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    <title><![CDATA[elDiario.es - Raúl Urquiaga]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/raul_urquiaga/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Raúl Urquiaga]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pedaleando por un Tajo vivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pedaleando-tajo-vivo_129_3245732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b2e4be76-289e-4101-ac93-5c8262458cbc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedaleando por un Tajo vivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como casi siempre, cuando la codicia humana pone sus garras en nuestro patrimonio fluvial, siempre salen perdiendo nuestros ríos... y sus gentes</p></div><p class="article-text">
        Por s&eacute;ptimo a&ntilde;o consecutivo ha tenido lugar la Ecomarcha. Durante dos semanas, organizadas por Ecologistas en Acci&oacute;n, un centenar de bicicletas recorre distintos puntos de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica con el objetivo de conocer y denunciar conflictos ambientales y sociales de los territorios por los que se pasa. Al ritmo pausado del pedaleo, se descubren luchas ecologistas, se conoce a gentes que dan su alma para evitar la degradaci&oacute;n de sus comarcas, a movimientos sociales que trabajan para hacer mejor sus pueblos y ciudades. No se trata de hacer cicloturismo y ni mucho menos de una marcha deportiva. Es un grupo unido de activistas que se trasladan en un medio de transporte sostenible al encuentro de la realidad ambiental de los territorios. &ldquo;No somos turistas, somos activistas&rdquo;, se corea en el pelot&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El grupo es variado y heterog&eacute;neo. Gentes de diversas procedencias, de aqu&iacute; y de all&iacute; y de m&aacute;s lejos. Todos los rangos de edad tienen cabida en la Ecomarcha: ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que pedalean junto a sus padres, adolescentes que son los m&aacute;s dispuestos para colgar una pancarta en lo m&aacute;s alto, j&oacute;venes de entre 20 a m&aacute;s de 60 a&ntilde;os. E, incombustible, est&aacute; Mariano que, un a&ntilde;o m&aacute;s, es acompa&ntilde;ado por su nieto.
    </p><p class="article-text">
        Entre pedalada y pedalada da tiempo para mucho. Se comparten vivencias, anhelos y sue&ntilde;os; se consolidan y se hacen amistades eternas; se charla de los temas m&aacute;s profundos y de los m&aacute;s banales; se canta, se r&iacute;e y se respira con fuerza. Lo material es ofrecido y repartido entre el grupo, con humildad y sin esperar nada a cambio: yo tengo un queso artesano, yo he comprado una sand&iacute;a reci&eacute;n salida de un huerto, ah&iacute; va otra ronda de cervezas, te arreglo los frenos de tu bici, te ayudo a cambiar un pinchazo... Y al dormir, hay un suelo comunitario en un polideportivo, ofrecido generosamente por el vecindario de los pueblos.
    </p><h3 class="article-text">Por un Tajo vivo</h3><p class="article-text">
        La Ecomarcha de este a&ntilde;o ha discurrido siguiendo el trazado del curso bajo del r&iacute;o m&aacute;s largo de la Pen&iacute;nsula. Un recorrido de m&aacute;s de 500 kil&oacute;metros entre Navalmoral de la Mata (C&aacute;ceres) a Lisboa, a la vera de un r&iacute;o mancillado, domesticado y moribundo. Como casi siempre, cuando la codicia humana pone sus garras en nuestro patrimonio fluvial, siempre salen perdiendo nuestros r&iacute;os... y sus gentes.
    </p><p class="article-text">
        Partimos del cacere&ntilde;o Campo Ara&ntilde;uelo. A esta altura el r&iacute;o Tajo baja exhausto por la presi&oacute;n del trasvase Tajo-Segura, las aguas mal depuradas de la Comunidad de Madrid y los intensivos cultivos de regad&iacute;o de su curso medio. Pero aqu&iacute; se encuentra con otra de sus espadas de Damocles, los dos reactores nucleares que se levantan en Almaraz. Un forma de obtener energ&iacute;a obsoleta y anacr&oacute;nica que supone un peligro inasumible en una sociedad que se dice avanzada.
    </p><p class="article-text">
        Monfrag&uuml;e, para&iacute;so natural para las aves. Pero el r&iacute;o Tajo no existe. Desde muchos kil&oacute;metros antes, no es m&aacute;s que un continuo de grandes embalses para aprovechamiento hidroel&eacute;ctrico. En su gesti&oacute;n no intervienen criterios de conservaci&oacute;n. Muros de hormig&oacute;n que han desnaturalizado la fauna fluvial y que han acabado con sus bosques de ribera. Agua que solo fluye si interesa para producir energ&iacute;a. Si no interesa, pues que no fluya.
    </p><p class="article-text">
        Entramos en Portugal. Dejamos atr&aacute;s extensas dehesas de encina y alcornoque. Donde hubo bosque mediterr&aacute;neo ahora solo hay eucaliptales y fuego arrasador. Varias f&aacute;bricas de celulosa contaminan las mermadas aguas del Tajo. Incendios provocados, eucaliptos y papeleras. Un tr&iacute;o que se retroalimenta para que unas pocas manos se llenen de billetes.
    </p><p class="article-text">
        A golpe de pedal somos testigos de m&aacute;s amenazas: miner&iacute;a de uranio en Nisa, centrales t&eacute;rmicas en Pego, cultivos transg&eacute;nicos en la vega baja, regad&iacute;os insostenibles regados a golpe de agroqu&iacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente entramos en Lisboa. Aqu&iacute; y all&iacute; hemos ido dejando nuestro mensaje. Es posible un Tajo sin nucleares. Queremos un r&iacute;o vivo, con agua para la vida; un r&iacute;o que una territorios, un r&iacute;o que sea vivido por sus gentes. Podemos conseguirlo si todas las manos empujamos en la misma direcci&oacute;n. El a&ntilde;o que viene las bicicletas de la Ecomarcha rodar&aacute;n por otros lugares con otros problemas y amenazas, pero persiguiendo un mismo objetivo: conseguir un mundo hermoso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl Urquiaga]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Aug 2017 18:17:43 +0000]]></pubDate>
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