&acute; con tres victorias, mientras que el conejero Alfredo Morales Armas ha sido el &uacute;nico patr&oacute;n que ha logrado dos victorias, en 1975 y 1980.
    </p><p class="article-text">
        En 2015 particip&oacute;, a bordo del `Danino&acute;, Bernardino Navarro Pereyra, quien fuera ganador de la primera regata en 1960 a bordo del legendario `Tirma&acute;. Ese mismo a&ntilde;o participaron en el `Rogue Wave&acute; el regatista de mayor edad y el m&aacute;s joven, Jorge Cantero y su nieto Alejandro Cantero, de 86 y 12 a&ntilde;os, respectivamente. Jorge Cantero fue uno de los m&iacute;ticos patrones del `Tirma&acute;, llegando a ganar la Regata de San Gin&eacute;s en 1954, y habiendo participado en varias ediciones de la Lustral.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anecdotario</strong>
    </p><p class="article-text">
        Recordaba Manuel Jord&aacute;n, patr&oacute;n del `Sorondongo&acute; en 1975: &ldquo;al regresar hacia Lanzarote tras las consabidas celebraciones y parrandas, aunque entramos los &uacute;ltimos, me encontr&eacute; con que la noche anterior a la partida hab&iacute;an embarcado a un poliz&oacute;n, tinerfe&ntilde;o para m&aacute;s se&ntilde;as, en estado de embriaguez para hacerle la pu&ntilde;eta, pues estaba en La Palma celebrando su despedida de soltero. Por razones obvias, no voy a reproducir las primeras declaraciones del sufrido e involuntario navegante al recuperar el sentido en mitad de camino entre La Palma y Lanzarote&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1980, los tripulantes del primer barco en aproximarse a Santa Cruz de La Palma, que hab&iacute;a ido en cabeza de la flota desde Anaga, se llevaron un gran susto cuando observaron frente al puerto de la capital palmera un barco con una vela roja; lo primero que pensaron fue que a lo largo de la noche alguno de los dem&aacute;s participantes les hab&iacute;a pasado y estaba entrando en meta con el &ldquo;spinnaker&rdquo;, pues esta vela suele ser de colores. Al llegar comprobaron que se trataba del catamar&aacute;n `Junonia&acute; de Jos&eacute; Feliciano, quien iba a recibir a los participantes en la regata.      
    </p><p class="article-text">
        Miguel Aranaz de la Cuesta era uno de los j&oacute;venes tripulantes del `Aracu II&acute;, barco propiedad de su padre, Carmelo Aranaz Rodr&iacute;guez y que normalmente patroneaba su t&iacute;o Manuel de la Cuesta Rodr&iacute;guez. Recuerda Miguel, quien particip&oacute; en tres ediciones de esta regata, que, al preparar el viaje de regreso a Tenerife, los m&aacute;s j&oacute;venes de la tripulaci&oacute;n preguntaron si iban a poner el piloto autom&aacute;tico, a lo que fueron respondidos con un &ldquo;claro que s&iacute;, el piloto autom&aacute;tico son ustedes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda Eduardo Olmos Aguilar, patr&oacute;n del &ldquo;Duende&rdquo; que en 1985 &ldquo;llegamos tan temprano que no estaba montada la l&iacute;nea de llegada. El Juez de llegada dijo que hab&iacute;a tomado la hora desde un apartamento que ten&iacute;a cerca del Puerto. Por supuesto, entre la hora que &eacute;l tom&oacute; y la m&iacute;a hab&iacute;a casi veinte minutos de diferencia. Me dieron el segundo puesto. El que gan&oacute;, mi buen amigo Carlos Albrecht, lleg&oacute; como media hora m&aacute;s tarde, pero a pesar de mis protestas no hubo nada que hacer. En mi larga historia de participaciones en regatas ha sido la primera y &uacute;nica vez que me dieron la llegada de una prueba importante desde el balc&oacute;n de un apartamento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hab&iacute;a ocurrido en realidad es que a pocas millas de Santa Cruz de La Palma el `Magie II&acute; y el `Margara&acute; se disputaban el primer puesto en una re&ntilde;ida bolina con sus tripulaciones a la banda cuando, al acercarse a la l&iacute;nea de llegada establecida entre la punta del muelle y un baliza colocada perpendicularmente a unos trescientos metros, observaron estupefactos como un pesquero llamado `Paco&acute;, que pasaba por all&iacute;, recogi&oacute; la boya con su m&aacute;stil y bandera azul, y continu&oacute; su camino hacia el sur de la isla. Finalmente se tuvo que improvisar una l&iacute;nea imaginaria de llegada dentro del puerto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Copita</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al mediod&iacute;a el viento estaba lo suficientemente entablado como para que, seg&uacute;n se diera la salida, los balandros navegaran en demanda de la Punta de Anaga a buen ritmo. A medida que se acercaban al pe&ntilde;&oacute;n de Antequera, muchos de ellos navegaban incluso con las velas rizadas debido a la fuerte intensidad, como en el caso del `Jipia&acute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tras rebasar los Roques de Anaga, el viento fue amainando hasta que, a pocas millas de la llegada, se encontraron en medio de una balsa de aceite, pues tal era el &ldquo;calmer&iacute;o&rdquo; reinante. Tras varias horas de desesperaci&oacute;n, algunos miembros de la tripulaci&oacute;n comenzaron a sopesar la idea de arrancar el motor y llegar de una vez a La Palma, lo cual significaba la descalificaci&oacute;n autom&aacute;tica y una l&aacute;stima, pues ten&iacute;an ciertas opciones de lograr un buen puesto.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El patr&oacute;n, sin embargo, aleg&oacute;:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Vamos a aguantarnos un poco, que en la posici&oacute;n en la que estamos a lo mejor nos dan una copita.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>R&aacute;pidamente fue respondido por un tripulante, hombre avezado en el sano parrandeo, que sentenci&oacute;:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;&iquest;Y para una copita vinimos a La Palma?</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-vii_129_12422993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jun 2025 15:50:19 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (VI)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-vi_129_12415772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e6b7bca-8660-45b7-a675-9b18bbdd9070_16-9-discover-aspect-ratio_default_1120582.jpg" width="985" height="554" alt="La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (VI)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1970, la regata lustral, que celebra su tercera edición y diez años de existencia, se ha hecho un hueco entre las competiciones de las islas, despertando el interés más allá del ámbito estrictamente náutico y deportivo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Regata lustral. Foto: Tristán Pimienta                            </span>
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        <strong>La Regata Lustral</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Proyecci&oacute;n exterior</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 1970, la regata, que celebra su tercera edici&oacute;n y diez a&ntilde;os de existencia, se ha hecho un hueco entre las competiciones de las islas, despertando el inter&eacute;s m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito estrictamente n&aacute;utico y deportivo. Tanto es as&iacute;, que el director del semanario Sansof&eacute;, Carlos de Yrissarri Galwey, encarga al joven periodista &Aacute;ngel Trist&aacute;n Pimienta que realice un reportaje sobre la prueba dada su condici&oacute;n de socio del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria.
    </p><p class="article-text">
        Trist&aacute;n Pimienta se embarc&oacute; en la balandra `Gran Canaria&acute;, al mando de Rafael del Castillo Morales, iniciando con esta traves&iacute;a una &eacute;poca que define como maravillosa: <em>&ldquo;Mi verdadero descubrimiento del mar. Compart&iacute; a tope las dos pasiones de mi vida: el periodismo y la n&aacute;utica deportiva&rdquo;</em>.   
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de Trist&aacute;n Pimienta, que ser&aacute; una de las primeras cr&oacute;nicas de una regata de este tipo que se realiza en Espa&ntilde;a, se une a los esfuerzos realizados por Ventura Quevedo Navarro en sus frecuentes art&iacute;culos period&iacute;sticos en aras de promocionar el deporte de la vela en Canarias. &Aacute;ngel Trist&aacute;n Pimienta, periodista y escritor, es Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria, posee la Cruz del M&eacute;rito Naval y la Encomienda de la Orden del M&eacute;rito Civil, entre otros muchos reconocimientos.
    </p><p class="article-text">
        Reportaje publicado en el n&uacute;mero 21 del semanario Sansof&eacute; el 1 de julio de 1970 en Las Palmas de Gran Canaria:
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>A toda vela</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Desde el d&iacute;a 16, los veleros de traves&iacute;a comenzaron a abandonar las tranquilas aguas del Puerto de la Luz y se adentraron en el mar, rumbo a Tenerife. A las diez de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente las dos &uacute;ltimas embarcaciones, el `Tirma&acute; y la balandra `Gran Canaria&acute;, dejaban tambi&eacute;n tras de s&iacute; las quietas aguas del fondeadero del Real Club N&aacute;utico. Era este el comienzo de la regata que se viene celebrando con ocasi&oacute;n de las fiestas lustrales de Santa Cruz de La Palma.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al poco rato ya el `Tirma&acute; saca considerable ventaja a la &ldquo;Gran Canaria&rdquo;, que en tiempos fue propiedad del Ej&eacute;rcito del Aire, y ahora lo es del Real Club N&aacute;utico de aqu&iacute;. La bella estampa estilizada del `Tirma&acute;, estilizada como un delf&iacute;n, no tarda mucho en perderse en el horizonte en direcci&oacute;n Noroeste. La balandra, algo m&aacute;s peque&ntilde;a, con m&aacute;s manga, menos estilizada, con dos palos, no es tan veloz, aunque al decir de los entendidos es algo m&aacute;s c&oacute;moda que el veterano, que el viejo `Tirma&acute;, m&aacute;s viejo a&uacute;n que su propio due&ntilde;o, el Real Club N&aacute;utico.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vamos nosotros en la balandra, una embarcaci&oacute;n que parece no tener demasiada suerte. Todos piensan que siempre ha de llegar la &uacute;ltima a la meta, aunque a veces da la sorpresa y se coloca en un honroso tercer, cuarto o quinto lugar. Sin embargo, no esperamos demasiado de la vieja balandra y de la, por el contrario, joven y casi barbilampi&ntilde;a tripulaci&oacute;n. Los mismos entendidos, los &aacute;rbitros en tierra de todas las competiciones clamaban al cielo por la osad&iacute;a de llevar gente tan joven en la embarcaci&oacute;n. Uno, mientras el velero va surcando las aguas, piensa en todo esto, y un cierto miedo, una cierta indefinible sensaci&oacute;n te hace pensar que, a lo mejor, o a lo peor, te has embarcado en una aventura. Atr&aacute;s va quedando la ciudad, los buques fondeados en la bah&iacute;a, la punta del muelle grande, el esqueleto del nuevo dique... atr&aacute;s van quedando tambi&eacute;n las aguas mansas y el mar no es ya el mismo. La balandra se mece, a veces violentamente, y se escora de una forma que a uno, profano cien por cien le parece que va a trabucarse. Pronto la Isleta queda en el horizonte, a nuestra popa, y frente, por la proa de la balandra el mar, y diez, doce, qui&eacute;n sabe cu&aacute;ntas horas de traves&iacute;a. Pero para mayor comprensi&oacute;n prefiero transcribir las hojas de mi block.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El primer d&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todav&iacute;a no me lo explico. Ignoro si fueron las dos copas de m&aacute;s que me tom&eacute; en una fiesta, ignoro si fue la impremeditaci&oacute;n, o el deseo de vivir lo que, en los primeros momentos, me pareci&oacute; una aventura o una experiencia interesante. No s&eacute; todav&iacute;a la causa de que una noche le pidiera a Rafael del Castillo que me apuntase como tripulante en la balandra. Y ahora que lo pienso, cuando estoy en Tenerife, despu&eacute;s de ocho horas de viaje, no me arrepiento. Cierto es que pasamos malos ratos, como por ejemplo bordeando la Isleta, en Gran Canaria, o cuando penetramos en &ldquo;la mancha&rdquo; poco antes de llegar a Tenerife. Pero el sabor completo ha sido positivo. La experiencia me ha descubierto una afici&oacute;n, un deporte, que desconoc&iacute;a. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me parece que fue hace media hora cuando nos encontr&aacute;bamos en los salones del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria los tripulantes de la `Gran Canaria&acute;: Rafael del Castillo, Jorge P&eacute;rez Chac&oacute;n, Fernando de B&egrave;thencourt, V&iacute;ctor Rivero y un servidor. Me parece que fue hace media hora cuando comenzamos a envergar el velero, con la inestimable ayuda de Agust&iacute;n, el marinero. Me parece que fue hace media hora - y ya han pasado diez o doce- cuando borde&aacute;bamos la Isleta rumbo a esta isla de Tenerife.