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    <title><![CDATA[elDiario.es - Emilio Santiago Muiño]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/emilio_santiago_muino/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Emilio Santiago Muiño]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La enseñanza de la crisis ecológica en la educación superior: una propuesta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ensenanza-crisis-ecologica-educacion-superior-propuesta_129_8708019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ae20eca-e228-4f61-b410-4c70d156a6ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La enseñanza de la crisis ecológica en la educación superior: una propuesta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A día de hoy, lo más habitual es que un estudiante de, por ejemplo, ingeniería de caminos, derecho, psicología, periodismo o economía se gradúe sin haber recibido la más mínima formación reglada en materia medioambiental</p></div><p class="article-text">
        Por asombroso que resulte, medio siglo despu&eacute;s del <a href="https://www.clubderoma.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Informe del Club de Roma</a> la presencia de contenidos curriculares relacionados con la crisis ecol&oacute;gica sigue siendo marginal en la educaci&oacute;n superior espa&ntilde;ola, tanto en la universitaria como en la formaci&oacute;n profesional. Se han desarrollado, es cierto, carreras espec&iacute;ficas vinculadas con el medioambientalismo y en algunos grados universitarios existen asignaturas, casi siempre optativas, que ofrecen alg&uacute;n tipo de especializaci&oacute;n medioambiental gracias al compromiso personal de un pu&ntilde;ado de docentes. En otros casos, distintas instituciones universitarias han hecho esfuerzos meritorios por promover valores medioambientalistas transversales. Pero la realidad es que, a d&iacute;a de hoy, lo m&aacute;s habitual sea que un estudiante de, por ejemplo, ingenier&iacute;a de caminos, derecho, psicolog&iacute;a, periodismo o econom&iacute;a se grad&uacute;e sin haber recibido la m&aacute;s m&iacute;nima formaci&oacute;n reglada en materia medioambiental.
    </p><p class="article-text">
        La transici&oacute;n ecol&oacute;gica es un desaf&iacute;o llamado a vertebrar los esfuerzos colectivos y marcar las decisiones estrat&eacute;gicas de todas las sociedades del planeta durante las pr&oacute;ximas tres d&eacute;cadas. As&iacute; ha sido reconocido por todas las instancias de gobernanza en todos los niveles, desde el internacional (Agenda 2030, Acuerdo de Par&iacute;s) hasta el europeo (Pacto Verde Europeo), pasando por el nacional en sus tres escalas administrativas (Ley de Cambio Clim&aacute;tico y Transici&oacute;n Energ&eacute;tica, hoja de ruta Espa&ntilde;a 2050, declaraciones de emergencia clim&aacute;tica auton&oacute;micas y municipales). El Pacto Verde Europeo, por ejemplo, define el cambio clim&aacute;tico y la degradaci&oacute;n ambiental &ldquo;como una amenaza existencial a la que se enfrentan Europa y el resto del mundo&rdquo;. Y en pos de superar este reto hist&oacute;rico, establece toda una serie de lineamientos y directrices que van a determinar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de todos los estados miembros de la Uni&oacute;n Europea de aqu&iacute; a 2050. Su objetivo es descarbonizar nuestra econom&iacute;a, cerrar los ciclos de materiales, disociar prosperidad de uso de recursos e impactos ambientales negativos y asegurar que el proceso se despliegue con justicia social, repartiendo equitativamente los esfuerzos que exige y sin dejar fuera de sus beneficios a colectivos o territorios vulnerables.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la Universidad del siglo XXI formarse con competencias básicas relacionadas con la transición ecológica no puede ser ya un asunto exclusivo de científicos ambientales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las transformaciones estructurales que debe impulsar la transici&oacute;n ecol&oacute;gica abarcan un conjunto muy amplio y complejo de tareas, que nos interpelan m&aacute;s all&aacute; del cambio tecnol&oacute;gico. Plantea retos profundamente transversales. Algunos de los rasgos de insostenibilidad que nos hemos propuesto oficialmente superar en el corto y medio plazo son profundamente determinantes en la conformaci&oacute;n material de nuestras sociedades: los usos f&oacute;siles de la energ&iacute;a, la morfolog&iacute;a lineal de la producci&oacute;n, la deslocalizaci&oacute;n econ&oacute;mica&hellip; Por ello su reforma en un sentido ecol&oacute;gico tendr&aacute; un importante efecto arrastre en todas las dimensiones de la vida social. Del mismo modo, y tal como se&ntilde;ala la mejor ciencia disponible, estamos situados en un punto cr&iacute;tico en el que las consecuencias negativas de la inacci&oacute;n ecol&oacute;gica desbordan ya los par&aacute;metros de lo que hasta ahora hab&iacute;amos conceptualizado como da&ntilde;o ambiental. Un fracaso en materia de transici&oacute;n ecol&oacute;gica comprometer&iacute;a seriamente la viabilidad futura de las sociedades modernas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en la Universidad del siglo XXI formarse con competencias b&aacute;sicas relacionadas con la transici&oacute;n ecol&oacute;gica no puede ser ya un asunto exclusivo de cient&iacute;ficos ambientales o una opci&oacute;n de una minor&iacute;a de estudiantes sensibilizados acerca de la crisis ecosocial. Por continuar con los ejemplos precedentes, necesitamos titulaciones de ingenier&iacute;a cuyos egresados dise&ntilde;en las infraestructuras y tecnolog&iacute;as teniendo en cuenta los impactos potenciales del cambio clim&aacute;tico y las necesidades de adaptaci&oacute;n que este nos impone. Necesitamos grados y masters en Derecho, Econom&iacute;a o Administraci&oacute;n de Empresas que preparen a las alumnas y los alumnos para funcionar en un contexto institucional disruptivo, que ser&aacute; sacudido por fuertes cambios normativos y nuevas tendencias impuestas por las pol&iacute;ticas de transici&oacute;n ecol&oacute;gica. Necesitamos ciencias sociales capaces de introducir el factor ecol&oacute;gico como elemento indispensable para comprender la nueva complejidad de la din&aacute;mica social en curso. M&aacute;s en general, necesitamos una ciudadan&iacute;a ecol&oacute;gicamente instruida para tomar partido en los grandes debates que marcar&aacute;n la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, para as&iacute; asegurar la compatibilidad de esta con los principios fundamentales de la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La urgencia de la introducción de contenidos medioambientales en los estudios superiores se enfrenta a un obstáculo evidente: los mecanismos universitarios de cambio curricular son lentos </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Este tipo de tareas nunca han sido ajenas a la instituci&oacute;n universitaria. Todo lo contrario, el desarrollo de la universidad ilustrada siempre ha estado vinculado a una doble misi&oacute;n: la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica independiente pero tambi&eacute;n la formaci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a capaz de participar en los cambios asociados al proceso de modernizaci&oacute;n, ya fuera la creaci&oacute;n de una burocracia estatal eficaz o la formaci&oacute;n de los t&eacute;cnicos cualificados que requer&iacute;a la innovaci&oacute;n industrial. En ese sentido, la introducci&oacute;n de contenidos curriculares relacionados con la crisis ecol&oacute;gica en los estudios universitarios forma parte de la comprensi&oacute;n de la educaci&oacute;n superior como una pieza clave de nuestras sociedades complejas y democr&aacute;ticas. M&aacute;s a&uacute;n, existe ya un amplio abanico de investigaciones rigurosas en torno a las distintas posibilidades de transformaci&oacute;n ecosocial de la universidad, que va m&aacute;s all&aacute; de los planes de estudio.
