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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel Vallejo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel_vallejo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel Vallejo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Burke y la filosofía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/burke-filosofia_132_3375764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Edmund Burke es conocido entre muchas otras cosas por ser padre de una frase cuya expresi&oacute;n m&aacute;s habitual reza as&iacute;: &ldquo;Lo &uacute;nico necesario para que triunfe el mal es que los hombres de bien no act&uacute;en&rdquo;. La sentencia es famosa porque atesora casi todas las cualidades para hacerse hist&oacute;ricamente relevante: simplicidad, trascendencia tem&aacute;tica y elegancia formal. Adem&aacute;s, parece albergar una loable pretensi&oacute;n de universalidad, queri&eacute;ndose v&aacute;lida para todo tiempo y lugar.
    </p><p class="article-text">
        Estas son palabras mayores, y sin embargo un fil&oacute;sofo -lo que en &uacute;ltimo t&eacute;rmino ata&ntilde;e a casi toda persona que durante su vida haya tenido, como dec&iacute;a Russell, un barniz de filosof&iacute;a- no se entregar&iacute;a a loas pueriles o maximizaciones universalistas sin preguntarse antes qu&eacute; podr&iacute;a significar eso de &ldquo;hombres de bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Burke, un fil&oacute;sofo y pol&iacute;tico quiz&aacute; por entonces no muy fustigado por el l&aacute;tigo del relativismo hist&oacute;rico, asum&iacute;a que ser bueno era respetar las viejas leyes. Sin duda pensaba en aquellas que se hallaban en oposici&oacute;n a las extra&ntilde;as reivindicaciones de los revolucionarios franceses, quienes pretend&iacute;an reorganizar la convivencia humana en torno a un lema no menos glorioso que su propia sentencia: Libertad, igualdad y fraternidad. Debido a esto, Burke tambi&eacute;n parec&iacute;a arrogarse la capacidad de se&ntilde;alar con claridad lo que constitu&iacute;a el mal. En pocas palabras, el brit&aacute;nico ten&iacute;a -como todos nosotros-un criterio valorativo personal. 
    </p><p class="article-text">
        Al fil&oacute;sofo que casi todos llevamos dentro le puede parecer parad&oacute;jico que Burke quisiera estar a la altura de la pretendida universalidad de su frase actuando desde una perspectiva individual; sin embargo ese mismo fil&oacute;sofo asume que no hay contradicci&oacute;n insuperable en ello, dado que la tensi&oacute;n entre ambos extremos es como sugiere Hegel, en esencia dial&eacute;ctica y por tanto, fruct&iacute;fera: no puede predicarse universalidad de un valor que no alcance y satisfaga a cada uno de los seres humanos particulares. Del mismo modo, cada personal&iacute;sima idea sobre lo que sea el bien se quiere part&iacute;cipe de la totalidad del concepto.
    </p><p class="article-text">
        Por ello es posible que nuestro autor se considerase a s&iacute; mismo una persona de bien que actuaba para el bien, y no ser&iacute;a un ejemplo &uacute;nico en la historia: Robespierre, Danton, Teresa de Calcuta o Franco, por poner s&oacute;lo cuatro ejemplos dispares, muy probablemente tambi&eacute;n se tuviesen por tales. 
    </p><p class="article-text">
        Pero lo problem&aacute;tico aqu&iacute; es que aquilatar la hondura de la &ldquo;bondad&rdquo; de estas personas no podr&iacute;a, por razones obvias, ser un acto de su propia conciencia: para ello ser&iacute;a necesario el estudio y an&aacute;lisis de sus actos, obras y legado por parte de contempor&aacute;neos y sucesores, iniciando con ello un juicio que no deviniese autom&aacute;ticamente en sentencia. Y esto debiera ser as&iacute; porque la denominada &ldquo;bondad&rdquo; puede aparecer bajo muchas formas, e incluso no tiene por qu&eacute; asemejarse en nada a lo aceptado como bien desde ciertas interpretaciones hist&oacute;ricas, sociales o ideol&oacute;gicas. En una palabra, en contra de lo que sugieren grandes corrientes del pensamiento, el bien no parece ser un valor universal. Todo lo dicho vale tambi&eacute;n para las revoluciones: la historia casi nunca absuelve de un modo total, porque el reino de lo absoluto, mal que le pese a Hegel, no es de este mundo. 