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La tripulaci&oacute;n, a pesar de lo joven, a pesar de los augurios pesimistas de los entendidos, parece que ha salido buena. Desde el principio todos hacen de todo y se mueven con gran naturalidad dentro de la &ldquo;ba&ntilde;era&rdquo;. Rafael del Castillo, patr&oacute;n de la balandra, lleva el tim&oacute;n en estos primeros momentos Luego, algo m&aacute;s tarde, Agust&iacute;n, el marinero, empu&ntilde;a la ca&ntilde;a... y le sigue V&iacute;ctor Rivero, Fernando de B&egrave;thencourth y el m&aacute;s abajo firmante.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Rafael del Castillo me ha comprendido desde los primeros momentos. Ve que me mata la inactividad y poco a poco me va explicando lo que es y c&oacute;mo se manipula con las escotas, como se hace un nudo y de qu&eacute; forma hay que llevar el rumbo con el comp&aacute;s, o fijando la vista en puntos de referencia.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A las pocas horas de navegaci&oacute;n vemos aparecer en el horizonte la inconfundible silueta del remolcador de la Armada RA-5 que nos servir&aacute; de buque escolta durante toda la traves&iacute;a. Cuando se acerca m&aacute;s Rafael del Castillo abre el &ldquo;radioemisor&rdquo; y entra en contacto con Ignacio P&eacute;rez Gald&oacute;s que sigue desde el RA-5 todas las incidencias de la regata.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;RA-5, RA-5, aqu&iacute; la balandra Gran Canaria, aqu&iacute; la balandra Gran Canaria&rdquo;. &ndash;&ldquo;Balandra Gran Canaria, aqu&iacute; RA-5, se os ve bien, naveg&aacute;is, bien...&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Es un consuelo tener un buque mayor y m&aacute;s seguro que nos vigile. Pienso que es como una nodriza, como una gallina cuidando a sus polluelos. Uno se siente m&aacute;s tranquilo, m&aacute;s seguro, y la voz que nos llega por las ondas nos infunde confianza y nos da la seguridad de que todo marcha bien. Pronto el remolcador nos abandona para alcanzar al `Tirma&acute; que ya tan s&oacute;lo es un trazo en el horizonte. Nos quedamos solos de nuevo, rodeados de mar, de un mar que por trozos se cuela dentro de la balandra y nos empapa, y empapa los v&iacute;veres, y la ropa y los colchones. Abro el plan y lo veo lleno de agua, pienso: &ldquo;Dios, esto se hunde&rdquo; pero la gente me dice que no es nada, que tengo que ver cuando entra agua de verdad. Pronto la mano se acostumbra a mover la palanca de la bomba de achique y la manguera, asomada a la borda, va dejando una estela tras la balandra.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y no hay forma humana de impedir que entre agua; con la bolina se escora la &ldquo;Gran Canaria&rdquo; y entra a raudales en la tina, y en el tambucho... y se calas en nuestros cuerpos. Venga de nuevo a darle a la dichosa palanca y a intentar descansar un rato. Pero no hay quien pueda entre tanta humedad que te cala huesos adentro. Buscamos la ropa de agua, de pl&aacute;stico, para evitar las rociadas que vienen de proa, cuando partimos el agua. Con la ropa de agua intentamos un sue&ntilde;o que luego, cuando amaina el trabajo, y ya con mejor mar seguimos en la ba&ntilde;era.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A las ocho llegamos a Santa Cruz, aunque desde dos horas antes, o quiz&aacute; m&aacute;s, ve&iacute;amos las luces de la capital tinerfe&ntilde;a.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Rafael del Castillo llama a los pr&aacute;cticos del puerto de Santa Cruz por el &ldquo;radioemisor&rdquo; y pide que avisen al N&aacute;utico para que nos env&iacute;en un bote que nos se&ntilde;ale la boya. Cuando llegamos vemos fondeados al `Tirma&acute;, al `Gaviota II&acute;, al trimar&aacute;n `Atlantis&acute; y al `Dalia&acute;, que hab&iacute;an salido horas antes que nosotros.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Desembarcamos y nadie nos esperaba, a pesar de que la regata hab&iacute;a sido organizada por el N&aacute;utico de Tenerife. Aqu&iacute; s&iacute; que nos llevamos una desilusi&oacute;n.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Poco despu&eacute;s salimos hacia la residencia. Ducha de rigor, buena cena y a la cama. Ma&ntilde;ana a las diez es la salida para Santa Cruz de La Palma y conviene estar descansados.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El segundo d&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A las diez de la ma&ntilde;ana, como estaba previsto, se da la salida para Santa Cruz de La Palma. Es aqu&iacute; cuando, en verdad, comienza la regata, la competici&oacute;n, El `Gaviota II&acute; se queda en Tenerife; contin&uacute;an el `Dalia&acute;, el `Tirma&acute; y la `Gran Canaria&acute; que van emparejados hasta abandonar la bah&iacute;a santacrucera. El trimar&aacute;n `Atlantis&acute; no sale todav&iacute;a. Nos inquietamos. Alguien de nosotros cree que es posible que alg&uacute;n tripulante se haya demorado. En La Palma se nos confirmar&aacute; este punto.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Los Roques de Anaga, la zona m&aacute;s temida, por la mar y por las calmas, se acercan. El `Tirma&acute; pasa lejos, la balandra se adentra e intenta cruzar entre los roques, casi pegada a la costa. Algo m&aacute;s tarde el trimar&aacute;n efect&uacute;a un repiquete para hacer lo mismo. Pronto nos separamos las tres embarcaciones y s&oacute;lo vemos en el horizonte, los m&aacute;stiles de las embarcaciones.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vuelven las horas de mar y la primera noche en traves&iacute;a. De vez en cuando pasa el remolcador a nuestro lado para regresar ya definitivamente y hacernos compa&ntilde;&iacute;a junto a las estrellas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hace fr&iacute;o, el aire del mar se cuela hasta los huesos, y el agua. Vuelve a funcionar la bomba de achique... algunos duermen mientras otros velan. Por la ma&ntilde;ana, mejor, desde la madrugada, vemos las luces de Santa Cruz de La Palma. As&iacute; horas y horas, como si no camin&aacute;ramos, como si las luces de la ciudad retrocediesen a nuestra llegada. En el Puerto est&aacute;n fondeados el `Dalia&acute;, el `Tirrna&acute; y el `Atlantis&acute;. Se ha cumplido el pron&oacute;stico: hemos llegado los &uacute;ltimos.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Comenzamos en tierra tres d&iacute;as de asueto, alojados en el Parador Nacional. Por la noche, en las instalaciones deportivas del Real Club N&aacute;utico palmero tiene lugar la entrega de trofeos; a la ma&ntilde;ana siguiente vamos de excursi&oacute;n y por la noche a la presentaci&oacute;n en sociedad de unas j&oacute;venes palmeras; a la ma&ntilde;ana siguiente es la romer&iacute;a y por la noche un baile en el N&aacute;utico. Agasajo tras agasajo. Que diferente acogida a la de Santa Cruz de Tenerife...</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vuelta y&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De nuevo, una vez m&aacute;s, se fija la hora de salida a las diez de la ma&ntilde;ana. Pero primero hay que comprar v&iacute;veres y todo eso. A las nueve todos estamos a bordo, preparando las cosas, poniendo a punto el velero.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hay dificultades. Tanto el `Tirma&acute;, como el `Atlantis&acute; y nosotros tropezamos con inconvenientes a la hora de levar anclas. La operaci&oacute;n se hace complicada durante unos minutos... hasta que poco a poco se hinchan las velas y nos dirigimos a la punta del muelle. De repente el trimar&aacute;n se nos echa encima; cuatro metros, tres, dos, uno... y plan, el tortazo. Uno de los patines nos ha dado en la popa.            </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al principio nos asustamos, pero no ha sido nada grave. Todo se resuelve y los dos continuamos camino. All&aacute; enfrente, como de costumbre, el `Tirma&acute; comienza a hacerse un puntito en el horizonte. El trimar&aacute;n sigue rumbo a sotavento, y nosotros a barlovento remontamos hacia el norte. Pronto, al cabo de unas horas, perdemos de vista al `Atlantis&acute; y s&oacute;lo vemos en la lejan&iacute;a las velas del `Tirma&acute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Antes de la salida el parte meteorol&oacute;gico, y la misma visi&oacute;n del mar, auguraban dificultades. Tal es as&iacute; que el `Tirma&acute; sale con dos fajas de rizo y nosotros, en la balandra, arriamos la mesana. Al poco tiempo, sin embargo, se calma la cosa, y ya el viaje es m&aacute;s tranquilo. Todos intercambiamos impresiones sobre los d&iacute;as pasados en La Palma y nos damos cuenta de que incluso uno de nosotros parece ser que ha encontrado su &ldquo;media naranja&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La traves&iacute;a de vuelta es tranquila, los que antes no dorm&iacute;an caen ahora rendidos por el cansancio y las literas, aunque mojadas, est&aacute;n muy solicitadas. Pero queda el remedio de dormir en la &ldquo;ba&ntilde;era&rdquo;, a la luz de las estrellas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Llega la madrugada, sale el sol por el horizonte... pasan las horas sin ver el remolcador..., llega la ma&ntilde;ana y divisamos la inconfundible silueta de la Isleta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A las tres de la tarde, a las tres en punto de la tarde, estamos fondeados frente al N&aacute;utico. Vemos al `Dalia&acute;, que hab&iacute;a regresado un d&iacute;a antes, y al `Tirma&acute; ... esta vez hemos llegado los segundos. El trimar&aacute;n no llega hasta las seis de la tarde, hace tres repiquetes y fondea.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todo ha terminado. Bueno, todo no, uno era novato... ahora espera la llegada de San Gin&eacute;s, la nueva regata, las nuevas horas en la mar. As&iacute; es la vida, que no todo ha de ser f&uacute;tbol y toros, digo yo.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-vi_129_12415772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Jun 2025 08:28:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (VI)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (V)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-v_129_12397603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1625f57a-205b-46d6-bb19-a4c5340608fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (V)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - La Regata Lustral unía los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma cubriendo una distancia de unas 110 millas náuticas, lo que equivale a poco más de 200 kilómetros. En las primeras ediciones la salida se daba en horas del mediodía debido a que el viento a esa hora ya se encuentra por lo general 'entablado'</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Balandros&#039;, &#039;Tirma&#039; y &#039;Aldabe&#039;.                            </span>
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        <strong>La Regata Lustral</strong>
    </p><p class="article-text">
        La navegaci&oacute;n a vela con fines recreativos comenz&oacute; en Holanda en el siglo XVI gracias a sus condiciones geogr&aacute;ficas y culturales. El t&eacute;rmino &ldquo;yachting&rdquo; proviene del neerland&eacute;s &ldquo;jacht schip&rdquo;, que significa embarcaci&oacute;n ligera y r&aacute;pida. Esta afici&oacute;n se extendi&oacute; a Inglaterra cuando Carlos II regres&oacute; de su exilio en un yate holand&eacute;s, lo que despert&oacute; el inter&eacute;s brit&aacute;nico. En 1720 se fund&oacute; en Irlanda el primer club n&aacute;utico, el Cork Water Club, que combinaba actividades sociales y n&aacute;uticas. Durante el siglo XIX, los clubes n&aacute;uticos se expandieron por Europa y Am&eacute;rica, pasando de ser exclusivos a m&aacute;s accesibles para distintas clases sociales.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, los deportes n&aacute;uticos como la vela y el remo surgieron tras la Primera Rep&uacute;blica, impulsados por la mejora de las infraestructuras portuarias. En Canarias, pese a las condiciones adversas, el desarrollo portuario a finales del siglo XIX permiti&oacute; la creaci&oacute;n de los primeros clubes n&aacute;uticos en Tenerife, La Palma, Gran Canaria y Lanzarote. Adem&aacute;s de las infraestructuras, influy&oacute; el deseo de recuperar la antigua hegemon&iacute;a mar&iacute;tima espa&ntilde;ola, perdida especialmente tras el desastre de 1898. Tambi&eacute;n comenz&oacute; a desarrollarse una incipiente cultura del deporte n&aacute;utico, aunque con menor fuerza que en pa&iacute;ses como Francia o Inglaterra.	
    </p><p class="article-text">
        La primera prueba n&aacute;utica que podemos denominar regata de altura en Canarias fue la que se celebr&oacute; entre las islas de Tenerife y Gran Canaria el 9 de mayo de 1909. Fue organizada por el Real Club Tinerfe&ntilde;o con motivo de la inauguraci&oacute;n del edificio social del reci&eacute;n constituido Club N&aacute;utico de Gran Canaria (1908). Es a mitad de siglo cuando estas regatas ampl&iacute;an su &aacute;mbito incluyendo a la isla de Lanzarote por medio de la Regata de San Gin&eacute;s de la que surgi&oacute;, como veremos a continuaci&oacute;n la Regata Lustral. El origen de la regata de San Gin&eacute;s pude consultarse en la monograf&iacute;a <em>`Del Casino al Real Club N&aacute;utico de Arrecife: 170 a&ntilde;os de historia&acute;</em> - Mario Su&aacute;rez Rosa (2020).