    </p><p class="article-text">
        La urgencia de la introducci&oacute;n de contenidos medioambientales en los estudios superiores se enfrenta a un obst&aacute;culo evidente: los mecanismos universitarios de cambio curricular son lentos y complejos y no est&aacute;n preparados para afrontar transformaciones r&aacute;pidas y coordinadas. Tal vez cabr&iacute;a proponerse un objetivo a corto plazo limitado, consensual y potencialmente r&aacute;pido de implementar: la inclusi&oacute;n en el mayor n&uacute;mero posible de estudios oficiales de la universidad espa&ntilde;ola de una asignatura no opcional de introducci&oacute;n a la crisis medioambiental. Una asignatura &ndash;o una familia de asignaturas&ndash; basada en consensos ampliamente aceptados por la comunidad cient&iacute;fica que proporcione a los estudiantes conocimiento fiable sobre el cambio clim&aacute;tico, el agotamiento de energ&iacute;as f&oacute;siles y materiales necesarios para la vida y la p&eacute;rdida de biodiversidad, as&iacute; como de las din&aacute;micas sociales implicadas en esos procesos. Una asignatura introductoria adaptada a distintas &aacute;reas de conocimiento que, por tanto, pueda ser impartida por docentes de un amplio abanico de departamentos universitarios.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A lo largo de este año los países firmantes del Acuerdo de París deberán entregar planes con compromisos más ambiciosos para reducir sus emisiones en 2030</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Se trata de un objetivo relativamente modesto y bien definido que podr&iacute;a ser apoyado e impulsado desde distintas instancias. Comunidades aut&oacute;nomas, ministerios, agencias de acreditaci&oacute;n, rectorados, decanatos, departamentos, grupos de investigaci&oacute;n, colegios profesionales podr&iacute;an proponer iniciativas que avancen en esa direcci&oacute;n &ndash;asignaturas transversales, proyectos de innovaci&oacute;n docente, programas de formaci&oacute;n del profesorado, becas de formaci&oacute;n &hellip;&ndash; que, como m&iacute;nimo, contribuir&iacute;an a la normalizaci&oacute;n del medioambientalismo en diversas &aacute;reas universitarias. Por supuesto, la inclusi&oacute;n en los planes de estudio de una asignatura obligatoria y generalista como la que proponemos no deber&iacute;a ser entendida como una alternativa a otras materias m&aacute;s avanzadas que profundicen de forma especializada en los distintos aspectos de la transici&oacute;n ecosocial. Por el contrario, pensamos que podr&iacute;a darse una retroalimentaci&oacute;n positiva, pues se incrementar&iacute;a el inter&eacute;s de los estudiantes en esta &aacute;rea desde los primeros cursos.
    </p><p class="article-text">
        La COP26 celebrada en Glasgow el pasado mes de noviembre instaba a la comunidad internacional a revisar sin dilaciones sus objetivos oficiales de descarbonizaci&oacute;n. A lo largo de este a&ntilde;o los pa&iacute;ses firmantes del Acuerdo de Par&iacute;s deber&aacute;n entregar planes con compromisos m&aacute;s ambiciosos para reducir sus emisiones en 2030. No es tiempo de demoras. Tampoco en lo que concierne a la preparaci&oacute;n de la educaci&oacute;n superior ante los desaf&iacute;os de la transici&oacute;n ecol&oacute;gica. En estas situaciones de urgencia, el maximalismo abstracto suele ser de poca ayuda. Requerimos acciones espec&iacute;ficas, pragm&aacute;ticas, factibles y que logren suscitar un amplio consenso social. La introducci&oacute;n en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os de una asignatura medioambiental obligatoria en el curr&iacute;culum universitario espa&ntilde;ol, basada en la mejor evidencia cient&iacute;fica disponible, creemos que podr&iacute;a ser una propuesta que avanza en la direcci&oacute;n correcta. Y que adem&aacute;s est&aacute; situada en el punto &oacute;ptimo entre lo ecol&oacute;gicamente necesario y lo socialmente posible. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yayo Herrero, César Rendueles, Emilio Santiago Muiño, Fernando Valladares, Alicia Valero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ensenanza-crisis-ecologica-educacion-superior-propuesta_129_8708019.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Feb 2022 21:37:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La enseñanza de la crisis ecológica en la educación superior: una propuesta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Crisis climática]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Negacionismo climático e Ilustración oscura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negacionismo-climatico-e-ilustracion-oscura_129_12989500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Que nadie se llame a enga&ntilde;o, asistimos a una confrontaci&oacute;n de alcance civilizatorio. Frente a la raz&oacute;n y la ciencia, la voluntad de poder. Nietzsche frente Kant. Una disputa por el eje axial sobre el cual auto comprendernos como sociedad o, m&aacute;s po&eacute;ticamente, por el <em>alma </em>de Occidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa disputa, el negacionismo clim&aacute;tico ha tenido y tiene una importancia capital. La negaci&oacute;n pura y dura del principio de realidad, el rechazo sostenido a lo largo de tres d&eacute;cadas de las conclusiones de la ciencia tiene un efecto profundo, perverso y sutil. El del &aacute;cido corrosivo que busca disolver una de las principales conquistas civilizatorias de la Ilustraci&oacute;n y de la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que le precedi&oacute; en Europa en los siglos XVI y&nbsp;XVII. El reconocimiento de que existe una realidad compartida, la labor de la ciencia como gu&iacute;a para descubrir la naturaleza de-lo-que-es.
