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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rodrigo Amírola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rodrigo_amirola/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rodrigo Amírola]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La Francia del interregno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/francia-interregno_129_13092028.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0c26f4e-9ab4-4d0d-aecc-141c76bf0626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Francia del interregno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las elecciones municipales de 2026 no han funcionado como un laboratorio de las presidenciales de 2027. No han ofrecido una prefiguración clara. No han permitido identificar un bloque dominante, ni siquiera una fuerza tractora en una izquierda en guerra civil</p><p class="subtitle">La extrema derecha de Marine Le Pen fracasa en las grandes ciudades francesas y la izquierda resiste en París
</p></div><p class="article-text">
        En 2019, el polit&oacute;logo y ge&oacute;grafo electoral J&eacute;r&ocirc;me Fourquet public&oacute;&nbsp;<em>El archipi&eacute;lago franc&eacute;s</em>. En este ensayo, el autor describ&iacute;a Francia, hist&oacute;ricamente caracterizada por su Rep&uacute;blica unitaria y su homogeneidad, como una naci&oacute;n fragmentada en m&uacute;ltiples islas sociales, culturales y territoriales que coexisten sin llegar a encontrarse. Las elecciones municipales de 2026 son una foto casi perfecta de aquel diagn&oacute;stico. No ha habido una sola Francia votando, sino muchas distintas.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, si uno lee las piezas period&iacute;sticas de estos d&iacute;as, los comicios locales dejan un aut&eacute;ntico mosaico sin un hilo conductor com&uacute;n. No hay una &uacute;nica imagen que simbolice con precisi&oacute;n el sentido de la noche electoral. La contundente victoria de Emmanuel Gr&eacute;goire, nuevo alcalde de Par&iacute;s, y su paseo en bicicleta abrir&aacute;n peri&oacute;dicos internacionales y se compartir&aacute;n en redes sociales, pero no captan el secreto de la Francia del interregno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras estos comicios, ha ocurrido algo ins&oacute;lito: todo el mundo se declara ganador. Desde las izquierdas irreconciliables, que tambi&eacute;n se presentan juntas, hasta la extrema derecha, pasando por el macronismo en v&iacute;as de desaparici&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de que la abstenci&oacute;n fue hist&oacute;rica, sobrepasando el 42%, cada bloque pol&iacute;tico ha reivindicado su propia victoria. Alguien debe mentir, porque en un juego competitivo no todos pueden ganar. Pero esa ficci&oacute;n compartida nos dice algo relevante del momento pol&iacute;tico. Francia parece incapaz de producir una autocomprensi&oacute;n clara de s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Todo el mundo espera que Francia viva en 2027 un momento de clarificaci&oacute;n en las elecciones presidenciales. Pero hoy avanza a trav&eacute;s de un doloroso y oscuro interregno. En las elecciones municipales, se ha hablado poco de la importante crisis de vivienda que atraviesa el pa&iacute;s, el asfixiante coste de la vida o el bloqueo pol&iacute;tico que deja la<em>&nbsp;Macronie</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los partidos tradicionales, como Los Republicanos y el Partido Socialista, que durante a&ntilde;os parec&iacute;an condenados a la irrelevancia, han demostrado una notable capacidad de resistencia. No tanto como maquinarias partidistas nacionales, sino como actores capaces de recomponerse, de tejer nuevas alianzas y de adaptarse para sobrevivir al nuevo contexto nacional. El Partido Socialista, junto a los ecologistas y los comunistas, gobiernan no solo Par&iacute;s y Marsella, sino tambi&eacute;n Lyon &ndash; aqu&iacute; con La Francia Insumisa. Los Republicanos gobernar&aacute;n sobre entre diez y quince millones de franceses tras estas elecciones locales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a ellos, los llamados &ldquo;nuevos&rdquo; actores del sistema pol&iacute;tico franc&eacute;s &ndash;Agrupaci&oacute;n Nacional de Marine Le Pen y La Francia Insumisa de Jean-Luc M&eacute;lenchon&ndash; contin&uacute;an avanzando. Su progresi&oacute;n es real, compar&aacute;ndola con las elecciones anteriores. Agrupaci&oacute;n Nacional ha consolidado su poder territorial en el sur y sigue su avance silencioso en los pueblos y las ciudades medianas de la Francia perif&eacute;rica, sumando m&aacute;s de tres mil concejales en 84 departamentos. La Francia Insumisa ha conquistado alcald&iacute;as simb&oacute;licas como la de Saint-Denis y cuenta con mil concejales, pero se ha quedado fuera de las grandes victorias simb&oacute;licas del campo progresista. La presencia de ambas fuerzas crece de manera indiscutible, pero lejos de una nueva hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Este doble movimiento de resistencia de lo antiguo y de avance insuficiente de lo nuevo en el contexto de &ldquo;archipelizaci&oacute;n&rdquo; es el rasgo central del momento pol&iacute;tico franc&eacute;s. Y explica, en parte, por qu&eacute; todos pueden declararse ganadores: porque todos ganan solo desde su perspectiva unilateral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las elecciones municipales de 2026 no han funcionado como un laboratorio de las presidenciales de 2027. No han ofrecido una prefiguraci&oacute;n clara. No han permitido identificar un bloque dominante, ni siquiera una fuerza tractora en una izquierda en guerra civil. M&aacute;s bien han reforzado la idea de una Francia sin centro de gravedad pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Las grandes ciudades &ndash;Par&iacute;s, Marsella, Lyon&ndash; constituyen, en este sentido, un primer nivel de lectura. En ellas, la extrema derecha ha irrumpido con fuerza, pero no ha conseguido sus objetivos. Pero esa resistencia no se ha articulado en la izquierda de una manera coherente y anticipatoria, sino a trav&eacute;s de coaliciones variables y a menudo contradictorias.
    </p><p class="article-text">
        En Par&iacute;s, la victoria se construye sobre una alianza extensa en la que, significativamente, no participa La Francia Insumisa. En Marsella, la retirada del candidato insumiso fue una condici&oacute;n necesaria para evitar la divisi&oacute;n y asegurar el resultado. En Lyon, el triunfo solo ha sido posible gracias a una coalici&oacute;n de toda la izquierda, liderada por el alcalde ecologista, cuya legitimidad, sin embargo, se ve ya cuestionada por el recurso presentado por el derechista Jean-Michel Aulas.
    </p><p class="article-text">
        El m&iacute;nimo com&uacute;n denominador es que la izquierda francesa est&aacute; fracturada en, al menos, dos, que parecen irreconciliables: los unionistas, que incluyen a la actual direcci&oacute;n del Partido Socialista de Olivier Faure y los de M&eacute;lenchon. Esas dos izquierdas no siempre dialogan y los pactos de &uacute;ltima hora no ofrecen resultados concluyentes. Una izquierda de gobierno, pragm&aacute;tica, capaz de construir alianzas amplias en el &aacute;mbito local; y otra izquierda m&aacute;s confrontativa, de vocaci&oacute;n marcadamente presidencial, que elabora su discurso en t&eacute;rminos de ruptura con el&nbsp;<em>establishment</em>&nbsp;y con la otra izquierda. Una izquierda, que est&aacute; siendo diabolizada, y que se est&aacute; acostumbrando a jugar con el fuego de esa diabolizaci&oacute;n. Esa guerra por la hegemon&iacute;a en el campo propio est&aacute; limitando su capacidad para construir una alternativa com&uacute;n y est&aacute; levantando muros entre sus respectivos electorados.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la Francia que emerge de estas elecciones no es solo una Francia fragmentada, sino tambi&eacute;n una Francia territorialmente escindida. Una Francia de metr&oacute;polis abiertas y otra de periferias en repliegue. Una Francia integrada en los circuitos de la globalizaci&oacute;n y otra que se percibe a s&iacute; misma como abandonada. En ese contexto, la idea de una victoria clara pierde sentido. Ning&uacute;n bloque ocupa una posici&oacute;n de centralidad indiscutida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las municipales de 2026 no han resuelto la crisis pol&iacute;tica francesa. No hay fuerza, ni inteligencias suficientes para organizar un nuevo orden. Y, por &uacute;ltimo, si acaso pudi&eacute;semos decir que han dejado abierta la pregunta decisiva para el a&ntilde;o 27: &iquest;habr&aacute; alguien capaz no solo de ganar elecciones, sino de recomponer una Francia com&uacute;n a partir de sus fragmentos? &iquest;Pueden la Francia de los pueblos y la Francia de las grandes periferias urbanas -&nbsp;<em>la France des bourgs et la France des tours</em>&nbsp;en expresi&oacute;n del diputado Fran&ccedil;ois Ruffin<strong>&nbsp;-&nbsp;</strong>reconciliarse en un proyecto de transformaci&oacute;n compartido?
    </p><p class="article-text">
        Sin ni siquiera viva la aspiraci&oacute;n a esa reconciliaci&oacute;n, el riesgo es que 2027 no solo no traiga una verdadera clarificaci&oacute;n, sino que el interregno se alargue y la larga crisis francesa se cronifique.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/francia-interregno_129_13092028.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:39:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Francia del interregno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Evitar el precipicio y el largo camino de la renovación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/evitar-precipicio-camino-renovacion_1_13031368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f85f21a7-280c-4112-b5e1-7f432cb081e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2095y716.jpg" width="1200" height="675" alt="Evitar el precipicio y el largo camino de la renovación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El neoliberalismo en crisis se ha recombinado con rostros neoautoritarios y una radicalización de ideas derechistas. La izquierda no solo ve menguar su espacio social y pierde votos, sino que ha perdido conexión con “demasiados mundos” en una sociedad cada vez más fragmentada</p><p class="subtitle">Encuesta - Gabriel Rufián es el favorito de los votantes progresistas para liderar una candidatura de la izquierda plurinacional</p></div><p class="article-text">
        Entre 1978 y 1988, Stuart Hall, el marxista brit&aacute;nico de origen jamaicano, escribi&oacute; una serie de ensayos, oportunamente editados en Espa&ntilde;a por Lengua de Trapo en 2018, en los cuales pretend&iacute;a analizar un doble fen&oacute;meno que no eran sino las dos caras de la misma moneda. El marxista que nos invit&oacute; a pensar sin garant&iacute;as analiz&oacute; all&iacute; la profunda crisis de la socialdemocracia y el ascenso del neoliberalismo. Este &uacute;ltimo no era, a sus ojos, principalmente un programa econ&oacute;mico. Era una nueva forma de entender la sociedad, el individuo, el Estado y nuestra propia vida en com&uacute;n. Thatcher hab&iacute;a aprovechado las grietas del consenso socialdem&oacute;crata para crear una nueva hegemon&iacute;a a partir de una ideolog&iacute;a populista-autoritaria. Lo que estaba en juego no era una contienda electoral m&aacute;s, sino el sentido com&uacute;n del pueblo brit&aacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        En nuestro presente, es el pensamiento neoliberal de &ldquo;la globalizaci&oacute;n feliz&rdquo; el que sufre una fuerte erosi&oacute;n. Esta no se ha traducido ni mucho menos en un movimiento autom&aacute;tico hacia la izquierda. El neoliberalismo en crisis se ha recombinado con rostros neoautoritarios y una radicalizaci&oacute;n de ideas derechistas. Espa&ntilde;a, con la in&eacute;dita experiencia del gobierno de coalici&oacute;n progresista, se ha convertido en una excepci&oacute;n europea. Pero el auge de la extrema derecha aparece tambi&eacute;n aqu&iacute; como algo irresistible y ello acrecienta nuestra angustia. La izquierda no solo ve menguar su espacio social y pierde votos, sino que ha perdido conexi&oacute;n con &ldquo;demasiados mundos&rdquo; en una sociedad cada vez m&aacute;s fragmentada. Si est&aacute; dominada por alg&uacute;n estado de &aacute;nimo, ese es la desorientaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Resulta, hasta cierto punto, inevitable. A pesar de las conquistas gubernamentales y las victorias parciales, la izquierda pierde terreno d&iacute;a a d&iacute;a. Los grandes n&uacute;meros de la macroeconom&iacute;a no compensan los males persistentes de la vida cotidiana. La transformaci&oacute;n del mercado de trabajo se ve deslucida ante la crisis de la vivienda. Y a ello se une un cierto agotamiento moral e intelectual. Lejos queda el masivo y transversal movimiento del 15M, el dinamismo del primer Podemos o la innovaci&oacute;n de los Ayuntamientos del cambio. Aquel momento originario de la &eacute;pica pas&oacute; y no va a volver. Y hoy nuestra realidad desaf&iacute;a creencias asentadas como que los cambios m&aacute;s importantes se producen desde el gobierno o que la mejor&iacute;a de &ldquo;lo econ&oacute;mico&rdquo; deber&iacute;a granjearnos apoyos y lealtades s&oacute;lidas. 
    </p><p class="article-text">
        Si en &ldquo;la batalla por las ideas socialistas en los a&ntilde;os 1980&rdquo;, Hall combat&iacute;a un cierto &ldquo;tradicionalismo marxista&rdquo; que consideraba invencibles las ideas socialistas, hoy nos habr&iacute;amos autoconvencido de la inevitabilidad de la derrota. El asalto por tierra, mar y aire al gobierno de coalici&oacute;n por parte de las derechas solo podr&iacute;a dar paso a una mayor&iacute;a absoluta de la derecha y la ultraderecha, y a un gobierno de coalici&oacute;n del PP y de Vox.  Parecemos haber olvidado &ldquo;la centralidad de las ideas pol&iacute;ticas y la lucha por ganar corazones y mentes para el socialismo&rdquo;.   
    </p><p class="article-text">
        Si &ldquo;lo de Rufi&aacute;n y Emilio&rdquo; ha sido un punto de inflexi&oacute;n, es porque nos ha sacado de ese ensimismamiento previo. Ha levantado la moral del pueblo de izquierdas y ha conectado con una profunda voluntad de resistencia como ha mostrado la encuesta de Ateneo del Dato realizada para eldiario.es. Adem&aacute;s, ha tenido efectos innegables y desiguales en el ecosistema partidista de la izquierda. Algunos lo han sabido acoger de manera positiva, mientras otros han se&ntilde;alado los l&iacute;mites o lo han criticado ferozmente. Pero no deber&iacute;amos hacerlo por aquello que resulta irremediable. Si era un ni&ntilde;o torpe dando sus primeros pasos, es porque intenta y deber&iacute;a aspirar a ser algo nuevo. Si se mov&iacute;a a tientas en una habitaci&oacute;n oscura, es porque comparten nuestra misma desorientaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, contiene una rectificaci&oacute;n a elementos del ciclo anterior. 
    </p><p class="article-text">
        Gabriel Rufi&aacute;n apenas lleg&oacute; a balbucear un m&eacute;todo y Emilio Delgado plante&oacute; esencialmente la necesidad de levantar un bloque democr&aacute;tico m&aacute;s all&aacute; de lo electoral. Algunas de sus intuiciones principales son correctas. Como apunta la misma encuesta, el m&eacute;todo Rufi&aacute;n, dise&ntilde;ado con inteligencia y generosidad, contribuir&iacute;a a evitar el precipicio. Pero esto no es lo mismo que construir un bloque social y pol&iacute;tico con un proyecto alternativo del pa&iacute;s. Ello requerir&iacute;a tiempo y sobre todo la reconstrucci&oacute;n del pueblo (espa&ntilde;ol) de izquierdas. 
    </p><p class="article-text">
        El estudio del centro de investigaci&oacute;n se&ntilde;ala algo m&aacute;s: nuestra propia &ldquo;crisis de la socialdemocracia&rdquo;. En la actualidad, numerosos votantes socialistas que apoyaron a Pedro S&aacute;nchez el pasado 23-J est&aacute;n en busca de una alternativa honesta y cre&iacute;ble de izquierdas. Pero esa alternativa no existe ni electoral, ni culturalmente. En todo caso, no reconstruiremos un pueblo en base a c&aacute;lculos electorales mirando las provincias. Ni tampoco convoc&aacute;ndolo en exclusiva para &ldquo;parar al fascismo&rdquo;. Necesitamos revitalizar nuestras ideas (eco)socialistas, escuchar los malestares sociales y volver a dirigirnos a todo nuestro pueblo.