    </p><p class="article-text">
        La primera `San Gin&eacute;s&acute;, celebrada entre Las Palmas y Arrecife a trav&eacute;s del canal de la Bocaina, fue ganada en 1947 por la balandra `A-2&acute; del Ej&eacute;rcito del Aire. Ese mismo a&ntilde;o se instituy&oacute; un trofeo para la regata de regreso a Las Palmas, impulsado por la Base A&eacute;rea de Gando, quiz&aacute;s animados por el sorprendente triunfo de la balandra, uno de los barcos m&aacute;s lentos de la &eacute;poca. En 1948 y 1949 gan&oacute; el balandro `Halc&oacute;n&acute; del Real Club N&aacute;utico de Tenerife, que propuso incluir a Tenerife en el recorrido, creando una nueva etapa entre Arrecife y Santa Cruz, para regresar por &uacute;ltimo a Las Palmas. Tras suspensiones en 1950 y 1951, y con la ausencia del `Halc&oacute;n&acute; en 1952, este nuevo tramo se estableci&oacute; en 1953, formando un tri&aacute;ngulo n&aacute;utico entre Las Palmas, Arrecife y Santa Cruz de Tenerife. En 1960, con motivo de las Fiestas Lustrales, se cambi&oacute; la etapa final para unir Santa Cruz de Tenerife con Santa Cruz de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        Varios fueron los motivos que influyeron en la celebraci&oacute;n de la primera edici&oacute;n de la prueba. Por un lado, ese a&ntilde;o los clubes n&aacute;uticos de Gran Canaria y de Tenerife hab&iacute;an establecido correspondencia con el Real Nuevo Club de Santa Cruz de La Palma, cuyo presidente, Carlos Lugo Sosvilla, solicita su colaboraci&oacute;n para poder llevar a cabo &ldquo;<em>la misi&oacute;n de fomento del deporte n&aacute;utico para cuyo fin se constituy&oacute; esta sociedad&rdquo;</em>. Por otro lado, exist&iacute;a gran inter&eacute;s en realizar una traves&iacute;a hacia La Palma y, <em>&ldquo;que mejor ocasi&oacute;n que las Fiestas Lustrales para llevarla a cabo&rdquo;</em>, aseguraban los entusiastas regatistas de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        La prueba era una novedad absoluta y una arriesgada aventura seg&uacute;n nos contaba Bernardino Navarro, patr&oacute;n del `Tirma&acute;, propiedad del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria. En aquella &eacute;poca hab&iacute;a que solicitar el uso del balandro al club cuyo comodoro, Joaqu&iacute;n Blanco, expuso sus recelos a que su barco insignia participara en una regata consistente en una &ldquo;atrevida&rdquo; traves&iacute;a hacia La Palma. Debemos tener en cuenta que los instrumentos de navegaci&oacute;n con los que contaba la n&aacute;utica deportiva de la &eacute;poca eran escasos y exist&iacute;a el peligro de que el balandro se perdiera en el Atl&aacute;ntico por un error en el rumbo. Finalmente, el `Tirma&acute; participar&iacute;a previa contrataci&oacute;n de un seguro que cubr&iacute;a la p&eacute;rdida del barco.
    </p><p class="article-text">
        Las embarcaciones y regatistas que concurrieron en la primera edici&oacute;n de esta regata fueron:
    </p><p class="article-text">
        `Aldabe&acute; del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria, tripulado por Juan Blanc, Jorge Cantero, y los marineros Antonio Santana y Laureano &ldquo;Calafate&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        `Balandra A-2&acute; del Ej&eacute;rcito del Aire - Zona A&eacute;rea de Canarias, tripulada por Dar&iacute;o del Valle, Alberto Blanco, Vicente Quesada y Juan Santana.
    </p><p class="article-text">
        `Halc&oacute;n&acute; del Real Club N&aacute;utico de Tenerife, tripulado por Jos&eacute; Miguel Mandillo, Manuel Dom&iacute;nguez, Estanislao Brotons, Enrique Garriga, y los marineros Ram&oacute;n Rodr&iacute;guez y Jacinto Cruz.
    </p><p class="article-text">
        `Tirma&acute; del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria, tripulado por Bernardino Navarro, Ventura Quevedo, Antonio Arias, y los marineros Germ&aacute;n Betancor y Agust&iacute;n Rivero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La traves&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Regata Lustral une los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma cubriendo una distancia de unas 110 millas n&aacute;uticas, lo que equivale a poco m&aacute;s de 200 kil&oacute;metros. En las primeras ediciones la salida se daba en horas del mediod&iacute;a debido a que el viento a esa hora ya se encuentra por lo general &ldquo;entablado&rdquo;, y en previsi&oacute;n de que las embarcaciones llegaran a Santa Cruz de La Palma en horas de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente. Debemos tener en cuenta que la velocidad media de los barcos de la &eacute;poca era de unos 5 o 6 nudos.  En la actualidad las embarcaciones realizan el recorrido en unas doce horas de media, por lo que la salida de suele dar en torno a las 18.00 horas de la tarde. La l&iacute;nea de salida se sit&uacute;a frente a las instalaciones del Real Club N&aacute;utico de Tenerife, desde donde los barcos ponen rumbo hacia el Faro de Anaga, navegando de bolina durante unas doce millas, normalmente bajo el predominio de vientos del nordeste.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir una buena la salida significa ganar media regata, por lo que los barcos se disputan la mejor posici&oacute;n en la l&iacute;nea pese a que el largo recorrido de la prueba, as&iacute; como las distintas condiciones que se van a encontrar a lo largo del mismo ser&aacute;n determinantes en el resultado final.
    </p><p class="article-text">
        Tras llegar a los Roques de Anaga las embarcaciones se suelen alejar mar adentro, huyendo de la zona de calma que se suele situar frente ellos, si bien algunos eligen navegar pegados a dichos Roques para acortar distancia. En esta posici&oacute;n, y una vez vayan enfilando hacia la isla de La Palma, se comienza a navegar con vientos largos que durar&aacute;n casi todo el trayecto. Es el momento de izar el &ldquo;spinnaker&rdquo; o &ldquo;bal&oacute;n&rdquo;, cuyo mejor aprovechamiento ser&aacute; fundamental en la victoria final.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la edici&oacute;n de 1975 la clasificaci&oacute;n era en tiempo real, o lo que es lo mismo, se establec&iacute;a en funci&oacute;n del orden de llegada sin importar las diferencias entre las esloras de las embarcaciones. Es a partir de ese a&ntilde;o cuando comienza a establecerse el sistema de tiempo compensado que, mediante una serie de par&aacute;metros, intenta equilibrar la competici&oacute;n, salvando estas diferencias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La vida a bordo</strong>
    </p><p class="article-text">
        En las primeras ediciones las condiciones en las que se compet&iacute;a eran bastante incomodas dado que los barcos hac&iacute;an agua por todas partes. De hecho, en cada uno de ellos hab&iacute;a un &ldquo;hombre bomba&rdquo; que, por turnos, se dedicaba a la dura tarea de achicar el agua que entraba. Cuando fallaba la bomba de achique se recurr&iacute;a al sistema de baldes, llegando la tripulaci&oacute;n del `Tirma&acute; a tener que achicar 50 en dos horas en la edici&oacute;n de 1965.  
    </p><p class="article-text">
        El agua que se filtraba adem&aacute;s inutilizaba la ropa de abrigo que se llevara a bordo haciendo in&uacute;til cualquier cambio de ropa y convirtiendo la traves&iacute;a en una dura prueba de resistencia al fr&iacute;o. Normalmente los buques de la Armada Espa&ntilde;ola que desde el comienzo de la regata realizaban labores de escolta, actuaban como &ldquo;ropero&rdquo; ya que muchos regatistas optaban por enviar en ellos la ropa de paseo y as&iacute; evitar que se les mojase.
    </p><p class="article-text">
        En estas primeras embarcaciones no exist&iacute;an lugares donde almacenar la comida por lo que esta se met&iacute;a en cajas y latas que se colocaban en cualquier parte que inspirara confianza en cuanto a su sequedad. Las provisiones consist&iacute;an en bizcocho, tortilla de papas, alg&uacute;n filete, latas de conserva&hellip; Aunque lo m&aacute;s recurrido era la fruta y los huevos duros pues eran f&aacute;cilmente localizables flotando en el agua que generalmente hab&iacute;a en el interior de los barcos.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en algunas embarcaciones se ofrec&iacute;a, siempre que la mar y el viento lo permitieran, alguna exquisitez culinaria, como ocurri&oacute; en el `Aldabe&acute; cuyos tripulantes almorzaron en la edici&oacute;n de 1965 una apetitosa fabada preparada por el patr&oacute;n.   
    </p><p class="article-text">
        Los veleros de la &eacute;poca contaban con escasos elementos de seguridad, careciendo de las l&iacute;neas de vida y arneses con los que cuentan los barcos modernos. Los regatistas realizaban las maniobras sujet&aacute;ndose a los &ldquo;obenques&rdquo; y &ldquo;estays&rdquo;, jug&aacute;ndose, en muchos casos, la vida, ya que una ca&iacute;da al agua en medio de la noche traer&iacute;a tr&aacute;gicas consecuencias por la complejidad del rescate. Pese a ello, no existe constancia de ning&uacute;n accidente de este tipo ocurrido en esta o en alguna de las regatas de altura que se han celebrado en Canarias.   
    </p><p class="article-text">
        A partir de la tercera edici&oacute;n (1970), con la llegada de las embarcaciones de &ldquo;pl&aacute;stico&rdquo;, de mayor impermeabilidad y con habit&aacute;culos m&aacute;s c&oacute;modos y mejor preparados, las condiciones mejoraron. No obstante, el esfuerzo que supone el enfrentamiento a la mar y el viento sobre todo en horas nocturnas ha perdurado hasta nuestros d&iacute;as, convirtiendo a esta Regata en una dura competici&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las primeras ediciones: una aventura</strong>
    </p><p class="article-text">
        El 15 de junio de 1960, a las 13.00 horas, parten del puerto de Santa Cruz de Tenerife los 4 balandros participantes en la primera edici&oacute;n de la Regata Lustral, en ese entonces denominada simplemente regata Tenerife-La Palma, como parte de la Regata de San Gin&eacute;s. El Real Club N&aacute;utico de Tenerife organiz&oacute; la salida de la prueba.            
    </p><p class="article-text">
        Entre los recuerdos agradables de aquella regata destacaba Bernardino Navarro, <em>&ldquo;adem&aacute;s de haberla ganado&rdquo;</em>, un encuentro con un petrolero sueco: <em>&ldquo;Tras la salida naveg&aacute;bamos en demanda de la Punta de Anaga con las velas rizadas al haber bastante viento. A la altura del Pe&ntilde;&oacute;n de Antequera vemos como un petrolero sueco, que ir&iacute;a a descargar en Santa Cruz, viene en rumbo opuesto contra nosotros. Lo primero que pensamos es que nos iba a fastidiar oblig&aacute;ndonos a virar, pero, sin embargo, para gran sorpresa nuestra nos cedi&oacute; el paso variando el rumbo. Al pasar junto al enorme buque el oficial al mando nos salud&oacute; efusivamente a lo cual correspondimos agradecidos&rdquo;.</em>            
    </p><p class="article-text">
        La incertidumbre de acertar con el rumbo y no pasarse de la isla de destino se hace patente entre los regatistas a medida que cae la noche. Las embarcaciones no llevan a bordo m&aacute;s que el &ldquo;comp&aacute;s&rdquo; como &uacute;nico instrumento de navegaci&oacute;n, no disponiendo siquiera de radios, hasta el punto de que las comunicaciones con el aljibe `A-2&acute;, buque escolta de la Armada, se hac&iacute;an a viva voz acerc&aacute;ndose a pocos metros (los regatistas de la &eacute;poca comentaban que se trataba del barco m&aacute;s fr&iacute;o de la Armada, refiri&eacute;ndose a la expresi&oacute;n fon&eacute;tica de su nombre, `el-a-dos&acute;).
    </p><p class="article-text">
        Bernardino Navarro recordaba la traves&iacute;a: <em>&ldquo;Al rebasar los roques de Anaga, ya por la tarde, me fui a descansar, despertando a medianoche. Al salir a cubierta vi alarmado que nos encontr&aacute;bamos pegados al Puerto de La Cruz; la explicaci&oacute;n que me dieron mis compa&ntilde;eros Tony Arias y Ventura Quevedo era que se dio bien el viento para echar el bal&oacute;n y as&iacute; lo hicieron, cayendo sobre el rumbo establecido. Tuve que rectificar el rumbo para remontar hacia La Palma. A la altura de la Punta de Teno divisamos la Gomera por lo que tras realizar unas marcaciones variamos nuevamente el rumbo hacia el norte. A partir de aqu&iacute; la incertidumbre sobre lo acertado del rumbo trazado fue tal que Germ&aacute;n, uno de los marineros del club que nos acompa&ntilde;aba, me dec&iacute;a: &rdquo;Don Nino estamos descompasados&ldquo;.  Yo intent&eacute; conservar la calma haciendo de tripas coraz&oacute;n hasta que por fin vimos la silueta de La Palma hacia donde arrumbamos. Disimulando el alivio de tener claro el rumbo y aguantando la sonrisa no pude reprimir exclamar ante la tripulaci&oacute;n &iexcl;ven como hay que tener fe en el patr&oacute;n!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al llegar al puerto nuestra sorpresa fue may&uacute;scula pues, pensando en llegar los &uacute;ltimos por las continuas correcciones de rumbo que hicimos, resulta que &eacute;ramos los primeros en llegar, una hora despu&eacute;s entr&oacute; el `Aldabe&acute;.</em>               
    </p><p class="article-text">
        La clasificaci&oacute;n fue la siguiente:            
    </p><p class="article-text">
        1&ordm;        `Tirma&acute;              Bernardino Navarro - RCN Gran Canaria.
