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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ramón Qu]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ramon_qu/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ramón Qu]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El 'Discurso del método' o la búsqueda del tesoro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/discurso-metodo-busqueda-tesoro_132_3247672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6fdf0789-d8ca-4970-a14d-b2b42d7894ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Rosa de los vientos - Jan Janssonius."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Examinamos la evolución intelectual de René Descartes en el camino hacia el mayor de sus hallazgos filosóficos en una de las obras definidoras de la modernidad.</p></div><p class="article-text">
        El <em>Discurso del m&eacute;todo</em> no es una obra filos&oacute;fica en sentido estricto. Es una historia, la narraci&oacute;n de una vida intelectual. Casi como en una novela de aventuras, se nos narra una peripecia, la b&uacute;squeda del m&aacute;s importante de los tesoros: la verdad.
    </p><h3 class="article-text">So&ntilde;ando con el tesoro de la verdad</h3><p class="article-text">
        Nuestro protagonista, Ren&eacute; Descartes, es un joven inquieto, insatisfecho, bien educado. Su &eacute;poca es una era de crisis en lo social, de guerras en lo pol&iacute;tico, de quiebra del principio de autoridad y de escepticismo en el mundo del pensamiento. As&iacute; se nos presenta &eacute;l mismo:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Me eduqu&eacute; en las letras desde mi infancia y como me aseguraban que por medio de ellas se pod&iacute;a adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es &uacute;til para la vida, ten&iacute;a extremado deseo de aprenderlas. Pero tan pronto termin&eacute; el curso de los estudios, al cabo de los cuales se acostumbra a entrar en la categor&iacute;a de los doctos, cambi&eacute; por completo de opini&oacute;n. Me embargaban, en efecto, tantas dudas y errores que, procurando instruirme, no hab&iacute;a conseguido m&aacute;s provecho que el reconocer m&aacute;s y m&aacute;s mi ignorancia&raquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Como en los grandes relatos mar&iacute;timos, le podemos imaginar de adolescente paseando por el puerto, aburrido de la estrecha vida en tierra, so&ntilde;ando con surcar los mares en busca del gran tesoro:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&laquo;Por ello, tan pronto mi edad me permiti&oacute; salir del dominio de mis preceptores, abandon&eacute; completamente el estudio de las letras, y resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en m&iacute; mismo, o bien en el gran libro del mundo, emple&eacute; el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ej&eacute;rcitos, en tratar gente de diversos humores y condiciones, en recoger var&iacute;as experiencias, en ponerme a m&iacute; mismo a prueba en los casos que la fortuna me deparaba y en hacer siempre tales reflexiones sobre las cosas que se me presentaban, que pudiera sacar alg&uacute;n provecho de ellas&raquo;.
    </p><h3 class="article-text">La revelaci&oacute;n al calor de una estufa</h3><p class="article-text">
        Engolfado en estos viajes, a la edad todav&iacute;a temprana de 23 a&ntilde;os, en Alemania, donde &laquo;pasaba todo el d&iacute;a solo y encerrado, junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme por entero a mis pensamientos&raquo;, nuestro narrador tiene una iluminaci&oacute;n y descubre el mapa del tesoro, &laquo;el verdadero m&eacute;todo para llegar al conocimiento&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Primero, un criterio de verdad: la evidencia, es decir, la claridad y distinci&oacute;n en la idea que nos viene dada por la intuici&oacute;n; junto a esto el m&eacute;todo deductivo que, a imitaci&oacute;n de las matem&aacute;ticas, nos permite establecer cadenas de razonamientos.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, tres reglas: una, an&aacute;lisis para llegar a lo simple; dos, s&iacute;ntesis para ascender a lo complejo; tres, enumeraciones rigurosas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque ya tenga el mapa, a&uacute;n es pronto para fletar un barco y dirigirse a la isla del tesoro: &laquo;Mas como esto es la cosa m&aacute;s importante del mundo, y donde es m&aacute;s de temer la precipitaci&oacute;n y la prevenci&oacute;n, comprend&iacute; que no deb&iacute;a acometer esta empresa hasta llegar a una edad bastante m&aacute;s madura que la de 23 a&ntilde;os que entonces contaba, dedicando el tiempo a prepararme para ella&hellip;&raquo;
    </p><h3 class="article-text">La duda met&oacute;dica</h3><p class="article-text">
        A partir de entonces vive una &eacute;poca de preparaci&oacute;n, acumula experiencia, se ejercita en su m&eacute;todo, habita en la casa bien protegida de sus regla &eacute;ticas. Transcurridos nueve a&ntilde;os, seguro ya de sus fuerzas, se decide y emprende la larga traves&iacute;a por el oc&eacute;ano de la duda. Navegando en ella y por ella, destruye todas las creencias que hasta entonces hab&iacute;a tenido. Las provenientes de la autoridad -Arist&oacute;teles y la escol&aacute;stica-; las provenientes de la experiencia, de los sentidos; hasta las derivadas de su gran amor: las matem&aacute;ticas. Todas en ruinas.