    </p><p class="article-text">
        El mundo est&aacute; organizado seg&uacute;n leyes f&iacute;sico-matem&aacute;ticas que los seres humanos pueden comprender. Ese fue el lema central que activ&oacute; una revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que cambiar&iacute;a el curso de la humanidad. Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico, Giordano Bruno, Francis Bacon, Galileo Galilei, Johannes Kepler, Isaac Newton&hellip; reordenaron la comprensi&oacute;n del universo f&iacute;sico y sentaron las bases cognitivas, epistemol&oacute;gicas, sobre las que, posteriormente, personas como John Locke, Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Denis Diderot y otros, pondr&iacute;an su pasi&oacute;n y su inteligencia al servicio de una nueva visi&oacute;n de la sociedad basada en la raz&oacute;n, la libertad, el individuo, el progreso, la fraternidad, socavando as&iacute; las bases del <em>Ancien R&eacute;gime. </em>Por ello, la abrupta negaci&oacute;n de las conclusiones surgidas del mayor proceso colaborativo en la historia universal de la ciencia, el IPCC y sus informes de s&iacute;ntesis a lo largo de 35 a&ntilde;os con miles de cient&iacute;ficos implicados, sentaba las bases para una disputa de alcance civilizatorio acerca de la naturaleza de la realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La conciencia de que el mundo se ha adentrado en una grave emergencia clim&aacute;tica ha alterado de forma decisiva los imaginarios colectivos del siglo XXI. La proliferaci&oacute;n cultural de distop&iacute;as en el cine, las series, la literatura y el arte se despliega sobre el ineludible tel&oacute;n de fondo del Antropoceno, la disrupci&oacute;n antropog&eacute;nica en el funcionamiento de los sistemas de soporte de la vida. Sin embargo, desde la Casa Blanca se ha puesto en marcha una ofensiva reaccionaria que incluye la guerra contra toda acci&oacute;n clim&aacute;tica, no s&oacute;lo a nivel nacional sino internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque los reaccionarios m&aacute;s cultos saben que es real, se niega la crisis del clima. Son conscientes de que la misma est&aacute; provocada por la quema de combustibles f&oacute;siles y que&nbsp;sus impactos est&aacute;n generando desestabilizaci&oacute;n y sufrimiento en numerosos lugares del mundo, en especial en el Sur Global. Asimismo, que alimenta un creciente&nbsp;malestar en las sociedades occidentales y que est&aacute;, en buena medida, en el origen de movimientos migratorios masivos de personas humildes que, escapando de la miseria y la destrucci&oacute;n, acaban agolp&aacute;ndose en sus propias fronteras &iquest;Qu&eacute; hacer, se preguntan? &iquest;C&oacute;mo convertir esa amenaza que pesa como una losa sobre el presente y el futuro de los recursos patrimoniales y las rentas derivadas del petr&oacute;leo y el gas en una oportunidad? Negando la crisis, no reconociendo su existencia, no importa lo que diga la ciencia. No en vano, nos hemos adentrado en un mundo de &ldquo;realidades alternativas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa negaci&oacute;n frontal del principio de realidad precisa, para imponerse socialmente, el control y la manipulaci&oacute;n de las mentes y los corazones de centenares de millones de personas en el &aacute;gora de las redes sociales. Mediante algoritmos que premian las pasiones m&aacute;s oscuras y manipulables, los aceleracionistas libertarios de Sillicon Valley, alimentando sus propios sue&ntilde;os de dominio mundial e inmortalidad transhumanista, ponen su poder econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico a disposici&oacute;n de esa gran manipulaci&oacute;n. Y cuando ocurren cat&aacute;strofes clim&aacute;ticas como las acontecidas en Espa&ntilde;a en a&ntilde;os recientes, son h&aacute;bilmente utilizadas por la extrema derecha para culpabilizar a las instituciones democr&aacute;ticas, envenenar el debate p&uacute;blico y cabalgar el descontento social. Evitando toda menci&oacute;n a las causas de fondo, afirman sin pudor que esas menciones son meras cortinas de humo.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, controlando la conversaci&oacute;n p&uacute;blica de las RRSS, agitan y manipulan los miedos, malestares y ansiedades propios de la &eacute;poca, entre los que la emergencia clim&aacute;tica ocupa un lugar central, convirti&eacute;ndolos en votos y en poder pol&iacute;tico. Mediante la alquimia de las narrativas convierten esas emociones en combustible del incendio reaccionario que persigue poner fin a la democracia liberal y a las conquistas sociales. Han quedado, as&iacute;, para la historia las palabras de Steve Bannon en 2017: &ldquo;no soy populista, soy leninista, Lenin quiso destruir el Estado y yo pretendo lo mismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese brutal negacionismo logra, en el camino, dos objetivos complementarios. Para la corriente MAGA, ultranacionalista y populista, como antes para el Tea Party, act&uacute;a como elemento de identidad, marcador de adscripci&oacute;n. En un pa&iacute;s profundamente fraccionado como es Estados Unidos la derecha m&aacute;s extremista ha convertido el concepto de cambio clim&aacute;tico en un fetiche cultural. No se trata, por tanto, de un fen&oacute;meno explicable en t&eacute;rminos de leyes f&iacute;sicas y qu&iacute;micas, sino de un concepto subjetivo y opinable, contra el que definir y afirmar la propia identidad grupal. Adem&aacute;s, favorece la cosmovisi&oacute;n y los valores de otra de las corrientes sociales clave del movimiento: los cristianos evang&eacute;licos. Si la verdad ya ha sido revelada y se trata de esperar la nueva palingenesia, el lugar de la ciencia es subalterno. El de mero asistente de la revelaci&oacute;n declarada por el dogma.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, el negacionismo clim&aacute;tico ha de entenderse como una de las claves epistemol&oacute;gicas de la Ilustraci&oacute;n Oscura. Frente a la esfera de la raz&oacute;n, frente a la b&uacute;squeda honesta de la verdad, lo que <em>nos</em> importa (vendr&iacute;an a decir), es la voluntad de poder. La apuesta filos&oacute;fica de los Nick Land y Curtis Yarvin de turno es haber entendido que su momento generacional es propicio para que la vieja &ldquo;moral del amo&rdquo;, la del discurso ateniense en Melos, la de Nietzsche y Splenger, vuelva a irrumpir en el mundo tras d&eacute;cadas de inhibici&oacute;n democr&aacute;tica. La ret&oacute;rica reaccionaria del siglo XXI ha salido, as&iacute;, al encuentro de la Historia declarando, con palabras y con actos, su innato derecho a dominar por la fuerza a todos aquellos que considera inferiores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para horadar el sentido com&uacute;n de la &eacute;poca basado en la igualdad republicana de todas las personas, ha de prevalecer la &eacute;tica del bote salvavidas de Hardin. &ldquo;No hay para todos, hay que proteger a los Nuestros, los Otros no son bienvenidos, nuestras fronteras est&aacute;n en peligro<em>&hellip;</em>&rdquo; De esa manera, mediante esas narrativas t&oacute;xicas tratan de dominar pol&iacute;tica y culturalmente lo que denominan el tiempo del interregno, avanzando paso a paso hacia un cambio radical de r&eacute;gimen, no s&oacute;lo en Estados Unidos sino en Europa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que nadie se llame a enga&ntilde;o. La Ilustraci&oacute;n Oscura persigue derrocar las conquistas civilizatorias de 1789 y 1945. Hoy como entonces fracasar&aacute;n!&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilio Santiago Muiño, Antxon Olabe]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negacionismo-climatico-e-ilustracion-oscura_129_12989500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 05:02:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Negacionismo climático e Ilustración oscura]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las supermanzanas de BCN: del proyecto piloto al modelo de ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/supermanzanas-bcn-proyecto-piloto-modelo-ciudad_132_8357763.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0acb6ecb-9850-422d-8441-76cc56d17cc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las supermanzanas de BCN: del proyecto piloto al modelo de ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las supermanzanas de Barcelona suponen uno de los casos más logrados en España de “pequeño gran paso” municipalista para la transición ecosocial. Pequeño porque en comparación con las urgencias dramáticas que nos impone la crisis climática, queda mucho por hacer. Grande porque dada la correlación antropológica de fuerzas tan desfavorable que impone el neoliberalismo, ha supuesto una cuña cultural en sus consensos de gran importancia.</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos de la Agencia Europea del Medioambiente, en el a&ntilde;o 2017 casi 500.000 ciudadanos y ciudadanas de la Uni&oacute;n Europea perdieron su vida prematuramente como efecto directo de la contaminaci&oacute;n del aire. Esta cifra monstruosa, propia de guerras, pandemias o genocidios, se repite a&ntilde;o tras a&ntilde;o en proporciones parecidas. Dentro de este macabro reparto, ese 2017 a Espa&ntilde;a le tocaron m&aacute;s de 38.000 v&iacute;ctimas. Cifra coherente con las 1000 muertes anuales que la Agencia de Salud P&uacute;blica de Barcelona testimonia para la ciudad. Por supuesto, los fallecimientos solo son la punta del iceberg de un problema de salud p&uacute;blica mucho mayor: uno de cada tres asmas infantiles que se diagnostican en Barcelona est&aacute;n relacionados con la contaminaci&oacute;n del aire. Al igual que hoy miramos incr&eacute;dulos y avergonzados el discurso p&uacute;blico de hace 20 a&ntilde;os en temas de violencia machista, solo cabe esperar que dentro de 20 a&ntilde;os miremos con igual incredulidad y verg&uuml;enza el haber decidido convivir con este fen&oacute;meno como algo normal.