    </p><p class="article-text">
        2&ordm;        `Aldabe&acute;            Juan Blanc - RCN Gran Canaria.
    </p><p class="article-text">
        3&ordm;        `Halc&oacute;n&acute;&acute;           Jos&eacute; Miguel Mandillo - RCN Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        4&ordm;        `Balandra A-2&acute;   Dar&iacute;o del Valle - Ej&eacute;rcito del Aire.
    </p><p class="article-text">
        La entrega de trofeos tuvo lugar el viernes 17 de junio. El entonces alcalde de Santa Cruz de La Palma, Miguel Sosa P&eacute;rez, entreg&oacute; un trofeo donado por el ayuntamiento al Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria ya que el `Tirma&acute; es propiedad de esa entidad, y una r&eacute;plica para el patr&oacute;n, cuya placa, con las prisas, olvidaron grabar, comentaba entre risas, Bernardino Navarro. Ese primer trofeo fue localizado, gracias a nuestra labor de investigaci&oacute;n, y regres&oacute; a La Palma 55 a&ntilde;os despu&eacute;s para presidir la XII Regata Lustral en el a&ntilde;o 2015.
    </p><p class="article-text">
        Los &ldquo;balandristas&rdquo; se hospedaron en el hotel Florida, donde disfrutaron de la hospitalidad palmera. Seg&uacute;n Manuel Dom&iacute;nguez Garc&iacute;a, el tripulante m&aacute;s joven del `Halc&oacute;n&acute;, <em>&ldquo;se trataba de un hotel precioso que estaba pasando el t&uacute;nel a la derecha al lado de un campo de f&uacute;tbol. Por cierto, all&iacute; hab&iacute;an puesto un barco de vela que requisaron con emigrantes y alguien nos dijo que si pod&iacute;amos aprovechar algo para el `Halc&oacute;n&acute; lo cogi&eacute;ramos, y lo desvalijamos&rdquo;</em>. Otro detalle que recuerda especialmente Manuel Dom&iacute;nguez es que en esos d&iacute;as de estancia en la isla tuvo lugar la <em>&ldquo;presentaci&oacute;n en sociedad de las ni&ntilde;as de La Palma&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pese a la insistencia de autoridades y de los nuevos amigos que cosecharon en la isla para que permanecieran en ella por m&aacute;s tiempo, los regatistas regresaron a sus puertos tras una breve estancia. Debemos tener en cuenta que llevaban a sus espaldas una semana de mar y viento recorriendo cerca de 400 millas n&aacute;uticas desde que salieran a las dos de la tarde del viernes anterior de Las Palmas rumbo a Arrecife.   
    </p><p class="article-text">
        El regreso fue en medio de unas duras condiciones meteorol&oacute;gicas. Quico Sans&oacute;n, capit&aacute;n n&aacute;utico del Real Club N&aacute;utico de Tenerife, en una carta dirigida al presidente del Nuevo Club de La Palma pide disculpas en nombre de la tripulaci&oacute;n del `Halc&oacute;n&acute; ya que no telegrafiaron a la entidad palmera para dar cuenta de su llegada a Santa Cruz de Tenerife sin novedad, pese al mal tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n aument&oacute; en la II edici&oacute;n (1965), con cuatro barcos del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria: `Tirma&acute;, `Balandra A-2&acute;, `Alondra&acute; y `Aldabe&acute;, dos del Real Club N&aacute;utico de Tenerife, `Salt Peter&acute; y `Siemma&acute;, y uno del Casino Club N&aacute;utico de Arrecife, `Rubic&oacute;n&acute;. El barco tinerfe&ntilde;o `Halc&oacute;n&acute; no pudo participar por haber roto el palo en la Regata de San Gin&eacute;s que se celebr&oacute; d&iacute;as antes.
    </p><p class="article-text">
        El fuerte viento marc&oacute; la celebraci&oacute;n de esta edici&oacute;n. El `Siemma&acute; no lleg&oacute; a tomar la salida y nada m&aacute;s producirse la misma, entre Santa Cruz de Tenerife y la playa de Antequera, dos embarcaciones tuvieron que ser ayudadas por el remolcador de altura `Ra-2&acute; de la Armada Espa&ntilde;ola, al mando del comandante Manuel Gonz&aacute;lez Quevedo, que actuaba de escolta. Entre los balandros afectados por problemas se encontraba el `Rubic&oacute;n&acute;, barco lanzarote&ntilde;o que se estrenaba en esta regata con mala fortuna debido a que rompi&oacute; el &uacute;nico foque con el que contaba al poco de la salida. El &ldquo;Tirma&rdquo; gan&oacute; nuevamente la regata seguido por el `Salt Peter&acute;, y `Alondra&acute;. Sin embargo, d&iacute;as despu&eacute;s de celebrarse la regata, la ausencia de viento fue tal, que el buque de la Armada tuvo que remolcar a los participantes de regreso a Tenerife y Las Palmas.
    </p><p class="article-text">
        Cinco embarcaciones, todas ellas llegadas desde Gran Canaria, se inscriben en la III edici&oacute;n (1970), la primera con presencia internacional: el barco dan&eacute;s `Dalia&acute;, que se encontraba navegando por las islas, el `Gaviota II&acute;, embarcaci&oacute;n de un s&uacute;bdito ingl&eacute;s residente en Las Palmas, el `Tirma&acute;, la balandra `Gran Canaria&acute; (anteriormente llamada `A-2&acute;) y el trimar&aacute;n `Atlantis&acute;, estos tres del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria.
    </p><p class="article-text">
        Se da la circunstancia de que el `Atlantis&acute; era uno de los tres barcos gemelos construidos en 1964 en Las Palmas.  Otro fue el `Vendaval&acute;, barco que, al mando de Dimas Valdivieso, gan&oacute; varias regatas de San Gin&eacute;s. Y, por &uacute;ltimo, el `Saeta II&acute;, un viejo conocido del puerto palmero, ya que fue tra&iacute;do a la isla por Peter Dudley Green, coronel de la Armada Americana, que lleg&oacute; en 1964 como jefe de una estaci&oacute;n hidrof&oacute;nica que la Universidad de Columbia instal&oacute; en Puerto Naos. Mr. Green se hizo muy popular en la isla, donde era frecuente que participara en competiciones de rally con un llamativo Mini Cooper de color rojo. Aunque el `Saeta II&acute; no particip&oacute; en la Regata Lustral, era frecuente verlo navegar por la costa palmera, llegando a participar en la Regata de San Gin&eacute;s de 1967. A&ntilde;os despues, y pese a que el barco estaba fondeado dentro del puerto con tres &ldquo;muertos&rdquo; de proa y dos de popa, un &ldquo;calderetero&rdquo; acabar&iacute;a por volcarlo dej&aacute;ndolo inservible para la navegaci&oacute;n, por lo que se procedi&oacute; a &ldquo;abarloarlo&rdquo; junto al buque `Volc&aacute;n de Yaiza&acute;, al mando del palmero Gregorio Bienes D&iacute;az, con cuya gr&uacute;a se &ldquo;adriz&oacute;&rdquo;. Poco tiempo despu&eacute;s el barco ser&iacute;a hundido en alta mar.
    </p><p class="article-text">
        A las diez de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a 18 de junio se daba la se&ntilde;al de salida que estaba fijada frente a las instalaciones del Real Club N&aacute;utico de Tenerife. El `Gaviota  II&acute; finalmente decide no tomar la salida. Poco despu&eacute;s se fue perfilando ya la posici&oacute;n que a lo largo de la traves&iacute;a hab&iacute;an de ocupar las distintas embarcaciones. El `Tirma&acute; poco a poco se perd&iacute;a en el horizonte; el `Dalia&acute; segu&iacute;a m&aacute;s o menos el mismo rumbo que el buque insignia del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria; la `Balandra&acute; se desvi&oacute; hacia la costa para pasar entre los Roques de Anaga; el trimar&aacute;n `Atlantis&acute; hizo lo mismo, aunque encontr&oacute; una zona de calma. Al poco tiempo los balandros se separaron y s&oacute;lo se adivinaban entre s&iacute; los altos palos de las velas; y la silueta del remolcador de la Armada `RA-5&acute; que durante toda la traves&iacute;a efectu&oacute; la escolta de las embarcaciones. El `Tirma&acute;, patroneado por Federico Valido, lleg&oacute; en primer lugar a la l&iacute;nea de meta; el `Atlantis&acute;, de Alberto Cabr&eacute;, aunque patroneada por Bernardino Navarro, lleg&oacute; en segundo lugar,  seguido del `Dalia&acute;, haci&eacute;ndolo finalmente la balandra `Gran Canaria&acute; a las ocho de la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        La traves&iacute;a no tuvo grandes dificultades; la mar estaba tranquila y el punto m&aacute;s temido, los Roques de Anaga, no brindaron, en esta ocasi&oacute;n, las desesperantes calmas. Sin embargo, la balandra `Gran Canaria&acute;, patroneada por Rafael del Castillo, encontr&oacute; frente a Santa Cruz de La Palma una zona de encalmada que retras&oacute; su llegada a la meta en dos horas, debiendo efectuar un par de &ldquo;repiquetes&rdquo; para poder entrar en el puerto palmero.
    </p><p class="article-text">
        Aproximadamente a las nueve de la ma&ntilde;ana comenzaron a desembarcar las tripulaciones dirigi&eacute;ndose la mayor&iacute;a al Parador Nacional en donde se hospedar&iacute;an durante su estancia en la isla. Tras la ducha de rigor y el breve sue&ntilde;o reparador de las incomodidades de la traves&iacute;a, por la noche tuvo lugar la entrega de trofeos. En el transcurso del acto pronunci&oacute; unas breves palabras el vicepresidente del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria, Ignacio P&eacute;rez-Gald&oacute;s quien, como jurado de regata, hab&iacute;a seguido la misma a bordo del remolcador de altura `RA-5&acute; de la Armada Espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        La estancia de los regatistas en La Palma estuvo caracterizada por la amabilidad y las atenciones de todo tipo dispensadas por las autoridades y directivos del n&aacute;utico palmero. Entre fiesta y fiesta, los balandristas pasaron tres inolvidables d&iacute;as en la isla despu&eacute;s de los cuales regresaron a Gran Canaria, no sin antes publicar en Diario de Avisos lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Adi&oacute;s a La Palma'</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Adi&oacute;s a La Palma, adi&oacute;s a la cortes&iacute;a, a la bondad, al amor, a la amabilidad, a la atenci&oacute;n, a la caballerosidad; adi&oacute;s queridos amigos palmeros. Queremos expresar en este adi&oacute;s fraterno todo lo que nos hab&eacute;is brindado. Nos vamos con la tristeza y la pena de no poder prolongar nuestra estancia y disfrutar con ustedes esta gran semana de las Fiestas Lustrales. Aqu&iacute; quedan nuestros recuerdos, nuestras alegr&iacute;as y alegres noches, la imagen bella y esbelta de la mujer palmera, que tan agradables horas de camarader&iacute;a y diversi&oacute;n nos ha brindado. Quisi&eacute;ramos en nuestro abrazo, atraeros, teneros cerca, remolcar esta nave de la isla palmera a la vera de nuestras playas, para contemplar su agreste belleza, admirar su geograf&iacute;a y gozar del trato afable y cordial, aumentado por el cadencioso hablar de nuestros queridos palmeros. Adi&oacute;s a todos, j&oacute;venes y mayores, autoridades y entidades; adi&oacute;s se&ntilde;or alcalde, se&ntilde;or presidente del cabildo, adi&oacute;s compa&ntilde;eros del Club N&aacute;utico. Adi&oacute;s con todo cari&ntilde;o, ustedes saben que nosotros les queremos y nos entendemos bien. Balandristas del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria&ldquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-v_129_12397603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Jun 2025 09:51:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (V)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (IV)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-iv_1_12386114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/893fe6f6-47c1-4af5-adb9-493435e255b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (IV)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En los programas de festejos organizados con motivo de la Bajada de La Virgen figuran regatas a remo y vela desde las últimas ediciones del siglo XIX hasta mediados del XX</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Foto: Archivo José Ayut. Regata de vela latina en La Bajada de 1965."