    </p><p class="article-text">
        El largo camino de la renovaci&oacute;n requiere recuperar el orgullo de ser militante y de compartir una manera (socialista) de ver el mundo &ndash; algo pudimos intuir en el acto de &ldquo;Un paso adelante&rdquo;, protagonizado por M&aacute;s Madrid, Izquierda Unida, Comuns y Movimiento Sumar. Tambi&eacute;n ser conscientes de la crisis general que atraviesan nuestras sociedades para rearticular una amplia coalici&oacute;n social en favor de un proyecto de transformaci&oacute;n democr&aacute;tica. Y exige, por &uacute;ltimo, un balance honesto de la experiencia de gobierno de coalici&oacute;n. Si hoy Vox crece como la p&oacute;lvora, es, en buena medida, por estar sabiendo canalizar el rencor y el malestar antipol&iacute;tico contra el gobierno despu&eacute;s de alejarse del poder auton&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        La izquierda no puede conformarse permanentemente con gestionar una parte minoritaria de la coalici&oacute;n de gobierno sin capacidad de direcci&oacute;n cultural. No podemos conformarnos con una agenda heredada y conservadora, mientras crecen los monstruos. Dar forma pol&iacute;tica a esa pulsi&oacute;n de cambio desde la izquierda, que pone de manifiesto el sintom&aacute;tico liderazgo de un at&iacute;pico independentista catal&aacute;n, implica asumir una tarea doble y casi contradictoria. Salvar el precipicio y emprender el largo y paciente trabajo de reconstruir un pueblo. Lo urgente es evitar la derrota. Lo imprescindible es volver a construir otros mundos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/evitar-precipicio-camino-renovacion_1_13031368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Mar 2026 21:23:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda,Gabriel Rufián,Extrema derecha,Sumar,Podemos,ERC - Esquerra Republicana de Catalunya,PSOE,Elecciones,Encuesta electoral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Behemoth en Minneapolis: más acá del “fascismo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/behemoth-minneapolis-fascismo_129_12990285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a170366c-c022-49e7-ab0d-5d2960ad03a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Behemoth en Minneapolis: más acá del “fascismo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fuerzas colaboracionistas en otros países occidentales, como Vox en España, aspiran a importar ese modelo, confiando en que los tiempos de la democracia están llegando a su fin y más vale apostar por el caballo ganador. Por desgracia, no es solo Vox, como demuestra la popular Díaz Ayuso
</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la crisis financiera de 2008 y el ascenso de las nuevas derechas autoritarias, se produjo una explosi&oacute;n terminol&oacute;gica para caracterizarlas. A partir de la victoria de Trump en 2016, los adjetivos &ndash; tard&iacute;o, preventivo, f&oacute;sil &ndash; y los prefijos &ndash; neo, post, o tecno&ndash; se multiplicaron con la esperanza de explicar el fen&oacute;meno. &iquest;Lo comprendemos mejor o esa acumulaci&oacute;n solo se&ntilde;ala la incapacidad de descifrarlo?  
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, el periodista y escritor Jonathan Rauch public&oacute; en la revista <em>The Atlantic </em>un art&iacute;culo muy compartido en X y de t&iacute;tulo asertivo &ldquo;<em>Yes, it&rsquo;s fascism</em>&rdquo; (&ldquo;S&iacute;, es fascismo&rdquo;). Los hechos de Minnesota hab&iacute;an supuesto un punto de inflexi&oacute;n y no ten&iacute;a sentido &ldquo;evitar&rdquo; el t&eacute;rmino. &ldquo;Ahora las semejanzas son demasiadas y demasiado fuertes para negarlas&rdquo;, dec&iacute;a el autor. Rauch narra su proceso de autoconvencimiento y pasa, a continuaci&oacute;n, a enumerar las caracter&iacute;sticas del fascismo, aquel movimiento antidemocr&aacute;tico, antisocialista e irracionalista. 
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que lo sucedido en Minnesota este mes de enero ha impactado en la conciencia del pueblo estadounidense. El despliegue del Servicio de Inmigraci&oacute;n y Control de Aduanas de EEUU (ICE, por sus siglas en ingl&eacute;s) persiguiendo a personas trabajadoras para deportarlas, los asesinatos a sangre fr&iacute;a de Renee Good y Alex Pretti, y el uso de ni&ntilde;os para capturar a sus padres han quedado grabadas en la retina de todo el pa&iacute;s. La burda propaganda federal negando los hechos y culpabilizando a las v&iacute;ctimas ha mostrado la catadura moral del &ldquo;King Trump&rdquo;. As&iacute; lo ha inmortalizado Bruce Springsteen en su himno <em>Streets of Minneapolis</em>. Pero si dejamos de se&ntilde;alar las cosas con el dedo y comprender el concepto, &iquest;qu&eacute; hay del &ldquo;fascismo&rdquo; aqu&iacute;? 
    </p><p class="article-text">
        Hay una visi&oacute;n ampliamente compartida &ndash; y defendida con matices por autores muy diferentes como Arendt o Hayek &ndash;, seg&uacute;n la cual el fascismo ser&iacute;a una variante del totalitarismo. As&iacute; entendido el fascismo ser&iacute;a una suerte de combinaci&oacute;n de Estado hipercentralizado y expansivo, que ocupar&iacute;a el lugar propio de la sociedad, m&aacute;s una ideolog&iacute;a contraria al individuo y su libertad. El autor de Camino a la servidumbre fue m&aacute;s lejos todav&iacute;a: cualquier intervenci&oacute;n estatal en la econom&iacute;a era un paso inevitable hacia aquel. Pero esa hip&oacute;tesis plantea una dificultad evidente. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; ese Estado total que lo controla todo? &iquest;En qu&eacute; lugar se manifiesta cuando el poder se fragmenta entre agencias que act&uacute;an sin coordinaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo encaja esa imagen con el peso creciente de grandes intereses privados y de plataformas digitales que moldean el espacio p&uacute;blico y concentran el poder econ&oacute;mico? &iquest;No estamos, m&aacute;s bien, ante la normalizaci&oacute;n de la excepci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Conviene recuperar aqu&iacute; la figura de Franz Neumann, jurista alem&aacute;n, militante socialista y uno de los miembros m&aacute;s olvidados de la Escuela de Frankfurt. Tras la llegada al poder de Hitler, se exili&oacute; en EEUU, donde escribi&oacute; uno de los libros m&aacute;s exhaustivos y originales sobre el r&eacute;gimen nazi: 'Behemoth: pensamiento y acci&oacute;n en el nacional-socialismo'. Frente a la mayor&iacute;a de analistas de la &eacute;poca y la propaganda hitleriana, Neumann se&ntilde;alaba sus contradicciones y advert&iacute;a que era un gigante con los pies de barro, que pod&iacute;a ser derrotado.
    </p><p class="article-text">
        Hobbes hab&iacute;a popularizado la figura del Leviat&aacute;n para representar al Estado. Un sistema social que ordena la sociedad y, a pesar de monopolizar la violencia y utilizar la coacci&oacute;n, respetaba la ley y garantizaba los derechos individuales. Por su parte, el jurista alem&aacute;n recuperaba Behemoth, el otro monstruo de la escatolog&iacute;a hebrea, para designar una forma diferente y espec&iacute;fica de poder. 
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, el Tercer Reich no era un Leviat&aacute;n salvaje, sino un no-Estado. El Derecho no reg&iacute;a, ya que la excepci&oacute;n no era el momento extraordinario para instaurar el orden, sino el modus operandi del gobierno nazi. Y no exist&iacute;a el poder unificado. Eran cuatro los grupos de poder &ndash; la industria, el partido, la burocracia y el ej&eacute;rcito &ndash;, que solo estaban unidas por el F&uuml;hrer y sus &ldquo;contratos privados&rdquo; con &eacute;l. La competici&oacute;n descarnada entre grupos serv&iacute;a para impulsar la voluntad pol&iacute;tica del r&eacute;gimen. El nazismo consist&iacute;a, entonces, en un caos organizado, sostenido por la violencia y la absoluta inseguridad jur&iacute;dica. 
    </p><p class="article-text">
        Vistas as&iacute; las cosas, este enero de Minneapolis no ha sido un momento de exceso excepcional, sino la verdadera cara del trumpismo. En nuestros d&iacute;as, el Behemoth &ndash; el monstruo que gobierna la tierra y es venerado por los animales terrestres &ndash; se expande a trav&eacute;s de las plataformas digitales y con intervenciones militares m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras. No responde a las necesidades de un capitalismo monopolista como el de los a&ntilde;os 30, pero se alimenta de un capitalismo olig&aacute;rquico y rentista, dominado por las finanzas y las grandes tecnol&oacute;gicas. Los estadounidenses no sufren un r&eacute;gimen de partido &uacute;nico, pero el movimiento MAGA amenaza con subvertir los mecanismos constitucionales para garantizar un tercer mandato de Trump. Y, adem&aacute;s, est&aacute; nutriendo con sus miembros a ICE, que cuenta con m&aacute;s presupuesto que todo el resto de agencias de seguridad y se ha convertido de facto en una fuerza de choque paramilitar. 
    </p><p class="article-text">
        Fuerzas colaboracionistas en otros pa&iacute;ses occidentales, como Vox en Espa&ntilde;a, aspiran a importar ese modelo, confiando en que los tiempos de la democracia est&aacute;n llegando a su fin y m&aacute;s vale apostar por el caballo ganador. Por desgracia, no es solo cosa de Vox, sino que la popular D&iacute;az Ayuso le ha concedido esta misma semana la Medalla Internacional de Madrid a EE.UU. por ser &ldquo;el principal faro del mundo libre&rdquo;, tras los reconocimientos a Netanyahu y Milei. En este momento de auge del autoritarismo, se entiende la propuesta de los de Abascal de revisar m&aacute;s de un mill&oacute;n de nacionalidades concedidas durante el mandato de Pedro S&aacute;nchez. &iquest;Por qu&eacute; detenerse en ese momento temporal? &iquest;Por qu&eacute; no retir&aacute;rnosla sencillamente a quienes no compartimos su ideolog&iacute;a? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; aqu&iacute; el Derecho? Esa apuesta por la arbitrariedad y la distorsi&oacute;n completa de las normas solo puede aplicarse a trav&eacute;s de la violencia. Solo generar&aacute; desorden y caos. Acabar&aacute; empujando a mucha gente a resistir como tambi&eacute;n hemos visto en Minnesota. En &ldquo;el mejor&rdquo; de los casos, desintegrar&aacute; aquello que dice querer salvar. Hoy, como entonces, Behemoth tiene los pies de barro y puede ser derrotado. Esperemos encontrar el camino antes de que el mal y el da&ntilde;o est&eacute;n hechos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/behemoth-minneapolis-fascismo_129_12990285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 21:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Behemoth en Minneapolis: más acá del “fascismo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Santiago Abascal,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En contra de la esclavitud contemporánea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/esclavitud-contemporanea_129_12956145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48406310-235e-4c94-84b9-15a647f4da96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En contra de la esclavitud contemporánea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta historia en el corazón de la modernidad persiste en nuestro presente -y no solo porque, como dijera Marx, el trabajo asalariado sea “esclavitud a tiempo parcial”-, sino bajo otra forma: la mal llamada “inmigración irregular”</p></div><p class="article-text">
        La esclavitud existe desde tiempos inmemoriales. Perder una guerra era sin&oacute;nimo de convertirse en un esclavo o morir. Hoy aquello solo se nos presenta como un p&aacute;lido vestigio del pasado. A pesar del corpus normativo internacional que protege el derecho humano a no ser sometido a la esclavitud, se calcula que en 2021 hab&iacute;a m&aacute;s de<a href="https://www.ilo.org/publications/majorpublications/global-estimates-modern-slavery-forced-labour-and-forced-marriage." data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> 50 millones de personas esclavizadas en el mundo</a>. Prohibida por la Convenci&oacute;n sobre la Esclavitud propuesta por la Sociedad de Naciones en 1926, nada tendr&iacute;a que ver con los principios sobre los que se sustentan nuestras sociedades democr&aacute;ticas y civilizadas. 
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute; que, ya desde la Antig&uuml;edad y, de manera significativa, en el siglo de la Revoluci&oacute;n francesa, la esclavitud lleg&oacute; a ser la met&aacute;fora principal de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de Occidente para condensar toda la crudeza y la vileza de las relaciones de dominaci&oacute;n. Su contrario, la libertad, deb&iacute;a ser el valor pol&iacute;tico central de ese nuevo mundo que se abr&iacute;a paso y, por tanto, universalizarse. Sin embargo, mientras la libertad era proclamada a trav&eacute;s de Europa, la instituci&oacute;n de la esclavitud se extend&iacute;a como una mancha de aceite incontrolable por las colonias y reconfiguraba el sistema-mundo. De hecho, como ha recordado la historiadora Florence Gauthier, Robespierre y sus partidarios fueron los &uacute;nicos que se opusieron consistentemente a la esclavitud. Mientras los defensores del Antiguo R&eacute;gimen la defend&iacute;an por derecho natural, los girondinos lo hac&iacute;an por motivaciones econ&oacute;micas. La esclavitud era una pieza inevitable del sistema. Tras la contrarrevoluci&oacute;n de Termidor, Napole&oacute;n la restaurar&iacute;a en las colonias. 
    </p><p class="article-text">
        Esta historia en el coraz&oacute;n de la modernidad persiste en nuestro presente &ndash; y no solo porque, como dijera Marx, el trabajo asalariado sea &ldquo;esclavitud a tiempo parcial&rdquo; &ndash;, sino bajo otra forma: la mal llamada &ldquo;inmigraci&oacute;n irregular&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; mueve a tanta gente a abandonar su casa y su pa&iacute;s de origen atravesando, en ocasiones, grandes dificultades en el viaje y, en todas, una gran incertidumbre y vulnerabilidad en el pa&iacute;s de destino? La respuesta es casi universal: la voluntad de dejar atr&aacute;s la miseria y el anhelo de libertad. Por eso, el derrumbe de otra &ldquo;frontera&rdquo; m&aacute;s que supone la regularizaci&oacute;n extraordinaria de personas migrantes, anunciada por el gobierno espa&ntilde;ol del PSOE-Sumar y acordada con Podemos, es una grand&iacute;sima noticia. Cientos de miles de personas en nuestro pa&iacute;s van a poder vivir sin miedo a ser detenidos y deportados como estamos viendo hoy mismo que sucede al otro lado del Atl&aacute;ntico. Temporeras de la fresa marroqu&iacute;es, trabajadoras dom&eacute;sticas colombianas u obreros de la construcci&oacute;n senegaleses que podr&aacute;n trabajar legalmente, organizarse y negociar sus condiciones de trabajo en lugar de ser explotados en los m&aacute;rgenes del sistema. Cientos de miles de personas, la mayor&iacute;a latinoamericanos, que llevan a&ntilde;os viviendo entre nosotros, trabajando y sosteniendo sectores clave de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola sin derechos. Cientos de miles de personas que tendr&aacute;n derecho a una familia y, en definitiva, a existir legalmente. Personas a quienes reconoceremos, por fin, su dignidad. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, no estamos, como se ha dicho, ni ante &ldquo;un acontecimiento hist&oacute;rico&rdquo;, ni tampoco ante &ldquo;una operaci&oacute;n de sustituci&oacute;n del pueblo espa&ntilde;ol&rdquo;, lo diga quien lo diga. Espa&ntilde;a ha vivido procesos similares de regularizaci&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas bajo gobiernos de distinto signo pol&iacute;tico, desde Aznar hasta Zapatero, y ninguno de ellos alter&oacute; de manera sustancial el modelo de extranjer&iacute;a. Que cualquier vecino o vecina tenga unos derechos b&aacute;sicos garantizados y no tenga miedo al recoger a su hijo en la escuela o al ir supermercado ser&iacute;a lo m&iacute;nimo en cualquier pa&iacute;s normal. Pero, en estos tiempos oscuros, ca&oacute;ticos y violentos lo normal se ha convertido en una excepci&oacute;n. Y, por eso, el presidente S&aacute;nchez es retratado en el New York Times o en la revista New Statesman como una referencia progresista global, y su &ldquo;pol&iacute;tica migratoria&rdquo; a contracorriente de los EEUU de Trump debe ser motivo de orgullo. Por otra parte, las personas que se acojan a este proceso de regularizaciones no podr&aacute;n votar en ning&uacute;n caso en las pr&oacute;ximas elecciones generales, ya que no son nacionalizadas y este proceso dura entre dos y diez a&ntilde;os seg&uacute;n el lugar de origen. 