    </p><p class="article-text">
        La contaminaci&oacute;n y sus da&ntilde;os suponen un buen punto de apoyo para que la reflexi&oacute;n ecologista llegue a las grandes mayor&iacute;as, porque a diferencia de otros aspectos de nuestra crisis ecol&oacute;gica este nos afecta de un modo directo, inmediato y palpable: lo notamos en nuestros ojos, en nuestras gargantas, en las horas en urgencias que pasamos con nuestros ni&ntilde;os. Pero la amenaza que enfrentamos es mucho m&aacute;s compleja. Y compromete nuestros modos de vida de modo radical. Pensemos en la emergencia clim&aacute;tica. Los estudios m&aacute;s serios apuntan a que, si no se corrige pronto, la trayectoria clim&aacute;tica de nuestras sociedades solo puede derivar en la proliferaci&oacute;n de conflictos b&eacute;licos, migraciones y estados fallidos. Y no solo en el Sur Global, sino tambi&eacute;n aqu&iacute;. Para evitarlo, hemos de afrontar transformaciones de enorme calado, en muchos campos y en muy poco tiempo. Esto lo cambia todo, como afirma Naomi Klein.
    </p><p class="article-text">
        Entre otras cosas, nos obliga a cambiar la ciudad y el modo en que nos movemos por ella. Tanto la contaminaci&oacute;n del aire como la crisis clim&aacute;tica tienen en el uso masivo del autom&oacute;vil privado uno de sus motores fundamentales. Este predominio del coche en la movilidad urbana no responde a una suma de decisiones de consumo individuales. No se puede negar que el coche es un fetiche en nuestras sociedades. El antrop&oacute;logo Marvin Harris dec&iacute;a que si quer&iacute;amos ver una vaca sagrada no hab&iacute;a que irse a la India, sino asomarse a la ventana y ver cualquier coche aparcado. Pero el abuso irracional y contraproducente del coche privado tiene tambi&eacute;n mucho de chantaje estructural. Si las ciudades est&aacute;n hechas por y para el autom&oacute;vil, sobrevivir en ellas nos exige movernos en coche a pesar de sus efectos negativos. Si queremos que el coche privado pierda protagonismo, lo primero es redise&ntilde;ar la forma de nuestra ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Y hablo de p&eacute;rdida de protagonismo porque la movilidad sostenible y justa tiene mucho m&aacute;s que ver con menos coches que con coches el&eacute;ctricos. Sin duda asistiremos en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas a un cierto grado de electrificaci&oacute;n del parque automovil&iacute;stico. Pero aspirar a su completa sustituci&oacute;n supondr&iacute;a una presi&oacute;n sobre nuestras reservas de minerales que comprometer&iacute;a otros desarrollos tecnol&oacute;gicos, como han demostrado los estudios de cient&iacute;ficas como Alicia Valero. Y sobre todo, porque nos impedir&iacute;a romper con la cuesti&oacute;n fundamental: el coche como instrumento de privatizaci&oacute;n indirecta de lo com&uacute;n que tiene efectos urban&iacute;sticos perversos. &iquest;Qu&eacute; derecho tienen los coches privados a ocupar el 60% del espacio p&uacute;blico de una gran ciudad cuando se sit&uacute;a entre el 20 y el 40% de los desplazamientos?
    </p><p class="article-text">
        Barcelona lleva desde los a&ntilde;os noventa incubando una nueva c&eacute;lula urban&iacute;stica que d&eacute; respuesta a estos problemas y a otros muchos fomentando un nuevo organismo urbano: las supermanzanas promovidas por Salvador Rueda y su urbanismo ecosist&eacute;mico. Se trata de una pol&iacute;tica p&uacute;blica ejemplar, de efectos positivos en m&uacute;ltiples niveles y amplio reconocimiento internacional: 30.000 m<sup>2</sup> ganados para la vida comunitaria, que han rebajado la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica y ac&uacute;stica provocando ganancias netas en calidad de vida, y han supuesto un impulso muy positivo para el comercio de proximidad, la restauraci&oacute;n y la hosteler&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s importante de las supermanzanas de Barcelona es que han conquistado el coraz&oacute;n de la ciudadan&iacute;a. Su implantaci&oacute;n puede leerse como un caso de estudio interesante de guerra cultural ecologista que se ha ganado. Porque la supermanzana de PobleNou, por ejemplo, tuvo que enfrentar en sus inicios un importante foco de resistencia, convenientemente amplificado por la guerra medi&aacute;tica de desgaste contra el gobierno de Barcelona en Com&uacute;. Pero este foco de resistencia se disolvi&oacute; mediante participaci&oacute;n ciudadana, pero sobre todo mediante el &eacute;xito emp&iacute;rico del proyecto. Fue la demostraci&oacute;n de la mejora de la calidad de vida y la econom&iacute;a del barrio la que decant&oacute; la balanza. Hoy 8 de cada 10 habitantes de Barcelona est&aacute;n a favor de dejar m&aacute;s espacio a los peatones. Que las supermanzanas hayan terminado seduciendo tiene una doble lectura positiva: en primer lugar, la ciudadan&iacute;a debe hacer suya una pol&iacute;tica p&uacute;blica transformadora para que esta arraigue y se vuelva normalidad. En segundo lugar, la transici&oacute;n ecol&oacute;gica depende mucho m&aacute;s de seducir que de asustar.