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            <span class="title">
                Foto: Archivo José Ayut. Regata de vela latina en La Bajada de 1965.                            </span>
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        <strong>La Vela Latina en La Bajada</strong>
    </p><p class="article-text">
        En los programas de festejos organizados con motivo de la Bajada de La Virgen figuran regatas a remo y vela desde las &uacute;ltimas ediciones del siglo XIX hasta mediados del XX. Nos encontramos, pues, ante el primer n&uacute;mero deportivo de los celebrados con motivo de las fiestas. Si bien, no podr&iacute;amos aplicar el concepto &ldquo;deporte&rdquo;, tal y como lo conocemos hoy en d&iacute;a, a esas primeras competiciones, es cierto que constituyen las primeras manifestaciones rituales y l&uacute;dicas que han evolucionado hacia lo que hoy es un deporte aut&oacute;ctono donde confluyen disciplina, trabajo en equipo, perseverancia, equidad, inclusi&oacute;n, respeto, nobleza, deportividad, historia, tradici&oacute;n, artesan&iacute;a, respeto por el medio ambiente, y belleza est&eacute;tica, entre otros valores.
    </p><p class="article-text">
        En el Archivo Municipal de Santa Cruz de La Palma se conservan esos programas:
    </p><p class="article-text">
                    <em>-</em>1890, martes 15 de abril: <em>&ldquo;A las 4 de la tarde habr&aacute; regatas de votes y candraes en la bah&iacute;a de esta ciudad adjudic&aacute;ndose varios premios a los que resulten     vencedores y a las 8 de la noche empezar&aacute; a ejecutarse en plazas y calles una     bonita Danza de grupos y figuras aleg&oacute;ricas&rdquo; . </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            -</em>1895, viernes 26 de abril: <em>&ldquo;A las</em> <em>4 de la tarde habr&aacute; regatas de botes y  candrayes en la bah&iacute;a de esta Ciudad, adjudic&aacute;ndose premios a los que resulten  vencedores de este certamen mar&iacute;timo. Durante la regata habr&aacute; m&uacute;sica en la      plazuela del Muelle&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la definici&oacute;n que publica el Diccionario mar&iacute;timo espa&ntilde;ol de Mart&iacute;n Fern&aacute;ndez de Navarrete en 1831, el candray es una embarcaci&oacute;n peque&ntilde;a de dos proas con una o dos velas m&iacute;sticas (latinas) y que pueden llevar cuatro o seis remos. Era una embarcaci&oacute;n que se usaba en el tr&aacute;fico interior de los puertos, siendo tambi&eacute;n utilizada por pescadores y salineros. Ten&iacute;a un reducido equipamiento y estaba considerada como la m&iacute;nima expresi&oacute;n de artefacto flotante. La palabra deriva de la expresi&oacute;n inglesa &ldquo;can dry&rdquo; que significa &ldquo;lata de conservas seca&rdquo; y era empleada por los marinos ingleses para denominar a aquellos barcos antiguos que navegaban a una velocidad muy baja. Con el tiempo, los marinos terminaron llamando coloquialmente &ldquo;candray&rdquo; al barco viejo, mal equipado y peor cuidado, y, por extensi&oacute;n, a los &ldquo;barcos chatarra&rdquo; que navegan impunemente por los siete mares. Esta palabra es una de las consecuencias de la influencia brit&aacute;nica en las islas, al igual que el t&eacute;rmino &ldquo;cambullonero&rdquo;, que parece derivar de la expresi&oacute;n inglesa &ldquo;come buy on&rdquo; (suba a comprar), con el que se denominaba a la persona, sobre todo en el Puerto de la Luz y de Las Palmas, que se acercaba en peque&ntilde;as embarcaciones para comerciar con los buques que fondeaban o navegaban cerca de nuestros puertos.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo Archivo Municipal encontramos anotaciones manuscritas sobre el desarrollo de los programas donde se especifica el recorrido de la prueba:
    </p><p class="article-text">
        	<em>&ldquo;En la tarde de este d&iacute;a se verificar&aacute; la regata, partiendo las embarcaciones de  una boya situada frente a la desembocadura del barranco de Las Nieves hacia   el Muelle, en cuya rada se situar&aacute;n los premios.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        El 22 de junio de 1950, el peri&oacute;dico local Diario de Avisos, haci&eacute;ndose eco de las regatas que se celebrar&aacute;n con motivo de la Bajada de La Virgen, publica la siguiente noticia de la que se desprende que el uso recreativo de la vela es una actividad, si bien no generalizada, s&iacute; desarrollada con cierta frecuencia:
    </p><p class="article-text">
        <em>            &ldquo;Regata en nuestro puerto en la que participar&aacute;n valiosos elementos del recreo  y vela de la localidad, con el consiguiente reparto de premios.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a siguiente, el mismo diario hace un resumen de la competici&oacute;n, destacando el gran n&uacute;mero de aficionados que siguieron las evoluciones de los participantes:
    </p><p class="article-text">
                    <em>&ldquo;Frente a la ciudad y partiendo de la rada del puerto hasta el Castillo Real de   Santa Catalina se celebr&oacute; a la una de la tarde de ayer, siguiendo el programa de      las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen, una discutida regata de     embarcaciones a vela, que desde el amplio mirador de la Avenida Mar&iacute;tima fue presenciada con el mayor inter&eacute;s por numeroso p&uacute;blico, otorg&aacute;ndose premios a  los vencedores.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Hasta 1965 no se volver&iacute;an a celebrar regatas de botes con motivo de la Bajada de la Virgen. Las embarcaciones de los pescadores ya no llevaban el aparejo de vela latina o lo ten&iacute;an en mal estado debido al poco uso; casi todos los botes hac&iacute;a tiempo que se fueron pasando al motor, permaneciendo s&oacute;lo en algunos de ellos el palo, la percha y la vela como medida de auxilio en prevenci&oacute;n de alg&uacute;n problema con la m&aacute;quina.
    </p><p class="article-text">
        La falta de material se solvent&oacute; con la ayuda del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, quien colabor&oacute; con su adquisici&oacute;n. La Comisi&oacute;n de Fiestas public&oacute; en la prensa local durante dicho a&ntilde;o las fechas y normas por las que se regir&aacute; la competici&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
                    &ldquo;<em>Regata de botes a vela latina</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            Durante las presentes fiestas se organizar&aacute;n en muestro puerto tres regatas de    botes a vela latina los d&iacute;as 14 y 16 a las 6 de la tarde y el d&iacute;a 20 a las 12 de la   ma&ntilde;ana. En cada una de dichas regatas se conceden TRES PUNTOS al   clasificado en primer lugar; DOS PUNTOS al que se clasifique en segundo puesto y UN PUNTO al que llegue a la meta el tercero. Los premios se    otorgar&aacute;n a los botes que hayan obtenido mayor n&uacute;mero de puntos en las tres  regatas los botes que participar&aacute;n ser&aacute;n los se&ntilde;alados a continuaci&oacute;n y   ostentar&aacute;n en su vela el n&uacute;mero distintivo:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            BRAVO, con el n&uacute;mero 1.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            EL PACO, con el n&uacute;mero 2.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            SARGO, con el n&uacute;mero 3.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            BRECA, con el n&uacute;mero 4.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            &Uacute;LTIMO, con el n&uacute;mero 5.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            SAN JOS&Eacute;, con el n&uacute;mero 6.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            PAGEL, con el n&uacute;mero 7.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            CARABA, con el n&uacute;mero 8.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            SOMACAL, con el n&uacute;mero 9.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>            Lo que se hace p&uacute;blico para general conocimiento. - La Comisi&oacute;n de Fiestas.&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Tras la primera de las pruebas, publica Diario de Avisos:
    </p><p class="article-text">
        <em>       En el d&iacute;a de ayer, y poco despu&eacute;s de las seis de la tarde se celebr&oacute; la primera     regata de botes que figura en el programa de las fiestas mayores de la isla. Hemos de destacar que, pese a lo desapacible del tiempo, con viento, a veces racheado, la prueba se celebr&oacute; haciendo gala los participantes de un   extraordinario pundonor deportivo, as&iacute; como una envidiable habilidad n&aacute;utica.  La prueba, fue presenciada por una gran cantidad de p&uacute;blico que sigui&oacute;, con     gran inter&eacute;s todos los incidentes.</em>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no se vuelven a publicar m&aacute;s noticias acerca del desarrollo y resultado final de estas pruebas, aunque s&iacute; se conserva, en el archivo de Jos&eacute; Ayut, una fotograf&iacute;a del momento de la salida de una de ellas, documento gr&aacute;fico que acompa&ntilde;a este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Estas regatas ser&aacute;n las &uacute;ltimas que se celebren en la isla hasta que, en mayo de 2017, el Club de Vela Latina Benahoare organiz&oacute; la Regata del D&iacute;a de Canarias de Barquillos de Vela Latina, lo que supuso el inicio del retorno de esta actividad a La Palma. Sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en octubre de 2025, el mismo club tiene previsto celebrar una nueva edici&oacute;n de la Regata Lustral de Barquillos de Vela Latina Canaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-iv_1_12386114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Jun 2025 08:19:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (IV)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (III)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-iii_129_12362343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5d01016-c065-4309-888b-9c40151792f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (III)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La navegación a vela ha sido una actividad inherente al desarrollo de las islas, convirtiéndose en el vehículo con que el canario se abrió al exterior: comerció, buscó sustento a través de la pesca, y también lo utilizó para ir al encuentro de un futuro mejor</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Barquillos de vela latina en el puerto de Santa Cruz de La Palma en 1900.                            </span>
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        <strong>Las competiciones de vela latina en Canarias</strong>
    </p><p class="article-text">
        La navegaci&oacute;n a vela ha sido una actividad inherente al desarrollo de las islas, convirti&eacute;ndose en el veh&iacute;culo con que el canario se abri&oacute; al exterior: comerci&oacute;, busc&oacute; sustento a trav&eacute;s de la pesca, y tambi&eacute;n lo utiliz&oacute; para ir al encuentro de un futuro mejor.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la vela latina, parece clara la influencia portuguesa en su introducci&oacute;n en el Archipi&eacute;lago. Como hemos visto, desde finales del siglo XIV, navegantes gallegos, andaluces y, sobre todo, portugueses, trasladaron hasta las islas el fervor por San Telmo, patr&oacute;n de los hombres de la mar. En torno a esta figura se crean las hermandades de mareantes, que r&aacute;pidamente se extendieron por todas las islas, constituyendo de alguna manera el germen de las actuales cofrad&iacute;as de pescadores. Igualmente, la nomenclatura de botes y barquillos de vela latina canaria est&aacute; plagada de portuguesismos, lo que corrobora esa influencia lusitana.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, tal y como recoge el investigador Alejandro Rodr&iacute;guez Buenafuente en su obra <em>La vela latina canaria</em>, la navegaci&oacute;n a vela en ocasiones apart&oacute; su condici&oacute;n de herramienta de trabajo para manifestarse de forma l&uacute;dica y recreativa, cuando hab&iacute;a tiempo y ocasi&oacute;n, en forma de desaf&iacute;os y regatas de mayor o menor seriedad. En una &eacute;poca en que la oferta de ocio era m&aacute;s bien escasa, las competiciones entre barcos de vela adquir&iacute;an un importante car&aacute;cter social, aportando prestigio m&aacute;s all&aacute; de lo profesional a los ganadores. Un ejemplo de ello lo encontramos entre los barcos que iban a pescar a la costa africana; tanto al ir a la faena como al regresar, era frecuente que dos o m&aacute;s compitieran por ver qui&eacute;n llegaba antes.
    </p><p class="article-text">
        Pero las mayores competencias se realizaban entre los peque&ntilde;os barcos usados para la pesca litoral, el cabotaje insular o las operaciones portuarias con motivo de celebraciones festivas. Estas embarcaciones portaban un aparejo compuesto por un palo y una percha o palanca (en ocasiones se usaban los mismos remos) sobre los que envergaban una vela triangular denominada vela latina. En el entorno que nos ocupa, ser m&aacute;s marinero y realizar un mejor manejo de las velas, que se tradujera en una victoria ante los dem&aacute;s, implicaba un reconocimiento y respeto dentro de la comunidad. Esta demostraci&oacute;n de mariner&iacute;a dif&iacute;cilmente se pod&iacute;a realizar en el &aacute;mbito laboral, por el peligro que supon&iacute;a la p&eacute;rdida de la pesca o mercanc&iacute;a transportada en caso de &ldquo;revirada&rdquo;. Por ello, cualquier motivo era bueno para lucirse como habilidoso marinero.
    </p><p class="article-text">
        Ya desde mediados del siglo XIX tenemos constancia de la existencia de distintas competiciones con motivos festivos en las islas, si bien estas se llevaban a cabo de forma espor&aacute;dica y sin mucho rigor. Desde entonces, se han celebrado en mayor o menor medida en pr&aacute;cticamente todos los n&uacute;cleos pesqueros del Archipi&eacute;lago: San Sebasti&aacute;n de La Gomera, Los Cristianos, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de G. C., Puerto de la Cruz, San Andr&eacute;s, Corralejo, Arrecife, Santa Cruz de La Palma...