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        Al final s&oacute;lo quedar&aacute; &eacute;l mismo, su conciencia. &iquest;Qu&eacute; soy? Se preguntar&aacute;. &laquo;Una cosa pensante&raquo; ser&aacute; su respuesta. El mapa del tesoro -su m&eacute;todo- le ha conducido al cofre enterrado, una proposici&oacute;n absolutamente verdadera por indudable: &laquo;Pienso, luego existo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ha encontrado el punto de apoyo que pidiera Arqu&iacute;medes. Ahora bien, &iquest;c&oacute;mo volver a puerto? &iquest;C&oacute;mo retornar a la patria? En su implacable duda met&oacute;dica, el narrador ha destruido todo y ha quedado encerrado en la isla de la subjetividad, del yo, de la conciencia. &iquest;Y si al fin y al cabo todo fuera una construcci&oacute;n de la mente? &iquest;Y si el mundo exterior fuese un sue&ntilde;o, pura fantasmagor&iacute;a? Peor a&uacute;n, &iquest;y si ni siquiera existiese? Entonces, &iquest;c&oacute;mo volver? &iquest;C&oacute;mo recuperar el mundo?
    </p><h3 class="article-text">La necesidad de un dios que no sea mentiroso</h3><p class="article-text">
        Encerrado en la idea, s&oacute;lo una Idea con may&uacute;scula puede asegurar la realidad. Una idea que por su propia esencia implique su existencia. Esa idea es Dios. De ah&iacute; la necesidad ineludible para el racionalismo idealista de Descartes de demostrar su &laquo;realidad&raquo;. Sin Dios el viaje introspectivo a la conciencia, la fundamentaci&oacute;n de las cosas en la mente, no tiene billete de vuelta.
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        Y nuestro narrador no s&oacute;lo demostrar&aacute; que Dios existe, tambi&eacute;n concluir&aacute; que en tanto perfecto no nos enga&ntilde;a: la verdad est&aacute; pues al alcance de la raz&oacute;n humana. Nuestro narrador ya puede volver al mundo, ya tiene barco, ya tiene oc&eacute;ano, ya tiene un viento favorable, ya nos puede traer a todos el gran tesoro: la certeza existe, el conocimiento indudable es posible para una mente bien dirigida. <em>Res cogitans</em> -la mente- m&aacute;s discurso del m&eacute;todo es igual a conocimiento de la <em>res extensa</em> -la materia-. La ciencia tiene v&iacute;a libre para conocer el mundo, una vez separado &eacute;ste del esp&iacute;ritu y convertido en mecanismo.
    </p><h3 class="article-text">La muerte de Dios</h3><p class="article-text">
        Siglos despu&eacute;s la duda vuelve de otra forma, porque cuando Descartes emprendi&oacute; su aventura mar&iacute;tima en busca del conocimiento, pertrechado con la duda y en busca de la certeza, hizo trampa: ten&iacute;a un flotador que le aseguraba el triunfo de su viaje; un flotador que, en caso de naufragio, le permitir&iacute;a volver a la superficie a respirar aire puro. Por m&aacute;s que fuese atacado por las tormentas de la duda, por m&aacute;s que se enredase en las algas de la subjetividad, la existencia de Dios le confirmaba que el &laquo;mundo&raquo; exist&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Muerto Dios la cosa se pone m&aacute;s dif&iacute;cil.</h3><p class="article-text">
        Y, hete aqu&iacute;, que, ahora, fil&oacute;sofos se preguntan si vivimos en un sue&ntilde;o de palabras, artistas dicen que sus obras son ininteligibilidades &iacute;ntimas y cient&iacute;ficos consideran in&uacute;til la pregunta de si detr&aacute;s de sus descripciones formales de las relaciones entre percepciones se esconde un mundo &laquo;real&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ese cogito, ese m&eacute;todo, esa raz&oacute;n desvinculada, se limita a conocer o nos empuja no s&oacute;lo a dominar la naturaleza, sino tambi&eacute;n a destruir&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; tipo de conocimiento nos da? &iquest;Qu&eacute; es lo que realmente conocemos con &eacute;l? Y, en &uacute;ltima instancia, &iquest;podemos <em>realmente</em> conocer lo <em>real</em>?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La duda encerrada en el sujeto nos conduce a dudar sobre la existencia del objeto. La traves&iacute;a iniciada por Descartes acaba en nuestro propio cerebro: s&oacute;lo conocemos nuestra forma de conocer. Callej&oacute;n sin salida, tiempo de lo inefable. Los que crean en la existencia de &laquo;lo real&raquo; m&aacute;s all&aacute; de nuestra subjetividad tendr&aacute;n que encontrar otro mapa del tesoro.
    </p><p class="article-text">
        Pero el comienzo del <em>Discurso del m&eacute;todo</em> sigue siendo una de las mayores proclamas a favor de la libertad e igualdad de los hombres: &laquo;El buen sentido es la cosa que mejor est&aacute; repartida en el mundo&hellip;&raquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Qu]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Aug 2017 18:20:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 'Discurso del método' o la búsqueda del tesoro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Filosofía]]></media:keywords>
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