    </p><p class="article-text">
        En 1990, Kenichi Ohmae, un consultor japon&eacute;s estrella de McKinsey y gur&uacute; del management public&oacute; El mundo sin fronteras, una suerte de versi&oacute;n empresarial del fin de la historia. Seg&uacute;n su tesis, existir&iacute;a una suerte de juego de suma cero entre la globalizaci&oacute;n y las fronteras. Es decir, a medida que la globalizaci&oacute;n progresase, las fronteras ir&iacute;an perdiendo peso. Esa fantas&iacute;a propia de la globalizaci&oacute;n feliz se revel&oacute; como lo que era: una pura ilusi&oacute;n. Despu&eacute;s de la crisis de 2008, las fronteras no solo no desaparecen, sino que se multiplican. Nos encontramos con fronteras abiertas al capital, fronteras cerradas a las personas y fronteras internas dentro de los Estados, por las cuales los migrantes en situaci&oacute;n irregular pueden ser explotados durante a&ntilde;os en situaciones extremas, estar sobrecualificados para sus trabajos o sufrir la brecha salarial. 
    </p><p class="article-text">
        A aquella fantas&iacute;a la sustituyeron dos proyectos fantasiosos que est&aacute;n en pugna en la actualidad: de un lado, la fantas&iacute;a de una migraci&oacute;n &ldquo;justo-a-tiempo&rdquo; y &ldquo;adaptada a la demanda&rdquo;, seg&uacute;n la cual los migrantes representar&iacute;an una fuerza de trabajo complementaria del mercado de trabajo nacional, que podr&iacute;a ser destinada sin ambig&uuml;edades a determinados sectores econ&oacute;micos &ndash; siempre, seg&uacute;n la f&aacute;bula, preferiblemente de alto valor a&ntilde;adido. De otro lado, la fantas&iacute;a de la remigraci&oacute;n que consistir&iacute;a en un retorno masivo de trabajadores no blancos a sus lugares de origen, con el que se dejar&iacute;a hueco a los nacionales para ocupar sus puestos de trabajo. En las &uacute;ltimas semanas, hemos comprobado en Minnesota lo criminal que puede resultar esta distop&iacute;a basada indisimuladamente en la pureza racial. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de tener una naturaleza diferente, ambas comparten cierta l&oacute;gica: los inmigrantes se podr&iacute;an distinguir, seleccionar o jerarquizar por sus capacidades, su color de piel o su pa&iacute;s de origen. Ambas conciben instrumentalmente a las personas migrantes como poblaci&oacute;n sin derechos, que, en el mejor de los casos, pueden ser econ&oacute;micamente funcionales. El obrero es &ldquo;un esclavo a tiempo parcial&rdquo;, porque se ve obligado a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Las personas migrantes en situaci&oacute;n irregular encarnan hoy una versi&oacute;n agravada de esa figura. Trabajan, producen riqueza y sostienen la sociedad, pero sin derechos plenos y bajo la amenaza permanente de ser prescindibles. No son legalmente propiedad de nadie, pero no son libres. Construyen nuestra sociedad, pero son excluimos de la comunidad pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        En su obra El desacuerdo, cuando describe la crisis del sistema industrial en Francia, Jacques Ranci&egrave;re se&ntilde;alaba que en veinte a&ntilde;os no hab&iacute;a cambiado tanto el n&uacute;mero de inmigrantes como la manera de nombrarles: &ldquo;se llamaban trabajadores migrantes o, lisa y llanamente, obreros. El migrante de hoy es, en primer lugar, un obrero que perdi&oacute; su apellido&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/esclavitud-contemporanea_129_12956145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 20:27:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En contra de la esclavitud contemporánea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigrantes,Trabajo,Esclavitud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Venezuela 2026: entramos en terreno desconocido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/venezuela-2026-entramos-terreno-desconocido_129_12885319.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1b5e1eb-324c-4acb-a592-1d47422c5e13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El presidente de EEUU, Donald Trump, y a sus espaldas el secretario de Estado, Marco Rubio."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy Venezuela no es una excepción, sino un síntoma de un mundo en el que la fuerza vuelve a imponerse al derecho, y en el que los principios son solo productos de usar y tirar en manos de las grandes potencias</p><p class="subtitle">Una agresión contra América Latina, una amenaza global</p></div><p class="article-text">
        En la madrugada del 3 enero de 2026, los Estados Unidos de Donald Trump bombardearon Venezuela y capturaron al presidente Nicol&aacute;s Maduro y a su esposa. En el primer momento, no supimos mucho m&aacute;s, pero lo sab&iacute;amos todo. No hab&iacute;a datos oficiales sobre heridos ni muertos, pero se afirmaba que la operaci&oacute;n hab&iacute;a sido impecable y la ausencia de bajas apuntaba a que Maduro hab&iacute;a sido &ldquo;vendido&rdquo;. Desconoc&iacute;amos si la operaci&oacute;n estadounidense &ndash;justificada en nombre del &ldquo;narcoterrorismo&rdquo;&ndash; contaba con apoyos significativos en el interior del pa&iacute;s y cu&aacute;les ser&iacute;an, pero algunos celebraban el retorno inmediato de Mar&iacute;a Corina Machado como presidenta. Tampoco conoc&iacute;amos los siguientes pasos del plan de Trump, m&aacute;s all&aacute; de apelaciones gen&eacute;ricas a &ldquo;la libertad&rdquo; y a la necesidad de &ldquo;tomar el control&rdquo; de Venezuela. 
    </p><p class="article-text">
        A medida que avanzaron las horas hab&iacute;a m&aacute;s datos, pero entend&iacute;amos cada vez menos. La rueda de prensa de Donald Trump, junto a Marco Rubio y otros responsables de la operaci&oacute;n, llevaron al extremo esta paradoja: cuanto m&aacute;s ve&iacute;amos con nuestros ojos y m&aacute;s escuch&aacute;bamos, mayor era la sensaci&oacute;n de irrealidad. Trump hablaba del petr&oacute;leo venezolano y de recuperar lo que era suyo. Despreci&oacute; a Mar&iacute;a Corina Machado y se&ntilde;al&oacute; a Delcy Rodr&iacute;guez como un actor clave. No habl&oacute; de democracia en ning&uacute;n momento, sino de &ldquo;una transici&oacute;n segura&rdquo;. Su comparecencia ante los medios fue una exhibici&oacute;n imp&uacute;dica de su propio poder. Esa transparencia total, lejos de mostrarnos crudamente la verdad, multiplica la confusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico indiscutible es que se trata de una violaci&oacute;n flagrante y expl&iacute;cita del Derecho Internacional. Como ha recordado la presidenta de M&eacute;xico, Claudia Sheinbaum, el art&iacute;culo 2, p&aacute;rrafo 4, de la Carta de las Naciones Unidas es muy claro: los Estados deben abstenerse del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia pol&iacute;tica de cualquier otro Estado. No hay otra interpretaci&oacute;n &ldquo;creativa&rdquo; dentro del marco jur&iacute;dico internacional.
    </p><p class="article-text">
        Pero estamos en 2026 y vivimos en otro mundo. Hay quienes celebran los bombardeos sobre Venezuela &ndash; en muchos casos, su propio pa&iacute;s&ndash; como si marcaran el inicio de un proceso de liberaci&oacute;n largamente esperado &ndash;y mucho m&aacute;s r&aacute;pidamente desmentido&ndash;. Otros se apresuran a borrar de un plumazo la degradaci&oacute;n democr&aacute;tica, econ&oacute;mica e institucional del &ldquo;madurismo&rdquo;, como si la violaci&oacute;n del derecho internacional bastara para devolverle una legitimidad perdida hace ya tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy Venezuela no es una excepci&oacute;n, sino un s&iacute;ntoma de un mundo en el que la fuerza vuelve a imponerse al derecho, y en el que los principios son solo productos de usar y tirar en manos de las grandes potencias. Este mundo de depredadores es el que los Estados Unidos de Trump aspiran abiertamente a presidir. En apenas un a&ntilde;o, Trump se ha encargado de demostrar que quienes pens&aacute;bamos que su regreso a la Casa Blanca ser&iacute;a desastroso nos quedamos cortos. Pod&iacute;a ser peor. Mucho peor. En solo doce meses ha incumplido sus promesas de aislacionismo y no intervenci&oacute;n, y ha consolidado una pol&iacute;tica exterior basada en la arbitrariedad, la violencia y el retorno expl&iacute;cito de las esferas de influencia. Pese a su ret&oacute;rica de &ldquo;hacedor de acuerdos&rdquo; y a la propaganda de la paz, ha ordenado bombardeos en Ir&aacute;n, Irak, Siria, Somalia, Nigeria y Yemen, antes de bombardear Venezuela. En su primer a&ntilde;o de mandato ha lanzado al menos 637 ataques a&eacute;reos &ndash;principalmente en Oriente Medio&ndash;, m&aacute;s que los realizados por Joe Biden durante sus cuatro a&ntilde;os de mandato. No hay atisbo de un acuerdo de paz justo y duradero en Ucrania e Israel contin&uacute;a con su pol&iacute;tica de <em>apartheid</em> en Palestina. El aislacionismo prometido se ha convertido en una pol&iacute;tica de poder &ndash;Machtpolitik&ndash; sin complejos.
    </p><p class="article-text">
        Este mundo gobernado por la fuerza no ha surgido de la nada con el cambio de a&ntilde;o. Tiene una fecha simb&oacute;lica y un nombre propio. En 'El mundo despu&eacute;s de Gaza', Pankaj Mishra sostiene que la devastaci&oacute;n y el genocidio en Gaza no fueron una tragedia m&aacute;s en una &eacute;poca saturada de cat&aacute;strofes, sino una ruptura hist&oacute;rica. Ning&uacute;n otro acontecimiento reciente &ndash;ni la pandemia, ni las crisis financieras, ni siquiera otras guerras&ndash; dej&oacute; una carga comparable de perplejidad y mala conciencia en Occidente. Gaza expuso con una crudeza insoportable la bancarrota &eacute;tica de EEUU y Europa, y la incapacidad para aplicar los propios principios cuando las v&iacute;ctimas y los verdugos no encajaban en nuestra visi&oacute;n del mundo &ndash; atravesada, en demasiadas ocasiones, por el supremacismo blanco&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Lo original no fue &uacute;nicamente la brutalidad de la violencia ejercida, sino la naturalidad con la que fue justificada y asumida. Gaza mostr&oacute; que el Derecho Internacional y los derechos humanos ya no operan como l&iacute;mites. Trump se pavonea de la exhibici&oacute;n de su hegemon&iacute;a militar &ndash;la &uacute;nica que EEUU conserva de manera indiscutible. El genocidio palestino da continuidad a un mundo en el que algunos cuerpos pueden ser destruidos al margen de toda norma. La represi&oacute;n del madurismo y su nulo respeto de la pluralidad pol&iacute;tica es la otra cara de la moneda de esta historia, a una escala regional. 
    </p><p class="article-text">
        Rusia en Ucrania, Israel en Palestina, Estados Unidos en Am&eacute;rica Latina: la fuerza reaparece como el principio que ordena nuestro mundo. El bombardeo de Venezuela y el secuestro de Nicol&aacute;s Maduro en 2026 pertenecen plenamente a ese tiempo posterior a Gaza. No estamos solo ante un episodio de autoritarismo ni la acci&oacute;n de un rey loco, sino ante una suspensi&oacute;n ejemplar de los principios que configuraron el orden internacional tras la Segunda Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        Si se acepta esta l&oacute;gica, muchas preguntas son ya meramente ret&oacute;ricas. &iquest;En virtud de qu&eacute; principio podr&iacute;a criticarse una invasi&oacute;n de Taiw&aacute;n por parte de China? &iquest;Con qu&eacute; autoridad puede la UE exigir a Rusia la retirada de los territorios ucranianos?
    </p><p class="article-text">
        El esp&iacute;ritu de la nueva estrategia de seguridad nacional estadounidense, publicada hace apenas un mes, se ha hecho carne en Venezuela. El regreso expl&iacute;cito de la Doctrina Monroe amenaza a Am&eacute;rica Latina con dejar de ser una comunidad de Estados soberanos.  
    </p><p class="article-text">
        El retorno del imperialismo descarnado y de las esferas de influencia consolida la excepci&oacute;n jur&iacute;dica. Cuando una potencia se arroga el derecho a decidir qu&eacute; gobiernos son leg&iacute;timos y cu&aacute;les deben ser reemplazados, resquebraja el principio mismo de soberan&iacute;a y seguridad colectiva. El problema no es solo la Venezuela de Maduro, sino el precedente que se establece para cualquiera. La Uni&oacute;n Europea se equivoca al mirar hacia otro lado o confiar en que las amenazas hacia Groenlandia son solo bravuconadas de los partidarios m&aacute;s duros del America first. Es el siguiente objetivo. Est&aacute; escrito. 
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto implica ignorar la realidad interna venezolana. El r&eacute;gimen de Maduro carec&iacute;a antes de la operaci&oacute;n norteamericana de legitimidad democr&aacute;tica. El pa&iacute;s atraviesa una devastaci&oacute;n econ&oacute;mica y social profunda, con millones de ciudadanos forzados al exilio y sin ning&uacute;n horizonte pol&iacute;tico cre&iacute;ble. Ahora bien, reconocer esa realidad no implica celebrar los bombardeos ni aceptar la ley del m&aacute;s fuerte. Ninguna &ldquo;transici&oacute;n justa&rdquo; puede construirse a partir de ese hecho. 
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que hace de 2026 un terreno desconocido. &iquest;C&oacute;mo ayudar a los venezolanos y venezolanas a que recuperen las riendas de su propio destino, y decidan en paz y en libertad? &iquest;Qui&eacute;nes estamos dispuestos hoy a defender los principios democr&aacute;ticos y el Derecho Internacional, incluso cuando incomodan?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/venezuela-2026-entramos-terreno-desconocido_129_12885319.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 21:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Venezuela 2026: entramos en terreno desconocido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Venezuela,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una huelga de inquilinos para cambiar el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/huelga-inquilinos-cambiar-mundo_129_12849789.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1cb549f-fc5a-4eae-9f42-221759943dab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una huelga de inquilinos para cambiar el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mes pasado vivimos la primera victoria de una huelga de alquileres en nuestra historia reciente. Desde abril pasado, 71 familias que vivían en pisos propiedad de Fundació La Caixa en Sentmenat, Sitges, Banyoles y Palau Solità i Plegamans sostuvieron una protesta alejada de los focos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La fuerte falta de vivienda provoc&oacute; grandes problemas de hacinamiento y deterioro en los alojamientos disponibles. Exist&iacute;a algo de vivienda p&uacute;blica pero se confi&oacute; casi por completo en el mercado. En los barrios m&aacute;s antiguos de Barcelona, muchos pisos o casas fueron divididos en unidades min&uacute;sculas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eran las llamadas ciudadelas: viviendas baratas, donde varias personas compart&iacute;an habitaci&oacute;n, aseos y cocina para poder pagar el alquiler que consum&iacute;a una parte notable del salario. Es un tipo de vivienda colectiva, generalmente desarrollada en una planta baja, compuesta por un cierto n&uacute;mero de habitaciones independientes&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde situar estas escenas? Suenan terriblemente actuales, pero sucedieron hace cerca de un siglo en Barcelona y Tenerife. M&aacute;s de 2.000 kil&oacute;metros de distancia que no eliminaron esa problem&aacute;tica com&uacute;n. Ambas compartieron propietarios que se lucraron con las rentas y que fueron respondidos con huelgas de inquilinos. Como dijo hace unos meses la presidenta de la asociaci&oacute;n de propietarios SOM Habitatge, N&uacute;ria Garrido, &ldquo;tener inquilinos es como tener un hijo&rdquo;. Los propietarios de vivienda como padres de familia contaron &ndash; y cuentan &ndash; con un poder casi absoluto, que les permite exigir una buena parte de su salario a quienes trabajan. Ecos del pasado que regresan hoy. 