    </p><p class="article-text">
        Esta actividad decae en la d&eacute;cada de los 60 del pasado siglo, hasta que a finales de los 70 se crea en Lanzarote el Club de Vela San Gin&eacute;s, que comenz&oacute; a organizar competiciones de forma reglada en los a&ntilde;os posteriores, dando pie a la creaci&oacute;n del deporte de la vela latina, tal y como lo conocemos en la actualidad. Con el paso de los a&ntilde;os, se fueron incorporando el resto de islas a la pr&aacute;ctica deportiva: Fuerteventura (1991), Tenerife (1993), Gran Canaria (2001) y La Palma (2016) con la constituci&oacute;n del Club de Vela Latina Benahoare.
    </p><p class="article-text">
        El barquillo es una embarcaci&oacute;n tradicional pensada principalmente para la pesca de bajura. Estaba configurado con puntas en sus extremos, sin cubierta, con medios puentes en popa y proa, y cierre curvo de la quilla a proa y popa para facilitar el varado en las playas o calas de cantos rodados en condiciones de mar dura. Las medidas variaban de los 2,5 a los 10 metros de eslora por 1 a 2 metros de manga. Seg&uacute;n su tama&ntilde;o e isla de procedencia, sus denominaciones tambi&eacute;n variaban: chalanas, botes, barquillos, fal&uacute;as, candrays, lanchas...
    </p><p class="article-text">
        En La Palma, al igual que en el resto de las islas, entre las embarcaciones que iban a pescar a la costa africana, tanto al ir a la faena como al regresar, era frecuente que dos o m&aacute;s barcos compitieran por ver qui&eacute;n llegaba antes. Contaba Ram&oacute;n Vargas S&aacute;nchez, marino y persona muy vinculada al puerto, que escuchaba de ni&ntilde;o los relatos de c&oacute;mo su abuelo Ram&oacute;n Vargas P&eacute;rez, patr&oacute;n del <em>Taburiente</em> (pailebote de 29 toneladas, construido por Sebasti&aacute;n Arozena D&iacute;az en 1919), y su t&iacute;o abuelo Benito Padr&oacute;n Gonz&aacute;lez, patr&oacute;n del <em>Mosquito</em> (pailebote de 74 toneladas, construido por Sebasti&aacute;n Arozena Lemos en 1869), apostaban la noche antes de hacerse a la mar qui&eacute;n llegar&iacute;a primero a la Costa.
    </p><p class="article-text">
        La festividad del Carmen era una de las ocasiones en las que se celebraron regatas de vela latina hasta mediados del siglo XX. Otro de los motivos era la visita de alg&uacute;n barco de guerra, como los nav&iacute;os alemanes, acorazado <em>Elsa</em> y crucero <em>Nymphe</em>, en mayo de 1927. En esa ocasi&oacute;n se presentaron en aguas del puerto de Santa Cruz de La Palma cuatro botes de vela: <em>Alfredo</em>, <em>Tanaus&uacute;</em>, <em>Osea</em> e <em>Idafe</em>, habiendo llegado a la meta en primer lugar el <em>Alfredo</em> y en segundo lugar el <em>Osea</em>. El ganador obtuvo el premio de una copa de plata donada por la comisi&oacute;n de festejos encargada de agasajar a la representaci&oacute;n germana, y un escudo regalado por el comodoro de los buques alemanes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves-iii_129_12362343.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2025 10:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen de Las Nieves (III)]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-ii_129_12343738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fbbe4530-776a-4bde-9d49-9345deb5ada7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen (II)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En la mar encontramos el sino de la sociedad palmera. Ha sido el nexo con el resto del mundo, lo que ha posibilitado un floreciente auge económico, social, y cultural; pero también ha traído la desgracia por medio de infinidad de ataques piráticos. Ha sido proveedor de alimentos, pero también ha arrebatado las vidas de aquellos marineros que fueron víctimas de los temporales, naufragios, piratas, enfermedades de a bordo y también, a veces, de la mala suerte</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Diálogo del Castillo y la Nave en 1900. Archivo General de La Palma."
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            <span class="title">
                Diálogo del Castillo y la Nave en 1900. Archivo General de La Palma.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>La Hermandad de Mareantes</strong>
    </p><p class="article-text">
        A finales del siglo XIV, navegantes gallegos, portugueses y andaluces trasladaron hasta las islas el fervor por San Telmo, patr&oacute;n de los hombres del mar, cuyos prodigios en tierras gallegas se iban extendiendo. En torno a esta figura se crean las hermandades o cofrad&iacute;as de mareantes, asociaciones de &iacute;ndole profesional, econ&oacute;mica y religiosa que miraban por el bien f&iacute;sico y espiritual de sus cofrades. Estaban integradas por capitanes y mareantes (marineros) y en La Palma se fund&oacute; en 1591, poco tiempo despu&eacute;s de que se construyera la primera ermita en su honor en 1574.
    </p><p class="article-text">
        La Hermandad de Mareantes coste&oacute; la restauraci&oacute;n de la ermita de San Telmo (actual ermita de la Virgen de la Luz) entre los a&ntilde;os 1675 y 1680, bajo la prelatura del obispo Rabad&aacute;n, d&aacute;ndose por descontado que en las primeras <em>bajadas </em>jugara un destacado papel, que bien pudiera estar relacionado con alg&uacute;n n&uacute;mero en el que participara una embarcaci&oacute;n fondeada frente a la ermita reci&eacute;n restaurada. Esta hip&oacute;tesis estar&iacute;a en l&iacute;nea con la propuesta de cambiar la ubicaci&oacute;n de la escenificaci&oacute;n del Di&aacute;logo entre el Castillo y la Nave, surgida en la Bajada de la Virgen de 1900, consistente en fondear un barco real frente al risco de La Luz y construir una fortaleza provisional en lo alto del morro.
    </p><p class="article-text">
        Prueba de su total implicaci&oacute;n supone el hecho de que antes de las fechas se&ntilde;aladas para la celebraci&oacute;n, miembros de esta cofrad&iacute;a recorr&iacute;an la ciudad en un falucho de madera, lona o papel, solicitando ayuda econ&oacute;mica para los festejos.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Di&aacute;logo entre el Castillo y la Nave</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Di&aacute;logo entre el Castillo y la Nave es uno de los actos m&aacute;s destacados en el programa de festejos en honor a Nuestra Se&ntilde;ora de las Nieves con motivo de su traslado lustral. Se trata de una representaci&oacute;n derivada de los Desembarcos de Moros y Cristianos llegados desde el Mediterr&aacute;neo a su paso hacia tierras americanas, en los que se mezclan el fervor religioso y la actividad marinera. En esa puesta en escena participaban desde sus or&iacute;genes aut&eacute;nticos marineros que llevaban a cabo las faenas propias de una embarcaci&oacute;n a vela de la &eacute;poca. Embarcaci&oacute;n que, por cierto, muy improbablemente fuera una r&eacute;plica de una carabela, como la existente en la actualidad, ya que en los a&ntilde;os posteriores al descubrimiento de Am&eacute;rica estas fueron cayendo en desuso en la medida en que la aparecieron nuevos tipos, como el gale&oacute;n, de mayor porte y que facilitaba el incipiente tr&aacute;fico novoindiano. Abundando en esta afirmaci&oacute;n, figura en una letra de 1880 el t&eacute;rmino <em>juanete</em>, un modelo de vela del que carec&iacute;an carabelas y naos.
    </p><p class="article-text">
        En el desarrollo de esas faenas, la mariner&iacute;a ofrec&iacute;a lo mejor de su experiencia en la mar ante su admirada Virgen, al igual que desde hace siglos vienen haciendo en las procesiones mar&iacute;timas, en las que engalanan sus embarcaciones a la vista de las distintas v&iacute;rgenes y santos que los favorecen, a lo largo y ancho de las islas en el d&iacute;a de sus festividades.
    </p><p class="article-text">
        Regresando al Di&aacute;logo entre el Castillo y la Nave, observamos en sus distintas letras el uso de terminolog&iacute;a naval como <em>tamborete</em>, <em>gavias</em>, <em>juanete&hellip; </em>as&iacute; como expresiones n&aacute;uticas como <em>&iexcl;carga mayores! </em>que significa &lsquo;aferrar la vela mayor a su respectiva verga&rsquo;, e, incluso la descripci&oacute;n de maniobras como <em>braza mayor y gavias a estribor</em>; y <em>trinquete y velacho por babor</em>, lo cual indica la suma importancia que se le confer&iacute;a a este acto en el cual se hace patente la participaci&oacute;n de la &laquo;gente de mar&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como curiosidad, en estas mismas letras se hace referencia a una supuesta llegada de la nave desde el este:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&laquo;Y de la Nazareth llego este d&iacute;a&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[1840]
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&mdash;&laquo;Traigo de Jeric&oacute; la Pura Rosa,
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de Palestina la Azucena Hermosa;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;traigo el Cedro en el L&iacute;bano arraigado
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y el Olivo pac&iacute;fico y sagrado.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Traigo el Alto Cipr&eacute;s, la Vid Pomposa
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;de la regi&oacute;n de Engadi deliciosa;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;la Oriental Perla, el Arabesco Aroma
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;y de Si&oacute;n la C&aacute;ndida Paloma&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[1895]
    </p><p class="article-text">
        Normalmente, desde este punto cardinal se ha aproximado a lo largo de la historia la mayor&iacute;a de los que llegan a la isla, para bien o para mal. Sin embargo, el barco est&aacute; precisamente orientado hacia ese rumbo, como si abandonara el puerto, en vez de arribar. Es de suponer que esta disposici&oacute;n con la proa hacia el este buscara un mejor y m&aacute;s seguro manejo del velamen, pues el viento dominante en la zona es el noreste.
    </p><p class="article-text">
        En la mar encontramos el sino de la sociedad palmera. Ha sido el nexo con el resto del mundo, lo que ha posibilitado un floreciente auge econ&oacute;mico, social, y cultural; pero tambi&eacute;n ha tra&iacute;do la desgracia por medio de infinidad de ataques pir&aacute;ticos. Ha sido proveedor de alimentos, pero tambi&eacute;n ha arrebatado las vidas de aquellos marineros que fueron v&iacute;ctimas de los temporales, naufragios, piratas, enfermedades de a bordo y tambi&eacute;n, a veces, de la mala suerte. Es l&oacute;gico pensar que en el origen de la Bajada de la Virgen encontremos de nuevo la mar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-ii_129_12343738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 May 2025 11:39:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La impronta de la mar en la Bajada de la Virgen (II)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La impronta del mar en la Bajada de la Virgen de las Nieves]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves_129_12327636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bd2e1572-14b8-41cc-a24a-78425644c3b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La impronta del mar en la Bajada de la Virgen de las Nieves"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Los ataques piráticos, junto a las sequías, plagas y erupciones volcánicas, componían el plantel de desdichas que sufría la isla, ante las cuales los lugareños apelaban a la intercesión de la Virgen de las Nieves, cuya imagen trasladaban desde su santuario, ubicado a las afueras de Santa Cruz de La Palma, hasta el centro de la ciudad</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Mapa de la costa de Canarias, suroeste peninsular y África recogido en el &#039;Teatro  del Mundo&#039; de Abraham Ortelius del Centro Nacional de Información Geográfica."