    </p><p class="article-text">
        Las supermanzanas de Barcelona suponen uno de los casos m&aacute;s logrados en Espa&ntilde;a de &ldquo;peque&ntilde;o gran paso&rdquo; municipalista para la transici&oacute;n ecosocial. Peque&ntilde;o porque en comparaci&oacute;n con las urgencias dram&aacute;ticas que nos impone la crisis clim&aacute;tica, queda mucho por hacer. Grande porque dada la correlaci&oacute;n antropol&oacute;gica de fuerzas tan desfavorable que impone el neoliberalismo, ha supuesto una cu&ntilde;a cultural en sus consensos de gran importancia.
    </p><p class="article-text">
        Antes de gobernar toca liderar cultural, intelectual y moralmente. Es la regla n&uacute;mero uno del manual de la hegemon&iacute;a pol&iacute;tica. En sociedades tan descre&iacute;das y fragmentadas como las nuestras, este liderazgo comienza siendo discursivo y simb&oacute;lico. Pero pronto necesita que los s&iacute;mbolos se traduzcan en ejemplos concretos y cotidianos para que su fuerza no se diluya. Porque la verdad en el mejor de los casos convence, pero el ejemplo siempre arrastra. Cuando ya tenemos ejemplos que funcionan, aceptados y queridos, toca subir el nivel de ambici&oacute;n. Entonces, es el momento de poner toda la fuerza de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a extender y masificar aquello que el ejemplo ha demostrado deseable y viable. Las supermanzanas de Barcelona est&aacute;n en este punto del &ldquo;circuito hegem&oacute;nico&rdquo;. La idea est&aacute; madura, el &eacute;xito demostrado, la ciudadan&iacute;a preparada: ahora es el momento de dar el salto del nivel de los proyectos piloto al nivel modelo de ciudad. Y que Barcelona encar&eacute; el siglo XXI siendo referente europeo del mejor tipo de ciudad imaginable: una ciudad sostenible, justa, amable, y donde la vida buena no sea un privilegio, sino un derecho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilio Santiago Muiño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/supermanzanas-bcn-proyecto-piloto-modelo-ciudad_132_8357763.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Oct 2021 19:55:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las supermanzanas de BCN: del proyecto piloto al modelo de ciudad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dilema Hulot y la trampa del crecimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/dilema-hulot-trampa-crecimiento_132_1956640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4664de4-9643-44a0-8ead-5d36bf20b940_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dilema Hulot y la trampa del crecimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hulot ha querido insistir en que la acumulación de decepciones que le ha llevado a salir de la primera línea política no es una cuestión de partidos, sino del funcionamiento perverso de un modelo social</p><p class="subtitle">Un gobierno que se tomara en serio la transición ecológica, más allá de lucir un ministerio florero, también debería ser un gobierno dispuesto a una transformación socioeconómica radical</p></div><p class="article-text">
        Nicolas Hulot, flamante ministro de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica y Solidaria del gobierno de Macron, ha dimitido por sorpresa ante la escasa determinaci&oacute;n del ejecutivo franc&eacute;s en la tarea que dirig&iacute;a: &ldquo;no quiero mentir m&aacute;s; no quiero dar la ilusi&oacute;n de que mi presencia en el Gobierno significa que estamos a la altura&rdquo;. Tanto por su celebridad medi&aacute;tica previa en el terreno del periodismo ambiental, como por su pedigr&iacute; apartidista que generaba amplios consensos, Hulot era una de las figuras m&aacute;s relevantes de un gabinete llamado a mucho. Entre otras cosas, a regenerar el proyecto europeo en sus horas m&aacute;s bajas. Lo que pasaba necesariamente por convertir a Francia en la vanguardia continental de un nuevo modelo productivo sostenible.
    </p><p class="article-text">
        En su renuncia al puesto, Hulot ha cargado contra la influencia perversa de los lobbies empresariales en la democracia, la pol&iacute;tica de peque&ntilde;os pasos ambientales absolutamente insuficiente ante la magnitud del abismo socioecol&oacute;gico que hemos de saltar o la soledad de su acci&oacute;n de gobierno. Pero lo m&aacute;s interesante, que suele ser poco habitual en un cargo de su perfil, es que ha puesto el acento del problema en el modelo econ&oacute;mico liberal. Podemos afirmar, a riesgo de simplificar, que Hulot ha dimito tras chocar con dos realidades tenaces, que en algunos c&iacute;rculos nos suenan muy obvias, pero que en el debate p&uacute;blico apenas tienen presencia: la primera obviedad es que sin reducir el tama&ntilde;o de la econom&iacute;a no se reducir&aacute; nuestro impacto desastroso sobre la biosfera, sea &eacute;ste medido en emisiones de gases de efecto invernadero, contaminaci&oacute;n qu&iacute;mica o p&eacute;rdida de biodiversidad; la segunda obviedad es que la telara&ntilde;a de intereses creados pesa hoy mucho m&aacute;s que la voluntad de cambio cualquier ministro-estrella.
    </p><p class="article-text">
        En este asunto hay una lecci&oacute;n fundamental que el ecologismo deber&iacute;a abanderar en su discurso de un modo mucho m&aacute;s valiente: mientras el crecimiento econ&oacute;mico sea un precepto sagrado, la ecolog&iacute;a estar&aacute; obligada a rebajarse a marketing verde. Transici&oacute;n ecol&oacute;gica y neoliberalismo es una combinaci&oacute;n con una consistencia similar a la del agua seca, el d&iacute;a nocturno o el fuego helado. Pero la pregunta realmente inquietante y necesaria es otra: &iquest;ser&iacute;a distinto con la izquierda en el poder? Y no solo con la socialdemocracia acomplejada del PSF, siempre tan competente a la hora de decepcionar a sus votantes, sino incluso con la izquierda fuerte de la Francia Insumisa. Es razonable esperar que el margen de acci&oacute;n de un ministerio de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica de M&egrave;lenchon, m&aacute;s resuelto a la hora de atacar posiciones del entramado olig&aacute;rquico-empresarial, cambiar&iacute;a sustancialmente el margen de acci&oacute;n en aspectos que no hay que despreciar. Pero las presiones m&aacute;s importantes que nos empujan hacia la extralimitaci&oacute;n ecol&oacute;gica se mantendr&iacute;an casi constantes. El peor error que la izquierda ecologista puede cometer es simplificar los obst&aacute;culos reales de la consecuci&oacute;n de la sostenibilidad desde la superioridad moral y el autismo ideol&oacute;gico. Toca ser un poco m&aacute;s humildes: tenemos ya la certeza de que nuestras econom&iacute;as deben dejar de acelerar en su carrera hacia el abismo. Pero a&uacute;n nadie sabe c&oacute;mo se para esta m&aacute;quina sin frenos.