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de semanas, vivimos la primera victoria de una huelga de alquileres victoriosa en nuestra historia reciente. Desde el mes de abril, 71 familias que viv&iacute;an en pisos propiedad de Fundaci&oacute; La Caixa en Sentmenat, Sitges, Banyoles y Palau Solit&agrave; i Plegamans sostuvieron una huelga de alquileres alejada de los focos. 
    </p><p class="article-text">
        Viven en promociones de viviendas que hab&iacute;an sido levantadas con apoyo y financiaci&oacute;n p&uacute;blicas, pero La Caixa quer&iacute;a venderlas una vez acabase el periodo de protecci&oacute;n. Una operaci&oacute;n que culminar&iacute;a una transferencia masiva y descarada de recursos p&uacute;blicos hacia un gran tenedor privado. Por desgracia, eso ha sido en muchas ocasiones la &ldquo;vivienda protegida&rdquo; en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Las familias lograron retener m&aacute;s de 257.000 euros y, sobre todo, han conseguido que los bloques pasen a estar protegidos &ldquo;para siempre&rdquo;. Por fin, el 26 de noviembre, la Generalitat anunci&oacute; la compra de 1.100 viviendas de InmoCaixa. Se han recuperado un total de 1.700 pisos. Nuestra primera huelga de alquileres del siglo XXI a&uacute;n no ha terminado y ya ha permitido celebrar varias victorias. 
    </p><p class="article-text">
        El sindicato ya ha convocado nuevas asambleas y movilizaciones para extender la recuperaci&oacute;n de vivienda protegida al conjunto de bloques de Fundaci&oacute; La Caixa. Ser&iacute;a, en todo caso, un error leer esta huelga como un &eacute;xito particular. Ha demostrado ser una herramienta capaz de obligar a las administraciones a revertir d&eacute;cadas de privatizaci&oacute;n y especulaci&oacute;n que han llevado al actual colapso del mercado inmobiliario. Hay una batalla por la redefinici&oacute;n misma de la noci&oacute;n de inter&eacute;s p&uacute;blico. Consolidar un parque de vivienda p&uacute;blica protegida es una condici&oacute;n indispensable para frenar la l&oacute;gica de la vivienda como un activo financiero. No se trata de un grupo de inter&eacute;s particular, sino de una poblaci&oacute;n que se ha visto expropiada y busca recuperar el control de su vida. La huelga, en definitiva, ha actuado como palanca para hacer efectivo el derecho constitucional a la vivienda. 
    </p><p class="article-text">
        El regreso de esta pr&aacute;ctica dice hasta qu&eacute; punto la situaci&oacute;n actual de la vivienda se ha degradado. La ciudadan&iacute;a la se&ntilde;ala en las encuestas como su principal preocupaci&oacute;n y, seg&uacute;n un informe del Ministerio de Consumo, liderado por Pablo Bustinduy, 630.000 contratos de alquiler vencer&aacute;n el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. En los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os, la vivienda se convirti&oacute; en un producto financiero, con el cual las familias invert&iacute;an sus ahorros y, de manera progresiva, multipropietarios y empresas se han dedicado a hacer negocio y a especular. Seg&uacute;n los c&aacute;lculos de CCOO, en estas d&eacute;cadas se han gastado m&aacute;s de 200.000 millones de euros en pol&iacute;ticas de vivienda. Pero en la direcci&oacute;n equivocada. La intervenci&oacute;n p&uacute;blica sirvi&oacute;, de manera principal, para mantener artificialmente alto un bien que nunca se consolid&oacute; como un verdadero derecho social. Como resultado, hoy tenemos un proceso de desposesi&oacute;n masiva que afecta al coraz&oacute;n de las clases trabajadoras y medias. Como ocurri&oacute; otras veces en el pasado en las huelgas de inquilinos las mujeres y las personas migrantes est&aacute;n teniendo un papel protagonista. Ah&iacute; se est&aacute; conformando una nueva clase social. Sin atajos, como dice uno de los libros de cabecera del sindicato.   
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito de la huelga llega en un momento de bloqueo parlamentario, degradaci&oacute;n institucional y desorientaci&oacute;n de la izquierda, mientras la extrema derecha capitaliza el malestar. Crece el sentimiento de orfandad pol&iacute;tica y se refuerza un c&iacute;rculo vicioso que une y alimenta la desmovilizaci&oacute;n social y la impotencia institucional. La profunda crisis del PSOE, debida a la p&eacute;sima gesti&oacute;n de las denuncias por acoso sexual, de un lado, y, de otro, a las corruptelas de altos cargos en las empresas p&uacute;blicas, parece haber llevado el estado de shock a un punto definitivo. Sin embargo, la huelga de inquilinos, como antes las protestas contra el genocidio en Gaza o en defensa de la sanidad p&uacute;blica, demuestra que ese c&iacute;rculo vicioso no es inevitable. La organizaci&oacute;n popular tiene la capacidad de cambiar el foco y fuerza decisiones que abren nuevas posibilidades. Andr&eacute; Gorz lo llam&oacute; &ldquo;reformismo radical&rdquo;: reformas que no se agotan en s&iacute; mismas, sino que ensanchan lo posible. La compra de 1.700 viviendas no es un tr&aacute;mite administrativo m&aacute;s, sino la prueba de que una huelga puede cambiar el mundo. Una huelga de inquilinos cambia la vida, en primer lugar, de sus protagonistas y nos recuerda a los dem&aacute;s que no est&aacute; todo perdido. Es posible reapropiarnos del mundo com&uacute;n para poder cambiarlo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/huelga-inquilinos-cambiar-mundo_129_12849789.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Dec 2025 20:39:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una huelga de inquilinos para cambiar el mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sindicato de Inquilinas,Alquiler,Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La amenaza catalana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/amenaza-catalana_129_12792869.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26e09005-c327-4778-9c29-f43838087ac3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La amenaza catalana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Catalunya de 2025 ya no es la de 2013. Hoy, un nuevo partido independentista resume su programa en defender “la raza catalana” frente a una supuesta sustitución migratoria promovida por el Estado español. La única manera de combatir al nacionalpopulismo es reconstruir la confianza entre España y Catalunya, y dentro de la sociedad catalana</p></div><p class="article-text">
        Lejos quedan las im&aacute;genes a&eacute;reas de aquella inmensa cadena humana de 400 kil&oacute;metros que se extendi&oacute; el 11 de septiembre de 2013, la V&iacute;a Catalana hacia la independencia. M&aacute;s all&aacute; de la opini&oacute;n de cada cual, fue un &eacute;xito medi&aacute;tico y organizativo. Medios internacionales como&nbsp;<em>The New York Times</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Le Monde</em>&nbsp;se hicieron eco. En plena crisis financiera, surgi&oacute; en Catalunya el movimiento de masas m&aacute;s persistente de aquellos a&ntilde;os. El apoyo a la independencia en las encuestas se situaba alrededor del 50%. En los centros de poder de Madrid se respiraba miedo y en los pasillos de Bruselas, inquietud. La derecha &ndash;y buena parte de la poblaci&oacute;n en Espa&ntilde;a y en Catalunya&ndash; identific&oacute; la amenaza como real.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, a pesar de haber perdido la mayor&iacute;a parlamentaria y el Govern, el independentismo sigue siendo un hecho social y pol&iacute;tico incontrovertible en Catalunya. En Espa&ntilde;a, la gobernabilidad ha dependido de &eacute;l. Tambi&eacute;n cualquier posibilidad de mantener a la extrema derecha alejada del Consejo de ministros. Por eso, la ruptura anunciada por Junts hace tres semanas y su tono virulento &ndash;M&iacute;riam Nogueras calific&oacute; a Pedro S&aacute;nchez de &ldquo;c&iacute;nico&rdquo; e &ldquo;hip&oacute;crita&rdquo;&ndash; deber&iacute;an ser motivo de preocupaci&oacute;n. No tanto por el gesto en s&iacute;, sino por lo que revela. Dividido, fatigado y amnistiado tras a&ntilde;os de represi&oacute;n, el movimiento ha visto emerger una amenaza en su propio interior: Alian&ccedil;a Catalana.<a href="https://www.eldiario.es/catalunya/alianca-catalana-atraparia-junts-aspira-tercera-fuerza-catalunya-barometro-ceo_1_12791356.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> La &uacute;ltima encuesta del CEO lo certifica</a>: la formaci&oacute;n de Silvia Orriols apunta a la tercera posici&oacute;n, superando a los de Carles Puigdemont.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El independentismo, evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del catalanismo, ha sido un movimiento de clases medias y populares, radicalizadas por la crisis del 2008 y el fracaso pol&iacute;tico del Estatut. Durante buena parte del siglo XX, se forjaron en la lucha democr&aacute;tica contra el franquismo. Pero la Catalunya de 2025 ya no es la de 2013. Hoy, un nuevo partido independentista resume su programa en defender &ldquo;la raza catalana&rdquo; frente a una supuesta sustituci&oacute;n migratoria promovida por el Estado espa&ntilde;ol. &iquest;Qu&eacute; ha pasado para que&nbsp;<em>la revoluci&oacute;n dels somriures</em>, que contaba con la independencia como horizonte ut&oacute;pico, haya visto surgir a&nbsp;<em>un partido islam&oacute;fobo&nbsp;</em>de sus entra&ntilde;as, cuya apuesta es deportar a cientos de miles de catalanes?
    </p><p class="article-text">
        Catalunya ha atravesado una aut&eacute;ntica policrisis que ha convertido la desconfianza en la emoci&oacute;n dominante. El proc&eacute;s no solo fracas&oacute; en su objetivo, sino que gener&oacute; una sensaci&oacute;n de enga&ntilde;o, desgaste y distancia entre la dirigencia y las bases. Alian&ccedil;a vive, en primer lugar, de esa crisis de representaci&oacute;n. Pero la desconfianza tambi&eacute;n responde a causas econ&oacute;micas. Con las heridas de la crisis de 2008 a&uacute;n abiertas y un peso econ&oacute;mico menguante respecto a Madrid, la crisis de la Covid-19 agrav&oacute; la situaci&oacute;n. Su impacto se sinti&oacute; en los hogares: cierre de negocios, encarecimiento de la vida y precariedad. A pesar de que la macroeconom&iacute;a muestre se&ntilde;ales de recuperaci&oacute;n, la ciudadan&iacute;a no vive esa mejor&iacute;a. El d&iacute;a a d&iacute;a pesa m&aacute;s que cualquier indicador. El precio de la vivienda sigue desbocado, los salarios no acompa&ntilde;an y los servicios p&uacute;blicos est&aacute;n tensionados. La sensaci&oacute;n general es de decadencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pandemia trajo consigo una crisis de la salud mental. Las depresiones y la ansiedad fueron una constante. Durante el confinamiento, el uso masivo de las redes favoreci&oacute; un repunte del pensamiento conspirativo. Otra vez, la desconfianza, ahora dirigida hacia la ciencia, la medicina o la universidad. Una encuesta reciente del CEO advert&iacute;a de que esos discursos est&aacute;n arraigados en un tercio de la poblaci&oacute;n catalana, especialmente entre los votantes de Alian&ccedil;a Catalana y Vox.
    </p><p class="article-text">
        A este c&oacute;ctel explosivo, se le suma un cambio demogr&aacute;fico acelerado. Entre 2016 y 2025, la poblaci&oacute;n nacida fuera de Espa&ntilde;a creci&oacute; un 57%. Los inmigrantes han sido decisivos a la hora de sostener el mercado de trabajo. Hoy, un 23,8% de la poblaci&oacute;n es migrante, con importantes variantes territoriales. Seg&uacute;n la Encuesta de Usos Ling&uuml;&iacute;sticos de la Poblaci&oacute;n (EULP), a pesar de que el n&uacute;mero total de hablantes de catal&aacute;n aumenta, solo el 32,6% lo utiliza en exclusiva de forma habitual.
    </p><p class="article-text">
        El ge&oacute;grafo Christophe Guilluy describi&oacute; la ruptura entre las grandes ciudades, donde se concentran la riqueza, los empleos y las oportunidades, y las periferias, donde la decadencia se instala y la sensaci&oacute;n de minorizaci&oacute;n cultural es mayor. Ah&iacute; es donde han arraigado las fuerzas nacionalpopulistas en Europa, y Catalunya no es una excepci&oacute;n. Sin pulso ni fuerza para enfrentarse al &ldquo;Estado espa&ntilde;ol&rdquo;, esa desconfianza se ha proyectado hacia el catal&aacute;n m&aacute;s d&eacute;bil o el reci&eacute;n llegado. La antigua clase media en crisis, defraudada con el sistema y que ve amenazada su identidad, se reagrupa alrededor del agravio y el miedo. No es casualidad que la fuerza de AC se asiente en las comarcas de Girona o la Plana de Lleida.