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            <span class="title">
                Mapa de la costa de Canarias, suroeste peninsular y África recogido en el &#039;Teatro  del Mundo&#039; de Abraham Ortelius del Centro Nacional de Información Geográfica.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Al referirse al elemento &laquo;agua&raquo; como parte de la creaci&oacute;n del mundo, fray Luis de Granada afirmaba en su obra <em>Introducci&oacute;n al s&iacute;mbolo de la fe</em>: &laquo;Y as&iacute; la mar, puesta en medio de las tierras, nos representa una gran feria y mercado, en el cual se hallan tantos compradores y vendedores, con todas las mercader&iacute;as necesarias para la sustentaci&oacute;n de nuestra vida&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s sea esta una lectura excesivamente optimista del papel que ha jugado la mar en la humanidad, pero nos da una idea de la importancia que, por su posici&oacute;n geoestrat&eacute;gica, las islas Canarias, y entre ellas, de forma prominente, La Palma, han tenido en esa <em>gran feria y mercado</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero, incluso, hasta tierra adentro, la mar trajo infinidad de calamidades en forma de ataques pir&aacute;ticos. Desde comienzos del siglo XIV, el archipi&eacute;lago canario sufri&oacute; los ataques de portugueses, castellanos, mallorquines y catalanes. A partir de la conquista, los enemigos de la Corona de Espa&ntilde;a (portugueses, franceses, ingleses y holandeses) seguir&iacute;an con sus invasiones y ataques corsarios hasta finales del XVIII. No obstante, y como recoge el profesor Anaya Hern&aacute;ndez, &laquo;el enemigo m&aacute;s pertinaz y da&ntilde;ino para las islas ser&iacute;a el corso magreb&iacute;, ya que debido a la ausencia de tratado de paz con el Magreb su presencia ser&iacute;a constante desde 1569 hasta 1749. Adem&aacute;s, mientras los europeos buscaban &uacute;nicamente el bot&iacute;n material que sus capturas les brindaban, los berberiscos persegu&iacute;an tambi&eacute;n el de seres humanos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estos ataques, junto a las sequ&iacute;as, plagas y erupciones volc&aacute;nicas, compon&iacute;an el plantel de desdichas que sufr&iacute;a la isla, ante las cuales los lugare&ntilde;os apelaban a la intercesi&oacute;n de la Virgen de las Nieves, cuya imagen trasladaban desde su santuario, ubicado a las afueras de Santa Cruz de La Palma, hasta el centro de la ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La azarosa experiencia marinera del obispo Rabad&aacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 1676, ante una extraordinaria sequ&iacute;a, el entonces obispo de Canarias, Bartolom&eacute; Garc&iacute;a Xim&eacute;nez Rabad&aacute;n, autoriz&oacute; de nuevo el traslado, d&aacute;ndose la circunstancia de que se encontraba en la isla acorralado por la presencia de varios barcos piratas que, vigilando los puertos de Tazacorte y Santa Cruz de La Palma, le imped&iacute;an zarpar desde hac&iacute;a meses. El fervor popular, unido a la especial sensibilidad que su atorada situaci&oacute;n le provocaba, resolvi&oacute; que el devoto acto se repitiese cada cinco a&ntilde;os a partir de 1680.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la existencia del prelado parec&iacute;a estar abocada a un continuo infortunio en el que la peor versi&oacute;n de la mar y sus usuarios m&aacute;s atroces siempre estuvieron presentes. En palabras del sacerdote e investigador Julio S&aacute;nchez Rodr&iacute;guez, &laquo;Rabad&aacute;n, como Ulises, fue &ldquo;un peregrino por el mar&rdquo;&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n recoge Jos&eacute; Viera y Clavijo, tras ser nombrado obispo y embarcar en C&aacute;diz hacia Canarias el 5 de julio de 1665, su peque&ntilde;a flota sufri&oacute; el infortunio de desviarse hacia Azores por una combinaci&oacute;n de errores de c&aacute;lculo e inclemencias meteorol&oacute;gicas. Al intentar retomar el rumbo correcto, la <em>saet&iacute;a genovesa </em>en la que viajaba D. Bartolom&eacute; termin&oacute; peligrosamente cerca de la costa africana donde &laquo;vieron moros navegando por las orillas&raquo;. Prosigue Viera y Clavijo: &laquo;los vientos, que soplaban muy recios eran absolutamente contrarios al intento de volver en busca de las islas; as&iacute; se hallaron en la dura necesidad de seguir rumbo de la Am&eacute;rica&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras no pocos sufrimientos, lograron llegar a Puerto Rico el 9 de agosto, desde donde intent&oacute; varias veces zarpar hacia Canarias, lo que logr&oacute; el 10 de octubre &laquo;en una mala carabela&raquo;. Al poco de salir, &laquo;sobrevino una tormenta tan deshecha que para salvar vidas fue menester desarbolar, aligerar carga y arrojar al agua muchas santas reliquias&raquo;. Pero cuando todo anunciaba un fatal desenlace, una flota de nav&iacute;os mercantes ingleses les socorrieron. El capit&aacute;n de la flota ofreci&oacute; alojamiento en su barco al obispo y su familia, pero a los tres d&iacute;as, confundi&eacute;ndolo con un &laquo;indiano&raquo;, le exigi&oacute; mil quinientos pesos.
    </p><p class="article-text">
        Tras pasar la Navidad a bordo, el 27 de diciembre vieron la isla de La Palma y el 29 el maltrecho obispo desembarc&oacute; en Santa Cruz de Tenerife; hab&iacute;an transcurrido casi seis meses desde que partiera de C&aacute;diz. Seg&uacute;n Viera y Clavijo: &laquo;el deseado arribo del ilustre Prelado, sus raras aventuras, y la anticipada opini&oacute;n de su gran virtud, que le hac&iacute;an una persona interesante para los canarios, todo contribuy&oacute; a que fuese recibido con las mayores demostraciones de contento; bien que no dexaban de desconsolarse, creyendo, al considerar su delicada complexi&oacute;n, que no tendr&iacute;an Obispo para veinte y cinco d&iacute;as; sin embargo, el Pontificado de Don Bartolom&eacute; Xim&eacute;nez fue de veinte y cinco a&ntilde;os&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recuperado Rabad&aacute;n de tan penoso y largo viaje, quiso que su primera visita pastoral fuese a La Palma, pues hac&iacute;a treinta y seis a&ntilde;os que ninguno de sus antecesores arribaba a esta isla. En julio de 1666 se embarc&oacute; desde el puerto de La Orotava en la misma carabela en que hab&iacute;a vuelto de las Indias. Nuevamente, la fatal combinaci&oacute;n de errores de c&aacute;lculo e inclemencias meteorol&oacute;gicas obligaron al obispo a desviarse hasta Tazacorte, desde donde, tras una sufrida marcha, pudo llegar a Santa Cruz de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, al arribar fue requerido en Tenerife para sofocar una revuelta de cl&eacute;rigos, por lo que hubo de abandonar precipitadamente la isla. No ser&iacute;a esta la &uacute;nica vez que D. Bartolom&eacute; sufriera la furia de la mar y la impericia de los pilotos; en otra ocasi&oacute;n en que deseaba visitar la catedral de Las Palmas de Gran Canaria, su nave padeci&oacute; una dura tormenta que la desvi&oacute; hacia la Aldea de San Nicol&aacute;s. En 1675, &laquo;volvi&oacute; a la Palma, en donde, por tener bloqueados los puertos dos embarcaciones de Moros que solicitaban cautivar al Obispo, estuvo detenido hasta marzo de 1676, que pudo pasar a la Gomera, escap&aacute;ndose casi milagrosamente de sus garras&raquo;, describe Viera y Clavijo. Con total seguridad, al estipular que cada cinco a&ntilde;os la Virgen de las Nieves bajara desde su santuario a la ciudad y puerto de Santa Cruz de La Palma, de alguna manera, Rabad&aacute;n quer&iacute;a que tambi&eacute;n intercediera por las gentes de mar, cuyas fatigas sufri&oacute; en sus propias carnes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/impronta-mar-bajada-virgen-nieves_129_12327636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 May 2025 17:04:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La impronta del mar en la Bajada de la Virgen de las Nieves]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[`Quillas en alas de lona´]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/quillas-alas-lona_129_7983622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4397e0a-b276-4031-b2db-b1999e378f14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="`Quillas en alas de lona´"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Efectivamente, el optimist es el cimiento del deporte de la vela—¬ por mucho que algunos, rendidos al boato y el artificio, pretendan obviarlo—. En él se han forjado los grandes campeones que ha dado Canarias y en él navega el futuro de este deporte.</p></div><p class="article-text">
        Con motivo de la llegada a Lanzarote de la primera edici&oacute;n de la Regata de San Gin&eacute;s, el Semanario Pron&oacute;sticos de Arrecife public&oacute; en 1947 un art&iacute;culo firmado por Fidel Roca en el que describ&iacute;a a los regatistas como &ldquo;<em>aquellos que han luchado valientes y heroicos contra los elementos y han competido en noble lucha con la sola arma del arte de saber llevar unas quillas en alas de lona&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, las velas ya no son de lona y las quillas han adoptado formas m&aacute;s acordes con las nuevas tecnolog&iacute;as, aunque el arte de saber llevarlas sigue siendo el arma que todo regatista emplea en la noble lucha por la victoria. Sin embargo, estar&iacute;amos equivocados al pensar que esa lucha es contra el adversario; es contra la mar, el viento, en ocasiones el miedo, el frio, incluso contra uno mismo. Quiz&aacute;s sea ese el motivo por el que el deporte de la vela lleva aparejado un alto grado de formaci&oacute;n y maduraci&oacute;n personal. Desde luego, no cabe duda de que promueve valores y aptitudes como el respeto, el compa&ntilde;erismo, la iniciativa, la autoconfianza o la comunicaci&oacute;n, al igual que lo hacen otras disciplinas deportivas. Pero la conjunci&oacute;n entre actividad f&iacute;sica y mental, y el medio que nos rodea lo hacen &uacute;nico, y de especial relevancia en una isla que se precia de ser Reserva Mundial de la Biosfera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como dir&iacute;a el periodista y escritor &Aacute;ngel Trist&aacute;n Pimienta, el &ldquo;acceso optimist&rdquo; es la f&oacute;rmula mediante la cual los ni&ntilde;os llegan al mundo de la vela. Se trata de un peque&ntilde;o barco simple, estable y a la vez competitivo, por lo que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, de entre 7 y 14 a&ntilde;os, ganan mayor seguridad en s&iacute; mismos y pueden desarrollar sus habilidades. Su origen es bastante curioso ya que a los j&oacute;venes de un pueblito situado en la costa oeste de EE. UU. se les ocurri&oacute; utilizar las cajas de jab&oacute;n industrial que desechaba una f&aacute;brica local para colocarles ruedas, una vela, y lanzarse con ellas a recorrer las calles. Ante las vertiginosas velocidades que alcanzaban esos carritos veleros, los alarmados vecinos hicieron llegar sus quejas al alcalde quien como soluci&oacute;n encarg&oacute; a un ingeniero que se valiera de esos mismos materiales para crear alg&uacute;n tipo de embarcaci&oacute;n que proporcionase a los chicos diversi&oacute;n en el agua y no en medio de la poblaci&oacute;n. Con el paso de los a&ntilde;os y la mejora de su dise&ntilde;o, caus&oacute; un &ldquo;boom&rdquo; mundial que lo convirti&oacute; en la base de la navegaci&oacute;n a vela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, el optimist es el cimiento del deporte de la vela&mdash;&shy; por mucho que algunos, rendidos al boato y el artificio, pretendan obviarlo&mdash;. En &eacute;l se han forjado los grandes campeones que ha dado Canarias y en &eacute;l navega el futuro de este deporte.
    </p><p class="article-text">
        Este fin de semana tenemos la oportunidad de presenciar el espect&aacute;culo que supone reunir a los mejores regatistas de pr&aacute;cticamente todo el archipi&eacute;lago con motivo del Campeonato de Canarias de Optimist. Nuestros representantes: Aulis Pursino, Claudia Concepci&oacute;n, Ezequiel Gonz&aacute;lez, Kuan Deutschen, Mario Su&aacute;rez y Valeria Diaz, han llevado a cabo una gran preparaci&oacute;n, esforz&aacute;ndose y sacrific&aacute;ndose en duras jornadas de agua, viento, y frio. M&aacute;s all&aacute; de la clasificaci&oacute;n que logren, ellos se habr&aacute;n ganado a s&iacute; mismos, haci&eacute;ndonos sentir orgullosos de que seis j&oacute;venes regatistas palmeros, junto a un centenar de chicos y chicas de todo el Archipi&eacute;lago, se hagan a la mar para competir en <em>noble lucha con la sola arma del arte de saber llevar unas quillas en alas de lona</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Buena proa.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;Mario Su&aacute;rez Rosa</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/quillas-alas-lona_129_7983622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 May 2021 08:46:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[`Quillas en alas de lona´]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Feliciano Reyes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jose-feliciano-reyes_132_1214972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando me despido de un apasionado del mar siempre me viene a la memoria la respuesta del filósofo Anacarsis Escita sobre si eran más los vivos o los muertos:</p><p class="subtitle">¿en qué clase de esas dos pones a los navegantes?…</p></div><p class="article-text">
        Al hablar de la historia del deporte n&aacute;utico de la isla de La Palma, hay que mencionar varias veces a Pepe Feliciano. Su nombre aparece, junto a Telesforo Rodr&iacute;guez Fern&aacute;ndez, Alfredo P&eacute;rez D&iacute;az, Armando Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez, Manuel Cabrera Pedrianes, Alberto Lugo Rodr&iacute;guez, Javier Brito Hern&aacute;ndez, Miguel Perdig&oacute;n Ben&iacute;tez, Ram&oacute;n Vargas P&eacute;rez y Juan Barreda D&iacute;az, como los primeros entusiastas regatistas palmeros que participaron en las competiciones organizadas en las Fiestas Lustrales de 1960, con motivo de la visita de la flota de <em>snipe</em> del Real Club N&aacute;utico de Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de la d&eacute;cada de los 70&acute;, fue el promotor de los primeros cursillos de <em>optimist</em> que la Federaci&oacute;n celebrar&aacute; en la isla con la ayuda de sus hijos, Francisco, Jes&uacute;s y Paloma, a quienes se unir&aacute;, a&ntilde;os despu&eacute;s Harald K&ouml;rke. La celebraci&oacute;n de estos cursillos motiv&oacute; que se adquirieran varias embarcaciones en la isla y se organizaran las primeras competiciones donde se fogueaban los incipientes regatistas que finalizaban los cursillos de iniciaci&oacute;n: Trofeo del Navegante, Trofeo Ra&uacute;l Galv&aacute;n, Trofeo Virgen de las Nieves, Trofeo de Semana Santa o Trofeo de Verano. Estas regatas se organizaban con material que hab&iacute;a dejado la Federaci&oacute;n en los cursos que organizaba, <em>aunque siempre hab&iacute;a que buscar alguna boya o alg&uacute;n cabo por el muelle</em>, como recordaba Pepe. En cuanto a las embarcaciones de apoyo con las que se contaba en la &eacute;poca, destacaba un catamar&aacute;n adquirido por &eacute;l en 1978 llamado `Junonia&acute; en el que naveg&oacute;, impulsado por sus llamativas velas rojas, buena parte de la juventud palmera de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        El color de estas velas motiv&oacute; una an&eacute;cdota en la Regata Lustral de 1980, ya que los tripulantes del primer barco en aproximarse a Santa Cruz de La Palma, que hab&iacute;a ido en cabeza de la flota desde Anaga, se llevaron un gran susto cuando observaron frente al puerto de la capital palmera un barco con una vela roja; lo primero que pensaron fue que a lo largo de la noche alguno de los dem&aacute;s participantes les hab&iacute;a pasado y estaba entrando en meta con el <em>spinnaker</em>, pues esta vela suele ser de colores. Al llegar comprobaron que se trataba de Pepe Feliciano que iba a recibir a los participantes de la prueba.
