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    <title><![CDATA[elDiario.es - Andrei Serban]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/andrei_serban/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Andrei Serban]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nueva normalidad desde abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/nueva-normalidad-abajo_132_5956553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e5184d2-e5a4-47f6-bc10-9f02051e7075_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una mujer realiza la compra en un supermercado de Madrid durante la cuarentena (Foto: Sputnik)"></p><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as, un amigo emple&oacute; la mejor met&aacute;fora posible para describir el mundo al que saldremos pasadas las fases de rigor. Dijo que esta cuarentena es un tsunami, tras el cual saldremos del refugio que nos protegi&oacute; y veremos los restos de aquello que quede en pie. Hace pocos d&iacute;as se cumplieron 75 a&ntilde;os desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y me pregunto qu&eacute; vimos los europeos por aquel entonces.
    </p><p class="article-text">
         En Europa, el modelo a distintas velocidades que llevamos practicando en la &uacute;ltima d&eacute;cada se tambale&oacute; frente a cualquier desaf&iacute;o. Fue incapaz de responder como es debido ante la crisis migratoria. Ocurri&oacute; poco despu&eacute;s de reafirmarse como un proyecto dispar con la crisis del 2008: entre norte y sur; entre los poderosos y la mayor&iacute;a social. Desde la Segunda Guerra Mundial, nuestro continente no hab&iacute;a sido golpeado tan fuerte como ahora. Al cumplirse 75 a&ntilde;os desde la capitulaci&oacute;n de Alemania y la victoria aliada, no debemos olvidar que el esfuerzo europeo por consolidar un estado del bienestar, social y amplio, fue lo que nos sac&oacute; de la oscuridad en la segunda mitad del siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        Pero en nuestra &ldquo;vieja normalidad&rdquo; jam&aacute;s estuvimos por la labor. No volveremos a ella y me parece bien que as&iacute; sea. Porque permitimos a demasiados &iacute;dolos, nacidos de la noche a la ma&ntilde;ana,  especular con la vida de tantas familias trabajadoras en este pa&iacute;s. Especularon con el futuro de tantos j&oacute;venes, en muchos casos hasta arrebat&aacute;rselo, con nuestras finanzas o con la dignidad que los trabajadores merecemos incluir en la lista de nuestros derechos laborales. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevamos siendo esclavos de la libertad que nos han redefinido hasta cansarse? O peleando entre nosotros por un trozo de este valioso elixir, su particular libertad, mientras para ellos no ha habido reglas. &ldquo;El Gran Confinamiento&rdquo; es el nombre que han elegido para llamar a la siguiente crisis que los m&aacute;s vulnerables de la sociedad debemos volver a pagar. Preferir&iacute;a llamarla &ldquo;La Gran Revelaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si a&uacute;n queda gente incapaz de ver las diferencias marcadas que ponen en peligro nuestro futuro, ha llegado el momento de presenciar un mundo al que ya no le quedan m&aacute;scaras que ponerse. Dentro de la misma familia europea, los Pa&iacute;ses Bajos se opusieron a una ayuda com&uacute;n para Espa&ntilde;a o Italia. Otros votaron Brexit o a partidos de extrema derecha para &ldquo;recuperar su patria&rdquo;, pero est&aacute;n llenando aviones con jornaleros del este que trabajan sus campos en plena pandemia. Hasta hace dos meses, Vox y su reforzado mandato popular (construido a base de mentiras) hab&iacute;a tenido un recorrido muy dulce y sin necesidad de hacer oposici&oacute;n real. Cuando pase el tsunami, al que cada vez le quedan menos fuerzas, los millones de espa&ntilde;oles que confiaron en ellos habr&aacute;n comprobado que no son m&aacute;s que la misma derecha de siempre para los de siempre. Puede que con una gran diferencia: su vulgaridad, falta de integridad y desesperaci&oacute;n por formar parte del mundo de Trump.
    </p><p class="article-text">
        Veremos c&oacute;mo tantas banderas en los balcones de la vieja normalidad no nos hicieron mejores. Tampoco nos construyeron camas UCI ni dieron demasiados dolores de cabeza a los l&iacute;deres irresponsables. De la complicada realidad que nos llama a la puerta solo espero un poco m&aacute;s de perspectiva. No estar&iacute;a de m&aacute;s abandonar los debates in&uacute;tiles que nos impiden ver los verdaderos problemas. Porque en la periferia europea la factura siempre nos llega a los mismos desafortunados. Y esta no ser&aacute; una excepci&oacute;n, es m&aacute;s, dir&iacute;a que es algo m&aacute;s exacto que las matem&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Durante esta cuarentena va quedando muy claro qui&eacute;n mira por los dem&aacute;s, pero preocupan las divisiones, los dichosos debates in&uacute;tiles y la complacencia que nos nublan la vista. Quienes pusieron al volante al l&iacute;der xen&oacute;fobo h&uacute;ngaro, Viktor Orban, reciben hoy un decreto que anula su parlamento y le convierten en dictador indefinido con la excusa del estado de alarma. Millones de brit&aacute;nicos no creyeron que Boris Johnson y su Brexit fuesen un invento elitista contra los servicios p&uacute;blicos y la clase trabajadora. Sin embargo, &ldquo;Bojo&rdquo; fue el &uacute;ltimo l&iacute;der europeo en imponer medidas, intent&oacute; seguir adelante sin cuarentena (para salvar a las grandes empresas que evaden impuestos) y hoy es responsable de la mayor cifra de fallecidos en Europa.  Con la izquierda expulsada del Partido Laborista y sin oposici&oacute;n, su sociedad y escenario pol&iacute;tico no son m&aacute;s que un gran proyecto de relaciones p&uacute;blicas para lavar su imagen y proyectar una versi&oacute;n de los hechos.
    </p><p class="article-text">
        Emily Maitlis, presentadora del<em> BBC Newsnight</em>, dijo en directo hace algunas semanas que su primer ministro miente y no estamos todos en el mismo barco. Afirm&oacute; que el confinamiento es m&aacute;s duro para quienes vivan en peque&ntilde;os bloques, y que los transportistas, vendedores o enfermeros son los peor pagados pero los m&aacute;s expuestos. Dijo que es m&aacute;s dif&iacute;cil si eres pobre e hizo referencia a que el lenguaje del virus es enga&ntilde;oso. &ldquo;El car&aacute;cter fuerte no nos saca de esto, como nos dice el primer ministro. Es un mito que debe deshacerse en pedazos&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. Necesitamos m&aacute;s Emily Maitlis, sin duda. Para ser sincero, dudo mucho que el jefe del gobierno brit&aacute;nico haya enfermado por el virus, y no somos pocos en el club. Una vez m&aacute;s, en la vieja normalidad uno cosecha lo que siembra, por ello alguien que lleva toda su vida evitando responsabilidades lo har&aacute; sin dudar cuando se vea en un apuro como este.
    </p><p class="article-text">
        Tras la Segunda Guerra Mundial, nuestro continente se dirigi&oacute; hacia el periodo m&aacute;s pr&oacute;spero de su historia. No fue posible lograrlo sin las medidas sociales m&aacute;s revolucionarias que se recuerdan; desde los criticados sistemas sanitarios p&uacute;blicos hasta nacionalizaciones de sectores clave, servicios universales y derechos que elevaron nuestro nivel de vida y vieron nacer la sociedad del bienestar. Como hoy, estas medidas recibieron fuertes criticas. Pero cambiaron tanto la vida de las personas que ni siquiera la derecha volvi&oacute; a atreverse a ponerlas en duda al llegar al poder. Tenemos mucho m&aacute;s que decir de lo que creemos. Soy de los que piensan que Europa lleg&oacute; tarde y necesita poner mucho de su parte para reducir las distancias creadas. En esta crisis entr&oacute; cada estado de manera individual, algo que no ocurr&iacute;a desde hace d&eacute;cadas. Una nueva realidad europea est&aacute; muy cerca y la postura adoptada por cada uno marcar&aacute; tambi&eacute;n como ser&aacute; su naci&oacute;n al salir.
    </p><p class="article-text">
         Espa&ntilde;a tiene el potencial suficiente para aumentar su voz en la nueva Uni&oacute;n Europea que sobreviva al coronavirus. Es el momento de seguir luchando contra viento y marea por otro modelo de pa&iacute;s y continente. Uno en el que la seguridad de las personas y la riqueza com&uacute;n vuelvan a sacarnos de la oscuridad, como sucedi&oacute; en 1945. Aunque tarde en hacer efecto, es la hora de insistir en un v&iacute;nculo m&aacute;s fuerte en el sur y en los proyectos que nos unen a las periferias. Del futuro cercano, ese que tanto nos asusta, no espero m&aacute;s que haber aprendido alguna que otra lecci&oacute;n colectiva como europeos.
    </p><p class="article-text">
        Espero que escuchemos los problemas de los dem&aacute;s, por muy duros que sean. Y que no volvamos a dejar pendiente aquello urgente e indispensable para la vida de la mayor&iacute;a. No nos conviene la misma normalidad, porque ya hemos comprobado que de normal tiene poco. Queremos una normalidad que premie a los trabajadores clave, los que hoy nos salvan la vida y se la juegan a diario para que sigamos adelante. Todos ellos merecen un futuro en el que por fin sean los protagonistas y reciban algo m&aacute;s que inseguridad y dolor. Merecemos una nueva normalidad pol&iacute;tica donde quepan todos ellos, no solo unos cuantos hijos de gente importante. La normalidad en la que habr&aacute; sitio para todos se preocupar&aacute; tambi&eacute;n por una revoluci&oacute;n industrial verde y por cuidar nuestro planeta. De paso, podr&iacute;amos estar m&aacute;s atentos para que durante las crisis futuras Jeff Bezos o Bill Gates no multipliquen sus fortunas y nadie se lucre con nuestro sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Quienes nos gobiernen ahora y en el futuro, sin importar las siglas, tienen dos opciones inescapables. Una es apostar de una vez por las generaciones que han pagado demasiado y que ahora volver&aacute;n a luchar por forjarse un futuro inestable, por segunda vez en una d&eacute;cada. Esto pasar&aacute; por cuidar, venerar y proteger las ayudas a la vivienda, l&iacute;mites al precio del alquiler o el ingreso m&iacute;nimo como si de las pol&iacute;ticas de la post-guerra europea se tratase. La alternativa es seguir d&aacute;ndoselo todo a unos pocos, a esos aficionados a jugar al p&oacute;ker con nuestras vidas. Es evidente qu&eacute; opci&oacute;n aportar&aacute; m&aacute;s a nuestras sociedades, pero necesitamos ser rescatados despu&eacute;s de tanto tsunami. Siento llevarle la contraria a un genio como Rafa Nadal, pero solo espero que la nueva normalidad no se parezca demasiado a la misma de siempre. Por un estado del bienestar intocable que no entienda de partidos ni crisis. Por una nueva normalidad desde abajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/nueva-normalidad-abajo_132_5956553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2020 09:27:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nueva normalidad desde abajo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Izquierda, para el lenguaje de todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/izquierda-lenguaje_132_1181626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60778ec7-4a42-431a-b4d1-c23ec1e6b726_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una joven lee el &#039;manifesto&#039; electoral del Partido Laborista."></p><h3 class="article-text">Priorizar unas voces que no valen m&aacute;s que otras</h3><p class="article-text">
        El pasado 12 de diciembre el Partido Laborista brit&aacute;nico sufri&oacute; su mayor derrota en unas elecciones desde 1924. Las mismas pol&iacute;ticas socialistas que resucitaron al partido en 2017 y lo acercaron a la victoria, liderado por el mismo Jeremy Corbyn, han resultado ahora insuficientes. El motivo principal no ha sido m&aacute;s que el desentendimiento de la clase trabajadora, situada en su mayor&iacute;a en el norte y los <em>Midlands</em>, con la que ahora se&ntilde;alan como &ldquo;izquierda liberal cosmopolita&rdquo; del sur. El caballo de Troya ha sido el Brexit. El otro motivo no es menos importante, pues se trata de la guerra propagand&iacute;stica que se ha librado contra Corbyn a trav&eacute;s de falacias y manipulaciones. La BBC ha confirmado que el 88% de los elementos en la campa&ntilde;a conservadora fueron mentiras, en comparaci&oacute;n con el 0% laborista, en una pieza cuyo titular dio a entender que ambos manipularon por igual.
    </p><p class="article-text">
        Pero si este fuera el problema fundamental, al que la izquierda con soluciones reales para los ciudadanos ya est&aacute; acostumbrada, los 191 diputados rojos a la espera de un nuevo l&iacute;der estar&iacute;an hoy m&aacute;s c&oacute;modos. En cambio, la crispaci&oacute;n y b&uacute;squeda de culpables est&aacute; da&ntilde;ando la imagen de la izquierda en los &uacute;ltimos cinco d&iacute;as. Muchos votantes laboristas del norte, miembros de una clase trabajadora que jam&aacute;s traicion&oacute; a su partido, fueron <em>leavers</em> en el refer&eacute;ndum de 2016. Adem&aacute;s, son conocidos por su visi&oacute;n tradicional y conservadora sobre temas como la inmigraci&oacute;n o la Uni&oacute;n Europea. En 2017, el Partido Laborista consigui&oacute; arrebatarle la mayor&iacute;a a Theresa May gracias a su promesa de respetar el refer&eacute;ndum y abandonar la UE, adem&aacute;s de sus pol&iacute;ticas de izquierdas radicales. En esta ocasi&oacute;n,  el contexto fue un pa&iacute;s a&uacute;n m&aacute;s dividido tras dos a&ntilde;os de peleas parlamentarias y un Brexit de derechas sobre la mesa.
    </p><p class="article-text">
        La apuesta por unir a los brit&aacute;nicos y celebrar un segundo refer&eacute;ndum ha sido un fracaso absoluto. La izquierda ha perdido asientos hist&oacute;ricos que hab&iacute;a conservado durante d&eacute;cadas, como Bolsover (circunscripci&oacute;n trabajadora norte&ntilde;a que vot&oacute; por abandonar la UE, representada desde los 80&rsquo; por el l&iacute;der sindical y ex minero Dennis Skinner). Hasta un 11% de votantes laboristas, que ahora han marcado la casilla conservadora por primera vez en su vida, lo han hecho gracias al mensaje simple y repetitivo de su particular Donald Trump, el primer ministro Johnson. <em>&ldquo;Get Brexit Done&rdquo;</em>, un eslogan rodeado de mentiras y una radicalizaci&oacute;n sin precedentes, ha conseguido quitarse del medio al Brexit Party de Nigel Farage que muchos laboristas iban a votar en estos comicios. El voto pro Europa se qued&oacute; fragmentado y sin pactos entre laboristas, liberal-dem&oacute;cratas y nacionalistas. A su vez, en el seno del laborismo la divisi&oacute;n entre los simpatizantes de un segundo refer&eacute;ndum y los rebeldes <em>brexiteers</em> pusieron en duda la posici&oacute;n del partido.
    </p><p class="article-text">
        El padre de Boris Johsnon, Stanley, brome&oacute; en la televisi&oacute;n nacional sobre el hecho de que los ingleses de clase trabajadora probablemente no tengan la cultura suficiente para saber qui&eacute;n es Pinocho. Por parad&oacute;jico que parezca, el Reino Unido heredero de Thatcher se hizo notar y el &ldquo;Pinocho Johnson&rdquo; sali&oacute; victorioso al convertirse en el &uacute;nico partido del <em>Leave</em>. La misma clase trabajadora, humillada por la mayor&iacute;a de conservadores y &eacute;lites sociales, prefiri&oacute; darles su voto para &ldquo;acabar el Brexit de una vez por todas&rdquo;, controlar la inmigraci&oacute;n y poder atender sus necesidades ignoradas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por culpa de la palabra (ya maldita) que comienza con la &ldquo;B&rdquo;.  Ahora bien, lo que muchos comprobar&aacute;n es que sus necesidades ser&aacute;n atendidas en forma de m&aacute;s privatizaciones, desigualdad y abusos de los poderosos.
    </p><p class="article-text">
        Los fantasmas de la izquierda son m&aacute;s fuertes que nunca, algo que ocurre a nivel europeo. Muchos piden una vuelta al &ldquo;blairismo&rdquo;, un giro a la derecha que pretende enterrar a la c&uacute;pula actual del partido y que representan diputados rebeldes como Jess Phillips. Este ser&iacute;a un error capital del que dif&iacute;cilmente podr&iacute;an recuperarse.