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n que se nos deber&iacute;a plantear ahora es: &iquest;Si no existe algo as&iacute; como un valor absoluto, de d&oacute;nde proviene el criterio para establecer el juicio sobre la bondad de las personas y sus actos?
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, habr&iacute;a que se&ntilde;alar que algunas de las potencialmente m&aacute;s peligrosas &ldquo;personas de bien&rdquo; son, de un modo parad&oacute;jico, aquellas que se ocupan del cuidado de la juventud: educadores -y sobre todo legisladores y bur&oacute;cratas de la educaci&oacute;n- que suministran esos criterios con que las nuevas generaciones deber&aacute;n establecer el juicio sobre sus antepasados y coet&aacute;neos, ayudando desde este conocimiento a construir el futuro. 
    </p><p class="article-text">
        Si hasta aqu&iacute; me he explicado con claridad se entender&aacute; que el peligro radica, como es natural, en que estas &ldquo;personas de bien&rdquo; impongan criterios particulares -por lo general ideol&oacute;gicos- haci&eacute;ndolos pasar por universales. Criterios como los de pragmatismo, empleabilidad o utilidad, que contribuyan no s&oacute;lo a enturbiar o blanquear el juicio sobre el pasado, el presente y el porvenir, sino incluso tambi&eacute;n a soslayarlo. Criterios que laminen las artes, las humanidades y las ciencias sociales -pervirtiendo con ello las naturales- y muy especialmente la filosof&iacute;a, que trasciende a todas, eliminando esa p&aacute;tina de la que hablaba Russell como criterio de dignidad humana, con la excusa de que tales disciplinas &ldquo;distraen de lo esencial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Confusi&oacute;n de an&eacute;cdota y categor&iacute;a, esto significar&iacute;a que lo que debiera ser universalmente ense&ntilde;ado pasar&iacute;a a ser particularmente impuesto. En este sentido, La LOMCE ha sido un error tr&aacute;gico, que ha pretendido -y en algunos aspectos, conseguido- dejar sin criterio propio a toda una generaci&oacute;n de estudiantes a la que se ha privado de todo recurso para construirlo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no caigamos en la tentaci&oacute;n de sentirnos epocalmente especiales: esto es as&iacute; desde los tiempos de S&oacute;crates, cuya sentencia a muerte se ha repetido casi tantas veces como se ha celebrado este debate, de formas muy diferentes y con protagonistas distintos. A veces S&oacute;crates era mostrado no como v&iacute;ctima, sino como verdugo, pero siempre se llev&oacute; a cabo este proceso en nombre de la virtud de los j&oacute;venes, siempre a costa de los criterios sobre su cuidado, casi siempre anteponiendo intereses espurios y no realmente educativos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; puede decirse de nuestra &eacute;poca, es que vac&iacute;o o trastocado por completo el sentido de la frase de Burke, &eacute;sta no llamar&iacute;a la atenci&oacute;n sino como ocurrente topic de facebook o twitter.
    </p><p class="article-text">
        Merecer&iacute;a la pena recuperar este sentido, pero visto lo visto, &iquest;d&oacute;nde reside en realidad la validez de la sentencia de  Burke? Lo m&aacute;s llamativo es que a pesar de algunos sesgos particulares, seguimos teniendo la sensaci&oacute;n de que nos remite a lo universal &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a serlo, sin caer en la tentaci&oacute;n de lo absoluto o en veleidades relativistas?&iquest;Hay acaso una interpretaci&oacute;n de t&eacute;rmino medio que satisfaga su merecida gloria?
    </p><p class="article-text">
        Creo, en efecto, que la sentencia es universal, y lo creo por una raz&oacute;n muy sencilla: el objeto del cual la universalidad se postula no se halla en los valores del bien o del mal -que ya hemos visto que pueden ser tanto personalistas y subjetivos como cruelmente absolutistas-, sino en la acci&oacute;n de las personas que subyace a la valoraci&oacute;n, mediante el juicio, de qu&eacute; sea bueno o malo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos muy cerca de Hannah Arendt, cuando sugiere que el mal se abre paso entre los excesos de una burocracia que no deja pensar a los seres humanos y que por tanto los incapacita para actuar bien. Tambi&eacute;n de Arist&oacute;teles cuando dice que la virtud es la acci&oacute;n m&aacute;s apropiada a la naturaleza de cada ser, siendo la naturaleza del ser humano esencialmente racional.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; mayor signo de universalidad para la frase de Burke que el de unir veinticuatro siglos en un s&oacute;lo pensamiento?