    </p><p class="article-text">
        Hulot ha querido insistir en que la acumulaci&oacute;n de decepciones que le ha llevado a salir de la primera l&iacute;nea pol&iacute;tica no es una cuesti&oacute;n de partidos, sino del funcionamiento perverso de un modelo social. Y que este tiene una base de colaboraci&oacute;n activa entre la ciudadan&iacute;a inmensa, cuya defensa abarca casi todo el espectro electoral. En esto acierta. Cuando los ecologistas planteamos el horizonte te&oacute;ricamente sensato del decrecimiento, y hay que celebrar que &eacute;ste ya no es un coto de reflexi&oacute;n exclusiva de acad&eacute;micos y activistas (gracias a iniciativas como el debate sobre el <a href="http://ctxt.es/es/20180718/Firmas/20813/crecimiento-economia-cambio-climativo-Florent-Marcellesi.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">post-crecimiento</a> en el Parlamente Europeo, que ha impulsado entre otros el eurodiputado Florent Marcellesi), olvidamos un aspecto crucial para pensar su hipot&eacute;tica traducci&oacute;n pr&aacute;ctica: que el crecimiento econ&oacute;mico no es solo una decisi&oacute;n pol&iacute;tica en favor del capital. Es una inercia civilizatoria muy profunda, que no se podr&aacute; revertir sin generar inmensos trastornos. La telara&ntilde;a de intereses creados alrededor de la expansi&oacute;n permanente de la producci&oacute;n y el consumo no la sostiene exclusivamente el 1%.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, y desde Informe del Club de Roma hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, las advertencias cient&iacute;ficas bien fundamentadas sobre la necesidad de organizar nuestra econom&iacute;a en base a un patr&oacute;n de estado estacionario han ca&iacute;do en saco roto. Con el crecimiento econ&oacute;mico se refuerzan mutuamente los intereses de los poderes establecidos, los mitos colectivos m&aacute;s profundos de la modernidad, el modelo de subjetividad imperante (con su esquema de premios y reconocimientos y su promesa de felicidad) y el chantaje estructural que define al capitalismo como sistema. Es un nudo gordiano de complicidades socioculturales que no se rompe con la espada de la voluntad pol&iacute;tica. Hay que deshilar mucho m&aacute;s fino.
    </p><p class="article-text">
        No es solo que todo nuestro marco econ&oacute;mico e institucional est&eacute; dise&ntilde;ado como un esquema Ponzi o una estafa piramidal (basta pensar en el mecanismo de deuda-inter&eacute;s). O que suframos una racionalidad colectiva devaluada, oscurecida por el arraigo de la religi&oacute;n m&aacute;s potente de nuestra &eacute;poca, la tecnolatr&iacute;a, cuya teolog&iacute;a puede resumirse en el dogma &ldquo;ya inventar&aacute;n algo&rdquo;. O que el consumismo, que ha seducido a miles de millones de personas, act&uacute;e como una plaga de langostas sobre los ecosistemas de todo el globo. El secuestro en la trampa del crecimiento es todav&iacute;a m&aacute;s perfecto: cuando una sociedad solo sabe producir vidas cotidianas m&iacute;nimamente vivibles mediante el incremento del PIB, por mucho que las &eacute;lites se lleven la mejor parte, y por muy autodestructivo que sea su efecto a medio plazo, la gente creer&aacute; en ello a toda costa. Y ser&aacute; electoralmente suicida rebatirlo. Especialmente, como es el caso, si los da&ntilde;os m&aacute;s directos todav&iacute;a se pueden externalizar sobre el cuerpo de las mujeres, los pa&iacute;ses del Sur o cargando la factura sobre la naturaleza. Por tanto, y he aqu&iacute; el verdadero dilema Hulot: un gobierno que se tomara en serio la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, m&aacute;s all&aacute; de lucir un ministerio florero, tambi&eacute;n deber&iacute;a ser un gobierno dispuesto a una transformaci&oacute;n socioecon&oacute;mica radical. Al menos, tan radical como el ciclo reformista de los a&ntilde;os treinta. Quiz&aacute; mucho m&aacute;s radical: recordemos que el socialismo, emblema hist&oacute;rico de aventura colectiva conscientemente organizada para transformar del mundo, con lo much&iacute;simo que aspir&oacute; a cambiar, nunca se plante&oacute; una tarea como dejar de crecer.
    </p><p class="article-text">
        Bajo esta luz el dilema Hulot se presenta de una complejidad poco compatible con una lectura maniquea entre partidos pol&iacute;ticos buenos y malos. Si nuestra historia nos ense&ntilde;a algo es que una transformaci&oacute;n socioecon&oacute;mica radical, llamada a contrariar los intereses (y la l&oacute;gica) del capital, es un tipo de operaci&oacute;n de alt&iacute;simo riesgo. Que solo es posible empezar a plante&aacute;rsela en serio cuando adem&aacute;s de un gobierno decidido existe una inmensa fuerza social que empuja desbordando las instituciones establecidas. Y no solo con movilizaciones masivas o conflictos sectoriales (en el mundo del trabajo o por el reconocimiento de derechos): casi m&aacute;s importante es la creaci&oacute;n de un tejido capilar de apoyo mutuo, identidad com&uacute;n y sociabilidad no mercantil en la vida cotidiana. Como fue la cultura obrera de sindicatos, ateneos, tabernas, casas del pueblo y cooperativas. Sin este respaldo magm&aacute;tico, que dir&iacute;a Garc&iacute;a Linera, tambi&eacute;n un gobierno de izquierdas se limitar&aacute; seguramente a administrar impotencias.
    </p><p class="article-text">
        Para romper el c&iacute;rculo vicioso que nos arrastra hacia la cat&aacute;strofe socioecol&oacute;gica, toca redescubrir otra obviedad, mucho m&aacute;s hermosa que las obviedades antes descritas: la impotencia gubernamental se cura siempre con agitaci&oacute;n popular. Por eso el 8 de septiembre nos pondremos en pie por el clima, y llenaremos las calles del mundo para exigir la transici&oacute;n ecol&oacute;gica justa y democr&aacute;tica. Por eso el 8 de septiembre inauguraremos el cort&iacute;simo siglo XXI. Que ser&aacute; mucho m&aacute;s breve que el corto siglo XX que Hobsbawn demarc&oacute; entre la Revoluci&oacute;n Sovi&eacute;tica y la ca&iacute;da del muro. Aqu&iacute; est&aacute; el condicionante m&aacute;s dif&iacute;cil del reto que nos ha tocado vivir: una opci&oacute;n de transici&oacute;n ecol&oacute;gica gradualista parece, a la luz de la experiencia hist&oacute;rica, mucho m&aacute;s viable pol&iacute;ticamente que una opci&oacute;n de contracci&oacute;n ecol&oacute;gica de emergencia. Entre otras cosas porque, como cualquier proceso revolucionario, &eacute;sta &uacute;ltima no podr&aacute; ser demasiado exquisita en t&eacute;rminos democr&aacute;ticos. Pero a diferencia de los a&ntilde;os treinta a nosotros no nos queda tiempo.