    </p><p class="article-text">
        Alian&ccedil;a Catalana es una amenaza en un doble sentido. En primer lugar, para la supervivencia de la propia naci&oacute;n catalana. Si Catalunya ha sobrevivido hist&oacute;ricamente como naci&oacute;n ha sido gracias a la sorprendente voluntad de seguir siendo un pueblo con su lengua, su cultura y sus instituciones, pero sobre todo a su capacidad de integrar a los&nbsp;<em>nouvinguts</em>. La integraci&oacute;n ha sido el nervio del pa&iacute;s: sin ella, no hay futuro posible. Las propuestas de AC provocar&iacute;an una ca&iacute;da del n&uacute;mero de hablantes de catal&aacute;n, un colapso del tejido socioecon&oacute;mico y un fuerte empobrecimiento cultural. Esa Catalunya imaginada, aislada y encerrada sobre s&iacute; misma, no solamente exigir&iacute;a fuertes dosis de autoritarismo y violencia para intentar llevarse a cabo, sino que, adem&aacute;s, ir&iacute;a contra su propio objetivo declarado.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el partido de Silvia Orriols es una amenaza para la posibilidad de mantener a raya a la extrema derecha espa&ntilde;ola. Su declaraci&oacute;n de no participar en la gobernabilidad del Estado puede arrastrar al conjunto del independentismo y del catalanismo y llevar al pa&iacute;s a un bloqueo permanente. El avance de la desconfianza hacia cualquier soluci&oacute;n dialogada solo mejorar&aacute; las opciones de Santiago Abascal de llegar a la Moncloa.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica manera de combatir al nacionalpopulismo es reconstruir la confianza entre Espa&ntilde;a y Catalunya, y dentro de la sociedad catalana. Por un lado, el Gobierno de coalici&oacute;n progresista debe asumir que necesita a Catalunya y que hacen falta pasos firmes. Es imprescindible reformar el sistema de financiaci&oacute;n, cumpliendo los compromisos de singularidad, ordinalidad y responsabilidad. Por otro, queda la tarea m&aacute;s compleja: hacer posible un nuevo acuerdo que devuelva la legitimidad y el horizonte compartido. Catalunya sigue rigi&eacute;ndose por un Estatut recortado por el Tribunal Constitucional.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el independentismo y el catalanismo deben ser capaces de articular mayor&iacute;as amplias para resolver los inmensos retos de pa&iacute;s. En la semana de arranque del juicio al expresident Pujol es como si se cerrase una &eacute;poca y otra intentase abrirse. En esta &uacute;ltima, los catalanes y catalanas deber&aacute;n responder a una pregunta fundamental: &iquest;qui&eacute;n forma para del &ldquo;nosotros&rdquo;? &iquest;Volveremos a ser aquella comunidad en la que catal&aacute;n es &ldquo;quien vive en Catalunya y lo quiere ser&rdquo;?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/amenaza-catalana_129_12792869.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2025 21:04:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Aliança Catalana,Independentismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién teme a Zohran Mamdani?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/teme-zohran-mamdani_129_12746545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3dadc891-e7b8-404f-b321-120d26a5bd92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién teme a Zohran Mamdani?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lección más importante de la victoria de Mamdani para la izquierda global es recordarnos en qué consiste la política y la promesa original de la democracia. Y en una época saturada de pesimistas y escépticos, que la esperanza puede venir de donde menos la esperamos</p><p class="subtitle">Mamdani y los ejes partidos de la izquierda</p></div><p class="article-text">
        En 2015<em>,</em>&nbsp;el escritor Michel Houellebecq se atrevi&oacute; a dibujar en&nbsp;'Sumisi&oacute;n'&nbsp;la Francia de un futuro cercano. Mohammed Ben Abbes, un l&iacute;der carism&aacute;tico musulm&aacute;n, se convert&iacute;a en 2022 en el presidente de Francia ante el derrumbe de los partidos tradicionales y la necesidad de cortar el paso al Frente Nacional. La novela, una distop&iacute;a sobre la decadencia de Europa, condensaba las pesadillas de una parte de las &eacute;lites occidentales y del ala m&aacute;s reaccionaria de sus pueblos. Aquella fantas&iacute;a inspirada por el terror al enemigo interior, hoy encuentra un rev&eacute;s feliz en Nueva York.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Zohran Mamdani, inmigrante ugand&eacute;s de 34 a&ntilde;os y ciudadano estadounidense de pleno derecho desde hace solo ocho, y miembro de los&nbsp;<em>Democratic Socialists of America</em>, ha ganado las elecciones a la alcald&iacute;a de la capital econ&oacute;mica y cultural de los Estados Unidos con m&aacute;s del 50% de los votos. En una gran noche para los dem&oacute;cratas, que tambi&eacute;n se impusieron a los republicanos en los Estados de Virginia y Nueva Jersey, Mamdani obtuvo un resultado hist&oacute;rico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie hab&iacute;a logrado superar la barrera del mill&oacute;n de votos en Nueva York desde 1969 cuando lo hizo John Lindsay. Nadie le esperaba hace apenas un a&ntilde;o, cuando las encuestas solamente le otorgaban un raqu&iacute;tico 1% de los apoyos. No solo se ha convertido en el primer alcalde musulm&aacute;n de la historia de la ciudad, sino que ser&aacute; el primero en d&eacute;cadas en reclamarse abiertamente socialista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mamdani ha conseguido lo que parec&iacute;a imposible. En pleno segundo mandato de la Administraci&oacute;n Trump, ha levantado una coalici&oacute;n de personas trabajadoras y de clase media, multirracial y de diferentes or&iacute;genes culturales, comprometida contra el genocidio del pueblo palestino y que no tiene miedo a que les llamen socialistas. Sin duda, la gente joven ha sido un motor decisivo en esta alianza. No ha ganado solo gracias a una personalidad carism&aacute;tica, un afinado sentido del humor y un extraordinario equipo de comunicaci&oacute;n, sino que ha construido un movimiento de m&aacute;s de 100.000 personas voluntarias, organizadas manzana por manzana, puerta a puerta, como respuesta a la crisis del poder de compra &ndash;especialmente, la vivienda&ndash;, la injusticia racial y el agotamiento del&nbsp;<em>establishment</em>. Lo que no deja dormir a sus adversarios no es qui&eacute;n es Mamdani, sino lo que su victoria hace posible. Como &eacute;l mismo ha dicho en el discurso de su victoria, &ldquo;lo que aterroriza a un d&eacute;spota, como Trump, es desmantelar las condiciones que le permitieron nacer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una Nueva York exprimida por la especulaci&oacute;n inmobiliaria y agotada por las exigencias que el capitalismo financiero impone a la vida cotidiana, ha reafirmado su compromiso con una ciudad para quienes viven, trabajan y sue&ntilde;an en ella. &ldquo;Nueva York no est&aacute; en venta&rdquo;, repiti&oacute; en su mitin en Queens, rodeado de los dem&oacute;cratas Bernie Sanders y Alexandra Ocasio-Cortez. En el fondo, Mamdani recupera de la tradici&oacute;n rooseveltiana el prop&oacute;sito fundamental de la democracia. No se trata simplemente de contar votos cada cuatro a&ntilde;os para seleccionar &eacute;lites, sino transformar los privilegios de unos pocos &ndash;&ldquo;oligarcas&rdquo;&ndash; en derechos para todo el mundo. Ha apelado con &eacute;xito a esa irresistible fuerza moral, porque su victoria se ha producido, cuando los multimillonarios y sus expertos auguraron el colapso econ&oacute;mico si ganaba el candidato equivocado. El propio Donald Trump, desde la Casa Blanca, amenaz&oacute; con retirarle los fondos federales a la ciudad de Nueva York. Esos mensajes, que hace unos a&ntilde;os &ldquo;los mercados&rdquo; enviaban de manera m&aacute;s sutil, hoy es el propio Presidente de EEUU quien los repite sin rubor. En Argentina, por desgracia, esas amenazas ayudaron a entronizar a Milei; en Nueva York se estrellaron contra la alianza ciudadana, liderada por Mamdani.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La campa&ntilde;a de miedo ha ido cambiando de escala a medida que crec&iacute;a su apoyo. En un primer momento, se cuestion&oacute; su supuesta juventud. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a un hombre de 34 a&ntilde;os y sin ninguna experiencia de gesti&oacute;n dirigir una metr&oacute;polis de nueve millones de habitantes? Sus propuestas centradas en la crisis del coste de la vida como la congelaci&oacute;n de alquileres, el transporte p&uacute;blico o las escuelas infantiles gratuitas se tacharon de ut&oacute;picas. Seg&uacute;n sus cr&iacute;ticos, eso solo era posible en la lejana Escandinavia o en Se&uacute;l, a pesar de que el programa de los dem&oacute;cratas consiste en una serie de medidas socialdem&oacute;cratas y quiere ir solo hasta la vecina New Jersey para imitar su pol&iacute;tica impositiva. Por supuesto que el verdadero problema nunca fue la falta de experiencia, sino la amenaza que representaba para los intereses del dinero.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las encuestas comenzaron a apuntar a una victoria segura, irrumpi&oacute; el miedo al socialista. Mamdani fue acusado de &ldquo;comunista&rdquo; y &ldquo;rojo&rdquo;. Se trataron de revivir fantasmas del pasado, cuyo recuerdo es tristemente conocido en la historia de los EEUU con episodios como las persecuciones a militantes socialistas durante principios del siglo XX o, posteriormente, en el macartismo. Se realiz&oacute; un escrutinio a fondo de su cuenta en X para recuperar sus cr&iacute;ticas pasadas a la polic&iacute;a por su racismo institucional o a la estatua de Crist&oacute;bal Col&oacute;n en el contexto de las movilizaciones del Black Lives Matter.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la recta final de la campa&ntilde;a, sus adversarios trataron de recuperar el clima de histeria y miedo posterior a los atentados terroristas de las Torres Gemelas, con el objetivo de utilizar aquella tragedia y el dolor de las v&iacute;ctimas como argumento &uacute;ltimo. El gran Otro de los Estados Unidos de principios del siglo XXI volv&iacute;a a hacer acto de presencia. En el debate entre candidatos, Andrew Cuomo le acus&oacute; de negar el derecho de Israel a existir y de ser un partidario de la &ldquo;intifada global&rdquo;. Por su parte, Mamdani no se amilan&oacute; e hizo una defensa abierta del derecho de las personas musulmanas a ser conciudadanos de Nueva York como cualesquiera otras. Siempre defendi&oacute; con convicci&oacute;n sus posiciones pol&iacute;ticas, ofreciendo di&aacute;logo a quienes pudiesen tener dudas u opiniones diferentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la triple campa&ntilde;a de miedo ha revelado m&aacute;s sobre sus adversarios que sobre el objeto de sus iras. Mamdani ha mostrado que la verdadera fractura neoyorkina no pasa por las diferencias entre la izquierda y la derecha, sino entre los oligarcas que se benefician del&nbsp;<em>statu quo</em>&nbsp;y la mayor&iacute;a de los ciudadanos que ya no pueden vivir dignamente en su propia ciudad. No ha cambiado el rumbo ante las cr&iacute;ticas, ni ha convertido su campa&ntilde;a en un discurso autorreferencial sobre su sufrimiento. Ha escapado tanto del victimismo como del apaciguamiento ante los ataques. Mamdani sabe que su mayor fortaleza no es qui&eacute;n es, ni las etiquetas que le han intentado colocar sus adversarios, sino que tiene una agenda de futuro. Y si ese plan le da miedo a alguien es sobre todo a los grandes representantes del dinero y a los magnates inmobiliarios y financieros como Trump.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Waleed Shahid, estratega y portavoz de la plataforma&nbsp;<em>Justice Democrats</em>, ha relatado una an&eacute;cdota que resume a la perfecci&oacute;n el significado profundo de la campa&ntilde;a. Waleed cuenta que en la primera conversaci&oacute;n que tuvo con Mamdani sobre su candidatura este ten&iacute;a sobre todo un miedo. Exist&iacute;a el riesgo mortal de que los j&oacute;venes, los &aacute;rabes, los musulmanes, los taxistas y los voluntarios del DSA estuviesen tan descontentos con el Partido Dem&oacute;crata que fuese imposible simplemente ponerse en marcha para lograr su objetivo pol&iacute;tico. &iquest;Cu&aacute;l era esa aspiraci&oacute;n? Construir una coalici&oacute;n ciudadana suficientemente grande como para derrotar al establishment con un candidato contrario al genocidio palestino y que se enfrentase de forma decidida a la crisis del coste de la vida. Mamdani no quer&iacute;a principalmente hacer v&iacute;deos divertidos o incluso ganar, sino reconstruir la relaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a con la pol&iacute;tica &ndash; qui&eacute;nes votan y por qu&eacute; lo hacen&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de&nbsp;'Sumisi&oacute;n', la pesadilla de Houllebecq ha resultado ser el sue&ntilde;o de millones de personas en todo el mundo. Un socialista musulm&aacute;n es el alcalde de la ciudad m&aacute;s capitalista del planeta y se empieza a vislumbrar en el horizonte la posibilidad de una derrota del trumpismo en las elecciones de medio t&eacute;rmino. La lecci&oacute;n m&aacute;s importante para la izquierda global es recordarnos en qu&eacute; consiste la pol&iacute;tica y la promesa original de la democracia. Adem&aacute;s, en una &eacute;poca oscura y saturada de pesimistas y esc&eacute;pticos, Mamdani demuestra que la esperanza puede venir de donde menos la esperamos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/teme-zohran-mamdani_129_12746545.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Nov 2025 20:47:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién teme a Zohran Mamdani?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva York,Zohran Mamdani,Socialismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Correspondencias francesas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/correspondencias-francesas_129_12736946.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d2283af-3477-4baa-9f69-d6f7bf249c98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Correspondencias francesas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque haya diferencias aparentes entre una Francia permanentemente en crisis y una España con relativa estabilidad, las similitudes pesan más. Las correspondencias existen. En ambos países, una parte significativa de la rebeldía juvenil se decanta hacia la derecha, mientras la izquierda se aferra a la gestión de lo heredado</p></div><p class="article-text">
        Durante las &uacute;ltimas semanas, Francia se ha convertido en una f&aacute;brica de s&iacute;mbolos de su propia crisis nacional. El primer gobierno Lecornu dur&oacute; apenas una noche. El robo del Louvre, el museo m&aacute;s visitado del mundo, se ejecut&oacute; un domingo a plena luz del d&iacute;a y solo en siete minutos. Nicolas Sarkozy, el ex presidente de la Rep&uacute;blica francesa, fue condenado a 5 a&ntilde;os de prisi&oacute;n por conspiraci&oacute;n criminal y se asegur&oacute; de que sus conciudadanos supiesen que entraba junto a dos libros, &ldquo;El Conde de Montecristo&rdquo; y &ldquo;El Jes&uacute;s de la historia&rdquo;. Los seres humanos somos <em>animales simb&oacute;licos</em>, dec&iacute;a Ernst Cassirer. Nuestro mundo est&aacute; compuesto por ellos. Los devoramos e interpretamos casi tanto como el aire que respiramos. Si un s&iacute;mbolo es algo que pone en contacto dos cosas y que nos puede ayudar a percibir las relaciones secretas entre ellas, &iquest;es el esp&iacute;ritu de crisis y decadencia de nuestro tiempo aquello que vemos en esas representaciones que nos resulta tan atractivo?