    </p><p class="article-text">
        Los votantes perdidos en estas elecciones son f&aacute;ciles de recuperar en las pr&oacute;ximas. Las pol&iacute;ticas radicales a favor de una econom&iacute;a verde, derechos laborales y control estatal de ciertos servicios clave son bien vistas entre el 95% de los ciudadanos. Abandonar la senda de la esperanza, la pol&iacute;tica para la mayor&iacute;a y la conciencia de clase no resolver&iacute;a nada. Pero lo que ha quedado claro es que a pesar de la mayor&iacute;a abrumadora de j&oacute;venes que votan laborismo, las bases del partido jam&aacute;s ser&aacute;n sus feudos urbanos liberales. Circunscripciones como las londinenses no son vistas como brit&aacute;nicas por muchos ingleses, que deciden ubicarse en otras zonas del pa&iacute;s para sentir su cultura m&aacute;s de cerca. Mientras muchas regiones y ciudades cosmopolitas se han nutrido de talento, inmigraci&oacute;n e ideas pol&iacute;ticas liberales, a las zonas norte&ntilde;as m&aacute;s afectadas por la austeridad conservadora no les queda m&aacute;s que la lucha por un trabajo, un hogar y formar parte de una comunidad funcional.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico aspecto en el que Corbyn ha fallado es el esfuerzo dedicado en quitar votantes <em>remainers</em> a los liberal-dem&oacute;cratas del sur de Inglaterra (en auge debido a su plan de cancelar el Brexit abruptamente). Estos &uacute;ltimos dif&iacute;cilmente votar&iacute;an a Johnson, y con la lucha a dos entre el segundo refer&eacute;ndum de Corbyn y el Brexit conservador, su acercamiento al socialista fue masivo muy a pesar de no resultarles un pol&iacute;tico agradable. El partido de la clase trabajadora ha ganado asientos como Wrexham o Peterborough, como tambi&eacute;n nuevas circunscripciones alrededor de Londres. Pero ha perdido asientos que mantuvo desde 1945, como por ejemplo Leigh, North West Durham o Bolsover dentro del llamado &ldquo;muro rojo&rdquo; del norte de Inglaterra. No ha valido la pena.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Populismo&rdquo; del lado justo de la historia: todas las voces deben ser escuchadas</h3><p class="article-text">
        Para volver a conectar con sus bases, la izquierda no necesita m&aacute;s que centrar su discurso de una vez por todas en sus medidas econ&oacute;micas tan populares. <em>&ldquo;Blue Labour&rdquo;</em>, uno de los grupos de presi&oacute;n del partido de Corbyn en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, aboga por una perspectiva cultural conservadora junto al socialismo econ&oacute;mico. Para una militancia a&uacute;n de resaca electoral y con profundas dudas sobre esta posibilidad, la traducci&oacute;n del progresismo ideol&oacute;gico al lenguaje de a pie es una de las pocas opciones restantes para no caer en la irrelevancia. El error de tratar a miles de familias como algo m&aacute;s de lo que son, y n&oacute;tese aqu&iacute; el sentido literal de la frase sin tono peyorativo, es lo que impide a multitud de facciones progresistas penetrar en los feudos sociales que abrazan la derecha como soluci&oacute;n a sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        Dejando de lado a las grandes fortunas y propietarios, a quienes benefician las pol&iacute;ticas apor&oacute;fobas, muchos ciudadanos europeos se sienten abandonados. Algunos partidos socialistas han decidido (conscientemente o no) dar el mando a la juventud liberal, educada, que viaja y tiene una visi&oacute;n abierta sobre el futuro. Esta es una parte fundamental del Partido Laborista, de Podemos en Espa&ntilde;a y de muchas otras formaciones sin la cual quedar&iacute;n fuera de juego. Sin embargo, necesitamos un equilibrio de fuerzas que realmente ofrezca una izquierda para todas las realidades. La incapacidad de lograrlo traer&aacute; consecuencias inmediatas: las derechas siempre se muestran capaces de flexibilizar su discurso y atraer a todo tipo de votantes. El futuro de la izquierda es prometedor si la autocr&iacute;tica y la reflexi&oacute;n, propias de los partidos del trabajo y los movimientos obreros, se centran en cambiar aquello que conviene. La pol&iacute;tica flexible que ya estamos viviendo, los discursos identitarios post-modernos y la vuelta a un peligroso fascismo enmascarado lo exigen.
    </p><p class="article-text">
         No se trata en ning&uacute;n caso de experimentar con la xenofobia propia de las derechas o los retrocesos sociales que llevan a cabo. Simplemente se debe trabajar en la misma l&iacute;nea que hasta ahora, atendiendo m&aacute;s las prioridades de aquellos que a d&iacute;a de hoy son excluidos de la &ldquo;moral&rdquo; progresista. Jeremy Corbyn, miembro del ala sindical y socialista del Partido Laborista, apoy&oacute; el estar fuera de la UE durante toda su carrera. Pero a diferencia de otros, fue un dem&oacute;crata que quiso escuchar a la mayor&iacute;a de su partido y decantarse por un segundo refer&eacute;ndum.
    </p><p class="article-text">
        Durante la pr&oacute;xima d&eacute;cada, un reto tan poco analizado como representar al mismo tiempo el voto &ldquo;milennial&rdquo; y el de familias tradicionales en situaciones delicadas ser&aacute; clave. Varias voces rumorean en las redes que los laboristas quieren volver a celebrar sus congresos en Bolton, ciudad obrera del norte, en lugar de hacerlo en Brighton. Los cambios son vitales. En el caso brit&aacute;nico, la palabra <em>&ldquo;remain&rdquo;</em> ha dejado de ser una posibilidad para siempre. Pero, en palabras del propio Corbyn, no existe &ldquo;corbynismo&rdquo; sino &ldquo;socialismo&rdquo;. Su izquierda ha perdido la lucha por permanecer en la UE, pero el Brexit puede ser una nueva oportunidad de reconectar con sus or&iacute;genes y hacer pol&iacute;tica para la mayor&iacute;a de familias trabajadoras. Hag&aacute;moslo tambi&eacute;n en Europa, para el lenguaje de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/izquierda-lenguaje_132_1181626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Dec 2019 11:45:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Izquierda, para el lenguaje de todos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay acuerdo para Belfast]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/acuerdo-belfast_132_1289148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4c30686-6b63-49ac-86ab-0db8a1781e11_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Nigel Dodds y Arlene Foster, líderes del DUP (Partido Demócrata Unionista de Irlanda del Norte)."></p><p class="article-text">
        En Irlanda del Norte, &uacute;nico territorio que el Reino Unido conserva en la isla irlandesa, reina la paz absoluta desde 1999, cuando entr&oacute; en vigor el <em>Good Friday Agreement</em>. La ausencia de una frontera entre la Rep&uacute;blica Irlandesa y los seis condados que componen la administraci&oacute;n brit&aacute;nica en el norte, hasta el d&iacute;a de hoy, ha sido una condici&oacute;n imperativa. El nuevo acuerdo alcanzado por Boris Johnson y la Uni&oacute;n Europea ha recibido la luz verde del parlamento. Una copia del Brexit de Theresa May que la c&aacute;mara rechaz&oacute; hace unos meses por la viva fantas&iacute;a de un brexit duro, entonces posible &ndash;y debido a un sexismo sutil pero incesante en el elitismo de Westminster &ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s llamativo durante los &uacute;ltimos d&iacute;as ha sido la negativa del <em>DUP</em> (Partido Dem&oacute;crata Unionista de Irlanda del Norte) ante la posibilidad de apoyar el acuerdo de sus socios conservadores. El <em>DUP</em> y sus 10 diputados son desde el 2017 los socios de gobierno que el Partido Conservador ha necesitado para disfrutar de una mayor&iacute;a simple. Ante las cesiones importantes que Johnson ha hecho en las negociaciones con Bruselas, los unionistas irlandeses han entendido por fin que su &ldquo;amor &eacute;tnico&rdquo; por la Irlanda del Norte brit&aacute;nica y el Brexit no es correspondido. Irlanda del Norte se ver&iacute;a atrapada en las reglas del mercado &uacute;nico europeo, con pocas opciones de volver a unirse a un Reino Unido independiente por las buenas &ndash;especialmente con las concesiones de Johnson en el mar irland&eacute;s &ndash;. La reapertura de cualquier tipo de frontera entre Irlanda, miembro de la UE, e Irlanda del Norte nunca fue una posibilidad para Bruselas. Menos a&uacute;n para Dubl&iacute;n. El gobierno brit&aacute;nico rechaz&oacute; la propuesta inicial del <em>backstop</em>, un procedimiento que en el acuerdo de May figuraba como garant&iacute;a y hubiese mantenido a Belfast en el mercado &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
         Con intenciones desesperadas, Johnson y los suyos han intentado ofrecer incluso la posibilidad de una frontera doble. Ayer mismo sigui&oacute; delirando sobre el hecho de que, supuestamente, su acuerdo no abandona a los brit&aacute;nicos de Irlanda del Norte. En estos momentos sus palabras ya no las cree nadie, quiz&aacute;s con la triste excepci&oacute;n de una mayor&iacute;a vergonzante de ciudadanos ingleses. Su &uacute;nico deseo es proyectar la imagen de un Reino Unido abandonando la UE al completo, sin dejar a nadie detr&aacute;s. El elemento hist&oacute;rico m&aacute;s caracter&iacute;stico de los conservadores, su deslealtad en favor de los intereses propios, ha hecho acto de presencia. Han prescindido de una parte crucial de su naci&oacute;n, en la que la permanencia de ambas islas en la Uni&oacute;n Europea ha sido clave para alcanzar la paz tras d&eacute;cadas de rencor y ataques violentos del <em>IRA</em> (Ej&eacute;rcito Republicano Irland&eacute;s). Lo han hecho anteriormente, tanto en sus coaliciones internas como en el exterior.
    </p><p class="article-text">
        Irlanda es una rep&uacute;blica independiente desde 1921, cuando se proclam&oacute; el &ldquo;estado libre&rdquo; tras una guerra civil sangrienta de m&aacute;s de dos a&ntilde;os. Todos los irlandeses viajan constantemente a los seis condados brit&aacute;nicos, y viceversa. Familias enteras, sectores econ&oacute;micos como la pesca y miles de empleos dependen de la fraternidad y paz forjadas durante d&eacute;cadas de pertenencia a la Uni&oacute;n Europea. El <em>DUP</em>, una formaci&oacute;n retr&oacute;grada y posicionada en contra de derechos como el aborto (aprobado esta semana por el parlamento de Belfast), es la &uacute;ltima v&iacute;ctima dentro de las bancas conservadoras. A comienzos de septiembre, lo fueron los 20 diputados <em>&ldquo;tories&rdquo;</em> que se rebelaron contra la c&uacute;pula y rechazaron sus propuestas. La obsesi&oacute;n por un Brexit a toda costa, una idea a la que el parlamento se opuso ayer, sin tiempo para debatir sus consecuencias nefastas para los trabajadores, servicios p&uacute;blicos y las vidas que hay en juego &ndash;tambi&eacute;n en Irlanda&ndash; no le deja a Johnson m&aacute;s que una opci&oacute;n: convocar elecciones. La infantilidad y superioridad mezquina empleadas por el primer ministro han resucitado las tensiones, entre lo que queda de las milicias del IRA y unionistas brit&aacute;nicos, pero tambi&eacute;n entre formaciones pol&iacute;ticas y medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
         La rama pol&iacute;tica del antiguo <em>IRA</em>, <em>Sinn Fein</em>, un partido de izquierdas considerable en el parlamento de Dubl&iacute;n &ndash;cuyo liderazgo fue primordial en la lucha pol&iacute;tica y armada contra el Reino Unido &ndash; obtuvo siete esca&ntilde;os en Irlanda del Norte durante las elecciones brit&aacute;nicas de 2017. Su l&iacute;der hist&oacute;rico, Gerry Adamas, rechaz&oacute; entonces aceptarlos y sentarse en el parlamento de Londres, pero la formaci&oacute;n irlandesa podr&iacute;a cambiar de opini&oacute;n si unas futuras elecciones les diese la capacidad de entorpecer a los brit&aacute;nicos desde dentro. Durante las &uacute;ltimas semanas, varias fuentes televisivas han entrevistado a las agrupaciones del <em>IRA</em> dispuestas a volver a la lucha callejera en caso de que, ahora o en el futuro, Reino Unido reabra cualquier tipo de frontera en los &ldquo;seis condados ocupados&rdquo; que separe la isla irlandesa por su caprichoso Brexit. Por su lado, los brit&aacute;nicos tienen sus propias herramientas para acercarse al di&aacute;logo. Por el momento, como lleva ocurriendo desde que el proceso de paz se consolid&oacute; en los 90&rsquo;, el Partido Laborista es la &uacute;nica facci&oacute;n con la que las milicias irlandesas aceptar&iacute;an hablar.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda brit&aacute;nica lleva tiempo siendo golpeada por una campa&ntilde;a medi&aacute;tica que la sit&uacute;a como simpatizante del terrorismo anti-brit&aacute;nico y a Jeremy Corbyn como agente secreto del IRA. Ha ocurrido lo mismo con las falsas acusaciones de anti-semitismo que las comisiones expertas del parlamento han desmentido. Si Reino Unido acaba abandonando a los unionistas en Belfast, tal como suceder&iacute;a con el acuerdo actual, un nuevo episodio secesionista golpear&aacute; las islas brit&aacute;nicas y la puja por reunificar Irlanda ser&aacute; m&aacute;s fuerte. Desde Dubl&iacute;n hasta Belfast, Londonderry o Downpatrick, y por supuesto con el visto bueno de Bruselas. La mayor&iacute;a de escoceses prefieren ser una naci&oacute;n independiente dentro de la UE. El sentimiento nacionalista gal&eacute;s roza un 25% de la poblaci&oacute;n, quienes desear&iacute;an abandonar el Reino Unido. En una entrevista reciente en televisi&oacute;n, la conservadora Andrea Jenkins, diputada por Morley y Outwood, afirm&oacute; que vot&oacute; a favor del acuerdo para honrar a sus electores en Morley, Yorkshire, y que los unionistas no han sido traicionados. Simplemente, a&ntilde;adi&oacute;, &ldquo;Yorkshire y sus votantes est&aacute;n a muchas millas de Irlanda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         La Uni&oacute;n de Gran Breta&ntilde;a e Irlanda del Norte est&aacute; en peligro y los conservadores ingleses lo saben. Sin embargo, priorizar la supervivencia del partido al salir de la UE tiene un precio. La &ldquo;peque&ntilde;a Inglaterra&rdquo; se dispone a pagar uno que sacrificar&aacute; derechos laborales y servicios como la sanidad p&uacute;blica, pero demasiados olvidan que las verdes colinas de la isla irlandesa podr&iacute;an mancharse una vez m&aacute;s de sangre, una que salpicar&iacute;a y mucho a Londres. Los irlandeses mantienen presente el recuerdo del imperialismo brit&aacute;nico y la opresi&oacute;n sobre su idioma y pueblo, el &uacute;nico caso en el que estas se dieron dentro de Europa. Si la oposici&oacute;n, la Uni&oacute;n Europea y las propias urnas no le ponen frenos a este gobierno, la cuesti&oacute;n irlandesa volver&aacute; inevitablemente a las calles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/acuerdo-belfast_132_1289148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Oct 2019 11:59:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No hay acuerdo para Belfast]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jaque mate a una reina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/jaque-mate-reina_132_1362729.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/242d4b2d-7d1d-4493-bb56-ab17c9445067_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El primer ministro británico, Boris Johnson, saluda a la reina Isabel II"></p><p class="article-text">
        De todas las monarqu&iacute;as europeas que han sobrevivido hasta el d&iacute;a de hoy, la jefa de estado del Reino Unido, Isabel II, mantiene una peculiar fama por su anti-intervencionismo extremo y su lejan&iacute;a de la escena pol&iacute;tica. Durante las &uacute;ltimas semanas, la Reina y su entorno institucional han vuelto a pagar un precio muy caro por ello, tras haber aceptado sin pega alguna la petici&oacute;n del primer ministro Boris Johnson de suspender por la fuerza el parlamento y empujar todo un pa&iacute;s al abismo de un Brexit ca&oacute;tico y sin acuerdo.  Todo ello a menos de dos meses para el 31 de octubre, cuando el candidato extremista de un partido irreconocible y transformado, un mero clon nacionalista de Farage y los suyos, deber&iacute;a entregar a sus votantes el trofeo que la t&iacute;mida Theresa May no pudo.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo conjunto de la oposici&oacute;n, liderada por un Partido Laborista al alza y sin flaquear ante los ataques de los medios &ndash;en manos del nuevo &ldquo;trumpismo&rdquo; brit&aacute;nico&ndash;, est&aacute; controlando la situaci&oacute;n. La valent&iacute;a de cientos de miles de ciudadanos tomando las calles con el mensaje <em>Stop the coup</em> (&ldquo;Parad el golpe de estado&rdquo;) y la posici&oacute;n inamovible de la Uni&oacute;n Europea lo arrinconan tambi&eacute;n en su propio sill&oacute;n, acercando por fin un desenlace esperado por una naci&oacute;n agotada y tensa. Su gobierno de arist&oacute;cratas reaccionarios deber&aacute; cumplir la voluntad de la c&aacute;mara o su propia formaci&oacute;n explotar&aacute; para siempre, algo que ya est&aacute; sucediendo. Su vida se avecin&oacute; muy corta desde el primer minuto. Las consecuencias en cambio ser&aacute;n inexistentes para el elemento fundamental que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, habilita dichos abusos de poder y agrede a la democracia. Escondida detr&aacute;s de su papel ceremonial, la corona brit&aacute;nica lleva hoy al extremo su milenaria campa&ntilde;a en la que pretende convencer al ciudadano de que la pol&iacute;tica es algo &ldquo;feo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El partidismo es aquel principio mundano y vulgar, claramente inferior a la sangre azul que &ldquo;representa&rdquo;, ofrece caridad y se sit&uacute;a &ldquo;por encima&rdquo; del debate p&uacute;blico. Incluso cuando el suministro de alimentos, seguridad ciudadana y servicios sanitarios son oficialmente puestos en peligro en el caso de un Brexit duro, y as&iacute; lo alertaron las propias instituciones p&uacute;blicas y grandes empresas, la Reina carece de voluntad &ndash;no de capacidad&ndash; para salvaguardar el bienestar de la gente. Tras las cinco semanas en las que la C&aacute;mara de los Comunes estar&aacute; cerrada, Isabel II inaugurar&aacute; un nuevo parlamento con su tradicional discurso. Normalmente lo sigo por mi afici&oacute;n a las bromas que el veterano laborista Dennis Skinner, la &ldquo;bestia de Bolsover&rdquo;, recita en voz alta y con cierta intencionalidad anti-mon&aacute;rquica cuando los enviados de su majestad, la delegaci&oacute;n Blackrod, piden permiso para entrar en la c&aacute;mara. Este a&ntilde;o, sin embargo, habr&aacute; muchos m&aacute;s motivos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la proximidad al 31 de octubre, el parlamento brit&aacute;nico se ver&aacute; de nuevo enredado en un sinf&iacute;n de votos indicativos, enmiendas y laberintos causados en gran parte por la falta de agilidad y dinamismo de los que disfrutan las rep&uacute;blicas vecinas. Siempre he considerado que el republicanismo semi-presidencialista &ndash;a la francesa o portuguesa, por ejemplo&ndash; es una opci&oacute;n en&eacute;rgica, vital y especialmente necesaria para problemas como los que atraviesa el Reino Unido. Las ventajas sobre las rep&uacute;blicas parlamentarias residen en la rapidez y flexibilidad para superar momentos cr&iacute;ticos. En el caso de una deriva totalitaria abrupta como la del Partido Conservador, las posibilidades de un oficio presidencial ser&iacute;an cruciales y Boris Johnson o Theresa May no podr&iacute;an jugar con la c&aacute;mara de la forma en la que lo han hecho.