    </p><p class="article-text">
         A mediados de esta centuria habremos cruzado el Rubic&oacute;n ecol&oacute;gico. O bien una sociedad reintegrada en los l&iacute;mites de la biosfera, que haya convertido el crecimiento econ&oacute;mico exponencial en una pieza de museo, o bien la descomposici&oacute;n catastr&oacute;fica de la civilizaci&oacute;n industrial en una lucha competitiva atroz. Que como afirma Jorge Riechmann, desencadenar&aacute; genocidios como m&eacute;todo para gestionar el ecocidio. En cualquier caso, la vida humana ser&aacute; algo muy distinto al presente. Lo suficiente como para que los historiadores del futuro, si es que tal profesi&oacute;n sigue existiendo, tengan que nombrar su &eacute;poca bajo otras palabras. Est&aacute; en manos de nuestra generaci&oacute;n determinar el desenlace. El s&aacute;bado 8, <a href="http://enpieporelclima.contraeldiluvio.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a las 19.00 horas en la plaza del Reina Sof&iacute;a</a>, Madrid pondr&aacute; su aporte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilio Santiago Muiño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/dilema-hulot-trampa-crecimiento_132_1956640.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Sep 2018 18:52:35 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdadera transición que viene, y nosotros tan lejos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/verdadera-transicion-viene-lejos_132_3355398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5955a1d8-27d1-405d-9cac-191debba0819_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdadera transición que viene, y nosotros tan lejos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El desarrollo sostenible ha fracasado. En 2017 el naufragio del proyecto se ha hecho patente en el hecho de que ni un solo indicador socioecológico importante ha conocido mejora alguna tras 25 años de acción institucional impulsada bajo este marco</p><p class="subtitle">Esta es una carrera a contrarreloj en la que las ciudades del cambio juegan un papel esencial que todavía, en el ecuador de la aventura municipalista, no han sabido asumir</p></div><p class="article-text">
        El 5 de junio se celebra el D&iacute;a Mundial del Medio Ambiente. Para conmemorarlo, alrededor de esta fecha, ya es costumbre que los ayuntamientos organicen diversas actividades de car&aacute;cter divulgativo. Suelen estar dirigidas a un p&uacute;blico infantil, o bien al adulto entendido como un consumidor individual, y tratar temas como los residuos, la limpieza viaria o la preservaci&oacute;n de la belleza natural.
    </p><p class="article-text">
        En M&oacute;stoles este a&ntilde;o hemos querido hacer algo distinto: <a href="http://www.lineaverdemostoles.com/documentacion/ProgramaSemanaDelMedioAmbiente2017.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">convocar a la ciudadan&iacute;a a discutir colectivamente sobre pico del petr&oacute;leo, nucleares, l&iacute;mites de la transici&oacute;n a las renovables</a>. Y hacerlo de la mano de algunos de los expertos m&aacute;s l&uacute;cidos del panorama cient&iacute;fico nacional. Pero no se escriben estas l&iacute;neas para promocionar un evento local. Que en las semanas del medio ambiente de todo el pa&iacute;s primen los talleres de reciclaje a los debates serios sobre el modelo productivo o la geopol&iacute;tica de la energ&iacute;a es significativo. Demuestra el pauperismo de un debate social que es, sin embargo, extremadamente urgente.
    </p><p class="article-text">
        La distancia entre la gravedad del problema ecol&oacute;gico y su percepci&oacute;n ciudadana es uno de los abismos m&aacute;s desgarradores del siglo XXI. Un abismo que no es casual, sino que ha sido ideol&oacute;gica y culturalmente incentivado durante m&aacute;s de un cuarto de siglo. La Cumbre de la Tierra de 1992 inaugur&oacute; una articulaci&oacute;n sociedad-medio ambiente bajo el paraguas de un nuevo concepto, el desarrollo sostenible. Un concepto que naci&oacute; expl&iacute;citamente para sustituir una idea mucho m&aacute;s fundamentada cient&iacute;ficamente, pero pol&iacute;ticamente m&aacute;s peligrosa, que tuvo un cierto recorrido en los a&ntilde;os setenta: los l&iacute;mites del crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo sostenible postula que se pueden armonizar la sostenibilidad ambiental y la econ&oacute;mica, definida esta &uacute;ltima como una actividad financieramente rentable. Desde el momento en que la preocupaci&oacute;n por evitar la degradaci&oacute;n de la biosfera y la acumulaci&oacute;n capitalista se volvieron asuntos compatibles, el marketing verde se torn&oacute; una obligaci&oacute;n. De esta forma surge, en el primer lustro de la d&eacute;cada de los noventa, una explosi&oacute;n de realidades institucionales (Ministerios de Medio Ambiente), bajo unos par&aacute;metros m&aacute;s o menos homologados a nivel internacional y que tienen en la idea de desarrollo sostenible su espina dorsal.