    </p><p class="article-text">
        Hay otro s&iacute;mbolo, de hecho, que no ha tenido tanto eco fuera de sus fronteras, aunque dentro ha suscitado homenajes y debates, y hasta ha revelado un punto de orgullo nacional. Una conmemoraci&oacute;n que nos recuerda que hay otra Francia: este 2025 se cumplen ochenta a&ntilde;os de la Seguridad Social. En respuesta a una campa&ntilde;a procedente de Estados Unidos e inspirada por la canci&oacute;n de Lady Gaga &ldquo;<em>I don&rsquo;t wanna be French</em>&rdquo;, los franceses se grabaron v&iacute;deos mostrando su tarjeta verde de la Seguridad Social, la <em>carte Vitale</em>. Y, en definitiva, reivindicar la superioridad republicana frente a un sistema que, si enfermas, te deja morir o arruina a tu familia. A pesar de sus cr&iacute;ticos y de la cantinela medi&aacute;tica sobre su agujero financiero, hablar de la <em>S&eacute;cu</em> en Francia es hablar de un &ldquo;nosotros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como ha explicado recientemente el historiador L&eacute;o Rosell en su libro &ldquo;<em>La S&eacute;cu, &iquest;une ambition perdue?</em>&rdquo;, ese consenso republicano naci&oacute; de un conflicto. En un pa&iacute;s devastado por la guerra, en 1945 sus impulsores no quer&iacute;an simplemente asegurar los salarios frente a la enfermedad, la maternidad, los accidentes de trabajo o la vejez, sino fundar &ldquo;un orden social nuevo&rdquo;. Esa aspiraci&oacute;n surgi&oacute; del programa del Consejo Nacional de la Resistencia y de los acuerdos del Frente Popular de Leon Blum. Se trataba de crear un r&eacute;gimen &uacute;nico de la seguridad social, que reconociese derechos universales contra todos los riesgos de la vida. En el origen, no gust&oacute; a los patrones de las mutualidades, ni a quienes lo vieron como una v&iacute;a directa a perder sus privilegios. La oposici&oacute;n fue feroz. Solo tuvo &eacute;xito gracias a personajes inolvidables como el ministro comunista Ambroise Croizat y gracias a una amplia alianza del movimiento obrero y un alto funcionariado comprometido con el Estado Social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si ese &aacute;nimo revolucionario que dio origen a la S&eacute;cu tiene que ser recordado en Francia y Europa por historiadores como Julien Damon o Nicolas Da Silva, es porque qued&oacute; sepultado por d&eacute;cadas de discursos de la &ldquo;sostenibilidad&rdquo;, la &ldquo;rentabilidad&rdquo; o la &ldquo;responsabilidad individual&rdquo;. A pesar de todo ello, el sistema de protecci&oacute;n social franc&eacute;s ha resistido bien ante las crisis. A diferencia de lo ocurrido en otros pa&iacute;ses, los pensionistas franceses no se vieron tan afectados por la crisis econ&oacute;mica de la COVID-19. No por casualidad la tasa de pobreza entre los pensionistas es de las m&aacute;s bajas de los pa&iacute;ses de la UE y la OCDE.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos, en Espa&ntilde;a esta ofensiva contra el modelo social ha adoptado un rostro distinto, m&aacute;s joven y digital. El discurso t&eacute;cnico de los expertos se ha transmutado en una expresi&oacute;n de agravios, lanzada desde los smartphones. Una generaci&oacute;n de <em>influencers</em> y <em>youtubers</em> de derechas denuncia el sistema de pensiones como &ldquo;una estafa piramidal&rdquo;. Se extiende la sensaci&oacute;n de enga&ntilde;o entre una juventud que se siente perjudicada y no cree que vaya a alcanzar nunca la protecci&oacute;n de sus mayores. Como creen que &ldquo;los impuestos son un robo&rdquo;, no quieren ni o&iacute;r hablar de la distribuci&oacute;n como fundamento del sistema. Construyen un discurso contestatario a partir de los valores y los principios del mercado, que arremete contra el Estado y lo p&uacute;blico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque haya diferencias aparentes entre una Francia permanentemente en crisis y una Espa&ntilde;a con relativa estabilidad, las similitudes pesan m&aacute;s. Las correspondencias existen. En ambos pa&iacute;ses, una parte significativa de la rebeld&iacute;a juvenil se decanta hacia la derecha, mientras la izquierda se aferra a la gesti&oacute;n de lo heredado. El &eacute;xito y la viralidad de esa corriente de opini&oacute;n no se debe solo a su ret&oacute;rica, sino al vac&iacute;o que encuentran enfrente. El progresismo defiende las conquistas sociales, pero no acaba de ofrecer una promesa de futuro.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s por eso, volver al origen de la S&eacute;cu no deber&iacute;a servir solo para recordar una historia de orgullo nacional, sino para identificar la dimensi&oacute;n de una gran ambici&oacute;n. &ldquo;Los d&iacute;as felices&rdquo; de los que hablaba la resistencia francesa solo fueron posibles gracias al hambre de futuro. La libertad no ser&iacute;a m&aacute;s un privilegio de una minor&iacute;a, sino una realidad cotidiana y la base de un nuevo mundo. Tambi&eacute;n ese s&iacute;mbolo puede ser &uacute;til para no olvidar lo que dec&iacute;a Ambroise Croizat: &ldquo;no habl&eacute;is nunca de garant&iacute;as inamovibles sino de conquistas sociales porque los empleadores nunca se desarman&rdquo;. Europa aprendi&oacute; estas dos lecciones solo tras dos terribles guerras mundiales. Ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s, a&uacute;n estamos a tiempo de recordarlo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/correspondencias-francesas_129_12736946.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 21:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Correspondencias francesas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una tragicomedia francesa: 'devenir' Macron]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tragicomedia-francesa-devenir-macron_129_12676483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/29599f27-9d41-43de-8594-51ffe8b014d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una tragicomedia francesa: &#039;devenir&#039; Macron"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quien llegó prometiendo la regeneración de Francia y aspiraba a transformar Europa ha acabado consumido por la primera y dejando a la segunda debatiéndose sobre su propia identidad</p></div><p class="article-text">
        A principios del a&ntilde;o 2025, la <em>influencer</em> estadounidense de extrema derecha, Candace Owens, public&oacute; en YouTube una serie de v&iacute;deos titulada Devenir Brigitte &ndash; <em>Becoming Brigitte</em>. En ella se replicaba la disparatada hip&oacute;tesis de que la esposa de Emmanuel Macron ser&iacute;a, en realidad, un hombre. Representa probablemente el ejemplo m&aacute;s concentrado y delirante de odio hacia el presidente de la Rep&uacute;blica francesa y su mujer, que acumula millones de visualizaciones. Desde ese nivel extremo de odio, pasando por todos los niveles de cr&iacute;tica pol&iacute;tica leg&iacute;tima, hasta el reciente rechazo e incomprensi&oacute;n de los suyos, Macron acumula hoy un repudio casi ritual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa oposici&oacute;n no surgi&oacute; de la nada: durante a&ntilde;os, fue el foco de la ira de las protestas de los chalecos amarillos y ha recibido cr&iacute;ticas frontales de los sindicatos, los ecologistas, los insumisos, los socialistas, la ultraderecha y los republicanos tradicionales. Pero, en esta &uacute;ltima semana, hemos visto lo impensable. El lunes 6 de octubre, 14 horas despu&eacute;s de haber formado su gabinete, Sebastien Lecornu presentaba su dimisi&oacute;n como primer ministro. No hay precedentes de algo as&iacute; en la historia de la V Rep&uacute;blica francesa. Dos de <em>los &uacute;ltimos macronistas</em>, marcaron distancias. Gabriel Attal mostr&oacute; su incomprensi&oacute;n ante las acciones del presidente y Edouard Phillipe le pidi&oacute; elecciones presidenciales. Entre la <em>iron&iacute;a y la curiosidad antropol&oacute;gicas</em>, el diputado Fran&ccedil;ois Ruffin pidi&oacute; a quienes todav&iacute;a apoyan a Macron que le dejasen un mensaje privado con sus motivos para tratar de comprenderles. En Francia, pr&aacute;cticamente todos est&aacute;n de acuerdo en una cosa: hay que cortar &ndash; de manera simb&oacute;lica &ndash; la cabeza del rey. Pero nadie sabe qu&eacute; hacer a continuaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los t&eacute;rminos del fil&oacute;sofo franc&eacute;s Ren&eacute; Girard, podr&iacute;amos decir que el actual presidente de la Rep&uacute;blica se ha convertido en la v&iacute;ctima propiciatoria del pueblo franc&eacute;s. Seg&uacute;n Girard, las sociedades tratan de canalizar su conflicto interno a trav&eacute;s del sacrificio de una v&iacute;ctima com&uacute;n. Es sobre quien la sociedad proyecta sus frustraciones colectivas y, en &uacute;ltima instancia, sirven para resolver moment&aacute;neamente su propia violencia. Macron ten&iacute;a tres opciones l&oacute;gicas seg&uacute;n todos los analistas: el nombramiento de un nuevo primer ministro ya fuese de su campo pol&iacute;tico o de otro para tratar de conformar una mayor&iacute;a parlamentaria; una nueva disoluci&oacute;n de la Asamblea Nacional o su salida de la Presidencia. Y ha decidido, sorprendiendo a propios y a extra&ntilde;os, no optar por ninguna de ellas: volver a nombrar a Lecornu a los pocos d&iacute;as de haber dimitido. Un usuario en X cifraba la irracionalidad de la gesta de manera lapidaria: &ldquo;Cal&iacute;gula solo nombr&oacute; c&oacute;nsul a su caballo una vez&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el carrusel laboral de Lecornu, tercer y cuarto primer ministro en apenas un a&ntilde;o, no es solo una an&eacute;cdota, sino la met&aacute;fora de un sistema pol&iacute;tico agotado. La Asamblea Nacional contin&uacute;a dividida en tres bloques, con sus respectivas pugnas internas, y bloqueada ante cualquier futuro antes del horizonte 2027, cuando se celebrar&aacute; la elecci&oacute;n presidencial. El <em>Rassemblement National</em> (RN) y <em>La France Insoumise</em> (LFI) se disputan el papel de alternativa, compitiendo por ver qui&eacute;n es m&aacute;s duro contra Macron. Pero su incompatibilidad ideol&oacute;gica no les permite ponerse de acuerdo en la destituci&oacute;n del presidente. En el teatro pol&iacute;tico franc&eacute;s, todos tienen claro el blanco de sus iras, pero nadie tiene un guion para el d&iacute;a despu&eacute;s de su ca&iacute;da.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de las &uacute;ltimas elecciones legislativas fue una sorpresa: ante lo que parec&iacute;a una victoria inevitable de <em>Rassemblement National</em>, la irrupci&oacute;n del <em>Nouveau Front Populaire</em> dio algo de esperanza. Sin embargo, tras el fracaso reiterado de los &uacute;ltimos gobiernos, la incapacidad de articular una mayor&iacute;a positiva para gobernar y las tensiones de la izquierda, la par&aacute;lisis se ha convertido en la nueva forma de gobierno.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la aparente irracionalidad de Macron, hay algo profundamente coherente en su pol&iacute;tica y su conjunto de decisiones err&aacute;ticas: la negativa del presidente a revertir sus reformas m&aacute;s emblem&aacute;ticas como la de las pensiones o la reforma fiscal. Ello ha impedido que la alternativa de gobernar compartiendo el poder con la izquierda haya sido algo m&aacute;s que una hip&oacute;tesis. M&aacute;s all&aacute; de la fragilidad ideol&oacute;gica del bloque central y la estrategia de confrontaci&oacute;n total de la France Insoumise, Macron nunca ha querido gobernar con la izquierda. Seg&uacute;n ha revelado recientemente el periodista de Le Figaro Wally Bordas en su nuevo libro Palais Bourbier. Chronique d&rsquo;une France ingouvernable, la disoluci&oacute;n de la Asamblea fue un c&aacute;lculo t&aacute;ctico de Macron: provocar una cohabitaci&oacute;n con la extrema derecha que desgastara a Marine Le Pen antes de las presidenciales. Gobernar con la izquierda no estaba entre los planes del El&iacute;seo.
    </p><p class="article-text">
        La otra constante: resistir como sea hasta 2027, aun a costa de reincidir en la figura de chivo expiatorio de la crisis nacional. Quiz&aacute; por razones psicol&oacute;gicas, personales o pol&iacute;ticas dif&iacute;ciles de confesar, el presidente parece aferrado a la idea de que, si &eacute;l cae ahora, Francia entera se derrumba con &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El problema del chivo expiatorio, en este caso, sobre el que se proyectan las culpas, las frustraciones y los deseos de venganza es que no resuelve nada. Detr&aacute;s del sacrificio simb&oacute;lico, los problemas estructurales de Francia se amontonan: una econom&iacute;a estancada, una sociedad hastiada, una pol&iacute;tica sin capacidad de proyectar futuro, y una situaci&oacute;n geopol&iacute;tica que le juega a la contra.
    </p><p class="article-text">
        Porque la tragicomedia francesa es, no lo olvidemos, una tragedia europea. Francia ha sido hist&oacute;ricamente el s&iacute;mbolo de lo mejor de nuestro continente y contin&uacute;a siendo la segunda econom&iacute;a m&aacute;s importante de la UE. Mientras hoy se consume en su crisis interna, deja un vac&iacute;o de liderazgo en una Europa desorientada, dividida y sin capacidad de respuesta en los asuntos de la &eacute;poca, como hemos visto en Gaza, ante la irrupci&oacute;n de la segunda Administraci&oacute;n Trump o el inexorable y silencioso avance de la hegemon&iacute;a (econ&oacute;mica) de China. Quien lleg&oacute; prometiendo la regeneraci&oacute;n de Francia y aspiraba a transformar Europa ha acabado consumido por la primera y dejando a la segunda debati&eacute;ndose sobre su propia identidad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tragicomedia-francesa-devenir-macron_129_12676483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Oct 2025 20:38:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España le pone nombre a la barbarie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/espana-le-pone-nombre-barbarie_129_12587573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80579681-6eea-408b-ab49-86e15d1a88ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="España le pone nombre a la barbarie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Europa debe elegir entre plegarse a la lógica de la fuerza y de los millonarios, o defender un mundo basado en las reglas de la razón y la justicia. El gobierno de coalición progresista español, en un contexto europeo cada vez más derechizado, está dando algunas razones para la esperanza</p><p class="subtitle">Estas son las nueve medidas anunciadas por Pedro Sánchez contra el genocidio en Gaza</p></div><p class="article-text">
        El 8 de septiembre de 2025, Pedro S&aacute;nchez pronunci&oacute; por primera vez la palabra prohibida: genocidio. Ni &ldquo;guerra&rdquo;, ni &ldquo;matanza&rdquo;, ni &ldquo;respuesta desproporcionada&rdquo;, sino genocidio. Ya lo hab&iacute;an hecho anteriormente otros miembros de su gobierno: desde la vicepresidenta segunda, Yolanda D&iacute;az, hasta Margarita Robles, pasando por el resto de los ministros de Sumar. Tras abrir su comparecencia con un recordatorio del sufrimiento hist&oacute;rico del pueblo jud&iacute;o, el presidente del Gobierno defini&oacute; sin ambages lo que sucede hoy en Gaza como el exterminio de un pueblo indefenso. Ha sido el primer jefe de Gobierno europeo en hacerlo. Y, viendo los antecedentes, no ser&aacute; el &uacute;ltimo.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras importan y m&aacute;s cuando estamos hablando de un conflicto que tiene como resultado m&aacute;s de 60.000 personas asesinadas &ndash; un tercio de ellas, menores &ndash; y millones de desplazados. No es lo mismo una condena gen&eacute;rica que invocar el t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Raphael Lemkin con todo su peso jur&iacute;dico y moral, y asociado a los cr&iacute;menes m&aacute;s atroces de la humanidad. 
    </p><p class="article-text">
        Esta vez, las palabras solo pod&iacute;an ir de la mano de los hechos. Este mismo martes el Consejo de Ministros aprobar&aacute; un paquete de medidas urgentes para &ldquo;detener el genocidio en Gaza&rdquo;. Entre ellas, un embargo total de armas al Estado de Israel, la prohibici&oacute;n de uso de puertos y espacio a&eacute;reo para transportes militares con destino al pa&iacute;s, y la restricci&oacute;n de entrada a responsables directos o indirectos del genocidio. No es un gesto simb&oacute;lico; es un real decreto-ley con consecuencias inmediatas. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es una potencia internacional, ni un actor militar de primer orden, pero su presidente y su gobierno han sabido interpretar algo importante. Hoy Gaza no es una causa aislada, ni siquiera un conflicto regional, sino un s&iacute;mbolo internacional. Y han querido enviar un mensaje rotundo: Espa&ntilde;a dice &ldquo;no&rdquo; a un mundo gobernado por el derecho del m&aacute;s fuerte y la m&aacute;s descarnada brutalidad. Espa&ntilde;a dice &ldquo;no&rdquo; a que cualquier rinc&oacute;n de nuestro planeta pueda convertirse en Gaza ma&ntilde;ana. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; sucediendo en Gaza tras el 7 de octubre de 2023 ha desplazado lo que es posible e imaginable en muy poco tiempo. En 2005, hace ya 20 a&ntilde;os, Steven Spielberg narr&oacute; en M&uacute;nich la reacci&oacute;n del Estado de Israel tras el atentado de Septiembre Negro en los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1972: once atletas asesinados tuvieron como respuesta una operaci&oacute;n encubierta del Mossad que fue eliminando uno por uno a los responsables. El director estadounidense de origen jud&iacute;o, tras el atentado del 11S era cr&iacute;tico con que esa venganza, sin juicio ni legalidad, no solo vulneraba el derecho internacional, sino que pon&iacute;a en marcha una maquinaria que iba en contra de los propios perpetradores y del pueblo israel&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia hoy es a&uacute;n m&aacute;s grande. La respuesta al brutal ataque de Ham&aacute;s en octubre de 2023 ya no es selectiva, ni clandestina, sino un genocidio en directo, retransmitido a diario y, en ocasiones, por parte de las propias redes sociales de los gobernantes israel&iacute;es. Los gobiernos y las poblaciones occidentales no pueden alegar ignorancia. Hoy es imposible no saber lo que sucede en Gaza &ndash; por mucho que Israel haya acabado con la vida de m&aacute;s periodistas que en ning&uacute;n otro conflicto reciente. Como m&aacute;ximo, como advierte la escritora brit&aacute;nico-palestina, Isabella Hammad, el poder pol&iacute;tico puede decir al espectador: &ldquo;esto no es lo que parece, es demasiado complicado para entenderlo, mira hacia otra parte&rdquo;. La decisi&oacute;n espa&ntilde;ola rompe con el tab&uacute; europeo que nos obliga a elegir entre la complicidad y la indiferencia.
    </p><p class="article-text">
        No estamos solos, pero vamos m&aacute;s lejos que nadie en Europa. Gracias a las miles y miles de personas y a las organizaciones en defensa de Palestina como el Movimiento BDS o la Red Solidaria Contra la Ocupaci&oacute;n en Palestina, que a lo largo y ancho del globo se han movilizado, han protestado e, incluso, han intentado romper con el bloqueo naval israel&iacute;; se han ido dando peque&ntilde;os pasos que ahora se revelan decisivos. El pasado 22 de mayo de 2024, junto a Irlanda y Noruega, reconocimos el Estado de Palestina. Este verano, Francia y Reino Unido, dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, han mostrado su disposici&oacute;n a sumarse a esa v&iacute;a, a pesar de los titubeos y los condicionales. Este &uacute;ltimo paso deber&iacute;a servir para superar el bloqueo del continente europeo a la hora de tomar una decisi&oacute;n de la cual poder estar m&iacute;nimamente orgullosos en el futuro. 