    </p><p class="article-text">
        Este dinamismo, en el que el jefe de estado &ndash;electo por la ciudadan&iacute;a&ndash; ofrece nuevas candidaturas para el oficio del primer ministro, presiona a los diputados en nombre de la gente y toma iniciativas legales para salir de callejones sin salida les ha faltado, y mucho, a los brit&aacute;nicos. La Reina Isabel II no ha tenido que salir de Londres para ning&uacute;n encuentro externo con l&iacute;deres europeos, ni lo har&aacute;. Nadie puede presentar una moci&oacute;n de censura contra ella, pues se sit&uacute;a por encima de la pol&iacute;tica. Tampoco ser&aacute; ella quien presente una contra Johnson, quien se encarga de toda la pol&iacute;tica exterior y cuyos &uacute;nicos frenos provienen de un parlamento que a duras penas logra controlarlo. Incluso ahora, cuando pierde a sus propios diputados y se encuentra en minor&iacute;a parlamentaria, el amplio vac&iacute;o que deja la corona le permite ejercer su abusiva superioridad.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que la narrativa es la misma que siempre: la monarqu&iacute;a es una instituci&oacute;n dedicada plenamente a proteger a las elites y clases altas de la sociedad. Estas son, finalmente, quienes evitar&aacute;n que las sociedades cuestionen su moralidad y val&iacute;a y pondr&aacute;n todo su empe&ntilde;o en cuestionar a quienes realmente acerquen a la gente corriente a la pol&iacute;tica. Con cada nuevo golpe que dan las elites ultraconservadoras del parlamento para mantener su poder, la figura de Isabel II se deteriora a un ritmo fren&eacute;tico. Estas &uacute;ltimas semanas no le han venido bien a su entorno y futuros herederos del cargo, y m&aacute;s si contamos el creciente descontento de la ciudadan&iacute;a con la realeza brit&aacute;nica, para la cual ya no muestran gran simpat&iacute;a &ndash;a excepci&oacute;n de la actual Reina&ndash;. Mientras en Westminster la batalla por mantener viva la democracia alcanza niveles cr&iacute;ticos, la cl&aacute;sica tendencia de la jefatura de estado a posicionarse junto al elitismo conservador turbio comienza a quedarse sin disfraz.
    </p><p class="article-text">
         Las guerras que se libran desde las tribunas parlamentarias y redes sociales, como ocurre ya en gran parte del mundo occidental, se hacen al descubierto, sin vacilaciones y con pocos escr&uacute;pulos de cara al ciudadano. La monarqu&iacute;a brit&aacute;nica no podr&aacute; estar tambi&eacute;n por encima del principal fen&oacute;meno de nuestros tiempos. En los &uacute;ltimos meses, la popularidad del activista republicano brit&aacute;nico Graham Smith, l&iacute;der y fundador de la plataforma <em>Republic.org</em>, ha vuelto a dispararse y la cuesti&oacute;n republicana tiende a resurgir como tambi&eacute;n lo hacen la irlandesa, escocesa o cualquier otra cerrada en sus cuatro d&eacute;cadas dentro de la UE. Si a ello se le suma la c&uacute;pula actual del partido laborista, vinculada al socialismo y cr&iacute;tica respecto a la corona, el futuro inmediato del Reino Unido estar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s lleno de inc&oacute;gnitas, si cabe. Con Boris Johnson acorralado y con cada vez menos opciones, la compleja e infinita partida de ajedrez del Brexit puede ser la primera en la que una reina sea puesta en jaque mate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/jaque-mate-reina_132_1362729.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Sep 2019 11:49:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jaque mate a una reina]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Europa de Darius]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/europa-darius_132_1550239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60d64458-7af6-4d9c-b3ad-49dbcc96e0b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La multitud de Sibiu esperando la llegada de los líderes europeos en el centro de la ciudad (France 24)"></p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, el 9 de mayo (D&iacute;a de Europa) se ha celebrado con la cumbre pol&iacute;tica de Sibiu, Ruman&iacute;a, cuyo objetivo ha sido el futuro de la Uni&oacute;n. Cuando llegu&eacute; a Espa&ntilde;a all&aacute; por el 2006, a punto de cumplir los 11 a&ntilde;os, me cost&oacute; hacer mis primeros amigos y no sab&iacute;a hablar espa&ntilde;ol o hacer lo que hac&iacute;a el resto. Con mis padres y t&iacute;os como &uacute;nica patria envuelta en dolor y sue&ntilde;os, mi primer d&iacute;a de clase fue memorable. Mis compa&ntilde;eros me dedicaron un inocente abucheo, fruto de aquello que o&iacute;an en casa, cuando la profesora les explic&oacute; de d&oacute;nde ven&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La tierra lejana de la que lleg&aacute;bamos, tras un viaje de cuatro d&iacute;as y tres noches en autob&uacute;s, no estaba en la Uni&oacute;n Europea. &Eacute;ramos repelentes y desconocidos. No &eacute;ramos de nadie. &iquest;&Aacute;frica, Asia o Rusia? No, los espa&ntilde;oles no acertaban. Quer&iacute;amos ser de nuevo europeos y celebramos con champ&aacute;n el d&iacute;a que lo logramos, como probablemente muchos espa&ntilde;oles hicieron en los 80&rsquo;. Fueron tiempos m&aacute;s dif&iacute;ciles, lo pasamos mal y muchos ni&ntilde;os lo tuvieron m&aacute;s complicado para integrarse y ser espa&ntilde;oles, qued&aacute;ndose por un camino lleno de un dolor dif&iacute;cil de externalizar. Estas dos eran nuestras &uacute;nicas opciones. Las peleas &ldquo;sin m&aacute;s&rdquo; al salir del colegio y las peligrosas huellas que dejan, los que pudimos, los que no pudieron y se quedaron por el camino, o aquellos que volvieron a nuestro pa&iacute;s para ser recibidos por un ambiente hostil que los consideraba diferentes. Lo viv&iacute; todo y lo vivieron aquellos que me rodeaban.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, una buena amiga me cont&oacute; que por el D&iacute;a de Europa, la profesora de su hijo Darius regal&oacute; &ldquo;pasaportes europeos&rdquo; de papel a toda la clase. Tambi&eacute;n pidi&oacute; a los alumnos que escribiesen algo sobre un pa&iacute;s que no fuese Espa&ntilde;a. Darius dej&oacute; boquiabiertos a todos con historias sobre los castillos de Transilvania, las universidades y barrios de Bucarest o platos tradicionales que son los m&aacute;s sabrosos del mundo.  Despu&eacute;s, la profesora le pregunt&oacute; si pod&iacute;a traer un poco a clase para probarlo todos. Hoy, miles de estudiantes y turistas espa&ntilde;oles visitan o viven en mi pa&iacute;s. Cientos de miles de europeos lo hacen. Conocen a nuestras celebridades y tambi&eacute;n a gente corriente.
    </p><p class="article-text">
        La ciencia o la pol&iacute;tica tambi&eacute;n se re&uacute;nen en nuestras ciudades y los autobuses o el <em>Interrail</em> van ahora hacia el este. Trabajamos libremente, tenemos derecho a experiencias y conocemos personas especiales de una esquina a otra del continente. Hace poco m&aacute;s de una d&eacute;cada, todo esto no era m&aacute;s que un sue&ntilde;o, como lo eran nuestra libertad y legalidad laboral en Europa o los productos europeos de escaso acceso en nuestras tiendas. Somos casi un mill&oacute;n de rumanos de Espa&ntilde;a que recobramos una identidad robada hace d&eacute;cadas gracias a la expansi&oacute;n e integraci&oacute;n europea. Y no somos los &uacute;nicos. Nosotros, los ni&ntilde;os de aquellos a&ntilde;os 2000, somos la primera generaci&oacute;n de la historia de nuestro pa&iacute;s que se ha exiliado en millones, huyendo de los fantasmas del pasado que nos machacan m&aacute;s que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Somos los espa&ntilde;oles que se marcharon a Suiza en los 60&rsquo;. Algunos volvieron a casa, como nosotros. Otros se fueron de nuevo tras volver. No concordamos temporalmente, pero eso no importa. Junto a Espa&ntilde;a y Portugal, estamos entre las naciones m&aacute;s pro-europeas y que han aprendido de su duro pasado totalitario. Nuestros vecinos, en cambio, parecen querer volver atr&aacute;s y olvidar todo lo que les han brindado estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Es lo que tiene estar obligado a ganarte con sudor y l&aacute;grimas el derecho a ser europeo. Quienes no han tenido que hacer nada, tampoco adaptarse o pelear, en cambio, se permiten quiz&aacute;s el lujo de estar solos. Y hablo de los miembros del club que no fueron invitados a la cumbre de Sibiu.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, me sobra con ser el &ldquo;ni&ntilde;o extranjero&rdquo; que el peque&ntilde;o Darius es ahora, y no aquel que yo fui hace a&ntilde;os. Han sido demasiados a&ntilde;os en los que la Europa de las guerras y sus sucesores nos han separado y reflejado como diferentes. Para m&iacute;, Europa es el vivo ejemplo de que somos tan cercanos y parecidos que en poco tiempo nos podemos llegar a descubrir, conocer y querer sin importar el momento ni el lugar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/europa-darius_132_1550239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 May 2019 09:59:24 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política que nos quedó grande]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/politica-quedo-grande_132_1578214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f192b2d-bde0-4531-9797-0f3d58f49367_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un hombre recicla una botella dentro de un contenedor con el cartel electoral de Pedro Sánchez / AP"></p><p class="article-text">
        Si nos paramos a pensar en la palabra &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo;, la imagen que nuestro cerebro reproduce es en la mayor&iacute;a de casos la de un parlamento repleto de diputados. En otros, vemos al l&iacute;der de un partido dando un discurso ante una asamblea. Vemos el interior de una instituci&oacute;n, vemos trajes con corbatas, gente responsable y realizada. Cuando era peque&ntilde;o, mi abuela me recomendaba con absoluta seriedad entrar en la endiablada pol&iacute;tica cuando fuese mayor, sin importar el partido, cada vez que hac&iacute;a uso de mi labia para conseguir algo de mi inter&eacute;s (enga&ntilde;ando, por supuesto, al resto).
    </p><p class="article-text">
        No quiero dar nombres, no pretendo hablar de nadie porque me interesa hablar de todos. Los hemos o&iacute;do bastante durante esta campa&ntilde;a electoral y nos vendr&iacute;a bien un descanso. Si hoy en d&iacute;a fuese aquel ni&ntilde;o rega&ntilde;ado por su abuela, deber&iacute;a comentar tranquilamente que la pol&iacute;tica no siempre es vertical, los de arriba no tienen porque confundirnos con total legitimidad, y a veces nuestras &ldquo;pol&iacute;ticas peque&ntilde;as&rdquo; pueden influenciar su &ldquo;pol&iacute;tica mayor&rdquo;.  Bueno, en realidad no. Ser&iacute;a bastante preocupante que un ni&ntilde;o diga algo as&iacute;. Sin darnos cuenta, los propios representantes y candidatos pol&iacute;ticos se han resignado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a la nueva pol&iacute;tica din&aacute;mica, aquella en la que los discursos de pertenencia y los ideales son vol&aacute;tiles y el p&uacute;blico examina al pol&iacute;tico. Somos nosotros, sin embargo, quienes seguimos creyendo que ellos tienen la situaci&oacute;n bajo control y las decisiones que toman sobre nuestras vidas son &ldquo;palabras mayores&rdquo;, muy por encima de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Siento que es necesario recordarnos m&aacute;s a menudo aquello de que todas nuestras libertades y derechos fueron aprobados pol&iacute;ticamente a causa de nuestra intromisi&oacute;n en sus palabras mayores, y no por medio de la pasividad y el desentendimiento con la pol&iacute;tica. Despu&eacute;s de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, parece que a&uacute;n nos cuesta creer el poder del que la gente corriente dispone. El voto ya no es nuestra &uacute;nica aportaci&oacute;n a la democracia. No se trata de ning&uacute;n sue&ntilde;o del que vayamos a despertar, es real. Su oficio desde las sedes partidistas y los esca&ntilde;os ser&aacute; siempre uno guiado por el inter&eacute;s, pero incluirnos de pleno en su mundo debe ser imperativo. En tiempos de tanta incertidumbre y dificultades, los pol&iacute;ticos (con o sin corbata) tienen el deber de contarnos todo, hacerlo simple y f&aacute;cil y en el lenguaje de todos. Tambi&eacute;n el suyo.
    </p><p class="article-text">
        Se acab&oacute; la era supremacista de la vieja pol&iacute;tica, tenemos grupos y personas entre ellos que provienen de la sociedad civil y su realidad, hacen pol&iacute;tica para las calles y desde las calles. Es en este escenario donde ganan poder partidos nuevos y voces distintas. Los de siempre no saben qu&eacute; hacer para mostrar cada vez m&aacute;s su inter&eacute;s por nosotros, competir con estas voces y unirse a la nueva pol&iacute;tica de los gritos, frases potentes y experimentaci&oacute;n. La pol&iacute;tica ya no es un feudo misterioso en el que se deciden nuestras vidas, pues quien me lee en estos momentos tendr&aacute; probablemente un bagaje cultural y una educaci&oacute;n iguales o superiores a la de cualquier diputado.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n obligados a hablar y actuar para nosotros desde que las redes sociales son el lugar donde se deciden elecciones y se dan sorpresas sin precedentes. Nuestras peque&ntilde;as pol&iacute;ticas son hoy noticia y llegan a o&iacute;dos de todos nuestros representantes, quienes las transforman diariamente en su &ldquo;pol&iacute;tica mayor&rdquo; y reciben nuestras presiones contantes para hacerlo. Si nos detenemos, ellos tambi&eacute;n lo har&aacute;n. Dicen que los ciudadanos desconocemos los entramados de la pol&iacute;tica, pero vemos que desde que los de abajo tambi&eacute;n hemos querido ser &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo;, la c&uacute;pula se ha rendido y ha desvelado su improvisaci&oacute;n, la falta de un orden y la necesidad de luchar cualquier batalla. No quiero dar nombres, pero ciertamente nada est&aacute; escrito.