    </p><p class="article-text">
        Hasta 1974, las regatas que se celebraban en las islas establec&iacute;an su clasificaci&oacute;n seg&uacute;n el tiempo real de llegada a meta. Esto supon&iacute;a que, en igualdad de condiciones, algunos barcos no ten&iacute;an nada que hacer ante otros, debido las evidentes diferencias entre las esloras y prestaciones de cada uno. En 1975 se implant&oacute; un sistema de tiempos compensados con el que equilibrar las posibilidades de toda la flota. De esta manera, aunque un barco entre en meta el primero debido a sus ventajosas caracter&iacute;sticas frente a otro puede ser ganado por este &uacute;ltimo al aplic&aacute;rseles un coeficiente corrector que iguala sus posibilidades. En la Regata Lustral de ese a&ntilde;o se cre&oacute; un comit&eacute; de regata que aplicara, entre otras medidas, esta compensaci&oacute;n. Pepe Feliciano, que en ese entonces era comodoro del Real Club N&aacute;utico de La Palma, entidad que colaboraba con la prueba, fue el representante palmero en ese comit&eacute;, junto a Javier Gorostiza Trujillo del Real Club N&aacute;utico de Tenerife, e Ignacio P&eacute;rez-Gald&oacute;s de la Torre del Real Club N&aacute;utico de Gran Canaria. Junto a Armando Rodr&iacute;guez Gonz&aacute;lez eran los encargados de tomar los tiempos de llegada de cada barco para lo que empleaban un reloj de los usados en colombofilia, ya que este aparato emite un ticket de papel con la hora exacta.
    </p><p class="article-text">
        El mar era Pepe y Pepe era el mar, tanto es as&iacute;, que cualquier acontecimiento que ocurriera en el &aacute;mbito marino ten&iacute;a que ver con &eacute;l, lo cual jalon&oacute; su vida de innumerables an&eacute;cdotas:
    </p><p class="article-text">
        A mediados de los 70&acute; lleg&oacute; a Santa Cruz de La Palma un velero ingl&eacute;s cuyo propietario ten&iacute;a algunos problemas con la justicia de su pa&iacute;s, por lo que la Ayudant&iacute;a Naval de La Palma recibi&oacute; orden de precintarlo. El barco estuvo alg&uacute;n tiempo fondeado en el puerto hasta que cierto d&iacute;a zarp&oacute; en medio de un temporal del Sur. El ayudante naval de La Palma, Wenceslao Gonz&aacute;lez Murcia, carente de embarcaci&oacute;n alguna con la que proceder a su persecuci&oacute;n y detenci&oacute;n, solicit&oacute; la ayuda a Pepe Feliciano para que, a bordo de su motora fueraborda de 120 caballos, fueran a detener al navegante fugado. A los pocos minutos Feliciano, Gonz&aacute;lez Murcia, y un marinero de la Ayudant&iacute;a, se encontraban en el fueraborda dando botes, calados de agua hasta los huesos y tras la estela de la embarcaci&oacute;n brit&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar a la altura del balandro le hicieron se&ntilde;as para que regresara a puerto, haciendo el &iacute;nclito ingl&eacute;s caso omiso de la orden. Entonces el Ayudante Naval orden&oacute; al marinero que disparase a cierta distancia de la proa del velero, pero debido a los rociones de agua que hab&iacute;a recibido en la persecuci&oacute;n, la metralleta que portaba se hab&iacute;a mojado y se encasquill&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El yate ingl&eacute;s continuaba navegando sin variar el rumbo hasta que al marinero que intentaba afanosamente secar el arma, se le dispar&oacute; una r&aacute;faga al aire, lo que provoc&oacute; de manera inmediata que el s&uacute;bdito de Su Graciosa Majestad virara y pusiera la embarcaci&oacute;n rumbo nuevamente a puerto.
    </p><p class="article-text">
        Me contaba Pepe, de forma jocosa, que alg&uacute;n peri&oacute;dico de Tenerife public&oacute;, haci&eacute;ndose eco de la noticia, que un buque de guerra espa&ntilde;ol hab&iacute;a detenido a un barco ingl&eacute;s que hu&iacute;a de las islas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando me despido de un apasionado del mar siempre me viene a la memoria la respuesta del fil&oacute;sofo Anacarsis Escita sobre si eran m&aacute;s los vivos o los muertos: <em>&iquest;en qu&eacute; clase de esas dos pones a los navegantes?&hellip;</em>      
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mario Su&aacute;rez Rosa  </strong>  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jose-feliciano-reyes_132_1214972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2020 09:30:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[José Feliciano Reyes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Reyes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El espíritu de Renacer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/espiritu-renacer_132_1626762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El espíritu de Renacer ha sufrido una importante sacudida; dos miembros de nuestra familia han perdido la batalla contra una cruel enfermedad a la que, no obstante, plantaron cara con fuerza y valentía.</p></div><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu que impuls&oacute; la creaci&oacute;n de la Rondalla Renacer, hace cerca de 25 a&ntilde;os, fue el de evocar a aquellos viejos villanciqueros que desde mediados del pasado siglo cantaban las <em>misas de luz.</em> Ese esp&iacute;ritu contaba con un car&aacute;cter integrador, admitiendo r&aacute;pidamente nuevos estilos musicales que se incorporaron a un eje vertebrador marcado por la amistad, camarader&iacute;a y sana diversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu de Renacer ha sufrido una importante sacudida; dos miembros de nuestra familia han perdido la batalla contra una cruel enfermedad a la que, no obstante, plantaron cara con fuerza y valent&iacute;a. Pero lejos de amilanarse, y haciendo honor al nombre de la rondalla, la esencia que nos une recobra energ&iacute;a con el paradigma de Fifo L&oacute;pez y Tom&aacute;s Calamita, dos personas que despachaban bonhom&iacute;a y musicalidad a partes iguales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Desde joven, el ritmo estuvo presente en la vida de Fifo, y hasta los &uacute;ltimos momentos sigui&oacute; marc&aacute;ndolo en los ensayos a los que acud&iacute;a con una entereza digna de admiraci&oacute;n. Tom&aacute;s atesoraba una exquisita formaci&oacute;n y experiencia que pon&iacute;a de manifiesto dentro y fuera de la rondalla, contagiando alegr&iacute;a a ritmo de guitarra. En ambos casos, interpretaban igual de bien las notas que acompasaban una melod&iacute;a como otras, ajenas al arte de las musas, pero que quiz&aacute;s debi&eacute;ramos practicar m&aacute;s a menudo, como son la afabilidad, bondad o la honradez del car&aacute;cter.
    </p><p class="article-text">
        Hoy trasladamos todo nuestro cari&ntilde;o a Cristina y Carmen en el convencimiento de que Fifo y Tom&aacute;s se unir&aacute;n a la orquesta eterna donde ser&aacute;n acogidos por otros viejos villanciqueros como Juan Garc&iacute;a, El&iacute;as Canseco, Agust&iacute;n Francisco, To&ntilde;o Sosa, Lalo Abrante, Fico Carrillo, Germ&aacute;n Gonz&aacute;lez&hellip; y juntos interpretar&aacute;n la banda sonora de nuestras vidas, melod&iacute;a imperceptible que habita en la memoria, una memoria que se convierte en tesoro cuando alguien al que quieres se transforma en recuerdo. Nuestro mejor homenaje ser&aacute; vivir y transmitir ese tesoro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/espiritu-renacer_132_1626762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Mar 2019 16:01:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El espíritu de Renacer]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde el mar te lleve. Jesús Godoy Ballesteros, in memoriam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jesus-godoy-ballesteros-in-memoriam_132_3396340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Por eso amigo mío, donde el mar te lleve, donde el mar nos lleve, espero que volvamos a encontrarnos para seguir hablando de lo pequeña que es la vida si no le añadimos la inmensidad de ese otro mar.</p></div><p class="article-text">
        Haber nacido justo en el centro de la Pen&iacute;nsula no evit&oacute; que hicieras propia esa sensaci&oacute;n mezcla de asombro, admiraci&oacute;n y respeto que ante la inmensidad del mar sentimos los isle&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En alguna ocasi&oacute;n hablamos de la influencia que esa gran masa de agua ejerce sobre el hombre, oblig&aacute;ndolo, en ocasiones, a cambiar su esquema mental para poder asimilar su propia peque&ntilde;ez. Esa peque&ntilde;ez que, a golpe de infortunio, se hace patente de vez en cuando, como el triste episodio del <em>Titanic</em>, sobre el que eras un aut&eacute;ntico experto.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, cre&iacute;as en el hombre, en sus posibilidades. Quiz&aacute;s tu pasi&oacute;n por la ciencia ficci&oacute;n era una manera de proyectar esa esperanza de un mundo mejor en la que cre&iacute;as y te empe&ntilde;abas en hacer creer a todos los que tuvimos la suerte de haberte conocido - algo que, viniendo de quien por su profesi&oacute;n se enfrenta a diario con la peor cara de la condici&oacute;n humana, tiene mucho m&eacute;rito.
    </p><p class="article-text">
        En ese &aacute;mbito, el profesional, realizaste una labor encomiable. Como me dec&iacute;a un amigo en com&uacute;n hace unos d&iacute;as, supiste entender la sociedad de esta isla, una sociedad que, no por peque&ntilde;a, deja de tener sus peculiaridades (o quiz&aacute;s precisamente por ello). Lejos de aislarte en un c&oacute;modo y as&eacute;ptico destino, te involucraste en ella, hasta el punto de haberte inmiscuido en el devenir cultural de la misma, participando en las actividades de la Real Sociedad Cosmol&oacute;gica, entidad a la que aportaste tiempo y cari&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; decir de la impronta que dejaste entre distintos colectivos de amigos entre los que fuiste uno m&aacute;s, haciendo gala de una correcci&oacute;n, honestidad, simpat&iacute;a y camarader&iacute;a irreprochables: la Pe&ntilde;a del Madrid, los amigos de Fuencaliente, del Aeropuerto, Las Sirenas...
    </p><p class="article-text">
        Precisamente en este grupo - creado como explica el amigo Juan Capote en un reciente art&iacute;culo - alrededor de la figura de Quico Concepci&oacute;n, El Maestro &ndash; fue donde muchos conocimos esa faceta tuya, desenfadada pero correcta, realista pero esperanzada. <em>El Desembarco</em> que protagonizan las Sirenas, es un acto en el que la alegr&iacute;a y la tristeza se entremezclan derivando en una exaltaci&oacute;n de la vida, utilizando elementos de la realidad para dar forma a otro mundo posible, otro mundo mejor.
    </p><p class="article-text">
         Jorge Luis Borges, quien como nadie expres&oacute; este sentimiento universal, escribi&oacute;: &ldquo;La vida es corta, y aunque las horas son tan largas, una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar [...]&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Por eso amigo m&iacute;o, donde el mar te lleve, donde el mar nos lleve, espero que volvamos a encontrarnos para seguir hablando de lo peque&ntilde;a que es la vida si no le a&ntilde;adimos la inmensidad de ese otro mar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jesus-godoy-ballesteros-in-memoriam_132_3396340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 May 2017 15:10:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Donde el mar te lleve. Jesús Godoy Ballesteros, in memoriam]]></media:title>
    </item>
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