    </p><p class="article-text">
        Fiel a la estrategia desplegada desde octubre de 2023, el gobierno israel&iacute; de Netanyahu ha acusado furibundamente de antisemitismo al Ejecutivo espa&ntilde;ol. Y ha dado un paso m&aacute;s: ha prohibido la entrada en Israel a Yolanda D&iacute;az, vicepresidenta del Gobierno, y a Sira Rego, ministra de Juventud e Infancia. Israel no solo intenta neutralizar las cr&iacute;ticas, sino que busca desacreditar y silenciar a cualquier voz que cuestione sus pol&iacute;ticas. El antisemitismo &ndash; tan cruel hist&oacute;ricamente y tan real todav&iacute;a en demasiados pa&iacute;ses &ndash; se ha convertido en sus manos en una simple arma arrojadiza. 
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, conviene no dejarse llevar por una ilusi&oacute;n fruto del momento. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s modesto: ni un embargo total de armas, ni una ruptura de relaciones bastar&aacute;n para poner fin a este tr&aacute;gico cap&iacute;tulo de la historia. Pero la determinaci&oacute;n espa&ntilde;ola se&ntilde;ala un camino. Si otros gobiernos europeos siguen esa senda, el aislamiento de Israel puede volverse tan insoportable como el que derrumb&oacute; al apartheid sudafricano, pese a los a&ntilde;os en que Thatcher y Reagan se resistieron a sancionarlo. Lo saben bien los dirigentes israel&iacute;es y, por eso, se ponen nerviosos: acciones que parecen insuficientes y minoritarias como la espa&ntilde;ola son las que te acaban convirtiendo en un paria internacional en el medio plazo. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Netanyahu cuenta con el respaldo cerrado de los EEUU. Donald Trump ha llegado incluso a fantasear con convertir Gaza en un &ldquo;resort&rdquo;, comprando el exilio palestino a golpe de cheque: un genocidio camuflado como compensaci&oacute;n econ&oacute;mica. Como ha revelado el Washington Post, para la gran mayor&iacute;a que deber&iacute;a marcharse el precio ser&iacute;an 5.000 d&oacute;lares en efectivo y una subvenci&oacute;n que cubrir&iacute;a cuatro a&ntilde;os de alquiler y un a&ntilde;o de comida.
    </p><p class="article-text">
        Ante esa deriva, Europa debe elegir entre plegarse a la l&oacute;gica de la fuerza y de los millonarios, o defender un mundo basado en las reglas de la raz&oacute;n y la justicia. El gobierno de coalici&oacute;n progresista espa&ntilde;ol, en un contexto europeo cada vez m&aacute;s derechizado, est&aacute; dando algunas razones para la esperanza. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/espana-le-pone-nombre-barbarie_129_12587573.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Sep 2025 20:09:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[España le pone nombre a la barbarie]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del alivio de un gobierno progresista a la reconstrucción del espacio del cambio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/alivio-gobierno-progresista-reconstruccion-espacio_129_1199102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99e87f54-d6b4-40b7-a88f-70e5ad097878_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman su acuerdo de Gobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás la tarea más delicada y decisiva de este gobierno es la gestión de los tiempos. Su inédita alianza gubernamental y su fragilidad parlamentaria no le permiten de entrada ni contar con ese horizonte compartido, ni durar</p><p class="subtitle">Podemos no puede conformarse con subordinarse a la manera tradicional de ordenar el tablero político, desplazando un poco "a la izquierda" las posiciones del gobierno</p></div><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola se ha caracterizado por la incertidumbre y la novedad hist&oacute;rica, pero nos hemos encontrado desde 2015 con un dilema constante para el PSOE. &Eacute;ste ha tenido que elegir entre llegar a alguna clase de entendimiento con el PP y/o Cs para apuntalar el viejo bipartidismo, o pactar con UP y buscar el apoyo de una mayor&iacute;a parlamentaria plurinacional. Esa tensi&oacute;n, que ha recorrido al conjunto del r&eacute;gimen, es fundamental para comprender la sucesi&oacute;n aparentemente ca&oacute;tica de acontecimientos y la camale&oacute;nica figura de Pedro S&aacute;nchez. Solo unas &eacute;lites cerradas en banda ante la posibilidad de que UP llegase al Gobierno, posibilitaron que S&aacute;nchez pasase de ser defensor de la experiencia portuguesa al pacto del abrazo con Cs. Solo esa obsesi&oacute;n, que justific&oacute; la expulsi&oacute;n de S&aacute;nchez de Ferraz, le permiti&oacute; volver de la mano del malestar impugnatorio de sus bases. De hecho, la imposibilidad de la alianza progresista y plurinacional tras el verano de 2016, permiti&oacute; el raqu&iacute;tico triunfo de Rajoy, que dur&oacute; tanto como aquella alternativa tard&oacute; en articularse en la moci&oacute;n de censura. Del mismo modo, la &uacute;ltima repetici&oacute;n electoral fue un fracaso de S&aacute;nchez en su intento de superar plebiscitariamente esta tensi&oacute;n, un fracaso que ha acabado en el pacto con UP.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Podemos estableci&oacute; desde su nacimiento que llegar al Gobierno del Estado era un medio para transformar un r&eacute;gimen del 78 en profunda crisis. En un comienzo, al calor del ascenso demosc&oacute;pico, aquella entrada se imaginaba plet&oacute;rica. El reto era llegar sin ocupar posiciones subalternas, pero tras comprobar la resistencia social del PSOE y el &eacute;xito de la maquinaria pol&iacute;tica y medi&aacute;tica que trabajaba en su contra, vino el golpe de realidad. Y vinieron los errores, las pulsiones identitarias al interior de los aparatos del bloque del cambio y la constituci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica de resistencia &ndash;muy vieja ya, por otra parte&ndash; ante un nuevo mundo hostil.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tras los resultados de noviembre, lo que parec&iacute;a imposible en abril se vislumbr&oacute; en 48 horas. Se repet&iacute;a la alianza central de la moci&oacute;n de censura, pero como acuerdo de gobierno. Ahora, en su momento de m&aacute;xima debilidad, UP tiene su gran oportunidad y la ciudadan&iacute;a progresista ha recibido la noticia mayoritariamente con alivio e incredulidad. &iquest;Por qu&eacute; ahora? Una correlaci&oacute;n entre la estricta necesidad de unos y la debilidad de los otros. La oportunidad para UP no es un regalo ca&iacute;do del cielo, sino, en parte, consecuencia de su debilidad. El mejor pegamento ha sido parad&oacute;jicamente el clima de desconfianza general hacia la pol&iacute;tica, que incluye a sus propios partidos, y los cincuenta diputados de Vox.
    </p><p class="article-text">
        Es pronto para pronunciarse con rotundidad ante el posible gobierno de coalici&oacute;n del que se desconoce pr&aacute;cticamente todo. Pero las reacciones revelan a sus poderosos enemigos: desde Felipe Gonz&aacute;lez y Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, pasando por las grandes empresas del IBEX 35 y la CEOE, la Casa Real y la c&uacute;pula eclesi&aacute;stica espa&ntilde;ola, hasta las tres furibundas derechas de PP, Vox y Ciudadanos. Adem&aacute;s en estado de alarma por la necesidad vital de este gobierno de explorar en profundidad las posibilidades del di&aacute;logo con Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Algunas voces imprescindibles, como la de Teresa Rodr&iacute;guez, han criticado la opci&oacute;n del Gobierno desde la izquierda, dado que la correlaci&oacute;n de fuerzas no permitir&aacute; abordar grandes transformaciones y dejar&aacute; libre el campo de impugnaci&oacute;n a Vox. Su cr&iacute;tica es pertinente y responde a una posici&oacute;n coherente que han defendido siempre. Su miedo es leg&iacute;timo porque, en efecto, el &eacute;xito no est&aacute; asegurado. En esta segunda d&eacute;cada del siglo XXI, el reto de las fuerzas democr&aacute;ticas europeas no es menor; pasa por una reinvenci&oacute;n del pacto de posguerra, que dio lugar al Estado de bienestar, en un contexto adverso de estancamiento capitalista, crisis clim&aacute;tica catastr&oacute;fica y revancha patriarcal. Sin duda, ese ambicioso horizonte no es el de este gobierno, que, aunque ha sido comparado con el Gobierno republicano frentepopulista del 36, tiene m&aacute;s afinidad con el&nbsp;Gobierno franc&eacute;s de Mitterrand y los comunistas en 1981. Pero, en cualquier caso, esta oportunidad s&iacute; debe servir para demostrar que nuestras sociedades democr&aacute;ticas pueden comenzar a avanzar a un ritmo razonable, a pesar de la falta de voluntad de las &eacute;lites europeas por las reformas y las limitaciones presupuestarias y financieras de Bruselas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la tarea m&aacute;s delicada y decisiva de este gobierno es la gesti&oacute;n de los tiempos. Su in&eacute;dita alianza gubernamental y su fragilidad parlamentaria no le permiten de entrada ni contar con ese horizonte compartido, ni durar. Para ser exitoso tendr&aacute; que ir tejiendo y retejiendo esos acuerdos, a la vez que pone en marcha un programa m&iacute;nimo de reformas que implique peque&ntilde;as conquistas cotidianas para el grueso de su base social. Se necesita recuperar autoestima frente al clima de apat&iacute;a y cinismo, que profundiza la degradaci&oacute;n democr&aacute;tica. Si el Gobierno se duerme en los laureles y queda atrapado en una mera guerra de s&iacute;mbolos, tiene todas las de perder. En lugar de eso, debe conseguir avanzar en la recuperaci&oacute;n de derechos: derogar los aspectos m&aacute;s lesivos de la &uacute;ltima contrarreforma laboral del PP, subir el salario m&iacute;nimo interprofesional, regular directa e indirectamente el mercado de la vivienda, poner en marcha una transici&oacute;n verde de la econom&iacute;a o reformar la fiscalidad en clave progresiva.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, la entrada de UP en un gobierno con el PSOE &ndash;especialmente en condiciones de inferioridad n&uacute;merica&ndash; vuelve a hacer necesario un debate que tambi&eacute;n ha recorrido la breve pero convulsa intrahistoria del espacio del cambio. Podemos no puede conformarse con subordinarse a la manera tradicional de ordenar el tablero pol&iacute;tico, desplazando un poco &ldquo;a la izquierda&rdquo; las posiciones del Gobierno. No se trata de defender de forma m&aacute;s coherente y m&aacute;s valiente las mismas pol&iacute;ticas que el PSOE o de ir unos pasos m&aacute;s all&aacute; en las mismas direcciones, sino de abrir nuevas direcciones y marcar horizontes m&aacute;s all&aacute; de este gobierno. Se trata de reordenar las posiciones en favor de la hegemon&iacute;a del espacio del cambio. As&iacute;, si tomamos el feminismo como un campo paradigm&aacute;tico de esa disputa pol&iacute;tica, se tratar&iacute;a, por ejemplo, de salir de los discursos sobre la violencia sexual que ponen el &eacute;nfasis en las soluciones penales y punitivas y apostar por pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de prevenci&oacute;n y pol&iacute;ticas destinadas a los hombres. Se tratar&iacute;a de encarnar una alternativa a un partido socialista que en 2015 propon&iacute;a hacer p&uacute;blicas las listas de los maltratadores y que puede resultar sin&eacute;rgico con el intento de Vox de alimentar una guerra de sexos e instrumentalizar la violencia sexual para defender la cadena perpetua y el endurecimiento del C&oacute;digo Penal. Se tratar&iacute;a de escapar de posiciones defensivas y de reordenar los bandos para construir una nueva hegemon&iacute;a, que incluya a muchos m&aacute;s hombres y mujeres, frente a la reacci&oacute;n. Si Podemos no da muestras de tener un feminismo diferente y alternativo al del PSOE &ndash;y m&aacute;s capaz de ganarle la batalla pol&iacute;tica y cultural a las derechas&ndash; su paso por el gobierno podr&iacute;a seguir dejando el d&iacute;a de ma&ntilde;ana la hegemon&iacute;a de las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero intacta, es decir, en manos del PSOE.
    </p><p class="article-text">
        En una reciente carta a la militancia de Podemos, Pablo Iglesias agradec&iacute;a el esfuerzo an&oacute;nimo realizado, y advert&iacute;a de los l&iacute;mites y las contradicciones de un Ejecutivo compartido con el PSOE, poniendo &eacute;nfasis en las cesiones que vendr&aacute;n. Desde nuestro punto de vista, cabe invertir los t&eacute;rminos de la cuesti&oacute;n: &iquest;qu&eacute; podemos hacer m&aacute;s all&aacute; del Gobierno &ndash;y m&aacute;s ac&aacute; de Podemos&ndash; para ampliar los l&iacute;mites de lo posible?
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los poderosos enemigos de UP y los posibles errores personales de este o aquel l&iacute;der, cabe detenerse en un fallo estructural que ha recorrido distintas organizaciones de este ciclo y que podr&iacute;amos llamar Vistalegre I: hiperliderazgo, una preponderancia inflacionaria de la dimensi&oacute;n medi&aacute;tica sobre otras &ndash;como la implantaci&oacute;n territorial o la relaci&oacute;n con la sociedad civil&ndash; y una cultura extraordinariamente cerrada. No se trata de un capricho, sino una necesidad urgente, porque esta oportunidad del Gobierno de coalici&oacute;n progresista llega despu&eacute;s de que el espacio del cambio retrocediera de forma muy significativa en las &uacute;ltimas elecciones municipales y auton&oacute;micas. Se han perdido ciudades clave como Madrid o Zaragoza y se han quedado por el camino alrededor de dos millones de votos, a lo que hay que a&ntilde;adir escisiones tan importantes como M&aacute;s Pa&iacute;s o la ruptura de Equo o En Marea en Galicia. Claramente hay cosas que no hemos sabido hacer bien. En la l&oacute;gica interna, instalada firmemente en las organizaciones del espacio del cambio, los relatos exculpatorios se multiplican y los an&aacute;lisis honestos no tienden a abundar. En ese sentido, hay que asumir la autocr&iacute;tica en primera persona, porque fuimos muchos quienes defendimos un determinado modelo de partido y, tambi&eacute;n, quienes se han servido m&aacute;s tarde de &eacute;l tras haberlo criticado. Entender Vistalegre II como el momento en el que cifrar todos los errores de Podemos es parte de una trampa. En un congreso m&aacute;s fragmentado &ndash;Vistalegre II&ndash; siempre es m&aacute;s f&aacute;cil diluir responsabilidades, pero la pregunta que nunca se ha planteado con honestidad en la discusi&oacute;n p&uacute;blica es en qu&eacute; nos equivocamos juntos. Una autocr&iacute;tica, que no sea simple prop&oacute;sito de enmienda, debe servir para plantearnos c&oacute;mo ampliar los l&iacute;mites de lo posible hoy. Porque, sin lugar a dudas, las guerras internas han sido uno de las causas centrales en la p&eacute;rdida de credibilidad del proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los errores m&aacute;s graves de la m&aacute;quina guerra electoral es establecer un exterior y un interior del partido, que funcionar&iacute;an como compartimentos estancos, y sacrificar la pluralidad, el debate y la posibilidad de imaginar nuevas formas de relaciones humanas e institucionales con objetivo de maximizar los resultados electorales. Esta concepci&oacute;n llevada al absurdo se imagina un partido exitoso electoralmente con una vida interna devastada. Parad&oacute;jicamente, un partido, que quiere generar v&iacute;nculos comunitarios a nivel social, no solo no lo hace a nivel interno, sino que lleva al extremo las peores tendencias sociales existentes &ndash;autoritarismo, homogeneidad, desconfianza. La &uacute;nica manera de revertir la l&oacute;gica resistencialista del momento pol&iacute;tico actual es revertir esa din&aacute;mica de culturas pol&iacute;ticas cerradas sobre s&iacute; mismas, que buscan enemigos internos para justificarse y que presentan el exterior en exclusiva como un lugar fr&iacute;o y deshumanizado, mientras renuncian en el interior a imaginar nuevas formas de relacionarse fraternalmente y de organizarse institucionalmente. La reconstrucci&oacute;n del espacio del cambio es imprescindible ya que podr&aacute; impulsar la acci&oacute;n del gobierno de coalici&oacute;n progresista en la mejor de las direcciones.