    </p><p class="article-text">
        El joven de 18 a&ntilde;os que vota por primera vez hace pol&iacute;tica. Los alumnos de 16 a&ntilde;os queriendo tener derecho a votar tambi&eacute;n pueden hacer pol&iacute;tica. El mec&aacute;nico del barrio, la mujer que limpia un hogar o el plat&oacute; de televisi&oacute;n despu&eacute;s de un debate pol&iacute;tico, las personas que trabajan en un centro de llamadas o cuidando de otros. No estamos menos capacitados y podemos ser como ellos. Todos tienen intereses pol&iacute;ticos y les gustar&iacute;a participar activamente en la toma de decisiones. Las manifestaciones, las protestas, los grupos y organizaciones que juntan individuos para hacer pol&iacute;ticas peque&ntilde;as que nos conviertan en &ldquo;mayores&rdquo; y hagamos lo que mi abuela, a su manera, me pidi&oacute;. Los partidos nacieron, unos dos siglos atr&aacute;s, de unas redes clientelares y aristocr&aacute;ticas. La educaci&oacute;n privilegiada y su origen permit&iacute;an a unos pocos desconocidos dirigir a millones de personas a quienes se les negaba todo. Pod&iacute;an ir incluso por la calle sin ser reconocidos. Hoy, la pol&iacute;tica ya no debe ser entendida por nadie como una esfera superior. Los conocemos demasiado y ellos tienen la obligaci&oacute;n de conocernos, les guste o no, volviendo a la calle para o&iacute;r pol&iacute;ticas peque&ntilde;as y aquello que esperamos de ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/politica-quedo-grande_132_1578214.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Apr 2019 17:54:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La política que nos quedó grande]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Brexit de los aristócratas, con ‘cuchara de plata’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/brexit-aristocratas-cuchara-plata_132_1613209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62376949-89f0-4a28-b2a9-d0f0f66c0076_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Theresa May interviene en el Parlamento británico"></p><p class="article-text">
        Recuerdo muy bien aquel 24 de junio del 2016. Mi alarma son&oacute; a las cuatro de la madrugada. La sorpresa al leer los titulares, ya seguros de que el Reino Unido hab&iacute;a votado abandonar la Uni&oacute;n Europea, fue mayor de la que muchos pueden imaginar. Me hallaba en Newcastle, al norte del pa&iacute;s, y m&aacute;s tarde me adentr&eacute; en un par de tiendas para confirmar por primera vez aquello de que los brit&aacute;nicos tienen el <em>stiff upper lip</em> (labio superior firme) o, en otras palabras, son capaces de seguir hacia adelante con un buen t&eacute; y sin hacer mucho ruido. Si bien este atributo de la sociedad brit&aacute;nica ser&aacute; el que reconcilie r&aacute;pidamente un pa&iacute;s hoy terriblemente humillado y dividido, la situaci&oacute;n requiere primero el acuerdo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; donde sus gobernantes radicalizados han fracasado y Europa parece cada vez m&aacute;s convencida de que la imposibilidad de aprobarse el acuerdo de retirada, un segundo refer&eacute;ndum  o cualquier otra soluci&oacute;n desde Londres no es coincidencia. A estas alturas, descubro con sorpresa que la prensa continental se encuentra mucho m&aacute;s desconectada del circo &ldquo;Brexit&rdquo; de lo que pensaba. Las sociedades europeas lo definimos como &ldquo;aburrido&rdquo; y poco entendemos de sus mecanismos, por lo que los recientes acontecimientos o el rechazo de un segundo refer&eacute;ndum nos son incomprensibles. Tras fracasar tres veces en su intento de aprobar el acuerdo de salida elaborado por la UE, como tambi&eacute;n de obtener una mayor&iacute;a en los votos indicativos y una soluci&oacute;n <em>in extremis</em>, al gobierno &ldquo;se la ha acabado el terreno para maniobrar&rdquo;, en palabras de la propia primera ministra. El Reino Unido no sabe lo que quiere ni c&oacute;mo o cu&aacute;ndo lo quiere, se&ntilde;alan muchos tras otra petici&oacute;n para que Bruselas atrase su salida de la UE. Lo cierto es que la totalidad de la culpa la vuelve a tener un partido y gobierno conservador cuyo comportamiento desde 2016 ha ido encaminado hacia un anti europe&iacute;smo extremo y la puja por una ruptura sin acuerdo con la UE.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la mayor&iacute;a de diputados conservadores favorec&iacute;an la permanencia en la Uni&oacute;n, la guerra declarada por Bruselas hacia el partido, llevada hasta el punto de fragmentarlo, ha provocado una &ldquo;derechizaci&oacute;n&rdquo; vertiginosa, con personalidades como Jacob Rees-Mogg o Boris Johnson cobrando cada vez m&aacute;s importancia. Multitud de diputados conservadores como por ejemplo la notable Anna Soubry, diputada por Broxtowe, dotados de m&aacute;s sensatez que sus compa&ntilde;eros, han abandonado el partido para formar un grupo independiente pro-europeo en la c&aacute;mara. Junto a nacionalistas escoceses, cuyo pa&iacute;s vot&oacute; ampliamente por quedarse en la UE, liberal-dem&oacute;cratas y otras fuerzas minoritarias, les ha costado sangre y sudor convencer a la oposici&oacute;n, la izquierda laborista, para apoyar un segundo refer&eacute;ndum en los votos indicativos de hace unos d&iacute;as. Y estuvieron muy cerca en su segundo intento: un Brexit &ldquo;noruego&rdquo; con mercado &uacute;nico se qued&oacute; a solo tres votos de salir adelante; un refer&eacute;ndum confirmatorio, a 12 votos.
    </p><p class="article-text">
        Los rebeldes y la falta de principios saltan por todos lados y sobre todo entre las filas conservadoras, ya sea a favor de un Brexit m&aacute;s suave o m&aacute;s duro. Lo que s&iacute; parece claro por el momento es que nadie est&aacute; a favor de Theresa May, y por ello pide finalmente ayuda a los laboristas y a Corbyn, un &ldquo;marxista&rdquo; profundamente odiado entre los conservadores. Sin ir m&aacute;s lejos, quienes se opusieron en primer lugar a votar su acuerdo aceptaron hacerlo despu&eacute;s a cambio de que May dimitiese a favor de un &ldquo;Brexitista&rdquo; radical que continuase las negociaciones. Todo apunta a que tendr&aacute; que ceder ante la petici&oacute;n de Corbyn, permanecer en el mercado &uacute;nico y continuar con el libre movimiento de personas, l&iacute;neas rojas intransigentes para la derecha hasta el momento. Como han demostrado en los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, los intereses pol&iacute;ticos de su partido, como tambi&eacute;n las traiciones internas, han sido sus &uacute;nicas preocupaciones, 157 de sus 314 diputados llegando a votar a favor de salir sin un acuerdo, un escenario de crisis ca&oacute;tico para ciudadanos y negocios.
    </p><p class="article-text">
        El acuerdo de May, tambi&eacute;n conocido como &ldquo;tratado&rdquo; por aquellos sectores a favor del Brexit a causa de la humillaci&oacute;n que supone ante sus esperanzas de prosperar en su &ldquo;gran imperio&rdquo; sin acuerdo alguno, est&aacute; hoy m&aacute;s que muerto. A pocos d&iacute;as para el 12 de abril, fecha l&iacute;mite para pedir otra extensi&oacute;n a Bruselas, Reino Unido va encaminado a una salida abrupta de la Uni&oacute;n por la testarudez que el Partido Conservador ha demostrado a la hora de ceder y alcanzar un compromiso. Las preparaciones para el Brexit, con o sin acuerdo, han costado ya m&aacute;s de 40 mil millones de libras a las arcas p&uacute;blicas (TheGuardian), dificultando as&iacute; centrarse en otros asuntos prioritarios de la sociedad brit&aacute;nica como el aumento brutal de apu&ntilde;alamientos en las grandes ciudades o la financiaci&oacute;n de su sanidad p&uacute;blica. La segunda potencia econ&oacute;mica de la UE, tras Alemania, refleja hoy incertidumbre a niveles nunca vistos, unas comunidades divididas, ansiosas y absorbidas al completo por la toxicidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Yo no ser&iacute;a capaz de definir a sus gobernantes mejor que el ministro de asuntos europeos alem&aacute;n, Michael Roth, quien tilda a los <em>tories</em> de &ldquo;elites criadas con cuchara de plata&rdquo;, fuera de contacto con la sociedad real y arist&oacute;cratas que quisieran ver al pa&iacute;s caer en la decadencia neoliberal de Estados Unidos. Esta ser&iacute;a, en todo caso, muy beneficiosa para los dirigentes <em>brexiteers </em>pero muy poco para los ciudadanos manipulados que siguen crey&eacute;ndose sus consignas. A estas alturas creerse a May resulta poco prudente. En el momento en el que la primera ministra ha dado por perdido todo apoyo entre sus filas y ha anunciado que se marchar&aacute; pronto, Jeremy Corbyn debe no solamente imponer el Brexit &ldquo;noruego&rdquo; con mercado &uacute;nico de los laboristas, sino escuchar a las bases de su partido, sociedad y resto del parlamento. Lo est&aacute;n pidiendo a gritos, con un mill&oacute;n de manifestantes en el centro de Londres o seis millones de firmas en la red.
    </p><p class="article-text">
        Un segundo refer&eacute;ndum, el &ldquo;voto popular&rdquo; aclamado en el pa&iacute;s, debe tener lugar y a la primera ministra no lo queda ya m&aacute;s que acatar las &oacute;rdenes de la oposici&oacute;n, que se ha hecho con el control. Con respecto a la gente corriente, tengo mis dudas sobre la perdurabilidad de la divisi&oacute;n en la sociedad. Si algo caracteriza a los brit&aacute;nicos es poder pasar p&aacute;gina con extra&ntilde;a facilidad, y creo que el Brexit no ser&aacute; una excepci&oacute;n cuando la clase pol&iacute;tica lo haya hecho. S&iacute;, ser&aacute; el buen t&eacute;, del que por cierto beben mucho. O tendr&aacute;n el labio superior demasiado firme&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/brexit-aristocratas-cuchara-plata_132_1613209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Apr 2019 08:19:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Brexit de los aristócratas, con ‘cuchara de plata’]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Europa que castiga]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/europa-castiga_132_1731251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5e0eff7-d2b7-4ad4-a06f-e3fd7bb329c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Italia traza un plan para los mercados e intermediarios si hay &quot;brexit&quot; sin acuerdo"></p><p class="article-text">
        A menos de cuatro meses para las elecciones al Parlamento Europeo, posiblemente los comicios m&aacute;s reveladores acerca de la direcci&oacute;n que la pol&iacute;tica europea ha ido tomando, Londres ha llegado por primera vez en mucho tiempo (d&eacute;cadas, para ser precisos) a un callej&oacute;n sin salida. Tras a&ntilde;o y medio de negociaciones complejas en las que Europa ha dado pocas o ninguna concesi&oacute;n al gobierno conservador de May, la c&aacute;mara de los comunes rechaz&oacute; por una amplia mayor&iacute;a este acuerdo forzado e inconveniente para su pa&iacute;s. La agon&iacute;a sin precedentes en la que los representantes pol&iacute;ticos, empresas y sociedad civil se hallan en este momento tiene como causa fundamental la agon&iacute;a cr&oacute;nica que, a su vez, la Uni&oacute;n Europea atraviesa y en cuya agenda no puede permitirse ni un &aacute;pice de debilidad. Lo hizo en el pasado, seg&uacute;n insin&uacute;an diariamente, pero no habr&aacute; m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Reino Unido debe ahora pagar los platos rotos, al parecer, y existen otros motivos que acompa&ntilde;an al deseo de Bruselas de &ldquo;educar&rdquo; al resto de estados miembros sobre las consecuencias de querer abandonar el barco. El tradicional (y muchas veces ambiguo) sistema pol&iacute;tico brit&aacute;nico, junto a los alegres y distendidos di&aacute;logos entre <em>speaker</em> (presidente de la c&aacute;mara) y diputados, mantiene un esquema en el que cada esca&ntilde;o pertenece a una circunscripci&oacute;n que en ocasiones equivale a un peque&ntilde;o barrio, distrito urbano o &aacute;rea rural.  Los partidos no siempre tienen la capacidad de obtener una posici&oacute;n com&uacute;n a la hora de votar y multitud de diputados de todos los grupos se convierten en &ldquo;rebeldes&rdquo;, o bien votando en contra de su partido, o bien renunciando a su asiento.
    </p><p class="article-text">
        Se han necesitado m&aacute;s de dos a&ntilde;os para ver con claridad que nadie en el partido conservador quiso un refer&eacute;ndum como el de junio 2016, sino que fueron los intereses electorales y partidistas quienes empujaron a David Cameron a convocarlo para el benepl&aacute;cito de UKIP, su manipuladora campa&ntilde;a y las ramas radicales del partido <em>tory</em> (conservadores). Hace pocos d&iacute;as el mandatario europeo Donald Tusk confes&oacute; que Cameron convoc&oacute; el refer&eacute;ndum, seg&uacute;n el mismo le habr&iacute;a explicado, al estar seguro de que no obtendr&iacute;a una mayor&iacute;a en las elecciones y los socios liberales bloquear&iacute;an la cita electoral. Desde Reino Unido, tras seguir de cerca una actualidad p&uacute;blica regida por el puro teatro, puedo afirmar con energ&iacute;a que sus palabras merecen ser cre&iacute;das.
    </p><p class="article-text">
         Hoy en el escenario pol&iacute;tico de Westminster, personalidades clave de la campa&ntilde;a por permanecer en Europa tienen el mandato de llevar a cabo una fantas&iacute;a en la que ni ellos mismos creyeron. Adem&aacute;s de fracasar en casa, donde una sociedad desesperada y una oposici&oacute;n abierta pero indecisa han comenzado a entenderse, los conservadores escupen sucesivas mentiras en el pleno con respecto a las condiciones que impondr&aacute;n a Bruselas y supuestamente ser&aacute;n respetadas. El casi c&oacute;mico rechazo inmediato de Europa ante cualquier intento de renegociar o modificar el acuerdo tiene una doble lectura: por una parte, una mayor&iacute;a de cerca del 58% de la poblaci&oacute;n querr&iacute;a hoy un segundo refer&eacute;ndum (YouGov.uk), por lo que el gran partido de la oposici&oacute;n, los laboristas dirigidos por Jeremy Corbyn, han cambiado su postura mirando con seriedad dicha opci&oacute;n en lugar de seguir peleando por unas elecciones anticipadas (las cuales ganar&iacute;an) y un &ldquo;Brexit de izquierdas&rdquo; que mantendr&iacute;a al  pa&iacute;s en el mercado &uacute;nico al estilo noruego.
    </p><p class="article-text">
        El resto de partidos opositores como los nacionalistas escoceses (SNP), los arduamente europe&iacute;stas liberal-dem&oacute;cratas, otros partidos &eacute;tnicos y una minor&iacute;a de rebeldes conservadores est&aacute;n preparados para ello, sin embargo no suman una mayor&iacute;a suficiente. A trav&eacute;s de las conocidas enmiendas que el <em>speaker </em>John Bercow selecciona y somete a votaci&oacute;n, la c&aacute;mara es capaz de de tomar las riendas del asunto y moldear a duras penas la v&iacute;a suicida que el gobierno ha adoptado. Esta es, en esencia, aceptar el mediocre acuerdo de May, el cual ni siquiera su propio partido vot&oacute; a favor por arriesgar dejar a Irlanda del Norte en manos de Europa (temporalmente) evit&aacute;ndose una &ldquo;frontera dura&rdquo; con la UE en la isla irlandesa, algo que todos consideran inaceptable. Este popular <em>&ldquo;backstop&rdquo;</em> en Irlanda, innegociable para Europa, es uno de los motivos clave por los que el acuerdo no ser&aacute; aprobado ni aunque la primera ministra fuese a presentarlo mil y una veces en la c&aacute;mara con min&uacute;sculas modificaciones.