    </p><p class="article-text">
        Trasladado a nuestro tiempo, aquello que debe constituirse en criterio valorativo no puede ser otra cosa que el procedimiento por el cual cada sociedad, entendida como conjunto de individuos e instituciones, establezca qu&eacute; sea el bien y el mal. Si ahora dij&eacute;semos que ambas -acci&oacute;n y procedimiento- deben ser racionales, muchos protestar&iacute;an porque quiz&aacute; no hemos sino trocado el concepto de &ldquo;bien&rdquo; por el de &ldquo;raz&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, estos cr&iacute;ticos no estar&iacute;an m&aacute;s que corroborando nuestra tesis: es en el di&aacute;logo y discusi&oacute;n racionales donde se pone en cuesti&oacute;n cada uno de los presupuestos valorativos, incluido aqu&eacute;l que habla sobre lo que sea &ldquo;racional&rdquo;. Honremos al recientemente desaparecido Karl Otto Apel se&ntilde;al&aacute;ndole como uno de los padres de esta idea, y reivindiquemos a Gilles Deleuze, pregunt&aacute;ndonos con &eacute;l: &iquest;Qui&eacute;n sino la filosof&iacute;a puede hacer todo esto? y lo m&aacute;s importante: &iquest;C&oacute;mo y d&oacute;nde puede hacerlo?
    </p><p class="article-text">
        Ya dec&iacute;a Kant que no se aprende filosof&iacute;a, sino que se aprende a filosofar. Huyendo del solipsismo -esa extrema e irrealizable manifestaci&oacute;n del particularismo-, se constata que no hay mejor forma de aprender que hacerlo en compa&ntilde;&iacute;a de nuestros semejantes, de mano del pensamiento de unos antepasados que devienen contempor&aacute;neos cuando se muestra la universalidad de los problemas a los que se enfrentaron. La escuela es lugar para la filosof&iacute;a. La filosof&iacute;a es el quehacer escolar. Desterrarla de la escuela significa dejar de enfrentar educativamente problemas eternos que nos constituyen como g&eacute;nero humano &uacute;nico y a la vez, diverso.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues la presencia de la filosof&iacute;a en la educaci&oacute;n no debe regirse por criterios relativos al <em>zeitgeist</em>, el denominado &ldquo;esp&iacute;ritu de los tiempos&rdquo;- en nuestro caso el pragmatismo o la &ldquo;empleabilidad&rdquo;-, y ni tan siquiera por valores pretendidamente absolutos como los de lo bueno o lo malo, de cuya existencia objetiva cabe dudar.
    </p><p class="article-text">
        Porque la filosof&iacute;a no se deja seducir por ciertos valores ni tampoco los impone, sino que discute y razona sobre ellos. Tampoco sugiere criterios sino que ella misma como actividad, es el criterio que posibilita a las personas dotarse de uno. 
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo, como amigo de la sabidur&iacute;a y la racionalidad, no puede permanecer inactivo a costa de que el mal avance. No tiene por qu&eacute; ser bueno -nadie lo es de un modo absoluto-, s&oacute;lo debe de hacer bien su trabajo: forzar al pensamiento a cortar el paso al mal de la irreflexi&oacute;n y la ignorancia.
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a no debe ser obligatoria porque sea una asignatura, sino que es una asignatura porque estamos obligados a aprender a pensar, si queremos sobre-vivir, es decir, vivir por encima de lo mediocre y de lo peligroso.
    </p><p class="article-text">
        El pasado martes se aprob&oacute; una PNL en Les Corts, sede de la dialogada soberan&iacute;a del pueblo, que ped&iacute;a la recuperaci&oacute;n de la troncalidad de la filosof&iacute;a en el curr&iacute;culum de secundaria y de segundo de bachillerato. Tambi&eacute;n se alzan voces en su favor desde el conjunto de Espa&ntilde;a. Corresponde a los legisladores educativos de todas las administraciones escuchar y valorar desde un criterio racional esta petici&oacute;n. Esperemos que, para evitar el avance del mal, las personas de bien act&uacute;en cuanto antes.
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;ngel Vallejo es Profesor de filosof&iacute;a, miembro de la junta directiva de la <a href="http://www.redfilosofia.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Red Espa&ntilde;ola de </a>Filosof&iacute;a y miembro de la Societat de Filosofia del Pa&iacute;s Valenci&agrave;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Vallejo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 May 2017 08:46:14 +0000]]></pubDate>
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