    </p><p class="article-text">
        Pero el desarrollo sostenible ha fracasado. En 2017 el naufragio del proyecto se ha hecho patente en el hecho de que ni un solo indicador socioecol&oacute;gico importante ha conocido mejora alguna tras 25 a&ntilde;os de acci&oacute;n institucional impulsada bajo este marco. Al contrario: en t&eacute;rminos globales, todos han empeorado. Que los eventos de educaci&oacute;n ambiental que promueven nuestras instituciones sean tan insignificantes es consecuencia directa de una construcci&oacute;n conceptual que naci&oacute; muerta. Y lo hizo al aceptar, como premisa de partida, aquella famosa l&iacute;nea roja de Bush padre marc&oacute; al aterrizar en R&iacute;o en 1992: &ldquo;El modo de vida americano no es negociable&rdquo;. Cuando la cuesti&oacute;n del sistema socioecon&oacute;mico se convierte en un tab&uacute;, lo ambiental, como nos advert&iacute;a Naredo, tiende que rebajarse a un lugar ceremonial y un mantra cosm&eacute;tico que no tiene apenas efectos sociales constatables.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, y como analiza Antonio Turiel, <a href="http://crashoil.blogspot.com.es/2016/09/tres-preguntas.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estamos profundamente incapacitados para entender que el reto ambiental por excelencia que va a enfrentar Espa&ntilde;a en el pr&oacute;ximo lustro se llama Argelia.</a> El 50% de nuestro gas proviene del pa&iacute;s norteafricano, y por tanto nuestra matriz energ&eacute;tica es radicalmente dependiente del suministro constante de gas argelino. Desde el a&ntilde;o 2014 la producci&oacute;n de gas del pa&iacute;s est&aacute; en declive. Y lo est&aacute; por limitaciones geol&oacute;gicas y termodin&aacute;micas que un incremento de la inversi&oacute;n podr&aacute; burlar por un tiempo corto, pero no superar. M&aacute;s pronto que tarde el incremento de su propio consumo interno negar&aacute; a Argelia su condici&oacute;n de naci&oacute;n exportadora. Entonces, pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a y Francia deber&aacute;n elegir: o transici&oacute;n energ&eacute;tica nacional (con reducci&oacute;n de consumos) o invasi&oacute;n militar. Este es el calibre de los verdaderos problemas ambientales del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Conectemos con el tablero de juego de la pol&iacute;tica nacional. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha hecho popular la idea de que estamos en el umbral de una segunda transici&oacute;n espa&ntilde;ola. El sistema de turnos bipartidista, afectado por el impacto de una crisis donde econom&iacute;a y ecolog&iacute;a se mezclan en un c&iacute;rculo vicioso, ya no es capaz de gestionar con normalidad la diversidad nacional del Estado. Tampoco el descontento ciudadano provocado por los recortes, la precarizaci&oacute;n de la vida cotidiana, las expectativas de futuro frustradas o la creciente exclusi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Pero las turbulencias pol&iacute;ticas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y las que est&aacute;n por venir, son solo el oleaje de superficie de la aut&eacute;ntica tormenta que se est&aacute; gestando: el estallido de la burbuja inmobiliaria ha sido el &ldquo;s&iacute;ntoma hisp&aacute;nico&rdquo; del agotamiento general de un modelo econ&oacute;mico y social que, durante siglos, se bas&oacute; en la depredaci&oacute;n de un mundo vac&iacute;o. Este esquema no volver&aacute; jam&aacute;s porque ahora habitamos un planeta lleno. Ante lo que se enfrenta Espa&ntilde;a, Europa y la humanidad en su conjunto es a la quiebra de un modo de generar riqueza y cohesi&oacute;n social que ya no va a ser viable. Desde el agua hasta el clima, pasando por la energ&iacute;a, la p&eacute;rdida de los suelos o el holocausto de biodiversidad, cualquier an&aacute;lisis materialista fundamentado de la realidad, que no sea ecol&oacute;gicamente analfabeto, concluir&aacute; algo parecido a esto: otro mundo es inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Responder a estos retos solo puede venir de la mano de una Gran Transformaci&oacute;n. Tan grande que ser&aacute; parecida a la vivida por nuestras sociedades con la revoluci&oacute;n industrial. Simplificando mucho, tres campos de tareas van a marcar nuestro futuro: necesitamos otra relaci&oacute;n con la naturaleza, un nuevo sistema de intercambio de energ&iacute;a y materiales que sea sostenible y basado en recursos renovables; pero esto tendr&aacute; un recorrido corto si no viene acompa&ntilde;ado de un modelo socioecon&oacute;mico diferente para dejar de vivir en sociedades tan desiguales y que necesiten crecer para funcionar.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, esto ser&aacute; pol&iacute;ticamente imposible si no tiene lugar un cambio cultural, para aspirar a una vida buena m&aacute;s sencilla. Modelo productivo sostenible, modelo socioecon&oacute;mico desenganchado del crecimiento y vivir bien con menos: este es el triple desaf&iacute;o de la verdadera segunda transici&oacute;n espa&ntilde;ola. Un triple desaf&iacute;o que va transformar radicalmente desde nuestras costumbres hasta la forma de nuestras ciudades. Desde los sectores productivos que actuar&aacute;n como locomotoras econ&oacute;micas hasta la idea de felicidad predominante.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, nada garantiza el &eacute;xito de este proceso. Al contrario. Karl Polanyi pens&oacute; que si hab&iacute;a existido un fen&oacute;meno pol&iacute;tico con condiciones objetivas para su surgimiento, ese fue el fascismo. Su apunte cobra una actualidad ins&oacute;lita en un siglo XXI donde el retorno de la escasez puede incentivar el lado m&aacute;s monstruoso de nuestras sociedades. Y no se trata de hip&oacute;tesis o pol&iacute;tica ficci&oacute;n. Le Pen y Trump son ya las prefiguraciones pol&iacute;ticas de una idea terrible, pero que sintoniza bien con el nuevo escenario, y que si no lo impedimos tendr&aacute; por desgracia mucho futuro: no hay para todos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un partido como Podemos establece como medida primera de su proyecto de pa&iacute;s la transici&oacute;n energ&eacute;tica, apunta en la direcci&oacute;n correcta. Pero su punter&iacute;a falla al no poder asumir todav&iacute;a, porque seguramente no lo puede hacer su electorado potencial, la enorme envergadura de un reto que no es solo revolucionario en lo t&eacute;cnico, sino tambi&eacute;n en lo social y lo cultural. Y lo es porque debe ir unido a algo tan radical que ni siquiera el socialismo real se lo quiso plantear: una reducci&oacute;n planificada del tama&ntilde;o de nuestra actividad econ&oacute;mica. Lo que en un sistema organizado estructuralmente como una estafa piramidal, que necesita expandirse para no derrumbarse, no se puede desligar de un enorme esfuerzo y un cierto grado de sufrimiento social que habr&aacute; que gestionar.
    </p><p class="article-text">
        Bajo la amenaza de la guerra, Churchill gan&oacute; unas elecciones prometiendo sangre, sudor y l&aacute;grimas. Todav&iacute;a estamos muy lejos de que nadie pueda ganar unas elecciones constituyentes prometiendo liderar la segunda transici&oacute;n espa&ntilde;ola del &uacute;nico modo que puede merecer la pena: empobreci&eacute;ndonos energ&eacute;tica y materialmente para ganar en justicia social y buen vivir. Lo que pasa por repartir mucho. Pero tambi&eacute;n y m&aacute;s importante, por desear de otra manera. Que la gente se anticipe a los hechos consumados de las guerras que vienen como motor de la transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una carrera a contrarreloj en la que las ciudades del cambio juegan un papel esencial que todav&iacute;a, en el ecuador de la aventura municipalista, no han sabido asumir. Son los laboratorios donde podemos ensayar una propuesta seductora de convivencia, basada en la reinvenci&oacute;n de lo com&uacute;n en clave de sostenibilidad ecol&oacute;gica. Recuerden: un huerto urbano no cultiva solo hortalizas sino que es sobre todo un s&iacute;mbolo. Como decimos en M&oacute;stoles, un lugar que siembra econom&iacute;as, riega v&iacute;nculos y cosecha otra ciudad para una vida m&aacute;s plena.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emilio Santiago Muiño]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jun 2017 18:48:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La verdadera transición que viene, y nosotros tan lejos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desarrollo sostenible,Medio ambiente]]></media:keywords>
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