    </p><p class="article-text">
        El 29 de marzo est&aacute; a la vuelta de la esquina y ni el teatro parlamentario consigue enmascarar hoy la imposibilidad de llevar a cabo el Brexit como fue dise&ntilde;ado. Y la raz&oacute;n es simple: entre los planes de los dirigentes brit&aacute;nicos nunca estuvo la opci&oacute;n de proclamarse vencedor el <em>&ldquo;Leave&rdquo;</em>, algo m&aacute;s que impensable. El gobierno tampoco quiere salir de la Uni&oacute;n sin acuerdo y sumir al Reino Unido en la depresi&oacute;n m&aacute;s absoluta de su historia, pero las guerras partidistas est&aacute;n por encima y si los esca&ntilde;os rivales se vuelcan ahora con devolver el voto a la gente una vez fracasada la labor de los pol&iacute;ticos, como tambi&eacute;n lo hace la sociedad civil y el poderoso movimiento <em>&ldquo;The People&acute;s Vote&rdquo;</em>, May sigue amenazando con el desastre si no aceptan su propuesta. Ella y sus socios esperan que por una v&iacute;a u otra el parlamento pueda acabar deteni&eacute;ndolos sin que su imagen de cara a futuras elecciones se vea perjudicada.
    </p><p class="article-text">
         Debe ser complicado reconocer ante millones de ciudadanos enga&ntilde;ados que fueron atrapados en una gran mentira. La sociedad brit&aacute;nica ha alcanzado niveles de divisi&oacute;n hist&oacute;ricos en los que su equilibrio tradicional flaquea. Millones de ciudadanos contin&uacute;an viendo a Gran Breta&ntilde;a como una potencia que ha sido saqueada por Europa y que es tan rica y pr&oacute;spera que se permite romper sin acuerdo alguno. Ciudadanos y clases sociales no se conocen entre s&iacute;, no se conocen a s&iacute; mismos y no comparten una comunidad enraizada. La econom&iacute;a extremadamente potente y avanzada del pa&iacute;s, junto a las naciones del Commonwealth que siempre est&aacute;n detr&aacute;s, se ha debilitado a velocidades nunca vistas desde 2016, subiendo los precios de bienes de consumo b&aacute;sicos, deteriorando la libra y destrozando empleo (solamente en los &uacute;ltimos seis meses gigantes como Debenhams, Mark&amp;Spencer y otras grandes compa&ntilde;&iacute;as han efectuado miles de despidos y otras han entrado en quiebra).
    </p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea tiene en sus manos aceptar modificaciones en el acuerdo de salida y permitir que los comunes den al fin el visto bueno, pero no va a suceder. Los m&aacute;s de tres millones de europeos residentes en Reino Unido, muchos de los cuales llevan viviendo d&eacute;cadas en el pa&iacute;s, no han recibido m&aacute;s que un discurso fr&iacute;o por parte del gobierno y unas garant&iacute;as post-brexit cubiertas en burocracia. No deber&iacute;a sorprendernos si, de celebrarse el improbable segundo refer&eacute;ndum, el resultado fuese el mismo a pesar de los sondeos que dan hoy hasta un 60% a la permanencia en la Uni&oacute;n. Como lo fue en la primera ocasi&oacute;n y durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los sondeos y predicciones totalmente desconectados de la poblaci&oacute;n occidental, sus preocupaciones y precariedad econ&oacute;mica, subestiman la rapidez con la que la vieja pol&iacute;tica muere y se dan las nuevas sorpresas electorales.
    </p><p class="article-text">
        La poblaci&oacute;n trabajadora del norte de Inglaterra jam&aacute;s estuvo integrada en la econom&iacute;a multicultural y pr&oacute;spera creada en las pasadas d&eacute;cadas por el sur, ni pudo reaccionar ante las llegadas masivas de inmigrantes europeos m&aacute;s cualificados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La sociedad brit&aacute;nica, a diferencia de muchas naciones europeas, no se ha visto obligada a salir al exterior en busca de un futuro mejor ni ha sido destrozada por dictaduras recientes. Todo ello ha formado lentamente el estado de par&aacute;lisis, optimismo ciego e incredulidad que demasiados brit&aacute;nicos han mostrado frente a la pol&iacute;tica y, especialmente, frente a la econom&iacute;a y pol&iacute;tica actuales.
    </p><p class="article-text">
        Algunas enmiendas poderosas como las de las diputadas laboristas Yvette Cooper o Rachel Reeves, destinadas a bloquear un Brexit sin acuerdo, u otras conservadoras que permitir&aacute;n extender el art&iacute;culo 50 y retrasar la salida, se votar&aacute;n la pr&oacute;xima semana junto al plan B (sin diferencia respecto al A) que May presentar&aacute;. La peculiar peripecia del Brexit ha fortalecido sutilmente a la UE. No ha recuperado la confianza de sus ciudadanos en su proyecto ni ha reducido la fuerza de los nuevos gobiernos euroesc&eacute;pticos del continente, sino que Bruselas ha logrado unir a los 27 por primera vez en mucho tiempo. La Uni&oacute;n Europea emplea a Gran Breta&ntilde;a como prueba para aquello de lo que m&aacute;s carece: una voz com&uacute;n y firme como actor internacional independiente que aspira ser (para deleite del presidente Trump). El castigo que Reino Unido est&aacute; recibiendo se resume en consumirse a s&iacute; mismo hasta niveles degradantes, debatiendo en clave partidista un problema hist&oacute;rico nacional que trasciende la pol&iacute;tica. Un problema de identidad o quiz&aacute;s falta de identidad que hace rugir a la isla y tranquiliza al continente.
    </p><p class="article-text">
        El castigo a largo plazo es que Reino Unido perjudique su m&aacute;s preciado orgullo, su econom&iacute;a y posici&oacute;n global, y solamente entonces decida quedarse. Derrotado, empeque&ntilde;ecido, irreconocible y con menos o ninguna exigencia futura frente al resto. Para muchos en Bruselas se acab&oacute; la &eacute;poca de las concesiones. Podr&aacute;n quedarse, pero esta vez tendr&aacute;n que ser quiz&aacute;s m&aacute;s europeos que nadie y puede que tambi&eacute;n pagar alg&uacute;n que otro plato roto. Un gui&oacute;n abrupto. Tan solo este mes altos mandatarios del organismo europeo han amenazado de nuevo a los gobiernos de Polonia, Hungr&iacute;a y Ruman&iacute;a con el recorte en fondos si contin&uacute;an abati&eacute;ndose de la v&iacute;a liberal-dem&oacute;crata. Por nuestro bien, esperemos que no llegue el d&iacute;a en el que los castigados que bajan la cabeza hoy reciban la oportunidad de devolverlo. El Brexit es hasta el momento la mejor muestra para descifrar y descubrir la naturaleza de la Uni&oacute;n Europea en la actualidad, como tambi&eacute;n su posici&oacute;n ante los desaf&iacute;os cercanos que llaman a la puerta. Esta Europa golpea y castiga a quien no consigue educar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/europa-castiga_132_1731251.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jan 2019 10:27:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Europa que castiga]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gran Bretaña también se contamina de la enfermedad de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/gran-bretana-contamina-enfermedad-europa_132_2750280.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccafeab2-473a-40bf-a134-5d8009de27d9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El Parlamento británico encara sus últimos siete meses antes del &quot;brexit&quot;"></p><p class="article-text">
        Frente a las nuevas fuerzas pol&iacute;ticas que surgen en gran parte del continente europeo, Reino Unido y su particular sistema parlamentario se contaminan de estas nuevas tendencias a su manera. Acelerado por unas negociaciones fracasadas en el tema Brexit, el pa&iacute;s radicaliza las facciones tradicionales de su parlamento, fortalece el bipartidismo contrariamente al resto de estados europeos, acaba con fuerzas peque&ntilde;as como UKIP o los liberal-dem&oacute;cratas y radicaliza una pol&iacute;tica hasta ahora irrompible.
    </p><p class="article-text">
        A falta de cinco meses para que el Reino Unido abandone oficialmente la Uni&oacute;n Europea y de comienzo al periodo de transici&oacute;n, la falta de un acuerdo s&oacute;lido o &ldquo;deal&rdquo; post-UE con el continente ha logrado vulnerar el inquebrantable panorama brit&aacute;nico como ni siquiera las guerras o recesiones econ&oacute;micas m&aacute;s duras lo hicieron previamente. Desde que la derecha brit&aacute;nica logr&oacute; vender una campa&ntilde;a electoral llena de esperanzas falsas, donaciones milagrosas al sistema sanitario nacional (NHS) en lugar de pagar a Bruselas, un mayor control sobre sus fronteras y el melanc&oacute;lico sue&ntilde;o de la vuelta a los gloriosos 70&rsquo;, la uni&oacute;n de los grupos pol&iacute;ticos ha desaparecido.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en el momento m&aacute;s delicado econ&oacute;micamente para el pa&iacute;s y con la libra esterlina a niveles peligrosamente cercanos al euro, las predicciones para el futuro cercano son apocal&iacute;pticas. El gobierno May lleva en el poder m&aacute;s de lo que cualquiera estim&oacute; en su momento, repleto de conservadores que apoyaron la campa&ntilde;a &ldquo;Remain&rdquo; y hoy a duras penas consiguen proponer una hoja de ruta para un Brexit exitoso que, le pese a quien le pese, debe ser llevado a cabo. El carism&aacute;tico Nigel Farage, eurodiputado y ex l&iacute;der de UKIP, se ha alejado del primer plano tras lograr su ansiado trofeo en el refer&eacute;ndum de junio de 2016, como muchos otros euroesc&eacute;pticos brit&aacute;nicos. Junto a conservadores contrarios a aceptar los t&eacute;rminos de la UE, como por ejemplo Jacob Rees-Mogg, dispuestos a arriesgarlo todo por no arrodillarse ante sus enemigos p&uacute;blicos europeos, han decidido dar por perdidos &ldquo;micro partidos&rdquo; como UKIP para jugar su &uacute;ltima carta e imponer su visi&oacute;n en el Partido Conservador. Es una decisi&oacute;n inteligente, pues no existe otro modo m&aacute;s eficaz de hacerlo. El car&aacute;cter &uacute;nico de las dos c&aacute;maras brit&aacute;nicas, los Comunes y los Lores, ha dado lugar a rebeliones masivas en las filas de los conservadores, tanto criticando la l&iacute;nea oficial por no anteponer un Brexit duro y patri&oacute;tico a las consecuencias reales, pero tambi&eacute;n despertando a aquellos que prefieren una ruptura delicada o incluso un segundo refer&eacute;ndum para permanecer en la Uni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El partido conservador de David Cameron, partidario de permanecer en la Uni&oacute;n Europea siempre que esta otorgara al Reino Unido condiciones especiales (y as&iacute; ha ocurrido siempre), es hoy un puro espejismo al frente del cual se ubica May, tambi&eacute;n simpatizante del &ldquo;Remain&rdquo; en su d&iacute;a. No solamente su garant&iacute;a de otorgar residencia y derechos permanentes a los europeos de Reino Unido es un avance insuficiente. Su t&iacute;mida mayor&iacute;a en las c&aacute;maras ha bloqueado ya varias propuestas parlamentarias para un voto final de los ciudadanos sobre el acuerdo alcanzado con la UE (hasta el momento las negociaciones son un sinsentido para una mayor&iacute;a de brit&aacute;nicos) o la permanencia en el mercado &uacute;nico siguiendo el modelo noruego. Al mismo tiempo, un imprevisto proceso inflacionario aumenta los precios de bienes de consumo b&aacute;sicos d&iacute;a tras d&iacute;a. El mensaje es claro: &ldquo;Ning&uacute;n acuerdo es mejor que un mal acuerdo&rdquo;. La presi&oacute;n es unidireccional, es decir, la facci&oacute;n m&aacute;s reaccionaria del partido dicta a la primera ministra que hay que seguir una v&iacute;a dura, al mismo tiempo que esta rectifica sutilmente sus planes para ganarse a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n y seguir negociando con Bruselas. La realidad es que est&aacute; fracasando y el Partido Laborista es ahora el que saldr&iacute;a ganador en unos comicios que, a juzgar por el ambiente y las estad&iacute;sticas, pueden volver a darse en cualquier momento debido al momento fr&aacute;gil que se vive. Y en esta ocasi&oacute;n los &ldquo;Tories&rdquo; no tendr&aacute;n la suerte que tuvieron en las elecciones de emergencia convocadas en 2015.
    </p><p class="article-text">
        Repleto de ataques internos desde la vieja guardia encabezada por personalidades como el ex primer ministro Blair, la formaci&oacute;n roja de Jeremy Corbyn y sus barones cercanos ha ido empujando a sus miembros m&aacute;s centristas hacia las &uacute;ltimas filas de su rinc&oacute;n en el parlamento. Con un componente renovador y de corte socialista, el experimentado activista y l&iacute;der pol&iacute;tico mantiene hoy viva una izquierda brit&aacute;nica que, con dificultades, aglutina social-democracia, socialismo n&oacute;rdico e incluso posiciones cercanas a los conservadores en un &uacute;nico gran partido. Por el momento los laboristas act&uacute;an como un gobierno de facto en la sombra, en muchas ocasiones sobrepasando el nivel de responsabilidad de sus rivales Tories, algo no muy complicado, y experimentando obst&aacute;culos poco frecuentes en partidos de la oposici&oacute;n como el reciente esc&aacute;ndalo causado por alegaciones antisemitas en el seno del que es, con toda seguridad, el partido europeo con mayor diversidad &eacute;tnica entre sus simpatizantes. Una vez m&aacute;s, las diferencias con la izquierda continental, repleta de guerras internas y falta de ideas claras, se hace notar.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que Corbyn mantiene una relaci&oacute;n excelente con l&iacute;deres como Pedro S&aacute;nchez o Pablo Iglesias, su postura inicial se mantiene intacta: el Brexit debe llevarse a cabo, sin embargo se trata de buscar un acuerdo que mantenga el Reino Unido lo m&aacute;s cerca posible de los amigos europeos, incluso permanecer en el mercado &uacute;nico y continuar permitiendo el libre movimiento de personas si la situaci&oacute;n lo requiere. El Partido Laborista ser&aacute;, por razones obvias, quien mantenga la postura m&aacute;s pro-europea en este proceso, no solamente por la composici&oacute;n de sus votantes, sino por los millones de brit&aacute;nicos de clase trabajadora que confiaron en un Brexit conservador y ahora se arrepienten. Como nos ense&ntilde;aron las estad&iacute;sticas en su d&iacute;a, la poblaci&oacute;n brit&aacute;nica joven decidi&oacute; quedarse en case el 23 de junio de 2016, por el contrario a las generaciones m&aacute;s mayores, y de no haberlo hecho el triunfo del voto &ldquo;Remain&rdquo; habr&iacute;a sido demoledor. Se trata de un pa&iacute;s que nunca se ha considerado europeo pero que sin embargo jam&aacute;s hab&iacute;a percibido negativamente su pertenencia a la UE hasta que no fue sistem&aacute;ticamente manipulado.
    </p><p class="article-text">
        Debido a que la pol&iacute;tica brit&aacute;nica no da pie a la aparici&oacute;n de formaciones nuevas con ideas radicales, como ocurre en gran parte de Europa, Reino Unido est&aacute; atravesando un proceso (alentado quiz&aacute;s por el Brexit) en el que sus facciones pol&iacute;ticas se alejan de las posturas tradicionales y, por primera vez, acaban por diluir a&uacute;n m&aacute;s al resto de partidos y fortalecer el hist&oacute;rico bipartidismo. Un bipartidismo en el que, como novedad, tanto conservadores como laboristas han radicalizado sus posturas y han ido borrando el centro pol&iacute;tico del mapa. Todo ello resulta en una importante revoluci&oacute;n moral de la vida p&uacute;blica, en un sistema que, a pesar de sus miles de virtudes, jam&aacute;s ha permitido ni un &aacute;pice de rebeld&iacute;a y radicalizaci&oacute;n ideol&oacute;gica. Para un pa&iacute;s donde, hasta relativamente pocos a&ntilde;os atr&aacute;s la representaci&oacute;n en el parlamento de sus numerosas minor&iacute;as, ya sean asi&aacute;ticos o negros era solamente un sue&ntilde;o, se trata de una contaminaci&oacute;n clara del dinamismo continental. Los diputados brit&aacute;nicos, independientemente de su partido pol&iacute;tico, han formado parte durante toda la historia de un c&iacute;rculo cerrado de conocidos que han estudiado en universidades de renombre como Oxford y han ido nutriendo un elitismo pol&iacute;tico sin igual, contrastando con la eficacia que han demostrado para debatir y obtener soluciones exitosas en momentos clave para su naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para el Reino Unido, los giros de 360 grados y redistribuciones completas en los parlamentos europeos, incluyendo el auge de fuerzas radicales, no tienen una forma de introducirse directamente en un sistema pol&iacute;tico forjado hace siglos de la manera en la que sigue present&aacute;ndose hoy. Sin embargo, el poder cada vez mayor de la derecha dura de Rees-Mogg o Nigel Farage entre las filas conservadoras, cuyos votantes, organizaciones y propio Partido Conservador habr&iacute;an rechazado totalmente pocos a&ntilde;os atr&aacute;s, como tambi&eacute;n la plena confianza en los &ldquo;Remainers&rdquo; y partidarios de un Brexit suave en Corbyn, conforman una imagen novedosa de la pol&iacute;tica brit&aacute;nica. En el pasado, el modelo escogido por esta &uacute;ltima en los momentos m&aacute;s complejos result&oacute; ser m&aacute;s acertado que el europeo. En el presente, seguimos contemplando en directo la lucha de un pa&iacute;s por no caer en un agujero que, para Europa, es ya el estado normal de hacer pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/gran-bretana-contamina-enfermedad-europa_132_2750280.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Sep 2018 16:52:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gran Bretaña también se contamina de la enfermedad de Europa]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[La(s) crisis sin fin de Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/crisis-fin-turquia_132_1972925.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c0079ee-2524-4156-88fc-85368ef840e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Erdogan critica la postura &quot;errónea&quot; de Francia respecto a milicia kurdosiria"></p><p class="article-text">
        Mientras todo el planeta contempla dram&aacute;ticamente el desplome de la libra turca durante los &uacute;ltimos meses y especialmente tras las &uacute;ltimas semanas, a Ankara le cuesta cada vez m&aacute;s disfrazar los motivos que han llevado a la rep&uacute;blica a padecer una degeneraci&oacute;n nacional cr&oacute;nica. Tras el fracaso del intento de golpe militar que tuvo lugar en julio de 2016, el presidente Erdogan est&aacute; jugando sus &uacute;ltimas (y m&aacute;s peligrosas) cartas para lograr mantener el poder renovado con el que ejerce su liderazgo a base de decreto y mano dura, especialmente hasta alcanzar su deseado sistema presidencial puro.