    </p><p class="article-text">
        Para que este gobierno se construya sobre apoyos firmes es importante que se avance por parte de todos y todas en la recomposici&oacute;n de una pluralidad del espacio del cambio ahora dividida y fragmentada. Podemos tendr&aacute; que asumir que habr&aacute; cr&iacute;ticas y presiones a las concesiones que imponga un Ejecutivo compartido con el PSOE, pero que est&aacute; en su mano que aquellas sean lo m&aacute;s ocasionales y constructivas y que, en ocasiones, sean tambi&eacute;n una palanca de refuerzo en su tensi&oacute;n con el PSOE. A quienes formamos parte de un espacio del cambio que va m&aacute;s all&aacute; de los partidos y las siglas, nos tocar&aacute; arrimar el hombro con generosidad y apoyar a un gobierno de cuya suerte depende la de todos y todas. Pero, mientras, tendremos que trabajar para dejar atr&aacute;s las m&aacute;quinas de guerra y tomarnos en serio que aquello de feminizar la pol&iacute;tica implica la construcci&oacute;n de organizaciones, relaciones territoriales y alianzas con cuidado. Necesitamos un aut&eacute;ntico frente del cambio, que haga de la confederaci&oacute;n democr&aacute;tica de sensibilidades pol&iacute;ticas, organizativas, culturales, intelectuales y territoriales su arma m&aacute;s poderosa. Si hay un momento para aprender de los errores y poner ese aprendizaje al servicio de las oportunidades que tenemos delante hoy, ese momento es ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Serra, Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/alivio-gobierno-progresista-reconstruccion-espacio_129_1199102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2019 20:11:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del alivio de un gobierno progresista a la reconstrucción del espacio del cambio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gobierno de coalición,PSOE,Unidas Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[2017: ¿De la resignación a la alternativa?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/resignacion-alternativa-2017_129_3336775.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/416fd4a8-b5bd-49cd-a567-ebca3fe4d59b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="2017: ¿De la resignación a la alternativa?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siempre se solía decir que Podemos no podía parecerse al PSOE, pero ¿qué sucede ahora cuando es el PSOE quien acepta tener que parecerse a Podemos, en medio de una discusión sobre la crisis de la socialdemocracia y su papel a escala continental?</p></div><p class="article-text">
        Es un lugar com&uacute;n se&ntilde;alar el 15 de mayo de 2011 como un punto de inflexi&oacute;n en la historia del r&eacute;gimen del 78, destacar su importancia como s&iacute;ntoma de madurez democr&aacute;tica de la sociedad espa&ntilde;ola frente a unas &eacute;lites ensimismadas y tambi&eacute;n alabar sus potencialidades de transformaci&oacute;n. Estar&iacute;amos ante un verdadero terremoto democr&aacute;tico, cuyas ondas s&iacute;smicas llegaron, primero, al PSOE, empuj&aacute;ndole fuera del gobierno, removieron el sistema de partidos permitiendo irrumpir a una formaci&oacute;n como Podemos y obligando a los viejos partidos a moverse, aceleraron la abdicaci&oacute;n de Juan Carlos I y la reforma de la monarqu&iacute;a y, ahora, han vuelto, de nuevo, a sacudir en sus primarias al PSOE tras el fat&iacute;dico Comit&eacute; Federal del 1 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Estar&iacute;amos ante un fantasma que ya recorri&oacute; la campa&ntilde;a interna previa cuando Susana D&iacute;az lo maldijo rega&ntilde;ando a &ldquo;los que se indignaron&rdquo; porque &ldquo;pensaban que iban a tener una casita en la playa&rdquo; o cuando Jos&eacute; F&eacute;lix Tezanos, soci&oacute;logo <em>guerrista</em> del equipo de Pedro S&aacute;nchez, se&ntilde;alaba la cuesti&oacute;n juvenil como la gran cuesti&oacute;n de Espa&ntilde;a. Y que podr&iacute;a volver a estar muy presente.  
    </p><p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez ha ganado las primarias socialistas obteniendo la mayor&iacute;a absoluta de los votos y la victoria en todas las CCAA, salvo en Andaluc&iacute;a y Euskadi, y, m&aacute;s a&uacute;n, ha liderado una rebeli&oacute;n de las bases contra el <em>establishment</em> de dentro &ndash;los barones y las viejas glorias como Felipe Gonz&aacute;lez o Zapatero&ndash; y de fuera &ndash;el IBEX 35, el grupo PRISA, etc.&ndash; saliendo, por el momento, victorioso.
    </p><p class="article-text">
        Queda todav&iacute;a por ver su capacidad para maniobrar a nivel interno y poner orden tanto en un grupo parlamentario complejo y reacio a S&aacute;nchez como en territorios estrat&eacute;gicos claves para el PSOE como las baron&iacute;as del sur. La cruzada interna a la que se enfrenta S&aacute;nchez es un elemento fundamental para analizar los pasos a seguir en el PSOE, cuyas bases se han rebelado contra el aparato pero en donde los barones, que juran lealtad p&uacute;blica al nuevo pr&iacute;ncipe, cuentan con importantes resortes de poder: redes clientelares, rencillas personales o h&aacute;bitos e imaginarios conservadores de fuerte arraigo. Est&aacute; todav&iacute;a por ver si el impulso de Pedro S&aacute;nchez es tal y, de haberlo, cu&aacute;nto tiempo le va a durar.
    </p><p class="article-text">
        Las contradicciones que estallaron por primera vez de forma violenta cuando S&aacute;nchez pareci&oacute; atreverse a ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites del mandato del Comit&eacute; Federal del 20 de diciembre son las mismas que viene arrastrando el PSOE durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os en su incapacidad de ofrecer una respuesta alternativa a la austeridad para la sociedad espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, para explicar c&oacute;mo S&aacute;nchez ha podido pasar de ser el art&iacute;fice de un pacto con Ciudadanos para cerrar el paso a Podemos en 2016 a ser aupado por las bases socialistas en una rebeli&oacute;n contra los barones que le designaron en un primer momento hay que devolver la mirada por lo menos hasta el 15M.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de que Pedro S&aacute;nchez o el PSOE como estructura tengan una serie de cualidades positivas comunes con el fen&oacute;meno del 15M, sino que s&oacute;lo desde esta perspectiva puede entenderse c&oacute;mo ha podido suceder algo que pr&aacute;cticamente todos daban por imposible o por qu&eacute;, en este caso, los asuntos internos de un partido tradicional van mucho m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l. Esto nos recuerda tambi&eacute;n que nadie tiene por defecto la patente de la indignaci&oacute;n y el cambio, ni existe un horizonte marcado que nos diga c&oacute;mo ser&aacute; el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;ximo a lo que pueden aspirar las formaciones pol&iacute;ticas es a surfear la ola, pero no a producirla. Esa ola crece, baja, se desplaza y cambia; solo la virtud acompa&ntilde;ada de una buena fortuna permite al surfista mantenerse de pie. S&aacute;nchez ha sido un extraordinario surfista en esta &uacute;ltima rebeli&oacute;n socialista contra el <em>establishment</em>.
    </p><p class="article-text">
        Desde que naci&oacute;, Podemos ha llevado a cabo, gracias a que supo ver venir y leer la ola, una operaci&oacute;n hegem&oacute;nica capaz de construir y delimitar un universo de referencia, en donde incluso el adversario ha terminado por incluirse. Siempre se sol&iacute;a decir que Podemos no pod&iacute;a parecerse al PSOE, pero &iquest;qu&eacute; sucede ahora cuando es el PSOE quien acepta tener que parecerse a Podemos, en medio de una discusi&oacute;n sobre la crisis de la socialdemocracia y su papel a escala continental? &iquest;Qu&eacute; sucede ahora cuando una vez que marcas el ritmo, la gram&aacute;tica, la agenda y los contornos de lo posible, el adversario decide dar la batalla en el mismo plano, es decir, decide subirse a la tabla y surfear?
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;nuevo&rdquo; PSOE, el reflujo de la ola social y los cambios en la percepci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a sobre la situaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica en nuestro pa&iacute;s son datos insoslayables para el an&aacute;lisis y la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Ser&iacute;a un error pensar que los otros est&aacute;n incapacitados para surfear la ola porque arrastran una suerte de peso muerto de su historia que les incapacita absolutamente. Evidenciar su farol desde la perspectiva de los convencidos nunca ser&aacute; suficiente para desarmarlos.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, aceptar el envite pasa por asumir que esa corriente subterr&aacute;nea de cambios avanza &ndash;incluso a veces pasando por nuestro lado&ndash; y que somos capaces de captar esa realidad m&aacute;s all&aacute; de los partidos y traducirla en una alternativa para la mayor&iacute;a social. Es ah&iacute; donde radica la posibilidad de renovar la hegemon&iacute;a y actualizar la manida &ldquo;hip&oacute;tesis&rdquo; de 2017 en adelante.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, nos encontramos con una vieja distinci&oacute;n y una vieja cuesti&oacute;n. La distinci&oacute;n extra&iacute;da del &aacute;mbito militar es la distinci&oacute;n entre t&aacute;ctica y estrategia. Mientras la primera se ocupa de las operaciones concretas para llevar a cabo los combates, la segunda tiene que ver con la forma en que se organizan y se planifican los distintos combates para lograr un objetivo superior: ganar la guerra, tal y como recuerda Clausewitz.
    </p><p class="article-text">
        En Podemos, a menudo, se ha tratado de descifrar una supuesta diferencia clave entre aquellos que ser&iacute;an partidarios de formar un gobierno en alianza con otras fuerzas pol&iacute;ticas y aquellos que apostar&iacute;an por quedarse en la oposici&oacute;n hasta lograr una mayor&iacute;a absoluta o, de manera m&aacute;s realista, en una <em>pasokizaci&oacute;n</em> que condujera al PSOE a un dilema imposible. La discusi&oacute;n entre &ldquo;gobernismo&rdquo; y &ldquo;polarizaci&oacute;n&rdquo; es espuria, pues el valor y el sentido de una t&aacute;ctica no deriva de la propia t&aacute;ctica, sino que depende de la estrategia y de las correlaciones existentes en una coyuntura dada. Vuelve tambi&eacute;n el an&aacute;lisis concreto de la situaci&oacute;n concreta.
    </p><p class="article-text">
        Si el objetivo superior &ndash;o estrat&eacute;gico&ndash; es lograr un cambio en favor de la mayor&iacute;a social en forma de acuerdo social, intergeneracional y plurinacional, entonces entrar o no en un gobierno es una mera diferencia t&aacute;ctica que deber&aacute; dirimirse en funci&oacute;n de las circunstancias. Es obvio que los Ayuntamientos del Cambio solamente han podido darse en alianza con otras fuerzas pol&iacute;ticas ya en forma de apoyo desde fuera o formando parte del gobierno, que en las comunidades aut&oacute;nomas donde se ha desalojado al PP ha sucedido tambi&eacute;n con entendimiento o acuerdo y parece dif&iacute;cil imaginarse que ocurriese de otra manera en el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la vieja cuesti&oacute;n es la del programa en la que se materializar&iacute;a ese cambio que es el debate pol&iacute;tico sustantivo que deber&iacute;amos tener para poder tener claridad a la hora de elegir la mejor ruta (t&aacute;ctica) para llegar a nuestro objetivo superior (estrat&eacute;gico). No sin aclarar antes que la importancia del programa tiene m&aacute;s que ver con la capacidad de plasmar aquello que se mueve y palpita en la sociedad que una suerte de prospecto farmac&eacute;utico o de receta que opera al margen de su interpelaci&oacute;n con la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos un nuevo acuerdo de pa&iacute;s que de soluci&oacute;n a las tres grandes crisis abiertas a&uacute;n en Espa&ntilde;a: la econ&oacute;mico-social, la pol&iacute;tico-institucional y la nacional. No se trata en ning&uacute;n caso de librar las batallas cerradas &ldquo;de manera exitosa&rdquo; en la Transici&oacute;n, ni tampoco de tratar de regresar a la &ldquo;id&iacute;lica&rdquo; situaci&oacute;n previa a la crisis de 2008, sino de ir a la ofensiva con propuestas que renueven el pacto de posguerra europeo y el Estado de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        El PP de Rajoy ha adolecido en la moci&oacute;n de censura de una total ausencia de proyecto y modelo para este pa&iacute;s, que no pase por la resignaci&oacute;n, la precariedad y azotar el miedo a un cambio de gobierno. El PP, con un discurso replegado en una concepci&oacute;n patrimonialista de Espa&ntilde;a, necesita se&ntilde;alar a Podemos como un intruso para resaltar aquello que no pueden soportar; que alguien pueda cuestionar que Espa&ntilde;a no es su propiedad privada. Se ha podido observar que contamos con un gran pa&iacute;s que podr&iacute;a ser mucho mejor si suelta el lastre de su Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el objetivo pasa por tomar la crisis como una oportunidad para ir a la ofensiva y no solo en defensa de lo existente, dado que el reto que se nos presenta tiene m&aacute;s que ver con contar con un proyecto que modifique de manera integral nuestros sistemas de trabajo y de bienestar, que con plantear medidas aisladas en un intento de mitigar las disfunciones del modelo actual. Desde esta perspectiva, cobran sentido apuestas como la transici&oacute;n energ&eacute;tica, la renta b&aacute;sica universal, los cuidados y la sostenibilidad como pol&iacute;ticas transversales, etc.
    </p><p class="article-text">
        Renovar la hegemon&iacute;a conlleva siempre moverse en esa tensi&oacute;n entre lo imposible y la realidad como una nueva forma de construir lo posible, es decir, entre abrir nuevas sendas sin caerse por el barranco; sendas que inevitablemente los adversarios van a acabar transitando de manera forzada. Sobre estas bases, con el apoyo de sectores sociales diversos y la apertura de diferentes conflictos laborales que van m&aacute;s all&aacute; de lo meramente econ&oacute;mico &ndash;estibadores, taxistas, trabajadores del metro, doctorandos, etc.&ndash;, muestran la potencial debilidad del Gobierno del PP y ya en el presente apuntan a ese horizonte de cambio.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es posible pensar diferentes modalidades de alternativa, incluido un gobierno a la portuguesa, en torno a una serie de l&iacute;neas maestras que al mismo tiempo que impugnan la manera en la que se hacen las cosas, ofrece un esquema de pa&iacute;s m&aacute;s democr&aacute;tico que recabe el apoyo de una mayor&iacute;a social.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a debe liderar el cambio en Europa y, para eso, debe primero regenerar las instituciones de la corrupci&oacute;n, necesita resignificar profundamente la idea de Espa&ntilde;a dentro de un acuerdo plurinacional sustentado sobre la democracia y urge cerrar la brecha social de la desigualdad, el paro y la precariedad. Esta es una tarea de altos vuelos, de audacia y generosidad, que va m&aacute;s all&aacute; de los partidos, ya que de lo que estamos hablando es de introducir los cambios que sirvan de cemento para levantar las reglas, las instituciones, los criterios, los equilibrios y las normas, de otra forma de organizar la convivencia y de concebir la ciudadan&iacute;a en un pa&iacute;s perif&eacute;rico de la UE a la altura del siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        En un escenario global cada vez m&aacute;s incierto la vieja socialdemocracia tambi&eacute;n tiene un examen pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico del que depende su propia supervivencia, cuando el cambio s&oacute;lo se podr&aacute; producir revirtiendo las pol&iacute;ticas y tratados europeos que ellos mismos han ayudado a construir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Moruno, Rodrigo Amírola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/resignacion-alternativa-2017_129_3336775.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jun 2017 18:43:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[2017: ¿De la resignación a la alternativa?]]></media:title>
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