    </p><p class="article-text">
        La dictadura es para el ideario nacional turco un concepto complejo de descifrar, tal vez por su doble papel hist&oacute;rico: un demonio derrotado que al mismo tiempo se renueva constantemente en la vida pol&iacute;tica y lucha para ayudar a enfrentarse a otros. El partido mastod&oacute;ntico AKP, como tambi&eacute;n Recep Tayip Erdogan, no son la clase de rostros nuevos que aparecen hoy en d&iacute;a en los hemiciclos europeos con propuestas radicales y desesperadas. Tras la formaci&oacute;n del estado moderno kemalista, basado en las premisas laicas y nacionalistas de Ataturk, el grupo se ha destacado en el nuevo siglo como la &uacute;nica fuerza capaz de unir a una naci&oacute;n que vive a varias velocidades. Dicha uni&oacute;n, basada en el Islam pol&iacute;tico y el conservadurismo de una naci&oacute;n etnocentrista, un plato cl&aacute;sico en la regi&oacute;n, jam&aacute;s tuvo otro fin que mantener en pie un gigante que de otro modo se derrumbar&iacute;a por mil y una razones. Para ello no existe otro m&eacute;todo que, parad&oacute;jicamente, tumbar los pilares de la Turqu&iacute;a moderna y democr&aacute;tica en la que han nacido y que defienden.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una contradicci&oacute;n que, sin embargo, lleva a&ntilde;os de lenta preparaci&oacute;n en el seno de una clase pol&iacute;tica que ha sabido encargarse de una naci&oacute;n encaminada en la buena direcci&oacute;n, y al mismo tiempo ha puesto el punto final cuando lo ha considerado debido. Actualmente m&aacute;s del 18% de los j&oacute;venes turcos est&aacute;n desempleados, mientras que las econom&iacute;as peque&ntilde;as sufren el endeudamiento exterior masivo al que han sido sometidos por su l&iacute;der. Erdogan rechaza incluso ahora, con una divisa sangrando y una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s empobrecida, subir los tipos de inter&eacute;s para combatir el proceso inflacionario y tratar su econom&iacute;a moribunda. &iquest;A&uacute;n no queda claro por qu&eacute; Londres est&aacute; subiendo los tipos de inter&eacute;s para combatir la subida de precios actual y Ankara no? Olv&iacute;dense de la Turqu&iacute;a que hace cinco a&ntilde;os a&uacute;n parec&iacute;a tener inter&eacute;s en ser candidata a unirse a la UE.
    </p><p class="article-text">
         El momento de gloria para Erdogan es ahora y, con casi la mitad de funcionarios y altos cargos renovados tras la &ldquo;limpieza&rdquo; posterior al intento de golpe, el camino parece despejado. Siendo el l&iacute;der m&aacute;s popular de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas entre los turcos, Erdogan y su islamizaci&oacute;n de la mentalidad p&uacute;blica turca han acabado por ganarse a la Turqu&iacute;a profunda, a la corrupci&oacute;n institucional y a la poblaci&oacute;n pobre y sin futuro. Su &uacute;nico impedimento sigue siendo la tradici&oacute;n parlamentaria y democr&aacute;tica de Turqu&iacute;a, una naci&oacute;n con ideales modernos y cuyos habitantes siguen rechazando (por el momento), sustituirla por un r&eacute;gimen autoritario de partido &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Y no hay que olvidar que la calidad de oposici&oacute;n pol&iacute;tica turca es considerable, comenzando por el IYI y su excepcional lideresa Meral Aksener, como tambi&eacute;n los partidos principales del centro izquierda, CHP (Partido Popular Republicano) y HDP( Partido Popular Dem&oacute;crata). Y esto ocurre con mayor &iacute;mpetu en las grandes ciudades y en el oeste del pa&iacute;s. El resto de esca&ntilde;os, ocupados por facciones minoritarias entregadas al nacionalismo radical y de tradici&oacute;n rural, como ocurre con cada vez m&aacute;s frecuencia en los estados vecinos del sureste europeo, mantienen a Turqu&iacute;a en un punto muerto en el que el reformismo parece inalcanzable debido a la distancia colosal entre una minor&iacute;a de la poblaci&oacute;n y el resto de regiones, capas sociales y velocidades del pa&iacute;s. El estado &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del estado, aquel estado turco profundo, es quiz&aacute;s el m&aacute;s propenso a otorgar el papel regulador a su ej&eacute;rcito. La lista de intervenciones militares en Turqu&iacute;a pasa por 1960, 1971, 1980 y 1997. En todos estos casos el ej&eacute;rcito turco y los estratos laicos del estado han ayudado a derrumbar o debilitar gobiernos que fueron tomando formas autoritarias para otros fines que no fuesen el inter&eacute;s nacional, siempre convocando elecciones r&aacute;pidamente y dando la palabra al pueblo.
    </p><p class="article-text">
        La guerra no est&aacute; perdida y de hecho est&aacute; teniendo lugar ahora mismo. El propio intento de golpe de 2016 debe ser observado con normalidad, ya que para Turqu&iacute;a el ej&eacute;rcito intentando corregir o &ldquo;guiar por el buen camino&rdquo; no es m&aacute;s que un s&iacute;ntoma de que se acercan tiempos turbios. La nueva Turqu&iacute;a ha elevado sus valores teocr&aacute;ticos sobre los democr&aacute;ticos, ha convertido a su l&iacute;der en una figura m&iacute;stica ante la cual la gran mayor&iacute;a de familias turcas se arrodillan y ha cortado los planes de futuro con aliados occidentales. La nueva Turqu&iacute;a est&aacute; empapada de fe en su recorrido y de odio hacia el turco no suficientemente turco. La nueva Turqu&iacute;a replantea la idea de que la Europa balc&aacute;nica le pertenece siglos despu&eacute;s de perder su imperio, y al mismo tiempo humilla a la poblaci&oacute;n kurda y otras minor&iacute;as musulmanas.
    </p><p class="article-text">
        Son unos pasos que reconocemos con demasiada facilidad. Una dictadura quiere renacer y parece que la &uacute;ltima batalla, lanzada desde Europa, acaba de comenzar. Los ataques a la econom&iacute;a turca intentan debilitar a su l&iacute;der frente a su naci&oacute;n y dentro de su propia regi&oacute;n geopol&iacute;tica. Sin embargo, y considerando la dificultad de este &uacute;ltimo prop&oacute;sito, los &uacute;ltimos latidos de la democracia turca se dar&aacute;n desde las calles, la sociedad civil y el poder de los grupos parlamentarios para organizarse con efectividad, una guerra que ya deja ver lo que conlleva: violencia, tristeza e intervenciones occidentales en el seno pol&iacute;tico-econ&oacute;mico del pa&iacute;s. Cuando Erdogan catalog&oacute; el golpe frustrado de julio 2016 como un &ldquo;regalo divino&rdquo;, se olvid&oacute; por un momento de la esencia de su propio pa&iacute;s, es decir, la cantidad de enemigos internos que actuar&aacute;n en sinton&iacute;a con el exterior. Se avecinan acontecimientos interesantes en el futuro pr&oacute;ximo y la crisis econ&oacute;mica turca esconde, como nos ense&ntilde;a la historia moderna de la naci&oacute;n anatolia, otras bien distintas cuyo objetivo es hallar unas identidades y aspiraciones perdidas, confundidas y silenciadas desde el exterior.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/crisis-fin-turquia_132_1972925.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Aug 2018 08:07:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La(s) crisis sin fin de Turquía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marx en su 200 aniversario: el elegido rescatado por la posmodernidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/marx-aniversario-elegido-rescatado-posmodernidad_132_2771961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9679b09a-1c7b-450b-9ce4-049dbbe0b5f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Montaje Marx"></p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as se cumplieron dos siglos desde el nacimiento de Karl Marx, una de las figuras m&aacute;s influyentes en nuestra historia moderna por sus aportaciones filos&oacute;ficas y cr&iacute;ticas a las corrientes de pensamiento decimon&oacute;nicas, pero no exclusivamente. Las figuras de Marx y su obra te&oacute;rica, vagamente interesadas en c&oacute;mo funcionaria o podr&iacute;a alcanzarse en realidad una sociedad comunista, tuvieron la capacidad de permanecer como bandera de los movimientos revolucionarios del siglo pasado. Karl Marx es uno de los pocos rostros que han sido reescritos y se han reinterpretado durante etapas hist&oacute;ricas distintas, mundos completamente asim&eacute;tricos y situaciones improvisadas. Por ello, su reflejo en la realidad fugaz y digitalizada de la posmodernidad es objeto de estudio y curiosidad para todos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Marx, mucho m&aacute;s que doctrina pol&iacute;tica </strong>
    </p><p class="article-text">
         Las estatuas de Karl Marx y Friedrich Engels reciben las visitas de miles de turistas en la capital alemana, y su poblaci&oacute;n natal, Trier, al suroeste del pa&iacute;s, ha desvelado otra gran pieza en honor a su h&eacute;roe en este 200 aniversario de su nacimiento. Las comparaciones resaltan un contraste rid&iacute;culo con la imagen de Vladimir I.Lenin, el otro elemento sin el cual la ideolog&iacute;a comunista carece de sentido. Al mirar un simple mapa se&ntilde;alando las estatuas e instituciones dedicadas al culto de la memoria hist&oacute;rica leninista, sobre todo desde 1990 y pasando por la reciente colonizaci&oacute;n estadounidense del este europeo &ndash;y mas all&aacute;&ndash;, su n&uacute;mero se reduce dram&aacute;ticamente. Tan solo Rusia, ciertos reg&iacute;menes asi&aacute;ticos y naciones perdidas en la antigua &oacute;rbita sovi&eacute;tica conservan viva su imagen.
    </p><p class="article-text">
         Han logrado, en pocas palabras, relegar a Lenin al simple estatuto de figura nacional rusa, muy a pesar de que &eacute;l (tambi&eacute;n Stalin) son y ser&aacute;n mundialmente conocidos y mediatizados. Ninguno de ellos, sin embargo, est&aacute; hoy por encima de otros l&iacute;deres superados por el tiempo endiabladamente r&aacute;pido en el que vivimos. Al parecer, no sabemos valorar ni siquiera la importancia hist&oacute;rica de la revoluci&oacute;n de octubre o la liberaci&oacute;n europea por parte de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en la Segunda Guerra Mundial. Rusia es quien llev&oacute; el mensaje marxista al mundo y, lo m&aacute;s importante, lo llev&oacute; a la pr&aacute;ctica e internacionaliz&oacute; cumpliendo as&iacute; su m&aacute;xima premisa. Dentro de la propia Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y otros aliados de la esfera socialista, las d&eacute;cadas de principios y mitad de siglo se sucedieron por unos a&ntilde;os 70&rsquo; y 80&rsquo; que tambi&eacute;n acabaron disminuyendo los principios de estos iniciadores del comunismo, aunque glorificando sus im&aacute;genes en plazas p&uacute;blicas y aulas de colegio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que los liderazgos nacionales en los estados socialistas hayan sido capaces de reinventar gobernantes capaces de sustituir a Lenin o Stalin y tomar caminos distintos, moldeados por nuevos tiempos, pero no lo hiciesen con Marx? Los 80&rsquo; acabaron y con ellos tambi&eacute;n los Tito, Ceausescu o Hoxha que, al lado de otros muchos, como sus predecesores d&eacute;cadas atr&aacute;s, tuvieron en sus manos demostrar al mundo por segunda vez c&oacute;mo era una sociedad comunista funcional y pr&oacute;spera (con las discrepancias de rigor entre ellos). Todos dejando atr&aacute;s el pasado y en cierto modo a Rusia&hellip; pero no a Marx.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado del continente, en Europa occidental, ninguno logr&oacute; plasmar otra imagen que la de una dictadura sangrienta. Pero Marx s&iacute; encontr&oacute; su prestigio y se ubic&oacute; en todo momento como denominador com&uacute;n entre ambas mitades. Por esta raz&oacute;n, la de tener un v&iacute;nculo con Occidente y una capacidad de influenciar pensadores continentales cruciales como Horkheimer o Luxemburgo, junto al atributo muy probable de no haber sido un l&iacute;der pol&iacute;tico europeo, lo convierten en un s&iacute;mbolo inmortal.
    </p><p class="article-text">
        Las limitaciones de los reg&iacute;menes que han tratado o tratan de establecer un modelo basado en el marxismo y el socialismo no vienen al caso. Tambi&eacute;n las tienen otros aqu&iacute;, donde el discurso y la econom&iacute;a neoliberales que est&aacute;n matando las ideas socialistas quisieran vernos muertos de trabajar (explotados) y sin un resquicio de solidaridad, y no lo consiguen del todo. Quiz&aacute;s nadie es perfecto en sus intentos, pero para algunos de nosotros las intenciones siguen contando.
    </p><p class="article-text">
        Y en relaci&oacute;n a esto &uacute;ltimo, vaya intenciones tienen con nosotros en estos d&iacute;as cuando, sin lugar a duda, la izquierda esta derrotada en los escenarios pol&iacute;ticos y se reinventa dolorosamente desde la juventud, la precariedad, la desigualdad y las redes sociales. Cuando sus representantes pol&iacute;ticos decidieron dejar atr&aacute;s el marxismo y encaminarse hacia un consenso liberal multilateral con otras fuerzas, fallaron al no anticipar que Marx es inmortal y, como no, vuelve aparecer en el discurso digital progresista de hoy.
    </p><p class="article-text">
        <strong> Una herramienta infinita para redescubrirse como clase, ahora jugando en las redes</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la era digital, la figura del pensador alem&aacute;n vuelve a ser reescrita por en&eacute;sima vez para poner de manifiesto el delicioso delirio que la posmodernidad es capaz de ofrecernos. Desde Europa hasta Asia y pasando por el feudo capitalista estadounidense, una nueva ola de j&oacute;venes est&aacute;n hoy descubriendo de una forma peculiar la ret&oacute;rica a trav&eacute;s de la cual Marx dio voz &ndash;anticipadamente- a un siglo entero de comunismo mundial. Estas generaciones distintas entre s&iacute;, m&aacute;s que alejadas de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica europea o de las escuelas sociol&oacute;gicas acad&eacute;micas, han llegado a ser sin embargo el m&aacute;ximo pilar revolucionario en la actualidad, y los llamados &ldquo;memes&rdquo; de Internet sirven como canal para transmitir estas ideas.
    </p><p class="article-text">
         Desde hace relativamente pocos a&ntilde;os, el mundo acad&eacute;mico occidental presta gran atenci&oacute;n a obras como las del esloveno Slavoj Zizek, dedicadas a plasmar de manera vulgar los excesos del capitalismo neoliberal. Zizek es admirado en Facebook y Twitter, pero al mismo tiempo es le&iacute;do en aulas universitarias. Se trata de memes divertidos en los que Stalin manda a tus amigos de las redes sociales a un <em>gulag </em>siberiano o simples representaciones caricaturescas sobre la desigualdad de oportunidades en el mundo. Estos canales constituyen hoy la manera m&aacute;s eficaz por la que muchos j&oacute;venes dan el primer paso hacia el inter&eacute;s por la izquierda, en la mayor&iacute;a de casos desubicados y desinformados, en un contexto en el que, en palabras del fil&oacute;sofo coreano Byung Chul Han en su reciente entrevista a El Pa&iacute;s, el triunfo neoliberal nos remata con su m&aacute;ximo triunfo: la auto-explotaci&oacute;n humana en busca de la riqueza y la invisibilizaci&oacute;n de los culpables en estos tiempos turbulentos.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;milennial&rdquo;, un t&eacute;rmino que no me acaba de convencer, tan dispuesto a renovar las precepciones sociales y emplear el marxismo en la simbolog&iacute;a cultural para empoderar a las minor&iacute;as de una forma sin precedentes, tiene ahora su oportunidad. No parece acabar de moldear una estrategia. Si bien el comunismo de corte sovi&eacute;tico ha mostrado ser incapaz de exprimir las ideas de Marx (y los pensadores que influenci&oacute;) al completo, el turno para redefinir a Marx lo tienen ahora los j&oacute;venes y las redes. Y no temo decir que podr&iacute;a ser el &uacute;ltimo intento que, qui&eacute;n sabe c&oacute;mo, se nos ha &ldquo;permitido&rdquo; crear.
    </p><p class="article-text">
        Las dificultades de los j&oacute;venes europeos por acoplarse a la sociedad actual, algo que no hab&iacute;a ocurrido en mucho tiempo, junto al car&aacute;cter reivindicativo que las redes han dado a la vida cotidiana, quieren decir ni m&aacute;s ni menos que los culpables han sido hallados. Se les ve, se les siente, pero quiz&aacute;s nadie sabe si a&uacute;n es posible derrotarlos. En 2018, Karl Marx vuelve a ser la herramienta te&oacute;rica por la que los &ldquo;de abajo&rdquo; logran sacar a los &ldquo;de arriba&rdquo; de su invisibilidad. Hoy la representaci&oacute;n de Marx va mucho m&aacute;s all&aacute; que los intentos pol&iacute;ticos del pasado. Los movimientos que han tenido la valent&iacute;a de mantenerlo como referente en sus respectivas aspiraciones econ&oacute;mico-sociales, muchas de las cuales Marx no habr&iacute;a podido imaginar, solamente quieren mantener vivo el car&aacute;cter combativo de las sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Marx ya no es solo comunismo. Marx es &ldquo;meme&rdquo;. Y quien utilice las redes sociales sabe aquello que significa actualmente convertirse en &ldquo;meme&rdquo;. Las ideas que Marx utiliz&oacute; para explicar el funcionamiento de su mundo y las soluciones que propuso se reescriben hoy por la velocidad y la diversidad de la sociedad, hasta el punto de quedar solamente una herramienta en la que el mundo se basar&aacute; siempre para despertar. Su esencia permanece. M&aacute;s que desearle un feliz cumplea&ntilde;os al protagonista de hoy, habr&iacute;a que darle la enhorabuena por ser capaz de mantenerse como s&iacute;mbolo infinito de unas realidades de clase que existir&aacute;n hasta el final de los d&iacute;as. Incluso cuando deje de ser un rostro, un meme&hellip; y sea redefinido de nuevo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/marx-aniversario-elegido-rescatado-posmodernidad_132_2771961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 May 2018 09:30:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marx en su 200 aniversario: el elegido rescatado por la posmodernidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Karl Marx]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Hacer lo mismo de siempre ahora les sale más caro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/hacer-mismo-siempre-ahora-sale_132_2160239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44807784-a990-48a1-918a-8d2863276b58_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La ONU volverá a Duma para estudiar la seguridad tras ser objeto de disparos"></p><p class="article-text">
        Es curioso observar los &uacute;ltimos acontecimientos en torno a Siria, pero mucho m&aacute;s si uno es consciente del contexto comunicativo en el que se percibe por parte del ciudadano occidental. Durante los siete a&ntilde;os en los que el conflicto sirio se ha convertido en un tablero de disputas internacionales (pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas), la capacidad p&uacute;blica de discernir los mensajes importantes y anticipar cat&aacute;strofes ha ido en declive. En un momento en el que pr&aacute;cticamente todas las asociaciones internacionales advierten del riesgo de las <em>fake news</em> (noticias falsas) en redes sociales, algunos nos preguntamos si no es quiz&aacute;s demasiado tarde. En pleno 2018, un momento de incertidumbre y caos geopol&iacute;tico, tambi&eacute;n redistribuci&oacute;n de poder internacional entre nuevos (y reforzados) gigantes, la vieja alianza occidental no es capaz esta vez de salirse con la suya tan honradamente, como nos tiene acostumbrados.
    </p><p class="article-text">
        La primera ministra brit&aacute;nica Theresa May es a d&iacute;a de hoy un simple espejismo que acaba de volver a comprometer a su pa&iacute;s con este &ldquo;episodio de venganza norteamericana&rdquo;, en palabras del l&iacute;der pol&iacute;tico franc&eacute;s J.L. M&eacute;l&eacute;nchon, esquivando no solamente la oposici&oacute;n tit&aacute;nica de sus ciudadanos y el apoyo creciente a la oposici&oacute;n laborista, sino tambi&eacute;n el voto sagrado que deber&iacute;a emitir su parlamento. Todo ocurre tan de prisa que no somos capaces de observar que esto no se trata de ataques qu&iacute;micos ni protecci&oacute;n espont&aacute;nea de derechos fundamentales, los cuales ignoran con vehemencia cuando en estos momentos bombardean Damasco sin importar a quien se lleven por delante. Tanto Estados Unidos como sus c&oacute;mplices est&aacute;n llevando a cabo aquello a lo que se comprometieron mucho tiempo atr&aacute;s: no perder ni un metro m&aacute;s de terreno en la disputa por recursos naturales y dominio regional.
    </p><p class="article-text">
        Una administraci&oacute;n enferma y psic&oacute;tica en Washington no ha sido suficiente para convencer a Europa de buscar una identidad propia ante los problemas del mundo. Las voces que lo buscan desde Bruselas son a&uacute;n tibias. Mientras miles de familias inocentes est&aacute;n siendo asesinadas a 300 kil&oacute;metros de Chipre, Uni&oacute;n Europea, todos nosotros somos bombardeados con un repertorio de desinformaci&oacute;n y manipulaci&oacute;n jam&aacute;s vistas anteriormente. Se trata, sin duda, de una tragicomedia en la que la opini&oacute;n p&uacute;blica responsable se ha diluido y tan solo van quedando dos polos opuestos en las calles: aquellos que ven las injusticias de nuestros representantes sin poder hacer demasiado, y otros que adoran al todopoderoso soldado americano que nos protege del peligro inminente para nuestra civilizaci&oacute;n, Rusia. Todos nosotros envueltos bajo una manta de <em>clickbait</em> y desconocimiento de causa. Parece importarnos todo lo que pasa pero &uacute;nica y exclusivamente cuando se nos ordena as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Para Estados Unidos, Francia y Reino Unido es m&aacute;s que arriesgado perseguir sus deseos de poder. La manipulaci&oacute;n enfermiza ha demostrado tener un efecto inverso al esperado por ellos. Desde hace pocos a&ntilde;os, adem&aacute;s, la capacidad rusa de plantar cara ante escenarios como el ucraniano o la madurez, le pese a quien le pese, del r&eacute;gimen norcoreano en comparaci&oacute;n a EE.UU. no ha hecho m&aacute;s que agravar el problema. Efectivamente, Rusia no es una pared a la que puedas golpear eternamente sin obtener respuesta. Putin tambi&eacute;n tiene sus l&iacute;neas rojas y parece estar en paz con la idea de que las relaciones internacionales se deteriorar&aacute;n dram&aacute;ticamente tras este terremoto en el tablero sirio.
    </p><p class="article-text">
         En un momento en el que el mapa del pa&iacute;s comenzaba a mostrar signos de un posible final, la simple presencia de Al-Assad al mando de la situaci&oacute;n causa m&aacute;s molestias que nunca. Una soluci&oacute;n pac&iacute;fica que no suponga la victoria no conviene a los nuestros. Han acorralado el planeta con bases militares en nombre de la salvaci&oacute;n y la democracia. Han creado una guerra internacional y generado terrorismo y violencia, han desencadenado olas migratorias de millones de refugiados y han dejado decenas de pa&iacute;ses en la ruina. No se permiten perder una partida en la cual lo han apostado todo. Lo que quiz&aacute;s no esperaban, en cambio, es no ser capaces de seguir disfrazando sus intenciones ante una sociedad abierta que les mira.
    </p><p class="article-text">
        No permitamos que la pol&iacute;tica exterior estadounidense siga involucr&aacute;ndonos, causando terror en nuestras calles y sangre inocente en nuestras costas. Si bien intervenir en Irak o Libia deber&aacute; caer sobre la conciencia de aquellos a favor de entrometerse, nosotros, los no intervencionistas, no estaremos preocupados ni un momento por desconfiar en que hacer pedazos a los sirios servir&aacute; como lecci&oacute;n a un r&eacute;gimen sangriento. Obviemos lo que nos digan y miremos un poco a nuestro alrededor. Yo lo hago cada vez que me encuentro en mi ciudad natal (Constanza, Ruman&iacute;a), base naval clave de la OTAN en un Mar Negro que comparte con Crimea y Estambul,  sobre la cual se pasean los cazas americanos y brit&aacute;nicos durante todo el d&iacute;a para &ldquo;asustar&rdquo; a Putin y alimentar una carrera armament&iacute;stica billonaria en el este de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Es alarmante que las naciones que nunca han formado parte del club de los &ldquo;h&eacute;roes&rdquo; no tengan hoy otra alternativa que improvisar a diario su pol&iacute;tica exterior y balancearse entre modelos distantes, mentalidades y aliados para salir adelante. Me gustar&iacute;a imaginar un escenario en el que nuestros futuros y nuestras fronteras no sean trazados por ellos. Me pregunto si llegar&aacute; el momento en el que los que no son capaces de dejar en paz al resto del mundo pagar&aacute;n y no lo haremos nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/hacer-mismo-siempre-ahora-sale_132_2160239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Apr 2018 08:09:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Hacer lo mismo de siempre ahora les sale más caro”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Siria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los “ganadores” no vemos que somos pobres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/andrei-serban-opinion_132_3044978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Un nuevo y estremecedor informe de <a href="http://ec.europa.eu/eurostat/web/products-eurostat-news/-/EDN-20171120-1?inheritRedirect=true&amp;redirect=%2Feurostat%2F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eurostat </a>nos vuelve a recordar en qu&eacute; se est&aacute;n convirtiendo Espa&ntilde;a y Europa. Uno m&aacute;s. Seg&uacute;n el documento, en 2016 Espa&ntilde;a fue el quinto pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea con mayor pobreza infantil y riesgo de exclusi&oacute;n social entre los menores, con un 32,9% de ellos en esta situaci&oacute;n. Los &uacute;nicos pa&iacute;ses que se sit&uacute;an por encima son Ruman&iacute;a (49%), Bulgaria (45%), Grecia (38%) y Hungr&iacute;a (33%). Al observar los datos para el a&ntilde;o 2010, en plena recesi&oacute;n europea e internacional, la cifra espa&ntilde;ola fue superior en tan solo cuatro d&eacute;cimas. De acuerdo, la recuperaci&oacute;n esculpida por el Partido Popular es la ya conocida mentira del nuevo empleo, escaso y precario, y de los millones de ciudadanos dejados atr&aacute;s. Pero hay otra realidad aterradora detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza de los menores en Grecia ha aumentado hasta ocho puntos desde 2010, mientras que las dos naciones que encabezan la tabla presentan n&uacute;meros muy similares a los convulsos a&ntilde;os en los que ingresaron en la Uni&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; es aquello que no est&aacute; haciendo bien Europa? Una pregunta compleja. El pa&iacute;s con mayor pobreza infantil tiene la econom&iacute;a con mayor crecimiento de los 28 durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo es posible? Las lecciones de moralidad y los castigos contra la rebeld&iacute;a no faltan en Bruselas. Las lecciones para combatir la discriminaci&oacute;n contra las minor&iacute;as &eacute;tnicas tampoco, pero ning&uacute;n aumento de pol&iacute;ticas sociales para acercar las numerosas distancias europeas. Las hay en exceso. En cambio, la propuesta de una especie de federaci&oacute;n con distintas velocidades, una Europa esperp&eacute;ntica e irreconocible con la desigualdad y la falta de una postura unida como banderas, est&aacute; sobre la mesa.
    </p><p class="article-text">
        Demasiados charlatanes instalados arriba, all&aacute; donde jam&aacute;s pertenecieron. Son demasiados poderes que juegan con la habilidad de las sociedades de sobreponerse al sufrimiento y adaptarse en tiempos de tempestad. Aguantar, acostumbrarnos y seguir. Cada vez con menos. Es lo que hemos hecho hist&oacute;ricamente en la periferia europea a cambio de unos  pocos a&ntilde;os de bonanza al siglo&hellip; y lo saben. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ellos han aumentado sus fortunas. Sus hijos no saldr&aacute;n en ninguna estad&iacute;stica preocupante. Si os preguntabais cual iba a ser nuestro final, Orwell o Huxley, parece que se trata de una simbiosis entre ambos. Esa peligrosa sensaci&oacute;n de felicidad e indiferencia estando rodeados de pobreza y manipulaci&oacute;n de corte vertical. El futuro es ahora, se&ntilde;or Huxley. Su fantas&iacute;a es nuestra realidad.
    </p><p class="article-text">
        Si hay algo que nos une a los j&oacute;venes europeos sobre cualquier otra cosa, es quiz&aacute;s el nuevo modelo de Iphone que acaba de salir a la venta. Unas d&eacute;cadas atr&aacute;s lo eran los timbres, las postales, los conciertos  y la esencia genuina de cada sitio. Hoy tenemos los mismos gustos de Grecia a Escocia. Las mismas maneras de disfrutar. Los mismos filtros para relatar nuestro d&iacute;a a d&iacute;a en Instagram y Facebook.  Mientras la desigualdad galopa a ritmos vertiginosos, un solo elemento permanece intacto: la fina c&aacute;scara exterior que hace parecer que somos iguales. Igual de ricos (econ&oacute;mica y &eacute;ticamente). Poco importa que unos retrocedan democr&aacute;ticamente, que algunos aumenten los derechos de sus ciudadanos mientras otros emplean culturas pol&iacute;ticas decimon&oacute;nicas que venden su soberan&iacute;a y menosprecian a su gente. Pero&hellip; &iexcl;Que no se toque la libertad (falsa) que tenemos! A ellos les transmite seguridad el hecho de que cada familia intente proteger lo suyo en lugar de arriesgarse y luchar por lo que todo un colectivo necesita. Y lo que cada familia tiene es cada vez menos. El riesgo de actuar es mayor.
    </p><p class="article-text">
        Tras mis viajes recientes por Europa, llego a la conclusi&oacute;n de que las cifras de pobreza podr&iacute;an dispararse a&uacute;n m&aacute;s. Mientras, un joven graduado espa&ntilde;ol o griego ver&aacute; con buenos ojos un salario &iacute;nfimo y unas condiciones precarias que  diez a&ntilde;os atr&aacute;s le hubieran parecido &ldquo;tercermundistas&rdquo;. El adolescente com&uacute;n polaco, rumano o dan&eacute;s &ldquo;caza&rdquo; Pok&eacute;mons con su tel&eacute;fono, viaja, ve &ldquo;Juego de Tronos&rdquo; y retrata su estilo de vida en Instagram. Aunque no pueda salir todas las semanas ni permitirse tantas cosas como antes. Todos lo hacemos. A pesar de todo, resulta obvio que pase lo que pase podamos creer que estamos en una sociedad desarrollada. La realidad es otra: alrededor de algunos, m&aacute;s o menos cerca, existen miles de familias numerosas sin hogar, viviendo en condiciones que no aparecen en Instagram y no podemos ver, incapaces de ofrecer comida o educaci&oacute;n a sus hijos y alimentados en comedores sociales. Alrededor de otros, no. Unos pocos valientes se arriesgan a emigrar en busca de un futuro mejor (y mucho m&aacute;s inc&oacute;modo). &iquest;Y el resto? Sin conocer &ldquo;otras&rdquo; realidades, demasiados deciden mirar para otro lado, creer que son m&aacute;s que otros, que alg&uacute;n d&iacute;a ser&aacute;n &ldquo;ganadores&rdquo;.  Aunque ya no sean nada en absoluto.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; hemos llegado, al momento de mirar el otro extremo de la estad&iacute;stica de Eurostat. Parece que en Estonia, Suecia o Dinamarca tienen muy claro que son y siempre ser&aacute;n &ldquo;perdedores&rdquo;, no como nosotros. Son capaces de ver la probabilidad de que un obrero llegue a ser un gran empresario, nosotros no tanto. Ya lo dijo un <a href="https://www.youtube.com/watch?v=kbpY-2nOYRI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">video viral </a>de Internet sobre el asunto. Ellos prefieren exigir a los de arriba una sanidad gratuita y puntera para perdedores, un sistema de transporte para todos los perdedores o una educaci&oacute;n para perdedores. Hasta nueva orden, disfrutemos de nuestras cifras ganadoras. Yo, t&uacute;, el hombre que est&aacute; buscando comida en el contenedor del barrio, nosotros. Todos somos ganadores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/andrei-serban-opinion_132_3044978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Nov 2017 09:18:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los “ganadores” no vemos que somos pobres]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Berlín, ¡No puedes fallar!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/berlin-puedes-fallar_132_3136513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f493bac-0b3b-4c38-8326-2870299681f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Alexander Gauland y Alice Weidel en una reunión del partido AfD"></p><p class="article-text">
        Como en tantos otros rincones de un continente reci&eacute;n reconciliado con su pasado, las diferencias entre la antigua Alemania oriental y el resto del pa&iacute;s contin&uacute;an siendo relevantes al analizar sus sociedades, econom&iacute;as e incluso tradiciones culturales. La pol&iacute;tica nunca ha sido una excepci&oacute;n. Quiz&aacute;s nadie estaba preparado para tomar las riendas de esta m&aacute;quina defectuosa en caso de una derrota de la canciller Merkel. Pero los casi seis millones de votos obtenidos dos semanas atr&aacute;s por <em>Afd</em> (Alternativa para Alemania), fuerza ultra-nacionalista situada en tercer lugar en el Bundestag, revelan una realidad escalofriante de la sociedad europea que ya ni siquiera el resto de actores intentan (ni pueden) maquillar.
    </p><p class="article-text">
        Los detalles nos son ya familiares. Las regiones en las que <em>Afd</em> ha obtenido mayor&iacute;as aplastantes o un n&uacute;mero preocupante de asientos se concentran en el este profundo del pa&iacute;s. Es all&iacute; donde el tradicionalismo social heredado  del r&eacute;gimen socialista que capitul&oacute; en 1989 se entremezcla con las zonas industriales m&aacute;s deterioradas, la menor productividad econ&oacute;mica y el mayor desempleo de Alemania. En tal escenario los triunfadores han vuelto a ser las alternativas a los dos grandes partidos hist&oacute;ricos, tanto desde la derecha pol&iacute;tica como en el caso de <em>Grune</em> (Los Verdes) o <em>Die Linke</em> (La Izquierda), que se hizo con feudos como el este de Berl&iacute;n. Escuchando las sesiones de debate del parlamento europeo, en las que parece que cada uno busca imponer su modelo de reforma de la UE y pocos plantean soluciones inmediatas, resulta complicado hallar referencias a las m&uacute;ltiples velocidades culturales que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        Europa puede significar muchas cosas, pero tambi&eacute;n tradici&oacute;n y conservadurismo. Y desde su coraz&oacute;n geogr&aacute;fico e hist&oacute;rico, su incompatibilidad con el discurso tolerante de occidente ha llevado al continente a vivir una tensi&oacute;n perpetua. Puede que no sea el caso de Londres o Paris, pero la ciudad del muro siempre fue el eje de este coraz&oacute;n continental. La lideresa de <em>Afd</em> Alice Weidel, opuesta a procesos como la libertad plena para parejas del mismo sexo, reconociendo que ella misma es lesbiana, abandon&oacute; su posici&oacute;n la ma&ntilde;ana siguiente a los comicios. Ella y otros miembros de sus filas, fotografiados de noche colgando carteles sat&iacute;ricos sobre inmigrantes y Angela Merkel, pueden dar una sensaci&oacute;n de superficialidad que cada d&iacute;a demuestra ser justo lo contrario. Acostumbrados a unas &eacute;lites pol&iacute;ticas poco dispuestas a cumplir sus promesas electorales, occidente est&aacute; viendo ahora por primera vez que los demagogos como el presidente Trump, en cambio, s&iacute; cumplen cada uno de sus deseos.
    </p><p class="article-text">
        La hist&oacute;rica decisi&oacute;n de Merkel de dar luz verde a un sistema de cuotas que aloje e integre una cantidad sin precedentes de refugiados no comunitarios en Europa, y en Alemania sobre todo, ha evidenciado nuestras velocidades culturales. El centro de Europa, hasta hace poco inmerso en un crecimiento extraordinario motivado por la integraci&oacute;n europea y el movimiento  libre de trabajadores al extranjero, no ha tenido un papel predominante en el bloque. En este momento, no obstante, tanto Polonia  como Hungr&iacute;a, Eslovaquia y la Rep&uacute;blica Checa han llegado a ser los mayores dolores de cabeza que Bruselas hubiese podido imaginar. El tri&aacute;ngulo de las Bermudas. La nueva entente. La Europa vieja e inmudable, ahora en una posici&oacute;n favorable y liderada por nacionalistas &ldquo;semi-euroesc&eacute;pticos&rdquo; (cuando reciben los fondos mensuales de Europa se alivia todo un poco). Intentos de reformar la justicia a favor del gobierno o recortes en libertades civiles son los resultados que nuestro amigo Orban y los polacos de Ley y Justicia ofrecen a los suyos a cambio de encerrar sus naciones. &iquest;Nadie ve que aqu&iacute; est&aacute; la sorpresa que puede amenazar Europa, y no un divorcio como el Brexit?
    </p><p class="article-text">
        Soci&oacute;logos como A. Roth han escrito que el multiculturalismo siempre ha estado m&aacute;s presente en el centro y este de Europa que en la parte occidental. Por ello mismo, en las d&eacute;cadas recientes el giro total de esta situaci&oacute;n ha llevado a esta &uacute;ltima a convertirse en la m&aacute;s pr&oacute;spera y plural que conocemos. &iquest;Qu&eacute; nos queda en el otro lado? Fronteras forzadas que mantienen m&aacute;s conflictos, odio y rencor que etnias y religiones aglutinadas, si es que es posible. Una vez m&aacute;s, Berl&iacute;n siempre fue y ser&aacute; parte de esta segunda mitad, la &uacute;nica pieza que puede contener al resto.
    </p><p class="article-text">
        El coraz&oacute;n de Europa est&aacute; siendo atacado por aquellos que invocan los &ldquo;valores occidentales&rdquo; para sembrar el odio entre sus ciudadanos, tocados y hundidos. Si la reelecci&oacute;n de Angela Merkel puede tener una lectura positiva, se trata del mensaje firme de control que vuelve a emitir a los &ldquo;hermanos rebeldes&rdquo; de Alemania. A la nueva temida entente anti-liberal le falta su hermano mayor, sin el que continuar&aacute;n sus experiencias frustradas. Alemania no debe caer porque, no s&eacute; qui&eacute;n me ha contado esto, siempre que cae lo hacen todos los que est&aacute;n en sus brazos. El este ya est&aacute; empezando a unirse a sus vecinos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/berlin-puedes-fallar_132_3136513.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Oct 2017 11:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Berlín, ¡No puedes fallar!]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Corbyn y el renacimiento de la izquierda en Europa occidental: tan sorprendente como real]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/corbyn-renacimiento-europa-occidental-sorprendente_1_3298251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb2ef95c-0b84-449b-8fcc-e84e0c86c2fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Jeremy Corbyn, invitado al festival juvenil de música Glastonbury, junio 2017"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Gran parte de Europa creía que el continente estaba condenado a experimentar unos nuevos “años 30”. Con la política tradicional debilitada y fuera del juego, las crecientes fuerzas alternativas dependían exclusivamente del nacionalismo y populismo de derechas. Tras la victoria de Donald Trump y el Brexit, aún resulta inconcebible cómo las fuerzas progresistas logran recuperarse, abriendo un camino distinto para los votantes en busca desesperada de alternativas. Jeremy Corbyn lo confirmó el 8 de junio.</p></div><p class="article-text">
        <strong>La historia de un divorcio entre partidos de los trabajadores y personas </strong>
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n hay gente que recuerda c&oacute;mo sol&iacute;an ser los partidos socialistas occidentales hasta los a&ntilde;os 70&rsquo;. En efecto, conten&iacute;an un claro elemento de oposici&oacute;n al liberalismo, incluso al anti-marxismo. Para muchos de ellos, como el caso franc&eacute;s, por ejemplo, los partidos comunistas instalados en el poder en el este de Europa eran vistos con envidia (tambi&eacute;n con aspiraci&oacute;n) como peculiares &ldquo;hermanos mayores&rdquo;. La d&eacute;cada siguiente se lo llev&oacute; todo por delante. Antes del desplome econ&oacute;mico y los cambios dram&aacute;ticos ocurridos a econom&iacute;as, poderes p&uacute;blicos y ciudadanos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el modelo bipartidista marc&oacute; la norma en numerosos estados de Europa. El hecho de que estos dolorosos a&ntilde;os acabaran con el triunfo abrumador de grupos conservadores y pro-austeridad (desde parlamentos nacionales a instituciones europeas) signific&oacute; que la izquierda europea se hallaba en su mayor apuro hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        De hacer caso a aquello a lo que est&aacute;bamos acostumbrados, el paso l&oacute;gico a seguir tras a&ntilde;os de fracaso conservador deb&iacute;a ser cambiarlos por los socialdem&oacute;cratas, nuestra alternativa de toda la vida en nuestro mundo &ldquo;bidimensional&rdquo;. Sin sorprender a nadie, la izquierda estaba ya fuera del esquema, dudosamente preparada para el poder. No solamente el Partido Laborista heredado de Blair era visto como un mero disfraz continuista y neoliberal de los conservadores. De norte a sur, las fuerzas izquierdistas de Europa quedaron atrapadas en la visi&oacute;n de sus viejas facciones. El caso espa&ntilde;ol lo ejemplifica a la perfecci&oacute;n. Si no mucho tiempo atr&aacute;s lograron convertirse en la esperanza de la mayor&iacute;a por un futuro mejor para familias trabajadoras y peque&ntilde;os negocios, sus tremendas victorias electorales se transformaron en recuerdos. Los ciudadanos continuaron votando a nacionalistas y tradicionalistas empedernidos, en lugar de otros que falsamente afirmaban no serlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un grito desde el mediterr&aacute;neo...</strong>
    </p><p class="article-text">
        En medio de recortes masivos en educaci&oacute;n, sanidad o empleo, Espa&ntilde;a y Grecia, gobernadas por la derecha, fueron especialmente golpeadas por la recesi&oacute;n. Sin ir m&aacute;s lejos, el esc&aacute;ndalo originado por el famoso rescate financiero y las expectativas de Bruselas sobre un pa&iacute;s en agon&iacute;a colmaron el vaso. Qued&oacute; entonces claro que para millones de personas en situaci&oacute;n de pobreza m&aacute;xima la izquierda a la que deb&iacute;an mirar como modelo los partidos no era ya la escandinava. Fue en este contexto &uacute;nico cuando Podemos y Syriza emergieron de los barrios trabajadores y organizaciones de la sociedad civil.
    </p><p class="article-text">
        Consisten en todo aquello que las &eacute;lites odian: socialistas abiertos, progresistas, tolerantes y modestos. Llevar camisetas en un parlamento y presentar medidas anti-liberales les situ&oacute; (y lo sigue haciendo) en medio de una masacre medi&aacute;tica de titulares vergonzosos, mentiras y comparaciones con Corea del Norte o Venezuela. Mucha gente desconoce que el mismo tratamiento se le ha aplicado al socialista M&eacute;l&eacute;nchon en las pasadas presidenciales francesas. Los social-dem&oacute;cratas europeos estaban dormidos en aquel momento, pero result&oacute; suficiente para hacerles ver que sobrevivir implica cambiar. Est&aacute; sucediendo demasiado tarde y lento. Pero si muchos pensamos que Europa estaba condenada a un <em>d&eacute;j&agrave; vu</em> con respecto a los a&ntilde;os 30&rsquo;, son menos las voces que lo afirman hoy. Gran parte de la izquierda ha comenzado un complejo proceso de &ldquo;radicalizaci&oacute;n&rdquo;, como algunos prefieren llamarlo, y de nuevo no es sorprendente que la juventud (y no solo ella) no tema al cambio. Jeremy Corbyn es una parte incondicional de la recuperaci&oacute;n de la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La confirmaci&oacute;n: Jeremy Corbyn hace historia el 8 de junio de 2017</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tras arruinar a la clase obrera brit&aacute;nica, Thatcher fue desalojada del poder por los laboristas en 1997 con una hist&oacute;rica mayor&iacute;a de votos. La superficialidad que Blair y Brown han mostrado como primeros ministros de cara a la sociedad brit&aacute;nica acab&oacute; por diluir, desde entonces, las expectativas de los suyos. El desenlace fue el rid&iacute;culo sin precedentes de Miliband como candidato laborista frente a Cameron, en 2015. Los votantes de izquierdas brit&aacute;nicos no han desaparecido en ning&uacute;n momento, ni siquiera en 2015. Estaban all&iacute;, ansiosos por lo que parec&iacute;a imposible. Desde que Corbyn accedi&oacute; al mando del partido tras el fracaso electoral, su trayectoria ha sido marcada por m&aacute;s ataques desde sus propias filas que desde la oposici&oacute;n. Es de suponer, pues, que esta es la reacci&oacute;n de la &ldquo;vieja izquierda&rdquo; cuando un rebelde &ldquo;hippie&rdquo; llega hasta all&iacute;. Cuando a comienzos de 2017 la sociedad intent&oacute; ver quien es Corbyn realmente, las campa&ntilde;as medi&aacute;ticas dejaron de tener efecto y en tan s&oacute;lo un mes la diferencia respecto a Theresa May pas&oacute; de 20 puntos en los sondeos a dos el 8 de junio. Es una pena que las elecciones no se hayan celebrado una semana m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        Si bien gran parte de la Europa oriental y central no puede encajar en esta tendencia renovadora, sus ciudadanos mantienen el vivo recuerdo del sacrificio que supuso integrarse y convertirse en europeos pocos a&ntilde;os atr&aacute;s. En multitud de ocasiones las fuerzas de izquierda post-sovi&eacute;ticas conservan un elevado nivel de corrupci&oacute;n y tradicionalismo, algo que comienza a chocar con las generaciones j&oacute;venes. S&iacute;, Polonia o Hungr&iacute;a est&aacute;n gobernadas por partidos nacionalistas dispuestos al aislacionismo. Pero tambi&eacute;n miles de mujeres polacas marcharon valientes en contra de la prohibici&oacute;n del aborto y en febrero 600.000 rumanos salieron a la calle para impedir al gobierno social-dem&oacute;crata legalizar la corrupci&oacute;n y el fraude en un estado de la UE. El destino de la izquierda progresista en la regi&oacute;n es tan turbio como dependiente de su &eacute;xito en occidente, pero no imposible a muy largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que el voto por el Brexit ha ayudado a la &ldquo;nueva izquierda&rdquo; en cualquier modo posible. En concreto, ha ayudado a la nueva ola de europe&iacute;smo que el continente acontece.&nbsp; Ha ayudado a un SPD alem&aacute;n que pronto se ver&aacute; las caras con Merkel. Incluso a alg&uacute;n que otro no-socialista como el nuevo presidente franc&eacute;s Emmanuel Macron. Muchos ingleses lamentan su decisi&oacute;n en el pasado refer&eacute;ndum, otros reconocen que el pa&iacute;s no se dirige a ning&uacute;n lado. Con independencia de ello, Brexit y Trump han ayudado a Europa (incluso a los brit&aacute;nicos, partidarios de la UE o no) a entender que decisiones tan trascendentales como el Brexit ser&iacute;an mejor gobernadas por la izquierda. El fen&oacute;meno M&eacute;l&eacute;nchon en Francia no ha sido coincidencia en la famosa lucha a cuatro por la presidencia. En casos como el espa&ntilde;ol o el italiano, peque&ntilde;as aportaciones como la vuelta de Pedro S&aacute;nchez al mando del PSOE son positivas, pero queda mucho por hacer. El ejemplo se encuentra en Reino Unido. Para Nigel Farage o Le Pen este iba a ser el a&ntilde;o de las sorpresas. Y en efecto as&iacute; ha ocurrido, pero no como ellos quisieron. En el caso de Jeremy Corbyn, 2017 ha sido la &uacute;nica oportunidad para que su partido cambiara y no acabara extingui&eacute;ndose. No solamente ha funcionado, sino que el &ldquo;viejo socialista&rdquo; y los suyos han dejado de ser puestos en duda y preparan &nbsp;el champ&aacute;n para los comicios de 2021.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrei Serban]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/corbyn-renacimiento-europa-occidental-sorprendente_1_3298251.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Jul 2017 07:50:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Corbyn y el renacimiento de la izquierda en Europa occidental: tan sorprendente como real]]></media:title>
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